Black and Blood


 
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 Kissing Sin (Keri Arthur)

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Tibari

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Miér Oct 13, 2010 6:04 pm

Sí, ross, iba para gemma. ¿Por qué crees que todo lo que digo va dirigido a tí? :bash:

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Miér Oct 13, 2010 6:06 pm

:jiji:

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rihano

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Miér Oct 13, 2010 6:41 pm

felicitaciones a los chilenos y chilenas por el rescate de los mineros que se esta produciendo en la mina san jose en atacama!!!! :manga21:

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Tibari

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Jue Oct 14, 2010 1:04 pm

CAPÍTULO 7 (PARTE 2)

Traducido por Gemma
Corregido por Stef


—Cierto. —Supuse que la verdadera prueba vendría en un día o dos, una vez que hubiese tenido la oportunidad de contactar con su jefe y hacer sus amenazas. Aunque si el hombre que estaba detrás de todo esto era tan omnipotente, ¿qué podría usar Misha, para amenazarlo y que lo escuchara? ¿Y por qué no lo utilizaba para liberarse?

El sonido de un motor, acompañado por el chirrido de neumáticos, cortó a través del silencio. Levanté la vista. La camioneta apareció por la esquina, con Quinn justo en frente de ella, de pie y completamente armado. Su mirada se cruzó con la mía, oscuras profundidades enviaron un choque caliente a través de mí.

—Estás herida.

—Sólo son unos rasguños. —Señalé a la criatura que tenía cerca de sus pies—. Esa no está muerta.

Apuntó con el láser y disparó.

—¿Y la que tienes a tu lado?

—Muerta —dijo Rhoan, y la empujó a sus pies—. Salgamos de este infierno antes de que se presenten más de estas cosas.

La camioneta derrapó hasta detenerse. Nos acercamos y entramos. Quinn cerró la puerta y nos fuimos. Se hizo el silencio hasta que salimos del aparcamiento al tráfico de hora pico.

—Saben —dije, a nadie en particular—, estoy un poco harta de todos estos ataques.

—Obviamente piensan que eres una amenaza para su funcionamiento —comentó Kade.

—¿Cómo, si estuve inconsciente la mayor parte del tiempo en ese lugar? Incluso cuando me desperté, escapé contigo. ¿Qué pude haber visto que tú no?

—Podría ser más simple que eso —dijo Quinn—. Recuerda, tu ADN es tan bueno para ellos estés viva o muerta. Y eres mucho más manejable muerta.

Sonreí.

—Eso no es cierto.

—La pregunta es, ¿cómo la encuentran? —Dijo Kade—. O tenemos un traidor, o nos están siguiendo de alguna manera.

—Comprobamos su cuerpo —dijo Rhoan—. No encontramos nada.

—Pero estas personas usan tecnología que todavía no está en la calle —comentó Kade—. Podría ser que tienen algo que no conocemos.

—Bueno, hay información que alguien no le conto a la plebe —comentó Rhoan secamente.

—Todo a su tiempo —dijo Jack—. Y ese tiempo no es en esta furgoneta. Puede que haya algún dispositivo para escuchar, si es que realmente están tan interesados.

Compartí una mirada molesta con Rhoan, luego miré a Kade.

—A Misha lo observaban. Es más que probable que informaran de que regresaba con él a la base. Cierto, hubo tiempo suficiente para que organizaran un ataque mientras estábamos escondidos en la habitación privada.

—No podían saber que íbamos al aparcamiento.

—No, pero era una suposición lógica. La calle está llena de aparcamientos, por lo que es la mejor opción.

—Simplemente algo no cuadra —comentó Quinn—. A esas criaturas no se las puede llamar en cualquier momento. Sabían que íbamos a estar allí de antemano.

Me encontré con su oscura mirada.

—No fue Misha.

—¿Estás segura de eso?

—Sí.

—¿Por qué?

Levanté una ceja.

—¿Por qué es tan importante?

—Porque me gustaría que no te mataran antes de tomar una decisión.

—Al ritmo que pareces tomar tus decisiones, vampiro, seré vieja, gris y no deseable.

Él sonrió, la sonrisa le llego a los ojos, calentándole la mirada. Calentando mi alma.

—Vieja y gris, tal vez, pero nunca indeseable.

La diversión tocó las comisuras de mis labios.

—¿Así que me estás diciendo que no te importa que parezca una abuela?

—Sólo una abuela en particular.

—Saben —dijo Rhoan—, esta charla es extraña, un territorio en el que realmente no quiero pensar.

—Especialmente cuando la mayoría de las abuelitas no se parecen a Riley —murmuró Kade, después, se estremeció—. Carne vieja. No hay nada peor.

Le di una palmada en el brazo.

—Serás carne vieja algún día, chico caballo, hazte a la idea.

Su sonrisa fue repentina, descarada y sexy de una manera completamente diferente a la de Quinn.

—Sí, pero seré carne viril de caballo. Hay una diferencia.

—Apuesto a que podría encontrar una docena de abuelas que podrían argumentar ese punto.

—Y yo apostaría a que esas abuelas no han tenido un cambiante a caballo por amante.

—Eres una persona humilde, ¿no? —dijo Rhoan secamente.

Kade se rió más.

—¿Por qué ser humilde cuando no se tiene nada porque serlo?

La mirada de Rhoan se posó en mí, levantando una ceja a modo de pregunta. Sonreí.

—Él tiene un punto.

—Maldita sea. —Contempló a Kade por un segundo, y luego añadió—: Así que, ¿dónde puedo encontrar un poco de carne de caballo gay?

Kade se encogió de hombros.

—No me preguntes. Yo no voy buscando ese tipo de cosas.

—Lástima.

—Lo tomaré como un cumplido.

—Por favor.

No había mucho que agregar a eso, así que se hizo el silencio. Miré por la ventana, viendo como los edificios de oficinas y restaurantes daban paso a calles residenciales; luego, campos, y finalmente comencé a preguntarme hacia dónde nos dirigíamos.

Pasó otra media hora antes de que nos detuviéramos, y para entonces, había caído la noche. Salí de la furgoneta, olfateando el aire mientras miraba alrededor. El aroma de eucalipto competía con el aroma de lluvia en la brisa, pero en el fondo, olía a muerte y tierra.

Mi mirada fue por el camino de tierra que conducía a las enormes puertas de hierro. Estábamos de vuelta en Genoveve.

—¿Por qué aquí? —pregunté, mientras Jack daba la vuelta a la camioneta.

—Porque sólo hay una forma de entrar y salir de este lugar, y está fuertemente custodiado por personal de la Dirección en el que puedo confiar.

—¿Y la Sede no lo es?

—Gautier vuelve esta noche, convenientemente.

Gautier era sólo un hombre, y tanto como lo odiara, dudaba que fuera capaz de derrotarnos a los cuatro. Era bueno, pero no tanto.

Jack se dirigió hacia la entrada, y, como buenas ovejitas, lo seguimos. Una vez que los hombres de la puerta confirmaron nuestras identidades, se abrieron, y nos permitieron pasar.

Nos dirigimos hacia la zona de oficinas principales. Rhoan, Quinn, y Kade se dejaron caer en los cómodos sofás de cuero, pero yo seguí hacia las ventanas, dandoles la espalda mientras me cruzaba de brazos y miraba a lo largo de la arena. Talon lo había utilizado una vez para poner a prueba las habilidades de sus creaciones, e incluso ahora, meses después del evento, la arena todavía tenía las manchas de sangre de sus clones y muchos de nuestros guardianes que habían luchado y perdido sus vidas.

Mi mirada se dirigió a las ventanas opuestas. Allí fue dónde me desperté y lo descubrí usándome. Mientras era una loba, y no me preocupaba el sexo, también era una mujer, y no me gustaba ser tratada de esa manera. Por ninguna razón.

—Por lo tanto —dijo Jack, sentándose detrás del enorme escritorio, con papeles esparcidos—. ¿Qué pasó?

—Me dio un punto de partida. Un nombre.

Jack esperó varios segundos, y cuando no seguí, dijo:

—¿Y?

—Y es un nombre que ya conoces.

—Riley, deja de jugar.

—Sólo si nos dices a todos qué demonios está pasando. —Me di la vuelta para mirarlo—. Él me dio el nombre de Kade. Sólo que no es un constructor, es militar, y, obviamente, participa en algún tipo de investigación militar.

—¿Misha te ha dicho todo eso?

—Parte. —Dudé, pero iba a descubrir que había usado su ordenador tarde o temprano, así que era mejor llevar la delantera—. Dejaste tu ordenador en el ático, y la use.

Entrecerro los ojos.

—No sabes mis códigos.

No estaba dispuesta a admitir que sabía por lo menos dos de ellos y menos cuando ponía esos ojos.

—No los necesitaba. Soy un enlace y tu asistente. Tengo autorización para entrar en la mayoría de los departamentos. —Dudé, mirando a Kade—. Incluso militares.

El humor llegó a sus ojos y calentó la fría línea de sus labios.

—Nunca hubieras sido capaz de entrar en nuestro sistema.

—No lo hice. No totalmente, de todos modos.

—Y mi archivo estaba en modo de alerta.

Algo que había adivinado una vez que descubrí que podía ser militar.

—Es por eso que no busqué tu archivo personal.

Levantó una ceja.

—Entonces, ¿cómo te enteraste de quién era yo?

—Fui a la contratación. Se mantienen los duplicados de todas las aplicaciones. —Y al final, conseguí entrar ahí porque había usado uno de los códigos de seguridad de Jack. Cuando lo descubriera, no habría mucho que pagar—. Eras muy, muy alto y delgado cuando te inscribiste, ¿no?

Kade inhaló suavemente.

—Eres buena.

—Mucho —dijo Jack orgulloso—. Es por eso que la quiero de guardiana.

Lo mire inexpresivamente.

—Entonces, ¿qué haces, exactamente en el ejército? —pregunto Rhoan, tamborileando con los dedos el posa-brazos.

Kade hizo una mueca.

—Soy de inteligencia militar, y formo parte de una investigación que comenzó con el robo de una caja de armas láser de la Base Militar Landsend.

Landsend era uno de los centros militares de investigación superior.

—¿Los mismos láseres con que nos atacaron esas criaturas?

Su mirada se cruzó con la mía.

—Los mismos.

—Pensaba que una caja habría sido un poco difícil de robar —dijo Rhoan.

—Esto sucedió hace varios meses. Y ciertamente no fue lo único que faltó en Landsend.

—Poca seguridad aplicada, ¿eh?

Kade lo fulmino con la mirada.

