Black and Blood


 
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 El secreto del vampiro - Raven Hart

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masi

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Lun Ene 17, 2011 9:15 pm

Si nena, está completo, no me di cuenta jejeje [Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
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masi

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Lun Ene 17, 2011 9:17 pm

Ya está arreglado, ejejej [Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
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shuk hing
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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Lun Ene 17, 2011 9:18 pm

gracias masi
ranguitos

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Nanis
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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Mar Ene 18, 2011 3:50 am

Gracias Masi :youpi:

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rihano

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Mar Ene 18, 2011 4:17 pm

gracias masi!!!!

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eduardop

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Jue Ene 20, 2011 4:15 am

TIENE BUENA PINTA. VOY A LEERLO. GRACIAS.

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Angeles Rangel

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Jue Ene 20, 2011 7:46 pm



Gracias Masi por el capítulo
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Dianis

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Vie Ene 21, 2011 2:35 am

CAPÍTULO 4

Transcrito por Dianis

Jack


Me encontraba en la cocina del taller, sirviéndome una segunda taza de café, cuando sonó el teléfono móvil. Supe que era William antes de sacarlo de su funda. Maldita sea, no quería que leyera en mi mente el secreto acerca de Diana antes de tener la oportunidad de contárselo a mi manera. Dejé que sonara varias veces para ver si dejaba un mensaje de voz.

“Recoge a Werm y ven a mi casa a medianoche.” El tono de su mensaje era bastante exigente y, sin decir nada más, colgó.

Solté algunos tacos y cerré de un golpe la tapa de mi móvil. ¿Había leído mi mente desde la distancia? No, no podía ser. Le dije a gritos a Rennie que tenía que marcharme y que era probable que no volviese antes del cierre. Él me saludó con la mano desde debajo de la capota de un Buick y yo me metí en mi Corvette de un salto.

Fuera lo que fuera lo que William quería, tenía la esperanza de que terminara pronto para poder pasar al mal trago de tener que contarle que su vida estaba a punto de complicarse mucho. No podía soportar la carga de la horrible verdad por mucho más tiempo. Mi única esperanza es que no deseara dar un mordisco al mensajero.

—¿Para qué querías que viniera? —Werm tomó asiento en el sofá de cuero de la guarida de William y yo le ofrecí un cóctel de sangre en un vaso de güisqui.

—Clases de vudú —dije—. Escúchame con atención. ¿Te acuerdas de lo que te conté el otro día? —Me senté junto a él y estiré las piernas—. Que tenemos poderes especiales debido a la sangre mambo. Poderes de los que otros vampiros carecen. Incluso William desconoce de lo que somos capaces, y ya va siendo hora de que lo averigüemos.

—Por si los importantes vampiros europeos vienen a por Reedrek —quiso
Aclarar Werm.

—Sí, Vamos a necesitar todos nuestros recursos.

—¿Y qué pasa con todos esos vampiros que van a asistir a la gran reunión? ¿Tienen también poderes especiales?

—Wiliiam solo les proporcionó un poco de sangre vudú cuando estuvieron aquí y esta se diluyó. Son más fuertes que la media de los vampiros europeos, pero no muchom. No son como nosotros. Podía notar cómo Werm se ponía nervioso al pensar en la gran asamblea de vampiros. Había tantas cosas que organizar que tuvimos que reunir la máxima ayuda posible. Fueron necesarios todos y cada uno de los empleados de William, desde los chicos del taller hasta el personal de la plantación ayudaron a organizar el tema de los viajes y del alojamiento.

Melaphia le había asignado a werm lo suficiente como para que se sintiera importante, y él se moría de ganas por conocera más miembros de su propia clase, como la denominaba. No quería quitarle las ilusiones pero si estos presuntuosos y pedantes vampiros norteños analizaban a Werm de la misma forma que lo habían hecho conmigo, lo iban a hacer sentir como un habitante del lado oscuro de tercera clase, algo parecido a los tripulantes pobres del Titanic. Y con la pinta que llevaba, era más que probable que eso ocuriera.

Eleanor se sentó frente a nosotros en un sofá de dos plazas a juego y Deylaud se apoyó en su fina y elegante forma humana junto a ella. Ella dio un sorbo a la bebida, mientras con la otra mano recorría suavemente su espalda, acariciándole el hombro con sus largos y finos dedos. Deylaud parecía estar en el paraíso y no apartaba la vista del rostro de Eleanor. Se había arrimado tanto a ella que entre ambos casi no cabía un alfiler. Me pregunté si él saltaría a su regazo, como hacía en ocasiones con sus humanos favoritos cuando se sentía un perrito juguetón, lo que habría sido un espectáculo

Werm apoyó sus botas de cuero negras sobre la mesita de café y le di un golpe en las p iernas con el revés de mi mano. Entonces volvió a poner los pies en el suelo.

—¿Has nacido en una cuadra? No puedo creer que tu madre de la alta
Sociedad no te enseñara modales.

—Eso es lo único que me ha enseñado —dijo Werm protestando—. Somos vampiros, por amor de Dios —dijo haciendo un mohín—. Somos tipos duros, matones. ¿De qué nos sirven los modales?

—Somos caballeros —dijoWilliam de repente, y entró majestuosamente en la habitación con Melaphia siguiéndole de cerca. Fruncio el ceño al ver a Deylaud pegado a Eleanor—. Fuera —dijo, indicando Ia puerta con la cabeza.

Deylaud se levantó y salió lentamente de la guarida. Si hubiera tenido un rabo en forma humana, lo habría metido entre las piernas. Entonces dirigió una última y lastimera mirada a Eleanor, antes de desaparecer dando la vuelta a la esquina.

Tras volver a dirigir su atención hacia Werm, William dijo:

—El hecho de que seamos bebedores de sangre no quiere decir que seamos animales. Somos miembros de una antigua y noble raza. Bien es cierto que entre nosotros los hay que optan por vivir del mismo modo que los carnívoros cuadrúpedos, pero eso no implica que debamos hacerlo nosotros.

—¿Te refieres a personas como Reedrek? —preguntó Werm.

—A él y a los de su calaña, sí. —William atravesó la habitación en dirección al bar y se sirvió un vaso de sangre de la licorera. Con su chaqueta negra deportiva de cuello alto, si hubiera tenido un combinado en la mano, había parecido sacado de una de las populares películas de James Bond—. Nos comportaremos como caballeros sureños bien educados.

Recordé el sueño que había tenido Ia noche anterior. El tipo con el que peleaba no era un bebedor de sangre caballeroso y bien educado. Pensé en hablarle a los demás de él, pero ¿para qué molestarme? Solo era uno de mis sueños, los cuales nunca se hacían realidad.

—¿Vampiros caballerosos? —preguntó Werm. Apuró la bebida y se puso de pie de un salto. Llevaba su pinta gótica favorita toda la ropa de cuero negro, filas de pendientes de plata en ambas orejas y el pelo de punta—. Esta es precisamente la basura burguesa de la que quería librarme cuando os supliqué que me convirtierais en vampiro, ¡quiero patearle el culo a alguien!

Eleanor levantó una ceja.

—Necesitas que alguien te meta en vereda.

Parecía que Werm no sabía si empalmarse o correr para salvar su vida.

—Y ella es la única que puede hacerlo, hijo —dije.

William cogió su bebida y se pellizcó el puente de la nariz. Si tenía el propósito de crear una refinada famlia sureña, sus esfuerzos no estaban teniendo un buen comienzo.

—No olvides el lugar que ocupas —le dije a Werm—. Ahora presta mucha atención. Es probable que aprendas algo que pueda ayudarte a salvar el pellejo.

—Debería estar por ahí con mis verdaderos colegas —masculló—. Hay un tipo nuevo que frecuenta el club que es más guay que tú, Jack.

—¿Tiene un conjunto de estos? —le pregunté, antes de enseñarle los colmillos. Los de Werm aún no habían terminado de crecer, eran lo que llamamos colmillos de leche.

—Pues no —admitió.

—Entonces, no es más guay que yo.

Werm, sintiéndose acobardado, parecía dispuesto a hacer lo que dijera. Cuando todos nos habíamos tranquilizado, William dijo:

—Werm... —Se detuvo—. Lamar. Ocupas un lugar privilegiado. Como vampiro novato tienes la oportunidad de aprender de un vampiro maestro y de una sacerdotisa mambo. Si supieras lo poco frecuente que resulta tu situación, quizá la apreciaras más. Bueno, sí quieres ser civilizado, puedes quedarte y aprender, pero si quieres ser un salvaje, vete a las calles y hazlo lo mejor que puedas. Hasta que vaya a por ti.

—Yo..., yo me quiero quedar —dijo Werm,y añadió dócilmente— Señor. William sonrió con benevolencia y se giró para consultarle a Melaphia, supongo, lo que nos ibá a enseñar.

No podía creerme lo paciente que había sido William. En las raras ocasiones en las que, como novato, le había hablado con descaro me había dejado clara su superioridad fisica mediante golpes, hasta que aprendí cuál era mi lugar. Sin embargo, sabía a qué se debía su indulgencia. Se había convertido en un cielo por Eleanor. Por fin William tenía una areja, una compañera y una verdadera ámiga íntima, y su actitud había cambiado para mejor, aún sufriendo el estrés provocado por sus nuevas responsabilidades políticas.

En condiciones normales me habría alegrado mucho por él, pero la nueva
Felicidad de William solo lograba que me fuera aún más difícil contarle lo que le tenía que contar. Me retorcía en mi asiento al pensar en cuál sería su reacción cuando le dijera lo que Olivia me había confesado, que Diana continuaba viva. Y teniendo en cuenta su carácter, podría pasar de todo. Tenía en Eleanor todo Io que necesitaba, una vampira que lo fascinaba, lo desafiaba... y lo amaba. Por fin tenía alguien con quien compartir la eternidad, alguien que le hiciera desear continuar existiendo, cuando hacía escasas semanas había estado a punto de abandonar y tirar la toalla para siempre.

Estaba de acuerdo con Olivia en una cosa. No tenía la menor duda de que William abandonaría todo lo que estaba tratando de construir, tanto con Eleanor como con la organización de los Bienaventurados, e iría a buscar a Diana, aunque tuviera que llegar a los confines de la tierra para lograrlo.

Pobre Eleanor. Había dado toda su vida por él. Recordé el antiguo dicho: “No hay nada más peligroso que un animal herido”. Junto a una gran dosis de desprecio, añade a la mezcla el hecho de que se trataba de una vampira novata que desconocía su propia fuerza y cómo ejercer su considerable y pecaminoso poder. El Señor tenga misericordia de todos.

Tenía que apartar a un lado a William lo antes posible y lo más lejos de Eleanor que pudiera. No se habían separado ni un segundo desde que él la convirtiera. Pensé por un momento en pedirle a MelaPhia que me ayudara a contárselo, pero ella y yo ya habíamos tenido nuestras diferencias con respecto a Connie. Era preferible que me lanzara yo solo al ruedo.

—Como sabéis... —comenzó diciendo William.

—Jack puede volar —soltó Werm.

William se detuvo a mitad de la frase y tanto él como Melaphia y Eleanor me miráron como si me hubiera crecido una segunda cabeza.

—¿Qué? —preguntó William por fin.

—Solo un poco —dije.

—¡Yo lo vi! —Werm estaba en el borde de su asiento—. Se sostuvo en el aire
por encima de río y luego cayó en él.

—¿Qué? —volvió a preguntar William.

— Me acordé de lo que dijiste la noche que estabas convirtiendo a Eleanor —dije—. Werm y yo estábamos hablando de que algunos de los vampiros de las películas podían volar.

—Como los vampiros de Anne Rice —puntualizó Eleanor, quien también parecía comenzar a emocionarse ante la idea.

Por la expresión de su rostro, Werm se había puesto sentimental.

—Me chifla Anne Rice.

—A mí también —dijo Eleanor con gran efusividad—. Y muchos de mis clientes les encanta su trabajo, y mucho. Y no solo el relacionado con los vampiros, sino, ya sabéis, el otro.

Me incliné hacia delante.

—Sigue contando.

—¡Chicos, centraos! —William cerró los ojos y suspiró—. ¿Qué ocurrió exactamente?

—Como ya he dicho, le conté a Werm lo que me habías contado acerca de la necesida de explorar nuestras habilidades. Luego comenzamos a hablar de lo que podían hacer los varmpiros de las películas y de los libros, como por ejemplo, volar. Así que pensé que podía intentarlo. Quiero decir, si no lo intentas no puede saberlo ¿no?

—Claro —dijo William mirándome para expresar que estaba de acuerdo.

—Así que me subí al tejado del varadero y di un salto. Entonces, no se, si me concentré o algo así, y me quedé suspendido en el aire durante algunos segundos. Pero después Werm dijo algo gritando, lo que provocó que perdiera la concentración.

Wlliam se frotó la barbilla.

—Continúa.

—Y entonces me caí al río.

—Eres la leche, Jack —comentó Eleanor.

—Le dije que debía practicar —añadió Werm—. Quién sabe lo bueno que puede ser si se lo curra.

William se quedó pensativo durante un momento.

—Werm tiene razón. Deberías tratar de desarrollar esa habilidad. Los dos vais por buen camino. Tenemos que descubrir nuestras posibilidades, pero también nuestras debilidades.

CuandoWilliam pronunció la palabra debilidades, todos miramos a Werm.

—¿Por qué me miráis todos? —dijo Werm, poniéndose a la defensiva.

Melaphia comenzó a mover nerviosamente la nariz.

—¿Y qué pasa contigo, Lamar ? ¿Has descubierto algún talento especial en ti? —preguntó.

—Sí ¿qué pasa con esa visión de rayos X ? —dije riéndome entre dientes—
¿Pudiste ver através de alguna de las camisetas en Tybee, donjuan?

Si Werm hubiera sido todavía humano, creo que se habría puesto colorado, pero es difícil para un vampiro sonrojarse, no es algo característico de los no muertos. Sin embargo, hizo algo mucho más interesante que eso.

Se volvió transparente.

Algo muy parecido al aspecto que tenía Shari cuando apareció en el sótano. Después de que Eleanor fuera convertida. Un aspecto similar al humo o alvapor, incorpóreo, por así decirlo.

—Ese es un truco muy bueno —dije

—¿Qué? —preguntó werm.

Melaphia entrecerró los ojos.

—Podemos ver a través de ti.

—¿En serio? —Werm bajó la mirada para verse — iQué guay!

En el instante que comprobó que era guay se puso firme, mejor dicho, se solidificó.

—¿No te habías dado cuenta de ello hasta esta noche? —pregunté, y Werm negó con la cabeza.

—Esto puede resultar útil —comentó William— Me pregunto.

Supe en lo que estaba pensando.

—Si practicas es probable que consigas ser completamente invisible.

—¡No me digas!, no sé. No sé lo que he hecho ahora mismo para convertirme en transparente.

—Yo sí lo sé —susurró Eleanor. Entonces, como si fuera una gata, se levantó de su sofá de dos piezas y se dirigió hacia el lugar en el que estábamo Werm y yo. Se ínclinó hacia él sofá lentamente y se sentó a horcajadas sobre Werm, cuyos ojos se abrieron como platos. Sin tocarlo, Eleanor se inclinó hacia delante dejando sus hermosos (y generosos) pechos a escasos milímetros del rostro de Werm. Luego, le susurró algo al oído. Parecía tan pálido que creí que se iba a caer desmayado de cabeza en su escote. El chico no tenía ni idea de qué hacer con una mujer como Eleanor. Pero, de repente, Eleanor pareció estar sentada a horcajadas en el aire.

—Ah, ya lo tengo— dijo MelaPhia— Se convierte en invisible cuando se siente avergonzado.

—Eso parece —comento Wiliiam mientras cogía la mano de Eleanor para
Ayudarla a levantarse y alejarla del invisible Werm—. ¿Cuántas veces hemos deseado, cuando éramos adolescentes, ser capaces de desaparecer cuando nos sentíamos obligados a enfrentarnos a una situación incómoda?

