Black and Blood


 
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 La seducción del vampiro- Raven Hart

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MensajeTema: Re: La seducción del vampiro- Raven Hart   Sáb Oct 16, 2010 9:44 am

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MensajeTema: Re: La seducción del vampiro- Raven Hart   Sáb Oct 16, 2010 4:22 pm

LA SEDUCCIÓN DEL VAMPIRO
CAPÍTULO 15


transcrito por Sidonie


Jack

La penumbra familiar de mi propio ataúd me tranquilizó. Nadie sabría lo que me había pasado durante toda la noche, o mejor dicho el día, a excepción quizá de Reedrek. Y tenía que admitir que si un sueño podía ser tan bueno como para ponerme los pelos de punta de placer, si fuese real aquello tendría que ser… impresionante. Se me secó la boca con solo pensar en las posibilidades. Abrí la tapa de mi ataúd y me dirigí de inmediato hacia el bar.
A por sangre.
Me sentía deshidratado, igual que se debía de sentir Huey sufriendo por la maldición de su mujer cuando nos veía a los demás bebernos tantas cervezas como queríamos, tan sediento como para arriesgarse a morir. Las palabras "No existen límites" resonaron por todo mi cuerpo. "Puedes tener todo lo que quieras…"
A mi cuerpo no le importaba a quién traicionase ni lo que yo pensaba. Solo quería sangre. Sangre humana. No me molesté en vaciar la bolsa de goteo en un vaso. Me limité a morderla y a succionar. Mis modales, que tanto me había costado conseguir, ahora me parecían una estupidez. Mientras chupaba, un ruido a mis espaldas hizo que me girase.
Olivia, que se levantaba del ataúd de William, me observaba con ojos inquisitivos. Reyha y Deylaud estaban sentados en el suelo, uno a cada lado del ataúd, como estatuas vivientes en la tumba de un faraón.
-Buenas noche –dijo Olivia. Reyha se levantó y cruzó la habitación para sentarse a mis pies.
Es un poco difícil succionar y hablar al mismo tiempo, así que simplemente asentí. Estaba más interesado en llenar el vacío que sentía en mi interior que en ponerme a charlar con una invitada. Aunque nos hubiésemos acostado el día anterior. Tiré la bolsa vacía a la basura y abrí otra. Olivia se sentó en el ataúd de William con las piernas cruzadas, con su rostro fresco y pálido. La pibita inglesa se quedaba corta, sobre todo en comparación con la Connie que había conocido en mi sueño. ¡Yuju!
Al empezar la tercera bolsa de sangre, me temblaron las piernas y casi me caigo. De repente me di cuenta de lo que estaba haciendo: estaba engullendo sangre y teniendo una erección tan dura como una roca al recordar mi sueño. Connie no era así en realidad, ¿verdad? Y no era realmente mi Connie, todavía no al menos.
"Todo esto puede ser tuyo…".
Dejé de chupar, abrí la bolsa y eché lo que quedaba en un vaso que le ofrecí a Olivia.
-¿Has dormido bien? –le pregunté, intentando ocultar mi hambre limpiándome la boca con la manga de la camisa. Todavía no me encontraba del todo bien.
Ella cogió el vaso y bebió un sorbo. La sangre le coloreó los labios con un rojo cálido que hizo temblar mis manos.
Definitivamente tenía que controlarme.
-Sí, muy bien. Nada de sueños. –Salió del ataúd y dio un paso hacia mí-. ¿Y qué tal tú?
De ninguna manera respondería a esa pregunta. Pero mientras intentaba pensar en algo para evitarla, la olí. Olía a William, supongo que por haber dormido en su ataúd. El familiar y, sobre todo, agradable recuerdo de mi maestro me cubrió como un brazo reconfortante sobre los hombros. Antes de que a mi mente se le pasase el efecto, un dolor punzante me sobrevino como un puñetazo en el estómago de Evander Holyfield en el noveno asalto. Tuve que tomar aire.
-¿Estás bien? –preguntó Olivia, acercándose.
Estiré los brazos para evitar que se acercase.
-Sí, genial –conseguí decir antes de caer sobre el sillón otomano con la cabeza entre las manos-. He bebido un poco rápido.
Reyha se acercó y puso la cabeza sobre mi rodilla. Sus ojos compasivos me miraron con preocupación. Le pasé una mano por su suave y pálida piel e intenté contenerme para no salir corriendo tan rápido como pudiese. A cualquier lugar, cualquiera menos este.
-Buenas noches.
Levanté la mirada al oír la voz de Melaphia. Al verla me alarmé aún más. Parecía haberse convertido en una nativa. Sus pies color café estaban descalzos, pero llevaba varios anillos de oro y plata en los dedos. Varias capas de una tela de vudú azul, fina y transparente, cortada a distintos largos formaban una especie de falda y su blusa de cordones era de color rojo sangre. Sobre los hombros llevaba un chal negro similar a una telaraña, con cuentas en los hilos que centelleaban como estrellas negras cuando respiraba. Y su hermoso cabello… había recogido sus rastas formando moños decorados con conchas y huesos. El conjunto completo emitía tal poder que hasta un hombre muerto lo podría sentir.
Un hombre muerto. Ese era yo.
-Ven –dijo con voz de mando-. Tenemos que prepararnos.


_________


William

Al segundo intento Reedrek consiguió sacar la roca de mi pecho. Tomé aire varias veces con dificultad antes de intentar ponerme de pie. Podía sentir cómo recuperaba las fuerzas. No porque me liberasen, sino por Werm.
Reedrek había sacado a Werm a tomar su primera comida después de la puesta de sol y por ellos ambos nos sentíamos más fuertes. Otra cabeza cortada decoraba la vitrina provisional de trofeos de Reedrek. Ya no me preocupaba quién había sido el desafortunado donante. Cuando hay hambre no hay pan duro, como solían decir en mis días de marinero, o mejor dicho en mis noches. Costaba ponerse quisquilloso cuando estabas tan débil que te podrían matar en cualquier momento… sin tener la oportunidad de vengarte de tu maestro.
Y tendría mi venganza. Se la debía por muchas cosas: desde matar a mi familia al incendio en casa de Eleanor. El reloj se puso en marcha cuando Reedrek me liberó. Solo me quedaba elegir el momento.
Werm, mi nuevo converso, estaba repantingado en una de las losas cubiertas de huesos como un artista invitado. Tenía que decir que el cambio lo había mejorado. Su pelo, antes teñido de negro violáceo, había recuperado su rubio blanquecino original y brillaba con una salud extraordinariamente buena. Su piel había perdido cualquier rastro de espinillas de adolescente. Su cuerpo flacucho, todavía anguloso, había adquirido sustancia y ciertamente un nuevo vigor. Observé como recogía ociosamente las pesadas piedras alineadas a lo largo de la cámara y cómo las tiraba al agua emitiendo pequeños chapoteos. Los lagartos se deslizaban por los agujeros recién hechos en la pared.
-Ya es suficiente –ordenó Reedrek, y volvió a prestarnos atención.
-Parece que es más tuyo que mío –dije, afirmando la triste verdad.
-Bueno, ¿y qué esperabas? ¿Qué te dé más regalos cuando lo único que has hecho es llevarme la contraria siempre que has tenido oportunidad?
-La esperanza es lo último que se pierde.
-¿Esperanza? –dijo Reedrek refunfuñando-, Eres idiota rematado. Ya he renunciado a intentar convencerte de nada. Esta noche será el fin de tus maquinaciones… y el tuyo propio. Es una pena que Alger no esté aquí para ver esto. Debería haber esperado. Me habría proporcionado un gran placer matarlo ante tus ojos.
Ignoré a Reedrek y centré mi mente en Werm. Ven y dale la mano a tu señor, susurré en sus pensamientos. Después de una mirada de sorpresa, Werm se levantó, se sacudió el polvo y se acercó a mí. Yo estiré la mano y él hizo ademán de tomarla.
Reedrek atacó antes de que nuestras manos se tocasen, más rápido que cualquiera de nosotros en ese momento. Agarró a Werm por el cuello y lo lanzó contra las piedras que había estado recogiendo antes. Sentí la sacudida del miedo ciego de Werm.
-¡Te arrancaré la cabeza y le daré tu sangre a los perros!
Mi cuello también se puso tenso, haciéndose eco de la mano de Reedrek apretándole el cuello a Werm.
-No hables ni te muevas a menos que te lo diga. ¡Y no te atrevas a dudar de quién da las órdenes aquí!
No te matará, le susurré. Te necesita.
Werm intentó responder, pero solo consiguió abrir la boca. Reedrek lo empujó contra la puerta, luego agarró los restos humanos intactos más cercanos, la mayoría un montón de ropa y huesos podridos, y los lanzó en la dirección de Werm para acentuar su orden.
-Ahora haz lo que te dije.
Werm se quedó de pie mirando fijamente, estupefacto durante un momento. Quizá su posición en la cadena alimentaria de los no muertos estaba empezando a pesarle.
-¡Venga! –gritó Reedrek.
Mi nuevo converso se limpió el polvo del muerto mohoso del frente de su chaqueta, recordó cómo mover los pies y abandonó la tumba rápidamente.



Jack

Melaphia nos condujo por el pasillo hasta su pared llena de altares. Los trece estaban limpios de polvo y tenían nuevas velas y flores frescas. También había recipientes con comida fresca, ofrendas de plumas de pavo real, cuentas africanas y conchas de caracolas. Podía sentir el olor ácido del ron jamaicano y la sangre de pollo todavía caliente. Parecía como si quisiesen llamar la atención de cada espíritu, demonio y dios. Me preguntaba si Melaphia había dormido desde que me había arropado al amanecer.
-De rodillas, Jack.
Miré fijamente a Melaphia como si no la hubiese oído bien.
-¿Cómo?
Me puso una mano en el hombro con fuerza, cerca del cuello, y apretó.
-En el mundo hay cosas mucho más poderosas que los vampiros, chico. Haz lo que te digo.
Oí la palabra "chico" justo cuando mis rodillas tocaron el suelo. Estaba a punto de ponerme tonto, pero luego la miré y me estaba ignorando por completo. Tenía la mirada fija en Olivia.
-Solo protejo a los que nos ayudan. Si no eres una amiga entonces eres una enemiga. –Melaphia le sostuvo la mirada a Olivia como hace una serpiente con un pájaro-. Elige. Y has de saber que si mientes, los orishas lo recordarán. Las marcas de protección pueden convertirse fácilmente en marcas de muerte.
Olivia asintió y se arrodilló lentamente.
Reyha y Deylaud, ahora en sus formas humanas, rondaban por la entrada del pasillo. Melaphia los señaló con un dedo y les mandó callar como un gato furioso. Desaparecieron rápidamente. En su forma humana, Reyha nunca podría caber en su escondite habitual, entre el sillón otomano y el reclinable. Apostaría a que en lugar de eso se había escondido en el ataúd de William.
-Ahora empecemos.
Melaphia se acercó al altar central, el que albergaba el vial de sangre sagrada de Lalee, y empezó a encender las velas. Cuando hubo más luz me di cuenta de que había una caja que no estaba allí antes. Parecía estar hecha de hueso.
Mientras hacía sus cosas, Melaphia murmuraba una extraña canción en voz baja a la vez que se balanceaba, haciendo que las capas de su falda flotasen y bailasen como pétalos de una flor con una brisa inexistente. Cuando todas las velas estuvieron encendidas, pasó los dedos por las llamas para bañar sus manos de energía. Luego dio palmas siguiendo un ritmo que solo ella entendía, antes de coger un cuenco plateado de sangre… sangre humana fresca.
-Quitaos las camisas.
Por una vez ni me molesté en echarle un vistazo al pecho de Olivia. No tenía tiempo para pensar en sexo. Estaba demasiado ocupado calculando. Nada ni nadie a quien yo conociese volvería a ser igual después de esta noche. Ni Melaphia, ni Connie, Dios, ni siquiera los hermanos Rin Tin Tin. Y luego estaba Renee. William había roto y quemado su pedestal de dios vampiro. Pasase lo que pasase dependía de mí.
Si Melaphia me hubiese leído los pensamientos me habrían salido ampollas en las orejas con sus amenazas. Consideraba a William su verdadera familia… él llevaba la sangre de sus ancestros. Y aún así, ahí estaba, protegiéndome, a alguien que podría traicionar a William. El cuenco que tenía en las manos estaba lleno de su propia sangre. Podía olerlo. La miré mientras sumergía dos dedos en el cálido líquido rojo.
-Invoco a Ayizan, maman Brigitte… -Me frotó el pelo con la sangre. El cuero cabelludo se me crispó con su poder. Parecía que mi pelo bailaba como la hierba de la marisma en un huracán.
-Invoco a Ogoun Ge-Rouge –murmuró, y me pintó el centro del pecho con sangre-. El guerrero loa de sangre, el fuego, el relámpago y la espada. El que trae la venganza.
Una ráfaga de viento seguida por el fuerte golpe de una puerta batiéndose me hizo saltar. De repente la piel que había tocado a la altura de mi corazón inerte se puso fría. Si los no muertos pudiesen experimentar la muerte de nuevo sentirían algo así. Personalmente, para mí ya había sido suficiente morir una vez…
-Laleeeeeeeeeee. –Su cántico resonó en las paredes de piedra-. La hija de tu familia te pide que protejas a los hijos de tu alma. Guárdalos y guíalos, cumple tu juramento. –Melaphia echó la cabeza hacia atrás y aulló-: Maman Laleeeee.
El sonido fue totalmente espeluznante; al oírlo, ni siquiera un vampiro como yo se sentía totalmente a salvo. Miré de reojo el altar y me di cuenta de que una de las estatuas había empezado a llorar lágrimas lágrimas de sangre. Mi piel fría se puso de gallina y no pude evitar mirar a Olivia.
Desnuda hasta la cintura, cruzó las manos sobre el corazón, pero no por miedo. Tenía los ojos cerrados pero también una sonrisa como de conspiración secreta femenina. Si no la conociese diría que estaba rezando. Y aunque yo quisiese… rezar, eso es, no recordaría cómo hacerlo después de tantos años de vida profana.
Melaphia dejó de gritar y me volvió a poner la mano sobre el hombro.
-Ven.
Me ayudó a levantarme incluso antes de percatarme de que necesitaba ayuda. Luego me condujo a una esquina, sonde había colocado un gran balde de caoba. Estaba medio lleno de un líquido.
-Mete la cabeza en el agua –me indicó.
Como el buen chico que siempre había sido, me arrodillé delante del barreño, pero se me pasó otra cosa por la cabeza. Justo antes de sumergir la cabeza, le sonreí a Melaphia calculadamente.
-Supongo que esto no es agua bendita, ¿verdad?
Ella me pellizcó la oreja, con fuerza.
-¿Desde cuándo no confías en mí, chico?
-¡Ay! Eh, la última vez que confié en ti acabé encerrado en la cripta. Que lo haga Olivia primero.
Con un soplido de enfado, Melaphia movió a Olivia hacia delante y la observó meter la cabeza en el barreño.
Luego llegó mi turno. Respiré profundamente y me mojé hasta el cuello. Cuando salí escupiendo agua, Melaphia me frotó el pelo, los hombros y el pecho con las manos. El agua quemaba, pero era una quemazón como de agujas, molesta pero no peligrosa. Como si pudiese hacer algo si Melaphia intentaba hacerme daño. Pero ese pensamiento me dio una idea…
-Una vez más.
Sentirme realmente estúpido no evitaba que siguiese sus instrucciones por segunda vez. ¿Qué demonios sabía yo de vudú?
Un rato después estaba de pie y goteando delante de ella. Me echó la cara hacia abajo, sonrió y me besó en ambas mejillas.
-De acuerdo. Ve a vestirte. Te he dejado ropa preparada.
Luego volvió a centrar su atención en Olivia.


