Black and Blood


 
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 Kissing Sin (Keri Arthur)

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Tibari

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MensajeTema: Kissing Sin (Keri Arthur)   Mar Ago 31, 2010 9:56 pm

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SEGUNDO LIBRO DE LA SAGA RILEY JENSON

SINOPSIS
Desde los brillantes rascacielos de Melbourne hasta sus palpitantes discotecas, el mundo de Riley Jenson está lleno de peligro y deseo. Una magnífica loba − con un toque de vampiro corriendo por sus venas − Riley Jenson trabaja para una organización creada para vigilar las razas sobrenaturales. Pero cuando se despierta desnuda y golpeada en un estéril callejón, lo único que sabe es que debe correr por su vida. En esos momentos Riley se choca con el duro y seductor Kade, quien está luchando su propia batalla a vida o muerte… y ahí es cuando realmente las cosas empiezan a ponerse interesantes...

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Mar Ago 31, 2010 10:07 pm

Capítulo 1


Traducido por Gemma
Corregido por shuk hing


Todo lo que podía oler era sangre.
Sangre que estaba espesa y pasada.
Sangre que cubría mi cuerpo, picando en mi piel.
Me moví, gimiendo suavemente mientras rodé sobre mi espalda. Otras sensaciones comenzaron a extenderse a través de la niebla que emborronaba mi mente. El frío de las piedras contra mi columna vertebral. El suave golpeteo de la humedad en mi piel. El hedor de la basura dejada demasiado tiempo al sol. Y debajo de todo, el aroma de carne cruda.
Era un olor que me llenó de premoniciones, aunque del porqué no tenía ni idea.
Me obligué a abrir los ojos. Un muro de hormigón se alzaba amenazadoramente por encima de mí, parecía inclinarse hacia adentro, como si estuviera listo para caer. No había ventanas en la pared, y ninguna luz cerca de ella. Por un momento pensé que estaba en algún tipo de prisión, hasta que noté la lluvia, y vi que en el hormigón se reflejaba el cielo nocturno encapotado.
Aunque no estaba la luna visible, no necesitaba verla para saber en qué ciclo lunar estábamos.
Aunque era cierto que fluían tantos genes de vampiro por mi sangre como de hombre lobo, seguía siendo muy sensible a la presencia de la luna. La luna llena había pasado hace tres días.
Lo último que recordaba era que la fase de la luna llena acababa de empezar. Había perdido ocho días.
Fruncí el ceño, con la mirada fija en la pared, tratando de orientarme, tratando de recordar cómo había llegado hasta aquí. Cómo me las arreglé para terminar desnuda e inconsciente en la fría noche.
Ningún recuerdo se elevó a través de la niebla. De lo único que estaba segura era el hecho de que algo malo había sucedido. Algo que me había robado la memoria y cubierto de sangre.
Me limpié la lluvia de la cara con una mano que temblaba, y miré a la izquierda. La pared formaba un camino lleno de sombras y desbordantes cubos de basura. A lo lejos, una farola brillaba, una estrella desolada en la oscuridad circundante. No se escuchaba ningún sonido aparte de mi propia respiración. Ni coches. Ni música. Ni siquiera un perro ladrando a un enemigo imaginario. Nada que sugiriera vida de cualquier tipo en las cercanías.
Tragando con dificultad, e intentando ignorar el sabor amargo de la confusión y el miedo, miré hacia la derecha.
Y vi el cuerpo.
Un cuerpo cubierto de sangre.
Oh Dios…