—La sangre vudú ha debido ayudarle a conseguirlo de verdad —dije—. Vaya, quién me lo iba a decir. —No podía ver la risita de tonto de Werm, pero la expresión de asco de William mostraba que Werm iba a tener que aprender a ocultar sus pensamientos de la mejor forma posible, Porque en ese momento hasta yo podía leerlos, y ni siquiera era su sire. Estaba pensando en vestuarios femeninos.



William


—Vas a tener que aprender a controlar eso, Lamar. No queremos que causes un revuelo desapareciendo en público. Esto demuestra que debemos explorar nuestras fuerzas aún con mayor motivo, pero no solo para averiguarlas, sino también para aprender a utilizarlas de una manera eficaz.

—Sí —añadió Jack—. Es probable que esto del vuelo pueda venir bien en el Oglethorpe Speedway. Aunque no pudiera lograr que el coche volara, podría reducir el... —dirigió su mirada a Eleanor— perdonad por la expresión, peso muerto, flotando por encima del asiento...

—¡Jack! —dijo Melaphia interrumpiéndolo—. La sangre vudú no tiene por objeto ganar apuestas en un circuito. Ahora, silencio, que vamos a comenzar.

Jack se volvió a sentar, pero pude notar que su mente seguía en funcionamiento. Fui a sentarme junto a Eleanor y descubrí que Deylaud había vuelto y se había colocado con las patas cruzadas a sus pies. Como humano, no podía disimular mucho mejor su fascinación por ella que como cánido. Como no deseaba que el grupo se fuese por la tangente, no hice ningún comentario, solo le lancé una mirada de advertencia, antes de tirar de Eleanor para acercarla más a mí.

Melaphia cerró los ojos y respiró con la suficiente profundidad como para estirar la columna, luego los abrió y se colocó de frente al grupo.

—La mayoría de la gente piensa que el vudú es una práctica diabólica, cuando en ¡realidad muchos no tienen ningún problema en encontrar la forma de hacer el mal por sus propios medios.

—Qué gran verdad —añadió Jack.

Melaphia continuó como si no hubiera oído nada.

—Deylaud puede mostraros libros sobre la historia, que podéis leer, pero yo
Haré un resumen, ya que sabemos que Jack no ha leído un libro desde que se público El Kama Sutra.

—Eso no es cierto. He leído un libro, Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta. —Parece que no nos convenció, porque Jack, a la defensiva, añadió—: Que sí, que lo he leído.

Mel acalló su arrebato con una mirada y continuó.

—Por ahora, quiero que sepáis que se trata de una práctica muy antigua. Proviene de África y cuenta con seguidores en casi todas las partes del mundo. Los que estáis aquí sentados no sois meramente seguidores, sino que formáis parte de la línea sucesoria ininterrumpida de Ia realeza vudú. —Se detuvo un momento para permitir que asimiláramos la información—. Nuestra primera lección ha de ser la humildad, ya que el vudú está basado en ella. Existen fuerzas mayores más sálvajes, enemigos y ángeles. Pero solo podemos pedirles ayuda... —Bajó la barbilla y miró a Jack—. No exigírsela.

La humildad y Jack no eran compatibles. En realidad tanto Jack como yo habíamos perdido hacía mucho la humildad junto con nuesta humanidad. Cuando uno es inmortal y prácticamente indestructible, resulta difícil ser humilde; sin embargo, había experimentado ese sentimiento en presencia de Lalee. Para mí era una de esas fuerzas mayores y más salvajes de la tierra, y ahora había sido liberada en forma de espiriru.

Como si Melaphia pudiera leer mis pensamientos, dijo:

—En realidad el término “vudú” significa “espíritu”. Tiene que ver con la concentración, la intención y (por mucho que pueda que no os guste)con la fe. Tenemos que averiguar lo que ocurre cuando el espíritu se topa con la inmortalidad.

—iCaramba!, vampiros vudúes... —susurró Werm . jQué guay!

Parecía que Jack iba a darle una colleja a Werm en el cogote, pero la verdad es que el chico parecía estar completamente fascinado.

Melaphia apretó las manos por delante.

—Así que, esta noche comenzaremos con la primera tarea. Debemos honrar a los ancestros que nos preceden, debemos honrar a maman Lalee. Ahora todos formamos una familia y debemos confiar y depender los unos de los otros—. Entonces, se lo tomó un momento para mirarnos a cada uno de nosotros—. Maman Lalee elegirá vuestro orisha personal: la fuerza más cercana a vuestras virtudes. Una vez que hayamos hecho esto, os enseñaré a construir un altar.

—¿Te refieres a que tenemos que rezar y eso? ¿No es eso una especie de sacrilegio para nosotros los vampiros? —preguntó Jack.

—El vudú es una religión como muchas otras. Y sí, especialmente tú, Jack, vas a pasar una buena parte del tiempo de rodillas, o puede que nunca aprendas a volar de verdad.

—¡Ah! —dijo Jack mostrando cierta decepción.

—¿Pensabas quei ba a ser tan fácil? ¿ Pronunciar una salmodia y alzar el vuelo?

—Bueno... mira Werm, esos pantalones de cuero de mariquita no han rozado el suelo y se puede volver del todo invisible y eso.

—Tienes razón, eso demuestra la existencia de algo de talento natural, pero ningún control. En este caso, su emoción anula su poder. No es recomendable estar fuera de control. No lo olvidéis.

Llevaba varios siglos aprendiendo a controlarme sobre todo para evitar la
Inevitable explosión de ira en mi interior, y de soledad. El profundo dolor que sufre el alma ante una supervivencia sin conexión, sin amor. Sentí que Eleanor apoyaba la mano en mi muslo, lo que interrumpió mis oscuros pensamientos, antes de que los dirigiera a Diana. Me giré para mirarla y ella sonrió. Sí, esto es lo que me ofreces: consuelo, distracción y amor. ¿ Me llevé su mano a la boca y le besé la palma. Prácticamente perdido en sus ojos, un improperio de Jack volvió a captar mi atención.

Pero antes de que pudiera adivinar la causa, Melaphia reclamó nuestra atención.

—Jack lleva esta piedra hasta la chimenea —ordenó—. Lamar, ve a buscar agua. ¿Capitán¿ ?Podrías traer a Renee, por favor?

Hice Io que me había pedido y fui a buscar a Renee al dormitorio. La llevé en brazos, profundamente dormida, mientras su madre caminaba de aquí para allá por la habitación. Me vino a la memoria el lejano recuerdo de cuando llevaba en mis brazos a mi propio hijo dormido. La confiada forma de dormir del inocente a la que jocosamente algunos llaman “dormir como un muerto”, pero mi hijo estaba realmente muerto. Entonces cambié la dirección de mis pensamientos. Era preferible dejar que el pasado se debilitara y abandonara mi mente.

Al poco tiempo, Melaphia había construido un altar provistonal dispuesto con rosas blancas, un cuenco de sopa de quingombó, mariscos y carne picante (la comida preferida de Lalee), agua del pozo más antiguo de la ciudad y la ampolla que había contenido Ia sangre de Lalee, antes de que la utilizáramos para provocar la caída de Reedrek. Junto a la ampolla vacía, Melaphia colocó un vaso lleno de su propia sangre y un antiguo retrato en miniatura de la propia Lalee. Ella me indicó que colocara Renee sobre un cojín de plumas a sus pies y luego encendió varias velas blancas.

—Colocaos alrededor —dijo mientras abría los brazos. Cuando dibujó un símbolo sobre la piedra, con lo que parecía ser harina de maíz, la salmodia que entonó provocó en mí un sentimiento de familiaridad. Los recuerdos terrenales de Lalee comenzaron a fluir a través del tiempo, a través de la muerte: su hermoso rostro iluminado por la luz de las velas cuando después de acunar a su primogénita me la entregaba. Ella se convertiría en un terrible espectro si alguien tenía intenciones de hacer daño a los suyos. La afligida madre bajo la luz de la antorcha, ayudando a los moribundos y enviando sus almas a la siguiente fase de su viaje. La echaba de menos y, el amor y el dolor del cántico de Melaphia me recordaron hasta qué punto.

De repente, el cántico se detuvo y en la habitación se hizo completo silencio. Se levantó una ráfaga de viento a través del tiro de Ia chímenea, impregnando el aire de un revelador olor a ceniza. Entonces Renee se sentó y se restregó los ojos.

Melaphia se hundió de rodillas.

—¿Maman?

Renee, con sus pequeñas manos, rodeo el rostro de Melaphia.

—Oui, cariño. Estoy aquí.

Melaphia parpadeó y sus ojos se llenaron de lágrimas. Sentí como se tensaba mi garganta y me hundí también de rodillas.

—Mama, necesitamos tu ayuda. Hemos de invocar la sangre tuya que llevamos todos, pero necesitamos que nos enseñes cómo hacerlo.

Y tras decir esto, se giró en mi dirección. En ese momento pude ver que mientras el cuerpo podía ser el de la hija de su tataranieta, los vivos ojos eran los de Lalee, quien me observaba después de trescientos años.

—Así lo he jurado, ¿no?

—Sí, lo has hecho —dije—. Pero quería tu amor, no solo tu lealtad —dije
tragando saliva—. Como te he amado yo. —Comenzó a flotar en mi dirección, con sus pies a escasos centímetros del suelo y, una vez que estuvo lo suficientemente cerca como para tocarme, dijo:

—Los dos son tuyos, capitán. Dado que has cuidado de mí y de los míos, yo también cuidaré de tu nueva familia. —Entonces dirigió su mirada a jack, luego a Eleanor y, finalmente a Werm—. A cada uno de una forma distinta.

Ella colocó su pequeña mano sobre mi cabeza y luego cerró los ojos.

—En la oscuridad invocaste a maman Brigitte y a Kalfú. Nosotros tres te ayudamos cuando lo necesitaste pero ahora tendrás que suplicarle al marido de Brigitte, al Barón Samedi.

—Ghede.

Oí que Melaphia dejaba escapar un jadeo, en medio del silencio que se hizo a continuación Lalee se giró literamente en su dirección.

—Sí, eso es, muchacha. Ghede es la muerte, el maestro del abismo. El embaucador. —Comenzó a reírse entre dientes y me dio unos golpecitos en la cabeza—. ¿No te encontraste con él en la oscuridad? Lo habrías hecho si hubieras permanecido allí durante más tiempo.

Entonces volvió a ponerse seria.

Llámalo para que venga a ti, pero solo si lo necesitas. El acudirá. No fomentes sus ardides ni su sed de muerte. El es el juez final de la valía de un hombre, así como de la de un vampiro.

Yo asentí con la cabeza.

Entonce se dirigió a Jack.

—Hola, hijo mío. Tú eres el rompecorazones, ¿no es así?

Jack se quedó mirándola fijamente durante unos largos segundos.

—No era mi intención serlo —dijo, con aspecto de estar abatido.

—No. no lo era. —Jack apartó la vista de ella, quien hizo que volviera a mirarla, agarrándolo de la mandíbula—. Los muertos gritan tu nombre. Dicen que tienes que rezarle a Legba. El es uno de los loas de la encrucijada y la puerta al mundo espiritual. ¿Lo harás?

Jack asintió con la cabeza.

—No volverá a hacer que mida tres metros como hiciste tú, ¿no? Me refiero a que no deseo que mi cabeza golpee con la tapa de mi ataud...

La repentina carcajada de Lalee fue una combinación del alborozo de una mujer y la risa de un niño.

—Cuando lo invoques, lo averiguarás. —Ella se inclinó para hablarle al oído—. Quizá puedas construir tu altar en el exterior para que solo las estrellas lo cubran.

—Sí, maman. Lo haré. —Entonces Jack me miró—. Solo para estar a salvo.

Eleanor fue la siguiente. Aparentemente, Lalee invirtió rnás tiempo en estudiarla, mientras balanceaba la cabeza de un lado para otro.

—Tu inmortalidad es tan reciente que la energía sigue latiendo a tu alrededor como si de un corazón se tratase —dijo por fin—. Fuiste valiente en la oscuridad. Te encomendaré a Erzulie, la señora de las tragedias. Ella es la diosa del amor, pero también del sufrimiento. Has entregado toda tu alma por amor, ¿no es cierto?

Pude sentir cómo Eleanor dirigía su mirada hacia mí, pero yo la esquivé. De repente, tuve el mal presentimiento de que convertir a Eleanor había sido un tremendo error.

—Ahora perteneces a Erzulie, por encima de todos los demás… incluso de él. —Un ligero movimiento de cabeza en mi dirección hizo evidente que se estaba refiriendo a mí.

—Si señora —dijo Eleanor con un tono de voz inseguro pero resuelto.

Pude sentir la completa fascinació de Werm como el picor que provoca la luz en mi piel y supe que Lalee le había dirigido toda su atención.

—A ti te encomiendo al loa Loco. El señor de la vegetación y de las plantas
curativas

Durante un momento, la expresión del rostro de Lamar mostró su decepción.

—¿Quieres decir que ellos serán señores de la muerte y de los fantasmas, y yo seré el señor de los arbustos?

—No seas tan descarado, muchacho. No somos señores de nada. Somos seguidores, postulantes. Sin Ia bendición de los loás, no somos nada.

En lugar de contestar, Lamar comenzó a convertirs en transparente Lalee, utilizando la mano de Renee, lo agarró del cuello.

—Vuelve, ahora. Ese es un buen truco, pero estoy hablando de la marihuana y el tabaco, entre otras hierbas sagradas.

Lamar se animó de inmediato y comenzó de nuevo a solidificarse.

—¿ Con marihuana, te refieres a...?

—Ah, sí. Eso es algo de lo que sabes mucho. Puede que te sientas decepcionado, a no ser que despiertes al Loco y le demuestres tu valía. —Entonces, ella recorrió la mano por encima del ya sólido hombro—. En cuanto a los trucos... si aprendes bien, tengo otro que podrás tratar de dominar. Él te ayudará con cualquiera que sea la magia que puedas poseer. —Ella negó con el dedo delante de su rostro—. Pero no será hasta que aprendas modales y a tener paciencia. No hasta que complazcas a Loco.

—Sí, maman —diio Lámar.

Y tras pronunciar esas palabras, Lalee se limpió las manos de polvo y las cruzó.

—Ahora, todos vosotros, bajad la mirada y acercaos a los que os acabo de nombrar. Melaphia y Renee os ayudarán a construir los altares y a aprender los rituales. Así es como obtendréis el poder de la sangre que corre por vuestras venas.

Dio tres palmadas y dijo:

—¡Ache!

Otra ráfaga de aire atravesó la habitación, y cuando abrí los ojos, Renee volvía a estar en el cojín en el que la había colocado. Mientras me ponía en pie, ella comenzo a agitarse, antes de abrir Ios ojos.

—¿Mamá? —preguntó, mientras levantaba su mirada hacia Melaphia—. He tenido el mejor de los sueños. He soñado que maman Lalee me cogía en sus brazos y me susurraba al oído.

Melaphia sonrió y la levantó suavemente.

—Eso es maravilioso. Cuéntame lo que te ha susurrado, mientras te vuelvo a llevara la cama. —Cuando pasó a mi lado, con su hija en brazos, Melaphia dijo—: Volveré para haceros una lista a cada uno de las cosas que vais a necesitar.


Jack


—Aquí tienes los listados que querías —dijo Werm. Llevaba un fajo de hojas en una mano y una especie de varitas en la otra—. Y el incienso que pediste, del centro comercial Spencer.

Todas las conversaciones entre los irregulares se detuvieron cuando Otis, RuIus, Jerry y Rennie vieron la pinta de Lamar Nathan von Werm. Llevaba el pelo blanco platino engominado, formando lo que parecían pequeños picos de hielo por toda Ia cabeza. Su chaqueta de cuero negra era demasiado grande y cuadrada, y los pantalones a juego demasiado estrechos. Si eso no era suficiente como para que le dieran una patada en el culo en la mayoría de los antros que frecuentaban los irregulares cuando no estaban holgazaneando en mi taller, el delineador de ojos y el esmalte de uñas negro seguro que lo era.