-¿Por qué tengo que volver a ponerme esta estúpida chaqueta? Si he de actuar como el señor de la casa al menos déjame vestirme como tal.
Esto era demasiado. Había más de cien razones que podía dar para explicar que llevar terciopelo azul no era una buena elección de vestimenta. Y estaba dispuesto a utilizar cualquier excusa antes de admitir las verdaderas razones: era la chaqueta de William, la que me había dado para protegerme, y la que llevaba puesta cuando había besado a Connie, lo cual parecía haber ocurrido hacía siglos.
-Está limpia, Jack, y es una fiesta retro. ¿Qué problema tienes?
-Retro o no, lo que es cursi es cursi.
Melaphia volvió a lanzarme una de esas miradas que parecían decir: "Estás comportándote como un niño".
-Es importante. William quería que la llevases puesta.
William.
-Vas a enfrentarte a un maestro de vampiros para traer de vuelta a William. Esta chaqueta es todo lo fuerte que he podido hacerla.
La entrada de Olivia evitó que tuviese que mentir sobre qué o a quién iba a enfrentarme. No fue solo su llegada, sino también su aspecto.
-Esto es hermosísimo –dijo dando una vuelta. Los flecos con cuentas de su vestido flotaban con vida propia.
-Es de los años veinte. Perteneció a una amiga de William.
-Con esto vuelvo a sentirme una chica –dijo Olivia riéndose-. ¿Qué te parece, Jack?
-Me parece que preferiría llevar ese vestido antes que esta maldita chaqueta.
-Venga, no seas aguafiestas. Melaphia tiene sus razones. Deberías seguir sus consejos.
Estaba a punto de decirle lo cansado que estaba de los consejos cuando llamaron a la puerta principal. Iba a dirigirme a la sala de estar, pero Melaphia me detuvo.
-Espera.
Deylaud tocó el pomo y luego miró a Melaphia.
-Es un vampiro, pero ninguno que yo conozca.
Ella se acercó a mí y luego asintió.
-Werm –le dije a nuestro invitado, casi incapaz de creer lo que estaba viendo. Su pelo había pasado del negro azabache a casi blanco. Su piel tenía ese brillo pálido y místico que tienen la mayoría de los vampiros, y llenaba su chupa de cuero negra mejor que la última vez que había visto a este larguirucho-. ¿Qué estás haciendo aquí?
-Bueno, hola a ti también, hermano.
Parecía estar tan sano como una manzana y totalmente encantado consigo mismo. Di un paso atrás y lo invité a entrar.
-Ahora ya tienes lo que querías. Eres un vampiro. Me alegro por ti.
-Así es, Jack. William hizo por mí lo que tú no quisiste hacer. Ahora soy un maldito bebedor de sangre. Igual que tú.
Reyha se rió y se tapó la boca. Supongo que podía ver el auténtico horror en mi cara al verme relacionado con esta comadreja.
-Apenas puedo distinguiros –dijo Olivia con tono inexpresivo.
-Muy divertido –dije-. Ni en tus sueños serías como yo, poca cosa. Todavía puedo partirte a la mitad con la misma facilidad que antes. Mira, la verdad es que no estoy de humor. ¿Qué quieres?
Solía sentir pena por el chico, pero aquello se había acabado. Cuando decidí caminar en la oscuridad no tenía no idea en lo que me estaba metiendo. Werm, por otro lado, había buscado la vida de un demonio sabiendo exactamente en qué se convertiría. Al diablo con él.
-Así que esta es. La casa de William –dijo ignorando mi pregunta. Estiró los brazos a más no poder y miró a su alrededor-. La casa familiar.
-¿Familiar?
Melaphia se cruzó de brazos y observó a Werm.
-Jack, ¿Quién es este niño flacucho? ¿Fue William quien lo convirtió?
-Me temo que sí –dije-. Todo el mundo, este es… ¿cómo demonios era tu verdadero nombre?
Werm parecía herido.
-Mi nombre es Lamar Nathan Von Werm. –Estiró su metro cincuenta y tres-. Pero podéis llamarme "Werminator".
Increíble. Volteé los ojos hacia el techo. Algunas noches no valía la pena salir del ataúd.
-Llámalo Werm. No tengo ni idea de por qué William lo ha convertido, pero creo que Reedrek ha tenido algo que ver en ello.
-Quizá William no quería criar un solo hijo, Jack –dijo Werm riéndose.
No me gustaba que me recordasen aquello en lo que intentaba no pensar. Ya no era la cría solitaria de William. Hasta hoy había sido el único vampiro que William había convertido en sus cientos de años de existencia, o eso decía. Siempre había sido la mano derecha de William, su ejecutor, su único… hijo. Ahora, por alguna razón, había creído adecuado crear otro descendiente. Justo a tiempo para mi pequeña graduación. Bueno, dejaría que Werm fuese la víctima de sus burlas a partir de ahora. Eso me venía muy bien.
Estiré la mano, agarré a Werm por su flaco cuello y lo levanté en el aire casi treinta centímetros del suelo. Le mostré los colmillos y gruñí con fuerza, un sonido tan salvaje, tan animal que me sorprendió incluso a mí mismo. Detrás de mí oí gritar a las mujeres y los perros, que aullaron incluso en sus formas humanas.
-¿A qué has venido? –dije. Mis ojos de vampiro ardían en los del polluelo y podía ver su miedo. Por fin me tenían respeto-. No estoy jugando.
-Ropa –soltó-. Reedrek me ha enviado a buscar ropa para la fiesta de William. Y se supone que tengo que decir que van a venir, “tal y como les pediste”.
-¡Sí! –susurró Melaphia-. Sabía que estarían aquí.
No le quité los ojos de envima a Werm, pero escuché como los pies caminaban con pasos breves y entrecortados hacia la suite maestra.
-Jack –dijo Olivia amablemente-. Creo que ya puedes dejarlo en el suelo.
-Eso lo decidiré yo –gruñí. Lo miré y me di cuenta de que realmente quería matarlo… sacarle toda la sangre que mi maestro le había dado y tomarla, tal y como me correspondía. La sed de sangre hizo que mis colmillos se desplegasen. Nunca había probado la sangre de mi sangre y, de repente, estaba desesperado por hacerlo. Reedrek había dicho que yo era un monstruo, un asesino nato. Quizá había negado mi verdadera naturaleza durante demasiado tiempo. Bon appétit, Jackie. Solté un rugido, me llevé el cuello de Werm a la boca y hundí los colmillos en la carne fría.
Oí a lo lejos los gritos a medida que la sangre comenzaba a brotar en mi boca. Aproveché la fuerza vital que animaba el cuerpo de vampiro recién estrenado de Werm y la manejé a mi voluntad, haciendo que fluyese de él hacia mí. Probé mi linaje… Reedrek, William, Lalee, yo mismo. Era intoxicante.
Werm se sacudía y Olivia gritaba e intentaba separarme de él. Los perros emitían unos aullidos espeluznantes; su naturaleza canina respondía al acto de alimentación, a la sangría. Olivia metió los brazos entre nuestros pechos para que soltase al polluelo.
Mis colmillos se separaron de su cuello manchando de sangre la camisa blanca y dejando un tajo en carne viva en la piel de Werm. Lo dejé en el suelo. Olivia lo cogió antes de que cayese sobre el mármol y le ayudó a ponerse en pie.
-Bienvenido a… ¿Cómo lo llamaste cuando nos conocimos? ¿La hermandad de la sangre, era así? Bueno, estás en lo más bajo de la pirámide alimenticia de los chupasangres, hermanito.
Werm se retiró, gimoteando, hasta apoyarse en la puerta. Olivia me puso la mano en el hombro.
-¿Por qué no te cambias la camisa? –me dijo.
La miré y ella me masajeó un poco el hombro. Su rostro estaba sereno y sabía que intentaba calmarme. Le dejé hacerlo.
-Esto es la influencia de Reedrek sobre ti, Jack. Su hechizo no se pasa fácilmente. Créeme, te lo dice alguien que lo sabe. Perdiste el control durante un momento, pero todo irá bien.
-No pasa nada. Estoy cabreado porque él quería esto. Y luego el muy imbécil tiene el morro de…
Justo entonces Melaphia bajó por las escaleras con una especia de traje en una percha. Examinó a Werm, que se tapaba la herida. Ya casi estaba curada pero, a decir por su mirada, no lo sabía. No había chupado tanta sangre como para disminuir la capacidad regenerativa natural de un vampiro. Estaría bien en unas horas, suponiendo que no se muriese antes de miedo al darse cuenta de en qué se había metido.
-Supongo que no tengo que preguntar a qué se debían tantos gritos –dijo Melaphia. Pensé que me regañaría, pero en lugar de eso puso un dedo de advertencia sobre la garganta destrozada de Werm-. Ahora eres un demonio, chico. Eso significa que estás en un nuevo mundo de oscuridad. Sé listo y quizá sobrevivas. Burlarte de un vampiro de ciento cuarenta años, incluso tan tolerante como Jack, puede hacer que mueras muy rápido. Si no demuestras tener más cerebro que eso, no vivirás para ver el solsticio de invierno.
-Sí… sí, señora –dijo Werm con voz áspera.
Comencé a subir las escaleras dándole la espalda a todos, todavía sediento de sangre humana aunque había engullido alguna antes y luego, a continuación, la de Werm. Normalmente me negaba a mí mismo el placer de la sangre humana a menos que necesitase su efecto rejuvenecedor para curar una herida. Me había sentido bien al morder a Werm. Endemoniadamente bien. ¿Sería por la influencia de Reedrek? ¿O sería porque había dejado de luchar contra mis instintos?
El dormitorio de William estaba inmaculado, ya que apenas lo usaba, excepto cuando quedaba con alguna mujer. Entré en su vestidor de cedro y me vi rodeado por todas partes de ropa carísima hecha a medida. Me saqué la chaqueta de vudú y la camisa de vestir manchada. Afortunadamente William y yo teníamos casi la misma talla. La variedad de camisas era impresionante, la mayoría eran de seda o del mejor de los algodones. Era un poco más delgado que yo, así que ignoré las camisas ajustadas y pasé a la siguiente que encontré. Cuando me la puse descubrí que tenía puños franceses y pequeños pliegues en el pecho.
Coloqué los puños y abrí un joyero de terciopelo que estaba sobre una vitrina que había en una pared. Vi mi juego favorito de gemelos: de plata, forjados a mano por el mismísmo Paul Revre, y con las iniciales W. C. T. Me los puse en los puños, volví a ponerme la chaqueta y me eché un vistazo. Normalmente no echaba de menos el no poder ver mi propio reflejo, pero ahora sí. Miré hacia abajo para verme con tan elegante vestimenta de hilo y acaricié el terciopelo, disfrutando del color del material, del azul del más profundo lago de montaña.
No estaba mal. Tiré de las mangas de la camisa para que sobresaliesen un poco los puños blancos y para que se viesen bien los gemelos contra el azul profundo de las mangas de la chaqueta. No estaba nada mal. El rostro de Connie no me dejaba de rondar por la cabeza y, de repente, parecía estar un paso más cerca de ser mía. Me merecía tenerla de la manera que quería tenerla.
Abrí el cajón superior del armario y busqué en su interior. Me metí en el bolsillo un pañuelo de lino con iniciales y descarté pajaritas y otros chismes. Vi un pañuelo de bolsillo de seda blanca y me lo puse en el bolsillo del pecho de la chaqueta para que solo sobresaliese un par de centímetros, como lo llevaba William. Volví a examinarme. Quizá esta chaqueta no estuviese tan mal después de todo. Resaltaría el azul de mis ojos para impresionar a las damas. Sí, esta chaqueta me estaba empezando a gustar. ¿Por qué no me habría gustado desde el principio?
Cogí el peine y el cepillo de William, me senté junto al joyero y le di un repaso al pelo. Luego coloqué el cuello de la camisa contra el de la chaqueta, tal y como William habría hecho. Uno no vive con un dandi durante cien años sin aprender algo sobre el acicalamiento.
Volví a mirar mi vestimenta durante un buen rato. Ahí estaba yo, como el mismísimo señor de la casa, con su ropa y sus joyas. ¿Era verdad lo que decían de que la ropa hace al hombre? Si era así, yo era el hombre. ¿Qué diferencia había entre William y yo a ese respecto? Él sabía más cosas y era más rico. Eso era todo. Según mi abuelo, tenía la oportunidad de alcanzar el conocimiento pleno esta misma noche. Y algo me decía que si lo hacía, el dinero dejaría de tener tanta importancia. Por fin podría ser mi propio jefe y vivir como quisiera.
Sería fácil.
Me agarré con una mano al armario, ya que la gravedad de la elección que tenía por delante me golpeó como un mazo en la sesera. ¿En qué estaba pensando? El simple hecho de sentirme tentado me provocaba náuseas. Tenía que ser el hechizo de Reedrek. Renunciar a William e irme con Reedrek significaba renunciar a mi familia; no solo a William, sino también a
Melaphia, Renee, Reyha y Deylaud. Significaría traicionar el valioso recuerdo de la madre de Mel, de su abuela, y de todo el linaje de mujeres místicas responsables de haberme convertido en el hombre que era.
¿Hombre? Me miré al espejo esperando, durante medio segundo, poder verme. Pero, por supuesto, allí no había nadie. No era un hombre, no poseía la naturaleza de un hombre, ya no. Era un vampiro. Como William decía a menudo, a veces se me olvidaba. Intentaba tener ambas cosas, con un pie en le mundo de los humanos y el otro en nuestro mundo alterado, el mundo de la oscuridad eterna. Quizá ya era hora de dejar de saltar la valla.
Entonces recordé que tenía que coger el rescate del rey de los queridos altares subterráneos de Melaphia. Salí del armario, entre por la puerta secreta trasera de la habitación y bajé las escaleras de dos en dos hacia la oscuridad de la cripta.


