Black and Blood


 
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 Maggie Stiefvater - Shiver

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MensajeTema: Re: Maggie Stiefvater - Shiver   Vie Dic 03, 2010 1:45 pm

CAPITULO 50
GRACE
Temperatura: 3.9°C
Recogí mi mochila. "Aquí es".
Me pareció estúpido que de alguna manera, la casa de Beck se viera
exactamente igual que cuando Sam me había traído aquí para enseñarme el
bosque dorado, porque las circunstancias eran tan radicalmente diferentes,
pero así parecía. La única diferencia era la camioneta de Beck estacionada en la
entrada.
Jack ya estaba aparcando en la orilla del camino. Tomó las llaves de la ignición
y me miró, con ojos cautelosos. "Sal, despues de que yo lo haga." Hice lo que
me dijo, esperando a que diera la vuelta y me abriera la puerta abierta. Salí de
mi asiento y él me tomó del brazo con fuerza. Sus hombros estaban demasiado
juntos y su boca estaba ligeramente abierta, yo no creía que el lo había notado.
Supongo que debería haberme preocupado por qué tal vez me atacaría, pero
todo lo que podía pensar era en que él iba a cambiar y que entonces no
sabríamos donde estaba Sam hasta que fuera demasiado tarde.
Recé porque Sam estuviera en algún lugar cálido, en algún lugar fuera del
alcance de invierno.
"¡Date prisa", le dije, tirando de mi brazo contra el de Jack, casi corriendo hacia
la puerta. "No tenemos tiempo".
Jack intentó abrir la puerta delantera, esta estaba sin seguro, como se nos
había prometió, y él me empujó primero, antes de cerrar la puerta detrás de
nosotros. Mi nariz cogío una breve indicación de romero en el aire, alguien
había estado cocinando, y por alguna razón, me acordé de la anécdota de Sam
sobre cuando cocinó los bistek de Beck, y luego escuché un grito y un gruñido
detrás de mí.
Ambos sonidos provenían de Jack. Esta no era la lucha silenciosa que había
escuchado de Sam al tratar de mantenerse humano, como lo había visto antes.
Esto era violento, enojado y fuerte. Los labios de Jack rompieron su cara y
luego su gruñido se rasgó en un hocico, su piel cambio de color en un instante.
El trató de alcanzarme, como para pegarme, pero sus manos se doblaron en
patas, uñas duras y oscuras. Su piel brillaba y sobresalió por un momento antes
de dar el cambio radical, como una placenta que rodeaba a un aterrado niño
salvaje.
Me quedé mirando la camisa que colgaba de la zona intermedia del lobo. No
podía apartar la mirada. Fue el único detalle que podía convencer a mi mente
de que este animal, realmente había sido Jack.
Este Jack estaba igual de enojado como en el coche, pero ahora su ira no tenía
sentido, sin control humano. Sus labios se retiraron de sus dientes y formaban
un hocico, pero ningun sonido apareció.
"¡Atrás!"
Un hombre salió de la sala, sorprendentemente ágil dada su altura, y corrió
directamente a Jack. Jack, con su guardia baja, se agachó a la defensiva, y el
hombre cayó sobre el lobo, con todo su peso.
"¡Abajo!" Gruñó el hombre, y yo estremecí cuando me di cuenta de que le
estaba hablando al lobo. "¡No te levantes!. Esta es mi casa. Tú no eres nada
aquí . "El tenía una mano alrededor de la boca de Jack y le gritaba directo en la
cara. Jack silbaba a través de su apretada mandíbula, y Beck lo obligó a poner
su cabeza hacia el suelo. Los ojos de Beck volaron hacia mí, y aunque él tenía
una mano manejando al enorme lobo, su voz era perfectamente plana.
¿Grace?, ¿Puedes ayudarme?"
Yo había estado de pie inmóvil, mirando. "Sí".
"Agarra el borde de la alfombra en donde está sentado, vamos a tirar de él
hasta el baño, esta-"
"Yo sé dónde está."
"Bien, vamos. Voy a tratar de ayudar, pero tengo que mantener mi peso sobre
él."
Juntos, sacamos a Jack al pasillo, hacia el cuarto de baño donde yo había
obligado a Sam a entrar a la bañera. Beck, la mitad en la alfombra y mitad
fuera de ella, se puso detrás de Jack y lo introdujo en la habitación, yo empujé
el resto de la alfombra después de él. Beck saltó hacia atrás y cerró la puerta
con llave. El cerrojo de la puerta había sido invertido de manera que se cerrara
desde el exterior, lo que me hacía preguntarme con qué frecuencia este tipo de
cosas habían ocurrido antes.
Beck dejó escapar un profundo suspiro, y me miró. "¿Estás bien? ¿Te mordió?"
Sacudí la cabeza, miserablemente. "Eso ya importa. ¿Cómo vamos a encontrar
a Sam ahora?"
Beck volvió la cabeza señalando a que lo siguiera hacia la cocina con aroma de
romero. Yo lo hice, pero me preocupe al darme cuanta de que había otra
persona sentada en el mostrador. Yo no habría sido capaz de describirlo como
otra cosa que no fuera oscura, si es que alguien me lo hubiera preguntado más
tarde. El no era otra cosa más que oscuro y quieto y en silencio, y olía a lobo.
El tenía cicatrices recientes en sus manos, así que tenía que ser Paul. Él no dijo
nada, y Beck tampoco le dije algo mientras él se apoyó sobre el mostrador y
tomó un teléfono celular.
Marcó un número y lo puso en altavoz. Me miró. "¿Qué tan enojado esta
conmigo? ¿Se deshizo de su teléfono celular?"
"Yo no lo creo. Aunque yo no conozco el número."
Beck se quedó mirando el teléfono y lo escuchamos sonar, pequeño y distante.
Por favor responde. Mi corazón saltaba sin control. Me apoyé en la isla de la
cocina y miré a Beck, al lo cuadrado de sus hombros, a lo cuadrado de su
mandíbula, la línea cuadrada de sus cejas. Todo en él parecía honesto, seguro.
Yo quería confiar en él. Yo quería creer en que nada malo podía ocurrir porque
Beck no estaba en pánico.
Se escuchó un crujido en el otro extremo de la línea.
"¿Sam?" Beck se acercó al teléfono.
La voz estaba muy entre cortada. "¿Gr-t? ... ¿Tú?"
"Es Beck. ¿En dónde estás?"
"Ack. Grace...Jack-co." Lo único que podía entender era su angustia. Yo quería
estar allí, dondequiera que estuviera.
"Grace esta aquí", dijo Beck. "Está bajo control, pero ¿Dónde estás? ¿Estás en
un lugar seguro? "
"Frío".
La palabra gue terriblemente clara. Me empujó fuera de la isla. La inmovilidad
no parecía ser una opción.
La voz de Beck era aún firme. "No te escucho muy bien, prueba otra vez. Dime
dónde estás, lo más claro que puedas."
"Dile a Grace... llame a I. . .bel... en... cobertizo.... lo oí...momento".
Volví a la barra, me incliné sobre la isla. "¿Quieres que llame a Isabel, estás en
un cobertizo en su propiedad? ¿Ella está allí?"
"Es" La voz de Sam fue enfática. "¿Grace?"
"¿Qué?"
"T- amo."
"No digas eso," le dije. "Te vamos a encontrar".
"De pris-"
Colgó.
Los ojos de Beck se arrojaron a mí, y en ellos, pude ver toda la preocupación
que su voz no revelaba. "¿Quién es Isabel?"
"La hermana de Jack." Parecía demasiado tiempo el que me tomo tirar de mi
mochila y tomar mi teléfono celular de uno de los bolsillos. "Sam debe estar
atrapado en algún lugar de su propiedad. En un cobertizo ó algo así. Si le llamo
a Isabel, quizá ella pueda encontrarlo. Si no es así, yo voy a ir en este
momento".
Paul miró a la ventana, al sol muriendo, y yo sabía que él estaba pensando em
que yo no tenía tiempo suficiente para llegar a casa de los Culpeper antes de
que la temperatura bajara. No tenía sentido pensar en eso. Encontré el número
de Isabel de cuando ella me había llamado antes y pulse enviar.
El teléfono sonó dos veces. "¿Sí?".
"Isabel, soy Grace."
"No soy idiota. Ví tú número".
Quería llegar a través del teléfono y estrangularla. "Isabel, Jack encerró a Sam
en algún lugar cerca de tu casa." Corté el principio de su pregunta. "Yo no sé
por qué lo hizó, pero Sam va a cambiar si baja más la temperatura, y donde
quiera que esté, él está atrapado. Por favor, dime que estás en tu casa."
“Sí. Acabo de llegar. Estoy en mi casa, pero no he oído ninguna conmoción ó
nada."
"¿Tiene usted un cobertizo o algo así?" Isabel hizo un ruido irritante. "Tenemos
seis, que estan en el bosque."
"Él tiene que estar en uno de ellos. Llamó desde el interior de un cobertizo, si el
sol se pon detrás de los árboles, va a hacer frío en menos de dos segundos".
"¡Ya lo entendí!", Gritó Isabel, había sonidos susurrantes. "Me estoy poniendo
el abrigo. Voy a salir, ¿me oyes?, ya estoy afuera. Me estoy congelando el
trasero por tí. Estoy caminando por el patio, estoy caminando a través de la
parte del bosque que mi perra acostumbraba orinar antes de que mi maldito
hermano se la comiera".
Pablo sonrió levemente.
"¿Puedes apresurarte?", pregunté.
"Estoy corriendo hacia el primer cobertizo. Voy a llamarlo por su nombre. ¡Sam!
¡Sam! ¿Estás ahí? yo no oigo nada. Si el se ha convertido en un lobo en una de
estos cuartos y lo dejo salir y me arranca mi cara, mi familia te va a demandar."
Oí un tenue y débil crack. "Maldición, esta puerta está atascada. Otro crack.
"¿Sam?, ¿chico lobo estas aquí? Nada en el cobertizo de la cortadora de césped.
¿Y dónde está Jack, si él hizo esto?"
"Aquí. El está bien por ahora. ¿Puedes oir algo?"
"Dudo que realmente este bien. Es en serio, Grace, esta mal de la cabeza. Y no,
yo te dire si he oído algo. Voy al siguiente."
Paul reposó el dorso de su mano en el cristal de la ventana sobre el fregadero y
se estremeció. Él tenía razón. Estaba haciendo demasiado frío.
"Llama de nuevo a Sam" le supliqué a Beck. "Dile que grite para que ella pueda
oírlo."
Beck tomó su teléfono, pulsó un botón, y lo acercó a su oído.
Isabel sonaba sin aliento. "Estoy en el siguiente. ¡Sam! ¿Estás ahí? ¿Amigo?
"Hubo un murmullo casi inaudible, mientras la puerta se abría. Una pausa. "A
menos que se convirtiera en una bicicleta, él tampoco está aquí."
"¿Cuántos mas tienen?" Yo quería estar la casa de los Culpepers en lugar de
Isabel. Yo sería más rápida que ella, yo estaría gritando con todos mis
pulmones para poder encontrarlo.
"Ya te lo dije. Hay cuatro más, sólo quedan dos cercanos. Los otros están muy
lejos en el campo detrás de la casa. Son los graneros".
"Él tiene que estar en uno de los más cercanos. Dijo que era un cobertizo." Miré
a Beck, él aún tenía el teléfono en su oído. Él me miró y movió su cabeza. No
había respuesta, Sam, ¿por qué no respondes el teléfono?
"Estoy en el cobertizo del jardín. ¡Sam! ¡Sam!, soy Isabel, si eres un lobo y
estas aquí, porfavos no me arranques la cara." Yo podía oír su respiración en el
teléfono. "La puerta está pegada igual que la otra, estoy pateandola con mis
zapatos super caros y me esta molestando mucho".
Beck cerró su teléfono y se alejó de Paul y de mí. Cruzó sus brazos detrás de la
cabeza. Lo hizó igual que Sam, y eso me atravesó el corazón.
"Ya lo abrí, pero apesta. Hay mierda por todas partes. No hay nada aquí, ¡oh!"
Interrumpió, y su respiración llegó a través del teléfono, más pesada que antes.
"¿Qué? ¿Qué pasa?"
“Espera un momento y callate, me estoy quitando el abrigo. Él está aquí, ¿ok?
Sam, ¡Sam! Mirame, Sam, ¡dije que me miraras! Idiota, tú no te vas a convertir
en un lobo. ¡No te atrevas a hacerle esto a ella!"
Me dejé caer lentamente al lado del mostrador, sosteniendo el teléfono contra
mi cabeza. El rostro de Paul no cambió, él sólo me miraba, inmóvil, callado,
oscuro, lobo.
Escuché un chasquido y un suave sonido sopló, un viento glacial a través del
altavoz. "Lo voy a llevar adentro. Gracias a Dios que mis padres no estan en
casa esta noche. Te llamo en unos minutos, necesito mis dos manos."
El teléfono quedó en silencio en mis manos. Miré a Paul, quien seguía
mirándome, me preguntaba qué le debía de deci, pero sentí como si él ya lo
supiera.