—Chicos, este de aquí es Werm —dije.

Rufus y Jerry olfatearon el aire y de inmediato reconocieron a Werm como vampiro. Los cambiaformas y los vampiros se reconocen y se huelen entre sí. Rennie, que era humano, no habría sido capaz de saber que Werm era un no muerto si yo no se lo hubiera advertido antes. Otis, que no era cambiaformas, pero tampoco era completamente humano, miraba a Werm como si viniera de otro planeta, pero no sabría decir si era porque notaba que Werm era un vampiro o por Ia pinta que llevaba.

Le presenté a los irregulares, quienes, a pesar de advertir la presencia de
Werm entre gruñidos, no le estrecharon la mano, pero mentiría si dijera que
Los culpaba por ello.

Todos estábamos de pie alrededor de la mesa de juego, en la que los chicos habían dejado los objetos que les había pedido que me compraran. Ir de compras no resulta fácil para un vampiro. No siempre dispongo de tiempo para acudir aI establecimiento Wal—Mart que está abierto toda la noche, además, la iluminación fluorescente provoca que mi piel parezca sacada de un museo de cera lo que pone a los empleados del Wal—Mart algo nerviosos.

—¿Para qué es esa parilla oxidada, Otis? —pregunté.

Otis había aparecido con una parrilla de carbón de aproximadamente un metro de altura, la típica vieja y redonda esmaltada en color negro.

—Es tu altar —dijo con orgullo—. Dijiste que querías algo que pudieras
Montar al aire libre. En ella podrás encender las velas y el incienso sin correr
El riesgo de provocar un incendio entre los arbustos.

—Desde luego, tú sí que eres práctico —dije—. Y, si tengo hambre, siempre puedo asar algunas salchichas de Frankfurt.

—O algunos perros salchicha— sugirió Jerry, quien se encogió de hombros al ver que nadie le reía la gracia. Nadie mencionaba la palabra vampiro en el taller, ni siquiera Rennie, quien era el humano que me conocía desde hacía más tiempo, a excepción de Mel. De vez en cuando, Jerry lanzaba algunas indirectas sobre mi naturaleza pero por ahora yo las desoía. Él colocó sobre la mesa un paquete de velas de larga duración del establecimiento Dollar Tree—. Para ti solo Io mejor, compañero.

——Gracias —dije. Jerry era alto y musculoso, a diferencia de Otis y Rufas, que eran larguiruchos y enjutos. Probablemente podría contar con él en una pelea pero nunca había tenido que pedirle que me cubriera las espaldas. Además, por lo que sé, puede que le debiera una mayor lealtad a algún cabecilla de algún otro lugar que a mí. Era alto y fuerte, pero dudaba que tuviera madera de líder.

Rufus dijo:

—¿Para qué es todo esto? —Rufus era también un cambiaformas, aunque yo tenía el presentimiento de que se trataba de una variedad diferente a la de Jerry. Sus orejas no eran tan puntiagudas como las de Jerry y nunca aparecía cuando había luna llena.

—Es para algún ritual vudú que el ama de llaves de William quiere que lleve a cabo, se supone que para que me haga más fuerte.

—Yo también tengo que realizar otro —dijo Werm con orgullo—. Para
Desarrollar mis poderes naturales.

—Sí, claro, parece que vas a necesitar toda Ia ayuda posible, mariquita —comentó Jerry.

Werm enrojeció de ira, pero mantuvo el pico cerrado, y al menos no intentó su truco para desaparecer. Sentía lástima del pobre novato. El pensaba que el hecho de ser vampiro lo convertiría también en un tipo duro de inmediato, pero no tuvo esa suerte. Es probable que al pobre hijo de puta le siguieran tirando tierra a la cara en la playa por las noches. Le había hecho jurar que no mordería a ningún humano, por lo que se quejaba de ser un vampiro solo por el nombre, pero era preferible a que acabara en el calabozo de la ciudad con los rayos de sol entrando por la ventana, al menos hasta dejarle cocinado al punto.


Continúa.....[b]
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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Vie Ene 21, 2011 4:54 am

Gracias Dianis, al ratito lo leo :210:

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Vie Ene 21, 2011 11:37 am

gracias!!! :youpi:

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Vie Ene 21, 2011 3:09 pm

gracias!!!. rangos...

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Vie Ene 21, 2011 10:26 pm

CAPÍTULO 4
PARTE II


Transcrito por Dianis


Werm colocó el incienso sobre la mesa de juego junto a los objetos que los irregulares me habían ayudado a reunir en lo que venía a ser una malograda búsqueda del tesoro para paletos. Rennie cogió la lista que me había proporcionado Melaphia y tachó los objetos con un lápiz. El ron blanco, los puros, las ramitas de cedro, las velas bláncas y el incienso.

—¿Quién tiene la ofrenda de alimentos? —dijo Rennie antes de mirar al resto por encima de sus gafas de culo de vaso.

Otis dio un paso hacia delante con una pequeña bolsa.

—Es una pata de pollo de KFC —dijo—. Extracrújiente.

—Yo, por mi parte, soy partidario de la receta original —comentó Rufus.

—Yo también —diio Rennie mostrando su acuerdo con solemnidad, antes de entregarme la lista.

Jerry intervino con una tajante observación acerca de las especias y las hierbas secretas, lo que dio lugar a un debate acerca de las ventajas de cocinar a presión comparado con hacerlo a fuego lento. Mientras estaban enfrascados en su discusión. Werm dio la vuelta a la mesa sigilosamente y me entregó los papeles.

—Y creen que yo soy un mariquita —masculló con resentimiento.

—Contrólate —dije, mientras doblaba la hoja que Rennie me había entregado y la metía en el bolsillo delantero de mi camisa de algodón para guardarla separada del resto de los papeles—. Tres de ellos podrían comerte en un par de bocados y hurgarse los dientes con tus huesos.

Werm debió haber pensado que hablaba metafóricamente, porque solo se encogió de hombros.

—¿Por qué a los tipos así les gusta meterse conmigo?

Entonces, él me dio los papeles y comencé a examinarlos.

—¿Te has mirado en ún espejo? Puede que se deba al movimiento de tus pendientes.

—¿ Por qué tus amigos huelen de una forma tan extraña? ¿Y por qué siento un hormigueo en los colmillos cuando los huelo?

—Son cambiafomas —dije . Al menos dos de ellos, en cuanto al otro, no Io sé. Esa es una de las cosas que debo enseñarte: cómo reconocer a los que no son humanos. Recuérdamelo luego. —Eché un vistazo a los papeles antes de doblarlos y meterlos en el bolsillo trasero.

—¿Cambiaformas? —preguntó Werm—. Me estás tomando el pelo, ¿verdad? ¿Te refieres a que son como los hombres lobo?

—Sí, como los hombres lobo.

Werm miró a los irregulares, alarmado.

—¡Madre mía! ¿Cuántos otros tipos de... de no humanos existen?

—Muchos. Oye, tú elegiste esta existencia, ¿lo recuerdas? Tu cómoda vida como humano ha terminado. Ahora eres una criatura nocturna, simplemente has cambiado a un grupo de tipos que te pueden patear el culo por otro diferente que puede hacerte lo mismo. Aunque, en este caso, no van a llevar bates de béisbol, sino dientes largos y puntiagudos. Así que vas a tener que aprender a repartir leches o morir. Bienvenido al lado oscuro, compañero.

Werm trató de digerir lo que acababa de decirle, y se irguió con dignidad. A pesar de su apariencia el chico tenía su corazoncito y estaba empezando a creer qúe quizá tuviera también algo de cerebro. Si lograba no meterse en líos, creía sinceramente que tendría oportunidad de sobrevivir. Al menos durante un tiempo.

Cambiando de tema, preguntó Werm:

—¿ Por qué querías información acerca de los mayas?

—Eso no te interesa. —Le había pedido a Werm que llevara a cabo una búsqueda en Internet acerca del loa Legba a quien debía rezarle, de acuerdo con las indicaciones de Mel, y por otro lado, sobre todo lo que pudiera averiguar de las diosas mayas. En ese preciso momento, necesitaba toda la verdad sobre el vudú para llevar a cabo mi propia ceremonia espiritual. El tema de Connie lo repasaría más tarde en privado.

—Vete a rezarle a ese dios de las hierbas, o lo que sea, del que Melaphia te habló.

A Werm se le iluminaron un poco los ojos.

—El dios de las verdaderas hierbas y especias secretas. Tengo algo de hierba bastante buena que puedo prender como ofrenda, puede incluso que logre un buen colocón por la cercanía. Pero déjame primero que vea cómo llevás a cabotu rirual y luego sabré cómo realizar el mío mejor.

A pesar de que ya le había dicho que se largara, me sentía culpable por no haber tenido tiempo de enseñarle más cosas acerca de vampiros. Solo había recibido una breve introducción acerca de los cambiaformas, dado que no me había tomado la molestia de prepararlo a enfrentarse a otras criaturas que liavaban por las noches.

—Sígueme. —Metí todas las cosas que había sobre la mesa en la parrilla, volví a colocar la tapa, lo llevé todo rodando hasta atravesar la discusión a cerca de la comida rápida y salí al extedor por la puerta trasera del taller. Luego coloqué la parrilla en un lugar bastante plano.

—Lo primero es lo primero —dije. Desenrosque él tapón de la botella de ron, que estaba ya medio abierto, y lo dejé a un lado—. Brindo por el loa Legba —dije, antes de dar un buen trago. Tras engullirlo, miré la etiqueta. No tenía el sabor del ron al que estaba acostumbrado, pero hacía bastante tiempo que no atacaba seriamente una botella. Mi veneno preferido era el burbon JD sin hielo. Luego le pasé la botella a Werm.

El olió la botella con bastante remilgo y dijo:

—¿No quieres que vaya a por un poco de cola para mezclarla con esto?

—Hijo, eso sería echar a perder dos buenas bebidas. Ahora eres un vampiro, un tipo duro, bebe como tal.

Werm me miró con reservas y dio un trago, lo que le provocó un prolongado ataque de tos, antes de que me devolviera la botella, contento de librarse de ella.

Werm abrió el paquete de velas, mientras yo mordía la punta del puro que Jerry me había traído y la escupí al suelo. Lo encendí con una de las velas y chupé hasta que comenzó a tirar bien. Luego, mientras Werm encendía el resto de las velas, traté de recordar las instrucciones que Melaphia me había dado, pero lo primero que me vino a la cabeza al pensar en la reunión, fue la expresión del rostro de Wílliam cuando besó la mano de Eleanor.

Maldita sea. Di otro buen trago al ron y sentí que me quemaba en su recorido hasta el estómago. No había tenido el valor de contarle a William que Olivia había descubierto que Diana continuaba con vida, pero ¿cómo iba a decírselo? Durante los días posteriores a la conversión de Eleanor, se había comportado como un hombre, esto... un vampiro diferente. Nunca lo había visto tan animado. Incluso había tenido paciencia con Werm en la reunión. Si eso no era prueba de un cambio radical en la actitud de William para con el universo, que me digan entonces lo que era.

Estaba… feliz.

La idea me maravillaba. William y la felicidad no erán compatibles, pero la llevaba en los ojos. ¿Cómo iba a contarle algo que pudiera poner su mundo patas arriba? Sin embargo, tenía que hacerlo por mi seguridad. Pero ¿q ué prisa había? Como Olivia había dicho, Diana y William llevaban separados cientos de años. ¿Qué importaban unos pocos días más? Si lo pensaba detenidamente, seguro que se me ocurría una solución. Di un largo trago a la botella, como si la solución a mis problemas se encontrara en el fondo.

Saqué los papeles del bolsillo y se los entregué a Werm quien, bajo la luz de las velas, comenzó a leer la información acerca del loa Legba.

—Aquí pone que es la gran deidad fálica.

—Brindaré por eso —dije—. Así solían llamarme las chicas del burdel de Eleanor, no con tantas palabras, ya me entiendes. —Levanté la botella en homenaje y me bebí otro trago—. ¡Brindo por el loa Legba¡ ¡Mi hombre! El que puede echársela por encima del hombro como un soldado del ejército continental—. Con mi rápido estado de embriaguez arrastré las palabras “hombro”, y “sosoldado”, de tal forma que parecía que tuviese la boca llena de papilla lo que provocó Ia risa de Werm.

—¿Has comido oy? —preguntó werm, mientras me quitaba la botella.

—No, ¿y tú?

Werm puso cara de asco, dio un trago y volvió a poner la misma cara.

—No. —Werm se tambaleó ligeramente mientras me devolvía la botella, luego volvió a mirar los papeles con detenimiento—. Parece como si las palabras quisieran escarparse de mi vista. Oye, no sabía que los vampiros pudieran emborracharce.

—Pues claro que podemos, podrías apostarte el culo. —Di otro trago—. Por encima de los colmillos y a través de las encías.

Werm me miraba sorprendido.

—Guaaaay—dijo, arrastrando la palabra, completamente borracho. Miraba el texto como si estuviera tratando de interpretar un jeroglífico—. Aquí pone que el loa Legba tiene la apariencia de un anciano que porta un bastóny un saco, y que es el guardián de la puerta.

—¿Qué puerta es esa?

—La que comunica el mundo humano con el espiritual. Eso es todo lo que tengo. El cartucho de tinta se me terminó. —Se encogió de hombros—. Lo
siento.

—No pasa nada. Tengo aquí la oración que Melaphia me anotó. —Saqué el papel con la lista del bolsillo de la camisa y le di la vuelta. La cuidada caligrafía de Melaphia me parecía un galimatías. Algunas de las palabras eran extranjeras, y aunque las había deletreado fonéticamente, solo entendia algunas por ahí perdidas. Iba a tener que improvisar sobre la marcha. ¿Qué podría ir mal?

—Vale, abuelo. Esto es de corazón —dije. Le di la botella a Werm, quien dio otro trago, asintió con la cabeza en señal de aprobación y me la devolvió.
Leanté la botella y vertí un buen chorretón sobre el altar.

—Este..., te saludo, te rindo homenaje. Y te pido... —Volví a mirar el papel—. Que abras la puerta. Sí eso es, y suponto que debo pedirte que potencies aún más mis poderes de vampiro.

—Creo que eso es lo principal —dij o Werm muy convencido—. Eso es lo que
WilJiam, y Mela..., Melaph..., Mel dijeron.

—Sí —dije. Solté la botella y señalé con la mano el resto de objetos que había en la parrilla—. Todo esto es también para ti. Las velas, el cedro, el incienso y el pollo. Así que, abre esa vieja puerta tuya y deja que el sol brille tras ella —dije riéndome por lo bajo. Que maman Lalee me ayude, pero 1o hice.

—No sabíamos si te gustaba la receta original o la extracrujiente —dijo
Werrn, antes de que le entrara la risa floja.

Dejé caer los papeles y me agarré al hombro de Werm en busca de apoyo, pero los dos nos fuimos al suelo, muertos de la risa como un par de idiotas.

—Oye —dijo Werm—. Quizá debas comprobar ahora si puedes volar.

—¿Volar?, ¡qué coño! , si apenas puedo mantenerme en pie —dije resoplando de la risa una vez más, antes de que Werm comenzara a reírse histericamente.

—Por cierto, ¿qué tenía esto?

Werm cogió un poco de aire y confesó:

—He... he echado un poco de mi mejor hierba dentro.— Extendió los brazos—. Ese soy yo, el guardián de la marihuana.

—Recuérdame que te mate cuando eeeeesté sobrio.

Nos estábamos riendo de tal forma que no notamos el cambio en la atmósfera hasta que las velas comenzaron a parpadear. El viento había cambiado, pero había algo más, algo poco natural en el aire, algo desagradable y cargado de descomposición. Lo he dicho antes y lo repito ahora: cuando un vampiro se asusta, digamos que hay algún problema muy gordo.