El tiempo y la luna parecían haber entendido el mensaje para colaborar con el alborotado festejo de William, o lo que fuese. La noche era fresca, pero no fría y en el cielo no flotaban más que un par de nubes. La luna llena de cazador pendía como uno de los farolillos de papel gigantes que iluminaban el patio de la casa Hamilton, junto con las deslumbrantes luces hechas por mano del hombre que había en los árboles. Las velas brillaban en elegantes manteles blancos mientras camareros de camisa blanca circulaban entre la multitud. Un cuarteto de cuerda, situado en una esquina de la sala de baile principal, tocaba suavemente… ese tipo de música ñoña que le encantaba a William. En lugar de desear un poco de George Thorogood de Tim McGraw, sentía que la noche iba bastante bien hasta ahora.
Ocupé el lugar indicado delante de la puerta para recibir a la muchedumbre. Melaphia estaba cerca, supervisando la ayuda. Imaginé que también estaría buscando a William.
-Eh, ¿cómo están todos? ¿Cómo está su madre y la familia? –Le di la mano a un corredor de bolsa vestido con una buena copia de un uniforme de agente confederado. El principal anacronismo era la falta de desgaste y suciedad. Después del primer día de alistamiento creo que no volví a ver limpio ni nuevo ningún uniforme de sesesh, de agente ni ningún otro. Perder una guerra tiene una forma especial de desgastar las cosas, tanto la ropa como a la gente. Pero esto no era la guerra. Era una fiesta retro. La esposa trofeo rubia del corredor de bolsa me hizo una media reverencia y un pequeño guiño desde detrás de su abanico de época.
-Muy bien, gracias –respondió el corredor de bolsa-. Madre habla muy bien de sus alineaciones frontales. Con todos los bordillos que se lleva por delante seguro que le lleva su Caddy bastante a menudo.
-Así es. Es una de mis clientas favoritas.
-Bien. Bien. Una fiesta fantástica. Estoy seguro de que recaudarán mucho dinero para esa nueva ala del hospital.
-Gracias. Espero que así sea. La piedra angular está lista.
Sabía que los planes de William para la nueva ala del hospital incluían un nuevo y mejorado banco de sangre. Se me hizo la boca agua de solo pensar en ello. Durante los últimos días había redescubierto mi gusto por la sangre humana. También sentía deseos de volver a cazar. Había pasado mucho tiempo.
-Dime, Jack, ¿dónde está William esta noche?
-La última vez que lo vi tenía demasiadas cosas encima. Trabajo, ya sabe. Pero esperamos que quede libre y se una a nosotros en cualquier momento. Mientras tanto, yo seré su anfitrión. El bar está por allí, así que siéntanse como en casa. –Le di una palmadita en la espalda y lo llevé hasta el licor fuerte.
A la mierda los mariquitas que repartían champán. Su mujer nos siguió llevándose el puño a la oreja con el pulgar y el meñique extendidos, haciendo el universal gesto de "Lámame". Asentí con la cabeza y le hice un gesto con la mano.
Había pasado buenos ratos con amas de casa ricas y aburridas de la alta sociedad, pero normalmente me hacían salir por la puerta de servicio, y no solo porque no quisieran levantar sospechas de un lío. Apreciaban mis talentos en la cama pero no se les varía codo con codo conmigo en público a menos que viniesen al taller fingiendo hablar sobre un problema con un coche. De repente parecía que ya era lo suficientemente bueno para flirtear, no solo en público, sino en una velada de alto copete, para rematarla. ¿No era genial?
Estaba sorprendido de lo cómodo que me encontraba con los tipos de la alta sociedad cuando cambié mi actitud. Quizá no era porque habían sido engreídos durante todos estos años, sino por mi baja autoestima, gracias a mi verdadero padre humano. El hombre que predijo mi futuro con las palabras: "No vales ni un céntimo". Parecía que mis inseguridades habían desaparecido ahora que por fin pensaba con claridad tras décadas de estar bajo el yugo de William, mi padre vampiro. Cuando me había puesto su ropa en su santuario privado fue como si me hubiese puesto también parte de su poder al mismo tiempo. Cambiar había sido facilísimo. ¿Qué más podía conseguir solo con proponérmelo?
Melaphia salió con un conjunto tradicional africano, del tipo que solía llevar la gente negra en los sesenta y los setenta cuando "volver a tus raíces" estaba de moda. El dashiki de colores, con tocado a juego y los collares de cuentas le daban el aspecto de la princesa africana que era. No había olvidado su azul vudú y llevaba un pañuelo de color azul cielo alrededor del cuello. Me estaba mirando con perspicacia, como si intentase averiguar algo.
-Esta noche pareces un auténtico anfitrión. Y yo que pensaba que le tenías pavor a la escena social.
-Sí, bueno, ya sabes. Sé estar a la altura de las circunstancias. –Examiné la habitación, que pronto se llenó de famosos bien vestidos. Solo lo mejor de lo mejor. Algunos de estos trajes retro de diseño debían de haber costado un buen pellizco, incluso en eBay. Bebí otro sorbo de mi copa, que para el observador casual no era más que un simple bloody mary. Pero no sospechaban que lo de la sangre no era en sentido figurado.
-¿Por qué no puedo leerte, Jack? En la noche más importante de todas, ¿por qué no sé qué se te está pasando por la cabeza?
Probablemente porque ni yo lo sabía. Le devolví la mirada.
-Ni idea.
-¿Qué no me estás contando? ¡Maldito seas!
Dijo que no podía leerme, pero lo cierto era que no soportaba admitir lo que sabía: que en realidad me estaba alejando de William.
Tras un rápido saludo en la puerta, había evitado a propósito a Iban, Tobey y Gerard, que estaban repartidos por la habitación, mezclándose y fundiéndose fácilmente con el resto de los invitados. No quería que interfiriesen cuando llegase el momento de hacer mi movimiento. Fuese cual fuese. La anticipación canturreaba en mi interior. Se aproximaba un cambio de rumbo para el viejo Jack. Esta noche sería la primera del resto de mi vida.



William

Hasta los vampiros tienen momentos decisivos. Momentos en los que los dispares "y si" y "debería haber" de medio milenio chocaron en un instante impactante.
Para mí era uno de esos momentos. Después de mi cautiverio, que había parecido interminable, estaba casi abrumado por las sensaciones, y volver a respirar aire puro era una de las más importantes. Llevar mi propia ropa era todo un lujo. Mi viejo uniforme naval británico me recordaba a Inglaterra y al hogar, a hombres resueltos y entregados, a las olas del océano zarandeadas por la tormenta y que llegaban hasta la luna.
Sin embargo, hay pocos lugares más hermosos que Bonaventure bajo la luna llena. El precioso bosque de diestras piedras construidas para honrar la muerte volvía a la vida cuando lo iluminaban las luces y las sombras, recordándoles a las almas vivas su rico linaje y su destino final: la paz. (Que, a pesar de todo, estaba bajo tierra). En general, el viejo cementerio ofrecía un lugar de reflexión y clama entre los pasos atropellados del día de los vivos. Pero en todos los santos aquel lugar se transformaba. Desde los gusanos del suelo arenoso al musgo español de las copas de los árboles, muchas cosas además de nosotros, los vampiros, se agitaban bajo la luna llena.
Varios excitados espíritus embaucadores nos rodearon como curiosos mosquitos. Uno de ellos no dejaba de tocarle el hombro a mi maestro, alejándose de su alcance cuando Reedrek se giraba para quitárselo de encima. Otro soltaba una ristra de insultos que hacían doler los oídos, propios de una víctima del síndrome de Tourette. En la distancia había grupos de espectadores fantasmales flotando mientras observaban el espectáculo.
-¿Por qué dejaste el automóvil en la puerta? –preguntó Reedrek molesto.
Werm, bastante apagado desde su viaje por la ciudad para recuperar mi ropa, parecía confuso.
-Estaban cerradas –respondió.
-No seas idiota, ¡eres un vampiro! ¡Ninguna reja te puede impedir pasar! ¿Por qué no te las llevaste por delante?
-¿Y abollarle el Escalade a mi madre? De ninguna manera, tío. Me mataría.
A juzgar por la mirada que le echó Reedrek a nuestro nuevo vástago, podría matar a Werm de puro enfado. Me había sentido así con Jack en muchas ocasiones.
Cuanto más nos acercábamos a la verja, menos espíritus se veían. Subieron a los árboles, desaparecieron en las lápidas, se evaporaron. Más adelante pude entender el porqué. Había grupos de vivos con linternas, velas y farolas en forma de calabaza en la acera junto a la reja de hierro fundido. Niños de "truco o trato" mezclados con adolescentes curiosos y adultos protectores. La mayoría de ellos probablemente pensaban que querían ver un fantasma. Después de todo era Halloween. En la época medieval cualquiera que llevase una máscara y anduviese llamando a las puertas de esa manera habría ardido en la hoguera. Mutilar una calabaza en perfecto estado habría sido una herejía, de haberlas tenido en Europa entonces.
Al ver a los más jóvenes retándose los unos a los otros trepar por la verja me acordé de mi Hill burlándose de su madre desde la rama de un árbol. "No me caeré." Diana y yo no sabíamos entonces que una caída desde un árbol era la menor de nuestras preocupaciones de futuro. En la calma que precede a la tempestad, no pude resistirme de burlarme de Reedrek.
-Ahora sé que no mataste a Hill –dije, mirándolo de reojo.
Una curiosa mezcla de sorpresa y algo que no esperaba, júbilo, invadieron su rostro.
-Oh, ¿de verdad? –dijo recuperando su sarcasmo-. ¿Y cómo sabes eso?
Me encogí de hombros.
-Eso no importa. Sobrevivió. Puede que incluso tenga algún pariente con mi propia sangre en algún lugar del mundo. –Le mostré mi sonrisa más burlona-. No conseguiste destruirnos a todos.
-¡Eh, mirad! ¡Fantasmas! –gritó alguien. Estábamos cerca y podían vernos.
Werm, metido en el papel, subió la verja y gritó:
-¡Buu!
La mayoría de la multitud se echó atrás en respuesta, por si acaso. Unos cuantos respondieron gritando:
-¡Vete a asustar a tu madre, gilipollas!
Se quedaron callados al vernos saltar la verja e, instintivamente, retrocedieron.
-Eh, tíos, ¿y vosotros quiénes sois?
-Somos vampiros –dijo Reedrek enseñando los dientes-. Hemos venido a chuparos la sangre.
Tras decir eso, empujó a Werm al lado del conductor del coche de su madre y abrió la puerta del acompañante para que yo entrase.
-Supongo que no tendréis a mano una estaca de madera bien dura, ¿verdad? –les pregunté a los humanos.
Ninguno respondió.
-Después de ti –dijo Reedrek asegurándose de que los acompañaba.
La multitud nos dio un fuerte aplauso cuando nos íbamos.



Jack

-¿Ja…Jack? –Melaphia se negaba a rendirse. Parecía que sospechaba aún más.
-Te estás dejando llevar por tu imaginación –mentí-. William estará aquí pronto y entonces todo… acabará.
Tomó aire para responder, pero las palabras se le quedaron en la garganta. Seguí la dirección de su mirada afligida. Renee acababa de entrar a través de las puertas dobles del salón de baile, pequeña y vulnerable, con su uniforme de escuela católica y calcetines blancos por el tobillo. Melaphia y yo nos reunimos con ella en el centro de la habitación y Mel la agarró por el antebrazo.
-¿Qué te pasa, niña? ¿Cómo has llegado aquí? –Meaphia intentaba hablar en voz baja por la gente, pero su tono se elevó con el enfado.
-Cogí el autobús desde la estación de Greyhound en la calle Montgomery.
-¿Has venido hasta aquí desde Brunswick sola? –Me arrodille a su lado para ponerme a su altura-. ¿Solita? ¿Por la noche? Se suponía que tenías que quedarte con tu tía.
-Ya había hecho alguna tontería peligrosa antes, granujilla, ¡pero esta se lleva la palma! –dijo Melaphia echándole la bronca. La niña era testaruda y precoz. Si la situación no fuese tan grave me habría reído al recordar el día que le dije a una pequeña y deslumbrante Melaphia que algún día pagaría por sus pecados. Mel terminó su acalorado discurso preguntando-: ¿Por qué has hecho una locura así?
Renee cruzó los brazos sobre su estrecho cuerpo con el mismo gesto de cabezonería que había visto en su madre y en su abuela incontables veces.
-Va a haber problemas. Lo presiento.
Melaphia se quedó sin aliento y yo me estiré hasta erguirme por completo.
-¿Y qué crees que vas a hacer para solucionarlos –miré a mi alrededor para ver si alguien nos había oído-, excepto estar en medio?
Renee levantó su pequeño puño y dijo:
-No me voy a quedar con la vieja de mi tía en Brunswick mientras vosotros estáis luchando contra alguien peligroso.
-¿Quién ha dicho nada de luchar? –dijo Melaphia mirándome.
-Yo no he sido –dije.
Lo cierto era que yo no sabía lo que iba a ocurrir. Exacto. En el mejor de los casos, una vez que Reedrek tuviese lo que quería, la sangre vudú, no tendría ninguna razón para causar problemas. Claro que William había dicho que no se podía confiar en Reedrek, pero eso era probablemente porque tenía miedo a perderme como lacayo. Creía que podría convencer a Reedrek para que no le hiciese daño a nadie, incluido William. Aún así, no quería que Melaphia y Renee fuesen testigos de lo que iba a pasar.
-Escucha –dije dejando el vaso vacío en una bandeja-. Creo que las dos deberíais volver a casa y esperar.
-¡Entonces va a haber una pelea! –exclamó Renee.
-Habla más alto, creo que todavía no te ha escuchado todo el mundo –le dije en voz baja. Miré a mi alrededor como si alguien estuviese mirando y mi mirada tropezó con Connie Jones.
-¿Qué es eso de una pelea? ¿Tengo que sacar la pistola? –dijo Connie sonriendo, y mi muerto corazón me dio un vuelco.
La atraje hacia mí de inmediato y luego me permití mirarla larga y detenidamente, empezando por sus sandalias doradas de tiras y su falda larga y vaporosa de color hueso con hilos dorados. Sobre su estrecha cintura llevaba un corpiño ajustado con una pechera color bronce brillante. Y por encima de todo eso estaban, bueno, los pechos, el escote, o como quieran llamarlo. Era la imagen más bella que había tenido de Connie fuera de mis sueños. Lo real era aún mejor. Pero por mucho que me hubiera gustado quedarme mirando sus seños, no pude evitar mirar su rostro. Nunca utilizaba mucho maquillaje, y eso me gustaba, pero esta noche se había puesto un perfilador de ojos que la hacía parecer una diosa azteca o inca recién sacada de un libro. Me quedé boquiabierto. Y me di cuenta de que Renee y Melaphia estaban igual.
Conseguí hablar justo a tiempo para presentarla antes de que el silencio fuese incómodo.
-Señoritas, esta es mi amiga Consuela Jones. Es poli. Connie, estas son Melaphia y su hija, Renee. Son de la familia.
-¿En serio llevas una pistola ahora mismo? –dijo Renee mirándola con los ojos como platos.
-Sí –dijo Connie guiñándole un ojo-, pero no te diré dónde.
Renne se rió y me di cuenta de que Connie llevaba el colgante que le había dado. Aquella cosa tan fea parecía combinar perfectamente con su traje de guerrera.
-Me alegro de ver de que llevas puestas mis joyas –dije-. Tenía miedo de que no me volvieses a hablar después de nuestro último encuentro.
-Lo sé. Por eso estoy aquí. Me sentía mal por cómo había dejado las cosas. Sobre todo después de que me hubieses dicho que… estabas pasando por un momento difícil.
-Gracias. Me alegro de que lo hicieses. Pareces una diosa.
Melaphia hizo como que se atragantaba con algo, aunque no estaba bebiendo nada.
-¿Estás bien? –le pregunté. Tenía una mirada extraña, como si estuviese estupefacta. Se llevó a Renee como si esperase una explosión. Antes de que pudiese preguntarle lo que pasaba, apareció Olivia y le tendió la mano a Connie.
-Olivia Spencer –dijo-. Me encanta tu traje. –Como era un poco más alta que Connie, le miró directamente el pecho-. Y las tetas.
Connie le dio la mano sin inmutarse.
-Consuela Jones. Mis amigos me llaman Connie. Puedes llamarme agente Jones. Por ciert, ese vestido tambien te hace muy buen culo.
Olivia se rió efusivamente.
-Gracias. Hago ejercicio. ¿Verdad, Jack?
Estaba en medio de un campo de minas con bombas de estrógeno y no sabía por dónde salir. Tenía frente a mí a las tres mujeres y media más fuertes que conocía y todas buscaban en mí algo diferente: Renee, seguridad, Melaphia lealtad a William y Connie y Olivia, derechos territoriales. Maldita sea. En cuanto se me pasase la impresión puede que empezase a gustarme toda esa atención femenina.
En ese preciso instante, la gente arremolinada alrededor de la puerta principal se apartó y dejó pasar a Reedrek, flanqueado por William y Werm. Werm, con los ojos como platos, parecía querer salir de su recién adquirido cuerpo de vampiro en cualquier momento y estar desesperado por hacerlo. Pero como era una fiesta de disfraces, su ropa de cuero, sus cadenas y sus piercings por fin parecían apropiados: un Billy Idol a lo retro.
El uniforme de William, con el que había posado para su viejo retrato, estaba inmaculado, hasta los botones de latón estaban pulidos, pero parecía que le habían dado una paliza. Tenía marcas rojas en su piel normalmente pálida. Al ver sus heridas sentí algo que no podía describir.
Como por ironía, Reedrek iba vestido como un vampiro de las películas. Igual que en mi visión, llevaba un esmoquin, una camisa de vestir blanca y una capa de terciopelo negro bordeada con satén rojo. Había que reconocer que aquel muerto malvado tenía sentido del humor.
Cuando entró, todas las conversaciones, mezcladas en el tintineo del cristal, y todos los ruidos del gentío en general, cesaron. Con una pizca de emoción y un poco de miedo, me di cuenta de que había hechizado a todos los congregados en la habitación al mismo tiempo. Sí que era bueno el tío. ¿Podría enseñarme a hacer eso? Con solo pensarlo sentí una explosión de poder en la sangre, como si hubiese crecido un centímetro.
Reedrek abrió los brazos extendiendo los extremos de la capa hasta que pareció un horrible águila ratonera gigante a punto de alzar el vuelo.
-¡Ahí está Jack, mi chico!
En realidad estaba hablando con el acento de Bela Lugosi. Y además era un showman.
-Dime, hijo mío –continuó-. ¿Tienes ese vial de sangre en el bolsillo o simplemente te alegras de verme?





