Black and Blood


 
ÍndiceCalendarioFAQBuscarMiembrosGrupos de UsuariosRegistrarseConectarse
Feliz Año 2015!!!
Navegación
 Portal
 Índice
 Miembros
 Perfil
 FAQ
 Buscar
Conectarse
Nombre de Usuario:
Contraseña:
Entrar automáticamente en cada visita: 
:: Recuperar mi contraseña
Últimos temas
» LAS COTORRAS MÁS LOCAS DE LAS COTORRAS VIP.
Miér Feb 01, 2017 6:33 pm por rossmary

» saga Riley Jenson
Jue Ene 14, 2016 10:02 am por Vampi

» Kissing sin - Keri Arthur
Mar Ene 12, 2016 1:31 pm por Vampi

» Lista de libros con links de capítulos
Mar Ene 12, 2016 1:25 pm por Vampi

» Tempting Evil - Saga Riley Jenson 3 - Keri Arthur
Mar Ene 12, 2016 1:22 pm por Vampi

» Saga Tempting Evil, Riley Jenson Guardian, #3
Vie Ene 17, 2014 8:03 pm por rossmary

» Anuncia Tu Blog!
Jue Ene 16, 2014 10:10 pm por rossmary

Buscar
 
 

Resultados por:
 
Rechercher Búsqueda avanzada

Comparte | 
 

 Alexandra Ivy - guardianes de la noche (libro 1 - 2 y 3)

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo 
Ir a la página : Precedente  1, 2, 3, 4, 5  Siguiente
AutorMensaje
Vampi
Admin
Admin
avatar

Grupos : *Traductora *Correctora de Estilo
Virgo Mensajes : 7617
Rango : 300
Edad : 35
Fecha de inscripción : 08/02/2010
Localización : Valencia

MensajeTema: Re: Alexandra Ivy - guardianes de la noche (libro 1 - 2 y 3)   Vie Dic 03, 2010 6:28 pm

Capítulo 24


Abby se mordió el labio inferior mientras el vello de su nuca se erizaba y sus palmas comenzaban a sudar.
Era la misma sensación que había experimentado cuando tenía cinco años y había entrado en la casa embrujada de un parque de atracciones, y había pasado casi dos horas acurrucadas en una oscura esquina, con demasiado miedo como para moverse y poder escapar hacia la puerta.
No había sabido porqué estaba asustada. Sólo que percibía algo en la oscuridad que esperaba para devorarla.
Por supuesto, con la madurez que da la edad, era fácil mirar hacia atrás y darse cuenta de que su miedo había sido causado por una combinación de sobreestímulos, oscuridad asfixiante, y haber sido abandonada en la casa por su madre.
De todos modos, el sentimiento de ser devorada había sido muy real.
Justo como lo era en este momento.
Cuadrando los hombros con gravedad, Abby permitió que la condujeran a través de los oscuros y vacíos cuartos, hasta que la anciana bruja por fin hizo una pausa para abrir una puerta y comenzar a bajar por la estrecha escalera.
Ya no era una niña.
No se acurrucaba en esquinas.
Contraatacaba con ganas.
Bien… tal vez no con ganas. Más bien con una combinación de arrastre, forcejeos, y desolladuras.
Pero nunca volvería a ser una víctima voluntaria.
Un olor rancio a tierra húmeda y moho se enroscó sobre Abby cuando alcanzaron los escalones finales. Vaciló cuando la completa oscuridad la cegó momentáneamente.
—No tengas miedo —susurró Edra, y su anciana cara se hizo de repente visible como un fuego floreciendo a la vida en un gran brasero—. No hay nada aquí que pueda hacerte daño.
Nada excepto tú, susurró silenciosamente Abby.
—¿Por qué estamos aquí?
La bruja se desplazó a través del suelo.
—Hay algo que quiero enseñarte.
Edra caminó hacia lo que parecía ser una larga losa de mármol al lado del brasero. Tenía toda la pinta de ser algo que se pondría sobre una tumba.
A lo largo del borde del mármol estaban meticulosamente preparadas velas negras y hierbas secas. Y en el mismo centro había un extraño símbolo dibujado con un denso y coagulado líquido que brillaba con un matiz negro rojizo.
El estómago de Abby se cerró cuando de mala gana siguió la estela de la mujer.
—¿Qué es esto?
—Mi humilde altar —la bruja se estiró para acariciar la piedra fría con una mano reverente—. No es lo que deseaba ofrecer a la querida Diosa, pero me vi obligada a dejar mucho después del ataque del mago.
—¿Por qué estamos aquí?
La diminuta cabeza giró para traspasar a Abby con una brillante mirada fija. Abby hizo una mueca. A la luz cambiante de la vela, la mujer parecía un lagarto arrugado.
Y casi tan cálida.
—Para cambiar el mundo, milady.
Abby se movió con inquietud.
—Eso es un poco ambiguo.
—Este es el tiempo en el que la gloria máxima del Fénix será revelada. Su poder purificará el mundo.
Purificará el mundo.
Ciertamente sonaba más agradable que el asesinato de masas.
—¿Purificar el mundo de qué? —exigió ella, necesitando oír a la mujer admitiendo sus malvadas intenciones.
—Del Mal.
—De nuevo, un poco ambiguo —se rodeó la cintura con los brazos. Cualquier sótano oscuro y húmedo era espeluznante, pero con las velas, la losa mortuoria y una sustancia viscosa que podría ser o no sangre, esto llevaba lo espeluznante a un nuevo nivel—. ¿Exactamente qué mal vamos a purificar?
—Los demonios, por supuesto. Y aquellos que adoran al Señor Oscuro.
—El Señor Oscuro ha sido desterrado de este mundo.
La impaciencia, así como algo que podría haber sido cólera, apretó los labios de la mujer más vieja. Obviamente ella no era una gran entusiasta de poner sus decisiones a debate.
—Su inmundicia todavía corrompe el mismo aire que respiramos. Él llama a sus discípulos y ellos acuden. Todos ellos deben ser eliminados —dijo con aspereza.
Abby se lamió los labios.
—¿Y espera que el Fénix haga eso?
—Por supuesto. La Diosa querida estaba destinada a gobernar —estiró sus manos nudosas como aceptando la adoración de unos discípulos invisibles—. Tal como yo tengo la intención de gobernar. Nuestro tiempo por fin ha llegado.
¡Dios mío!, la mujer estaba loca.
Date prisa, Dante, susurró silenciosamente. Por favor apresúrate.
—Entiendo su deseo. Es sin duda admirable, pero seguramente hay otros medios de combatir el mal, ¿no? —procuró apaciguarla. Sosegar a la persona loca. Siempre había sido su lema.
Absurdamente la bruja pareció ultrajada en lugar de calmada.
—¿Entender? —se movió para quedar de pie directamente frente a Abby—. ¿Qué es lo que podrías entender, muchacha?
—Entiendo la diferencia entre el bien y el mal.
—Hasta hace unos días, pensabas que los demonios no eran nada más que cuentos de hadas.
Abby comprobó que su terror era tragado por una cólera creciente. ¡Maldita sea! Ella no había querido ser ningún estúpido Cáliz. O tener monstruos persiguiéndola alrededor. O ser una especie de salvadora del mundo.
Pero ahora que había sido obligada a estar en esta posición, no iba a ser intimidada para convertirse en el mal contra el que se suponía que luchaban.
—Tal vez no lo sabía, pero ahora me he dado cuenta de que hay muchas clases de demonios. No todos ellos son malvados.
—El vampiro —silbó Edra—. Te ha seducido.
Abby apretó las manos.
—Esto no tiene nada que ver con Dante. No formaré parte de un asesinato en masa.
La bruja se acercó lo suficiente como para envolver a Abby en un olor ácido de sudor y dientes de ajo.
—¿Has luchado contra la oscuridad durante los últimos tres siglos? —dijo ásperamente—. ¿Has dado tu misma alma para mantener el horror a raya? ¿Has visto a mujeres inocentes asesinadas como cerdos bajo la magia de un mago inmundo?
Casi a regañadientes, Abby retrocedió tropezando. Sus ojos podrían decirle que podía coger a la frágil anciana y agitarla bastante. Su corazón le advirtió de que la bruja podría agitar una varita y aplastarla como a un bicho.
—Soy el Cáliz —alardeó—. No puede obligarme a realizar un hechizo.
—Yo preferiría que te unieras a mí —Edra levantó una mano para apuntar con su dedo directamente entre los ojos de Abby—. Pero podemos hacerlo del modo difícil.
Ah Dios, aquí viene la parte en que se aplasta al bicho.
—No… espere…
Las palabras apenas dejaron sus labios cuando un dolor cegador explotó en su cabeza.
Abby cayó de rodillas. Se agarró la cabeza mientras de pronto comprendía que iba a morir.
Nadie podría sobrevivir a tal dolor.
Dante, ¿dónde demonios estás?


Viper y Dante se deslizaron entre las sombras mientras los sonidos de pasos resonaban a través del corredor.
Aspirando profundamente, Dante se inclinó cerca de su compañero y susurró directamente en su oído:
—Dos hombres, ambos humanos —sus colmillos se alargaron—. Me encargaré de ellos. Tú ve por Abby.
Viper hizo una pausa.
—¿Estás seguro?
—No puedo herir a Edra. Tú puedes.
Una sonrisa fría tocó los elegantes rasgos.
—Será un placer.
Ni siquiera el aire se movió cuando Viper desapareció de su lado. Permaneciendo en las sombras, Dante esperó a que los hombres pasaran delante de él. Sólo entonces saltó hacia adelante, derribando con fuerza al guardia más cercano.
Sintió al segundo hombre agarrar su brazo. Sin echar una mirada en su dirección, Dante lo lanzó contra la cercana pared. Hubo un ruido sordo y un gemido cuando el atacante se deslizó al suelo.
El hombre debajo de él luchó denodadamente por alcanzar algo bajo su abultada figura. Dante sonrió irónicamente, sabiendo que el tonto sin duda quería llegar hasta un arma. O no sabía que un vampiro lo sujetaba o no tenía ni idea de que las balas no podían dañar a los no muertos.
Agarrando un puñado de cabello, Dante golpeó el denso cráneo contra el suelo, y luego otra vez. Sintió que el cuerpo bajo él se aflojaba, y se puso de pie.
Ambos hombres estaban sin sentido, pero no pensaba dejarlos atrás. Abriendo una puerta cercana, volvió hacia los hombres inconscientes y los arrojó con facilidad dentro del cuarto estrecho. Con la misma velocidad, los ató con sus cinturones y cerró la puerta.
Avanzó de nuevo silenciosamente. Por delante de él había un acre olor a sangre. Viper, sin duda. A menos que las brujas se unieran, no serían rivales para el poderoso vampiro.
Ignorando el potente olor, Dante se dirigió hacia la parte trasera de la casa. El débil aroma de la Shalott lo condujo por la biblioteca vacía hacia un pequeño armario que había sido cerrado con llave con tres barras de hierro.
Aunque no era una barrera para vampiros, Dante apostaría que aquel hierro era una amenaza para la Shalott.
Con una mueca ante el inevitable ruido, Dante arrancó las barras de la puerta, lanzándolas a un lado mientras echaba un vistazo sobre su hombro para asegurarse de que nadie llegaba a la carga al cuarto para enfrentarse a él.
El cuarto estaba vacío, pero su distracción momentánea no quedó sin castigo cuando la puerta explotó hacia afuera y una esbelta figura saltó hacia adelante para golpearlo en la barbilla con una dura patada.
Con un gruñido que era tanto de molestia como de dolor, Dante se giró para descubrir a la demonio agazapada en gesto amenazante.
Había una belleza letal, casi embriagadora, en sus piernas delgadas y el cabello negro suelto, pero Dante no tenía ningún interés en sus atributos físicos. O incluso en la nube de feromonas que llenaron el cuarto.
Su unión con Abby lo hacía impermeable a su potente encanto.
En lugar de eso, se preparó para otro ataque.
Ella no conseguiría otro golpe fácil.
Sosteniendo una mano en alto, la observó con el ceño fruncido.
—Permíteme hablar.
Sus manos se flexionaron en advertencia.
—Quédate atrás, vampiro.
—Esto puede ser difícil de creer, pero he venido para ayudarte.
Sus labios se curvaron.
—Y todo lo que tengo que hacer es permitir que tengas unos sorbos, ¿verdad? Gracias, pero no gracias.
Dante apretó los dientes. ¿Había nacido alguna vez una mujer —humana, demonio o de otro tipo— con la que no hubiera que discutir?
—No tengo ningún deseo de tu sangre, Shalott —espetó él—. Pero necesitaré tus habilidades.
—Olvídalo —se balanceó suavemente, como una cobra dispuesta a atacar—. Primero te veré muerto.
Dándose cuenta de que ella pensaba que él se refería a sus habilidades hereditarias para seducir a los vampiros, hizo un impaciente gesto con la mano.
—Necesito tus habilidades de combate —permitió que su mirada se deslizara hacia los cortes salvajes que desfiguraban sus brazos y la parte superior de su torso. Apostaría a que ella poseía más haciendo juego en su espalda. Había sido azotada como si fuera un animal—. Tengo la intención de acabar con las brujas.
Ella se quedó quieta, juntando las cejas de golpe.
—Es imposible. Son demasiado fuertes.
—No después de que casi fueran aniquiladas por el mago. No pueden aguantar contra dos vampiros y una Shalott.
Ella olió el aire como buscando decidir si decía la verdad.
—¿Por qué debería confiar en ti?
—Estoy tan encadenado como tú.
Ella contuvo la respiración.
—La bestia.
—Sí.
Sin previo aviso, se enderezó y Dante exhibió sus colmillos. Promesa o no, si la mujer lo atacaba otra vez, él le arrancaría la garganta.
En cambio, lo miró ferozmente con un asomo de alarma.
—¿El Fénix está aquí? —preguntó—. Debes llevártela.
—Eso es exactamente lo que tengo la intención de hacer. Con tu ayuda.
—Si ellas realizan el ritual…
—¿Puedes luchar? —interrumpió él.
—Sí. El hechizo sólo puede obligarme a acudir cuando ellas me convocan.
Él sonrió con ironía.
—Quise decir que si estás lo bastante bien como para luchar. Te han herido.
Ella pareció momentáneamente sorprendida por su preocupación.
Como si esto fuera lo último que ella esperara. Entonces, como avergonzada por su demostración de vulnerabilidad, elevó la barbilla orgullosamente.
—Puedo luchar.
—Entonces vamos.
Hubo un tenso instante antes de que ella diera un vacilante asentimiento con la cabeza y salieran del cuarto uno al lado del otro. Ninguno se sentía cómodo teniendo al otro en su espalda.
—El sótano —refunfuñó él, y con un asentimiento ella se dirigió por el pasillo hacia lo que él esperaba fuera la entrada a las escaleras.
Cuando se acercaron a la cocina, sin embargo, ella redujo su paso mientras le lanzaba un ceño en advertencia.
—Ahí delante han usado magia.
Dante dio un torvo cabeceo mientras se inclinaba para sacar las dagas de sus botas. Podría haber cogido un arma de los guardias que había capturado, pero lo último que quería era algún vecino fisgón que llamara a los polis.
Dudaba que pudiera convencer a la persona más ejemplar de Chicago que dos vampiros y un demonio eran los tipos buenos.
Deslizándose en la cocina, la mirada fija de Dante destelló sobre el círculo de brujas que en ese momento mantenían a Viper atado con un hechizo. Gruñendo con furia, el vampiro mayor luchaba con todo lo que tenía, pero era obvio que por el momento estaba atrapado.
Por suerte, sus forcejeos aseguraron que las brujas estuvieran descuidadas ante el acercamiento de Dante. Necesitaban todo lo que tenían para mantener a Viper enjaulado.
Obligado a detenerse mientras determinaba cual de las mujeres había sujetado su correa, Dante se sobresaltó brevemente cuando un borrón pasó veloz como un rayo y la Shalott se lanzó hacia la bruja más cercana. Hubo un fuerte alarido seguido rápidamente por otro cuando Dante lanzó su daga a la espalda de una bruja que canturreaba.
Dándose cuenta demasiado tarde del peligro, las brujas se giraron para enfrentar su última amenaza y el hechizo vaciló. Dante corrió hacia adelante justo cuando Viper sonreía con cruel anticipación.
Al final, la batalla fue corta y brutal. Las brujas más viejas fueron muertas a manos de Viper y la Shalott, mientras que Dante usó sus poderes de cautivación en las brujas más jóvenes. Ahora estaban sentadas, acurrucadas en el suelo, cuidando sus heridas y esperando las órdenes de Dante obedientemente.
Su ligero toque había sido aplastante al quebrar fácilmente el espíritu de ellas. Ni siquiera podían menearse en el suelo sin su permiso.
Recuperando su daga, enjugó la sangre antes de deslizarla de vuelta en su vaina.
Cuando se enderezó, vio a Viper andar despacio con paso majestuoso hacia el demonio femenino, y los ojos del vampiro mayor brillaron con un fuego peligroso.
—Ah, la Shalott —murmuró Viper en tono sedoso—. Hermosa.
Moviéndose hasta que su espalda estuvo contra la pared, la demonio alzó una mano en advertencia.
—No te acerques.
Viper se rió entre dientes.
—No te haré daño.
La Shalott echó atrás su larga melena de rizos color azabache. Dante sofocó un gemido ante el movimiento inconscientemente provocativo. Con la sed de sangre que corría caliente en el aire, la demonio haría mejor en desempeñar el papel de una víctima pasiva que desafiar directamente a Viper.
—Sí, he oído eso bastantes veces —se mofó ella—. Por lo general directamente antes de que alguien trate de hacerme daño.
Sin sorpresa, Viper se deslizó hacia delante y Dante lo siguió rápidamente, justo detrás de él.
Maldita sea, no tenían tiempo para esta tontería.
Debatiendo cuánta fuerza sería necesaria para detener al decidido vampiro, Dante se encontró desplazado completamente a un lado a la espalda de Viper cuando él bruscamente hizo un alto y olió el aire.
—Humana —aspiró.
Los ojos de la Shalott se ensancharon.
—¿Qué?
—Eres mestiza.
Sin advertencia, la demonio saltó sobre Viper y lo tumbó en el suelo. Acabó sentada en su pecho.
—No me presiones, vampiro —gruñó ella.
Viper se rió mientras se giraba para enviarla al suelo, sujetándola con su cuerpo más grande.
—No tomes más de lo que puedas masticar, humana.
Dante ya había aguantado bastante. Su cuerpo entero vibró con la necesidad de encontrar Abby y sacarla de esta casa.
—¿Vamos a luchar contra las brujas o entre nosotros? —exigió bruscamente.
Viper asintió con la cabeza cuando se levantó y tiró de una reacia Shalott para levantarla del suelo.
—Tendremos que terminar nuestro juego más tarde, encanto —murmuró mientras se movía directamente hacia la puerta casi escondida en la despensa—. El trabajo es lo primero, me temo.

_________________

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]


[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]


Última edición por Gemma el Vie Dic 03, 2010 7:27 pm, editado 1 vez
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://blackandblood.activosforos.es
Vampi
Admin
Admin
avatar

Grupos : *Traductora *Correctora de Estilo
Virgo Mensajes : 7617
Rango : 300
Edad : 35
Fecha de inscripción : 08/02/2010
Localización : Valencia

MensajeTema: Re: Alexandra Ivy - guardianes de la noche (libro 1 - 2 y 3)   Vie Dic 03, 2010 6:28 pm

Capítulo 25


Parecía una lástima dejar la oscuridad.
La oscuridad era cálida y tranquilizadora, y no tenía una bruja psicópata o un zombi alborotador.
Y lo mejor de todo, la oscuridad no tenía el dolor punzante que podía sentir acechando en la parte posterior de la cabeza.
Desafortunadamente, junto con el dolor en la parte posterior de la cabeza estaba también la sensación omnipresente de Dante. Aunque estaban separados, podía sentir su fría furia mientras luchaba para llegar a su lado.
Hasta que pudiera llegar al sótano, dependería de ella evitar que Edra usara el Fénix para llevar a cabo su demente hechizo.
Maldición.
Absorbiendo lentamente el dolor punzante que tenía en la cabeza, Abby abrió los ojos de golpe para descubrir que estaba atada con correas a una losa de mármol.
Por alguna razón, no estaba sorprendida en lo más mínimo.
¿Cuán morboso era eso?
Se tragó un gemido y entonces, como cualquier loco que alguna vez se ha encontrado atado, instintivamente luchó contra las correas de cuero que la sujetaban.
Fue un esfuerzo inútil, por supuesto. Las correas no estaban demasiado apretadas, pero la retendrían. Aún así, con ese movimiento había rozado el brazo contra la cintura, y se acordó de que tenía la daga en su funda. La camisa había servido para esconder el arma, y afortunadamente la bruja no había pensado en revisarla.
Si ahora pudiera liberar los brazos para usarlos.
Encubiertamente se escabulló hacia un lado. Como esperaba, la correa se clavó en su brazo izquierdo, pero aflojó la presión en el otro. A punto de descubrir si podría menear el brazo libre, fue parada cuando una sombra cayó sobre la mesa.
—Ah, así que te has despertado —Edra sonrió con helado placer.
Obligándose a permanecer perfectamente quieta, Abby miró enfurecida a los ojos de lagartija.
—Debes detener esto —rechinó los dientes.
—Es demasiado tarde. El hechizo será lanzado pronto.
La bruja se aproximó, agarrando lo que parecía un cáliz de plata. Abby se encogió contra el frío mármol. No sabía lo que había en el extraño cáliz, pero estaba segura que no quería saberlo.
Ante su movimiento, las velas parpadearon y su atención fue capturada por un bulto inmóvil en el centro del piso.
El corazón se le paró mientras parpadeaba, y entonces parpadeó de nuevo.
No era un bulto. Era el cuerpo de una mujer con el pelo negro y corto, y un tipo de maquillaje gótico que sólo permitía determinar que era una mujer joven.
Y muy, muy muerta.
Yacía en el duro suelo, con los ojos completamente abiertos como si captara una sorpresa sin fin, y la boca abierta. Lo más horrible de todo era el feo corte que le estropeaba la garganta y permitía que la sangre coagulada formara un charco en la suciedad debajo de la barbilla.
Abby jadeó mientras luchaba contra una creciente náusea.
—Por todos los infiernos. ¿La mataste tú? —graznó.
—Una magia tan poderosa exige sangre.
De mala gana, Abby volvió la mirada a la mujer parada sobre ella.
—Estás loca. Estás loca de remate.
Una mancha de color cubrió sus pastosas mejillas.
—Cierra la boca. No sabes nada de los sacrificios que he aguantado —siseó—. Durante tres siglos he consagrado mi vida a este momento. Mientras Selena se mimaba y atusaba y se rodeaba de lujos, yo me escondía en las sombras y la protegía. Encaré al mal y lo mantuve a raya. Investigué en el corazón de la oscuridad y me preparé para acabar con aquellos que quisieran destruir el Fénix. Soy yo quien salvará el mundo.
Abby se movió todavía más hacia un lado, aflojando más el brazo. Tenía que liberarse. No se podría razonar con la lunática. Toda la cordura que una vez pudo haber poseído se había ido hace mucho.
—¿Y por eso merecías rebanar la garganta de una chica inocente? —demandó, decidida a mantener a la mujer demasiado enfadada para notar los extraños meneos.
—Su muerte servirá a una causa superior —no había ningún destello de remordimiento—. Es un destino al que todos debemos aspirar.
—He notado que tú no te has ofrecido como sacrificio.
El cáliz tembló en las manos de Edra.
—Cállate, asquerosa perra. Te has profanado con un vampiro. No eres digna de ser el Cáliz.
—Mala suerte. Soy todo lo que tienes.
—Muy pronto te enseñaré algo de respeto, justo como le enseñé a Selena.
Meneo, meneo.
—Mejores matones que tú lo han intentado.
Sólo por un momento, Abby pensó que había empujado a la bruja demasiado lejos. El brillo febril en sus ojos se oscureció en una pura furia, y sus labios se curvaron en un gruñido.
La tentación de decir “Al infierno con salvar el mundo y castigar a la perra como se merece” mantuvo agarrada a Edra antes de que temblase y se apartarse de la completa locura.
—¡No! ¡No me distraerás! ¡No ahora!
Introdujo las manos en el bolsillo de su túnica y sacó un pequeño objeto de metal. Abby frunció el ceño. Después de todas las cosas horribles que había soportado durante los últimos días, casi había esperado que la bruja sacara un cuchillo o una serpiente, o al menos un conejo mágico.
El pequeño amuleto parecía asombrosamente inofensivo.
Al menos hasta que descansó sobre el centro de su pecho.
Al principio no hubo nada. Sólo una sensación fría que le recorrió la piel. Entonces, justo cuando empezaba a tener la esperanza de que la pieza de hierro fuera falsa, el olor a humo empezó a llenar el aire.
Abby gritó cuando el amuleto ardió fácilmente a través del tejido fino de la camisa y le tocó la piel.
El metal se estaba marcando en su piel, y no había ninguna garantía que se detuviera antes de que se las arreglara para quemar un camino a su corazón.
—¿Qué estás haciendo? —jadeó, luchando para liberar la daga de su funda. Ya no le importaba si la bruja se daba cuenta de lo que estaba haciendo. Si no se liberaba, el hechizo sería lanzado o estaría muerta.
Ninguna era una alternativa aceptable.
Afortunadamente, Edra cerró los ojos mientras sostenía el cáliz directamente sobre el amuleto.
—El amuleto me ayudará a obtener el poder del Fénix —murmuró.
—Para, me está quemando.
La mujer empezó a cantar en voz baja, y con el dolor cortante atravesándole el cuerpo, Abby pudo sentir el movimiento del espíritu en ella.
Con un duro esfuerzo, se las arregló para liberar la daga, pero su brazo permaneció sujeto por las correas.
Dios querido, no iba a llegar a tiempo
Inspirando profundamente, gritó con todo lo que tenía.
—¡Dante!


Estando ya en las escaleras, Dante se movió a una velocidad increíble para colocarse en el centro del sótano.
Sus manos se apretaron al descubrir a Abby atada a la mesa de mármol con la bruja merodeando a su lado. Incluso desde la distancia podía darse cuenta del hedor de la carne chamuscada.
—Abby...
—Dante, está haciendo el hechizo.
—La bestia —los ojos de Edra se abrieron de golpe para sujetar a Dante con una mirada febril—. Debería haber sabido que no morirías tan fácilmente. Bien, no temas. No seré tan descuidada esta vez.
—¡Detente! —gruñó Dante cuando sintió a Viper y a la Shalott a su espalda.
—No podemos dejar que complete el ritual —dijo Viper en tono helado.
—Hay una barrera.
Viper maldijo en una lengua antigua.
—Odio la magia —giró la cabeza hacia la Shalott—. ¿Qué hay de ti? ¿Puedes romper el hechizo?
La demonio negó con la cabeza.
—No.
Dante apretó los dientes. Quería aullar de frustración. O matar a alguien.
Estar tan cerca y no ser capaz de alcanzar a Abby era insoportable.
Bordeando la barrera, emitió un gruñido bajo con la garganta. El círculo había sido completado. Estaba cerrado hasta que la bruja hubiera terminado el hechizo.
Nunca se había sentido tan desamparado en su vida.
¡Y maldita sea si le gustaba!
Dante continuó siguiendo la línea del círculo, y buscó algo con lo que distraer a la bruja. Si pudiera hacerla vacilar por sólo un momento, la barrera se rompería. No podría levantarla de nuevo antes de que él y Viper estuvieran sobre ella.
De cualquier modo, era más fácil decirlo que hacerlo. No había nada en el sótano que sirviera de alguna ayuda.
Negándose a abandonar, se movió hasta estar directamente detrás de la bruja. Abby gimió suavemente, y la mirada de Dante se movió instintivamente hacia donde estaba atada a la losa.
Durante un momento no pudo ver nada a través la bruma roja de furia. Tenía que llegar a ella. Ahora.
Entonces su atención fue capturada por el reflejo de las velas en la daga que tenía en la mano. Se detuvo al darse cuenta de que estaba usando el keris para cortar la correa de cuero.
Su mirada se quedó clavada en la de ella mientras silenciosamente la instaba a darse prisa. Edra ya estaba inclinando el cáliz para verter la sangre sobre el amuleto. Estaba completando el ritual que la permitiría doblegar el poder del Fénix a su voluntad.
Si el hechizo era recitado, no sería capaz de rescatar a Abby.
O a sí mismo.
Lanzó una mirada de reojo para asegurarse de que Viper se había dado cuenta del intento de fuga de Abby. El vampiro más mayor asintió levemente con la cabeza.
Se movieron juntos, preparados para atacar en el momento que la barrera fuera destruida. La Shalott escogió un punto directamente enfrente de la bruja. Un demonio con tácticas bélicas.
Quién lo habría dicho.
Inconsciente de todo salvo del hechizo que estaba lanzando, Edra sostuvo el cáliz por encima de su cabeza y entonces lo bajó lentamente para derramar una medida de sangre espesa directamente sobre el amuleto.
Dante se paralizó.
El hechizo estaba empezando.
Él muy bien podría estar muerto antes de que Abby pudiera liberarse.
La sangre golpeó el amuleto y chisporroteó contra el ardiente calor. Un extraño murmullo llenó los oídos de Dante, y él golpeó sus puños inútilmente contra la barrera.
—Abby —dijo ásperamente.
Como si sintiera su creciente pánico, Abby apretó los dientes y rompió el último pedazo de cuero. El amuleto en su pecho pareció destellar cuando apartó el hierro ardiente de su piel y luchó por sentarse.
Desde atrás, Dante vio como Edra se quedaba paralizada por la conmoción.
En su arrogancia, había pensado que nada podría parar su glorioso intento de poder. Ciertamente no una mujer pequeña sin ninguna habilidad para ejercer la magia, ni reclamo para las artes más oscuras.
No había contado con la terca determinación de Abby.
Algo que él había aprendido a no menospreciar.
Ignorando el obvio dolor que debilitaba su cuerpo, Abby se las arregló para incorporarse, usando el impulso para cortar con el keris. Sintiendo tardíamente el peligro, la bruja retrocedió de un salto, evitando un golpe mortal.
Afortunadamente, la daga consiguió hacerle un corte en el brazo, enviando el cáliz a estrellarse contra el suelo.
Más importante, con su concentración destruida, la barrera se desvaneció en niebla.
Con un rugido, Viper cruzó la habitación y sujetó a la bruja contra el suelo. Dante estaba al lado de Abby, tirando de las últimas correas y cogiéndola en sus brazos.
—¡No! —levantando las manos en advertencia, Abby saltó de la mesa con un giro, y luchó para mantener el equilibrio—. ¡No me toques!
Muy despacio, Dante la rodeó para enfrentarla, alzando las cejas.
—Abby, ¿qué pasa?
Ella se rodeó la cintura con los brazos.
—Me estoy quemando.
Dante asintió lentamente. Incluso en la distancia podía sentir el calor saliendo en ondas de su cuerpo.
—¿El Fénix?
—Sí —ella se giró hacia la bruja que estaba en el suelo—. El hechizo ha empezado.
—Viper, mátala —gruñó Dante.
—Con placer.
Bajando la cabeza para hundir los colmillos en el cuello de la bruja, Viper dejó escapar un gruñido bajo y entonces asombrosamente retrocedió volando mientras Edra luchaba por sentarse. En su mano estaba el amuleto.
—Mierda —Dante se estaba moviendo incluso cuando Edra levantó la mano para golpear a Viper otra vez.
Sin embargo, aún con lo rápido que se movía, la explosión de poder era más veloz. Maldijo cuando se dio cuenta que nunca llegaría a tiempo. Entonces, sin advertencia, la Shalott saltó sobre Viper, recibiendo el golpe en su espalda y desplomándose sobre el asombrado vampiro.
Dante giró de nuevo para fulminar con la mirada a la bruja, que con dificultad luchaba por ponerse de pie.
—No puedes dañarme —jadeó, quizá más para tranquilizarse a sí misma que para recordar a Dante su impotencia.
—Aún no, pero pronto te veré en el infierno.
Ella rió salvajemente.
—El hechizo ha empezado. Nadie lo puede parar ahora.
Rápidamente volvió su atención a Abby para encontrarla de rodillas. Estaba gimiendo mientras se balanceaba adelante y atrás.
—Dios... Abby.
—No puede oírte. El Fénix ha tomado el control, y pronto la Diosa liberará el poder que he reclamado —la salvaje risa vino otra vez—. Está a punto de matarte, vampiro.
—¡No! —con un grito, Abby se levantó.
Dante tropezó hacia atrás cuando la fuerza de su presencia llameó abruptamente a través de la habitación.
Apenas podía reconocer a su compañera.
Bajo la luz de las velas, su piel pálida brillaba con una luminosidad extraña, y los ojos azules se habían vuelto de un carmesí brillante, como si hubiera llamas encendidas detrás de ellos. Incluso su pelo parecía flotar en una brisa invisible mientras elevaba los brazos por completo y empezaba a andar hacia la bruja.
—Amada Diosa —susurró la bruja mientras se ponía de rodillas lentamente.
Dante trató de avanzar sólo para gritar cuando una ola de calor lo lanzó al suelo. El mismo aire estaba chisporroteando alrededor de Abby, haciendo imposible alcanzarla.
Condenado infierno, iba a incendiar la casa con ellos dentro.
Después de conseguir matar a cada demonio.
Empezando por él.
Luchando contra la oscuridad que amenazaba con aplastarlo, Dante se obligó a ponerse de rodillas.
—Abby, debes parar... —gruñó.
—No —Abby no apartó la atención de la bruja arrodillada—. Esto debe terminar ahora.
Mierda. No se podía mover. No podía hacer ni una maldita cosa.
—Abby.
Alcanzando a la mujer mayor, Abby estiró la mano.
—Levántate.
—Sí —con dificultad, la bruja se las arregló para levantarse, con una expresión aduladora en su cara—. He esperado tanto tiempo para bañarme en tu gloria. Para contemplar la entera maravilla de tus poderes.
—Conocerás la totalidad de mis poderes, Edra.
Las palabras salieron de la boca de Abby, pero la voz no pertenecía a ella. Había sido consumida completamente por el espíritu en su interior.
—¡Bendita seas, ama! ¡Bendita seas!
Atrapada y sostenida por el ardiente fuego de los ojos de Abby, la bruja caminó lentamente hacia delante. Dante frunció el ceño cuando Abby enlazó los brazos alrededor de la mujer. ¿Qué demonios se proponía el Fénix?
Escuchó a Viper y a la Shalott gimiendo detrás de él, pero su mirada no se desvió de Abby mientras ella cerraba los ojos e inclinaba la cabeza hacia atrás.
Durante un momento no hubo nada.
Sólo la pulsante oscuridad que se aferraba a él con la promesa de muerte. Y entonces, surgida de la nada, hubo una violenta explosión.
Dante voló hacia atrás, aterrizando con un fuerte golpe contra una pulida pared.
Los oídos le zumbaban, y estaba bastante seguro de que su cerebro se había desplazado. Pero sorprendentemente, no estaba muerto.
Al menos, no de momento.
Sacudiendo la cabeza para despejar la niebla, buscó frenéticamente a través del espeso humo que llenaba el aire. Un miedo punzante lo recorrió cuando se dio cuenta de que la oscuridad invasora había sido barrida por la llama.
E incluso más espantoso, la atadura que le había mantenido prisionero durante los últimos tres siglos, había sido cortada bruscamente.
Estaba libre. ¿Pero a qué precio?
No.
Demonios, no.
No podía creer que Abby estuviera muerta. No podía creerlo.
Gateando sobre las manos y las rodillas, cruzó el sucio suelo hasta el último lugar en el que había visto a Abby. Le llevó unos pocos segundos recorrer la pequeña distancia, pero a Dante le pareció que había pasado una eternidad.
Al final su mano se encontró con un brazo extendido. Rechinó los dientes al obligarse a tocar la piel suave como la seda.
Un toque fue suficiente.
Pudo sentir su alma.
Estaba viva.
Su cabeza tocó ligeramente el suelo frío antes de moverse para coger el cuerpo inmóvil entre sus brazos. Ignoró el desastre que yacía a una corta distancia.
Quedaba muy poco de Edra.
Sin duda había trozos y pedazos dispersos por el sótano. Ciertamente lo que quedaba de los restos calcinados no podría sumar un cuerpo entero.
Una sonrisa fría le tocó los labios.
Era un final adecuado para la bruja.
—Abby —enterró la cara en su pelo, abrazándola con fuerza.
La sintió removerse, y se retiró para mirar los brillantes ojos azules.
—¿Dante? —su cara estaba cubierta de hollín, tenía el pelo chamuscado y había sangre en su barbilla.
Y nunca había estado tan hermosa.
Depositó un cuidadoso beso en sus labios pelados.
—Lo hiciste, querida —dijo con voz roca—. Terminaste con el hechizo.
—Yo no —su voz era áspera y ronca, como si su garganta hubiera sido quemada—. El Fénix. No se permitiría ser utilizado para destruir sin motivo.
—Calla. Lo discutiremos más tarde. Por ahora todo lo que importa es que estás viva.
Una débil sonrisa tocó su boca.
—Y todavía soy una diosa.
Él dejó escapar una risita suave.
—Eso parece.
—¿Me adorarás?
Él pasó los labios por los oscuros moratones que estropeaban su hermosa piel.
—Querida, tengo intención de adorarte cada noche por el resto de la eternidad.