Werm lo había sentido también y dejamos de reírnos en el mismo instante. Ambos estábamos doblados, y a ese nivel, nuestra visión se había hecho borrosa por el humo del incienso encendido y de las parpadeantes velas. Nos erguimos lentamente y, al hacerlo, vimos con claridad un montón de tierra relativamente fresca a unos metros de distancia, el cual se estaba moviendo. Mi ultrasensible sentido del oído captó que algo escarbaba por debajo.

Permanecimos en silencio durante un momento y entonces dijo Werm:

—Jack, ¿qué es eso? Se acerca desde esa parcela de tierra sin maleza de allí. —El también lo había oído.

Mi cerebro alucinado y regado con bastante alcohol trataba de aclararse.

—¿Te refieres a esa parcela de tierra del tamaño de un Chevy Corsica?
—Werm solo me rniraba, sin entender nada. Yo tampoco quería entender pero de todas formas, lo estaba empezando a hacer.

¡Ay, no!

—Werm, ayúdame a pensar. ¿Qué le acabamos de pedir a ese espíritu vudú? ¿Qué le hemos pedido exactamente?

—Le... le hemos pedido que potencie aún más tus poderes de vampiro y que abra la puerta al mundo espiritual. ¿Por qué? ¿Qué hay de malo en eso?

—¡Vaya, mierda!

Werm seguía mirándome, así que no vio que una mano con manchas se abría paso en el suelo, tratando de agarrar el frío aire noctumo de la luna llena de Savannah.

No hacía mucho, mi diabólico abuelo sire, Reedrek, ofreció el gran espectáculo del asesinato de mi empleado y amigo Huey. El pobre e ingenuo compañero tuvo la desgracia de estar en el lugar y el momento equivocados, y para abreviar, parece que lo dstriparon como a una trucha. Como no queríamos que se enterase la policía y Huey no tenía familia, decidimos enterrarlo tras el volante de su querido Chevy con una cerveza en la mano.

Vale, como he explicado antes, tengo lo que se podía denominar afinidad con los muertos, independientemente del hecho de que yo sea ahora uno de e llos. En resumen, los fantasmas me adoran. De hecho, Huey me visitó una vez después de morir, aquí en el taller, solo para informarme de que estaba bíen en el otro mundo, y luego volvió a lo suyo. Eso estaba muy bien.

Pero esto no.

Lo que estaba de pie frente a Werm y a mí no era un fantasma. Era un zombi. Era un cadáver como sacado de La noche de los muertos vivientes. Era Huey en persona, por decirlo de alguna manera, en manchada, podrida y putrefacta persona.

Werm se dirigió todo rígido a un grupo de arbustos y comenzó a tener arcadas en silenoo.

No hacía falta ser ingeniero aeroespacial para saber qué había ocurrido. Mis poderes relacionados con los muertos (aquellos que antes estaban limitados en su mayoría a la comunicación) se habían transformado en la habilidad para reanimar a los cadáveres. Sí, en serio. Gracias a una deidad vudú bien dotada, me había convertido en el orgulloso amo de un robusto zombi recién nacido. Pide y recibirás.

Huey levantó la mano con la que había arañado la tierra para salir.

—¡Hola Jack!

—¡Hola Huey!

Werm apareció a mi lado.

—¿Este es Huey?

—Este es: Huey, te pregento a Werm.

—¡Hola, Werm!

—¡Hola Huey! —dijo Werm con languidez—. Jack, creo que sé lo que ha
debido...

—Sí, yo también.

Werm y yo nos dirigimos de nuevo al taller, con Huey tras nosotros arrastrando los pies. En ese momento, los irregulares estaban jugando a las cartas, al igual que hacían la mayoría de las noches. Estaba claro que Jerry, quien se había encargado de los puros para el ritual había traído suficientes para todos, porque allí estaban sentados, fumando y bebiendo cervezas a sus anchas. Como Werm y yo habíamos llegado por delante de Huey, no lo vieron hasta que se sentó en su lugar habitual de la mesa.

La escasa actividad que había en ella se congeló, como si, irónicamente, los vivos hubieran pasado a un proceso de animación suspendida y los únicos que dieran señales de vida fueran los muertos. El único movimiento que mostraron fue la trayectoria descendente de sus puros al quedar colgando de las comisuras de sus labios.

Por un momento me recordó la famosa obra de unos perros jugando aI póquer. Así estaban de rígidos, como los perros del cuadr, hasta que Huey sonrió mostrando una boca llena de verdosos dientes y encías.

—Dadme cartas, chicos —diio.


FIN DEL CAPÍTULO....
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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Vie Ene 21, 2011 10:28 pm

Con gusto chic@s. Ya les deje completo el cap.
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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Vie Ene 21, 2011 10:34 pm

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Sáb Ene 22, 2011 2:09 am

gracias...


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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Sáb Ene 22, 2011 10:42 am

Este capi me hizo reír mucho :manga17: :manga17: Jack y Werm son dinamita jajajajajaja

Gracias Dianis :1001:

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Dom Ene 23, 2011 7:51 am

GRACIAS DIANIS... RANGUITOS!!!

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Lun Ene 24, 2011 1:09 pm

gracias dianis!!!

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Lun Ene 24, 2011 1:11 pm

Capitulo 5

Transcrito por Bautiston


William

Eleanor y yo cogimos el Mercedes nuevo para dirigirnos al lugar de la calle River donde solía estar su casa. Había jubilado el Jaguar, ya que me traía a la mente demasiados olores y recuerdos: Reedrek, Shari, incluso el desafortunado de Huey. Y luego estaba Olivia. Había cerrado ese capítulo de mi vida para comenzar uno nuevo con Eleanor, la que debía ser obedecida.
—¡Ay, William!, estoy deseando que reconstruyan mi maravillosa casa. Piensa solo en todo lo que nos vamos a divertir. —El tono de voz de Eleanor se había tornado casi en un susurro—. Echo de menos nuestros juegos. ¿Te acuerdas del calabozo?
Una parte de mí lo recordaba muy bien y sentía gran interés.
-Sí, mi amor, me acuerdo. —La imagen de Olivia alimentándose y luego follándose a su adorable cisne se transformó en una nítida fotografía en mi mente. Después, el recuerdo de la boca de Eleanor y la boca de Olivia, ambas succionando... succionando. Casi alcancé a oler la sangre, y a sentir la lucha entre las lenguas sobre la cálida piel.
Eleanor subió la mano hasta tocarme el muslo.
—El nuevo calabozo será más grande, —Restregó su palma contra mi polla—. Más peligroso.
Cubrí su mano con la mía y la presioné contra mi empalmado miembro. Tenía intenciones de contestarle, pero cuando me agarró con más fuerza, y clavó sus uñas en la tela que cubría mi sensible prepucio, respiré profundamen¬te y resoplé entre dientes. Eleanor estaba tan acostumbrada a mis fantasías que, si yo no tenía cuidado, me llevaría por ahí tirándome de la polla.
Pero no me habría importado.
Con desgana, le volví a llevar la mano al muslo y tuve que arreglarme los pantalones.
—Déjame conducir o tendré que detenerme en el arcén para hacer algunas cosas que podrían escandalizar totalmente a los vecinos.
Eleanor esbozó su hermética sonrisa de Mona Lisa.
—Los llevo escandalizando años y ahora tengo toda la eternidad para vivir a la altura de mi reputación.
Los progresos de la casa de la calle River iban bastante bien. Se habían vertido los cimientos. Había un sótano, más grande que cualquiera de los situados en los alrededores, con una puerta metálica que daba directamente a la sólida tierra. El obrero se había quedado perplejo con el plan, pero yo le había asegurado que tenía que ser así, recordándole que le estaba pagando una exorbitante suma de dinero para que llevara a cabo lo que le pidiera. Si no contaba con más información, tampoco correría el riesgo de que le hicieran daño. Cuantos menos humanos conocieran la extensión de los túneles subterráneos situados debajo de sus casas, iglesias, calles y edificios, mejor.
Eleanor y yo cogimos los materiales que habíamos recopilado para su altar y atravesamos el lugar de la construcción. Colocarían las vigas para el suelo principal de la casa en una semana, por lo que íbamos a tener que trasladar el altar, pero este era el lugar en el que Eleanor se sentía poderosa, en el que tenía un control absoluto de todos los que trabajaban allí, así como de los que frecuentaban su establecimiento. Este era el lugar al que se trasladaría su ataúd.., en última instancia.
Ella eligió el rincón orientado al sudeste, que se encontraba cercano a la puerta. Mientras yo esperaba, extendió su bata de seda de estilo japonés, la que llevaba puesta la noche que escapó de las llamas, sobre el suelo de cemento fresco. Luego colocó tres velas blancas y flotantes en un gran cuenco de cristal que había rellenado con agua del mar.
—¿Podrías traerme la tierra? —preguntó.
Me dirigí hacia la puerta metálica y la abrí haciendo palanca. Extraje escarbando dos puñados del suelo arenoso de Savannah, un suelo que había sido enriquecido con la sangre y los huesos de sus habitantes durante cientos de años. Eleanor sacó una de mis bandejas de plata para colocar la tierra en ella y luego la colocó sobre el altar. Me quité el polvo de las manos y me quedé mirándola, mientras se mordisqueaba un dedo con un colmillo y dejaba caer unas cuantas gotas de su propia sangre en el suelo.
Una docena de camelias blancas, que habíamos cogido del jardín de Melaphia, dos filetes de solomillo de corte perfecto y una botella mágnum de champán Cristal completaron la lista de Melaphia.
Con la gracia de la serpiente que llevaba tatuada en su piel, se levantó y se colocó de pie frente a mí.
—Ahora tienes que irte.
Mi interior al completo se rebeló. No nos habíamos separado ni un segundo desde que tuviera que rescatarla del infierno inmortal y no estaba preparado todavía para perderla de vista.
—¿ Qué más da si me quedo... ?
Ella presionó mis labios con sus dedos. —Melaphia me dijo que me distraerías.
Me sentí como si me hubieran reprendido. ¿Quién era Melaphia para juzgarme? Tras coger a Eleanor de la muñeca, le bajé la mano. —Soy capaz de quedarme quieto y callado. Ella negó con la cabeza.
—Tiene razón, te puedo sentir dentro de mí, en todos lados. —Ella se frotó el brazo y luego el pecho desde el corazón al cuello—. Sabré que estás aquí. Siempre lo sabré.
No podía discutir eso. Estábamos conectados, no solo por la sangre, sino también por el poder, y cada vez que hacíamos el amor, nuestra conexión se hacía aún mayor.
Sentí que me recorría un arrebato de mi antiguo temperamento. Hasta ahora, había sido el creador de mis propias normas... y aunque supiera que Melaphia nos estaba enseñando por petición mía, no había contado con que esa sensación de alumno expulsado formara parte del trato.
—De acuerdo, me iré, pero enviaré a Deylaud para que te proteja.
La sonrisa de Eleanor era dulce y alegre.
—Me has convertido en lo suficientemente fuerte como para poder cuidar de mí misma. ¿Por qué iba a necesitar protección?
Sabía que tenía razón, pero siempre me he preocupado de mis posesiones y de aquellos que están a mi alrededor, y Eleanor era mía en muchos sentidos.
—No es protección —dije—. Es cortesía.
Ella mantuvo su sonrisa.
—Vale, de acuerdo, mándame a Deylaud si eso te hace feliz. —Me rodeó el cuello con sus brazos—. Quiero que seas feliz.
—Lo soy —dije, mintiendo un poco—. Y Deylaud se sentirá extasiado. —Parece que le gusto.
—¿Gustarle? Más bien le fascinas. Él me ama, pero creo que por ti sería incluso capaz de desafiarme. —Y le di un dulce beso—. Ten cuidado con lo que le pides.
Su sonrisa desapareció al alzar su boca para juntarla con la mía y perdí el hilo de la conversación.