-fin cap-

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MensajeTema: Re: La seducción del vampiro- Raven Hart   Sáb Oct 16, 2010 5:00 pm

Capitulo 16
Transcrito por rossmary


William

La casa Hamilton había sido decorada tal y como yo había indicado, con velas y cristal y hasta con las camelias de invernadero y las peonías traídas desde Japón. Y la música: Tchaikovsky. Dado que había decidido permanecer al margen de la mayoría de los humanos de Savannah, planear una fiesta corno esta no difería mucho del gran teatro que hacía furor en Europa durante las monarquías. Sofisticación y opulencia a raudales. Me divertía impresionar a los mortales... y aquello me permitía vaciarles los bolsillos para mis causas favoritas.
Una pena que mi cita de esa noche fuese Reedrek. Una pena que este fuese el último recuerdo que me llevaría al infierno.
Tenía que ignorar cualquier placer que estuviese a mí alrededor y concentrarme en detener a Reedrek. O eso o ver cómo morían todos los que me importaban... otra vez. De pie en el vestíbulo, me pregunté qué habría preparado Jack para la velada. ¿Cómo reaccionaría ante nuestro maestro?
Fue entonces cuando mi mirada se encontró con la de Eleanor y el aire puro que había estado saboreando me abandonó. No había muerto quemada. Había sido víctima de otro de los juegos malvados de mi señor. A buen entendedor, pocas amenazas bastan. La quemaría si le fallaba.
Parecía expectante y aliviada, como si llevase toda la noche esperando a que entrase por aquella puerta. Estaba radiante; llevaba un vestido de cóctel que podría formar parte del legendario armario de Jackie Onassis y su larga melena oscura estaba recogida en un moño tras la cabeza. Su recatado atuendo debía de engañar a la mayor parte de los asistentes. Yo, sin embargo, recordaba demasiadas noches con ese pelo suelto y sedoso sobre mi pecho y mi vientre antes de que Eleanor pasase a otros placeres. Mis placeres.
Esta noche se había transformado en una reina elegante y sofisticada. Solo que este mundo, mi mundo, era infinitamente más salvaje que Camelot. O quizá no. Jackie había perdido a su Jack, Mientras Eleanor me miraba fijamente solo pude decir adiós en silencio antes de poner toda mi atención de nuevo en mi maestro.
Reedrek calmo a la sala con un simple gesto de su ano, como un maestro de hipnotizadores. Los invitados humanos se quedaron congelados con su última palabra o pensamiento entre el pasado y el presente. Los músicos seguían tocando, pero el sonido era discordante, desfasado. Las notas se estiraban demasiado. Incluso yo estaba impresionado aunque no quisiese admitirlo. Con tres de sus descendientes en la misma sala. Reedrek estaba rebosante de poder.
En mi débil estado había sido descuidado. No debería haber permitido que mi mirada se detuviese en Eleanor, pero mi alivio me había superado. Al instante, Reedrek se había acercado a ella como una abeja rondando un lirio lleno de rocío. Hizo una pausa para olerle el cuello por debajo de la oreja, pero no me quitaba ojo de encima.
—Huele a humo. Es una pena que su preciosa casa de placeres ardiese.
—Suspiró de manera teatral—. Creo que convertiré a esta cuando acabe contigo —dijo. Sacó la lengua como un perro sonriente antes de lamerle el cuello para marcar el lugar—. Sería una esclava sexual excelente, ¿no crees?
Veía la confusión en los ojos de Eleanor, pero no se movía, no era capaz. No podía ver al ser malvado, aunque sentía que algo iba mal. Podría haber calmado sus miedos, pero no lo hice. Tenía que tener miedo. La ignoré y bloqueé mi mente ante la de Reedrek mientras entrábamos en la casa.
—Si eres tan bueno creando descendientes, ¿por qué estás aquí solo? —le pregunté— ¿Por qué no has traído contigo una banda de matones?
Solo dudó un poco antes de responder, pero en medio de las palabras capté un atisbo de voces elevadas en una habitación sin luz.
Reedrek levantó la cabeza.
—Me perteneces. No necesito ayuda para librarme de ti —gruñó.
—Puede que eso sea cierto pero, ¿por qué no tener un testigo fidedigno? A menos que quieras hacer algo en secreto. Si estás fardando para tus amigos, ¿por qué se iban a creer lo que ocurre aquí?
—Porque tu pequeña aventura de contrabando se va a acabar. Se quedará estancada, como se suele decir.
Y tú te convertirás en el rey de occidente, le dije mentalmente burlándome de él.
No discutió. Le acarició el pecho a Eleanor como sí no me hubiese oído.
— ¿Vale la pena? —pregunté——, Si me matas perderás el poder de mi preciada ira. Te quedarás sin una de tus más antiguas bazas.
Mi treta obtuvo beneficios. Perdió el interés en Eleanor y volvió junto a mí.
—Como si hubieses sido una baza para mí desde que te mudaste a este lugar perdido de la mano de Dios. ¿Has oído hablar alguna vez de la ley de rendimientos decrecientes? He invertido en ti durante doscientos años. Desde entonces, cada año recibo menos a cambio. Ha llegado tu hora, y la de tus amigos.
Amigos.
Busqué en la sala a Jack y a Olivia. Luego vi a Melaphia y a Renee. Aparté mi mirada rápido de ellos intentando disimular mi preocupación. Miré brevemente a Connie. No estaba congelada como el resto de los humanos completos de la sala, aunque se movía extremadamente despacio, como una sonámbula. Reedrek no pudo evitar fijarse.
Nos reunimos con Jack, Melaphia y Renee en el centro de la habitación.
—¿Tienes ese vial de sangre vudú en el bolsillo o es que te alegras de verme?
—le dijo Reedrek a Jack riéndose.
Jack lo ignoró y me miró fijamente. Llevaba la chaqueta azul de vudú que le había dado y una de mis mejores camisas. Cuando se me pasó eso por la cabeza, él tiró conscientemente de los puños franceses cosidos a mano de la camisa mostrando mis gemelos de plata.
Se había excedido. En cualquier otro momento podría haberme reído u incluso haber discutido un poco. Pero ya no había tiempo para discusiones. Había sonado La campana para el gran combate.
—Estás mejor de lo que esperaba —dijo Jack,
—Tú también —respondí—. La camisa te queda bien.
Se retorció como si la tela le irritase la piel. Reedrek me puso la mano en el hombro antes de agarrarme por la nuca. Una advertencia o la preparación para el asesinato, ambas cosas eran posibles. Reedrek ya no me necesitaría si Jack le daba lo que quería. Me moví para zafarme de él moviendo un pie hacia delante y poniéndome ligeramente más cerca de él. No le permitiría que me levantase ni que me lanzase contra Jack. No sin luchar.
—¿Dónde está la sangre, Jack?
—Aquí mismo, en mi bolsillo, tal y como dijiste —respondió Jack. Reedrek extendió la mano.
—¿Y bien?
—Ah, tenemos un par de cosas de que hablar primero.
—Ya hemos tenido una conversación.
En ese momento sentí cómo la mente de Reedrek intentaba hacerse con la de Jack. Solo por esta vez, me uní. Tuve una visión con luces de neón, carreras de coches y la agente de policía de Jack, Connie. El calor del desierto, neumáticos chirriando y otro tipo de atracciones calientes. Todo lo que un chico podía desear.
Libertad.
Así que eso era lo que le había ofrecido a Jack. Algo de lo que yo incluso me había negado a hablar con él. La tentación siempre había sido el fuerte de Reedrek. Si llevase por aquí más de un simple milenio, habría jurado que era el modelo para la creencia cristiana en Satán. Todos los mitos tienen un origen.
Jack seguía mirando al infinito, a media distancia, aparentemente sin ver nada. Interiormente, estaba viendo el vídeo promocional de Reedrek en el cine de su propia mente. Y quería todo lo que veía. Por supuesto que sí.
Sentí un miedo atroz en mi muerto corazón. Los ojos se le habían puesto de color negro rojizo con algo similar a un deseo de matar. Mataría por lo que quería. No me preocupaba mi propia existencia. Hacía tiempo que había dejado de preocuparme por eso. Tenía miedo por aquellos a quienes quería:
Melaphia, Renee, Eleanor y la propia humanidad, porque solo Dios sabía qué destrucción podrían sembrar Reedrek y Jack juntos y desenfrenados. Pero por quien más temía era por Jack, el primer descendiente mío que conocía desde que había perdido a la verdadera sangre de mi sangre, a mi querido Will. Una vez había amenazado con matar a Jack yo mismo antes de dejar que Reedrek lo hiciese suyo. ¿Podría hacerlo? ¿Podría reunir fuerza de voluntad para salvar a Jack de aquello en lo que lo convertiría Reedrek? Si lo hacía, el precio del esfuerzo sería también mi vida sobrenatural. No tenía la intención de pasarme el resto de la eternidad cargando con la pena de la muerte de Jack sobre mis hombros. La pena por lo que podría ser mi única opción me hacía más daño que las llamas con las que Reedrek me había torturado.
De repente oí susurros de urgencia como si viniesen de una larga distancia, envolviéndome como el humo y llamando mi atención.
Estamos preparados...
No estás solo...
Mátalo...
Reedrek debió de oírlas también porque la visión vaciló. Liberó la mente de Jack y buscó por la habitación. Su mirada se detuvo en Tobey, que estaba apoyado en la puerta del patio entre tres mujeres humanas que se habían quedado congeladas en pleno flirteo, Reedrek soltó un bufido fuerte y amenazador, sacó los colmillos y me apretó más el cuello.
Tobey, vestido para matar con un traje de maestro de artes marciales chino recién salido de un templo shaolin, parecía más tranquilo de lo que yo habría esperado. Dejó su copa vacía de champán en una bandeja que sostenía un camarero inmovilizado y caminó lentamente hacia el único lugar con movimiento de la sala.
Mi segunda pesadilla más temida sobre Reedrek y mis amigos se estaba haciendo realidad.
—Lárgate de aquí...
—Ya es demasiado tarde para eso. Tú no te vas a ninguna parte. ¿Verdad Tobias?
Los susurros regresaron.
Podemos cogerlo... Apártate... Deja que nosotros nos encarguemos...
Reedrek miró a su alrededor en busca de los sonidos.
— ¿Nosotros?
Parecía divertirse en lugar de preocuparse.
Iban y Gerard salieron de otros lugares entre la brillante multitud.
— Vaya qué gratificante. Habéis venido todos a saludarme.
—En realidad —respondió Tobey—. Hemos venido todos a comerte.
Después de eso todo pareció ocurrir muy rápido. Reedrek comenzó a agitarse y yo le pisé el pie antes de engancharle el tobillo con el mío. En lugar de levantarme, como había planeado, me soltó el cuello, lo cual me permitió darle un empujón. La velocidad le hizo caer al suelo y allí se abalanzaron sobre él cuatro vampiros a la vez. Tobey le mordió con fuerza en la yugular y luego le dio la vuelta para que Iban y Gerard pudiesen encontrar cada uno un punto jugoso.
— ¡Apártate de él! —dijo Olivia empujándome hacia atrás antes de lanzarse a por la ingle de Reedrek.
Soltando un grito de alegría, Werm se unió a ellos y le mordió un tobillo. Los cuatro forcejearon juntos, luchando y succionando. La sangre de Reedrek empezó a salir a chorros, empapando colmillos, caras y ropa de fiesta. El pelo plateado de Olivia estaba teñido de rojo. El propio Jack parecía hipnotizado, congelado como el resto de los humanos de la sala.
En cuanto conseguí levantarme sentí la primera esperanza que me había atrevido a albergar. La sugerencia de Olivia me emocionó, ya que significaba salvarme del daño que me causaría ayudar a matar a mí maestro. Pero no tenía intención de mantenerme al margen. Mi sed de venganza no estaría satisfecha hasta que mi señor estuviese muerto. Lo que había ocurrido en el pasado debería haberme enseñado mejor: la victoria era demasiado fácil y demasiado pronto.
El grito iracundo de Reedrek hizo temblar las ventanas de la habitación. Parecía que no estaba dispuesto a ponernos las cosas fáciles. Dos o tres de los humanos congelados que estaban cerca de nosotros cayeron al suelo por la fuerza de la explosión ensordecedora posterior. Esta hizo saltar las alarmas de los coches aparcados en las calles de la plaza y se oyeron sirenas en la distancia. Mis oídos resonaban como las malditas campanas de una catedral cuando intenté agarrar a Olivia por el vestido para separarla. Pero Reedrek fue más rápido. Su cuerpo se tensó y se levantó del suelo incluso con el peso de los demás sobre él. Luego, tras un espasmo, produjo su propio relámpago personal, un fogonazo cegador de fortísimo voltaje lo suficientemente fuerte como para quemarme los dedos a través de la ropa de Olivia.
Luego todo se quedó en silencio, o quizá me había quedado sordo. Me costaba respirar y podía oler la carne quemada y la ropa chamuscada. Observé horrorizado cómo mis amigos caían junto a Reedrek como insectos muertos, con las bocas quemadas y los cuerpos fláccidos. Todo lo que su sangre había tocado se había vuelto negro.
Reedrek se apoyó en las manos, luego en las rodillas y, a continuación, se puso de pie. Estaba debilitado, pero no muerto otra vez, de ninguna manera. Y entonces me di cuenta de lo que significaba: que estábamos condenados, tal y como lo habíamos estado desde el principio.
Los únicos miembros del grupo que permanecíamos de pie éramos los que no habíamos atacado a Reedrek: Jack, Melaphia, yo y Renee, que estaba escondida agarrando con fuerza la colorida tela de la falda de su madre.
—¡Corre! —grité—. ¡Vete de aquí!
Aparté a Melaphia del medio. Luego, soltando un alarido salido del odio de un alma rota, me lancé sobre Reedrek. Mi furia lo alcanzó antes que mis manos. Con una mirada de sorpresa, dirigió la vista hacia abajo para ver la neblina roja que había manchado la pechera de su camisa como una lluvia horizontal antes de que mis manos se aferrasen a su cuello. Cuando lo levanté en el aire, las arañas del techo comenzaron a balancearse y a retorcerse. Desde abajo, a salvo de ellas, mordí con fuerza rasgándole el cuello a Reedrek, pero no pude evitar que me clavase los colmillos en el hombro. Gritando como animales, chocamos contra el techo de más de tres metros de altura como perros rabiosos haciendo que una de las arañas se precipitara de repente en medio de los invitados. Tablillas y yeso cayeron al suelo formando una nube asfixiante a nuestro alrededor mientras yo hacia todo lo que podía contra mi señor.
Su sangre tenía un sabor ácido y me quemaba con la esencia pura del mal de larga fermentación. Bebiese lo que bebiese no conseguiría matarlo. Sin embargo podía hacerle daño, debilitarlo. La bruma roja de mi ira nos rodeaba y, con mis últimas fuerzas, solté un alarido gutural y le volví a rasgar el cuello.
Durante un breve momento probé su miedo. En busca de una ventaja, intenté herirle en los ojos. Un pop muy satisfactorio envió un chorro de líquido sobre mi mano derecha.
Las garras de Reedrek se hundieron en mi chaqueta, arrancando la lana y el lino. Consiguió dejarme al descubierto el pecho mientras me empujaba para alejarme de su cara. Resistiéndose a correr más riesgos, con un movimiento seco, mi señor me rasgó la piel que está sobre el corazón con las uñas, todavía calientes por el estallido de poder, con la intención de arrancármelo. Podía sentir como sus uñas se clavaban y mi sangre caía sobre los cuerpos inmóviles que había en el suelo. Pero estaba en lo que ahora era su lado ciego y conseguí girar me y apartarme. Caí junto a mis amigos y me rapé la herida con la mano, pero la sangre manaba entre mis dedos.
Melaphia, que mantenía a Renee detrás de ella, se puso junto a mí. Se sacó el pañuelo azul del cuello y me lo puso debajo de los dedos para parar la sangre.
—Jack. Dame el vial —pidió Reedrek.
La sangre vudú, la sangre de Lalee volvería a hacer fuerte a Reedrek, más fuerte de lo que podíamos imaginar. Vi cómo mi hijo calculaba las distintas opciones.
-No lo hagas —le dijo Melaphia a Jack—. Esa sangre me pertenece le pertenece a mi familia. ¡No tienes derecho a dársela a nadie!
—¡Cállate, mujer? —ordenó Reedrek—. Aquí no tienes poder.
Con la naturalidad con la que uno mata a un mosquito, Reedrek golpeó a Melaphia con el revés de la mano. Luego, como para reafirmarse, se giró hacia Renee. Ella emitió un gemido de sorpresa cuando la levanto en el aire. Melaphia intentó agarrarle la mano pero no pudo. Renee no dejó de luchar hasta que estuvo justo a la altura de Reedrek.
Llevó una esquina de su capa para taparse la cuenca del ojo vacía.
—¿Tu familia, dices? —preguntó Reedrek sin dejar de mirar con su ojo sano a Renee con una mirada calculadora.
—Aquí lo tienes, cógelo —dijo Jack sacando el vial del bolsillo.
La mente de Jack telegrafió su alarma mientras miraba a la pequeña y desvalida Renee. Pero todavía codiciaba los regalos oscuros que Reedrek le ofrecía. Podía sentir su codicia y también cómo se tambaleaba lo que le quedaba de humanidad, que era lo que más apreciaba en él.
L visión que me habían dado las conchas volvió a rondar los que probablemente eran los últimos momentos de una vida demasiado, larga. La visión de Jack, con mi chaqueta azul, traicionándome. Traicionándonos a todos. Si Jack tenía un plan alternativo, ya había fallado.
—Este es el trato —dijo Jack—. Después puedes matarlos.
Así que Jack pensaba reclamar su recompensa y hacer que Reedrek liberase a sus humanos. Lo que no sabía es que mi maestro nunca cumplía los tratos. Pero no me había molestado en educara Jack sobre las costumbres de los seres malvados, igual que me había negado a contarle muchas más cosas. Y mi familia humana del presente sufriría el mismo destino que mi Diana.
—Tío Jack...
La pequeña súplica de Renee pareció agradar a Reedrek,
—No. Yo me quedaré con lo que quiero y tú los puedes matar. Es hora de poner fin a esta rebelión de sangre. Has sido creado para gobernar a los mortales, para convertirlos en tus acólitos. Es hora de que demuestres que mereces ser llamado vampiro. Coge primero a la pequeña. ¿Cómo dice la canción? Siempre haces daño a quien quieres. —Le cogió la mano a Renee, como si fuese a ayudarla, pero en lugar de eso le pasó el pulgar por la muñeca abriéndole la vena. La sangre empezó a brotar, deslizándose por sus dedos antes de caer entre ellos al suelo—. Luego yo acabaré con tu Señor.
Jack extendió los colmillos. Sus grandes iris negros hacían que sus ojos pareciesen los de un muñeco, fríos mientras se fijaban sobre Renee como nunca antes lo habían hecho. De repente, mi línea de comunicación con su mente se rompió como una cuerda de violín deshilachada y no podía ver lo que estaba pensando, qué había decidido.
Luego parpadeé y lo supe. Siempre había habido una posibilidad de que me traicionase, pero moriría con la convicción de que nunca traicionaría a Renee y a Melaphia.
Todavía confiaba en él.
Con todo que perder, utilicé mis últimas fuerzas para restablecer la conexión psíquica con mi descendiente. Quizá pudiese salvarlo…o quizá empujarlo a convertise en un malhechos pero que Reedrek.
Al carajo con las consecuencias. Le abrí mi mente a Jack.