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MensajeTema: Re: Maggie Stiefvater - Shiver   Vie Dic 03, 2010 1:47 pm

CAPITULO 51
GRACE
Temperatura: 3.3°C
El aguanieve bailaba afuera de mi parabrisas mientras me acercaba a l entrada
de los Culpepers, los pinos parecían tragarse las luces. La gigante casa era casi
invisible en la oscuridad, solo con la excpeción de un puñado de luces que
brillaban en las ventanas de la planta baja. Señalé con la bronco hacia ellas
como si yo estuviera dirigiendo las luces de un barco hacia la costa, y me
detuve junto a la camioneta blanca de Isabel. No había otros coches.
Tomé el abrigo extra de Sam y salté fuera del coche. Isabel me recibió en la
puerta de atrás, y me llevó a través de un cuarto lleno de humo, botas y
correas de perro. El olor a humo sólo aumentó cuando salimos de ahí y nos
dirigimos a través de una hermosa cocina. Un emparedado sin comer estaba
abandonado en el mostrador.
Isabel dijo: "El está en la sala junto al fuego. El acaba de vomitar antes de
llegaras, vómito sobre la alfombra, pero no hay problema, porque me gusta que
mis padres esten enojados conmigo, así que no hay ningún motivo para
interrumpir un constante patrón".
"Gracias", le dije, más intensamente agradecida de lo que la frase transmitía.
Seguí el olor a humo hasta la sala. Afortunadamente para Isabel y a su
inexistente habilidad para prender un fuego, el techo era muy alto, y la mayor
parte del humo se había desviado hacia arriba. Sam era una bola curva junto a
la chimenea, y una manta de lana estaba envuelta alrededor de sus hombros.
Una taza de algo estaba a su lado, todavía humeante.
Corrí, casí cayendo al contacto del calor por el fuego y me detuvo cuando lo olí:
seco, terroso, salvaje. Un olor dolorosamente familiar que amaba tanto, pero
que no quería oler en este momento. Sin embargo, él rostro que se volvió hacia
mí era humano, y me agaché junto a él y lo besé. Él me tomó con cuidado,
como si yo, ó él nos fueramos a romper y cerró los brazos alrededor de mí,
poniendo su cabeza en mi hombro. Me sentí temblar de forma intermitente, a
pesar del pequeño fuego que era suficientemente caliente como para quemar
mi hombro más cercano a el.
Yo quería que dijera algo. Este tranquila y callado momento me estaba
matando. Me aparté de él y pasé la mano por su pelo durante un largo minuto
antes de que yo le dijera lo que tenía que ser dicho. "Tú no estás bien,
¿verdad?"
"Es como la montaña rusa", dijó Sam en voz baja. "Subo y subio y subio hacia
el invierno, y mientras no llegue a la cima, yo aún puedo deslizarme hacia
abajo."
Yo miré a otro lado, al fuego, observando el mismo su centro, la parte más
caliente, dónde los colores perdían su sentido y el ardor de mi visión hacía
parecer que una luz blanca danzaba. "¿Y ahora estás en lo más alto’".
"Creo que podría estarlo. Espero que no. Pero Dios, me siento muy mal." Tomó
mi mano con sus rígidos dedos.
Yo no podía soportar el silencio. "Beck quería venir, pero no podía salir de la
casa."
Sam tragó saliva, lo suficientemente alto como para que yo lo escuchara. Me
pregunté si se sentía enfermo otra vez. "No voy a volver a verlo. Este es su
último año. Pensé que tenía derecho a estar enojado con él, pero ahora parece
estúpido, yo simplemente no puedo, no puedo apartarlo de mi cabeza."
Yo no sabía si se refería a olvidar lo que le había hecho enfadadarse con Beck,
ó a la montaña rusa en la que viajaba. Yo sólo seguí mirando a ese fuego, tan
caliente. Un pequeño verano, autónomo y furioso. Si tan sólo pudiera conseguir
que entrara en Sam y mantenerlo caliente para siempre. Yo era consciente de
que Isabel aún estaba de pie en la puerta de la habitación, pero ella parecía
estar muy lejos.
"Sigo pensando en por qué yo no cambie", dije lentamente. "Si yo naciera
inmune, o algo así, pero yo lo hice, ¿sabes? Porque tuve la gripe, y porque yo
no soy muy normal. Puedo oler mejor y oír mejor." Hice una pausa, tratando de
ordenar mis pensamientos. "Yo creo que fue mi papá. Creo que fue cuando me
dejó en el coche, me puse tan caliente, los médicos me dijeron que debí haber
muerto, ¿recuerdas? Pero no lo hice. Yo viví, y no me convertí en un lobo."
Sam me miró, sus ojos tristes. "Probablemente tengas razón."
"Pero, podría ser una cura, ¿no? Sólo necesitamos que tengas demasiado calor"
Sam sacudió la cabeza. Estaba muy pálido. "Yo no lo creo, ángel, ¿qué tan
cañiente estaba el agua de la bañera cuando me metiste en ella?, y Ulrik, él fue
a Texas ese año, y allá hay temperaturas de 39 a 40 grados, y él sigue siendo
un lobo. Si eso es lo que te curó, fue porque tú eras pequeña y porque tuviste
un fiebre muy alta que te quemó desde adentro."
"Uno puede inducir una fiebre", le dije de repente. Pero tan pronto como lo dije
sacudí la cabeza. "Pero no creo que haya un medicamento para elevar la
temperatura".
"Si es posible", dijo Isabel desde la puerta. La miré, ella estaba apoyada contra
el marco, con los brazos cruzados sobre su pecho, las mangas de su suéter
estaban sucias de lo que fuera que ella había tenido que hacer para sacar a
Sam fuera del cobertizo. "Mi mamá trabaja en una clínica comunitaria dos días
a la semana, y la oí hablar de un tipo que tuvo una fiebre de 42 grados, tuvó
meningitis."
"¿Qué le pasó?", le pregunté. Sam me soltó la mano, y miró hacia otro lado.
"Murió", dijo Isabel y encogió los hombros. "Pero tal vez un hombre lobo no lo
haría, tal vez fue por eso que tu no lo hiciste cuando niña, porque tú acababas
de ser mordida justo antes de que tu idiota papá te dejara en el coche para que
te cocinaras hasta morir".
A mi lado, Sam se puso de pie y empezó a toser.
"¡No sobre la alfombra!", dijo Isabel.
Salté de la cama mientras que Sam apoyaba las manos sobre sus rodillas y
tenía arcadas sin vómitar nada en realidad. Se volvió hacía mí, tembloroso, y
algo que ví en sus ojos hizo que mi estómago se cayera debajo de mí.
La habitación apestaba a lobo. Por un momento, sólo eramos Sam y yo, mi
rostro enterrado en su cuelllo, a mil millas lejos de aquí.
Sam cerró los ojos por un segundo, y cuando los abrió dijo, "Lo siento Grace,
yo sé que esta es una cosa horrible de preguntar pero, ¿podríamos ir a casa de
Beck? Tengo que verlo de nuevo, sí este es. . .”, se detuvo.
Pero yo sabía lo que había estado a punto de decir. El final.

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MensajeTema: Re: Maggie Stiefvater - Shiver   Vie Dic 03, 2010 1:48 pm

CAPÍTULO 52
GRACE
Temperatura: 0°C
El conducir en las noches nubladas siempre me había inquietado, no era sólo
que ocultaban la luz de la luna, sino también se robaban la luz de los faros,
desviando su luz en el segundo que tocaban él aire. Ahora, con Sam, me sentía
como si estuviera manejando por un túnel negro que se volvía cada vez más
estrecho. El granizo golpeaba el parabrisas, tenía ambas manos pegadas al
volante mientras el coche transitaba sobre la resbaladiza carretera.
La calefacción estaba al tope, y yo quería creer que Sam parecía estar un poco
mejor. Isabel había vertido café en una taza de viaje, y yo lo obligué a beberlo
mientras nos viajabamos, a pesar de sus náuseas. Parecía estar ayudando, aún
más que las fuentes externas de calor. Yo tomaba esto como un refuerzo de
nuestra nueva teoría sobre él calor interno.
"Estoy pensando más en tu teoría," dijo Sam como si leyera mi mente. "Tiene
mucho sentido. Sin embargo, habría que enfermarse de algo para inducir la
fiebre, tal vez meningitis como Isabel dijo, y creo que va a ser algo
desagradable."
"¿Quieres decir aparte de la fiebre en sí?"
“Sí, aparte de eso, y me refiero a peligrosamente desagradable, especialmente
considerando que no puedes exactamente hacer primero experimentos con
animales para saber si va a funcionar. "Sam me miró rápidamente para ver si
había entendido la broma.
"No es divertido", dije.
"Mejor que nada".
"Esta bien", respondí.
Sam se acercó y me rozó la mejilla. "Pero yo estaría dispuesto a intentarlo, por
ti, para estar contigo".
Lo dijo de una manera tan simple, sin afectación, que me tomó un momento
para entender el impacto de la declaración. Yo quería decir algo, pero sentí si
no me quedara nada de aliento.
"Yo no quiero seguir así, Grace. Ya no es igual él sólo verte desde los bosques,
no ahora que he estado contigo, algo real. No puedo sólo ver, prefiero el
arriesgarme a lo que pueda suceder."
"Puedes morir"
"Sí, pefiero morir que ver como todo se escapa. Yo no puedo hacer eso Grace.
Quiero intentarlo. Sólo que creo que tendría que ser humano para que tuviera
una oportunida, no creo que puedas matar al lobo, mientras soy un lobo."
Yo estaba temblando, pero no porque tuviera frío, sino porque parecía posible.
Horrible, fatal, pero posible. Y yo lo quería. Yo no quería tener que renunciar a
esta sensación de sus dedos sobre mi mejilla, ó al triste sonido de su voz. Yo
debí haber dicho, no, no vale la pena, pero eso habría sido una mentira de
proporciones épicas, y yo no podía hacerlo.
"Grace", dijo Sam abruptamente. "Sólo si tú quieres".
"¿Qué?" le conteste, y luego me dí cuenta de lo que había dicho. Parecía
imposible que él tuviera que preguntar, yo no podía ser tan difícil de leer. Y
entonces me dí cuenta, que yo era tan estúpida y lenta, él quería escucharme
decirlo. El siempre me había dicho cómo se sentía, y yo sólo estaba... tan dura,
mi actitud era dura, que no creo que algúna vez se lo hubiera dicho. "Por
supuesto que lo quiero, Sam, yo te amo, tu sabes cuanto. Te he amado por
años, eso ya lo sabes."
Sam puso sus brazos alrededor de sí mismo. "Yo lo sé, pero quería escucharte
decirlo." El alcanzó mi mano antes de darse cuenta de que yo no podía quitarlo
del volante, así que en vez de tomarlo hizo un nudo con mi cabello en sus
dedos y apoyó su mano contra mi cuello. Me imaginaba que podía sentir el
pulso y su pulso, sincronizados a través de nuestro contacto. Esto podría ser
mío, para siempre.
Él se acomodó en su asiento, parecía cansado, y apoyó su cara sobre su
hombro para poder mirarme mientras jugaba con mi pelo. Empezó a tararear
una canción y después de algunas estrofas, la cantó, en silencio, a media voz.
Yo no entendí todas las palabras, pero escuché añgo sobre su novia de verano.
Era acerca de mí, tal vez su chica para siempre. Sus ojos amarillos estaban
medio abiertos mientras cantaba, y en ese dorado momento, colgado en medio
del paisaje cubierto de hielo, com burbuja de néctar de verano, pude ver cómo
mi vida podía ser extendida delante de mí.
La bronco se sacudió con violencia, y un instante después, ví el venado
enrollarse sobre el techo. Una grieta se desplazó por el parabrisas, para
despues crear una explosión de un millar de fracturas en forma de telaraña. Yo
metí todo el freno, pero no pasó nada. Ni siquiera un susurro como respuesta.
¡Da la vuelta!, dijo Sam, ó tal vez sólo me lo imagine diciendolo, pero cuando
me hice girar el volante, la bronco siguió avanzando derecho, resbalando,
resbalando, resbalando. Recordé, en algún lugar de mi cabeza, recordé a mi
padre decir, dirigeté hacia la rampa, y yo lo hice, pero ya era demasiado tarde.
Hubo un ruido, como si un hueso se rompiera, y había un venado muerto fuera
del coche y en el coche, y vidrio por todas partes, y Dios ¡un árbol empujando a
través de mi techo, y había sangre en mis nudillos por los vidrios, y yo estaba
temblando y Sam me miraba, con esa mirada en su rostro como dicendo ¡oh
no! y entonces me dí cuenta de que el coche no funcionaba y había aire helado
goteando del agujero del parabrisas.
Perdí un momento sólo mirandolo fijamente. Luego probé el motor, que ni
siquiera respondió cuando giré la llave, y dije: "Vamos a llamar al 911, y ellos
vendran por nosotros".
La boca de Sam hizo una línea triste, y él asintió, como si eso realmente
funcionaría. Yo marqué el número e informé del accidente, hablando rápido,
tratando de adivinar en dóne podríamos encontrarnos, y luego me quité el
abrigo, teniendo cuidado de no arrastrar las mangas sobre mis sangrantes
nudillos, y lo pusé encima de Sam. El sentó en silencio, inmóvil, mientras yo
tomaba una manta del asiento trasero el cual también lo tiré encima de él, y
despues me deslizé en el asiento y me apoyé contra él, con la esperanza de
darle algo del calor de mi cuerpo.
"Llame a Beck, por favor,dijo Sam, y yo lo hice. Puse el telefono en el tablero y
despues presioné el altavoz.
"¿Grace?". Dijo la voz de Beck.
"Beck", dijo Sam. "Soy yo".
Hubo una pausa y, después, "Sam. Yo-"
"Ya no hay tiempo", dijo Sam.
"Le pegamos a un venado. El coche esta destrozado".
"Dios. ¿Dónde estás? ¿ El coche sigue en marcha?"
"Demasiado lejos. Llamamos al 911, pero el motor está muerto." Sam le dió a
Beck un momento para darse cuenta de lo que esto significaba. "Beck, siento
mucho no haber ido. Hay cosas que tengo que decirte"
"No, escúchame tú primero Sam. Esos niños, necesito que sepas que los
reclute. Ellos lo sabían, sabían muy bien lo que hacían. Yo no lo hice contra su
voluntad. No como a ti, lo siento Sam. Nunca he dejado de sentirlo".
Las palabras eran sín sentido para mí, pero obviamente no lo eran para Sam.
Sus ojos eran muy brillantes, y parpadeó. "Yo no me arrepiento de ello. Te
quiero Beck."
"Yo también Sam. Eres el mejor de nosotros, y nunca nada podra cambiarlo".
Sam se estremeció, la primera señal que me decía que el frío que actúaba
sobre él. "Tengo que irme", dijo. "Ya no hay más tiempo".
"Adiós Sam."
"Adiós Beck."
Sam asintió hacia mí y yo golpeé el botón de finalizar.
Por un segundo él estuvo quieto, parpadeando. Luego, se sacudió todas las
mantas y abrigos para que sus brazos quedaran libres y los envolvió a mí
alrededor, tan fuerte como pudo. Lo sentí temblar, temblar contra mí mientras
enterraba su cara en mi pelo.
Yo le dije, inútilmente, "Sam, no te vayas."
Sam tomo mi cara en sus manos y me miró a los ojos. Sus ojos eran amarillos,
tristes, de lobo, mí lobo. "Estos no cambian. Recuerdalo, cuando me mires.
Recuerde que soy yo, por favor."
Por favor, no te vayas.
Sam me soltó y extendió sus brazos, apretando el tablero con una mano y el
respaldo de su asiento con la otra. Bajó la cabeza y yo ví sus hombros
encorvarse y agitarse, ví la agonía silenciosa del cambio, hasta ese último grito
terrible y suave, justo cuando él se perdió.

