Black and Blood


 
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 13 Balas (David Wellington)

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Tibari

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MensajeTema: 13 Balas (David Wellington)   Sáb Mayo 29, 2010 1:35 pm


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PRIMER LIBRO DE LA SAGA VAMPIRE TALES

SINOPSIS
Transcrito por Tibari

Según la versión oficial, los vampiros se extinguieron en los años 80, cuando el agente Arkeley, del FBI, se enfrentó al último de ellos en un combate que estuvo a punto de acabar con su vida. Veinte años después, Arkeley será quien atienda la llamada de la agente Caxton pidiendo ayuda a los federales. ¿Quién si no? Sólo él sabe lo que los demás ignoran. Oculta en un asilo abandonado, esperando la llegada del momento oportuno, con la paciencia de la que sólo un no muerto es capaz, queda una vampira.
Pero parece que los vampiros buscan algo más que la sangre de Caxton, algo que ella ignora y sobre lo que su compañero guarda silencio; algo que tendrá que averiguar si quiere seguir con vida. Sólo 13 balas separan a Caxton de Arkeley y los vampiros. Sólo 13 balas separan a los vivos de los malditos.

ATENCIÓN: Este libro es de terror y contiene escenas muy sangrientas.

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MensajeTema: Re: 13 Balas (David Wellington)   Dom Mayo 30, 2010 12:38 am

Ya sé que dije que mañana lo subía pero, como tengo un ratito... aquí os dejo el primer capítulo. Que lo disfrutéis. [Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]



PARTE I
LARES
Transcrito por Tibari


Aunque por doquier las balas silban al viento
Yo sobreviví a un momento más sangriento.
El Giaour,
GEORGE GORDON, LORD BYRON