—No. Bajo circunstancias normales, ni una hormiga podría salir de allí sin ser detectada.

—Bueno, alguien tuvo éxito. ¿Se inspeccionó a todo el personal?

—No yo personalmente. En ese momento, estaba encubierto.

—Como constructor. Con tu llamado hermano.

La rica mirada de Kade se encontró con la mía, y la furia fría que había vislumbrado en los últimos días estaba allí para que todos la vieran.

—Él era mi compañero. Y lo mataron.

—¿Quiénes? —preguntó Quinn.

—Las mismas personas que tienen las armas de Landsend. —La mirada de Kade se hizo sombría—. O tal vez esas mismas cosas.

—Define “cosas” —dijo Rhoan.

—La atraparon algunas de las cámaras especiales que la división instaló. El personal pensaba que eran de infrarrojo, y no los desilusionamos. En realidad, fueron diseñadas para detectar sólo el movimiento combinado de determinadas temperaturas corporales por debajo de lo normal.

Levanté las cejas.

—¿Invirtiendo los sensores de calor?

Él asintió.

—Hay algunas criaturas −los camaleones, por ejemplo− que son de sangre fría, e invisibles a las cámaras normales e infrarrojas.

—Pero no fue un camaleón que tomo los rayos láser, ¿verdad? —dijo Quinn.

—No. Era algo que nunca había visto antes. Una araña, líquida a su vez, capaz de verterse a través de la más pequeña de las grietas. Ingirió las armas y se las llevó.

Apoyé la cadera contra la pared. Mis pies estaban empezando a doler, pero el único asiento disponible era entre Quinn y Kade, y ser aplastada por dos hombres deliciosos podría ser un poco demasiado para mis hormonas. Sobre todo cuando intentaba concentrarme en lo que estaba pasando.

—Si los ingirió, ¿cómo pudieron recuperar las armas? —pregunté.

—La criatura, de alguna manera, puede reconstruirse después de regurgitar. —Se encogió de hombros.


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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Jue Oct 14, 2010 11:13 pm

Gracias chicas!!

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Vie Oct 15, 2010 8:15 pm

gracias a gemma, a stef y a tibari por el capi... :dem:

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Vie Oct 15, 2010 10:37 pm

¡Gracias por los capis chicas!!! ranguis [Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Mar Oct 19, 2010 2:16 pm

capi :stp:

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Miér Oct 20, 2010 5:47 pm

CAPÍTULO 7 (PARTE 3)


Traducido por Rossmary
Corregido por Stef



Qué extraño.

—Entonces, ¿para qué quieren las armas?

—Creo que las armas eran más un beneficio adicional. Landsend es de alta seguridad. Si puedes entrar y salir de allí sin ser detectada, puedes ir a cualquier parte.

—¿Y cómo se relaciona esto con que terminaras, como donante de esperma en ese centro de cría? —preguntó Rohan en voz baja.

—Mi departamento se encargó del sistema de puertas y conductos de aire, alrededor de las tiendas con contenedores especiales, diseñados para atrapar a la criatura mientras se movía en su forma líquida. Las pruebas que hicimos nos dijeron dos cosas: que la naturaleza no era responsable de su nacimiento, y que vinieron de algún lugar cerca de la zona de las Montañas Azules.

Levanté las cejas.

—¿Cómo puedes asegurar algo así?

Una mueca de diversiones se asomó en sus labios.

—Había restos de tierra que fueron recogidas por la criatura.

—Así que tú y tu pareja se instalaron cerca de Bullaburra y comenzaron las investigaciones. Lo que significa que supieron todo el tiempo que se nos había escapado una cría del centro. Que es lo peor.

—¿Cómo te localizan?— Rhoan preguntó.

Kade miró a Rhoan.

—No lo sé. Pero hace apenas una semana, todo se puso patas arriba. Esas cosas atacaron y mataron a Denny y me drogaron. —Se encogió de hombros. Estuve en este centro de cría alrededor de unos dos meses, hasta que Riley llegó.

Cambié mi peso otra vez, tratando de aliviar el dolor en mis pies—. Lo que nos lleva a varias preguntas: ¿por qué matar a tu pareja y mantenerte vivo a ti? ¿Y por qué no se preguntan por tu desaparición?

—Creo que encontrarás que las respuestas a ambas preguntas están entrelazadas —comentó Jack—. El socio de Kade no tenía registrado psi-regalos. Kade, en cambio, es psi-inmune y al mismo tiempo, es capaz de utilizar sus propios y formidables talentos.

—Lo que sólo podían haber sabido si hubieran tenido acceso a su expediente. Y eso sería imposible con tus alarmas. —Me detuve, recordando lo que había dicho Misha. Me gire a mirar a Jack a Kade y viceversa—. Eso es lo que quería decir Misha. Hay un topo en su departamento.

Kade asintió con la cabeza.

—Y todo se reduce a dos hombres, mi jefe inmediato, James Ross, o el hombre a cargo de toda la sección, un general llamado Martín Hunt. Eran los únicos dos que sabían que Denny y yo estábamos en el campo, y el por qué.

—¿Pero las alarmas se han planteado sin tener eso en cuenta? —¿Cómo podían dos hombres desaparecer sin que se diera una alerta? ¿Especialmente en una división militar?

—Si se trata de James Ross, fácilmente pudo haber presentado informes falsos —comentó Rhoan. Miró hacia Jack—. ¿Vamos a tener que investigar a dos hombres?

—Sí. Por el momento, estos dos hombres parecen más limpios que el halo de un ángel. —La expresión de Jack era tan sombría, que no la había visto nunca—. Y, por supuesto, James Ross sabe de Kade y que está con nosotros, porque me confirmó la identidad de Kade cuando estábamos en Leura.

—Entonces, ¿qué vamos a hacer?

—Ross James es el blanco más fácil. Es humano, y aunque al parecer tiene fuertes psi-escudos, no son demasiado fuertes como para que no pueda con él.

—Es por eso que nunca se convertirá en un general —murmuró Kade.

—Él sabe que Kade está vivo, así que vamos a utilizar eso, y a organizar una reunión.

—¿Con qué fin? —preguntó Rhoan—. Los dos sabemos que va a estar usando lo último en psi- deadeners*. Incluso si él es inocente, dudo mucho que sea tan estúpido como para venir solo.

—Es por eso que estarás allí para ejecutar la obstrucción.

Lo que significaba que tendría que quedarme con Quinn una vez más. Dado el tiempo que se estaba tomando para tomar su decisión, no estaba exactamente contenta con todo eso. Quiero decir, ponerme con él era como poner un chocolate delante para luego decirme que no lo podía tener. Era simplemente fastidioso.

—Mientras tanto —continuó Jack—, Quinn y Riley se encargaran de investigar a Martin Hunt.

—¿Y cómo se supone que vamos a hacer eso?

—Fácil. —Jack miró a Quinn—. ¿Creo que tienes una invitación a la gala de la Fundación para los Deseos de los Niños de mañana por la noche?

—Sí.

—Bien. Hunt estará allí, pues su esposa se encuentra en el consejo de la fundación. Tú y Riley se pueden mezclar con los mejores y más altos de la nación, y obtener una línea de Hunt en el proceso.

—Hay un problema importante en que pensar. —El sarcasmo sonó como filo cortante en mi voz—. Si Hunt es un enemigo, sabe cómo luzco.

—¿Es la razón por la que Rhoan encontrara a Liander?

—Es un riesgo demasiado grande. —Aunque la voz de Quinn era suave, la determinación de acero se hizo evidente en su tono—. Voy a ir, pero Riley debe quedarse aquí.

—Necesitamos la nariz de Riley. Hunt podría haber sido uno de los hombres que la visitó en la celda de cría. Si es así, podríamos haber encontrado a un jugador importante.

No sería tan fácil. En el fondo, sabía que había alguien más, alguien que yo conocía. Alguien que tiraba de las cadenas desde las sombras.

—Ellos ya lo han intentado dos veces, y han tratado de matarla varias veces desde entonces. Su ADN es tan útil para ellos así está muerta o viva. Enviarla a esta función podría ser tan bueno como firmar su sentencia de muerte.

—Ellos no sabrán que está ahí.

—Descubrieron que ella estaba en un hotel de Brighton. Sabían que estaba en el aparcamiento. No podemos decir con seguridad que no sabrán que está en la función.

—Estoy de acuerdo en que Riley no debería estar haciendo esto —agregó Rhoan—. Ella no está capacitada para trabajo encubierto.

—Esto no va a ser peligros —dijo Jack con impaciencia—. Y Quinn estará ahí para protegerla.

—Ninguno de nosotros hemos estado haciendo un muy buen trabajo para protegerla hasta ahora. —Rhoan me miró—. Es tu decisión.

Lo que significaba que había más cosas tras de mí, no importaba lo que se decidiera. Incluso si eso significaba ir en contra de las órdenes de Jack.

Sonreí, amaba a mi hermano mayor más que nunca.

—Liander podrá hacer alguna cosa para ocultarme, y confío en él. —Miré a Jack—. Necesito ponerle fin a esta locura. Quiero volver a tener una vida normal.

No dijo lo obvio, que para mí, la oportunidad de una vida normal había terminado. Pero lo estaba pensando. Lo pude ver en sus ojos.

—Bien —fue todo lo que dijo—. Kade, Quinn, y Riley, vallan a descansar un poco. Rhoan, tú vuelve a la ciudad y busca a Liander. Lleva un par de hombres contigo.

Esperé hasta que los tres hombres se hubieran marchado, entonces mire hacia Jack.

—Hay una cosa que parece habérsete olvidado. Mis citas nocturnas con Misha comienzan a partir de mañana.

—No lo he olvidado. La función es tarde. Un coche te recogerá a ti y a Quinn a las diez, los llevaran hasta el aeropuerto. Quinn los llevara en su propio avión, y te traerá de vuelta a tiempo para que puedas reunirte con Misha.

—Si todo sale según lo planeado. —Y hasta ahora, nada había salido bien.

—Las cosas están empezando a ir en nuestro camino, Riley. Todo va a estar bien.

Me froté los brazos, con esperanza, como si el mismo infierno, estuviera en lo cierto, porque no sólo era mi vida la que estaba en la línea, la de Quinn también. Jack parecía haber olvidado que Quinn había sido el blanco de varios intentos de asesinato. O tal vez simplemente no le importaba.

—Aquí hay una imagen del general y su esposa. Abrió una carpeta en la que se podía ver unas fotos. El general era alto, sólidamente establecido, con el pelo del color de la sal y la pimienta juntos, y una cara escarpada. Su esposa era alta, perturbadora, con una de rostro indescriptible y el pelo de un color marrón apagado. Era el tipo de pareja que ni siquiera te tomabas la molestia de mirar dos veces.