_________________

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]


[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]


Última edición por Gemma el Vie Dic 03, 2010 7:29 pm, editado 1 vez
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://blackandblood.activosforos.es
Vampi
Admin
Admin
avatar

Grupos : *Traductora *Correctora de Estilo
Virgo Mensajes : 7617
Rango : 300
Edad : 35
Fecha de inscripción : 08/02/2010
Localización : Valencia

MensajeTema: Re: Alexandra Ivy - guardianes de la noche (libro 1 - 2 y 3)   Vie Dic 03, 2010 6:29 pm

Epilogo


Dos semanas después, Abby estaba acostada en la cama de la guarida de Dante, viendo como él encendía cuidadosamente las velas que había dispuesto por toda la habitación.
Las brujas habían huido o habían sido sepultadas después de la muerte de Edra, poniendo fin al aquelarre. No era una gran pérdida para Abby, considerando que habían pretendido utilizarla como una especie de catalizador para traer el fin del mundo.
Era cierto que ahora cargaba con un espíritu místico, pero cada vez se le daba mejor disimular sus poderes de aquellos que querían verla muerta, y ser un Cáliz tenía varios beneficios.
Sin ser el menor de ellos la promesa de una eternidad con Dante.
Sobre ellos, la mansión de Selena estaba siendo reconstruida lentamente, acabada con ventanas tintadas y una nueva biblioteca para la vasta colección de libros de Dante. Y, por supuesto, las nuevas guías de viaje que había encargado para Abby.
En su luna de miel, Dante había prometido llevarla alrededor del mundo.
Pero primero deberían compartir la ceremonia que les convertiría realmente en compañeros.
Removiéndose entre las almohadas, Abby tiró de la sábana de seda negra que era todo lo que le cubría el cuerpo desnudo.
—Entiendo que Selena y Edra estaban en una lucha de poder para decidir a quién se le permitiría librar el mundo de demonios y convertirse en una especie de semidiós —murmuró con voz perezosa—. Pero aún no entiendo porqué esperaron tanto para intentar usar el hechizo. Se podría pensar que tan pronto como Selena se convirtió en el Cáliz deberían haber intentado usar su rollo mágico.
Encendiendo la última de las velas, Dante se giró para mirarla con una ceja alzada.
—¿Rollo mágico?
Ella contuvo la respiración.
Vestido sólo con un batín de seda negra y con el cabello enmarcando la cara de alabastro, parecía totalmente un pirata malvado.
Ñam, ñam, ñam.
Con esfuerzo, luchó contra su ataque de lujuria.
—Sabes lo que quiero decir.
Él se encogió de hombros.
—Por lo que he podido descubrir entre los escritos de Edra, parece que estaban esperando a que las estrellas estuvieran correctamente alineadas.
—¡Oh!
—Claramente, no se dieron cuenta de que el Fénix poseía una mente propia y que destruiría a cualquiera que buscara usarlo para algo tan demoníaco.
Abby se estremeció. Todavía tenía pesadillas del tiempo que había pasado en el sótano con Edra.
—No hasta que fue demasiado tarde.
—Suficiente, querida —la tranquilizó—. No vamos a arruinar nuestra noche con pensamientos sobre las brujas.
No, lo más seguro era que no, estuvo de acuerdo Abby, deslizando la mirada sobre el perfecto cuerpo masculino.
—Eres demasiado atractivo como para que algo arruine esta noche.
Los ojos plateados brillaron mientras se movía para colocarse en la cama, a su lado.
—¿Cómo de atractivo?
Abby sonrió mientras tiraba amablemente del batín.
—Seguramente a tu edad no estarás pescando cumplidos, ¿no?
—No puedo usar un espejo para asegurarme, así que debo depender de ti.
Con el batín tirado en el suelo, Abby recorrió la suave perfección de su espalda con las manos.
—Bien, supongo que no te echaré de mi cama por ahora.
Sus colmillos destellaron a la luz de las velas. De pronto pareció increíblemente exótico y completamente un vampiro.
—Nuestra cama —corrigió suavemente.
A Abby se le paró corazón mientras miraba fijamente sus ojos plateados.
—Nuestra cama.
Con un lento movimiento, Dante apartó la sábana a un lado para permitir que el aire frío asaltara su piel desnuda.
—¿Estás preparada?
Las manos de ella se apretaron en su espalda.
Con la muerte de Edra, el hechizo que impedía a Dante ser capaz de beber sangre humana se había roto. Ahora funcionaba enteramente como un vampiro.
Y estaba ansioso por completar la ceremonia que les ataría juntos.
Abby asintió con firmeza.
—Estoy lista.
Moviéndose con cuidado sobre ella, Dante se colocó entre sus piernas. Entonces le apartó el cabello del cuello con gentileza.
Abby se tensó instintivamente.
—No estés asustada —dijo con voz ronca—. Te prometo que no te haré daño.
Aspirando profundamente, Abby relajó los tensos músculos.
—No estoy asustada.
—¿Y estás segura de que esto es lo que quieres? Una vez que te hayas emparejado conmigo, no hay marcha atrás.
Era una advertencia familiar. Si hubiera sido por ella, se habrían emparejado en el momento en que salieron del sótano. Dante, sin embargo, había resultado ser extraordinariamente terco, rechazando las exigencias de ella hasta que tuviera tiempo suficiente para considerar las consecuencias.
—Ya hemos pasado por todo esto.
—Sí, pero...
Ella le enmarcó la cara con las manos.
—Dante, cállate y hazme tuya.
Los ojos plateados ardieron al tiempo que una sonrisa maliciosa le curvaba los labios.
—Sí, mi diosa —murmuró, bajando la cabeza hacia la expuesta garganta.
A pesar de sus valientes palabras, Abby no pudo negar que al menos esperaba algo de dolor.
No se necesitaba ser médico para darse cuenta que introducir un par de colmillos en la piel tenía que causar un poco de malestar.
Aún así, no se permitió estremecerse al sentir su lengua acariciándole suavemente el pulso de la base del cuello. Dante pararía en el momento que sintiera su tensión.
—Mi amor —susurró.
Y entonces mordió.
Los ojos de Abby se ensancharon con asombro. No había dolido. No hubo nada más que un desliz de fría presión y después una sacudida de placer tan intensa que se sacudió contra Dante.
—¡Dios mío! —susurró cuando el calor destelló a través de su cuerpo para juntarse en un deseo ardiente en la boca de su estómago.
Le agarró la espalda con los dedos, sacando sangre mientras arqueaba las caderas en una silenciosa súplica de alivio.
Dante enredó las manos en su pelo mientras continuaba bebiendo su sangre, y con un movimiento suave, entró profundamente en ella. Abby jadeó, y las sensaciones eran tan intensas que temió desmayarse.
Seguramente nada debería sentirse tan bien, ¿no?
Y ser legal.
Temblando, Abby se abrió a sus golpes dominantes. Gimió con cada empuje, alzando las caderas para encontrar las suyas con salvaje abandono.
La creciente presión era deliciosa. Increíble. Y como no se corriese pronto, temía que realmente pudiese explotar.
—Dante... por favor.
Su risita suave le acarició el cuello, pero pareciendo entender su desesperación, aceleró el ritmo hasta que ella se arqueó bajo él y con un débil grito encontró la liberación.
Jadeando exhausta, Abby abrió los ojos lentamente para descubrir a Dante mirándose el brazo. Lentamente giró la cabeza, viendo como el familiar tatuaje carmesí empezaba a dejarse ver en el antebrazo del vampiro.
Una sonrisa engreída tocó los labios de Dante cuando se giró para observarla con una reluciente mirada.
—Sabía que podría hacerte mía —murmuró con tono arrogante.
Enmarcándole la cara, Abby dejó que sus pulgares le recorrieran la curva de los colmillos.
—Dante, he sido tuya desde el momento que entré en esta mansión y encontré a un malvado pirata esperándome.
—Mi amada... por toda la eternidad.
—Y diosa —le bajó la cabeza para un prolongado beso—. No olvides diosa.
Él se rió mientras con las manos empezaba a despertar enérgicamente su cuerpo, de vuelta a la vida apasionada.
—¿Cómo podría olvidarlo?

En inglés se emplea la palabra mojo, un término muy coloquial para designar un poder mágico o un hechizo.

FIN DEL LIBRO

_________________

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]


[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://blackandblood.activosforos.es
Nanis
Correctora de estilo
avatar

Mensajes : 1831
Rango : 1
Fecha de inscripción : 11/06/2010
Localización : México

MensajeTema: Re: Alexandra Ivy - guardianes de la noche (libro 1 - 2 y 3)   Miér Dic 29, 2010 12:12 am

El que sigue Gemma, el que sigue :youpi: Diossss,se nota que estoy de vacaciones, no hago otra cosa que no sea leer :manga33:

_________________
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Vampi
Admin
Admin
avatar

Grupos : *Traductora *Correctora de Estilo
Virgo Mensajes : 7617
Rango : 300
Edad : 35
Fecha de inscripción : 08/02/2010
Localización : Valencia

MensajeTema: Re: Alexandra Ivy - guardianes de la noche (libro 1 - 2 y 3)   Miér Dic 29, 2010 11:02 am

:mangalove: a mí este me encantó, y ya me leí los dos siguientes XDDD están geniales jejejeje

el que sigue es la historia de Viper y Shay, muy bueno :Manga30:

_________________

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]


[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://blackandblood.activosforos.es
Vampi
Admin
Admin
avatar

Grupos : *Traductora *Correctora de Estilo
Virgo Mensajes : 7617
Rango : 300
Edad : 35
Fecha de inscripción : 08/02/2010
Localización : Valencia

MensajeTema: Re: Alexandra Ivy - guardianes de la noche (libro 1 - 2 y 3)   Miér Dic 29, 2010 11:09 am

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]


Serie Guardianes de la Eternidad - 2
Abraza la Oscuridad
Alexandra Ivy

Argumento:

Lady Shay es la última de su especie. Mitad humana, mitad Shalott, su
sangre es un precioso afrodisíaco para los vampiros, que lo consideran más
preciado que el oro. Aunque los Shalotts son reconocidos asesinos, una maldición
lanzada sobre Shay la hace ir a parar al lote de una subasta de esclavos, donde su
suerte es incierta...

Viper, el seductor líder de un mortífero clan de vampiros, no puede explicar
su deseo por poseer a la hermosa Shalott que una vez salvó su vida, pero ahora él
es libre de hacer lo que quiera con ella. Extrañamente, aunque que él desea tanto el
cuerpo como la sangre de Shay, él quiere que ella se entregue por voluntad propia.

Un mal oculto ha estado acechando a Shay desde que dejó el mercado de
esclavos con Viper. Un mal que pone en peligro la existencia misma de la especie
de Viper, y no hay razón por la que debería exponerse a ese peligro sólo para
proteger a un Shalott. Pero el amor que siente por Shay es suficiente para hacerle ir
voluntariamente al infierno y volver si eso significa pasar una eternidad con ella en
sus brazos...

_________________

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]


[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://blackandblood.activosforos.es
Vampi
Admin
Admin
avatar

Grupos : *Traductora *Correctora de Estilo
Virgo Mensajes : 7617
Rango : 300
Edad : 35
Fecha de inscripción : 08/02/2010
Localización : Valencia

MensajeTema: Re: Alexandra Ivy - guardianes de la noche (libro 1 - 2 y 3)   Miér Dic 29, 2010 11:24 am

Primer Mordisco

… Sin advertencia el vampiro se había lanzado hacia delante y Shay se
encontró atrapada en la esquina con sus manos colocadas sobre el asiento a ambos
lados de su cabeza. “Tú eres mía.”
Su rostro estaba tan cerca que ella podía ver las motas de oro en los ojos
medianoche. Su corazón amenazó con detenerse.
En parte por el miedo. Y en parte… bien, demonios, ella podía también ser
honesta. En parte por pura lujuria.
A ella no tenía que gustarle él para querer arrancarse la ropa y poner ese
magnífico cuerpo masculino sobre ella. Él era una invitación sexual, desde las
puntas de su plateado cabello hasta las puntas de sus botas de cuero hechas a
mano.
Ella tendría que estar muerta para no querer envolverse a sí misma en su
potente belleza y saciar la dolorida necesidad que había padecido durante más años
de los que se preocupaba por admitir.
Sintiendo fácilmente su destello de deseo Viper se mantuvo quieto sobre ella,
sus colmillos alargándose mientras su propio cuerpo reaccionaba.
Sus ojos se ampliaron. “No.”
Con un lento, implacable movimiento su cabeza comenzó a bajar. “¿Temes
que beba tu sangre?”
“No me gusta ser una comida sobre ruedas para nadie.”
Sus fríos labios pasaron casi rozando su boca antes de rozar su mejilla. “Hay
muchas razones para un vampiro para compartir sangre. Confianza, amistad,
amor… lujuria.”
Su corazón golpeó contra su pecho mientras un oscuro calor se propagó a
través de su cuerpo. Él la estaba tocando con nada más que sus labios, pero un
embriagador aleteo de excitación ya estaba apresurándose a través de su bajo
estómago y sus pezones estaban endureciéndose en apretados picos.
Dios, había sido tanto tiempo.
El satén de su cabello hizo cosquillas en su nariz mientras su boca acariciaba
hacia abajo la curva de su cuello. Él olía a colonia cara y a algo mucho más
primitivo. Algo claramente masculino.
Su boca permaneció sobre el frenético ritmo de su pulso antes de que su
lengua recorriera la larga vena en un húmedo camino de vuelta hasta su garganta…

_________________

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]


[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://blackandblood.activosforos.es
Vampi
Admin
Admin
avatar

Grupos : *Traductora *Correctora de Estilo
Virgo Mensajes : 7617
Rango : 300
Edad : 35
Fecha de inscripción : 08/02/2010
Localización : Valencia

MensajeTema: Re: Alexandra Ivy - guardianes de la noche (libro 1 - 2 y 3)   Miér Dic 29, 2010 11:28 am

Capítulo 1

La casa de subastas en las afueras de Chicago no parece una pocilga.
Detrás de las vallas de hierro, la elegante estructura de ladrillo se asienta
sobre el paisaje con una visible arrogancia. Las habitaciones eran alargadas con
techos abovedados que presumían de hermosos murales y elegantes candelabros.
Y con el asesoramiento de un profesional, habían sido decoradas con espesas
alfombras color marfil, brillantes mesas oscuras y muebles tallados a mano.
La atmósfera general era del tipo de tranquilidad que solo el dinero puede
comprar. Montones y montones de dinero.
Era el tipo de lugar ostentoso donde debería estarse traficando con cuadros
raros, joyas preciosas u objetos de museo. En lugar de ello no era más que un
mercado de carne. Una cloaca donde los demonios eran vendidos como nada más
que carne.
No hay nada agradable en la trata de esclavos. Ni siquiera cuando el
comercio era de demonios más que de humanos. Era un negocio sórdido que atraía
a cada decadente y demente bola de cieno del país.
Venían por todo tipo de patéticas razones.
Aquellos que compraban demonios como mercenarios o guardaespaldas.
Aquellos que codiciaban las más exóticas esclavas sexuales. Aquellos que creían
que la sangre de los demonios podía darles magia o vida eterna. Y aquellos que
adquirían demonios para ser liberados en sus tierras privadas y cazados como
animales salvajes.
Los pujantes eran hombres y mujeres sin conciencia ni moral. Sólo con
suficiente dinero para saciar sus retorcidos placeres.
Y en la parte superior de ese montón de estiércol estaba el propietario de la
casa de subastas, Evor. Era uno de los troles menores que hacía su vida por
encima de la miseria de otros con una sonrisa en su cara.
Algún día Shay intentaría matar a Evor.
Lamentablemente no sería hoy.
O más bien esta noche.
Ataviada con unos ridículos pantalones de harén y un pequeño top con
lentejuelas que dejaba ver mucho más de lo que ocultaba, ella paseaba de un lado a
otro de la estrecha celda detrás de la habitación de la subasta. Su largo cabello
negro como ala de cuervo había sido recogido en una trenza que colgaba cerca de
su cintura. Perfecta para revelar sus sesgados ojos dorados, el delicado molde de
sus rasgos, y la bronceada piel que la marcaba como algo más que humana.
Menos de dos meses antes había sido esclava de un aquelarre de brujas que
pretendían llevar el Armagedón a todos los demonios. En aquel momento ella había
pensado que cualquier cosa era preferible a ser su lameculos mientras observaba
su malvada conspiración sin poder hacer nada.
Demonios, es difícil de superar un genocidio.
Fue sólo cuando ella había sido forzada a volver a las manos de Evor que
entendió que la muerte no era siempre la peor suerte.
La tumba realmente no era nada comparado con lo que la esperaba más allá
de la puerta.
Sin pensarlo, Shay golpeó con su pie, enviando la única mesa volando a
través del aire hasta chocar con los barrotes de hierro con asombrosa fuerza.
Desde detrás de ella llegó un gran suspiro que la hizo girarse para mirar a la
pequeña gárgola escondida detrás de una silla en la esquina más alejada.
Levet no tenía mucho de gárgola.
Oh, él poseía los tradicionales rasgos grotescos. Gruesa piel gris, ojos de
reptil, cuernos y pezuñas hendidas. Incluso poseía una larga cola que él pulía y
mimaba con gran orgullo. Por desgracia, a pesar de su aterradora apariencia, él
apenas medía 90 cm y lo que es peor respecto a lo que era, él poseía un par de
delicadas alas como telarañas que habrían sido más apropiadas en un duendecillo o
en un hada que en una letal criatura de la noche.
Como para aumentar su humillación, sus poderes eran impredecibles en las
mejores circunstancias y su valor perdido en combate la mayoría de las veces.
No era de extrañar que él hubiera sido echado fuera del Gremio de Gárgolas
y forzado a valerse por sí mismo. Ellos afirmaban que era una vergüenza para toda
la comunidad, y ninguna había movido un dedo cuando él había sido capturado y
hecho esclavo por Evor.
Shay había tomado a la patética criatura bajo su protección en el momento en
que ella había sido forzada a volver a la casa de subastas. No solo porque poseía la
lamentable tendencia a saltar en defensa de cualquiera más débil que ella misma,
sino porque sabía que irritaría a Evor quitarle a su chivo expiatorio favorito.
El trol podía tener en sus manos la maldición que la ataba, pero si la
presionaba lo suficientemente lejos, ella estaría dispuesta a matarle, incluso si eso
significara el fin de su propia vida.
“¿Cherie1, hizo la mesa algo que yo no vi o sólo estabas tratando de
enseñarle una lección?” exigió Levet, su voz baja y envuelta con un musical acento
francés.
No era en absoluto el tipo de cosa para mejorar su estatus entre las gárgolas.
Shay hizo una media sonrisa. “Estaba imaginando que era Evor.”
“Extraño, no tienen un gran parecido entre ellos.”
“Tengo una buena imaginación.”
“Ah.” Hizo un ridículo movimiento con sus gruesas cejas. “En ese caso,
¿supongo que no estás imaginando que soy Brad Pitt?”
Shay hizo una media sonrisa. “Soy buena, pero no tanto, gárgola.”
“Una lástima.”
Su breve distracción se marchitó. “No, la lastima es que se trata de una mesa
y no de Evor roto en pedazos.”
“Una idea encantadora, pero un simple sueño.” Los grises ojos se
estrecharon. “¿A menos que tengas la intención de ser estúpida?”
Shay ensanchó sus ojos deliberadamente. “¿Quién, yo?”
“¡Mon dieu2!,” gruñó el demonio. “Tienes la intención de luchar contra él.”
“No puedo luchar contra él. No mientras yo siga en poder de la maldición.”
“Como si eso te haya detenido nunca.” Levet lanzó a un lado la almohada
para revelar su cola moviéndose con un frenético tic sobre sus pezuñas. Una clara
señal de angustia. “No puedes matarlo, pero eso nunca te ha impido intentar patear
su grasiento culo de trol.”
“Se pasa el rato.”
“Y te deja gritando en agonía durante horas.” Él se estremeció bruscamente.
“Cherie, no puedo soportar verte así. No de nuevo. Es una locura pelear contra el
destino.”
Shay hizo una mueca. Como parte de la maldición, era castigada por
cualquier intento de daño a su amo. El inmenso dolor que se apodera de su cuerpo
puede dejarla jadeando en el suelo o incluso hacerla perder el conocimiento durante
horas. Últimamente, sin embargo, el castigo se había vuelto tan brutal que ella temía
que cada vez que presionaba su suerte esa podría ser la última.
Ella dio un tirón de su trenza. Un gesto que revelaba la frustración que ardía
justo bajo la superficie.
“¿Crees que debería ceder? ¿Aceptar la derrota?”
“¿Qué opción tienes? ¿Qué opción tenemos cualquiera de nosotros? Ni todas
las peleas del mundo pueden cambiar el hecho de que pertenecemos al...” Levet
frotó uno de sus raquíticos cuernos. “¿Cómo se dice... cerradura, stock, y jarra3...”
“Barril”
“Ah, sí, al barril de Evor. Y por eso él puede hacer lo que quiera con nosotros.
Shay apretó sus dientes mientras se volvía para fulminar con la mirada los
barrotes de hierro que la mantenían cautiva. “Mierda. Odio esto. Odio a Evor. Odio
esta celda. Odio a esos patéticos demonios de ahí fuera esperando para pujar por
mí. Casi desearía haber dejado a esas brujas traer el fin a todos nosotros.”
“No conseguirás un argumento en contra por mi parte, mi dulce Shay,” Levet
estuvo de acuerdo con un suspiro.
Shay cerró sus ojos. Maldición. Ella no quería decir eso. Estaba cansada y
frustrada, pero no era cobarde. Solo el hecho de que ella había sobrevivido al
pasado siglo probaba eso.
“No,” murmuró ella. “No.”
Levet dio un aletazo con sus alas. “¿Y por qué no? Estamos aquí atrapados
como ratas en un laberinto hasta que podamos ser vendidos al mejor postor. ¿Qué
podría ser peor?”
Shay sonrió sin humor. “Permitir ganar al destino”
“¿Qué?”
“Hasta ahora el destino, la suerte o la fortuna o lo que demonios quieras
llamar a esto, no ha hecho nada sino mierda con nosotros,” gruñó Shay. “No voy
solo a rendirme y permitirle que se burle de mí mientras yo me deslizo dentro de mi
tumba. Uno de estos días voy a tener la oportunidad de escupirle en su cara al
destino. Eso es lo que me mantiene luchando.”
Hubo un largo silencio antes de que la gárgola se moviera para detenerse lo
suficientemente cerca como para que él pudiera frotar su cabeza contra la pierna de
ella. Era un gesto inconsciente. Una búsqueda de consuelo que antes que
confesarla, él preferiría morir.
“No estoy seguro de haber oído nunca tal expresión poco elegante, pero te
creo. Si alguien puede escaparse de Evor, esa eres tú.”
Distraídamente, Shay movió el cuerno que pinchaba su muslo. “Volveré a por
ti, Levet, eso te lo prometo.”
“Bueno, bueno, ¿no es esto conmovedor?” Apareciendo repentinamente
delante de las barras de hierro de la celda, Evor sonrió mostrando sus puntiagudos
dientes. “La Bella y la Bestia.”
Con un suave movimiento, Shay había dirigido a Levet detrás de ella y girado
para mirar a su captor.
Una burla tocaba su rostro mientras el trol se paraba dentro de la celda y
cerraba la puerta detrás de él. Evor pasaba fácilmente por humano. Un humano
increíblemente feo.
Él era un bajo, rechoncho hombre con una redonda, fangosa cara y fuertes
carrillos. Su pelo era poco más que mechones de hebras sueltas que peinaba
cuidadosamente sobre su cabeza. Y sus pequeños ojos negros tenían la tendencia
de destellar en rojo cuando él estaba enojado.
Los ojos que él escondía detrás de unas gafas de montura negra.
El denso y carnoso cuerpo que él escondía detrás de un carísimo traje a
medida.
Solo los dientes lo marcaban como el trol que era.
Eso y su absoluta falta de principios.
“Jódete, Evor,” murmuró Shay.
La desagradable sonrisa se amplió. “Si tú quieres.”
Shay estrechó su mirada. El trol había estado intentando meterse en su cama
desde que ganó el control de su maldición. Lo único que lo había detenido de
obligarla había sido el conocimiento de que ella estaba muy dispuesta a matarlos a
ambos para prevenir ese horror.
“Caminaré a través de los fuegos del infierno antes de dejar que me toques.”
La furia se agitó sobre los rellenitos rasgos antes de que volviera su grasienta
sonrisa. “Algún día, mi bella, estarás feliz de extenderte debajo de mí. Todos
tenemos nuestro punto de ruptura. Eventualmente alcanzarás el tuyo.”
“No en esta vida.”
Su lengua se chasqueó en un obsceno movimiento. “Tan orgullosa. Tan
fuerte. Disfrutaré vertiendo mi semilla en tu interior. Pero aún no. Todavía hay dinero
que hacer contigo. Y el dinero siempre está primero” Levantando sus manos mostró
los fuertes grilletes de hierro que había estado escondiendo detrás de su cuerpo.
“¿Te los vas a poner encima o necesito llamar a los chicos?”
Shay cruzó sus brazos sobre su pecho. Podría ser sólo mitad Shalott, pero
poseía toda la fuerza y agilidad de sus antepasados. No eran los asesinos favoritos
del mundo de los demonios sin motivo.
“¿Después de todos estos años aún piensas que esos matones pueden
hacerme daño?”
“Oh, no tengo intención de tenerlos haciéndote daño. Odiaría haberte dañado
antes de la subasta.” Muy deliberadamente su mirada se movió a donde Levet
estaba acobardado detrás de sus piernas. “Simplemente deseo alentarles tu buen
comportamiento.”
La gárgola dio un bajo gemido. “¿Shay?”
Mierda.
Ella luchó contra el instintivo impulso de hacerle a Evor tragarse sus
puntiagudos dientes por la garganta de un puñetazo. Eso sólo la pondría en el suelo
en agonía. Peor aún, eso dejaría a Levet a merced de los corpulentos troles de
montaña que Evor usaba como protección.
Ellos disfrutarían torturando a la pobre gárgola.
Hasta ella sabía que su único placer era causar dolor a otros.
Jodidos troles.
“Muy bien.” Ella extendió sus brazos con un furioso ceño.
“Una sabia elección.” Manteniendo un cauteloso ojo en ella, Evor apretó los
grilletes sobre sus muñecas y los cerró con llave. “Sabía que entenderías la
situación una vez que fuera debidamente explicada.”
Shay bufó cuando el hierro mordió su piel. Podía sentir su poder drenándose
y su carne despellejándose debajo del hierro. Era su único Talón de Aquiles.
“Todo lo que entiendo es que un día voy a matarte.”
Él dio un tiró de la cadena que colgaba entre los grilletes. “Compórtate, perra,
o tu pequeño amigo pagará las consecuencias. ¿Lo captas?”
Shay luchó contra las nauseas que se agarraban con fuerza a su estómago.
Una vez más ella iba a ser colocada en el escenario y vendida al mejor
postor. Ella estaría absolutamente a merced de algún extraño que podría hacer lo
que quisiera con ella.
Y no había nada que pudiera hacer para detenerlo.
“Claro, lo capto. Vamos a terminar con esto.”
Evor abrió su boca como para hacer un estúpido comentario sólo para cerrar
de golpe los labios de besugo cuando pudo ver su expresión. Obviamente podía
sentir que ella estaba cerca del borde.
Eso solo probaba que no era tan estúpido como parecía.
En silencio, dejaron la celda y subieron las estrechas escaleras de la parte de
atrás del escenario. Evor se detuvo sólo lo suficiente para cerrar sus grilletes en un
poste anclado en el suelo antes de moverse hacia las cerradas cortinas y deslizarse
a través de ellas para hacer frente a la multitud.
Sola en la oscuridad, Shay aspiró profundamente y trató de ignorar los ruidos
de la multitud un poco más allá de la cortina.
Incluso sin ser capaz de ver a los potenciales compradores, ella podía sentir
la presencia de la reunión de demonios y humanos. Ella podía oler el hedor de su
sudor. Sentir la impaciencia ardiendo lentamente. Probar el sabor de depravada
lujuria en el aire.
Ella frunció el ceño abruptamente. Había algo más. Algo que pasaba
sutilmente sobre todo eso.
Un sentido de decadente mal que envió un escalofrío de horror sobre su piel.
Era vago. Como si en verdad la presencia no estuviera realmente en la sala
en su forma completa. Más como una amenazante, intangible presencia. Un eco de
algo nauseabundo que hizo a su estómago apretarse de miedo.
Tragándose su instintivo grito, ella cerró sus ojos y se obligó a sí misma a
coger una profunda y constante inspiración. Ella escuchó a Evor en la distancia,
aclarándose en voz alta su garganta para llamar la atención.
“Y ahora, damas y caballeros, demonios y hadas, muertos y no-muertos... es
hora de nuestra principal atracción. Nuestra pièce de résistance4. Un artículo tan
raro, tan extraordinario que sólo aquellos que posean la marca dorada pueden
continuar,” él anunció dramáticamente. “El resto pueden retirarse a nuestras salas
de recepción donde se les ofrecerá un refrigerio de su elección.”
A pesar de la persistencia de la mirada de algo maligno con la que con
certeza ella justo había sido rozada, Shay manejó una mueca de disgusto. Evor
siempre fue un pomposo charlatán. Esta noche, sin embargo, el incluso puso la
cursi y vergonzosa pose de jefe de pista del circo.
“Reúnanse cerca, mis amigos,” pidió Evor cuando la escoria de los
compradores fue obligada a dejar la sala. Para conceder una marca dorada a una
persona o demonio tienen que llevar como mínimo 50.000 dólares en efectivo
encima. En la trata de esclavos rara vez se aceptan cheques o tarjetas de crédito.
Imagínate. “Ustedes no desearían perder su primer vistazo de mi precioso tesoro.
No teman, me he asegurado de que ella está apropiadamente encadenada. Ella no
ofrecerá peligro alguno. Ningún peligro más allá de su peligroso encanto. Ella no
arrancará sus corazones de sus pechos, pero no prometo que ella no los robará con
su belleza.”
“¡Cierra la boca y abre la cortina!” gruñó una voz.
“¿Usted está impaciente?” exigió Evor, su tono con un filo de enojo. A él no le
gustaba que su bien practicado acto fuera interrumpido.
“No tengo toda la noche. Comencemos con ello.”
“Ah, un prematuro... postor, una lástima. Esperemos por su bien que no sea
un mal que contamine su comportamiento en otras áreas,” se mofó Evor, haciendo
una pausa para permitir que el rugido de las risotadas desapareciera. “Ahora,
¿dónde estaba yo? Oh, sí. Mi premio. Mi más querido esclavo. Demonios y ghouls,
permítanme presentarles a Lady Shay... la última Shalott que camina sobre nuestro
mundo.
Con un dramático movimiento, la cortina desapareció en una bocanada de
humo, dejando a Shay expuesta a cerca de dos docenas de hombres y demonios.
Deliberadamente ella bajó su mirada cuando escuchó los ecos de los jadeos
a través de la sala. Ya era suficientemente humillante oler su rabiosa hambre. Ella
no necesitaba verla escrita en sus caras.
“¿Es alguna clase de truco?” exigió una oscura voz con incredulidad.
Fuertemente sorprendida. Hasta Shay sabía que realmente era la última Shalott que
quedaba en el mundo.
“Ningún truco, ninguna ilusión.”
“Como si fuera a tomar en serio tu palabra, trol. Quiero una prueba.”
“¿Una prueba? Muy bien.” Hubo un momento de pausa cuando Evor buscó
en la multitud. “Usted, venga aquí,” exigió él.
Shay se tensó cuando sintió el frío enfriamiento que la advertía de que un
vampiro se estaba acercando. Su sangre era más preciosa que el oro para los no-
muertos. Un afrodisíaco por el que ellos matarían por conseguir.
Con su atención centrada en el alto y adusto vampiro, Shay apenas notó
cuando Evor agarró su brazo y usó un cuchillo para cortar a través de la piel de su
antebrazo. Siseando suavemente, el vampiro se inclinó hacia abajo para lamer la
sangre que brotaba. Todo su cuerpo se estremeció cuando él levantó su cabeza
para mirarla con cruda hambre.
“Es sangre humana, pero ella es una verdadera Shalott,” dijo con voz ronca.
Con un movimiento suave Evor había colocado su rechoncha forma entre el
vampiro y Shay, ahuyentando lejos al depredador ondeando su mano. A
regañadientes la criatura no-muerta abandonó el escenario, ninguna duda en la
percepción inminente de disturbios si él cayera en su impulso de hundir sus dientes
en ella y dejarla seca.
Evor esperó hasta que el escenario fue despejado antes de trasladarse para
detenerse detrás de su podio. Él agarró su mazo y lo levantó sobre su cabeza.
Ridículo imbecil.
“¿Satisfechos? Bien.” Evor golpeó su mazo sobre el podio. “La subasta
comienza en cincuenta mil dólares. Recuerden, caballeros, sólo efectivo.”
“¡Cincuenta y cinco mil!”
“¡Sesenta mil!”
“¡Sesenta y un mil!”
La mirada de Shay una vez más cayó a sus pies cuando las voces gritaban
sus pujas. Pronto ella sería forzada a enfrentarse a su nuevo amo. Ella no quería
tener que ver como ellos reñían sobre ella como una manada de perros babeando
sobre un jugoso hueso.
“¡Cien mil dólares!” Gritó una voz estridente desde el fondo de la sala.
Una astuta sonrisa tocó los delgados labios de Evor. “Una más que generosa
oferta, mi buen señor. ¿Alguien más? ¿No? A la una... A las dos...”
“¡Quinientos mil!”
Un fuerte silencio llenó la sala. Sin darse cuenta de lo que estaba haciendo,
Shay levantó su cabeza para mirar en la multitud que asistía a la subasta.
Había algo sobre esa sedosa y oscura voz. Algo... familiar.
“De un paso adelante,” exigió Evor, sus ojos brillando rojos. “Dé un paso
adelante y díganos su nombre.”
Hubo una conmoción cuando la multitud se apartó. Desde las sombras de
atrás una alta y elegante forma se deslizó hacia delante.
Un susurro silencioso se propagó a través de la sala cuando la tenue luz
reveló el evocador hermoso rostro y la satinada cortina de cabello plateado que caía
por su espalda.
Fue necesario sólo un vistazo para darse cuenta de que era un vampiro.
Ningún humano podía parecerse tanto a un ángel que haya caído del cielo. Y
caído recientemente. O moverse con tal líquida gracia. O causar que los demonios
se echaran atrás con cauteloso miedo.
La respiración de Shay se atascó en su garganta. No por su impresionante
belleza, o poderosa presencia, o incluso por la flamante capa de terciopelo que
envolvía su esbelta forma.
Era por el hecho de que ella conocía a este vampiro
Él había estado a su lado cuando ellos habían luchado con el aquelarre de
brujas semanas atrás. Y más importante, él había estado a su lado cuando ella
había salvado su vida.
Maldita su podrida alma en el infierno.