1

Informe policial elaborado por
el Agente Especial Jameson Arkeley, 4/10/83
(grabado en una cinta de riel)
La lluvia no dejaba ver demasiado. El restaurante, que permanecía abierto toda la noche, estaba situado en el cruce de dos calles principales. Sus vidrieras proyectaban algo de luz sobre la acera. Le pasé los prismáticos a Webster, mi compañero.
—¿Lo ves? —le pregunté.
El sujeto en cuestión, un tal Piter Byron Lares (probablemente un apodo), estaba sentado en la barra, encorvado y enfrascado en una conversación con una camarera de mediana edad. Era un tipo grandullón, pero encogido de aquella forma no resultaba tan imponente. Tenía la cara muy pálida y el pelo negro levantado en una maraña de rizos encrespados. Se había puesto un suéter rojo enorme, en lo que imaginé que era otro intento por ocultar su corpulencia. Llevaba unas gruesas gafas con montura de carey.
—Yo no sé qué os enseñan en la escuela de agentes federales, Arkeley, pero yo nunca he oído que estos elementos lleven gafas —dijo Webster al tiempo que me devolvía los prismáticos.
—Cállate.
La semana anterior había encontrado seis niñas muertas en un sótano de Liverpool, en Virginia Occidental. Habían estado celebrando una fiesta. Estaban tan desmembradas que hubo que poner a tres técnicos de laboratorio trabajando día y noche en el gimnasio de un colegio tan sólo para determinar cuántos cuerpos teníamos. Francamente, no estaba de humor. Le había propinado una paliza con mis propias manos a uno de los siervos del hijo de puta para que me confesara el apodo de su amo. No pensaba aflojar precisamente ahora.
Lares se levantó, aún con la cabeza gacha, y se sacó una cartera de piel del bolsillo. Empezó a contar billetes pequeños, pero de pronto pareció como si se le acabara de ocurrir algo; alzó la cabeza y su mirada atravesó el restaurante. Entonces se irguió completamente y miró al otro lado de la calle.
—¿Acaba de descubrirnos? —preguntó Webster—. ¿Con este tiempo?
—No estoy seguro —respondí.
Tres o cuatro litros de sangre rojísima rociaron contra la vidriera del restaurante; de pronto no se veía nada de lo que sucedía en el interior.
—¡Mierda! —grité, y bajé precipitadamente del coche.
Crucé la acera, la lluvia me dejó empapado al instante. Entré en el restaurante, con la estrella bien visible en la solapa, pero Lares ya se había marchado y allí no quedaba nadie vivo a quien impresionar. La camarera yacía en el suelo y tenía la cabeza prácticamente arrancada. Uno lee acerca de los vampiros y espera que sus mordiscos dejen dos agujeritos de nada, como la marca de unos labios. Lares le había arrancado casi todo el cuello de un mordisco a aquella mujer. La yugular asomaba como la boquilla de un globo deshinchado.
La barra y el techo estaban bañados en sangre. Desenfundé el revólver reglamentario y pasé junto al cuerpo. Había una puerta en la parte trasera y tuve que contenerme para no abalanzarme sobre ella; si me estaba esperando y me topaba con él en el rincón oscuro junto al servicio de hombres no iba a sobrevivir a mi curiosidad. Regresé al exterior, bajo la lluvia, donde Webster me esperaba con el motor en marcha. Había avisado ya a la policía local. Un helicóptero pasó en vuelo rasante por encima de nuestras cabezas, con un estruendo que a buen seguro a la mañana siguiente sería motivo de quejas. El foco del helicóptero perforaba la oscuridad que rodeaba el restaurante. Webster arrancó y se dirigió hacia el callejón que había detrás del establecimiento. A través de la lluvia eché un vistazo a los contenedores y los montones de basura. Contábamos con numerosos refuerzos apostados en la parte de delante y el equipo de armas pesadas estaba ya de camino. El helicóptero podía pasarse ahí arriba toda la noche si era necesario. Traté de relajarme.
—El SWAT se está moviendo —me dijo Webster y colgó el auricular de la radio.
Uno de los contenedores se movió ligeramente, como si en su interior alguien se acabara de dar la vuelta mientras dormía. Nos quedamos los dos petrificados durante un instante, lo bastante largo para asegurarnos de que ambos lo habíamos visto. Levanté mi arma y apunté. La había cargado con JHP para maximizar el daño en los tejidos y yo mismo había ajustado la mira del revólver. Si hubiera querido, podría haber hecho que lo bendijera un sacerdote. En esa ocasión aquel psicópata no iba a escaparse.
—Agente Especial Arkeley, a lo mejor deberíamos eludir la confrontación y dejar que sea el SWAT quien negocie con él —me dijo Webster.
El hecho de que utilizara mi nombre y rango significaba que quería que constara que había hecho todo lo posible para evitar un desenlace violento; que no quería quedarse con el culo al aire. Ambos sabíamos perfectamente que Lares no iba a entregarse por las buenas, de ningún modo.
—Sí, seguramente tengas razón —respondí, con los nervios de punta—. Vale.
Relajé la mano con la que sujetaba el revólver y le pegué una patada de rabia al suelo del coche patrulla.
El contenedor reventó en pedazos y una nube blanca salió despedida del callejón. Chocó contra nuestro coche con tanta fuerza que nos levantó sobre dos ruedas. La puerta se hundió y mi brazo quedó atrapado, de tal forma que no podía utilizar el revólver. Webster sacó su pistola al tiempo que el coche volvía a caer sobre la calzada. Ambos salimos despedidos, pero el cinturón de seguridad nos frenó; durante un instante me quedé sin aliento.
Webster apuntó con el arma a algo que había detrás de mí y disparó tres veces. Noté el ardor de la pólvora en la cara y las manos. Noté el olor a cordita y nada más. Me quedé sordo durante por lo menos treinta segundos. Mi ventanilla había explotado hacia fuera, pero varias esquirlas de cristal me habían caído sobre las piernas.
Giré la cabeza hacia un lado, aunque tenía la sensación de estar atrapado en cristal fundido: lo veía todo, pero apenas me podía mover. Perfectamente enmarcado en el cristal de seguridad hecho añicos estaba el rostro destrozado de Lares, que se reía. La lluvia le limpiaba la sangre de la boca, pero tampoco eso hacía que su aspecto mejorara. Lo que antes eran unas gafas se habían convertido en una montura de carey retorcida y destrozada y unos cristales agrietados. Por lo menos uno de los disparos de Webster había penetrado en el ojo derecho de Lares. La gelatina blanca del glóbulo ocular había reventado y se le veía el hueso rojo de la cuenca. Las otras dos balas habían impactado junto a la nariz y la mejilla derecha. Las heridas eran horribles, sangrientas y mortales de necesidad.
Sin embargo, empezaron a sanar solas ante mi mirada atónita. De la cuenca vacía de Lares surgió una nube de humo blanco que se solidificó y se convirtió en un glóbulo ocular nuevecito. La herida de la nariz se redujo hasta desaparecer y la de la mejilla podría haber sido perfectamente un efecto de luz, pues se desvaneció como una sombra.
Cuando volvió a estar limpio y de una sola pieza, se arrancó lentamente los pedazos de cristal que le habían quedado clavados en la cara y los fue arrojando por encima del hombro. Entonces abrió la boca y se rió; tenía los dientes afiladísimos. Aquella boca no se parecía a nada que hubiese visto en las películas, era más bien como las fauces de un tiburón, con una hilera tras otra de pequeños cuchillos ensamblados en las encías. Dejó que le echáramos un buen vistazo a esa boca y a continuación saltó sobre nuestro coche. Oí sus poderosos pasos del techo y en un instante estuvo al otro lado. Bajó de un brinco y echó a correr hacia Liberty Avenue.
El equipo del SWAT llegó al cruce antes que él y sus miembros salieron de la furgoneta blindada. La unidad estaba formada por cuatro agentes armados con subfusiles MP5. Llevaban casco integral y coraza antidisturbios, pero no se trataba del uniforme reglamentario. El oficial al mando había solicitado con insistencia mi permiso para poder adaptar la vestimenta. Todos sabíamos dónde nos estábamos metiendo, me dijo; habíamos visto ya muchas películas.
Así pues, los chicos del SWAT se habían pegado crucifijos por todo el cuerpo; habían recurrido a cuanto habían encontrado, desde cruces católicas de madera tallada con torturadas imágenes de Jesús, hasta crucecitas niqueladas de baratillo como las de las pulseras de juguete. Seguro que se sentían de lo más protegidos debajo de toda aquella quincalla.
Lares soltó una carcajada y se desgarró el suéter rojo. Debajo, su torso era puro músculo. Su piel blanca, sin vello ni poro alguno, se tensaba sobre los nudos ocultos de sus vértebras. Sin camiseta, su aspecto era mucho menos humano. Parecía más bien algo así como un oso albino; un animal salvaje; un cazador de hombres.
Fin del capítulo


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MensajeTema: Re: 13 Balas (David Wellington)   Lun Mayo 31, 2010 12:29 am

wiii gracias ^^

voy a preparar el tema donde se colocan los links directos a los capis jeje
he estado sin conexión :S
jajaja la línea del vecino me falló (eso me pasa por ahorrar XD )

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Última edición por Gemma el Vie Jul 16, 2010 10:57 am, editado 2 veces
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MensajeTema: Re: 13 Balas (David Wellington)   Lun Mayo 31, 2010 12:33 am

Gemma escribió:
wiii gracias ^^

voy a preparar el tema donde se colocan los links directos a los capis jeje
he estado sin conexión :S
jajaja la línea del vecino me falló (eso me pasa por ahorrar XD )
Tenemos ante nosotros a toda una "chulimangui"...

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MensajeTema: Re: 13 Balas (David Wellington)   Lun Mayo 31, 2010 12:36 am

hola!!! como ha ido el finde ^^

jajaja se nos llama así?

