Black and Blood


 
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 La Hermandad de la Daga Negra (Black Dagger Brotherhood):

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rossmary
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MensajeTema: Re: La Hermandad de la Daga Negra (Black Dagger Brotherhood):    Lun Nov 29, 2010 6:10 pm

Capítulo 44
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Wrath observó a Billy Riddle salir de la mansión y se ocultó detrás dulas columnas de la fachada. El tipo descargó una bolsa de lona y miró al cielo.
-Perfecto -dijo Wrath a Vishous-. Tenemos tiempo suficiente para matarlo y regresar.
Pero antes de que y saliera de las sombras, un Hummer negro se acercó lentamente por el camino de entrada. Al pasar junto a ellos, el dulce olor a talco para bebés salió flotando de una de las ventanillas. -Esto tiene que ser una broma -murmuró Wrath.
-Es un restrictor, hermano.
-Y quieres apostar a que está reclutando personal -Un buen candidato.
Billy saltó dentro del automóvil.
-Debíamos haber traído mi coche -siseó V-. Así podríamos seguirlos.
-No hay, tiempo de rastreos. La Virgen Escriba se presentará a medianoche. Lo haremos ahora. Aquí.
Wrath saltó frente al Hummer y plantó las manos sobre el capó, obligándole a detenerse. Miró a través del parabrisas mientras Vishous se aproximaba desde un lateral, avanzando furtivamente hacia la puerta del conductor.
Wrath sonrió cuando el vehículo cambió de marcha para aparcar. En el interior pudo detectar miedo y sorpresa. Sabia cuál de los dos era Billy Riddle. El sujeto estaba tenso. El restrictor, por su parte, estaba preparado para luchar.
Pero había albo más. Algo que no iba del todo bien. Wrath echó una ojeada rápida a su alrededor. -Cuidado, V.
El rugido del motor de un coche resonó en la noche, ti- todo el grupo de hombres quedó iluminado por unos faros.
Un sedán se detuvo ante ellos, y dos hombres saltaron de él con las armas desenfundadas.
-Policía del estado. Manos arriba. Tú, el del coche, sal de ahí.
Wrath miró hacia la puerta del conductor. El hombre que salió de allí era grande y poderoso. Y bajo el aroma del talco, el restrictor apestaba a maldad.
Cuando el miembro de la Sociedad alzó las manos, se quedó mirando fijamente la insignia en la chaqueta de Wrath. --Por Dios. Pensaba que eras un mito. El Rey Ciego. Wrath mostró los colmillos.
-Nada de lo que has oído sobre mí es un mito. Los ojos del restrictor chispearon.
-Estor entusiasmado de que así sea.
-Y a mí se me parte el corazón por tener que separarnos ahora. Pero muy pronto volveremos a encontrarnos contigo y con el nuevo recluta.
-Wrath inclinó la cabeza en dirección a Vishous, borró com-pletamente los recuerdos de los humanos, y, se desmaterializó. El señor X estaba atónito.
El Rey Ciego existía.
Durante siglos habían circulado historias sobre él. Creía que era una leyenda. Nadie lo habla visto nunca, al menos desde que el señor X se había unido a la Sociedad. De hecho, abundaban los rumores sobre la muerte de aquel guerrero, pero eran conclusiones basadas, sobre todo, en la desintegración de la sociedad de los vampiros.
Pero no, el rey estaba vivo.
Santo Dios. Ese sí que sería un buen trofeo para colocar sobre el altar del Omega.
-Ya les he dicho que me iba -estaba explicando Billy a los policías-. Él es mi maestro de artes marciales. ? ¿Por qué nos han parado?
Los oficiales enfundaron sus armas, y se concentraron en el señor X.
-¿Puedo ver su identificación, señor?-preguntó uno de ellos.
El señor X sonrió y entregó su permiso de conducir. -Billy y yo íbamos a cenar y tal vez al cine.
El hombre estudio la fotografía y luego la cara del restrictor.
--Señor Xavier, aquí tiene su carné. Lamento las molestias. -No hay problema, oficial.
El señor X y Billy regresaron al hummer. Riddle soltó maldición.
-Son unos idiotas. ¿Por qué nos han detenido?
Porque nos asaltaron dos vampiros --pensó el señor X--. Tú no lo recuerdas, y tampoco esos dos policías.
Complejos juegos mentales.
-¿Qué está haciendo aquí la policía estatal? -preguntó el señor X emprendiendo la marcha.
-Mi padre ha recibido otra amenaza terrorista y ha decidido marcharse a Washington durante un tiempo. Vendrá a casa esta noche. Ellos estarán merodeando por toda la propiedad hasta que papá regrese a la capital.
-¿Has hablado con tu padre? -Sí. Pareció aliviado. -Estoy seguro de que sí.
Billy buscó en su bolsa de lona. -He traído lo que me pidió. Sacó un frasco de cerámica de cuello ancho con tapa. -Eso está bien, Billy. El tamaño perfecto.
-¿Para qué es? El señor X sonrió. --Ya lo averiguarás. ¿Tienes hambre?
-No. Estoy demasiado nervioso para comer. -Billy entrelazó las manos y, apretó, flexionando los músculos-. Sólo quería que supiera que no me rindo fácilmente. Pase lo que pase esta noche, no abandonaré la lucha.
Eso ya lo veremos, pensó el señor X mientras se dirigía a su casa. Llevarían-a cabo la ceremonia en el granero, y la mesa de torturas sería de gran ayuda. Así podría atar mejor a Billy.
Cuando dejaron atrás la zona urbana, el señor X se sorprendió a sí mismo sonriendo.
El Rey Ciego. En Caldwell.
Se volvió a mirar a Riddle.
En Caldwell y buscando a Billy.
¿Por qué razón?

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MensajeTema: Re: La Hermandad de la Daga Negra (Black Dagger Brotherhood):    Lun Nov 29, 2010 6:11 pm

Capítulo 45
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Beth se había puesto otra vez el vestido. Y se sentía fascinada.
-No tengo zapatos -dijo.
Wellsie se sacó de la boca otra horquilla y la deslizó dentro del moño de Beth.
-Se supone que no debes usarlos. Bien, déjame ver qué aspecto tienes. -Wellsie sonrió mientras Beth danzaba por la alcoba de su padre; el vestido de satén rojo resplandecía a su alrededor como el fuego.
-Voy a llorar. -Wellsie se cubrió la boca con la mano-. Lo sé. En cuanto él te vea, empezaré a llorar. Estás demasiado hermosa, Y éste es el primer acontecimiento feliz desde... no puedo recordarlo.
Beth se detuvo, el traje aleteó hasta quedarse quieto. -Gracias. Por todo.
La mujer de Tohr sacudió la cabeza.
-No te pongas dulce conmigo, o ni siquiera podré contener las lágrimas ahora.
-Lo digo en serio. Me siento como si..., no sé, como si me casara en familia. Y nunca he tenido una familia verdadera.
La nariz de Wellsie enrojeció.
-Somos tu familia. Eres una de nosotros. Y cállate ya, ¿quieres? o harás que empiece.
Alguien llamó a la puerta.
-¿Va todo bien ahí dentro? -preguntó una voz masculina desde el otro lado.
Wellsie se acercó y asomó la cabeza, manteniendo la puerta lo más cerrada posible.
-Sí, Tohr. ¿Ya están listos los hermanos?
-¿Qué diab...? ¿Has estado llorando? -exigió saber Thorment-. ¿Estás bien? Santo cielo, ¿es el bebé?
-Tohr, relájate. Soy una hembra. Lloro en las bodas. Forma parte de nuestras obligaciones.
Se escuchó el sonido de un beso.
-Es que no quiero que nada te perturbe, leelan. -Entonces diles a los hermanos que se preparen. -Ya lo están.
-Bien. Vamos allá. -¿Leelan? -¿Qué?
Se escucharon palabras murmuradas en su hermoso idioma. -Sí, Tohr -susurró Wellsie-. Y después de doscientos años, me casaría contigo de nuevo, a pesar de que roncas y dejas tus armas desperdigadas por toda la habitación.
La puerta se cerró, y. Wellsie se dio la vuelta. -Están listos para ti. ¿Vamos?
Beth tiró del corpiño y dirigió la mirada al anillo del rubí. -Nunca pensé que haría esto.
-La vida está llena de maravillosas sorpresas, ¿no lo crees? -Y que lo digas.
Salieron de la -alcoba de su padre y, entraron a la habitación de Wrath.
Habían retirado todo el mobiliario, t, en el lugar donde estaba la cama, los hermanos de Wrath se encontraban en fila contra la pared. Tenían un aspecto magnífico. Vestían todos con chaquetas negras de satén idénticas y pantalones holgados, y a la cintura llevaban colgadas unas dagas con la empuñadura cubierta de gemas. Hubo una exclamación general cuando la vieron llegar. Los hermanos se movieron inquietos, bajaron la vista. La miraron de nuevo, dejando asomar en sus duros rostros unas tímidas sonrisas. Con excepción de Zsadist, que la miró una vez y luego bajó la vista al suelo.
Butch, Marissa y Fritz se encontraban a un lado. Los saludó con la mano. Fritz sacó un pañuelo.
Y había alguien más en la habitación.
Una persona diminuta vestida de negro de la cabeza a los pies.
Beth parpadeó. Bajo los pliegues negros, se reflejaba una luz sobre el suelo, como si la figura brillara.
¿Pero dónde estaba Wrath?
Wellsie la guió hasta que se encontró frente a los hombres. El de la hermosa cabellera, Phury, dio un paso adelante.
Beth bajó la vista, tratando de cobrar fuerzas, y notó que el vampiro tenía una prótesis en el lugar donde debía haber un pie. Alzó la vista hasta encontrarse con sus ojos color miel, aunque no quería ser indiscreta. Al ver su sonrisa, ella se sintió un poco más tranquila.
Su voz era modulada, Y elegía sus palabras cuidadosamente: -Hablaremos siempre que podamos en tu idioma, para que puedas entender. ¿Estás lista para empezar?
Ella asintió.
-Mi señor, va puedes venir -dijo en voz alta. Beth miró por encuna del hombro.
Wrath se materializó en el umbral de la puerta del pasillo, ella se llevó la mano a la boca. Estaba resplandeciente, llevaba una túnica negra atada con un fajín, bordada con un hilo oscuro. Una larga daga con mango de oro colgaba a su costado y en la cabeza una sencilla corona de rubíes engastados en un metal opaco.
Avanzó a grandes zancadas, moviéndose con aquella elegancia que a ella le encantaba, mientras su cabello se agitaba sobre sus anchos hombros.
Sólo tenía ojos para Beth. Cuando estuvo ante ella, susurró: -irle he quedarlo sin respiración al verte. Ella empezó a llorar.
La cara de Wrath parecía preocupada cuando extendió las manos.
-Leelan, ¿cuál es el problema?
Beth movió la cabeza, pero no pudo articular palabra. Sintió que Wellsie metía un pañuelo de papel en su mano.
-Ella está bien-dijo la mujer-. Confía en mí, está bien. ¿No es cierto?
Beth asintió, secándose las lágrimas, -Sí.
Wrath le tocó la mejilla. -Podemos detener esto.
-No -respondió al instante-. Te amo, y vamos a casarnos. Ahora.
Alguno de los hermanos se rió entre dientes.
-Parece que eso nos ha quedado claro -dijo uno de ellos con tono respetuoso.
Cuando recuperó el control de sí misma, Wrath miró a Phury, y le hizo un gesto para que continuara.
-Haremos la presentación a la Virgen Escriba -dijo el hermano.
Wrath la cogió de la mano la guió hasta la figura vestida de negro.
-Virgen Escriba, ésta es Elizabeth, hija del guerrero de la Daga Negra llamado Darius, nieta del princeps Marklon, biznieta del princeps Horusman...
La enumeración continuó durante un rato. Cuando Wrath se calló, Beth impulsivamente extendió la mano hacia la figura, ofreciéndosela.
Hubo un grito de alarma y Wrath le sujetó el brazo, empujándolo hacia atrás. Varios de los hermanos dieron un salto al frente.
-Ha sido culpa mía -dijo Wrath, con los brazos extendidos como si estuviera protegiéndola-. No la he preparado adecuadamente. No ha sido su intención ofender.
Una risa suave, cálida y femenina brotó de los pliegues negros.
-No temas, guerrero. Ella está bien. Ven aquí, hembra. Wrath se apartó, pero permaneció cerca.
Beth se aproximó a la figura, preocupada por cada uno de sus movimientos. Se sintió inspeccionada.
-Este macho te pide que lo aceptes como su hellren, niña. ¿Lo aceptarás como propio si es digno?
-Oh, sí. -Beth miró a Wrath. Él aún estaba tenso-. Sí, lo aceptaré.
La figura asintió.
-Guerrero, esta hembra te respetará. ¿Darás prueba de tu valor por ella?
-Lo haré- la profunda voz de Wrath resonó en la habitación.
-¿Te sacrificarás por ella? -Lo haré.
-La defenderás contra aquellos que pretendan hacerle daño.
-Lo haré.
-Dame tu mano, niña. Beth la extendió indecisa. -Con la palma hacia arriba -susurró Wrath.
Ella giró la muñeca. Los pliegues se movieron y le cubrieron la mano. Sintió un extraño cosquilleo, como una pequeña descarga eléctrica.
-Guerrero.
Wrath extendió la mane y que también se vio oscurecida por la túnica negra.
De repente, el calor rodeó a Beth, envolviéndola. Miró a Wrath, que estaba sonriéndole.
-Ah -dijo la figura-. Ésta es una buena unión.
Una excelente unión.
Sus manos cayeron, y Wrath la rodeó con sus brazos y la besó. Los asistentes empezaron a aplaudir. Alguien se sonó la nariz.
Beth se aferró a su nuevo esposo tan 'suerte como pudo. Ya había sucedido. Era real. Estaban...
-Casi hemos terminado, leelan.
Wrath dio un paso atrás, deshaciendo el nudo de su fajín. Se quitó la prenda, revelando su pecho desnudo.
Wellsie se puso a su lado y agarró la mano de Beth. -Todo saldrá bien. Sólo respira conmigo.
Beth, miró alrededor nerviosamente mientras Wrath se arrodillaba ante sus hermanos y bajaba la cabeza. Fritz trajo una mesa pequeña sobre la cual había un cuenco de cristal lleno de sal, una jarra de agua y una pequeña caja lacada.
Phury se detuvo junto a Wrath.
-Mi señor, ¿cuál es el nombre de tu shellan? -Se llama Elizabeth.
Con un sonido metálico, Phury desenfundó su daga negra. Y se inclinó sobre la espalda desnuda de Wrath.
Beth dio un grito ahogado, y se abalanzó hacia delante mientras la hoja descendía.
-No...
Wellsie la mantuvo en su lugar. -Quédate quieta.
-¿Qué está...?
-Estás desposando a un guerrero -susurró Wellsie en tono áspero-. Deja que muestre su honor delante de sus hermanos.
-¡No!
-Escúchame, Wrath te está dando su cuerpo y todo su ser. Todo él es tuyo ahora. Ése es el propósito de la ceremonia.
Phury dio un paso atrás. Beth vio un hilo de sangre corriendo por el costado de Wrath.
Vishous se adelantó.
-Cuál es el nombre de tu shellan -Se llama Elizabeth.
Cuando el hermano se inclinó, Beth cerró los ojos y apretó con fuerza la mano de Wellsie.
-No necesita hacer esto para probar su valor ante mí. -¿Lo amas? --preguntó Wellsie.
-Sí.
-Entonces debes aceptar sus costumbres. Zsadist avanzó a continuación.
-Despacio, Z -dijo Phury suavemente, permaneciendo cerca de su hermano gemelo.
Oh, Dios, que acabe esto.
Los hermanos continuaron pasando, haciéndole la misma pregunta. Cuando terminaron, Phury cogió la jarra de agua y la vertió en el cuenco de sal. Luego derramó el espeso líquido salobre sobre la espalda de Wrath.
Beth sintió que se tambaleaba cuando vio que los músculos de su amado se contraían. No podía imaginar aquella agonía, pero aparte de cerrar sus puños, Wrath no emitió ni un sólo grito. Mientras soportaba el dolor, sus hermanos gruñeron de aprobación.
Phury se inclinó y abrió la caja lacada, sacando un pedazo de tela blanco. Secó las heridas, luego enrolló la tela y la colocó nuevamente en la caja.
-Levántate, mi señor -dijo.
Wrath se alzó. Cruzando sus Hombros, formando un arco con letras inglesas antiguas, estaba el nombre de ella.
Phury presentó la caja a Wrath.
-Lleva esto a tu shellan como símbolo de tu fuerza, así sabrá que eres digno de ella y que tu cuerpo, tu corazón y tu alma están ahora a sus órdenes.
Wrath dio media vuelta. Al aproximársele, ella exploró ansiosamente su rostro, Estaba bien, o más que eso, resplandecía de amor.
Cayendo de rodillas ante ella, inclinó la cabeza y le ofreció la caja.
-¿Me tomarás como tuvo? -preguntó, mirándola por encima de sus gafas de sol. Sus pálidos ojos ciegos destellaban. Las manos de ella temblaron cuando aceptó la caja. -Sí, te tomaré.
Wrath se levantó, y ella se arrojó en sus brazos, teniendo cuidado de no rozar demasiado su espalda.
Los hermanos iniciaron en voz, baja un cántico, una suave letanía que ella no entendió.
-¿Estás bien?-le preguntó él al oído.
Ella asintió, lamentando que no la hubieran llamado Mary o Sue.
Pero no, tenia que ser Elizabeth. Nueve letras.
-Espero que no tengamos que hacer esto nunca más -dijo ella, enterrando su cabeza en el hombro del guerrero.
Wrath se rió suavemente.
-Será mejor que te prepares si tenemos hijos.
El cántico aumentó de volumen, entonado por las profundas voces masculinas.
Ella miró a los hermanos, los altos y feroces hombres que ahora formaban parte de su vida. Wrath giró y la rodeó con sus brazos. Juntos, se mecieron siguiendo aquel ritmo que llenaba el aire. Rindiendo aquel homenaje, los hermanos parecían una sola voz, un único y poderoso ser.
Entonces, una voz fuerte comenzó a sobresalir entre las demás, entonando las notas cada vez más altas. El sonido del tenor resultaba tan claro, tan puro, que erizaba la piel, era como un cálido anhelo en el pecho. Las dulces notas volaron hasta el techo con toda su gloria, convirtiendo la estancia en una catedral y a los hermanos en su altar.
Haciendo descender el cielo tan cerca como para rozarlo. Era Zsadist.
Cantaba con los ojos cerrados, la cabeza hacia atrás y la boca completamente abierta.
Aquel hombre cubierto de cicatrices, y sin alma, tenía la voz de un ángel.