Viper había estado en el mundo por siglos. Él había sido testigo del auge y
caída de imperios. Él había seducido a las más bellas mujeres del mundo. Él había
tomado la sangre de reyes, zares y faraones.
Incluso él había cambiado el curso de la historia en algún momento.
Ahora él estaba saciado, hastiado y magníficamente aburrido.
Ya no luchaba por ampliar su poder. Él no se implicaba en batallas contra
demonios o humanos. Él no formaba alianzas o interfería en política.
Su única preocupación era garantizar la seguridad de su clan y el
mantenimiento de sus negocios lo suficientemente rentables como para permitir el
lujoso estilo de vida al que se había acostumbrado.
Pero de alguna manera la demonio Shalott había conseguido lo imposible.
Ella había logrado persistir en sus pensamientos mucho después de que ella
hubiera desaparecido.
Durante semanas, ella había perseguido sus recuerdos e incluso invadido sus
sueños. Ella era como una espina que se había clavado bajo su piel y se negaba a
ser sacada.
Una comprensión que él no estaba seguro de si complacerle o molestarle
cuando él había rastreado las calles de Chicago en busca de la mujer.
Echando un vistazo a su última adquisición, no tenía que preguntarse si Shay
estaba complacida o molesta. Incluso en la tenue luz era evidente que sus gloriosos
dorados ojos parpadeaban con furia.
Claramente ella fallaba en apreciar totalmente el honor que él estaba
otorgándole a ella
Sus labios se movieron con diversión cuando estaba regresando su atención
al trol de pie tras el podio.
“Puede llamarme Viper,” informó al demonio menor con frío antipatía.
Los ojos rojos se ampliaron brevemente. Era un nombre que inspiraba temor
en todo Chicago. “Por supuesto. Perdóneme por no reconocerle, señor. Usted...
ah...” Él tragó fuertemente. “¿Tiene usted el efectivo a mano?”
Con un movimiento demasiado rápido para la mayoría de los ojos, Viper
había alcanzado bajo su capa y lanzado un largo paquete sobre las escaleras que
conducían al escenario.
“Lo tengo.”
Con una floritura, Evor golpeó el mazo sobre el podio. “¡Vendido!”
Hubo un bajo siseo por parte de la Shalott, pero antes de que Viper pudiera
darle la debida atención, hubo el sonido de una baja maldición y un bajo y nervioso
humano estaba empujando su camino a través de la multitud.
“¡Espere! ¡La subasta no está cerrada aún!” acusó el extraño.
Viper redujo su mirada. Él podría haberse reído de lo absurdo que era el
flacucho hombre tratando de imponer su punto de vista a través de unos
impresionantes demonios, pero él no se perdió el olor de agria desesperación que lo
envolvía o la negrura que oscurecía su alma.
Este era un hombre que había sido tocado por el mal.
El trol, Evor, frunció el ceño mientras miraba al hombre, en absoluto
impresionado por el barato y holgado traje y los zapatos de segunda mano. “¿Desea
continuar?”
“Sí.”
“¿Tiene usted el dinero efectivo?”
El hombre golpeó la mano sobre el sudor que se pegaba a su calva cabeza.
“No lo llevo encima, pero puedo conseguirlo fácilmente para usted... “
“Sólo se acepta el efectivo que se porte,” gruñó Evor, su mazo golpeó una
vez más el podio.
“No. Le conseguiré el dinero.”
“La subasta ha terminado.”
“¡Espere!. Debería esperas a que yo... “
“¡Sal de aquí antes de que yo tenga que echarte fuera!”
“¡No!” Sin previo aviso, el hombre fue corriendo hacia las escaleras con un
cuchillo en su mano. “La demonio es mía.”
Tan rápido como el hombre fue, Viper ya se había movido para estar entre el
extraño y su Shalott. El hombre dio un gruñido bajo antes de girarse y lanzarse
hacia el trol. Una presa más fácil que un decidido vampiro. Pero de nuevo, había
más cosas.
“Vamos, vamos. No hay razón para no ser razonables.” Evor hizo un gesto
apresurado hacia los corpulentos guardaespaldas en el borde del escenario. “Usted
conocía las normas cuando vino.”
Con torpes movimientos, los impresionantes troles se movieron hacia delante,
su corpulento tamaño y piel tan gruesa como la corteza de un árbol les hacían casi
imposibles de matar.
Viper plegó sus brazos sobre su pecho. Su atención manteniéndose sobre el
demente humano, pero él no podía negar que estaba alarmantemente consciente de
la Shalott detrás de él.
Era consciente del dulce aroma de su sangre, del calor de su piel, y de la
brillante energía que se arremolinaba sobre ella.
Todo su cuerpo reaccionaba a su proximidad. Era como si él estuviera parado
cerca de un ardiente fuego que le ofrecía una promesa del calor que él había
olvidado por tanto tiempo.
Lamentablemente su atención estaba forzada a permanecer en el
aparentemente enloquecido que agitaba el cuchillo en amenazantes movimientos.
Había algo decididamente extraño en la determinación del humano. Una crudo
pánico que estaba fuera de lugar.
Él sería un idiota por subestimar el peligro del brusco callejón sin salida.
“Quédense atrás,” chilló el pequeño hombre.
Los troles continuaron hacia delante hasta que Viper levantó una esbelta
mano. “Yo no estaría muy cerca del cuchillo. Está hechizado.”
“¿Hechizado?” La cara de Evor se endureció con furia. “Los artefactos
mágicos están prohibidos. El castigo es la muerte.”
“¿Crees que un patético trol y sus matones pueden asustarme?” El intruso
levantó su cuchillo apuntándolo directamente a la cara de Evor. “Vine aquí a por la
Shalott y no me voy a ir sin ella. Os mataré a todos vosotros si tengo que hacerlo.”
“Puedes intentarlo,” dijo Viper con voz cansada.
El hombre se giró para hacerle frente. “No tengo ninguna lucha contigo,
vampiro.”
“Estas tratando de robar mi demonio.”
“Te pagaré. Cualquier cosa que tú quieras.”
“¿Cualquier cosa?” Viper alzó una ceja. “Una generosa, aunque algo
imprudente oferta.”
“¿Cuál es tu precio?”
Viper pretendió considerarlo un momento. “Ninguno que puedas ofrecer.”
Aquella amarga desesperación espesándose en el aire. “¿Cómo lo sabes? Mi
jefe es muy rico... muy poderoso.”
Ah. Ahora estaban consiguiendo algo.
“Jefe. ¿Así que no eres más que un enviado?”
El hombre asintió, sus ojos ardiendo como carbones en sus hundidas
cuencas. “Sí.”
“¿Y tu jefe sin duda estará muy decepcionado de enterarse de que has
fallado en tu tarea de obtener a la Shalott?”
La piel pálida se puso de un enfermizo gris. Viper sospechaba que la
sensación de oscuridad que él podía sentir estaba directamente relacionada con el
misterioso jefe.
“Él me matará.”
“Entonces estás en un gran dilema, amigo mío, porque no tengo intención de
permitir que dejes la sala con mi premio.”
“¿Por qué te importa?”
La sonrisa de Viper era fría. “¿No sabes que la sangre de Shalott es un
afrodisíaco para los vampiros? Es el más raro placer que se nos ha estado negando
por demasiado tiempo.”
“¿Tienes la intención de drenarla?”
“Eso no es de tu incumbencia. Ella es mía. Comprada y pagada.”
Él escuchó una maldición ahogada detrás de él, junto con el traqueteo de
cadenas. Su belleza estaba claramente infeliz con su respuesta y deseosa de
demostrar su disgusto destripándole lentamente.
Una pequeña chispa de excitación corrió a través de él.
Por la sangre de los santos, pero a él le gustaban las mujeres peligrosas.

_________________

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]


[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://blackandblood.activosforos.es
Vampi
Admin
Admin
avatar

Grupos : *Traductora *Correctora de Estilo
Virgo Mensajes : 7617
Rango : 300
Edad : 35
Fecha de inscripción : 08/02/2010
Localización : Valencia

MensajeTema: Re: Alexandra Ivy - guardianes de la noche (libro 1 - 2 y 3)   Miér Dic 29, 2010 11:49 am

Capítulo 2

Shay maldijo los grilletes que la mantenían sujeta al poste.
Ella maldijo a Evor, el codicioso y despiadado hijo de puta.
Ella maldijo al extraño humano que olía como la nauseabunda estela de
maldad que ella había sentido antes.
Y sobre todo, ella maldijo a Viper por tratarla como nada más que parte de un
caro trato.
Lamentablemente, maldecir inútilmente era todo lo que ella podía hacer
mientras el definitivamente enloquecido humano agitaba su cuchillo.
“Ella es mía. Debo tenerla.”
El vampiro no se acobardó. De hecho, permaneció tan quieto que él parecía
más muerto que vivo. Sólo el frío poder que invadía el aire advertía de que había
algo agitándose debajo de la hermosa fachada.
“¿Intentas luchar conmigo con nada más que un cuchillo hechizado?”
preguntó él.
El hombre tragó. “No puedo derrotar a un vampiro.”
“¡Ah, no eres tan estúpido como aparentas!”
Los pequeños ojos miraron fijamente alrededor y Shay sintió a todos
tensarse. El hombre estaba lo suficientemente desesperado como para intentar
luchar su camino a través del vampiro. Cuando se movió, sin embargo, no fue hacia
Viper sino hacia el embobado Evor. Con sorprendente habilidad él puso su brazo
alrededor del cuello del trol y el cuchillo presionando contra la flácida piel de su
garganta.
“Lo mataré. Mientras él esté en posesión de la maldición de la Shalott ella
morirá también.” Su mirada seguía apuntando a Viper, sin duda consciente de que
él era mucho más peligroso que cualquier otro demonio en la sala. “Ella no te servirá
de nada si muere antes de que puedas drenarla.”
Shay aspiró con fuerza. Ella no tenía miedo de morir. Pero, por Dios, si iba a
ir a su tumba ella no quería ir mientras estaba esposada a un poste e incapaz de
defenderse.
Viper no se movió, pero su poder fue llenando la sala como una ola de hielo.
El aire agitando las hebras de plata de su cabello, hinchando la capa de terciopelo.
“No la matarás,” dijo él en un tono que hizo correr un escalofrío por la
columna de Shay. “No creo que tu jefe estaría complacido si ella es llevada hasta él
como un cadáver.”
El hombre soltó una risa salvaje. “Si ella termina en las manos de otro, estoy
peor que muerto. Ella debe también venir conmigo.”
“¿Entonces está tu jefe interesado en ella, o asustado de ella?” murmuró
Viper, moviéndose lentamente hacia delante. “¿Quién es él? ¿Un demonio? ¿Un
hechicero?”
“¡Detente o la mataré!”
“No.” Viper continuó su insidioso movimiento fluido. “Soltarás el cuchillo y te
iras.”
“No puedes usar encanto en mí con tus ojos. Soy inmune a la mierda
mística.”
“Bien, entonces tendré que matarte.”
“No puedes...” Las palabras de advertencia murieron en los labios del
humano cuando Viper lo cogió por la garganta y lo lanzó contra una pared cercana.
Para ser un hombre pequeño hizo un infierno de jaleo cuando golpeó el
panelado de la pared y resbaló hasta el suelo. Sorprendentemente, sin embargo,
estaba de nuevo sobre sus pies y alzándose bajo su holgada chaqueta en un
parpadeo. Era evidente que él era más que un simple humano. Sin duda un mago
con suficiente talento mágico para brindarle alguna protección.
Levantando su mano, agarraba firmemente lo que parecía ser una pequeña
piedra. Shay frunció el ceño. Ella había vivido con las brujas el tiempo suficiente
como para saber que el cristal tenía un poderoso hechizo.
“Viper.”
Ella hizo la advertencia sin saber por qué. ¿Qué importaba quién ganara la
pelea? ¿Era ser drenada todas las noches por una manada de vampiros preferible a
lo que sea que el desconocido monstruo pudiera tener preparado para ella?
Al final eso no importaba.
Incluso antes de que su nombre saliera por sus labios, Viper estaba saltando
a un lado y permitiendo que la explosión de magia negra chocara contra la pared.
Las llamas subieron por el panelado y con gritos de pánico, los ricos huéspedes
comenzaron a precipitarse con urgencia hacia la salida más cercana. El fuego
mágico era la única cosa que era tan mortal para los demonios como para los
humanos.
“¡Coger los extintores, estúpidos!” gritó Evor, batiendo sus rechonchas manos
con creciente pánico. “¡Voy a perderlo todo!”
Los impresionantes troles avanzaron pesadamente y de mala gana a
combatir las llamas, pero la atención de Shay permanecía pegada en el duelo entre
el vampiro y el cada vez más desesperado hombre.
Viper estaba de pie, su negra capa fluyendo sobre él mientras acechaba al
hombre haciendo medio círculo.
“El hechizo que te protege no me impedirá arrancarte la garganta,” dijo él en
un tono sedoso. “¿Estás tan ansioso por morir?”
“Mejor que me arranquen la garganta que lo que mi amo me haría.” dijo el
hombre con voz ronca mientras levantaba el cristal y soltaba el poder hacia el
vampiro.
Una vez más, Viper se movió sin problemas a un lado para permitir que la
explosión golpeara el podio. El podio estalló en llamas y Evor graznó horrorizado.
“¡Por aquí! ¡Traer los extintores por aquí!” lloró el trol.
Hubo otra explosión y Shay cayó al suelo, solo su rapidez de reflejos evitó
que acabara tostada.
Un bajo gruñido llenó el aire y Shay levantó su cabeza para ver como Viper
se lanzaba hacia el aterrorizado hombre. Los pelos de la parte posterior de su cuello
se pusieron de punta a la vista de sus perfectos rasgos en una desnuda máscara de
muerte y sus colmillos alargándose para matar.
Él ya no era el hermoso ángel, sino un letal instrumento de muerte.
El hombre gritó cuando los dientes de Viper se hundieron en su cuello. El
grito se convirtió en un borboteo cuando la sangre corrió hacia abajo por la garganta
del hombre y goteó sobre el enmoquetado marfil. Estaba a un latido de la muerte,
pero con inútil desesperación el hombre levantó el cuchillo para apuñalar al vampiro
en la espalda. Una y otra vez la hoja cortó la carne de Viper.
Shay se estremeció. A pesar de que el cuchillo no podía matar a un vampiro
aún tenía que doler como una perra.
Hubo otro horrendo borboteo y Shay volvió su cabeza deliberadamente. Una
parte de ella estaba agradecida de no ser entregada al predominante mal que
todavía contaminaba el aire, pero ella prefirió no ver al vampiro disfrutar de su
bocado de medianoche.
Especialmente cuando ella podría muy bien ser el desayuno.
Hubo un golpe cuando el hombre fue dejado para caer en el suelo y luego el
ligero susurro del fino terciopelo.
“Me gustaría sugerirte que tengas más cuidado de a quién invitas a tus
pequeñas subastas, Evor,” dijo el vampiro con voz cansada. “Los magos oscuros
nunca son buenos para el negocio.”
“Sí... sí, ciertamente.” Secando sus manos el trol echó un vistazo hacia la
sala. Las llamas habían sido apagadas, pero simplemente no había salvación para
el podio o el panelado de la pared. O para el enmoquetado marfil que ahora estaba
manchado con sangre. El elegante ambiente había recibido un golpe definitivo.
“Ofrezco mis más sinceras disculpas. No me puedo imaginar cómo él se las arregló
para pasar a través de mi seguridad.”
“La pregunta no es cómo. Es evidente que él tenía la ayuda de un amo muy
poderoso. La pregunta es quién podría ser el amo, y por qué estaba tan decidido a
poner sus manos sobre la Shalott.”
“Ah... bueno, supongo que eso ya no importa ahora.” Evor dio un nervioso
encogimiento de hombros.
“A menos que su amo venga a buscarla para él.”
Los ojos de Evor destellaron en rojo. “¿Crees que vendría?”
“Mis talentos no incluyen leer el futuro.”
“Tengo que mover el cuerpo.” El trol echo un vistazo el cuerpo sin vida.
“¿Quizás debería quemarlo?”
“No es problema mío.” Viper se encogió con indiferencia. “Cogeré mi
propiedad ahora.”
“¡Oh, por supuesto! Tanta confusión.” Buscando nerviosamente en sus
bolsillos, al final Evor sacó un pequeño amuleto que entregó al impaciente vampiro.
“Aquí lo tienes.”
Sujetando el amuleto en sus delgados y largos dedos, Viper miró al trol con
una de sus cejas levantada.
“Explícate.”
“Siempre que tengas el amuleto, la Shalott debe venir cuando tú la llames.”
La mirada de medianoche resbaló hacia Shay. Ella se puso tensa con la
provocativa satisfacción que destellaba dentro de ellos.
“Entonces, ¿ella no puede escapar de mí?” murmuró él.
“No”
“¿Qué más hace esto?”
“Nada. Me temo que tendrás que controlarla por ti mismo.” Evor excavó en
sus bolsillos una vez más para extraer una pesada llave que le entregó a Viper. “Te
sugiero que no le quites los grilletes hasta que esté encerrada con seguridad en una
celda.”
La mirada de Viper nunca dejó la dura expresión de Shay. “Oh, no temo de
poder controlarla,” dijo suavemente. “Déjanos.”
Evor dio un suave arco cuando hizo un gesto hacia sus tontos. “Como
quieras.”
Con cuidado de recoger el dinero que seguía en el escenario, Evor empujó a
los troles delante de él y dejaron la sala. Una vez solos Viper se movió hasta
arrodillarse delante de Shay, la cual aun estaba agachada al lado del poste.
“Bueno, cariño mío. Nos encontramos de nuevo,” murmuró él.
Ridículamente Shay sintió su aliento detenerse. Dios mío, él era tan hermoso.
Ojos tan oscuros y seductores como cielo nocturno de terciopelo. Las características
cinceladas por la mano de un artista. El derrame de pelo de plata que fluía como el
más fino satén.
Como si hubiera sido creado con el único propósito de complacer a cada
afortunada mujer que se cruzara en su camino.
La necesidad de alargar la mano y tocar esos rasgos perfectos y descubrir si
podrían ser reales, la hizo estremecerse.
Shay realmente encontró su mano levantándose cuando se detuvo a sí
misma. Mierda. ¿Qué estaba mal en ella?
Este... traicionero roedor recién había comprado su cerradura, stock, y barril,
como diría Levet.
Ella quería clavar una estaca en su corazón, no descubrir si él podía dar el
placer que prometía.
“Diría que es una agradable sorpresa, pero no lo es,” murmuró ella.
“¿No es agradable o no es una sorpresa?”
Las sedosas palabras se extendieron a lo largo de su piel haciéndola temblar
en respuesta. Incluso su voz fue creada para darle a una mujer un clímax en el acto.
“Adivina.” Dijo ella apretando los dientes.
Él arqueó una ceja que era varios tonos más oscura que su pelo. “Creía que
estarías un poco más agradecida, cariño. Acabo de rescatarte de lo que sospecho
era un futuro muy sombrío.”
“No soy tu cariño y mi futuro no es menos sombrío contigo.”
“Todavía no sabes mis planes para ti.”
“Eres un vampiro. Es todo lo que necesito saber.”
Él alargó una delgada mano para tocar los rizos que se habían soltado de su
trenza y se deslizaban a lo largo de su mejilla. Una fría ola de poder barrió a través
de su cuerpo haciendo a su estómago apretarse con agudo placer.
Maldito vampiro.
“¿Crees que todos somos iguales?”
“Los vampiros han estado detrás de mi sangre por siglos. ¿Por qué tú
deberías ser diferente?”
Sus labios se crisparon con diversión. “Por qué, de hecho.”
Ella dio un tirón hacia atrás sólo para ser detenida por los grilletes que se
clavaban dolorosamente en sus muñecas.
“¿Sabías que yo estaría aquí cuando llegaste?” exigió ella.
Hubo una pausa momentánea antes de que él asintiera con la cabeza. “Sí.”
“¿Y es por eso que estás aquí?”
“Sí.”
“¿Por qué?”
“Obviamente porque quería tenerte.”
La punzada de la decepción volvió para apuñalar a través de su corazón.
Estúpida, estúpida, estúpida.
“¿Incluso después de que salvé tu vida?”
Él inclinó su cabeza hacia un lado para permitir que el largo pelo de plata se
deslizara a lo largo de su hombro.
“¿Salvó mi vida? Tal vez.”
Shay amplió sus ojos atónita. “¿Cómo que tal vez? Edra tenía la intención de
matarte. Recibí la explosión de un hechizo destinado para ti.”
Él se encogió de hombros. “Ciertamente impediste una grave herida, pero es
imposible determinar si habría sido un golpe mortal.”
“Idiota,” ella resopló, más allá de preocuparse de que ella era ahora su
esclava y estaba totalmente en su poder. “Salvé tu vida y sin embargo vienes aquí
para comprarme.”
“¿Había algún otro comprador que tu hubieras preferido?”
“Hubiera preferido matarlos a todos vosotros.”
Su suave risita flotó en el aire. “Tan sedienta de sangre.”
“No, estoy harta de estar a merced de cada demonio, monstruo, bruja o bicho
raro que tenga el dinero para comprarme.”
Él estaba quieto mientras la mirada de medianoche buscaba su enrojecida
cara. “Comprensible, supongo.”
“Tú no comprendes nada.”
Su leve sonrisa permaneció, pero por primera vez Shay notó las líneas de
tensión alrededor de sus magníficos ojos.
“Quizás no, pero comprendo que no estoy de humor para pelear contigo esta
noche, cariño. He sido herido y necesito sangre para recuperar mi fuerza.”
Shay casi había olvidado las heridas de puñaladas que él había recibido
durante su pelea con el hombre. No es que ella estuviera particularmente
preocupada en ese momento.
A ella no le gustó su mención de la sangre.
“¿Y?”
La diversión regresó a sus ojos mientras él leía fácilmente su inquietud. “Y
aunque prefiero acompañarte a mi guarida de una forma civilizada, puedo
mantenerte esposada y arrastrarte allí pataleando y gritando. La elección es tuya.”
Ella se negó a mostrar su alivio. Era solo cosa de horas antes de que ella se
convirtiera en una donante no dispuesta.
“Algunas elecciones.”
“Por el momento es la única que tienes. ¿Qué va a ser?”
Ella le miró airadamente antes de que al final sacara sus brazos. No había
ningún sentido en luchar contra lo inevitable. Además, el hierro rozando contra su
piel la estaba hiriendo mucho más de lo que quería admitir.
“Quita los grilletes.”
“¿Tengo tu palabra de que no intentarás luchar contra mí?”
Shay parpadeó sorprendida. “¿Tú confías en mi palabra?”
“Sí.”
“¿Por qué?”
“Porque puedo leer tu alma.” Él mantuvo su mirada con facilidad. “¿Tu
palabra?”
Bueno... Mierda.
Ella no quería que supiera que una vez que ella daba su palabra nunca se
volvería atrás. Eso le daría incluso un nuevo control sobre ella.
Por un momento ella se negó ha hacer la promesa. ¿Cómo podría vivir
consigo misma si ella no intentara, al menos, poner una estaca en su corazón? Ella
tenía su orgullo, después de todo. Pero mientras él continuaba mirándola con esa
inquietante quietud que sólo un vampiro podía conseguir, ella dio un reticente
suspiro. Él estaba dispuesto a permanecer en esa misma posición por una eternidad
si era necesario.
“Por esta noche no trataré de luchar contigo”, dijo ella a través de sus dientes
apretados.
Él sonrió por su promesa a regañadientes. “Lo mejor que voy a conseguir,
supongo”
“Maldita franqueza”



Viper encontró una sonrisa tirando de sus labios mientras acompañaba a la
Shalott desde la casa de subastas al coche que le esperaba. Él no estaba del todo
seguro de por qué estaba complacido. Había ido a la subasta porque no podía sacar
a la hermosa demonio fuera de su mente. No tenía ni idea de lo que pretendía hacer
con ella. Sólo había sabido que no podía permitir a ningún otro ser dueño de ella.
Sus planes, sin embargo, no habían incluido una batalla con algún pequeño
mago oscuro, o encabronar a un poderoso enemigo que sin duda querrá venganza,
o ser tratado como algún monstruo chupasangres por su propia esclava.
Entonces, ¿por qué diablos estaba sonriendo?
Su mirada bajó para ver el enojado tic de las caderas de Shay mientras
caminaba delante de él. Ah, sí. Ahora recordaba.
Un lametón de puro deseo rizándose a través de su estómago.
El aroma de su potente sangre era suficiente para poner a cualquier vampiro
duro y dolorido. Ella perfumaba el aire mismo con lujuria. Pero eso no era lo que
capturaba y mantenía su atención.
Era su exótica belleza, la forma en que se movía con fluida gracia, la fiera
determinación que brillaba en los dorados ojos, y el peligro que se arremolinaba
sobre ella como una nube de tentación.
Ella nunca sería solo un polvo fácil. Su amante nunca sabría cuando la
besara si ella envolvería sus piernas a su alrededor o arrancaría su corazón.
Eso añadía un delicioso toque de emoción que no había sentido en mucho
tiempo.
Con sus ojos aún paralizados por el suave balanceo de sus caderas, Viper se
vio obligado a echarse a un lado cuando Shay se paró bruscamente delante de la
brillante limusina negra.
“¿Esto es tuyo?” preguntó ella.
“Para mis pecados.”
Ella forzó una sonrisa en sus labios, pero Viper podía sentir su cautela. Ella
parecía más perturbada que impresionada por su descarada exhibición de riqueza.
“Bonita”
“Me gusta vivir bien.” Con un movimiento suave, Viper abrió la puerta y le hizo
un gesto con su mano. “Después de ti.”
Hubo un tenso momento, y luego con una inclinación de su barbilla, Shay
estaba subiendo al interior de las débilmente iluminadas profundidades.
“¡Joder!” murmuró ella por lo bajo.
Él sonrió cuando se sentó en el asiento frente a ella. La limusina era una obra
de arte. Lujosos asientos blancos, caoba pulida, techo panorámico, armario
empotrado para vino, y TV de plasma.
¿Qué más puede desear un vampiro exigente?
Esperando hasta que el vehículo ronroneó sin problemas desde la acera,
Viper sacó dos copas de cristal y vertió en ellos una generosa cantidad de su
cosecha favorita.
“¿Vino? Es un Borgoña particularmente exquisito.”
Ella cogió la copa solo para olerla como si temiera que podría estar
envenenado. “No sabría la diferencia si tu lo hubieras elaborado en tu bañera.”
Viper ocultó su sonrisa tomando un sorbo de apreciación de su vino. “Veo
que tendré que iniciarte en el placer de la buena vida.”
Los dorados ojos se redujeron. “¿Por qué?”
“¿Por qué, qué?”
“¿Por qué te molestarías? No puede importarte si aprecio los vinos caros o
las limusinas de una milla de largo.”
Él dio un pequeño encogimiento de hombros. “Prefiero una compañera que
posea un poco de sofisticación.”
“¿Compañera?” Shay dio una breve risa sin gracia. “¿Yo?”
“Pagué una gran suma de dinero por ti. ¿Creíste que tenía la intención de
ocultarte en alguna húmeda celda?”
“¿Por qué no? Puedes drenarme tan fácilmente en una húmeda celda como
en cualquier parte.”
Viper se repantingó con elegante facilidad en su asiento, haciendo una ligera
mueca de dolor cuando sus heridas protestaron por la presión contra ellas. Estarían
curadas en el plazo de unas horas, pero hasta entonces serían un doloroso
recordatorio de su más reciente batalla.
“Es cierto que podría hacer una fortuna de tu sangre,” murmuró él, mirando
su tirante expresión por encima de la montura de sus gafas. “Los vampiros pagarían
cualquier precio por una muestra de tu potente elixir. Sin embargo, no tengo la
desesperada necesidad de más riqueza, y por el momento prefiero mantenerte para
mí mismo.”
“¿Tu propia reserva privada?” jadeó ella, plegando sus brazos sobre su
estómago.
“Tal vez,” murmuró él en tono distraído mientras alargaba la mano dentro de
un pequeño compartimento bajo su asiento y sacaba un pequeño tarro cerámico.
“Extiende tus brazos.”
Ella se puso tensa de manera previsible, su aliento contenido en horror. Ella
había dejado claro que consideraba compartir su sangre con un vampiro un destino
peor que la muerte.
“¿Qué?”
“He dicho, extiende tus brazos.”
“¿Ahora?”
“Ahora.”
Su mandíbula trabajando mientras ella le miraba fijamente con furia. Viper
extendió una esbelta mano, esperando con calma.
Largos minutos pasaron antes de que ella murmurara una maldición por lo
bajo y tendiera su brazo de mala gana.
“Aquí.”
Agarrando su antebrazo en una mano, él usó su otra mano para sacar del
tarro cerámico la pálida crema verde, y con cuidado comenzó a frotarla en la roja y
ampollada piel de sus muñecas. Las heridas de los grilletes de hierro dejarían
cicatriz sin no se tomaba el cuidado apropiado.
“¿Qué estás haciendo?” preguntó ella.
“No tienes por qué de sufrir. No tengo afición por las brujas, pero ni si quiera
yo puedo negar que ellas saben cómo elaborar una increíble pomada.”
Sus cejas se fruncieron mientras él alargaba la mano para atender su otra
muñeca.
“¿Por qué estás haciendo esto?”
“Estás herida.”
“Sí, pero… ¿por qué te importa?”
Viper enfrentó su mirada firmemente. “Tú me perteneces ahora. Cuido de mi
propiedad.”
Sus labios se afinaron, no del todo satisfecha con su explicación, pero sus
músculos se relajaron bajo su suave toque y ella no trató de alejarse. No hasta que
él levantó su muñeca para que pudiera presionar sus labios contra su piel desnuda.
“No, por favor,” susurró ella, “Yo…”
Sin previo aviso sus ojos se ampliaron, y con un poderoso movimiento que lo
cogió desprevenido, ella se había liberado de su agarre y tenía su mano presionada
contra la ventana.
Viper se tensó por el repentino peligro en el aire. “¿Qué es?”
“La oscuridad de la casa de subastas,” susurró ella. “Nos está siguiendo.”
“¡Agáchate!” ordenó él, una vez más buscando bajo el asiento. En esta
ocasión él sacó una elegante pistola.
Hubo un repentino ruido sordo mientras la limusina era golpeada por detrás y
Viper murmuraba una maldición por lo bajo. Él no estaba preocupado de que ellos
acabarían destrozados. El coche había sido construido para soportar una pequeña
bomba nuclear. Y, por supuesto, su conductor era un vampiro. Los reflejos de Pierre
eran los mejores que había visto nunca. Por no mencionar el hecho de que era
inmortal.
El chofer perfecto.
Pero él tendría el corazón de cualquiera lo suficientemente estúpido como
para atacarlo tan descaradamente.
Inclinándose hacia el lateral, Viper bajó lentamente la ventanilla tintada. Una
ráfaga de aire azotó por el interior, robando el reconfortante calor. El otoño había
descendido sin piedad, dejando un filo helado en la noche.
Detrás de ellos un gran jeep continuaba acelerando en un inútil esfuerzo por
sacarlos de la carretera. Incluso a una distancia desde la que podía decir que eran
dos pasajeros, y que ambos eran humanos.
“Dame una”
Sorprendido por la suave demanda de Shay, Viper se giró para mirarla con
una mirada entrecerrada.
“¿Sabes cómo usar un arma?”
“Sí.”
Manteniendo su mirada fija en sus ojos rasgados, él buscó bajo el asiento
para ofrecerle una pistola similar a la suya. Con sorprendente eficiencia ella midió el
balance del arma en su mano, antes de quitar el seguro con un suave movimiento.
Él apostaría su mejor rubí a que no era la primera vez que ella sostenía un
arma.
No era precisamente tranquilizador.
Al menos ella no estaba a punto de pegarse un tiro accidentalmente a su pie,
o peor aún al suyo, reconoció irónicamente mientras bajaba la ventanilla de
enfrente.
“Apunta a los neumáticos.”, ordenó él, inclinándose por fuera de la ventanilla
y estabilizando su cadera contra la puerta. Él se detuvo, apuntó, apretó el gatillo, y
destrozó la llanta delantera con un solo disparo. En el otro lado del coche Shay roció
una línea de balas, al final perforando la otra llanta. El coche perseguidor viró
bruscamente a la derecha y Viper dirigió un disparo a través de la ventana,
golpeando al conductor a pesar de que era imposible decir si era un golpe mortal.
El coche cayó fuera de la carretera y Viper envió sus pensamientos a Pierre,
que ya estaba reduciendo la velocidad de la limusina. Él quería esos hombres. Él los
quería en sus garras para drenarles hasta el último pedazo de información que ellos
pudieran poseer.
Y después él pretendía precisamente drenarles.
Quienquiera, o lo que sea, que quería a su Shalott estaba resultando ser más
que simplemente pesado.
Él necesitaba saber exactamente qué estaba en su contra.
El pensamiento apenas había cruzado su mente cuando el deslizante coche
chocó contra un poste de luz. Él murmuró una maldición, y luego otra cuando el
coche explotó de inmediato en una bola de llamas.
Genial, por las pelotas del diablo.
¿No pasa esto sólo en las películas?
Doblándose de nuevo dentro del coche dio un golpe sobre el divisor. En un
momento la limusina aceleró fácilmente en la oscuridad.
Viper observó mientras Shay se sentaba de nuevo en su asiento. Cerrando la
ventana él extendió su mano para recoger la pistola. Hubo sólo una débil vacilación
antes de que ella la colocara en su mano y Viper se agachara para colocar ambas
armas en el gabinete escondido.
Sentándose más cómodamente contra el cuero le lanzó una leve sonrisa.
“Nada mal.”
“Dispara bien.”
Su sonrisa se amplió. “Sí, lo sé.”
Sus ojos se estrecharon lentamente. “¿Pensaste que yo podría usarla contra
ti?”
“¿No es una tentación?” preguntó él.
“Un arma no puede matarte.”
“Las balas son de plata y podrían al menos hacerme daño.”
Sus ojos brillaban con la advertencia no expresada de que ella quería hacer
un poco más que simple daño.
“Dijiste que confiabas en mí.”
“No he sobrevivido tantos siglos sin darme cuenta de que en ocasiones
puedo estar equivocado. Abrazo totalmente el lema “mejor prevenir que curar”.”
Ella se echó descuidadamente en la esquina de su asiento, dando un brusco
tirón de la larga trenza negro cuervo que cubría su hombro. Ella había estado
enojada cuando él había exigido su promesa de que no le haría daño, molesta
porque él había leído fácilmente su carácter noble. Ahora ella estaba enojada
porque él permaneciera cauteloso.
Parte demonio o no, ella era tan contradictoria como cualquier mujer.
“Si quisiera hacerte daño, no necesitaría un arma”, murmuró ella por lo bajo.