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] no se lo dirás a nadie, verdad? XD

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MensajeTema: Re: 13 Balas (David Wellington)   Lun Mayo 31, 2010 12:45 am

Gemma escribió:
hola!!! como ha ido el finde ^^

jajaja se nos llama así?

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] no se lo dirás a nadie, verdad? XD

Sííííííí, mañana a primera hora voy a llamar a todos los telediarios y periódicos del país para que den la noticia...
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Ayer estuvo bien, aunque un poco estresada en PR porque a Mona le falló "el internete" y yo me tuve que encargar de varias cosillas a la vez. Por aquí la cosa estuvo muy tranquila.
He empezado a leer entre nosotros y está genial. Te ríes muchísimo, el prota parece tonto.

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MensajeTema: Re: 13 Balas (David Wellington)   Lun Mayo 31, 2010 12:54 am

oh, vaya... que asco da la internete jajajaja

uy, ya he visto que virtxu también nos ayuda en full moon, y nekane me ha mandado un mp diciendo que le queda la mitad del cap para terminarlo, a ver si mañana lo tenemos ^^
ya tengo ganas de abrir ese tema.
y ese de entre nosotros, me encantó la sinopsis jeje y si encima me dices que está genial, aún me pica más la curiosidad.
voy a copiar un poquillo más de sangre y hielo, que al final me pilla el toro. voy a medias del 46 :S

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MensajeTema: Re: 13 Balas (David Wellington)   Lun Mayo 31, 2010 12:59 am

Ok. Yo ya me iré a la cama como una niña buena...
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El martes subo el capi 2 para dar tiempo al resto de chicas de ir preparando los suyos.
Hasta mañana.

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MensajeTema: Re: 13 Balas (David Wellington)   Lun Mayo 31, 2010 10:30 pm

Vaaaaaaaleeeee, esto es un mensaje de prueba. Ya sabes xata que estoy muy perdida :P
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MensajeTema: Re: 13 Balas (David Wellington)   Lun Mayo 31, 2010 10:33 pm

Tranquila, en Home tienes todos los temas que te he mandado por Mp. Date una vueltecita por ahí.

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MensajeTema: Re: 13 Balas (David Wellington)   Lun Mayo 31, 2010 10:35 pm

Vale , pero creo que ya mañana, que es demasiada informacion para mi mente saturada de hoy :P
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MensajeTema: Re: 13 Balas (David Wellington)   Mar Jun 01, 2010 1:56 pm

Transcrito por Tibari

2


Informe policial elaborado por
el Agente Especial Jameson Arkeley. 4/10/83 (continuación):