Mi predicción había sido la correcta. Apenas oyó mi solicitud de que fuera a proteger a Eleanor, ya estaba abriendo la puerta principal. Reyha ni siquiera se ofreció a acompañarlo. Habían estado discutiendo hasta tarde, pero no tuve tiempo de arreglarlo. Al fin y al cabo, eran hermanos, así que tendrían que hacer las paces en algún momento.
Dado que ya no tenía que proteger a Eleanor, decidí aprovechar el tiempo para encargarme de algunos asuntos. En pocos días, sería el anfitrión de la
mayor reunión de los grupos de vampiros del Nuevo Mundo que se hubiera celebrado nunca. Ocultarse ya no era una opción adecuada, ya que seguramente Reedrek había informado de su destino a alguien de Europa, así que era preferible permanecer unidos y preparados que ocultos y separados.
Ganar tiempo resultaba de vital importancia. Reedrek llevaba fuera de Europa más de un mes y se podría estar organizando una partida de búsqueda entre los antiguos sires o puede incluso que hubieran emprendido ya su camino por el mar. Debido a esto, desde el momento en que Jack y yo enterramos a Reedrek, habíamos estado trabajando a fin de organizar todos los preparativos necesarios para actuar como anfitriones de los vampiros que acudirían en representación de todas las zonas del país.
Fue mala suerte que Iban, Tobey y Gerard tuvieran que volver a Savannah tan pronto. Yo les había ofrecido mi casa de la plantación, junto a todo su personal, para que pudieran pasar el invierno en Savannah, pero cada uno tenía sus propios asuntos que atender, además de los preparativos que debían organizar antes de la reunión.
El tema de la logística estaba ya organizado y los vampiros comenzarían a llegar en cuarenta y ocho horas aproximadamente.
Comprobé los mensajes de la página de Élite Sangrienta.
De RioRoho, del contingente de Texas: «Algunos de nosotros recordamos con claridad El Álamo. Esta vez, estamos preparados para todo. Deja que vayamos. Nos veremos el día 28. Firmado: TRR».
Travis había estado en El Álamo, aunque no como combatiente: Se había alimentado de parte del excedente de miles de soldados mexicanos que rodea¬ban a los americanos arribistas. Luego, había adoptado un nombre humano local para complacer a ambos bandos. Travis, para honrar al legendario coronel, y Rubio, para aplacar la cólera de la mayoría mexicana de la época. Se negó a revelar a qué correspondía la «R» central, o puede que él mismo nunca se hubiera decidido, después de todo, habían pasado solamente doscientos años. Por lo general, los vampiros se toman todo el tiempo que quieren para tomar decisiones. Incluso había oído rumores no confirmados de que se había trasladado a Nuevo México, ¿o era Arizona?
Redacté mi respuesta: «Envíame una lista de lo que necesitas. Estoy a tu entera disposición. Thorne».
De centralpkvu, quien supe que era el ayudante de Lucius en Nueva York: «Necesitamos alojamientos independientes para tres, llevaremos personal. Por favor, no queremos lisiados, paletos ni bárbaros. Lucius se acuerda muy bien de Savannah y todavía se pregunta cómo has podido sobrevivir allí durante todas estas décadas con solo un par de humanas con las que restregarte. Dice que se moriría de aburrimiento en una semana. Por mi parte, a mí también me ha picado la curiosidad. Necesitaremos disponer de un transporte adecuado desde el aeropuerto principal, sangre fresca (actualmente Lucius se decanta por la ¬equina, pero dice que unos atractivos cisnes voluntariosos mejorarían en gran medida su estado de ánimo) y vistas al mar».
Vistas al mar, ya lo creo. Lucius siempre había sido un sibarita y sabía muy bien que esperaba alojamiento de primera clase. Pero, aparte de su esnobismo, tenía ganas de volverlo a ver. Ya había dado instrucciones a mis empleados de que abrieran la casa situada en la isla de Hope.
El siguiente mensaje era del administrador de los envíos en Irlanda: «He recibido la solicitud del transporte de determinada mercancía, pero no he recibido las instrucciones habituales, ¿Estás esperando algún envío?».
No me gustaban las sorpresas, sobre todo en lo que respecta a mi negocio. Eran pocos los que se atrevían a pasar por encima de mí para intentar subir a bordo de una de mis embarcaciones. La primera persona en la que pensé fue Olivia. Todos sabemos que se atreve a casi todo, pero Olivia se habría puesto en contacto conmigo, o se habría buscado ella sola la vida, como hizo la última vez. Además, la última vez que supe algo de ella, me había contado que estaba viajando en la dirección opuesta. Curioso.
«Proporciónale al cliente mi dirección de correo electrónico, pero nada más, que se ponga en contacto conmigo.»
Después de haber hecho todo lo que podía con respecto a ese asunto, de forma natural mis pensamientos volvieron a centrarse en Eleanor y en lo que podría estar ocurriendo en su sótano bajo la ciudad. Habiendo sido siempre un tipo impaciente, al menos desde mi muerte a manos de Reedrek, abandoné mi despacho y me dirigí a mi propio altar, que se encontraba situado entre los de Melaphia. Encendí las velas y permanecí allí de pie. Sabía que debía haber estado siguiendo las instrucciones y postrándome ante los orishas, pero el deseo de ver a Eleanor era tan intenso que, en lugar de hundirme de rodillas, cogí su mechón de pelo trenzado y me fui a recuperar la caja de hueso.
La laguna reflectante estaba oscura y plagada de estrellas cuando las conchas salieron de la caja. Yo estaba flotando entre los robles, con musgo negro trepando por mi capa y cuello como si de finos dedos se tratara. Entonces, me encontré suspendido en el aire sobre el espacio desocupado en el que una vez se había erigido la casa de Eleanor. Podía ver su rostro reflejado bajo la luz de las velas y oír su voz cuando entonaba su cántico.
—Por los huesos que pisamos, por el aire que respiramos. Por la sangre que compartimos, por los años de sufrimiento. —Mientras pronunciaba estas palabras, escribió un símbolo en el suelo con algo blanco, azúcar o harina—. Honro a todos los que me precedieron. Erzulie, ven a mí. Este cuerpo te pertenece. Soy tuya. —Y tras esa promesa, Eleanor se inclinó, hasta que su frente entró en contacto con el suelo, y comenzó a tararear. Puede que la salmodia tuviese letra, pero estaba mezclada de tal forma que solo parecía un repetitivo lamento.
La tristeza del canto me atravesó el pecho como una puñalada. Deseaba dirigirme hacia allí a toda prisa y detener la ceremonia, para mantener a Erzulie alejada de mi Eleanor, pero no había nada que pudiera hacer al respecto. De acuerdo con Melaphia, ahora el vudú era nuestro destino y teníamos que encontrar nuestro verdadero camino en él.
Un movimiento junto al árbol más cercano, todavía poco visible por el fuego, captó mi atención. Deylaud, con apariencia humana, estaba de rodillas con las manos juntas, como si estuviera orando. Le temblaban los hombros. Al acercarme flotando, comprobé que las lágrimas recorrían sus mejillas. Él también lo había sentido.
El canto de lamento de Eleanor perdió su ritmo para tornar en un breve sollozo. Quería acercarme a ella, consolarla, pero al avanzar en su dirección comprendí que no podía ayudarla. Diminutas gotitas rezumaban del cemento situado tras el altar como lágrimas y caían sobre las flores como tristes gotas de lluvia.
Erzulie era la orisha del amor, pero también el ama de la tragedia. Sentí verdadero miedo, junto con un renovado arrebato de ira. ¿Por qué maman Lalee había entregado a la que yo amaba para que fuera sacrificada en el altar de la tragedia? ¿No habíamos sufrido ya bastante?
Como si mis pensamientos la hubieran perturbado, de repente Eleanor se puso en guardia. Dirigió su mirada al cemento y lentamente las lágrimas que caían de la piedra comenzaron a tornarse rosáceas y luego rojas. Lágrimas de sangre y de venganza caían en gruesas y jugosas gotas y chisporroteaban al golpear las ya marchitas camelias.
—¡No! —Intenté agarrar a Eleanor por el brazo para llevármela a rastras de allí. El aire que la rodeaba comenzó a brillar con luz trémula, pero ella no se conmovió.
Un gruñido de advertencia evitó que lo intentara de nuevo. Deylaud, todavía con su apariencia humana, dio un brinco hacia el suelo de cemento y mostró sus colmillos, una intimidante combinación. Entonces dirigió su mirada al lugar en el que me encontraba suspendido, consciente de la existencia de una amenaza, pero sin saber de lo que se podía tratar. Ninguno de los dos podía verme, pero Eleanor sabía que estaba allí, al igual que lo supo cuando nos encontrábamos en la asfixiante oscuridad.
—Vete, William —susurró—. Me lo habías prometido. Déjame sola.
Su rechazo provocó que la cólera me invadiera. Nunca les haría daño a ninguno de los dos por voluntad propia, pero ¿quién sabía lo que podía ocurrir si mis emociones anulaban mis buenas intenciones? En el pasado, utilizaba la ira para alimentar mi sed de venganza, o para encontrar una víctima merecedora de una muerte violenta. Afortunadamente, esa noche, el poder de las conchas suprimió en mí la necesidad de decidir qué debía hacerse, o quizá debería haber dicho por desgracia, ya que me volví a encontrar en la oscuridad. No la inmensa oscuridad situada entre el mundo de los demonios y los condenados. Esta era la absoluta y sofocante oscuridad de un ataúd. Mi deseo de ver provocó una reacción del poder que fluía a través de mí y entonces vi el monstruo cuya sangre corría por mis venas. Estaba viendo el rostro de mi enemigo y sire inmortal, Reedrek.
Su resuello ante la sorpresa hizo que el viaje valiera la pena. Arrojé mis dudas sobre Eleanor lo más lejos posible de mis pensamientos y comencé a envolver¬me de ira, como si de una capa se tratase.
—Tienes muy mal aspecto —dije, con la voz plagada de alegría artificial,
Reedrek forzó su escuálida mandíbula, pero no encontró respuesta. De inmediato, me sentímejor. Nunca he creído que la bien merecida venganza no sea placentera; vencer a Reedrek era casi tan agradable como un almuerzo humano de tres platos, o una semana completa de sexo desenfrenado.
Sonreí.
Aunque su rostro se contrajo, pude sentir que de su interior emanaba esperanza. Esperanza y alegría ante el hecho de ver a alguien. Había estado solo en la oscuridad, con cadenas de anclaje en un ataúd de acero cerrado con llave, bajo varias toneladas de granito fino de Georgia y la magia que Melaphia había estado empleando para mantenerlo retenido desde la noche en que intentó matarnos a todos.
—Ellos... vienen —dijo casi sin aliento.
—¿Quiénes vienen?
—Hu... go.
Tuve que forzar la expresión de mi rostro para no dejar ver mi sorpresa. ¿Cómo era posible que Reedrek supiera algo ? Estaba a demasiada distancia de sus amigotes como para comunicarse... a no ser que pudiera leer mis pensa¬mientos. Le permití absorber todo lo que quiso de las mutilaciones que le causaría a quien viniera a rescatarlo.
—Estamos planeando una fiesta de bienvenida para los amigos que quieran aventurarse a cruzar el charco -—dije—. Al fin y al cabo, tenemos tres puestos vacantes que ocupar en este bonito edificio y un banco de sangre con vampiros en sus cimientos, hasta el mundo de los humanos apreciaría tal ironía.
—¿Qué... quieres? ¿Mi... ayuda?—Se las arregló para reírse con voz bronca.
Me quedé pensando en ello escasos segundos. Demasiado tarde para pedir que lo dejaran tranquilo, además, pedir ayuda a Reedrek sería como pedir a un león hambriento que protegiera a un cordero recién nacido.
¿Qué deseaba?
Deseaba que sufriera.
—Te he traído un regalo. —Pude notar en él un atisbo de esperanza. Una esperanza que yo había liberado—. Tengo una clase de oscuridad diferente que enseñarte. —Tras decir estas palabras, las conchas comenzaron a actuar. Oí a los demonios antes de verlos, luego sentí cómo atestaban el pequeño espacio carente de aire. Si Reedrek no tenía alma para caer dentro de la estancia que se encontraba entre la vida y el infierno, el lugar en el que Eleanor y Shari habían presenciado horrores inimaginables, entonces yo, con la ayuda de mi personal loa vudú, Ghede, le traería un rincón del infierno. Era la tortura perfecta para mi repugnante sire. Me mantuve suspendido en el aire el tiempo suficiente para que Reedrek percibiera que los demonios se aproximaban. La inmortalidad tiene sus inconvenientes y sus ventajas. No serían capaces de matarlo, pero cuando hubieran terminado de hacerle perder el juicio, lo más probable es que suplicara que le clavaran una estaca para ser librado de su sufrimiento.
—Como diría Olivia, nos vemos. —Grité hacia la guarida, pero la única respuesta fue un lamento que me habría puesto la piel de gallina, de haber estado dentro de ella en ese momento.