_________________

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]


[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://blackandblood.activosforos.es
Vampi
Admin
Admin
avatar

Grupos : *Traductora *Correctora de Estilo
Virgo Mensajes : 7617
Rango : 300
Edad : 35
Fecha de inscripción : 08/02/2010
Localización : Valencia

MensajeTema: Re: Alexandra Ivy - guardianes de la noche (libro 1 - 2 y 3)   Miér Dic 29, 2010 11:57 am

Capítulo 3

Shay no era totalmente estúpida.
Ella sabía que provocar a un vampiro bajo cualquier circunstancia era
peligroso. Como jugar a la ruleta rusa con una pistola completamente cargada.
Especialmente cuando ella estaba completa y totalmente a su merced.
Pero mientras todos sus sentidos podían advertirla de mantener la boca
cerrada y desaparecer en el asiento de cuero suave como la mantequilla, su orgullo
simplemente se negó a escuchar.
Más allá del hecho de ser un vampiro, Viper era todo lo que ella detestaba.
Él era demasiado hermoso, demasiado obscenamente rico, y lo peor de todo,
demasiado descaradamente confiado de su propia valía.
Eso irritaba más que todo.
En lo profundo de su interior ella envidiaba esa fría, majestuosa arrogancia.
Incluso si ella viviera un milenio, ella nunca alcanzaría semejante segura confianza
en su propia valía.
Ella era una mestiza. Mitad demonio y mitad humana. Ella no pertenecía a
ninguno de los dos mundos. Y nunca lo haría.
El vampiro se sentó de nuevo en su asiento y la observó con una mirada
constante.
“Una discusión fascinante, cariño, y una que sin duda exploraremos a fondo
en algún momento. Pero por ahora prefiero concentrarme en quién, o qué, está tan
desesperado por poner sus manos sobre ti.”
“No lo sé,” replicó Shay con completa honestidad. Ella no tenía idea de quién
estaba tras ella. Ella había pasado su vida en la sombras, nunca llamando la
atención sobre sí misma. Había sido su único medio de supervivencia.
“¿Ningún antiguo propietario resentido?” preguntó él.

“Además de Evor que está en posesión de mi maldición, Edra fue mi primera
y única propietaria.” Sus labios se estrecharon con molestia. “Hasta ti.”
“¿Ningún antiguo amante que podría mantener un rencor?”
Estúpidamente ella sintió su cara ardiendo de vergüenza. “No.”
“¿Ningún antiguo amante?” Sus labios se crisparon con mal disimulada
diversión. “¿O nadie que pudiera mantener un rencor?”
“¡No es ningún maldito asunto tuyo!”
“Se convierte en mi asunto cuando alguien intenta matarme.”
Shay dio un furioso tirón de su trenza cuando miró airadamente a su perfecto
rosto. “Entonces devuélveme a Evor.”
“Nunca.” Sin advertencia el vampiro se había lanzado hacia delante y Shay
se encontró atrapada en la esquina con sus manos colocadas sobre el asiento a
ambos lados de su cabeza. “Tú eres mía.”
Su rostro estaba tan cerca que ella podía ver las motas de oro en los ojos
medianoche. Su corazón amenazó con detenerse.
En parte por el miedo. Y en parte… bien, demonios, ella podía también ser
honesta. En parte por pura lujuria.
A ella no tenía que gustarle él para querer arrancarse la ropa y poner ese
magnífico cuerpo masculino sobre ella. Él era una invitación sexual, desde las
puntas de su plateado cabello hasta las puntas de sus botas de cuero hechas a
mano.
Ella tendría que estar muerta para no querer envolverse a sí misma en su
potente belleza y saciar la dolorida necesidad que había padecido durante más años
de los que se preocupaba por admitir.
Sintiendo fácilmente su destello de deseo Viper se mantuvo quieto sobre ella,
sus colmillos alargándose mientras su propio cuerpo reaccionaba.
Sus ojos se ampliaron. “No.”
Con un lento, implacable movimiento su cabeza comenzó a bajar. “¿Temes
que beba tu sangre?”
“No me gusta ser una comida sobre ruedas para nadie.”

Sus fríos labios pasaron casi rozando su boca antes de rozar su mejilla. “Hay
muchas razones para un vampiro para compartir sangre. Confianza, amistad,
amor… lujuria.”
Su corazón golpeó contra su pecho mientras un oscuro calor se propagó a
través de su cuerpo. Él la estaba tocando con nada más que sus labios, pero un
embriagador aleteo de excitación ya estaba apresurándose a través de su bajo
estómago y sus pezones estaban endureciéndose en apretados picos.
Dios, había sido tanto tiempo.
El satén de su cabello hizo cosquillas en su nariz mientras su boca acariciaba
hacia abajo la curva de su cuello. Él olía a colonia cara y a algo mucho más
primitivo. Algo claramente masculino.
Su boca permaneció sobre el frenético ritmo de su pulso antes de que su
lengua recorriera la larga vena en un húmedo camino de vuelta hasta su garganta.
Una puñalada de pánico corrió a través de ella y sus manos se levantaron
para presionar contra su pecho.
“Viper.”
“En este momento no quiero tu sangre, cariño.” Sus labios rozaron su piel
enviando hacia abajo una sacudida de placer por su columna.
“¿Entonces qué es lo que quieres?”
“Todo lo demás.”
Cambiando de sitio su cabeza él capturó sus labios en un beso que la
sacudió hasta los pies.
Oh, Shay, no pienses en el sabor de esos labios masculinos. O en la
promesa de su cuerpo suspendido sobre ella. O en el calor que ya se arremolinaba
por el aire.
Una absurda, por no hablar de imposible tarea, reconoció ella mientras el
beso se profundizaba.
Su boca no era dura, pero había una hambrienta demanda que tenía a sus
propios labios separados en una desamparada respuesta.
Un suave gemido escapó de su garganta cuando sus delgados dedos
ahuecaron su cara. Maldición. Su cuerpo entero estaba despertando a la vida bajo
su sedosa pericia.

Con gentil insistencia su lengua separó sus labios para deslizarse dentro. Sus
ojos se deslizaron cerrándose y tentativamente ella permitió a su lengua enredarse
con la suya. Aún peor, las manos que ella había levantado para rechazarle ahora se
agarraban a la pesada capa, tirando sin pensar de su larga constitución para cubrir
la suya propia.
Desde el momento en que había encontrado a este vampiro semanas atrás,
él había invadido sus sueños y le había hecho recordar sensaciones que era mejor
dejar olvidadas. Ahora ella estaba pagando por su debilidad al no haber olvidado
esos traicioneros deseos.
Sus manos pasaron suavemente casi rozando desde su rostro abajo hacia su
cuello. Su toque era tan ligero como el ala de una mariposa. Tan ligero que ella
incluso apenas se dio cuenta cuando sus dedos se arrastraron hacia abajo lo
suficiente como para resbalarse bajo el diminuto top de harén para ahuecar sus
pechos.
No hasta que su pulgar se frotó sobre los sensibles pezones. Un pequeño
grito fue arrancado de sus labios.
“¿Viper?”
Él rozó su boca sobre su mejilla, sus colmillos raspando su piel pero no
haciendo sangrar.
“Shhh… no te haré daño.”
“¿Vas a morderme?”
“Tengo otra cosa en mente en este momento,” dijo él refunfuñando.
Ella se estremeció en respuesta. Gruñendo por lo bajo en su garganta, Viper
permitió que su cuerpo presionara el suyo contra el suave asiento, su rodilla
empujando sus piernas separadas para permitirle asentarse contra ella con
vergonzosa intimidad.
Fue la hambrienta alegría por la sensación de su erección presionando contra
ella lo que al final la sacudió fuera del aturdimiento de sensual placer.
Por las llamas del infierno, ¿qué estaba haciendo?
Ella apenas había sido la esclava de Viper por una hora y aquí estaba ella
luchando contra el impulso de arrancarle la ropa y guiarle en su interior.

Ella podía estar en las manos de este hombre, pero eso no significa que ella
tenga que ser una víctima voluntaria.
¿Acaso no tenía ella ningún orgullo después de todo?
Aspirando un profundo aliento ella intentó reunir su razón perdida.
“No,” dijo ella al final con voz ronca.
Fue un simple hilo de sonido, pero fue suficiente para hacer a Viper ponerse
tenso sobre ella.
“¿Qué dijiste?” preguntó el contra sus labios.
Su cuerpo se estremeció por la desilusión cuando se obligó a sí misma a
presionar sus manos contra su pecho en silenciosa negación.
“Dije no.”
Ella estaba preparada para que él se riera de su débil protesta. O por lo
menos la ignorara.
Ella era su esclava y él estaba en condiciones de hacer lo que quisiera con su
cuerpo.
Además de que ella aún no había conocido al hombre que no pensara que un
no era justamente un sí esperando a ocurrir.
Sorprendentemente, sin embargo, la elegante forma fue apartada de ella con
fluida facilidad. Shay parpadeó cuando ella lo vio sentado de nuevo en su propio
asiento con fría compostura. No hubo incluso un ligero temblor en sus delgados
dedos cuando él cogió su copa de vino y la levantó a sus labios para revelar que
después de todo había sido afectado por los últimos minutos.
“Tú…” Enderezándose, Shay apartó impacientemente el puñado de rizos que
se habían soltado de su trenza.”¿Por qué te detuviste?”
Él la miró por encima de la montura de sus gafas. “Dijiste no. Asumí que
quería decir no, ¿no lo hacía?”
“Sí, pero…”
“Soy un vampiro, no un monstruo.”
“Tú dices salta, yo salto…” murmuró ella.

“¿Qué?”
“¿Qué importa lo que yo quiera? Soy tu esclava.”
Él retiró sus gafas abruptamente. “Pero no mi puta. Jamás.”
Sus ojos se entrecerraron. Él sonaba sincero. Pero también era un vampiro.
El engaño tal vez era su mayor habilidad.
Si ellos no podían cautivarte con sus ojos, ellos te cautivarían con su
elocuencia.
“¿Así que todo lo que tengo que decir es no?”
“Eso es todo lo que tienes que hacer.”
“No te creo.”
Los oscuros ojos brillaron por su brusca acusación, pero los marfileños
rasgos permanecieron serenos.
“Es tu elección, por supuesto.”
Su mano alcanzó su trenza mientras le miraba con cauteloso recelo.
Era una trampa. Tenía que serlo.
“Si no tienes la intención de imponerte sobre mí, ¿entonces por qué me
compraste?”
Sus labios se retorcieron con sardónico humor. “Ah… la pregunta del millón.”
Shay frunció el ceño, pero antes de que pudiera investigarlo más lejos, el coche se
detuvo en silencio. Viper extendió su mano mientras la puerta de la limusina era
abierta. “Hemos llegado. ¿Vamos?”



Viper ocultó su diversión cuando Shay inspeccionó cautelosamente la cocina
con sus relucientes electrodomésticos y liso suelo de madera. Su mirada

permaneció en las cortinas de guinga5 y las alfombras hechas a mano antes de
pasar a las ollas de cobre que colgaban encima de la pesada encimera.
El chalet de dos pisos era hermoso, con lo que el agente inmobiliario había
afirmado era acogedora calidez, pero apenas podía compararse con muchas de sus
residencias.
Cuando él había comprado el lugar, su único interés había sido encontrar una
finca que fuera aislada y fácilmente defendible. Después de un puñado de siglos,
todo vampiro necesitaba una casa donde pudiera escapar de todo y soltarse la
melena.
O más importante, sus colmillos.
Girando lentamente para hacerle frente, Shay frunció el ceño con evidente
incredulidad. “¿Esta es tu casa?”
Viper lanzó a un lado la pesada capa y la siguió la chaqueta hecha a medida.
Él se quedó de pie en camisa de seda y pantalones de cuero.
Él reprimió otra sonrisa cuando Shay permitió a regañadientes a su mirada
extraviarse sobre su cuerpo. Su tiempo en la limusina había revelado que ella no era
indiferente a su toque. Y que ella era tan caliente y apasionada como cualquier
hombre podía desear.
Dentro de poco tenía previsto tenerla caliente y apasionada bajo él.
Y encima de él, al lado de él…
“Una de ellas.”
“¿Cuántas tienes?”
Él se encogió de hombros. “¿Importa?”
“Supongo que no.”
Con lentos y medidos pasos él comenzó a caminar hacia ella, nada
sorprendido en absoluto cuando ella comenzó a dar marcha atrás. Ella podía
sentirse atraída por él pero nunca permitiría una fácil seducción.
Sería una tentadora danza perfectamente apropiada para entretener a un
hastiado vampiro.
5
Guinga: tela de algodón ligera y resistente de cuadros regulares

“¿Estabas esperando algo un poco más grande?”
Ella hizo una mueca por la idea. “Dios, no.”
Él continuó haciéndola dar marcha atrás hasta que ella chocó contra el
frigorífico. “Tengo unas cuantas mansiones que uso para entretener, pero este es mi
retiro privado donde prefiero estar solo en determinadas ocasiones.”
“¿Estamos solos?”
Su mirada recorrió deliberadamente sus tensos rasgos antes de bajar al
conjunto apenas existente. Cuando había visto por primera vez a Shay vestida como
una esclava de harem, había querido arrancar el corazón de Evor.
En la privacidad de su propia casa, sin embargo, no podía negar que tenía
cierto atractivo.
“Hay guardias por el terreno y tengo un ama de llaves humana que viene
durante el día, pero en su mayor parte vamos a tener la casa para nosotros.” Su
atención se dirigió a la llena curva de su boca. “Una idea deliciosa, ¿no crees?”
“Deliciosa no es la palabra que yo usaría.”
Él se movió hasta que su cuerpo estaba completamente presionado contra el
suyo. “¿Preferirías estar rodeada de vampiros hambrientos? Eso podría ser
arreglado.”
Su aliento se detuvo y el pulso en su cuello tronaba. “Detente.”
Él tocó su mejilla. “Tendrás que moverte, cariño.”
“¿Qué?”
“Estas apoyada contra el frigorífico. No puedo llegar hasta mi sangre.”
“Oh.”
Con aturdida prisa ella hizo un quiebro a su alrededor, un ligero rubor
coloreando sus mejillas.
Viper sacó una bolsa de sangre y la vació rápidamente. Luego él alargó la
mano para coger las numerosas bolsas que habían sido dejadas por su ama de
llaves. Las puso sobre el mostrador y comenzó a abrirlas.

“No sabía lo que prefieres, así que tuve a mi ama de llaves pidiendo comida
para llevar. Hay un poco de todo. China, italiana, mejicana, y el más mundano pollo
frito. Coge lo que quieras.”
“¿Ya tenías esto pedido?” Sus ojos se ampliaron cuando ella echó un vistazo
a las bolsas extendidas sobre el mostrador. “¿Cómo es posible que pudieras saber
que superarías a todos en la subasta?”
Viper miró hacia abajo a su cuerpo delgado, un tentador calor reuniéndose en
su parte inferior. “Siempre consigo lo que quiero. Tarde o temprano.”
Los dorados ojos brillaron con fuego. “Hablando como un verdadero vampiro.”
Su lujuria de sangre saciada, no así su lujuria física, Viper se inclinó contra
los armarios.
“Eres bastante resentida, cariño.” Él cruzó los brazos sobre su pecho. “¿Por
qué odias a los vampiros?”
Ella alargó la mano para arrancar un rollito de primavera6 de una caja
cercana. “¿Aparte del hecho de que han intentado drenarme desde el día en que
nací?”
“Los vampiros no son los únicos demonios que anhelan tu sangre. Tu
aversión parece un poco más personal.”
El silencio cayó cuando ella se comió el rollito de primavera y luego un
wonton7. Viper permaneció en silencio, simplemente esperando a que ella confesara
la verdad.
Otro rollito de primavera desapareció antes de que ella al final soltara un
suspiro y le mirase frunciendo el ceño con hostilidad.
“Los vampiros mataron a mi padre.”
Por los huesos de los santos. Eso sin duda explicaba su agresiva aversión. Y
colocaba otro obstáculo directamente en su camino de seducción.
“Lo siento.”
Ella dio un inquieto encogimiento de hombros. “Fue hace mucho tiempo.”
“¿Fuiste criada por tu madre?”
“Sí.”
“¿Una humana?”
“Sí.”
Ella estaba manteniendo deliberadamente ocultas sus emociones, pero Viper
había estado leyendo el lenguaje corporal de sus presas durante siglos. Era los que
los depredadores mejor hacían.
“¿Ella te mantuvo oculta del mundo de los demonios?”
“Tanto como ella pudo.”
“¿Pasabas como humana?”
No se necesitaba ninguna habilidad para leer el enojo que se agitó sobre sus
hermosos rasgos.
“Me preguntaste por qué odiaba a los vampiros y te lo dije. Ahora, ¿podemos
cambiar de tema?”
Viper sonrió mientras se enderezaba. Tenía una eternidad para explorar los
secretos de Shay.
Era solo una de las muchas exploraciones que tenía la intención de realizar.
“Come tu cena. Tengo algunas llamadas telefónicas que hacer antes del
amanecer.”
Deteniéndose solo el tiempo suficiente para trazar un dedo sobre su suave
mejilla, Viper se movió hacia la parte trasera de la casa y el pequeño estudio. No
había olvidado que había algo ahí fuera resuelto robar a su Shalott.
Eso era inaceptable.
Él tenía la intención de hacer lo que fuera necesario para localizar al
misterioso enemigo y poner un pronto fin al peligro.

_________________

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]


[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://blackandblood.activosforos.es
Vampi
Admin
Admin
avatar

Grupos : *Traductora *Correctora de Estilo
Virgo Mensajes : 7617
Rango : 300
Edad : 35
Fecha de inscripción : 08/02/2010
Localización : Valencia

MensajeTema: Re: Alexandra Ivy - guardianes de la noche (libro 1 - 2 y 3)   Miér Dic 29, 2010 12:27 pm

Capítulo 4

La casa, construida sobre los acantilados del gran Mississippi, era bastante
agradable.
Como la mayoría de las haciendas del Medio Oeste era una sencilla
estructura de dos plantas con un porche que la envolvía y un techo de ángulos
marcados, con lugares donde la pintura blanca estaba desconchada y los canalones
caídos, pero; algunos podrían afirmar que eso solo se añadía al encanto rústico.
Rodeando la casa, el cuidado patio apisonado tenía un puñado de
edificaciones anexas. Y, por supuesto, la tierra estaba bien poblada con varios
ancianos fresnos, robles y cornejos8.
A simple vista ofrecía la simple calidez de la mayoría de las casas de la zona.
La sensación de que un extraño que pasara sería bienvenido con una sonrisa y una
comida caliente.
Pero solo a simple vista.
Los extraños lo bastante desafortunados como para pasar cerca de la
hacienda no encontrarían sonrisas esperándoles, y la única comida caliente serían
ellos mismos.
Afortunadamente, estaba lo suficientemente aislada como para evitar que la
mayoría de excursionistas perdidos, y los lugareños hubieran aprendido hacía
mucho a trazar un ancho sendero alrededor del lugar. Era raro que el profundo
silencio fuera perturbado por algo más que los pájaros.
La posición de la casa no era accidental. Debajo de las colinas se escondían
una serie de cuevas que se extendían por millas. Había un centenar de leyendas
locales conectadas con las cuevas. Algunos afirmaban que habían sido usadas por
el ‘Under-Ground Railroad’. Algunos decían que habían sido la guarida de Jesse
James. Y aún otros decían que habían sido usadas por traficantes que preferían
usar el río para transportar sus bienes adquiridos de forma ilícita.
Ninguna de las historias era cierta, por supuesto. Las cuevas habían sido un
hogar para los demonios desde mucho antes de que los primeros colonos hubieran
llegado.
En las profundidades de las cuevas un delgado diablillo con una cascada de
dorados rizos miraba fijamente las visiones mostradas por la charca mágica.
Parecía fuera de lugar entre las inhóspitas rocas. Con su túnica de satén de
color verde musgo de primavera que hacía juego con sus ojos, y las delicadas hojas
doradas que tenía entretejidas a través de sus rizos, él brillaba con una sobrenatural
belleza.
Un diablillo intentaría reinar en el veraniego claro de un bosque, no las
oscuras entrañas de la tierra.
Sin embargo, por el momento la oscuridad le servía bastante bien.
Él agitó una delgada mano sobre la charca para poner fin a las visiones que
revelaba. Sobre él la sombra llenó la cueva con violenta y asfixiante ira.
“Tu mago ha fracasado,” dijo la sombra marcando lo evidente.
“Eso parece, mi señor.” Levantándose, Damocles quitó cuidadosamente la
suciedad de su túnica. “Le advertí que Joseph no era en absoluto fiable.”
“Era un tonto y un lameculos, pero la culpa no es del todo suya, ¿no?” La
sombra pareció espesarse. “Si yo fuera un hombre suspicaz me preguntaría por qué
tú no mandaste a mi enviado con suficientes fondos para pujar por la Shalott.”
Una débil sonrisa tocó los apuestos rasgos del diablillo. No era que él fuera
indiferente al peligro que pulsaba en el aire. Sólo un tonto creería que la sombra no
podía extenderse y matarle. O peor. Pero él había pasado casi un siglo haciéndose
indispensable para su actual amo. Por el momento él estaba lo bastante seguro.
“Usted me hiere, señor,” protestó él, sus dedos jugueteando con la delicada
cadena que colgaba de su cuello. “Yo apedas podía saber que el vampiro haría tan
escandalosa puja. Además, ¿realmente me pasaría más de medio millón de dólares
en efectivo para dárselos a cualquier sirviente? Por todas las promesas de lealtad
de Joseph no creo que aún así podía haber resistido la tentación de… ¿cómo lo
dicen… coge el dinero y corre?”
El enojado silbido raspó contra los delicados oídos de Damocles.
“Él sabía que si corría yo lo habría matado.”
“Por supuesto, pero la codicia rara vez es lógica.”
“Así que ahora no tenemos a la Shalott y para empeorar ella está en manos
de un vampiro.”
El diablillo levantó inocentemente sus cejas. “¿No son esas buenas noticias?
Usted tiene un considerable poder entre los clanes. ¿No puede simplemente exigir
que este Viper le entregue la demonio a usted?”
“No.” Una invisible mano le cruzó la cara a Damocles. “No puedo revelar mi
interés en esto. Eso solo causaría el tipo de especulaciones y preguntas que me he
esforzado por evitar. No debe haber ningún indicio de que estoy unido a la Shalott
hasta que esté curado. Si mis enemigos saben cómo de debilitado me he vuelto…”
Damocles sintió la sangre descendiendo por su mejilla pero no hizo tanto
como estremecerse. “Eso nunca pasará, mi señor. No mientras yo esté a su lado.”
“Oh sí, mi dulce diablillo, tanta lealtad,” se burló la voz.
“Es tan profunda e interminable como el mar.”
“Mejor dicho tan profunda e interminable como mis arcas.”
El diablillo hizo una media reverencia. “Todos tenemos nuestras debilidades,
¿no?”
“¡Bah!” La sombra se agitó con inquieta impaciencia. “Quiero a esa demonio.
Despierta a tu mascota.”
Damocles se enderezó, sus pensamientos corriendo por este más que
inesperado giro. Él mismo se enorgullecía de prepararse para cualquier
eventualidad. De leer el futuro con extraordinaria habilidad.
Nunca fue atrapado fuera de su guarida, nunca desprevenido.
En esta ocasión, sin embargo, tenía que admitir que sus astutas artimañas le
habían fallado.
De lo más molesto.
“¿Mi mascota?” Él tocó ligeramente su cadena de oro. “¿No dirá ahora, mi
señor? Va unido a provocar una inoportuna atención. Tengo varias…”
Sus palabras fueron ahogadas cuando una presión rodeó su garganta y cortó
su respiración.
“¿Has olvidado quién es el amo aquí, diablillo?”
Motas negras estaban bailando frente a los ojos de Damocles antes de que
la presión al final se redujera y a él se le permitiera aspirar una amplia bocanada de
aire.
La furia corrió a través de su sangre pero con la facilidad que da la larga
práctica Damocles descendió hasta sus rodillas y dobló su cabeza como era de
esperar de un buen sirviente.
Sus planes podían ser alterados. Él no era nada si no lleno de recursos.
“Por supuesto que no, mi señor. Se hará como usted desea.” Él levantó
lentamente su cabeza. “Sin embargo, no hay garantías de que no habrá bajas.”
“¿Qué me importa siempre i cuando no sea la Shalott?” preguntó la sombra.
“El vampiro…”
“Un sacrificio necesario.”
Damocles hizo una pausa deliberada. “Tal vez necesario, pero no creo que
vuestros Cuervos serán tan comprensibles.”
Ese doloroso silbido hizo eco a través de la cueva. “La cual es la razón por la
que ello no deben enterarse de mi plan. ¿Está claro?”
Él escondió una sonrisa. Al menos no necesitaba preocuparse de esa
entrometida panda de idiotas. Habían hecho lo posible para interferir en sus
complots y conspiraciones, y se había prometido a sí mismo darles un apropiado
castigo. Él era muy bueno castigando.
Pero no ahora. Todavía no.
“Perfectamente, mi señor. De hecho debería ir para asegurarme de que no
haya errores inoportunos.”
“Una sabia decisión.”
Damocles se levantó lentamente, sus pensamientos corriendo. “Pero primero
creo que debería realizar una visita al trol.”
Hubo una pausa recelosa. “¿Por qué? Él es insignificante.”
El diablillo sonrió. “No tan insignificante. Él tiene en su poder la maldición que
ata a la Shalott.”
“¿Y?”
“Si él muere, ella muere. Pienso que sería prudente tenerle a nuestro cuidado
para mantenerle apartado de las garras de nuestros enemigo.”
“Sí, sí, por supuesto,” jadeó la sombra. “Debería haber pensado en eso. No
podemos correr ningún riesgo teniendo al trol corriendo suelto. Podría pasarle
cualquier cosa.”
“Me ocuparé de él personalmente.”
“Bien.” La sombra se movió con un áspero suspiro. “Debo descansar.”
Damocles hizo una reverencia baja. “Desde luego, mi señor. Conservad
vuestra fuerza. Muy pronto usted estará fuerte y entero de nuevo.”
Hubo un breve silencio. “¿Damocles?”
“¿Sí, mi señor?”
“¿Me enviarás lo que necesito ésta noche?”
El diablillo escondió una sonrisa de satisfacción. “Lo tengo todo preparado.”
“Debes tener cuidado. Si los Cuervos…”
“Seré el alma de la discreción.”
“Bien. Ahora vete antes de que seas echado en falta.”
Con una última reverencia, Damocles se movió a través de la oscuridad.
Había un camino directo a las cuevas superiores, pero era lo bastante sabio como
para evitarlo. Él era bien consciente de que los detestables Cuervos dedicaban una
gran cantidad de esfuerzo a seguir sus movimientos. Le satisfacía ser capaz de
pasar sin que le vieran sus espías con tanta facilidad.
Había alcanzado el estrecho camino que lo conduciría a sus propias cuevas
privadas cuando una sombra apareció abruptamente ante él. Él no tenía que
esperar a que la sombra se parase dentro de la parpadeante luz de la cercana
antorcha para saber quién bloqueaba su camino.
Sólo uno poseía la arrogancia para mirarle como si fuera un pedazo de mugre
pegada a la suela de su bota.
“Detente, Damocles, quiero tener unas palabras contigo.”
Damocles miró al alto, extremadamente apuesto vampiro con una burlona
sonrisa.
“¡Ah, pero si es el Señor Alto, Oscuro y Sombrío! ¿Qué pasa? ¿Te cansaste
de asustar a las ratas de los sótanos y viniste en búsqueda de un juego más difícil?”
Las bronceadas facciones permanecieron impasibles. Nada parecía tocar al
líder de los Cuervos. Ni los insultos. Ni las amenazas. Ni siquiera la descarada
adulación.
Un hecho que jodía a Damocles como el infierno.
“¿Dónde has estado?” preguntó el hombre conocido simplemente como Styx.
Damocles levantó sus cejas. “He estado realizando una pequeña tarea para
nuestro amo.”
“¿Qué tarea?”
“Obviamente eso queda entre mi amo y yo.”
Una fría ráfaga de poder cubrió a Damocles cuando el altísimo demonio dio
un paso hacia delante.
“Podría sacarte la verdad si lo deseara.”
“Y yo podría hacer aparecer las alas y volar a París si lo desease,” se burló
Damocles. “Si quieres la verdad, búscala en nuestro amo.”
“La buscaré en ti. Dime por qué andas a hurtadillas a través de esos túneles
como un ladrón.”
Los pinchazos se volvieron completamente dolorosos pero Damocles los
ignoró decididamente.
Sólo los fuertes sobreviven en estas cuevas.
“Juré mantenerlo en secreto. ¿Me harías romper mi juramento?”
El Cuervo hizo un sonido de repugnancia. “Como si un diablillo supiera nada
de juramentos y honor.”
Damocles podría haberle dicho que él mantenía sus juramentos mucho más
de lo que nadie nunca sabría. En lugar de eso, él se inclino contra la pared e
inspeccionó el hilo dorado de la manga de su túnica con arrogante indiferencia.
“¿Me buscabas para ofrecerme tediosos insultos o tienes un propósito?”
Las delgadas y severas facciones se apretaron. “Muy en contra de mis
deseos, el amo te ha encargado recuperar a la Shalott. Hasta ahora no has hecho
nada más que ofrecer promesas vacías. ¿Dónde está la demonio?”
Damocles se encogió de hombros. “Ha habido un pequeño contratiempo,
pero no hay razones para temer. Pronto la tendré a mi alcance.”
Sin previo aviso, Damocles se encontró sobre su espalda acunando una
golpeada mandíbula. El golpe había llegado tan rápidamente que él no había tenido
la oportunidad de evitarlo.
“No tengo ninguna confianza en ti, diablillo, y mucho menos aprecio. Tu
llegada a nuestra puerta fue un oscuro presagio que no ha traído nada más que
fracasos. Consigue a la Shalott o yo tendré tu cabeza.”
Sin una mirada hacia atrás, Styx atravesó las sombras con paso majestuoso
y se dejó a Damocles limpiándose la sangre de su boca.
Una vez solo, Damocles permitió que una sonrisa curvara sus labios.
Siempre era un buen día cuando él podía provocar al sangriento Príncipe de
Hielo para perder los estribos.
Él tenía la intención de asegurar que hubiera muchos, muchos más días de
esos.