—¡Ni se te ocurra moverte, cabronazo! —gritó uno de los agentes del SWAT cubierto de cruces.
Los tres restantes hincaron una rodilla en el suelo y aprestaron sus MP5 para abrir fuego.
Lares se abalanzó hacia ellos con los brazos extendidos como si fuera a agarrarlos desde la distancia. Aquello era un movimiento agresivo, o por lo menos pretendía serlo. Los agentes del SWAT hicieron lo que les habían enseñado: disparar. Sus armas escupieron fuego contra la lluvia y las balas atravesaron el aire oscuro y pasaron rozando nuestro coche camuflado. Webster abrió la puerta de un empujón y pisó un charco al salir. Yo estaba justo detrás de él. Si podíamos pillar al hijo de puta en un fuego cruzado tal vez lográramos dañarlo más rápido de lo que sus heridas tardaban en cicatrizar.
—¡El corazón! —exclamé—. ¡Tenéis que reventarle el corazón!
Los agentes del SWAT eran profesionales. La inmensa mayoría de los proyectiles impactaron en el objetivo. El imponente cuerpo de Lares daba vueltas en medio de la lluvia. El helicóptero se acercó con un ruido ensordecedor e iluminó al sujeto con el foco para que pudiéramos ver mejor hacia dónde se dirigían nuestras balas. Le disparé a Lares tres veces en la espalda, una bala tras otra. Webster vació su cargador.
Lares cayó de bruces como si fuera un árbol, justo encima de la alcantarilla. Quiso amortiguar el golpe con las manos, pero le resbalaron. Se quedó ahí tumbado. No se movía, ni siquiera respiraba. Con las manos estrujaba las diminutas hojas amarillentas de acacia que obstruían la rejilla de la cloaca.
Los agentes del SWAT se comunicaron por signos. Uno de ellos pasó a la acción y apuntó a la nuca de Lares con el revólver para dispararle al tronco encefálico, un tradicional tiro de gracia. Estaba apuntando al sitio equivocado, aunque en aquel momento pensé que no importaba. El cuerpo de Lares no presentaba marcas de disparo visibles (debían de haber cicatrizado en el acto), pero no se movía. El agente se acercó y le dio un puntapié en la pierna, extremadamente musculosa.
Lares se revolvió hacia un lado de improviso, mucho más rápido de lo que puede moverse un ser humano. Hincó una rodilla en el suelo y se agarró al brazo del agente para ponerse en pie. No tuvo ningún problema en tocar las cruces. Finalmente el agente reaccionó, se llevó el MP5 al hombro y se agachó en posición de disparo. Lares le agarró el casco con las dos manos y lo desenroscó. La cabeza del policía se desprendió de su cuerpo junto con el casco.
El agente decapitado se mantuvo en perfecta posición de disparo durante un segundo. Del cuello cortado manaba un chorro de sangre en forma de arco, como si fuera una fuente. Lares se inclinó y empezó a beber de ella a lametones; la sangre le salpicó la cara y el pecho. Se estaba burlando de nosotros. Se estaba riendo de nosotros en nuestra puta cara.
—¡Tenemos una baja! ¡Repito: tenemos una baja! —empezó a exclamar el líder del SWAT, por la radio, pero Lares ya se había levantado y se dirigía hacia él. Se abrió camino entre el resto de agentes en un solo movimiento, desgarrando sus chalecos con los dedos, la boca devorando el cuello del líder. Aquellos dientes de tiburón desgarraron a mordiscos el collarín protector del mando del SWAT. También le hincó el diente a una cruz de madera y la hizo pedazos. Tomé nota mentalmente de que lo de las cruces era un mito.
Los agentes del SWAT caían uno tras otro y yo no podía hacer otra cosa que mirar. No podía hacer otra cosa que observar. Alcé el arma justo cuando Lares se daba la vuelta y se abalanzaba sobre nosotros. De no ser porque podría haberle dado a Webster, habría disparado. Lares fue muy rápido. Se agachó, se lanzó sobre Webster y lo agarró por la cintura. Mi compañero aún estaba intentando cargar el revólver.
Le arrancó una pierna de cuajo. Lo hizo con la boca. Había sangre por todas partes y Lares bebió toda la que le cupo entre pecho y espalda. Pasó un larguísimo y horrible segundo antes de que Webster empezara a gritar. Le dio tiempo a mirarme, y en su rostro vi tan sólo una expresión de sorpresa.
Cuando Lares terminó de comer, se irguió y me dedicó una sonrisa. Su cuerpo medio desnudo estaba embadurnado de sangre. Tenía los ojos enrojecidos y de pronto sus mejillas sonrosadas irradiaban salud. Se inclinó sobre mí. Medía por lo menos dos metros, y era mucho más alto que yo. Se agachó y me puso las manos sobre los hombros. Me clavó la mirada y yo no pude apartar los ojos. Me fallaron los músculos de la mano con la que sujetaba el revólver y éste se me quedó colgando de un dedo. Lares me estaba debilitando, no sé cómo pero me dejaba sin fuerzas. Sentí un hormigueo en el cerebro. Me estaba hipnotizando o algo así, no sé. Podía matarme en cualquier momento. ¿Por qué perdía el tiempo hipnotizándome?
Por encima de nuestras cabezas el helicóptero cruzaba el aire con estruendo. El foco iluminaba a Lares por la espalda y hacía brillar su pelo. Lares entrecerró los ojos como si la luz lo dañara levemente. Me agarró por la cintura y me colocó sobre un hombro, como un saco. Apenas podía moverme. Intenté soltarle un puntapié, golpearle y luchar, pero Lares me apretó con más fuerza, hasta que sentí cómo las costillas me estallaban como una traca. Ya sólo podía respirar.
No me mató. Sus brazos tenían una fuerza tan descomunal que habría podido liquidarme con facilidad, podría haberme estrujado hasta que los intestinos me salieran por la boca. Y, sin embargo, me dejó vivo; supuse que como rehén.
Empezó a correr. Mi cuerpo se balanceaba y rebotaba contra el suyo. Tan sólo podía ver lo que había detrás de nosotros. Lares corría hacia el Strip District, en dirección al río. Cuando planifiqué la misión convencí al Departamento de Tráfico de Pittsburgh para que cerraran el acceso a un gran sector de la ciudad, de modo que las calles quedaran vacías. Quería que el enfrentamiento discurriera en un entorno seguro. Lares debió de haber notado la insólita serenidad de las calles. Abandonó rápidamente el perímetro de seguridad y se mezcló con el tráfico. Los coches hacían eslalon a nuestro alrededor y el vapor de la lluvia emergía de sus focos, como el aliento de un toro embravecido. Las bocinas sonaban sin cesar, me entró el pánico y me encomendé a Dios; si uno de aquellos coches nos atropellaba probablemente Lares sólo sentiría un cosquilleo, pero yo quedaría aplastado, destrozado, machacado.
El dolor, los ojos humedecidos y los deslumbrantes faros de los coches me impedían ver con claridad. Apenas pude tomar conciencia de que Lares había salido corriendo hacia el puente de la calle 16. Sentía el helicóptero encima de mí, me estaba siguiendo, las aspas latiendo en la oscuridad. Noté que Lares flexionaba las rodillas y de repente… nos precipitamos al vacío. El muy cabrón se había arrojado del puente.
Impactamos contra el agua helada del río Allegheny con tata fuerza y a tanta velocidad que debí de fracturarme media docena de huesos. El frío me atravesó de parte a parte, sentí como si me estuvieran apuñalando con estalactitas por todo el cuerpo. Mi corazón empezó a agitarse dentro del pecho y noté cómo se paralizaba mi sistema circulatorio. Lares me arrastró hacia abajo, hacia las oscuras profundidades. Apenas podía ver su rostro blanquísimo, lívido, enmarcado por su oscura melena, que flotaba como un alga muerta. Expulsé todo el aire de los pulmones y a continuación empecé a tragar agua.
Debimos de estar sumergidos tan sólo unos segundos. No habría sobrevivido ni un momento más. Aún recuerdo a Lares pataleando, agitando las piernas bajo el agua. Recuerdo el reflector del helicóptero perdido en la oscuridad: se alejó, se acercó un instante y volvió a alejarse definitivamente… y me quedé a ciegas. Una ráfaga de aire me golpeó en la cara y sentí como si me clavaran una máscara de hielo en el cráneo, pero por lo menos ya podía respirar. Inspiré una enorme bocanada de aire y el frío me atravesó el cuerpo hasta quemarlo. Lares me subió a rastras hasta el interior de una embarcación, que se balanceaba y se inclinaba ruidosamente por nuestro peso. Estaba medio muerto pero aún noté el borde de fibra de vidrio bajo la espalda cuando Lares me arrastró hasta la cubierta.
Fin del capítulo

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MensajeTema: Re: 13 Balas (David Wellington)   Miér Jun 02, 2010 5:18 am

ya tengo casi todos mis capis hecho
en esta semana te lo mando por correo ^^
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MensajeTema: Re: 13 Balas (David Wellington)   Miér Jun 02, 2010 12:33 pm

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MensajeTema: Re: 13 Balas (David Wellington)   Jue Jun 03, 2010 11:53 am

3

Informe policial elaborado por el Agente especial Jameson Arkeley. 4/ 10/ 83

Transcrito por Annabel Lee
Lenta y dolorosamente, fui recuperando el calor en los dedos de las manos y de los pies. Al principio la cabeza me daba vueltas y no sabía ni dónde estaba. Me silbaban los oídos. Tenía la sensación de haber estado un paso de la muerte.