Jack

Llevé a Huey de la mano a través de los túneles que conducían a la casa de Melaphia, con la esperanza de que estuviera allí y despierta para ayudarme con mi infestación zombi. Huey iba dando bandazos a mi lado como un niño borracho de dos años, no sé si porque los zombis caminan realmente como los de las películas de los muertos vivientes, o porque no veía, aunque tampoco sabía si no veía porque los zombis no pueden ver en la penumbra o porque le había cubierto la cabeza con una bolsa, a pesar de que le hubiera hecho unos agujeros a la altura de los ojos y todo.
El motivo por el que le había puesto la bolsa de color marrón por encima de la cabeza era para que no hiciera que se cagaran de miedo los pobres y desgraciados vagabundos que habían planeado dormir calentitos en algún rincón de los túneles, es decir, si no los mataba del susto. Mientras recorríamos nuestro camino a través de la oscuridad (en la que yo, por supuesto, no tenía problemas de visibilidad) recé porque Melaphia pudiera emplear con el cuerpo de Huey la misma magia que había utilizado con Shari, una vez que había muerto. Parecía que estaba rezando mucho últimamente, sobre todo para ser un demonio condenado para toda la eternidad.
Morir durante el proceso de conversión en vampiro fue especialmente duro para el pobre cuerpo terrenal de Shari. Había empezado muy pronto a descomponerse, pero Melaphia logró arreglarlo bastante, con solo pronunciar algunas salmodias y esparcir algunas hierbas sobre ella. Sipodíahacer exactamente lo mismo con Huey, eso me daría tiempo suficiente para decidir qué debía hacer con él.
Los irregulares se quedaron tan impactados y horrorizados por la reapari¬ción de Huey en forma de zombi que este pudo ganar algunas manos de póquer, algo que no solía ocurrir nunca. El pobre diablo era tan tonto que nunca le pedía cartas al que las repartía, y siempre se quedaba con las que le daban. Pero en esta ocasión, los irregulares estaban tan distraídos que tampoco pidieron ninguna carta, por lo que las posibilidades de ganar se equilibraron. Erala noche de suerte de Huey, no solo ganó al póquer, sino que realmente le tocó la lotería cuando por accidente lo levanté de su eterno sueño bajo tierra. ¡Bien hecho, Huey!
Werm lo estaba pasando muy mal ante el hecho de descubrir la existencia de zombis y hombres lobo en una sola noche, por lo que le dije que se fuera a casa. Hay que decir en su favor que los irregulares hicieron todo lo posible por ayudarme a encontrar una solución.
—Di a la gente que es un leproso —había sugerido Otis—. Dicen que se les van cayendo pedazos de carne continuamente.
Esta idea hizo que los demás dejasen de tomar Doritos y Oíd Milwaukee.
—Joder, Otis —escupió Rennie—. ¿Cuántos clientes crees que perderíamos si se enteraran de que el lavacoches tiene lepra? Aunque lograras que no lo vieran, acabarían oliéndolo. A la gente le gusta que su coche huela a nuevo cuando se lo entregan después de limpiarlo, y no a ese olor a muerto en descomposición desde hace un mes.
Algunas otras sugerencias fueron también rechazadas, entre las que se incluía la propuesta de Rufus, que consistía en taparle a Huey la boca y la nariz con un pañuelo y decirle a la gente que tenía una tuberculosis galopante, a lo que yo contesté que a la gente tampoco le gustaría mucho más la idea de contraer una tuberculosis en lugar de la lepra.
Ese fue el momento en el que decidí ponerme en manos de la misericordia de Melaphia. En primer lugar, tendría que admitir que había jodido el ritual vudú, el cual fue elegido meticulosamente para mí, luego tendría que admitir que mis travesuras habían creado un espécimen de zombi que tenía un olor muy parecido al de la mierda de perro y los Doritos.
Cuando llegamos a la apertura de los túneles que conducía al sótano de William, tomé una curva cerrada que sabía que me llevaría a la despensa situada en el jardín trasero de Melaphia, cuya casita había sido con anterioridad la residencia de los criados de la mansión de William, con la que compartía el patio. Para ser la residencia de unos criados, era un lugar emblemático y considerado de un respetable interés histórico, y parada obligada en la ruta turística anual por los hogares preferentes de Savannah.
Una ornamentada valla de hierro separaba la parte del patio perteneciente a William (en la que había también una piscina reflectante al estilo japonés) de la de Melaphia, la cual se encontraba cubierta por una enorme variedad de plantas en floración, de las cuales la mayoría eran similares a las parras trepadoras.
Abrí de un empujón la trampilla de madera de la despensa por encima de mi cabeza y miré hacia afuera. La valla que rodeaba la parte de patio de Melaphia era muy estilosa, aunque su diseño tenía por objeto tanto la intimidad como la belleza. Las parras, que estaban plagadas de flores, cubrían la valla y la exuberante vegetación de los alrededores poseía muchos colores y un aroma hipnótico. El musgo negro del cercano dosel de robles colgaba tan bajo que casi rozaba con las parras y los arbustos en flor de mayor altura. Parecía que hubieras entrado en los jardines del mismo Edén.
El jardín de este patio siempre había estado así, incluso en los días de los antepasados femeninos de Melaphia. Las flores que no florecían durante el letargo invernal eran tan abundantes en enero como en mayo, lo que era prueba del poder de las generaciones de familiares femeninos que habían vivido allí. Siempre había sospechado que la intimidad típica de la fortaleza tenía como objeto ocultar los antiguos rituales de vudú que requerían demasiado espacio como para llevarse a cabo en el interior o que debían realizarse bajo la luz de las estrellas.
Le dije a Huey que no se moviera, pero cuando estaba a punto de subir las escaleras de piedra de la despensa, la puerta trasera de la casa se abrió y apareció Renee, vestida con el uniforme del colegio y cargada con una mochila que era casi tan grande como ella. Sus trenzas, plagadas de cuentas, saltaban a cada paso que daba, mientras recorría el camino empedrado. Traté de cerrar la trampilla situada por encima de mi cabeza antes de que me viera, pero ya era demasiado tarde.
—Hola, tío Jack—dijo—. ¿Quién es tu amigo y por qué lleva una bolsa en la cabeza?
—Ah, este es Huey. Es un... leproso.
—Ah —dijo. Si le había parecido extraño que un vampiro y un leproso estuvieran escondidos entre las patatas y los boniatos de la despensa de su madre, no dijo nada. En sus solo nueve años de vida, Renee había visto más acontecimientos extraños que la mayoría de la gente que había vivido cien años,
—Ten cuidado. El sol casi ha salido.
—Gracias, bonita —dije— Lo tendré.
Entonces divisé un destello de luz a través de los diminutos listones de la valla y oí el ding, áing, ding que hace un coche al abrir la puerta con la llave dentro.
—Ese es mi autobús escolar —dijo Renee y salió por la puerta que estaba prácticamente oculta tras las parras.
Melaphia, que había asomado la cabeza por la puerta trasera para asegurar¬se de que Renee subía al autobús, me vio de pie y hundido hasta la cintura en la despensa.
—Jack, ¿qué estás haciendo aquí? ¿Y quién es el tipo que va contigo?—Salió de la casa vestida con una de sus vistosas batas ceremoniales inspiradas en las africanas, que había sido confeccionada con retazos de brillante seda.
—-¡Ah,sí! Es Huey.
— ¿Por qué lleva una bolsa de papel marrón sobre la cabeza?
—Bueno, es que... —Ahora que había llegado allí, no sabía cómo empezar. —¡Espera un momento! ¿Es Huey? ¿El Huey que asesinaron hace algunas semanas?
Huey saludó con la mano.
—Hola —dijo con un tono de voz apagado—. Encantado de conocerla, señora.
Entrelacé los dedos. —El mismo.
—¡Jack! Estás como una cabra, ¿qué has hecho?—Melaphia se aproximó en la oscuridad para poder ver mejor a Huey.
—¡Ha sido un accidente! ¡De verdad! Le recé a ese dios vudú y le pedí que potenciara aún más mis poderes de vampiro, para tener la posibilidad de aprovechar al máximo mi habilidad de volar, pero antes de que pudiera darme cuenta, Huey estaba saliendo de debajo de la tierra a empujones como un narciso en marzo.
Melaphia hizo una mueca y cerró los ojos, mientras se tapaba el rostro con tina mano.
—Tus poderes con los muertos, esos son los que se han potenciado. Dime la verdad, ¿dónde llevaste a cabo tu ceremonia? —En la parte trasera del taller —admití.
—¿Junto al lugar en el que habías enterrado a Huey? ¡Bien hecho, jackie! ¿Cuántas veces tengo que decirte que las fuerzas con las que trabajo son muy poderosas? Tienes que tener mucho cuidado con cómo las usas.
—Lo sé, lo sé. La he jodido, pero ¿qué voy a hacer ahora con él?
Melaphia se armó de valor.
—Déjame verlo.
Le quité a Huey la bolsa de la cabeza. Uno de los globos oculares se había torcido y ya no miraba en la misma dirección que el otro. No era un aspecto muy adecuado para él, aunque tampoco lo era para nadie.
—¡Ay, Dios mío! —exclamó Melaphia.
Y volví a colocar la bolsa por encima de la cabeza del pobre chico. Que fuera un zombi no quería decir que no tuviese sentimientos. —Vale, ¿y qué esperabas? Es un zombi.
—¡Ya sé que es un zombi! Soy una vudú mambo, maldita sea. ¡Reconozco a un zombi cuando lo veo!
—Mel, relájate. Tienes que ayudarme. ¿No podrías arreglarlo un poco como hiciste con Shari? ¿Llevar a cabo algún conjuro o pronunciar algún tipo de salmodia que evite que siga pudriéndose más de lo que ya lo ha hecho?
Melaphia se irguió y retiró la vista de Huey.
—Veré lo que puedo hacer, pero necesito tiempo. Vuélvelo a llevar al taller y enciérralo con llave en tu despacho. Reuniré algunas hierbas y ofrendas y consultaré los textos, yo iré allí en cuanto haya acabado con Connie.
—¿Connie? —Me quedé sin respiración al oír su nombre—. ¿Va a venir aquí?
—Sí, hablé con ella y le dije que viniera a lo que yo denomino un... un ritual de «mujeres que corren con los lobos», que debe llevarse a cabo precisamente al amanecer. El resultado debería darnos una idea más exacta de con qué estamos tratando, en lo que se refiere a ella.
—¿Con qué estamos tratando? Parece que estés más preocupada de lo que significa para nosotros la verdadera identidad de Connie que de lo que pueda suponer para ella —comenté con inquietud.
—Cuando digo nosotros, Jack, me refiero a ti. Como te he dicho antes, podría suponer un peligro para ti, pero no lo sabré hasta después de la ceremonia y puede que tampoco lo sepa para entonces.
—No puedo creerme que le hayas dicho que venga aquí.
—-Creo que lo hace para congraciarse conmigo.
—¿Por qué iba a hacer algo así?
—Porque sabe que tú y yo estamos muy unidos. Me ha hecho un montón de preguntas acerca de ti. ¿ Qué ocurrió allí cuando rompiste con ella ? —Melaphia me miraba con sospecha.
—Esto... nada, nada de nada. Sencillamente rompí con ella y recuperé el talismán, como me habías dicho.
—¿ Ah, sí? —dijo Mel, era evidente que no se lo tragaba, pero sabía que no estaba dispuesto a hablar del incidente y, quizá, no lo estuviera nunca. Deseaba saber qué le había preguntado Connie acerca de mí, pero no quería verme obligado a tener que contestar a las preguntas de Mel.
—Jack, ella está ahora muy sensible, así que déjala en paz. Ahora tienes que marcharte de aquí y llevarte a tu zombi.
Saqué el llavero del bolsillo y separé la llave del despacho, pero, mientras se la entregaba a Melaphia, Hueydijo en voz alta, con un tono bastante lastimero:
—-Tengo hambre, Jack.
Miré a Melaphia alarmado.
—En realidad, no comen cerebros humanos, ¿verdad? —pregunté. Al ver que lo único que hizo fue levantar su mirada hacia el cielo, me asusté un poco—. ¿En serio? Es que a ver cómo voy yo ahora a la tienda de comestibles de la esquina y les pido comida para zombi...
Melaphia suspiró y me miró de tal forma que supe enseguida que estaba a punto de acabar con su paciencia.
—Comen carne, pero no son muy tiquismiquis. Ve a por unos cuantos paquetes de chuletas de cerdo o algo así y asegúrate de que coma todo lo que quiera.
—¿Cómo? ¿Y qué pasa si me quedo sin comida?
—Pues entonces, quizá sea recomendable que inviertas en un bozal para evitar que vaya por ahí mordiendo a los clientes.
—¡Madre mía!
Melaphia me puso las manos en el pecho y me dio un suave empujón para que me fuera.
—Vete ya. Connie llegará de un momento a otro y no quiero que la distraigas. Encierra a Huey en el despacho con algunos chuletones y luego vete a casa y duerme un poco, yo iré en cuanto pueda y veré qué puedo hacer. Intenta mantener la calma.
—Gracias, Mel. Te debo una.
—Desde luego que sí.
Coloqué la mano en la cabeza de Huey, lo empujé suavemente para sentarlo en los peldaños de piedra y luego levanté la trampilla de madera por encima de nuestras cabezas.
—Enseguida te traigo algo para desayunar, amigo, no tardo nada —le dije. Me di la vuelta para colocarme de frente al patio, me puse de rodillas en el escalón y comprobé que la luz continuaba aumentando. Entonces, me empeza¬ron a molestar los colmillos, de la misma forma que cuando soy sorprendido en el exterior poco antes de la salida del sol.
En ese momento, Connie entró por la misma puerta por la que había salido Renee. Parecía que acababa de salir de su turno de noche, porque todavía llevaba el uniforme de policía. Melaphia la condujo a una estructura situada en medio del jardín de la que antes no me había percatado. Se trataba de un conjunto de tres postes de madera amarrados por arriba y abiertos en la base, que formaban una pirámide.
Utilicé mi sentido del oído de murciélago, en un intento por averiguar lo que estaban diciendo. Hablaban entre susurros para que no pudieran oírlas ninguno de los viandantes que caminaban por la acera, al otro lado de la valla. Connie dijo:
—De acuerdo, haré lo que me dices, pero cuando todo esto haya acabado, tengo algunas preguntas que hacerte sobre Jack McShane.
—Muy bien —dijo Melaphia y señaló hacia el este, donde los rayos rosáceos y violetas del amanecer se divisaban por detrás del horizonte.
Así que Connie iba a preguntarle a Melaphia cosas sobre mí. Por intentarlo que no quedase, pero Mel y sus antepasadas habían mantenido durante generaciones los secretos acerca de los muertos vivientes, así como otros relacionados con el vudú, y ni siquiera una poli dura como Connie podría hacerla hablar.
Connie se quitó el sombrero y agitó su brillante y grueso cabello. Ella asentía con la cabeza para demostrar que comprendía las instrucciones que Melaphia le estaba dando. Decía algo de que los mayas adoraban a una especie de dios del sol y que por eso la ceremonia debía llevarse a cabo al amanecer. Yo no había tenido tiempo de leer lo que me había impreso Werm, pero aunque lo hubiera hecho seguiría sin tener ni idea de lo que iba a tener lugar.
Cuando, tranquilamente, Mel dio instrucciones a Connie para que se quitara la ropa, toda, se me empezó a hacer la boca agua y se me tensaron las tripas. Tras haber dejado cuidadosamente la gorra en el suelo, Connie comenzó a desaboto¬narse la blusa. Entonces, hubo un movimiento a mi derecha y vi que Huey se había girado y estaba también observando. Agarré la bolsa de papel por el filo y le di la vuelta para que los agujeros de los ojos quedaran en la parte de atrás. El zombi Huey tenía aún menos coeficiente intelectual que cuando era normal, por lo que podría llevarle veinte minutos dar con la forma de darle la vuelta a la bolsa.
Cuando volví a dirigir mi mirada bacía Connie, se estaba quitando el sujetador, a pesar de que el sol aún no había salido por detrás del horizonte, comenzaba a calentar lo suficiente como para que los ojos me escocieran y me lloraran. Sus pechos salieron del sostén elástico como si tuviera vida propia y mis dedos comenzaron a temblar ante el deseo de volver a tocarla. Tenía un pecho abundante y bien formado, con areolas de color rosa intenso y unos pezones que, al contacto con el gélido aire de enero, se endurecieron en forma de gorditos capullos que invitaban a ser lamidos y chupados; entonces curvé la cabeza para tener una panorámica mejor.
Se desabrochó los cordones y se descalzó de una patada, se quitó los calcetines y comenzó a desabrocharse la hebilla del pantalón; me quedé sin respiración. Luego se bajó los pantalones del uniforme, dejando ver unas medias blancas con encajes a los lados y una pieza más oscura que ocultaba su sexo, aunque no por mucho tiempo. Suspiré y me abracé a mí mismo cuando estuvo completamente desnuda, sintiendo un deseo tan intenso que prácticamente me producía más dolor que placer. Erala mujer con el cuerpo más perfecto que hubiera visto nunca.
Melaphia le dijo que se pusiera de rodillas debajo del vértice de la pirámide y comenzó a esparcir algunas hierbas sobre el cuerpo de Connie, quien luego juntó las manos y se unió a Melaphia en una especie de cántico. Al sentir el ritmo, comencé a balancearme y me puse de rodillas sobre el gélido suelo de piedra.
El sol ya estaba más cerca del horizonte y cada vez me sentía más incómodo, pero era incapaz de marcharme. Deseaba aproximarme a ella y acercar su perfecto cuerpo al mío hasta que el fuego me consumiera, hasta arder como sacrificio al dios del sol al que ella le rendía homenaje. Puede que valiese la pena quedar reducido a cenizas. Cómo maldije ser una criatura nocturna al comprobar que ella era una hija del sol y, a pesar de que vagara de noche como defensora de la ley, era evidente que pertenecía a la luz. Los rayos se mezclaban con la bronceada piel de Connie, lo que hacía que pareciera la diosa que era en realidad.
Los primeros rayos de sol cubrieron el jardín, y todo lo que había en él, de luz dorada. En ese momento, pude verla con más claridad y el dolor abrasador de mi rostro y cuello mereció la pena. Mi mirada volvió a abarcarla una vez más, comenzando por la parte superior de su cabeza y su brillante cabello de color negro azulado, hasta sus deliciosamente arqueadas cejas, amplias mejillas, labios en forma de corazón y grácil cuello.
Volví a suspirar al ver su peco y las femeninas curvas de su cadera. Entonces vi la maldita mancha de nacimiento que me había quemado la mano y arrojado contra la pared en el apartamento de Connie, la cual parecía absorber los rayos del sol de la mañana y brillar con luz propia. También Melaphia la había visto, lo que provoco que diera un grito ahogado y se tapara la boca con la mano.
Fue entonces cuando observe otra imperfección en su, por lo demás, cuerpo perfecto. Era una cicatriz en la parte inferior del abdomen. Una vez tuve una novia que tenia una cicatriz así, una suave línea que me gustaba recorrer con la lengua. Que extraño, dos mujeres con exactamente la misma cicatriz. ¿De que tenia Wanda esa cicatriz? ¡Ay, Dios mío! La llamaba… cesárea. Me quede mirándola con sorpresa.
Connie tenía un hijo.