Jack
La primera explosión de pensamientos de William me sobrevino tan rápido que solo puede boquear como un nadador al que un tsunami arrastra a la arena. Su fuerza me hizo ir atrás en el tiempo.
—Vamos, Jack, tienes que morder más fuerte, más hondo.
La voz de William resonaba entre la marca de recuerdos. Yo, sobre la barriga de mi soldado muerto. El, enseñándome a morder, a no malgastar tiempo o sangre en perfecto estado por ser débil de carácter y no querer matar. Agarró el pelo del soldado moribundo y le echó la cabeza hacia atrás.
—Estas pobres almas ya están sufriendo. Tú puedes liberarías.
¿Qué demonios? Había matado por el ejército, ¿por qué no iba matar por mí? Mordí como un tigre, con el deseo de complacer a mi salvador y con la necesidad de aplacar mi infernal hambre. Podía ver en sus pensamientos que entendía que había estado muerto de hambre la mayor parte de mi vida en la tierra. Me había prometido más
—Eso está mejor —dijo, dándome sin querer más aprobación que el cabrón de mi padre durante toda su malintencionada vida.
Luego vi a través de los ojos de William. Estaba sentado al borde del campanario de la catedral de St. John. Sentía la necesidad de proteger y cuidar esta ciudad de los monstruos que esperaban en la oscuridad su oportunidad para invadir nuevos territorios. Y, por encima de eso, sentía la necesidad de protegerme. No solo de otros vampiros, sino incluso de conocer su existencia. ¿Cuántas batallas habría librado para defender Savannah sin pedirme ayuda, sin que ni siquiera lo supiese? Por un instante vi ojos feroces llenos de odio mandíbulas ensangrentadas cerrándose. Desenfoqué el poder de la preocupación de William por mí y tuve que parpadear para enfocar su cara física. Tenía ante mí todo lo que siempre había querido saber sobre cuándo y por qué. Había demasiadas cosas que comprender al mismo tiempo mientras estas pasaban por mi mente. Lo que estaba más claro entre la maraña de información no era un hecho, sino una emoción
La confianza total de William.
La voz de Reedrek intentaba llamar mi atención.
—Podría haberte liberado cuando hubiese querido- Pero estaba decidido a retenerte durante los doscientos años enteros.
Mentí para protegerte, susurró William en mi mente
— ¿De qué estás hablando?
De repente me di cuenta de algo que se tambaleaba en el límite de mí comprensión. No estaba seguro de si quería asimilarlo, pero lo hice de todas formas. Mi maestro me había engañado. Todo este tiempo me había estado tomando el pelo con lo de la servidumbre mientras que yo podría haber estado cumpliendo mis sueños.
En la distancia se escuchó una risa perversa. Reedrek.
—Vaya, ¿no es precioso todo esto? —Emitió un lloriqueo como el de un bebé—. «Solo quería protegerle» —dijo imitando a William con un tono agudo—. Juega al señor benevolente, pero no es mejor que yo. Lo único que tenía que hacer era liberarte de tu juramento. Entonces podrías haber viajado por todo el mundo como un miembro investido de nuestro pequeño club de vampiros. Pregúntale la verdadera razón por la que no te ha dejado ir a buscar tu propio destino.
Me bombardearon visiones de fantásticas carreras de coches y aún mejores coristas. Mi corazón lo deseaba. Hice lo que pude para ignorarlo y concentrarme en William.
La risa burlona de Reedrek me hacía daño en los oídos. Estaba luchando contra él y contra William para evitar que controlasen mi mente. La parte de mi cerebro que seguía siendo Jack estaba intentando invocar otro recuerdo, uno propio, no el que me había obligado a ver William, para intentar buscarle sentido a todo lo que estaba pasando. Me vino un recuerdo muy antiguo, de la época en la que destilaba licor ilegalmente, que había intentado revelar el día en que estaba excavando el foso del aceite. Había vuelto a los viejos días, con sus cosas buenas y sus cosas malas, a cuando era feliz e inconsciente ignorando la existencia de alguien como Reedrek. William había venido a mí como un fantasma en la noche y me había advertido. ¿Qué había dicho?
El propio William rellenó los huecos. Jack, quiero que sepas que, pase lo que pase en el futuro, lo siento... y que me importas muchísimo.
No confíes en Reedrek. Adiós, Jack.
Finalmente tenía sentido, William me había visitado como visión con un sentimiento que había ansiado oír de mi propio padre pero que nunca había oído, Sabía que sus palabras eran sinceras, no como las mentiras envenenada que Reedrek me había contado. William me había cuidado y por eso me había engañado para tenerme a su lado, para protegerme. Pero había algo más que tenía que saber.
— ¿Por qué yo, William? —pregunté—. De todos los pobres bastardos moribundos en todos esos campos de batalla sangrientos, ¿por qué me elegiste a mí para caminar a tu lado?
Reedrek cesó su rebuzno para escuchar la respuesta haciendo que el silencio pareciese estar vivo en la sala, como un espectador expectante por oír la verdad igual que yo.
A William parecía faltarle el aliento para responder.
—¿Sabes lo que siempre hace un soldado abatido por una bala, Jack? Su último acto en esta tierra es utilizar sus pocas fuerzas para abrir el uniforme y examinarse la herida. Por eso los encuentran en el campo de batalla con la ropa retorcida, como si estuviesen intentando rascarse. Pero tú no estabas haciendo eso.
—No me acuerdo de lo que estaba haciendo —me oí decir.
William sonrió con cansancio.
—Estabas apoyado en un codo utilizando la poca vida que te quedaba para atender a un moribundo que estaba junto a ti. Mientras perdías sangre, intentabas levantarle el torso y la cabeza para que no se ahogase en el agujero de lodo en el que había caído boca abajo —William tomó aliento con dificultad y continuó—. Así habrías muerto... ayudando a tu compañero. Así fue como te encontré.-. y es por lo que te elegí. Pensé que tu humanidad podría redimir la poca que quedaba en mí. Tú y el espíritu de Latee sois lo único que me ha mantenido en el lado de la luz durante los últimos ciento cuarenta años.
Hay que joderse. Durante todo este tiempo me había considerado un lacayo. Y ahora de repente era el salvador. Mientras intentaba digerir esto, Reedrek gritó.
—De todas las estupideces empalagosas que jamás he escuchado, ¡Esta se lleva la palma! Ya es hora de que te calles para siempre.
Sacó a William de manos de Melaphia y le mordió con los colmillos ya sangrientos de la pelea.
William apenas pareció notarlo. Su mirada me mantenía prisionero.
—Salud —dijo.
Bébela, Jack, me dijo mentalmente.
Saqué el vial del bolsillo, rompí el sello y lo alcé a modo de brindis ante mi padre y abuelo.
—¡SaLud!
Bebí la mitad antes de que Reedrek pudiese reaccionar. Vino volando y soltó un chillido atroz.
—¡Nolo harás!
Cayó sobre mí mientras yo metía el dedo en el vial para que no se derramase y metía la mano en el bolsillo.
—¡Toma, aquí lo tienes —dije, lanzándole el vial contra el pecho... no el de la sangre vudú, sino el vial de agua bendita que Connie me había dado. Sus dedos ambiciosos se cerraron a su alrededor, rompiendo el cristal y salpicándolo a él y a William.
La ley del padre Murphy: es difícil apuntar con el agua bendita. Y esta parecía ser de alto octanaje Reedek chilló y comenzó a retorcerse en una imitación barata de uno de esos demonios de Tasmania de los dibujos animados de los sábados por la mañana. Solo que este demonio en particular estaba chillando y humeando.
William se retorció sobre el suelo de roble pulido hasta alcanzar los pies de Reedrek. Hice ademán de ayudarle, pero no di más que un paso. Lo que ocurrió a continuación me asustó de verdad. Primero el olor a canela y a granos de vainilla mezclados con ron.
Lalee.
Cuando la sangre pura de Lalee se mezcló con la mía, mis arterias prendieron fuego. Si esto era lo que les pasaba a los yonquis cuando se clavaban agujas en sus venas perfectas, finalmente entendía lo que significaba lo de estar puesto. Un cántico suave siguió al chisporroteo para calmar mi miedo, mientras lo que me quedaba de espíritu se hacía más grande. Como si mi cuerpo no fuese suficiente para contenerlo. Más y más grande. Pronto estaba mirando desde arriba la cabeza giratoria de Reedrek. Mierda. Me había enfrentado a todo tipo de amenazas procedentes de personajes bastante chungos, pero nunca antes había tenido a uno dentro. Uno que podía apoderarse de mí, de mi cuerpo y de mi malograda alma, y convertirme literalmente en un ser de tres metros de alto,
Pero Lalee no me haría daño. Susurraba bajo mi piel al igual que hacen los espíritus de los familiares que se habían ido en las paredes de las casas de sus tataranietos, No, no me haría daño. Pero protegería lo suyo, aunque eso significase llevarme a la siguiente dimensión.
Tras atravesar cada célula de mi cuerpo, su espectral y suave lamento cobró fuerza y salió por mi boca como una explosión. El sonido tuvo un extraño efecto en la escena que tenía debajo de mí. Los pies de Renee bajaron flotando hasta el suelo y fue corriendo hacia Melaphia. Ambas cayeron de rodillas mirándome y moviendo la boca como si estuviesen rezando en una iglesia. William dejó de contorsionarse. No podía decir si estaba muerto o simplemente inconsciente,
Otro pensamiento invadió mi mente. Tengo que detenerlo.
Observé sobrecogido como mi propia mano se elevaba para señalar con un dedo a Reedrek. Un gas amarillo verdoso salió del dedo como si fuesen serpientes, envolviendo a mi abuelo de la cabeza a los pies mientras daba vueltas. El olor a azufre me quemaba la nariz. Esta movida del vudú molaba bastante. Cuando estaba preguntándome qué podía hacer el humo, me salió una llama de la uña. Diminutas lenguas de fuego parpadeantes se encendieron a lo largo de los círculos de humo rodeando a Reedrek como un árbol de Navidad decorado con velas. Ya no se movía tanto, pero las llamas seguían Flotando a pocos centímetros de su ropa. La advertencia estaba clara,
Estaba atrapado.
Yo comencé a encogerme hasta adoptar un tamaño normal, pero todavía me sentía tan revolucionado como un coche de inyección trucado esperando la luz verde.
Primero fui junto a William y lo levante del suelo. Tengo que ayudarle. Solo quería ser como él…fuerte. De repente, el vial medio vacío de sangre estaba flotando ante mismo ojos. Lo lleve a los labios de William
—Bébete el resto —dije con un extraño acento
William abrió los ojos y me miró.
—Has vuelto —murmuró, como un hombre moribundo que ve visiones. No estaba seguro de si me estaba hablando a mí, ya que no me había ido a ninguna parte. No estaba bien. Tenía la mitad de su cara dañada por mi mala puntería con el agua bendita y de su cuello y pecho brotaba la sangre a borbotones a causa del ataque de Reedrek.
—Venga —dije apremiándolo con una voz que ya se parecía más a la mía—. Bébetelo.
Dejó que se lo acercase a la boca, pero solo tomó un sorbo.
—Bébelo todo —ordené. Aunque me había gustado bastante aquello de medir dos metros y pico, una vez era suficiente, definitivamente. Era el turno de William; seguro que le iba a gustar tener algo tan salvaje y poderoso como Lalee dentro de su cabeza.
Levanté el vial para ayudarle a beberlo. Luego, mientras lo observaba, el daño del agua bendita desapareció y la piel de su cuello volvió a cerrarse. Su pecho emitió un sonido precipitado; era la carne contra la carne, curándose. Era como un milagro profano, si es que existen, un trastrueque de lo que William hizo por mí en el campo de batalla aquella noche. Un reintegro, una ajuste de cuentas. Sangre por sangre.
Lo apoyé contra el mueble más cercano antes de llevarles los posos de sangre que quedaban en el vial a Renee y a Melaphia. Cuando me puse de cuclillas, Renee y Melaphia saltaron a mis brazos y casi me caigo de culo.
—Maman... —susurró Melaphia con alegría mientras sus robustos brazos me aprisionaban. Cuando por Fin me soltó para mirarme vi las lágrimas en sus ojos. Respiró profundamente de alivio.
—Maman, tú y Jack nos habéis salvado a todos.
No sabía lo que estaba viendo dentro de mi cabeza, pero tenía la incómoda sensación de que debía decir algo.
—Yo... —la voz se me rompió y me abandonó. Los pequeños brazos de Renee permanecían aferrados a mi cuello.
—Siempre estaré ahí —dijimos en un extraño patois—. Ven, niña, deja que vea lo que el malo le ha hecho a mi bebé.
Con manos delicadas, solté a Renee de mi cuello y dejé que Lalee hiciese que sabía hacer.
La sangre, indicó. Pasé un dedo por el borde del vial hasta que se tiñó de rojo. luego le embadurné a Renee su brazo herido. El daño que Reedrek le había hecho se curó tan rápido que retiré el dedo con un movimiento brusco de sorpresa. EI olor a canela y a flor de jengibre aumentaba a nuestro alrededor.
—Ahí tienes, querida Ahora todo está bien.
Renee entrelazó sus dedos con los míos
— Gracias, maman
—Se que ere uan buena chica y que haces lo que tu mami te dice. Algún dí, pronto, serás como yo ¿Sí? ¿Y ayudarás a la diosa durmiente a encontrar su camino?’
—Sí, señora.
—Eso es... no tienes nada que temer. Mi sangre te protege, igual que protege a los que te rodean.
—¿Jack? —William me estaba sacudiendo el hombro—. Lleva a Reedrek abajo, a los túneles. Yo arreglaré este desastre y luego lo llevaremos al almacén del río.
Antes de pensar cómo suponía que podía hacerlo, me cogió el vial de la mano y fue hacia la montaña que los cinco cuerpos de vampiros formaban en el suelo
Uno a uno, pintó sus bocas y heridas con un poco de sangre vudú. Se curaron y empezaron a revivir.
Creí que estaban acabados.
El tintineo de las copas regresó a mi alrededor. La araña de luces rota se estaba elevando, con la ayuda de William, Cuando llegó flotando hasta el techo dañado, William agitó una mano, como una especie de Reedrek pero mejor vestido, y la gente de la sala volvió a la normalidad. Justo a tiempo para que la araña de luce cayese al suelo por segunda vez. Aquella era nuestra señal para salir pitando,
Con Melaphia en cabeza, pronto todos estábamos bajando por las escaleras del sótano. Al final de la fila iba yo con Reedrek flotando detrás de mí como un globo atado. Llovían chispas cada vez que se acercaba demasiado al techo o a una pared. Si no teníamos cuidado podría prender fuego a todo. Con la ayuda de Lalee, solo me llevó un momento localizar la entrada a los túneles tras un botellero polvoriento situado en la pared oriental del sótano.
Mientras esperábamos, Olivia me tocó la cara como si nunca me hubiese visto.
— Vaya. Es como si tuvieses una tormenta de relámpagos bajo la piel. Me sorprende que no te arda la ropa. —Desenfundó los colmillos medio en serio — Qué no daría yo por probar ese tipo de poder. —Luego apartó la mirada hacia Reedrek, que permanecía inconsciente y suspendido en el aire— Arriba no tuve tanta suerte. Sentí como crecía Lalee en mi interior.
—Guárdate los dientes. Fuiste tonta al querer enfrentarte a alguien como él —dijo—La sangre que te dio el capitán la noche que pusiste tus pies en el Savannah es la única razón de que sobrevivieses. No vuelvas a intentarlo