Lares se inclinó hacia mí y me palpó las orejas y la boca con los dedos. Me rasgó la camisa por la parte del cuello y el hombro, me examinó las venas y las masajeó para avivar la circulación. Entonces me dejó allí, sin atar y olvidado. No pronunció ni una sola palabra. De pronto me di cuenta de que no me había capturado como rehén. Iba a ser su tentempié de medianoche. Yo le había causado ya bastantes problemas y ahora sentía que tenía que regresar a su territorio, refugiarse. Pero eso no significaba que estuviese hambriento.

Poco a poco mis ojos se fueron acostumbrando a la oscuridad casi absoluta de la bodega del barco y empecé a distinguir algunos detalles. Me encontraba en un espacio diminuto que olía a gasóleo y moho. Hacía frío, no tanto como en el río, pero se trataba igualmente de un frío glacial. Supongo que si estás muerto no necesitas calefacción central. En casi todos los rincones había los objetos que suelen encontrarse en un barco: chalecos salvavidas que parecían caramelos de naranja gigantes, un par de remos de aluminio, una lona doblada y trozos de vela. Había cinco ataúdes, apoyados contra la estantería y las cuadernas y tumbados en el suelo. Eran las típicas cajas de madera oscura, alargadas y de seis lados, que le hacen pensara uno en la palabra “ataúd” nada más verlas, aunque no creo que nadie haya fabricado un ataúd de ésos en los últimos cincuenta años. Tenían asas de latón y estaban todos abiertos, de modo que pude ver el tapizado de satén. Uno de ellos estaba vacío. Era el mayor, y a simple vista parecía ser del tamaño perfecto para Lares. Los otros cuatro estaban ocupados.

Los cuerpos que yacían en los ataúdes estaban tan descompuestos que era imposible reconocerlos. Eran básicamente un montón de huesos unidos por muy poca carne. En algunos aún había antiguas manchas marrones donde se había derramado sangre anterioridad. Uno de ellos tenía una melena blanca y larga como de algodón arrebujado. Otro conservaba un solo ojo, aunque estaba arrugado y seco como una pasa. Aquellos cráneos no parecían humanos. Sus mandíbulas eran fuertes, un hueso macizo lleno de dientes rotos. Bastaba una mirada a aquellas dentaduras para adivinar que se trataba de vampiros. Quizá fueran la familia de Lares, en un sentido perverso. Quizá había una estirpe al completo durmiendo en aquella pequeña y estrecha bodega.

Tenían algo que me ponía la piel de gallina. Tardé mucho tiempo en identificar de qué se trataba: los huesos que había en aquellos ataúdes no estaban muertos. Se movían. Muy poco, de forma casi imperceptible, pero los esqueletos extendían las manos. Los cuellos se alargaban hacia delante. Querían algo. Lo que deseaban desesperadamente y estiraban sus resecos tendones para conseguirlo. Por muy descompuestos y arrasados que estuvieran, aquellos cuerpos aún no estaban muertos y seguían conscientes. Se suponía, si nadie los mataba, los vampiros vivían para siempre. Supongo que eso no significa que tuvieran que conservarse jóvenes. A lo mejor eso era demasiado pedir.

Lares empezó a merodear por el diminuto espacio y su aspecto me llamó la atención. Estaba distinto. Me fijé mejor y me di cuenta de que su pelo rizado debía de ser una peluca; pues ya no lo llevaba y tenía la cabeza tan blanca y redonda como la luna. A ambos lados asomaban unas orejas triangulares; no eran humanas. Por fin veía que aspecto tenía realmente un vampiro.

Y no era agradable.

Lares se arrodilló junto a uno de los ataúdes y apoyó las manos en el borde de madera. Se inclinó encima del esqueleto y le empezó a temblar el torso. No me perdió de vista en ningún momento. Con una sonora arcada vomitó un cuarto de litro de sangre dentro del ataúd, justo encima de la cara del cadáver. Se llevó las manos al estómago y regurgitó de nuevo una y otra vez, hasta que el cráneo quedó bañado en sangre coagulada.

La sangre estaba caliente y la fría bodega se llenó de vapor, que envolvió el cráneo y la caja torácica del cadáver. El vapor se arremolinó alrededor de los huesos como una luz semilíquida y cubrió los restos del vampiro con carne y piel ilusorias. El cuerpo se hinchó y a medida que la sangre caía gota a gota dentro de la boca del cadáver, éste empezó a adoptar una forma vagamente humana.

Lares pasó al siguiente cadáver. Comenzó a toser y los labios le quedaron salpicados de sangre. Como si fuera un pájaro alimentando a sus crías, tosió hasta que le vino un acceso y gruesos hilos de sangre le quedaron colgando de la boca. Allí donde el cadáver entraba en contacto con la sangre, se formaba vapor y de pronto empezó una segunda transformación. La piel, como un papel viejo y mohoso, crujía al tensarse a medida que recubría los despojos del segundo cadáver; era una piel oscura y repleta de cicatrices. El cadáver tenía un tatuaje en el bíceps que rezaba “SPQR” en letras irregulares y chapuceras.

El tono sonrosado que había visto antes en las mejillas de Lares había desaparecido. Éste volvía a estar pálido como la nieve. Si pretendía alimentar a todos sus antepasados iba a necesitar otro donante de sangre, y muy pronto.

La situación pintaba muy negra para mí.

