Black and Blood


 
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 Kissing Sin (Keri Arthur)

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rihano

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Dom Sep 26, 2010 3:39 am

vaya que bien!!! :Manga30: dentro de poco entonces lo tendremos para descarga... y una pregunta cuando empezamos el tercero??? :?: jajajajaja todavia nos queda el segundo de raven hart y yo pensando en el tercero de keri arthur... :manga33:

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Dom Sep 26, 2010 4:35 am

creo qeu se avanzara con el tercero de keri arthur pk si se compra el segundo de raven hart en español se podria transcribir

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Lun Sep 27, 2010 5:46 am

aaah!! bueno... :manga33:

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Lun Sep 27, 2010 1:16 pm

sip, esta semana pensaba preparar el tercero XD ya os mando un mp a las traductoras en cuanto cuente los caps y prepare el tema :Manga30:

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Mar Sep 28, 2010 4:37 pm

CAPÍTULO 5 (PARTE 1)


Traducido por: Rossmary
Corregido por Stef


El recuerdo se agolpó en mi memoria haciendo que me tambaleara como un mar en agonía, eran como un millón de imágenes fracturadas, como si estuviese en una película violenta, vista a través de un proyector roto. El coche me había golpeado por detrás, impidiendo que evitara chocar contra el árbol. La sangre caliente empapaba mi cara y brazos, y entonces el dolor, la oscuridad y la sensación de flotar. Nada más flotando, por lo que pareció una eternidad.
Los sonidos se deslizaban en una mezcla confusa. Un pitido constante. El chasquido de tacones contra el suelo. La bofetada centellante contra mi rostro, y el sentido de la violación.
Por último, los olores. Antiséptico. Sexo. Bosque de pino y azahar. Las tres últimas fueron una extraña combinación que había olido antes.
—¡Riley!
La voz era distante. Exigente. Haciendo eco en la agonía de mi mente bloqueada, cortando como un terrier. Pero el dolor se arremolinaba persistente, y no podía predecir de dónde provenía la voz. No podía llegar a él.
—¡Riley!
En esta ocasión era más nítida, más urgente. La nube de agonía se disipó. De repente, Quinn estaba en mi mente, de pie entre el dolor y yo, tendiéndome una mano fantasmal que estreché, se sentía tan real, tan sólida y oh! tan cálida.
De esta manera, dijo, y me llevó de nuevo a la luz. Cundo recuperé la conciencia, quede sin aliento.
—¡Estas bien! —La voz de Rhoan era suave y relajante. Sus brazos estaban envueltos alrededor mío, estaba meciéndome como lo haría un padre con un niño—. Estás bien.
El aire que se arremolinaba a nuestro alrededor se sentía fresco contra mi febril piel y el aire que aspiraba fuertemente en mis pulmones estaba lleno del aroma del eucalipto y la noche. Estábamos fuera de nuevo.
Abrí los ojos. La mirada de Quinn se encontró con la mía, profunda y oscura, tan inexpresiva como su cara.
—La puerta no estaba abierta —le dije.
—No —admitió él en voz baja.
—¿Puerta? —Rhoan dijo—. ¿Qué puerta?
Intercambié miradas entre Quinn y mi hermano.
—Nada. No importa.
Pero claro que si importaba, porque Quinn había violado mi escudo y había entrado a mi mente después de haberme dicho, no mucho tiempo atrás, que no podía hacerlo.
Rhoan posó su mano en mi mejilla.
—¿Recordaste algo importante?
—Sólo un olor. Un hombre, alguien que ya había visto antes.
Levantó una ceja.
—¿Nada más?
Negué con la cabeza y suspiré.
—Ya es suficiente. Vamos a llevarte a casa por esta noche.
Estaba lista para ir. Lista para dormir y olvidar, aunque sólo fuera por unas horas.
—¿Es seguro ir a casa ahora?
Hizo una mueca.
—En realidad no. Los tres nos dirigiremos a una casa de seguridad por el momento. Cuando Jack y Kade terminen de reparar el desorden aquí, se nos unirán.
—¿Por qué en lugar de Kade no se queda Quinn? —pregunté sorprendida.
—Es debido a Kade ha permanecido más de dos meses en este lugar, y lo conoce mejor que cualquiera de nosotros.
Su razonamiento hizo que sonará perfectamente lógico, pero no me lo estaba creyendo así. Jack tenía planes para Kade, eso era algo obvio.
—Entonces, ¿dónde está la esta casa segura de la Dirección? Espero que tenga un buen baño, lo bastante grande para que un hombre lobo pueda tomar un largo baño y poder descansar.
Él sonrió.
—Es una suite en el ático de un hotel a orillas de la playa de Brighton. Creo que es seguro suponer que haya un baño de tamaño decente.
Una sonrisa afloro en mis labios.
—Bueno, supongo que si vamos a estar encerrados, también podríamos hacerlo con estilo.
—Exactamente. ¿Puedes mantenerte en pie?
Asentí. Me ayudó a ponerme de pie. Me tambalee un poco, y me sostuvo unos segundos.
—Estoy bien —le dije, cuando pude sostenerme.
Me soltó.
—Voy a ir a ver a Jack, luego si estas lista, podremos salir.
Asentí con la cabeza y me recosté contra la pared de hormigón. El frío se deslizó a través de mi suéter, se sentía tan bien contra mi sobrecalentada piel.
Una vez que se había marchado, miré a Quinn.
—Me debes algunas explicaciones.
Se encogió de hombros.
—No hay nada siniestro en lo que pasó. Estabas sufriendo mucho, y tus escudos psíquicos estaban bajos. Simplemente pasé junto a ellos.
—La vez que me dispararon con una bala de plata, me dijiste que no podías leer más que los pensamientos superficialmente. Esta vez fue más que eso.
Me observó por un instante, sus oscuros ojos brillaban peligrosamente en la noche.
—¿Qué querías que hiciera? ¿Apartarme y verte sufrir innecesariamente?
—Me mentiste, una vez más.
—Sólo un poco.
Me crucé de brazos.
—Tengo la sensación de que tu versión de los hechos y la mía son dos cosas completamente diferentes.
—Solamente cuando sientes tanto dolor, soy capaz de entrar sin ser invitado, debido a que tus escudos se reducen lo suficiente como para permitirme entrar. En muchos aspectos, tu mente es casi tan intocable como la de tu hermano.
No creía lo que me decía.
—Por lo que me estás diciendo, ¿quieres decir que solo cuando estoy enferma o herida, es que puedes atravesar mis pensamientos?
Dudó por un momento.
—Sí.
—Mentiroso. ¿Cuándo más?
Desvió la mirada hacia otro lado.
—En los momentos de pasión. Si lo decido, también puedo entrar.
Sentía la ira crecer a través de mí.
—¿Y lo has hecho?
—No.
Solo tenía su palabra, y en estos momentos, no estaba estimulada a confiar en su palabra.
—Bueno, gracias por sacarme de ese lío de recuerdos, pero si alguna vez te llegas a entrometer en mi mente sin invitación de nuevo, Yo… —Me detuve. ¿Qué podría amenazar a un vampiro? ¿Especialmente uno tan antiguo como Quinn?
—Bien. —Su voz era plana. Fría—. La próxima vez, te dejaré que encuentres tu propio camino.
—Bien.
Se hizo el silencio entre nosotros. Un silencio tenso y asfixiante. No me encontraba del todo contenta con la conversación ni con el clima reinante. Lo cual me proporciono una muy buena excusa para ignorar mis ya revueltas hormonas y mantenerlas relajadas por un tiempo.
Sin embargo, me quede mirando el cielo nocturno lleno de nubes, el deseo me quemaba como el infierno, solo rogaba porque mi hermano se apresurará a regresar. Naturalmente, no lo hizo, y el silencio me picaba en la piel hasta que me sentí a punto de gritar de frustración.
Cuando por fin regreso, me tomo del brazo y empezó a guiarme lejos del edificio.
—Vamos, en marcha. Te ves fantástica.
—Eso es porque lo soy. —Abrí la boca en un bostezo enorme y pregunte—: ¿Cómo nos moveremos hasta ese lugar?
—Hay un helicóptero de la Dirección que nos está esperando. Ya está siendo preparado en esto momentos.
—Buenas noticias, la verdad es que necesito dormir.
—Podrás hacerlo una vez que lleguemos al avión.
Algo que ciertamente hice. Y cuando llegamos al hotel, dormí un poco más. Aunque no solo dormí, sino que también, soñé. Y mientras que este sueño era de alguna forma nuevo, también era similar a muchos que tenía desde el momento en que Quinn se había alejado de mí en la guarida de Talon.
Bueno, creo que no eran más que sueños, aunque se sentían muy, muy reales.
Estaba en una ducha. El agua salpicaba contra mi piel, los chorros afilados se sentían relajantes y, algo estimulante. ¿O era el calor de otro cuerpo tan cerca del mío, el olor del sándalo y el hombre, que estaba allí?
Con las manos en los hombros, me dio la vuelta, para luego bajar sus labios a los míos, unos labios cálidos y familiares, y oh!!! Tan maravilloso. Nos besamos, largo y duro, con el agua tamborileando sobre nuestra piel, rozando nuestros cuerpos, cosquilleando y riéndonos.
Luego me volvió, rozando mi espalda contra el calor de su duro deseo, su erección empujando en mi trasero cuando se inclinó para enjabonar y lavar mis pechos y vientre. El aroma de la lavanda se dispersó en el aire, llenando cada respiración, parecía tan real, tan real como las manos que me estaban lavando con tanto amor.
Y se sentía tan bien.
Pero estar atrapado entre el calor de su cuerpo, el rumor del agua, y las caricias de sus manos se estaba convirtiendo en una tortura, a punto de convertir en vapor, el agua.
Cuando ya no pude sopórtalo por más, tome el jabón de sus manos y me voltee. Su hermoso cuerpo brillaba como mármol esculpido, era pálido oro en la penumbra del cuarto de baño, el agua acariciando con reverencia cada músculo, cada curva. Seguí el ejemplo del agua, enjabonando cada maravilloso centímetro, hasta que temblaba tanto como yo.
Me quito el jabón de las manos y lo coloco en el soporte, entrelazando sus manos en las mías, elevándolas por encima de mi cabeza mientras me apretaba la espalda contra las baldosas húmedas y frías. Su calor corría a mi alrededor, a través de mí, me quemaba la piel contrastando con la frialdad que se derramaba del mármol.
Nos miramos fijamente, sus ojos era minas profundas de obsidiana, brillando con lujuria y determinación.
—Eres mía, Riley —dijo en voz baja, golpeando suavemente con la rodilla en un intento de abrir mis piernas—. Tengo toda la intención de amarte por completo en todos los sentidos posibles, y que no tengas deseos de acudir a nadie más que yo.
—Eso nunca va a suceder.
Mi respuesta fue un susurro débil mientras se deslizaba dentro de mí, llenándome, fundiéndose conmigo. Su gemido de placer, fue un sonido que hizo eco. Luego comenzó a moverse, y no había nada suave al respecto. Su cuerpo y sus movimientos eran urgentes, feroces y tan maravillosos. El dolor creció, convirtiéndose en un caleidoscopio de sensaciones que inundó todos los rincones de mi mente. Entonces, un estremecimiento se apoderó de mí y contuve el aliento, agarrándome a sus hombros, trepando por su cuerpo para envolver mis piernas alrededor de su cintura, empujándolo aún más profundo. El placer estalló entre nosotros y mi orgasmo estalló, estremeciendo mi alma.
Me desperté, todavía temblando a raíz del orgasmo, con el nombre de Quinn muriendo, aun en mis labios. Durante varios segundos, simplemente me quede allí, mirando casi a ciegas hacia el techo.
Dios, se había sentido tan real. En mi piel todavía podía sentir un hormigueo recorriéndome, la sensación del agua, y el aroma de la lavanda aun parecía flotar en el aire. Por no mencionar el hecho de que me sentí realmente bien y saciada.
¿Dónde diablos habían estado estos sueños, durante los pocos y breves periodos secos de mi vida amorosa?
Me estiré como una gata satisfecha, y luego miré el reloj de la mesilla de noche. Era cerca del mediodía. Había dormido casi seis horas, cosa más que sorprendente. Me sentía como si hubiera dormido veinte.
Me apoyé sobre los codos. En realidad no podía recordar cómo había llegado a la cama la noche anterior, pero dada la estela de ropa que había desde la puerta, era obvio que me había despojado de ella camino a la cama.
La habitación era enorme. Justo enfrente había una pared curva de vidrio. La luz del sol inundaba el lugar, dando a las paredes de color arena una riqueza adicional. La alfombra era gruesa y de color azul mar, al igual que los dos bien mullidos sofás. A la izquierda había una puerta que daba a una zona de azulejos, y lo que parecía ser la más grande ducha que jamás se ha hecho, aunque no era la ducha de mi sueño. Pero éste había sido, obviamente, diseñado con una fiesta en la mente, y yo estaba definitivamente a su favor.
Por supuesto, mis hormonas estaban intentando ver a Quinn como un amigo, pero, ¿era un amigo? Esa era la pregunta del millón de dólares.
El sentido común me decía que debía quedarme con Kade, pero después de este maravilloso sueño, mis hormonas estaban todas queriendo catar un poco más del húmedo amor del vampiro.
Lo que probablemente quería decir que no lo haría. Era sin duda lo más sano, aunque menos divertido, no era una opción en estos momentos.
Retiré el cobertor y me dirigí hacia el cuarto de baño de gran tamaño, para disfrutar de la lujosa cabina de ducha solo para mí y pasar un buen rato, mucho más de lo necesario, simplemente me quede allí, de pie bajo el agua, dejando que los chorros masajeasen mi piel y mi caliente cuerpo. Cuando el agua comenzó a enfriarse, finalmente salí de la ducha. Una vez que me sequé, fui a buscar algo de ropa. Descubrí varios vestidos y faldas colgadas en el armario. Rhoan había ido de compras, obviamente, porque todo era nuevo, incluso los zapatos. Fruncí el ceño, esperando que no hubiera gastado toda la cuenta de nuestros ahorros. Rhoan y las compras siempre eran una combinación peligrosa, y si había gastado mucho tendríamos serios problemas para el pago del alquiler una vez más.
Al ver que el día era tan cálido, opté por un vestido suelto de algodón blanco que tenía unas correas sujetas a la espalda, bastante bajas, un dobladillo que giraba casi indecente alrededor de mis muslos. Tras calzar mis pies en un par de lindas sandalias rojas y blancas con un tacón de aguja de madera, que sin dudas ya había usado antes en el pasado y que me habían salvado anteriormente de situaciones que habían requerido algo más persuasivo que un puño, pero menos mortal que los dientes de un hombre lobo, me dirigí a la cocina en busca de Quinn y mi hermano.
Encontré a Quinn sentado en la sala, leyendo el periódico. Su mirada fue una caricia que se deslizó por mi cuerpo, de una forma que me molesto al instante por lo caliente de esta. ¿Dios, de qué estaba hecho este vampiro que podrían llegar a mí tan fácilmente? Bueno, era hermoso, rico, y cualquier mujer con dos dedos de frente tomaría lo que daba en un instante, pero había algo más entre nosotros. Algo más profundo.
Su mirada se deslizó hasta mi pelo.
—Lo has cortado.
Asentí con la cabeza, sorprendida de que no lo hubiera visto antes.
—Sí, un poco, el verano está próximo, y así es más fácil de manejar.
—Te queda bien.
—Gracias. —Entré en la cocina, el delicioso olor a café se esparcía por toda la cocina antes de que lo hubiera encontrado—. ¿Quieres un café?
—Sí, gracias.
Serví dos tazas del humeante café, luego me dirigí hacia donde se encontraba, entregándole una de ellas antes de sentarme en la ventana. Me encontraba a diez pisos del nivel de la tierra, mi estómago se revolvió con inquietud, pero puse mucho cuidado de no acercarme demasiado al borde. Si no podía ver hacia abajo, estaría bien. Port Phillip Bay se extendía ante mí, lleno de borreguitos que deambulaban hacia la orilla. Sin embargo, dada la forma en que los árboles se giraban, las suaves olas no eran indicio de la fuerza del viento. Vi una sombrilla rodar por la arena amarilla, luego me volví y le pregunté:
—¿Dónde está Rhoan?
—Tenía que ir a la Dirección para conseguir algunos archivos para Jack.
—Entonces, ¿Jack y Kade no han regresado todavía?
—No.