William
Calmar a los invitados nos costó dos horas y una gran dosis del encanto de Tobey. Mientras los entretenía con historias de grandes magos y sus fallos más ambiciosos, yo mantenía conversaciones rápidas con los oficiales de la ciudad presentes sobre cableado defectuosos y las violaciones del derecho urbanístico. Dado que ninguno de los invitados había resultado herido, estaban dispuestos e incluso ansiosos por continuar la fiesta. Pero aproveché el incidente para convencerlos de la necesidad de la nueva a la de urgencias del hospital y el banco de sangre que estábamos aquí para apoyar. Dinero y publicidad..así se llamaba este juego en particular. Jack podría retomar los planes donde yo los había dejado. Apaciguar a Eleanor era otro asunto.
Ella, la que debe ser obedecida, había sentido la amenaza en la habitación y sabía que había ocurrido algo malo, aunque permanecía tan tranquila y serena como Afrodita. Se esforzó en quedarse en la distancia mientras yo calmaba a ricachones y me reía de las preocupaciones. Su mirada lo decía todo cuando nuestros ojos se encontraban.
Pero no podía ayudarla a comprenderlo ni prometerle ningún tipo de mañana. Yo, una critarua con infinita paciencia y tiempo, tenía una cita con la muerte. Mi destino me esperaba allí abajo. En los túneles.

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MensajeTema: Re: La seducción del vampiro- Raven Hart   Dom Oct 17, 2010 4:33 pm

Esto va llegando a su fin [Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen] ¡gracias por los capítulos chicas!!! ranguisss para las dos!!! [Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
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MensajeTema: Re: La seducción del vampiro- Raven Hart   Lun Oct 18, 2010 4:20 pm

ahhhh gracias!!!!! jejejeje que bien!!!!

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MensajeTema: Re: La seducción del vampiro- Raven Hart   Lun Oct 18, 2010 6:39 pm

que linda Shuk :mangalove:
eres un amor por pedir ranguitos para mí, jejejejeje.....

gracias por subirlo por mí :210:

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MensajeTema: Re: La seducción del vampiro- Raven Hart   Lun Oct 18, 2010 6:43 pm

Ella siempre es un amor :mangalove:

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MensajeTema: Re: La seducción del vampiro- Raven Hart   Mar Oct 19, 2010 11:20 pm

gracias chicas por los capitulos... que trabajo el que hacen!!! :Manga30: con lo largos que son estos capis... :mangalove:

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MensajeTema: Re: La seducción del vampiro- Raven Hart   Mar Oct 19, 2010 11:22 pm

ya cuelgo los ultimos

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MensajeTema: Re: La seducción del vampiro- Raven Hart   Miér Oct 20, 2010 2:51 am

Capítulo 17


Jack
Cuando Melaphia se dio por satisfecha, Lalee hubo abandonado el edificio, por así decirlo, y quedó claro que a partir de ahí nosotros, los vampiros, podríamos ocuparnos de Reedrek, nos dejó a la entrada de los túneles y llevó a Renee a casa para acostarla.
Cuando nuestra pequeña banda de colmillos llego al almacén llevando a Reedrek por el laberinto de túneles, la magia de Lalee se estaba desvaneciendo. Como no sabía recuperarla ahora que la sangre vudú se había terminado, lo atamos con una generosa cadena de ancla con eslabones tan grandes como mis dos puños juntos y lo dejamos en una esquina oscura del edificio tras unos muebles antiguos, por si alguno de los trabajadores de William llegaba antes del amanecer y se preguntaba por qué teníamos a un tío viejo atado tirado en el suelo. Debilitado por el agua bendita y por el festín de sangre que se habían dado el resto de los vampiros, podríamos controlarlo durante un rato. Seguía aullando y diciendo que si conseguíamos matarlo otros vampiros vendrían a destruir nuestro engreído Nuevo Mundo. Entonces le metí un trapo manchado de aceite en la boca y le dije que lo chupase.
—¿Está diciendo la verdad? —preguntó Werm.
Los demás nos miramos los unos a los otros. Finalmente Gerard, quien parecía conocer mejor la situación global de los vampiros que el resto de nosotros, dijo:
—Casi seguro.
—¿Sabes qué? Estoy harto de preocuparme por el mañana. ¿Por qué no nos ocupamos de esto ahora mismo? —sugerí. Tras recibir la sangre de Lalee me sentía como el increíble Hulk después de haber tomado esteroides, preparado para enfrentarme a Reedrek o a cualquier otro. Y no era solo de fuerza física. También tenía un renovado sentimiento de confianza. No sabía si era por la sangre vudú, por la emoción de ganarme la confianza de William o por la satisfacción de haber engañado a Reedrek con el agua bendita. Lo único que sabía es que me venía de dentro, no de una maldita chaqueta de mariquita.
Incluso el resto de vampiros me miraba como si fuese grande y estuviese al mando.
Olivia dijo, con poco de emoción en la voz: —Sí, Jack. Dinos lo que crees que tenemos que hacer. —De acuerdo. Escuchad todos. A mí no me asustan las extrañas amenazas de Reedrek, pero me están dando escalofríos de esos que te dan cuando empieza a salir el sol que me dicen que tenemos que largarnos. Nos llevó tanto tiempo coger a Reedrek, con su versión personal del infierno llevándolo a través de los túneles que la fiesta ya debería haber terminado, así que...
Justo entonces, William y Tobey aparecieron por el pasadizo que une los túneles al garaje y me interrumpieron.
—Pensábamos que no ibais a llegar nunca —declaró Olivia frotándose los brazos con un gesto de tensión.
Mis quince minutos de fama eran demasiado pedir, claro. —Tuvimos que atar algunos cabos sueltos —dijo William. Miró hacia el lugar en el que estaba escondido Reedrek, ya que lo sentía. Luego se giró hacia mí con una leve sonrisa.
—Buen trabajo en la fiesta, Jack. Supe todo el rato que tenías un plan.
No me transmitía ningún tipo de emoción. Estaba bloqueándome de nuevo. Pero bueno, no pasaba nada. Me dejaría acceder a él cuando fuese necesario. Tenía muchas cosas que revisar mentalmente y muchas preguntas que hacer cuando hubiésemos terminado con mi abuelito del alma. Al menos ahora sabía que me daría las respuestas. Reconocí el cumplido de William con una sonrisa. Aunque volviese a mentir, era un gesto bonito por su parte.
—¿Qué vamos a hacer con Reedrek?
—preguntó Iban.
—Tenemos que matarlo —dijo Olivia sin rodeos—. William no puede hacerlo y probablemente dañaría a los que pertenecemos al linaje de Reedrek. Pero Tobey sí puede. Clávale una estaca y acaba con él.
—No me importaría darle un pinchazo al apestoso ese con mis propias manos. Pero, ¿y si una estaca no es suficiente? —dije. No estaba de humor para correr más riesgos. Puede que Lalee no ayudase a salvarnos una segunda vez.
William estaba extrañamente silencioso. Esperaba que fuese el hombre del plan, como siempre, pero retrocedió y dejó que los demás discutiesen el destino de Reedrek... y discutir fue lo que hicieron.
—De acuerdo. Lo haré —dijo Tobey—. ¿Cómo debería...?
—Espera. ¿Por qué no lo sacamos al muelle sin más y dejamos que le dé el sol? —sugirió Olivia.
—Claro —dijo Tobey—. ¿Y quién va a quedarse allí para asegurarse de que no escapa? Está demasiado cerca del agua como para correr ese riesgo... treinta pies de profundidad y estará a salvo del sol. Lo sé. Fui surfista.
__Tengo una idea mejor —dijo Gerard—. Ayudadme a llevarlo a mi laboratorio. Es tan anciano... si pudiese estudiar su composición genética...
—¡De ninguna manera! —dijo Olivia—. Mató a mi Alger. ¡Tiene que arder en el infierno!
—Espera—dijo Iban—. Puede que haya otras ventajas si lo mantenemos con vida. ¿Y si el resto de señores oscuros vienen en su busca? Quizá podamos utilizarlo como moneda de cambio. ¿Quién sabe lo que darían por él? La piel cremosa de Olivia comenzó a enrojecer.
—¿Y dejar que Reedrek les transmita telepáticamente todos nuestros secretos? ¿Como el poder de la sangre vudú y dónde están las colonias del Nuevo Mundo? Os puedo garantizar que sus hechizos son muy fuertes. ¿Quién sabe que tipo de información puede deducir su mente de nosotros?
La discusión no cesaba. Intenté meterme en la conversación otra vez para señalar que el sol que se avecinaba en el horizonte me hacía daño en los párpados, pero costaba mucho entrar en la conversación. Al fin, miré hacia William para ver por qué no hacía nada para decidir todo aquello, ya que era nuestro líder. Pero había desaparecido como por arte de magia
—¿Dónde está William? —dije interrumpiéndolos. Los demás miraron a su alrededor y luego los unos a los otros. No veíamos a William y ya no olíamos a Reedrek. Corrí alrededor del lugar en el que habíamos dejado al viejo demonio y, cómo no, también había desaparecido.
—¿Por qué se lo habrá llevado? —preguntó Tobey.
—¿Y adónde?
—No lo sé —dije—. Pero vayan adonde vayan, debe de ser un lugar subterráneo porque el sol está a punto de salir. Volved todos a la última gran intersección que atravesamos en los túneles. Dividíos e id en diferentes direcciones. Voy a echar un vistazo en los muelles y me reuniré con vosotros si no los encuentro. Venga.
Esta vez nadie discutió. Solo Werm miró atrás, como buscando consuelo supongo. Le hice un gesto de asentimiento con la cabeza, entonces se dio la vuelta y se fue con los demás. Por primera vez desde que lo habían convertido me dio pena aquel pequeño bastardo. ¿Quién iba a enseñarle cómo ser un vampiro? Necesitaba mi protección para el futuro venidero, y se la daría, igual que William me la había dado a mí. ¿Dónde diablos podría estar William?
Salí corriendo del almacén hacia el muelle. En esta temprana hora de la mañana un ser humano solo habría escuchado silencio, no habría olido nada, solo habría sentido la soledad. Mis sentidos, ya agudizados por mi unión con Olivia, habían explotado tras beber la sangre más pura de la mambo más poderosa que había respirado el aire de estas costas. El poder ascendía en mi interior como el aceite a través de una mecha. Oía a los peces bajo mis pies bebiendo agua por sus branquias. A través de la niebla mañanera veía anfibios hibernando y sentía los incipientes matorrales en la otra orilla del río. Podía oler la captura de los camaroneros a más de seis kilómetros de distancia.
Y sabía por mi sangre mutada que si me concentraba lo suficiente y William bajaba la guardia solo un poco, podría acceder a sus pensamientos. Respiré hondo, cerré los ojos y llamé a mi señor, buscándolo en la niebla, sintiendo los nervios y las sinapsis de mi mente en busca de un camino que me llevase hasta él La magia vudú de mi sangre buscó por sí misma. Y lo encontré.
Cuida de ellos, Jack. De mis humanos y de mi ciudad. Ahora son tuyos. Eres mi legítimo heredero. Adiós.
Abrí los ojos de par en par.
—¿Adiós? Y una mierda.