Lares se las arregló para regurgitar sangre por encima de un tercer cadáver tan sólo con la que aún le quedaba. Estaba vomitando muerte. La difunta camarera del restaurante. Los agentes del SWAT que ingenuamente habíamos creído a salvo bajo diez quilos de cruces. Y también estaba vomitando pedazos de Webster, el poli; vomitaba partes de su cuerpo.

Lares se dio la vuelta para mirarme a los ojos. Tiritaba de pies a cabeza. Temblaba y se estremecía. Alimentar a sus abuelos lo había dejado en las últimas. ¿Temblaba tanto antes de saciarse con la sangre de la camarera en el restaurante? Buscó mis ojos, pero yo no dejé que me hipnotizara de nuevo.

Mantuve la cabeza gacha, la mirada fija en mi mano derecha. Aún llevaba el revólver. No me explicaba cómo no se me había caído, mientras Lares me llevaba colgando del hombro, cuando impactamos contra el agua del río cuando el vampiro me había arrastrado hasta el interior de la embarcación. El frío debía de haberme helado la mano hasta el punto de convertirla en una garra maciza alrededor del revólver.

Lares se me acercó tambaleándose. Había perdido la rapidez y sus movimientos eran más bien torpes. Con todo, aún era un vampiro a prueba de balas.

Sabía que no tenía nada que hacer contra él. Los agentes del SWAT lo habían alcanzado en la parte izquierda del tronco con fuego de ametralladora, pero las balas no le habían hecho ni un rasguño. Ni siquiera le habían rozado el corazón, su único órgano vulnerable. A pesar de ello, en aquel momento no podía hacer nada mejor que disparar hasta la última bala que me quedaba.

Descargué el revólver contra el pecho de Lares. Le disparé una y otra vez hasta que el ruido me ensordeció y el destello de los disparos me cegó. Me quedan tres balas en el revólver y se las hundí todas en el pecho. Los proyectiles de punta hueco lo destrozaron y su piel pálida y lívida se esparció en pedazos por toda la bodega. Intentó reírse, pero apenas logró articular un leve siseo, como el aire que se escapa de un neumático pinchado.

Vi su caja torácica abierta por la mitad, al descubierto, despellejada. Le vi los pulmones, fláccidos y exánimes, en el interior del pecho. Se me acercó más. Y entonces lo tuve lo bastante cerca. Extendí el brazo izquierdo y agarré el músculo oscuro y retorcido que en su día había sido su corazón.

Soltó un grito de dolor. Yo también grité. Su cuerpo estaba reparando ya el daño que le había causado, sus células se regeneraban alrededor de las heridas de bala. Las costillas le volvieron a crecer y, como las hojas de unas tijeras, me trituraron los huesos más frágiles de la muñeca. La mano me quedó atrapada dentro de su cuerpo. Su piel se regeneró alrededor de mi brazo y me arrastró hacia él.

Le arranqué el corazón como quien coge un melocotón de un árbol.

El rostro de Lares ensombreció de terror, los ojos embravecidos, abría y cerraba la boca como si no pudiese controlarla, le goteaba sangre y saliva de la barbilla. Resopló por la nariz y de ambos orificios salió un fuerte hedor a cloaca. El corazón se agitaba dentro de mi puño como si quisiera volver a su lugar, pero yo lo apreté, lo sujeté con las pocas fuerzas que me quedaban, Lares me abofeteó, pero en realidad ya no le quedaba fuerza en los músculos. Cayó de rodillas y aulló, aulló y aulló. Al cabo de un rato sus alaridos se habían convertido en maullidos.

Se estaba quedando incluso sin aliento para gritar.

Aún así, parecía que no quería morirse. Se aferraba a aquella extraña no vida que de algún modo poseía, se agarraba como un yanqui a una jeringuilla vacía, intentaba no morir del todo sirviéndose tan sólo de pura fuerza de voluntad.

Su mirada se cruzó con la mía e intentó apoderarse de mí.

Quería hipnotizarme, debilitarme una vez más, pero no lo logró.

Cuando finalmente dejó de moverse casi había amanecido.

Su corazón, dentro de mi puño cerrado, parecía una piedra inerte. El resto de los vampiros, los que estaban descompuestos, salieron a rastras de sus ataúdes con los brazos extendidos hacia mí y hacia Lares. No entendían qué había sucedido. Estaban ciegos, sordos y mudos, para ellos sólo existía el sabor de la sangre. Me los quité de encima a patadas, me sobrepuse al dolor y al pánico, y logré ponerme en pie.

Encontré un bidón de gasolina en la sala de máquinas y un librito de cerillas en la cocina en desuso de la embarcación. Les prendí fuego y salí a trompicones hacia la fría lluvia, me arrojé precipitadamente sobre un estrecho muelle de madera y esperé a que saliera el sol preguntándome qué iba a suceder primero: que me encontrara la policía local o que la hipotermia, las heridas y el shock acabaran conmigo
.
Fin del capítulo


Última edición por Annabel Lee el Jue Jun 03, 2010 12:15 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: 13 Balas (David Wellington)   Jue Jun 03, 2010 11:57 am

^^ gracias Annabel!!! ranguitos [Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

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MensajeTema: Re: 13 Balas (David Wellington)   Jue Jun 03, 2010 11:59 am

Wii... ranguitos. [Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

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MensajeTema: Re: 13 Balas (David Wellington)   Jue Jun 03, 2010 12:12 pm

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MensajeTema: Re: 13 Balas (David Wellington)   Sáb Jun 05, 2010 11:56 am



Transcrito por Annabel Lee


Un idiota había que rezaba
( igual que tú y yo)
A un trapo y a un hueso
y a un mechón de pelo:
( le llamábamos la mujer
despreocupada)
pero el idiota la llamaba
su dama perfecta