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Mar Sep 28, 2010 4:51 pm

CAPÍTULO 5 (PARTE 2)

Traducido por Tibari
Corregido por Stef

Me pregunté si eso era una buena o una mala señal. Me pregunté si habían descubierto algo útil en aquel lugar. De algún modo, lo dudaba. Toda esta operación entera sólo parecía una carrera contrarreloj por controlar las pistas y no dejarlas al azar.
—¿Alguna idea de cuánto vamos a permanecer encerrados aquí?
Sacudió la cabeza y dobló el periódico con una sola mano.
—No. Podría pasar un buen rato.
Su voz era tan cortés como la mía, pero su mirada recorría todo mi cuerpo y su hambre revoloteaba en el aire.
Un hambre que era tanto sexual como por la necesidad de sangre.
—¿Has comido últimamente? —le pregunté con brusquedad.
Vaciló.
—No.
—¿Por qué?
Levantó una ceja.
—¿Qué te importa?
—Es importante porque puedo sentir tu necesidad de comer.
Se encogió de hombros.
—Hay sangre sintética en el frigorífico. Estaré bien un rato.
—A la larga, no podrás sobrevivir a base de sangre sintética.
—No, cuando llegue el momento iré a seducir a alguien.
Ah, sí. Se me había olvidado que él solo toma sangre mientras hacía el amor.
—No lo dejes para el último momento.
Me estudió durante un segundo, y luego, con voz neutra, dijo:
—He vivido como vampiro más años de los que puedo recordar. No necesito a un bonito cachorro que me diga lo que tengo que hacer.
—Este cachorro sólo estaba mostrando un poco de preocupación. —Me di la vuelta—. Debería haberlo sabido.
Se quedó en silencio un rato, pero su mirada fija quemaba en mi espalda, y sentí un hormigueo en mi piel.
—¿Puedo preguntarte algo?
—¿Qué? —Utilicé una voz tan plana como la suya.
—¿Estás utilizando bragas bajo ese vestido?
Casi me atraganté con el café. De todas las cosas que esperaba preguntara, esta no era una de ellas.
—Eso es cosa mía.
—Bueno, solo tenía curiosidad. Y en caso de que me lo preguntes, ese vestido es prácticamente transparente cuando le da la luz del sol.
Me aguanté una sonrisa y me acerqué al sofá.
—Lo siento si la vista te molesta.
Me mostró su cara de vampiro, pero en el fondo reinó la frustración. Podía sentirla, aunque no podía verla.
—¿Por qué le buscas el sentido malo a todo lo que digo?
—Quizás tiene que ver con que estoy un poco enfadada contigo. —Cogí el periódico mientras me sentaba.
—Cuando dejes de estar molesta, ¿escucharás lo que tengo que decir?
—No lo sé. —Desdoblé el papel—. Tal vez.
—¿Y cuándo podría ser?
Me encogí de hombros.
—Veamos… Me pasé un mes intentando hablar contigo y tú me ignoraste. Así que creo que un mes de compensación sería lo justo.
—Y yo que pensaba que estabas por encima de las putadas.
—En caso de que te hayas olvidado, nací puta.
Mi mirada se dirigió a la primera página y casi me dio un infarto cuando vi la fecha.
—¿Es viernes? —pregunté, mirando entonces. Eran casi las dos y media.
—Sí. —Frunció el ceño—. ¿Por qué?
—¿Dormí un día entero? —Le miré fijamente con incredulidad.
Una sonrisa asomó por el rabillo de sus oscuros ojos.
—Sí, lo hiciste.
—Mierda. —Me pasé una mano por el pelo—. Tengo una cita con el médico a las cuatro.
Él frunció el ceño.
—Rhoan nunca lo mencionó.
—Él no lo sabía. Concerté la cita el día del accidente. —Me puse de pie.
—Me pregunto si habrá recuperado mi bolso y mi cartera del coche.
—No puedes ir a esa cita —dijo, llevándome al dormitorio.
—Intenta impedírmelo, y te arrepentirás.
Se cruzó de brazos y se apoyó en el quicio de la puerta. Aunque estaba concentrada en encontrar mi bolso, era consciente de su presencia. De la estrechez de las mangas de su camisa de jade en sus antebrazos. De la forma en que sus pantalones caqui definían su cadera e ingle.
—¿Qué es tan importante que no puede esperar a que sea seguro salir?
—No es asunto tuyo. —Encontré mi cartera, pero no el bolso. No es que importara. Todo lo que necesitaba eran mi tarjeta de crédito y las del seguro.
Caminé hacia la puerta, pero Quinn no se movió.
—Apártate de mi camino.
—No puedes salir sola, por lo menos déjame ir contigo.
No quería a Quinn a mi lado. No quería a nadie. No cuando esto podría ser la peor noticia de la que habría oído.
—Voy a ir sola…
—No —Su voz era fría. Decidida—. Nada de sola. Te escolto o te quedas aquí.
—La escolta, no entra.
Él asintió y se echó a un lado. Me dirigí al salón y escribí una nota para Rhoan.
—¿A qué hora volverá?
—No estaba seguro. Podría llegar tarde. —Unas llaves repiqueteaban detrás de mí—. Nos dejó un Merc en caso de que lo necesitáramos.
Cuando la Dirección enviaba al personal al amparo seguro, no lo hacía a medias.
—Muy bien. Entonces, vámonos.
Tomamos el ascensor hasta el sótano y caminamos por el aparcamiento del subsuelo. Quinn se hizo el caballero y me abrió la puerta, permitiendo que entrara en el coche antes de que él se encaminara hacia el asiento del conductor.
Durante por lo menos diez minutos, no dijo nada. Miré por la ventanilla, pensando en el futuro, y esperando que en realidad hubiera algo que mereciera la pena esperar.
—¿Para qué es la cita? —preguntó al fin.
—Como dije, es algo que no te incumbe.
—¿Estás enferma?
Resoplé suavemente. Una parte de mí deseaba que estuviera enferma. Probablemente sería mejor que ser estéril.
—No.
—Entonces, ¿por qué un especialista?
La modestia se apoderó de mí, y le eché un vistazo.
—No tienes ningún derecho a hacerme esas preguntas.
—¿Tampoco tengo derecho a preocuparme? —Se mordió el labio—. Eres tonta si crees que no lo hago.
No era tonta. Su preocupación siempre había estado en su roce, y ocasionalmente, en sus ojos, incluso cuando sus palabras hubieran negado la posibilidad. Pero no podía permitirme el lujo de pensar en ello, porque ahora no podía permitirme el lujo de ser exclusivamente de un vampiro. Y él quería la exclusividad, aunque en realidad el tema no hubiera salido ni lo hubiera dicho.
—Quinn, no estoy para enfrentarme a lo que deseas. —No cuando ya lo había intentado. No cuando tenía problemas mayores.
No dijo nada, y continuamos en silencio. Me pidió la dirección una vez que llegamos a la ciudad, y nos encaminamos a un rascacielos de Collins Street. Sin hacer caso de la señal de “prohibido aparcar”, aparcó y después salió y rodeó el coche para abrirme la puerta.
No hice caso de su oferta de ayuda y alcé la vista hacia los treinta pisos por encima de mí. El doctor Harvey estaba en el veinte, lo que era demasiado para mi miedo a las alturas. Y aunque, técnicamente, el miedo no debería aparecer cuando estaba en un edificio rodeado de paredes, no pareció importarle una mierda a mi estómago. La última vez, casi vomité cada vez que miraba por las ventanas del consultorio del doctor. Y el viaje de vuelta al nivel del suelo me había dejado temblando y sudando. No es una experiencia que estuviera deseando volver a vivir.
—¿Estás segura de que estás bien?
—Por supuesto. No estoy enferma, como ya dije.
—Supongo que no —contestó él brevemente—. Incluso aunque te has puesto tan pálida como un muerto.
—Mi médico está en el piso veinte. —Y él conocía mi ridículo miedo por los edificios altos y sus horribles ascensores.
—¿Quieres que te acompañe en el ascensor? Podría ser más fácil para ti si vas acompañada.
Negué con la cabeza e ignoré la preocupación de su voz.
—No tengo ni idea de cuánto tiempo me va a llevar.
—Estaré esperando en el vestíbulo de entrada.
—Bien. —Agarré firmemente mi cartera, pasé por delante de él y entré en el edificio. No llegué muy lejos.
—¿Riley?
Me quedé helada al reconocer los ricos tonos, sabiendo quién era incluso antes de girarme.
Misha.
Mi ex-compañero, y la última persona en el mundo que quería ver en este momento.
Se levantó de la silla y caminó hacia mí, una figura alta y delgada que llamaba la atención tanto por la gracia de sus movimientos como por el corte de sus trajes caros. La luz del sol que entraba por la ventana transformó su cabello plateado en un rico oro bruñido, pero nada podría calentar su fría mirada calculadora.
—Misha —dije, contenta de oír que mi voz se mantenía normal—. ¿Qué haces aquí?
—Esperándote. —Se detuvo a un par de metros de distancia. Su olor familiar, almizclado, revoloteó a mí alrededor, revolviendo los recuerdos de todos los buenos momentos que pasamos juntos. Recuerdos que podrían ser mentira, como todo lo demás a partir de aquel momento de mi vida.
Levanté una ceja.
—¿Y cómo sabías que estaría aquí esta tarde?
—Fácil. No hay muchos médicos especializados en problemas de fertilidad en no-humanos. Simplemente busqué por ordenador y solo encontré media docena registrados en Melbourne. Después registré sus archivos hasta que te encontré.
Si Misha sabía de mis problemas de fertilidad, entonces estaba más involucrado en todo lo que estaba pasando de lo que yo esperaba.
—¿Y por qué harías eso?
—Porque tenía que hablar contigo, y dudo que hubieras venido a mí de buena gana.
No era del todo cierto. No iría de buen grado con él, pero seguramente le jodería de buen grado después de que él hubiera hecho el primer acercamiento. Él —o mejor dicho, la información que él me podía dar— era mi camino de vuelta a una vida normal.
—Tú y yo no tenemos nada de qué hablar.
Su sonrisa era cálida, sin embargo, hizo poco por calentar su mirada calculadora.
—Ah, creo que ya lo estamos haciendo.
Miré sobre él al reloj colgado en la pared.
—Tengo una cita en diez minutos. Dispones de tres para decirme lo que sea que has venido a decir.
Levantó una ceja con una expresión burlona.
—Entonces, iré directo al grano. Sé que Talon te estaba administrando ARC1-23. Sé por qué. Y también conozco los resultados.
Levanté una ceja.
—Y yo que te creí cuando me dijiste que no tenías nada que ver con Moneisha o Genoveve.
—Y no te mentí. Pero los dos sabemos que Talon dándote la droga no tenía nada que ver con cualquiera de esos lugares. O cualquier otra cosa en la que estaba involucrado.
Jack tenía razón. Ese lobo sabía mucho más sobre lo que estaba pasando que cualquiera de nosotros.
—Había estado intentando que quedara embarazada.
—Como yo.
Parpadeé.
—¿Qué?
Se encogió de hombros.
—Talon y yo hemos estado compitiendo durante mucho tiempo. Pensé que sería interesante ver el niño que tú y yo seríamos capaces de engendrar.
Había algo más que un solo impulso competitivo detrás de su decisión. Podía verlo en sus ojos.
—Vosotros dos estáis locos.
—Tal vez. Seguramente esto fue un riesgo para mí.
Fruncí el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—Quiere decir que a Talon no se le dieron más instrucciones aparte de que te follara en un intento de saber más acerca de Jack. Y yo, sin embargo, decidí mantenerme alejado. —El humor tocó sus ojos brevemente, calentando un poco las profundidades de su frialdad—. Pensé que no vale la pena el riesgo.
Sí, claro. Y yo me lo creo.
—No estoy halagada ni lo más mínimo. ¿Y por qué iba a ser arriesgado para ti follarme o impregnarme?
—Como dije, decidí mantenerme alejado.
—Entonces, ¿quién dio esas supuestas órdenes?
Mostró otra sonrisa de tiburón y eludió la pregunta.
—¿Sabías que Talon era estéril? —Asentí con la cabeza, y la sorpresa revoloteó brevemente a través de sus ojos—. Interesante, porque Talon seguramente no.
—Talon se creía el espécimen perfecto.
Mi voz era agria, y la sonrisa de Misha caliente, convirtiéndose por primera vez en algo auténtico.
—Nunca fue capaz de ver sus defectos.
—¿Y tú?
Se encogió de hombros.
—Merece la pena conocer tus propios defectos. Así puedes trabajarlos. —Me estudió durante un minuto, la calidez de su sonrisa se desvaneció, enviándome un escalofrío que se deslizó por toda mi piel—. Tengo una propuesta para ti.
—No quiero escucharlo. —Gran mentira, pero Misha no picó el anzuelo.
—Ah, creo que querrás si vas a subir y ver al especialista.
Mi corazón se alojó en algún sitio de mi garganta, y se negó a retirarse. Durante unos segundos, no podía ni respirar.
—¿Qué quieres decir?
Él levantó una ceja pálida.
—Mi propuesta tiene beneficios para ti, para la Dirección y para mí. No estoy dispuesto a decir más ahora mismo. —Miró su reloj—. Mi tiempo se agotó oficialmente. Si quieres discutir el asunto, llámame a este número. —Me dio una tarjeta—. Es la única línea segura que me queda.
Eché un vistazo al número escrito a mano, memorizándolo rápidamente antes de romper en trocitos la tarjeta.
—No esperes mucho.
Sonrió y se alejó. Entonces se detuvo y me miró por encima del hombro.
—Deberías saber una cosa más.
Un temor se arrastró por mi interior.
—¿Qué?
—No he tenido el chip que sustituye la hormona. Ahora mismo, soy el lobo más fértil que conoces.
Con esto, se dio la vuelta y se alejó, dejándome con la boca seca y temblando. Dios, ¿qué quería decir? ¿Qué podía tener hijos? ¿Por qué si no iba a decir algo así?
Sólo había una manera de averiguarlo. Corrí a los ascensores, mi estómago tan revuelto que el ascenso al piso veinte en realidad no me dio una impresión notable.
Como de costumbre, el Dr. Harvey llevaba retraso y me dejó sentada en la sala de espera, temblando, moviéndome y sudando.
Cuando al fin me llamó la enfermera, casi corrí.
El Dr. Harvey me miró por encima de sus gafas de montura negra.
—Pareces un poco nerviosa esta tarde.
Me senté en la silla y crucé las piernas.
—Estoy preocupada. —Ninguna mentira ahí, eso seguro—. Estos resultados pueden cambiar el rumbo de mi vida.
El asintió con la cabeza en un gesto de comprensión, su mirada fija en la pantalla del ordenador que había en un extremo de su mesa. Cambié de postura, pero no acababa de ver lo que había en la pantalla.
—¿Qué prefieres primero? ¿Las buenas o las malas noticias?
Respiré hondo y solté el aire lentamente.
—Golpéeme con lo malo. —También podría saber primero lo peor.
—No hay un modo fácil de tratar esto, así que lo diré sin más. Hay indicios de que dentro de un año o así, tu cuerpo imitará completamente al de un vampiro en el hecho de que no serás fértil, ni serás capaz de engendrar un niño.
Simplemente me quedé mirando fijamente. En el fondo, creo que siempre había esperado que ocurriera algo como esto. Rhoan podría ser más vampiro maquillado de lobo, pero éramos gemelos, compartíamos al mismo padre si no la misma semilla. Sin embargo, yo siempre esperé que, debido a que las pruebas anteriores habían indicado que el gen de hombre lobo era más fuerte en mí, sería capaz de tener un niño. O por lo menos sería capaz de hacerme pruebas de fertilidad in vitro cuando todo lo demás hubiera fallado. Ahora, incluso me habían arrebatado esto, y yo no estaba segura de sí reír o llorar.
Aunque ahora mismo, ambas opciones parecían buenas.
—La buena noticia —él continuó, como si no se hubiera dado cuenta de que estaba sentada en un montón de miseria— es que el fármaco experimental que te administraron, en realidad ha alcanzado su objetivo. Como mujer joven, tu ciclo finalmente ha encajado en el engranaje, y en realidad por primera vez en tu vida estás menstruando.
Le miré fijamente durante varios y largos minutos.
—No.
Él sonrió.
—Sí. Si los resultados que obtuvimos no son erróneos, deberías haber tenido tu primer período hace seis días.
Hace seis días apenas había estado viva.
—No puedo acordarme.
Él levantó sus cejas, pero no hizo la pregunta. Sabía que yo estaba en la Dirección. Sabía algunas cosas que tenían que ser aceptadas sin discusión. Entrelazó sus manos delante de él.
—Por supuesto, dado que ya no estás tomando el medicamento, supongo que los efectos no durarán mucho tiempo. Una última explosión, quizás, antes de la infertilidad.
Parpadeé, y de repente sus palabras me golpearon. Ay dios mío. Podría tener hijos. Era fértil, aunque fuera brevemente. Siento deseos de gritar. De bailar. De atravesar corriendo el edificio gritando a los cuatro vientos la noticia.
—Por supuesto —dijo, su voz llena de una severidad que de alguna manera me mantuvo anclada—, tendremos que seguir de cerca lo que está pasando, y realizar pruebas semanales. Si quedas embarazada, podría suponer hospitalizarte, ya que no podemos predecir cómo reaccionará tu cuerpo, teniendo en cuenta los cambios que sufre.
No me importaba si tenía que estar hospitalizada los nueve meses. No si eso significaba que al final tenía un bebé. Me moví en el asiento, y tuve que reprimir el impulso de llamar a Rhoan y darle la noticia. ¡Dios, estaría en la luna!
—Y —el doctor continuó—, como tienes un margen tan pequeño para la fertilidad y tendrás que garantizar la máxima oportunidad para el embarazo, tendrás que vigilar la química de tu cuerpo y los cambios físicos, y asegurarte de que el acto sexual se produce durante las horas de mayor receptividad.
¿Y el control implica…?
—Estos días, no implica nada más tedioso que llevar un pequeño monitor bajo la piel. Vibrará suavemente para avisarte cuándo ha sido alcanzada una máxima.
Asentí, y me pregunté si estaba sonriendo como un tonto.
—Recuerda, sin embargo, que ni siquiera esa máquina puede garantizar la concepción. Puede ser que no quedes embarazada, especialmente teniendo en cuenta tu historial. Nunca hay certezas en lo que respecta a la vida, incluso en los tiempos que corren.
—Tengo una posibilidad, Doc. Eso es todo lo que quería.
Él asintió con la cabeza.
—Entonces, ¿quieres que te implantemos el monitor inmediatamente?
Abrí la boca para decir: “Sí, por supuesto”, pero las palabras se congelaron en algún lugar de mi garganta, al igual que me golpearon sus palabras anteriormente. “el fármaco experimental que te administraron, en realidad ha alcanzado su objetivo”. El mismo fármaco experimental que había modificado la estructura celular a los mestizos en el pasado. El mismo fármaco que, incluso ahora, podría estar cambiando mi cuerpo de maneras desconocidas.
Oh, mierda.
Cerré mis ojos y los froté con cansancio.
—Tengo que pensar en todo esto —dije lentamente—. Por mucha prisa que tenga por tener un hijo, hay otras consideraciones a tener en cuenta.
Él asintió con la cabeza.
—Solamente recuerda que es una pequeña ventana, y el tiempo es esencial si deseas intentar la concepción.
Como si no lo supiera. Me levanté.
—Solo necesito algo de tiempo para pensar en esto.
Me observó durante un momento, sus ojos llenos de comprensión.
—Estaré aquí por lo menos hasta las nueve y media de la noche. Llámame si tomas una decisión o quieres discutir algún detalle. Aparte de eso, vamos a programar tu próxima visita para mañana a la misma hora. ¿Veinticuatro horas serán suficientes?
¿Veinticuatro horas para decidir si debo o no correr el riesgo por un sueño que persigo desde hace tiempo? Dios, no. Pero asentí, y me fui, tan aturdida que el paseo de vuelta en el ascensor ni siquiera revolvió mi estómago, por lo general frágil.
Las puertas se abrieron, y Quinn estaba ahí de pie, con una expresión afectada cuando extendió una mano y con cuidado me agarró del codo.
—¿Estás bien?
Mi risa era inestable.
—Sí. Acabo de recibir una noticia maravillosa.
Frunció el ceño.
—Entonces, ¿por qué estás tan blanca como una sábana y temblando?
—Tengo miedo a las alturas, ¿recuerdas?
—Lo recuerdo. Pero también sé que estás mintiendo. —Vaciló, su mirada oscura fija en la mía, como si tratara de llegar a mi alma—. Hubo un tiempo en que confiabas en mí.
Todavía confiaba en él. Solo tenía que pensar las cosas, antes de decírselo a nadie. Pero no podía pensar aquí.
No podía decidir aquí. Me froté los ojos de nuevo. Quemaban, como si estuvieran llenos de lágrimas no derramadas.
—¿Puedes dejar las preguntas y solo llevarme al monte Macedón?
Las puertas del ascensor intentaron cerrarse, pero Quinn se lo impidió con una mano y dijo:
—¿Por qué?
—Porque tengo que tomar una decisión, y pienso mejor cuando estoy corriendo entre los árboles. —Y el monte Macedón era el menos desarrollado de los grandes parques que rodeaban la Melbourne metropolitana.
Me miró un minuto más, y entonces apretó más mi codo y me llevó fuera del edificio.
La fuerza del sol se desvanecía en el crepúsculo, y el viento llevaba el frío de la tormenta pronosticada para esta noche. Alcé los ojos, observando la carrera de las nubes por el cielo rosa. El lobo dentro de mí esperaba que lloviera porque no había nada más refrescante, más aislante ni más primordial que una carrera bajo los truenos de una tormenta y la lluvia azotando los árboles.
Subimos al coche y nos dirigimos hacia el monte Macedón. Quinn no dijo nada, y se lo agradecí. Mis pensamientos eran un desastre, yendo por cincuenta caminos diferentes, no tenía esperanza de hacer frente a cualquier tipo de conversación.
La lluvia comenzó a salpicar a través del parabrisas cuando entramos en el municipio del monte Macedón. Quinn me miró, con una ceja levantada preguntando.
—Sigue —dije—. No me importa si llueve. Además, soy un lobo. No sentimos el frío.
—Los hombres lobo no, pero tú sí.
Tenía buena memoria. Sólo lo mencioné una vez, de pasada.
—Tal vez. Pero ahora mismo tengo que correr más de lo que necesito para entrar en calor.
Él asintió con la cabeza, y continuamos el viaje por la montaña. Entramos en el parque, y se detuvo en la linde de los árboles. Había tal vez otra docena de coches aquí, y la mayoría de ellos estaban aparcados cerca del restaurante Old Tea Rooms. Salí. El viento rasgó mi vestido y mi pelo, tocando mi piel con los recordatorios del frío del invierno que acababa de pasar. Me estremecí y miré a través del techo del coche a Quinn.
—Esto podría llevar un tiempo.
—Ten cuidado —fue todo lo que dijo.
Asentí, luego me quité la ropa, colocándola en el coche antes de llamar a la bestia. En forma de lobo, me dirigí a los árboles, y simplemente seguí corriendo entre la maleza de helechos. En realidad no estaba pensando, solo dejaba que la noche, el frío y la tormenta recorrieran mi cuerpo. Dejaba que la electricidad que bailaba en los cielos atronadores despejara las telarañas y la confusión de mi mente.
Corrí durante horas. Corrí hasta que mis piernas comenzaron a temblar por el cansancio y mi lengua, que colgaba ahora de mi boca, juraría que estaba a punto de arrastrarse por el suelo. Corrí hasta que la tormenta había pasado rápidamente, y el olor a limpio de la tierra mojada se mezclaba con el eucalipto en el aire de la noche. Incluso entonces, no me dirigí inmediatamente hacia el coche, sino que más bien cambié a mi forma humana y me dirigí a la enorme cruz conmemorativa que era el centro del parque.
Sentada en los escalones, de espaldas a la cruz, abracé mis rodillas cerca de mi pecho, tratando de mantenerme caliente mientras observaba fijamente las luces que se extendían como una alfombra centelleante lejos en la distancia.
En pocos minutos, sentí el cálido aroma de sándalo mezclado con el fresco aroma de la noche. Me entregó mi ropa sin ningún comentario. Una vez me la puse, colocó una chaqueta de cuero sobre mis hombros y se sentó en el escalón junto a mí, una sombra cuyo calor podía sentir a pesar de que no nos tocábamos.
—He reservado una mesa en el restaurante, si quieres algo de comer —dijo, después de un momento.
—Sí. —Metí los brazos en la chaqueta con la cremallera cerrada rápidamente. Olía a cuero y a hombre, y me revolví de cien modos diferentes. Lo que daba miedo, porque realmente no podía permitirme el lujo de enamorarme de este vampiro más de lo que ya estaba.
—¿Y te has enamorado de mí, Riley Jensen?
Le miré con dureza.
—Hace dos días dijiste que sólo podías leer mis pensamientos cuando tenía dolor o durante la pasión. Entonces, ¿cómo es que los lees ahora?
Su mirada, se encontró con la mía, era plana y sin concesiones.
—Recuerda que hemos compartido la sangre. Te advertí que me hace más sensible a los pensamientos indefensos.
Aparté la vista.
—Entonces, debo acordarme de proteger mis pensamientos en todo momento.
—Quizás deberías, si no quieres que los lea.
—Podrías ser un caballero, y no meterte.
—Podría. Pero dado el hecho de que hasta ahora nuestras conversaciones han conseguido ser interrumpidas por diversos motivos, entrometerme en tus pensamientos es la única forma de obtener información.
Obviamente no había leído demasiado entonces, o seguramente no estaría sentado allí con tanta clama. Me mordí el labio, observando la alfombra de luces centelleantes, tratando de no pensar en nada en particular.
Sin embargo, todavía tenía que tomar una decisión. Aquí. Esta noche. Porque si volvía a Jack, él lo haría para mí.
Aunque, teniendo en cuenta que me quería como un guardián, no creo que él quisiera dejarme embarazada.
—Dime lo que te causa tanta angustia —exigió Quinn en voz baja.
Brevemente contemplé la conveniencia de no decírselo, pero al final, tenía derecho a saberlo. Esto realmente afectaba al “nosotros” en algunos aspectos.
—No te va a gustar —me abracé.
Extendió la mano y la entrelazó con la mía, envolviendo mis dedos con calor y coraje.
—Dímelo.
Así que lo hice. Todo lo que me había dicho el médico. Lo de Misha. Lo de la decisión que había venido a tomar aquí.
Se quedó en silencio durante mucho tiempo. Cuando finalmente habló, su voz era tan impasible como siempre. Sin embargo, sus oscuros ojos revelaban ecos de dolor cuando su mirada se encontró con la mía.