_________________

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]


[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://blackandblood.activosforos.es
Nanis
Correctora de estilo
avatar

Mensajes : 1831
Rango : 1
Fecha de inscripción : 11/06/2010
Localización : México

MensajeTema: Re: Alexandra Ivy - guardianes de la noche (libro 1 - 2 y 3)   Jue Dic 30, 2010 6:46 am

Ahhhhh necesito más, quiero másssssss :225: Me pusiste bien poquito Gemma :232:

Mu pones maaás porfis :220:

_________________
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Vampi
Admin
Admin
avatar

Grupos : *Traductora *Correctora de Estilo
Virgo Mensajes : 7617
Rango : 300
Edad : 35
Fecha de inscripción : 08/02/2010
Localización : Valencia

MensajeTema: Re: Alexandra Ivy - guardianes de la noche (libro 1 - 2 y 3)   Jue Dic 30, 2010 10:35 am

:stp: ya voy, ya voy XDDD

_________________

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]


[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://blackandblood.activosforos.es
Vampi
Admin
Admin
avatar

Grupos : *Traductora *Correctora de Estilo
Virgo Mensajes : 7617
Rango : 300
Edad : 35
Fecha de inscripción : 08/02/2010
Localización : Valencia

MensajeTema: Re: Alexandra Ivy - guardianes de la noche (libro 1 - 2 y 3)   Jue Dic 30, 2010 10:43 am

Capítulo 5

Esperando hasta que Viper hubiera dejado la cocina, Shay reunió las cajas
de comida y respiró profundamente el delicioso aroma.
Maldición, ella estaba hambrienta.
Durante las pasadas semanas, ella apenas había comido lo suficiente como
para mantener vivo a un pájaro. Evor disfrutaba de sus pequeñas torturas y él pensó
que sería una gran diversión verla pelearse a través del suelo por reunir el puñado
de migajas que él tiraría a través de los barrotes de su jaula.
Y por mucho que ella odiara aceptar cualquier cosa del vampiro, no podía
resistir la tentación extendida ante de ella.
Comenzando con las cajas de comida china, ella había logrado zampárselas
junto con la mayoría del pollo frito cuando su captor caminó de nuevo dentro de la
habitación.
Viper alzó sus cejas a la vista de las cajas vacías pero, afortunadamente, se
abstuvo de hacer comentarios sobre su glotonería.
“Si quieres dejar una lista para mi ama de llaves, estoy seguro de que ella
será capaz de mantener la cocina surtida con cualquier comida que prefieras.”
Shay echó una mirada a los montones de comida. “Ella ya la ha surtido con
todo excepto pastel de manzana.”
“Estoy seguro de que lo del pastel de manzana puede ser arreglado.”
Shay no lo dudó ni por un momento. El ama de llaves parecía del tipo de ir
más allá de lo que indica el deber.
La pregunta era si la mujer lo hizo llevada por un sentido de lealtad, o llevada
por el miedo.
“¿Sabe ella que eres un vampiro?”
Los llenos y sensuales labios se crisparon con diversión. “Las bolsas de
sangre llenando la nevera normalmente lo delatan.”
Listillo.
Sus ojos se estrecharon. “La mayoría de humanos se niega a creer en
demonios. O si lo creen, están aterrorizados de ellos.”
“Su familia me ha servido durante varios siglos,” explicó él. “De hecho, ella
tiene cuatro hijos que trabajan en mis diversas empresas.”
“Una verdadera dinastía.”
Él hizo un elegante encogimiento de hombros. “Simplifica las cosas.”
“Apuesto a que sí.”
Su expresión era curiosa mientras estudiaba sus tirantes rasgos. “Suenas con
desaprobación. ¿Te molesta que contrate humanos?”
La molestaba, pero no de la forma en que él pensaba. “Por mi experiencia, lo
humanos y los demonios no se relacionan.”
Él se movió hasta estar parado directamente delante de ella. Él metió
suavemente un rizo extraviado detrás de su oreja.
“Eso no es totalmente cierto, cariño,” dijo él suavemente. “Tú has
experimentado la más íntima relación entre humano y demonio. Una relación que te
creó.”
Ella resistió la horrible necesidad de restregar su mejilla contra sus
persistentes dedos. “Eso fue… diferente.”
Él inclinó hacia arriba su mentón para que se enfrentara a su penetrante
mirada. “¿Cómo que fue diferente?”
“Ninguno de mis padres pensaba enamorarse.”
Una lenta sonrisa curvó sus labios. “¿Lo hace alguien?”
Un hormigueo corrió sobre su piel y Shay se alejó un palmo. La distancia
parecía una buena elección cuando se trataba con este enervante vampiro.
Mucha distancia.
“Mi padre se disponía a salir y unirse a los demás Shalott cuando descubrió a
mi madre siendo atacada por una manada de hombres lobo,” trató de explicar ella.
Ella había escuchado la historia contada por su madre un centenar de veces.
Siempre con esa triste y anhelante expresión que revelaba que su madre aún
lloraba la pérdida de su marido. “Él salvó su vida y luego la llevó de vuelta a su casa
y la ayudo a curarse.”
“¿Y el destino hizo el resto?”
Ella hizo un brusco asentimiento. “Algo parecido.”
“¿Fueron felices juntos?”
Su sondeo estaba empezando a tocar esa fibra sensible que ella no quería
que tocara.
“Sí. Se amaron mucho el uno al otro.”
Él ignoró el filo de advertencia en su voz. Por supuesto. En vez de eso, él
permitió a su mirada vagar lentamente sobre su apenas cubierto cuerpo.
“Y ellos te crearon. Yo diría que la unión de un humano y un demonio fue
claramente un encuentro creado en el cielo.”
Ella lamió sus resecos labios. Ya fuera que alguien acabara de encender un
fuego en la cocina o el calor de su mirada, cualquiera de los dos era realmente
tangible.
“Difícilmente fue el cielo para mi padre siendo rechazado por su pueblo, o
para mí y mi madre siendo obligadas a entrar en la clandestinidad.”
“¿Si ellos eran felices qué importaba eso?”
Ella se tragó sus cortantes palabras. ¿Por qué molestarse? Él era un
vampiro. Nunca había conocido un día de miedo o incertidumbre en su inmortal
vida.
“No quiero hablar de eso.”
Él hizo una pausa antes de dar un lento asentimiento de su cabeza. “Muy
bien. Si has terminado con tu comida, te mostraré tu habitación.”
Los rollitos de primavera de repente se sintieron como si pesaran una
tonelada en su estómago.
Ella estaba bien familiarizada con las habitaciones ofrecidas a un esclavo.
Oscuros, húmedos y fríos agujeros con barrotes de hierro. Era una cosa que nunca
cambiaba sin importar quién fuese su actual amo.
“¿Ahora?”
Él la miró con un indicio de curiosidad. “¿Hay algo más que desees hacer?”
Comer cristales rotos. Clavarse un cuchillo en el ojo. Arrojarse desde el
tejado.
“Pensé que podría echar un vistazo por la casa.” Ella se apartó como por
casualidad de su amenazante forma. “Después de todo ésta va a ser mi casa.” Sus
labios se apretaron. “Al menos por ahora.”
“Habrá tiempo de sobra para eso mañana. ¿No estás agotada?”
“No necesito mucho sueño.”
Una pequeña e preocupante sonrisa jugueteando en su boca. “Qué agradable
coincidencia, yo tampoco necesito mucho sueño.”
Consumida por el pensamiento de una húmeda y fría celda, Shay no estaba
preparada cuando él se deslizó hacia delante y la alzó en brazos.
Arropada cerca de su pecho, Shay maldijo rotundamente su falta de atención.
Podría no ser capaz de igualar la velocidad de un vampiro, pero podía haber hecho
algo más que estar ahí de pie boquiabierta como si fuera una trucha.
Era increíble lo que una patada bien colocada o un golpe en la garganta
podía hacer incluso a los hombres más decididos.
“¿Qué estás haciendo?” dijo ella apretando los dientes.
Con molesta facilidad, Viper se movió hacia la cercana puerta.
“Dijiste que deseabas un tour.”
“Puedo pasear por mí misma. No es necesario que tú…”
Él la levantó lo bastante alto para poder encontrar de lleno su mirada. Sólo
por un momento, Shay luchó por respirar.
No era sólo su impresionante belleza. La mayoría de los vampiros eran
hermosos. ¿De qué otra forma podrían atraer tan fácilmente a su presa? Pero había
algo irresistible en esos ojos de medianoche. Algo que amenazaba con agitar unas
sensaciones que ella definitivamente no quería agitadas.
“Es todo necesario, cariño,” murmuró él con sedoso tono. “Ahora estate
callada y déjame desempeñar mis deberes como tu anfitrión.”
Ella apartó horrorizada su mirada. Ella nunca había creído que fuera posible
para ella ser jamás cautivada o seducida por un vampiro, sin importar cuales fueran
sus poderes. Ella los había odiado toda su vida.
Ahora, no estaba casi tan segura como debería.
“¿Haces un hábito el transportar a tus invitadas a todas partes?” masculló ella
mientras combatía el más ridículo impulso de retorcerse en sus brazos.
“Tú eres mi primera y única invitada.”
Su mirada se movió de nuevo hacia sus elegantes rasgos. “Estas mintiendo.”
Sus cejas se arquearon. “¿Por qué dices eso?”
“No puedo creer que un hombre como tú estaría dispuesto a dejar atrás a su
harén.”
“¿Un hombre como yo?”
“Un vampiro.”
“Ah. Siento decepcionarte, pero actualmente estoy sin harén.” Los ojos
medianoche mostraron su magia. “¿A no ser, por supuesto, que te estés ofreciendo
voluntaria?”
La picazón de excitación introduciéndose despacio bajo su piel y reuniéndose
en la boca de su estómago. Maldición. Ella nunca había sido tan intensamente
consciente de un hombre. Y de ninguna manera de un hombre que tenía el mal
gusto de ser un vampiro.
Era inesperadamente molesto.
Hora de una distracción.
“¿Realmente nunca has tenido ninguna invitada aquí antes?”
La mirada de medianoche tenía un giño de diversión. Uno que la hizo querer
darle un golpe a esa larga y perfecta nariz aguileña.
“Vengo aquí para estar solo.”
“¿Entonces por qué…?”
“Ah, el salón,” se entrometió firmemente, como si fuera su turno para una
distracción. “Te darás cuenta, espero, del magnífico ventanal que ofrece una
sensacional vista del lago. Los suelos son de pulida madera de roble autóctono del
estado, así como lo es la madera de la escalera tallada a mano. Hay algo
terriblemente fascinante en las piedras de la chimenea, pero debo admitir que no le
presté particular atención cuando la agente inmobiliario estaba torturándome con su
interminable charla.”
Ella tuvo un breve vistazo de una habitación en sombras que perecía ocupar
una enorme cantidad de espacio. Curiosamente, incluso en la oscuridad y con un
apagada sensación de inmensidad, había una sensación de calidez en la habitación.
No. Ella dio una inconsciente sacudida de su cabeza.
La sensación de calidez no era en la habitación, sino en toda la casa.
Como si aquellos que habían vivido aquí habían hecho un verdadero hogar y
dejaron atrás los ecos de su felicidad.
Perdida en sus ridículos pensamientos le tomó un momento darse cuenta de
que Viper no se había girado hacia la puerta que los llevaría más lejos dentro de la
casa. En cambio, él estaba subiendo la ancha curva de la escalera.
Mierda.
A pesar de sus promesas de no forzar su voluntad sobre ella, ella no confiaba
en él.
Él era un vampiro.
Basta con decir eso.
“¿Esa no era todas las habitaciones de esta planta?” preguntó ella.
“No, pero no son ni de cerca tan interesantes como las habitaciones
superiores.” Su voz era de la misma aterciopelada medianoche que sus ojos. Tan
mágica, maldito sea.
“Desearía que me bajaras. Soy perfectamente capaz de caminar.” Y de
correr. Y de encerrarse a sí misma en la habitación más cercana.
“Me gusta la sensación de tenerte cerca de mí.” Él alcanzó el rellano y se giró
hacia la primera puerta a la derecha. Él se detuvo sólo el tiempo suficiente para
tocar el interruptor de la pared antes de continuar hacia el centro de la habitación.
“Aquí estamos.”
Manteniéndose rígida, ella estudió su entorno. Ella no estaba segura de lo
que esperaba. Látigos. Cadenas. Grilletes atornillados a la pared.
En lugar de eso, ella descubrió una habitación que poseía la misma
acogedora calidez que ella había sentido escaleras abajo.
“¿Ésta es tu habitación?” preguntó ella, mirando la gran cama de cuatro
postes con su grueso edredón y el aparador tallado a mano que tenía un florero con
margaritas recién cortadas.
Ella no podía pensar en nada más adecuado para el elegante y sofisticado
vampiro.
Curiosamente, su rostro se convirtió en una máscara ilegible. Incluso los ojos
de medianoche eran cautelosos.
“En realidad ésta es la tuya.”
Su corazón se olvidó de latir. “¿Mía?”
“¿Te gusta?”
“Yo…” Ella lamió sus resecos labios. De repente la suave y encantadora
habitación era más aterradora que cualquier cantidad de cadenas y grilletes. “¿Por
qué?”
Él estudió su expresión con esa desconcertante intensidad de depredador.
“¿Por qué, qué?”
“Soy tu esclava. Puedes hacer lo que quieras conmigo. ¿Por qué me estás
tratando como algún tipo de huésped privilegiado?”
“Es porque eres mi esclava que significa que puedo tratarte de cualquier
manera que piense apropiada.”
Ella cerró sus ojos contra el poder de su mirada. “Por favor, tan sólo dime qué
es lo que quieres de mí,” susurró ella. “El no saberlo es peor que cualquier cosa que
puedas hacerme.”
Hubo un momento de vacilación antes de que él se acercara resueltamente
hacia adelante. Antes de que Shay supiera lo que iba a ocurrir, ella se sintió siendo
lanzada sobre el centro de la blanda cama.
Sus ojos volaron abiertos cuando ella aterrizó, pero a tiempo de evitar que él
la siguiera hacia abajo y cubriera su cuerpo con su mucho más pesada constitución.
“Muy bien.” Su cabeza se inclinó hacia abajo hasta que sus labios estaban
presionados contra su garganta y el sedoso pelo de plata rozó su cara. “Te quiero
en mi cama debajo de mí, gritando mi nombre cuando te vengas de placer,”
murmuró él, su boca moviéndose contra su piel para enviar un millar de hormigueos
de placer a través de su cuerpo. “Quiero beber a fondo de tu sangre y bañarme en
tu calor. Quiero enredarme en ti hasta que pueda hacer que dejes de atormentar mis
sueños. ¿Es eso lo que querías saber?”
Sus ojos se cerraron despacio mientras combatía contra el impulso de
envolver sus piernas alrededor de su cintura y rogar ser tomada exactamente como
él describía.
Él no era el único atormentado.
“No realmente,” dijo ella con voz ronca.
“No te preocupes, cariño. Yo no fuerzo a las mujeres. Tenemos una eternidad
para saciar mis apetitos.” Su boca se movió de forma que ella podía sentir la
agudeza de sus colmillos. “Nuestros apetitos.”
Ella se estremeció incluso mientras movía su cabeza en negación. “No sabes
nada de mis apetitos.”
“Tengo la intención de aprender.”
Una fuerte y conmovedora tristeza se extendió a través de ella, ayudando a
disipar la seductora locura que este vampiro podía contagiar con tan aterradora
facilidad.
“Lo que yo deseo tú no puedes ofrecérmelo.”
Fácilmente consciente de su retirada, Viper se echó hacia atrás para mirarla
con una expresión feroz.
“Nunca dudes de mí, Shay. Soy un vampiro de sorprendentes habilidades.” Él
la besó con una rápida pero chocante intimidad antes de ponerse de pie con
urgencia y fluidez. Una sonrisa tocaba sus labios cuando él la miró tumbada sobre el
suave edredón, como si la vista de ella yaciendo allí le complaciera de alguna
manera.
“Que descanses bien.”
Increíblemente, él se dio la vuelta y salió de la habitación.
Él no la había encadenado a la cama.
Él no la había encerrado en el armario.
Él ni siquiera había cerrado la puerta.
Incorporándose con cautelosa urgencia en posición vertical, Shay sacudió su
cabeza.
¿Qué demonios estaba pasando?


Viper caminó a través de la oscura casa hacia su estudio privado. El
amanecer estaba cerca pero él aún tenía unos cuantos detalles que poner en orden
antes de buscar su cama.
Una pena que uno de esos detalles no fuera la hermosa Shalott sola en su
habitación, reconoció con un triste suspiro. Su cuerpo aún dolorido por el esfuerzo
que había tomado dejarla sola en esa cama.
Su mente podría asegurarle que ella estaría muy pronto ofreciéndose a sí
misma sin vacilación, pero sus frustrados deseos insistían en que eso posiblemente
no podría ser lo bastante pronto.
Cinco minutos a partir de ahora no podría ser lo bastante pronto.
Entrando en la habitación forrada de libros se trasladó directamente a la
puerta oculta detrás del panelado de nogal. Presionando la palanca que le dejaría
entrar dentro del cuarto de seguridad de más allá, Viper pasó al interior y miró el
banco de monitores con un pequeño sentimiento de orgullo.
A diferencia de muchos de su especie, él nunca había vacilado en abrazar la
tecnología más avanzada. Va más allá de la arrogancia a la redomada estupidez
ignorar el mundo en constante cambio.
Además, si fuera completamente honesto, admitiría que era como cualquier
hombre. Tenía que tener los más chulos, más brillantes, y más caros juguetes con
los que jugar.
Al entrar, un bajito vampiro pelirrojo que miraba los monitores se puso de pie
con sus colmillos completamente extendidos.
Viper levantó una tranquilizante mano. “Relájate.”
Dándose cuenta de quién se había acercado sigilosamente a él, el vampiro
ofreció una profunda reverencia. “Maestro.”
“¿Se ha producido algún disturbio?”
“No. Ha estado muy tranquilo.” Los ojos verdes se estrecharon. “¿Está
esperando problemas?”
“Existe la posibilidad de que me hayan seguido esta noche,” dijo Viper.
“Quiero la guardia duplicada y a todo el mundo en completa alerta.”
“Por supuesto, maestro.”
Viper sonrió por la rápida obediencia. Sin preguntas. Sin discusiones. Sin
letales y airadas miradas.
Sus empleados estaban mucho mejor entrenados que su nueva esclava.
“¿Quién está de servicio después de ti?”
Él vampiro echó un vistazo hacia la lista que estaba fijada en uno de los
monitores. “Santiago.”
“Bien.” Viper asintió con la cabeza. Santiago todavía era un joven vampiro,
pero estaba bien entrenado y era capaz de pensar con la cabeza fría. No permitiría
que nada pasara sin que lo viera. “Quiero que tú le avises de que mantenga una
estrecha vigilancia sobre los terrenos.”
El vampiro pelirrojo le miró con una expresión curiosa. “¿Debería mantener
una estrecha vigilancia en algo en particular?”
“Tengo una invitada quedándose conmigo,” confesó Viper con una sonrisa
que se negaba a irse. “Una invitada muy especial. Me temo que ella podría decidir
vagar fuera mientras duermo.”
“Ah. ¿Quiere que ella sea capturada y devuelta?”
Viper dio una lenta sacudida con su cabeza. “No. Si ella es vista intentando
salir, debo ser despertado inmediatamente.”
El vampiro alzó sus cejas con sorpresa. “¿No quiere que ella sea detenida?”
“No a menos que Santiago sospeche que pudiera haber algo peligroso
acechando cerca.” Viper miró hacia los monitores.
“Creo que podría ser interesante descubrir a dónde exactamente decide ir mi
invitada.”


No debería haber sido sorprendente que Shay se quedara dormida.
Había estado parada en el suelo de su habitación durante más de una hora
antes de haber aceptado al final que Viper no iba a volver. Que no iba a haber
ninguna tortura, o tormento, o violación.
Al menos por ahora.
Ella no estaba ni de cerca lista para creer que eso no estaba en su futuro.
Aún así fue un shock cuando ella al final se despertó y se dio cuenta de que
ya eran pasadas las cinco de la tarde.
Buen Dios. Ella no sólo había dormido, sino que su sueño había sido
profundo y totalmente libre de pesadillas.
Era insólito.
Tenía que haber sido el blando colchón de plumas. O el silencio que llenaba
la propiedad, se tranquilizó a sí misma mientras murmuraba algunas surtidas
maldiciones y caminaba armando revuelo hacia el baño para echarse agua en la
cala. Sin duda no podía ser que ella se sintiera en paz en la casa del vampiro.
Eso sería ridículo.
Ella se las arregló para encontrar un nuevo cepillo de dientes y pasta
dentífrica en el cuarto de baño adjunto, así como un cepillo que usó para alisar su
largo cabello antes de trenzarlo y bajar corriendo a la cocina.
Sin un cambio de ropa, estaba obligada a permanecer con los pantalones de
harén y el brillante top, pero cuando se movió hacia la puerta de atrás se fijó en la
pesada capa de terciopelo que Viper había echado a un lado la pasada noche.
Ella estaba caliente mientras sentía la caída de la temperatura como un
humano normal, pero no poseía la habilidad de un verdadero Shalott de ignorar los
elementos.
Ni lo uno ni lo otro.
Una mestiza.
La historia de su vida.
Reuniendo el suave material a su alrededor, Shay ignoró la tentadora
fragancia que era tan única de Viper. Ella tenía una promesa que mantener, y no
había tiempo para permitirse estar distraída. Especialmente con su molesta reacción
hacia el maldito vampiro.
Saliendo de la casa con un silencio que pocos podían igualar, ella logró eludir
a los guardias que Viper había mencionado que patrullaban los terrenos. Una vez en
las grandes puertas que protegían la propiedad ella se detuvo para echar hacia
atrás la capa antes de escalar fácilmente los lisos ladrillos y aterrizar al otro lado.
Esa era su última barrera y reuniendo la capa sobre ella, se largó en una
constante carrera que la llevaría de vuelta a la ciudad y la casa de subastas.
Adaptándose a un trote rápido que podría mantener durante horas si fuera
necesario, ella se dirigió hacia el sur. En la distancia ella podía ver el inminente perfil
de los edificios de Chicago y mantuvo la mirada fija en la Torre Sears mientras
cruzaba los campos rurales que se extendían a las afueras de la descontrolada
ciudad.
Ella tomó un desvío para recoger la bolsa que había escondido cuando había
sentido la primera compulsión de volver con Evor. Ella no había sabido entonces
que ella podría necesitarla, ella sólo había querido tener unas cuantas sorpresas
guardadas en caso de que tuviera la oportunidad de usarlas.
Ahora era la oportunidad perfecta.
El anochecer había pintado un lienzo de rosas y pálidos violetas en el cielo
cuando ella se acercó a la casa de subastas. De haber sido liberada de la maldición,
habría trepado a lo alto de una de los altísimos edificios para mirar la corriente de
colores desplegados sobre el Lago Michigan. No había nada tan completamente
tranquilizante como estar cerca del agua y permitir a su poder extenderse a través
de ella.
Sus pasos nunca se detuvieron, sin embargo, y aún era lo bastante temprano
para que la mayoría de los troles estuviera durmiendo cuando ella llegara a la casa
de subastas.
Lamentablemente, mucho más que solamente troles y vampiros esperando a
la completa oscuridad antes de alzarse y salir silenciosamente a hurtadillas de algún
sótano, ella descubrió a Levet aún en forma de estatua.
“Levet, despierta,” dijo ella entre dientes, rezando en silencio que hubiera
pasado tiempo suficiente después de la puesta de sol para que él la oyera. “Maldita
sea, despierta.”
Durante largos segundos no hubo nada más que los ruidos de los ratones
para romper el espeso silencio. Luego, hubo la tenue rotura de la roca y la gruesa
piedra que encerraba a la gárgola comenzó a desmoronarse.
La visión nunca fallaba en impresionar a Shay cuando la pequeña estatua se
despojaba de su piel al igual que las serpientes para revelar al demonio bajo ella.
Una lluvia de polvo dejó ciego brevemente a la pequeña gárgola y Shay se
acercó a los barrotes de hierro.
“Levet.”
“¡Eeek!” Con un fuerte grito, Levet salió disparado hacia la oscura esquina de
la celda.
“¡Por el amor de Dios, cállate!” dijo Shay entre dientes.
“¿Shay?”
“Sí, soy Shay.”
Levet se deslizó lentamente fuera de las sombras, como si medio esperase
que ella fuese un producto de su imaginación.
“¿Qué estás haciendo aquí? Mon dieu, ¿ya has sido devuelta?”
Shay sonrió a regañadientes. Ella no culpaba a la gárgola por saltar a la
conclusión de que su más reciente amo la había echado después de sólo unas
cuantas horas.
Ella no era exactamente material de esclavo.
Odiaba aceptar órdenes. Tenía mal genio. Demasiado orgullo. Experta en las
artes más mortales. E inclinada a luchar contra el destino en lugar de aceptarlo con
elegancia.
Podría haber peores esclavos que ella.
Pero no muchos.
“Te dije que volvería a por ti. No hago promesas que no tengo intención de
mantener.”
Levet se quedó inmóvil. Como si hubiera vuelto a su forma de estatua.
“¿Regresaste? ¿Por… mí?”
“Sí.”
Él se hundió lentamente hasta quedar de rodillas, su frívola actitud perdida en
una oleada de profundo alivio.
“¡Oh, gracias a Dios!” Su voz hizo eco a través de la vacía caverna. “Gracias
a Dios.”
“Sssh.” Shay agitó su mano con ansiedad mientras echaba un vistazo hacia
las cercanas escaleras. “Tenemos que sacarte de aquí antes de que Evor
despierte.”
“¿Cómo? Tú no puedes tocar los barrotes y yo no soy lo bastante fuerte para
doblarlos.”
Shay rebuscó debajo de su capa para sacar el pequeño tarro cerámico. Con
sumo cuidado, sacó el tapón.
“Apártate.”
Levet se levantó y se apartó lentamente. “¿Qué vas a hacer?”
El humo ya comenzaba a elevarse desde el tarro. Nunca era una buena
señal.
“¡Maldita sea, Levet, simplemente ponte en la esquina!”
Con un batir de sus delicadas alas, él estaba corriendo hacia la parte trasera
de la celda incluso mientras Shay arrojaba el tarro directamente contra los barrotes
de hierro.
Hubo un horrible siseo y una nube de niebla acre cuando el líquido del tarro
se comió rápidamente su camino a través del metal.
“Sacrebleu, ¿qué es esa cosa?” bufó Levet en estado de shock.
“Una poción que robé a las brujas.”
“¿Tú lo robaste?”
“Sí.”
La gárgola avanzó con delicadeza poco a poco hacia delante. “Umm,
¿Shay?”
“¿Qué?”
“La próxima vez que quieras rescatarme, ¿podrías solamente robar la llave?”
él miró deliberadamente el largo y chorreante agujero en el centro de los barrotes
antes de dirigir su mirada hacia abajo a las piedras que estaban siendo comidas
lentamente. “No estoy realmente seguro de que se te debiera permitir tener
pociones.”
Shay golpeó sus manos sobre sus caderas. Ella había estado reservando esa
poción en particular para Evor. Un día él la empujaría demasiado lejos y ella tenía la
entera intención de disfrutar viéndole fundirse en un charco de trol. Incluso si eso
significara su propia muerte.
“¿Vas a quedarte ahí criticando mis técnicas de fuga o vas a venir conmigo?”
“Ya voy, ya voy.” Usando sus alas para sostenerse por encima del peligroso
vitriolo que aún se encharcaba sobre el suelo, se lanzó como una flecha a través
del agujero y aterrizó al lado de ella.

Shay contuvo el aliento por la belleza de esas delicadas alas que él siempre
mantenía tan estrechamente protegidas contra su cuerpo. Incluso en las sombras
ella podía detectar los brillantes rojos y azules veteados de oro puro. De haber sido
un duendecillo de los bosques él habría desplegado esas alas con todo el orgullo de
un pavo real pavoneándose. Siendo lo que él era, no eran más que una fuente de
vergüenza.
Apartando mirada para evitar mirar fijamente las hermosas alas y contrariar el
sensible orgullo de Levet, Shay reunió la capa más cerca alrededor de ella.
“No puedo sentir a los troles cerca pero deberíamos apresurarnos. No habrá
mucho tiempo hasta que ellos estén preparados para la noche.”
“Espera.” Levet agarró su brazo incluso mientras ella se giraba hacia las
escaleras y señaló hacia una pequeña apertura en la parte trasera de la mazmorra.
“Por este camino.”
“Eso sólo nos llevará más profundamente en el interior de la mazmorra,”
protestó ella con un estremecimiento. Ella no quería saber que escondía Evor en
esas húmedas y frías cámaras.
“Hay una puerta oculta.”
“¿Una puerta oculta?” dijo Shay frunciendo el ceño. “¿Cómo lo sabes?”
“Puedo sentir la noche.” Levet inclinó su cabeza hacia atrás para olfatear el
aire, un ligero escalofrío onduló sobre su piel gris. “Ella me habla.”
Shay no iba a discutir con una gárgola que podía oler la noche. Ella podría
ser obstinada, pero no era totalmente estúpida.
“Perfecto, indica el camino.”
Sin una mirada atrás el pequeño demonio se apresuró a entrar en la estrecha
abertura. Shay se tragó un suspiro cuando le siguió de cerca.
Como ella había esperado, las paredes estaban revestidas de pesadas
puertas de hierro que ocultaban habitaciones donde los más poderosos demonios
podían ser enjaulados. Sin ventanas en las puertas era imposible determinar qué
estaba encerrado en la oscuridad, pero ella podía captar la mohosa esencia de
serpiente de un demonio reptil seguida por la picante y casi herbal esencia de un
poderoso diablillo. Había otros olores que eran más débiles, como si los demonios
estuvieran empezando a desaparecer detrás de esas gruesas y despiadadas
puertas.
Shay luchó contra el impulso de golpear su puño contra el grueso hierro. No
importaba que cantidad de demonios podía haber acechando detrás de las puertas,
ninguno de ellos merecía estar en manos de Evor.
El sonido de los pasos apresurados de su compañero la trajo de vuelta de
sus sentimientos.
No. Ella no podía hacer nada esta noche.
No sin poner en peligro a Levet.
El resto de los demonios eran una preocupación para otra noche.
Ellos viajaron en silencio a través de la telaraña de túneles. Levet nunca
dudaba cuando giraba a través de varios pasajes. Shay se encontró a sí misma
teniendo que doblarse casi hasta la mitad más de una vez, pero al final la gárgola
giró y comenzó a subir una estrecha serie de escaleras talladas en la piedra.
Mientras ellos hacían su camino hacia arriba incluso Shay podía empezar a
sentir el roce del aire fresco. A los pocos minutos ellos se apretaron a través de la
estrechísima apertura y se encontraron en los vastos terrenos que rodeaban la casa
de subastas.
Ella soltó el aliento que incluso no había sabido que estaba conteniendo.
Santa mierda, ellos lo habían conseguido.
Incluso cuando ella había estado planeando rescatar a Levet, realmente no
había pensado que pudiera sacarle.
No con Evor y sus alegre banda de troles tan cerca.
Estando a punto de compartir su pronta alegría por su éxito, Shay se congeló
bruscamente. Una fría picazón se deslizaba sigilosamente sobre su piel.
Un frío que sólo podía pertenecer a una criatura.
“¡Levet, vuela!” ordenó ella mientras se agachaba y preparaba para un
ataque.
Ella apenas había levantado sus manos cuando hubo una ráfaga de
oscuridad y ella se encontró tumbada de espaldas con un vampiro de cabello
plateado encaramado encima de ella.
“Bueno, bueno, cariño. Fascinante encontrarte aquí.”
Su respiración se había atascado en sus pulmones, pero no por el rápido
placaje. Viper seguramente había hecho que sus brazos rodeando su cuerpo
absorbieran el impacto.
No. No era nada tan mundano.
Envuelta en su rica esencia y rodeada por la nube de su plateado cabello ella
apenas podía pensar, y mucho menos respirar. Él la envolvía. Su cuerpo
presionando contra el suyo en un sorprendentemente familiar peso.
Aún peor, su cara estaba tan cerca que sus narices casi se tocaban. Tan
cerca que ella sólo tenía que inclinar su barbilla para presionar sus labios contra los
suyos.
El hecho mismo del simple pensamiento pasando a través de su mente, envió
un escalofrío de pánico corriendo a través de su corazón.
“¡Quítate de encima!” dijo ella apretando los dientes.
Su baja risita rozó a través de su mejilla. “Oblígame.”
Ella reaccionó llevada más por el miedo a su respuesta que por su suave
desafío.
Dando un cachete con sus puños en su ancho pecho ella fingía luchar como
se esperaría que lucharan la mayoría de mujeres. Instintivamente él se inclinó
pesadamente dentro de sus brazos, lo que le dio a ella justo el espacio suficiente
para mover su pierna. Antes de que él pudiera sospechar sus intenciones, ella
enganchó su pierna alrededor de su cintura y con un feroz movimiento ella le había
hecho rodar de espaldas.
Sólo por un momento ella estaba encaramada encima de él, sus piernas
estaban una a cada lado de su cintura y una engreída sonrisa curvando sus labios.
Sus hermosos rasgos brevemente asombrados, y luego una sonrisa curvó
sus propios labios.
Ella preparó sus piernas, esperando a que él tratara de rodar para dejarla de
nuevo bajo él. Los hombres siempre preferían utilizar su mayor tamaño para superar
a su oponente, sin darse cuenta de que su propia fuerza podía ser utilizada en su
contra. Una vez que él comenzó a rodar, ella utilizó su propio impulso para terminar
encima de nuevo.
Lamentablemente, Viper era un vampiro, no un hombre.
Su sonrisa se amplió cuando él simplemente la levantó hacia arriba, sus
brazos envueltos alrededor de ella mientras él se levantaba fluidamente. Shay
apretó los dientes cuando ella se inclinó bruscamente hacia atrás, lanzando sus
brazos por encima de la cabeza y envolviendo sus piernas sobre su cintura.
Como ella esperaba, su movimiento lo dejó fuera de equilibrio. Él dio un paso
hacia delante y ella lo agarró alrededor de sus rodillas, su flexible espalda fácilmente
capaz de doblarse en una curva imposible. Su cabeza se giró para hundir sus
dientes en su muslo.
“Oh no, bella mía.”
Con un suave siseo, Viper una vez más hizo lo inesperado. Siguiendo su
movimiento hacia delante, él colocó sus manos sobre el suelo y con un suave
movimiento rodó hasta quedar de nuevo sobre su espalda. Esta vez sus piernas
quedaron atrapadas debajo de él y él fue capaz de alcanzar hacia abajo y agarrarla
con suficiente fuerza para de un tirón tenerla encima de su pecho. Sus brazos
amarrados alrededor ella, presionando sus brazos uno a cada lado de modo que
ella estaba bien y verdaderamente atrapada.
Mierda.