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Lun Ene 24, 2011 1:13 pm

6

Transcrito por Rossmary


William


El jueves llegó una invitación para una reunión invernal que se iba a celebrar el viernes por la noche en la casa Granger. Mi vieja amiga Tilly siempre estaba dispuesta para una buena fiesta, aunque últimamente salía muy poco. Con casi cien años, la edad la había serenado, aunque eso no evitaba que invitara a gente a acudir a su mansión de la plaza Orleans. El hecho de que la invitación llegara sin previo aviso se ajustaba a su personalidad, ya que Tilly había decidido vivir el presente, sin preocuparse por el futuro.
Después de las lecciones y advertencias de la noche anterior, estaba bastante cansado de las reglas y los rituales vudúes; ya era hora de volver a la vida normal.
Bueno, todo lo normal que la de un bebedor de sangre inmortal podía ser. Había tenido a Eleanor exclusivamente para mí hasta que Melaphia interfirió con sus listas y sus órdenes y ahora quería presentarle al mundo a mi nueva protegida, prepararla para una comunidad humana de mayor tamaño, así como para la inminente reunión de vampiros, la cual iba a ser la más numerosa que se celebraba en una ciudad desde mi llegada al Nuevo Mundo.
La reunión de Tily era la oportunidad perfecta.
Al no estar a la altura de las denominadas señoras de la alta sociedad de Savannah, era probable que estas no aceptaran a Eleanor, pero con el patrocinio de mi dinero e influencia, así como la invitación de Tilly, no podrían rechazarla. Además, nos vendría muy bien para distraernos un poco del asunto que nos mantenía ocupados, dado que solo faltaba una semana para que los primeros representantes vampiros del Nuevo Mundo llegaran.
—Pero William, ¿qué debería ponerme? —Eleanor parecía estar muy nerviosa por la fiesta sorpresa de Tily.
—La noche del baile benéfico estabas preciosa.
—Pero eso era cuando tenía ropa, la mayoría de mis pertenencias se quemaron en el incendio.
Me había olvidado de que tenía que encargarme de comprarle ropa, dado que me gustaba más desnuda.
—Compraremos ropa nueva —le dije, sintiéndome útil—. Lo que quieras.
—Pero ¿cómo voy a entrar en una tienda a probarme ropa?
Ante mi falta de reacción, me llevó del brazo al cuarto de baño y me colocó frente al espejo: la ausencia de reflejo en él me hizo comprender a lo que se re feria.
—Nunca imaginé lo mucho que echaría de menos verme en un espejo. —Eleanor nego con la cabeza y se arrojo a mis brazos—. Ya no tenemos tiempo de comprar en Internet. Si tienes que ir, ve, yo mejor me quedo en casa.
Estaba decidido a que nada se interpusiera entre nosotros, ni siquiera durante unas pocas horas.
—Yo me encargaré.
En realidad, no era tan difícil. Los humanos estaban acostumbrados a las excentricidades de la gente adinerada, y además, mi excepcional reputación siempre iba por delante de todo lo que hacía. Como resultado, cuando llamé a la casa de modas Taylor and Wright, una de las boutiques más exclusivas de la ciudad, y solicité una sesión de compras privada fuera de horario la aceptaron al instante. Había leído que muchas de las celebridades actuales exigían un tratamiento especial. Si alguien que se llamaba Puffy o Paris podía ser complacido, entonces, sin ninguna duda, nosotros también. Salí a toda prisa y pedí que pusieran una limusina a nuestro servicio para que fuera conducida por Chandier, el vigilante de mi plantación. Para impresionar a los humanos la presentación constituía un cincuenta por ciento, y el otro cincuenta lo completaba el dinero.
Esto iba a ser toda una aventura.
Eleanor continuaba nerviosa cuando nos detuvimos frente a la boutique.
—Pero ¿qué pasa si notan algo extraño en nosotros?
Le acaricié la mejilla.
—En primer lugar... —me quedé mirándola fijamente— no hay absolutamente nada extraño en ti. Estas espléndida y, en segundo lugar, ya me he ocupado del problema de los espejos.
—Pero...
—Ya lo comprobarás. Ahora, vayamos de compras, ¿no?
Chandier abrió la puerta de la limusina y nos dirigimos hacia el hombre de aspecto distinguido que estaba esperándonos en la entrada principal.
El tipo mantuvo la puerta abierta para que pasáramos.
—Pues, me alegro de verlo esta noche, señor Thorne y señora...
—Dubois —dije.
Entonces se presentó.
—Soy el señor Cornelius, el encargado. —Recorríamos tras él la parte del establecimiento menos alumbrada en dirección a la zona del diseñador, cuando el gerente continuó hablando—. He seleccionado varias prendas de la talla que el señor Thorne me ha indicado y las he llevado al probador, y hemos tenido también en cuenta el otro asunto.
Eleanor me agarró con fuerza de la mano, y tuve que sonreír.
Cuando llegamos a la sección mejor iluminada de la boutique, Eleanor se detuvo, pero no fue el estante de ropa, ni las dos dependientas lo que llamó su atención, sino el hecho de que todos los espejos de los alrededores estuvieran cubiertos.
— ¿Cómo lo has logrado? —susurró Eleanor.
Me incliné para acercarme a su oído.
—Bueno, les he dicho que odiabas los espejos y que los de los probadores siempre te hacían parecer algunos kilos más gorda.
—¡No me lo puedo creer! —Y comenzó a reírse.
Me encogí de hombros.
—Su mayor interés consiste en complacerte. ¿No es así, señor Cornelius?
—Por supuesto. —Sonrió—. ¿Señoras?
Entonces llegó el momento de que el personal de ventas se abalanzara sobre Eleanor. Los modernos de hoy en día hablan de ir de tiendas hasta desfallecer, o algo por el estilo, pero si supieran que en el pasado montar un armario podía llevar horas, y rellenarlo semanas, puede que no se quejaran tanto. No obstante, el pasado tenía ciertas ventajas, siendo una de ellas que con el suficiente dinero sobre la mesa un sastre o una modista podían irse a vivir a casa del cliente si fuera necesario.
Encontré un asiento cómodo y me convertí en espectador, mientras transformaban a Eleanor.
Tres horas después, cuando Chandler descargaba las compras en la limusina, le di la mano al señor Cornelius. Dudo que ni siquiera notara la gelidez de mi piel, después de aprovecharse de mi tarjeta American Express negra. Pasaran los siglos que pasaran, los humanos no cambiaban.
Pero, cuando estaba ayudando a Eleanor a subir al coche, uno de mis socios salió de la penumbra.
—Lo siento... esto, perdón... —Werm dirigió su mirada de mí al señor Cornelius, quien, por instinto, como un profesional al servicio del cliente, controló su reacción, aunque parecía algo nervioso. Supongo que creería que estábamos a punto de ser atacados por una banda de maleantes callejeros.
—No se preocupe. Es un... amigo —dije para tranquilizarlo—. Se dedica... al mundo de la música. —El señor Cornelius asintió con la cabeza y volvió a dirigir sus pensamientos a la contabilidad de los recibos de esa noche, como si hubiera encontrado lógico lo que le acababa de decir.
—¿El negocio de la música? —repitió Werm una vez que el gerente del establecimiento se hubo marchado.
—¿De qué otra forma se supone que debo explicar tu pinta? ¿Tienes acaso algo de ropa que no sea negra ni esté llena de agujeros?
Werm bajó la mirada para observar su atuendo.
—Supongo que lo de la música es guay —dijo antes de sonreír.
—Gracias. Bueno, ¿y qué haces aquí? La sonrisa desapareció.
—Ah, Melaphia me ha llamado al móvil para que fuera a buscarte. En realidad, sus palabras han sido más o menos, mueve tu esquelético y pálido culo y ve a...
Levanté una mano para que se callara.
—¿Y me estaba buscando para...?
—Me ha dicho que algunos de los huéspedes han llegado. Están en algún lugar llamado la plantación.
—Entiendo.
Cuando Werm hizo ademán de introducirse en el coche junto a Eleanor, lo agarré de la camisa y lo empujé hacia la parte de enfrente. Una vez que estuvimos sentados y el coche se puso en marcha, le di a Werm la oportunidad de que me explicara algo más.
— ¿Te ha dicho Melaphia quién ha llegado?
—No.
—¿Dónde está Jack?
—Él está, esto..., la última vez que lo vi estaba en el taller —contestó, y dirigió su mirada a Eleanor, quien iba muy elegante con una falda corta que le marcaba el trasero y una especie de suéter tejido en seda, lo que provocó que se empezara a volver transparente por los contornos. Otro enamorado. Si lo hubiera tenido más cerca, lo habría sacudido hasta que se le hubieran movido sus recién estrenados colmillos.
Esto no nos llevaba a ninguna parte.
—Chandier —dije al chófer—. Deja a Lamar en...
—¿No puedo ir con vosotros? Quiero conocer a los vampiros que han llegado a la ciudad. ¿ Y si algunos de ellos son... chicas? —Y volvió a poner sus ojos en Eleanor.
—Siento decepcionarte, pero por lo que yo tengo entendido no habrá ninguna mujer inmortal en el grupo. Los conocerás —dije—, pero no esta noche. Bueno, ¿dónde te dejamos?
Miró por la ventana a los autobuses que pasaban.
—En el club Nine, supongo. Quizás me encuentre con esa nueva amiga mía.
—Deja a Lamar en el club Nine y luego llévanos hacia la plantación.