—Ve a descansar un poco —añadió—. Debes verte fantástica.

Esa era yo. Pero mientras me dirigía hacia la puerta, olfatee el aire para detectar en qué dirección se habían ido Kade y Quinn, no era el sueño lo que tenía en mente. Pero por suerte para mí y mi necesidad de dormir, mis hormonas no se estaban relajando todavía.
Encontré una habitación vacía, me desnude y trate de dormir.

Pero no podía conciliar el sueño.

No cuando mis recuerdos estaban invadidos por un hombre sin rostro que tomo todo de mí sin darme nada a cambio.

Un hombre que había conocido una vez muy íntimamente.

Un hombre cuyo nombre se cernía lo suficientemente cerca para saber que gusto tenía, pero el cual no conseguía recordar.

Me desperté con la conciencia de que no estaba sola. El aire era rico con un agradable olor a almizcle, mis hormonas se agitaron frustradas por la vida. Abrí los ojos.

Kade estaba sentado en una silla frente a la cama, sonrió cuando me vio observándolo.

—Se me ocurrió entrar y ofrecerte una disculpa.

—Por no hablar de disfrutar de la vista. Empujé las mantas y me levante.

Su mirada se deslizó sobre mí, agradecida y cálida.

—Bueno, hay mucho para disfrutar.

—Mientras se mire y no se toque. Hay mucho trabajo por hacer, y muy poco tiempo.

—Siempre hay tiempo para el sexo, cariño.

Mis hormonas rápidamente formaron un pelotón de alegría ante la perspectiva de tener un caballo que cambia de amante, pero me las arreglé para ignorarlas.

—¿Está Liander aquí?

—Sí.

—Entonces no hay tiempo.

Se levantó y caminó hacia mí. Apreté la mano contra su pecho, deteniéndolo antes de que se acercara demasiado.

—Te dije que no, Kade.

Me tomó la mano y se la llevó a los labios. Su aliento se sintió caliente en mis manos, el beso fue suave y dulce.

—¿Qué pasa si me comprometo a ser rápido?

—Lo hemos hecho rápido. Me gustaría mucho hacer un cambio. —Y así como lo dije, sonreí. Porque cuando se trata de carne, Kade era mucho mejor que cualquier hombre vivo.

Tiró de mí hacia delante ligeramente y envolvió sus brazos alrededor de mi cintura. Se sentía tan bien, tan cálido y duro, que el deseo se arremolinó través de mí. Ese fue el principio del fin cuando de resistencia se trataba, y yo lo sabía.

—Tenemos media hora y una cama individual —dijo, como si sintiera la disminución repentina de mi resolución.

—¿No te parece que una cama individual es un poco pequeña para nosotros?

—La verdad es que no lo he hecho nunca en una cama individual.

La sonrisa que afloro en sus labios era descarada, y mi propia respuesta una contradicción. Porque yo quería. Por Dios, como quería.

Y a decir verdad, había estado de pie con Kellen delante de mí, hubiese sido un instante, y Liander seria condenado. Fue ese pensamiento, más que nada, que tomo mi última pisca de renuncia. Kellen podría haber sido un lobo, pero Kade nunca podría ser considerado un amante menor.

—Si por tu culpa, Jack me muerde el culo por llegar tarde, vas a estar fuera de mi lista de amantes, mi caliente amigo.

Se echó a reír.

—Confía en mí, Jack no llegara a ninguna parte cerca de tu delicioso culo. Me comprometo a protegerlo de todos los interesados.

Tuve visiones repentinas de él espantando lejos a todos los nuevos pretendientes y resople suavemente. Tal vez no era una buena idea después de todo.

—Media hora. Ni más ni menos.

—Trato hecho. —Me dio un beso en los labios, luego me tiró a la cama.

Tengo que decir, que el hombre sin duda sabía cómo sacar el máximo provecho de una cama individual.

Y enfatizó su punto de la manera más dramática, demostrado, sin sombra de duda que no había hecho el amor en una cama individual antes.

Fue una buena tarde de cuarenta minutos, antes de que me estuviera escoltando por el pasillo hasta el baño donde Liander había establecido la tienda. Una vez allí, me dio otro beso en los labios, uno diseñado para provocar y despertar.

Tuvo éxito en hacer ambas cosas.

—Vamos a retomar este debate un poco más tarde —dijo, y se alejó silbando alegremente.

Solté un suspiro, y luego abrí la puerta y entre. Rhoan y Liander lo estaban haciendo contra una de las paredes.

—¿Quieres que vuelva más tarde? —les pregunté con sequedad.

Rhoan tomo una bocanada de aire, y me dio una amplia sonrisa.

—Pudiste venir en un mejor momento, pero esto se mantendrá.

—¿Estás seguro?

—No, pero Jack nos va a matar si nos demoramos más de lo necesario. —Se apretó contra Liander y entonces se apartó.

La mirada Liander se encontró con la mía, podía ver la diversión parpadeando en el fondo gris.

—Además, de todas forma es tan divertido.

—Es obvio que llevas una vida sexual muy triste.

—Bueno, tu hermano podría utilizar un puntero o dos, pero bueno, puede ser entretenido.

Rhoan se cruzó de brazos y apoyó un hombro contra la pared.

—Cuidado con lo que dicen, o puedo conseguir otro cuerpo indigno en otros lugares.

Liander resopló.

—Como quieras.

—Ahora, muchachos —los interrumpí, sintiendo una discusión en camino—. El trabajo en primer lugar, después los amantes.

—No —corrigió Rhoan, con un brillo travieso en los ojos—. El trabajo primero, y luego sexo, a continuación, podemos seguir el juego de los amantes. Ten tus prioridades en orden, por favor.

—Lo siento —dije secamente—. Por lo tanto, ¿ya han decidido qué cambio voy a llevar? —La última vez que había hecho esto, me había convertido en una prostituta albina. No creía que sería el tipo que debo lucir para una función de lujo.

Liander me lanzó una botella pequeña con un líquido lavanda.

—Date una ducha con esto. Esto va a borrar tu olor de base por las próximas doce horas.

Una llamada de socorro corrió a través de mí cuando me dirigí a las duchas. Al menos si el lobo que me había utilizado en el centro de cría estaba allí, mi olor no me delataría. Una vez que me lave, me senté en la silla que Liander había robado de una de las oficinas, y me deje caer.

—Quinn ha sido fotografiado en el pasado con unas bellezas de pelo castaño —explicó Liander, cuando empezó a cambiarme el color de la piel y el cabello—. Por lo que ese es el aspecto que vamos a darte.

—¿Y este pegote se puede lavar fácilmente? —pregunté, mirando con una leve sensación de horror que mi pelo rojo-oro se convirtió en un chocolate, de color avellana.

—Sí. Confía en mí.

Yo confiaba en él, pero eso no impidió que la consternación se apoderara de mí. Quiero decir, me encantaba mi pelo. Su color. Viendo que se convertía en marrón era más que inquietante.

Sin embargo, fue sorprendente la diferencia de color de pelo, con mechas azul, el trabajo con el maquillaje fue una fantasía. No era yo la que me devolvía la mirada en el espejo. Era otra persona. Alguien suficientemente conveniente para ir colgada del brazo de un millonario playboy.

—Wow —dijo Rhoan—, básicamente era lo que estaba pensando.

—No hemos terminado todavía. —La expresión de Liander resplandecía mientras sostenía un trozo de material de color rojo vibrante—. Ahora el vestido.

Le dirigí una mirada inexpresiva.

—Eso no es un vestido. Eso es un tubo de tela.

—Este tubo es lo último en vestidos de noche, y cuesta una fortuna enorme.

—No hace que me guste más.

—Te verás genial en él.

—Voy a parecer un maldito farol. La gente tendrá que usar gafas de sol para mirarme.

Liander sonrió.

—Queremos que la gente te mire. Queremos que la gente admire ese cuerpo glorioso que tienes, para que no miren más profundamente.

Levanté una ceja, una sonrisa leve contrajo mis labios.

—¿Cuerpo glorioso? ¿Pensé que te gustaba comer del otro lado de la valla? ¿Qué pasa con la apreciación súbita de la forma femenina?

—Voy a comer en el otro lado, como dices, pero eso no quiere decir que no pueda admirar una deliciosa forma de mujer como la tuya. —Golpeó ligeramente mi brazo—. Deja de quejarte y ponte de pie.

Lo hice. Me tendió dos copas blancas.

—Apoyos para las mamas. Van a levantarlas así como ayudar con el apoyo, y realzaran tu hermosa figura aún con más importancia.

—Como si lo necesitara —repliqué secamente, mientras levantaba mis tetas y deslizaba los apoyos en su lugar.

—Cuanto más exhibas todos tus atractivos, menos peligro abra de que reconozcan tu cara —dijo Rhoan con una sonrisa—. Por una vez, esto es algo bueno.

—Lo dice el macho de la especie que nunca tiene que aguantar que los hombres hablen con sus pechos en lugar de con su cara.

—Hay ventajas de ser un hombre.

No me gustaba estar deformada y reconstruida por el amante de mi hermano. Liander me entregó el vestido rojo.

—¿Y esto va sin ropa interior?

—No necesitamos feas líneas de panty con este vestido.

Levanté una ceja.

—¿Ni siquiera las feas líneas de una tanga?

Era su turno de “mirarme”. Sonreí y camine con el vestido. Se ajustaba como un guante a mi cuerpo, cubriendo mi pecho hasta el muslo, y dejando una cantidad casi indecente de carne al descubierto.

—Creo que voy a ser el hazmerreír de esta función.

—Vas hacer babear a más de uno. —Liander dio un paso atrás, con la expresión de un artista que estudiaba su obra maestra—. Tira del borde del vestido hacia abajo un tono más.

—¿Quieres mis tetas afuera?

Él sonrió débilmente.

—No, aunque hay que admitir, que sin duda eso no dejaría a nadie reconocer tu cara.

El vestido quedó justo donde debía. Media pulgada más, y mis pezones saldrían dando la bienvenida al mundo.

—¿Los zapatos?

Me dio un par de tacones de aguja de tiras, de cuatro pulgadas.

—Mi tipo favorito —le dije, dirigiendo mi dedo en la espiga de madera del talón—. Rojo y listo para usar.

Liander sonrió.

—Se están convirtiendo en toda una declaración de moda, aunque dudo que a alguien le haya caído mal el uso que le das.

—Gracias a Dios. No me gustaría tener que buscar otra arma inocua.