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MensajeTema: Re: La Hermandad de la Daga Negra (Black Dagger Brotherhood):    Lun Nov 29, 2010 6:12 pm

Capítulo 46
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Durante el banquete de bodas, Butch no se excedió con el alcohol. No le resultó muy difícil. Estaba demasiado ocupado disfrutando de la compañía de Marissa.
Y también observando a Beth con su nuevo esposo. Dios, estaba tan feliz... Y ese vampiro de apariencia cruel al que se había unido tenía la misma expresión de felicidad. No podía soltaría, ni dejar de mirarla. Durante toda la noche, la tuvo sentada sobre el regazo en la mesa, alimentándola de su mano mientras le acariciaba el cuello.
Cuando la fiesta empezó a decaer, Marissa se levantó. -Tengo que regresar con mi hermano. Está esperándome para cenar.
Seguramente por eso no había comido nada. Butch frunció el ceño, no quería que se fuera. -¿Cuándo regresarás?
-¿Mañana por la noche? Maldición, toda una vida. Apartó su servilleta.
-Bien, aquí estaré. Esperándote.
Por Dios, hablando de sometimiento, pensó.
Marissa se despidió de los comensales y desapareció. Butch alcanzó su copa de vino y trató de fingir que no le temblaba la mano. Al asunto de la sangre y los colmillos, ya casi se había acostumbrado. Pero aquello de las desapariciones iba a llevarle algo más de tiempo.
Diez minutos después, se dio cuenta de que estaba solo en la mesa.
No tenía el más mínimo interés en volver a su casa. En el transcurso de un día se las había ingeniado para arrinconar su vida real, para apartarla a un rincón de su mente. Y como si fuera un aparato averiado, no tenia ganas de examinarlo, repararlo y usarlo de nuevo.
Miró a su alrededor, pensando en las personas que basta hacía poco tiempo habían ocupado los asientos, ahora vacíos. El era un extraño en su mundo. Un entrometido. Aunque, en realidad, ser un individuo extraño no resultaba nada nuevo para él. Los otros policías eran buenos tipos, pe-ro nunca habían sido más que compañeros de trabajo, incluido José. Nunca había sido invitado a cenar a casa de los Cruz. Mientras miraba los platos vacíos y las copas de vino medio llenas, se dio cuenta de que no tenía a donde ir. No había ningún lugar en el que quisiera estar. El aislamiento nunca lo había molestado antes. Al contrario, le había hecho sentirse más seguro y protegido. Pero ahora no dejaba de parecerle extraño que estar solo no fuera lo mejor del mundo.
-Oye, detective. Vamos al Screamer's. ¿Quieres ir?- Butch alzó la vista al umbral de la puerta. Vishous estaba en el pasillo con Rhage y Phury detrás de él. Los vampiros parecían expectantes, como si sinceramente quisieran que los acompañara.
Butch se encontró de pronto sonriendo abiertamente, como el chico nuevo que, después de todo, no iba a tener que sentarse solo en el comedor.
-Sí, me vendrá bien divertirme un poco.
Al levantarse, se preguntó si debía ponerse algo más informal. Los hermanos se habían cambiado y se habían puesto sus vestimentas de cuero, pero él se resistía a dejar el traje. Le encantaba.
A la mierda. Le gustaba esa ropa; y claro que iba a usarla. Aunque no fuera muy adecuada a su personalidad.
Butch se abotonó la chaqueta, alisándola sobre el pecho, comprobó que el pañuelo aún estuviera perfectamente doblado.

-Vamos, detective, estás estupendo -dijo Rhage con una sonrisa ardiente-. Y me muero por un poco de compañía, ¿Me entiendes?
Si, ya lo imaginaba. Butch rodeó la mesa.
-Pero tengo que advertiros, chicos. Algunos tipos a quienes encerré les gusta ir a Screamer's. Puede ponerse feo.
Rhage le dio unas palmaditas en la espalda. -¿Por qué crees que queremos que vayas?
-Diablos, sí. -V sonrió, calándose bien su gorra de los Red Sox-. Una pelea es lo mejor para terminar la noche. Butch puso los ojos en blanco y luego miró a Phury con expresión seria.
-¿Dónde está tu muchacho? Phury se irguió.
-Z no vendrá.
Bien. Butch no tenía problema en salir con los otros. Estaba seguro de que si hubieran querido matarlo, ya estaría bajo tierra. Pero ese sujeto... Zsadist... tenía todo el aspecto de perder fácilmente la cabeza. Y si eso sucedía, prefería no estar a su alcance Aunque había que reconocer que cantaba como los ángeles.
De camino a la puerta principal, Butch murmuró:
-Vaya a juego de cuerdas vocales que lleva en la garganta de ese hijo de perra. Hermosa la maldita voz.
Los hermanos asintieron, y Rhage pasó uno de sus enormes brazos alrededor de los hombros de Phury. Éste agachó la cabeza durante un instante, como si cargara algo muy pesado y se sintiera muy cansado.
Salieron y se dirigieron a un Escalade ESV negro. Las luces parpadearon cuando fue accionada la apertura automática. -Oh, maldición. He olvidado algo. -Butch se detuvo en seco. Los vampiros también se pararon y lo miraron-. ¡Os he engañado!
Corrió alrededor del vehículo. Phury y Rhage también echaron a correr tras él, maldiciéndolo. En el otro lado, empezaron a discutir, pero él va tenía la mano en la puerta, Y no tenía intención de moverse.
-¡Los humanos van detrás!
-¡Sobre el capó!
-Escuchad, chupasangres, he ganado... -¡Y voy a pegarle un mordisco!
La risa de Vishous resonó en la espesa noche mientras se deslizaba al volante. Su primer movimiento fue encender el estéreo a un volumen tan alto que el coche entero comenzó a moverse.
Era la canción hipnotize de BIG's.
Butch estaba seguro de que podían oírla hasta en Montreal. -Maldición, hermano -dijo Rhage, entrando a la parte de atrás-. ¿Es nuevo el equipo?
-Postraos ante mí, caballeros. -V encendió un cigarrillo liado a mano. Cerró la tapa del encendedor de oro-. Y puede que os deje jugar con los mandos.
-Eso casi merecería un beso en el trasero. Los faros se encendieron.
Zsadist apareció iluminado por las luces.
Phury abrió la puerta de inmediato y le hizo sitio. -¿Has decidido acompañarnos?
Zsadist le lanzó a Butch una mirada malévola al entrar en la parte de atrás, pero Butch no se lo tomó como algo personal. El vampiro tampoco parecía muy contento de ver a los otros.
V dio marcha atrás y arrancó.
La conversación se mantuvo a pesar de la música, pero la atmósfera había cambiado.
Pero era lógico, considerando que ahora llevaban una bomba de relojería viva en el coche.
Butch se volvió a mirar a Zsadist. Sus ojos negros parecían soltar chispas. La sonrisa en la cara del vampiro estaba ansiosa de pecado y preparada para el mal.
Havers dejó su tenedor cuando Marissa entró en el comedor. Se había preocupado al no verla en la mesa, pero no se atrevió a ir a buscarla a su habitación. En su actual estado mental, no habría llevado muy bien su ausencia.
-Perdona mi tardanza -dijo ella, besándolo en la mejilla. Se acomodó en la silla como un pajarillo, arreglándose el vestido y a sí misma con gracia-. Espero que podamos hablar.
¿Qué era ese olor que exhalaba?, se preguntó él.
-Este cordero parece exquisito -murmuró ella cuando Karolyn le puso delante el plato.
Loción de afeitar. Su hermana olía a loción de afeitar. Había estado con un macho.
-¿Dónde has pasado la noche? -preguntó. Ella vaciló.
-En casa de Darius.
Él puso su servilleta sobre la mesa y se levantó. Su cólera era tan intensa, que, curiosamente, lo había dejado entumecido. -Havers, ¿por qué te marchas?
-Como puedes ver ya he terminado de cenar. Te deseo un buen descanso, hermana.
Ella le agarró la mano. -¿Por qué no te quedas? -Tengo un asunto urgente que atender. -Seguramente podrá esperar.
-No.
Havers se dirigió al vestíbulo, sintiéndose orgulloso de haber controlado su ira. Reunió valor, y se desmaterializo. Cuando tomó forma de nuevo, sintió un escalofrío. Algunas zonas del centro de la ciudad eran asquerosas. Verdaderamente asquerosas.
El callejón que había escogido estaba justo al lado de Screamer's. Había oído a alguno de los vampiros civiles que había tratado que los hermanos frecuentaban aquel lugar. Al examinar la multitud humana que trataba de entrar, comprendió la razón. Era una manada agresiva que apestaba a lujuria y a depravación.
A la altura de las escasas exigencias que tenían los hermanos a la hora de buscar compañía.
Havers hizo ademán de apoyarse en el edificio, pero lo pensó mejor. Los ladrillos estaban sucios y húmedos. Examinó todo el callejón. Tarde o temprano, encontraría lo que estaba buscando.
O lo que estaba buscando lo encontraría a él.
El señor X cerró con llave la puerta delantera y se perdió en la noche. Le complacía la forma en que había transcurrido la ceremonia. Billy se había quedado impresionado, por decirlo con palabras suaves, pero había aceptado llevar la iniciación hasta el final. Sobre todo cuando supo que o lo hacía o terminaría Muerto sobre la mesa.
Dios, la expresión en la cara de Billy cuando había visto al Omega no tenía precio. Nadie esperaba que el mal tuviera semejante aspecto. Bueno, por lo menos hasta que la mirada del Omega caía sobre uno. Entonces alcanzaba a saborear su propia muerte.
Cuando todo terminó, el señor X había cargado a Billy hasta la casa, y Riddle se encontraba descansando en la habitación de invitados. Aunque, en aquel momento, estaba vomitan do, y ese malestar duraría al menos dos horas, mientras la sangre del Omega sustituía a la que había estado circulando por las venas de Billy durante sus dieciocho años de vida. Riddle también tenía una herida en el pecho, un profundo corte desde la garganta hasta el esternón, que había sido cerrado por la yema del dedo del Omega. Eso le dolería mucho hasta la mañana siguiente. Sin embargo, por la noche estaría lo suficientemente fuerte para salir.
El señor X montó en el Hummer Y se dirigió al sur. Había ordenado a uno de los escuadrones principales que cubriera el área del centro de la ciudad, y- quería observarlos en acción. Detestaba admitirlo, pero quizás el señor O tuviera razón en cuanto a la motivación. Además, necesitaba ver cómo funcionaba el grupo en una situación de combate. Con la desaparición del señor M, estaba barajando la idea de que Riddle se sumara a sus filas, pero quería tener una idea de la dinámica actual del escuadrón antes de tomar cualquier decisión.
También necesitaba ver cómo respondía Billy. Como le había entrenado en artes Marciales, el señor X confiaba en sus habilidades para la lucha. Pero no estaba seguro de cómo reaccionaría ante su primer asesinato. El señor X sospechaba que sentiría una gran emoción, pero no podía asegurarlo. Deseaba fervientemente que Riddle le hiciera sentirse orgulloso.
El señor X sonrió, corrigiéndose.
Deseaba que el señor R le hiciera sentirse orgulloso.
Havers estaba empezando a sentir una gran inquietud. Los humanos que merodeaban por el callejón no representaban amenaza alguna para él, pero no podía soportar sus vicios. En la parte de atrás, dos de ellos estaban besuqueándose, o quizás algo peor, y otro estaba fumando crack. Entre los gemidos y el nauseabundo olor, Havers estaba deseando volver a casa.
-¿Qué tenemos aquí? Un sofisticado.
Havers retrocedió encogiéndose. La hembra humana que se detuvo ante él estaba vestida para el sexo, con un estrecho top cubriéndole el pecho y una falda tan corta que apenas le tapaba la entrepierna.
Un reclamo vivo para una implantación fálica. Se le puso la carne de gallina.
-¿Andas buscando compañía? -preguntó ella, pasándose la mano por el vientre Y- luego por el grasiento cabello corto. -No, gracias. -Retrocedió unos pasos, adentrándose en el callejón-. Muchas gracias, pero no.
-Y también es un caballero. Santo cielo. Ella iba a tocarlo.
Levantó las manos, introduciéndose cada vez más en el callejón. La música se Hizo más fuerte, como si alguien hubiera abierto la puerta trasera del local.
-Por favor, vete -dijo mientras a su alrededor retumbaba una horrible canción cargada de obscenidades.
De repente, la mujer palideció y escapó corriendo como si acabara de cometer algún delito.
-¿Qué diablos estás haciendo tú aquí?-La voz masculina detrás de él sonó oscura y desagradable.
Havers se dio la vuelta lentamente. Su corazón empezó a latir con fuerza.
--Zsadist.