_________________

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]


[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://blackandblood.activosforos.es
Vampi
Admin
Admin
avatar

Grupos : *Traductora *Correctora de Estilo
Virgo Mensajes : 7617
Rango : 300
Edad : 35
Fecha de inscripción : 08/02/2010
Localización : Valencia

MensajeTema: Re: Alexandra Ivy - guardianes de la noche (libro 1 - 2 y 3)   Jue Dic 30, 2010 10:49 am

Capítulo 6

Viper no podía negar la emoción de excitación cuando forcejeó con la
hermosa Shalott.
Sin duda él debería estar furioso por su intento de fuga. Él había, después de
todo, hecho todo lo posible por hacerla sentirse cómoda en su presencia. Desde
pedir la comida necesaria hasta tener su habitación decorada, y llenar sus armarios
con ropas. Él había dedicado semanas, por no mencionar una pequeña fortuna,
para complacer a la ingrata mocosa.
Para rematar, él se había comportado como un perfecto caballero cuando sus
oscuros apetitos habían aullado de frustración.
¿Qué otro demonio la habría tratado con más consideración?
Curiosamente, sin embargo, él encontró que era más bien una depredadora
anticipación manejando la furia lo que sintió cuando había comenzado la
persecución de su esclava renegada.
Había pocas cosas que agitaran su sangre más que una astuta y peligrosa
mujer.
Especialmente cuando encima daba la casualidad de que ella era hermosa.
No era un mal extra.
Manteniéndola prisionera en sus brazos, él sonrió lentamente dentro del
dorado brillo de sus ojos.
“¿Quieres continuar, cariño, o hemos terminado con nuestros juegos y
diversiones?”
Ella se mantuvo tan rígida que era asombroso que no tuviera un calambre.
“Lo que quiero es que me liberes.”
“No hasta que hayamos tenido una pequeña charla.”
Ella se retorció airadamente contra él. Viper dio un ligero gemido. Sus últimas
amantes habían sido vampiros y él casi había olvidado el placer de sentirse
empapado en tal calor.
“Maldita sea, Viper, suéltame.”
“No. Ya has intentado huir una vez esta noche.” Sus brazos se apretaron
alrededor de ella. “Una vez es todo lo que tienes.”
Algo que podría haber sido indignación se agitó sobre sus delicados rasgos.
“Yo no huía.”
“Esperaste hasta que yo no pudiera detenerte y te escabulliste de mi casa.
¿Cómo lo llamarías a eso?”
Sus labios se estrecharon con molestia. Evidentemente a ella no le gustaba
ser acusada de escabullirse como un ladrón en la noche.
Una demonio con sentido del honor.
“Tenía algunos recados que realizar. ¿No tengo permitido algo de libertad?”
“Eso depende. ¿Qué estabas haciendo aquí?”
“Me dejé algo atrás.”
“¿Algo?”
Si sus brazos hubieran estado libres, Viper no dudaba que ella le habría dado
un sólido puñetazo en la nariz. Lo que era precisamente el por qué sus brazos no
estaban libres.
“Un amigo,” dijo ella al final rechinando los dientes.
¿Amigo? Viper giró su cabeza para mirar a la pequeña y revoloteante gárgola
que estaba tratando de ocultarse en las ramas de un árbol cercano. Él había
descubierto al demonio cuando había salido de la pequeña abertura, pero le había
desestimado una vez que había avistado a Shay.
Ella se las arreglaba para apartar de su mente la mayoría de las cosas
cuando estaba cerca. Una comprensión bastante peligrosa.
“¿Te refieres a la gárgola?” preguntó él con un toque de sorpresa.
“Sí.”
Él alzó lentamente sus cejas. “Si lo hubieras pedido, yo lo habría comprado
anoche. No hay necesidad de ponerte en peligro.”
Ella parpadeó asombrada por sus suaves palabras. Incluso sus músculos se
relajaron como si ella olvidara temporalmente que él era el enemigo.
Viper saboreó silenciosamente la sensación de su cuerpo presionado
estrechamente contra él.
“Evor nunca ha tratado de subastar a Levet.” El recuerdo del dolor brilló a
través de sus ojos. “Él prefiere dejar que sus matones lo torturen como
recompensa.”
Sus brazos aflojaron su agarre lo suficiente para permitir que sus dedos
siguieran un patrón de luz hacia arriba por su columna. No le gustaba ver ese dolor
oscureciendo sus ojos. Le hacía querer drenar a alguien.
Comenzando por el trol de tez pálida.
“Por el precio adecuado, Evor vendería a su propia madre,” gruñó él.
Pasó un momento antes de que ella encontrara a regañadientes su mirada
constate. “Difícilmente podía suponer que tú estarías dispuesto a conceder tal favor
a tu esclava.”
Su mano se movió para ahuecar la parte de atrás de su cabeza. “¿Por qué
estás tan decidida a considerarte a ti misma una esclava cuando yo aún no lo he
hecho?”
Ella parpadeó por su brusca pregunta. “¿Qué otra cosa podría ser? Tú me
compraste a un tratante de esclavos. Posees el amuleto que me mantiene
encadenada a ti sin tener en cuenta mis propios deseos.”
“¿Preferirías que te devolviera a Evor? ¿Preferirías poseer un maestro
diferente?”
“¿Qué importa lo que yo quiera?”
“Responde a la pregunta.”
A pesar de la oscuridad, Viper podía leer fácilmente las emociones tensarse
sobre su cara.
Confusión. Vergüenza. Y finalmente una renuente aceptación.
“No,” susurró ella tan suavemente que si él no hubiera sido un vampiro,
nunca la habría escuchado. Pero lo era. Y la escuchó. Y fue suficiente para hacer
que su mano se apretara sobre la parte de atrás de su cabeza para presionar su
cabeza hacia abajo.
Su aliento se apresuró cuando él capturó sus labios, capturando el calor de
ella, y tirando de él profundamente en su interior. Ella sabía a miel caliente y vida.
Un sabor lo bastante dulce para un vampiro como para ahogarse en él.
Hundiendo sus dedos en su pelo, Viper permitió que su mano libre
extenderse hacia abajo para ahuecar su cadera. Él la quería aquí, ahora. Él la
quería con un crudo dolor que era casi aterrador en su intensidad.
Separando suavemente sus labios con su lengua, él registró la húmeda
caverna de su boca. Él gruñó profundamente en su garganta cuando sus manos se
agarraron a sus brazos y por un asombroso momento ella devolvió su beso con la
misma frenética necesidad que pulsaba dentro de él.
El calor llameó entre ellos, y entonces con un sobresaltado jadeo, Shay
estaba abruptamente arrancando de un tirón sus labios de los de él y mirándole con
algo peligrosamente cercano al horror.
“Viper.”
Él se tragó una maldición cuando su cuerpo se apretó en señal de protesta
antes de que él estuviera castigando severamente sus rebeldes pasiones. ¿Qué
demonios estaba mal con él?
Era un vampiro centenario con un sinfín de poder y sofisticación. El no
participaba en orgías públicas. Sin importar cual fuera la tentación.
“Tienes razón, este es difícilmente el escenario para una cita romántica,”
murmuró él. “Tampoco es el momento de estar distraído.”
Ella aspiró en un profundo aliento, el movimiento presionando sus pequeños
y firmes pechos fuertemente contra su pecho.
Por las campanas del infierno.
“¿Cómo me encontraste?” preguntó ella.
“Te dije que tenía los terrenos vigilados.”
Sus cejas se elevaron. “¿Fui seguida?”
“Sí.” Viper se giró deliberadamente para mirar al alto y silencioso vampiro que
estaba de pie en las distantes sombras. No era de extrañar que Shay se tensara con
cauteloso malestar.
Santiago era una vista impresionante con sus pantalones de cuero y camiseta
negra diseñada para revelar sus marcados músculos. Su rostro era estrecho con
pómulos altos y sus ojos del profundo marrón de sus antepasados españoles.
Se necesitaba solo un vistazo para saber exactamente lo que era.
Un entrenado guerrero que mataría para proteger a aquellos de su clan.
Shay tragó pesadamente. “Es un vampiro, él no podía de ninguna manera
haber estado patrullando cuando me fui.”
“Esto no es la Edad de Piedra, cariño,” dijo él con voz cansada. “Los terrenos
están vigilados por un sistema de alta tecnología que incluye sensores de
movimiento, alarmas silenciosas y una serie de cámaras que están constantemente
monitoreadas. Santiago estaba profundamente bajo tierra cuando te vio yéndote.”
“¿Por qué no envió a alguien para tratar de detenerme?”
“Le dije que no lo hiciera.”
Su mirada volvió bruscamente hacia él con abierta sospecha. “¿Por qué?”
“Sabía que podía seguirte fácilmente.”
“Querías espiarme.”
“Admitiré cierta curiosidad, pero más que eso, quería demostrarte que eres
una tonta por tratar de escapar.”
Su expresión se endureció abruptamente. “Sé que no puedo escapar. No
necesitas un guardia. Sólo tienes que usar el amuleto y me veré obligada a volver.”
“Ese no es el punto.”
“¿Entonces cuál es?”
Sus manos se movieron para ahuecar su cara, sus ojos se estrecharon. “hay
una poderosa fuerza que ha intentado capturarte más de una vez. Hasta que
descubramos lo que es, no se te permitirá viajar por tu cuenta.”
Él estaba preparado para su ira. Esclava o no, ella no era el tipo de demonio
que aceptase ligeramente cualquier tipo de de restricciones. Incluso aquellas
destinadas a mantenerla segura.
Sorprendentemente, sin embargo, él no podía leer nada más a parte de un
brote de preocupación en sus hermosos ojos.
“¿Crees que todavía estoy en peligro?”
“¿Tú no?”
Ella mordisqueó su labio inferior antes de soltar finalmente un forzado
suspiro. “Vale, me ha quedado claro. Fui una idiota por salir por mi cuenta. Puedes
soltarme ahora.”
Contento de que ella parecía capaz de permitir a la lógica anular su carácter
ferozmente independiente, Viper sonrió lentamente.
“Es una lástima.” Sus manos rozaron hacia abajo por la tentadora curva de su
garganta. “He pensado en tenerte en esta posición durante mucho tiempo. Por
supuesto, mis fantasías no incluyen a ninguno de nosotros vestidos, o a una gárgola
rondando.”
“Te dije que…”
Sus acaloradas palabras fueron detenidas abruptamente cuando una suave
brisa se agitó a través del aire y Viper se levantó rápidamente tirando de Shay
detrás de él.
“Maestro,” llamó Santiago desde las sombras.
“Sí, Santiago, lo huelo.”
Él sintió a Shay agarrar la parte de atrás de su camisa de seda. “¿Oler qué?”
“Sangre. Sangre fresca.”
“Mierda.”
Un escalofrío corrió hacia abajo por la columna de Shay cuando Viper se giró
poco a poco para quedar frente a ella. Hasta momentos antes ella había logrado
olvidar el acechante mal que parecía estar resuelto a capturarla. Ella había estado
tan absorta en cómo podía conseguir rescatar a Levet de Evor que ella había
olvidado que ya poseía otro enemigo.
Estúpida, estúpida, estúpida.
Y avergonzándose de que Viper lo hubiera recordado cuando ella no lo hizo.
“¿Mataste a Evor y sus troles?” preguntó él.
Su tono era simplemente de curiosidad. Como si no le importara una mierda
infierno si ella hubiera masacrado a los troles.
Y probablemente no lo hacía.
“No, ni siquiera he tenido un vistazo de ellos.”
“¿Entonces no has visto a nadie? ¿Oído nada?”
“No.”
Su cabeza se inclinó hacia un lado. “¿Y no pensaste que era inusual?”
Shay se encogió de hombros, pensando de nuevo en su rápido viaje a través
de la casa de subastas. “Ellos rara vez entran en la casa de subastas antes de que
anochezca. Además, usé la entrada trasera y me dirigí directamente a las
mazmorras. ¿Piensas que fueron atacados?”
“Algo pasó.” Él miró hacia atrás al silencioso edificio. “Espera aquí.”
Shay miró mientras Viper recogía a su vampiro y ellos se movían a través de
la oscuridad. En un latido ellos se habían mezclado con las sombras y ni siquiera su
mejorada visión podía distinguir sus siluetas.
Ella envolvió la capa apretadamente sobre su extrañamente helado cuerpo
mientras Levet revoloteaba sobre el suelo a su lado.
“Tal vez simplemente deberíamos irnos,” murmuró ella.
“¿Tú crees?” Levet chocó sus manos sobre sus caderas y la miró con una
mirada entrecerrada. “Oh, espera. ¿Por qué nos iríamos cuando podemos
permanecer en el patio trasero de nuestros enemigos y morrearnos con cualquier
vampiro con quien nos tropecemos? Y después de eso podemos empaparnos en
gasolina y jugar con cerillas. La diversión, como dicen, nunca se acaba.”
Shay sintió un ridículo rubor teñir sus mejillas. Ella no se había morreado.
Bueno, al menos no a propósito.
“No me presiones, Levet.”
“¿O qué? ¿Me inmovilizarás y besarás hasta la muerte?”
“Puedes ser devuelto a tu celda, lo sabes,” gruñó ella.
“Sur le corps.”
¿Sobre su cadáver? Shay alzó sus cejas. “Eso podría ser arreglado también.”
Tal vez sintiendo que él se había pasado, Levet levantó sus manos en un
gesto de pura contención.
“Vamos, vamos, ma cherie. No hay por qué estar molesta.”
Inconscientemente, Shay miró hacia el último lugar en el que había visto a
Viper. “En realidad parece haber algunas cuantas razones,” murmuró ella.
“Sí, supongo que las hay,” murmuró él suavemente. “Tu nuevo maestro es un
oh-tan-odiado vampiro.”
“Eso parece.”
“Un líder de clan.”
La atención de Shay volvió bruscamente hacia la gárgola a su lado. “¿Cómo
puedes saberlo?”
“Puedo oler la marca del CuChulainn sobre él.”
Shay lamió sus de repente resecos labios. Ella nunca había asistido a los
juegos de gladiadores. Pocos demonios eran considerados dignos de asistir a la
mayor competición de la élite. E incluso menos tenían permitido participar.
Aquellos que salían con vida eran temidos y respetados por todos.
Ellos eran guerreros dignos del título de maestro.
“¿Él ha pasado por la Batalla de Durotriges?”
“Y vivió para contarlo. Muy impresionante.” Levet la miró con expresión
conocedora. “Un demonio sabio no desearía enojar a tal campeón.”
El hecho mismo de que él tenía razón sólo profundizó el ceño fruncido de
Shay. Incluso si ella fuera una Shalott pura sangre, ella nunca podría esperar
superar a un líder de clan.
De alguna manera el conocimiento la sacó de quicio.
“Gracias, Levet.”
Él le lanzó un beso. “Cualquier cosa que te sea de ayuda, ma cherie.”
Ella hizo rodar sus ojos. “Recuérdame por qué me molesté en rescatarte.”
La pequeña y extrañamente abultada cara se volvió sombría. “Porque no
puedes soportar ver a otro herido. Incluso si eso significa sacrificarte a ti misma.”
Shay se movió con un brote de malestar. Ella no era una santa. Ni mucho
menos.
El simple hecho era que ella tenía muy pocos amigos. Los demonios
consideraban su sangre contaminada y los humanos la consideraban algún tipo de
monstruo. Cuando ella encontró a alguien dispuesto a aceptarla por quien y lo que
era, ella haría algo más que arriesgarse a la furia de Evor para mantenerlos a salvo.
No estando segura de cómo romper el incómodo silencio, Shay casi se sintió
aliviada cuando sintió el enfriamiento que precedía al silencioso retorno de Viper.
Por supuesto, eso no detuvo a su traicionero corazón de dar un salto lujurioso
cuando la luz de la luna se derramó sobre su plateado pelo y perfecto perfil.
Belleza vampírica.
Era un maldito dolor en el culo.
Dando una inconsciente sacudida de cabeza, ella despejó sus ridículos
pensamientos.
“¿Has encontrado a Evor?”
Su expresión era extrañamente cautelosa. “No exactamente.”
“¿Qué quieres decir?”
“Creo que deberías ver esto. Tal vez puedas arrojar alguna luz sobre lo que
ha sucedido.”
Shay dudó sólo un momento antes de seguir su alta forma hacia la casa de
subastas. Ella no dudaba que había algo horrible esperándola. Algo que muy bien
podría darle pesadillas.
Pero incluso cuando ella obligó a sus pies hacia delante, ella no podía negar
un ridículo destello de calidez. Maldita sea, ella era la esclava de Viper. Su
posesión. Pero en cada momento él la hacía sentirse como si ella fuera algo más.
Algo… digno.
Profundamente en su interior ella entendía que las sensaciones que él
agitaba eran mucho más peligrosas que si él la encerrase en una celda y la
golpeara todos los días.
Girando su cabeza para asegurarse de que Levet estaba siguiéndoles sin
problemas, Shay permitió a Viper conducirla dentro de la oscura casa de subastas y
subir las escaleras a las habitaciones privadas de Evor. Cuando él abrió la puerta,
ella casi hizo arcadas por el aplastante hedor de sangre y espantosa muerte.
Ella había esperado algo malo, pero esto iba mucho más allá de malo.
Su mano se cerró sobre su boca cuando ella luchó para no tirar lo que
quedaba en su estómago.
La una vez elegante habitación estaba ahora salpicada con pedazos y trozos
de troles. Sangre, extremidades y partes del cuerpo que nunca deberían ser vistas,
estaban tan mezcladas todas juntas que era imposible incluso saber cuántos habían
muerto en el ataque.
Obligándose a estudiar la pesadilla, su incrédula mirada al final se detuvo en
la repisa de mármol negro de la chimenea y la cabeza del trol de montaña que había
sido clavada allí igual que un trofeo.
Los ojos rojos estaban abiertos y un gruñido revelaba sus abiertos dientes,
como si él estuviera maldiciendo el alma de su asesino.
Lo que hubiera estado haciendo no le había salvado a él o a los otros
guardaespaldas. Ellos habían sido masacrados con violenta facilidad.
Las náuseas se revolvieron a través de su estómago una vez más.
“Dios bendito. Esto es imposible.”
Cogiendo su brazo, Viper la sacó con cuidado de la habitación y cerró la
puerta. Luego, como si sintiera su debilidad, él la empujó en una silla y se agachó
en cuclillas delante de ella.
“Hay pocas cosas que puedan matar troles con tal salvajismo, pero no hay
dudas de que ellos han sido bien y realmente masacrados.” Él estudió su rostro con
una penetrante mirada. “¿Sientes algo que pueda dar una pista de qué o quién fue
el responsable?”
Con un esfuerzo, ella luchó por hacer retroceder su reptante horror y se
obligó a sí misma a pensar con la lógica que podía reunir.
“No fue un humano. Ellos no tendrían la fuerza para despedazar a un trol con
sus propias manos.”
“¿Fue un hechizo?” preguntó Viper.
“No.” Ella tomó un profundo aliento. “No hay magia en el aire.”
Viper asintió con la cabeza. Como un vampiro él no tenía la habilidad de
sentir la magia. Lo que sin duda era una de las razones por las que la quería a su
lado.
“Por lo tanto tiene que ser un demonio que posea una increíble fuerza, y la
habilidad de ocultar su presencia a un vampiro,” murmuró Viper. “Eso reduce la lista
pero deja demasiados sospechosos.”
Shay se estremeció mientras envolvía sus brazos a su alrededor. El shock
estaba comenzando a retroceder y el completo impacto del salvaje ataque la golpeó
con una alarmante fuerza.
“Oh, Dios mío,” susurró ella.
Viper se extendió para agarrar sus hombros. Su tacto era frío pero
sorprendentemente confortable.
Tal vez porque hacía increíblemente demasiado tiempo desde que nadie la
había tocado con nada más sino cólera.
“No debería haberte traído a ver esto. Perdóname.”
Ella sacudió su cabeza. “No, no es eso. Es Evor.”
“¿Evor? ¿Por qué…? Ah.” Viper asintió lentamente. “Él no está entre los
muertos.”
Ella hizo una breve y temblorosa risa. “Obviamente no. Creo que lo sabría si
repentinamente me hubiera convertido en un cadáver.”
“Sí, es bastante difícil de evitarse,” dijo él fríamente.
Ella hizo una mueca, luchando por recuperar el control de sus nervios. Joder,
había estado cerca.
Demasiado cerca.
“Si Evor hubiera estado en esa habitación…” dijo ella soltando el aliento.
Los dedos de él se apretaron. “Él está vivo, cariño, como lo estás tú.”
“Sí, pero ha estado cerca,” dijo ella con voz raspada. “Demasiado cerca.”
“En eso estamos de acuerdo.” Él miró hacia la puerta de la habitación bañada
de sangre. “Necesitamos descubrir quién hizo esto, y no menos importante, dónde
se ha metido Evor.”
Shay hizo una mueca con el pensamiento del viscoso pequeño trol. “Sin duda
él se arrastró debajo de alguna piedra en el momento en que comenzaron los
problemas. Él está siempre feliz de sacrificar a sus sirvientes para salvar su propia
piel.”
“Él estuvo aquí.” Su mirada estaba sombría cuando volvió hacia el rostro de
ella. “Su sangre está mezclada entre las demás.”
“¿Su sangre?”
Él elevó uno de sus hombros. “Sólo una pequeña cantidad, pero suficiente
para revelar que él estuvo aquí durante el ataque.”
Ella se arrancó de su contacto. Por supuesto que él podía oler la sangre de
Evor. Él era un vampiro.
La sangre era su especialidad.
“¿Así que alguien, o algo, vino aquí esta noche, mató a los troles de montaña
y hirió a Evor?” Ella sacudió su cabeza. “¿Por qué?”
“Es posible que se tratara de un demonio en busca de objetos de valor que
fue atrapado desprevenido por los troles. O incluso alguien buscando venganza.
Evor es difícilmente del tipo de los que se hacen querer por los demás, y hay
muchos que encuentran la trata de esclavos un negocio repugnante.”
Ella enfrentó su mirada directamente. “Es posible, pero tú no crees que fuera
un ladrón o alguien buscando venganza.”
“No.” Sus hermosos rasgos eran duros en la débil luz de la luna. “El momento
del ataque es demasiada coincidencia. Creo que quien quiera que esta cazándote,
volvió a la casa de subastas.”
Su garganta se secó. “¿Para matar a Evor?”
Un ceño fruncido tocó su frente. “Si ellos quisieran a Evor muerto, él ya
estaría muerto. Ya sea que él lograra escapar durante la batalla o que ellos vinieran
para capturarle vivo.”
“¿Pero por qué?”
“Para utilizarlo como cebo.” La inesperada vos de Levet les hizo a Shay y
Viper volverse con asombro.
“¿Qué?” preguntó Viper.
La gárgola hizo un nervioso aleteo de sus alas. “Si ellos tienen al trol,
entonces ellos pueden amenazar con rebanar su garganta y matarlos a ambos.
Shay no tendría más remedio que hacer lo que ellos quieren.”
Shay sintió que su corazón tartamudeaba parándose. Mierda, ya era bastante
malo estar en las manos de Evor. Ahora ella tenía que preocuparse por algún
misterioso enemigo que podía despedazar troles con sus propias manos.
Nada bueno.
Nada bueno en absoluto.
“¿Crees que eso es lo que ellos quieren?” jadeó ella.
“Creo que sería absurdo saltar a cualquier conclusión hasta que tengamos
más datos,” replicó Viper, agachándose para recogerla fácilmente en sus brazos.
“Tenemos que salir de aquí.”
Era un testimonio de cómo de perturbada estaba Shay por el más reciente
giro de los acontecimientos el que ella no luchó ni una vez cuando Viper la cargó
saliendo de la casa de subastas bañada de sangre.
Ni una patada. Ni un codazo en el ojo. Ni siquiera una maldición.
Sorprendentemente.
Ella volvió en sí misma cuando Viper la dejó de pie lentamente, y presionó su
espalda contra uno de los altísimos robles.
“¿Antes de que nos vayamos, hay alguna otra posesión que desees
recoger?” preguntó él suavemente.
No lo suficiente bajo ya que Levet dio un enfadado batir de sus alas.
“¿Posesión? Sacrebleu. Soy una gárgola. Un demonio a ser temido y
respetado por encima de todos los demás. Yo…”
“Suficiente, Levet.” Shay interrumpió las furiosas palabras, su mirada nunca
dejando el hermoso rostro de Viper. “Hay demonios atrapados en las mazmorras.”
Él alzó sus cejas. “¿También son ellos tus amigos?”
“Ni siquiera sé con certeza qué criaturas están detrás de las puertas. Sólo sé
que con los troles muertos y Evor desaparecido, ellos podrían estar encerrados en
esas celdas eternamente. Eso es peor que la tortura.”
“Pueden ser peligrosos.”
Ella no dudó ni por un momento que ellos eran extremadamente peligrosos, y
más que probablemente mortales.
Eso no cambiaba su determinación de rescatarlos.
“No podemos dejarlos.”
“Santiago.”
La mirada de él nunca dejó su pálido rostro cuando él levantó su mano y una
sombra se desprendió desde detrás de un árbol cercano.
“¿Sí, maestro?”
“Ve a las mazmorras y libera a los prisioneros.”
“Como desee.”
“Nos reuniremos contigo en el coche.”
No hubo ni un momento de vacilación cuando el vampiro se mezcló
silenciosamente con de la oscuridad. Shay hizo una mueca por la ciega obediencia.
Si eso era los que Viper esperaba de ella… bueno, él se llevaría una gran
decepción.
Y sin duda ella se llevaría un par de golpes.
El orgullo era una putada.
“¿Crees que es seguro para él ir solo?” preguntó ella.
Viper se encogió de hombros. “Es un vampiro.”
Arrogancia vampírica. Hacía apretar sus dientes.
“¿Estupendo, entonces podemos irnos?”
Viper abrió sus labios, pero fue la voz de Levet la que hizo eco a través de la
oscuridad.
“¿Umm… Shay?”
Ella se giró para descubrirle permaneciendo a una distancia segura de Viper.
“¿Sí?”
“¿Qué hay de moi?”
“Oh… Yo…” Su mirada volvió a regañadientes hacia el vampiro parado de pie
demasiado cerca. “¿Viper?”
“¿Sí, cariño?”
Ella quería decirle que se echara hacia atrás. Ahora que ella ya no estaba
aturdida por la desaparición de Evor, ella encontraba que su cercana presencia
distraía demasiado. Pero ella retuvo su lengua. Estaba en la desagradable posición
de pedirle un favor.
Algo que ella no hacía bien bajo las mejores circunstancias.
“No podemos simplemente dejar aquí a Levet. Él ha sido expulsado del
Gremio por las otras gárgolas.”
Sus manos se levantaron lentamente hasta que él pudo colocarlas a ambos
lados de su cabeza sobre el árbol.
“¿Estas pidiendo que lo tome bajo mi protección? ¿Que le ofrezca refugio?”
Ella ignoró el inestable ritmo de su corazón. “Sí.”
Una preocupante sonrisa curvó sus labios. “¿Y cuál va a ser mi recompensa
por tal generosidad?”
“Shay, no,” bufó Levet.
Ella ignoró su advertencia, su mirada permaneciendo atrapada por los
oscuros ojos de Viper.
“¿Qué quieres de mí?”
“Ahora eso no es una pregunta para ser contestada en precipitación. Hay
mucho que quiero de ti,” murmuró él, apoyándose incluso más cerca. “Quizás
debería simplemente pedir un favor para ser dado cuando lo haya considerado más
cuidadosamente.”
Shay lamio sus secos labios. “¿Quieres decir que te deberé un favor?”
“Estarás en deuda conmigo. Una deuda que puedo reclamar cuando sienta
que el momento sea… apropiado.”
“No lo hagas, Shay,” pidió Levet. “Nunca negocies con un vampiro.”
Shay era bien consciente de los riesgos. Todos los demonios sabían que un
vampiro podía tergiversar las palabras hasta que ellos gritaran en agonía.
¿Pero qué tenía que perder?
Ella ya era la esclava de Viper y estaba a su merced. Si él realmente quería
obligarla a hacer algo, no importa cuán terrible, ella tenía pocas opciones excepto
obedecer. Después de todo, el amuleto hacía seguro que ella no pudiera escapar.
¿Por qué no intentar negociar y mantener seguro a Levet?
Por supuesto, ni que decir tiene que ella no podría tratar de obtener lo mejor
de cualquier trato.
“¿Los términos pueden ser negociados?”
“¿Negociados?” Su mirada se desvió hacia sus labios. “Eso depende. Dime tu
oferta.”
“La deuda no puede incluir sangre o sexo.”
Él se rió suavemente cuando bajó su cabeza para enterrar su rostro en la
curva de su garganta. Cuando habló, sus labios rozaron su piel y enviaron una
inquietante serie de escalofríos hacia abajo por su columna.
“Acabas de dejar fuera mis dos ansias más profundas. ¿Qué más puedes
ofrecer?”
Ella luchó por evitar hacer rodar sus ojos. “Soy una luchadora competente.”
“Poseo muchos guerreros.”
“¿Guerreros que pueden caminar por el día?”
“Unos pocos.” Su lengua dibujó una caliente y húmeda línea hasta el borde
de su clavícula. “¿Qué más ofreces?”
Sus rodillas se sentían débiles. “Aprendí a preparar varias pociones mientras
estaba con las brujas.”
Su lengua acarició su acelerado pulso. “Fascinante, pero difícilmente digno
como favor.”
Ella se detuvo, sus manos agarrando inconscientemente la rugosa corteza
del árbol detrás de ella. Era eso o agarrarse al vampiro delante de ella.
Tal vez sintiendo por qué dudaba, Levet hizo un bajo siseo.
“Eso no, Shay.”
Viper se echó hacia atrás para mirarla con una penetrante curiosidad. “¿Qué
es eso, cariño?”
“Yo…” Shay se tragó su malestar. “Mi padre era un Lumos, el curandero de
nuestra tribu. Su sangre podía curar todo excepto la muerte.”
Sus ojos se ampliaron lentamente. “¿Y tú?”
“Su… bendición me fue transmitida.”
“Un raro don.” Algo destelló a través de sus oscuros ojos. ¿Curiosidad? “Un
raro don, en efecto, pero apenas necesario para un inmortal.”
Su mano se levantó inconscientemente para tocar el lugar que todavía
hormigueaba por sus labios.
“Incluso los inmortales pueden ser dañados. Mi madre decía que fue por lo
que mi padre fue asesinado. Su sangre fue utilizada para salvar la vida de un
vampiro.”
“¿Un vampiro?” La curiosidad intensificándose. “¿Estás segura?”
“Sí.”
“Me extraña que nunca oyera tales rumores.” Él ponderó la idea durante unos
momentos antes de parecer que la descartaba de su mente. “Entonces, ¿qué es
exactamente lo que estás ofreciendo?”
“Si… si tú eres herido, ofreceré libremente mi sangre para curarte. Pero sólo
para curarte. No como aperitivo ocasional.” Su barbilla se ladeó. “¿Tenemos un
trato?”
Sus rasgos una vez más se suavizaron con esa seductora diversión. “Un
negocio,” le corrigió él suavemente.
“Nada de sangre a menos que sea absolutamente necesario, y nada de
sexo.”
“No necesito negociar por el sexo o la sangre. Muy pronto tú los darás
libremente.”
Él se dobló para arrastrar sus labios sobre su boca, no permitiéndola ninguna
oportunidad de discutir. Ida y vuelta, con exquisito cuidado, él frotó sus labios sobre
los suyos. Un hormigueo eléctrico siguiendo su toque y antes de que ella supiera lo
que estaba haciendo, instintivamente ella había abierto su boca por su burla.
Sólo entonces él reclamó un beso que estaba afilado con tal posesivo hambre
que marcó su camino hacia su mismo corazón.
Era el tipo de beso con el que las mujeres soñaban en sus más profundas
fantasías. Caliente, exigente y que consumía totalmente. Sus manos habían
comenzado a levantarse para tirar de él más cerca cuando él retrocedió y miró hacia
las sombras.
“Ah… Santiago ha cumplido con su tarea. Tal vez deberíamos irnos antes
que lo que él soltó tenga la oportunidad de comernos.”
Difícil de discutir con esa lógica.