Una vez que me los puse, me volví y estudie la imagen en el espejo. Si una sensualidad latente fue el aspecto que había buscado, entonces había logrado el efecto deseado.

—¿Qué pasa con mi voz?

—Un modulador solucionará eso. —Me dio un par.

Los tomé, inserte los chips de plástico extremadamente delgados a ambos lados de mi boca. La superficie de los moduladores supuestamente estaba cubierta con un analgésico que amortiguaba la piel a su paso. En teoría, de todos modos. En la práctica, se sentía como si me estuviera arrancando los dientes en lugar de empujar en plástico. Por lo menos una vez que se ajustaban, en realidad no se sentían. Y nadie más lo haría, ya sea, a menos que alguien me registrara con profundidad la garganta.

—Esas cosas siempre duelen al entrar —dije, cuando pude, sorprendida por el sonido de mi voz.

—Deja de ser un bebé —comentó Liander—. Repite el alfabeto, para así saber si están trabajando correctamente.

El alfabeto nunca había sonado tan sexy, déjame decirte.

—¿Qué tal un abrigo? ¿O tienes la intención de que me congele a muerte en nombre de la perfección?

—Créanme, con el calor que va a ver después, no será necesario un abrigo. —Levantó una mano, impidiendo mis protestas—. Yo, sin embargo, tengo uno para ti.

Me lo entregó. Por suerte era negro, y no rojo. Me lo puse y abroche en primer botón.
No tiene sentido dar Quinn un ataque al corazón, especialmente cuando aún no había decidido si podía continuar una relación en mis términos.

—Un tema final —agregó Rhoan, y me ofreció una bolsa pequeña—. La ropa para cambiarte después de salir de la función.

—Ciertamente no queremos hacer pensar a Misha que me vestisteis especialmente para él —murmuré, aceptando la bolsa con gratitud.

Liander miró su reloj.

—Es hora de irnos. —Se inclinó hacia delante y me besó en la mejilla—. Si esto no aclara la mente de tu renuente vampiro, no sé lo que lo hará.

Miré a Rhoan.

—¿Has estado hablando de mi vida amorosa de nuevo?

—Bueno, es más interesante que la mía en este momento. Quiero decir, los vampiros, un chido cambiante, lobos alfa.

—¿Un lobo alfa? —Liander le interrumpió, y me golpeó ligeramente en el brazo—. ¡Chica mala!

Me sonrió.

—Créanme, lo intento.

Tocaron a la puerta.

—¿Riley? —dijo Jack—. ¿Estás lista? Tenemos que empezar a movernos.

—Lista. —Besé a mi hermano—. Sean cuidadosos ahí fuera.

—Siempre a tu derecha. Y recuerda, no siempre le tengas confianza a Misha. Está jugando su propio juego, y hasta ahora, no tenemos ni idea de cuáles son las reglas.

—Lo voy a recordar.

Tiré la bolsa por encima de mi hombro, y me encaminé hacia la puerta.

Era hora de ir de caza.

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NOTA: psi- deadeners: En este caso se refiere a amortiguadores o respaldos indetectables. (Nota de la traductora)

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Jue Oct 21, 2010 11:41 am

wiiii seguimos!!! :pompones:

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Jue Oct 21, 2010 6:28 pm

gracias por el pedazo... seguiremos esperando...