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MensajeTema: Re: La Hermandad de la Daga Negra (Black Dagger Brotherhood):    Lun Nov 29, 2010 6:13 pm

Capítulo 47
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Wrath no tenía el menor interés en saber quién estaba llamando a la puerta de su alcoba. Tenía el brazo alrededor de la cintura de su shellan y la cabeza metida en su cuello. No iría a ninguna parte a menos que alguien estuviera medio muerto.
-Maldita sea. -Saltó de la cama, cogió sus gafas de sol y cruzó la habitación completamente desnudo.
-Wrath, no les hagas daño -dijo Beth, bromeando-. Si te molestan esta noche, será porque tienen una buena razón. Él respiró profundamente antes de abrir la puerta. -Será mejor que estés sangrando. -Frunció el ceño-. Tohr.
-Tenemos un problema, mi señor.
Wrath soltó una maldición y asintió, pero no invitó al hermano a pasar. Beth estaba desnuda sobre la cama.
Señaló el otro extremo del pasillo. -Espérame allí.
Wrath se puso unos calzoncillos, besó a Beth y cerró la alcoba con llave. Luego fue a la habitación de Darius.
-¿Qué pasa, hermano? -No estaba muy contento con la interrupción, y aunque un platillo volante hubiera aterrizado en el patio trasero, le daba igual. Pero era bueno que Tohr estuviera allí. Quizá las cosas estaban mejorando entre ellos.
Tohr se apoyó sobre el escritorio de D.
-Fui a Screamer's a reunirme con los hermanos. Llegué tarde.
-¿Entonces te perdiste a Rhage manoseando a alguna chica en un rincón oscuro? Una pena.
-Vi a Havers en un callejón. Wrath frunció el ceño.
-¿Qué estaba haciendo el buen doctor en esa parte de la ciudad?
-Le pidió a Zsadist que te matara. Wrath cerró la puerta suavemente. -¿Le oíste decir eso? ¿Claramente? -Así es. Y le ofreció mucho dinero. -¿Qué respondió Z?
--Dijo que lo haría gratis. Vine aquí inmediatamente, por si decidía actuar rápido. Ya sabes cómo trabaja. No perderá tiempo meditándolo.
-Sí, es eficiente. Es una de sus habilidades.
-Y sólo tenemos media hora hasta el amanecer. No es suficiente para tomar medidas, a menos que aparezca aquí en los próximos diez minutos.
Wrath miró al suelo, llevándose las manos a las caderas. Según la ley de los vampiros, Z debía ser condenado a muerte por amenazar la vida del rey.
-Tendrá que ser eliminado por esto. Y si la Hermandad no se encarga de la ejecución, la Virgen Escriba lo hará.
Dios, Phury. Su hermano no iba a tomarse muy bien aquel asunto.
-Esto matará a Phury -murmuró Tohr. -Lo sé.
Y entonces Wrath pensó en Marissa. A efectos prácticos, Havers también había firmado su sentencia de muerte, y su pérdida iba a destrozarla.
Movió la cabeza tristemente al pensar que tendría que matar a alguien a quien ella amaba tanto, después de todo lo que había tenido que soportar como shellan suya.
-La Hermandad debe ser informada-dijo finalmente-. Los reuniré.
Tohr se levantó del borde del escritorio.
-Escucha, ¿quieres que Beth se quede conmigo y Wellsie hasta que esto haya terminado? Estará más segura en nuestra casa.
Wrath alzó la vista.
-Gracias, Tohr. Eso haré. La enviaré allí cuando se ponga el sol.
Tohrment asintió y se dirigió a la puerta. -¿Tohr?
El hermano lo miró por encuna del hombro.
-Antes de casarme con Beth, va lamentaba lo que te dije. Sobre tú y, Wellsie y la devoción que le profesabas. Ahora... yo, eh... lo he comprendido por experiencia propia. Beth lo es todo para mí. Es incluso más importante que la Hermandad. -Wrath se aclaró la garganta, incapaz de continuar.
Tohr fue hacia él y le tendió la mano. -Estás perdonado, mi señor.
Wrath cogió la mano que le ofrecía N- tiró de su hermano para abrazarlo. Ambos se dieron fuertes palmadas en la espalda. -Tohr, quiero que hagas algo, pero tendrás que mantenerlo en secreto ante los hermanos por ahora. Cuando la muerte de Darius sea vengada, yo me retiraré.
Tohr frunció el ceño. -¿Perdón?
-Ya no voy a luchar más.
-¿Qué diablos? ¿Vas a dedicarte a bordar o algo así? --Tohr se pasó la mano por los cortos cabellos-. ¿Cómo vamos a...?
-Quiero que lideres a los hermanos. Tohr se quedó boquiabierto.
-¿Qué?
-Tendrá que haber una reorganización total de la Hermandad. Los quiero centralizados y, dirigidos como una unidad militar, y no luchando por cuenta propia. Y necesitamos reclutar miembros. Quiero soldados. Batallones completos de soldados e instalaciones de entrenamiento, lo mejor de lo mejor.-Wrath lo miró fijamente--. Tú eres el único que puede hacer ese trabajo. Eres el más sensato y estable de todos.
Tohr sacudió la cabeza.
-No puedo... Por Dios, no puedo hacer eso. Lo siento...
--No te lo estoy pidiendo. Te lo ordeno. Y cuando lo haga público, se convertirá en ley.
Tohr dejó escapar el aire con un lento siseo. -¿Mi señor?
-He sido un pésimo rey. De hecho, nunca he desempeñado ese trabajo. Pero ahora todo va a ser diferente. Necesitamos construir una civilización, hermano mío. O mejor, reconstruir la que tenemos.
Los ojos de Tohr relucieron. Apartó la vista y se frotó los párpados con los pulgares con aire indiferente, como si no fuera nada, sólo una pequeña irritación. Carraspeó.
-Ascenderás al trono.
-Sí.
Tohr se dejó caer al suelo sobre una rodilla, inclinando la cabeza.
-Gracias a Dios -dijo con voz ronca--. Nuestra raza está unida de nuevo. Tú serás nuestro líder.
Wrath se sintió enfermo. Eso era exactamente lo que no quería. No podía soportar la responsabilidad cíe tener en sus manos la seguridad de su pueblo. ¿No sabía Tohr que él no era lo suficientemente bueno, ni lo suficientemente fuerte? Había dejado morir a sus padres y actuado como un enclenque cobarde, no como un macho digno. ¿Qué había cambiado desde entonces? Sólo su cuerpo. No su alma.
Hubiera deseado escapar de aquella carga que le correspondía por derecho de nacimiento, sólo escapar...
Tohr sintió un escalofrío.
--Mucho tiempo... Hemos esperado mucho tiempo a que tú nos salves.
Wrath cerró los ojos. El desesperado alivio en la voz de su hermano le hizo darse cuenta de lo mucho que necesitaban un rey, mostrándole lo angustiados que habían estado. Y mientras Wrath estuviera vivo, nadie más podría ocupar ese cargo. Así era la ley. Vacilante, extendió la mano y la colocó sobre la cabeza inclinada de Tohr. El peso de lo que le esperaba, de lo que les esperaba a todos, era demasiado inmenso para tratar de comprenderlo.
-Salvaremos juntos a nuestra raza -murmuró-.
Todos nosotros.

Horas después, Beth se despertó hambrienta. Se liberó suavemente del pesado abrazo de Wrath, se puso una camiseta y se envolvió en una bata.
-¿Adónde vas, leelan? -La voz de Wrath sonó profunda, perezosa, relajada. Ella escuchó crujir su hombro, igual que cuando se desperezaba.
Teniendo en cuenta el número de veces que le había hecho el amor, le sorprendió que pudiera moverse.
-Sólo voy a buscar algo de comer. -Llama a Fritz.
-Ya trabajó demasiado anoche y se merece un descanso. Vuelvo enseguida.
-Beth. -La voz de Wrath sonó alarmada-. Son las cinco de la tarde. El sol aún no se ha puesto.
Ella hizo una pausa.
-Pero dijiste que podría salir durante el día. -Teóricamente, es posible.
-Entonces podría averiguarlo ahora.
Ya estaba en la puerta cuando Wrath se apareció frente a ella. Sus ojos denotaban fiereza.
-No necesitas saberlo en este momento. -No es para tanto. Sólo voy- a subir...
-No irás a ninguna parte -gruñó él. Su enorme cuerpo emanaba agresividad-. Te prohíbo salir de esta habitación. Beth cerró la boca lentamente.
¿Le prohíbe? Él me prohíbe
Vamos a tener que dejar una serie de cosas claras, pensó ella, mientras alzaba un dedo frente a la cara.
-Déjame pasar, Wrath, y haz desaparecer esa palabra de tu vocabulario cuando hables conmigo. Estaremos casados, pero no me darás órdenes como a una niñita. ¿Está claro?
Wrath cerró los ojos. La preocupación se reflejó en los severos rasgos de su rostro.
-Oye, no pasará nada -dijo ella, pegándose a su cuerpo y rodeando su cuello con los brazos-. Sólo asomaré la cabeza al salón. Si pasa algo, bajaré de inmediato. ¿Vale?
El la sujetó, apretándola con fuerza.
-Odio no poder acompañarte. -No podrás protegerme de todo. Volvió a soltar otro gruñido.
Ella lo besó en la parte interior de la barbilla y empezó a subir la escalera antes de que él pudiera discutir de nuevo. Al llegar a1 rellano, se detuvo un instante con la mano sobre el cuadro.
Abajo, escuchó el sonido del timbre de ten teléfono. Wrath permanecía en el umbral de la puerta de la alcoba, mirándola. Beth empujo el cuadro, que se abrió con un crujido. La luz perforó la oscuridad.
A su espalda, lo escucho maldecir y cerrar la puerta. Wrath miró enfurecido su teléfono Basta que dejó de sonar. Dio vueltas por la habitación como un sonámbulo. Se sentó en el sofá. Volvió a levantarse.
Y entonces la puerta se abrió. Beth estaba sonriente, -Puedo salir-dijo.
Él fue corriendo hasta ella, le tocó la piel. Estaba fresca, saludable.
-¿No te has quemado, no sentiste calor?
-No 1a claridad me hizo daño en los ojos al salir... - ¿Saliste al exterior?
-Si. -Beth lo sujeto por el brazo cuando 1e flaquearon las rodillas-. Santo Dios, estás pálido. Ven, recuéstate aquí.
Él así lo hizo.
Santo cielo. Había salido a plena luz del día. Su Beth había bailado bajo la luz del sol. Y el no había podido estar con ella. Si al menos hubiera permanecido en el salón, el habría tenido la oportunidad...
Podía haber quedado calcinada.
Unas manos frescas le apartaron el cabello de los ojos. -Wrath, estoy bien.
Él levantó la vista y la miro a la cara. -Creo que voy caerme desmayado. -Lo cual es físicamente imposible, porque estás acostado.
-Maldición, leelan. Te amo tanto que nunca me he sentido más asustado. -Cuando ella presionó los labios de él con los suyos, Wrath le puso la mano en la nuca, inmovilizándola-. No creo que pueda vivir sin ti.
-Espero que no tengas que hacerlo. Ahora dime una cosa. ¿Cuál es la palabra que utilizáis para esposo?
-Hellren, supongo. La versión corta es hell, como infierno en inglés.
Ella se rió alegremente. -A saber por qué.
El teléfono comenzó a sonar de nuevo. Él desnudó los colmillos ante el maldito aparato.
-Responde mientras voy a la cocina -dijo ella-. ¿Quieres algo?
-A ti.
-Ya me tienes.
-Y doy gracias a Dios por ello.
Vio salir a Beth, observó el contoneo de sus caderas y pensó que cuando regresara quería poseerla de nuevo. No parecía quedar nunca satisfecho. Dar placer a esa hembra era la primera adicción que había tenido.
Cogió el teléfono sin molestarse en revisar el identificador de llamadas.
-¿Qué?
Hubo una pausa.
Y luego el gruñido de Zsadist retumbó en su oído.
-¿Es que no te satisface el calor de tu hembra? ¿No te ha ido muy bien en tu noche de bodas?
-¿Tienes algo en mente, Z?
-He oído que has convocado a los hermanos esta noche. A todos excepto a mí. ¿Has perdido mi número? Supongo que ésa será la razón de que no me hayas llamado.

-Sé exactamente dónde localizarte. Z soltó un resoplido de frustración. -Ya estoy harto de que me tratéis corno a un perro. Enserio. -Entonces no te comportes como uno.
-Vete a la mierda.
-Sí, ¿sabes una cosa, Z? Tú y yo hemos llegado al final del camino.
-¿Y eso a qué se debe? -Z soltó una risotada-. No me lo digas. No me importa, y además, no tenemos tiempo para discutir este asunto. ¿No es cierto? Tú tienes que regresar con tu hembra, y yo no te he llamado para quejarme porque no me tengáis en cuenta. -¿Entonces por qué me has llamado?
-Tienes que saber algo.
-¿De ti? -preguntó Wrath lentamente.
-Sí, de mí -siseó Z como respuesta--. El hermano de Marissa quiere tu cabeza en una estaca. Y estaba dispuesto a pagarme un par de millones para hacerlo. Ya nos veremos.
La llamada se cortó.
Wrath dejó caer el móvil sobre la cama y se masajeó la frente.
Seria estupendo creer que Z había llamado siguiendo su propio impulso. Y porque no quería cumplir con aquel cometido, o tal vez porque, finalmente, había encontrado su conciencia tras cien años de total inmoralidad.
Pero había esperado varias horas, y eso sólo podía significar que Phury le había advertido, convenciéndolo para que confesara. ¿De qué otra manera podía enterarse Z de que los hermanos habían sido convocados?
Wrath cogió el teléfono y marcó el número de Phury. -Tu gemelo acaba de llamar.
-¿Lo ha hecho? -Pudo percibir un alivio total en la voz del hermano.
-No podrás salvarlo esta vez, Phury.
-No le dije que tú lo sabías. Wrath, tienes que creerme. -Lo que creo es que harías cualquier cosa por él. -Escúchame. Recibí la orden expresa de no decir nada y he obedecido. Me resultó muy difícil, pero no dije nada. Z te llamó por su cuenta.
-¿Entonces por qué sabía que los otros habían sido convocados?
-Mi teléfono sonó y el suyo no. Lo adivinó. Wrath cerró los ojos.
-Tengo que eliminarlo, lo sabes. La Virgen Escriba no exigirá menos que eso por su traición.
-No pudo evitar que le hicieran esa propuesta. Te contó lo que había sucedido. Si hay alguien que merezca morir, es Havers.
-Y morirá. Pero tu gemelo aceptó una oferta para matarme. Si lo ha hecho ahora, podría hacerlo de nuevo. Y quizás la próxima vez no se arrepienta después de que tú lo convenzas, ¿me entiendes?
-Te juro por mi honor que te llamo por su cuenta. -Phury, quisiera creerte. Pero una vez tú mismo te disparaste en la pierna para salvarlo. Tratándose de tu gemelo, varías o dirías cualquier cosa.
La voz de Phury tembló:
-No lo hagas, Wrath. Te lo ruego. Z ha mejorado mucho últimamente.
-¿Y qué hay- de esas mujeres muertas, hermano?
-Sabes que es la única manera en que él se alimenta. Tiene que sobrevivir de alguna manera. Y a pesar de los rumores, nunca antes ha dado muerte a los humanos de los que se alimenta. No sé que' sucedió con esas dos prostitutas. -Wrath soltó una maldición--. Mi señor, no merece morir Por algo que no ha hecho. No es justo.
Wrath cerró los ojos. Finalmente, dijo:
-Tráelo contigo esta noche. Le daré la oportunidad de hablar frente a la Hermandad.
-Gracias, mi señor.
-No me lo agradezcas. Que le permita abrir la Moca no significa que vaya a ser perdonado.
Wrath colgó el teléfono.
Era evidente que no había concedido aquel encuentro por el bien de Zsadist, sino por Phury. Lo necesitaban en la Hermandad, y Wrath sabía que el guerrero no se quedaría a mirar que su hermano tuera tratado con injusticia. Y aun así, tampoco estaba muy seguro de que permaneciera con ellos.
Wrath pensó en Zsadist, recordando su imagen.
Havers había escogido bien al asesino. Era bien sabido que Z no estaba atado a nadie ni a nada, de modo que el buen doctor tenía razón en suponer que el guerrero, no tendría problema en traicionar a la Hermandad. También estaba claro, para cualquier observador, que Z era uno de los pocos machos del planeta lo suficientemente letal para matar a Wrath.
Pero había una cosa que no encajaba, a Z no le importaban las posesiones materiales. Como esclavo, nunca tuvo ninguna. Como guerrero, nunca quiso ninguna. Por eso era difícil creer que el dinero seria para él un incentivo.
Aunque también sabía que era perfectamente capaz de matar por diversión.
Wrath se quedó inmóvil cuando la nariz empezó a cosquillearle.
Frunciendo el ceño, fue hasta uno de los respiraderos que llevaban aire fresco a la alcoba. Inhaló con fuerza.
Había un restrictor en la propiedad.
El mismo que estaba en el Hummer en casa de Billy Riddle. Beth colocó algo de carne y un poco de salsa de rábano entre dos rebanadas de pan. Cuando dio un mordisco, se sintió en el paraíso. La comida le sabía mucho mejor.
Mientras comía, se quedó mirando un arce desde la ventana de la cocina. Sus hojas verde oscuro estaban totalmente inmóviles. Aún era verano. No soplaba ni siquiera una ligera brisa, como si el aire mismo estuviera agotado pos- el calor.
No, algo se movía.
Un hombre estaba atravesando el seto, mercándose a la casa desde la propiedad vecina. La piel 1e picó en señal de advertencia. Pero era ridículo. Aquel individuo llevaba puesto un uniforme gris de la Empresa de Energía y Gas de Caldwell venía con una carpeta en una mano. Con su cabello blanco N- una actitud tranquilla y relajada, no parecía amenazador. Era corpulento, pero se movía con naturalidad. Simplemente, se trataba de otro aburrido lector de contadores que desearía estar cómodamente en un despacho y no sufriendo aquel calor.
El teléfono cíe la pared sonó, sobresaltándola.
Descolgó, con los ojos aún fijos en el hombre. Éste se detuvo en cuanto la vio.
-Hola -dijo ella en el auricular. El sujeto del gas empezó a caminar de nuevo, aproximándose a la puerta trasera. -Beth, baja aquí ahora mismo gritó Wrath.
En ese momento, el hombre de los contadores miraba a través de los cristales de la puerta de la cocina. Sus ojos en ella, sonrió y levantó la mano.
Ella sintió escalofríos en la piel.
No está vivo, pensó. No estaba segura de cómo lo sabia; simplemente lo sabía.
Dejó caer el teléfono y corrió.
Detrás de ella sonó un estrépito al hacerse añicos la puerta, y luego escuchó un sordo estallido. Algo con un aguijón la golpeó en el hombro. Sintió una punzada de dolor.
Su cuerpo empezó a hacerse lento.
Cayó boca abajo sobre las baldosas de la cocina.
Wrath gritó cuando oyó Beth chocaba contra el suelo. Subió la escalera en un instante e irrumpió en el salón.
El sol le tocó la piel, quemándole como una sustancia química, obligándolo a regresar a la oscuridad. Corrió a la alcoba, descolgó el teléfono Y llamó al piso superior. En su cerebro resonaron los timbrazos que nadie pudo contestar.
Respiraba con dificultad, su pecho subía y bajaba en una serie de violentas contracciones.
Atrapado. Estaba atrapado allí abajo mientras ella... Pronunció su nombre con un rugido.
Podía sentir que su aura se atenuaba. Se la estaban llevando a alguna parte, lejos de él.
Su corazón dejó escapar toda su furia, una oleada de frío negro N- profundo que hizo estallar el espejo del baño en mil pedazos.
Fritz descolgó el teléfono.
-¡Alguien ha entrado en la casa! Butch está... -¡Pásame al detective! -gritó Wrath.
Butch se puso al teléfono un momento después. Estaba jadeando.
-No he podido atrapar al canalla... -¿Has visto a Beth?
-¿No está contigo?
Wrath soltó otro rugido, sintiendo que las paredes a su alrededor lo aplastaban. Estaba completamente indefenso, enjaulado por la luz solar que bañaba la tierra sobre él.
Se obligó a respirar profundamente. Sólo pudo hacerlo una vez antes de volver a jadear.
-Detective, te necesito. Te... necesito.