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Última edición por Gemma el Vie Dic 03, 2010 1:53 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Maggie Stiefvater - Shiver   Vie Dic 03, 2010 1:49 pm

CAPITULO 53
SAM
Temperatura: 0° C


Estrellandome en el vacío temblor
Estirando mí mano hacia tí
Perdiendome a mí mismo en un frío lamento
Es este amor una frágil
Manera
De decir
Adiós

_________________

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MensajeTema: Re: Maggie Stiefvater - Shiver   Vie Dic 03, 2010 1:49 pm

CAPITULO 54
GRACE
Temperatura: 0° C
Cuando los paramédicos llegaron, yo estaba acurrucada en el asiento del
cópiloto, sobre una pila de abrigos, con las manos contra mi cara.
"Señorita, ¿está usted bien?"
Yo no respondí, sólo puse mis manos sobre mis rodillas y miré mis dedos,
cubiertos con lágrimas ensangrentadas.
"Señorita, ¿está sola?"
Yo asentí.

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MensajeTema: Re: Maggie Stiefvater - Shiver   Vie Dic 03, 2010 1:49 pm

CAPITULO 55
SAM
Temperatura: 0° C
Yo la miraba, como siempre la había visto.
Mis pensamientos eran resbaladizos y transitorios, leve olores en un viento frío,
demasiado lejos para poder atraparlos.
Se sentó en las afueras del bosque, cerca del columpio, encorvada, hasta que el
frío la sacudió, y aún así ella no se movió. Durante mucho tiempo, yo no supe
que es lo que ella estaba haciendo.
La miré. Una parte de mí quería ir hacia ella, aunque mi instinto cantaba en su
contra. El deseo provocó un pensamiento que provocó un recuerdo acerca del
bosque dorado, los días flotaban a mí alrededor y caían a mí alrededor, los días
permanecían inmoviles y se desplomaban en el suelo.
Pero me dí cuenta de lo que ella estaba haciendo, doblado allí, temblando por
culpa del vicioso frío. Ella estaba esperando, esperando a que el frío la
sacudiera hacia otra forma. Tal vez ese extraño olor que percibía en ella era
esperanza.
Ella esperaba cambiar, y yo esperaba cambiar, y los dos deseabamos algo que
no podíamos tener.
Por último, la noche se deslizó por el patio, alargando las sombras, sacandolas
fuera del bosque, hasta que abarcaron el mundo entero.
La miré.
La puerta se abrió. Y yo me oculté aún más en la oscuridad. Un hombre salió,
alzó a la chica. La luz de la casa brillaba frente a las huellas congeladas de su
rostro.
La miré. Mis pensamientos eran distantes, huían con su ausencia. Después de
que ella desapareció dentro de la casa, no había más que esto: nostalgia.

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MensajeTema: Re: Maggie Stiefvater - Shiver   Vie Dic 03, 2010 1:49 pm

CAPITULO 56
GRACE
Temperatura: -1° C
Sus ahullidos fueron lo más difícil de soportar.
Tan terrible como fueran los días, las noches eran peores, los días sólo eran
ápaticos preparativos para de alguna manera sobrevivir a otra noche poblada
por sus voces. Me quedaba en cama y abrazaba su almohada hasta que ya no
quedó nada de su aroma atrapado en ella. Dormí en su silla en el estudio de
papá, hasta que esta tuvó mi forma en vez de la suya. Caminé descalza por la
casa en un dolor íntimo que no podía compartir con nadie.
La única persona con quien lo podría compartir, con Olivia, no podía ser
localizada por teléfono, y mi coche, el coche en el cual ni siquiera podía pensar,
estaba roto e inútil.
Así que sólo eramos yo y la casa, y las horas que se extendían ante mí y los
inmutables árboles sin hojas que descansaban en los límites del bosque, afuera
de mi ventana.
La noche en que lo oí aullar fue la peor. Los demás empezaron primero, como
lo habían hecho durante las últimas tres noches. Me hundí en el sillón de cuero
en el estudio de papá, enterrado mi cara en la última playera con olor a Sams
última que yo tenía, y fingía que sólo era una grabación de lobos, no de lobos
reales, no de gente de verdad. Y entonces, por primera vez desde el accidente,
escuche su grito unirse a ellos.
Mi corazón se rompió, porque escuché su voz. Los lobos cantaban lentamente
detrás de él, en armonía agridulce, pero lo único que escuché fue a Sam. Su
aullido se estremeció, se levantó, y cayó en angustia.
Los escuche durante un largo tiempo. Recé para que se detuvieran, para que
me dejaran sola, pero al mismo tiempo yo tenía mucho miedo de que en
realidad lo hicieran. Mucho después despues de que las otras voces habían
desaparecido, eL ahullido de Sam continuó, muy suave y lento.
Cuando él finalmente se quedó se calló, la noche se sentía muerta.
El quedarme sentada parecía intolerable. Me puse de pie, impaciente, cerrando
y abríendo las manos a puños. Finalmente, tomé la guitarra que Sam había
tocado y grité, rompiendola en pedazos en el escritorio de papá.
Cuando papá bajó de su habitación, me encontró sentada en medio de un mar
de astillas de madera y cuerdas, como sí un barco que transportaba música se
hubiera estrellado en una rocosa costa.

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MensajeTema: Re: Maggie Stiefvater - Shiver   Vie Dic 03, 2010 1:49 pm