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Mar Sep 28, 2010 4:57 pm

CAPÍTULO 5 (PARTE 3)

Traducido por Gemma
Corregido por Stef


—Rhoan te habló de Eryn, ¿verdad?
Eryn era la loba con la que estaba comprometido seis meses antes de que lo conociera. Una loba que había usado una droga para atraparlo y mantenerlo a su lado. Una loba que le había confirmado que todas eran unas putas.
—Rhoan no ha dicho nada de Eryn. —Lo estudié un momento—. ¿Cómo encaja ella en la decisión que he de tomar?
—No encaja. Pero pensé que ella podría haber sido la razón por la que no estabas dispuesta a hablar realmente de continuar nuestra relación.
—¿Y por qué piensas eso?
Miró hacia otro lado. Toqué su brazo suavemente, sintiendo la tensión en sus músculos, degustando la ira que aún permanecía en su mente.
—No sólo estábamos comprometidos —dijo, finalmente—. Juramos nuestro amor a la luna.
Mi corazón casi me llegó a los tobillos. De todas las cosas que había estado esperando escuchar, esa no era una de ellas.
—¿Qué? Pero eso significa…
—No sería libre de follarme a nadie. —Su mirada se encontró con la mía, ardientes profundidades oscuras—. Pero soy libre de estar con quien quiero, porque la ceremonia que debería habernos unido como uno sólo, no funcionó.
—Debido a que ambas partes deben de estar enamorados para llevar la ceremonia a cabo. Obviamente, Eryn nunca lo estuvo.
—En verdad, yo tampoco. Fue la droga, no una emoción real.
—Sí. —Hice una pausa. Había más. Debía haber más—. ¿Y supongo que ese es el menor de sus crímenes?
Desvió de nuevo la mirada.
—En ese momento, creía que la ceremonia nos había unido de por vida e impedía que cualquiera de nosotros se fuera con otro. Descubrí su mentira de la forma más dura.
Dios…
—¿La encontraste con otro lobo?
Asintió.
—Y estaba embarazada de él.
—Mierda. —No era de extrañar que odiara tanto el estilo de vida de los hombres lobo.
Asintió.
—De ahí la sospecha de que Eryn podría haber tenido algo que ver con tu renuencia a volver conmigo.
—Bueno, no ha tenido nada que ver. Pero como ella, quiero un hijo, si no ahora, más tarde. Y eso hace que sea difícil involucrarse con alguien que nunca podrá ofrecerlo.
Especialmente cuando no quiere ser uno de ellos.
Una sonrisa levantó brevemente sus tristes labios.
—Y yo que pensaba que estabas jugando, haciéndome pagar el haberme alejado.
—No voy a negar que eso no estuviera allí también.
Asintió de nuevo.
—Entonces, ¿qué piensas hacer?
—Honestamente, no lo sé.
—¿Y Misha?
—Siempre estoy intentando follarme a Misha. Necesito las respuestas que él me puede dar.
—¿Así que te vas a convertir en una puta de la Dirección?
Solté mis dedos de los de él y me levanté.
—Vete al infierno. —Crucé los brazos y bajé las escaleras—. Ese es un modo humano de ver la situación. Además, no es tan sencillo.
—Es así de simple. Rhoan voluntariamente duerme con enemigos para recoger información. ¿No es eso lo que estás haciendo con Misha?
—Es sólo sexo —solté el aliento con frustración. El punto de vista de Quinn nunca cambiaría, daba igual lo que yo dijera—. Y aún no sabemos si Misha es un enemigo.
—Tampoco sabemos si es amigo.
—Cierto. Pero puede ser el único lobo fértil que conozca.
—¿Entonces, crees que decía la verdad sobre eso?
—Sería bastante fácil de comprobar. —Me acerqué a la valla negra de metal que detenía a los visitantes de acercarse demasiado al borde de la montaña. El viento era más lejos del cruce, congelando mis piernas y pies mojados.
—Me suena que tu decisión ya ha sido tomada.
Cerré los ojos.
—Sí podría, excepto por el hecho de que ha sido el ARC 1-23 que ha dado el pistoletazo de salida a mi fertilidad.
—¿Y eso significa? —A pesar de que todavía estaba sentado en los escalones, sus suaves palabras cortaban el viento con tanta claridad como si estuviera de pie junto a mí.
—Significa, que el ARC1-23 puede tener efectos secundarios mortales sobre los mestizos. No sabrán al menos hasta dentro de un par de meses, en su caso, el efecto que tendrá sobre mí.
Y si no podían predecir los efectos que el ARC1-23 tendría en mí todavía, entonces, ¿cómo podían predecir qué efecto podría tener en cualquier niño que concibiera? Si el fármaco podía mutar totalmente mi sistema, entonces, ¿qué diablos podría hacerle a un niño creciendo en mi vientre?
Ese era el problema. Esa era a la decisión que me enfrentaba.
¿Tenía derecho de poner en peligro a mi hijo de esa manera? ¿Tenía derecho de traer una vida a este mundo que ni siquiera podría vivir para ver su primer cumpleaños?
En el fondo de mi corazón, sabía que la respuesta era no.
Pero eso significaría que perdería la única oportunidad que tenía de tener un hijo. Oh, había otras formas − óvulos congelados, encontrando una sustituta, pero no era lo mismo. No es con lo que había soñado todos estos años.
Cerré los ojos y respiré estremeciéndome. Dios, el destino podía ser cabrón a veces.
Unos brazos me tocaron, girándome. Me hundí en el calor de su abrazo, disfrutando de la paz momentánea que ofrecía.
—Si hay una cosa que he aprendido con los años —su aliento envió calidez más allá de mi oído— es que la naturaleza a menudo tiene su propia manera de sacar lo bueno de lo malo.
—La naturaleza tiene muy poco que ver con lo que me está pasando ahora. Si la naturaleza tiene su manera, todavía sería estéril.
—Entonces, tal vez ahí está la respuesta a tus problemas.
Me eché para atrás un poco, y me encontré con su oscura mirada.
—Podría ser que hubiera un poco de auto—interés en esa declaración.
Hizo una mueca, y levantó una mano, acariciándome las mejillas con los dedos. El anhelo me estremeció.
—Lo hay.
Salí de sus brazos, no queriendo distraerme con el calor y la promesa de su tacto.
—Incluso si decidiera no seguir adelante y tener un hijo, nuestra situación aún es delicada y por muchas razones diferentes.
—No hay nada que nos impida reanudarlo donde lo dejamos.
—Cuando lo dejamos declaraste que no tenías ninguna intención de involucrarte con otro hombre lobo. —Inspiré profundamente, y lo solté despacio—. Mi alma gemela todavía anda por ahí, en alguna parte. No quiero correr el riesgo de perderlo por no poder tener hijos.
—Eso no significa que no podamos llegar a algún acuerdo.
—Pero ¿podrías llegar a un acuerdo? —lo interrumpí—. ¿Sabiendo que tengo la intención de hacer lo que tengo que hacer − incluso si esto significa besar o follarme a cada maldito pecador del estado − para poner fin a estos hijos de puta y que no vengan detrás de mí nunca más?
Lo cual no quiere decir que pretenda convertirme en guardián − hasta que la droga no me dejara otra opción. Sin embargo, poner fin a estos hijos de puta era una prioridad, y si eso significaba que tenía que dormir con algunos de ellos, que así sea. Al menos si pusiera mi granito de arena para contribuir a evitarlo, podría seguir con seguridad la ruta que el destino quería que yo siguiera sin tener que mirar por encima del hombro a los fantasmas que habían traicionado.
Y si ese camino futuro significaba una vida sin niños, entonces supongo que tenía que aceptarlo.
Lo que significaba que la decisión que tenía que hacer era, al final, fácil. La droga había causado mi fertilidad, y debido a eso, no me atrevía a quedar embarazada, no importa cuán desesperadamente querría correr el riesgo. El futuro al que me enfrentaba era desconocido, y tanto como no quería, tenía que enfrentarme al hecho de que cualquier cambio que me hiciera la droga me obligaría a hacerme guardiana. Era eso, o ser obligada a prestar servicio militar, como les había pasado a los otros mestizos.
Yo no tenía derecho a traer un niño a ese tipo de ambiente, sobre todo cuando ni Rhoan ni yo teníamos el apoyo de nuestra manada para ayudar a cuidarlo, y hacerse cargo, si nos ocurría algo.
Quinn no respondió a mi pregunta, pero en realidad no lo necesitaba. Los dos sabíamos que él no podía aguantar que me acostara con quien fuera. Ese tipo de aceptación no estaba en sus actitudes humanas.
—Mira, Quinn, no niego que te quiero, pero te quiero sin ataduras. Si no puedes manejar eso no puedes manejar lo que soy, o lo que me propongo hacer échate a un lado y déjame en paz.
Aunque su rostro era neutro, podía ver la molestia en sus ojos. Sentir la fuerza de ella arrastrándose a través de la noche eléctrica. Me recordó que él era un vampiro muy viejo, y obviamente, a pesar de sus modales corteses y urbanos, estaba acostumbrado a salirse con la suya.
Podría quererme, podría estar diciendo palabras bonitas sobre compromiso, pero en el fondo era un ser territorial y no estaba en absoluto dispuesto a compartir.
—Así que si te quiero —dijo, con la voz un poco cortada—, ¿tengo que aguantarte siendo una puta como creo que es tu raza?
La ira surgió y apreté los puños, luchando contra la tentación de pegarle.
—¿Quieres saber por qué prefiero follarme a un desconocido como Kade en vez de a ti en este momento? Porque él acepta quien y que soy. Tú, en cambio, deseas cambiar una parte fundamental de mí.
La ira ardía a mí alrededor, a través de mí, y no estaba del todo segura si era mía, de él, o una combinación de ambas. Pero toda la frustración que había construido a lo largo de los meses desde que Quinn se había alejado vino de golpe, y no tenía ni una esperanza de pararla ahora.
—Yo no.
—Entonces ¿por qué llamas a todas las lobas putas? ¿Por qué incluso piensas eso cuando danza la luna, y la celebración de la vida y el amor, es una parte básica de lo que somos? No somos humanos. Cómo te atreves siquiera a tratar de juzgarnos por los estándares humanos.
—Yo no.
—¿Entonces por qué nos llamas putas?
— ¿No es acostarse con alguien por dinero o información una definición de prostitución? ¿No es eso lo que estarías haciendo?
—Esa es una definición humana. Los hombres lobo no tienen tal palabra, porque no pensamos de esa manera.
—¿Así que estarías feliz de dormir con todo el mundo para obtener información?
—¿Feliz? No. ¿Voy a hacerlo? Sí, porque sólo es sexo, y el sexo es tan vital para los lobos como la sangre para los vampiros.
—Un vampiro puede morir sin sangre. Dudo que un hombre lobo muriera sin sexo.
—Tal vez no —crucé los brazos y le mantuve la mirada—. Sin embargo, podemos morir si no encontramos a nuestra alma gemela.
Él soltó un bufido.
—Lo dudo.
—No lo dudes, sólo escucha. Los hombres lobo creen que el verdadero amor no es algo que suceda por casualidad, sino más bien, es algo determinado por el destino. Creemos que el amor es tan inmortal como el alma, y que estamos destinados a encontrarnos con el mismo amante una y otra vez, a través de todas nuestras vidas. Para los lobos, sólo hay una persona en esta tierra que está destinada a ser nuestro compañero perfecto. Una persona que es nuestro corazón y alma. Y si no encontramos a esa persona, nuestro corazón y el alma sufren. Muchos se desvanecen, y muchos mueren.
Él no respondió por un momento, y luego dijo:
—¿No es posible que la conexión que compartimos signifique que hay algo que vale la pena explorar entre nosotros?
—Por supuesto. Pero me he preocupado profundamente por otros dos hombres en mi vida, y amado a uno. Ninguno de los tres fue mi alma gemela. La conexión entre nosotros podría haber sido emocional y físicamente profunda, pero no fue profundo del alma. —Algo que se había demostrado cuando Haden, el lobo al que había amado tanto cuando era una adolescente, había conocido a su alma gemela al año de nuestra relación. Si hubiéramos sido exclusivos, eso nunca habría ocurrido.
—Así que, ¿dónde nos deja eso? —preguntó Quinn.
—Dímelo tú. Yo no soy la que intenta poner límites a nuestra relación.
Suspiró, y miró más allá de mí. La rabia que quemaba el aire parecía disiparse rápidamente en la brisa fresca.
—Soy un vampiro. Tendemos a ser muy territoriales.
Asentí.
—Entonces eres tú quien tiene una decisión que tomar, no yo. Quiero seguir explorando lo que compartimos, pero no me arriesgaré a restringirme sólo a ti. No puedo. Tampoco, tengo que añadir, espero que te limites a mí. No puedo ser el único suministro de sangre que necesitas para tu sustento.
Resopló suavemente.
—Un pequeño consuelo que tiene mucha importancia en el esquema de las cosas.
—Es todo lo que puedo ofrecer en este momento.
—No sé si yo podría manejar una relación abierta. No va con mi forma de ser.
Levanté una ceja.
—No éramos exactamente exclusivos hace un mes. Yo estaba con Talon y Misha entonces.
—Hace un mes, pensé que no era más que un flirteo ocasional, uno que se olvidaría fácilmente una vez que llegara a casa.
—¿Y qué te ha hecho cambiar de opinión?