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MensajeTema: Re: La Hermandad de la Daga Negra (Black Dagger Brotherhood):    Lun Nov 29, 2010 6:15 pm

Capítulo 48
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El señor X pisó a fondo el acelerador de la camioneta. No podía creerlo.
Sencillamente, no podía creerlo.
Tenía a la reina. Había raptado a la reina.
Era una oportunidad única para un restrictor. Y había sucedido de una forma tan sencilla, como si hubiera sido cosa del destino.
Se había aproximado a la casa en misión de exploración. Le había parecido demasiada coincidencia que la dirección que el vampiro le había dado la noche anterior en el callejón fuera la misma del guerrero que había hecho saltar por los aires. Después de todo, ¿qué haría el Rey Ciego en la mansión de un guerrero muerto?
Suponiendo que fuese una trampa, el señor X se había armado hasta los dientes y había ido a casa de Darius antes del anochecer. Quería inspeccionar el exterior del edificio, ver si alguna de las ventanas de los pisos superiores estaba tapiada y qué vehículos había en la entrada.
Pero entonces vio a la mujer morena en la cocina, con el Rubí Saturnino en el dedo. El anillo de la reina.
El señor X aún no Había logrado entender por qué la luz del día no le hacía ningún daño. A menos que fuera medio Humana. Aunque, ¿qué probabilidades había?
En cualquier caso, él no había vacilado. A pesar de que no tenía planeado entrar en la casa, había roto la puerta, mostrándose sorprendido y agradecido de que el sistema de seguridad no saltara. La mujer echó a correr, pero no fue lo suficientemente rápida. Y los dardos habían funcionado a la perfección, ahora que había conseguido ajustar la dosis adecuada.
Se volvió a mirar hacia la parte trasera.
Ella estaba adormecida en el suelo de la camioneta. Aquella noche iba a ser intensa. No le cabía la menor duda de que su macho iría a buscarla. Y debido a que, con toda seguridad, la sangre del Rey Ciego corría por sus venas, él podría encontrarla en cualquier lugar adonde la llevara.
Gracias a Dios, aún era de día y tenía tiempo para proteger su granero.
Estuvo tentado de llamar refuerzos. Aunque confiaba en su capacidad, sabía de lo que era capaz el Rey Ciego. Podía destruir la propiedad por completo, arrasando la casa y el granero y todo lo que había en ellos.
El problema era que si el señor X llamaba a otros miembros, se mostraría vulnerable ante ellos.
Además, contaba con su nuevo recluta.
No, haría aquello sin testigos indeseados, ansiosos de colgarse medallas. Cualquier ser que respirara podía ser eliminado, incluso aquel temible guerrero. Y el señor X estaba dispuesto a apostar que, con aquella hembra en juego, contaba con una gran ventaja. Indudablemente, el rey se entregaría a sí mismo con tal de proteger a su reina.
El señor X se rió por lo bajo. El señor R iba a tener una primera noche infernal.
Butch salió de la estancia de Wrath y corrió hasta la habitación de invitados donde él y Vishous habían dormido la noche anterior y se paseaba, atrapado allí porque no podía llegar al piso inferior sin pasar por la luz. Era evidente que aquella mansión estaba diseñada para ser usada como residencia privada, no como cuartel general.
Y esa cuestión presentaba un grave problema en esta clase de emergencia.
-¿Qué está pasando? -preguntó V.
-Tu jefe, Wrath, se encuentra en un estado endiablado, pero se las ha arreglado para contarme algo sobre el tipo del Hummer que conocisteis anoche. Ese rubio creo que es el instructor que fui a entrevistar hace un par de días en una academia de artes marciales. Me dirijo allí ahora.
Butch cogió las llaves de su coche. -Llévate esto. -Vishous lanzó algo al aire.
El detective atrapó la pistola con un movimiento rápido. Revisó la recámara. La Beretta estaba cargada, pero no pudo reconocer aquella munición.
-¿Qué clase de balas son éstas?-Eran negras s, transparentes en la punta, y brillaban como si tuvieran aceite dentro. -No vas detrás de un humano, detective. Si uno de eso, restrictores te ataca, le disparas en el pecho, ¿entiendes? No vayas a ser tan estúpido de dispararle a las piernas, aunque sea a plena luz del día. Apunta directamente al pecho.
Butch levantó la vista. Sabía que si aceptaba el arma estaría cruzando una línea desconocida. Pasaría al otro lado del mundo y va no podría volver atrás.
-¿Cómo los reconoceré, V?
-Despiden un olor dulzón, como talco para bebés, y te perforan con los ojos, mirándote directamente al alma. Suelen tener el cabello, los ojos Y la piel claros, aunque no siempre es así.
Butch se metió la semiautomática en el cinturón, dejando atrás para siempre, con aquel gesto, su antigua vida.
Era extraño. No había sido tan difícil tomar esa decisión. -¿Te ha quedado todo claro, detective? -Vishous le dio una palmadita en el brazo.
-Sí.
Cuando Butch se dirigía a la puerta, y dijo algo en su extraña lengua.
-¿Qué? -preguntó Butch.
Apunta bien, ¿vale?
-Hasta ahora nunca he fallado.

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MensajeTema: Re: La Hermandad de la Daga Negra (Black Dagger Brotherhood):    Lun Nov 29, 2010 6:16 pm

Capítulo 49
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Marissa estaba ansiosa por ver a Butch. Había estado pensando en él todo el día, y al fin había llegado la hora de ir a encontrarse con él.
Pero aunque tenía mucha prisa, antes de salir se detendría a hablar con Havers. Había esperado su regreso la noche anterior, entreteniéndose ayudando a las enfermeras en la clínica, y luego leyendo en su habitación. Finalmente, le había dejado una nota sobre la cama, pidiéndole que fuera a verla en cuanto llegara. Pero él no lo había hecho.
Y esa falta de comunicación ya estaba durando demasiado tiempo.
Trató de salir de su alcoba. Le sorprendió que la puerta no abriera. Frunció el ceño. El pomo no se movió. Lo intentó de nuevo, sacudiéndola y, usando toda su fuerza. Estaba atascada o cerrada con llave.
Y las paredes estaban recubiertas de acero, de modo que no podía desmaterializarse.
-¡Hola! -llamó en voz alta, dando golpes a la puerta-. ¡Hola! ¡Havers! ¿Hay alguien? ¿Puede alguien sacarme de aquí? ¡Hola! Se dio por vencida, sintiendo que un escalofrío se condensaba en su pecho.
En cuanto se calló, la voz de Havers se filtró en su habitación, como si hubiera estado esperando al otro lado todo el tiempo.
-Lamento que tenga que ser de esta manera.
-Havers, ¿qué estás haciendo? -dijo ella contra los paneles de la puerta.
-No tengo alternativa. No puedo permitir que vayas con él.
Ella se aseguró de que sus palabras se oyeran con claridad: -Escúchame. Wrath no es la razón por la que he salido. Él acaba de desposarse con alguien a quien ama, y yo no le guardo rencor alguno. Yo... he conocido a un macho. Alguien que me gusta. Alguien que me quiere.
Hubo un largo silencio.
-¿Havers? -Golpeó la puerta con el puño-. ¡Havers! ¿Has oído lo que he dicho? Wrath se ha casado y yo lo he perdonado. No estaba con él.
Cuando su hermano logró articular palabra, sonó como si alguien lo estuviera asfixiando.
-¿Por qué no me lo dijiste?
-¡No me diste oportunidad de hacerlo! ¡Lo he intentado las dos últimas noches! -Golpeó la puerta de nuevo-. Ahora déjame salir. Debo encontrarme con mi..., con alguien en casa de Darius.
Havers susurró algo.
-¿Qué? -preguntó ella-. ¿Qué has dicho? -No puedo dejar que vayas allí.
La angustia en la voz de Havers apagó su ira, y la alarma hizo que por su nuca se deslizara un sudor frío.
-¿Por qué no?
-Esa casa ya no es segura. Yo... Santo Dios. Marissa extendió las manos contra la puerta. -Havers, ¿qué has hecho?
Pero al otro lado de la puerta sólo le respondió el silencio. -¡Havers! ¡Dime qué has hecho!
Beth sintió que algo le golpeaba la cara con fuerza. Una mano. Alguien la había abofeteado.
Aturdida por la sacudida, abrió los ojos. Estaba en un granero, atada a una mesa con placas metálicas alrededor de las muñecas y los tobillos.
Y Billy Riddle estaba a su lado. -Despierta, perra.
Tala forcejeó, tratando de liberarse. Al mirarla, los ojos del sujeto se fijaron en sus pechos, mientras apretaba los labios hasta formar una línea recta.
-¿Señor R? -Otra voz masculina-. Quiero que recuerdes que ya estás fuera del negocio de las violaciones.
-Sí. Lo sé. -La mirada de Billy se hizo más siniestra-. Pensar en eso me hace querer hacerle daño.
Beth pudo ver, entonces, al hombre de cabello claro que la había raptado. Apoyaba una escopeta en cada hombro, con el cañón hacia arriba.
-Te dejaré matarla, ¿qué te parece? Pero primero puedes jugar un poco con ella.
Billy sonrió. -Gracias, sensei.
El rubio se volvió hacia las puertas dobles del granero. Estaban completamente abiertas, dejando ver la tenue luz del cielo. -Señor R, necesitamos estar concentrados -dijo-. Quiero estas armas cargadas y alineadas con cajas de munición sobre esa mesa de trabajo. También deberíamos poner unos cuchillos. Y ve a buscar la lata de gasolina del garaje, así como el soplete que está junto al Hummer.
Bil1y le dio otra bofetada. Y luego hizo lo que se le había ordenado.
La mente de Beth despertaba lentamente. Todavía se sentía aletargada a causa de las drogas y todo aquello le parecía un sueño, pero con cada bocanada de aire, la bruma se iba disipando. Y estaba haciéndose más fuerte.
La violencia de Wrath era tan profunda, tan feroz, que cubrió de escarcha las paredes de su alcoba. Las velas parpadeaban lentamente en el denso aire, emitiendo luz, pero no calor.
Siempre había sabido que era capaz de generar una ira monumental. Pero la que iba a descargar sobre aquellos que se habían llevado a Beth sería recordada durante siglos.
Alguien tocó la puerta. -¿Wrath?
Era el policía. E1 vampiro abrió la puerta con la mente. El humano pareció momentáneamente desconcertado por la temperatura en la habitación.
-Yo..., he ido a la Academia de Artes Marciales de Cadwell. El nombre del sujeto es Joseph Xavier. Nadie lo ha visto hoy. Llamo para que alguien le sustituyera en sus clases. Me dijeron dónde vivía, me acerqué por allí en el coche. El edificio se encuentra en la parte oeste de la ciudad. Entré sin autorización. Estaba limpio. Demasiado limpio. Nada en la nevera, ni en el garaje. No había correo, ni revistas. Tampoco había pasta de dientes en el baño, ni ninguna evidencia de que se hubiera tenido que marchar apresuradamente. Él es el propietario, pero, desde luego, no vive ahí.
Wrath tenía dificultades para concentrarse. En lo único que podía pensar era en salir de aquel maldito agujero subterráneo y localizar a Beth. Cuando lo hiciera, la sentiría. Su sangre corriendo por las venas de ella actuaba como un GPS. Podría encontrarla en cualquier lugar del planeta.
Cogió el teléfono y marcó. Butch hizo ademán de irse, pero Wrath le detuvo, indicándole con un gesto que se quedara. El policía se acomodó en el sofá de cuero, con los ojos alerta y el cuerpo sosegado, pero preparado para cualquier eventualidad.
Al oír la voz de Tohrment al otro lado de la línea, Wrath ordenó con voz profunda:
-A las diez de esta noche, llevarás a los hermanos a la Academia de Artes Marciales de Caldwell. Registrarás el lugar de arriba abajo, y luego harás que salte la alarma. Esperarás la llegada de los restrictores y entonces los matarás y quemarás el edificio hasta los cimientos. ¿Me entiendes? Cenizas, Tohr. Quiero que todo quede reducido a cenizas.
No hubo vacilación. -Sí, mi señor.
-Vigila a Zsadist. Mantenlo a tu lado todo el tiempo, aunque tengas que encadenarlo a tu brazo. -Wrath se volvió a mirar a Butch-. El detective vigilará el edificio desde ahora hasta el ocaso. Si ve algo interesante, te llamará.
Butch asintió, se puso en pie y se dirigió a la puerta. -Voy para allá -dijo por encima del hombro.