CAPITULO 57
GRACE
Temperatura: 1.6°C
La primera vez que tomé mi teléfono después del accidente, estaba nevando.
Delicados copos de nieve caían por el marco negro de mi ventana, como
pétalos de flores. Yo no lo habría respindidó, pero era la única persona a quien
había estado tratando de contactara desde el accidente. ¿Olivia?"
"¿G-gr-r-ace?" Olivia, apenas era reconocible. Ella estaba llorando.
"Olivia, shh, ¿qué pasa?" Era una pregunta estúpida. Yo sabía lo que estaba
mal con ella.
"¿Re-recuerdas que te dije yo ya sabía sobre los lobos?" Ella estaba tomando
grandes suspiros de aire entre cada palabra. "Yo no te dije acerca del hospital.
Jack-"
"Te mordió”, le dije.
"Sí," Olivia sollozó la palabra. "Yo no pensé que algo ocurriíar, porque pasaron
los días y me sentía la misma"
Mis piernas se sintieron débiles. "¿Has cambiado?"
"Yo-, yo no puedo"
Cerré los ojos, imaginandome la escena. Dios. "¿Dónde estás ahora?"
"En la parada de autobús." Hizo una pausa, e inhaló. "Hace frío".
"¡Oh¡, Olivia. Olivia, ven aquí. Quédate conmigo y podremos resolver esto, yo
iría pero áun no tengo un coche."
Olivia empezó a sollozar de nuevo.
Me levanté y cerré la puerta de mi dormitorio. No es que mamá me pudiera oír,
ella estaba arriba de todos modos. "Olivia, todo va a estar bien. Yo no me voy
asustar. Yo ví cambiar a Sam y no me asusté. Sé como es esto. Cálmate, ¿de
acuerdo? No puedo ir por ti, aún no tengo un coche. Vas a tener que manejar
hasta aquí."
La calmé durante unos minutos más y le dije que tendría la puerta abierta para
cuando ella llegara. Por primera vez desde el accidente, me sentía más cerca de
ser yo otra vez.
Cuando ella llegó, lucía ojos rojos y un poco desaliñada, la empujé hacia el
cuarto de baño para una ducha y le consiguí una muda de ropa. Me senté en la
tapa del inodoro mientras ella estaba en el agua caliente.
"Voy a contarte mi historia, y tú me contarás la tuya”, le dije. "Quiero saber
cuando te mordió Jack".
“Ya te dije que me lo encontré mientras tomaba fotos de los lobos, y cómo yo
le daba de comer. Fue tan estúpido que no te lo dijera, simplemente me sentía
tan culpable por haber peleado contigo, que no te lo dije de inmediato, y
entonces comencé a faltar a clase para ayudarlo, y después me sentí como sí
no te lo pudiera decir sin ... no sé lo que pensaba. Lo siento."
"Ahora ya es como agua bajo el puente", le dije. "¿Cómo pasó? ¿Acasó te
obligó a que lo ayudaras?"
"No", dijo Olivia, "De hecho, fue muy agradable, claro, cuando las cosas iban a
su manera. Se puso muy enojado cuando cambió, pero parecía doloroso. Y él
siguía preguntando acerca de los lobos, quería ver las fotos, y cuando
hablamos, después de que se enteró de que tú habías sido mordida-"
"¿Se enteró?", pregunté.
"Esta bien, ¡yo se lo dije! ¡Yo no sabía que se iba avolver loco! , y después solo
hablaba de la cura, y trató de conseguir que le dijera cómo arreglar todo. Y
después, um, él... " Se secó los ojos. "Me mordió".
“Espera, ¿El te mordió cuando era un ser humano?"
"Sí".
Me estremecí. "Dios, ¡qué horror!. Bastardo enfermo. ¿Así que has estado
tratando con esto todo el tiempo, tú sola?"
"¿A quién se lo podía decir?", dijo Olivia. "Yo pensé que Sam era uno de ellos,
por sus ojos, porque creí haberlo reconocidó de mis fotos de lobos, pero él me
dijo que estaba usando lentes de contacto cuando lo conocí. Así que sabía que
ó me había equivocado, ó simplemente él no me iba a ayudar”
“Debiste habermelo dicho. Yo te dije acerca de los hombres lobo"
"Lo sé. Yo sólo me sentpia culpable, estaba. . . y cerró el agua "fuí estupida. No
lo sé. ¿Qué puedo hacer, de todos modos? ¿Cómo hizó Sam para mantenerse
humano por tanto tiempo? Yo lo ví. El siempre te esperó en la bronco y él
nunca cambió".
Le dí una toalla por arriba de la cortina. "Ven a mi habitación, te lo diré."
Olivia se quedó conmigo toda la noche, temblando y pateando tanto que
finalmente hizó un nido de mantas como saco de dormir al lado de la cama
para que pudiéramos dormir las dos. Después de un desayuno tardío, fuimos a
buscarle a Olivia pasta de dientes y otros artículos de tocador, mamá se había
ido al trabajo con papá para que yo pudiera usar su coche. De camino de vuelta
de la tienda, sonó mi celular. Olivia tomó el teléfono sin contestar la llamada y
me leyó el número.
Era Beck. ¿Realmente quería hacer esto? Suspiré y tendí la mano para que me
diera él teléfono. "¿Hola?"
"Grace".
"Sí".
"Siento tener que llamarte", dijo Beck. Su voz sonaba plana. "Sé que los últimos
días deben haber sido difíciles para tí."
¿Se suponía que tenía que decir algo? Yo esperaba que no, porque yo no podía
pensar en nada. Mi cerebro se sentía nublado.
"¿Grace?"
"Estoy aquí".
"Te estoy llamado porJack. Ya esta mucho mejor, y más estable, no pasará
mucho tiempo antes de que cambie para el invierno. Pero aún tiene un par de
semanas de cambior de ida y vuelta."
Mi cerebro no estaba demasiado nublado para darme cuenta de lo mucho que
Beck confiaba en mí en este momento. Me sentí vagamente honrada. "¿Así que
no sigue encerrado en el baño?"
Beck se echó a reír, no era una risa divertido, pero era agradable de escuchar,
de todos modos. "No, ya se ha graduado del cuarto de baño al sótano. Pero me
temo que, um, voy a cambiar pronto, casí lo hago esta mañana. Y eso dejaría a
Jack en una muy mala posición para las próximas semanas. Odio tener que
pedirte esto, porque te pones en peligro de ser mordida, pero ¿tal vez podrías
vigilarlo hasta que cambie?"
Hice una pausa. "Beck, yo ya he sido mordido."
"¡Dios!"
"No, no, añadí rápidamente. "No recientemente. Fue hace muchos años".
La voz de Beck fue extraña. "Tú eres la chica que Sam salvó, ¿no es así?"
"Sí".
"Y nunca has cambiado."
"No."
"¿Cuánto tiempo hace que conoces a Sam?"
"Apenas nos conocímos en persona este año, pero yo lo he visto desde que él
me salvó. "Me estacioné en la entrada, pero no apague el motor. Olivia se
inclinó hacía mí, subió la calefacción, y se recostó en su asiento con los ojos
cerrados. "Me gustaría verte antes de que cambues. Sólo quiero hablar, si esta
bien contigo."
"Eso sería más que bien. Pero tendrá que ser pronto, me temo, que estoy
llegando al punto en donde ya no puedo dar marcha atrás."
Mierda. Mi teléfono estaba sonando con otra llamada. "¿Esta tarde?", le
pregunté. Cuando el estuvo de acuerdo, yo le dije, "tengo que irme, lo siento,
alguien me está llamando".
Nos despedimos, y me acepté lac otra llamada.
“Maldición, Grace, ¿cuántas veces vas a dejar que suene? ¿Dieciocho? ¿Veinte?
¿Cien?" Era Isabel, yo no había oído hablar de ella desde el día después del
accidente, cuando le informe sobre donde estaba Jack.
Le contesté, "Para que lo sepas, yo estaba en clase, y estaba apunto de ser
asesinada por que mi teléfono estaba sonando."
"No estabas en clase. Como sea. Necesito tu ayuda. Mi mamá vió otro caso de
meningitis: la peor clase de meningitis en la clínica donde trabaja. Mientras
estaba allí, le saqué sangre al chico. Tres muestras."
Yo parpadée varias veces antes de que me di cuenta de lo que estaba diciendo.
"¿Qué?, ¿Por qué?"
"Grace, yo pensé que eras la más lista la clase. Es evidente que la escala móvil
ha hecho maravillas por tí. Trate de concentrarme. Mientras mamá estaba al
teléfono, yo pretendí ser una enfermera y le saque sangre, su desagradable e
infectada sangre".
"¿Sabes cómo extraer sangre?"
"¡Sí, yo sé cómo extraer sangre! ¿Qué no lo sabe todo el mundo? No me estas
poniendo atención. Tengo tres muestras. Una para Jack, una para Sam y una
para Olivia. Necesito que me ayudes a llevar a Jack a la clínica. La sangre esta
en el refrigerador del lugar. Tengo miedo de sacarla, en caso de que la bacteria
muera o lo que sea que las bacterias hagan. Cómos sea, yo no sé dónde está la
casa de este hombre, donde Jack esta".
"¿Quieres inyectarlos? Para que les de meningitis".
"No, quiero que les de malaria. Sí, estúpida. Quiero que les de meningitis, ya
que él síntoma principal, es: fiebre. Y si estamos siendo honestos, no me
importa si lo haces también con Sam u Olivia. Probablemente no funcioné con
Sam, porque el ya es un lobo. Pero pensé que tenía que tener suficiente sangre
para todos ellos si quería conseguir que me ayudaras".
"Isabel, yo te hubiera ayudado de todos modos." Suspiré. "Te voy a dar una
dirección. Reúnete conmigo allí en una hora."

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MensajeTema: Re: Maggie Stiefvater - Shiver   Vie Dic 03, 2010 1:50 pm