—Llegas pronto —le dije a Iban mientras le daba un abrazo.
—Sí, es verdad, pero tengo mis motivos. —Y se giró hacia el humano que estaba a su lado—. Os presento a Sullivan, mi ayudante de producción.
Saludé a Sullivan. Fuera o no humano, si lban confiaba en él, yo lo haría también.
—Bienvenidos a mi casa.
Entonces les presenté a Eleanor.
—Creo que nos conocimos en mi última visita —dijo Iban mientras hacía una reverencia, antes de levantar la mano de Eleanor para besarle los nudillos—. Aunque veo que han cambiado mucho las cosas desde entonces. Es un placer volverte a ver. —El brillo de sus ojos era demasiado cálido para mi gusto. Luego levantó una ceja mirándome y se giró para conducir a Eleanor a un asiento del salón.
Pero yo los intercepté y, mientras retiraba la mano de Eleanor de la de Iban, dije:
—Un hombre puede salir de Europa, pero no por ello pierde su atracción por lo libertino.
Iban comenzó a reírse.
—Espero no haberte ofendido—dijo—. Es que siempre has tenido muy buen gusto para lo hermoso. Me alegro de verte con tan buen aspecto, hace justicia a tu nueva vida, ¿no?
Nuestras miradas se cruzaron, mientras la ayudaba a sentarse en el sofá, y me sonrió.
—Sí—contesté—. Tienes razón. Bueno, ahora sentémonos y cuéntame las novedades.
Chandier sirvió unas bebidas, mientras Iban me ponía al corriente de los que se habían quedado en California.
—Ya se ha corrido la voz, pero estamos tratando de movernos lo mínimo, hasta que sepamos cuál es tu verdadera amenaza. En caso de que fuera necesario, podemos contar con más de veinte en Savannah en cuestión de horas.
—¿Qué pasa con tu hacienda de Mann? Es el primer lugar al que irían a buscarte.
Iban comenzó a reírse.
—Tienes razón, pero la hacienda está bien vigilada, y no solo por mis vástagos, sino también por mis seguidores. Hay mucha gente que cree que mis películas son la máxima comunicación de otra especie.
—No me digas. Quieren convertirse en vampiros, ¿verdad?
—Algunos piensan que ya lo son —añadió Sullivan—. Hay un grupo motorizado, llamado los Midnight Riders, que desde que participó en la película Sol y luna, de 2000, se ha encargado de que a Iban no le falte de nada.
—Aunque hay algunas cosas que no necesito. —Iban resopló e hizo un gesto desdeñoso con la mano—. Sencillamente, un caballero no puede aceptar la clase de... obsequios femeninos que me ofrecen con bastante regularidad. Pienso que, perdón por la expresión, si me hubiese acostado con todas las jóvenes hermosas que me han llevado a mi puerta, no sería ni la sombra del vampiro que soy ahora.
—Pero ya hemos hablado bastante de mí —continuó diciendo Iban—. ¿Qué sabes de los demás?
—Mantengo comunicación con todos, a excepción del de las colonias de Norteamérica. Los representantes están en camino y para el sábado deberíamos tener un quórum.
—¿Y qué hay de tu sire?
Me acordé de Reedrek retorciéndose en el maldito infierno y casi alcancé a oír los gritos de su miedo atroz. Si antes creía que era peligroso, lo sería el doble si escapaba alguna vez de su tumba bien escondida.
—Está exactamente donde lo dejamos. Como diría Jack, muerto y sin posibilidad de libertad condicional.
— ¿Sabemos algo de aquellos con los que es probable que nos encontremos?
—Olivia ha prometido proporcionarnos un informe el sábado por vía satélite. Dice que tiene un espía infiltrado en uno de los clanes más remotos, el cual está vinculado de alguna forma con Reedrek.
—¡Puaj!—Iban bajó el vaso de sangre medio vacío—. Solo oír su nombre me quita las ganas de beber, aunque yo también tengo un sire al que desafiar.
Iban permaneció en silencio y supe que estaba pensando en el pasado y en algunas de las atrocidades de las que fue objeto en el nombre de su sire, Thanatos.
—Vayamos por partes, amigo mío. Recuerda que somos aliados y que ninguno de nosotros desea volver a experimentar la amargura del pasado, nuestro presente continúa estando aquí.
—Prefiero arder en el infierno que volver a tener que vérmelas con Thanatos.
—Tras un momento de silencio, Iban hizo un esfuerzo por alejar de su mente sus oscuros pensamientos, entonces sonrió a Eleanor—. Lo siento, no era mi intención estropear la noche y nuestra reunión con asuntos siniestros.
—Entonces, dirigió su mirada hacia mí—. Y ¿dónde está Jack? Quería que Sullivan lo conociera.
Jack
Volvía a toda prisa al taller, después del atardecer, para comprobar qué había podido hacer Melaphia con Huey. Su habilidad para manipular a los muertos podría cambiar radicalmente el futuro de Huey. Había tenido mucho tiempo para pensar, mientras me retorcía y daba vueltas en mi ataúd intentando dormir. Volver a enterrarlo bajo tierra no era posible: vamos a ver, aunque estaba muerto, había sido reanimado y, enterrarlo así sería demasiado horripilante, incluso para mí, que ya es decir.
No había demasiadas opciones. Podía haber sido el protagonista de un número cojonudo en un espectáculo, pero ni siquiera sabía si había habido alguno ese día y a esa hora. Por otro lado, no le gustaba viajar. Supongo que podría pagarle a alguien lo suficientemente desesperado como para quitármelo de las manos, es probable que alguna familia poco adinerada quisiera subirlo a su desván y llamarlo «el alocado tío Huey». El alocado y maloliente tío Huey.
Llegué a un espacio abierto y me bajé del Corvette. Rennie y los irregulares se encontraban de pie alrededor de Huey, quien estaba sentado tranquilamente con un mono de trabajo limpio, comiéndose una hamburguesa cruda en un viejo recipiente con una cuchara de plástico, y me dirigí hacia él, con la esperanza de que todo hubiera salido bien.
—Vale, chicos—dije—. ¿Es una impresión mía o tiene mucho mejor aspecto que anoche?
—El tono de su piel parece mucho más natural —dijo Otis—. En lugar de estar gris verdoso, ahora parece amarillento, como si tuviese ictericia.
No sabía que Otis conociera ese término, pero «ictérico» era mucho mejor que «putrefacto». Yo personalmente habría preferido mil veces la ictericia.
— ¿Qué piensas, Rennie? ¿Crees que podrá pasar por uno de sangre caliente?
Rennie se colocó bien las gafas y se inclinó para observar a Huey detenidamente.
—Esta mañana estaba todavía aquí cuando Melaphia llegó y empezó con él. Cogió unos hilos de nailon y le volvió a coser la carne que colgaba por algunas partes, por eso sigue teniendo ese aspecto a lo Frankenstein, pero no está tan mal. Luego esparció sobre él todas esas raíces, hierbas y ramitas, antes de entonar un cántico e incluso bailar un poco y, antes de que me diera cuenta, había dejado de apestar y parecía algo más erguido. Lo mejor de todo es que Melaphia piensa que lo ha arreglado para que no siga descomponiéndose más de lo que ya lo ha hecho.
—¿Y no ha podido hacer nada con ese globo ocular? —preguntó Rufus. Los ojos de Huey seguían pareciendo los de un lagarto de esos que miran en varias direcciones a la vez.
—Creo que no —dijo Rennie.
—Yo podría hacer un intento por arreglarlo —dijo Jerry—. Hice una vez un curso por correspondencia de taxidermia. Tengo algo de hilo con una resistencia de aproximadamente siete kilos en el furgón, y si alguien encuentra una aguja, puedo intentar...
Levanté la mano.
—Huey ya ha sufrido lo suficiente durante las últimas veinticuatro horas como para que encima tenga que poner su ojo en manos de un cirujano no profesional. ¿Qué te parece, Rennie? ¿Te importa que vuelva al trabajo?
—Me parece bien -dijo Rennie—. Lo tendré vigilado para que no se coma a los clientes.
Tomamos la decisión de encerrar con llave a Huey en el taller durante el día con toda la carne cruda que pudiera necesitar y un catre para dormir en uno de los fosos para el cambio de aceite. En cierto modo, me gustaba la idea de que estuviera allí, era algo parecido a tener un perro guardián. William podía tener sus cachorros juguetones, pero yo tenía un zombi que podía igualarlos en lo que a lealtad se refería, y que, encima, venía con pulgares oponibles.
Una vez satisfechos, los irregulares volvieron a la mesa de juego y tomaron asiento, yo suspiré muy aliviado. Mel había vuelto a salvarme el culo.
Entonces Huey dijo en voz alta:
—¿Alguien tiene un poco de kétchup?
En torno a la medianoche, me encontraba cambiándole la correa de transmisión a un Dodge Caravan cuando oí que una voz familiar pronunciaba mi nombre con un aristocrático acento español.
—¡Iban! ¡Colega! —dije, mientras me limpiaba la grasa de las manos con un paño de cocina. Él me sonrió y entró en el taller seguido de un humano al que no había visto nunca. Los irregulares seguían jugando a las cartas y creyeron que los dos hombres eran clientes.
Le di unas palmadas a Iban en la espalda y le estreché la mano. Iban era mi preferido entre los vampiros europeos que William había importado. A pesar de que era más rico que el Tío Guito, como los demás, siempre me había tratado de igual a igual y nunca se daba aires de grandeza. Era buena gente.
—Llegas con un par de días de antelación para la reunión, ¿no?
—Me alegro muchísimo de volverte a ver, Jack. Hemos llegado antes para empezar mi próxima película. Quiero que conozcas a mi amigo y socio, Sullivan Hayes, quien va a llevar a cabo parte de los trabajos previos a la producción, mientras yo esté reunido con vosotros en el cónclave.
Sullivan y yo nos estrechamos la mano.
—Encantado de conocerte, Jack —dijo Sullivan—. Iban me ha hablado mucho de ti.
Creo que Iban vio el interrogante en mis ojos.
—No te preocupes —dijo——. Puedes confiar en Sullivan, está al corriente de todo.
Todavía me quedé más sorprendido. Los únicos humanos que conocía, aparte de Chandier, el vigilante, y mi leal socio, Rennie, que estaban al corriente de la existencia de los vampiros eran Melaphia y sus antepasadas, pero eso era por derecho de nacimiento, y el único motivo por el que los irregulares sabían que yo era un monstruo era porque tampoco ellos eran humanos al cien por cien. Supongo que mi rostro expresó mi sorpresa, porque Iban comenzó a darme explicaciones.
—Sullivan es mi compadre —dijo Iban, poniendo énfasis en la palabra.
—Claro. Oye, que soy un tipo extremadamente liberal—dije—. Estamos en un país libre, ¿no?, y estoy completamente a favor de los derechos de los gais.
Iban y Sullivan comenzaron a reírse a carcajadas.
—Te aseguro que no tiene nada que ver con eso, Jack —dijo Iban—. Sullivan es mi confidente, ya sabes, al igual que lo es Melaphia para William. En España, los llamamos compadres.
Mientras reflexionaba sobre ello, me rascaba la cabeza. No tenía ni idea de que lo que era Melaphia tuviera un nombre, ni de que su relación con William fuera algo formalmente institucionalizado en el mundo de los vampiros. Yo había sido siempre un lobo solitario, por decirlo de alguna manera, y me preguntaba qué haría yo con un compadre y cómo me las iba a arreglar para convencer a alguien de que se convirtiese en el mío.
Quiero decir, imagínate que estás pescando con un tipo un día o viendo un partido en televisión y bebiendo unas cervezas y de repente le dices: «Oye, colega, ¿te he dicho alguna vez que soy un malvado bebedor de sangre? ¿Podrías hacerme el favor de hacer la cola por mí en la Dirección General de Tráfico? Es que tengo un pequeño problema con la luz solar, me podría dejar tan crujiente y chamuscado como las cortezas de cerdo». Menuda movida.
—¿Te tiene... hechizado? —pregunté, sintiéndome incómodo.
Sullivan volvió a reírse.
—Solo con el negocio de la música. No soy como Renfield en Drácula, eso de comer moscas no es para mí. Ayudar un poco a Iban ha sido por voluntad propia.
—Y además de ser un gran compadre, es un guionista de primera categoría; ha escrito el guión de la película en la que estamos trabajando ahora-dijo Iban.
—¿Sobre qué es la película? —pregunté. Sulhvan son rio y dijo:
—El título es La máscara del vampiro.
Entonces miré primero a uno y luego al otro.
—Estás de broma, ¿verdad?
—En absoluto —dijo Iban—. Es una historia sobre toda una subcultura de vampiros que se ocultan a la vista de todos. Resulta irónico, ¿no crees?
En mi opinión, era demasiado fiel a la realidad. Nunca dejaría de sorprenderme lo osados que eran algunos vampiros con el tenue velo que nos separa del mundo de los humanos. Sin embargo, la idea no dejaba de ser intrigante: hacer una película acerca de nuestras vidas y llamarlo ficción. Había algo delicioso en ella, era como engañar a la gente en sus propias narices y salir airoso con algo secreto y satisfactorio. A la parte de mí a la que le encantaban las travesuras (una parte importante) comenzó a gustarle la idea.
—Me gusta —le dije.
—Me alegra oírte decir eso —dijo Iban—. Porque queremos contratarte para que nos ayudes a elegir los lugares para las escenas al aire libre.
—¿Yo?
—Claro. ¿Quién conoce Savannah mejor que tú, después de haber vivido aquí durante más de dos vidas humanas? —dijo Sullivan.
—La verdad es que mi socio Rennie y yo no estamos demasiado ocupados en este momento, así que, ¿por qué no? Claro, contad conmigo.
Iban sonrió.
—Eso es genial, será divertido. -.
—¿Que clase de emplazamiento estáis buscando? —les pregunte.
—Buscamos ambiente, ambiente y nada más que ambiente. Cementerios espeluznantes con mucho musgo negro, antiguas mansiones ominosas, ese tipo de cosas. Quiero decir, ha de ser una imagen vampírica, ¿me entiendes?—dijo Sullivan.
—Entonces, habéis llegado al lugar idóneo —les aseguré.
—Pero, por desgracia, no habéis aparcado en el lugar apropiado —dijo una voz femenina desde cerca de la entrada.
Sullivan e Iban me tapaban la puerta, por lo que no había visto que Connie se aproximaba; además, estaba tan absorto en la conversación sobre la película que no percibí su presencia. Todos nos giramos hacia ella.
No podía evitar dejar de mirarla. No era porque fuera desnuda ni nada de eso, sino porque la había visto en todo su esplendor esa misma mañana. Esa era una de las cosas que había perturbado mi sueño, pero lo que de verdad me mantuvo con los ojos como platos y mirando a la tapa del ataúd fueron la marca de nacimiento y la cicatriz, y lo que estas significaban.
Muchos interrogantes habían recorrido mi mente. Si Connie tenía un hijo, ¿dónde se encontraba? Era probable que el bebé no hubiese sobrevivido, o ¿se encontraría con un ex marido en alguna parte? La Connie que yo conocía tenía demasiado carácter como para ceder a un niño sin luchar. Mientras permanecía tumbado despierto, había empezado a tener una sensación en el pecho y en el corazón tan fría y tan muerta como ellos, y cuanto más pensaba y me hacía preguntas, mayor era la sensación.
Connie había tenido problemas en algún momento de su vida, puede incluso que los siguiera teniendo, y el destino del hijo era el eje central de la crisis. Deseaba hacerle preguntas, sentarla y hacerla hablar. Quizá pudiera ayudarla. ¿Por qué demonios tenía que celebrarse el cónclave de vampiros en ese preciso momento? Era como si todo se pusiera en contra al mismo tiempo. Deseaba manejar bien la situación con Connie. Si lo que había descubierto Melaphia acerca de ella era demasiado perturbador, era probable que Connie necesitara ayuda, y sentí sencillamente que yo podría confortarla, porque si había alguien sobre la faz de la tierra que supiera la maldición que suponía no ser humano, ese era yo.
Melaphia parecía creer que Connie y yo estábamos destinados a ser una especie de enemigos naturales, pero mi corazón, o lo que quedaba de él, no me permitía creerlo.
En ese preciso momento, esa pequeña parte de corazón me dolía solo de mirarla. Su piel brillaba con un resplandor de vida que cualquier ser humano daría por sentado, pero no un pobre no muerto como yo. Su cabello resplandecía como el ónice bajo la luz fluorescente del taller, pero sus ojos me ignoraron, como si yo no me encontrara allí, se iluminaron brevemente al ver a Iban y se fijaron en Sullivan.
—¿A quién pertenece el Suburban alquilado? —Y señaló bruscamente con el pulgar hacia al exterior—. Está aparcado sobre la línea amarilla del bordillo de la acera.
—Ese es mío —admitió Suilivan, y dirigió una deslumbrante sonrisa a Connie, probablemente con la esperanza de librarse de una multa con su zalamería. Esperaba que fuera solo por eso, porque comencé a sentirme algo molesto con el tipo que había empezado a gustarme.
—Sullivan, Iban, esta es la agente Consuela Jones, a quien le gusta meter a las personas de por aquí en cintura —dije.
Los labios de Connie se curvaron ligeramente y su mirada se dirigió a mi abdomen, como si no pudiera mirar directamente a los ojos a un desgraciado y miserable como yo, lo que provocó que me quedara sin respiración, sobre todo cuando volvió a mirar a Sullivan.
—Encantada de conoceros —dijo Connie arrastrando las palabras antes de tenderle la mano.
Iban le estrechó la mano, pero Sullivan cogió la de Connie y se la llevó brevemente a sus labios. Me mordí los míos y sentí el pinchazo de mis propios colmillos. Iban se percató de esto y me miró de reojo, pero Sullivan no lo hizo. No sé cuánto tiempo llevaba siendo un compadre, pero no tenía ni puta idea de leer la mente de los vampiros, o puede que le importara un pimiento lo que yo pensara. Después de todo, era el protegido de Iban y sabía que no sería un buen anfitrión si me comía al humano de confianza de mi amigo.
Tenía el cabello castaño oscuro, algo greñudo por detrás, y estaba muy bronceado y en forma. Era demasiado delgado para ser un deportista, pero tenía un aspecto bastante atlético. Llevaba unos vaqueros desgastados, una camiseta oscura y un moderno abrigo informal, y miraba a Connie con demasiado interés.
—El placer es mío —dijo Sullivan—. Por favor, perdóneme por haber infringido una de las normas de su maravillosa ciudad.
—Entonces, ¿sois de fuera? —preguntó Connie.
—Son de California —dije, con la esperanza de que me volviera a mirar al hablar en voz alta. No buscaba un enfrentamiento con ella, pero en ese momento haría cualquier cosa por apartarla de Sullivan. Entonces me acordé de su intento de obtener información acerca de mí a través de Mel y tuve la sensación de que no había venido por un asunto policial—. Estoy convencido de que no has venido a atrapar a infractores de tráfico. ¿Hay alguna otra cosa de la que quieras hablar conmigo?
—Pues en realidad, sí, la hay. Odio tener que separarte de tus huéspedes, pero ¿hay algún lugar en el que podamos hablar en privado un minuto?
—Perdonad, chicos —dije, antes de hacer un gesto en dirección a la zona de la cocina.
Después de dejar atrás a los que jugaban a las cartas y de llegar a la cocina, Connie lo soltó sin rodeos.
—Tengo que saber qué ocurrió anoche en mi apartamento, Jack.
—Creí que me habías dicho que habíamos terminado —dije, tratando de no parecer desagradable.
—Eso depende.
—¿De qué?
—De lo que tengas que decir, y de lo que seas.
Sentí que en mi pecho se encendía una diminuta chispa de esperanza. ¿Podría ella entenderlo algún día?
—Mira, deseo confiar en ti, de verdad que sí.
—Entonces, hazlo. —Sus ojos buscaban los míos con ansiedad. Si hubiera tenido alma su mirada la habría perforado.
—No puedo, no es el momento adecuado. —Necesitaba tiempo para prepararme, para planificar cómo decírselo y pensar en qué decir: «Mira, muñeca, sé que eres policía y yo un asesino, pero ¿no podríamos llegar a algo juntos?».
—Ahora o nunca, Jack. Yo suspiré.
—Connie, por favor...
Con un brillo en sus ojos negros como el carbón, se dio la vuelta y se volvió a dirigir toda ofendida al lugar en el que se encontraban Iban y Sullivan. Yo la seguí, sintiéndome impotente.
—Pues, ¿sabes? —le dijo a Iban—. Tu cara me suena muchísimo.
—Se dedican al mundo del cine. Este es Iban Cruz.
Connie no me miró, pero los ojos se le abrieron como platos.
— ¿Iban Cruz? —dijo casi gritando—. ¡Soy una gran admiradora de tus películas! Ya decía yo que me sonaba tu cara. —Y se metió la libreta de las multas en el bolsillo trasero. Alguien estaba a punto de librarse de una multa y sin ni siquiera recibir una amonestación, o sencillamente ya se había librado. Pensé en reprenderla yo mismo, pero esa no era una buena opción. No podía exigirle nada, no en ese momento.
Iban comenzó a hablar con la típica actitud de «Gracias, gracias, bueno no es para tanto».
—Estamos en la ciudad realizando algunas tomas al aire libre para mi siguiente película, la cual está ambientada en Savannah, aunque la mayoría del rodaje se llevará a cabo en un plató de Hollywood. Sullivan ha escrito el guión.
—La mascara del vampiro. —Sullivan proporcionó el título y arqueó una ceja.
Entonces Connie gritó, pero de verdad.
—¡Vaya!, me encantan los vampiros, ¡son tan sexis! Tan... callados y pensativos.
¿Qué? ¿Le encantaban los vampiros? Y lo decía ahora. Dirigí mi mirada a Iban, quien sonrió y se encogió de hombros.
—El vampiro es uno de los arquetipos más intrigantes de la literatura y el cine —dijo Sullivan—. Son seductores, apasionados y peligrosos. ¿Qué mujer podría resistirse a ellos?
—¿Qué mujer podría? —dijo Connie sin aliento. Me incliné hacia Iban y le susurré:
—Clávame una estaca, ahora mismo, en serio.
Iban se encogió de hombros y sonrió en silencio. Connie estaba tan absorta en la conversación con Sullivan que era evidente que Iban y yo habíamos pasado a un segundo plano.
—¿Te parezco callado y pensativo? —le pregunté a Iban.
—No lo bastante como para llamar la atención —susurró— ¿No es tu novia? Creo que la conocí en la fiesta. Es exquisita.
—Era mi novia —mascullé.
—Vaya, siento habértelo preguntado.
Connie no paraba de hacerle preguntas a Sullivan, acerca de la producción cinematográfica, y él parecía muy complacido de contestarlas. Mientras observaba, recordé lo que Melaphia había dicho: Connie era una diosa. Y lo era en toda regla, al menos para mí. Pero por mucho que me molestara, pude percibir que Sullivan la encontraba igual de divina, y apenas apartaban la vista el uno del otro. Estaba empezando a pensar que preferiría que Connie me prendiera fuego a tener que soportar el hecho de verla con otro hombre.
—Oye, tengo una idea —dijo Sullivan, dirigiéndose a Iban—. ¿Por qué no contratamos a la señorita Jones para que lleve a cabo la labor de vigilancia para la producción?
—Llámame Connie —dijo con tono de admiración.
—Trabaja en el turno de noche —solté—. ¿No vais a llevar a cabo el rodaje por la noche, para... ambientarla? —Porque el director es un vampiro, pensé.
—Voy a tener vacaciones —afirmó Connie, mirándome por fin a los ojos.
—Van a quedarse algunas semanas -dije.
—Genial. Tengo semanas de vacaciones —respondió, antes de volver a mirar a Sullivan y ofrecerle una coqueta sonrisa—. Soy toda vuestra.
Si hubiera tenido una llave inglesa en la mano, la habría partido por la mitad.
—¡Espléndido! —dijo Iban—. ¿Cuándo puedes empezar?
—Mañana y pasado mañana tengo la noche libre. Hablaré con el encargado de los turnos de vigilancia, para ver si puedo tener libre la noche siguiente también.
—Fantástico —dijo Sullivan—. ¿Por qué no quedamos mañana para almorzar y discutimos las condiciones, y así matamos dos pájaros de un tiro?
—Trato hecho —dijo Connie sonriendo, antes de lanzarme una última mirada con los ojos entrecerrados deliberadamente, una mirada que decía:
«Chúpate esa, cabrón». Se despidió con la mano y se alejó, deleitándonos con la imagen de Consuela Jones alejándose con su uniforme y sus esposas brillando en el cinturón. Madre mía.
Pensando en el repugnante desarrollo que la cita podría tener, ¿quién sabía qué tipo de encuentro íntimo y agradable podía tramar ese tipo? Podría proponerle de todo, con la excusa del trabajo. Me imaginé que las reuniones para organizar la vigilancia se convertían en románticas excursiones junto al mar con julepes de menta entre besos furtivos. Lancé una mirada de desprecio al tipo, mientras este observaba cómo se alejaba, y apreté los puños a los lados. Iban lo vio y se encogió de hombros, como pidiendo disculpas.
Entonces suspiré. ¿Qué demonios? Al menos solo iban a quedarse algunas semanas, pero ¿qué ocurriría luego? Siempre habría alguien al acecho. Alguien que podría pasear junto a ella bajo la luz del sol. Alguien que no era yo.
Que me claven una estaca.


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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Lun Ene 24, 2011 5:17 pm

Gracias bella :sol:

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Lun Ene 24, 2011 5:39 pm

gracias gemma
no tanta maraton xD luego no me recupero xD

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Lun Ene 24, 2011 7:42 pm

Gracias chicas :manga34:

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Jue Ene 27, 2011 4:41 pm

gracias!!!!

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Sáb Ene 29, 2011 10:10 am



Gracias por los capítulos chicas
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