_________________

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]


[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://blackandblood.activosforos.es
Vampi
Admin
Admin
avatar

Grupos : *Traductora *Correctora de Estilo
Virgo Mensajes : 7617
Rango : 300
Edad : 35
Fecha de inscripción : 08/02/2010
Localización : Valencia

MensajeTema: Re: Alexandra Ivy - guardianes de la noche (libro 1 - 2 y 3)   Jue Dic 30, 2010 10:54 am

Capítulo 7

Los pensamientos de Viper estaban distraídos cuando alcanzaron su
propiedad a las afueras de Chicago.
Y no gratamente distraídos.
No había pensado con un poco de perplejidad en el dulce aroma de Shay que
todavía se aferraba a su cuerpo como una malvada promesa. O en el persistente
calor que fluía a través de su cuerpo.
Hacía mucho tiempo desde que había disfrutado de ese tipo de distracción.
Ésta distracción venía de la oscurecida certeza de que algo poderoso estaba
cazando a su Shallot. Algo tan poderoso y salvaje que podría ser más de lo que él
podía protegerla de eso.
La idea hizo que su corazón se apretase con un miedo que no podía
nombrar.
Sin embargo, incluso con sus pensamientos nublándole, sintió una presencia
en el momento en el que atravesó la puerta de la cocina.
“Alguien está aquí.” Extendiendo su brazo, arrastró a Shay detrás de él y se
volvió hacia su guardia. “Santiago, registra los terrenos y asegúrate de que no
tengamos algún otro invitado inesperado.”
Esperó hasta que el vampiro había desaparecido antes de levantar la cabeza
y probar el aire. Sólo cuando estuvo seguro de que no había un peligro inmediato se
movió para mirar la pálida cara de Shay.
Había orgullo grabado en sus hermosos rasgos, y una sombría negativa a
revelar la menor pizca de miedo, pero ni siquiera su voluntad incondicional podía
ocultar las sombras en sus dorados ojos. Ella estaría erguida de pie y con el miedo
esculpido en su cara. En esta noche, sin embargo, eso no sería necesario. Ella era
suya. Suya para proteger.
“Querida mía, creo que sería mejor si volvieras a tus habitaciones y cerrases
la puerta.”
Ella frunció el ceño, su barbilla sobresaliendo en un terco ángulo. Era una
expresión que se estaba volviendo familiar para Viper y una que él encontraba
ridículamente en cantadora.
“Los Shalotts somos guerreros. No nos encogemos de miedo detrás de
puertas cerradas.”
Él permitió que una lenta sonrisa curvara sus labios. “No es que dude de tus
habilidades en la batalla, cariño, pero nuestro intruso es un vampiro. No desearía
ser forzado a matar a un hombre del clan porque te encuentren irresistible.”
Su boca se abrió y cerró antes de que ella diera un reacio asentimiento con
su cabeza. Ella podría odiar verse como una cobarde, pero odiaba la idea de
encontrarse con otro vampiro incluso más.
Una pequeña punzada pasó a través de su corazón cuando la vio caminar
cruzando la cocina con la gárgola a remolque. Ella tenía todas las razones para
odiar y desconfiar de los vampiros. Era un prejuicio que no sería fácil de superar.
Sacudiendo su cabeza, Viper se volvió para seguir el olor de su hombre del
clan hacia la parte trasera de su casa. No estaba sorprendido de entrar en su
estudio y encontrar al alto vampiro de cabello negro como un cuervo sentado
tranquilamente detrás de su gran escritorio.
De todos sus hombres del clan, él estaba tal vez más cercano a Dante. Ellos
habían terminado recientemente con la amenaza de las brujas decididas a poner fin
a todos los demonios y rescatado al Fénix, la Diosa de la Luz que protege al mundo
del Príncipe Oscuro.
Fue durante sus esfuerzos cuándo él se había encontrado con Shay por
primera vez. No sabía si darle las gracias a su amigo o estrangularle por haber
sacudido su tranquilo mundo hasta sus mismos cimientos.
Él dividió la diferencia moviéndose hacia el bar empotrado y recogiendo una
botella de sangre. Era un pobre sustituto del mágico poder que sentía en la sangre
de Shay, pero por ahora, al menos restauraría su menguante fuerza.
Mirando sus precisos movimientos Dante permitió que una sonrisa curvara
sus labios. Él era uno de los pocos que no se intimidaban por la presencia de Viper.
“Buenas noches, Viper.”
Apoyándose contra el bar, Viper dobló sus brazos sobre su pecho. “Veo que
estas como en tu casa a pesar de que sabes muy bien que nunca permito invitados
aquí.”
La sonrisa nunca vaciló. “Eres afortunado de que sea el único sentado aquí y
no mi compañera. Abby está un poco ansiosa por compartir su opinión sobre
comprar mujeres jóvenes en la subasta de esclavos.” Los plateados ojos se
estrecharon. “Especialmente una mujer joven que salvó tu vida.”
Viper no dudaba ni por un momento de que la compañera de Dante le
quemaría fácilmente hasta estar crujiente. A pesar de convertirse en una diosa ella
mantenía su compasión humana y siempre estaba lista para luchar contra lo que
ella pensaba que era una injusticia.
Ningún demonio con la menor cantidad de sentido quería al Fénix
persiguiéndoles para matarlos.
Aún así, él era un jefe de clan. Un líder entre los vampiros.
Él no respondía ante nadie.
“Cuando llamé para decirte que había comprado a la Shalott fue sólo para
pedir tu ayuda para descubrir que mal la caza, no para pedir tu opinión sobre mis
asuntos personales.”
Dante se encogió de hombros. “Tú has ofrecido tu opinión sobre mis asuntos
personales con suficiente frecuencia.”
“Opiniones que tú ignoraste. Al igual que me propongo hacer. Ahora, si eso
es todo…”
Con un brusco movimiento Dante estaba de pie, sus plateados ojos brillaban
en el suave resplandor de la luz de la lámpara.
“Viper, ¿a qué juego estás jugando?”
Viper dejó a un lado la botella vacía. “No es un juego.”
“Es algo.” Dante se movió alrededor del escritorio, los pantalones negros de
cuero y la camisa negra de seda le hacía parecer un peligroso depredador. Que era
exactamente lo que él era. “Has condenado a cualquier comerciante de esclavos
con la muerte si los descubrías tratando de capturar y vender un vampiro dentro de
tu territorio.”
“Shay no es un vampiro.”
“Eso no altera el hecho de que tú detestas a los que trafican con personas.”
Viper sonrió sarcásticamente. Poseía unas cuantas casas de placer.
Elegantes y caros establecimientos donde demonios y hadas, e incluso unos pocos
humanos, podían ir a disfrutar cualquier placer que podían imaginar.
“Hay algunos que dicen que yo trafico con personas.”
Dante frunció el ceño. “Nunca personas no dispuesta.”
Viper se encogió de hombros. Apenas podía discutirlo. Aquellos que le
servían lo hacían por su propia elección. Él agitó una mano hacia el bar. “¿Vino? ¿O
tal vez un poco de mis reservas privadas de brandy?”
Dante entrecerró su mirada. Él no estaba a punto de ser distraído. “¿Qué vas
a hacer con Shay?”
Una pregunta muy difícil. Una lástima que no tuviera una respuesta.
“¿Qué te importa a ti?”
“No puedo decir que me molesta en lo más mínimo. Abby, sin embargo, no
me dará un respiro hasta que ella esté segura de que no pretendes hacer daño a la
demonio.”
Viper soltó una breve risa. “Al menos eres honesto. Pero dime, Dante,
¿habría preferido tu oh-tan-hermosa esposa que me hiciera a un lado y permitiera
que Shay fuera vendida como una puta de sangre? ¿O tal vez un trofeo para colgar
de la pared de algún cazador de demonios?”
“Ella preferiría que la dejaras en libertad.”
¿Permitir que Shay escapara de su alcance? ¿Para desaparecer como había
hecho después de la batalla con las brujas?
Sobre su frío y muerto cuerpo.
“Te dije que eso no era posible. Tengo un amuleto que la obliga a volver
cuando la llamo, pero la maldición que la mantiene atada está en poder de un trol
menor llamado Evor. Un trol que de pronto ha desaparecido.”
Dante alzó sus cejas. “¿Qué quieres decir?”
De la forma más concisa posible, Viper reveló lo que habían descubierto en la
casa de subastas. Tuvo cuidado de describir la mutilación de los troles en gran
detalle. Podría ser que Dante reconociera algo sobre el ataque que pudiera ayudar a
dar con el salvaje culpable.
“¿Estás seguro de que un demonio es responsable de la masacre?” preguntó
su compañero.
“¿Qué más?”
“Una bruja o un mago tal vez.
Viper ocultó una sonrisa. ¿Quién podía culpar a su amigo de sospechar de
las brujas? Tener a alguien intentando matarte en varias ocasiones tiende a hacerte
un poco nervioso.
“Shay no sintió magia.”
Dante sacudió su cabeza. “Si es un demonio, tú deberías ser capaz de
rastrearle. Hay pocos que puedan ocultar su olor de un vampiro.”
“Un Hunding, un Irra, tal vez un Napchut.”
“¿Son lo suficientemente poderosos como para descuartizar a un nido de
troles?”
Esa era la pregunta que había asolado a Viper desde que había descubierto
las diferentes partes de trol salpicadas a través de la habitación. Lamentablemente,
él sólo podía imaginar un demonio lo bastante fuerte como para derrotar a los troles
e incluso poseer la habilidad mágica de ocultar su olor.
“Un guerrero Lu lo sería.”
Dante se puso rígido. Viper no le culpaba. Los Lu fueron los villanos del
mundo de los demonios. Las pesadillas que se arrastraban de la tierra para devorar
lo que estuviera en su camino.
“Los Lu no han sido vistos desde hace siglos,” dijo Dante soltando el aliento.
“Tampoco los Shalotts.”
“Bastante cierto.” Dante se movió despacio hacia delante, su expresión
sombría. “Un vampiro, incluso un jefe de clan, no sería lo bastante fuerte como para
pelear con un Lu. Sus dientes son capaces hasta de cortar las cabezas de los
inmortales.”
“No tengo la intención de permitir que nada tome un mordisco de mí.” Viper
sonrió. “No a menos que por casualidad esté desnuda en mi cama en ese
momento.”
La preocupación de Dante no disminuyó. “Tu esclava ha atraído la atención
de un enemigo muy peligroso. Sería mejor si pasases su propiedad a otro.”
“Recuerdo haberte dicho precisamente las mismas palabras hace sólo unas
pocas semanas.”
“Abby es mi verdadera compañera. Ella me pertenece y daría mi vida por
mantenerla a salvo.” Él miró a Viper con una demasiado conocedora mirada. “¿Por
qué te has arriesgado por la Shalott?”
Viper luchó contra una inesperada oleada de ira. Él no quería explicar su
fascinación por Shay. No a Dante. Ni a nadie.
Incluido él mismo.
“Esa es mi obligación.”
Dante se detuvo cuando sintió fácilmente que había presionado el
temperamento de Viper tan lejos como se atrevía. Hizo una pequeñísima reverencia
con su cabeza.
“Como desees.” Un toque de diversión volvió a sus plateados ojos. “Te
advierto de que Abby no estará satisfecha hasta que ella misma se haya asegurado
de que Shay no está siendo maltratada.”
Viper apretó los dientes. Él era un jefe de clan. Un gobernante que ostentaba
el poder sobre cientos, no miles, de vampiros y demonios menores. Pero hasta él
sabía más que tratar de discutir con una mujer.
“¿Y cómo estará ella satisfecha?”
“Desea tener a Shay pasando un día con ella.”
“¿Un día?”
Dante alzó sus manos indefenso. “Ella fue muy específica de que la visita
sería durante el día.”
“¿De modo que yo no pueda interferir?”
“En parte.” Una caprichosa sonrisa tocó los labios del joven vampiro. “Pero en
verdad creo que Abby anhela la compañía de otra mujer. A pesar de ser una diosa
ella aún es lo bastante humana para anhelar comprar durante horas en el centro
comercial y chismorrear sobre un café.”
Viper se estremeció de horror. “Por la sangre de los santos, ¿por qué?”
“Eso, viejo amigo, es una cuestión más allá de la lógica de un vampiro.”
Se encogió de hombros de forma impaciente. Sangre y huesos. Él no quería
compartir a Shay. Con nadie. Lamentablemente, no pudo olvidar las sombras en lo
profundo de sus ojos y su fuerte determinación por salvar a su gárgola.
Ella estaba sola.
Profundamente, un corazón desgarradoramente solitario.
“Extenderé la invitación de Abby a Shay, si está o no de acuerdo depende de
ella.”
Dante fue rápido para saltar sobre sus casuales palabras. “¿Así que ella no
es tu esclava?”
“Ella es mi… invitada.”
“Tú sabías que ella estaría en la subasta cuando fuiste allí.”
La paciencia de Viper llegó a un abrupto final. Si se iba a pasar la noche
riñendo con alguien, tenía la intención de que fuera con Shay.
Esa era el tipo de riña que un vampiro podría disfrutar.
“Creo que ya es hora de que regreses con tu adorable compañera.”
Algo muy cercano a una sonrisa socarrona curvó la boca de Dante. “Ella
capturó tu atención y tú la buscaste y la encontraste. Bueno, bueno.”
“No presiones tu suerte, amigo mío.”
Dante sostuvo sus manos hacia arriba mientras soltaba una pequeña risa.
“Ya me voy.”
“Bien.”
La sonrisa desapareció cuando Dante extendió una mano para sujetar su
hombro en un apretado agarre.
“Viper, eres más que mi jefe de clan, eres mi amigo. Si te encuentras en
necesidad, quiero tu promesa de que me llamarás.”
“¿Y tener al Fénix enojado porque te pongo en peligro?” Viper alzó sus cejas.
“No soy completamente estúpido.”
“Nadie es más consciente de la deuda contraída contigo que Abby. Ella usará
sus propios poderes si eso te mantendrá a salvo.”
“Y son unos considerables poderes.”
El agarre de Dante se apretó. “¿Llamarás?”
Viper se quedó quieto antes de dar un reacio asentimiento con su cabeza.
Dante era casi tan terco como él mismo. No se iría hasta tener una promesa.
“Llamaré.”
Dante dio un paso hacia atrás y ofreció una sorprendente reverencia.
“Nuestra promesa está hecha, maestro.” Él se enderezó, un malvado brillo en los
plateados ojos. “Asegúrate de dar a tu demonio un beso de parte mía y de Abby.”
Una llamarada de calor se arrastró a través del corazón de Viper. “Oh no,
amigo mío. Cuando bese a Shay te aseguro de que no será por vosotros.”
Con una risa, Dante se volvió y con un gran salto había desaparecido a
través de la ventana. Dejado consigo mismo, Viper se sirvió una gran cantidad de
brandy y se paseó por la habitación.
Su amigo había dicho la verdad.
Shay estaba siendo perseguida por un enemigo que podría poner en peligro
su propia existencia. La sabiduría que había adquirido durante siglos debería
hacerle tirarla a ella y su detestable amuleto en el río más cercano.
¿Qué podría valer posiblemente el riesgo de la muerte? ¿Y, peor, la muerte
de los hombres de su clan?
Bebió a sorbos el ardiente brandy sabiendo que la respuesta a su pregunta
podría ser más aterradora que cualquier acechante demonio.


Fue casi dos horas después cuando Viper subió lentamente los escalones
que llevaban al segundo piso.
Habían sido dos horas de infierno mientras él había intentado distraer sus
pensamientos de la hermosa mujer que llenaba toda la casa con su dulce aroma.
Había intentado buscar en su biblioteca pistas sobre el demonio que había
atacado a los troles. Había llamado a sus diversas empresas para asegurarse de
que no había habido problemas inesperados. Había realizado incluso una rápida
inspección de los terrenos para hablar con sus guardias y asegurarse de que todo
estaba tranquilo.
Al final no podía negar la necesidad que machacaba en su interior más
tiempo.
Quería ver a Shay.
Oír su voz y tocar su suave piel.
Tan sólo estar cerca de ella.
Era francamente patético.
Llegando al descansillo, Viper se detuvo cuando vio a la pequeña gárgola
doblada en el suelo junto a la puerta de Shay. Obviamente la temperamental bestia
estaba jugando al guardián. Una idea que podría haber sido graciosa si Viper no
fuera bien consciente de que el amor y la lealtad contara mucho más que cualquier
cantidad de fuerza.
Él preferiría pelear contra un feroz guerrero que contra un amigo protegiendo
a su compañero.
Alguien dispuesto a morir por otro lo hacía de hecho un peligroso enemigo.
Moviéndose hacia delante Viper miró como la gárgola se enderezaba y se
inclinaba contra la pared de manera negligente. Podría no poseer el tamaño de la
mayoría de las gárgolas pero tenía todo su elevado orgullo.
Caminando hacia delante Viper se detuvo directamente en frente de Levet.
Extrañamente no sentía la esperada llamarada de fastidio por la intrusión de este
inesperado invitado. En cambio sentía algo muy semejante al respeto. Tal vez
porque él había revelado que el bienestar de Shay era tan importante para él como
lo era para Viper.
“Hay varias habitaciones excelente,” murmuró él. “La mayoría de las cuales
estoy seguro que serían más cómodas para una gárgola que este pasillo.”
“Buscaré una habitación cuando llegue el amanecer. Hasta entonces
permaneceré aquí.”
“Ah. ¿Estás de centinela de guardia?”
Su tono era apacible pero la pequeña e indudablemente fea cara estaba
endurecida por el orgullo herido.
“¿Crees que no puedo proteger a Shay?”
“Al contrario, creo que demostrarías ser un más que peligroso adversario.
Afortunadamente, no hay necesidad de que te preocupes esta noche. Mi invitado se
ha ido y los terrenos son seguros.”
“Tú sigues aquí.”
Viper alzó sus cejas. Había pocos demonios, sin importar cual fuera su
tamaño que se atreverían a enfrentarse a él directamente.
“Yo no soy una amenaza, mi pequeño guerrero.”
“¿Sugieres que ella está segura en tus manos?”
“He pagado una gran cantidad de dinero por Shay.” Señaló en tono
razonable. “Soy un hombre de negocios lo bastante bueno para no tirar casi una
fortuna en algo que tenga la intención de dañar.”
Los grises ojos se entrecerraron. “Pregunté si ella estaría segura.”
Viper sonrió lentamente. A pesar de su pequeño tamaño Levet era lo
bastante hombre para sentir el hambre que fluía a través de la sangre de Viper.
“Ella está bajo mi protección. Nunca le haría daño, ni permitiría que nadie
más la dañara siempre que estuviera dentro de mi poder el mantenerla a salvo.”
La gárgola consideró sus palabras por un largo momento, tal vez
reflexionando si podía forzar una promesa más específica de Viper. Al final hizo un
lento asentimiento.
“¿Darías tu promesa sobre eso?”
Su demanda cogió desprevenido a Viper. “¿Aceptarías la promesa de un
vampiro?”
“Aceptaría la promesa de un jefe de clan.”
Inconscientemente, Viper tocó el dragón tatuado a través de su pecho. Había
olvidado que las gárgolas eran tan sensitivas a las marcas demoníacas.
“Entonces la tienes.”
“Bien.” La larga cola hizo un cortante movimiento repentino. “Entonces la
dejaré a tu cuidado y buscaré algo que comer.”
“Hay comida abundante en la cocina.”
“Bah.” Levet hizo una mueca de disgusto. “He tenido mi cuota de comida
humana.”
Viper le miró con firmeza. “¿Tienes la intención de cazar?”
“Por supuesto. Ha sido demasiado tiempo.”
“Te sugeriría que permanecieras cerca de la propiedad hasta que podamos
determinar qué está acechando a Shay.”
La gárgola se encogió de hombros. “Está demasiado cerca el amanecer
como para ir lejos.”
“Y nada de humanos o vampiros en el menú,” le advirtió Viper en tono severo.
Los grises ojos se ampliaron. “Sacrebleu. ¿Me veo como si comiera humanos
o vampiros a menudo?”
Viper ocultó una sonrisa cuando miró hacia abajo al pequeño demonio.
“Prefiero que las normas estén claras.”
Con un aleteo de sus bonitas alas, Levet se giró sobre sus talones y fue
pisando fuerte hacia las escaleras. Maldiciones murmuradas entre dientes flotaban
detrás de él, la mayoría de ellas en francés, pero lo suficientemente claras para
Viper para darse cuenta de que él estaba siendo comparado de manera poco
halagüeña con un burro.
Pues nada.
Se encogió de hombros mientras se giraba hacia la puerta que daba a las
habitaciones de Shay. Había sido llamado cosas peores, y probablemente lo sería
de nuevo.
Sin duda por la mujer que le esperaba detrás de la puerta.

Shay paseaba por su habitación por más de una hora antes de sentirse
cómoda con que ellos no estaban bajo ataque. Obviamente, el vampiro visitante se
había dejado caer para una charla de medianoche, no un aperitivo de medianoche.
Gracias a Dios.
Ella había tenido suficientes baños de sangre por un día.
Confiando en que Viper estaba debidamente distraído, ella se había quitado
su ropa y metido en la ducha. Ella sentía una imperiosa necesidad de arrancar las
espantosas imágenes de los troles muertos.
Shay suspiró profundamente cuando el agua cayó sobre sus anudados
músculos. Ella suspiró aún más profundamente cuando descubrió el gran alijo de
jabones y aceites que se alineaban sobre el estante de vidrio en la parte de atrás de
la ducha.
Hacía demasiado tiempo desde que ella había sido capaz de darse el gusto
de tales lujos, reconoció ella mientras lavaba su largo cabello con un champú con
aroma de flores.
¿Demasiado tiempo?
Una media sonrisa tocó sus labios.
Casi nunca.
Permaneciendo hasta que su piel estuvo arrugada y rosa, al final se envolvió
de mala gana en una toalla y volvió a su dormitorio.
Ella había esperado encontrar a Levet sobre su cama esperando su regreso.
Él había sido extrañamente renuente a dejar su lado desde que habían llegado a la
casa.
Pero no fue a Levet lo que ella encontró
Ni si quiera era una gárgola.
En vez de eso era un vampiro alto, de cabello plateado y ojos de medianoche
que hacía que su aliento se atascase en su garganta y cosas extrañas aletearan en
la boca de su estómago.
Maldito, maldito y doblemente maldito.
Agarrando la toalla apretadamente alrededor de su desnudo cuerpo, ella miró
en el interior de esos pecaminosos ojos.
“¿Qué quieres?”
Con un elegante movimiento, Viper se alzó sobre sus pies, su mirada
tomando un total y descarado inventario de su esbelta forma.
“Pensé que podrías querer saber que mi invitado se ha ido.”
Su voz contenía una suave oscuridad que se deslizó directo hacia abajo por
su columna. Los agitados latidos esforzándose aún más.
“¿Eso es todo?”
“Mi ama de llaves ha dejado cena para ti en la cocina.”
“Oh… gracias.” Ella lamió sus labios. “Bajaré más tarde.”
Su mirada recorrió hacia abajo una vez más, permaneciendo sobre los
pequeños pezones apretados en respuesta.
Jodido infierno.
“¿No estás hambrienta?” dijo él con voz suave. “Sé que posees un saludable
apetito.”
Con un brusco movimiento, ella le dio la espalda. Él podría ser capaz de
seducirla con una mirada, pero ella no tenía que dejarle ser testigo de su poder.
“Difícilmente puedo ir como estoy.”
Él hico una humeante risa. “¿Por qué no? Te aseguro que no me importa.”
“A mí sí.”
“Muy bien.” Ella lo escuchó caminar a través de la alfombra y el sonido de
una puerta abriéndose. Sólo por un momento ella pensó que él había dejado la
habitación y ella luchó para negar el tenue destello de decepción que apuñaló a
través de ella. Entonces, sin previo aviso, hubo un punzante escalofrío que corrió
sobre su piel y Viper estaba de pie a su lado. “Aquí tienes.”
Girando su cabeza ella miró la bata de seda carmesí que él sostenía en sus
delgados dedos. Ella frunció el ceño mientras alargaba despacio la mano para coger
la bata, frotando distraídamente la costosa tela entre sus dedos.
“Dijiste que nunca tuviste invitados aquí.”
Él agitó su mano hacia el armario que permanecía abierto para revelar una
serie de trajes obviamente femeninos.
“Y no los tuve.”
“¿Son tuyos?” Shay parpadeó sorprendida. “Sabía que los vampiros tenían
gustos exóticos… pero nunca habría sospechado.”
“Son para ti.”
“¿Para mí?”
Sus cejas se elevaron por su desnuda incredulidad. “¿Pensaste que tenía la
intención de mantenerte encadenada desnuda en una celda?”
“Yo…” Ella sacudió despacio la cabeza mientras caminaba lentamente para
mirar dentro del armario. Había vaqueros y camisetas informales, caquis, suaves
suéteres, y sofisticadas batas que le hicieron la boca agua. Nunca en su vida había
poseído tantas ropas. Y ciertamente ninguna tan cara. “No esperaba que me
comprases un nuevo guardarropa.”
“Apenas un armario. Tan sólo unas pocas cosas para arreglártelas hasta que
puedas ir de tiendas por ti misma.” Él se detuvo antes de dar un pequeño suspiro.
“Hablando de lo cual, Abby desea arrastrarte hasta el centro comercial más cercano
para darse el gusto de alguna creación de lazos afectivos femeninos.”
Todavía dándole vueltas a la idea de que Viper se había tomado tantas
molestias por ella, se dio la vuelta para mirarle con incertidumbre.
“¿Abby?”
“La conociste durante la batalla con las brujas.”
La confusión de Shay sólo se profundizó. “¿Quieres decir el Fénix?”
“Creo que ella prefiere Abby.”
Ella alargó la mano para tocar el borde de la puerta del armario. Sus rodillas
se sentían extrañamente débiles mientras luchaba por dar sentido a las palabras de
Viper.
“Pero… ¿por qué? ¿Por qué siquiera se acordaría de mí?”
Él se encogió de hombros. “Tú la ayudaste a derrotar a las brujas.”
“Yo no hice nada.”
“Te resististe a la orden de las brujas de capturarla, y en lugar de eso
permitiste ser golpeada casi hasta la muerte por tu negativa a ayudarlas. Además
estuviste de pie a su lado cuando ella luchó contra Edra.” Su expresión era sombría.
“Ella no ha olvidado. Ni tampoco Dante.”
Todo era bastante cierto. Ella había hecho lo que podía para frustrar a las
brujas en su intento de usar al Fénix como una herramienta para matar a los
demonios.
Sin embargo, ella no podía imaginar por qué la mujer solicitaría su presencia.
Ciertamente, no para ir de tiendas de todas las cosas.
“Eso apenas nos hace amigas.” murmuró ella.
Él hizo una media sonrisa. “Dile eso a Abby. Ella parece pensar que una
experiencia cercana a la muerte le da el derecho de no sólo llamarte amiga, sino
asegurarse de que no estás siendo maltratada horriblemente bajo mi techo.”
Agarrando la olvidada bata en su mano, Shay se movió para encaramarse al
borde de la cama. Había algo apretándose muy profundo en su interior.
Algo que se sentía demasiado como el miedo.
“¿Sabe ella lo que soy?” susurró ella, su mirada fija en la espesa alfombra a
sus pies.
Ella sintió más que oírle moverse con cautela para pararse de pie cerca de
ella. Ella mantuvo su mirada hacia abajo. No quería que él viera su cara. No cuando
ella no podía controlar su expresión.
“¿Lo que eres?” preguntó él.
“¿Sabe ella que soy un demonio?”
El vaciló, como si eligiera las palabras con cuidado. “Ella es consciente de
que tienes la sangre de un Shallot.”
“¿Y me quiere para ir… de tiendas con ella?”
“Sólo si es lo que tú quieres. Estoy seguro de que ella estaría dispuesta a
modificar sus planes si hay algo que tú prefieras hacer.” De pronto él estaba
sentado a su lado, cerca pero con cuidado de no tocarla. “¿Qué es, Shay? ¿He
dicho algo para molestarte?”
“No sé qué quiere ella conmigo. Soy un demonio.”
Él dio una suave risa. “Abby no es precisamente humana nunca más.”
“No, ella es una diosa.”
“Una diosa, tal vez, pero también es la mujer que combatió contra las brujas
para salvar a todos los demonios y ahora está apareada con un vampiro. Ella no
tiene prejuicios contra nosotros si eso es lo que temes.”
¿Era eso lo que ella temía?
Shay encorvó sus hombros. La verdad era que ella no confiaba en esta Abby.
No cuando ella ofrecía algo tan poco común como la amistad. Su experiencia le
había enseñado que tales ofertas siempre venían con un coste. Normalmente uno
que ella no quería pagar.
Sintiendo el peso de la mirada de Viper, ella al final soltó un suspiro.
“Nunca antes he tenido a nadie preguntándome para ir de tiendas.”
“Ah.” Ella le sintió moverse para alargar un brazo alrededor de ella. Ella se
puso rígida cuando pensó que él quería hacerla entrar dentro de sus brazos. De
ninguna manera. Ella no quería su compasión. No cuando ella estaba tan vulnerable
que hasta podría descomponerse y llorar.
¿Cuán embarazoso sería eso?
Sin embargo él no hizo ningún esfuerzo por tocarla, y en vez de eso él alargó
la mano para agarrar el cepillo que había sido dejado sobre la mesita de noche al
lado de la cama. Sólo cuando ella se relajó con recelo él se acomodó de modo que
podía comenzar a pasar el cepillo a través de su enredado pelo largo hasta la
cintura.
“¿Dijiste que tu madre te crió como una humana?”
La voz de advertencia en el fondo de su cabeza le decía que se alejase. La
sensación de su suave y calmante toque era demasiado íntima, demasiado
placentera.
Lamentablemente, su mente ya no estaba unida a su cuerpo.
“Eso fue hace mucho tiempo,” murmuró ella.
“¿Pasabas?”
Ella hizo una mueca. Había algunos demonios que podían pasar, lo cual
simplemente significaba que eran capaces de moverse en el mundo humano sin ser
detectados. Muchos de ellos sin una gota de sangre mortal.
Los santos sabían que ella se había esforzado lo suficiente. Ella habría hecho
cualquier cosa por complacer a su madre. Cualquier cosa para pertenecer.
“No.”
Los largos trazos del cepillo nunca vacilaron. “Pareces lo bastante humana.”
Shay se descubrió descansando sus pestañas sobre las mejillas. Ella nunca
hablaba de su pasado. A nadie. Pero con el pacífico silencio rodeándoles, y el
cariñoso trazo del cepillo ella encontró las palabras atravesando sus labios antes de
que pudiera detenerlas.
“Pero no envejezco como un mortal. Mi madre se vio obligada a trasladarnos
de un lugar a otro para asegurarse de que nadie se notara que no me estaba
haciendo mayor como debería.” El recuerdo de su madre envió una punzada de
pérdida rasgando a través de su corazón.
“Una dificultad, ciertamente, pero no insuperable.”
“Tal vez no, pero mi fuerza y rapidez lo fueron. No hay nada humano en
ellas.”
Él levantó otra sección de pelo para pasar el cepillo. “¿Los otros niños tenían
miedo de ti?”
“Sí.”
“Ellos pueden ser muy crueles.”
Shay apretó sus manos en su regazo. “No tan crueles como sus padres. A
través de los años tuvimos nuestras casas quemadas, piedras lanzadas contra
nosotras, y sacerdotes intentando exorcizar al demonio fuera de mí. Incluso fui
linchada una noche.”
“¿Linchada?”
“Una pandilla de palurdos me arrastraron fuera de mi cama y me colgaron de
un árbol por el cuello en nuestro patio. Puedes imaginar su sorpresa cuando fui en
su busca la mañana siguiente.”
Hubo un largo silencio, como si Viper le estuviera dando vueltas a sus suaves
palabras. Su toque seguía siendo suave, pero Shay podía sentir la creciente
frustración que ardía sobre él.
Extraño.
“¿Por qué tu madre no buscó ayuda de los demonios?” preguntó él al final.
Ella giró su cabeza, ignorando el tirón sobre su cabello cuando los mechones
permanecieron sujetos firmemente en sus manos. “Mi padre ya había sido
asesinado por un vampiro. Ella estaba intentando mantenerme oculta de los
demonios.”
Sus ojos se oscurecieron, como si él no quisiera que le recordaran que ella
tenía muchas razones para odiar a los vampiros.
“Hay demonios que os habrían dado refugio. No todos son animales
viciosos.”
“Mi madre era humana. Ella no sabía en quién podía confiar.” Sin advertencia
sus ojos se llenaron de lágrimas. “Y yo tampoco.”
El cepillo se calló abruptamente de sus manos cuando ahuecó su cara en sus
manos.
“Shay.”