Yo no podría haberlo hecho. Tan segura como Dios, yo no podría haberlo hecho.
Con la boca seca y el estómago revuelto, me empujé con los pies y lo observé.
Miré lo que quedaba de su garganta y cara.
La bilis subió rápida y espesa. Me eché hacia atrás, no queriendo vomitar la cena sobre el hombre que acababa de matar. No es que a él le importara demasiado…
Cuando sólo quedaron algunas arcadas secas, pasé una mano por mi boca, entonces respiré hondo y me volví hacia lo que había hecho.
Era un hombre grande, por lo menos de dos metros de alto, de piel y cabello oscuro. Sus ojos eran marrones, y su expresión congelada era lo que quedaba de su rostro se acercaba a algo que lo había cogido por sorpresa. También estaba completamente vestido, lo cual significaba que no había tenido una sed de sangre cuando le desgarré la garganta. Eso no es que reconfortara, sobre todo teniendo en cuenta que yo estaba desnuda, y obviamente, había hecho el amor con alguien en algún momento de la última hora.
Mi mirada volvió a su rostro y mi estómago se agitó amenazante de nuevo. Tragando pesadamente, forcé a mis ojos que se alejaran de ese destrozo y estudié el resto del cuerpo.
Llevaba lo que parecía un mono de trabajo color café, con botones de oro brillante y las letras D. S. E. impresas en el bolsillo izquierdo. Llevaba una Taser* en el cinturón doble y atado a la solapa. Lo que parecía una pistola de dardos estaba a centímetros de su mano derecha. Sus dedos tenían ventosas, más de lagartija que humanos.
Un escalofrío corrió por mi piel. Había visto manos como esas antes —hace como unos dos meses, en un estacionamiento del casino de Melbourne, cuando había sido atacada por un vampiro y una cosa alta y azul que tenía olor a muerte.
La necesidad de salir de esta calle golpeó como un puñetazo en el estómago, dejándome sin aliento y temblorosa. Pero no podía correr, todavía no. No hasta que supiera todo lo que este hombre podría ser capaz de decirme. Había demasiadas lagunas en mi memoria que necesitaba rellenar.
No siendo la menor de ellas, por qué le había desgarrado la garganta.
Después de tomar otra inspiración profunda que hizo poco por calmar mi revuelto estómago, me arrodillé junto a mi víctima.
Los adoquines estaban fríos y duros contra mi espinilla, pero el frío que se filtraba a través de mi carne no tenía nada que ver con la noche helada. El impulso de correr aumentaba, pero si mis sentidos tenían alguna idea de a dónde tenía que ir, no me lo estaban diciendo. Una cosa era segura —este hombre muerto no sería una amenaza. No a menos que hubiese realizado el ritual para convertirse en vampiro, de todos modos, y aun así, podrían transcurrir varios días antes de que se transformara.
Me mordí el labio y lo revisé cautelosamente. No llevaba nada más. Ni cartera, ni identificación, ni siquiera el habitual surtido de pelusilla que se acumulaba y prosperaba en los bolsillos. Sus botas eran de cuero —unas cosas anodinas marrones sin marca. Sus calcetines produjeron la única sorpresa— eran rosas. Rosas fluorescente.
Parpadeé. A mi hermano gemelo le encantarían, pero no podía imaginar a nadie más. Y parecía una extraña elección para un hombre que era tan incoloro en todo lo demás.
Algo raspó las piedras detrás de mí. Me quedé inmóvil, escuchando. El sudor se deslizó a través de mi piel y mi corazón se aceleró de nueve a doce —un ritmo que parecía hacer eco a través de la quietud. Después de unos minutos, llegó de nuevo— un chasquido suave del que nunca me hubiera dado cuenta si la noche no hubiese sido tan tranquila.
Cogí la pistola de dardos, luego me volví y estudié el callejón oscuro como una noche cerrada.
Los edificios de los alrededores parecían desaparecer en ese pozo negro, y podía sentir que nada ni nadie se acercaba.
Sin embargo, había algo allí, estaba segura de ello.
Parpadeé, cambiando al infrarrojo de mi visión vampírica. El camino entero saltó a la vista — altos muros, cercas de madera, y contenedores desbordados. Al fondo del todo, una forma encorvada que no era muy humano, ni del todo perro.
Mi boca se secó.
Me estaban cazando.
Por qué estaba tan segura de eso no lo podía decir, pero no iba a perder el tiempo comprobándolo. Me levanté, y lentamente me alejé del cuerpo.
La criatura levantó la nariz, olfateando el aire de la noche. Entonces aulló —un sonido alto, casi como el sonido que se produce al arañar una pizarra con las uñas.
A la cosa del fondo se le unió otra, y juntas empezaron a caminar hacia mí.
Me arriesgué a dar una rápida mirada por encima del hombro. La calle y la luz no estaban tan lejos, pero tenía la sensación de que a las dos criaturas no les ahuyentaría la presencia de ambas.
El chasquido de sus uñas contra el asfalto fue más acusado, un sonido que hablaba de paciencia y violencia controlada. Estaban dando un paso por cada tres míos, y sin embargo parecían ir mucho más rápido.
Apreté un dedo en el gatillo de la pistola de dardos, y deseé haber cogido la Taser también.
Las criaturas pararon al lado del cuerpo, olfateando brevemente antes de pasar por encima de él y continuar. Tan cerca, sus peludas y poderosas formas parecían más osos deformes que lobos o perros, y debían medir alrededor del metro veinte hasta el hombro. Sus ojos eran rojos —un rojo luminoso y aterrador.
Gruñeron suavemente, revelando dientes largos y amarillos. El impulso de correr era tan fuerte que todos los músculos temblaban. Me mordí el labio, luchando contra el instinto mientras levantaba la pistola de dardos y apreté el gatillo por segunda vez. Los dardos golpearon a las cuadradas criaturas en el pecho, pero sólo parecía enfurecerlas. Sus gruñidos suaves se convirtieron en un rugido de furia mientras se lanzaron al aire. Me giré y corrí, hacia la izquierda al final del callejón, simplemente porque iba cuesta abajo.
La superficie de la carretera estaba resbaladiza por la humedad, las luces de la calle eran pocas y muy espaciadas. Si hubieran sido hombres los que me perseguían, podría haber usado el manto de la noche para desaparecer de la vista. Pero los olfateos que hicieron estas criaturas cuando aparecieron por primera vez, sugería que la habilidad de los vampiros de desvanecerse en la sombra no me ayudaría aquí.
Tampoco podía cambiar a mi forma de lobo, porque mi única arma serían los dientes. No era una buena opción cuando había más de un enemigo.
Corrí por el medio de la calle mojada, pasando silenciosas tiendas y casas adosadas. Parecía que no había nadie en ninguna de ellas, y no me resultaban familiares. De hecho, todos los edificios parecían bastante extraños, casi como si se tratara de una sola dimensión.
Por detrás de mí se movió el aire y la sensación de maldad aguijoneó. Maldije en voz baja y me dejé caer al suelo. Una forma oscura pasó sobre mí, su agudo aullido se convirtió en un sonido de frustración. Apunté el dardo y disparé de nuevo; luego, rodé sobre mi espalda, pateando con todas mis fuerzas a la segunda criatura. Le di en la mandíbula y desvió su salto.
Se estrelló a mi izquierda, sacudiendo la cabeza y soltando un murmullo desde lo profundo de su pecho.
Me puse de pie, y le disparé el último de los dardos. Un movimiento llamó mi atención. La primera criatura se había levantado y venía hacia mí.
Le tiré a la cara la pistola vacía; luego, salté fuera de su camino. Pasó de largo, arañando el asfalto mojado con las uñas mientras trataba de detenerse. Agarré un mechón de pelo castaño enmarañado y giré sobre su espalda, ajustando un brazo alrededor de su cuello y apretando firmemente.
Tenía conmigo el poder del lobo y el vampiro, lo que significaba que era más capaz de romperle la laringe a cualquier criatura normal en un instante. El problema era, que esta criatura no era normal.
Rugió —un duro y estrangulado sonido— luego comenzó a retorcerse y girar violentamente.
Envolví las piernas alrededor de su cuerpo, apretándolas con fuerza mientras seguía intentando estrangularla.
La otra criatura salió de la nada y me golpeó en el costado, quitándome de su compañero. Me golpeé contra el suelo con la suficiente fuerza como para ver las estrellas, pero el roce de las uñas aproximándose hizo moverme. Giré, y me aparté a cuatro patas.
Unas garras arañaron mi costado, dibujando sangre. Di la vuelta, cogí la pata de la criatura, y la lancé hacia adelante muy fuerte. Ésta salió disparada y aterrizó golpeándose la espalda contra la pared de una tienda. Una pared que se sacudió con el impacto.
Fruncí el ceño, pero la segunda criatura no me dio tiempo para preguntarme por qué el muro se había movido. Me di la vuelta, haciendo un barrido con el pie, golpeando a la peluda bestia en los pies. Rugió con frustración y atacó. Sus afiladas garras agarraron mi muslo, desgarrando la carne incluso mientras el golpe hizo que me tambaleara hacia atrás. La criatura estuvo ahí casi al instante, con sus desagradables y afilados dientes amarillos relucientes en la noche fría y oscura.
Fingí un golpe en la cabeza; luego, giré y le di una patada en el pecho, clavándole los dardos aún más. Los extremos de los dardos dañaron mi pie desnudo, pero el golpe, obviamente, dañó más a la criatura, porque aulló con furia y saltó. Me tiré al suelo y rodé. Entonces, mientras la criatura pasaba por encima de mí, le di una patada, o más fuerte que pude, en la entrepierna. Soltó un gruñido, cayó al asfalto y no se movió.
Por un momento, simplemente no recordaba dónde me hallaba, el frío y húmedo suelo contra mis espinillas mientras luchaba por conseguir aire. Cuando finalmente el mundo dejó de amenazar con volverse negro, llamé al lobo que merodeaba en mi interior.
El poder se deslizó a mí alrededor, a través de mí, volviendo borrosa mi visión y confundiendo el dolor. Las extremidades se redujeron, cambiaron, se reorganizaron hasta que lo que quedó sentado en la calle ya no era una mujer, sino un lobo. No tenía deseo alguno de permanecer demasiado tiempo en mi forma alternativa. Podía haber más cosas de esas rondando en la noche, y encontrarme con dos o más así, podría ser mortal.
Pero en cambio, me ayudaba a acelerar el proceso de curación. Las células del cuerpo de un hombre lobo almacenaban los datos de la constitución física, razón por la cual los lobos eran tan longevos. Con el cambio, las células dañadas se reparaban. Las heridas sanaban. Y si bien en general, llevaba más de un cambio curar heridas profundas, uno por lo menos detenía el sangrado y comenzaba el proceso de curación.
Cambié de nuevo a mi forma humana y lentamente me levanté sobre mis pies. La primera criatura se hallaba todavía en el suelo de la parte delantera de la tienda. Obviamente, cualquier cosa que hubiera estado en esos dos dardos finalmente había tenido efecto. Caminé hacia la segunda criatura, la cogí por el pescuezo, y la saqué del camino. Luego fui a la ventana y me asomé.
No era una tienda, sólo una fachada. Más allá de la ventana no había más que marco y la basura. La tienda de al lado era muy similar, al igual que la casa de al lado. Sólo había gente de madera en su interior que estaba bien.
Era muy parecido a un campo de entrenamiento de armas de policías y militares, sólo que en este campo de entrenamiento patrullaban el perímetro unas criaturas de aspecto deformado.
Esa mala sensación que había despertado antes, comenzó a ponerse mucho peor. Tenía que salir de aquí, antes de que algo o alguien más descubriera que estaba libre.
Este pensamiento me detuvo.
¿Libre?
¿Esto quiere decir que había estado presa en este lugar? Si es así, ¿por qué?
Ninguna respuesta emergió de la niebla que cubría la parte de mi cerebro que contenía mis recuerdos. Frunciendo el ceño, Continué por la calle. Ésta giraba abruptamente hacia la izquierda, luego bajaba, revelando la mitad inferior del complejo. Casas a medio construir y tiendas llenaban el resto del camino, pero esta vez se intercalaban entre exuberantes árboles de caucho. Al final de la calle había una formidable puerta, y a un lado de ésta, una caseta de guardia. Cálida luz se filtraba por una ventana pequeña en uno de los lados de la caseta, lo que sugería que en casa había alguien.