CAPITULO 58
GRACE
Temperatura: 5.6°C
El estar en el sótano de Beck me había hecho tanto feliz como triste, de lo que
me había sentido desde que Sam se había convertido en lobo, porque al ver a
Beck allí, en su propio mundo, era como ver de nuevo a Sam. Todo empezó
cuando dejamos a Olivia vomitando en el baño y nos reunimos con Beck en lo
más alto de las escaleras del sótano, era demasiado frío para que el nos
recibiera en la puerta principal y me dí cuenta de que Sam había heredado
muchos de sus gestos y movimientos de Beck. Incluso los gestos más simples:
como el enceder un interruptor de la luz, inclinar la cabeza para que lo
siguieramos, torpemente agachándose para evitar golpear la escalera. Se
parecía tanto a Sam que dolía.
Luego llegamos a la parte inferior de la escalera y me quedé sin aliento. La sala
principal del sótano estaba llena de libros. No sólo unos pocos, era una
biblioteca. Las paredes estaban cubiertas con estanterías empotradas que
subían hacia el techo, y se estaban rellenas por completo. Aún sin acercarme a
los estantes, pude ver que estaban clasificados: altos atlas y enciclopedias de
en un estante, en otro todos libros de bolsillo con los bordes de colores y
arrugados, otros eran libros de fotos con grandes letras de imprenta en sus
espinas, y novelas de tapa dura con nombres brillantes. Me acerqué lentamente
al centro de la habitación y me detuvé en la alfombra de color naranja oscuro,
girando lentamente para verlos a todos.
Y el olor, el olor de Sam estaba en todas partes, como si estuviera aquí
conmigo, sosteniendo mi mano, mirando a todos estos libros conmigo, y
esperando a que yo dijera "me encanta".
Estaba a punto de romper el silencio diciendo algo como "Puedo ver de donde
Sam consiguió su hábito de la lectura" cuando Beck dijo, casi disculpándose:
"Cuando pasas mucho tiempo dentro, tiendes a leer mucho".
Y entonces recordé, abruptamente, lo que Sam me había dicho sobre Beck:
Este era su último año como un humano. El nunca leería estos libros de nuevo.
Me fueron robadas las palabras, y luego miré a Beck y logré decir,
estúpidamente, "Me encantan los libros."
Él sonrió, como si ya lo supiera. Luego miró a Isabel, que estaba estirando su
cuello, como si Jack pudiera estar en uno de los estantes. "Jack esta
probablemente en la otra habitación, jugando juegos de video”, dijo Beck.
Isabel seguió la mirada de Beck hacia la puerta. "¿Acaso va a arrancar mi
garganta si entro allí?"
Beck encogió los hombros. "No más de lo normal, creo. Esa es la más
habitación más cálida de la casa, y creo que él se siente más cómodo allí.
Aunque él aún cambia muy sguido. Solo presta atención."
Es interesante ver cómo él hablaba de Jack, más animal que humano. Como si
le estuviera dando indicaciones de cómo acercarse a los gorilas en el zoológico.
Después de que Isabel se había perdido en la otra habitación, Beck hizo un
gesto hacia una de las dos sillas esponjosas y roja en la habitación. "Toma
asiento."
Me alegraba poder sentarme en una de las sillas. Olía a Beck y algunos otros
lobos de otros, pero sobre todo a Sam. Era tan fácil imaginarlo aquí, acurrucado
en este espacio, leyendo y desarrollando un vocabulario odiosamente grande.
Apoyé la cabeza contra el borde de la silla para fingir que estaba acurrucado en
los brazos de Sam y me volví para mirar a Beck, que se sentó en la silla de
enfrente. No correctamente, sino derramado en ella, con sus piernas hacia un
lado. El lucía cansado. "Estoy algo sorprendido de que Sam te haya mantenido
en secreto durante todo este tiempo".
"¿Realmente lo estas?"
Encogió los hombros. "Creo que no debería de ser así. Yo no le dije acerca de
mi esposa".
"Él lo sabía. Me habló de ella."
Beck se echó a reír, brevemente y con cariño. "Eso tampoco debería de
sorprenderme. El mantener un secreto fuera de Sam era imposible. No quiero
sonar como cliché, pero él podía leer a la gente como un libro."
Los dos nos estábamos referiendo a él en tiempo pasado, como si estuviera
muerto. "¿Crees que alguna vez lo volveré a ver?"
Su rostro estaba lejano, ilegible. "Creo que este año fue él último para él.
Realmente lo creo. Sé que es él mío. No sé por qué él tuvo tan pocos años. Eso
no es normal. Quiero decir, es variable, pero a mi me mordieron hace un poco
más de veinte años atrás".
"¿Veinte?"
Beck asintió. "En Canadá. Yo tenía veinte y ocho años, una estrella en ascenso
en mi firma, y yo estaba de excursión durante mis vacaciones".
"¿Qué pasa con el resto de ellos? ¿De dónde son?"
"De todas partes. Cuando me enteré de que había lobos en Minnesota, pensé
que había una buena posibilidad de que podrían ser como yo. Así que los
buqué, y me enteré de que tenía razón. Paul me tomó bajo su tutela. Paul es-"
"El lobo negro", respondí.
Él asintió. "¿Quieres café? Yo podría asesinar por café, si no te molesta la
expresión."
Yo estaba profundamente agradecida. "Eso sería maravilloso. Si me señalas en
dirección de la cafetera, yo lo puedo preparar. "Él la señaló, oculto en una
grieta entre los estantes, junto a un refrigerador pequeña. "Y tú puedes seguir
hablando."
El sonrió. "¿Acerca de que?"
"De la manada. Lo que es. . . ser un lobo, acerca de Sam, del por qué
cambiaste a Sam." Hice una pausa, y pusé el filtro a la cafetera. “Sí. Hablame
sobre eso. Quiero saberlo".
Beck arrugó su cara en la mano. "Dios, lo peor. Yo cambié a Sam porque yo era
un bastardo egoísta sin un alma."
Metí los granos de café. Oí el lamento de su voz, pero no le permitiría salir sin
una respuesta. "Esa no es una razón."
Suspiró profundamente. "Lo sé, Jen, mi esposa acababa de morir. Ella era una
paciente con cáncer terminal cuando nos conocimos, así que yo sabía que eso
iba a suceder, pero yo era joven y estúpido y pensé que tal vez un milagro
podría suceder y viviríamos felices para siempre. Como sea, no hubo ningún
milagro. Yo estaba deprimido. Pensé en suicidarme, pero lo curioso de tener a
un lobo dentro de ti, es que el suicidio no parece ser una muy buena idea.
¿Alguna vez has notado que los animales no se matan a propósito?"
Yo no lo había hecho. Hice una nota de ello.
"Como sea, yo estaba en Duluth en el verano, y ví a Sam con sus padres. Dios,
eso suena horrible, ¿no es así? Pero no fue así. Jen y yo hablamos todo el
tiempo acerca de tener hijos, aunque los dos sabíamos que eso nunca iba a
suceder. Maldición, ella se suponía que sólo viviría ocho meses más. ¿Cómo
podría haber tenido un bebé? Como sea, yo ví a Sam. Allí estaba, con sus ojos
amarillos, como un lobo real, y yo estaba totalmente obsesionado con la idea.
No tienes que decirmelo Grace, yo sé que estuvo muy mal, pero yo lo ví con
sus tontos padres, tan despistados como un par de palomas, y pensé que yo
podría ser mejor para él. Yo le enseñaría más."
Yo no dije nada, Beck apoyó la frente en su mano. Su voz parecía de siglos de
antigüedad. Yo aún no decía nada, y el se quejó. "Dios, Grace, lo sé. Pero
¿quieres escuchar algo estupido? En realidad me gusta ser quien soy. Quiero
decir, no al principio, era una maldición. Pero llegó a ser como alguien quien
ama el verano y el invierno. ¿Tiene sentido? Yo sabía que al final me perdería a
mí mismo, pero yo llegué a estar de acuerdo eso hace mucho tiempo, y pensé
que Sam lo superaría también."
Encontre las tazas en un estante debajo de la cafetera y saqué. "Pero él no lo
hizo. ¿Leche?"
“Una poca, no demasiado”, él suspiró. "Es como un infierno para él, quiero
decir un infierno personal. El necesita ese tipo de autoconciencia para poder
sentirse vivo, y cuando pierde eso y se convierte en un lobo... es el infierno. Él
es absolutamente la mejor persona que he conocido en el mundo, y yo lo
arruiné. Me he arrepentido de eso todos los días durante años."
Él lo pudo haber merecido, pero yo no podía dejar que se deprimiera más. Le
llevé una taza y me senté de nuevo. "Él te ama Beck, tal vez él odia ser un
lobo, pero él te ama. Y tengo que decirte, que me está matando él sentarme
aquí conitgo, porque todo en ti me recuerda a él. Si tú lo admiras, porque tú
hiciste lo que él es ahora."
Beck parecía extrañamente vulnerable, sus manos alrededor de la taza de café,
mirándome através del vapor por encima de ella. Se quedó en silencio durante
un largo rato, y luego dijo: "El arrepentimiento será una de las cosas que me
alegraré perder".
Yo fruncí el ceño. Bebí mi café. ¿Cuándo eres lobo te olvidas de todo?"
"No te olvidas de nada, es solo que lo ves de manera diferente. A través del
cerebro de un lobo. Algunas cosas se vuelven completamente sin importanci, y
otras cosas son las emociones que los lobos simplemente no sienten, perdemos
esas cosas. Pero las cosas más importantes son a las cuales nos aferramos. La
mayoría de nosotros puede hacerlo."
Como el amor. Pensé en Sam mirandome, antes de que nos conocieramos
como humanos, y yo mirandolo a él. Enamorandonos, tan imposible como debió
haber sido. Mi instinto me apretó, horriblemente, y por un momento, yo no
pude hablar.
"Tú fuiste mordida", dijo Beck. Yo ya había escuchado esto antes, esta
pregunta sin un signo de interrogación.
Yo asentí. "Hace un poco más de seis años."
"Pero nunca has cambiado."
Le conté la historia sobre cuando me quede encerrado en el coche, y luego
expliqué la teoría de una posible cura que Isabel y yo habíamos desarrollado.
Beck se sentó en silencio durante un largo rato, frotando un pequeño círculo al
lado de la taza con uno de sus dedos, mirando fijamente a los libros en la
pared.
Finalmente él asintió. "Podría funcionar, puedo ver cómo esto podría funcionar.
Pero creo que tendrías que ser humano, cuando seas infectado para que pueda
funcionar".
"Eso es lo que Sam dijo, él dijo que pensaba que para matabar al lobo, no
debías de ser un lobo cuando te infectaran."
Los ojos de Beck estaban aún muy lejanos mientras él pensaba. "Dios, pero es
muy arriesgado. No se podía tratar la meningitis hasta después de que
estuvieras seguro de que la fiebre hubiera matado al lobo. La meningitis
bacteriana tiene una tasa de mortalidad increíble, incluso si se detecta a tiempo
y se trata desde el principio."
"Sam me dijo que él tomaría él riesgo de morir en busca de la cura. ¿Crees que
lo decía en serio?"
"Absolutamente", dijo Beck, sin dudarlo. "Pero él es un lobo. Y probablemente
se mantendrá así durante el resto de su vida."
Dejé mis ojos caer hacia mi taza media vacía, observando como él liquido
cambiaba de color líquido justo en los bordes de esta. "Estaba pensando en que
podríamos llevarlo a la clínica, sólo para ver si cambia al calor del edificio."
Hubo una pausa, pero no levanté la mirada para ver la expresión que Beck
llevaba. El dijo suavemente, "Grace". . .
Yo tragué saliva, sin dejar de mirar al café. "Lo sé".
"He visto a los lobos durante veinte y tantos años. Es previsible. Cuando
llegamos a la final... es el final".
Me sentía como una niña testaruda. "Pero él cambió este año, cuando no debió
de hacerlo, ¿no es así? Cuando le dispararon, y él se hizo humano."
Beck tomó un largo trago de café. Oí sus dedos tocando el lado de la taza. "Y
para salvarte, él también se convirtió en humano para salvarte. No sé cómo lo
hizo. O por qué, pero lo hizo, yo siempre pensé que tenía algo que ver con la
adrenalina, engañando al cuerpo con el pensamiento de que era caliente. Sé
que él ha tratado de hacerlo otras veces, pero nunca lo consiguió."
Cerré los ojos y me imagine a Sam cargandome. Casi podía verlo, olerlo,
sentirlo.
"Maldición". Beck no dijo nada más durante mucho tiempo. Y luego lo dijo de
nuevo: "Maldición. Es lo que él hubiera querido, él lo hubiera intentado".
Terminó su café. "Yo te ayudaré, ¿Qué estabas planeando hacer? ¿Drogarlo
para poder transportarlo?"
Yo lo había estado pensando, desde que Isabel había llamado. "Creo que
tendremos que hacerlo, ¿no es así? No se podremos hacerlo de otra manera. "
"Benadryl", dijo Beck. "Tengo algo de eso en piso de arriba. Eso lo atontara y le
daré lo suficiente como para que no se vuelva loco en el coche."
"Lo único en lo que no pude pensar es en como atarerlo hasta aquí, no lo he
visto desde el accidente." Yo estaba siendo cautelosa con mis palabras. No
podía permitir sentirme optimista. Simplemente no podía.
La voz de Beck era segura. "Yo puedo hacerlo, yo puedo encontrarlo. Lo haré
venir. Le pondremos el Benadryl en una hamburguesa o algo así." El se puso de
pie y tomó mi taza de café. "Me agradas Grace. Desearía que Sam pudiera-"
Se detuvo, puso su mano sobre mi hombro. Su voz era tan amable que pensé
que yo iba a llorar. "Tal vez funcione, Grace. Tal vez funcione."
Pude ver que él no lo creía, pero también ví, que él quería creelo. Por ahora,
eso era suficiente.

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MensajeTema: Re: Maggie Stiefvater - Shiver   Vie Dic 03, 2010 1:50 pm

CAPITULO 59
GRACE
Temperatura: 3.3° C
Una fina capa de nieve se sacudió en el suelo, cuando Beck entró al patio
trasero, sus hombros eran cuadrados y oscuros debajo de su suéter. En el
interior, Isabel y Olivia se quedaron conmigo cerca de la puerta de vidrio, listas
para ayudar, pero me sentía si estuviera sola, mirando a Beck lentamente
caminar hasta su último día como ser humano. Una de sus manos sostenía una
carne roja cruda mezclada con Benadryl, y la otra se sacudía de manera
incontrolable.
A una docena de metros de la casa, Beck se detuvo, dejó caer la carne al suelo,
y luego caminó unos pasos hacia el bosque. Por un momento él se quedó allí,
con la cabeza inclinada de una forma que yo reconocía. Escuchando.
"¿Qué está haciendo?" Isabel preguntó, pero yo no respondí.
Beck se llevó las manos alrededor de su boca, e incluso estando en el interior,
pude oírlo con claridad.
"Sam", gritó otra vez, ¡Sam! ¡Sé que estás ahí fuera! ¡Sam! Sam! Recuerda
quién eres, ¡Sam!"
Temblando, Beck no paró de gritar el nombre de Sam hacua el vacío bosque
frío, hasta que se tropezó y se sostuvo justo antes de caer.
Apreté los dedos a mis labios, mientras las lágrimas corrían por mis mejillas.
Beck gritó el nombre de Sam una vez más, y luego sus hombros se encogieron,
pandeo y torsiendose, con las manos y los pies revoloteando de la capa de
nieve a su alrededor. Su ropa colgaba de él, vasta y enmarañada, y luego él
retiró de ella, sacudiendo la cabeza.
El lobo gris estaba de pie en el centro del patio, mirando hacia la puerta de
cristal, sus ojos mirandonos, mirandolo. Se alejó de la ropa que él nunca usaría
otra vez, y luego se congeló, volviendo su cabeza hacia el bosque.
Desde los pinos negros, otro lobo apareció, con la cabeza baja y cautelosa, la
nieve espolvoreada encima de su pelaje. Sus ojos me encontraron, detrás del
vidrio.
Sam.

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MensajeTema: Re: Maggie Stiefvater - Shiver   Vie Dic 03, 2010 1:50 pm