William
A medida que la proa de la lancha motora se abría paso por el agua congelada del río, en dirección al mar, sentía más euforia que miedo. La niebla mañanera se estaba disipando. Estaba a punto de ver mi primer amanecer en más de quinientos años. ¡Hurra! Valdría la pena freírse. Pero además estaba la ventaja añadida de ver arder a mi señor.
Mi guerra de sangre con Reedrek finalmente terminaría. ¿En qué medida me gustaba la idea? Me lo pensaría. No, llevaría demasiado. El sol ya flirteaba con el horizonte. Como diría Jack, en una hora sería una tostada.
¡Ah!, echaría de menos a Jack. Aunque no fuese más que eso, me divertía. Sí, siempre y cuando no le saliera su vena de terco irlandés. Al menos al final del tiempo que pasamos juntos habíamos acercado nuestras mentes, por así decirlo. Melaphia y Renee le ayudarían a ser un buen administrador de mi legado desde la costa este o la oeste. Sería libre para elegir.
Luego estaba Eleanor. Sí, echaría mucho de menos a la que debía ser obedecida. Me había dado demasiado placer como para dejarla atrás sin lamentarme. Odiaba haber tenido que separarme de ella con una mentira, pero era inevitable.
Anoche, en la fiesta, después de la batalla, le había prometido convertirla. Se lo había jurado por mi honor como caballero y maestro de vampiros. Había hecho el juramento no solo para darle lo que ella creía que quería, la eternidad conmigo, sino también para protegerla. Pero había encontrado una manera mejor de hacerlo. Después de este amanecer ya no estaría en peligro. Miré a Reedrek atado y amordazado como un fugitivo de un manicomio. Él me devolvió la mirada en silencio desde su rostro destrozado. Podía sentir su odio más profundo mezclado con su incredulidad.
Cuando Reedrek estuviese muerto, todos a los que amaba estarían a salvo.
Pero no estaba dispuesto a perder mi última hora de vida pensando en mi malvado maestro Me sentía como un corredor cuesta abajo, llegando más rápida y fácilmente hacia la meta de una larga carrera. Mi mirada se dirigió hacia el cielo brillante mientras respiraba profundamente la brisa del océano.
Diana, mi amor. Siento haberte fallado. Siento no poder estar contigo no , siquiera en la eternidad. Pero después de todos estos años por fin será vengada.
La horrible y venenosa voz de Reedrek rompió mi silenciosa comunión con el alma de mi esposa. Todavía vive.
Primero sentí dolor en el lugar donde solía estar mi corazón y luego furia. Puse el acelerador en punto muerto. La lancha se detuvo y yo me di la vuelta para ponerme cara a cara con mi torturador.
—¡Estás mintiendo, maldito bastardo! —Busqué un arma en el compartimiento más cercano y encontré un arpón de acero utilizado para esquivar otras
lanchas—. No pienso escuchar cómo mancillas su memoria con tu traición.
Hundí el extremo afilado del arpón entre las cadenas a la altura del hombro.
Él hizo un gesto de dolor pero siguió mirándome a los ojos. Era su única manera de comunicarse.
No estoy mintiendo, y si me matas nunca sabrás dónde está.
No podía controlarme. Saqué el arpón y volví a clavárselo.
—¡Mentiroso! —Puñalada—. ¡Mentiroso! —Puñalada.
Cuando estuvo rodeado de un enorme charco de sangre, por fin cesó su malvada intrusión. Esperé de pie junto a él como un ballenero esperando a que se desangrase su presa. Cuando cerró los ojos para no ver mi ira, tiré el arpón y volví a los mandos de la lancha. No lo había matado. Le dejaría ese trabajo al sol.




















Jack
Surqué el agua en la motora Gladiator que William me dejaba guardar en su muelle. Le había hecho una revisión la semana pasada y era tan rápida que ningún humano podría alcanzarla a toda velocidad por miedo de perder su vida mortal. Era, literalmente, como el viento y cada pocos segundos se precipitaba cuando saltaba la última ola, volando bajo, lo suficientemente rápido como para hacerme sentir que volvía a estar vivo. La velocidad siempre había sido lo mío, pero ahora se trataba de algo más que diversión.
Tenía que alcanzar a William.
Me dolían los ojos, no tanto por la leve claridad o por la sal que levantaba la motora, sino por saber que William, mi maestro y único mentor, pretendía sacrificarse y dejarme solo. Me obligué a concentrarme para intentar comprenderlo mejor. William se había llevado a Reedrek como por arte de magia en mi propia lancha y se dirigía a mar abierto... y a la muerte de ambos. Pero, ¿por qué? ¿No había otra manera de matar al viejo y maldito bastardo?
Mientras navegaba a toda velocidad, intenté contactar mentalmente con él de nuevo. Mi vista se centró en la niebla que tenía ante mí y volvió a una especie de visión de túnel. V entonces vi una escena que me hizo daño en la cabeza... y en el corazón: un asesinato.
Rcedrek asesinando a la familia humana de William. La visión despertó mi odio. Entonces comprendí a William y su ira sostenida e interminable por primera vez. Amaba a esa mujer y a ese niño. Y Reedrek se los había llevado en el tiempo que dura un destello de sus colmillos y un bocado de sus fauces mugrientas. Eso era un vampiro de verdad, y me puso enfermo saber que yo era miembro de este clan. Entendí la necesidad de William de matar al monstruo que había destruido su mundo, aunque ello significase su propia muerte y su condena final.
Aquel que dijo que el tiempo curaba las heridas, mentía.
Me estaba acercando. Mi sangre revolucionada sentía que William estaba cerca. Salí de un banco de niebla y delante de mí apareció la lancha de William, más lenta que la mía. Era algo bueno que ninguna lancha de Savannah pudiese compararse a la mía en velocidad; la necesitaría para alcanzar a William y luego para ponernos a salvo, siempre que pudiese convencerle de que abandonase su plan suicida.
Maniobré y me puse a su lado, chocando contra él, algo arriesgado que podría habernos hecho volcar a ambos, pero conseguí obligarlo a acercarse tanto a la orilla que tuvo que apagar el motor para evitar chocar. Yo también apagué el mío y giré para acercarme a la otra lancha, enviándonos a ambos más cerca de la costa pantanosa y consiguiendo bloquear la huida de William.
—¡No te metas en esto, Jack! —gritó William con los colmillos extendidos. La fuerza de su ira, ahora dirigida tanto hacia mí como hacia Reedrek, casi me hace caer de espaldas—. Te ordeno que vuelvas al almacén.
—No —dije. Salté a la motora de William—. Sé lo que pretendes hacer y no permitiré que te mates. —Miré a Reedrek. Nos estaba observando con ojos de lince brillantes—. No vale la pena.
William me agarró por el cuello de la chaqueta azul y acercó mi cara a la suya. Nunca había tenido tanto miedo en mi vida, ni cuando me enfrenté a la muerte en el campo de batalla. William tenía la cara desfigurada y la carne encogida alrededor de sus horribles colmillos. Estaba preparado para luchar con cualquiera que se pusiese en medio de sus ansias de venganza. Sus iris estaban negros y bordeados de un círculo rojo, como los de una criatura que solo piensa en la muerte.
—Su muerte para mí sí que vale la pena —susurró William.
—No te dejaré hacer esto —repetí. Me incliné hacia atrás y le di de lleno en la mandíbula con todas las fuerzas que me daba la sangre vudú, enviándolo hasta el otro extremo de la lancha. Esta noche estaba teniendo muchas experiencias nuevas. Nunca me había peleado con William, pero a veces un chico tenía que ponerse a la altura de las circunstancias—. Lo llevaremos al almacén y nos ocuparemos de él juntos, tú y yo. No vas a matarlo y a morir en el proceso. No te dejaré hacerlo.
William se frotó la mandíbula y se puso de pie. Entonces fue cuando recordé que William también tenía la fuerza de la sangre vudú. Mierda. Pero, como siempre, me sorprendió.
—No lo estás entendiendo, Jack. Piénsalo. No me tendrás por ahí dándote órdenes, diciéndote qué hacer.
—No malgastes tu aliento jugando al psicólogo. No funcionará.
Fui hasta Reedrek y lo levanté, con cadenas y todo, listo para meterlo en mi lancha y para emprender una carrera contra el sol hacia el muelle. Pero cuando me di la vuelta William me estaba cortando el paso.
—Toda la riqueza, fama y velocidad que Reedrek te prometió en el sueño ahora pueden ser tuyas. Reclámalas y déjame a mí con mi destino. Tienes tu libertad. Déjame tener a mí la mía.
Ahora estábamos cara a cara, solo nos separaba el cuerpo de Reedrek que se retorcía como loco.
—No, si te vas a quemar como una salchicha para deshacerte de este tío, yo también lo haré.
—¡Serás cabezota! ¿Qué tengo que hacer para que me entiendas? Te estoy ofreciendo todo lo que tengo, todo con lo que siempre has soñado. Te estoy ofreciendo Savannah. Y todo eso sin estar yo en el medio para retenerte. ¿No es eso lo que siempre has querido?
William se acercó y me dio un puñetazo en la cara con tanta fuerza como para darle la vuelta a mi cabeza.
Solté a Reedrek, que cayó con tanta fuerza que la lancha casi zozobra. —Lo único que siempre he querido es saber más, hacer más, ser... más. —Reedrek intentó gritar algo, pero la mordaza amortiguó sus palabras. Además, no me interesaba especialmente. Le di una patada de advertencia en el tronco y seguí concentrándome en William—. Pero nunca he querido tenerlo yo solo... en realidad no. Solo ansiaba saber que confiabas en mí, que me necesitabas. Anoche formamos un equipo bastante bueno. No quiero que mueras. Por favor, no hagas esto.
De vez en cuando llega un momento en la vida de un hombre, ya seas vampiro o humano, en el que tienes que mostrar tus sentimientos, sacarlo todo a la luz. Este era uno de estos momentos.
—Maldita sea —murmuré—. Te quiero, tío.
Rodeé a William con mis brazos y lo abracé. Luego me separé, le di una palmadita en el hombro como hacemos los tíos, me aclaré la voz y miré hacia otro lado. A veces lo que aprendías en los anuncios de cerveza era de mucha utilidad.
William dio un paso atrás y parpadeó. Sentí cómo la ira lo abandonaba como la marea cuando baja. Actuaba como si le hubiese pegado de nuevo en lugar de darle un amistoso abrazo.
—¿De verdad?
—Pues... sí. Ya pensaremos juntos en cómo matar a este buitre.
Oí los bramidos del buitre, es decir, de Reedrek y miré al suelo para ver por qué estaba gritando. Tenía la cara debajo del agua. Miré a William.
—¿Quién ha hecho los agujeros en la cubierta? Nos estamos hundiendo.
El agua fría alrededor de los tobillos pareció traer a William de vuelta a la realidad de golpe.
—Mierda —dijo—. Salgamos de aquí.
Me ayudó a meter a Reedrek en la lancha. Conduje yo y puse rumbo al almacén para ponernos a salvo. Los primeros rayos de sol se abrían paso por el horizonte y aclaraban el cielo con sombras suaves de color rosa y púrpura. William encontró una lona guardada con los chalecos salvavidas, se acercó al timón y tapó nuestras espaldas dejando a Reedrek retorciéndose y chillando en el suelo.
—Jack —dijo William entrecerrando los ojos para evitar los rayos del incipiente amanecer.
—¿Sí?
—Yo también te quiero.
—Lo sé.