A la izquierda, más allá de los edificios parciales, había estructuras de hormigón iluminadas por duros focos. A la derecha, un edificio largo que parecía un establo, y más allá de eso, varios bloques de estructuras de hormigón y muchos más árboles. Y rodeando todo el complejo, una alambrada de dos metros de altura.
—¿Alguna señal de Max o de los dos Orsini?
La aguda voz salió de la nada. Salté metro y medio, mi corazón latiendo tan fuerte que juro que se me iba a salir del pecho. Envolviendo el manto de la noche a mí alrededor, me fundí en las sombras del escaparate y esperé.
Unas pisadas se acercaron, su sonido pausado sugería que el perder a Max y los Orsini no eran todavía motivo de preocupación. Aunque teniendo en cuenta que probablemente acabo de matar a Max y causarles graves daños a los Orsini que faltaban, tenía que desaparecer rápidamente.
Una figura apareció desde una pequeña calle justo delante. Era humano —tenía que serlo, cualquier otra cosa lo habría sentido. Iba vestido de marrón, y como el hombre que había matado, tenía el pelo y los ojos marrones. Paró, su mirada barriendo la calle. El aroma picante de su loción de afeitar llenaba el aire de la noche, mezclándose molestamente con el olor a ajo de su aliento.
Apretó un botón que tenía en la solapa, y luego dijo:
—No hay señales de ellos todavía. Voy a dar un vistazo en los laboratorios de reproducción, a ver si Max está allí.
—Hace una media hora que debía haber informado.
—No será la primera vez que se le pasa.
—Podría ser la última. Al jefe no le va a gustar esto.
El guardia soltó un gruñido.
—Te llamo en diez minutos.
Eso no era demasiado tiempo, pero era mejor que a los dos les costara subir por la calle y encontraran a las bestias noqueadas.
—Hazlo.
Esperé hasta que el guardia se acercara; luego, apreté el puño y le di un golpe en la barbilla.
Con tanta fuerza que me vibró el brazo, pero antes de caer al suelo ya estaba fuera de combate. Lo escondí en las sombras de la puerta de la falsa tienda, y escaneé la calle.
Con la puerta principal vigilada, tendría que probar a escalar la cerca de alambre. Y el mejor sitio para hacerlo era en las sombras creadas por el establo.
Corrí por una calle lateral, una estrechamente larga. Más falsos escaparates y casas me recibieron, pero el aire de la noche llevaba olor a hierba y caballo. Eran establos. ¿Para qué necesitarían caballos en un campo de pruebas?
Mientras corría por la calle, una alarma estridente comenzó a resonar en el silencio. Derrapé hasta detenerme, mi corazón volvió a colocarse en mi garganta y mi estómago luchaba por unirse a él.
O bien habían descubierto los cuerpos; o alguien, finalmente, se había dado cuenta de que yo no estaba donde se suponía que debía estar.
Con la alarma llegaron las luces, me escocieron los ojos con el súbito brillo. Maldije y salí de la calle, manteniéndome en las pocas sombras que ofrecían los escaparates. El perímetro se iluminó como un árbol de navidad. Ya no había esperanza de ser invisible.
La noche se llenó con el sonido de pasos. Paré, presionándome contra un portal. Cinco guardias a medio vestir pasaron, corriendo como si perros del infierno fueran tras ellos.
Cuando desaparecieron de la vista, salí de mi escondrijo y corrí hacia el callejón del que habían salido. El establo se alzó delante de mí, el olor a caballo, paja y excrementos era tan fuerte que arrugué la nariz con asco. Los bufidos y pisadas indicaban que había más de un animal en el interior. Si los liberaba, podrían crear la suficiente confusión para ayudarme a escapar.
Las puertas del establo surgieron. Por detrás de mí vinieron más sonidos de pisadas.
Rápidamente atravesé la menor de las dos puertas; luego, la cerré y miré alrededor.
Había diez compartimentos en total, nueve de ellas ocupadas. Una única esfera, a baja altura, colgaba de un hilo en el pasillo central, su pálida luz iluminaba las balas de heno** que había en el suelo.
Todas las cabezas se volvieron hacia mí, ojos oscuros brillaban intensamente en la tenue luz.
Todos parecían altos y fuertes, la mayoría de ellos castaños, grises o zaínos. El caballo más cercano a mí era un zaíno caoba realmente impresionante, aunque con las orejas hacia atrás y los dientes barrados, parecía cualquier cosa menos amigable.
No era de sorprender. Rara vez los caballos y los lobos eran los mejores amigos.
—Hey —murmuré, él aplastando su nariz mientras se abalanzaba hacia mí—. Estoy tan cabreada por estar aquí como tú, amigo, pero si prometes comportarte, los dejaré, a ti y tus amigos, salir.
El caballo resopló, mirándome por un momento antes de asentir con la cabeza, como si estuviera de acuerdo. Unas cadenas resonaron mientras se movía. Fruncí el ceño y me acerqué más. No estaba oyendo cosas. Y no eran cadenas ordinarias las que sujetaban al semental. Al haberme disparado un par de veces con plata, ahora mi piel era muy sensible a su presencia.
Y sólo podía haber una razón para usar esas restricciones en un caballo.
Miré hacia arriba bruscamente.
—¿Eres un cambiante? —y si era así, ¿por qué no lo había sentido? Los cambia formas no eran hombres lobo, y desde luego no se veían obligados a cambiar cada luna llena como nosotros, pero eran de nuestra misma rama familiar, más que de la parte humana. Yo no podía sentir a los humanos, pero debería haber sabido lo que él era inmediatamente. Debí olerlo en su esencia.
El semental asintió de nuevo.
—¿Y ellos? —moví una mano hacia los otros caballos.
Un tercer asentimiento.
Joder. Parecía que no era la única atrapada en esta telaraña. Cualquiera que fuese.
—¿Prometes no pisotearme si entro en el compartimento?
El semental volvió a asentir, y de alguna manera parecía desdeñoso. Abrí la puerta con cuidado. No había tenido en el pasado algo que ver con cambia formas, pero con los pocos que me he cruzado nos trataban con tan poco respeto como hacían con los humanos. Por qué, ni idea, considerando que nuestras “tendencias” animales eran las mismas que las suyas.
Bueno, excepto el calor de la luna —y casi no nos podían ver bajo su nariz, cuando un buen porcentaje de ellos disfrutaban la semana de luna llena tanto como ninguno.
El caballo no se movió, simplemente seguía mirándome. Con 1,73 m, no era precisamente bajita, pero él, de alguna manera, me hacía sentir así.
El ruido seco de un cerrojo al abrir congeló mi sangre. Me di la vuelta y vi abrirse las puertas principales del establo. Maldiciendo en voz baja, cerré la puerta del semental y me deslicé hacia la esquina.
El caballo resopló, sus pezuñas bailaban a centímetros de los dedos de mis pies. Tan cerca, su rico abrigo no tenía brillo, y apestaba a sudor y sangre seca. Unas ronchas apenas curadas estropeaban su grupa.
Obviamente, no había sido un preso modelo.
Los pasos entraron en el pasillo, y se detuvieron.
—Te dije que ella no estaba aquí —dijo una voz áspera.
—Y yo te digo que es mejor que comprobemos todos los compartimentos o el jefe nos arrancará la piel.
Una luz atravesó la caja del caballo. Mi aliento se quedó en algún lugar de mi garganta y apreté las manos. Si me querían, tendrían que luchar. Estaría condenada si fuera a cualquier parte de buena gana.
Pero en este caso, tenía un aliado. El caballo se abalanzó hacia delante, golpeando la puerta con el pecho antes de que la cadena de su cuello se apretara. Uno de los hombres soltó un taco, el otro se rió.
—Sí, realmente va a estar escondida con este bastardo. Tendremos que drogarlo para conseguir los ejemplares que queremos.
—Ni que mencionarlo —murmuró el segundo hombre.
Los dos se alejaron. El traqueteo de las cerraduras indicaba que estaban revisando el resto de compartimentos; luego, sus pasos retrocedieron y la puerta del fondo se abrió y cerró. Esperé unos cuantos segundos, después me levanté y miré por encima de la puerta. Nada aparte de caballos.
Soltando el aliento que había estado guardando, me volví y estudié las cadenas. Estaban ancladas a anillas en las paredes de cemento a ambos lados del compartimento.
Miré hacia la aguda mirada del semental.
—Y, ¿dónde está la llave?
Resopló y señaló con la nariz las puertas principales. Escaneé la pared y, después de un momento, vi un pequeño armario. Abrí el pestillo y me acerqué. Contenía una sola llave. La cogí y volví, abriendo rápidamente los candados y con cuidado sacando la cadena por su cabeza. Aunque apenas la toqué, la plata quemó mis dedos. Maldije y las tiré a un rincón.
Un brillo dorado apareció en la nariz del caballo, bailando rápidamente por el resto de su cuerpo. Di un paso atrás, viendo su cambio. Era tan magnífico en forma humana como lo era en caballo, su piel caoba, pelo negro y ojos marrones terciopelo una combinación verdaderamente sorprendente.
—Gracias —dijo, con voz profunda y un poco ronca. Su mirada me recorrió, demorándose un poco en mis pechos antes de seguir bajando a los cortes que llevaba en el costado y muslo—. ¿Deduzco que, también, eres prisionera aquí?
—Dondequiera que sea aquí.
—Entonces, vamos a ayudar a los otros a escapar y preocuparnos de los por qué y cómo más tarde. Primero, los otros.
Le lancé las llaves.
—Suéltalos. Yo vigilo la puerta.
—Mantienen ese extremo cerrado. A menudo lo hacen, ya que tienden a entrar por el otro lado.
Hice lo que me sugirió, corrí hacia allí y abrí la puerta más pequeña. La valla no estaba tan lejos, pero las luces la iluminaban, el sonido de la sirena se confundía con el aullido de esas criaturas que parecían osos. La caza estaba en marcha. Si no salíamos de aquí pronto, ya no saldríamos nunca.
Miré hacia atrás. Hombres se reunían en las sombras.
Cuando el desconocido hubo liberado al último de ellos, se reunió conmigo en la puerta.
Todavía olía a heno, caballo y excremento, pero esta vez se mezclaba con el aroma atractivo del almizcle de hombre.
—Nada bueno —murmuró, mirando sobre mi cabeza.
—La puerta principal está cerrada y vigilada. Creo que la única forma de salir es por esa valla.
Me miró.
—¿Puede una loba saltar tan alto estando herida?
—Saltaría la luna si con eso saliera de este lugar.
Su repentina sonrisa fue cálida, arrugando las esquinas de sus ojos de terciopelo.
—Eso lo creo. Pero por razones de seguridad, será mejor que me montes. No me gustaría ver que mi salvadora se quedara atrás.
Fruncí el ceño.
—¿Seguro que puedes saltar tan alto con un jinete?
—Sin problema, cariño. Confía en mí.
Miré la valla y asentí. Él tenía razón. Aunque las heridas de mi costado y pierna no eran muy dolorosas, todavía sangraban, y la fuerza de mi pierna podría fallar en un momento vital. Y no había una maldita manera de arriesgarme a quedar rezagada.
—Vamos a dejar esas puertas abiertas.
Y eso hicimos. Cuando el desconocido cambió de nuevo a su forma de caballo, me agarré de su crin y monté. Una vez sentada en su espalda, me giré.
—Buena suerte a todos.
Los caballos resoplaron suavemente en respuesta. Respiré profundamente, apreté las piernas contra el vientre del caballo, y dije:
—Lista.
Él saltó hacia delante, todo músculo y poder. Cruzamos la carretera a toda velocidad, hacia la valla iluminada, el viento un aullido que rompía en mi pelo y piel como hielo.
El ruido de los cascos sobre la piedra resonó a través de la noche. Un grito se elevó por nuestra izquierda. El dolor sacudió mi oído, y me aparté, al ver las chispas mientras algo salía a la carretera. Un calor empezó a llegar por debajo de mi cuello.
—Nos están disparando —grité—. Más rápido.
Se lanzó hacia adelante. Detrás de nosotros, gritó un caballo. Miré por encima del hombro, vi a un zaíno caer, faltándole la mitad de la cabeza. El estómago se me encogió de miedo.
Preferían matarnos a dejarnos escapar.
La valla se alzó ante nosotros. Cerré los ojos y me aferré al semental mientras éste se tensaba: luego, se elevó. La sensación de volar seguía y seguía, luego chocamos contra el suelo con la fuerza suficiente para sacudir todos los huesos de mi cuerpo y casi tirarme.
Pero habíamos pasado la maldita valla.
Ahora todo lo que teníamos que hacer era librarnos de cualquier perseguidor, y averiguar dónde demonios estábamos.