CAPITULO 60
GRACE
Temperatura: 2.2° C
La tarde era gris, y el cielo era una extensión de congeldas nubes sin fin en
espera de la nieve yde la noche. Afuera de la camioneta, las llantas crujían sal a
lo largo de la carretera, y el granizo golpeaba en el parabrisas. En el interior,
detrás del volante, Isabel no dejaba de quejarse sobre el olor a"tierra mohada”,
pero para mí era a pino y tierra, a lluvia y almizcle. Y detrás de ella, estaba la
aguda y contagiosa ansiedad. En el asiento de pasajeros, Jack siguió
quejándose en voz baja, a medio camino entre animal y humano. Olivia se
sentó a mi lado en el asiento trasero, con sus dedos anudados a los míos con
tanta fuerza que me dolían.
Sam estaba detrás de nosotros. Cuando lo habíamos levantó dentro de la
camioneta, su cuerpo estaba cargado de sueño inducido por fármacos. Ahora,
sus respiraciones eran profundas e irregulares, y yo me esforzaba para
escucharlos por encima del sonido del granizo y los neumáticos, para mantener
algún tipo de conexión con él cuando no podía tocarlo. Ya que él estaba
drogado, yo podría haberme sentado con él y pasar mis dedos por su piel, pero
habría sido un tormento para él.
El ahora era un animal. De vuelta en su mundo, lejos de mí.
Isabel se detuvo delante de la pequeña clínica. A esta hora, el estacionamiento
estaba a oscuras y sin luz, la clínica en sí era un cuadrado gris. No se veía como
un lugar donde se podían hacer milagros, sino más bien parecía un lugar al que
acudías cuando estabas enfermo y no tenías dinero. Alejé ese pensamiento
fuera de mi cabeza.
"Le robé las llaves a mamá", dijo Isabel, para su propio crédito, y no parecía
nerviosa. "Vamos Jack, ¿puedes intentar atacar salvajemente a nadie antes de
entrar al edificio?"
Jack murmuró algo irrepetible. Miré hacia atrás, y Sam se puso de pie,
balanceándose. "Isabel, date prisa. El Benadryl esta perdiendo su efecto."
Isabel pusó el freno de mano. "Si nos arrestan, yo diré que me secuestraron".
"¡Vamos!" Grité, y abrí la puerta. Tanto Jack como Olivia se estremecieron ante
el frío. "¡Dense prisa, ustedes dos necesitan correr!"
"Voy a volver para ayudate con él," Isabel me dijo, y saltó fuera de la
camioneta. Me volví a Sam, quien puso sus ojos hacia mí. Parecía estar
desorientado, aturdido.
Yo me quedé momentáneamente congelada por su mirada, recordando a Sam
en la cama, cara a cara conmigo, sus ojos mirando a los míos.
Después, él hizo un suave ruido de ansiedad.
"Lo siento", le dije.
Isabel regresó, y yo fui hacia atrás para ayudarla. Se quitó el cinturón y
expertamente lo enroscó en el hoico de Sam, no me gustaba eso, pero yo no le
podía decirle que no lo hiciera. Ella no había sido mordida y no había garantía
de cómo reaccionaría Sam a este proceso.
Entre las dos, lo levantamos y caminamos hacia la clínica. Isabel abrió de una
patada la puerta, que ya estaba entreabierta. "Las salas de examen estan hacia
allá. Encierralo en una de esas y haremos lo de Olivia y Jack primero. Tal vez él
cambie, si está en el calor por suficiente tiempo"
La mentira de Isabel era extraordinariamente amable, ambas sabíamos que él
no cambiar sin algún tipo de milagro. Lo mejor que podía esperar era que Sam
se hubiera equivocado, y que esta cura no lo matara mientras él era cuando era
lobo. Seguí a Isabel, a la sala de suministros, desordenada y maloliente, con
una especie de aroma a medicamentos, caucho. Olivia y Jack ya estaban
esperando allí, con las la cabeza juntas ya agachadas, como si estuvieran
hablando, lo que me sorprendió. Jack levantó la cabeza cuando entramos.
"No puedo soportar esta espera," dijo él. "¿Podemos terminar esto de una vez
por todas?"
Miré a un recipiente de torundas con alcohol. "¿Es necesario que prepare su
brazo?"
Isabel me dio una mirada. "Estamos deliberadamente infectandolo con
meningitis, así que parece absurdo que nos preocupemos por una infección en
el sitio de la inyección. "
Le frota el brazo de todas maneras, mientras que Isabel buscaba una jeringa
dentro del refrigerador.
"¡Oh, Dios!" Olivia susurró, con sus ojos congelados en la jeringa.
No teníamos tiempo para consolarla. Le tomé la mano fría a Jack y la puse con
su palma hacia arriba, como yo recordaba haberlo visto a la enfermera hacer
con nuestras vacunas contra la rabia.
Isabel miró a Jack. "¿Estás seguro de que quieres esto?".
El levantó los dientes en una mueca, y apestaba a miedo. "Sólo hazlo."
Isabel dudó, me tomó un momento para darme cuenta del por qué. "Déjame
hacerlo", le dije. "El no puede hacerme daño".
Isabel me entregó la jeringa y se hizó a un lado. Yo tomé su lugar. "Mira hacia
otro lado", le ordené a Jack. El volvió su cabeza, le clavé la aguja y, después él
se golpeó la cara con sus manos libres mientras se echaba hacia atras.
"Controlate", le grité. "No eres un animal."
El susurró, "Lo siento".
Yo inyecté todo el contenido de la jeringa, tratando de no pensar demasiado en
el contenido de este, y saqué la aguja. Había un punto rojo en el sitio de la
inyección, yo no sabía si era sangre de Jack o la sangre infectada de la jeringa.
Isabel sólo estaba mirando, así que me dí la vuelta y tomé un curita, y se lo
coloqué sobre el sitio. Olivia dejó escapar un gemido.
"Gracias", dijo Jack y se abrazo a sí mismo. Isabel parecía enferma.
"Sólo dame la otra", le dije a Isabel. Isabel me la dio y nos dirigimos a Olivia,
que estaba tan pálida que podía ver la vena atropellar su frente; los nervios
sacudieron sus manos, e Isabel se hizo cargo de mi deber al frotar el brazo. Era
como una regla tácita, de que ambas teníamos que sernos útiles para hacer lo
mejor posible.
"¡He cambiado de parecer!" Gritó Olivia. "¡No quiero hacerlo! ¡Me arriesgare a
lo que venga! "
Tomé su mano. "Olivia, Oliva. Cálmate."
"No puedo." Los ojos de Olivia estaban fijos en el rojo oscuro de la jeringa. "No
puedo decir que prefiera morir antes que ser de esta manera".
Yo no sabía qué decir. Yo no quería convencerla de que hicera algo que podía
matarla, pero yo no quería que ella no lo hiciera por miedo. "Pero tu vida
entera. . . Olivia."
Olivia sacudió la cabeza. "No. No, no, no vale la pena. Vamos a intentarlo
primero con Jack. Tomaré el riesgo. Si funciona con él, entonces lo voy a
intentar. Pero yo... no puedo."
"Si sabes que es casi noviembre, ¿verdad?" Isabel exigió. "¡Ya hace mucho frío!
Y vas va a cambiar muy pronto para el invierno, y no vamos a tener otra
oportunidad hasta la primavera. "
"Sólo deja que espere," Jack interrumpió. "No hay ningún daño. Es mejor que
sus padres piensen que esta desaparecida pierde durante unos pocos meses ,
que saber que es una lobo"
"Por favor." Los ojos de Olivia estaban llenos de lágrimas.
Yo se encogí los hombros sin poder hacer nada y bajé la jeringa. Yo no sabía
más que lo que ella sabía. Y en mi corazón, yo sabía que en su posición, yo
haría la misma elección, era mejor el vivir con sus amados lobos, que morir de
meningitis.
"Bien", dijo Isabel. "Jack, lleva a Olivia al coche. Esperara allí y vigila. Esta bien,
Grace. Vamos a ver lo que Sam le ha hecho a la sala de examen mientras no
estabamos".
Jack y Olivia caminaron por el pasillo, abrazados él uno del otro para
mantenerse en calor, tratando de no cambiar, mientras que Isabel y yo
caminamos hacia el lobo que ya lo había hecho.
De pie, a las afueras de la sala de examen donde Sam se encontraba, Isabel
puso su mano en mi brazo, detiendome antes de que abriera la puerta. "¿Estás
segura de que quieres hacer esto?", preguntó. "Podría matarlo. Probablemente,
lo matará".
En lugar de responderle, abrí la puerta.
En la fea iluminación fluorescente de la habitación, Sam parecía normal, perro,
pequeño, en cuclillas junto a la mesa de examen. Me arrodillé frente a él,
deseando que hubieramos pensado en esta posibilidad de cura antes de que
fuera demasiado tarde para él. "Sam." No quiero estar frente a ti como una
cosa, inteligente, reservada. ... Yo sabía que el calor no iba a cambiarlo de
nuevo a humano. No había sido nada más que egoísmo lo que me había hecho
llevarlo a la clínica. El egoísmo, y una cura posiblemente fallída que no podía
funcionar para él en esta forma. "Sam, ¿todavía quieres hacer esto?"
Le toqué su pelaje, imaginando que era su cabello oscuro. Tragué saliva.
Sam silbaba a través de su nariz. Yo no tenía idea de lo mucho que él entedía
de lo que le decía, sólo que, en su estado semidrogad, él no se inmutó con mi
toque.
Lo intenté de nuevo. "Podría matarte. ¿Todavía quieres probar?"
Detrás de mí, Isabel tosió significativamente.
Sam se quejó por el ruido, sacudiendo los ojos hacia Isabel y a la puerta.
Acaricié su cabeza y lo miré a los ojos. Dios, eran los mismos, y me mataba el
verlos ahora.
Esto tenía que funcionar.
Una lágrima se deslizó por mi rostro. No me molesté en barrerla mientras
levantaba la vista a Isabel. Yo deseaba esta, como nunca había deseado nada
en el mundo. "Tenemos que hacerlo".
Isabel no se movió. "Grace, yo no creo que él tenga una oportunidad al menos
que sea humano. Yo no creo que vaya a funcionar".
Pasé un dedo sobre el pelo corto y liso cerca de su rostro. Si no hubiera estado
sedado, no lo habría tolerado, pero el Benadryl había entorpecido sus instintos.
El cerró los ojos, esto no era lo que un lobo haría, y fue suficiente para darme
esperanza.
"Gracia. ¿Estamos haciendo esto o no? En serio".
"Espera," le dije. "Estoy tratando de hacer algo".
Me instalé en el piso y le dijé a Sam, "Quiero que me escuches, si es que
puedes." Me incliné hacia el lado de mi cara sobre su pelaje y recordé él bosque
dorado que me había mostrado hace mucho tiempo. Recordé la forma de las
hojas amarillas al revolotearse, el color de los ojos de Sam, las mariposas
estrellándose en su camino hacia el suelo. Los troncos delgados blancos de los
abedules, cremosos y suaves como piel humana. Recordé a Sam de pie en el
centro del bosque, sus brazos extendidos, una oscura y sólida en el sueño de
los árboles. El viniendo hacía mí, yo empujando su pecho, su suave beso.
Recordé cada beso que tuvimos, y me acordé de cada vez que me había
acurrucado en sus humanos brazos. Recordé el suave calor de su aliento detrás
de mi cuello mientras dormía.
Recordé a Sam.
Lo recordé obligandose a salir de la forma de lobo para mí. Para salvarme.
Sam se apartó de mí. Tenía la cabeza hacia abajo, la cola entre sus patas, y
estaba temblando.
"¿Qué está pasando?" La mano de Isabel estaba en la perilla de la puerta.
Sam se retiró apun más lejos, estrellándose en el gabinete detrás de él,
acurrucandose en una bola, desenroscándose. Su pelaje estaba
desapareciendo, estaba temblando fuera de su piel. Él era el lobo y era Sam, y
entonces. . .
Sólo fue Sam.
¡Date prisa!, "Sam susurró. Se estaba sacudiendo fuertement. Sus dedos
estaban agarrando fuertemente el azulejo. ¡Date prisa! ¡Hazlo ahora!"
Isabel estaba congelada por la puerta.
"¡Isabel! ¡Vamos!"
Ella salió de su hechizo y se acercó a nosotros. Estaba arrodillada junto a Sam,
el se mordía el labio inferior tan fuerte que estaba sangrando. Me arrodillé y le
tomó la mano.
Su voz era tensa. "Grace, date prisa. Estoy apunto de irme."
Isabel no hizo más preguntas. Ella simplemente lo agarró del brazo, lo giró y
clavó la aguja en él. Ella presiono la jeringa hasta la mitad, pero él tiró de su
brazo y lo movió violentamente. Sam se alejó de mí, soltando su mano de la
mía, y vomitó.
"Sam"
Pero él se había ido. En sólo la mitad del tiempo que le había llevado para
convertirse en humano, él ya era un lobo. Temblando, tambaleándose, con las
uñas arañando el azulejo, cayendo al suelo.
"Lo siento, Grace," dijo Isabel. Eso fue todo lo que ella dijo, y puso la jeringa en
el mostrador" Mierda. Oigo Jack. Regresó rápido."
La puerta se abrió y se cerró. Me arrodillé junto al cuerpo de Sam y hundí mi
cara en su pelaje. Su respiración era rápida y exhausta. Y todo en lo que podía
pensar era, en que yo lo maté. Esto lo iba a matar.

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MensajeTema: Re: Maggie Stiefvater - Shiver   Vie Dic 03, 2010 1:51 pm

CAPITULO 61
GRACE
Temperatura: 2.2° C
Jack fue el que abrió la puerta de la sala de examen. "Grace, vamos. Tenemos
que irmos, Olivia no esta bien".
Me levanté, avergonzado de ser vista con lágrimas en las mejillas. Me volví a
tirar la aguja de la jeringa usada en el contenedor de residuos peligrosos que
estaba en el mostrador. "Necesito ayuda para llevarlo".
Me miró con ceño hacia arriba. "Es por eso que Isabel me envió aquí."
Miré hacia abajo, y mi corazón se detuvo. El piso estaba vacío. Agache la
cabeza para mirar debajo de la mesa. "¿Sam?"
Jack había dejado la puerta abierta, y la habitación estaba vacía.
"¡Ayudame a encontrarlo!" Le grité a Jack, empujandolo hacia el pasillo. No
había nigún rastro de Sam, mientras corríamos por el pasillo, pero pude ver la
puerta abierta al final de el, la noche negra se podía ver, sería el primer lugar
hacia dónde un lobo correría, una vez que sus drogas desaparecieran. Escapar.
La noche. El frío.
Corría hacia el estacionamiento, en busca de cualquier signo de Sam en el
delgado de límite del bosque, que se extendía detrás de la clínica. Pero este era
más oscuro que la oscuridad. No había luces, no había sonido, no había Sam.
“¡Sam! "
Yo sabía que él no vendría, incluso si me oyera. Sam era fuerte, pero sus
instintos eran aún más fuertes.
Es intolerable imaginarlo en algún lugar, mitad infectado con sangre
cotaminada, mezclandose lentamente con la de él.
“¡Sam!" Mi voz era un lamento, un aullido, un grito en la noche. El se había ido.
Unos faros me cegaron: la camioneta de Isabel, arrancando a mi lado y
haciendo una parada. Isabel se inclinó del lado del conductor y abrió la puerta
del lado del copiloto, su rostro era un fantasma entre las luces del tablero.
"Metete, Grace. ¡Date prisa de una maldita vez! Olivia está cambiando y ya
hemos estado aquí mucho tiempo."
Yo no podía dejarlo.
¡Grace!
Jack se metió en el asiento de atrás, temblando, sus ojos me suplicaban. Eran
los mismos ojos que yo había visto en el comienzo, recien que había sido
transformado. Antes yo no sabía nada.
Entré y cerré la puerta, mirando por la ventana justo a tiempo para ver a un
lobo blanco por la orilla del estacionamiento. Shelby, estaba viva, justo como
Sam había pensado. Miré en el espejo retrovisor hacia ella, el lobo estaba en el
estacionamiento y nos miraba. Me pareció ver el triunfo en sus ojos mientras se
daba la vuelta y desaparecía en la oscuridad.
"¿Cuál es ese lobo?" Isabel preguntó.
Pero yo no podía responder. Todo en lo que podía pensar era en Sam, Sam,
Sam.