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MensajeTema: Re: La seducción del vampiro- Raven Hart   Miér Oct 20, 2010 3:00 am

Capítulo 18

William
En lugar de arriesgar nuestras vidas, decidimos copiar una de las técnicas de tortura de Reedrek. Lo enterraríamos bien hondo durante unos cuantos cientos de años y luego decidiríamos qué hacer con él. Si nos ocurría algo a Jack y a mí, que éramos los únicos que teníamos esa información, Reedrek permanecería enterrado para siempre. En la guerra mundial de los años cuarenta, los estadounidenses tenían un eslogan: «Los labios sueltos hunden buques». Solo que en nuestro caso el barco (Reedrek) ya estaba hundido y queríamos que se quedase en el fondo.
Justo después de la puesta de sol de la noche siguiente, trasportamos a mi señor a la obra de la nueva ala del hospital. Como la mayoría del dinero había venido de mi fundación para el banco de sangre, nadie cuestionó mi petición de enterrar una cápsula del tiempo bajo la piedra angular de granito de veinte toneladas del edificio. Les dije que la extraña caja en forma de ataúd de acero contenía los planos originales del edificio, fotografías de los archivos estatales y un trozo de cadena de ancla utilizado en el primer barco que zarpó de la Marina Thorpe en el siglo diecinueve. Por si oían algún ruido dentro si se movía la caja.
Sin solemnidades. Solo dos trabajadores con una excavadora y voilà, Reedrek enterrado a seis metros de profundidad. Después de la ceremonia privada de vudú oficiada por Melaphia para mantenerlo enterrado, vertieron cemento y colocaron la piedra angular. Jimmy Hoffa no tenía nada que envidiarle a mi señor. Estaba enterrado tan hondo y entre tanta oscuridad como para ser olvidado para siempre. Ni siquiera me molesté en decirle adiós. Ya había perdido demasiado tiempo.
En cuanto al resto de los vampiros, para ellos Reedrek murió gritando al amanecer el 1 de noviembre de 2005.
Como había estado ausente durante unos días, tenía otros asuntos que atender. Según mi lista de correos electrónicos recibidos, Gaelan, la otra descendiente, había sido encontrada en Ámsterdam, pero en condiciones desesperadas. Siguiendo el consejo de Lillith, los Raptores habían enterrado a Gaelan bajo el suelo de su casa para que descansase. Allí estaría a salvo. Como en los viejos tiempos, le habían atado una cuerda al pulgar con una campanita en el extremo que colgaba sobre la tumba. Cuando estuviese preparada podría hacerla sonar para que la sacasen.
Otro mensaje contenía noticias buenas y malas, así como respuestas indirectas a por qué mi maestro se había presentado en Savannah solo. Antes de viajar al Nuevo Mundo había organizado la matanza de uno de los clanes europeos más fuertes para alcanzar el poder total. Aquellos asesinatos lo habían debilitado, así que vendría a mí pensando en obligarme a hacer descendientes para ayudarle a recuperar sus fuerzas. Ahora había conflictos internos entre los clanes europeos y sus tratados estaban hechos ruinas.
Bien. Dejaría que discutiesen entre ellos. Eso nos daría más tiempo para hacer nuestros propios planes. El tiempo de esconderse había terminado. Necesitábamos hacer un concilio de los clanes del Nuevo Mundo y crear un plan de defensa.
Tenía que admirar la lealtad de Jack y su sentido de la oportunidad. Me había persuadido para que me quedase, justo a tiempo para una guerra.
En una semana la vida había vuelto a una cierta normalidad. Envié a Olivia de vuelta a Inglaterra y mensajes a los que me eran leales. Se marchó con mi bendición para formar un nuevo grupo de vampiros, vampiros comprometidos con la paz, entre sus amigas. Incluso había elegido un hombre, las Bonaventure, creo. Por cosas que oí en una conversación la noche antes de irse, averigüé más de la cuenta sobre su relación con Jack.
—Eh, ¿estás segura de que no quieres darte otro paseo por el lado salvaje? ¿Por los viejos tiempos? —había sugerido Jack—. Podrías descansar durante el viaje.
—Imposible, chico. —Olivia suspiró. Esperé durante el silencio, evitando por educación meterme en los pensamientos de Jack. Estaba seguro de que se había producido algún tipo de contacto físico—. Tengo cosas que hacer con los clanes. No puedo permitirme darte ningún poder. Ven a verme a Londres. Ya se nos ocurrirá algo.
Pensé que antes de que Jack fuese a ningún sitio, él y yo teníamos que tener una conversación seria sobre el sexo entre los no muertos. Y los mortales. Jack todavía estaba deprimido por esa agente de policía, Connie. Sabía que no tenían futuro juntos y no lo estaba llevando bien. No tenía ninguna gana de tener una conversación sobre la semillita y todo eso.
Y hablando de sexo. Cualquiera podría pensar que he vivido lo suficiente como para haber aprendido que ser más listo que las mujeres es casi imposible.
En mi locura provocada por la ira, la noche de la fiesta le prometí a Eleanor que la convertiría, lo había jurado por mi muerto corazón de vampiro. Y ahora, cuando estábamos juntos, intentaba que lo cumpliese. Habíamos fijado una fecha a principios de diciembre, el día de su cumpleaños. Había decidido que le encataría tener treinta y nueve para siempre. Yo ya había empezado el proceso de reconstruir su preciosa casa. Recuperaría su negocio y su vida, pero yo la tendría todas las noches.
Esa idea era tremendamente estimulante y al pensarlo mi cuerpo se puso a la altura de las circunstancias. Un golpe en la puerta de mi oficina interrumpió mi contemplación de una buena razón para permanecer con vida.
Era Deylaud. Le había pedido que adoptase su forma humana para hacer algún trabajo de investigación y organización. Para empezar a hacer alianzas tenía que saber de qué lado estaba cada quién.
—Siéntate —dije, y eso hizo.
—Estoy haciendo una lista de aliados potenciales. ¿Recuerdas el libro que leíste, el libro de Olivia?
Él asintió.
—Dime los nombres.
Para un humano esta tarea habría sido imposible. Pero yo sabía que el primer maestro de Deylaud había guardado toda su biblioteca en la mente de Deylaud. Lo único era que tenías que conocer el título o el nombre del dueño del libro para sacar la información.
—El libro de la señorita Olivia...
—Sí. El que escondiste debajo de la alfombra.
—Los nombres. ¿Vivos o muertos?
Su cara enrojeció, pero entrelazó los dedos y comenzó a recitar.
—Lillith, Mesopotamia, 3000 a. C.; Aronica, Babilonia, 2800 a. C.; Boudicca, 1500 a. C.; Lisbet, 100 d. C.
—Pasa a los últimos, después de 1500.
Era menos probable que los viejos se unieran al grupo de Olivia que los nuevos.
Deylaud asintió y luego continuó.
—Diana, Inglaterra, 1528; Sarita, Andalucía, 1575...
—¿Qué has dicho ?
—Sarita, Andalucía, mil quinientos...
—Antes de eso... —Contuve el aliento.
—Diana, Inglaterra, 1528.
Deylaud me observó esperando respetuosamente mi permiso para continuar. Pero lo ignoré, incapaz de hablar durante un momento.
—Vuelve al principio. ¿Qué está escrito en la primera página del libro?
Deylaud cerró los ojos como si estuviese pasando las páginas en su mente.
—Dice: «Línea de sangre: un linaje de vampiras».
La vieja herida que Reedrek había infligido en mi pecho palpitaba como un doloroso latido. ¿Podría ser que mi querida Diana, en lugar de descansaren paz, hubiese estado viva durante todos estos años?
¿Era una vampira?

FIN DEL PRIMER LIBRO DE LA SAGA


:pompones: :pompones: :pompones: :pompones: :pompones: :pompones: :pompones: :pompones: :pompones: :pompones: :pompones: :pompones: :pompones: :pompones:

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MensajeTema: Re: La seducción del vampiro- Raven Hart   Miér Oct 20, 2010 6:33 am

gracias a todas las chicas por su esfuerzo y trabajo en traducir este libro... FELICITACIONES A TODAS!!! :manga14: :pompones: :manga49: :manga15: :bruja:

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MensajeTema: Re: La seducción del vampiro- Raven Hart   Miér Oct 20, 2010 6:35 am

ahora a esperar la descarga... :usagi1:

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MensajeTema: Re: La seducción del vampiro- Raven Hart   Miér Oct 20, 2010 12:39 pm

wiiii gracias shuk!!!!! que ganas de leer el final!!!!

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MensajeTema: Re: La seducción del vampiro- Raven Hart   Miér Oct 20, 2010 3:27 pm

:manga10:

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MensajeTema: Re: La seducción del vampiro- Raven Hart   Miér Oct 20, 2010 3:54 pm

Se acabo... :manga11:

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MensajeTema: Re: La seducción del vampiro- Raven Hart   Jue Oct 21, 2010 12:50 pm

chicas!! os dejo un avance del siguiente XDD que lo disfruteis!!! jajajajajajajaa

El secreto del vampiro - Raven Hart

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sinopsis:

Una vez mortal con una familia querida, William Cuyler Thorne es ahora un vampiro en caza de sangre y hermosas mujeres. Tiene la tapadera perfecta de ciudadano admirado en la sociedad de Savannah. Aunque Reedrek, el cruel vampiro del viejo mundo que trató de destruir a William, fuera derrotado, todavía tiene a sus seguidores y que no se conformarán con menos que una guerra.

Para contrarrestar esta banda de viciosos chupasangres europeos, William organiza un imperio de vampiros, que incluye a su guapo compinche, Jack; la reciente compañera eterna de William, la seductora y deliciosa, Eleanor; y un aspirante a problemas llamado Werm. Pero a medida que William y su equipo se preparan para el enfrentamiento final, la única esperanza para la victoria puede estar en una mujer, una vampira con extraordinarios poderes, que tiene el destino de los vampiros en sus calientes y pequeñas manos.

Introducción:

Carta de William, un vampiro

Mi nombre es William Cuyler Thorne, afincado en Savannah. Una vez, hace mucho, mucho tiempo, fui un marido… un padre. Un mortal que vivió y amó sin pensar en las malvadas criaturas que había en el mundo.
Ahora soy uno de esos seres malignos. Un bebedor de sangre.
Un vampiro.
Hace poco, después de estos siglos, pude realizar la promesa que me hice de venganza. “O lo haces o no”, como diría mi vástago, Jack. Presentada con la oportunidad de matar a mí malvado padre, Reedrek, de una vez por todas y poner fin a mi existencia inmortal con el trato, abracé la oportunidad. En nuestro mundo, al igual que en la versión mortal, las cosas no siempre salen según lo planeado. En mi guión de aniquilación me acerqué a la línea de meta sólo para ser devuelto a la no vida por una lógica inescrutable acerca de Jack.
Me necesitaba.
Ahora he descubierto un nombre en un libro antiguo. Un nombre grabado en mi sobrecargada memoria como una cicatriz. Un nombre que siempre evocará amor en mi inmóvil corazón, existiendo junto al odio hacia el monstruo que se la llevó de mi lado.
El libro es una genealogía de Strigori − de vampiros.
La entrada es “Diana, Inglaterra, 1528”.
La imagen de mi esposa − el hermoso rostro de Diana − llena mis pensamientos, y por un momento siento una mínima esperanza de poder encontrarla de nuevo. Designé a Olivia a hacer un seguimiento de esta Diana no muerta. Sin embargo, la idea de Reedrek convirtiendo a mi inocente amor en una criatura como yo, me revuelve el estómago. Tendría que haberse acostado con ella para completar la transformación. Esa posibilidad me daba náuseas incluso con mi constitución de hierro. La hubiera despedazado miembro a miembro antes de dejarle que asolara su alma. Ya había sido bastante difícil ver como la mataba.
No podía ser así. Por Dios, Reedrek no podría haber completado una victoria sobre mí y los míos.
Por supuesto, si fuera cierto, Dios no tenía nada que ver con ello.


Carta de Jack, un vampiro

Mi nombre es Jack McShane y soy un mecánico excepcional, un mujeriego, un fan de NASCAR y un vampiro − no necesariamente en ese orden. Tráeme un coche, y puedo arreglarlo. Tráeme una mujer, y puedo seducirla. Tráeme una criatura, humana o no, que amenace mi existencia o la seguridad de mis seres queridos, y me aseguraré de que no deje Savannah de una sola pieza, al menos no sin que la haya masticado y escupido. Literalmente.
Dicen que no se le puede enseñar nada nuevo a un perro viejo, pero este perro ha estado pateando desde la Guerra entre los Estados y he aprendido más en las últimas semanas sobre mí mismo y los de mi clase que en todo el tiempo que he sido inmortal. Por ejemplo, todos los vampiros no son creados iguales. No todos son amantes de la paz como yo y mi padre, William Thorne. Eso sí, he visto − y matado − buena parte de vampiros bribones y errantes aquí y allá, sólo para mantener la paz. Pero no tenía idea de que había varios grupos de estos demonios en Europa, y que algunos de ellos vendrían a para nosotros un día.
Pero todo salió en la colada, como se dice, y mi padre ya no trata de mantenerme ignorante sobre algunas cuestiones para protegerme. No se lo puede permitir. Me necesita armado con la verdad y dispuesto a luchar a su lado si fuera necesario.
En el aspecto personal, mi vida amorosa se estaba volviendo interesante justo antes de que se desatara el infierno. Fui golpeado por una belleza mexicana de América con los ojos tan negros como el ónice, su pelo era fina seda negra, y una cara que venía a mí en sueños. Estaba a medio camino de conseguir algo con ella cuando se me encomendó una tarea que me partiría el corazón. Traté de convertir a una mujer en vampiro y murió en el proceso, murió "en el acto", como dicen.
Ese acontecimiento me destrozó, no sólo por la pérdida de la joven, sino por lo que podría significar para mí y mi hermosa latina, Connie. Mira, ella no lo sabe, pero Connie es especial. Realmente especial. De la manera, no tan humana. ¿Cómo lo sé? Lo puedo sentir. Puedo sentir su poder, y cuando la tengo en mis brazos puedo sentir sus vibraciones. Ella vibra con el poder de la bondad y la luz. No sé de dónde proviene su poder, pero es de un lugar mejor y más sano que del pozo oscuro y profano del cual se desliza mi propio poder.
Y ya que Connie no es humana, no sé qué pasaría si o cuando hiciéramos la transformación. No sé si tengo más miedo de que ella se vería perjudicada, como la mujer que traté de convertir, o si simplemente no puedo soportar la idea de que la maldad de mi propia naturaleza la empañe.
Pero yo la quiero. No hay error en eso. La quiero con cada célula no muerta de mi cuerpo. Así que estoy condenado tanto si lo hago como si no.
En cualquier caso, estoy jodido. Ya sabéis demasiado.

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Última edición por Gemma el Vie Oct 22, 2010 3:57 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: La seducción del vampiro- Raven Hart   Jue Oct 21, 2010 2:59 pm

OOOhhhhh..este esperamos a que sarga al mercado, cierto? scratch

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MensajeTema: Re: La seducción del vampiro- Raven Hart   Jue Oct 21, 2010 3:30 pm

sí, ya le he mandado un mensaje a annabel para ver si lo tiene o si voy y lo compro, estoy esperando que me conteste

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MensajeTema: Re: La seducción del vampiro- Raven Hart   Jue Oct 21, 2010 4:04 pm

:mangalove:

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MensajeTema: Re: La seducción del vampiro- Raven Hart   Jue Oct 21, 2010 4:05 pm

ya me contestó, aún no ha salido a la venta :manga11: tendremos que esperar

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MensajeTema: Re: La seducción del vampiro- Raven Hart   Jue Oct 21, 2010 8:42 pm

Wow!!! ya hemos terminado el libro!!! :manga10:

Gracias a todas por su trabajo!!!! :manga15: :manga15: :manga15:

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MensajeTema: Re: La seducción del vampiro- Raven Hart   Vie Oct 22, 2010 1:20 am

bueno esperaremos a que salga... :Manga30:

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MensajeTema: Re: La seducción del vampiro- Raven Hart   Mar Oct 26, 2010 10:19 pm

descarga... descarga... :youpi:

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MensajeTema: Re: La seducción del vampiro- Raven Hart   Sáb Oct 30, 2010 8:15 pm

:fumando:

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