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Jue Oct 21, 2010 6:53 pm

CAPÍTULO 8


Traducido por Stef
Corregido por Gemma


Jack me lo dio una vez más, aunque él no podía ver mucho realmente, gracias a la capa.
—Muy bien. —Me entregó un pedazo de papel. —Memorízalo. Llama cuando salgas del club, tendremos un coche esperando para recogerte.
Tomé el papel, memoricé el número como me ordenó, después, desapareció.
—¿Y luego?
—Llevarte hasta el coche.
—¿Es seguro ir directamente desde aquí al aeropuerto?
Jack colocó una mano en mi columna, guiándome por el pasillo.
—Cambiarás de coche. En realidad la limusina de Quinn, te llevará al aeropuerto.
Asentí.
—¿Habéis averiguado algo más acerca de ese centro de cría en el que estaba?
—No mucho.
—¿Qué pasó con los permisos de construcción y todo eso? Seguramente alguien en algún lugar tuvo que dar los permisos. Seguro que no se pudo construir una estructura así de grande sin que alguien se diera cuenta.
—No hay ningún registro. La tierra fue comprada por un tal Peter James hace más de tres años.
—Déjame adivinar, Peter James realmente no existe.
—Y pagó en efectivo, por lo que no hay ningún rastro de crédito a seguir.
Elevé las cejas. Las tarjetas de crédito son una regla en estos días, el efectivo era algo pocas veces visto.
—¿ Y eso no disparó ninguna alarma?
Jack hizo una mueca.
—No.
—¿Y supongo que ninguna de las cámaras de seguridad de la oficina capturó una foto de Peter James, verdad?
—De hecho, lo hicieron. Estamos trabajando en recuperarla en este momento.
—Podría darle un vistazo cuando lo tengáis. —Infiernos, podría simplemente desencadenar un recuerdo muy necesario.
Caminamos a través del centro y las puertas. Quinn esperaba cerca de un coche de gobierno gris pálido, parecía un ángel oscuro en su traje negro y camisa borgoña. Su mirada se deslizó hacia la parte baja de mi cuerpo, luego, se elevó a ver mi cara y el pelo. No dijo nada, pero su hambre quemó a través de mi piel, dejando una superficial transpiración por su presencia. No fue sólo el hambre sexual, sino su sed de sangre. Y que la sed era tan espesa y fuerte, que me dejó sin aliento. Forzaba sus límites, y estaba llegando a niveles peligrosos. Tuve que preguntarme por qué.
¿O era un plan para saciar su sed con alguna de las damas presentes? ¿Tal vez para hacer un poco más de dinero para la caridad? Infiernos, yo sabía que había mujeres que pagarían una fortuna por experimentar el éxtasis sexual por la mordedura de un vampiro. Después de experimentarlo por mí misma, podía entender por qué.
Quinn abrió la puerta y me hizo entrar, puso su mano en mi columna vertebral y envío ondas de placer a través de mi piel. Pero a pesar de esta reacción, no pude evitar notar que tenía los dedos fríos. Los vampiros sólo estaban así de fríos cuando no habían tomado suficiente sangre.
Mi mirada encontró la suya. El deseo crudo era evidente en sus ojos oscuros, lo que hizo que mi corazón diera saltos, sin embargo, debajo de esa mirada acechaba el hambre.
—Tened cuidado, los dos. Dijo Jack. —Recordad que esto es sólo una expedición de reconocimiento, nada más. No hagáis otra cosa que mirar.
Este último punto fue encaminado hacia mí, por lo que alcé una ceja. ¿Qué infiernos pensaba que iba a hacer?
¿Arrastrar al general detrás de los aseos y darle una paliza? Está bien, la idea era buena, pero incluso si el general fuera el hombre que abusaba de mí en el centro de cría, no había mucho donde golpearlo. Por lo menos no hasta que supiéramos si él era el poder detrás de todo y, de alguna manera, pensaba que no.
—Llámame desde el avión de camino a casa, continuó Jack. —Y, Riley, vamos a tener personas protegiendo las salidas del Rocker.
Asentí. Jack cerró la puerta y el coche desapareció. El silencio cayó. No veía ningún punto de ruptura. Le había dicho todo lo que le tenía que decir a Quinn, y el balón se encontraba ahora en su mano. Pero su hambre continuaba atravesando mi piel, dificultándome la respiración.
Teníamos que parar. Él no podía ver una función con mujeres llenas de emociones. Era casi tan malo como el aura de un hombre lobo y se crearía un motín en un instante.
Desafortunadamente, había sólo una manera para deshacer su hambre, y tenía la sospecha que tendría que empujarlo a tomar la mía. Pero no podía hacer nada aquí en el coche. No es que me importaran las demostraciones públicas, pero a Quinn sí. Además, quería que el conductor se concentrara en conducir y no en lo que estábamos haciendo. Tendía a haber menos accidentes de esa manera.
Una vez que llegamos a la ciudad, nos llevó a las entrañas de un aparcamiento público y cambió el coche. El coche de Quinn tenía gruesas ventanas oscuras que sospechaba, eran antibalas. Parecía que no quería correr ningún riesgo, y eso me alegró.
No tardamos mucho en llegar al aeropuerto Essendon desde allí. El avión de Quinn, un elegante y plateado con forma de “Y” estaba sobre el asfalto listo para despegar. Subimos a bordo. Al lado del piloto y copiloto en la cabina de mando, estábamos sólo Quinn y yo en los hermosos sofás. El lugar perfecto para una seducción muy necesaria. O al menos, media seducción. No iba a obligarlo a seguirme todo el camino si no quería.
Incluso si mis hormonas estaban gritando ante el horror de la idea.
Esperé hasta que el avión se estabilizó, me desabroché el cinturón, me quité el abrigo y me levanté.
La temperatura en la pequeña cabina saltó cerca de diez grados.
Su mirada se reunió con la mía, cuidando de no mostrar la oscuridad en ella. El hambre que sentí antes había desaparecido, pero la atención de tocar las esquinas de sus ojos sugería que no se había ido muy lejos.
—No, Riley.
—No ¿qué? —dije, con toda inocencia. —¿Hablaremos acerca de los planes para esta noche?
—Sabemos lo que tenemos que hacer. No hay nada que discutir.
—¿No? Vas a continuar llamándome Riley, ¿verdad?
Vaciló, un débil rayo de diversión toco sus ojos.
—Barbie sería más apropiado, incluso a pesar de que no eres rubia.
—¿Entonces, apruebas mis pechos? —los saqué para su inspección.
Hizo un sonido ligeramente como un gruñido y no respondió. Los hombres eran hombres, pensé con una sonrisa interior, no importa si tenían veinte años o más de un millón. Les muestran un buen conjunto de tetas, y su cerebro se dirige hacia el sur.
Utilicé ese momento para colocarme en su regazo. Por el momento su cerebro había vuelto, así que era demasiado tarde para detenerme.
Y dada la evidencia de que estaba sentada en la parte de él que más gozaba de mi proximidad.
Tiré mis brazos alrededor de su cuello y besé su nariz. Era frío. Así eran sus labios cuando rocé un beso a través de ellos. Él no reaccionó a ninguno de los besos, ni me tocó a cambio.
—Riley, no puedo tomar sólo un sorbo y detenerme. —Su voz era tan plana y fría como su cuerpo. Y sin embargo había una desesperación en sus ojos que calentó mi alma.
—El chocolate es así —murmuré, continuando dejando besos en sus mejillas y cuello.
—¿Qué?
Le sonreí y lo besé una vez más en los labios. Sus dientes estaban empezando a sobresalir. Pasé mi lengua por los extremos, que eran tan afilados como agujas, dejándolos cortar mi lengua, permitiendo que el sabor de la sangre tocara su boca.
Él gimió.
—Quizá no quieras hacer esto, pero es necesario. Tu hambre quema mi piel, y no soy exactamente sensible cuando se trata de emociones. Pero apuesto que habrá empáticos y sensibles en la función de esta noche. Y si estás así para entonces, ¿qué crees que sucederá?
—No sucederá nada, porque estaré bajo control para entonces.
—No. No será así porque estarás al límite. —Observé las hermosas profundidades negras de sus ojos. —Joder, tu piel esta fría. ¿Por qué te presionas tanto? No tiene sentido.
—Tengo mis razones. —Sus manos fueron a mis caderas, su toque casi me causa hematomas—. Muévete, o haré que te muevas.
Lo apreté más con mis muslos.
—Quieres que sea una Barbie, u otra morena seductora con la que estás planeando tomar vino, cenar y dormir. No tendremos nada serio, y nunca me verás después de esta noche. Sólo será una rápida y sencilla cogida.
—No puedo hacer eso. —Su voz sonaba tensa y podía ver la tensión en sus ojos, sentía el zumbido a través de su cuerpo.
—¿Por qué no?
—Porque no eres Barbie, y nunca tendremos una cogida rápida y sencilla.
Levanté mis cejas por el filo de su voz.
—Pero eso es todo lo que era cuando nos conocimos. Tú lo admitiste.
—Eso era entonces.
—Nada ha cambiado mucho desde entonces.
—Todo ha cambiado desde entonces.
—Por el amor de Dios, ni nos conocemos más allá del reino del sexo. Y ser grandes en la cama no significa gran cosa fuera de ella.
—Lo sé. Lo sé. —Su voz tenía un filo de frustración. —Riley, te quiero. Te necesito. Simplemente no sé si puedo estar contigo.
—No te estoy pidiendo que seas mi amante a tiempo completo. Sólo te pido que tomes lo que necesitas.
Tocó con una mano mi cara. —No lo entiendes, ¿verdad?
—¿Qué?
—Un toque, un gusto, nunca va a ser suficiente.
Sonreí. —No tiene que ser suficiente.
—Sabes. Y si no fueses una mujer lobo, me gustaría tener todo para ofrecerte en un instante.
Suspiré.
—Pero soy una mujer lobo, siempre seré una mujer lobo y te pido olvidar todo lo que somos y tomes mi sangre.
—No es lo mismo.
—Sí, insistí. La fiesta de la luna es vital para un lobo. La danza es vital. El sexo es una parte de lo que somos, es tan vital para nosotros como la sangre es para ti.
—No morirías si no tuvieses sexo.
—¿No? No lo sabemos a ciencia cierta, ¿verdad?
Él no respondió. Suspiré otra vez.
—Mira, tómate todo el tiempo que necesites para tomar una decisión en cuanto a nosotros, pero mientras tanto, no puedes ir a la función con emociones como estas. Una orgía no es lo que necesitamos esta noche.
—Puedo controlarlo.
—¿Tienes idea de lo tonto que te ves?
—No lo soy.
—Tal vez no en este momento, porque lo estás teniendo bajo control. Pero cuando me dirigí al coche, subí al avión y me quité el abrigo tú no lo estabas.