Hubo una pausa en el móvil.
-Mi señor, ¿nos necesitas para que te ayudemos a encontrar... ?
-Yo me encargaré de nuestra reina.

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MensajeTema: Re: La Hermandad de la Daga Negra (Black Dagger Brotherhood):    Lun Nov 29, 2010 6:17 pm

Capítulo 50
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Durante casi una hora, Beth observó a sus dos secuestradores corriendo de un lado a otro como si estuvieran convencidos de que Wrath vendría a buscarla en cualquier momento. ¿Pero cómo sabría él dónde estaba? No creía que le hubieran dejado una nota de rescate.
Trató de liberarse una vez más de aquellas placas metálicas que la tenían inmovilizada. Desesperada, miró al otro lado del granero. El sol se estaba poniendo las sombras empezaban a alargarse sobre el césped y el camino de gravilla. Cuando Billy, cerró las puertas dobles, ella pudo captar una última imagen fugaz del cielo oscureciendo, y luego lo vio correr unos gruesos cerrojos sobre las puertas.
Estaba convencida de que Wrath vendría a buscarla. No le cabía la menor duda. Pero seguramente tardaría horas en encontrarla, y no estaba segura de que le quedara tanto tiempo. Billy Riddle miraba su cuerpo con tanto odio, que temía que en cualquier momento perdiera la razón. Y no le faltaba mucho para ello.
-Ahora esperaremos -dijo el hombre rubio, consultando su reloj-. No tardará mucho. Te quiero armado. Pon una pistola en tu cinturón y átate un cuchillo en el tobillo.
Billy se colocó las armas con verdadero entusiasmo, además tenía mucho donde escoger. Había suficientes semiautomáticas, escopetas y cuchillos afilados para equipar a todo un destacamento militar.
Nada más elegir un cuchillo de caza de treinta centímetros, se volvió a mirarla.
Las palmas de sus manos, antes frías, ahora estaban húmedas por el sudor.
Dio un paso adelante.
De repente, Beth aguzó el oído, y miró hacia la derecha al mismo tiempo que los dos hombres. ¿Qué era ese sonido?
Era corno un retumbar. ¿Un trueno? ¿Un tren? Cada vez sonaba más fuerte.
Y luego oyó un extraño tintineo, como si el viento agitara unas campanillas. Sobre la mesa donde estaba la munición, alineada, saltaban las balas sueltas, chocando entre sí.
Billy miró fijamente a su jefe. -¿Qué diablos es eso?
El hombre respiró profundamente mientras la temperatura descendía unos veinte o treinta grados.
-Prepárate, Billy.
El sonido ya se había convertido en un rugido. Y el granero temblaba tan violentamente, que el polvo de las vigas caía formando una fina nieve que invadía el aire, enturbiando la visión corno una espesa niebla.
Billy levantó las manos para protegerse la cabeza.
Las puertas del granero se astillaron al ser abiertas de par en par por una fría explosión de furia. El edificio entero se movió bajo la fuerza del impacto, vigas y tablas se tambalearon emitiendo crujidos similares a un gemido ensordecedor.
Wrath ocupaba el umbral de la puerta, el aire a su alrededor venía cargado de venganza, de amenaza, de promesa de muerte. Beth sintió sus ojos fijos en ella, y luego un estruendoso rugido de guerra salió de su garganta, tan fuerte que le hizo daño en los oídos. A partir de entonces, Wrath se convirtió en dueño y señor. Con un movimiento tan rápido que sus ojos no pudieron seguirlo, se dirigió hacia el rubio, lo aferró y lo estrelló contra la puerta de un establo. El hombre no pareció inmutarse y le propinó a Wrath un puñetazo en la mandíbula. Ambos forcejearon, se embistieron y se golpearon, chocando contra paredes, rompiendo todo lo que encontraban a su paso. A pesar de las armas que llevaban, prefirieron el combate cuerpo a cuerpo, la expresión salvaje, los labios apretados y sus tremendos cuerpos chocando entre sí, soltando chasquidos con cada impacto.
Ella no quería mirar, pero no podía apartar la vista. Sobre todo, cuando Billy aferró un cuchillo y se lanzó sobre la espalda de Wrath. Con un feroz giro, el vampiro se quitó al sujeto de encima y lo arrojó por los aires. El cuerpo del novato voló hasta aterrizar en el otro extremo del granero.
Billy trató de incorporarse, mareado. La sangre chorreaba por su cara.
Wrath recibió tremendas patadas en el cuerpo, pero no retrocedió, logrando contener al rubio lo suficiente para abrir una de las placas metálicas que aprisionaban las muñecas de Beth. Ella pasó de inmediato al lado opuesto y se liberó la otra mano.
-¡Los perros! Suelta los perros-gritó el señor X.
Billy, salió del granero tambaleándose. Un momento después, dos pitbulls llegaron corriendo por detrás de una esquina. Se dirigieron directamente -a los tobillos de Wrath, en el momento en que el rubio desenfundaba un cuchillo.
Beth se libero ambos pies y saltó de la mesa.
-¡Corre! -le gritó Wrath, arrancándole una pata a uno de los perros mientras detenía un impacto dirigido a su cara. No lo haré, pensó ella, aferrando lo primero que encontró, que resultó ser un martillo de cabeza redonda.
Beth se colocó detrás del señor X justo en el momento en que Wrath perdía el equilibrio y caía. Levantando el martillo tan alto como pudo, concentró todas sus fuerzas en la herramienta, y la descargó directamente sobre la cabeza del rubio.
Oyó un crujido de huesos y un estallido de sangre.
Y entonces uno de los perros se dio la vuelta y la mordió en un muslo.
Gritó cuando los dientes le desgarraron la piel y se hundieron en sus músculos.
Wrath se deshizo del cuerpo del restrictor y se puso en pie de un salto.
Uno de los perros estaba sobre Beth con la boca alrededor de su muslo. El animal estaba tratando de derribarla para poder atacar su garganta. El vampiro se abalanzó hacia delante, pero se detuvo en seco. Si tiraba del perro, el animal podía llevarse consigo un trozo de la pierna de Beth.
A Wrath le pareció escuchar la voz de Vishous en una ráfaga. Dos guardianes torturados combatirán entre sí.
Wrath agarró al perro que aferraba su propio tobillo y lo lanzó hacia el que estaba atacando a Beth. El otro animal soltó la presa debido al golpe. Y los dos pitbulls se atacaron entre sí. Wrath corrió hacia ella cuando cavó. Estaba sangrando. –Beth.
Sonó un disparo de escopeta.
Wrath escuchó un silbido y sintió que la nuca le quemaba como si lo hubieran golpeado con una antorcha.
Beth gritó cuando él se dio la vuelta. Billy Riddle volvía a colocarse el arma sobre el hombro.
La furia hizo que Wrath olvidara todo. Se abalanzó hacia el nuevo recluta sin detenerse, aunque la escopeta estaba apuntando hacia su pecho. Billy apretó el gatillo, mientras el vampiro se movía hacia un lado antes de abalanzarse contra el. Mordió la garganta del restrictor, desgarrándola. Luego hizo girar la cabeza de Billy hasta que la ovó crujir al romperse.
Wrath dio media vuelta para volver junto a Beth. Pero cavó de rodillas.
Confuso, se miró el cuerpo. Tenía un agujero del tamaño de un melón en su abdomen.
-¡Wrath! -Beth acudió cojeando. -Me... han dado, leelan.
-Oh, Dios. -Se arrancó la bata, y la apretó contra su estómago-. ¿Dónde está tu teléfono?
Él levantó una mano débilmente mientras rodaba sobre un costado.
-En el bolsillo.
Ella cogió el móvil y marcó el número de la casa de Darius. -¿Butch? ¡Butch! ¡Ayúdanos! ¡Le han disparado a Wrath en el estómago! No... no sé dónde estamos...
-Carretera 22 -murmuró Wrath-. Un rancho con un Hummer negro al frente.
Beth repitió sus palabras, presionando la bata en la herida. -Estamos en el granero. ¡Ven rápido! Está sangrando.
A su izquierda oyó un gruñido.
Wrath miró hacia allí al mismo tiempo que Beth. El pitbull superviviente, ensangrentado pero aún furioso, avanzaba hacia ellos.
Beth no lo dudó. Desenfundó una de las dagas de Wrath y, se puso en cuclillas.
-Ven pronto, Butch. Ahora. -Cerró la tapa del teléfono y, lo dejó caer-. Acércate, maldito perro inmundo. ¡Ven aquí! El perro dio un rodeo, y Wrath pudo sentir su mirada fija en él. Por alguna razón, el animal lo quería a él, seguramente porque estaba perdiendo mucha sangre. Beth siguió los movimientos del pitbull con los brazos abiertos.
La voz le tembló.
-¿Lo quieres a él? Vas a tener que pasar sobre mi cadáver. El perro saltó sobre Beth, y como si hubiera sido entrenada para matar, ella se aplastó contra el suelo y enterró el cuchillo hacia arriba en el pecho del animal, que cavó al suelo como una piedra.
Dejó caer el cuchillo y se apresuró a volver junto a su esposo. Temblaba tanto, que sus manos parecían tener alas cuando levantó de nuevo la tela para colocarla en el estómago de Wrath. -No me duele -susurró él, oliendo las lágrimas.
-Oh, Wrath. -Le agarró la mano, apretando fuerte. -Estás conmocionado.
-Sí, es probable. No puedo verte, ¿dónde estás? -Estoy aquí. -Le pasó los dedos por la cara-. ¿Puedes sentirme?
Apenas, pero fue suficiente para mantenerlo vivo. -Desearía que estuvieras embarazada -dijo él con voz ronca-. No quiero que estés sola.
-¡No digas eso!
-Pide a Tohr y Wellsie que te lleven a vivir con ellos. -No.
-Prométemelo.
-No lo haré -dijo ella con voz áspera-. Tú no irás a ninguna parte.
Él pensó que estaba muy, equivocada respecto a eso. Podía sentir que había llegado su hora.
-Te amo, leelan.

Beth empezó a sollozar. Sus gemidos ahogados fueron los últimos sonidos que él escuchó mientras luchaba contra la marea de la inconsciencia.
Beth no levantó la vista cuando el teléfono empezó a sonar. -¿Wrath? -repitió una vez más--. ¿Wrath?
Puso una oreja sobre el pecho del vampiro. Su corazón aún latía, aunque muy débilmente, y. su respiración se había vuelto lenta y pesada. Ella estaba desesperada por anudarlo, pero no podía practicarle la respiración artificial hasta que su corazón se detuviera por completo.
-Oh, Dios...
El teléfono seguía sonando.
Lo recogió del suelo, tratando de ignorar el enorme charco de sangre que se había formado alrededor del cuerpo de Wrath. -¡Qué!
-¡Beth! Soy Butch. Estoy con V. Llegaremos en un momento, pero necesita hablar contigo.
De fondo podía oír un ronroneo, como el motor de un coche.
La voz de Vishous era nerviosa:
-Beth, esto es lo que tienes que hacer. ¿Trenes un cuchillo?
Ella miró la otra daga que todavía estaba enfundada en el pecho de Wrath.
-Sí.
-Quiero que te cortes la muñeca. Hazlo verticalmente en el antebrazo, no horizontalmente, o llegarás al hueso. Luego pónsela en la boca. Es la única opción que tiene para sobre vivir hasta que le consigamos ayuda. -Hubo una pausa-. Suelta el teléfono, y coge el cuchillo. Yo te iré diciendo lo que hay que hacer.
Beth extendió el brazo y extrajo el cuchillo de la funda de Wrath. No vaciló al abrirse la herida en la muñeca. El dolor le hizo dar un grito ahogado, pero olvidó de inmediato la sensación ardiente y puso la herida sobre la boca de Wrath. Recogió el teléfono con la mano libre.
-No está bebiendo.
-¿Ya has hecho el corte? Buena chica. -No está..., no está tragando. -Esperemos que le esté cayendo algo por la garganta. -También está sangrando por ahí.
-Santo Dios..., llegaré tan rápido como pueda. Butch localizó el Hummer.
-¡Ahí!
Vishous aparcó encima del césped, saltaron del vehículo y corrieron al granero.
Butch no podía creer la escena que tenía lugar en el interior. Un par de perros sacrificados. Sangre por todo el lugar. Un hombre muerto Jesús, era Billy Riddle.
Y entonces vio a Beth.
Llevaba puesta una camiseta larga cubierta de sangre y suciedad. Con los ojos enloquecidos, estaba arrodillada junto al cuerpo de Wrath con una de sus muñecas en los labios del vampiro. Cuando los ovó acercarse, siseó s. empuñó el cuchillo, preparada para luchar.
Vishous avanzó, pero Butch lo sujetó por un brazo. -Déjame ir primero.
Lentamente, Butch caminó hacia ella. -¿Beth? Beth, somos nosotros.
Pero cuanto más se acercaba a Wrath, más enloquecían sus ojos.
Apartó la muñeca de la boca del hombre, dispuesta a defenderlo.
-Tranquila. No vamos a hacerle daño. Beth, soy yo. Ella parpadeó.
-¿Butch?
-Sí, querida. Somos Vishous y yo. -Dejó caer el cuchillo y empezó a llorar-. Está bien, está bien. =Trató de rodearla con los brazos, pero ella se dejó caer al suelo junto a su esposo-. Es pera. Deja que y lo examine, ¿vale? Vamos, sólo tardará un minuto.
Ella se dejo apartar. Mientras Butch rasgaba su camisa y la envolvía alrededor de la pierna de la mujer, asintió con la cabeza en dirección a V.
Vishous examinó a Wrath. Cuando levantó la vista de su estómago, tenía los labios apretados.
Beth se derrumbó.
-Va a ponerse bien, ¿no es cierto? Sólo hay que llevarlo a un médico. A un hospital. ¿No es así? Vishous, ¿no es así? -La desesperación la hizo chillar.
De repente, se dieron cuenta de que no estaban solos. Marissa y un hombre distinguido de aspecto nervioso surgieron de la nada.
El hombre se acercó al cuerpo de Wrath y levantó la bata empapada de sangre.
-Tenernos que llevarlo a mi quirófano.
-Mi coche está en la parte delantera -dijo V-. Volveré a limpiar todo esto cuando él esté a salvo.
El médico soltó una maldición cuando examinó la herida del cuello. Miró a Beth.
-Tu sangre no es lo suficientemente fuerte. Marissa, ven aquí.
Beth luchó por no dejar salir las lágrimas cuando apartó su muñeca de la boca de Wrath y levantó la vista hacia la mujer rubia. Marissa dudó.
-¿No te importa que lo alimente?
Beth le ofreció la daga de Wrath sosteniéndola por la hoja. -No me importa de quién beba si con eso puede salvarse. Marissa se cortó fácilmente, como si lo hubiera hecho muchas veces. Luego levantó la cabeza de Wrath y presionó la herida contra su boca.
Su cuerpo dio una sacudida, como si lo hubieran conectado a una batería de automóvil.
-Muy bien, vamos a trasladarlo -dijo Havers-. Marissa, mantén esa muñeca exactamente donde está.
Beth agarró la mano de Wrath mientras los hombres lo levantaban del suelo del granero. Lo cargaron tan delicadamente como pudieron en el coche de Vishous y lo colocaron boca arriba en la parte trasera. Marissa y Beth entraron con Wrath mientras
Butch y Vishous se sentaban en los asientos delanteros. El otro hombre desapareció.
Mientras el Escalade rugía sobre aquellas carreteras secundarias, Beth acariciaba el brazo de Wrath, recorriendo sus tatuajes. Su piel estaba tría.
-Lo amas mucho -murmuró Marissa. Beth levantó la vista.
-¿Está bebiendo? -No lo sé.