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Mar Sep 28, 2010 5:02 pm

CAPÍTULO 5 (PARTE 4)

Traducido por Kuami
Corregido por Stef


Su mirada casi licuó mis entrañas.
―El hecho es que aún sigues invadiendo mis pensamientos y mis sueños.
Él había invadido mis sueños, también. Me pregunté si, de alguna manera, habíamos estado acercándonos a través del enlace que habíamos creado.
―Sin embargo me reprendió casi todos los intentos que hice para verte o hablar contigo. Incluso cuando conseguí que finalmente vinieras a la cena, todavía dijiste que no estabas interesado en continuar cualquier tipo de relación.
Se encogió de hombros.
―Pensé que era para mejor. Después de Eryn, no tenía ningún deseo para algo permanente.
―No estaba sugiriendo nada permanente.
Me miró, y no contestó.
―Y a pesar de todas esas negativas ―continué―, aquí estás, exigiendo que este contigo y sólo contigo.
―Porque lo que nosotros tenemos merece explorarlo.
―¿Con qué fin, si no tienes ningún deseo de algo permanente?
De nuevo, no contestó. Quizá ésa era una pregunta para la que no tenía ninguna respuesta.
―¿Cuántas relaciones exclusivas realmente has tenido en sus muchos años?
Su expresión sólo podría describirse como oscura.
―Dos o tres.
Resoplé suavemente.
―¿En cuántos siglos?
―Es difícil amar a alguien cuando sabes que tiene que verlos envejecer y morir.
―Entonces ¿por qué te comprometiste con Eryn?
―Como dije antes, fue más un producto de la droga que del amor. Si mi mente hubiera estado correctamente, nunca habría tenido esa ceremonia―. Sus ojos eran duros cuando añadió―. Juré no casarme con otra mujer hace cuatrocientos años. Es una promesa que yo mantengo.
¿Lo qué platea una cuestión, que pasó hace cuatrocientos años? Pero no me molesté en preguntar, porque sabía que no me diría.
―¿Entonces nunca has tenido un amante?
―No. Rara vez sale bien, de todos modos.
―¿Debido a la cosa territorial?
Dudó.
―Y porque los vampiros no pueden vivir con la sangre el uno del otro.
¿Ellos no pudieron? Eso era interesante. Yo pensaba que la sangre era sangre, sin importar la fuente. Miré mi reloj y vi que eran las ocho y treinta. El doctor todavía estaría en su oficina si le llamaba ahora.
―Lo que suceda después depende de ti decidir. Sólo que seas muy consciente de que voy a tener otras parejas sexuales, y no voy a dejar de asistir a los bailes de la luna. No me lo puedo permitir. ―Dudé, mirándole a los ojos, mirando penetrar mis palabras. No le gusto, no las aceptaba. Todavía no―. Mientras tanto, ¿tienes un teléfono que pueda usar?
Sacó las llaves del bolsillo y me las tiró.
―En el coche.
―Gracias. Nos vemos en el restaurante, si quieres.
Él asintió con la cabeza. Caminé junto a él, y me fui a hacer la llamada que acabaría cualquier esperanza tenía de tener un hijo propio.
Al final, no llegamos a comer. Quinn me llevó de vuelta al centro médico y el médico insertó el dispositivo intrauterino que detendría cualquier amenaza de embarazo, que también era el único dispositivo que no iba a ser detectado por los análisis de sangre que sin duda alguna, Misha insistiría en ver. También insertó un monitor, como sospechaba Misha mantenía un ojo en mi archivo, y sería sospechoso si no seguía insertado. Por esa razón, le pedí al médico que no pusiera nada en mi archivo sobre el DIU, y aunque estaba lejos de ser feliz por eso, estuvo de acuerdo. No tenía otra opción de verdad, como sabía que yo estaba en el Consejo de administración y fácilmente podría haber obtenido la solicitud forzada.
Realmente no recuerdo el viaje hasta el ascensor, aunque lo recuerdo a Quinn llevarme en brazos y sostenerme lo que pareció una eternidad. Nunca dijo una palabra, pero no era necesario. Aunque el vínculo entre nosotros se cerró firmemente con llave, sabía que entendía mi dolor. Él era un vampiro, después de todo, y sabía todo acerca de no poder tener hijos.
Era después de medianoche cuando volvimos al apartamento. Jack estaba allí, sentado en su sillón de mimbre y un poco enfadado, un ceño fruncido cruzaba su rostro mientras caminábamos.
―¿Dónde diablos has estado?
―Pensando ―dije.
―¿Y este pensamiento no podría haber sido interrumpido por una rápida llamada telefónica informándome en qué demonios estaba pasando?
―No. ―Realmente, no había pensado en ello.
Miré hacia las otras habitaciones. Sabía que mi hermano estaba en una, pero había ronquidos procedentes de la otra habitación. Kade, sin duda. ¿Por qué diablos estaba todavía aquí? ¿Qué planeaba Jack hacer con él?
¿Y sería de alguna manera que pudiera destapar el misterio del cambia forma?
―¿Quiere un café, jefe?
―Gracias.
Levanté una ceja a Quinn, quien asintió con la cabeza, luego se dirigió a la cocina para conseguirnos a todos un café. Una vez hecho esto, me senté en el sofá frente a Jack y le expliqué todo lo que había sucedido. Hablamos durante una buena hora, tras lo cual llamé a Misha. Estaba despierto, como sabía que iba a estarlo.
―Tenemos que hablar ―le dije―, cuando él contestó el teléfono.
―Sí, debemos hacerlo.
Eché un vistazo a Jack, que estaba encorvado sobre mi teléfono celular, escuchando, mientras hablaba con el director en un segundo teléfono. Se encontró con mi mirada y asintió con la cabeza, lo que indicaba que todo había sido arreglado.
―Tres de la tarde. Macey Jane's, en Lygon Street.
Mi mirada se deslizó pasando de Jack, y se estableció en Quinn. Estaba dispuesta a reunirme con él a mitad de camino, a pesar de que no era del todo conveniente hacerlo. Si él estaba dispuesto a hacer lo mismo quedaba por ver. Pero el mero hecho de que su desaprobación flotó en el aire me sugirió que aún no había llegado a familiarizarse con la situación. Tal vez nunca lo haría.
Y aun cuando yo quería estar con él, no estaba dispuesta a cambiar mi vida entera por él. Tampoco iba a echarme atrás en esta investigación. Tenía que ser una parte de su final, necesitaba ver el final con mis propios ojos, para estar totalmente seguros de que estaba a salvo. Si Quinn no podía aceptar eso, y aceptarme, entonces significaba que no estábamos destinados estar juntos. No importa cómo de rico era el trozo de chocolate que mis hormonas le consideraba.
―Lo siento, eso no va a ocurrir ―llegó el acento de Misha―. Para empezar, no me fío mucho de la mafia para la que trabajas. Y en segundo lugar, no me atrevo a ir más allá de lugares que frecuento habitualmente en este momento. Estoy siendo vigilado.
―Sí, por el Consejo de administración.
―Y por aquéllos a los que tú cazas.
―¿Significa que no confían en ti? ―Mi mirada se dirigió a Jack de nuevo. ¿Sabía él que el Consejo de administración no eran los únicos que observaban a Misha? Por las cejas levantadas, supuse que no―. ¿Por qué no me sorprende?
Su risa susurró abajo de la línea, removiendo recuerdos que mejor quedaban en el olvido.
―Nos encontraremos en la Luna Azul.
Jack agitó su cabeza. Lo ignoré. Nosotros necesitamos averiguar lo que Misha sabía, y mientras la Luna Azul no era un lugar seguro patrullado por el Consejo de administración, era en alguna parte donde yo me sentía segura. Conocía a las personas, conocía el diseño. Y de los clubes de todos los hombres-lobos, La Luna Azul era el más estricto en la seguridad de la patrona.
―Yo apenas lo llamaría una guarida regular de los tuyos.
―Ah, pero ha sido así desde tu desaparición.
Un trozo frío se formó en mi estómago. ―No podría saber que yo escaparía de ese lugar.
―No, pero sabía que él te infravaloraría. Él siempre lo hace…
―¿Quién? ―corté. Esta vez su risita suave puso mi piel de gallina―. Vamos a tener que discutir los términos antes de llegar a un intercambio de información…
―Será mejor que se ofrezca buena información, Misha, o no hay trato. Y no importa si eres el único fértil en el maldito planeta.
―Soy tu única manera de retornar al redil―, dijo en voz baja―. Cree eso, no creas nada más.
La certeza suave en su voz envió un escalofrío a través de mi piel. Yo le creí, aunque sólo Dios sabía que era probable que era estúpido para hacerlo.
―Cuándo?
Jack dio vuelta a sus ojos, me miro decididamente infeliz cuando comenzó a hablar en el segundo teléfono.
―Tres está bien para mí. Voy a reservar una de las habitaciones privadas, sólo para asegurar que nuestra conversación no sea escuchada por casualidad, pero nos encontraremos en la pista de baile. Se verá más como una coincidencia ante mi vigilancia.
―Si sabes quienes son, ¿por qué no te libras de ellos?
―Porque ahora mismo, tienen utilidad. ―La diversión era evidente en su voz. Siempre había creído que Misha era el ser más silencioso, más cuerdo de los dos compañeros que había tenido durante los últimos años, pero esa suposición estaba resultando muy equivocada.
―Mañana será un día para el hombre lobo, ―continuó―, ni tan solo el vampiro o el cambia formas que te ayudó a escapar entraran, Rhoan puede, pero si lo descubro, estoy fuera de la puerta, no hay trato.
¿Cómo había sabido que Kade todavía estaba con nosotros? ¿O fue simplemente una conjetura de su parte?
―No creo que confíes en ninguno de nosotros lo suficiente como para aceptar una oferta así.
―Difícilmente. Es a mi manera sin importar lo que pase. O pueden poner un localizador bajo tu piel si ellos piensan que yo voy a escapar contigo.
Ellos podían, y lo harían. Estaría condenado si hubiera riesgo de ser secuestrada de nuevo.
―¿Por qué sólo yo?
―Porque estoy caminando por el filo de una espada en este momento, y no tengo intención de deslizarme sobre ese borde hasta que esté seguro de lo que hay abajo.
Qué era una manera poética de decir que él quería probar las aguas primero.
―Es mejor que no seas un gilipollas con nosotros, Misha.
―No lo soy, créeme. ―Él hizo una pausa, y cambió. Suspiró, y tuve una visione súbita de hojas negras resbalando encima de la piel pálida―. ¿Para demostrar esto, puedo sugerir que salgas de ese ático de Brighton dentro de los próximos cinco minutos?
La sangre desapareció de mi cara, y mi mirada pasó bruscamente de Quinn a Jack.
―Cómo sabes que estamos en el ático de Brighton?
Incluso antes de que hubiera dicho las palabras, Jack estaba pidiendo a Quinn que despertara a Rhoan y a Kade.
―De la misma manera que sé que estás a punto ser atacada por vía aérea. Te sugiero que muevas tu bonito culo, Riley, si quieres hacer la reunión de mañana.
―¿Por aire? Éramos diez pisos de altura, carajo…
Colgué, y di la vuelta.
Justo a tiempo para ver varias cosas azules explosionar a través de las ventanas de cristal.

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Nanis
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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Mar Sep 28, 2010 9:09 pm

Gracias :Manga30:

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Miér Sep 29, 2010 5:05 pm

a esa riley ni siquiera se le ha ocurrido pensar que su alma gemela pueda ser quinn? al final de cuentas es mitad lobo y mitad vampiro!!! con su desesperacion por tener un hijo no ve mas alla... y digame si quinn tiene razon y la naturaleza hace lo suyo y por un milagro él es el que la puede dejar embarazada??? bueno se puede soñar, no??? :Manga30:

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Jue Sep 30, 2010 4:28 pm

CAPÍTULO 6 (PARTE 1)



Traducido por: Rossmary

Corregido por: Tibari





Apenas tuve tiempo de gritar una advertencia antes de que atravesaran a través del cristal tallado y corrieran hacia mí. Di marcha atrás rápidamente, bloqueando las manos con mis antebrazos. Mi piel impelió el toque de la mancha de carne, el frío de las criaturas. Olían a carne podrida, aunque ningunq de ellqs parecía estar en decadencia, y mi estómago amenazó con rebelarse. Tragué saliva, y traté de respirar por la boca cuando me golpeó una de las cosas azules en la cara y salió volando al otro lado de la habitación.

Mi cuello picaba en una advertencia. Me agaché. Una línea muy fina de plata se arqueó hacia mí. Esta vez, no fue una punta de flecha atada con jugo de elefante, suficiente como para noquear, pero sí un maldito láser. Me zambullí fuera del camino, golpeando el suelo con un gruñido que envió el aire silbante de mis pulmones. El olor a cuero quemado se esparció por el aire cuando el rayo golpeó por la parte trasera del sofá.

—Aquí —dijo Rhoan bruscamente.

El hilo de plata hilaba a través de la penumbra. No otro rayo láser, pero un láser. Me atrapó la mano izquierda y me volví cuando algo me agarró de los tobillos. Una cosa apestosa azul se pegaba a mis dedos como una adherencia pegajosa y trataba de sostenerme aún mientras levantaba el láser. Estúpido, eso es lo que era. Incluso yo sabía que no tenía una oportunidad de abrir fuego.

Pulsado el gatillo del láser, se disparó sin moléstame en volver la vista. En este momento, cualquier golpe era un buen golpe. Luz que era roja y de alguna manera enojada saltó a través de la distancia entre nosotros, cortando en la carne y el hueso. El brazo cercenado de la criatura cayó al suelo a mi lado, el muñón negro y humeante sin sangre. El olor a carne quemada se impregnaba en el aire, y casi derramé mi café allí mismo.

Luchaba contra la marea, tratando de no respirar profundamente, le propiné una patada con el pie libre, enviándolo volando hacia atrás. Otro rayo rojo a través de la oscuridad, trató de terminar lo que había empezado.

Me puse de pie. Otra de las criaturas vino hacia mí, todo brazos y carne fea. Me defendí de varios golpes, luego le lancé alguno de los míos. Mi golpe aterrizó en el medio de sus intestinos, pero fue como golpear gelatina. Mojada, viscosa como gelatina que sólo se tambaleaba bajo el impacto, absorbiéndolo sin consecuencias.

Bueno, mierda... La idea no llegó más lejos cuando su puño me golpeó en el mentón y la fuerza del golpe me envió volando hacia atrás. Me golpeé contra una pared con un gruñido, y me deslicé por la pared, intentando ver brevemente mientras todo se tornaba doble a mi alrededor.

Incluyendo una cosa azul que volaba hacia mí con sus dientes apretados y brillantes de maldad para luego esconderse en la oscuridad.

Cerré los ojos, saboreando el aire, intentando adivinar su paradero por la cercanía de su olor solamente, luego levanté el láser y disparé.

Hubo un ruido sordo, y el olor a carne quemada se esparció por el aire, mi estómago protestó. Abrí los ojos.

Dos cosas azules sin cabeza se tendían, fuera de foco cerca de mis pies.

—Riley —dijo Rhoan, de pronto entrando en mi campo de visión. Un segundo después su mano agarró la mía—. ¿Estás bien? —Me ayudó a levantarme, y me hizo un gesto tembloroso.

—Sólo un poco aturdida por el golpe directo al mentón.

Tocó el lado derecho de mi cara suavemente.

—Vas a tenerlo un poco morado por el golpe.

—¿Así que el beso es por un día o algo así?

—Yo diría que sí.

—Bugger.
Él sonrió.

—No es necesario besar para pasar un buen rato.

—Eso es tan cierto.

—¿Quieres ponerte un poco de hielo?

—Por favor. —De hecho dolía al hablar, pero que me parta un rayo si aceptaba decir algo sobre eso.

Me dio un suave apretón en el brazo, luego se dio la vuelta y se dirigió a la cocina.

—La pregunta que necesita una respuesta en estos momento —dijo, por encima del hombro—es ¿cómo diablos nos encuentran?

No parecía estar dirigida a nadie en particular, así que se encogió de hombros y dijo:

—¿Misha?

—No me lo creo. Está jugando un juego que es completamente suyo. Lo que no indica que no nos iba a traicionar si se adecuaba a él.

—Y ahora mismo, no lo hace. —Por mi culpa, a causa de los planes que tenía para mí.

Jack salió de un dormitorio, con un corte sobre su ojo y su camisa desgarrada. Sus rasgos normalmente alegres eran fríos y duros, y un buen porcentaje de la ira en sus ojos brillantes se dirigía a mi manera.

—Esto significa algo, Riley.

Me quedé mirándolo, confundida.

—¿Qué?

—Disponer la reunión con Misha en Blue Moon.

Ah, eso.

—Hey, tú quisiste que hiciera ese encuentro. No me culpéis si no quería jugar con las reglas.

—No podemos hacer que la gente entre mañana en Blue Moon. El hombre dijo que es un hombre lobo de sólo días.

—Sí, pero no importa, porque nada me va a pasar allí. Además, sólo hay dos salidas para observar. —Mi mirada pasó de Jack a Quinn cuando entró en la habitación. No parecía herido, a pesar de que no estaba armado, ninguna señal de socorro llegó a través de mí.

Su mirada se reunió con la mía, relajando la tensión que parecía haber en sus hombros.

—¿Estás bien?

Asentí con la cabeza ardiendo por su atención más de lo que quería admitir, y me obligué a mirar hacia Jack menos que feliz esta vez.

—¿Cuántos te atacaron esta vez?

—Cinco.

Su rostro era sombrío.

—Parece que estaban decididos a conseguir que tú y el chico caballo regresaran.

—O conseguir deshacerse de nosotros —dijo Kade, cuando entró por la puerta llevando otra pistola láser—. Estas cosas se establecen para matar, no para paralizarte.

—Maldita sea. —Jack agarró la pistola que empuñaba Kade, y la examinó—. ¿Son estas las armas de las que estabas hablando?

—Me temo que sí.

La mirada de Kade recorrió mi longitud, posándose en mis labios. Sonrió.

—Quieres un beso para curar ese golpe?

—Rhoan me dice que el beso está fuera de límites por ahora.

—Eso es lamentable. Pero yo estoy dispuesto a transigir y besar en otros lugares.

—Gracias —dije secamente—, pero creo que ahora no es el momento adecuado para mantener un equilibrio en esta discusión.

—Hey, soy versátil.

—Basta. —La voz de Jack fue cortante—. Agarra tus cosas, todos. Saldremos de aquí mientras podamos.

—¿E irnos a dónde? Obviamente el topo de la Dirección es alguien cercano a la directora si saben que estamos aquí. —Rhoan salió de la cocina y me entregó una bolsa de hielo—. O eso, o Riley y Kade tienen rastreadores colocados en ellos.

Levanté las cejas.

—Pero, ¿me han chequeado?

—Se realizó un escáner a través de los dos—dijo Jack—. Pero a lo mejor han desarrollado algún dispositivo que los escáneres no pueden detectar. —Su expresión se hizo aún más sombría—. Rhoan, inspecciona a Riley otra vez, Riley, yo miraré por encima de Kade.