* Taser: pistola eléctrica.
** Balas de heno: rectángulos formados de heno.
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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Mar Ago 31, 2010 10:28 pm

wiiiiiiiii


esta que arde ajjaajja

dios kadeeeee

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Miér Sep 01, 2010 9:52 am

XDDD a ver que le pasa a Riley en este :212:

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Miér Sep 01, 2010 3:31 pm

jajajaj...está chica es una perrrrrraaaaaaaaaa sin controlllll :manga08:

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Miér Sep 01, 2010 7:30 pm

Coño!!!! proyecto nuevo!!! gracias y rangos!!! ( si tengo un hueco me lo leo detenidamente)
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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Miér Sep 01, 2010 7:31 pm

jajajajjaja..te quedo bien el coño jajajajajajaj :manga08:

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Miér Sep 01, 2010 7:36 pm

rossmary escribió:
jajajajjaja..te quedo bien el coño jajajajajajaj :manga08:

Ha sido el efecto sorpresa :manga05: de ver el nuevo post ja jaja jaja ja :jojojo:
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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Miér Sep 01, 2010 7:39 pm

jajajajaj :manga08:

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Miér Sep 01, 2010 7:58 pm

Annabel, que este es el siguiente a Full Moon Rising.

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Miér Sep 01, 2010 8:58 pm

efecto mariposa jajaajajaja..

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Miér Sep 01, 2010 9:20 pm

jiji
capiii :P

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Jue Sep 02, 2010 4:28 pm

Capítulo 2 (parte 1)