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MensajeTema: Re: Maggie Stiefvater - Shiver   Vie Dic 03, 2010 1:51 pm

CAPITULO 62
GRACE
Temperatura: 4.4° C
"Yo no creo que Jack este bien", dijo Olivia. Ella se sentó en el asiento del
copiloto de mi nuevo coche, un prqueño mazda que olía a limpiador de
alfombras y a soledad. A pesar de que llevaba puestos dos de mis suéteres y un
gorro, ella aún estaba temblando, sus manos alrededor de su estómago. "Si él
estuviera bien, Isabel nos habría llamado."
"Tal vez", le dije. "Isabel no es del tipo de las que llaman." Pero yo no podía
dejar de pensar en que tenía razón. Este era el tercer día, y la última vez que
habíamos oído de Isabel habían sido hace ocho horas.
Día uno: Jack tenía un dolor de cabeza y rigidez en el cuello.
Día dos: El dolor de cabeza era peor, y tenía mucha fiebre.
Día tres: El correo de voz de Isabel.
Estacione el mazda en la entrada de Beck, detrás de la gigante camioneta de
Isabel. "¿Lista?"
Olivia no parecía estarlo, pero ella se bajó del coche y corrió hacia la puerta
principial. La seguí y cerré la puerta detrás de nosotros. "¿Isabel?"
"Aquí".
Seguimos su voz hacía uno de los dormitorios de abajo. Era un alegre
dormitorio de color amarillo, que parecía incompatible con el olor a
descomposición que llenaba el espacio.
Isabel estaba sentada de piernas cruzadas en una silla a los pies de la cama.
Grades círculos, como huellas digitales de color púrpura, estaban presionadas
debajo de sus ojos.
Le entregué el café que le habíamos traído. "¿Por qué no nos llamaste?"
Isabel me miró. "Sus dedos se están muriendo".
Habían evitado mirarlo, pero finalmente lo hice, por último, miré a donde yacía
en la cama, acurrucado como una media mariposa. Los extremos de sus dedos
tenían una desconcertante somba azul. Su cara brillaba con sudor, y sus ojos
estaban cerrados. Mi garganta se sentía demasiado llena.
"Lo busqué en internet," me dijó Isabel, levantando su teléfono, como si eso lo
explicara todo. "El dolor de cabeza se debe a que la inflamación esta en su
cerebro. Los dedos de color azul en manos y pies son porque su cerebro no le
está diciendo a su cuerpo que envie la sangre allí. Le tomé la temperatura, esta
arriba de los cuarenta grados."
Olivia dijo "Tengo que vomitar".
Ella me dejó en la habitación con Isabel y Jack.
Yo no sabía qué decir. Si Sam hubiera estado aquí, él habría sabido que decir.
"Lo siento".
Isabel encogió loshombros, con ojos apagados. "Funcionó de la forma en que
se suponía. El primer día, casi se transforma en lobo cuando la temperatura
bajó durante la noche. Esa fue la última vez, incluso cuando la energía electrica
se fue la noche de ayer. Pensé que estaba funcionando, él ya no ha cambiado
desde que la fiebre inició." Ella hizo un gesto hacia la cama. "¿Inventaste una
excusa para mí en la escuela?"
"Sí".
"Fantástico".
Le hice un gesto para que ella me siguiera. Se levantó de su silla como si fuera
difícil de hacerlo y nos dirgimos al pasillo.
Tiré de la puerta de la habitación casi cerrandola, para que Jack si es que
pudiera, no escuchara. En voz baja, le dije: "Tenemos que llevarlo al hospital,
Isabel."
Isabel se echó a reír, un extraño y feo sonido. "¿Y decirles qué? Se supone que
debe estar muerto. ¿Crees que no lo he pensando? Incluso si le damos un
nombre falso, su rostro ha estado en todas las noticias durante dos meses."
"Entonces, correremos el riesgo, ¿no es así? Inventaremos algo. Quiero decir,
tenemos que por lo menos intentarlo, ¿no crees?"
Ella me miró con sus ojos enrojecidos por un largo rato. Cuando finalmente
habló, su voz era hueca. "¿Crees que lo quiero dejar morir? ¿No crees que yo
quiero salvarlo? ¡Ya es demasiado tarde Grace! Es difícil sobrevivir a este tipo
de meningitis, incluso si han recibido tratamiento desde el principio. Ahora,
para él, después de tres días, yo ya ni siquiera tengo analgésicos para darle, y
mucho menos tengo algo para esto. Yo pensé que su parte lobo lo podría
salvar, como te salvó a tí. Pero él ya no tiene ninguna oportunidad. Ninguna".
Tomé la taza de café de sus manos. "No podemos sólo verlo morir. Vamos a
llevarlo a un hospital que no lo reconozca de inmediato. Iremos a Duluth, si
tenemos que hacerlo. Ellos no lo reconoceran, al menos no de inmediato, y
para entonces, ya habremos pensado en algo que decirles. Ve y limpiate la cara
y conseguiremor lo que necesitamos. Vamos, Isabel. Muevete."
Isabel no respondió, pero se dirigió a la escalera. Después de que ella se había
ido, me fui al baño de abajo y abrí el armario, pensando en que podría haber
algo útil allí. Una casa llena de gente tiende a acumular una gran cantidad de
medicamentos. Había algo de paracetamol y algunas pastillas para el dolor de
una prescripción de tres años antes. Tomé todas y volví a la habitación de Jack.
Arrodillamdome por su cabeza, le dijo: "Jack, ¿estás despierto? Olí vomito en su
aliento, y me pregunte que clase de infierno habían vivido él e Isabel en los
últimos tres días, se retorció mi estómago. Yo trataba de convencerme a mí
misma de que alguna manera él se merecía esto por hacerme perder a Sam,
pero no era verdad.
Le tomó un tiempo muy largo para responder. "No."
"¿Puedo hacer algo por tí? ¿Para que estes más cómodo?
Su voz era muy suave. "Mi cabeza me está matando."
"Tengo algunas pastillas para el dolor. ¿Crees que puedas pasartelas?"
Hizo un ruido vagamente afirmativo, así que tomé el vaso de agua junto a la
cama y le ayudé a tragar un par de cápsulas. Él murmuró algo que pudo haber
sido "gracias". Esperé quince minutos, hasta que los medicamentos
comenzaron a surtir efecto y ví cómo su cuerpo se relajaba un poco.
En algún lugar, Sam pasaba por lo mismo. Lo imagine tumbado en algún lugar,
su cerebro explotando de dolor, la fiebre, muriendo. Yo pensaba que si algo le
sucediera a Sam, yo tedría que saberlo, de alguna forma: sentiría un pinchazo
de angustia en el momento de su muerte. En la cama, Jack hizo un pequeño
ruido, un sonido no intencional de dolor, un gemido en su inquieto sueño. Todo
en lo que podía pensar era en la inyección de Sam con la misma sangre. En mi
cabeza, yo seguía viendo a Isabel presionándolo en sus venas, un cóctel mortal.
"Ya vuelvo", le dije a Jack, a pesar de que pensé que estaba durmiendo. Me fuí
a la cocina y encontré a Olivia apoyada en la isla, doblando un trozo de papel.
"¿Cómo esta?", Preguntó.
Sacudí la cabeza. "Tenemos que llevarlo al hospital. ¿Puedes venir?"
Olivia me miró de una manera que no pude interpretar. "Creo que estoy lista."
Empujó la hoja de papel plegada hacia mí. "Necesito que encontres una manera
de darle esto a mis padres".
Empecé a abrirlo y sacudió la cabeza, yo levanté una ceja. "¿Qué es esto?"
"Es una nota donde les digo que estoy huyendo, y no traten de encontrarme.
Ellos lo intentaran, por supuesto, pero al menos no van a pensar que fuí
secuestrada o algo así."
"Tu vas a cambiar". No era una pregunta.
Ella asintió e hizo otra cara raro. "Se está haciendo muy duro él no hacerlo, y
tal vez sea porque es muy desagradable él tratar de no cambiar, pero yo quiero
hacerlo. Realmente estoy entusiasmada de hacerlo. Sé que debería ser al
revés."
No sonaba así para mí, yo hubiera dado cualquier cosa por estar en su lugar,
para estar con mis lobos y con Sam. Pero yo no quería decirle eso, así que sólo
hice la obvia pregunta. "¿Vas a cambiar aquí?"
Olivia hizo un gesto para que la siguiera a la cocina y juntas nos paramos frente
a las ventanas hacia el patio trasero. "Quiero que veas algo. Mira, tienes que
esperar un segundo. Pero mira."
Nos quedamos viendo a la ventana, mirando el mundo muerto de invierno
muerto, enredado entre la maleza de los bosques. Durante un largo momento
no vi nada, más que un pequeño pájaro incoloro que revoloteaban de rama en
rama. Luego, otro leve movimiento me llamó la atención, hacia el suelo, y vi un
gran lobo oscuro en el bosque. Su ojos casi sin color estaban fijos en la casa.
"Yo no sé cómo ellos lo saben", dijo Olivia, "pero siento como si estuvieran
esperando por mí." De repente me dí cuenta de que la expresión de su cara era
de emoción, y me hizo sentir extrañamente sola.
"¿Quieres ir ahora, ¿no es así?"
Olivia asintió. "No puedo soportar la espera, ya no puedo esperar a dejame ir".
Yo suspiré y la miré a los ojos, eran muy verdes y brillantes. Tenía que
memorizarlos ahora para que yo pudiera reconocerlos más tarde. Pensé que
debería decirle algo, pero yo no podía pensar en qué. "Le daré tú carta a tus
padres. Ten cuidado, te echaré de menos, Olivia."
Abrí la puerta de vidrio, t el aire frío nos atacó.
Ella se echó a reír cuando el viento arrancó un escalofrío de ella. Ella era una
criatura extraña, llena de luz, que yo no reconocía. "Nos vemos en la
primavera, Grace".
Y corrió hacia el patio, despojandose de sus suéteres mientras lo hacía, y antes
de llegara a la línea de árboles, ella era una luz, un lobo claro, lleno de alegría y
saltaba. No había nada del dolor al cambio como el de Jack o Sam, era como si
estuviera destinada para esto. Algo en mi estómago se torció al verla. Tristeza,
envidia, o felicidad.
Eramos sólo los tres, los tres de nosotros que no cambiabamos.
Encedí el motor del coche para entrar en calor, pero al final no importó. Quince
minutos más tarde, Jack murió. Y ahora sólo eramos nosotras dos.