Rhoan me hizo señas para que lo siguiera a uno de los dormitorios. Le seguí, cerrando la puerta detrás de mí. Todo el mundo en este apartamento podría haberme visto desnuda en un momento u otro, pero no estaba de humor para hacer un alarde en este momento en particular.

—Entonces —dije—, según me dice Jack no está muy contento con esta reunión en particular.

Me desnudé para que comenzará a comprobar alrededor mío.

—Blue Moon es seguro, no importa lo que Jack piense. Es Misha, tienes que verlo. No confíes en él, sin importar qué.

—No lo haré. —Dudé—. ¿Por qué el topo de la Dirección tiene que ser alguien cercano a la directora?

—Porque ella es la única que sabía dónde estábamos.

—¿Sugieres que podría ser la propia directora? —Sólo que no era probable que traicionara a su propio hermano, o a la organización que ella misma había comenzado y dirigir muchos años antes de que yo hubiera nacido.

—No es ella. Pero podría ser alguien que tiene acceso a su oficina y tal vez haya estado en alguna conversación relacionada con el tema.

—¿Qué hay de Gautier? —Incluso cuando pronuncié su nombre un escalofrío me recorrió. Gautier podría ser un tutor muy por encima en la Dirección, pero era un desgraciado, un asesino, y, yo sospechaba, un psicópata en el borde.

—No está cerca de la directora.

—Pero apuesto a que tiene acceso a los informes.

—Eso no haría una diferencia. El topo podría ser cualquiera, alguien que ha estado, obviamente, en la Dirección durante mucho tiempo. Una persona muy astuta, alguien de quien nunca se sospecharía.

—Así que tendríamos que hacer una lista de todas las personas de las que nunca, normalmente se tomarían por sospechoso, y empezar a ver qué podemos encontrar sobre ellos.
—Sería muy difícil de hacer cuando en realidad no sé en quién se puede o no se puede confiar.

Muy cierto.

—¿No podríamos simplemente tratar de interrogar a Gautier para ver qué tiene que decir sobre esto?

—Gautier es lo suficientemente listo como para darse cuenta de lo que estamos haciendo. —Rhoan me miró—. Además, él está en una misión al norte en este momento. Ha estado en eso durante el último mes. No creo que esté involucrado en este pequeño episodio.

Al menos eso explicaba por qué no lo había visto últimamente. Pensé que era mucha suerte.

—¿Qué hay de Alan Brown?

—Ése, falso como el infierno, y, definitivamente, está implicado en algo, pero de nuevo, no estoy seguro de que sea él.

—Pero sí por el ingreso por la vía rápida de Gautier en la Dirección, ¿no?

—Sí, pero tenemos el presentimiento de que se vio obligado a ello. Brown está siendo chantajeado.

Levanté las cejas.

—¿Alguien sabe algo acerca de su apetito por las putas?

—Su apetito por el juego, es lo más probable. —Rhoan se echó hacia atrás con un gruñido—. No puedo pensar en nadie que pueda estar haciendo esto.

Bien. Por lo menos yo no era la responsable de traer los problemas a la casa y tener que amenazar y sospechar de los demás.

—Si sabes que está siendo chantajeado, entonces seguramente podrías ser capaz de rastrear la fuente.

Se levantó, haciendo una mueca.

—Ojalá fuera así de fácil.

—¿Algún rastro de papel?

—No hay rastro.

—¿Por qué?

—Brown es astuto como un zorro. Estamos seguros de que está dando información a alguien, pero no podemos descubrir a quién o qué.

—Lo habeis puesto bajo vigilancia, ¿entonces?

Me dedicó una mirada.

—¡Diablos!, no. Pensamos que era más fácil dejarlo hacer lo que le plazca.

Me golpeó el brazo.

—No te pongas inteligente.

—Entonces no hagas preguntas tontas.

Agarré mi ropa del suelo y comencé a vestirme.

—¿Qué pasa con las putas que él utiliza?

—Has visto los discos que hay en su oficina. Si está utilizando a las putas para pasar la información, sólo hay una forma en que podría hacerlo, porque ciertamente no habla con ellas.

—Él es un vampiro, así que es telepático. Tal vez esté ideando una manera alrededor de la psiquis.

Joder, si Jack podría conseguir más allá de ellos, seguramente otros vampiros podían. Aunque Brown no parece estar ni cerca de la misma liga en que jugaba Jack.

—Hemos comprobado a las putas. Sus mentes no han sido tocadas.

—Entonces él tiene que estar pasando la información durante el sexo. —Aunque dado lo que había visto en los videos, lo único que parecía interesarle a Brown pasar era su esperma de muertos.

—Hemos tenido nuestras propias cámaras instaladas. No creemos que pueda estar sucediendo tal cosa.

—Entonces, ¿cómo es que puede estar adquiriendo información dentro o fuera? Y si tú no crees que él está involucrado con mi secuestro, ¿significa que él no pudo haber estado involucrado con Genoveve?

—Es posible. Brown heredó muchos de los archivos de la ex asistente de dirección.

—¿Y él está?

—Bien muerto.

Levanté las cejas.

—¿Un accidente?

—Probablemente no.

Me puse mis zapatos. Rhoan se dirigió a la puerta, pero antes puse una mano sobre su brazo, deteniéndolo.

Bajando la voz, le pregunté:

—Sé que dijiste que no ibas a robar los archivo de Kade para mí, pero ¿se te ocurrió buscar en la base de datos cuando te encontrabas allí hoy?

—Sí. No hay nada que descubrir.

—Nada que no pueda saber, de todos modos.

—Sí. —Él me miró—. ¿Qué estás tramando?

—¿Yo? —Le di mi mirada más inocente. No parecía que le pudiera estar engañando. Sonreí y añadí—: Mira, ¿no te resulta extraño que él aún esté aquí? Tú y yo sabemos que Jack normalmente le habría enviado fuera tan rápido como su cabeza puede girar.

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Tibari

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Jue Sep 30, 2010 4:30 pm

CAPÍTULO 6 (PARTE 2)



Traducido por: Gemma

Corregido por: Tibari



—Muy cierto. —Él siguió estudiándome con su cara paciente de “seguro que me metes en problemas”—. Pero eso no resuelve el problema de que no pueda entrar en los archivos bloqueados.

—No. —Dudé—. Pero yo sí puedo.

—Oh, ¿ahora? —Me miró con aire divertido—. Apuesto a que Jack no sabe que tiene una pequeña joya.

—Er... no. —De enlace y de su asistente personal, tenía algún acceso al que Rhoan, no. Pero también había conseguido algunos códigos de acceso en los últimos meses, gracias al tiempo que me había pasado viéndolo teclear desde la seguridad de mi escritorio. Era increíble la facilidad con que se podía encontrar las combinaciones de teclas si te tomabas tu tiempo—. De verdad no quieres saber nada más. ¿Verdad?

—No. —Se puso de pie—. Entonces, ¿qué papel tengo yo en esta operación de fisgoneo?

—Todo lo que tienes que hacer es conseguirme su ordenador.

Soltó un bufido.

—Sí. Como si eso fuese tan fácil.

—Puede serlo. Después de todo, estamos a punto de salir a toda prisa. Sería bastante fácil coger el equipo y meterlo en mi camino.

Dio una especie de suspiro que decía la paciencia que tenía que tener.

—Lo intentaré.

Me incliné y le besé la mejilla.

—Gracias.

Sonrió y abrió la puerta.

—Cualquier cosa para mantener a mi gemela feliz.

—Cualquier cosa para mantener la paz, querrás decir.

—Eso, también.

Dos de los tres hombres en la habitación principal se dieron la vuelta al entrar. Quinn era una sombra en la esquina, pero cuya presencia podía sentir por todos los poros.

—Nos vamos a dividir en tres grupos —dijo Jack—. Rhoan, te quiero de cabeza en la Dirección y que comiences la redacción de informes. Asegúrate de que estén cifrados y enviados solamente al Director de los guardianes. Mañana por la mañana, recoge algunos rastreadores y micrófonos, entonces te diriges al Blue Moon y haces un control minucioso del club y sus asociados. Riley no se va a acercar al lugar hasta que sepamos que es seguro. Quinn, como no nos atrevemos a correr el riesgo de coger cualquiera de los coches que tenemos aquí, quiero que tú y Riley pidáis prestado o robéis un coche, y os dais una vuelta hasta que recibáis nuestra llamada.

—¿Y qué vais a hacer Kade y tú? —Quinn hizo la pregunta que tenía en mis labios.

—Vamos a hacer una pequeña visita a la empresa que fabrica estos dispositivos. —Levantó el láser envuelto en plástico.

Rhoan y yo nos miramos. Si Kade estaba involucrado en algo así, era sin duda algo más que un constructor.

Jack me tiró un teléfono.

—No os acerquéis al club hasta que os llame.

—Sólo asegúrate de llamarme antes de las tres de mañana. Dudo que Misha vea con buenos ojos que se le haga esperar.

—Y sin embargo, va a esperar. Recuerda que probablemente tiene mucho más que ganar con todo esto que nosotros. Vámonos, Kade. —Se dirigió hacia la puerta, pero lanzó por encima del hombro—: Rhoan, llama a un equipo de limpieza y que todas las cosas de la Dirección no estén aquí antes de salir.

Le lancé una mirada a mi hermano y no pude evitar sonreír. A veces, las cosas caen por su propio peso.

Él sólo rodó los ojos y sacudió la cabeza mientras decía:

—Quinn, ¿puedes ir bajando y buscar un coche? Nos encontraremos en la entrada.

Esperó hasta que Quinn se fuera, a continuación, cogió el ordenador y me lo dio.

—Sabes que va a comprobar que todos los artículos se recogieron. Lo que significa que se dará cuenta muy pronto de que no se encuentra.

—Para entonces, ya estará de vuelta. —Le besé en la mejilla—. No te preocupes, no te arrastraré en esto.

—¿Cuántas veces he oído eso? —Su voz era seca y yo sonreí. Los dos sabíamos que la respuesta a esa pregunta era "con más frecuencia de lo necesario". Me tocó el codo ligeramente y me guió hacia el dormitorio donde había despertado—. Vamos a conseguirte un bolso.

Entré en la habitación y dejé caer el ordenador en un extremo de la cama y, a continuación, me dirigí al armario.

—Sólo espero que las contraseñas que sé me lleven lo bastante lejos en el sistema como para descubrir quién diablos es Kade.

—Si no tienes los códigos completos, pienso que es mejor no meterse en los datos de la Dirección, sino más bien, ir en busca de fuentes externas. Como su asistente, tendrás autorización en la mayoría de sistemas del Gobierno.

Me vino un pensamiento. Y era menos probable que me metiera en una mierda con Jack.

—¿Descubrir lo que no es, quieres decir?

Él asintió, y caminó hacia la ventana abierta con el láser. Su pelo corto de color rojo apenas se movió con la brisa fresca mientras miraba la noche. Dando la expresión −o mejor dicho, la falta de ella− de esas criaturas a las cuales no quieres atacar una segunda vez.

—Si Kade es un constructor, habrá certificados de comercio, registros de negocios, cosas por el estilo. Y deberías ser capaz de encontrar otros indicadores, como certificados de nacimiento y los informes de la escuela, para confirmar que él es quien dice ser.

—Y si no es quien dice ser, le sacaré a la fuerza la maldita información. —Hey, tenía que desahogar mis frustraciones del destino y de la mierda que estaba tirando en mi camino con alguien.

La súbita sonrisa de Rhoan disipó la frialdad de sus ojos.

—O podrías provocarle y, luego, retirarle los privilegios sexuales. Te dará la información rápidamente.

Sonreí.

—Ah, pero eso sería castigarme a mí misma.

—Hay un montón de lobos por ahí que estarían más que dispuestos a curar esa aflicción en particular.

—Por no hablar de un vampiro en particular que estaría también más que dispuesto —murmuré sin pensar.

—¿Por eso aún está aquí? —preguntó Rhoan—. ¿Al fin se dio cuenta de que dejaba escapar una cosa buena?

Resoplé.

—No es la única razón, no. Nunca soy el único motivo de que esté aquí, en Melbourne.

Mi voz era afilada, y él me frunció el ceño.

—¿Pensé que habíamos dejado claro todo eso?

Dejé escapar el aliento. Debo aprender a cerrar la boca.

—Lo hicimos. Pero, en cierto modo le ofrecí un compromiso.

Negó con la cabeza.

—Eso no es muy listo.

Metí el ordenador en el bolso y amortiguado con más ropa y un par de pares de zapatos.

—Lo sé, lo sé. Pero si pudiera aprender a soportar que tuviera otros amantes, entonces no puedo ver el daño en él.

—Lo malo de esto es que él nunca va a cambiar, no importa lo que diga.

Tal vez. Y tal vez se merecía la oportunidad de probar lo contrario.

—Todo esto es un punto discutible hasta que diga sí o no al compromiso.

—¿Y cuándo le hiciste esta oferta?

—En Macedonia.

—¿Y por qué estabas en Macedonia?

Oh Dios, no se lo había dicho todavía. Respiré profundamente.

—¿Qué es lo que no me cuentas? —dijo, con más fuerza este momento. Puede que no compartamos la telepatía de gemelos, pero en muchos aspectos, no la necesitábamos.

—La cita que tenía era para el especialista en fertilidad.

Se quedó en silencio durante un buen rato.

—¿Y?

—Soy temporalmente fértil.

No era la respuesta que había estado esperando y su conmoción recorrió el aire.

—¿Qué?

—No puedo correr el riesgo, Rhoan. No con la ARC 1-23 recorriendo mi sistema.

—Ah, Jesús. —Se pasó una mano por el pelo, luego, se dirigió hacia mí. Después de envolverme con sus brazos, me apretó muy fuerte y dijo en voz baja—: Lo siento, hermanita.

Sólo pude inclinar la cabeza por lo mucho que me estaba apretando.

—Misha lo sabe, ¿no?

—Sí.

—Por eso desea esta reunión.

—Sí. —Porque él quería usarme, y reproducirse conmigo, como todo el maldito mundo parecía querer.

Todos, excepto Kade, que sólo quería pasar un buen rato, y Quinn que quería que fuera suya, y sólo suya. Solo que él no quería al lobo, sólo a la mujer, y no podía tener uno sin lo otro.

—Sé lo mucho que deseas tener un hijo, pero no puedes hacerlo.

—Lo sé. —Me aparté—. Estoy protegida contra el embarazo. Sólo lo sabe Quinn.

—Me imagino cómo se lo tomó. —Rhoan hizo una mueca.

—Sí, él mencionó algo en la línea de putearme a mí misma por el bien de la Dirección.

—Puede que sea un vampiro muy antiguo, pero una vez fue humano. Y simplemente no le entra en la mente que el sexo sea algo que deba ser compartido y celebrado. Que es el porqué…

—No —lo interrumpí—, no me sermonees más, hermanito. Le he ofrecido un compromiso y tengo la intención de atenerme a él.

—Todavía no creo que sea una buena idea, pero me callo en la materia. —Me besó en la frente—. Vamos a salir de aquí, antes de que esos tontos azules decidan hacer una segunda visita.

Miré hacia la ventana.

—No crees realmente que ataquen de nuevo tan pronto, ¿verdad?

—Probablemente no, pero estas personas tienen una tendencia a hacer lo inesperado.

Como causar un accidente de coche y raptarme con fines reproductivos justo en el momento en que empezábamos todos a pensar que estaba a salvo. Maldita sea, ¿por qué iban detrás de mí? ¿Qué era tan importante en mis malditos genes que estaban decididos a atraparme? ¿Y por qué no a Rhoan, que lleva los mismos genes?

—¿Me lo puedo quedar? —Levanté el pequeño láser que me había dado antes.

—Sí. A Jack le dará un infarto, ya que son armas para guardianes, pero en este momento, no me importa una mierda. —Agarró el bolso de mi hombro—. Tiene una configuración de aturdimiento, si prefieres disparar primero y preguntar después.

—Me di cuenta, hermanito.

Sonrió.

—Mantente detrás de mí, y envuélvete en las sombras.

Lo hice, y bajamos las escaleras sin problemas. Quinn era un tono un poco más oscuro que la noche, pero hubiera sabido que estaba allí, aunque no usara la visión de infrarrojos. Su rico olor calentó el aire de la noche.

—Hay varias cámaras actualmente puestas sobre nosotros —comentó, abriendo la puerta del copiloto para mí—. No estoy seguro de si son de infrarrojos, pero mejor subirse al coche tan pronto como sea posible.

—Bien. —Rhoan me miró—. Ten cuidado.

Quería decir con Quinn. Me incliné hacia delante y le besé la mejilla.

—Tú también.

Esperó hasta que me subí, a continuación, me entregó la bolsa.

—Si hay algún problema, llamas.

—La mantendré a salvo —dijo Quinn.

—Más te vale. —Rhoan dio un paso atrás, y Quinn cerró la puerta. Cinco segundos después, mi hermano había entrado y nosotros estábamos en marcha.

—¿Hacia dónde vamos? —pregunté, después de unos minutos.

—¿Después de deshacernos del coche? Estoy abierto a sugerencias. Ni mi casa ni la tuya son seguras, y los registros del hotel se pueden comprobar muy fácilmente.

E incluso firmando con un nombre falso no sería seguro, no había mucha gente registrándose a esa hora de la noche.

Me froté la frente con cansancio. Me dolía detrás de los ojos, mi cabeza empezaba a latir con fuerza, y necesitaba desesperadamente dormir un poco. Pero más que eso, necesitaba algún tipo de cordura de nuevo en mi vida.

Mi mirada se dirigió a una embarcación suavemente iluminada que cruzaba la bahía, partiendo hacia el mar abierto. En este momento, me sentía como ese barco… deslizándose a través de la oscuridad, adentrándose cada vez más en las traicioneras aguas.

Pero al menos él conocía su destino final. Yo no tenía ni idea del mío.

—¿Riley?

Con un suspiro, dije:

—Vamos a buscar algún sitio donde pueda usar el ordenador de forma segura. Tengo que comprobar algunas cosas.

Su mirada me barrió, sentí calor en lugar de sierra.

—¿Por ejemplo?

Era muy tentador decir algo como "no es de tu maldita incumbencia", pero sería una grosería y no merecía nada más de eso.

—Como, quién demonios es Kade en realidad.

—Así que follaste… —Se detuvo en seco.

—Sí —dije, vacilando entre la molestia que me producía que siempre fuera por la misma línea, y la diversión de que se había detenido a media frase. Una pequeña mejora era mejor que nada, supuse—. Me lo follé sin hacer una verificación de antecedentes. Y no te atrevas a intentar decirme que revisas los antecedentes de cada mujer que te has llevado a la cama.

—No. —Hizo una pausa—. Pido disculpas.

—Oh, apuesto a que duele.