Rudyard Kipling. El vampiro



Parte II
CONGREVE


4

Veinte años más tarde
La agente del cuerpo de policía del Estado de Pensilvania Laura Caxton encendió una bengala de emergencia y las chispas rojas le llegaron hasta la codera de piel de la chaqueta del uniforme.
Arrojó la chisporroteante bengala sobre el pavimento y dio media vuelta. Había notado algo a sus espaldas, una presencia, y aquella noche en concreto tenía motivos para estar seriamente acojonada.
El hombre que tenía detrás llevaba una gabardina marrón encima de un traje negro. Tenía el pelo del color de la lana de acero y lo llevaba cortado al cepillo. Se le veía en forma, pero debía de tener por lo menos sesenta años, tal vez incluso setenta.
Bajo la escasa luz de las cuatro de la madrugada, los surcos de su cara podrían haber sido tanto arrugas como cicatrices. Tenía los párpados caídos y su boca era apenas una fina ranura en la parte inferior del rostro.
- Buenas noches- dijo el hombre con voz pastosa y algo afónica. Su cara se dobló como un mapa de carreteras. Estaba sonriendo, pero era el tipo de sonrisa que le dedicas a un niño que no te cae particularmente bien. Sus ojos desaparecieron por completo bajo aquella sonrisa-. No lleva ninguna insignia en el uniforme- añadió, pero a Caxton le sonó como si la reprendiera por no haberse lavado detrás de las orejas.
- No- respondió ella. Aquel tío empezaba a cabrearle-. La buena conducta de un policía es la única insignia que necesita -.añadió, repitiendo mas o menos lo que le habían enseñado en el cuerpo de cadetes.
El traje negro y la gabardina lo delataban de inmediato- podría haber llevado las siglas del FBI escritas en la espalda con letras grandes-, pero Caxton vio algo en el pecho del hombre, su insignia: una estrella de cinco puntas dentro de un círculo. Se trataba de la insignia de los U.S. Marshals.
- El sargento dijo que iba a llamar al FBI- dijo Caxton.
- Y ellos me llamaron a mí, que es lo que tienen que hacer. Vivo a tan sólo unas horas de aquí y además, supongo que podría decirse que llevo mucho tiempo esperando este momento. No me haga espera más, por favor. Al llegar, su sargento me ha indicado que debía acudir a usted; me ha dicho que es usted la única persona que queda que presenció lo ocurrido.
Caxton asintió. Se quitó el sombrero de ala ancha reglamentario y se rascó la cabeza. Hasta entonces, Caxton se había resistido al cansancio y el shock.
- Supongo que así es- dijo finalmente y le tendió la mano.
A lo mejor la aversión que le producía aquel hombre era fruto del rechazo aún mayor que le producía toda aquella noche en general.
Pero él no le estrechó la mano; se quedó impávido, como si tuviera ambos brazos paralizados.
- Soy el agente especial Arkeley, si eso es lo que le interesa saber. ¿Podemos ir a lo importante y dejar las formalidades para más tarde?
A lo mejor simplemente era un capullo. Caxton se encogió de hombros, lo apartó con una mano y se marchó; se suponía que la seguiría. Al llegar a lo alto de la cuesta se giró y señaló la caseta que había junto a la vía de acceso del peaje. El tráiler de los agentes del control de alcoholemia estaba en medio de la carretera, abandonado. Los pilotos anaranjados de los caballetes perforaban la oscuridad, y su luz se expandía por las ramas de los árboles muertos que colgaban encima de la carretera.
A Caxton aquella luz intermitente le provocaba dolor en los ojos.
- Pertenecemos a la unidad de control del peaje; somos policías de tráfico, nada más. No estamos preparados para esto.
Al tipo no parecía importarle demasiado. Caxton continuó:
- Otros tres agentes y yo estábamos realizando un control de alcoholemia estándar en este punto. Nada especial, lo hacemos cada sábado por la noche. Eran alrededor de las diez y cuarto y teníamos a tres coches parados, esperando. Un cuarto vehículo, un coche de lujo negro último modelo, se detuvo unos quince metros antes de llegar a la línea del control. El conducto dudó un instante y a continuación intentó realizar un cambio de sentido. Es algo que vemos muy a menudo: alguien se da cuenta de que no va a pasar la prueba e intenta escabullirse. Sabemos cómo debemos actuar.
El tipo seguía sin abrir la boca. Su postura indicaba que estaba escuchando, asimilando toda la información que ella pudiera ofrecerle. Caxton prosiguió:
- Dos unidades, los agente Wright y Leuski, estaban apostados en sus vehículos allí y allí- indicó, y señaló el lugar donde los coches patrulla habían estado esperando, aparcados en el arcén-. Entre los dos abordaron el coche con el clásico movimiento de tenaza y lo obligaron a detenerse. Entonces el sospechoso abrió la puerta del coche y se bajó. Antes de que Wright y Leuski pudieran atraparlo, echó a correr hacia el oeste, hacia aquellos árboles- explicó señalando otra vez-. El sujeto logró evitar la detención, pero dejó algunas pruebas.
Arkeley asintió con la cabeza. Empezó a alejarse de ella y se acercó al vehículo abandonado. Se trataba de un Cadillac CTS, con un morro enorme. Había restos de barro en los estribos y un rayón considerable en la puerta del conductor, pero por lo demás el coche estaba impecable. Estaba tal como el sujeto lo había abandonado, a excepción del maletero, que ahora estaba abierto. Los intermitentes de emergencia se encendían y se apagaban con tristeza, imitando las luces más brillantes del control de carretera.
- ¿Qué hicieron entonces sus hombres?- preguntó Arkeley.
Caxton cerró los ojos e intentó recordar cómo se habían sucedido exactamente los acontecimientos.
- Leuski se puso a perseguir al sujeto y encontró, bueno, la prueba. Regresó y abrió el maletero del vehículo, pues consideró que disponía ya de elementos suficientes que lo autorizaban a un registro exhaustivo. Cuando vimos lo que había dentro nos dimos cuenta de que no se trataba de un borracho que quisiera evitar el etilómetro. Wright avisó a la policía, que es el procedimiento estándar. Nosotros pertenecemos a la policía de carreteras, no nos dedicamos a este tipo de asuntos criminales, sino que los derivamos a la policía local.
Arkeley frunció el ceño, un gesto que encajaba mucho más con su expresión que su sonrisa.
- Pues yo no veo a ningún policía local por aquí.
Caxton casi se ruborizó. Aquello resultaba embarazoso.
- Esta zona es bastante rural y la mayoría de policías trabajan sólo entre semana. Se supone que tiene que haber siempre alguien de guardia, pero el sistema tiende a fallar a estas horas de la madrugada. Tenemos un número de móvil del policía local, pero no responde.
El rostro de Arkeley no mostró ninguna sorpresa. Era una suerte, pues Caxton no tenía energías para inventar excusas para nadie más.
- Hemos llamado a las autoridades del condado, pero ha habido un accidente múltiple cerca de Reading y la oficina del sheriff estaba ocupada. Enviaron a un agente a recoger muestras de tejido, ADN y huellas dactilares, pero hace horas que se ha marchado. Dijeron que iban a mandar más efectivos por la mañana, por lo que vamos a tener que quedarnos aquí toda la noche. El sargento se dio cuenta de esto-.dijo señalando la matrícula del coche: era de Maryland-. Había pruebas claras de un presunto cruce de frontera ilegal, de modo que el sargento creyó oportuno llamar al FBI. Y aquí le tenemos a usted.
Pero Arkeley la ignoró, fue a la parte trasera del coche e inspeccionó el contenido del maletero. Caxton esperaba que le viniera una náusea, o por lo menos que diera un respingo, pero no fue así. En realidad no era la primera vez que Caxton veía a un tipo que intentaba hacerse el duro delante de una carnicería. Se detuvo junto a él, frente al maletero.
- Creemos que ahí dentro hay tres personas: un hombre y dos niños de sexo aún por determinar. Lo que queda de la mano del hombre nos ha permitido tomarle las huellas dactilares. Tal vez tengamos suerte.
Arkeley no apartaba la vista del maletero. Puede que estuviera demasiado horrorizado para hablar, aunque Caxton lo dudaba. Llevaba tres años trabajando en la policía de carretera y había visto ya muchos accidentes. A pesar de la brutalidad de los asesinatos y de que los cuerpos estaban destrozados y seriamente mutilados, podía decir sinceramente que había visto cosas peores. En primer lugar, porque no había rastros de sangre en el maletero; ni una sola gota. El hecho de que las caras estuvieran completamente desfiguradas hacía que resultara más fácil no tener que pensar que se trataba de seres humanos.
Al cabo de un rato Arkeley apartó la mirada.
- Vale. Acepto el caso-.dijo, como si tal cosa.
- No, espero un momento: lo han incorporado como asesor, nada más.
Él la ignoró:
- ¿Dónde está la prueba que dejó el sujeto?
- Está allí, detrás de los árboles. Pero maldita sea, ¿Qué ha querido decir? ¿A qué viene eso de que acepta el caso?
En esa ocasión Arkeley sí se detuvo. Entonces se volvió y le dedicó una mirada que la hizo sentirse como una niña de seis años. A continuación le habló con un tono que la hizo sentirse como si tuviera cinco.
- Acepto el caso porque lo que mató a toda esa gente del maletero, lo que se bebió su sangre, fue un vampiro. Y yo estoy al cargo de los vampiros.
- No hablará en serio, ¿verdad? Nadie ha visto un vampiro desde los años ochenta. Vale, cazaron a uno en Singapur hace dos años y luego hubo aquel otro que quemaron en la hoguera, pero todo eso sucedió muy lejos de aquí.
Pero Arkeley continuó caminando hacia los árboles, como quien oye llover, y Caxton tuvo que apresurarse para seguirle el paso. Era unos diez centímetros más alto que ella y sus zancadas eran mucho más largas. Apartaron varias ramas y vieron que había apenas un pequeño soto con árboles silvestres, al otro lado del cual asomaban las hileras perfectas de un melocotonar cuyos árboles dormidos brillaban, plateados y retorcidos, bajo la tenue luz de la luna. Caminaban junto a una alambrada de espino de aspecto perverso. Se detuvieron al llegar junto a la verja.
- Aquí es- dijo Caxton.
Pero no quería mirarlo. Era mucho pero de lo que había en el maletero del coche.
Fin del capítulo
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MensajeTema: Re: 13 Balas (David Wellington)   Sáb Jun 05, 2010 11:59 am