_________________

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MensajeTema: Re: Maggie Stiefvater - Shiver   Vie Dic 03, 2010 1:52 pm

CAPITULO 63
GRACE
Temperatura: -5.6° C
Vi a Olivia después de eso, después de que deje su nota en el coche de sus
padres. Ella se trasladana ligeramente en los bosques de penumbra, sus ojos
verdes la hacían inmediatamente identificable. Ella nunca estuva solo, otros
lobos la guiaban, le enseñaban, cuidandola de los primitivos peligros del los
desolados bosques de invierno.
Yo quería preguntarle si ella lo había visto.
Y yo creí que ella quería decirme "no".
Isabel me llamó unos días antes de las vacaciones de Navidad y de mi viaje con
Rachel. Yo no sé por qué me llamó, en lugar de venir hacía mi nuevo coche,
podía verla a través del estacionamiento de la escuela, sentada en su
camioneta.
"¿Cómo estás?", preguntó.
"Estoy bien", le contesté.
"Mentirosa." Isabel no me miró. "Tú sabes que él está muerto."
Era más fácil admitirlo por teléfono, que cara a cara. "Lo sé".
A través del gran helado y gris estacionamiento, Isabel cerró su teléfono. La oí
poner en marcha su camioneta, y luego la condujo hacia donde estaba mi
coche. Se oyó un clic cuando ella abrió la puerta del copiloto y un zumbido
cuando la ventanilla bajó. "Entra, vamos a alguna parte".
Fuimos al centro a comprar café, y luego, porque no había una plaza de
aparcamiento en frente, fuimos a la librería. Isabel miró en la entrada principal
por un largo tiempo antes de salir del coche. Nos quedamos en la acera de
hielo y miramos al aparador. Todos eran artículos de Navidad, de renos y pan
de jengibre.
"Jack amaba la Navidad", dijo Isabel. "Creo que es un día de fiesta estúpido. No
lo voy a celebrando más". Hizo un gesto hacia la tienda. "¿Quieres entrar? Yo
no he estado aquí en semanas".
"Yo no he estado aquí desde. . . me detuve. Yo no quería decirlo. Yo quería
entrar, pero no quería tener que decirlo.
Isabel abrió la puerta para mí. "Lo sé".
La librería era un mundo diferente en este invierno gris y muerto. Los estantes
azules habían adquirido un tono diferente. La luz era pura, de color blanco
puro. La música clásica jugaba en el aire, pero el zumbido de la calefacción era
la verdadera banda sonora. Miré al chico detrás del mostrador, de cabello
oscuro, delgado, inclinado sobre un libro, y por un momento, un nudo se formo
en mi garganta, demasiado grueso para tragar.
Isabel me tomó del brazo, lo suficiente para hacerme daño. "Vamos a encontrar
algunos libros sobre engordar."
Fuimos a la sección de libros de cocina y nos sentamos en el suelo. La alfombra
estaba frío, e Isabel hizo un enorme desorden, sacando una pila junto a ella y
poniendolos en el orden equivocado, y yo me perdí en las ordenada letras de
los títulos en los lomos, ausente, tirando los libros a fin de que se cayeran él
uno con el otro.
"Quiero aprender a engordar", dijo Isabel. Ella me entregó un libro sobre
repostería. "¿Cómo se ve esto?"
Hojeé dentro de esre. "Todas las medidas están en sistema métrico, y no en
tazas. Tendrías que tener una balanza digital."
"Olvídate de ese." Isabel lo puso de nuevo en el lugar equivocado. "Prueba con
este."
Este era sólo de pasteles. Hermosas capas de chocolate con frambuesas,
esponjas amarillas cubierto con crema de mantequilla, y empalagosos pasteles
de queso rociados con néctar de fresa.
"No puedes llevar contigo un pedazo de pastel a la escuela." Yo le entregué un
libro sobre galletas. "Prueba con este".
"Este es perfecto", dijo Isabel, y pusó el libro de lado en otra pila. "¿No sabes
cómo ir de compras? Ser eficiente no es una buena cosa. No se necesita
bastante tiempo. Voy a tener que enseñarte el arte de la navegación. Eres
claramente deficiente".
Isabel me enseñó la navegación en la sección de libros de cocina hasta que me
inquiete, y despues la deje, para deambular por la tienda. Yo no quería, pero
subí las alfombradas escaleras hacia el desván.
EL día nublado hacía que la galería pareciera más oscura e incluso más
pequeña de lo que me había parecido antes, pero el sofa aún estaba allí, y
también las estanterías donde Sam había buscado libros. Yo aún podía ver la
forma de su cuerpo acurrucado en frente de ellos, buscando el libro perfecto.
No debí haberlo hecho, pero me senté en el sofá y me tumbé sobre el. Cerré
los ojos y fingí tanto como pude que Sam estaba acostado detrás de mí, que yo
estaba segura en sus brazos, y que en cualquier momento sentiría su aliento
mover mi cabello y hacerme cosquillas en la oreja.
Casi podía olerlo aquí, tal vez si me esforzaba lo suficiente. No había muchos
lugares que aún mantuvieran su olor, pero yo casi podría detectarlo, ó tal vez
sólo lo deseaba tanto, que lo estaba imaginando.
Recordé que él me había hecho oler todo en la tienda de dulces. Para ceder a lo
que realmente era. Así que elegí los olores en la librería: el aroma de nuez de la
piel, los casi perfumes de limpieza de alfombras, la tinta negro dulce y el olor a
gasolina, el champú del chico en el mostrador, la fragancia de Isabel, el
perfume de la memoria de Sam y yo, besandonos en este sofá.
No quería que Isabel me encontrara con mis lágrimas, más de lo que ella quería
que la encontrara con las suyas. Ahora compartiamos muchas cosas, pero el
llorar era una cosa de la que nunca se hablaba. Me limpié la cara con la manga
y me senté.
Me acerqué al estante, donde Sam había conseguido su libro, rastree los títulos
hasta que lo reconocí, entonces saqué el volumen. Poemas por Rainer Maria
Rilke. Lo levanté a mi nariz para ver si era la misma copia. Sam.
Lo compré. Isabel compró el libro de cocina de galletas, y fuimos a la casa de
de Rachel y horneamos seis docenas de galletas, mientras que nos cuidabamos
de no hablar de Sam u Olivia. Al final, Isabel me llevó a casa y me encerré en el
estudio con Rilke, y lo leí y deseaba tantas cosas.
Y dejandote (no hay palabras para desenredarlo)

Tu vida, temerosa e inmenso y floreciente,
De modo que, a veces frustrada, y a veces
comprensiva,
Tú vida es a veces una piedra en ti, y luego, una estrella.

Yo estaba empezando a entender la poesía.

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MensajeTema: Re: Maggie Stiefvater - Shiver   Vie Dic 03, 2010 1:52 pm

CAPITULO 64
GRACE
Temperatura: -9.5° C
No era la Navidad sin mi lobo. Era la época del año donde siempre lo tenía, una
presencia silenciosa y persistente en el borde del bosque. Muchas veces, me
quede junto a la ventana de la cocina, mis manos olíendo a jengibre y nuez, y
pino y un centenar de otros olores de Navidad, mientras sentía la mirada en mí.
Y levantaba la mía para ver a Sam en la orilla del bosque, ojos de color de oro
constantes y sin pestañear.
No este año.
Me paré junto a la ventana de la cocina, mis manos no tenían olor a nada.
Ningún punto en hornear galletas de Navidad o poner un árbol este año, en
veinticuatro horas, estaría fuera por dos semanas con Rachel. En una blanca
playa de Florida, lejos de Mercy Falls. Lejos de los límites del bosque, y sobre
todo, muy lejos del vacío patio trasero.
Lentamente enjuagué mi taza de viaje, y por enésima vez en este invierno,
levanté la mirada para observar al bosque.
No había nada más que árboles en tonos de gris, sus ramas con nieve, se
dibujaban contra un cielo de invierno. El único color que había era el destello
brillante de un cardenal, batiendose en el aliemntador para pajaros. El picoteó
la base de madera vacía antes de volar lejos, una mancha roja en un cielo
blanco.
Yo no quería salir al patio con esta nieve, sin huellas de patas, pero tampoco
quería dejar el alimentador vacío mientras estaba fuera. Tomando la bolsa de
alpiste de debajo del fregadero de la cocina, me puse mi abrigo, mi sombrero,
mis guantes, y fui hacia la puerta de atrás y la abrí.
El aroma de los bosques de invierno me golpeó fuete, recordandome con
fiereza de cada Navidad que había importado.
A pesar de que sabía que estaba sola, me estremecí.

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MensajeTema: Re: Maggie Stiefvater - Shiver   Vie Dic 03, 2010 1:52 pm

CAPITULO 65
SAM
Temperatura: -9.5° C
La ví.
Yo era un fantasma en el bosque, en silencio, inmóvil, frío. Yo estaba
consagrado al invierno, el viento helado le daba forma física. Me quedé cerca
del límite del bosque, donde los árboles comenzaban a adelgazarse, y
perfumaban el aire, en su mayoría olores a muerte se encontraban a estas
alturas de la temporada. La mordedura de coníferas, el almizcle de los lobos, la
dulzura de ella, nada más que oler.
Ella se quedo de pie en la puerta, por espacio de varios suspiros. Su rosotro
estaba vuelto hacia los árboles, pero yo era invisible, intangible, nada más que
ojos en el bosque. La brisa intermitente llevaba su olor hacía mí, una y otra vez
y otra vez, cantando en otro idioma los recuerdos de otra forma.
Finalmente, finalmente, ella salió del porche y presionó la primera huella en la
nieve del patio.
Y yo estaba allí, casi a su alcance, pero aún a mil millas de distancia.

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MensajeTema: Re: Maggie Stiefvater - Shiver   Vie Dic 03, 2010 1:52 pm

CAPITULO 66
GRACE
Temperatura: -9.5° C
Cada paso que daba hacia el alimentador me llevaba más cerca de los bosques.
Olí las hojas crujientes de los matorrales, arroyos superficiales moviendose
lentamente debajo de una capa de hielo, el verano yacía inactivo estado en los
incontables esqueletos de árboles. Algo en los árboles me recordaba a los lobos
aullando en la noche, y eso me recordó al bosque dorado de mis sueños, ahora
oculto bajo un manto de nieve. Extraña tanto al bosque.
Lo extrañaba a él.
Le di la espalda a los árboles y pusé la bolsa de alpiste en el suelo junto a mí.
Todo lo que tenía que hacer era llenar el alimentador y volver a entrar para
hacer mis maletas, y volar con Rachel, a dónde yo trataría de olvidar todos los
secretos que se escondían dentro de estos bosques en invierno.

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MensajeTema: Re: Maggie Stiefvater - Shiver   Vie Dic 03, 2010 1:52 pm

CAPITULO 67
SAM
Temperatura: -9.5° C
La miré.
Ella no me había visto todavía. Sus pasos hacían un noc, noc, en el hielo, hacia
el comedero para pájaros. Poco a poco y de forma automática siguiendo los
pasos para limpiar el alimentador, abrirlo y llenarlo y cerrarlo y miralo como si
fuera la cosa más importante en el mundo.
La miré. Esperando a que se diera la vuelta y viera mi forma oscura en el
bosque. Se puso su sombrero hasta las orejas, exhaló una bocanada de aire
para verla girar en una nube en el aire. Ella aplaudió la nieve de sus guantes y
se dió la vuelta para regresar.
Yo no podía ocultarme más. También dí un respiro largo, y este hizo un leve
ruido, pero su cabeza se volvió inmediatamente hacia él. Sus ojos encontraron
la bruma de mi aliento, y luego a mí, mientras atravésaba en él, lento,
cuidadose, inseguro de cómo reaccionaría.
Ella se quedó helada. Completamente inmóvil, como un venado. Yo seguí
acercandome, sin dudarlo, cuidadosos grabados en la nieve hasta que estuve
fuera de los bosques y ya estaba de pie justo en frente de ella.
Ella estaba tan silenciosa como yo, y perfectamente inmóvil. Su labio inferior
temblaba. Cuando ella parpadeó, tres lágrimas de cristal brillantes dejaron
huellas en sus mejillas.
Ella pudo haber mirado a los pequeños milagros delante de ella: mis pies, mis
manos, mis dedos, la forma de mis hombros debajo de mi chaqueta, mi cuerpo
humano, pero ella sólo miraba mis ojos.
El viento azotaba de nuevo, a través de los árboles, pero no tenía fuerza,
ningún poder sobre mí. El frío mordía mis dedos, pero aún eran dedos.
"Grace", le dije, muy suavemente. "Dí algo".
"Sam", dijo ella, y yo la presioné contra mí.

FIN DEL LIBRO

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MensajeTema: Re: Maggie Stiefvater - Shiver   Sáb Dic 04, 2010 7:07 pm

Ayy chicas, no me había dado cuenta que aquí están traduciendo este libro que desde hace tiempo esperaba, gracias por los capítulos y por el libro
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MensajeTema: Re: Maggie Stiefvater - Shiver   Lun Dic 06, 2010 11:18 am

oh no!!! no lo tradujimos nosotras, esta zona fue una idea mía para comodidad de las chicas de leer los libros pendientes.
todos los libros que están en esta zona se encuentran fácilmente por la red.

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MensajeTema: Re: Maggie Stiefvater - Shiver   Lun Dic 06, 2010 9:03 pm

Gracias Gemma, ¿y el libro completo dónde lo puedo conseguir?
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MensajeTema: Re: Maggie Stiefvater - Shiver   Mar Dic 07, 2010 10:37 am

^^ enseguida te pongo el link :Manga30:

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MensajeTema: Re: Maggie Stiefvater - Shiver   Mar Dic 07, 2010 10:59 am

Código:
http://www.4shared.com/document/GvYu2yNl/Shiver_espaol.htm

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MensajeTema: Re: Maggie Stiefvater - Shiver   Miér Dic 08, 2010 5:39 am

Muchas gracias Gemma por el link, hace tiempo esperaba este libro, me encanta esta saga.


Besos
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Maggie Stiefvater - Shiver
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