Traducido por rossmary
Corregido por shuk hing



El semental cabalgó hasta que los aullidos de la búsqueda se perdieron en el silencio del bosque y todo lo que nos rodeaba no eran más que árboles y la montaña.
Finalmente, llegamos a un arroyo, suavemente se deslizó hasta detenerse. Me deslicé de un salto de su espalda, pero mis piernas eran como gelatina y me desplomé por debajo de mí.
Dejándome caer sobre mi espalda, vi la bruma de oro a través del cuerpo del caballo. En forma humana ya, cayó al lado del río, absorbiendo con avidez el agua como yo aspiraba el aire.
—No mucho —dije, mi voz sonó poco más que un susurro en el aire—. Calambres.
Él gruñó, pero dejó de beber y rodó en el agua. Su piel color caoba brillaba con el calor, y su respiración era poco más que un silbido.
Fue increíble, él había corrido tan lejos como podía, sobre todo tomando en cuenta el tiempo que había permanecido encerrado.
Volví la mirada hacia el cielo nocturno. La luna que no pude ver estaba empezando a decaer, lo que me sugirió que era alrededor de las tres de la mañana. A pesar de que teníamos una ventaja de dos horas, teníamos que aprovechar mucho más la madrugada para alejarnos del infierno, si queríamos seguir siendo libres.
El temblor en mis piernas finalmente se fue aliviado bastante que pude ponerme a cuatro patas.
Me arrastré hacia el río y recogí un puñado de agua helada, saboreando hasta que el fuego en mi garganta se sintió aliviado. Me salpiqué la cara, luego sobre mi cuello y oreja para lavar la sangre, pero no me sentía mejor. Lo que necesitaba era un baño caliente, un sándwich de bistec grande de grasa y una taza grande de café. Y no particularmente en ese orden.
—Será mejor lavar todas las heridas del cuerpo, también —comentó, sus palabras sonaron con tonos suaves pero roncos.
Le miré, pero sus ojos estaban cerrados.
—Tengo la intención de cambiar de forma, sólo para ayudar un poco al proceso de cicatrización un poco más.
Me arrimé un poco dentro de las márgenes del río en posición sentada para limpiar no sólo la sangre y la suciedad de las heridas, también el pelo de caballo, el sudor de mis piernas y regiones inferiores.
No sé lo que la travesura de Lady Godiva había encontrado en él, pero era evidente que no había estado montando a caballo a pelo por el puro placer. El sudor del caballo sobre la piel desnuda no era nada agradable.
—¿Crees que todavía están dándonos caza? —preguntó, después de unos momentos.
—Oh sí. Esas cosas cazan por el olor, y no hemos sido exactamente muy cuidadosos, para evitar dejar un rastro.
Soltó un gruñido.
— Sólo quería alejarme de esos hijos de puta.
—No estábamos solos—. ¿Cuánto tiempo estuviste allí?
—Meses, por lo menos. Algunos de los otros habían estado allí más de un año.
—Y fueron... ummm... ¿ordeñados todos ustedes?
Abrió un ojo y me dio una especie de media mirada.
—¿Cómo lo has adivinado?
Me encogí de hombros.
—El guardia dijo que estaban tomando muestras, aun así, eso no habría sido mi primera conjetura.
—Hace dos meses, no habría sido la mía tampoco. Pero había aprendido mucho desde entonces. Había pasado por muchas cosas.
—¿Significa que tienes una idea de lo que estaba pasando ahí dentro?
—Sospechas vagas, nada más.
—¿Cómo qué?
Hice una mueca.
—Investigando los genes. Los cruces.
Su cara era inexpresiva, con los ojos ligeramente entornados. Era obvio que sospechaba que yo sabía más que lo que estaba diciendo, pero fue lo único que dijo.
—¿Cuánto tiempo estuviste dentro?
—Alrededor de ocho días, pero esta noche es la primera noche que realmente puedo recordar.
Soltó un gruñido.
—Fue así para mí, también. Al parecer llevaba más de dos meses antes de recobrar mis sentidos.
Entonces, obviamente, todos los que habíamos sido llevados, habíamos sido fuertemente drogados. Pero ¿por qué le tomó dos meses a los sementales para que los efectos desaparecieran, y poco más de una semana para mí? ¿Era simple por el hecho de que no debería haber despertado? Sin embargo, fue la única razón que nos permitió poder ser capaces de escapar.
Me froté las manos por los ojos en un desesperado intento de aclarar la niebla, y poder recordar lo que había pasado.
—¿Alguna vez trataste de escapar?
—No, porque era imposible. Estábamos encadenados y los establos estaban equipados con escudos psíquicos, por si acaso alguno de nosotros conseguía liberarse.
Al menos eso explica por qué no habían sentido lo que era, o tal vez si lo notaron, cosa que era interesante. O tal vez fue simplemente una cuestión de que es un caballo insensible al olor de un lobo.
—¿Le hicieron alguna otra cosa más aparte de extraerles muestras?
—No, gracias a Dios.
—¿Alguna vez viste cualquier otro tipo de cambiante?
—Nunca habíamos salido del maldito establo.
Entonces tenía que ser un magnifico ejemplar al que les había costado capturar y habían tenido que llevar a la fuerza. Y aun gozaba de una gran resistencia después de haber estado encerrado tanto tiempo.
Suavemente, se arrastró fuera de la corriente en cuatro patas, y se tendió sobre la hierba.
Mi mirada viajó a lo largo de todo su cuerpo.
No era sólo que su color fuera magnífico. Fue construido como un pura sangre, anchos hombros, poderoso pecho, caderas estrechas y piernas largas y fuertes. En sus nalgas y espalda todavía llevaba las marcas de las cicatrices del látigo apenas cicatrizadas, pero tenía el mejor culo que había visto a un hombre ya que Quinn había estado en mi vida y ahora se había marchado, fuera de mi vida.
Nunca había conocido a un cambiante antes, y me preguntaba dónde habían estado escondidos de mi vida. Si este hombre era una muestra de lo que tenían que ofrecer, podría tener la tentación de buscar uno o dos para la siguiente luna llena. Si pudieran conseguir más de su odio instintivo hacia los lobos, habría diversión sin lugar a dudas, estaba más que garantizado.
—No hay vibración de pasos por la tierra —dijo.
—Podrían ser muy atrás, pero nos siguen.
Se movió, había intención en la expresión cuando su mirada se encontró con la mía.
—Pareces muy segura de ello.
—Ellos trataron de matarnos en lugar de la capturarnos vivos. Eso sugiere que el valor del secreto es mucho mayor.
—Entonces será mejor empezar a moverse de nuevo.
Moverse era lo último que quería cuando todos los huesos me dolían del cansancio.
Necesitaba dormir más de lo que necesitaba de café, una gran declaración considerando cómo estoy de enganchada en el consumo de la cafeína. Pero quedarse donde estaba, ni siquiera por un par de horas, era una opción, menos cuando aún estábamos tan cerca de ese complejo.
Se puso de pie con gracia y sin esfuerzo, entonces me ofreció una mano. Sus dedos eran cálidos a pesar del tiempo que había pasado en el agua, y la palma de su mano fue duro contra el mío. Me sacó en posición erguida para dejarme ir, pero no hizo ningún intento de alejarse de inmediato. Mi mirada sobre él. La conciencia quemaba en sus ojos castaños, y de repente me acordé de que se trataba de un hombre que no había estado con una mujer por muchos, muchos meses. El agua helada le había lavado el olor a establo de la piel, y su olor a almizcle, combinado con el rico olor del deseo, nadaba a mí alrededor. La lujuria se movió, calentado el frío de mi carne.
Levantó una mano y rozó las hebras de cabello húmedo de mi mejilla.
—¿Puedo saber su nombre?
Sus dedos desprendían un suave calor, cuando me tocó. Se sentía bien, y agudizó aún más la lujuria. Aunque en absoluto suficiente para acabar con el miedo de la recaptura y la necesidad de empezar a moverse. Rápidamente le dije.
—Riley Jensen. ¿Y el tuyo?
—Williams Kade.
—Tenemos que empezar a movernos, Kade.
—Sí, vamos.
Pero no se movió y la sonrisa que tiró de sus labios fue más allá de sexy. Mis hormonas poco más que excitadas. Por supuesto, nunca mis hormonas muy necesarias de una excusa para emocionarse por un hombre bien parecido, y si hubiéramos estado en otro sitio pero en el medio de aquel bosque lleno de monstruos peludos y psicópatas con armas persiguiéndonos, no era momento para dar rienda suelta a mis hormonas.
—Pero primero —continuó en voz baja—, un beso para darle las gracias a mi salvadora.
—Este no es el momento ni el lugar.
—Lo sé —me interrumpió—, y no me importa.
Sus labios se acercaron a los míos y su mano se deslizó por mi cintura, con los dedos calientes, presionó mi columna vertebral cuando me atrajo hacia su cuerpo cálido y duro.
Durante medio segundo, me resistí, pero se sentía tan bien, sabía tan bien, lo que me acaba de dar en ese momento. Y como mi resistencia se desmoronaba, la resistencia inicial dio paso a la pasión, y el beso se convirtió en feroz y exploratorio.
Después de lo que parecieron horas llegamos a tomar aire. Los golpes frenéticos de mi corazón era una cadencia que llenaba el silencio, y fue acompañado por la fiebre de la sangre caliente a través de mi sistema.
La luna llena podría haber pasado, pero la fiebre seguía ardiendo en mis venas. Un indicador de que, mientras el sexo había estado en el menú durante los ocho días que no podía recordar, la satisfacción había estado ausente.
Pero yo no estaba gobernada por mis hormonas, al menos no hasta la nueva luna llena.
Yo podría querer este cambiante grande y fuerte, pero no lo suficiente para tener lo que ofrecía aquí y ahora.
Eso podría venir más tarde, cuando estuviéramos fuera de peligro, literal y figurativamente.
Saqué los brazos de su cuerpo y di un paso atrás.
—Será mejor caminar por el agua por un tiempo, para despistar nuestro olor.
La sonrisa que tiró de sus labios era decididamente sensual.
—Río arriba, no hacia abajo.
Levanté una ceja.
—¿Por qué?
—Porque la mayoría de la gente suele tomar el camino fácil y va río abajo, y eso es probablemente lo que esperan de nosotros.
—Supongo que en eso tienes mucha razón.
Él asintió con la cabeza.
—Cuando el agua se haga demasiado fría para tus pies, puedes subir a mi espalda.
—Estoy cambiando a mi forma de lobo.
Se encogió de hombros.
—La oferta estará ahí cuando lo necesites.
—Gracias.
Sus ojos brillaban.
—Nunca he tenido una mujer desnuda montada sobre mi forma alternativamente antes... Es más bien erótico.
Sonreí.
—¿Así que Lady Godiva no era tan estúpida como yo pensaba? No, si ese caballo suyo era un cambiante.
Mi mirada se desvió hacia abajo, para luego detenerse en el poste de la tienda que había en marcha. Eso ciertamente explicaría la sonrisa de satisfacción de la tonta de esa mujer.
Me hizo un gesto con la mano hacia el río.
—Después de ti.
Cambió de forma, y esperó a que yo hubiera hecho lo mismo, a continuación, abrió el camino río arriba. Caminamos por el resto de la noche. Cuando el agua helada fue demasiado para mis patas, cambien a mi forma humana y me subí a su espalda, moviéndome al ritmo de él mientras caminaba a través del torrente pedregoso.
El amanecer empezaba a manchar el cielo con bandas de color rosa y oro cuando finalmente salimos de la corriente.
Kade se acercó al borde de un afloramiento de roca. Ante nosotros se extendía un valle lleno de árboles, y acurrucando en su corazón un pequeño pueblo dormía. El paisaje se desplegable en la lejanía, con el estómago dando vuelcos, me dejé caer de su espalda con las piernas temblorosas por el paseo y alejándome del borde del precipicio.
Kade cambió a su forma humana.
—¿Estás bien?
Tomé varias respiraciones profundas, y luego asentí.
—Odio las alturas, y los acantilados, gracias al hecho de que fui arrojada de uno cuando era un cachorro.
Hizo un gesto hacia el pueblo que yo no podía ver.
—¿Reconoces este lugar?
—No, en absoluto ¿y tú?
Él no respondió directamente, sólo frunció el ceño.
—¿Son aquellas motas, águilas sobrevolando sobre el pueblo?
Miré las dos formas color café, sintiendo nada más que ordinarias águilas. Pero, dada la distancia, que no era sorprendente. No podíamos darnos el lujo de presumir nada, aunque se aparecieran, menos cuando aún seguíamos estando tan cerca de ese complejo.
—Pueden ser cambiantes. Sobrevolando las poblaciones cercanas al complejo.
Su mirada se redujo un poco, pero de nuevo, su voz no dejó entrever sospecha alguna.
—¿Así que vamos a rodearlo y seguir caminando?
—No, realmente no puedo caminar mucho más lejos. No hasta que no tenga un poco de café dentro de mi sistema.
Me acerqué más, hasta que pude ver la ciudad, pero no la caída real. No eran más que un montón de casas con techo de hierro apenas visible a través de los árboles lo que nos brindaba distintas posibilidades de llegar a ellas sin ser vistos.
—¿Qué hay con esa? —Me dijo, señalando—. Deberíamos ser capaces de llegar a ella sin ser vistos.
—Esa es una buena caminata de dos horas, por lo menos.
Su mirada lánguida rodó por mi cuerpo, un toque que no fue un toque y sin embargo uno que hizo que mis dedos se doblaran de anticipación.
—¿Puedes lograrlo?

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Jue Sep 02, 2010 4:31 pm

Capítulo 2 (parte 2)