Me lanzó su mirada vampírica y dijo simplemente:

—¿Qué te ha hecho sospechar de él?

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Jue Sep 30, 2010 4:33 pm

CAPÍTULO 6 (PARTE 3)

Traducido por: Bautiston

Corregido por: Tibari



—El hecho de que él todavía está aquí, ayuda.

—Ah, así que no es sospechoso, pero sientes curiosidad. —Me miró—. ¿Sabes lo que la curiosidad le hizo al gato?

—Sí. Y eso no me detendrá.

—Nada parece detenerte.

Teniendo en cuenta que no estaba del todo segura de cómo tomar esa declaración, simplemente dije:

—¿Dónde vamos a dejar el coche?

—¿Aquí?

Miré a mi alrededor, la oscuridad, las sucias calles, y al instante se me ocurrieron una docena de mejores lugares para visitar. Lo cual lo convirtió en el lugar ideal.

—Bien.
Se volvió a una calle lateral y se detuvo en las sombras de un viejo gomero. Agarré mi bolso y me lo colgué. El viento se había vuelto aún más frío, azotando mis piernas desnudas, poniéndome la piel de gallina. El olor a mar mezclado con los aromas de la basura vieja y la orina humana rancia. Las casas de los alrededores eran tan oscuras y lúgubres como la propia calle, sin embargo, el sonido de que estaban haciendo el amor en una de las más cercanas indicó que en algunas de estas chozas se encontraban ocupados por alguien más que los borrachos que podía oler.

Miré a través del techo del coche.

—¿Conoces este lugar?

—No, en absoluto. —Él desapareció en la oscuridad, y cambié a infrarrojo. Su calor se movió en la parte trasera del coche—. Por aquí —susurró tibiamente a mi oído mientras tomaba mi bolso.

Eché un vistazo a la casa, vi el calor de la pareja amándose, y fugazmente deseé no tener más preocupaciones que llegar al orgasmo.

Quitando mi mirada de allí, seguí a Quinn. Nos trasladamos rápidamente a través del laberinto de calles, siempre alejándonos de la ciudad, como era de esperar.

En el momento en que se detuvo, nos abrimos paso en una franja de tiendas pequeñas. Miré la tienda de ropa de cama con anhelo, pero, naturalmente, no fue allí donde se detuvo, sino en la tienda de la esquina de aspecto lúgubre.

—No hay alarmas —dijo, antes de que pudiera preguntar—. Y hay un piso desocupado por encima de ella.

Ni siquiera tienen la energía mínima para trabajar.

—Pensé que ibas a dejar de leer mi mente.

—No, he dicho que debes guardar tus pensamientos, si no quieres que los lea. —Forzó la puerta para abrirla, y agitó una mano—. Después de ti.

La antigua tienda no había sido utilizada durante algún tiempo, a juzgar por las capas de polvo sobre los mostradores y el gusto añejo del aire. Me moví entre las sillas apiladas en las mesas, pasé junto a telas de araña colgando en varios huecos y dirigiéndome hacia las escaleras. La planta superior no era grande, pero tenía una cama. Y a pesar de que olía más a viejo que Matusalén, era mejor que dormir sobre el suelo en estado de putrefacción.

—Toma la cama —dijo Quinn desde la parte superior de la escalera—. Voy a vigilar desde abajo.

—¿Manteniéndote fuera del camino de la tentación? —dije, con cierto regocijo.

Su expresión era sombría, cuando se encontró con la mía.

—Como notaste antes, tengo que tomar una decisión. Creo que es justo guardar mi distancia hasta que decida qué hacer.

Agarré mi bolso de él, luego me incliné y besé su mejilla.

—Gracias por ser honesto, y gracias por pensar en ello al menos.

El calor le tocó los ojos oscuros.

—Incluso un vampiro muy viejo puede aprender a ser honesto de vez en cuando.

—¿Así que hay esperanza para ti?

La diversión murió.

—No sé, Riley. —Levantó una mano, tocando brevemente mi mejilla, pero oh tan tiernamente—. Simplemente no lo sé.

Dio media vuelta y bajó las escaleras. Solté un suspiro, y luego me senté en el colchón hundido y puse en marcha la radio. Media hora más tarde, tuve la respuesta de por lo menos una de las preguntas que tenía.

Kade tenía todos los certificados de derecho y los registros.

Pero Kade Williams en realidad no existía.

Lygon Street el sábado por la tarde era un hervidero de actividad y ruido, el aire rico en aromas que me hacían agua la boca. Quinn y yo nos sentamos en una mesa al aire libre, disfrutando de un breve baño de sol mientras esperábamos que fueran las tres en punto para echar a andar.

Desde donde yo estaba, podía ver Blue Moon, que estaba al otro lado de la carretera en una calle lateral. Rhoan y Kade no se veían, pero yo sabía que estaban aquí en alguna parte. Jack esperaba en el aparcamiento subterráneo en el camino. No era tan viejo como Quinn, y tenía ciertas restricciones con el sol.

Yo estaba haciendo de las mías con un súper Souvlaki¹, lleno de ajo y apenas resistiendo la tentación de respirar en la dirección de Quinn. No porque los ajos enteros y la cosa de vampiros fuera cierto, no lo era, sino porque sería algo molesto para hacer y yo estaba de un estado de ánimo irritable.

Parte de eso era nuestra proximidad al club. El olor de la lujuria y el sexo volaban fácilmente en el aire, volviendo locas a mis hormonas.

Pero teniendo en cuenta la reunión a la que tenía que hacer frente, tener las hormonas revueltas era algo bueno. Misha sabría cuánto quería un niño con todo mi corazón ahora que sabía con certeza que sólo tenía una pequeña oportunidad. Él lo comprendería instintivamente, en una forma que solamente los hombres lobo podrían hacerlo. Me esperaría sexualmente lista, agresiva incluso, simplemente porque las lobas por lo general así se comportan cuando están dispuestas a tener hijos. No importaba que no fuéramos almas gemelas, era de esperar ese comportamiento en mí, ya que sabía que esta podría ser mi única oportunidad.

Sin embargo, él también me conocía lo suficientemente bien como para saber que no iba a hacer nada sin un interrogatorio primero. Esperaba mis preguntas, y esperaba responderlas bien también.

Y esa era la otra parte del porqué de mi estado de ánimo general. No estaba totalmente segura de querer jugar este juego con un hombre que quería usar los dos lados en su propio beneficio.

Rhoan llegó paseando por la calle, una sonrisa de satisfacción en sus labios.

—Blue Moon sin protección, ¿eh? —dije secamente, mientras sacaba una silla y se sentaba.

—Sí. —Él sonrió—. Liander estaba allí.

—¿Y tú le diste a esa cosa salvaje la dirección? —Sacudí la cabeza burlonamente—. En realidad, hermano, ¿dónde están tus costumbres?

—En mis pelotas, donde está la mayoría de la moral de los hombres. ¿Planeas comer el resto de la Souvlaki?

Le entregué lo que quedaba y tomé mi café, calentando mis manos alrededor de la taza.

—Por lo tanto, ¿qué está pasando?

—Tenemos varias personas colocadas en ambas salidas. Los rastreadores están siguiendo el rastro de tus errores. Misha ha estado en el club una vez.

Levanté las cejas.

—¿Y no te vio?

—Liander y yo podemos ser muy discretos cuando queremos serlo. Además, Misha estaba teniendo sexo salvaje con una pequeña rubia.

Encantador. Miré mi reloj y eran las tres menos cuarto. Me tomé de un trago el café y me levanté.

—Hora de partir.

Ninguno de los dos se movió. Ellos esperarían, vigilando la entrada principal, escaneando el interior con infrarrojos. Quinn posó su mirada en la mía.

—Ten cuidado —fue todo lo que dijo.

Asentí con la cabeza, besé a mi hermano en la mejilla, colgué mi cartera en mi hombro y me dirigí hacia el club.

Las puertas delanteras se abrieron y Jimmy, el patovica gigante medio-humano, medio cambia formas en león, me dio una sonrisa.

—Oye, Riley —dijo, envolviéndome en sus brazos enormes, dándome un abrazo que momentáneamente detuvo mi respiración—. Ha pasado bastante tiempo desde que has estado aquí. Estábamos empezando a preocuparnos de que algo podría haberte pasado.

Algo pasó, pero fue bueno saber que me extrañaron. Lo hice agacharse y le planté un rápido beso en su mejilla barbuda.

—Es bueno verte, también.

Su sonrisa se hizo más grande, revelando dos dientes blancos y brillantes. Había perdido sus dientes en una pelea aquí en el club hace más de dos meses, y obviamente habían sido reemplazados, mientras yo me había ido.

—Tengo una gran cantidad de público en el día de hoy —dijo, abriendo la puerta como había pagado mi entrada y recogió la llave de casillero—. Y Misha está aquí, si estás interesada.

—¿Misha? —Fingí sorpresa. Aunque yo confiaba en Jimmy, no sabía sobre el vendedor de billetes o el guardia de seguridad en la segunda puerta, y no estaba segura de que no fueran uno de los soplones de Misha—. Él generalmente está en el Rocker los sábados.

La expresión de Jimmy era petulante.

—Han introducido “música moderna” los sábados. Por lo que he oído, pueden haber cambiado por un público más joven, pero han perdido una gran cantidad de clientes regulares.

—Y eso es bueno para el Blue Moon.

—Oh, lo es. No son las tres, y estamos a punto de reventar. Vamos a tener una lista de espera al caer la noche.

Le di la entrada.

—¿Me parece por tu sonrisa que has decidido tomar las acciones que te ofrecieron en el club?

—Sí. Ahora estoy esperando que el Rocker decida extender el tema de la música moderna, así puedo doblar hermosamente varias veces mi dinero. Pasa un buen rato, Riley.

Me sonrió.

—Esa es mi intención.

Cerró la puerta. La oscuridad me inundó, y aunque podría cambiar a infrarrojo con bastante facilidad, simplemente me detuve y di a mis ojos tiempo para adaptarse. Los infrarrojos no harían justicia ni al club ni a su atmósfera.

Holograma de estrellas florecían a lo largo del techo, pero su brillo parpadeante era eclipsada por la fuerte luz de la luna azul, que casi había alcanzado su cenit en su viaje a través del techo del color de la medianoche. Mesas y sillas rodeaban la enorme pista de baile que dominaba la habitación, y estaba lleno de solteros y parejas, algunos bailando, algunos haciendo el amor, y otros simplemente mirando.

La música tocada por el DJ en la esquina estaba llena de melodías sensuales y eróticas diseñadas para seducir a los sentidos, y el aire era tan caliente como la música, enriquecido con el olor de la lujuria y el sexo. Respiré profundo, permitiendo que mis poros absorbieran la atmósfera hasta mis huesos. Como respuesta un temblor recorrió cada fibra de mi ser. Amaba este lugar. Siempre lo había hecho.

Bajé las escaleras y me dirigí a los vestuarios. Después de tomar una ducha rápida para quitar el olor a polvo de mi piel, busqué una menta para quitarme el aliento a ajo, y luego me maquillé. Después de peinar con los dedos mi cabello húmedo, empujé mi cartera en el armario, coloqué mi tarjeta de crédito y la llave de la taquilla en una cadena alrededor de mi cuello, y luego desnuda me dirigí a la multitud.

Más cerca de la pista de baile, el ritmo sensual de la música fue acompañada de gruñidos de placer y del golpe de carne contra carne. El calor de mi sangre subió varias líneas más y me cortó la respiración, acelerándola luego. La presión de los cuerpos quemaba mi piel, haciendo que mi errático corazón latiera mucho más fuerte.

No pude ver a Misha, pero eso no era una sorpresa. Teniendo en cuenta que supuestamente estaba haciéndolo con una rubia cuando Rhoan había dejado el club. Misha nunca había sido de perder una oportunidad, y yo sospechaba que disfrutaba haciéndome esperar.

Pero si él estaba jugando un juego, y tenía un trasero con él, no podía hacerme ver como si lo estuviera buscando.

Lo que significaba que podría haber un poco de diversión antes de llegar hasta el meollo de la cuestión. Infiernos, Rhoan no era el único capaz de abusar de la Dirección del tiempo, y yo no tenía ninguna intención de dejar que Misha creyera que iba a salirse con la suya obligándome a esperarlo.

Me interné más en la multitud, bailando, flirteando, y, en general pasando un buen rato. Varios hombres giraban alrededor mío, atraídos por el olor de una loba en celo, cayendo como las abejas a la miel. Bailábamos, y si bien era a la vez lúdico y sensual, también fueron en gran medida eróticos juegos previos, donde dos hombres compiten por atención y favores. Yo jugué y bromeé con ellos, disfrutando de sus caricias, sus besos, y el calor de sus cuerpos apretados contra el mío.

Pero antes de que pudiera decidirme entre los dos, un tercer lobo se unió a nuestra danza. Sus manos se deslizaron alrededor de mi cintura, posesivo su tacto, casi exigente. Me apretó contra él, su cuerpo como el acero contra mi columna vertebral, su erección presionando juguetonamente contra mis nalgas. Como si fuera droga el fuego del deseo se deslizó a través de mi piel ya sobrecalentada, y me di cuenta en ese instante de que era a él a quien quería en mi interior.

Con la habilidad de un verdadero artista, me condujo lejos de los otros dos hombres. No me importaba. No cuando nuestra danza era una obertura lenta pero carnal de lo que estaba por venir.

Su aliento era cálido contra mi cuello y mi oído, sus besos se dejaban caer sobre mis hombros y el cuello, sensuales como su toque. Y su toque me derretía.

—Date la vuelta. —Su voz fue un gruñido ronco que enloqueció mi pulso. Él era un lobo marrón, aunque su piel y sus cabellos eran más del color del chocolate caliente que del color del barro habitual de los paquetes de café. Era delgado, pero musculoso de un modo atlético, y sus ojos eran de un impactante verde oscuro. Del color de la menta, con matices dorados.

Él envolvió sus brazos alrededor de mi cintura y me llevó cerca de nuevo. Sudor se formaba donde nos tocábamos, y el aire era tan denso con el calor de nuestro deseo que apenas podía respirar. Y en alguna parte del juego previo de nuestra danza, me di cuenta de que era un lobo alfa. Estaba allí, en la forma en la que se movía, en la autoridad de su toque. En la forma en que tomó el control. Un alfa era un hallazgo raro aquí en Melbourne, donde los hombres lobo eran gamma en general o beta. Los Alfas eran líderes, personas que toman, y tendían a acumularse en Sydney, donde por la feroz competencia y la actitud intensamente dominante de un alfa, era más fácil encajar.

Yo nunca había estado con un alfa de verdad antes, pues Talon en realidad no cuenta. A pesar de que fue un alfa, fue creado en un laboratorio y todos sus activos, incluyendo su hombría habían sido amplificados por sus creadores.

Pero había algo en este alfa que me llamó de una manera que pocos lobos habían conseguido. Tal vez una parte era simple curiosidad. Los Alfas tenían la reputación de ser excelentes pero exigentes amantes, y si haciendo el amor era tan bueno como bailaba, bueno, yo no iba a decir que no.

Nos movimos más entre el montón de cuerpos calientes, donde el olor a sexo era tan poderoso que era casi líquido, y en ese espacio me sentía como si tuviera un centenar de personas diferentes para tocar, presionar, acariciar. Bailamos un poco más, jugamos un poco más, burlándonos, degustándonos, mordisqueándonos y besándonos el uno al otro, hasta que la necesidad que latía entre nosotros comenzó a consumirlo todo. Justo cuando pensé que no podía aguantar más, su boca exigió la mía, besándome ferozmente mientras me levantaba sobre él. Entonces él estaba en mí, y se sentía tan condenadamente bien que me hizo gemir.

Envolví las piernas alrededor de su cintura, y comencé a moverme, montándolo lentamente, saboreando las sensaciones que fluían dentro de mí, hasta que las olas de placer ondularon mi piel convirtiéndose en una fuerza de fusión que no podía negar.

Y con los estremecimientos al haber terminado los dos, y la calidez de su semen inundando profundamente mi interior, me encontré deseando que este lobo fuera fértil, y que él y yo pudiéramos tener un niño. Un deseo extraño, dado que ni siquiera sabía su nombre.

Sin embargo, realmente no lo necesitaba, porque había algo en él que me parecía extrañamente familiar.

El desconocido inclinó la frente contra la mía por un momento y luego dijo con una voz ronca que me hacía vibrar hasta los dedos de los pies:

—Te quiero para la noche.

Normalmente, no era demasiado aficionada a la demanda, pero la forma en que dijo “quiero” me hizo derretir. O tal vez fue el abrazo de su cuerpo delgado, duro contra el mío. Tomé una respiración profunda, y traté de recordar que estaba aquí por una razón.


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¹ Souvlaki: Especie de Shesh kebab, comida griega de carne en un pincho que se va cociendo, se corta y se hace sándwich. (N. del T.)

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Jue Sep 30, 2010 4:35 pm

CAPÍTULO 6 (PARTE 4)


Traducido por: Rihano

Corregido por: Tibari



—Desafortunadamente, tengo una cita previa. —Lo cual no era nada más que la verdad, aunque una peligrosa de admitir a un extraño dado que no tenía ni idea de quiénes eran los vigilantes de Misha. Por todo lo que sabía, me había follado uno de ellos.

—¿No hay posibilidad de cancelarla?

—No esta vez.

—Ah. —Las ricas profundidades verdes de sus ojos brillaban de hambre, calor y diversión. Y algo más. Algo que hizo que mi aliento de atascara en mi garganta y mi corazón hiciera un extraño flip-flop.

Era el reconocimiento del destino.

Y supe, en ese momento, que este hombre desempeñaría un papel importante en mi futuro.

Eso era, si yo vivía para tener un futuro.

—Mi sincronización parece estar fuera de tiempo de nuevo. —Su voz era un gruñido bajo de frustración que envió un cálido escalofrío por mi espalda.

Hablando acerca de un lobo caliente... luego sus palabras encajaron, y me di cuenta de que lo había conocido antes. Aquí, en esta pista de baile, en una situación similar. Sólo que esa vez, me dejó escapar antes de que llegáramos tan lejos como para tener sexo.

—¿Kellen?
Su cálida y lenta sonrisa envió otra oleada de deseo a través de mi torrente sanguíneo.

—Me preguntaba si te habías acordado de mí.

Levanté una ceja.

—Estoy sorprendida de que te acuerdes de mí. Sólo compartimos cinco segundos de baile.

El humor compitió con el deseo en sus ojos, una atractiva mezcla que hizo que me maldijera mentalmente por la razón por la que estaba aquí. Cuando se trataba de sexo, yo hubiera preferido jugar con este lobo antes que el polo helado que yo había esperado.

—A veces —dijo, la voz un bajo retumbe que estremeció a través de mi piel— cinco segundos es todo lo que necesitas para saber exactamente lo que quieres y deseas.

Sonreí.

—Bonita línea.