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MensajeTema: Re: La Hermandad de la Daga Negra (Black Dagger Brotherhood):    Lun Nov 29, 2010 6:19 pm

Capítulo 51
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En la antesala del quirófano, Havers se quitó los guantes de látex y, los arrojó a un contenedor. Le dolía la espalda después de pasar horas inclinado sobre Wrath, cosiendo el intestino del guerrero y curando la herida de su cuello.
-¿Vivirá? -preguntó Marissa cuando salió del quirófano. Estaba débil por toda la sangre que le había dado, pálida y nerviosa.
-Pronto lo sabremos. Eso espero. -Yo también.
Quiso alejarse, negándose a mirarlo a los ojos. -Marissa...
-Sé que lo sientes. Pero no es a mí a quien debes ofrecer tu arrepentimiento. Podrías empezar con Beth. Si es que quiere oírte. Mientras la puerta se cerraba con un siseo, Havers se apoyó en la pared, sintiéndose mareado.
Oh, santo Dios, el dolor en el pecho. El dolor por acciones que nunca podrían deshacerse.
Havers se deslizó lentamente hasta quedarse sentado en el suelo, y se quitó el gorro de cirugía de la cabeza.
Por fortuna, el Rey Ciego tenía la constitución de un verdadero guerrero. Su cuerpo era resistente, con una extraordinaria voluntad. Aunque no habría sobrevivido sin la sangre casi pura de Marissa.
O quizá sin la presencia de su shellan. Beth había permanecido a su lado durante toda la operación. Y a pesar de que el guerrero había estado inconsciente, su cabeza siempre estuvo dirigida hacia ella. Le había estado hablando durante horas, hasta casi quedarse ronca.
Y aún se encontraba allí con él, tan agotada que apenas podía sentarse erguida, pero se había negado a que le revisaran sus propias heridas, y no había querido comer.
No quería separarse de su hellren.
Havers se levantó y tambaleándose, se dirigió hasta los fregaderos del laboratorio. Aferró los grifos de acero inoxidable y se quedo mirando fijamente los desagües. Sintió ganas de vomitar, pero su estómago estaba vacío.
Los hermanos estaban fuera. Esperando que les llevara noticias.
Y sabían lo que él había hecho.
Antes de que Havers entrara a operar. Tohrment lo había aferrado por la garganta. Si Wrath moría en la mesa de operaciones, el guerrero le habla jurado que los hermanos lo colgarían por los pies y lo golpearían con los puños desnudos hasta desangrarlo. Allí, en su propia casa.
No cabía duda de que Zsadist les habla contado todo. Dios, si pudiera regresar a ese callejón -pensó Havers--. Si nunca hubiera ido allí.
Nunca debió acercarse a un miembro de la Hermandad con una petición tan indigna, ni siquiera al que carecía de alma. Después de hacerle la propuesta a Zsadist, el hermano lo había mirado fijamente con sus terribles ojos negros, y Havers se había dado cuenta de inmediato de que había cometido un error. Zsadist podía estar lleno de odio, pero no era un traidor, y le ofendió que le hubiera pedido que matara a su rey.
-Mataría gratis -había gruñido Zsadist-. Pero sólo si fueras tú. Apártate de mi vista, antes de que saque mi cuchillo. Nervioso, Havers se había alejado de allí a toda prisa, para encontrarse con que estaba siendo seguido por lo que supuso que debía de ser un restrictor. Era la primera vez que se encontraba cerca de un muerto viviente, y se sorprendió que los miembros de la Sociedad tuvieran la piel y el cabello tan claros. Aun así, aquel hombre representaba la maldad en estado puro y estaba preparado para matar. Atrapado en un rincón del callejón, enloquecido por el miedo, Havers había empezado a hablar, no sólo para lograr su objetivo sino también para evitar ser asesinado. El restrictor se había mostrado escéptico al principio, pero Havers siempre había sido persuasivo, y la palabra rey, usada deliberadamente, había atraído su atención. Intercambiaron alguna información. Cuando el restrictor se marchó, la suerte estaba echada.
Havers respiró profundamente, preparándose para salir al vestíbulo.
Al menos podía asegurar a los hermanos que había realizado su mejor esfuerzo con la cirugía, y no había sido por salvar su vida. Sabía que él va no tenía escapatoria. Se le ejecutaría por lo que había hecho. Era sólo cuestión de tiempo.
En el quirófano, había realizado el mejor de los trabajos posibles, porque era la única manera de compensar la atrocidad que había cometido. Y además, los cinco machos armados hasta los dientes y el díscolo humano que esperaban fuera parecían tener el corazón destrozado.
Pero lo que más le había conmovido e impulsado a luchar con todas sus fuerzas por la vida de Wrath fue el ardiente dolor que había visto reflejado en los ojos de Beth. Él conocía bien esa expresión horrorizada de impotencia. La había sufrido en su propia carne mientras veía morir a su shellan.
Havers se lavó la cara y salió al vestíbulo. Los hermanos y el humano alzaron la vista hacia él.
-Ha sobrevivido a la operación. Ahora tenemos que esperar para ver si es capaz de recuperarse. -Havers se dirigió a Tohrment: -¿Quieres eliminarme ahora?
El guerrero lo miró con ojos duros y violentos.
-Te mantendremos vivo para que cuides de él. Luego él mismo podrá matarte.
Havers asintió. Escuchó un débil grito. Se dio la vuelta para ver a Marissa oprimiéndose la boca con una mano.
Estaba a punto de acercársele cuando el macho humano se paró frente a ella. El hombre vaciló antes de sacar un pañuelo. Ella tomó el que le ofreció y luego se alejó de todos los presentes.
Beth apoyó la cabeza en la esquina más alejada de la almohada de Wrath. Lo habían trasladado a una cama desde la mesa de operaciones, aunque, de momento, no lo llevarían a una habitación normal. Havers había decidido mantenerlo en el quirófano en previsión de que necesitara ser operado de nuevo por alguna emergencia.
El edificio de paredes blancas era frío, pero alguien le había puesto encima una pesada manta de lana. No podía recordar quién había sido tan amable.
Guando escuchó un chasquido, se volvió a mirar al montón de máquinas a las que Wrath estaba conectado. Las miró una a una sin tener mucha idea de lo que aparecía reflejado en ellas. Mientras no se activara ninguna alarma, tenía que pensar que todo estaba bien.
Volvió a escuchar aquel sonido.
Bajó la vista hacia Wrath. Y se puso en pie de un salto.
Estaba tratando de hablar, pero tenía la boca seca y lengua espesa.
-Shhh. -Le apretó la mano. Situó la cara ante sus ojos para que pudiera verla si los abría-. Estoy aquí.
Sus dedos se movieron ligeramente entre los de ella. Y luego perdió el conocimiento de nuevo.
Dios, tenía muy mal aspecto. Pálido como las baldosas del suelo del quirófano, y los ojos hundidos en el cráneo.
Tenía un grueso vendaje en la garganta. El vientre envuelto en gasas y, compresas de algodón, con drenajes saliendo de la herida. En uno de sus brazos habían conectado un suero que le suministraba la medicación, Y un catéter colgaba a un lado de la cama. También le habían enganchado un montón de cables de un electrocardiograma en el pecho, y, un sensor de oxígeno al dedo corazón.
Pero estaba vivo, al menos de momento.
Y había recuperado la consciencia, aunque fue sólo durante un instante.
Así pasó los dos días siguientes. A intervalos regulares, despertaba y volvía a quedarse inconsciente, como si quisiera comprobar que ella estaba con él antes de volver al hercúleo trabajo de recuperarse.
Finalmente, la convencieron para que durmiera un poco. Los hermanos le llevaron un sillón más cómodo, una almohada y una sábana. Despertó una hora después, aferrada a la mano de Wrath.
Comía cuando la obligaban, porque Tohrment o Wellsie le exigían hacerlo. La persuadieron para que se diera una ducha rápida en la antesala, y cuando regresó Wrath se estaba convulsionando mientras Wellsie había mandado a buscar a Havers. Pero en el instante en que Beth agarró la mano de Wrath, éste se calmó de inmediato.
No sabia el tiempo que podría continuar así. Pero cada vez que él reaccionaba ante su roce, sacaba fuerzas de la flaqueza. Podía esperar durante toda la eternidad.
La mente de Wrath recuperaba la consciencia de forma intermitente. Durante un minuto no se daba cuenta de nada; pero al siguiente, sus circuitos empezaban a funcionar de nuevo. No sabía dónde estaba, y le pesaban demasiado los párpados para poder abrirlos, así que cuando estaba consciente hacia una rápida exploración de su cuerpo. En la mitad inferior se sentía bien, los dedos de los pies se movían y notaba las piernas. Pero su estómago parecía como si lo hubieran golpeado con un martillo. Sin embargo, el pecho estaba fuerte. El cuello le ardía, la cabeza le dolía. Los brazos parecían intactos, las manos...
Beth.
Estaba acostumbrado a sentir la palma de su mano. ¿Dónde estaba?
Sus párpados se abrieron.
Ella estaba junto a él, sentada en una silla, con la cabeza sobre la cama como si estuviera dormida. Su primer pensamiento fue que no debía despertarla. Era evidente que estaba agotada. Pero quería tocarla. Necesitaba tocarla.
Trató de estirar la mano libre, pero sintió como si el brazo le pesara cien kilos. Forcejeó obligando a su mano a deslizarse sobre la sábana centímetro a centímetro. No supo cuánto tiempo tardó. Tal vez, horas.
Pero, por fin, llegó a su cabeza y pudo rozar un mechón de cabello. Aquel tacto sedoso le pareció un milagro.
Estaba vivo, Y ella también. Wrath empezó a llorar.

En el instante en que Beth sintió que la cama temblaba, despertó llena de pánico. Lo primero que vio fue la mano de Wrath. Sus dedos estaban enredados en un largo mechón de su cabello.
Levanto la vista hacia sus ojos. Gruesas lágrimas se deslizaban por sus mejillas.
-¡Wrath! Oh, amor mío. -Se enderezó, le alisó el cabello hacia atrás. Su rostro reflejaba una angustia total-. ¿Te duele algo?
Él abrió la boca, pero no pudo articular palabra. Empezó a sentir pánico, abrió los ojos desmesuradamente.
-Tranquilo, amor, ten calma. Relájate-dijo ella-. Quiero que aprietes mi mano, una vez si la respuesta es sí, dos veces si es no. ¿Sientes dolor?
No.
Suavemente le enjugó las lágrimas de sus mejillas. -¿Estás seguro?
Sí.
-¿Quieres que venga Havers? No.
-¿Necesitas algo? Sí.
-¿Comida? ¿Bebida? ¿Sangre? No.
Él empezó a agitarse, sus ojos claros y enloquecidos le imploraban.
-Shhh. Todo va bien. -Lo besó en la frente-. Cálmate. Ya daremos con lo que necesitas. Tenemos suficiente tiempo. Los ojos del vampiro se fijaron en sus manos entrelazadas. Luego su mirada se dirigió al rostro de ella.
-¿A mí? -susurró ella-. ¿Me necesitas a mí? El apretón no se detuvo.
-Oh, Wrath... A mí ya me tienes. Estamos juntos, mi amor.
Las lágrimas le caían como un torrente embravecido, el pecho le temblaba debido a los sollozos, la respiración era entrecortada y ronca.
Ella cogió su cara entre las manos, tratando de sosegarlo.
-Todo va bien. No voy a ninguna parte. No te dejaré. Te lo prometo. Mi amor...
Finalmente las lágrimas disminuyeron, y recobró un poco la calma.
Un graznido salió de su boca. -¿Qué? -Beth se inclinó. -Quería... salvarte.
-Lo hiciste. Wrath, me salvaste. Los labios de Wrath temblaron. —Te... amo.
Ella lo besó suavemente en la boca. -Yo también te amo.
-Tú. Vete a ... dormir. Ahora.
Y luego cerró los ojos a causa del esfuerzo.
A ella se le nubló la visión cuando él le puso la mano en la boca y empezó a sonreír. Su hermoso guerrero estaba de vuelta. Y trataba de darle órdenes desde su cama de enfermo.
Wrath suspiró, sumergiéndose en el sueño.
Cuando estuvo segura de que descansaba plácidamente, se estiró, pensando que a los hermanos les gustaría saber que había despertado y estaba lo suficientemente bien para hablar un poco. A lo mejor podía encontrar un teléfono para llamar a casa.
Cuando se asomó al vestíbulo, no pudo creer lo que vio. Frente a la puerta del quirófano, formando una gran barrera, los hermanos y Butch estaban tendidos en el suelo. Los hombres estaban profundamente dormidos, y parecían tan exhaustos cromo ella. Vishous y Butch estaban apocados contra la pared muy cerca el uno del otro, sólo había un pequeño monitor de TV y dos pistolas entre ellos. Rhage estaba acostado boca arriba, roncando suavemente, con la daga en la mano. Tohrment apoyaba la cabeza entre sus rodillas y Phury vacía a su lado, aferrando una estrella arrojadiza contra su pecho, como si eso lo tranquilizara.
-¿Dónde está Zsadist?
-Aquí –dijo él suavemente.

Ella dio un salto y miró a su derecha. Zsadist estaba completamente armado, pistola enfundada en la cadera, dagas cruzada, sobre el pecho, un trozo de cadena balanceándose en su mano. Sus resplandecientes ojos negros la miraban tranquilamente.
-Es mi turno de guardia. Hemos estado turnándonos. -¿También hay peligro aquí?
Él frunció el ceño. -¿No lo sabes?
Él se encogió de hombros y miró a ambos lacios del vestíbulo, vigilante.
-La Hermandad protege lo nuestro. -Sus ojos volvieron a concentrarse en ella-. Nunca os dejaríamos ni a ti ni a él sin protección.
Ella sintió que el la evitaba, pero no iba a presionarlo. Lo único que importaba era que ella y Wrath estaban protegidos mientras su esposo se recuperaba de sus heridas.
-Gracias -susurró.
Zsadist bajó la vista de inmediato.
Se esconde de cualquier manifestación de afecto, pensó ella. -¿Qué hora es? -preguntó.
-Las cuatro de la tarde. Por cierto, es jueves. -Zsadist se pasó una mano sobre el cráneo rapado-. ¿Cómo..., eh..., cómo está?
-Ya ha despertado. -Sabía que iba a vivir. ¿Cómo lo sabías?
Su labio se levantó como un gruñido, como si fuera a hacer algún chiste. Pero luego pareció contenerse. La miró fijamente, su rostro cubierto de cicatrices parecía ausente.
-Sí, Beth. Lo sabía. No existe ningún arma que pueda apartarlo de ti.
De inmediato, Zsadist desvió la mirada hacia otro lado. Los otros empezaron a revolverse. Un momento después, todos estaban de pie, mirándola. Butch parecía encontrarse tan a gusto entre los vampiros.
-¿Cómo está? -preguntó Tohr.
-Lo bastante bien como para tratar de darme órdenes. Los hermanos rieron y un murmullo de alivio y de orgullo recorrió aquel grupo de rudos hombres. --¿Necesitáis algo? -preguntó Tohr.
Beth miró sus rostros. Todos estaban ansiosos, como si esperaran que ella les diera algo que hacer.
Ésta realmente es mi familia, pensó.
-Creo que estamos bien. -Beth sonrió-. Y estoy segura de que pronto querrá veros a todos.
-¿Y tú? -preguntó Tohr-. ¿Cómo te sientes? ¿Quieres tomarte un descanso?
Ella negó con la cabeza, y abrió la puerta del quirófano de un empujón.
-Hasta que pueda salir de aquí por su propio pie, no me apartaré del lado de su cama.
Cuando la puerta se cerró detrás de Beth, Butch escuchó a Vishous silbar por lo bajo.
-Es una hembra magnífica, ¿verdad? -dijo V. Hubo un ronco murmullo afirmativo.
-Y alguien a la que no te gustaría enfrentarte-continuó el hermano-. Teníais que haberla visto cuando entramos en ese granero. Estaba junto al cuerpo de él, dispuesta a matarnos al detective 'v a mí con sus manos desnudas si era _preciso. Como si Wrath fuera su cría, ¿me entendéis?
-Me pregunto si tiene una hermana -dijo Rhage. Phury dejó escapar una carcajada.
-No sabrías qué hacer contigo mismo si tropezaras con una hembra de semejante calibre.
-Mira quién habla, el señor Celibato. -Pero entonces Hollywood se frotó la barbilla, como si estuviera pensando en las leves del universo-. Ah, diablos, Phury, quizá tengas razón. Aun así, un macho tiene derecho a sonar.
-Claro que lo tiene -murmuró V.
Butch pensó en Marissa. Seguía esperando que bajara, pero no la había visto desde la mañana siguiente a la operación. Había estado muy ensimismada, muy distraída, aunque tenía motivos para estar preocupada. La muerte de su hermano se aproximaba. Más pronto incluso de lo que pensaba, teniendo en cuenta la rápida recuperación de Wrath.
Butch quería estar con ella, pero no estaba seguro de si aceptaría su compañía. No la conocía lo suficientemente bien como para atreverse a intentarlo. Habían pasado juntos muy poco tiempo.
¿Qué significaba para ella? ¿Era una simple curiosidad? ¿Un poco de sangre fresca que ella quería saborear? ¿O algo más? Butch miró al otro lado del pasillo, deseando que apareciera de la nada.
Dios, se moría por verla. Aunque sólo fuera para saber que estaba bien.

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MensajeTema: Re: La Hermandad de la Daga Negra (Black Dagger Brotherhood):    Lun Nov 29, 2010 6:20 pm

Capítulo 52
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Un par de días después, Wrath intentó incorporarse antes de que los hermanos entraran. No quería que lo vieran acostado. El suero conectado a su brazo y todas aquellas máquinas detrás de él va le resultaban bastante molestas.
Pero, al menos, le habían retirado el catéter el día anterior. Y se las había arreglado para afeitarse por si solo y lavarse un poco. Tener el cabello limpio era algo estupendo.
-¿Qué estás haciendo?- pregunto Beth cuando lo sorprendió moviéndose.
-Sentándome...
-Ah, no, no lo harás. -Cogió el mando de la cama y dobló el cabezal hacia arriba.
-Ah, diablos, leelan, ahora permaneceré acostado además de sentado.
-Así estás bien. -Ella se inclinó para colocar bien las sábanas, y él alcanzó a ver la curva de sus senos. Su cuerpo se inflamó. En el lugar indicado.
Pero la oleada de lujuria le hizo pensar en la escena que había encontrado en el granero. Ella encadenada a Aquella mesa. No le importó en absoluto que los restrictores no pudieran tener erecciones.
La cogió de la mano
-¿Leelan?
-¿Sí?
-¿Estás segura de que estás bien? -habían hablado de lo que había sucedido, pero él afín estaba preocupado.
-Ya te lo he dicho. La herida de mi muslo se está curando... -No estoy- hablando de lo físico -dijo él con ganas de matar a Billy Riddle otra vez.
Su cara se ensombreció por un instante.
-Ya te lo dije, estaré bien. Porque me niego a que sea de otra manera.
-Eres muy- valiente. Y tienes una fortaleza extraordinaria. Me asombras.
Ella le sonrió, y se inclinó para darle un beso fugaz, pero él la inmovilizó, y habló pegado a sus labios:
-Y gracias por salvarme la vida. No sólo en ese granero, sino durante el resto de mis días.
La besó intensamente, alegrándose al oírla jadear de placer. Aquel sonido hizo que su miembro volviera también a renacer. Le rozó la clavícula con la yema de los dedos.
-¿Qué te parecería subir aquí conmigo?
-No creo que estés completamente preparado para eso todavía.
-¿Quieres apostar? -le cogió la mano y la metió bajo las sábanas.
Su risa franca al sujetarlo suavemente le pareció un auténtico milagro, lo mismo que su constante presencia en la habitación, su implacable protección, su amor, su fuerza.
Ella lo era todo para él. Su mundo entero. Había pasado de importarle poco lo que sucediera con su vida a estar desesperado por vivir. Por ella. Por ellos. Por su futuro.
-¿Qué opinas si esperamos sólo un día más? –preguntó ella.
-Una hora.
-Hasta que puedas sentarte solo. -Trato hecho.
Gracias a Dios se recuperaba con rapidez. La mano de ella se retiró de su cuerpo. -¿Puedo permitir a los hermanos que entren?
-Sí. -Respiró profundamente-. Espera. Quiero que escuches lo que voy a decir.
Tiró suavemente de ella hacia abajo, hasta que quedó sentada al borde de la cama.
-Voy a dejar la Hermandad.
Beth cerró los ojos, como si no quisiera que él viera el enorme alivio que sentía.
-¿De verdad?
-Sí. Le pedí a Tohr que se hiciera cargo de ella. Pero no me voy a marchar de vacaciones. Tengo que empezar a gobernar a nuestro pueblo, Beth. Y necesito que tú lo hagas conmigo. Beth abrió los ojos.
Él le acarició las mejillas.
-Estamos hablando de ser rey y reina. Y seré sincero contigo: no sé por dónde empezar. Tengo algunas ideas, pero necesitaré tu ayuda.
-Haré lo que sea -dijo ella-. Por ti. Wrath la miró asombrado.
Dios, ella siempre conseguía fascinarlo. Allí estaba, dispuesta a enfrentarse al mundo con él aunque estuviera postrado en una cama de hospital. Su fe en él era sorprendente.
-¿Te he dicho que te amo, leelan?
-Hará unos cinco minutos. Pero nunca me canso de oírlo. La besó.
-Diles a los hermanos que entren. Butch que espere en el vestíbulo. Pero quiero que tú estés presente mientras me dirijo a ellos.
Ella dejó entrar a los guerreros, y, luego regresó a su lado. La Hermandad se aproximó a la cama con cautela. Aunque ya había tenido una breve reunión con Tohr aquella mañana, era la primera vez que veía al resto de los guerreros. Carraspearon todos un poco, como si se aclararan las gargantas. Él sabía qué sentían. Estaba igualmente emocionado.
-Hermanos...
En ese momento, Havers cruzó el umbral de la puerta. Se detuvo en seco.
-Ah, el buen doctor-dijo Wrath-. Pasa. Tenemos asuntos pendientes tú y yo.
Havers entraba y salía del quirófano con regularidad, pero Wrath no se había sentido capaz de enfrentarse a aquella situación hasta ahora.
-Es hora de solucionarlos -ordenó.
Havers respiró profundamente, se acercó a la cama e inclinó la cabeza.
-Mi señor.
-He oído que trataste de contratar a alguien para que me matara.
Para sorpresa del macho, no echó a correr, ni mintió. Y aunque su pena y su arrepentimiento eran claros, no trató de disculparse para obtener clemencia.
-Sí, lo hice, mi señor. Yo fui quien me acerqué a él. -Señaló a Zsadist--. Y cuando me quedó claro que tu hermano no te traicionaría, al restrictor.
Wrath asintió, pues había hablado ya con Tohrment sobre lo que realmente había sucedido aquella noche. Tohr sólo había escuchado parte de la respuesta de Zsadist.
-Mi señor, debes saber que tu hermano estuvo dispuesto a matarme sólo por habérselo propuesto.
Wrath miró Zsadist, que observaba fijamente al doctor como si quisiera aplastar su cabeza contra la pared.
-Sí, va he oído que tu sugerencia no fue bien recibida. Z, te debo una disculpa.
El guerrero se encogió de hombros.
--No te molestes. Me aburren las disculpas.
Wrath sonrió, pensando que era muy propio de Z. Siempre molesto, fuesen cuales fuesen las circunstancias.
Havers miró a los hermanos.
-Aquí, ante estos testigos, acepto la sentencia de muerte. Wrath examinó con expresión severa al doctor. Y pensó en todos los años de sufrimiento que la hermana del macho habla tenido que soportar. Aunque Wrath nunca había tenido la intención de que su vida fuera tan desgraciada, todo aquello había sido culpa suya. -Marissa fue la razón, ¿no es cierto? -dijo Wrath.
Havers asintió. -Sí, mi señor.
-Entonces no voy a matarte. Actuaste movido por la manera en que yo traté a uno de tus seres más queridos. Puedo comprender el deseo de venganza.
Havers pareció tambalearse por la impresión.
Luego dejó caer el gráfico que estaba sosteniendo y se derrumbó junto a la cama, aferrando la mano de Wrath y colocándosela en la frente.
-Mi señor, tu clemencia no tiene límites.
-Sí, eso es lo que crees. Te perdono la vida corno un regalo a tu hermana. Si intentas algo semejante otra vez, yo mismo me encargaré de ti personalmente, despellejándote con un cuchillo. ¿Está claro?
-Sí, mi señor.
-Ahora vete. Puedes pincharme y sondarme más tarde. Pero llama a la puerta antes de entrar, ¿entendido?
-Sí, mi señor.
Cuando Havers se hubo marchado, Wrath besó la mano de Beth.
-Por si acaso estamos ocupados -le susurró.
Las risitas burlonas de sus compañeros llenaron la habitación.
Él miró con severidad a los hermanos para acallarlos y luego soltó su discurso. Ante el prolongado silencio que siguió a sus palabras, supo que los hermanos se habían quedado conmocionados.
-¿Entonces, estáis con Tohr o no? -preguntó al grupo. -Si -dijo Rhage-. Yo no tengo problema.
Vishous y Phury asintieron con la cabeza. --¿Z?
El guerrero puso los negros ojos en blanco.
-Vamos, hombre. ¿A mí qué me importa? Tú, Tohr, Britney Spears.
Wrath se rió.
-¿Eso ha sido un chiste, Z? Después de todo este tiempo, ¿has encontrado tu sentido del humor? Diablos, me das otra razón para vivir.
Z se ruborizó y refunfuñó un poco mientras los otros lo reprendían.
Wrath respiró profundamente.
-Hermanos, hay algo más. Ascenderé al trono. Tal como le he contado a Tohr, necesitamos reconstruirnos e infundir nuevas fuerzas a nuestra raza.
Los hermanos se quedaron mirándolo. Y uno por uno, se acercaron a la cama y le juraron su lealtad en el antiguo idioma, cogiendo su mano y besándolo en la parte interna de la muñeca. Su solemne reverencia lo conmocionó y lo conmovió.
La Virgen Escriba tenía razón, pensó. Ellos eran su pueblo. ¿Cómo podía no liderarlos?
Cuando los guerreros hubieron terminado sus juramentos, miró a Vishous.
-¿Conseguiste los frascos de los dos restrictores de ese granero?
V frunció el ceño.
-Sólo había uno. El recluta que tú y yo conocimos la noche de tu boda. Regresé y apuñalé el cuerpo mientras te operaban. El frasco estaba en la casa.
Wrath sacudió la cabeza.
-Había dos. El otro era el restrictor que conducía el Hummer.
-¿Estás seguro de que murió?
-Estaba en el suelo con un golpe en la cabeza. -De repente, Wrath sintió la intranquilidad de Beth y le estrechó la mano-. Ya es suficiente, hablaremos de esto más tarde.
-No, está bien... -empezó ella.
-Más tarde. -La besó en el dorso de la mano y le acarició la mejilla. Mirándola a los ojos, trató de tranquilizarla, odiándose a sí mismo por haberla conducido a aquel terrible mundo.
Ella le sonrió, y Wrath la atrajo para darle un beso fugaz y luego se volvió a mirar a los hermanos.
-Una cosa más -dijo-. Se trasladaréis a vivir juntos. Quiero a la Hermandad en un único lugar. Por lo menos durante los próximos dos años.
Tohr hizo una mueca de disgusto.
-A Wellsie no creo que le guste mucho la idea. Acabarnos de instalar la cocina de sus sueños.
-Encontraremos alguna solución para vosotros, especialmente porque hay un bebé en camino. Pero el resto de vosotros compartiréis habitación.
Hubo protestas. Serias protestas.
-Aún puedo hacerlo peor -dijo-, y obligaros a vivir conmigo.
-Buen tanto -dijo Rhage-. Beth, si alguna vez necesitas descansar de él...
Wrath gruñó.
-Lo que iba a decir -dijo Hollywood lentamente-- era que podía venirse a vivir con todos nosotros durante un tiempo. Siempre cuidaremos de ella.
Wrath alzó la vista para mirar a Beth. Dios, era tan hermosa... Su compañera. Su amante. Su reina.
Sonrió, incapaz de apartar la vista de sus ojos. --Dejadnos solos, caballeros. Quiero estar a solas con mi shellan.
A medida que los hermanos desfilaban hacia la salida, se iban riendo con masculina comprensión. Como si supieran exactamente qué pasaba por su cabeza.
Wrath forcejeó sobre la cama, tratando de sentarse. Beth lo observó, negándose a ayudarlo.
Cuando consiguió una postura estable, se frotó las manos, expectante. Ya podía sentir su piel.
-Wrath-dijo ella como advertencia al ver su enorme sonrisa.
-Ven aquí, leelan. Un trato es un trato.
Aunque lo único que pudo hacer fue abrazarla. Sólo necesitaba tenerla en sus brazos.

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MensajeTema: Re: La Hermandad de la Daga Negra (Black Dagger Brotherhood):    Lun Nov 29, 2010 6:20 pm

Capítulo 53
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José de la Cruz estrechó la mano del investigador de incendios provocados.
-Gracias, espero que me envíe pronto su informe por escrito.
El hombre asintió, mirando de nuevo los restos carbonizados de la Academia de Artes Marciales de Caldwell. -Nunca he visto nada semejante. Estoy totalmente desconcertado. Parece como si aquí hubiera explotado una especie de bomba nuclear. Todavía no sé qué poner en mi informe. José siguió con la mirada a aquel hombre mientras se dirigía al furgón oficial y se marchaba.
-¿Volverás a la comisaría? -preguntó Ricky, subiendo a su coche patrulla.
-De momento no. Tengo que ir al otro lado de la ciudad. Ricky le dijo adiós con la mano y arrancó.
Cuando se hubo quedado solo, José respiró profundamente. El olor del incendio seguía siendo penetrante, incluso cuatro días después.
Al dirigirse a su coche, bajó la vista y se miró los zapatos. Habían adquirido un color grisáceo debido a la gran cantidad de ceniza que cubría el lugar, más parecida a la de un volcán que a cualquier otro residuo que pudiera aparecer en un incendio normal. Y las ruinas también eran extrañas. Generalmente, buena parte de la estructura quedaba en pie, aunque las llamas hubieran sido intensas. Pero aquí no quedaba nada. El edificio había sido arrasado por completo.
Le sucedía lo mismo que al investigador: era la primera vez que veía un incendio de aquellas características.
José se colocó al volante, introdujo la llave en el contacto y puso el coche en marcha. Condujo varios kilómetros hacia el este, hasta una de las zonas más desoladas de la ciudad, y se detuvo ante un edificio de apartamentos bastante deteriorado. Tardó todavía un buen rato en atreverse a salir.
Armándose de valor, se dirigió a la entrada principal. Una pareja que salía le sostuvo la puerta abierta. Tras subir tres pisos, recorrió un pasillo de paredes desconchadas y alfombras de un color indefinido.
Se detuvo frente a una puerta de molduras astilladas y hundidas. Llamó suavemente, pero no tenía esperanza de que contestaran.
Tardó sólo un instante en forzar la cerradura y abrir de un empujón.
Cerrando los ojos, respiró profundamente. Un cuerpo que estuviera allí desde hacía cuatro o cinco días ya despediría un olor característico, incluso con el aire acondicionado encendido. Pero no olió nada.
-¿Butch? -llamó en voz alta.
Cerró la puerta detrás de sí. El sofá estaba cubierto con los suplementos deportivos del Caldwell Courier Journal y del New York Post de la semana anterior. Había latas de cerveza vacías sobre la mesa, y en el fregadero se amontonaban los platos sucios.
Se dirigió al dormitorio para encontrar únicamente una cama con las sábanas en desorden y un montón de ropa en el suelo.
Se detuvo junto a la puerta del baño. Estaba cerrada. Su corazón empezó a latir con fuerza.
Al empujarla, temió encontrarse con un cadáver colgando de la ducha.
Pero no había nada.
El detective de Homicidios Butch O´Neal se había desvanecido. Simplemente, había desaparecido sin dejar rastro.

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MensajeTema: Re: La Hermandad de la Daga Negra (Black Dagger Brotherhood):    Lun Nov 29, 2010 6:20 pm

Capítulo 54
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Darius miró a su alrededor. La serena neblina del Fade se había disuelto, dejando entrever un patio de mármol blanco. En la parte central, el agua cantarina de una fuente brillaba en una especie de danza chispeante, captando la luz difusa para reflejarla en destellos de colores. Los pájaros emitían un dulce canto, como si le dieran la bienvenida y anunciaran su llegada.
Así que este lugar existe realmente, pensó. -Buenos días, Darius, hijo de Marklon.
Él se dejó caer de rodillas sin volverse y bajó la cabeza. -Virgen Escriba, me honras concediéndome una audiencia.
Ella sonrió. A pesar de tener la cabeza inclinada, cuando se situó frente a él pudo ver el borde de sus negros ropajes. El resplandor que se filtraba por debajo de la seda era tan brillante como la luz del día.
-Darius, ¿cómo podría negarme? Es la primera reunión que has solicitado en tu vida. -Él sintió que algo 1e rozaba el hombro, y que el cabello de la nuca le hormigueaba-. Levántate. Ahora veré tu rostro.
Él se puso de pie, destacándose sobre la menuda figura, con las manos entrelazadas delante de su cuerpo.
-¿De modo que no estás a gusto en el Fade, princeps? -preguntó-. ¿Y quieres la oportunidad de poder volver?
-Expresó humildemente semejante petición, si tal cosa no te ofende. He esperado el periodo requerido. Me gustaría ver a mi hija, aunque sólo fuese una vez. Si tal cosa no te ofende.
La Virgen Escriba sonrió de nuevo.
-Debo decir que la forma de presentarte ante mí ha sido mejor que la de tu rey. Sabes usar el lenguaje de una manera que no parece la de un guerrero.
Hubo un silencio.
En aquellos momentos, pensó en sus hermanos.
Cómo echaba de menos a Wrath. Los echaba de menos a todos.
Pero a la única que quería ver era a Beth.
-Ella se ha desposado -dijo la Virgen Escriba bruscamente-. Tu hija se ha casado con un macho de valía.
ÉI cerró los ojos, sabiendo que no debía preguntar, pero se moría por saber. Esperaba que Elizabeth fuera feliz con cualquier macho que hubiera elegido.
La Virgen Escriba parecía deleitarse con su silencio. -Mírate, ni una pregunta. Qué magnifico autocontrol. Y puesto que has sabido guardar el protocolo extraordinariamente bien, te diré lo que deseas saber. Ha sido con Wrath, que ha asumido el trono. Tu hija es reina.
Darius dejó caer la cabeza, sin querer revelar sus emociones, tratando de evitar que ella viera sus lágrimas. No quería que pensara que era débil.
-Oh, princeps-dijo la Virgen Escriba suavemente-. Hay tanta alegría y tristeza en tu pecho... Dime, ¿la compañía de tus hijos en el Fade no es suficiente para mantener tu corazón colmado? -Tengo la sensación de que la abandoné.
-Ella ya no está sola. -Eso está bien. Hubo una pausa. -¿Y aún deseas verla? Él asintió.
La Virgen Escriba se alejó, dirigiéndose hacia la bandada de aves que trinaba felizmente sobre un árbol blanco cubierto de flores blancas.
-¿Qué deseas, princeps? ¿Estás pensando en hacerle una visita? ¿Algo rápido? ¿En sus sueños?
-Si tal cosa no te ofende. -Mantuvo el lenguaje formal porque ella se merecía tal deferencia. Y porque esperaba que eso la convenciera.
Los negros ropajes se movieron, y entre ellos surgió una resplandeciente mano. Una de las aves, un tordo, se posó sobre uno de sus dedos.
-Fuiste asesinado de una forma innoble -dijo, acariciando el diminuto pecho del pajarillo-, después de haber servido bien a la raza durante siglos. Fuiste un princeps honorable y un magnífico guerrero.
-Que mis actos te complazcan es mi mejor recompensa. -Verdaderamente. -Ella silbó al ave. El ave le silbó a su vez, como respondiéndole-. ¿Qué dirías, princeps, si Yo te ofreciera más de lo que has solicitado?
El corazón de Darius empezó a latir con fuerza. -Diría que sí.
-Sin saber cuál es el regalo o el sacrificio. -Confío en ti.
-¿Y por qué no podrías incluso ser rey? -preguntó ella irónicamente, mientras soltaba al pajarillo y se colocaba ante él-. Te ofrezco de nuevo la vida, un encuentro con tu hija y la oportunidad de luchar de nuevo.
-Virgen Escriba... -Se dejó caer al suelo nuevamente-. Acepto, sabiendo que no merezco semejantes favores. -No te recriminaré por esa respuesta, Pero tendrás que sacrificarte. No tendrás un recuerdo consciente de ella, porque no serás como eres ahora. Y requiero una muestra de tu habilidad.
Él no comprendió sus últimas palabras, pero no tenía intención de preguntar.
-Acepto.
-¿Estás seguro? ¿No necesitas algún tiempo para meditar sobre ello?
-Gracias, Virgen Escriba. Pero mi decisión está tomada. -Entonces que así sea.
Se acercó a él. Las fantasmales manos surgieron de los negros pliegues de su túnica al mismo tiempo que el velo que cubría su rostro se alzaba espontáneamente. La luz era tan cegadora que le resultó imposible apreciar sus rasgos.
Cuando ella aferró su mandíbula y su nuca, él se estremeció al sentir su tremenda fuerza, tan poderosa como para aplastarlo en un segundo.
-Te doy la vida otra vez, Darius, hijo de Marklon. Que encuentres lo que buscas en esta encarnación.
Presionó sus labios contra los de él. En el interior de Darius se desató la misma sensación que había tenido el día de su muerte: un estallido de todas sus moléculas, la fragmentación de su cuerpo en mil pedazos Y la liberación de su alma en una vertiginosa espiral hasta quedarse flotando en el éter.

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MensajeTema: Re: La Hermandad de la Daga Negra (Black Dagger Brotherhood):    Lun Nov 29, 2010 6:21 pm

Capítulo 55
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El señor X abrió los ojos y vio una hilera de difusas líneas verticales. ¿Barras?
No, eran las patas de una silla.
Estaba tendido sobre un irregular suelo de madera, tumbado sobre el estomago debajo de una mesa.
Levanto la barbilla, su vista se volvió de nuevo borrosa. Dios, me duele la cabeza corno si estuviera partida en dos...
De repente, lo recordó todo. La lucha contra el Rey Ciego, el golpe que le había propinado la hembra con algo contundente, el momento en que se vino abajo.
Mientras el Rey Ciego luchaba por mantenerse con vida, intentando taponar las heridas causadas por la escopeta, y la hembra estaba concentrada en su macho, el señor X había escapado arrastrándose hasta su camioneta. Había conducido alejándose aún más de la ciudad, hacia las montañas del extremo más apartado de Caldwell. De milagro, había encontrado su cabaña en la oscuridad y a duras penas se las había arreglado para entrar en ella antes de derrumbarse.
No sabía el tiempo que había permanecido sin conocimiento.
Los ventanucos en la pared de troncos filtraban el resplandor del amanecer. ¿Era la mañana siguiente? No estaba muy convencido de que lo fuera. Tenía la sensación de que habían transcurrido varios días.
Moviendo los brazos con mucho cuidado, se tocó la parte trasera de la cabeza. La herida estaba abierta, pero empezaba a cerrarse.
Con un tremendo esfuerzo, se las arregló para levantarse y quedar apoyado contra la mesa. De hecho, se sentía un poco mejor con la cabeza levantada.
Había tenido suerte. Los restrictores podían quedarse permanentemente incapacitados por un golpe fuerte o una herida de bala. No muertos, pero sí destrozados. A lo largo de los años, se había tropezado con muchos de sus compañeros fracasados, metidos en sitios ocultos, pudriéndose, incapaces de curarse para volver a luchar, demasiado débiles para suicidarse y hundirse en el olvido.
Se miró las manos. Estaban manchadas con la sangre seca del Rey Ciego y el polvo del granero.
No se arrepentía de haber huido de allí. En ocasiones, el mejor movimiento que podía hacer un líder era abandonar la batalla. Cuando las bajas eran demasiado numerosas, y la derrota prácticamente segura, la maniobra más inteligente era la retirada para reorganizarse.
El señor X dejó caer los brazos. Iba a necesitar más tiempo para recuperarse, pero tenía que encontrar a sus hombres. Los vacíos de poder en la Sociedad eran peligrosos. En particular para el restrictor jefe.
La puerta de la cabaña se abrió de golpe. Levantó la vista preguntándose cómo se defendería, antes de darse cuenta de que la luz del sol era demasiado fuerte va como para que fuera un vampiro.
Lo que ocupaba el umbral hizo que se le congelara la negra sangre.
El Omega.
-He venido a ayudarte para que te recuperes -dijo sonriente.
Cuando la puerta se cerró, el cuerpo del señor X se estremeció.
La ayuda del Omega era más aterradora que cualquier sentencia de muerte.

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Última edición por rossmary el Lun Nov 29, 2010 6:22 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: La Hermandad de la Daga Negra (Black Dagger Brotherhood):    Lun Nov 29, 2010 6:21 pm

Epílogo
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La mansión de la Tumba. Es allí a donde debemos dirigirnos -dijo Tohr mientras pinchaba un pedazo de carne asada de la bandeja de piara que el mayordomo le ofrecía-. Gracias, Fritz.
Beth miró a Wrath, maravillándose de que, en el mes que había transcurrido desde que lo habían herido, se hubiera recuperado por completo. Estaba saludable y fuerte, tan formidable como siempre, arrogante, adorable, imposible e irresistible.
Cuando se acomodó en su silla en la cabecera de la mesa, la cogió de la mano le acarició la palma con el dedo pulgar. Ella le sonrió.
Habían estado viviendo en la casa de su padre mientras él se recuperaba, trazando planes para el futuro. Y todas las noches, la Hermandad iba a cenar con ellos. Fritz se sentía estusiasmado de tener la casa siempre llena de gente.
-¿Sabes? Me parece una excelente idea -dijo V-. Yo podría fortificar perfectamente ese lugar. Está bien aislado en la montaña y construido en piedra, de modo que no debemos temer los incendios. Si instalamos unas persianas metálicas en todas las ventanas, podríamos movernos durante el día. Eso supuso una enorme dificultad en esta casa cuando... -Se detuvo-. ¿Y no cuenta con grandes habitaciones subterráneas? Podríamos utili-zarlas para entrenar.
Rhage asintió.
-Además el lugar es bastante grande. Todos podríamos vivir allí sin matarnos entre nosotros.
-Eso depende más de tu boca que de cualquier proyecto arquitectónico -dijo Phury sonriendo abiertamente. El guerrero se movió en su silla, acomodando a Boo en su regazo. -¿Qué opinas? -preguntó Tohr a Wrath.
-No depende de mí. Esos edificios e instalaciones eran propiedad de Darius. Ahora han pasado a enanos de Beth. -Wrath la miró-. ¿Leelan, permitirías que los hermanos utilizaran una de tus casas?
Una de sus casas. Sus casas. Como nunca había sido propietaria de nada, tenía algunas dificultades para asimilar todo lo que ahora le pertenecía. Y no sólo se trataba de bienes inmuebles, sino también de arte, coches, joyas. Y el dinero en efectivo que controlaba era una locura.
Por fortuna, V y Phury compartían con ella sus profundos conocimientos del mercado de valores, y también le estaban enseñando los entresijos de las inversiones en bonos del tesoro, oro, mercancías. Eran asombrosamente buenos con el dinero.
Y todavía más buenos con ella.
Beth recorrió con la mirada a todos los hombres de la mesa.
-Todo lo que la Hermandad necesite, puede disponer de ello.
Hubo un murmullo de gratitud entre los comensales, que levantaron las copas para brindar a su salud. Zsadist dejó la suya sobre la mesa, pero le dirigió una leve inclinación de cabeza en señal de agradecimiento.
Ella se volvió a mirar a Wrath.
-¿Pero no crees conveniente que nosotros nos traslademos también a vivir allí?
-¿Quieres hacer eso? -preguntó él-. La mayoría de las hembras preferirían su propia casa.
-Es mía, ¿recuerdas? Además, ellos son tus consejeros más cercanos, las personas en las que más confías. ¿Porqué querrías separarte de ellos?
-Espera -dijo Rhage-. Pensaba que habíamos acordado que no tendríamos que vivir con él.

Wrath le lanzó una mirada severa a Hollywood y luego se dirigió de nuevo a Beth.
-¿Estás segura, leelan?
-Es mejor vivir todos juntos, ¿no? Él asintió.
-Pero también estaríamos más expuestos.
-Pero estaríamos en muy buena compañía. No hay nadie en el mundo en quien confíe más para protegernos que estos hombres maravillosos.
-Disculpad -intervino Rhage-. ¿No estáis todos enamorados de ella?
-Diablos, claro-dijo V, levantando su gorra de los Red Sox-. Completamente.
Phury asintió.
-Y sí ella vive con nosotros podremos conservar el gato. Wrath la besó y miro a Thor.
-Entonces creo que ya tenemos un lugar donde vivir. -Y Fritz también vendrá -dijo Beth, cuando el mayordomo entro en la habitación-. ¿No es cierto? Por favor, di que sí,
El mayordomo pareció enormemente complacido por haber sido incluido, y miró a los hermanos con alegría.
-Por usted y el rey, yo iré a cualquier parte, ama. Y estaré encantado de atender a todos estos caballeros.
-Bueno, te conseguiremos algo de ayuda. Y se dirigió a 1 rada
-Escucha, en relación con el policía, ¿qué quieres hacer con él?
-¿Me lo preguntas por que es amigo tuyo o porque es una amenaza para todos nosotros?
-Ambas cosas.
-¿Por qué tengo, el presentimiento de que vas a sugerir algo?
_-Por que es cierto. Él debería acompañarnos.
-¿Por alguna razón en particular?
-He soñado con él.
-Todos los comensales guardaron silencio.
-Hecho. –Dijo Wrath. -Pero con sueños o no, deberá ser vigilado.
V asintió.
-Aceptaré la responsabilidad.
Mientras los hermanos comenzaban a hacer planes, Beth bajó la mirada hacia la mano de su esposo que estaba entre las suyas, y sintió una absurda necesidad de llorar.
-Leelan -dijo Wrath suavemente- ¿estás bien?
Ella asintió, impresionada al comprobar que él podía percibir todos sus sentimientos con pasmosa facilidad.
-Estoy muy bien. -Le sonrió-. ¿Sabes? Justo antes de conocerte estaba buscando una aventura.
-¿En serio?
-Y he encontrado mucho más que eso. Ahora tengo un pasado y un futuro. Toda... una vida. Algunas veces no sé cómo manejar mi buena suerte. Simplemente no sé qué hacer con todo esto.
-Es extraño, yo siento lo mismo. -Wrath le cogió la cara entre las manos y posó sus labios sobre los de ella-. Por eso te beso con tanta frecuencia, leelan.
Ella le rodeó los anchos hombros con sus brazos y le rozó los labios con su boca.
-Oh, vamos -dijo Rhage-. ¿Tendremos que verlos besuquearse todo el tiempo?
-Desearías tener tanta suerte -murmuró V.
-Sí -suspiró Rhage-. Lo único que quiero es una buena hembra. Pero imagino que me conformaré con varias malas hasta que la encuentre. La vida es un asco, ¿no creéis?
Hubo una carcajada general. Alguien le lanzó una servilleta.
Fritz trajo el postre.
-Por favor, tengan la amabilidad -dijo el mayordomo-, no empiecen a arrojarse la mantelería. ¿Alguien desea melocotones?

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