Traducido por Gemma
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Yo ya dije que no lo estaba, pero no podía quedarme allí, tampoco. O pedirle que me llevara.
—Sería muy fácil ver a un caballo por esos delgados árboles.
—Soy una loba, y más fuerte de lo que parezco.
—Lo sé —hizo una mueca y se pasó una mano por las costillas, aunque era más diversión que dolor lo que brillaba en sus ojos castaños—. Y tengo moretones para demostrarlo.
Una sonrisa tiró de mis labios.
—Perdona, pero no he tenido mucha experiencia montando caballos.
—Pues es algo que definitivamente hay que ponerle remedio.
El calor fluyó como mercurio por mis venas. Levanté una ceja, y dije:
—¿Y si se necesita más de una lección?
—Entonces tendré que quedarme hasta que aprendas.
No podía estar triste por eso. Si no pasaba nada, tener a Kade alrededor un tiempo tendría el beneficio añadido de volver loco de lujuria a mi hermano. Y después de las bromas que me había estado haciendo por mi vida amorosa —o por la falta de ella— bien merecía que la perfección caoba le abofeteara en la cara.
Kade abrió el camino por la montaña, y me quedé con la mirada fija en su ancha y musculada espalda. La pronunciada bajada me revolvió el estómago más de un par de veces, sobre todo cuando inadvertidamente miré la caída que teníamos a un lado. Pero aguanté sin vomitar, y el relieve escarpado me tenía temblando.
O, tal vez, era el agotamiento.
El sol había salido en el momento en que llegamos a la casa, y para entonces, sentía los pies como plomo y cada paso era un esfuerzo.
Kade no estaba mucho mejor. Apoyó un musculoso brazo contra un poste de la cerca, el sudor le brillaba en la frente y sus ojos observaban la casa de madera.
—No oigo a nadie. ¿Hueles a alguien?
Todo lo que podía oler era a eucalipto y a sudor —el suyo y el mío.
—No.
—Yo reviso el garaje, tú la casa.
Levanté la vista para asegurarme de que ninguna de las águilas estaba a la vista, a continuación, desbloqueé la puerta, y me dirigí a la ventana más cercana. El cuarto era de color amarillo pálido y dominado por una lujosa —y vacía— cama. Casi lloro al verla. Dios, necesitaba descansar. Dormir.
Me aparté de la ventana y caminé hacia la parte posterior de la casa. La puerta estaba cerrada.
Palpé todo el marco, miré debajo de la alfombra, y finalmente encontré la llave de repuesto en los geranios de color sangre que llenaban el cuadro de la ventana.
La puerta crujió cuando la abrí. Hice una mueca, y no me moví. La vieja casa estaba en silencio, pero no del todo tranquila. Un reloj sonaba constantemente en una de las habitaciones, y el aroma a naftalina y lavanda se disputaban la atención en el aire.
Kade se colocó detrás de mí, presionando calor en mi columna vertebral mientras se detenía.
—¿Algo?
Su aliento acariciaba mi oreja, enviando escalofríos de placer a través de mi piel. Mi cuerpo podía estar agotado, pero mis hormonas ciertamente no. Negué con la cabeza y me aparté de él de nuevo.
—¿Y tú?
—No hay coche, y las puertas del garaje no se ven como si hubieran sido abiertas en unos días.
—Entonces podríamos haber encontrado un refugio para unas pocas horas.
—Ojalá —me cogió la llave; luego, cerró la puerta y la colgó en un gancho cercano a ésta—. No creo que hubiese podido seguir caminando mucho más tiempo.
La primera puerta que había en el pequeño pasillo llevaba a la cocina. Kade entró mientras yo seguía explorando. La casa era pequeña, poco más que la cocina, una sala de estar, un baño y dos dormitorios. Todas las paredes estaban cubiertas de pastel o papel de flores, y había encaje en todas partes. Combinado con el olor abrumador a naftalina, era evidente que vivían personas mayores aquí —un hecho que confirmé al ver la ropa colgada del armario.
Aun así, los ladrones no podrían permitirse el lujo de ser exigentes.
Volví sobre mis pasos hasta el baño. Después de hacer correr el agua hasta que salió caliente, me metí en la ducha y me lavé, sintiéndome un cien por cien mejor de lo que estaba. Me sequé, me envolví en la toalla y fui a la cocina.
—¿Cómo te gusta el café? —preguntó Kade al entrar.
—Caliente, preferiblemente.
Su mirada me recorrió el cuerpo, y una deliciosa sonrisa tiró de sus labios.
—Hueles como para comerte. —Vertió agua caliente en dos tazas, luego deslizó una de ella a través del banco para mí.
—Así es. —Me dejé caer en la banqueta más cercana y olí el café de manera apreciable—. Parece que nuestros anfitriones involuntarios se han ido unos días.
Él asintió.
—Sí, la nevera está casi vacía.
Le di un sorbo al café; luego, pregunté:
—¿Hay teléfono? —Era la única cosa que no había visto en mi búsqueda.
—En la pared detrás de ti. —Me observó durante un segundo, y luego añadió—: ¿Hay alguien en tu vida al que tengas que llamar urgentemente?
Levanté una ceja.
—¿Habría alguna diferencia si lo hubiera?
Su expresión se apretó un poco.
—Por supuesto que sí.
—¿Creía que los sementales tenían harenes?
—Sí, pero a diferencia de nuestros homólogos animales, no robamos las yeguas de otros sementales.
—Ah —bebí de nuevo, dejando que se preguntara por un tiempo—. Y, ¿cuántas mujeres tienes?
—Cuatro antes de que fuera capturado.
—Buen número.
Él levantó una ceja.
—No pareces sorprendida.
—Los lobos suelen tener varios compañeros en un momento dado —por lo menos hasta que encontramos a nuestra alma gemela.
—¿Así que en este momento?
—Estoy jugando en el campo. Pero he tenido hasta cinco amantes. —Aunque no al mismo tiempo. Los lobos machos son un poco quisquillosos para compartir de esa forma.
—¿Y cuándo encuentran a su alma gemela?
—Somos monógamos.
—A diferencia de nosotros los sementales.
Era una advertencia —una suave, pero advertencia al fin y al cabo. Una sonrisa se asomó en mis labios.
—Cuando tenga un compañero permanente, será un hombre de mi propia raza. Quiero tener hijos algún día. —Aunque mi mitad vampira podría haberme arrebatado ese deseo. Rhoan, mi gemelo, había descubierto hace dos semanas que era estéril. Me había sometido a pruebas similares, pero los resultados quedaban a la imaginación, recuerdo haber ido allí, pero no salir.
—Entonces, ¿tienes que llamar a…?
—Al compañero de manada con el que vivo, y a mi jefe.
—¿Eso significa que duermes con tu jefe?
Me atraganté con el café.
—No —dije, cuando pude—. Trabajo para la Dirección de Otras Razas. Tienden a alterarse un poco cuando uno de sus empleados desaparece —incluso si se trata de una humilde administrativa como yo.
—Entonces voy a ir a ducharme mientras los llamas. —Salió.
Disfruté de la vista; luego, cogí el teléfono y marqué el número de trabajo de Jack. Y sólo contestó una voz informatizada diciéndome que el número no existía. Lo mismo cuando marqué el de su casa y el de la mía, así que probé con los móviles. Ambos daban apagado o fuera de cobertura.
Ese mal presentimiento reapareció, sentado como un bulto en la boca del estómago.
Kade regresó unos minutos más tarde, tan deliciosamente desnudo como antes, pero viéndose y oliendo fresco.
—Nada —murmuré, colgando el auricular.
Frunció el ceño.
—¿El teléfono no funciona?
—Sí, pero las llamadas no están entrando.
—Inténtalo más tarde. Aún es muy temprano.
No para Jack. Y no para Rhoan. Probablemente estaría en un estado de pánico ahora mismo, y tenía serias dudas de que dormir estuviera en su agenda.
—¿Por qué no intentarlo? —Kade cogió el teléfono y marcó un número. Escuchó unos minutos, luego colgó—. Un mensaje grabado me dice que el número no existe.
Asentí.
—¿A quién intentabas llamar? ¿A una de tus yeguas?
—No. Después de todo este tiempo, ya estarán con otro.
—Entonces, ¿a quién?
—¿Son todos los lobos tan entrometidos?
Me encogí de hombros.
—Me gusta saber un poco sobre el hombre con el que eventualmente tengo intención de follar.
El calor se encendió en las profundidades de sus ojos de terciopelo.
—¿Eventualmente?
Asentí.
—Escapar primero, diversión después.
—Un plan con el que puedo vivir.
—Bien. —Debido a la atracción que sentía, quería aún más protección. Nos podríamos haber encontrado en alguna parte tomando un respiro, pero dudaba que pudiéramos quedarnos aquí mucho tiempo. Los Orsini parecían cazadores, y tenía el presentimiento de que no se dejarían engañar por nuestro paseo por el río.
—Y, ¿a quién llamabas?
Él sonrió.
—A mi socio de negocios.
—¿Y tu socio es…?
Me estudió durante un momento, su oscura mirada evaluando, y luego dijo:
—Soy un empresario de la construcción.
—¿Casas u oficinas?
—Casas. ¿Has oído hablar de J. K. Construcciones?
—Ni un susurro.
—No es sorprendente, en realidad. Somos unos de los contratistas de obras menores al sur de Australia.
El frío nudo de mi estómago se hizo mayor.
—¿Eres de Adelaide?
—Sí. ¿Por qué?
—Soy de Victoria.
Me miró por un instante, luego cerró los ojos.
—Joder.
—Sí. Y tal vez por eso el teléfono no funciona. —Porque no ya estábamos en el mismo Estado, lo que significaba que tendría que usar el prefijo apropiado para llamar al teléfono de Jack o al móvil de Rhoan. A diferencia de muchos sistemas de teléfonos móviles en todo el mundo, Australia no consigue automáticamente desviar al correo de voz si la persona que llama está fuera del área.
Cogí el teléfono y marqué el número de Jack, esta vez añadiendo el prefijo de Victoria.
Apenas sonó una vez antes de responder.
—Aquí Parnell.
Cerré los ojos, nunca en mi vida tan aliviada al escuchar el tono de bronca de mi jefe.
—Jack, soy Riley.
—Jesús, chica, ¿dónde estás? Encontramos tu coche…
Lo interrumpí.
—No tengo idea de donde estoy, pero necesito que vengas a buscarnos.
—¿Buscarnos? —su voz era aguda—. Sí. Una larga historia, pero estoy aquí con un cambiante de nombre Kade Williams. Él me ayudó a escapar de lo que creo que era otro laboratorio de investigación genética.
Las siguientes frases de Jack fueron largas, fuertes e inventivas.
Kade soltó una risita.
—El hombre tiene una buena línea de insultos.
—¿Dónde están? —preguntó Jack finalmente.
—Ese es el problema —no lo sé. Pero no estamos en Victoria o Australia del Sur.
—Haré un…
—¿Riley? ¿Estás bien? —el tono cálido de Rhoan reemplazó el de Jack, y cerré los ojos al oírlo su voz ronca por el cansancio.
—Sí, estoy bien.
—¿Qué pasó? Encontramos tu coche empotrado contra un árbol. Había sangre por todos lados, y pensamos lo peor.
No podía recordar el accidente. Ni recordaba haberme herido. Y estaba enfadada por haber destrozado mi coche —sólo tenía una semana.
—Estoy bien —repetí—. Pero no consigo recordar nada de los últimos ocho días.
—Lo tengo —dijo Jack por detrás—. Están en Nueva Gales del Sur.
—Nuevo Sur es un estado bastante grande —refunfuñó Rhoan—. ¿Puedes especificar un poco más?
—Estoy en ello.
—Así que —me dijo Rhoan—, ¿te he oído decir que estás allí con un cambiante?