—Pero la verdad, sin embargo. —Su mano se deslizó por mi espalda hacia mi trasero, y me apretó más cerca. El rico olor de él, cuero y especias calientes, jugueteó con mis sentidos, poniendo a prueba mi determinación—. La única razón por la que estoy en este club es para atrapar la atención de una cierta loba pelirroja. Ella ha estado notablemente ausente hasta esta noche.

Mis hormonas traicioneras de pronto estaban corriendo para formar un club de fans para el lobo de ojos verdes.

—Lo siento. Tuve un problema con una ex pareja y tuve que alejarme por unos meses.

Lo cual no era nada más que la verdad. Y una maldita pena, si este hombre había estado esperando aquí por mí todo ese tiempo.

—Te quiero, e intento tenerte —dijo él—. No sólo durante un baile, sino para muchos. Y tú no vas a escapar de mí esta noche hasta que por lo menos consiga un número de teléfono.

Habida cuenta de que Quinn y Kade no eran probables perspectivas a largo plazo, y Misha definitivamente no lo era, ciertamente no tuve reparos en darle mi número de teléfono móvil. Incluso si era un psicópata, en realidad no me podía rastrear a través de éste, porque era un teléfono del trabajo.

Una vez que le había dado el número, me besó. Mientras los besos iban y venían, esto era de primera categoría, y una señal clara de intenciones.

Cuando por fin se alejó, añadió:

—Te llamo mañana.

Incluso sin sus palabras, la evidente determinación en sus ojos verdes, y la llamarada en las ventanas de su nariz, le advirtieron de que éste era un lobo a la caza.

Nunca me había considerada antes una presa, y maldición si esto no me hacía quererlo todavía más. En el pasado, mis relaciones, incluso con Misha y Talon, sólo se habían convertido en algo permanente después de muchos enlaces casuales, y sólo después de que yo había decidido que les gustaba lo suficiente como para pasar a algo más. Pero nunca me habían perseguido con un solo propósito determinado, a pesar de que ambos habían sido enviados con el propósito de seducirme. Este alfa, evidentemente, no quería una relación casual, y no tenía intenciones de esperar hasta que me acostumbrara. La persecución estaba en proceso, y loba moderna o no, mi sangre corrió ante el pensamiento.

Le di un beso, suave y persistente.

—Por favor, hazlo.

—Lo haré, estate segura de eso.

Mientras mis hormonas se excitaban un poco como locas, me acompañó al cuarto de cambio, entonces me dio un beso que una vez más no me dejó ninguna duda de las intenciones futuras. Mientras se alejaba, me dirigí a la sala de cambio, y no pude evitar sentirme mareada con el júbilo. Mi vida podría ser un gran lío, y mi futuro decididamente oscuro, pero al menos esta noche había encontrado algo, o a alguien, a lo que aspirar.

Fui al baño y me limpié, luego me dirigí hacia afuera. Kellen no estaba a la vista, y parte de mí se alegró. Tuve la sensación de que él podría luchar por mis atenciones, y mientras yo era lo bastante lobo como para pensar que eso no era algo malo, ni Misha ni yo necesitábamos ese tipo de atención en este momento.

Misha terminó cerca de la barra, sentado en un taburete y atendiendo a lo que parecía una cerveza. Me dirigí hacia él.

—No esperaba encontrarte aquí —le dije, besándole la mejilla y forzando una nota alegre en mi voz.

—¿Qué le pasó al Rocker?

Sus ojos se encontraron con los míos, y luego se deslizaron pasando brevemente. Comprendí la advertencia lo suficientemente clara. Su vigilante estaba cerca.

Tendría que ser la que hiciera los movimientos.

—Ellos han decidido modernizarse —dijo, con voz seca—. Y sabes que no puedo soportar esas cosas.

—Tú y yo, los dos. —Me dejé caer en el banco junto al suyo—. ¿Quieres otra cerveza?

—Claro que sí.

Pedí dos al camarero, y luego dije:

—Sabes, es bueno volver a verte.

La diversión tocó sus ojos fríos. Levantó una mano, apartando el cabello lejos de mi mejilla, sus dedos fríos sobre mi piel.

—Ha pasado un tiempo —dijo en voz baja.

Me resistí a la tentación de retirarme.

—¿Por qué estás aquí solo? Generalmente tienes una media docena de bonitas rubias colgando de ti a los cinco minutos de entrar en un club.

Su sonrisa era cálida y genuina.

—La tenía. Pero tengo un cita importante con un par de lindas hermanas, en el cuarto verde en… —Hizo una pausa, mirando a su reloj—. Cuarenta y cinco minutos.

La habitación verde era una de las cinco habitaciones privadas que el Blue Moon ofrecía, y por lo que había oído, la más cara. Aparentemente venía completa con un spa, sillas vibradoras, lo último en camas de “aire”, y para aquellos a quienes les gusta el dolor, un área de azotes.

—¿Y no lo estás usando en el entre tiempo? Misha, te estás poniendo viejo.

Él sonrió.

—Conservando la fuerza, más probable. —Dio las gracias al camarero mientras colocaba las copas, y luego añadió—: Las hermanas son jóvenes y extremadamente activas.

—Entonces —dije en voz baja, deslizando la mano por su muslo—, ¿no hay nada que yo pueda decir que te influya a dirigirte hacia esa habitación para usarla durante la siguiente media hora?

Levantó una ceja.

—La última vez que te vi aquí, dijiste que no querías nada más que ver conmigo.

Yo no había dicho nada de eso, aunque lo había pensado sin duda. Sin embargo, dado que Misha no podía leer mi mente más de lo que podía leer la suya, obviamente fue dicho en beneficio de la persona que vigilaba. Y si yo quería exprimir el cerebro de Misha, tenía que jugar a este juego, al menos por el momento.

—Como te dije en su momento, no tengo la paciencia para quedarme esperando. No cuando hay un montón de otras ofertas sobre la mesa.

—Entonces, ¿qué te hizo cambiar de opinión?

Forcé una sonrisa, y pasé los dedos ligeramente hacia arriba y abajo de su erección.

—¿Qué te hace pensar que lo he hecho? Tal vez estoy consiguiendo un poco de venganza. Haciendo que te arrepientas de las oportunidades perdidas.

—Oh, lo he hecho —dijo secamente—, especialmente en los últimos minutos.

—¿Eso significa que podemos jugar?

—Supongo si vas a insistir...

—Y así soy yo.

—Entonces, un lobo sensible no tiene más remedio que ceder.

Se levantó, y me ofreció una mano. Puse mis dedos en los suyos, agarré la cerveza con mi mano libre, y me bajé del taburete.

Él me acompañó por el pasillo oscuro, y abrió la última puerta. Las velas parpadeaban en los apliques de la pared fijados en cada rincón, arrojando luz pálida a través de las paredes pintadas en varios tonos de verde, de modo que se parecían a las hojas en un bosque. El techo era negro y salpicado de hologramas de estrellas que ofrecían poco en el camino de luz. Lo que parecía un tapete de hojas secas estaba colocado cerca de la pared derecha. Esta era obviamente la cama de aire. Si hubiera estado aquí con alguien más aparte Misha, eso habría sido la primera cosa que habría probado. En su lugar, me dirigí al estanque del spa, entrando en el agua burbujeante y vaporosa con un suspiro.

Misha cerró la puerta, luego pulsó varios botones en el panel de seguridad a la derecha de la puerta, colocando el temporizador y el escudo psíquico.

—Bueno —dije, dejando caer toda pretensión de amabilidad—. Dime por qué infierno debería permitirte follarme.

—Porque quieres un niño.

—Además de eso. Tú y yo sabemos que podría salir a la pista de baile y en cinco minutos tener media docena de lobos dispuestos y deseosos de conseguir arrancar sus chips y tratar de tener un hijo conmigo. —Aunque sólo había un lobo particular, que en realidad me interesaba.

Misha asintió con la cabeza.

—La probabilidad de tener un hijo, sin condiciones, es algo que pocos hombres lobos dejarían pasar.

—Así que ¿por qué debería decidirme por ti?

Se metió en el otro extremo del spa, y estiró los brazos sobre el borde. El calor del agua prestaba calidez a su piel pálida, pero esto hizo poco para borrar el frío cálculo de su mirada.

—Porque también quieres respuestas.

—Aún no has demostrado que puedas dármelas a mí.

—No, pero lo haré.

—¿Y qué es lo que ganas con el trato?

Levantó una ceja.

—Un hijo o una hija para llevar mi nombre.

La ligera ventaja en su voz me hizo fruncir el ceño.

—¿Por qué es eso repentinamente tan importante?

—Porque me estoy muriendo.

Parpadeé, no estaba segura de que lo había oído bien.

—¿Qué?
—Me estoy muriendo. —Se encogió de hombros, como si fuera algo que él había aceptado desde hacía mucho tiempo—. Y quiero dejar este mundo sabiendo que algo de mí se queda atrás.

Sólo había verdad en sus palabras, no mentiras. Al menos en este caso.

—¿Te estás muriendo, porque eres un clon?

Sonrió.

—Sabes más de lo que pensaba.

—Hemos tenido a Talon desde hace unos meses.

—Ah, sí. —Él me examinó, los ojos helados ligeramente estrechados, las fosas nasales dilatadas. Otro lobo a la caza, y yo no estaba del todo segura de qué—. Talon fue producido en el mismo lote que yo. Había otros tres producidos a nuestro lado. Talon y yo somos los únicos que quedamos con vida.

—¿Por qué?

—Debido a que los químicos tan utilizados para ayudar a darnos la vida ahora nos la arrebatan. —Él hizo una mueca—. He comenzado a envejecer dos veces la tasa normal. Todavía no se está mostrando, pero pronto lo hará. Si el patrón de mi desintegración continúa así como el de mis hermanos de laboratorio, estaré muerto dentro de cinco años.

—¿Y Talon?

—Indudablemente no tardará en sufrir el mismo destino.

Me pregunté si Jack o los muchachos del laboratorio lo sabían.

—¿Cuánto tiempo hace que los tres que fueron creados contigo murieron?

—Dos no llegaron a la adolescencia. Uno de ellos murió a los dieciséis años.

Sorbí mi cerveza, entonces pregunté:

—¿Por qué?

Dudó.

—¿Qué sabes acerca de la clonación?

—El ADN de un óvulo donante es extraído, y la célula de un donante es utilizada en su lugar. Luego esto hierve en actividad y al tiempo crece.

Él hizo una mueca.

—Dicho crudamente, pero razonablemente exacto. El proceso está lejos de ser perfecto, incluso ahora. Siempre hay problemas, y aquellos de nosotros a quienes hacen llegar a la edad adulta sin problemas entonces tienen que lidiar con un botón de autodestrucción que de alguna manera está relacionado con el método utilizado para fusionar la célula y el óvulo y encender la secuenciación del ADN. —Tomó un trago, y luego añadió—: Dos de los tres que murieron fueron víctimas del síndrome del recién nacido grande, y uno nació con un sistema inmune que era, en el mejor de los casos, pobre. —De lo que había leído acerca de la clonación, que dos de cada cinco sobreviva hasta la edad adulta era un tipo de resultado malditamente bueno.

—Sin embargo, a pesar de estas dificultades, es obvio que sobrevivieron bastante bien, por lo menos para los primeros años.

Él asintió con la cabeza.

—Médicamente, estamos lo suficientemente avanzados para mantenerlos con vida donde antes no podíamos. Sin embargo, nadie ha descubierto la secuencia que se convierte en el botón de autodestrucción una vez que el clon llega a cierta edad. Tampoco sabemos por qué algunos clones pueden llegar a sus cuarenta años, como yo, y otros ni siquiera viven para ver su décimo cumpleaños.

—Estoy sorprendida. Talon nunca trató de investigar eso, después de todo, tenía un interés personal en el descubrimiento de las respuestas.

—Talon es mucho menos perspicaz que su creador, como evidencia su enfoque de la clonación. Él también cree que no sufrirá lo que el resto de nosotros hemos sufrido, que está destinado a la grandeza.

Solté un bufido.

—Y como todos los locos, aspirantes a dictadores, tuvo su merecido.

—En los laboratorios de la Dirección. Muy apropiado que terminara en un laboratorio similar al lugar donde todo comenzó.

Levanté una ceja.

—¿Es así como planeas terminar? ¿En un laboratorio?

Su sonrisa fue sombría y fría.

—Tengo la intención de morir peleando.

Y tuve la sensación de que no estaba hablando del botón de auto-destrucción construido dentro de sus genes. Fruncí el ceño.

—Entonces, ¿eres lobo, o parte vampiro, como Talon?

—Todo lobo.

—¿Entonces por qué no clonar una imagen espejo de ti mismo?

—Porque, con todos sus avances, la clonación todavía conlleva demasiados riesgos, riesgos que prefiero no infligir a cualquier descendiente mío. Y, como te he dicho no hace tanto tiempo, no estoy envuelto en la parte de investigación de la clonación.

—Pero estás involucrado en el mestizaje.

—No. Mis empresas llevan a cabo investigaciones para descubrir los secretos de la larga vida de un vampiro.

Y ahora supe por qué, se estaba muriendo. Y solo en caso de no descubrir el secreto a tiempo, él quería un niño para que llevara sus genes y su nombre.

Era un deseo con el que podía simpatizar, lo cual me hizo pensar lo mucho que él estaba jugándose conmigo.

—Teniendo en cuenta que Talon estaba manejando Moneisha y Genoveve, ¿eso significa que otro laboratorio hermano manejaba la instalación de mestizaje?

Dudó.

—No exactamente.

—¿Qué significa? —

Él se limitó a sonreír, así que traté un camino diferente—: ¿Cuántos clones de vosotros hay? —Sabíamos que había otro, al menos, aparte de Misha, pero ¿quién sabía cuántos Talon habían conseguido liberarse?

Él soltó una risita.

—No tantos como pareces pensar. Todo depende, si incluyes a Talon, hay sueltos cinco de los intentos originales de clonación.

—¿Esto quiere decir que no hay clones de Talon?

Él asintió con la cabeza.

Así que, habida cuenta Gautier fue uno, eso deja a dos que no conocíamos.

—¿Qué pasa con los clones creados de Talon?

—Creo que aproximadamente una docena permanecen, aunque no he sido capaz de hacerle un seguimiento a todas las creaciones de Talon, por lo que podría haber más. La mayoría están muertos, sin embargo, o pronto estarán muertos.

—¿Ese botón de autodestrucción que mencionaste?

—No, la Dirección. La mafia para la que trabajas son una eficiente máquina de matar, Riley.

Lo cual es el por qué yo estaba luchando como el demonio para no convertirme en un guardián.

—Entonces, ¿cuál era el objetivo de los cinco originales?

Dudó.

—Para llevar a cabo la investigación y perfeccionar nuestro laboratorio principal, por cualquier medio necesario.

Era el “por cualquier medio necesario” lo que me tenía preocupada. Talon había demostrado sin duda que no necesitaba seguir las reglas, y el hombre detrás del mestizaje había probado que estaba dispuesto a matar para mantener sus secretos.

Y si ese era el verdadero objetivo, ¿por qué colocar a Gautier en la Dirección?

—Sabías que yo estaba en ese centro, ¿no?

—Sí, pero no fui el responsable de que estuvieras ahí, ni era el único que intentaba tenerte allí.

—Entonces, ¿quién lo hizo?

Volvió a sonreír.

—Puedo señalarte el camino que te llevará a la persona, pero no puedo darte el nombre.

—¿Por qué no?

—Por la misma razón que no puede Talon.

Levanté las cejas.

—Talon no podía decírnoslo porque el nombre había sido quemado de su mente. ¿Estás diciendo que lo mismo te ha sucedido a ti?

—En cierto sentido, sí. Yo sé el nombre, pero me veo impedido de decírselo a nadie.

—¿Así que por qué no solo me das su dirección?

—Los datos personales están incluidos en la prohibición.

Lo cual era un poco demasiado conveniente. Terminé mi cerveza y miré el reloj en el panel de la puerta. Teníamos menos de media hora.

—Entonces explícame por qué diablos la persona detrás de todo esto está tan decidida a poner sus guantes sobre mí.

—Porque cuarenta años de investigación no han producido un cruce que haya asimilado totalmente la doble naturaleza de su herencia de la manera que tú lo has hecho. Te hace única. Te hace deseable para fines de investigación.

Lo cuál fue la misma razón que Jack había teorizado hace algún tiempo. Y el hecho de que Misha no mencionara a Rhoan ojalá significara que no eran conscientes de que llevaba los mismos genes.

—Ellos no estaban tratando de investigar mis genes en esa maldita instalación.

Una sonrisa asomó a su boca.

—Sí, lo estaban. Pero el hombre a cargo de la instalación sin duda sacó provecho de la situación así. Él dice que se lo debes.

Si esto era una pista, era una que no entendía. Fruncí el ceño.

—Así que ¿por qué gastar todo este tiempo y dinero en este tipo de investigación? ¿Sobre todo cuando tanto tú como Talon sois empresarios de éxito por derecho propio?

Se encogió de hombros de nuevo.

—Es lo que estábamos programados para hacer.

—Y una mierda.

Él sonrió.

—Entonces, ¿qué hay del dinero y el poder? Hay mucho de ambos para ser tenido en cuenta por el hombre que abra el secreto de la longevidad de un vampiro, o de la capacidad del hombre para sanar casi cualquier herida.

—Y una gran cantidad de poder que tendría el hombre que pudiera crear un ejército especialmente diseñado para manejar determinados lugares y situaciones. —Él me había dicho eso a mí una vez. Yo no había entendido en aquel momento que estaba realmente entregándome una pieza del rompecabezas.

—Podrías virtualmente nombrar tu propio precio.

—Exactamente.

Yo jugaba con la botella de cerveza vacía.

—El ejército está tratando de hacer lo mismo, ¿no?

—Sí.

—¿Estás involucrado con los militares, de alguna manera?

—No yo personalmente.

—¿Tu compañía?

—No.

—Tus compañeros clones.

—Más o menos.

Bueno, eso fue muy útil.

—Dame un punto de partida, entonces.

Levantó una ceja.

—No sin establecer condiciones. No sin un pago inicial.

La molestia se precipitó a través de mí.

—Recibirás tu pago inicial cuando consiga la prueba de que estás jugando limpio.

—No es lo suficientemente bueno, Riley. No cuando estoy arriesgando mi vida por ser visto contigo.

—Sigue diciendo esto, pero ¿por qué te matarían cuando obviamente te necesitan?

—Porque mi parte en la grandeza del régimen es de poca importancia. Y ahora mismo, estoy caminando en la línea de ser más un obstáculo que una ayuda.

No lo creía. No esta vez. Tenía la sospecha de que estaba haciendo esto por razones que eran puramente personales. Y aunque yo no tenía dudas de que estaba diciendo la verdad en cuanto a las razones para querer tener un niño, tampoco tenía ninguna duda de que había algo más que eso.