—Fue un momento de sorpresa, nada más.
—Resulta peligroso.
—No, no lo es.
Gruñí en señal de frustración.
—Joder, ¿deseas sentir exactamente lo que estas proyectando?
—Lo que quiero es a ti fuera de mi regazo y que me dejes en paz.
—Responde la maldita pregunta.
—Riley.
—Sí o no.
—Si digo que sí, ¿te bajaras?
—Sí.
—Entonces, sí.
Dejé caer mis escudos y le permití sentirlo. Los deseos sexuales de una mujer lobo, era el aura más intensa. Lo quería realmente, y mi aura lo reflejaba. Era lujuria, calor y pasión toda enrollada en un ponche explosivo. Los ojos de Quinn se ampliaron y de repente el aire era tan espeso y caliente que incluso no podía respirar.
Pudo volver rápido y tomó una profunda respiración, estremeciéndome con su aliento.
—Eso es lo que estás proyectando.
Me apoyé hacia adelante y lo besé ferozmente. Él no reaccionó hasta después de unos segundos y, tenía razón ahí estaba él saqueando mi boca con desesperación.
—Te necesito. —Susurré contra sus labios—. Por lo mucho que me necesitas.
Él gruño y tiró de mi más cerca, aplastando mis pechos contra el suyo. El tronido de su corazón coincidía con el mío, y el calor de su deseo había calentado cada poro de mi piel. Pero su longitud dura todavía estaba sujeta por sus pantalones, y eso era malo, porque quería sentirlo profundo y dentro.
Me levanté sobre mis rodillas, separándonos, lo liberé de las restricciones de su ropa, empujando sus pantalones por sus piernas. Entonces empujé hacia abajo sobre él, apoyándome en el del modo más básico posible. Él volvió a gruñir, deslizando sus manos por mis caderas, probablemente me dejaría contusiones porque me agarraba cada vez más fuerte. Hice eco a sus gemidos, me parecía la manera correcta de amar completamente. No tenía nada que ver con su tamaño, forma o nada físico. Era casi como si cuando se unió nuestra carne, nuestros espíritus combinados bailaban tan íntimamente como nuestros cuerpos.
Comenzó a moverse ferozmente, urgentemente, y estaba allí con él. El profundo dolor floreció hacia abajo, propagando pólvora a través de mi piel, convirtiéndose en un caleidoscopio de sensaciones que atravesaban todos los rincones de mi mente. Grité, agarrándome a sus hombros, empujándolo más profundamente. El placer explotó entre nosotros, sus movimientos cada vez más rápidos, más urgentes.
—Mírame —gruñó.
Mi mirada se unió con la suya, algo temblaba profundamente. Sus ojos quemaban con deseo y pasión, pero era otra cosa, algo que no podía nombrar, chamuscando las profundidades de ébano, revolviéndome en formas que no pensé posible.
“Por eso no puede ser casual”, dijo su voz en mi mente, fluía a través de cada fibra, una canción rica, sensual que hacía que mi alma se elevase, y mi corazón se hinchara. “Esto es mucho más profundo. Mucho más fuerte”.
No respondí. No podía responder. Su boca reclamó la mía una vez más, su beso era tan ardiente como su cuerpo. Entonces todo se rompió, y fui arrastrada al consuelo del orgasmo que fluyó a través de mí.
Él se corrió conmigo, pero su cuerpo fluía con el mío, rompió nuestro beso, paso sus dientes por mi cuello. Salté sorpresivamente cuando perforó mi piel, pero el breve destello de dolor rápidamente se convirtió en algo innegablemente exquisito y me corrí una segunda vez, llegué al orgasmo y seguí estremeciéndome mientras el bebía y bebía.
Cuando finalmente me liberó, me derrumbé contra él, con el cuerpo tembloroso y la cabeza girando. Él envolvió sus brazos a mí alrededor y besó a la parte superior de mi cabeza.
—Lo siento, susurró—. No debí haber tomado mucho.
—Lo que necesites. —Mi voz era dura por el cansancio y quizás un poco por la conmoción por la repentina pérdida de sangre.
—Sí. Vaciló. —Tenías razón. Debí haber tomado sustento antes.
Bostecé y le pregunté:
—¿Por qué no lo hiciste?
—Porque era la dulzura de tu sangre que lo deseaba. No quiero a otras mujeres.
Me desperté mirándolo.
—¿No podías llegar a ellas?
Sonrió.
—Oh, sí que podía. No quería.
—Es estúpido.
—Sí. Particularmente sabiendo lo viejo que soy y conociéndome mejor. —Él deslizó sus manos bajo mi trasero y me levantó fuera de él. Por lo menos su toque había perdido su borde frío—. Necesitas comer algo, y recuperar fuerzas.
—Necesito dormir.
—Esto es sólo porque tomé mucha sangre. Debes comer algo rico en hierro.
—¿Tienes una hamburguesa a mano dentro de esa caja de fantasía?
—De hecho, sí lo puedo hacer. —Él se acomodó los pantalones y se levantó—. Esta caja de fantasía ha visto un montón de seducciones durante todos estos años y he aprendido a buscar mis propias comidas. —Él me dirigió una sonrisa por encima de su hombro que hizo que mi sangre se derritiese.
—Espero que no te importe que haga tu hamburguesa en el microondas.
—No, en lo más mínimo. —Me obligué a ponerme en posición vertical y ponerme en pie para ir al baño a limpiarme. Las marcas de dientes en mi cuello eran poco más que puntos de color rosa. Para el momento en que llegáramos a la función, se habrían ido. Lo bueno de una mordida de vampiro, era que la evidencia no permanecía mucho tiempo. A menos que, por supuesto, fueran múltiples mordidas, tardarían un poco más en desvanecerse.
El olor rico a carne comenzó a llenar el aire, y mi estómago rugía mientras caminaba hacia el microondas.
—Su hamburguesa, señora —dijo, entregándome el plato.
—Yum. —Me senté en un sofá. En lo que respecta a la hamburguesa hecha en microondas, era bastante buena.
Quinn se sirvió un whisky y se sentó en el asiento opuesto. Tal vez calculó que era más seguro mantener un poco de distancia entre nosotros. Aunque si pensaba que saltaría a sus huesos nuevamente sufriría una decepción. Yo no podía permitirme perder más sangre esta noche.
—Por lo tanto —dije, lamiendo el kétchup de mis dedos—. ¿A dónde vamos desde aquí?
Su oscura mirada había seguido mis acciones con avidez.
Obviamente, su apetito estaba muy lejos de saciarse, pero ya no podía detectarlo, había disminuido un punto el peligro.
—Estamos en gran parte en el mismo dilema como estábamos antes —dijo.
—¿Por qué?
—No quiero compartirte, Riley.
No, no lo hará. Era un signo de lo más esperanzador.
—Entonces vamos a arrojar unos hechos más en la mezcla. Yo vivo en Melbourne. Tú vives en Sydney. Esto significa que no va a ser posible para nosotros vernos cada noche, aunque sólo sea porque tienes un negocio.
—Cierto.
—No tengo ninguna intención de mudarse a Sydney. ¿Pretendes trasladar la sede de obras Air a Melbourne?
—En este momento, no.
—Por lo tanto, me estás diciendo que no quieres compartirme, pero probablemente no podrás estar aquí más de dos o tres veces a la semana.
—Posiblemente. Pero muchas relaciones funcionan bien así.
—Las relaciones humanas, sí. Como sigo recordándote, soy una mujer lobo, con sus necesidades.
Alzó una ceja.
—Incluso una mujer lobo no necesita tener sexo cada noche. Eso es solo un factor.
Es necesario, no. Le gustaba, sí. Podría sobrevivir a la sequía unas pocas semanas, ya que la había tenido en el último mes, pero no era algo que hiciera voluntariamente, o con frecuencia.
—Excepto cuando se trata de la danza de la luna. ¿Nunca has visto lo que ocurre cuando un lobo no puede satisfacer los impulsos de la luna? —el deseo de sexo se hacía más mortal y sólo sexo y sangre podía calmar el fuego.
—¿Visto? Por supuesto. Yo fui el que satisfizo la urgencia de sangre después de que Talon te secuestró, ¿recuerdas?
Despedí el comentario impacientemente.
—Además de eso. Estaba encadenada y por lo tanto, no era realmente peligrosa a cualquier persona.
Él inhaló suavemente.
—Tengo cicatrices en mi brazo que demuestran lo contrario.
Pues bien, él fue el que puso su brazo delante de mis dientes. ¿Qué esperaba que sucediera dada la situación?
—Quinn.
Levanté una mano.
—Bien. No, no he visto un lobo libre en lujuria de sangre completa. Pero sé que tú y Rhoan sois el resultado de este tipo de eventos.
Asentí.
—Nuestra madre estaba regresando, cuando su coche se averió cerca de la ciudad de un país pequeño. Suerte para la ciudad, conoció a un vampiro recién resucitado y despegó el borde de sus deseos antes de que ella lo desgarrara en pedazos. Si no hubiera sido por ese vampiro, hasta una docena de humanos podría haber muerto esa noche.
Nadie sabía por qué un lobo en fiebre de sangre iba después por los humanos, aunque en la teoría popular es que eran presa fácil. Para un lobo en la danza de la luna, los seres humanos eran diversión a la persecución y simples para derribar.
—La promesa de hacer lo que tú dices es peligroso, Quinn. Para mí y para la comunidad en general.
—Yo puedo estar allí para la danza de la luna —dijo rotundamente.
—¿Puedes garantizar que estarás allí el día de la luna llena? ¿Y para las dos noches antes? ¿Y cada mes, durante el tiempo que estamos juntos?
Frunció el ceño.
—Nadie puede garantizarlo.
—Otro lobo puede. Él estará allí porque tiene que estar ahí, por exactamente las mismas razones, que tengo que estar allí.
—No te estás acostando con otro lobo en este momento. —Vaciló y algo cerca de malevolencia se vio en sus ojos, él parpadeó mientras atravesaba su rostro—. Además de Misha, por supuesto.
—Me reuní con ese alfa ayer por la noche. Voy a verlo de nuevo.
—¿Por qué?
El impulso de tirarle el plato a la cabeza era tan grande que tuve que apretar los dedos para continuar agarrándolo.
—Te he dicho por qué cientos de veces. ¡Deja de pensar con tu polla y empieza a escuchar!
Su expresión se oscureció.
—Créeme, no pienso con mi verga aquí.
—No me conoces lo suficiente para estar pensando en otra cosa —dije refutado—. Por el amor de Cristo, ni siquiera te gustan los hombres lobo. ¿Por qué infiernos escogerías tener exclusividad conmigo?
—Si tuviera conocimiento en la materia, no estaría haciendo esto.
Levanté una ceja.
—Bueno, entonces no me obligues a ello.
—¿No?
—No.
—Entonces ¿por qué invades mis sueños?
—No lo estaba haciendo deliberadamente. Solo estaba soñando.
—No eran solo sueños, eran sueños eróticos.
Fruncí el ceño, preguntándome a dónde demonios quería llegar.
—¿Y?
—Por lo tanto, no estabas simplemente soñando, te conectaste a mi mente y compartiste esos sueños conmigo.
Parpadeé. ¿Habíamos estado teniendo sexo mental real? ¿Cómo fue eso? Y ¿por qué no podíamos compartir algo igual al despertar?
—Debido a que ninguno de nosotros está físicamente preparado para ese tipo de experiencia.
La molestia se extendió a través de mí.
—¿Te mantendrás fuera de mis malditos pensamientos?
—Protégete si me quieres fuera.
Regresé mis escudos por completo y lo miré. Era agua en la parte posterior de un pato.
—¿Qué quieres decir con que ninguno de nosotros está preparado para compartir ese tipo de experiencia?
—Precisamente. La fusión de mentes durante el acto sexual es tan íntima, que puede tener algún efecto permanente en ti.
Levanté una ceja.
—¿Lo has hecho?
Él baciló.
—Una vez.
—¿Con quién?
—Eso no es importante.
—Mira —lo corté levantando las manos—. Quieres que esté exclusivamente contigo y no eres capaz de decirme algo acerca de ti y tu pasado.
—El pasado no es importante.
Tal vez no lo fuera, pero el solo hecho de que no confiara en mí lo suficiente para decirme con quien fue, sí. Pero si él no era lo suficientemente inteligente para darse cuenta de lo importante que era el punto para haberlo mencionado.
—Dejémoslo en algo casual —dije suavemente—. Y llevémoslo a partir de ahí.
—No puedo.
—¿Por qué no? —pregunté, perpleja—. Quiero decir, esto era algo casual hace un mes, y estabas de acuerdo en cuanto a eso.
Terminó su bebida y luego colocó el vaso en la pequeña mesa cerca de la silla y se levantó.
—Como te dije antes. —Él miraba por la ventana—. Un vampiro es muy territorial. Tú has invadido mi ser y ahora te considero mía. ¿Sabes lo difícil que es para que mí, sentarme y mirarte con otros hombres? Y que yo no pueda hacerlo durante semanas. Podría matarlos. Y no lo podría evitar.
No había ninguna emoción en su voz, pero el dolor que atravesó mi mente me dijo que esto había sucedido antes. Y que esa muerte estaba en la base de odiar a los hombres lobo. Tomé un respiro y lo dejé salir lentamente.
—¿Qué piensas a cerca de un trato?
Ni siquiera se molestó en mirarme.
—¿Qué?
—Cuando vayas a Melbourne a verme, no veré a nadie. Pero cuando estés en Sydney, seré libre de ver a quien quiera. Y los días previos a la Luna yo decidiré.
—¿Qué pasa con Misha?
—Misha es parte de esta misión, y hasta que la misión haya terminado, este acuerdo no entrará en vigor. Además, ambos sabemos que Misha no es el único que podría tener que besar antes de que este caso se resuelva.
—Si sólo lo besaras no me importaría tanto. —Dijo eso y dio la vuelta—. Es un acuerdo entonces.
Mis hormonas gritaban de alegría al unísono.
—¿Y aceptaras que tenga otros amantes aparte de ti?
Sus ojos oscuros brillaron con disgusto.
—Siempre que te apegues al acuerdo una vez que la misión termine, sí.
Finalmente, teníamos un acuerdo con el cual podríamos vivir.
—¿Quieres celebrarlo preparándome otra hamburguesa?
Una pequeña sonrisa tocó sus labios
—Eso puedo hacerlo. —Y lo hizo.
La función se celebraría en el octavo piso del Haborside, un complejo hotelero totalmente nuevo con vistas al viejo puente de Sydney y la Ópera. El Salón de baile estaba engalanado con las paredes en color crema, al igual que el techo y las mesas. El único destello de color eran los candelabros adornados en oro y los colores arcoíris que adornaban el techo, por el reflejo de la luz y los cristales.
Por supuesto, nadie les había dicho a los invitados que competir con la vista no era una opción, y el salón de baile sería visto de color humano, por lo menos mientras estuviesen las mujeres.
Y me complació observar que la mayoría de los vestidos eran tan cortos como el mío. Liander tenía razón, como siempre.
Quinn había presionado una mano contra mi espalda mientras seguíamos al camarero por las escaleras. Aunque su toque era la luz, la cual pasó por mi columna vertebral y mi cuerpo quería tararear. Sabía que no podía permitirme perder más sangre esta noche, pero eso no evitaba que lo deseara. Y tampoco quería ir a Misha sintiéndome de esta manera. El muy cabrón no lo merecía.
La gente nos miraba mientras pasábamos algunos de ellos asintieron saludando a Quinn. No es que se molestara en mirarlos o en responder al saludo. Su mirada estaba estrictamente hacia el frente y al centro, frunció el ceño, miré la multitud buscando la fuente de su atención.
No es que pudiera ver mucho más allá del brillo de todos los diamantes que nos rodeaban. En el cuarto había varios guardias colocados discretamente, claro que un camión lleno de joyas llamaría la atención de un ladrón, como el néctar a una abeja.
—¿Qué pasa? —Pregunté, después de unos pocos segundos.
Me miró con ojos oscuros.
—Pensé que vi a alguien que conocía.
—¿Mujer u hombre?
—Hombre. El hijo de un rival de negocios.
—¿Lo conozco?
—Es poco probable, pero seguro has escuchado acerca de la empresa Airlines de Sirius.
—Acaban de ganar el contrato para vuelos diarios a la estación europea, ¿no?
—Sí.
Caminó con su oscura mirada.
—Te dejaron fuera del contrato, ¿cierto?
—Sí.
—Bueno no echarán el contrato atrás, ¿lo sabes no?
Me miró con su cara de vampiro.
—Ganarle una batalla no es nada bueno, porque no es el hijo del que verá como ejecutan su compañía. Sólo quiero darle un aviso.
El camarero se detuvo en una mesa vacía cerca de la esquina de la habitación. Miró por la ventana, no estaba segura si le gustaba estar cerca de la misma. Yo podría estar disfrazada, pero Quinn no lo estaba y todavía no estábamos seguros de quién o qué estaba detrás de los recientes atentados contra su vida.
—Así que, ¿cuál es su nombre y que quieres advertirle? —Tomé el asiento frente a la ventana. Sólo estábamos en el octavo piso, pero si me asomaba por la ventana y miraba hacia abajo no sabía cómo reaccionaría mi estómago. Y no cabe duda de que no quisiera perturbar a mis compañeros de mesa.
—No te preocupes —dijo.
Sea cual sea nuestra relación la información sólo era unidireccional. Y el que fuese más viejo y que todo se hiciera a su manera no era suficiente excusa.
Saqué mis pies mientras intentaba alejarme para no decir nada tonto y regresar a los mismos argumentos, pero puso sus dedos como hierros alrededor de mi muñeca.
—Lo siento, Riley.
—Realmente no lo sientes. —Mire sus dedos sobre mi muñeca—. Quítame la mano de encima.
—Sólo si te sientas para poder hablar.
—Por el momento, tengo trabajo que hacer. Y por ahora no quiero hablar contigo.
—Por favor.
—No.
—¿Qué pasa si te digo que el hombre que andaba buscando era Kellen Sinclair?
—Que me digas su nombre ahora importa poco. —Aunque esperaba que su Kellen no fuese mi Kellen. Aunque dada mi suerte, no estaba dispuesta a apostar por ella—. Quiero ser capaz de hacerte una pregunta y que me contestes civilmente.
—He dicho que lo intentaré, pero no sé qué puedas esperar.
Se detuvo abruptamente.
—Sí —dije casi en un susurro—. Pero al parecer está bien para ti querer que yo cambie de un día para otro.
Me zafé de su agarre y di un paso atrás, fuera de su alcance.
—Me voy a explorar la habitación. Te dejo, conoces mi olor, por si ves a alguien familiar.
Casi parecía aliviado ante la perspectiva.
—No puedes hacer esto sola.
—Liander ha enmascarado mi presencia y mi apariencia. Estoy lo suficientemente segura como para estar aquí esta noche.
—Aun así, estamos aquí para obtener una vista general, nada más.
—Estamos aquí para descubrir el camino hacia quién está detrás de los negocios de manipulación de genes. Pienso que Hunt es sólo otro peldaño en la escalera, razón por la cual quiero explorar primero la sala. Puede haber otros jugadores aquí.
Además tenía que alejarme un poco de él. Necesitaba aclarar mis pensamientos antes de decir algo. Infiernos, me había dado cuenta del destino de mis pensamientos, realmente pensaba que este hombre estaba en mi destino.
—Encuentra a Hunt —seguí—. Me reuniré contigo una vez que recorra el lugar.
No le di oportunidad de discutir y me perdí entre la multitud de la pista de baile. Ocupaba tres cuartas partes de la sala, por lo que podía percibir todos los olores de las mujeres, empecé a sentir nauseas por el olor a pino y primavera, dos de los olores del centro de cría.
Me detuve en seco y observé a la gente que estaba delante de mí. Sólo había un montón de señoras de edad con canas. Ningún hombre. Fruncí el ceño y olfateé los olores, preguntándome si la combinación afectaba a mis sentidos.
El olor era demasiado fuerte, sin duda venía de las mujeres que tenía delante de mí. Tal vez había un hombre allí en algún lugar, y simplemente no podía verlo.
Rodeé a una mujer cuyo olor era tan espeso y pesado que hizo a mi estómago, ya molesto, que amenazara con vomitar, luego me acerqué al grupo de mujeres. Todavía no veía ningún hombre. Sin embargo, sentía el olor más cerca que antes.
—¿Donde está el delicioso Martin? —preguntó una mujer—. El aún me debe un champán por la apuesta que teníamos.
¿Martin? ¿Significaban Martin Hunt? ¿Significaba que su esposa estaba en este grupo en algún lugar? Rodeé a una pareja y ahí fue donde la vi. En la vida real, ella se veía justo como en la fotografía, me parecía enfermo como se veía en el vestido de noche rojo sangre, que le llegaba hasta la pantorrilla.
Ella me miro en ese momento, y nuestras miradas se encontraron. El choque de la misma, me congeló en el lugar. Sus ojos eran de un marrón fangoso, pero el iris estaba rodead por colores separados: azul y un color ámbar pálido. Yo conocía esos ojos. Eran los mismos del hombre de mi pasado. Los ojos del hombre que había visto en el centro de cría.
Sólo que este no era un hombre, era una mujer.
Los recuerdos eran defectuosos. Tenía que ser. Esto no era posible.
Entonces, el olor familiar nadó alrededor de mí, confirmando que lo imposible era en efecto posible.
Fue la esposa de Martin Hunt, no Martin Hunt mismo, quien me había utilizado en ese centro de cría.

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Vie Oct 22, 2010 2:17 am

gracias por el capi nenas... :31:

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Sáb Oct 23, 2010 2:33 am

gracias por los capis steef, tibari y gemma

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Dom Oct 24, 2010 9:01 pm

:dem:

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Mar Oct 26, 2010 10:18 pm

no hay capi??? :?:

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Miér Oct 27, 2010 10:39 am

estoy esperando que me conteste la correctora, si mañana no aparece lo corrijo yo ^^

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Jue Oct 28, 2010 4:12 pm

gracias gemma!!! :Manga30:

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Jue Oct 28, 2010 4:27 pm

CAPÍTULO 9 (PARTE 1)

Traducido por Rossmary
Corregido por Gemma


—¿Nos conocemos? —preguntó la Sra. Hunt alzando su voz a través de la estridente algarabía entre todo el ruido que nos rodeaba, haciendo a su vez que varias mujeres de su grupo se dieran la vuelta y me miraran.
—¿Qué? —Al darme cuenta de inmediato de lo que había hecho, parpadeé y me obligué a que la sorpresa sonara en mi voz cuando añadí—: Oh, lo siento. Sólo estaba mirando. No tenía intención de parecer como si estuviera espiando. —Lo cual, fue como si actuara como una maldita e idiota novata.
—¿Y usted es? —Su voz no era menos fría que antes, rallando mis nervios tan marcadamente como uñas por una pizarra. Pero no era esa la voz de la persona que yo había oído en aquel lugar, y esto sólo hizo que mi confusión fuera mucho más fuerte.
Di mi mejor esfuerzo.
—Nadie de la casa —dije con mi mejor sonrisa, y le tendí una mano—. Jenkins Barbie. —Hizo caso omiso de la mano que le tendía.
—No recordó una Jenkins Barbie en la lista. ¿Meryl?
La mujer identificada como Meryl miró por encima del hombro hacia mí. No es un mal esfuerzo teniendo en cuenta que yo era más alta por los menos unas buenas tres pulgadas.
—No, no había Jenkins Barbie en la lista de invitados.
—Oh, eso es porque vine con un amigo.
Levantó una de sus cejas demasiado tupidas.
—¿Y el nombre de ese amigo es?
—Quinn O'Conor.— No viendo inconveniente alguno en nombrarlo, independientemente de lo que mis recuerdos y sentidos me hablaran de esta mujer. Si ella había hecho la lista de invitados, entonces sabría que tenía que estar allí.
Su expresión cambió en una fracción de segundo. Olfateó el aire como buscando y emitiendo un sonido muy difícil de describir.
—Él es un gran defensor y muy generoso con la organización.
¿Lo era? Eso era toda una noticia. Pero entonces, casi todo acerca de Quinn era nuevo para mí.
—Muy generoso —Meryl estuvo de acuerdo con gravedad.
Significando, obviamente, que la elección de su pareja a la cena sería pasado por alto. Si no estuviera tan confundida, probablemente me habría reído de las vacas viejas y su actitud tensa, algo que seguramente me habría encariñado más.
—Estoy segura de que continuará con su apoyo a la organización —las palabras me brotaron rápidamente—. Siempre habla de lo maravilloso que es.
—Por supuesto, querida. Gracias. —Me dio una sonrisa tan poco sincera, volviendo su atención a sus amigas.
Una despedida sumariamente. Rápidamente se dio la vuelta y se dirigió a la multitud. No tenía la menor idea de lo que estaba pasando, pero lo único que tenía claro era que tenía que evitar por todos los medios a la Sra. Hunt que ya sospechaba de mí. Sólo que no obtuvo todo lo que quería hasta ahora. Una mano atrapó la mía y me encontré siendo arrojada sobre un cuerpo que era difícil de olvidar y muy familiar. El olor a cuero caliente y especies exóticas que lo envolvían, hacían burlas en mis sentidos, revolviendo mis ya agitadas hormonas. No era Quinn.
Kellen.
—Hola, Riley —su voz era como un susurró, y su aliento tan cálido rozó mi oído—. Es lindo verte por aquí.
El destino, seguro como el infierno, estaba decidido a jugar con mi vida, ¿O era que se limitaba a tratar de que me señalaran la dirección correcta?
Me di la vuelta para refutar su declaración, pero cuando mi mirada se reunió con suya, las palabras murieron en mis labios.
Porque él sabía. No había ninguna duda en absoluto en sus ojos verdes. A pesar del disfraz, a pesar de cubrir mi esencia para no ser cubierta, él sabía que era yo. Y la profundidad de este reconocimiento me dio miedo.
¿Cómo iba a conectar tan profundamente con alguien a quien no conocía?
¿Alguien que desconfiaba de Quinn?
Pero lo que quizás era aún más aterrador era el hecho de que, a diferencia del Kellen que había conocido en Melbourne, este Kellen era todo alfa, todo poder, todo necesidad. La paciencia se había ido. Este lobo tendría lo que quería, y lo que él quería era a mí.
Éste era un pensamiento que hizo que mi sangre corriera fuerte. Y sin embargo, no estaba aquí para divertirme, no estaba aquí para jugar con un compañero.
Pero tal vez, sólo tal vez, él me podría ayudar con alguna recopilación de información.
—Tengo que hacerte algunas preguntas —comencé diciendo pero él apretó mi mano con fuerza, haciendo que las palabras murieran en mis labios.
—No aquí. Vamos a ir a otro lugar.
Podría haberme resistido. Me habría resistido. Pero no lo hice.
Y aunque me hubiera gustado usar la excusa de que no podía por Misha, fue como un dolor por la necesidad, porque el muy cabrón no lo merecía, y la verdad era que yo deseaba a este lobo tanto como él me deseaba a mí.
Salimos del salón de baile principal, al pasillo y luego nos dirigimos hasta el ascensor, su agarre en mi mano me obligaba a correr hasta ponerme a su altura.
—¿Dónde vamos? —Le pregunté, casi sin aliento.
—A mi oficina. Allí no nos molestarán.
La idea hizo que mi pulso se agitara. Al igual que la mirada cálida y determinada que vi en sus ojos.
—¿Trabajas aquí?
—Soy el dueño del edificio.
—Wow.
Una sonrisa asomó en sus labios mientras su mirada se deslizaba por mi cuerpo. El calor provocó un profundo fuego en mi interior.
—Ese vestido es el de un ángel.
Su mirada se elevó.
—Pero tengo la intención de tomar de ti precisamente —miró su reloj— veinte segundos.
El ascensor interrumpió mientras la puerta se abría. Tiró de mí hacia el interior y pulsó el botón hacia la planta superior.
—Te estás volviendo un poco presuntuoso, ¿verdad?
Levantó una ceja.
—¿Lo soy?
El elevador comenzó a ir hacia arriba, y para variar, mi estómago no tuvo ninguna reacción. Tal vez fue su presencia y el calor del lobo tan cerca que me protegía de cualquier tipo de reacción.
—Vine aquí con alguien, ya sabes.
—Quinn O'Conor. —Sus ojos verdes se contrajeron en una fría mirada—. Me da mucho placer poder robarle a ese hijo de puta.
Di un paso atrás.
—Espero que no sea esa la única razón, porque de lo contrario…
Se rió, disipando la intención de mis palabras.
—Si realmente quisiera molestarlo, te hubiera tomado en algún lugar más cerca, en algún lugar donde sus sentidos de vampiro pudieran sentir cada pequeña cosa gloriosa que tengo la intención de hacer contigo.
—Y yo que creía que el cambiador a caballo era más caliente...
Dejé escapar el aliento y me resistí ante el impulso de abanicarme ahí mismo.
El ascensor se detuvo y una pequeña campana sonó cuando las puertas se abrieron. Sólo que no se abrieron a un pasillo, sino a una enorme oficina con vistas a mil millones de dólares sobre el puerto.
—Impresionante —le dije.
—Lo es —estuvo de acuerdo, pero me miraba a mí, cuando lo dijo.
Sonreí, este lobo me gustaba cada vez más.
—¿Un sitio privado?
Agitó una tarjeta de cerradura electrónica en sus manos, que no había notado antes. Con lo observadora que era yo.
—Totalmente. ¿Por qué?
—Porque no me gustaría que nos interrumpieran.
—Oh, no. —Me hizo entrar hacia delante. La oficina era enorme, y no sólo una oficina. Había dos puertas a la izquierda que conducían a una habitación que parecía ser tan grande como mi apartamento completo, y una sola puerta del largo de la misma pared que daba al cuarto de baño.
—¿Vives aquí? —Pregunté, casi corriendo para mantener a su lado, pasando en torno a un perfecto sofá de cuero presto para la seducción.
—La mayoría de las veces. Tengo un apartamento en Melbourne, también. —Miró por encima del hombro, con los ojos echando fuego verde en la penumbra—. Tengo la intención de estar allí mucho más a menudo.
—Bueno, bueno. —Entonces vi a dónde se dirigía y me detuve—. Umm, lo siento, pero le tengo pavor a las alturas, así que estar cerca de las ventanas no es una buena idea.
Cambió de táctica, tirando de mí hacia una mesa de caoba de tabla muy larga. Empujó varias sillas a un lado, algunas de ellas se estrellaron contra la alfombra beige, cuando me dio la vuelta y me apoyó contra la mesa.
Contuve la respiración mientras sus manos se deslizaban por mi cintura y caderas. Sus dedos acariciaban brevemente mis muslos, enviando pequeñas chispas de electricidad a través de mi sistema, entonces cogió el dobladillo del vestido y comenzó a tirar de él hacia arriba por sobre mi cabeza.
—Veinte segundos, en punto —dijo con una sonrisa.
—Admiro a un hombre que cumple con su palabra. —Enganchó mi trasero contra la mesa—. Ahora que me tienes desnuda, ¿qué vas a hacer conmigo?
—Ofrecerte una bebida, por supuesto. ¿Qué te gustaría?
—¿Un café estaría bien?
—Un café por venir.
Se acercó a un bar, que era más grande que los que tenía en casa, de espalda al cuarto de baño, y cogió una de las tazas que estaban al lado de la máquina de café.
—¿Por qué estás aquí con Quinn?
Me encogí de hombros.
—Es más negocio que por placer.
La máquina silbó cuando comenzó a servir el café a la taza.
—¿Así que estás con ese maldito?
No hubo juicio en esa pregunta, sólo una declaración de hecho. ¿Era acaso esto bueno en comparación con la actitud tensa de Quinn? Sonreí.
—Por supuesto que lo estoy, ¿por qué?
—Esta situación hace que sea aún más delicioso cuando te aleje de él. —Atravesó la habitación y me entregó la taza—. Ahora, ¿dónde estábamos?
—Charla —le dije—. Y me brindabas una taza de café.
—Ya estás tomando el café —corrigió él, su tono sonó un tanto distraído mientras recorría con un dedo por mí cuello y luego en mi hombro.
El deseo palpitaba por mis venas, y el fuego por la necesidad me asaltó. Tomé un sorbo de café, pero no hizo mucho para aliviar el profundo dolor.
—Se necesita dos para mantener una conversación.
—Siempre he encontrado hablar contigo muy fascinante.
—Y siempre he encontrado a una persona vestida mientras que la otra está desnuda como algo muy injusto.
Él sonrió y dio un paso atrás, a continuación, sin prisa comenzó a desnudarse. Yo tomaba mi café y disfrutaba del show y fue un buen espectáculo. El hombre sabía hacer un Striptease decente. Una vez desnudo, se colocó entre mis piernas, me retiró el pelo de mi hombro izquierdo, y ligeramente plantó un beso en él.
—Prefiero el color natural de tu cabello —murmuró él, su aliento caliente sobre mi piel—. Es mucho más bonito.
—Sin embargo me reconociste, a pesar de los cambios —estuve de acuerdo con voz ronca—. ¿Cómo?
— Un alfa siempre reconoce a su compañero elegido.
Sus palabras hicieron que mi corazón comenzará a hacer locuras. Yo apenas si sabía algo de este lobo, y sin embargo allí estaba, declarando su intención de convertirme en su elegida. Fue emocionante, atractivo, y daba un poco de miedo.
— Yo no soy tu compañera.
—Pero lo serás. —Su boca se deslizó con delicadeza sobre mi hombro, y lentamente, lánguidamente, fue besando todo su camino hacia mi oído. Cuando el dulce calor de su lengua incurrió en el interior, un sonido indefenso de placer escapó de mis labios.
Él rió entre dientes, un sonido gutural muy seductor y como despertado por el contacto. Sus dedos se perdían entre mis caderas hacia mi pecho y comenzando a provocar ligeramente mientras me pellizcaba en los puntos precisos. Me retorcí, puse mi café en la mesa y me olvidé de él cuando cada centímetro de mi cuerpo vibraba con el hambre que corría por mis venas.
Cuando no pude aguantar más, envolví mis brazos alrededor de su cuello y lo atraje hacia mí, para que mis pechos se aplastaran contra su pecho. El latido de su corazón era tan salvaje como el mío, y el calor de su deseo un horno que quemaba mi piel, y me hacía sudar.
—¿Quieres?
Su boca rozó la mía, una sensación de hormigueo, una tentadora promesa de lo que vendría a continuación, llegó detrás de mí.
—El café, señora—dijo, ofreciéndome la taza.
Sonreí y la acepté.
—Y ¿qué vas a hacer mientras que yo lo bebo?
—Oh, esto y aquello.
Sus dedos se deslizaron en mi humedad. Gemí, cambiando mi posición para darle un mayor acceso a su mano. Me acarició dulcemente, mientras se burlaba de mí, atrayéndome hacia la orilla de su pasión con demasiada rapidez. Sin embargo, no me ofreció la liberación, retirando su contacto, besándome con fuerza y profundidad, hasta que los temblores del peligro desaparecieron. Luego me ofreció nuevamente el café y comenzó todo de nuevo.
Para el momento en que terminé el resto de la taza, el café estaba frío. Mi corazón golpeaba tan fuerte, su cadencia parecía llenar el silencio de la habitación, y cada fibra de mi ser se estremecía de placer.
Su mano se deslizó por el interior de mis muslos explorando, sus dedos me recorrieron una vez más. Me estremecí, ante su toque, segura de que iba a estallar si no me llevaba bien con él.
—Deja de jugar —gemí, cuando lo hizo por segunda vez.
Él se rió entre dientes, luego envolvió su mano libre alrededor de mi cuello y me besó con fuerza. Tomando con firmeza mi boca, sus dedos deslizándose entre nosotros, presionando con astucia, acariciando, ahondando, hasta que entró. Con su pulgar presionó en mi clítoris, y empezó a acariciar, dentro y fuera. Me estremecí, me retorcía de placer, con la dulce presión cimentando y aumentando, hasta que sentí como si me fuera a desgarrar por la pura fuerza del placer.
Entonces todo se desgarró, no sentí tanto miedo, sólo retorcía y gemía. Los temblores no se habían calmado, incluso cuando sus manos apretaron mis nalgas y me jaló hacia adelante para penetrarme fuerte y duro. La dureza de su lanza, se sentía tan bien que lancé un profundo gemido de placer.
Comenzó a moverse, y el pensar se convirtió en algo imposible. Todo lo que podía hacer era moverme a su compás, saboreando y disfrutando de las sensaciones que fluían a través de mí. Pero él tenía el control, la calma de su seducción inicial desapareció, reemplazándolo por la urgencia, y la necesidad. Su posesión se convirtió en feroces empujes de hambre que sacudió todo mi cuerpo, sus dedos dejaron moretones en mis caderas cuando él me abrazó. No me importaba. La dulce presión había empezado a subir de nuevo, y rápidamente alcanzó el punto de ebullición.
Nos juntamos, haciéndome eco de su rugido a través del silencio, su cuerpo chocó contra el mío con tanta rudeza que la mesa entera parecía temblar.
Cuando finalmente me quedé sin aliento de nuevo, me tomó la cara entre las palmas de sus manos y me besó largo y lento.
—Creo que lo necesitaba tanto.
Su sonrisa era la de un hombre que conoce que su trabajo ha sido bien hecho.
—Sí. Aunque tengo que admitir que fue un poco rápido para mí gusto.
Sonreí.
—Lo rápido puede ser bueno.
Levantó una mano, y suavemente con el pulgar limpió un hilo de sudor de mi mejilla.
—Fue muy bueno.

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Jue Oct 28, 2010 9:45 pm

cielos esta chica no se aguanta dos pedidas!!! :manga05:

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Jue Oct 28, 2010 11:13 pm

gracias ross, gemma y tibari

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Vie Oct 29, 2010 7:28 am

si gracias chicas...

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Vie Oct 29, 2010 12:51 pm

XDD ya me pongo con la última parte de este cap, la segunda ya está para ponerla :Manga30:

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Sáb Oct 30, 2010 6:43 pm

:Manga30:

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MensajeTema: Re: Kissing Sin (Keri Arthur)   Miér Nov 03, 2010 2:40 am

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