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Jue Sep 02, 2010 4:34 pm

Capítulo 2 (parte 3)


Traducido por Media Nanis
Corregido por shuk hing




Mi mirada se dirigió a la de Kade y asentí.
—Ciertamente lo hiciste.
—¿Y él está siendo bueno contigo?
—Oh, yo pretendo ser muy bueno contigo —murmuró Kade perversamente.
Oh Dios… ¿Eran todos los sementales así de malditamente calientes?
—Me hizo café —dije—, y ese es un buen comienzo.
—Uh-huh —dijo Rhoan—. Solo recuérdale que tienes un compañero de manada que lo destrozará en cuanto te rompas siquiera una uña.
Kade resopló suavemente y yo sonreí.
—Él está rechinando sus botas mientras nosotros hablamos.
—Bien —Rhoan vaciló—. Así que, ¿acaso este lugar te hizo algo?
—No lo sé. Ellos estaban ordeñando a Kade y los otros sementales, sin embargo.
Se hizo silencio con esta observación y mi sonrisa se agrandó.
—¿Él es un cambiante?
—Sí.
—Rayos. Tú tienes toda la suerte.
Me reí suavemente… y supe que eso era exactamente lo que Rhoan había pretendido.
—¿Eso viene del hombre que actualmente tiene cuántas hembras?
—Solo tres.
Que a la vista de Liander dos eran demasiadas, pero los dos, yo y él, sabíamos que mi hermano no estaba listo para sentar cabeza todavía.
—Trace está dentro —dijo Jack—. Están en Bullaburra.
—¿Qué es dónde? —preguntó Rhoan antes de que yo lo hiciera.
—En el Blue Mountains. Díganles que se queden. Tomará un par de horas poner las cosas en marcha, pero estaremos ahí tan pronto como queramos.
—Dejen sus celulares encendidos —dije—, para que podamos contactarlos por si tenemos que movernos.
—Lo haremos. Cuídense.
—Natch. Nos vemos pronto.
Colgué y mi mirada se encontró con la de Kade.
—Eres muy cercana a tu compañero de manada —dijo.
—Mucho. Somos lobos y la manada lo es todo para un lobo —Especialmente cuando solo quedábamos él y yo en la manada, gracias al hecho de que la manada de nuestra madre nos había echado cuando alcanzamos la madurez—. Pero no somos físicamente cercanos, si eso es a lo que quieres llegar.
—¿Por qué no?
—Porque él prefiere a los hombres.
Y porque él era mi hermano. Quiero decir, era ilegal, por no decir asqueroso.
Kade apuró su café y lo puso en el fregadero.
—Así que, ¿Cuánto tiempo tenemos antes de que nos rescaten?
—Cuatro horas, al menos.
Alzó una ceja
—Así que, ¿Qué hacemos mientras?
La mirada en sus ojos hizo mi pulso acelerarse de nuevo. Pero lo que había dicho antes lo había dicho en serio, y no importaba que tanto mis hormonas rogaran por desatarse, yo simplemente no me atrevía a hacerlo. No importaba que tan bueno prometiese ser tener sexo con Kade (y yo no tenía ninguna duda de que sería bueno), no valía la pena el riesgo de la recaptura.
—Pienso que deberíamos dormir. O más bien tomar turnos para dormir y vigilar.
—Eso es aburrido —llegó a través de la banca y desató el final de la toalla, la punta de sus dedos cepillando calor por mi piel—. Especialmente cuando hay otras cosas que podríamos estar haciendo.
—Tranquilo chico —le di un manotazo y volví a atar la toalla—. La última cosa que necesitamos es que seamos atacados por grandes y peludas cosas porque estuvimos muy ocupados teniendo sexo para notar que estaban cerca.
—Es un riesgo que estoy dispuesto a correr. Especialmente por una pieza de cola tan encantadora.
Sonreí.
—Bueno, la pieza de cola preferiría esperar hasta que el peligro se acabe.
—Qué pena.
—Deberías por lo menos decir eso con un poco más de sinceridad.
Su risa suave envió ondas poniendo mi piel de gallina. Se inclinó a través de la banca y, lenta y lánguidamente, me besó.
—¿Qué tan sincero quieres que sea? —dijo, después de un tiempo.
—Pienso —las palabras salieron todas roncas y rápidamente aclaré mi garganta—, que esa sinceridad es más que suficiente por el momento.
—¿Estás segura de que no puedo cambiar tu mente?
Estaba segura de que podía, en realidad. Afortunadamente, no lo intentó.
—Sí. Así que, ¿quién descansa primero?
—Bueno, dado que yo no voy a ser capaz de dormir hasta que ciertas partes de mi cuerpo se relajen, es mejor si tú lo haces.
Alcé una ceja.
—¿Y qué tan malamente esas partes necesitan relajarse?
—Así de mal.
Dio un paso atrás y ahí fue cuando vi al semental en toda su orgullosa gloria. Mi boca se secó.
Obviamente, el palo que había visto había sido solo media asta. Dios, él era grande.
—Tienes razón —dije—. No va a haber mucho descanso con eso andando alrededor.
—Si estuviese andando alrededor no sería un problema —sus ojos achocolatados brillaron tenuemente con el regocijo tirando de sus labios—. Vete, antes de que la tentación sea demasiado fuerte.
Me fui. Unas cuantas horas de sueño nunca iban a ser suficientes, pero eran mejor que nada.
Hice un cambio con Kade y pasé la siguiente hora y media alternándome entre beber café y merodear por los locales. No había nada ni nadie alrededor.
Tal vez estaba equivocada sobre el orsini. Tal vez ellos no podían seguir nuestra pista tan bien como yo pensé que lo harían.
Me hice otra taza de café y me recosté en la banca, calentando mis manos en ambos lados de la taza mientras miraba por la ventana de la cocina principal.
Luz moteada jugaba por la hierba amarillenta y en las sombras, a lo largo de la línea de la cerca, unos narcisos se balanceaban.
Más allá, el bosque estaba lleno con sombras, aun cuando rayos de luz bailaban entre las hojas y proyectaban ocasionalmente puntos verdes y dorados, bailando vals entre los árboles.
No había nada o nadie moviéndose allá fuera. Nada o nadie moviéndose en la casa. Y aun así…
La inquietud se movió. Y no tenía idea de porqué.
—¿Por qué la cara pensativa?
Salté ligeramente y miré alrededor mientras Kade entraba en la habitación.
—Acabo de darme cuenta de que usé todo el café instantáneo —dije—. Una cosa muy triste cuando eres tan adicto como yo.
Se detuvo detrás de mí, uno de sus musculosos brazos poniéndose alrededor de mi cintura, presionando su cuerpo contra el mío mientras se inclinaba hacia delante y besaba mi oreja.
—Sí, una cosa muy triste —susurró, su aliento tan caliente contra mi piel—. ¿Quieres que te haga sentir mejor?
Una sonrisa tembló en mis labios.
—Eres tan insaciable como un lobo en celo.
—Hey, soy un semental cachondo que no ha tenido sexo por dos meses, y estoy parado detrás de una mujer que es seductora y está desnuda. ¿Qué esperabas?
—¿Un poco de contención hasta que estemos a salvo tal vez?
—He estado conteniéndome, cariño. Créeme —Sus labios tocaron mi columna, un beso mariposa poderosamente excitante—. Así que, ¿en quién estabas pensando cuando entré? ¿Un amante?
—No.
—¿Pero hay un amante que está causando alguna pena?
—Sí —Volteé para mirarlo—. ¿Cómo adivinaste eso? ¿Eres un telépata?
Y si lo era, ¿Cómo me estaba leyendo? Quinn, el amante que había mencionado antes, no podía y no solo era uno de los vampiros más poderosos que había conocido, sino también uno de los más poderosos telépatas.
—No. Telequinesis. Pero soy muy bueno leyendo a las mujeres.
Alcé una ceja.
—¿Solo mujeres? ¿Hombres no?
Su sonrisa era diabólica.
—No tengo ningún interés en los hombres.
Y mi hermano no estaría molesto por eso.
—Así que, ¿Qué crees haber visto en mi expresión?
—Arrepentimiento.
Él era bueno. Mientras no había estado pensando activamente sobre Quinn, esos pensamientos siempre estaban presentes, sentándose en la parte trasera de mi mente, esperando a abalanzarse en el minuto que bajara mi guardia.
—Dime —agregó.
—¿Por qué?
Se encogió de hombros.
—Los lobos no son los únicos que pueden meter las narices.
Aparté la mirada, estudiando las sombras de más allá de la cerca, de nuevo.
—A él no le agrada lo que soy.
Barrió otro beso por mi columna, pero más arriba esta vez, más cerca de mi hombro. Carne de gallina se esparció entusiasmadamente por mi piel.
—¿Una burócrata?
Sonreí.
—No, un hombre lobo. Piensa de nosotros como un poco más que putas.