^^ ranguitos!! [Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

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MensajeTema: Re: 13 Balas (David Wellington)   Sáb Jun 05, 2010 12:35 pm

Gemma escribió:
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Gracias guapa!!!!! [Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
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MensajeTema: Re: 13 Balas (David Wellington)   Sáb Jun 05, 2010 2:30 pm

No sé si ponerte ranguito... No sé, no sé [Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Tía, utiliza el guión largo, que me haces trabajar el doble cambiando los guiones... No será tu venganza por el comentario en sangre y hielo, ¿eh? Porque si quieres guerra...
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MensajeTema: Re: 13 Balas (David Wellington)   Sáb Jun 05, 2010 5:15 pm

Tibari escribió:
No sé si ponerte ranguito... No sé, no sé [Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Tía, utiliza el guión largo, que me haces trabajar el doble cambiando los guiones... No será tu venganza por el comentario en sangre y hielo, ¿eh? Porque si quieres guerra...
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MensajeTema: Re: 13 Balas (David Wellington)   Dom Jun 06, 2010 2:53 am

te envie los capis al correo revisa a ver jejeje
besos a todas
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MensajeTema: Re: 13 Balas (David Wellington)   Dom Jun 06, 2010 7:53 pm

Sí, ya los recibí. Besos.

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MensajeTema: Re: 13 Balas (David Wellington)   

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