Como tal vez jugando para ambos lados de la valla hasta que supiera a ciencia cierta quién sería el vencedor.

—Si ese es el caso, ¿cómo demonios vas a ser mi única manera de escapar de un regreso a esos malditos corrales de investigación?

—Porque tengo algo que él quiere.

La fría satisfacción en su voz provocó un escalofrío en mi espalda.

—¿Qué es eso?

Levantó una ceja.

—Juro sobre la luna que puedo, si quiero, mantenerte a salvo de otro ataque. ¿Es eso suficiente como promesa?

—Sería, si me lo creyera.

—La falta de ataques sería prueba suficiente.

Mis dedos se cerraron alrededor del cuello de la botella de cerveza, pero me resistí a la tentación de tirársela a la cabeza.

—Entonces, si estoy de acuerdo con tus términos, ¿conseguirás detener a los perros, pero no antes?

—Precisamente.

Dejé escapar un aliento.

—¿Cuáles son tus condiciones?

—Ningún otro lobo más que yo. —Sus ojos plateados brillaron ferozmente a la luz de la vela—. Lo que significa mantenerte alejada de ese maldito alfa con el que te vi antes.

Como el infierno.

—De todos excepto de ese lobo con el que estaba esta noche. Él está aparte, así que no es una amenaza de esa manera, y si dejo todo contacto con otros lobos que no seas tú, tus vigilantes sospecharían.

Él soltó un gruñido. Obviamente infeliz, sin embargo dispuesto a conceder el punto.

—Me encontrarás en el Rocker, todas las noches de la semana y el domingo, a medianoche, y me darás dos horas de tu tiempo.

—¿Pensé que habías dicho que ya no ibas al Rocker más?

—Estoy allí todas las noches excepto los sábados.

—¿No levantaría repentinamente sospechas mi cambio de rutina?

—No, simplemente porque mis vigilantes han seguido tan acostumbrados a la rutina que ya no se molestan en vigilarme por las noches.

—Excepto esta noche.

—Siempre me vigilan cuando vengo aquí, simplemente porque saben que tú vienes aquí. No me quieren contigo.

—¿Por qué?

Él sonrió.

—Porque no te quieren embarazada con mi hijo.

Levanté una ceja.

—Una vez más, ¿por qué?

El brillo en sus ojos sugirió que era algo que no estaba preparado para compartir todavía. Y tuve una extraña sensación de que la causa regresaba al hombre detrás del mestizaje.

—No me digas —le dije secamente—. No lo puedes decir.

—Lo agarraste rápido.

No lo suficientemente rápido, obviamente. Me había tomado completamente algún tiempo darme cuenta de que él, y Talon, me estaban utilizando.

—Si dejo de venir al Blue Moon, sospecharán.

—Lo cual es el por qué los sábados vendrás aquí y nos ignoraremos mutuamente.

Oh, pamplinas. Pasé una noche sin jugar como yo deseaba.

—Ignoraré lo que para ti significa estar con otros lobos si mi alfa no está allí. Esto contradice tus términos, ¿no?

—Eres libre de estar con el que desees solo ese día —lo modificó—. ¿Estás de acuerdo con los términos?

Dudé, sin querer parecer demasiado ansiosa. No es que lo estuviera. Pero él era un medio para un fin, y además, si personalmente me gustaba o no, por lo general fue un buen amante.

—¿Qué pasa si me quedo embarazada? ¿Entonces qué?

—Entonces te apoyaré y al niño, y haré todo lo que esté en mi poder para protegerte.

—Hay una falla importante en ese pensamiento. Podrías estar muerto en cinco años. —Así lo hice, pero no estaba dispuesta a señalarlo.

Su sonrisa era dura, sus ojos de hielo.

—Créeme, tengo la manera de garantizarte que estarás protegida.

No pensé que estuviera lista para saber qué quería decir con eso.

—¿Estás de acuerdo? —preguntó de nuevo.

Habría estado de acuerdo con casi cualquier cosa, pero él no iba a saber eso. Así que dejé que el silencio entre nosotros se estirara, dejándole pensar que estaba reflexionando sobre los términos cuando todo lo que quería hacer era efectuar el pago inicial y obtener el primer lote de información.

—Sí, estoy de acuerdo.

—¿Y mi pago?

Él lo consiguió. Entonces tuve mi punto de partida.

El hombre que no existía.

Kade Williams.

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Jue Sep 30, 2010 6:04 pm

Gracias chicas!!

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Lun Oct 11, 2010 6:50 pm

gracias chicas... no se porque el tema no me manda los alertas cuando hay algo nuevo!!! :manga31:

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Mar Oct 12, 2010 7:27 pm

CAPÍTULO 7 (PARTE 1)


Traducido por Rossmary
Corregido por Stef



La primera persona que vi en cuanto salí de la Luna Azul fue a Kade. Estaba recostado en uno de los soportes de la capota del edificio, con los brazos cruzados y un con su brillante color vino rico a la luz mortecina de la tarde.

Su sonrisa iluminó su rostro, el calentamiento los ojos, pero con la misma rapidez, todo se desvaneció. Se enderezó bruscamente.

—Riley.

Me detuve frente a él, y puse las manos en las caderas.

—¿Por qué diablos no me dijiste que eras militar?

Algo se deslizó a través de sus ojos. La sorpresa, tal vez.

—Porque no estaba seguro de que fueras quien dijo que eras.

—¿Y cuándo lo supiste?

—No tuviste un momento libre. No eres más que una secretaria.

—Dios mío —dijo Rhoan, caminando detrás de Kade—, estás realmente buscando que te rompa la nariz, por no decir una cosa como esa.

Kade dio un paso hacia un lado, probablemente para asegurarse de que ambos estuviéramos en su línea de visión.

—No estoy del todo seguro de por qué, quiero decir, les aseguro que no parecía tan enfadado. —No me sentía enojada que de todos modos.

—Mira, Jack no te dijo, no pudo.

—Independientemente del hecho de que saque tu culo de ese lugar.

—Nos teníamos que sacar el uno al otro de allí, mi amor. Y yo no podía arriesgarme a identificarme. Había demasiado en juego.

—¿Cómo qué? —Rhoan preguntó.

La mirada de Kade observaba la calle ocupada.

—No podemos hacer esto aquí.

—Entonces, por lo menos dime tu nombre. Tu nombre real.

—Kade es mi verdadero nombre.

— ¿Pero no Williams?

—No. —Él me miró.

—Un hecho que, obviamente, debía saber.

—Obviamente.

—¿Cómo?

—Como he dicho, no aquí.

Miré a mi hermano.

—¿Dónde está Jack y la furgoneta?

—Aún en el aparcamiento de la calle. — Miró su reloj—. Jack no ha estado fuera de las restricciones del sol mucho tiempo. Me imaginé que podríamos reunirnos con él.

—Entonces vamos.

Rhoan se puso a mi lado, con las manos metidas en los bolsillos y silbando desafinando. Kade se quedó a un paso detrás de nosotros. Tal vez sentía que era más seguro no enemistarse con el lobo más de lo necesario.

Lo cual fue siempre un acierto, aunque yo no estaba realmente enojada con él.

—Bueno —dijo Rhoan, después de unos segundos—. ¿Quién es el lobo que dejo su olor en tu piel?

Le di mi mirada más inocente.

—No tengo la menor idea de lo que quieres decir.

Una sonrisa divertida apareció en sus labios.

—Yo pensé que era el único que estaba de fiesta durante este momento en la Dirección. Estas aumentando la apuesta con dios, querida hermana.

Sonreí.

—Bueno, tuve que aparentar que yo no estaba allí para cumplir con Misha, ¿no?

—Uh-huh.

—Además, le he visto antes.

—Y esa es una buena excusa, ¿porque...?

—Porque él es un lobo alfa a la caza, y en este momento, es mi olor el que tiene en su nariz.

Rhoan me sostuvo la mirada de todos modos, haciendo un agujero en el lado de mi cara.

—Bueno, sí que tienes toda la maldita suerte.

Si yo tenía toda la maldita suerte, no habría terminado en el centro de cría o fuera atacada por cosas azules voladoras.

—¿Vas a volver a verlo? —Rhoan continuó.

—Por supuesto.

Soltó un gruñido.

—Bien. Siempre supe que ibas a tomar un alfa para que el corazón de la captura de los suyos. Él podría ser el elegido.

—Puede ser. —Después de todo, ¿quién sabía lo que la suerte me tenía planeado? Yo no lo sabía. No después de toda la mierda que se había acumulado en mí camino.

El aparcamiento que Jack había elegido esta vez había sido un antiguo edificio de oficinas que había sido convertido para tratar de hacer frente al número cada vez mayor de coches que circulaban por la ciudad. El edificio era delgado y estrecho, y olía a gases de escape, gasolina, y el moho ocasionado por la humedad.

Con mi nariz arrugada, me pregunte.

—¿Dónde está alojado?

—En el décimo piso. Y los ascensores están fuera.

—Grandioso.

—¿Por qué no dejas tu bonito culo aquí, y yo iré a buscarlos a ellos? —Kade sugirió.

Compartí una mirada con mi hermano. Rhoan tenía su teléfono celular y podría fácilmente haber llamado a Jack apara que se reuniera abajo con nosotros, pero bueno, ¿quién era yo para evitar a un hombre deseoso de complacerme?

—Ve por tu vida.

Se fue corriendo. Los dos disfrutaron de la vista, luego Rhoan dijo:

—Hacer que un hombre vuele por diez pisos es algo q decir.

—Él está en buena forma —le dije suavemente—. Además, eso es lo que le pasa por ser deshonesto.

Se cruzó de brazos y se apoyó en una barandilla.

—Entonces, ¿Has aprendido algo útil?

—Sí. —En algún lugar de las entrañas oscuras y distantes del estacionamiento, una puerta chirrió. Mi mirada realizó una búsqueda entre las sombras, sin ver nada fuera de lugar. ¿Por qué de pronto sentí una punzante inquietud de repente a través de mi piel? Fruncí el ceño y miré a Rhoan.

—¿Hueles algo?

Levantó la nariz ligeramente, olfateando el odioso aire.

—¿Además de los humos del automóvil y el moho, quieres decir?

Asentí con la cabeza y me froté los brazos. De repente parecía más fresco el lugar o ¿simplemente era mi imaginación? Tenía el sentimiento de que algo estaba por ahí en la oscuridad, y que nos estaba mirando.

—En realidad no. —Dudó—. Bueno, hay algo-pero no puedo ubicarlo.

—Creo que tal vez será mejor comenzar acercarnos más hacia el camión. —Recorrí las sombras de nuevo.

—No me gusta la sensación de este lugar de repente.

Él asintió con la cabeza, y me tocó el codo, ligeramente me guiaba hacia la rampa para arriba. Fue entonces cuando lo escuché. La raspadura leve de las garras contra el hormigón.

Me quedé helada. También lo hizo mi hermano.

—Viene de la derecha —dijo en voz baja—. Desde cerca de la rampa.

Un infrarrojo me ilumino, y una de las sombras saltó a primer plano. Allí, en el fondo bajo la cubierta de la rampa, era una forma familiar encorvada.

Mi boca se secó.

—Orsini.

—Feas y apestosas ventosas, ¿no? —Rhoan comentó—. ¿A qué velocidad van?

—Son muy rápidos.

—¿Así que si corremos, es probable que nos atrapen?

—Sí.

—Entonces no hay opción.

Lo miré.

—¿Tienes una pistola?

Negó con la cabeza.

—No se puede llevar una dentro del club, y no me molesté en agarrar una después.

—Eso es flojera. ¿Y si alguien trataba de secuestrarme?

—Ellos no llegarían tan lejos. Confía en mí en eso. —Su expresión se tornó un tanto sombría—. Por lo tanto, creo que nos quedamos con fuerza contra dhampire Orsini.

—Cuando se trata de un combate cuerpo-cuerpo, yo en este caso estoy apostando a los Orsini.

Me dio una especie de mirada ofendida.

—Mi hermana pequeña tiene muy poca confianza en mí.

—He luchado contra estas cosas antes, eso es todo.

La criatura de las sombras levantó su fea cabeza y aulló. Era tan alto, que el sonido casi acuchilla mis nervios, apreté los dientes fuertemente. No quería hacer frente a estas cosas de nuevo. Realmente no lo quería.

—Si nos quedamos quietos, tal vez no ataquen antes de que la camioneta llegue.

—Lo dudo —dijo Rhoan—. Además, es probable que persigan la furgoneta, y realmente no puedo permitirme el lujo de tener esa cosa en la calle.

El lamento agudo ganó un eco. En un segundo estuvo detrás de nosotros. Grandioso. De puta madre.

—En caso de que hayas olvidado, no hay armas en la camioneta. Las armas son buenas. Las armas matan a estos feos hijos de puta desde la distancia.

—Un punto discutible si nos llegan a atacar mientras nos movemos. Y la camioneta no está aquí todavía. —Me apretó el codo a continuación, me soltó—. Tú le has ganado antes, cuando estabas sola y sin armas. Puedes hacerlo de nuevo. ¿Estas lista?

—Nunca voy a estar lista para luchar con estas cosas, Rhoan.

—No puedo hacerlo solo. No cuando dos de estas cosas nos acechan.

—Lo sé. —Respiré hondo y solté el aire—. Voy a ir hacia la derecha. —Roguemos al infierno de que la caballería llegue pronto.

—Suerte.

—La suerte y yo no estamos en buenos términos —murmuré.

La sonrisa en los labios de Rhoan se desvaneció mientras se desplaza en las sombra. A medida que sus pasos se retiraban hacia el primer Orsini, me quité los zapatos, lanzándolos al aire y sosteniéndolos con los dedos manteniéndolos atraparlos entre los dedos, luego eché a correr descalza por el aparcamiento.

El segundo Orsini estaba detrás de un coche en una esquina más alejada. Emitió un rugido poniéndose en movimiento, el sonido hizo eco en el silencio. Tenía la esperanza de que fuera escuchado por encima. Esperaba que la ayuda llegara pronto.

La criatura saltó de las sombras y corrió hacia mí, sus garras rastrillando con dureza contra el hormigón, haciendo saltar chispas como de disparos en la sombra de los límites del aparcamiento.

A medida que se acercaba, me giré, rozando con el pie, y pateando tan fuerte como pude la cabeza del Orsini. El choque del golpe resonó encima de mi pierna, pero no pareció hacerle gran daño a la bestia. Está solo se limitó a sacudir la cabeza, dándome tiempo a deslizarme hacia atrás. Solté los zapatos y agarré un puñado de su pelo enmarañado, lanzándolo con todas mis fuerzas en un arranque por tirarle hacia los lados contra el pilar de hormigón cercano. Apenas se movió, pero con una pezuña, rastrillo en mis piernas haciendo brotar sangre.

Aullé de dolor y solté el agarre de su pelo, agarrándole por la pata en su lugar. Con más fuerza que antes, tiré hacia atrás lo más fuerte que pude, derribándolo contra el concreto y sujetando el pesado cuerpo con el pie a la vez que lo disparaba como un objeto pesado hacia arriba y sobre mi cabeza.

La cosa aterrizó sobre su espalda y se estrelló de nalgas, en uno de los pilones de hormigón. El impacto pareció reverberar a través del hormigón, y el polvo cayó desde el techo.

Estornude, rodando para ponerme en posición vertical. La criatura se retorcía alrededor y saltó hacia mí, rozando sus garras en el aire. Me agaché y lo golpeé en la cabeza con el tacón de mi zapato. El estilete raspó su frente y se deslizó hacia atrás, la sangre le broto desde el ojo hasta el cuello, el fuerte olor se espacio en el aire lleno de humo.

Soltó un rugido y me atacó nuevamente. Una de sus garras me alcanzo en la pierna de nuevo, desgarrando la carne con un asombrosos y tremendísimo golpe. Cayendo fuerte contra el concreto, para simplemente torcer y saltar ágilmente sobre sus garras, mostrando sus dientes afilados groseramente, amarillos y peligrosos, tratando de conseguir morderme. Tratando de comer.

Me estremecí, y logré golpearlo cruelmente en la cabeza, girando y enterrando, el puñal en su pecho. Con el talón logre cortar el pelo y la piel, profundamente. Un líquido azul apagó los incendios a través de su piel. Lo que sea que fueran estas cosas, muy seguro era que no había en su mezcla vampiros. No le tenían adversidad a la madera. Debido al hecho de que ahora había un zapato de madera clavado dentro de él.

Lo que sí, obviamente, le dolió, porque la criatura aulló con furia y se lanzó hacia mí una vez más. Cayó sobre mí y se volvió, salté sobre la criatura elevándolo por encima de mí, y pateándolo tan fuerte como pude en las pelotas. Esta técnica había funcionado antes, y funcionó de nuevo esta vez. La criatura emitió una extraña clase de silbidos, para luego caer en el concreto y no volver a moverse.

Gire de vuelta echando a correr hacia el aparcamiento, cambiando de forma en el momento, para ayudar en el proceso de sanación y detener el sangrado de mis heridas. Ninguna sombra se movía allá abajo, pero podía ver el rojo del calor de un cuerpo, flexionado sobre el otro. El Orsini era el que estaba abajo, y un alivio se apoderó de mí.

Cambié de nuevo a la forma humana y desacelere mientras me acercaba.

—¿Estás bien? —le pregunte a mi hermano.

Rhoan salió de las sombras y asintió con la cabeza.

—Son animales extraordinariamente poderosos, ¿no?

—Si realmente se les puede definir como animales. —Me quedé mirando la criatura por un momento y luego señalé—: Tú sabes, Misha me prometió mantenerme a salvo de ataques como este.

Rhoan me miró, levantando las cejas.

—¿Cuándo fue eso?

—En el club, hoy.

—Probablemente no habría tenido tiempo de hacer nada para detener este ataque en particular. En caso de que supiera algo sobre esto.

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Mar Oct 12, 2010 7:31 pm

el capitulo de la confuncion jajajajajaj...ranguitos linda.

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Mar Oct 12, 2010 7:40 pm

Grax!!

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Mar Oct 12, 2010 11:34 pm

gracias,tenía mono de capi :baile:
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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Miér Oct 13, 2010 7:51 am

gracias a rossmary por traducir, a stef por corregir y a tibari por postear...

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Miér Oct 13, 2010 10:05 am

^^ bien!! seguimos!! :pompones: :pompones: :pompones:

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Miér Oct 13, 2010 2:06 pm

Sí, es que se coló entre los demás capítulos y pensé que el enlace que había era para la correctora. Eso me pasa por no comprobar las cosas cuando estoy demasiado liada. :manga09: Lo siento, no volverá a pasar :stp:

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Miér Oct 13, 2010 4:05 pm

uhmmm...tibari lo de la confucuón fue mia con stef, me referi a una conversacion que tuvimos?, no se ha lo que tu te refieres...

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Miér Oct 13, 2010 6:02 pm

eso iba por mi jajajajajaja


:latigo:

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