—Apuesto a que no piensa lo mismo que tu compañero de manada.
—Según él, está bien que los hombres duerman juntos.
—Tiene que ser humano —disgusto afilaba la voz de Kade—. Porque solo ellos le dirían algo así de tonto a un hombre lobo.
Sonreí.
—Es un vampiro.
Se encogió de hombros, algo que sentí más que vi.
—Misma cosa, como todos los vampiros fueron alguna vez humanos y tienen todos los mismos viejos prejuicios. —Se detuvo—. ¿Lo amabas?
—Apenas lo conocía.
Su toque trazó mi estómago hacia arriba hasta que alcanzó mis pechos. Ligera y juguetonamente, comenzó a pellizcar los puntos hinchados. Mi aliento se quedó atrapado en alguna parte de mi garganta y mi corazón empezó a acelerarse. Sabía que tenía que moverme, ponerle un fin ahora, antes de que esto fuese demasiado lejos, pero, de alguna forma, simplemente no podía forzar mis pensamientos en acciones. Parte de mí (la mayor parte) estaba hambrienta.
—Eso no fue lo que pedí —dijo.
—No —dudé—. Y no, no lo hice. Es solo que había algo entre nosotros, algo que quería explorar. Se negó, simplemente porque soy una loba.
—No pareces del tipo que se rinde.
—No lo soy —Yo sí había tratado. Lo había escuchado. Incluso nos habíamos reunido para cenar unas cuantas veces. Pero Quinn había dejado muy claro que no quería nada más de lo que ya tenía. Al final, me alejé. Como Rhoan notó, que era Quinn el perdedor, no yo.
—¿Así que por qué te rendiste?
—Porque estoy muy lejos de estar desesperada, y él no es un lobo.
—¿Y eventualmente quieres hijos?
Asentí.
—Como traté de decirle a él, no buscaba nada profundo ni eterno. Solo quería explorar.
—Sabes, he encontrado que los celos trabajan muchísimo mejor que tratando de hacer entrar en razón a gente como esa. Haz gala de tus conquistas debajo de sus narices y mira su pulso volar hacia arriba.
Sus dientes mordieron mi hombro, pellizcando a la ligera. Mi pulso se aceleró.
—Es difícil ponerlo celoso cuando él ni siquiera vive en el mismo estado.
—Entonces olvídalo. Él es obviamente un hombre que no reconoce un verdadero premio cuando lo encuentra.
La diversión me recorrió.
—¿Y tú eres?
—Amor, cuando yo encuentro un premio que vale la pena tener, me agarro fuertemente a él y lo monto hasta que es mío.
Como si quisiera demostrarlo, deslizó una mano bajo mi pierna, su agarre dejándome moretones. Apenas tuve tiempo para registrarlo cuando su agarre cambió y su pulgar empezó a acariciar mi muslo interno, mandando pequeños escalofríos de deseo escabulléndose por mi cuerpo.
—¿Esto viene de un hombre que me advirtió, muy suavemente, que no esperara nada más serio que un buen momento?
—Si fueses un cambiante, te metería en un bolso hasta que te ganase y no tendrías ninguna esperanza de dejar mi rebaño —Su toque y su voz no me dejaron ninguna duda de su sinceridad y súbitamente me sentí mucho mejor sobre mí misma. Después de la traición de Talon, la probable participación de Misha con la gente que estaba detrás de mis secuestros y Quinn prácticamente botándome, había empezado a preguntarme si tenía una señal en mi espalda diciendo: “Pisotéenme, me encanta” —. Por supuesto, no eres una yegua, así que solo voy a tener que calmarme para un poco de diversión.
La diversión burbujeó por mí.
—¿Así que las planeadas lecciones de montar siguen en pie?
—Tan pronto como sea posible.
Lo que sería muy pronto si no me organizaba y me movía. No es que lo hiciera. Su toque finalmente se había movido más arriba de mi pierna y simplemente se sentía demasiado bien para terminarlo tan pronto.
—Así que, ¿Cuántos proles tienes en tu rebaño?
—Ninguno. El gobierno nos mete el mismo chip hormonal a nosotros los sementales como a ustedes, los lobos —Dudó—. Claro que, mi chip fue removido en ese lugar, lo que significa que ahora mismo soy más que fértil.
—Entonces está bien, es extremadamente raro que pase entre especies reproduciendo.
Por supuesto que sí pasaba, vivía como prueba de ello, así como yo no podía quedar embarazada sin ayuda médica. En efecto, no podría quedar embarazada nunca si mis últimas pruebas resultaban ser como los de Rhoan.
Alzó una ceja.
—¿Entonces tú tampoco tienes chip?
—No —Había sido removido hace un año por Talon y nunca se molestó en reponerlo. No podía realmente ver el punto de ello, cuando la mayoría de los doctores me consideraban a mí, la versión hombre lobo, una mula y se sentía como si nunca fuese a quedar embarazada—. Pero no importa. Tengo problemas médicos que impiden la concepción.
—¿Así que podemos jugar sin preocuparnos por las consecuencias?
Se estaba poniendo extremadamente difícil concentrarme en lo que estaba diciendo cuando sus hábiles dedos estaban haciendo toda clase de cosas maravillosas.
—Ciertamente… hhh!
Se rió y puso sus grandes y calientes manos a ambos lados de mi trasero y golpeando ligeramente separó mis piernas.
—Cariño, todavía no has sentido nada.
Se metió en mí, deslizándose profunda y fuertemente, y yo gemí en placer. Se calmó y yo cerré mis ojos, disfrutando la conexión de carne, el pulso de calor muy dentro. Sabía, como él también, que esto no era enteramente sabio. Que era peligroso dejarse llevar por el placer cuando estábamos muy lejos de casa y todavía más lejos de estar a salvo. Pero el peligro era algo así como el afrodisiaco para el lobo y yo era una loba que no recordaba haber sentido ninguna clase de placer por una semana. Necesitaba esto tanto como un vampiro hubiese necesitado sangre.
Comenzó a moverse, largo y profundo, cualquier renuencia persistente disuelta en un placer intenso.
El rico y bajo dolor creció, volviéndose un caleidoscopio de sensaciones que bañaban cada esquina de mi mente, la intensidad de ello creciendo afiladamente al mismo tiempo que el ritmo de Kade aumentaba. Demasiado pronto, los estremecimientos se volvieron placer atravesando mi cuerpo, mi mente. Jadeé, agarrando la banca como apoyo, mis gritos de placer uniéndose a los de Kade mientras su propio orgasmo llegaba.
Cuando los temblores finalmente se calmaron, se rió suavemente y recostó su frente en mi espalda.
—Creo que los dos necesitábamos eso.
Sonreí.
—Creo que sí.
Me dio un beso en el hombro para luego envolver con sus brazos mi cintura y jalar mi cuerpo contra el suyo.
—La próxima vez prometo tardarme más.
Abrí mi boca para protestar, pero en ese momento, lo oí.
El lejano roce de uñas contra el concreto.
Ya no estábamos solos.

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Jue Sep 02, 2010 9:46 pm

graciassss

:205:

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Jue Sep 02, 2010 9:50 pm

jajajaja....

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Jue Sep 02, 2010 9:52 pm

:P jajaj si que me tarde corrigiendolo jajajja

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Jue Sep 02, 2010 9:56 pm

imagino...con lo que dice..... :217:

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Jue Sep 02, 2010 9:56 pm

jijijijijj
pobre de media naniis jejjeje

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Jue Sep 02, 2010 10:03 pm

y que dejas para ti..tu eres una peque también...

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Jue Sep 02, 2010 10:06 pm

jajaja
yo leia desde hace ufss
soy de mente abierta

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Vie Sep 03, 2010 7:32 am

Hola, hola, me pasaba por aqui y mi intencion es alcanzarmelas ji ji ji.

Y para Gemma ...


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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Vie Sep 03, 2010 4:40 pm

¡Gracias!! rangosss!!! pufff todavía me tengo que poner al día con el anterior :manga33:
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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Vie Sep 03, 2010 4:42 pm

Nena, pásate por el tema de las cotorras porque ya empezó la fiesta.

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