_________________

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]


[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://blackandblood.activosforos.es
Vampi
Admin
Admin
avatar

Grupos : *Traductora *Correctora de Estilo
Virgo Mensajes : 7617
Rango : 300
Edad : 35
Fecha de inscripción : 08/02/2010
Localización : Valencia

MensajeTema: Re: Alexandra Ivy - guardianes de la noche (libro 1 - 2 y 3)   Jue Dic 30, 2010 11:00 am

Capítulo 8


Shay olvidó como respirar cuando vio a Viper bajar su cabeza.
Él se movió despacio. Tan despacio que ella se dio cuenta de que la estaba
dando oportunidad de sobra para decir no. Durante un latido ella se tensó y él se
sostuvo sobre sus labios, sin tocar mientras esperaba a que ella lo apartase.
Pero mientras su mente estaba tratando desesperadamente de recordarle
que se trataba de un vampiro tocándola con tanto cuidado, un vampiro que la poseía
como si fuese un pedazo de propiedad, su cuerpo se mantuvo tercamente
indiferente al sentido común.
Ella necesitaba su toque. No, ella ansiaba su toque.
El sabor de sus labios. La presión de su piel sobre la suya. La caricia de sus
manos sobre sus pechos.
Ella nunca había entendido cómo una mujer podía permitirse ser seducida. O
decides que quieres tener sexo con alguien, o bien no lo haces.
En este momento, sin embargo, ella entendió el poder de la simple lujuria. La
cruda necesidad de tocar y ser tocado, sin importar cuántas advertencias podía
susurrar tu mente.
“Debes decirme sí, cariño,” murmuró él suavemente. “No seré acusado de
romper mi promesa. Tú debes decirme que quieres esto.”
Su voz debería haberla sacudido de vuelta a la conciencia. Devolverla algún
pedacito de sentido. En vez de eso se vertió a través de ella como un excelente
whisky.
Así como intoxicante.
“Sí.”
Él capturó la palabra incluso antes de que dejara sus labios, encarcelando su
boca en un beso que envió un golpe de calor fluyendo a través de su sangre. Ella
estaba preparada para el placer, pero el puro poder de eso la cogió desprevenida.

Oh, sí, esto era precisamente lo que ella necesitaba. Por lo que su cuerpo
había dolido desde que había visto por primera vez a Viper semanas atrás.
Ella se arqueó hacia delante, bebiendo del brandy que se aferraba a sus
labios, y la fría masculinidad que era exclusiva de Viper. Sin embargo, ella no
estaba lo bastante cerca. Sus manos se levantaron hasta su pecho, alisando la seda
de su camisa.
Él gruñó profundamente en su garganta cuando alargó la mano hacia abajo
para agarrar su camisa y con un tirón había arrancado los botones para extender la
seda a lo ancho.
“Tócame, cariño,” susurró él contra sus labios. “Déjame sentir tus manos
sobre mí.”
Shay se movió hacia atrás. No en rechazo, sino simplemente porque quería
ver lo que estaba tocando. Ella había imaginado lo que permanecía escondido
debajo de las capas de terciopelo y camisas de seda un centenar de veces. Ahora
ella quería apreciar completamente la vista.
Sus ojos se ampliaron y sus labios se separaron en un silencioso suspiro.
En la tenue luz, su pecho era amplio e igual de estupendamente musculado
como había soñado. Pero sus sueños no habían incluido el exótico dragón que
había sido tatuado sobre la marfileña perfección de su piel.
Con asombro, ella trazó el dorado contorno de la mítica criatura antes de
rozar las brillantes alas carmesí y el oscuro cuerpo color jade.
“¿Qué es esto?” dijo ella soltando el aliento.
Él se estremeció bajo su suave toque, su cabeza bajando para rozar sus
labios sobre su mejilla.
“Es la marca de CuChulainn.”
“Oh.” Shay encontraba cada vez más difícil pensar mientras él besaba su
camino hacia la curva de su oreja. “¿Te dolió?”
“¿El tatuaje?”
“Sí.”
Sus manos recorrieron hacia arriba sus brazos desnudos enviando una
erupción de excitación estremeciéndose bajo su piel.
“No. Ni siquiera lo sentí.” Él dio un pequeño pellizco en el lóbulo de su oreja.
“Simplemente apareció después de mi última pelea en la arena.”
“¿Te marca como un jefe de clan?”
“Sí.”
Lo que ella estaba por decir se perdió en una bruma de placer cuando su
lengua recorrió un húmedo camino hacia abajo por la línea de su mandíbula.
“¿Qué?” susurró él.
“No me acuerdo.”
Él soltó una suave risa mientras sus manos fueron a la deriva sobre sus
hombros y luego se movieron con firmeza hacia abajo, deteniéndose en el borde de
su toalla.
“Necesito verte, cariño,” murmuró él mientras presionaba sus labios contra el
frenético pulso en la base de su cuello. “Necesito tocarte. Di que sí.”
Shay se estremeció mientras una creciente presión se asentaba en la boca
de su estómago. Ella encontró extrañamente erótico estar tan firmemente a cargo
de la seducción. Le daba un sentido de poder que rara vez había experimentado.
Por una vez ella era la única con el control y era tan embriagador como el más raro
afrodisíaco.
“Sí.”
Sus dedos se tensaron brevemente, como si hubiera sido cogido
desprevenido por su rápida capitulación, y luego con un lento movimiento él estaba
tirando de los extremos de la toalla.
Ella se estremeció cuando el aire frío golpeó su piel, el leve indicio de
vergüenza tocando sus mejillas. Un espeso silencio llenó el aire y al final ella alzó su
mirada. Cualquier frío fue enviado lejos por el provocativo calor que llenaba sus ojos
de medianoche.
“Por la sangre de los santos,” dijo con voz ronca, tirando la toalla a un lado
para que sus dedos pudieran ahuecar atrevidamente las pequeñas firmezas de sus
pechos. “Eres… perfecta.”
La cabeza de Shay se inclinó hacia atrás con la sensación de sus pulgares
acariciando sobre los duros puntos de sus pezones. Ella no era perfecta. Ella estaba

lejos de ser perfecta. Demasiado flaca. Su piel demasiado bronceada. Sus pechos
demasiado pequeños.
Pero en este momento ella se sintió hermosa.
Bajo su depredadora mirada ella se sintió deseada.
Gruñendo profundamente en su garganta, Viper tiró de ella contra la fuerza
de su pecho, sus labios besando un hambriento camino hacia abajo por su garganta
hasta su clavícula. Él presionó lo suficientemente fuerte para que Shay sintiera el filo
de sus colmillos, pero ella no hizo ningún esfuerzo por apartarse.
En este momento ella confiaba en él.
Confiaba en que él no la exigiría más de lo que ella estaba dispuesta a
ofrecer.
Recorriendo sus manos sobre su pecho en un inquieto camino ella se deleitó
en la suavidad de satén de su piel. Era un fascinante contraste con la dureza de los
músculos de debajo. Como terciopelo extendido sobre acero.
Intrigada con explorar su cuerpo, Shay apenas notó cuando Viper la arrastró
suavemente hacia atrás sobre el blando colchón y la presionó contra su espalda. No
hasta que él se inclinó sobre ella para capturar un pezón entre sus labios.
Ella gritó cuando su lengua se arremolinó sobre su sensibilizada punta,
atormentándolo hasta que su espalda estaba arqueada en deleite. Jodido infierno.
Se sentía tan bien. Tan aterradoramente bien.
“Querida diosa,” gimió ella, estremeciéndose cuando sus labios trazaron la
curva entre los montículos de sus pechos antes de moverse para atormentar su
descuidado pezón.
Los dedos de ella tiraron impacientemente del cierre que mantenía hacia
atrás su pelo, permitiendo que la pesada cortina se derramase sobre ella en una
aromática nube. Los satinados mechones rozaron su piel, aumentando el calor que
se vertía a través de su sangre.
Respira, Shay, respira, se recordó ferozmente a sí misma, cuando sus manos
delinearon la curva de sus caderas y hacia abajo por sus muslos. Su tacto era frío,
pero ella estaba derritiéndose bajo el calor que fluía a través de sus venas.
Tirando de su pezón con el borde de sus dientes Viper movió
cuidadosamente su mano entre sus piernas y buscó el calor húmedo entre ellas.
Las manos de ella se movieron hacia sus hombros, sus dedos excavando
inconscientemente dentro de su carne cuando los dedos de él acariciaron sobre el
dulce lugar de su placer. Ella estaba cayendo dentro de una vorágine de
sensaciones que eran casi abrumadoras.
“Viper.”
Detectando fácilmente el tenue borde de pánico en su voz, Viper levantó su
cabeza para hocicar sus labios justo debajo de su oreja.
“Sssh… cariño,” tranquilizó él suavemente. “No te haré daño.”
“No tengo miedo de ser herida,” dijo ella con voz ronca.
“¿Entonces de qué tienes miedo?”
Ella se estremeció cuando sus caderas se elevaron instintivamente para
presionarse más firmemente contra su acariciante dedo.
“No lo sé.”
Él se elevó sobre su codo y miró detenidamente y con profundidad en sus
ampliados ojos. “Confía en mí, Shay.”
Durante un largo momento ella simplemente miró a su hermoso rostro. Con
su cabello plateado cayendo sobre sus hombros y la débil luz jugando sobre sus
elegantes rasgos él parecía un decadente ángel que había caído del cielo.
No lo hagas, Shay, susurró una voz de advertencia en el fondo de su mente.
No puedes confiar en un vampiro. Nunca.
Sus labios se separaron, pero no fue un ‘no’ lo que salió de sus labios. En vez
de eso sus pestañas flotaron hacia abajo y sus brazos rodearon su cuello en un
apretado agarre.
“Sí.”
La boca de él cubrió la suya mientras su mano se movió y su dedo la perforó.
Él se tragó su grito de placer cuando sus caderas dejaron el colchón y ella casi le
estrangula con sus brazos.
Él no era su primer amante, pero nada podía haberla preparado para esto. No
para suave experiencia de sus talentosos dedos o la exigente presión de su boca.

Ella se estaba quemando desde dentro y no podía cuidar de sí misma. Por
este único frágil momento ella quería ser consumida. Ella quería ser mantenida en
los brazos de un hombre y sentir lo que se suponía que una mujer sentía.
Metiendo su lengua entre sus dispuestos labios, Viper la acarició cun una
intensidad creciente. Shay se apretó contra él cuando la creciente presión en su
interior arqueó su espalda.
Ella estaba cerca. Tan cerca.
“Viper.”
“Lo sé, cariño,” murmuró él contra su boca, el cuerpo de él presionándose
contra su lado hasta que ella podía sentir el duro empuje de su erección contra su
cadera. “No luches contra él.”
Su aliento vino en cortos jadeos cuando el placer se apretó y estrechó en un
brillante punto. Sus dedos presionaban profundamente dentro de ella y al mismo
tiempo su pulgar acariciaba sobre ese nudo de placer, y la presión alcanzó un punto
crítico.
Su cuerpo entero se apretó y quedó suspendido por un jadeante momento
fuera del tiempo. Y luego con la fuerza de una pequeña explosión, la dicha se hizo
añicos a través suyo y ella estaba temblando con una fuerza inesperada.
Ellos permanecieron en un aturdido silencio durante un largo momento, el
aún duro cuerpo de Viper presionado contra el suyo. Shay se sintió como si
estuviera flotando. Como si hubiera sido lanzada dentro de un mar de agua caliente
y dejada a la suave deriva hacia la orilla.
A su lado, Viper se movió para acunar su cara como si ella fuera algún frágil
tesoro que él temiera romper, sus labios rozando suaves besos sobre su mejilla.
Incapaz de moverse, Shay al final consiguió aspirar un profundo aliento
mientras reunía sus sacudidos pensamientos.
“Oh… jodido… infierno…”


Viper no sabía por qué estaba sonriendo mientras miraba a Shay sentada al
otro lado de la mesa frente a él.
Ningún hombre en su sano juicio estaría sonriendo cuando su cuerpo estaba
duro y dolorido. Y cuando se enfrentaba a la clara posibilidad de que su frustrada
necesidad iba a ser una indeseable compañía. Al menos por las próximas pocas
horas, tal vez incluso días.
Pero incluso con su cuerpo en rígida protesta, él no podía detener la sonrisa
que curvaba sus labios. Tal vez era la visión de la esbelta forma de Shay tan
amorosamente acariciada por la seda carmesí de su bata.
Con su cabello negro como un cuervo cayendo hacia abajo por su espalda y
su bronceada piel brillando contra el rico material, ella parecía una exótica
mariposa.
O quizás era la diversión por los tres tazones de caldo de carne que ella
había conseguido consumir en menos tiempo del que le tomó a él drenar su botella
de sangre.
O quizás era el conocimiento de que por toda su dolorida frustración él había
conseguido abrir una brecha en el muro que ella había colocado a su alrededor. Ella
podía haber vuelto tras sus defensas a toda prisa, pero él sabía ahora que ella no
era invulnerable.
Él había encontrado su debilidad y no iba a dudar en usarla para reclamarla
como suya.
Suya.
Un enervante destello de posesiva satisfacción corrió a través de él incluso
cuando se preguntaba qué demonios estaba mal en él.
Por las pelotas del diablo. Él había perdido claramente la cabeza, y no le
quedaba el suficiente sentido para preocuparse.
Mirando hacia arriba desde su ahora vacío tazón de sopa, Shay le envió un
cauteloso ceño fruncido. “Desearía que dejaras de hacer eso.”
“¿Hacer qué?”
“Mirarme como si fuera la cena.”
Viper se reclinó hacia atrás en su asiento, su mirada viajando a los largo de
su bata carmesí.
“No me importaría un mordisco o dos.”
Ella se quedó quieta de repente, sin duda sintiendo el hambre que pulsaba a
través del cuerpo de él. Un hambre que él ya no trató de disimular.
“Tenemos un trato. Nada de sangre recreativa.”
“Yo no estaba pensando en sangre.”
Un rápido calor tocó sus mejillas. La sonrisa de Viper se amplió con un toque
de satisfacción masculina. Ella no podía pretender totalmente olvidar que se había
estremecido con su clímax en sus brazos.
“Es casi el amanecer, ¿no deberías estar en tu ataúd?” preguntó ella.
Él se rió. “Hace varios siglos desde que fui vinculado a la noche. Aunque no
puedo soportar la luz del sol, soy capaz de permanecer despierto cuando yo
decida.”
“¿Qué edad tienes?”
“¿No sabes que los vampiros rara vez revelan su edad?” preguntó él alzando
sus cejas. “Es un secreto casi tan bien guardado como su guarida.”
Ella se encogió de hombros mientras dejaba a un lado su vacio tazón. “Nunca
he entendido por qué. Cuando eres inmortal poco importa qué edad tienes.”
“El poder de un vampiro crece con cada año que pasa. Conocer su edad es
conocer su poder.”
“¿Entonces el de más edad es el más poderoso?”
Viper se encogió de hombros. Suponía que no debería estar demasiado
sorprendido con su falta de conocimiento sobre vampiros. Su madre había intentado
obviamente mantenerla aislada del mundo de los demonios.
“En teoría, aunque somos como cualquier otra raza. Siempre habrá aquellos
que poseen más fuerza, o incluso más inteligencia que otros, independientemente
de su edad.”
La lengua de ella asomó para tocar sus labios. Viper se tragó un gemido.
Podía pensar en varios lugares íntimos que le gustaría que esa lengua explorara.
“¿Vampiros como tú?”
Viper luchó por sofocar las rebeldes imágenes. Ya estaba sufriendo bastante
sin agregar más a su miseria.
“Sí, vampiros como yo.”
Los rasgos de ella estaban cuidadosamente inexpresivos. “¿Y es por eso por
lo que eres un jefe de clan?”
Él midió sus palabras. Tuvo la sensación de que cualquier alarde de
abrumador poder no iba a impresionar a esta mujer. No cuando ella estaba para
todos los efectos prácticos completamente bajo su control.
“En parte.”
“¿Cuál es la otra parte?”
Él sonrió suavemente. “¿Mi encantadora personalidad?”
Ella hizo rodar sus ojos. “¡Más quisieras!”
Él la miró por un largo momento. “Los Shalotts son bastante similares a los
vampiros. ¿No eligen ellos su líder con una prueba por combate?”
“No tengo ni la menor idea.” Su voz era casual, pero había una opresión en
su expresión que Viper no se perdió. “Por todo lo que sé, ellos los consiguen por
arte de magia.”
“¿Tus padres no te contaron algo sobre tu herencia?”
“Fui criada como humana. Mi madre pensó que cuanto menos estuviera…
expuesta al mundo de los demonios mucho mejor. Después de la muerte de mi
padre ni siquiera se me permitió mencionar la palabra Shalott.”
Viper frunció el ceño. Era poco sorprendente que la pobre mujer se
considerase una mestiza. Su madre se había asegurado de eso.
“Una opinión bastante estrecha de miras.”
Ella se erizó con la crítica implícita. “Ella quería protegerme.”
“Comprensible, pero negarte la historia de tu gente era negarte una parte de ti
misma. ¿No tienes algo de curiosidad?”
“¿Por qué debería? Tener sangre de demonio no me ha causado nada más
que dolor.”
“Los Shalotts son una orgullosa y muy respetada raza,” insistió él. “Antes de
seguir al Príncipe Oscuro en su partida de este mundo, ellos eran conocidos como
los más temidos asesinos entre los demonios. Incluso los vampiros temían sus
habilidades.”
“Eso es algo que apenas me da consuelo.”
Viper empujó hacia atrás su impaciencia. “¿Crees que los humanos son
superiores? Tienen una reputación de violencia y guerras, por no mencionar el
ocasional genocidio sin reservas. Al menos los Shalotts nunca se matan entre ellos.
Es su más sagrada ley.”
Un indicio de reticente curiosidad destelló en sus ojos. “¿Nunca?”
“Nunca.” Él mantuvo su mirada. “Ellos creen que derramar la sangre de otro
Shalott es condenarse a sí mismos y a todos los de su familia a la furia de sus
dioses. Es un pecado que no puede ser redimido. Yo sólo desearía que los
vampiros poseyeran la misma creencia.”
La mirada de ella cayó cuando jugueteó distraídamente con su copa de vino.
“¿Has conocido a muchos Shalott?”
“Unos pocos. Y antes de que preguntes, no los drené, o esclavicé, o hice mi
amante a alguno de ellos.”
“¿No me digas que fuero alguna especie de amiguetes demonio?” preguntó
ella con incredulidad.
Sus colmillos chasquearon juntos. Si ella estaba tratando deliberadamente de
provocarle, estaba haciendo un infierno de trabajo.
Por supuesto, era más probable que sus pullas fueran para protegerse. Si ella
pretendía que no le importaba, entonces nada podía herirla.
“Da la casualidad de que tengo muchos demonios como amigos, pero los
Shalotts fueron más… unos socios. Un líder de clan tiene muchos enemigos.”
La mirada de ella se levantó bruscamente. “¿Tú los contrataste como
asesinos?”
“En realidad los contraté para que me entrenaran,” aclaró él.
“¿Entrenarte para qué?”
“La mayoría de los Shalotts son enormemente hábiles en las artes de
combate y, más importante, poseen un profundo conocimiento de las armas.” Él alzó
sus cejas. “¿No lo era tu padre?”
El orgullo que ella no podía ocultar completamente parpadeó sobre su cara.
“Por supuesto.”
Viper ocultó su repentina sonrisa. No era totalmente estúpido.
“¿Y tú?”
“Tengo algo de experiencia con espadas y dagas, pero mi padre murió antes
de que yo pudiera ser entrenada por completo,” confesó ella en tono prudente. Sin
duda a ella le preocupaba estar entregado información al enemigo.
“Bien, yo no puedo de ninguna manera reclamar el talento de tu padre, pero
si tú quieres podemos entrenar juntos.”
Silencio.
El tipo de espeso silencio que le aseguraba de que Shay estaba intentando
de decidir si él estaba conspirando algún horrible complot, o simplemente estaba
como una cabra.
Quizás cuando ella lo entendiera se lo diría.
“¿Entrenar juntos?” repitió ella con el ceño fruncido. “¿Estás bromeando?”
Él se encogió de hombros. “¿Por qué no? No he tenido un adversario decente
en años.”
“La mayoría de propietarios no están ansiosos de enseñar a sus esclavos
cómo matarles,” dijo ella en tono seco.
“¿Tienes la intención de matarme?”
“No es una decisión que haya hecho de todas formas.”
Él soltó una corta y sobresaltada risa. “¿Me dejarás saber cuándo lo
decidas?”
“Tal vez.”
“Apenas las palabras tranquilizadoras que yo esperaba,” murmuró él, su
mirada barriendo sobre sus hermosas facciones. Esta era una adversaria a la que
un vampiro podía verdaderamente hincarle el diente. “¿Y bien?”
“¿Y bien qué?”
Él alargó la mano para tocar sus dedos. “¿Te gustaría entrenar conmigo?”
Ella le estudió con una vigilante expresión, pero antes de que ella pudiera
responder, la pacífica noche se hizo añicos abruptamente.
En la distancia un inconfundible aullido hizo eco a través del aire.
Ambos se congelaron. Podía haber sido un coyote o incluso un perro callejero
aullando a la noche, pero ambos sabían que no lo era. Ningún simple animal podía
hacer estremecer el aire con temor.
“Hellhounds,” susurró ella.
Viper se puso de pié y alcanzó con su mente a sus sirvientes.
“Los guardias están bajo ataque.”
“¿Por qué los hellhounds atacarían a tus guardias? Ellos no son rival para los
vampiros.”
Él negó bruscamente con su cabeza, sintiendo distantemente la batalla que
ocurría cerca de las puertas de su propiedad. Por el momento Santiago y su equipo
estaban teniendo lo suyo, pero había demasiados hellhounds para matar de una
sola vez. Estaban consiguiendo heridas que necesitarían sanar enterrados en la
tierra.
“No lo sé.” Él alargó la mano para tirar de ella y ponerla en pie. “Vamos.”
Por supuesto ella no podía simplemente seguir su ejemplo. Clavándose en
sus pies ella le miró con una mirada preocupada. “¿A dónde vamos?”
“Hay túneles en el sótano. Nos llevarán hasta el garaje.”
“¿No estamos más seguros aquí que en el garaje?”
“Hay coches en el garaje.”
Sus ojos se ampliaron. “No.”
Viper soltó un exasperado suspiro. “¿Qué pasa?”
“Por el amor de Dios, Viper, es casi el amanecer,” dijo ella entre dientes,
como si él fuera demasiado estúpido para entenderlo. “No puedes ir de aquí para
allá en un coche.”
“Yo no puedo, pero tú sí.”
“¿Quieres que me vaya?” Ella le lanzó un feroz ceño fruncido. “¿Sola?”
“Yo me quedaré aquí y me aseguraré de que tú no te sigan.”
“No. Ambos nos quedamos y luchamos.”
No era frecuente que Viper se encontrara cogido con la guardia baja. Era
difícil impresionar a un vampiro centenario. Pero no podía negar la sensación de
asombro.
“Shay, este no es momento para discutir.” Él la miró con una severa orden.
“Los hellhounds podrían no ser gran parte de la amenaza, pero dudo seriamente de
que ellos estén ahí fuera solos. Algo te quiere. Te quieren con la suficiente fuerza
como para arriesgarse a un ataque directo. Tienes que irte ahora.”
Sin previo aviso ella se movió para pararse de pie directamente delante de él,
sus manos sobre sus caderas.
“¿Y qué pasa si es eso lo que ellos quieren?”
Él frunció el ceño. “¿Qué quieres decir?”
“¿Qué pasa si los hellhounds son sólo una distracción para hacerme huir de
aquí sin ti? Lo que sea que esté ahí fuera podría estar esperándome una vez que
estemos separados.”
Viper gruñó profundamente en su garganta. Ella tenía razón. Los demonios
podrían muy bien ser un intento por separarlos.
“Maldito sea el infierno. Eso explicaría por qué atacaron tan cerca del
amanecer.”
“Y por qué enviaron primero a los hellhounds.”
“Sí.”
Él empujó sus manos impacientemente a través de su pelo. No era que él
temiera una pelea. Demonios, hacia demasiado tiempo desde que había disfrutado
de una entusiasta batalla. Pero por primera vez en su larga vida poseía a alguien
además de sí mismo por quien preocuparse.
Era una sensación desconcertante.
Y una que no estaba muy seguro de cómo manejar.
Mirando alrededor de la habitación, Shay puso bruscamente una mano sobre
su corazón. “¿Dónde está Levet?”
“Cazando.” Viper se encogió de hombros de forma distraída. “Después de la
llegada de los hellhounds sin duda él está ahora a medio camino de Chicago.”
“O haciendo algo totalmente estúpido,” murmuró ella mientras giraba sobre su
talón y se encaminaba hacia la puerta de atrás.
Le tomó un tiempo a Viper darse cuenta de que ella en realidad tenía la
intención de ir afuera y encontrar a la gárgola. Con un borrón de velocidad él estaba
bloqueando su camino, mirándola con incredulidad.
Ella podía hacer perder la paciencia a un santo. Un simple vampiro tenía muy
pocas posibilidades.
“No puedes ir ahí fuera,” dijo él entre dientes.
Una peligrosa chispa llameó a la vida en sus dorados ojos. “Viper…”
“No. Los demonios no tienen ningún interés en Levet. Él está mucho más
seguro de lo que tú lo estás en este momento.”
“No sabemos eso con seguridad.” Su mandíbula sobresaliendo en
advertencia. “Él es mi amigo y no le dejaré ahí fuera para morir.”
Viper saboreó brevemente la imagen de lanzar a la irritante mujer sobre su
hombro y haber terminado con ello. Oh, ella no iría en silencio. Ella era medio
Shalott y opondría un furioso combate. Pero él sintió seguro que al final podría
obligarla a su voluntad. Lamentablemente, tal sencilla solución estaba obligada a
crear muchas más dificultades de las que resolvería. Ella era sólo medio Shalott,
pero era una mujer por completo.
Maldiciéndose a sí mismo por tonto, negó impacientemente con la cabeza.
“Ve al sótano. Yo recuperaré a tu gárgola perdida.”
Como si esperase por el momento perfecto, la puerta se abrió y la pequeña
gárgola caminó balanceándose dentro de la cocina.
“No habrá necesidad de heroicidades, vampiro,” dijo él con voz cansada.
“Estoy aquí.”
Viper frunció el ceño. “¿Qué pasa con los hellhounds?”
Levet ni siquiera trató de ocultar su estremecimiento de disgusto. “Ellos han
sido ahuyentados por el momento, pero no tengo ninguna duda de que volverán.”
Hubo un movimiento detrás de la gárgola y Viper enfrentó miradas con los
vampiros que habían estado de guardia.
Él gruñó profundamente en su garganta a la vista de la sangre que cubría sus
ropas y las heridas que marcaban sus rostros.
Él era el líder del clan. Quien quiera que hubiera enviado a los hellhounds
pronto lamentaría su fatal decisión.
“Santiago, reúne a los demás guardias y llévatelos a tu guarida.”
El alto vampiro se puso rígido por la orden. “No le dejaremos.”
Viper negó con su cabeza. Sus guardias todavía eran jóvenes y vinculados
estrechamente con la noche. Una vez que el sol saliera ellos serían incapaces de
protegerse a sí mismos.
“Estáis heridos y el amanecer está demasiado cerca. No hay nada que podáis
hacer.”
La frustración fluía a través del aire cuando los guardias se vieron forzados a
aceptar la verdad de sus palabras.
“Vuestros sirvientes humanos pronto llegarán,” murmuró Santiago finalmente.
“Ellos no son rival para el demonio que nos caza. Debemos tratar de evadirle
si podemos.” Viper colocó una mano sobre el hombro de Santiago. “Debes cuidar de
los otros, amigo mío. Ahora vete.”
Atrapado por la orden de Viper de proteger a los restantes vampiros,
Santiago no tuvo más opción sino ofrecer una reverencia a regañadientes.
“Como usted ordene.”
Él esperó hasta que ellos se fundieron con la oscuridad, encaminándose
hacia la guarida secreta que Santiago había construido cuando Viper le había aquí
para proteger la propiedad. Ellos estarían seguros y cubiertos por la sanadora tierra.
Lo cuál era más de lo que podía decir él, reconoció él irónicamente cuando el lejano
aullido hizo un inquietante eco a través del aire.
Él se giró para encontrar la preocupada mirada de Shay. “Los hellhounds
volvieron. Debemos irnos.”

_________________

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]


[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://blackandblood.activosforos.es
Nanis
Correctora de estilo
avatar

Mensajes : 1831
Rango : 1
Fecha de inscripción : 11/06/2010
Localización : México

MensajeTema: Re: Alexandra Ivy - guardianes de la noche (libro 1 - 2 y 3)   Jue Dic 30, 2010 7:50 pm

:mangalove: Gracias Gemma, cada día te quiero más!!! Prometo leer más despacito :manga33: Jijijijiji como vas con el trabajo??? Te han dejado descansar?? Si no, tú nomás dime y voy a darles sus pataditas :grr:

_________________
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Vampi
Admin
Admin
avatar

Grupos : *Traductora *Correctora de Estilo
Virgo Mensajes : 7617
Rango : 300
Edad : 35
Fecha de inscripción : 08/02/2010
Localización : Valencia

MensajeTema: Re: Alexandra Ivy - guardianes de la noche (libro 1 - 2 y 3)   Vie Dic 31, 2010 10:38 am

jajajaja nooo tú disfruta leyendo ahora que puedes ^^
es que el archivo tiene muy mala leche y me toca copiar las páginas de una en una.... por eso me cuesta ponerlo :S

y del trabajo estoy hasta las narices :manga08: eso, eso, unas pataditas no estarían demás XDD

_________________

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]


[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://blackandblood.activosforos.es
Nanis
Correctora de estilo
avatar

Mensajes : 1831
Rango : 1
Fecha de inscripción : 11/06/2010
Localización : México

MensajeTema: Re: Alexandra Ivy - guardianes de la noche (libro 1 - 2 y 3)   Vie Dic 31, 2010 7:54 pm

Me esta gustando mucho más este que el de Dante :mangalove: Viper esta :205: Ufff mi imaginación lo ha puesto buenisimooooo :234:

Enseguida voy a darles sus pataditas para que ya te deje descansar a esa bola de desesperados :239: y te puedas ir con tus amigos a relajarte :252:

_________________
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Vampi
Admin
Admin
avatar

Grupos : *Traductora *Correctora de Estilo
Virgo Mensajes : 7617
Rango : 300
Edad : 35
Fecha de inscripción : 08/02/2010
Localización : Valencia

MensajeTema: Re: Alexandra Ivy - guardianes de la noche (libro 1 - 2 y 3)   Vie Dic 31, 2010 8:01 pm

ahhh nanis!! al final hoy no pude ponerte nada!!!! en una hora salgo del trabajo y me voy a arreglarme para esta noche jajajajaaj feliz año!!!!!

_________________

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]


[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://blackandblood.activosforos.es
Nanis
Correctora de estilo
avatar

Mensajes : 1831
Rango : 1
Fecha de inscripción : 11/06/2010
Localización : México

MensajeTema: Re: Alexandra Ivy - guardianes de la noche (libro 1 - 2 y 3)   Vie Dic 31, 2010 8:07 pm

Ok soy niña buena y no pido -por hoy- nada!!!

Diviertete muchooooooo :newyear:

_________________
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Vampi
Admin
Admin
avatar

Grupos : *Traductora *Correctora de Estilo
Virgo Mensajes : 7617
Rango : 300
Edad : 35
Fecha de inscripción : 08/02/2010
Localización : Valencia

MensajeTema: Re: Alexandra Ivy - guardianes de la noche (libro 1 - 2 y 3)   Vie Dic 31, 2010 8:09 pm

jejejeje sip, eso haré XDD y espero que tú igual!! jajaja

te prometo que este finde te pongo todo el libro :Manga30:

_________________

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]


[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://blackandblood.activosforos.es
Nanis
Correctora de estilo
avatar

Mensajes : 1831
Rango : 1
Fecha de inscripción : 11/06/2010
Localización : México

MensajeTema: Re: Alexandra Ivy - guardianes de la noche (libro 1 - 2 y 3)   Vie Dic 31, 2010 8:14 pm

:mangalove: Gracias Gemna, yo la voy a pasar con mi pequeña familia nomás pero nos vamos a divertir mucho jijijijijiji Besotes!!

_________________
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario
Vampi
Admin
Admin
avatar

Grupos : *Traductora *Correctora de Estilo
Virgo Mensajes : 7617
Rango : 300
Edad : 35
Fecha de inscripción : 08/02/2010
Localización : Valencia

MensajeTema: Re: Alexandra Ivy - guardianes de la noche (libro 1 - 2 y 3)   Vie Dic 31, 2010 8:18 pm

:mua: :mua: :mua: nos vemos!!! ^^

_________________

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen][Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]


[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]

[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Volver arriba Ir abajo
Ver perfil de usuario http://blackandblood.activosforos.es
Contenido patrocinado




MensajeTema: Re: Alexandra Ivy - guardianes de la noche (libro 1 - 2 y 3)   

Volver arriba Ir abajo
 
Alexandra Ivy - guardianes de la noche (libro 1 - 2 y 3)
Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba 
Página 2 de 5.Ir a la página : Precedente  1, 2, 3, 4, 5  Siguiente
 Temas similares
-
» guardianes de tesoros es un mito o en verdad existen!!!
» El Nuevo Libro de Antiguos Tesoros
» Aquí mi opinión de La Hija de la Noche
» Secretos en la noche-Linda Howard
» LA NOCHE DE BODAS - JILLIAN HUNTER

Permisos de este foro:No puedes responder a temas en este foro.
Black and Blood :: Proyectos del Foro :: Zona de Lectura-
Cambiar a: