Black and Blood


 
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 El secreto del vampiro - Raven Hart

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alena

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Dom Ene 30, 2011 2:28 am

Capitulo 7




William


La casa de Tilly, situada en la plaza Orleans, olía a viejo, pero no en el sentido de decrépito o decadente, sino como algo antiguo, atemporal y muy usado. No había nada que fuera en contra de los dos mandamientos para los muebles (uno: no a las reproducciones y dos: no a las restauraciones). Todo, desde las alfombras de Aubusson y Savonnerie o los muebles estilo Luis XV hasta las lámparas de araña de Lafount era original y se había mantenido inmaculado, gracias a una serie de amas de llaves. A diferencia de Tilly, a quien últimamente los años habían comenzado a pesarle.

Ella odiaba que se lo dijera y me recordaba con acritud que yo también tenía los míos, y muchos más que ella. Tilly me había advertido que si quería que mantuviera la boca cerrada en relación a nuestra asociación de ochenta años, debería abstenerme absolutamente de sacar el tema de la edad. Así que, cumpliendo su deseo, simplemente la llamaba Tilly. Llamarla señora Granger estaba descartado, llevaba sin utilizar el nombre de su marido cuarenta años, por lo que no tenía ningún motivo para llamarla así.

Ella le cogió cariño a Iban desde el principio.

Durante una velada de charla y copas, Tilly era el centro de atención en su sillón de orejas favorito junto a la chimenea. Se trataba de una pequeña reunión, en la que se encontraba el gestor de sus acciones y su esposa, un par de parejas de vecinos, su abogado y el doctor. Cuando llegué, ya se había servido la cena, por deferencia hacia mí, no quería tener que explicar por qué yo no… podía… comer. Y desafiando a lo convencional, el salón que se utilizaba para las actividades de ocio no tenía espejos, pero sus excentricidades eran muy populares entre los que habían nacido y crecido en Savannah, por lo que nadie se extrañaba de nada de lo que hiciera. Mientras la contemplaba, recordé la promesa que me había obligado a hacerle hacía unos veinte años, que le quitaría la vida en el momento en que ella lo deseara.

Desafortunadamente, Tilly no era una bebedora de sangre. Era humana hasta la médula, una luz en mi oscuridad y, durante esos días, un inquietante rompecabezas de responsabilidad.

Iban, como el buen caballero de siempre, logró cautivarla desde que le diera dos besos, al estilo europeo, pero Eleanor había mantenido las distancias, y cuando se pegaba a mí pude notar que a Tilly no le gustaba. ¡Ah, no, no por su cuestionable trabajo del pasado, no!, alguien como Tilly admiraba a toda mujer que llevara las riendas de su propio destino. Después de todo, ella había logrado hacerlo, tras algunas actividades turbias que recordé en ese momento.

Creo que la negativa de Tilly a reconfortar a Eleanor tenía que ver más conmigo que con ella.

- Tienes una casa maravillosa- dijo Iban, mirando fijamente a los perspicaces ojos azules de Tilly-. En California, de donde vengo, estamos estancados en la idea de que lo nuevo es mejor. Incluso nuestros diseños más clásicos se construyen encima de los originales. –Sonrió-. Yo creo firmemente en la idea de que muchas cosas ganan con la edad.

Desde ese momento, se había ganado el corazón de Tilly.

Pasamos la velada bebiendo, charlando de la temporada primaveral de eventos sociales y del chef favorito de Emerald Grill. Eran casi las once, antes de que los planes de Iban para su siguiente película se convirtieran en el tema de conversación.

-¿Otra película en Savannah? Todavía no nos hemos recuperado de la primera- dijo el abogado de Tilly, Charles Nancy, en un tono que demostraba su exasperación.

-Venga, Charlie- dijo Tilly dándole palmaditas en el brazo-. No podemos ocultar siempre nuestros secretos al resto del mundo.

-¿De qué va la película?- preguntó Charles.

La mirada de Iban se dirigió a mí imperceptiblemente, antes de sonreír al abogado.

- Pues de vampiros, por supuesto- contestó.

Junto a mí, noté cómo el cuerpo de Eleanor se tensaba ligeramente, por lo que bajé la mano para rodear las suyas y darle un apretón.

Mantén la calma. Iban sabe lo que se hace, le dije mentalmente.

Tilly dio una palmada con el entusiasmo de un niño.

- Vampiros, ¡qué maravilloso!

-Sí, podría decirse que es mi especialidad. Mi compañía de producción se llama After Dark, y hemos realizado varias películas durante los últimos años.

>>Savannah tiene la atmósfera y el ambiente perfectos para un grandioso relato acerca de los bebedores de sangre- añadió.

-Bueno, supongo que no podrá hacernos más daño que los asesinatos y los travestis- dijo Charles.

Debido a que de los allí presentes pocos eran aficionados al terror, la conversación se debió a películas clásicas en general. Cuando se afirmó que Casablanca era la mejor película de todos los tiempos, Tilly me hizo una señal para que la ayudara a ir a la biblioteca con la excusa de buscar una mesa antigua que acababa de adquirir. Cuando me puse de pie para entregarle el bastón de palisandro que utilizaba para complacer a su actual ama de llaves, percibí el nerviosismo de Eleanor.

Yo asentí en su dirección. No había motivos para que estuviera preocupada, a pesar de que durante la cena los allí presentes habían sido más educados que amables, era algo que formaba parte de lo normal. Eleanor habría cumplido su misión si hubiera sonreído y se hubiera unido a la conversación, en lugar de pegarse a mí para evitar que nadie se fijase en ella.

Resultaba que la opinión de Tilly era bastante similar a la mía.

- Es un problema- dijo Tilly, sin andarse con rodeos. Como de costumbre, había protegido mis secretos esperando hasta que hubiera cerrado la puerta de la biblioteca.

- Venga, Tilly, estás celosa- dije en broma.

Ella sonrió y me acarició la cara.

- Puede que un poco- admitió-. ¡Ah!, si fuera ochenta años más joven, tendría una oportunidad, ¿no?- Bajó la mano, sin darme oportunidad de responder y se dirigió a la silla situada al otro lado de la habitación-. ¿Me puedes servir una taza de té?

Hice lo que me pidió. Ella esperó a que me sentara junto a ella y le llevara el té y, tras levantar la taza con un pulso sorprendente y dar un sorbo, continuó la conversación.

-Sí, ella es hermosa y todo eso, incluso teniendo en cuenta su… ocupación, pero no es para toda una vida, ni diez vidas… no es para siempre. Tú mereces algo mejor.

En realidad, no tenía respuesta para su afirmación. Siempre había sido nefasto a la hora de decidir qué merecía. Supongo que Reedrek lo había decidido por mí.

-Soy feliz-dije-. Por primera vez en… ¡ay!, no sé cuánto tiempo.

-Lo noto.- Se irguió un poco-. Y no quiero agobiarte con respecto a ella, siempre te deseado lo mejor.- Me dirigió una picara sonrisa-. Sin embargo, tu amigo Iban, ese sí que me gusta.

-Me alegra que lo admitas, porque llevas flirteando con él toda la noche.

Ella suspiró exageradamente.

- Por supuesto que lo he hecho. Es tan atractivo y gallardo como el mismo Zorro, con ese acento tan adorable. Espero que lo traigas pronto otra noche, para que los tres podamos sentarnos a charlas de verdad.

Noté que había excluido a Eleanor.

- Lo intentaré. Va a quedarse por aquí algunas semanas. Tenemos un asunto que atender, y luego está lo del proyecto de su película.

- Bien.- Invirtió un largo minuto con su taza de té antes de pensar al siguiente tema-. Quería preguntarte si recuerdas la promesa que me hiciste.

Algo cercano a mi corazón no muerto se me vino a los pies.

- Por supuesto que lo recuerdo, pero por favor no hables de eso- contesté-. Solo espero que ese día no llegue nunca.

-Eso es imposible, querido-contestó antes de dirigir su mirada hacia el fuego-. No lo estoy deseando, pero algunas cosas son peores que estar muerta, ¿sabes?- Transcurrido un momento, abandonó la melancolía y me dio la taza de té vacía-. Permíteme que vuelva con mis huéspedes antes de crean que estamos tramando algo aquí. No merece la pena que volvamos a echar por tierra nuestra reputación, como en los viejos tiempos- Han sido necesarios cincuenta años para que la gente lo olvide.

Dejé la taza a un lado, la ayudé a ponerse de pie y la besé suavemente en la boca. Sus manos se tensaron en mis brazos.

- ¿Te acuerdas de la noche que me llevaste al Cloister de Sea Island y bailamos bajo las estrellas? Todas las mujeres que se encontraban en la propiedad estaban muertas de envidia.

-Recuerdo que eras la más hermosa de allí- le contesté con sinceridad.

-¡Ay, éramos tan escandaloso! ¡Qué divertido!- Ella me sonrió mirándome a los ojos-. ¿Bailarás conmigo otra vez cuando te llame?

-Será un verdadero placer, querida.


***


-Estoy tan feliz de haber salido de allí- dijo Eleanor mientras recorríamos el camino de entrada de la casa de Tilly.

-¿Te refieres a que no has disfrutado comportándote como alguien normal?- dijo Iban en broma. Y le rodeó el hombro con el brazo-. No había ningún peligro, te habría protegido con mi vida.

- No tenía miedo de ello, simplemente no me ha gustado la audiencia con la reina- dijo Eleanor, frunciendo el ceño.

-¡Ah!- dijo Iban, y retiró el brazo de su hombro-. Eso es algo que tendrás que aceptar con William; sin embargo, a mi me ha gustado mucho.

- ¿Cuál era la promesa a la que se ha referido cuando nos íbamos?- preguntó Eleanor. Podía notar sus celos como el calor que emanaba de un fuego bien avivado.

Sonreí mientras Chandler nos abría la puerta de la limusina, luego me di la vuelta para volver a mirar hacia la casa y pude ver que Tilly permanecía de pie tras la ventana, observando nuestra marcha.

- Me hizo prometerle que le quitaría la vida.

Eleanor e Iban se quedaron petrificados.

- ¿Qué?- preguntó Eleanor.

- ¿Por qué piensa que harías algo así?- preguntó Iban aparentemente triste.

- Porque maté a su marido.




Jack


-¿Por qué no puedo asistir a la reunión?- preguntó Werm entre gemidos, dando un taconazo en el suelo de la veranda de la plantación.

Tuve el deseo de decirle: <>, pero no lo hice, estaba intentando ser un buen mentor.

- Ya hemos hablado de eso- dije, mientras observaba cómo la delegación de Nueva York salía apiñada de una limusina en el camino de entrada.

El hombre de William, Tarney, me había dicho que él y sus hombres habían descargado el equipaje suficiente del jet privado de esa gente, sin contar con los ataúdes, como para quedarse una semana. De acuerdo con William, habían exigido hospedarse en un lugar separado del resto y con vistas al mar, por lo que él los había alojado en su otra mansión de la isla de Hope. Esa noche habían llegado para discutir los preparativos de la reunión que se celebraría al día siguiente. Tobey, Gerard e Iban ya se encontraban dentro.

- Tienes suerte de que no te tenga aparcando coches –le dije a Werm.

- Pues sería una oportunidad fantástica para aprender.

Eso era verdad, tengo que admitirlo. El único problema era que no aprendería mucho más de lo que quería saber, como por ejemplo, hasta dónde podía cubrirnos de mierda a todos nosotros. Ya sabía de la existencia de los vampiros malvados y poderosas de Europa, sabía que lo peor que podía pasarle a alguien era morir eternamente, pero lo que no sabía era que Reedrek y sus compinches preferían mantenerte no muerto y sangrando. La tortura eterna formaba parte de su estilo. ¿Por qué enviarte al infierno si te podían dejar por aquí y divertirse un poco?

Tras la refriega con Reedrek, William me había puesto al día de lo que Reedrek le había hecho a algunos de sus amigos, pequeñeces, como cortarles los miembros para ver cómo volvían a crecer lentamente u obligar a los vástagos a alimentarse los unos a los otros hasta casi encontrar la muerte. William había enviado más vampiros bondadosos para salvarlos, pero si hubiera tenido que soportar lo que hicieron, es probable que hubiera suplicado a mis rescatadores que me clavaran una estaca. El hecho de enterarme de todas estas cosas me hizo por fin entender por qué William había mantenido mi inocencia durante todos estos años, sencillamente me estaba haciendo un favor, así que decidí tener la misma deferencia con Werm, evitándole los detalles más sangrientos, al menos por el momento.

- No te preocupes, te mantendré informado de todo lo que necesites saber acerca de las milicias de vampiros y de los concilios más antiguos –dije.

La delegación del gran estado de Nueva York pasó a toda prisa a nuestro lado, sin más que un movimiento de cabeza, como prueba de que habían advertido la presencia de Werm y la mía. Había pasado mucho tiempo desde que William importara a su líder, Lucius Dru, junto a un par de vástagos. Lucius era uno de los europeos de sangre azul que me había tratado como a un criado y había actuado como si fuera el propio y monstruoso Drácula. Del Viejo Mundo y de la vieja escuela. Ahora parecía e iba vestido como un capo de la mafia. Su traje y chaqueta debían de haber costado miles de dólares, y las personas que lo acompañaban iban también muy elegantes.

Traían con él a todo un séquito, incluyendo a algunos humanos entre los miembros del personal. Más compadres, supongo, o como los llamen en Yankilandia.

Chandler les indicó los asientos en el vestíbulo, mientras Werm permanecía sentado en la reja de la veranda.

- ¿A qué se dedican para permitirse esos abrigos de visón y esos trajes caros? –preguntó Werm, quien seguía cuestionándose la idea de ganarse la vida como vampiro. Supongo que había imaginado que una vez convertido en un bebedor de sangre, sus problemas económicos desaparecerían como por arte de magia. Antes de que lo amenazara con reducirlo a un saco de huesos polvoriento si se alimentaba de los humanos, había estado planeando acechar a las personas, chuparles la sangre hasta que se desmayaran para luego hacerse con el dinero que llevaran. Después de que le hubiera dicho que pensara con detenimiento en la posibilidad de despertar en los calabozos de la ciudad con el sol entrando por los barrotes, había reconsiderado su carrera profesional y continuaba trabajando a tiempo parcial en el centro comercial Spencer, obviamente en el turno de noche. Nosotros complementábamos sus ingresos, remunerándole los trabajos esporádicos que le encargábamos. Era lo justo.

-Regentan un grupo de galerías de arte y venden numerosos cuadros y esculturas de alta calidad. El clan vive en un bloque de apartamento en el Dakota. –Melaphia decía que Lucius había seguido los pasos de William y había iniciado su propio negocio de importación, con la única salvedad de que él traía inestimables obras de arte y esculturas europeas a través del puerto de Nueva York en lugar de antigüedades y bebedores de sangre.

-¡Vaya! –Resopló Werm-. Eso es cantidad de guay, me encantaría vivir en Nueva York.

Negué con la cabeza. Había oído que podías pasear por Park Avenue con un pollo vivo en la cabeza o cantar en medio de Time Square en calzoncillos como el cantante ese, Naked Cowboy, sin que nadie se quedara mirándote, no es de extrañar que a Werm le pareciera el lugar perfecto.

Además de vender obras de los grandes maestros, Lucius había agrupado a algunos pintores contemporáneos de su cosecha, ofreciendo vida eterna a los que en su opinión tuvieran verdadero talento. William no aprobaba el hecho de crear vampiros nuevos, de hecho, desde que llegó al continente solo había creado a tres (a mí, a Werm y a Eleanor) y lo de Werm fue por obligación. Sin embargo, una vez que un vampiro importado abandona el territorio y la protección de William, este se convertía en algo así como en agente independiente.

Pensar en Eleanor hizo que me invadiera un sentimiento de culpabilidad; había alejado tanto a Olivia de mi mente que casi me había olvidado. Tenía que poner orden a mis pensamientos rápidamente, antes de que William los captara y comenzara a hacer preguntas, tenía que evitar una mentira descarada costara lo que costara, y eso implicaba no tener que contestarlas.

La mayoría de los vampiros que había importado a lo largo de los años se habían convertido en un puñado de clanes más o menos alineados que se encontraban dispersos por todo el país. De eso se trataba la reunión, de congregar a los miembros representativos de cada clan. Lucius representaba Nueva Inglaterra y la Costa Este; Tobey, el Pacífico nororiental, e Iban, California y el resto del oeste. Gerard, desde su base en Wisconsin, había acudido en representación de la región central y Canadá, y nosotros, obviamente, representábamos el sur y el sudoeste, y la parte inferior de la región central estaba representada por un hombre que justo en ese momento bajaba de un taxi en la glorieta.

-¿Quién es ese? –preguntó Werm.

-Ese debe de ser Travis Rubio –le contesté.

-¿No lo conoces? Creía que conocías a todos los vampiros que acudían a Savannah desde Europa.

-Y los conozco, pero este no es importado, este es nativo.

-Como Tobey –dijo Werm, asintiendo con la cabeza-. Me contaste que Tobey provenía de una antigua raza de vampiros salvajes indígenas que vivían en las cuevas en las Montañas Rocosas. ¿Es uno de ellos?

-No. No exactamente. En realidad, no conozco su historia, pero siempre me la he preguntado. Creo que es bastante mayor. Estuvo en El Álamo, pero ya existía mucho antes de eso.

Rubio llevaba al hombro una anticuada mochila y se dirigía a la casa. Era alto, incluso más que yo, y ancho de espalda. Su abrigo de cuero cubría una camisa de franela a cuadros y unos vaqueros. Llevaba unas botas de piel de serpiente y un sombrero de vaquero de ala plana muy gastado con una pluma en la cinta. Una larga trenza de color negro azabache que le llegaba hasta mitad de la espalda y la estructura ósea de su rostro (mejillas anchas y nariz aguileña) no podían esconder que era un americano nativo, aunque no necesariamente norteamericano. No tenía el aspecto de los indígenas normales que había visto.

Su rostro era más como el de uno de esos que aparecen en un especial sobre América Central o incluso Sudamérica del National Geographic. Subió las escaleras y se detuvo frente a nosotros.

- ¿Travis Rubio? –pregunté, tendiéndole la mano.

- Eso es –dijo, mirándome fijamente con sus ojos negros, unos ojos que parecían absorberlo todo enseguida sin emitir juicio alguno. Su apretón de manos era firme y más cálido que el mío.

- Y soy Jack McShane y este de aquí es Lamar von Werm, pero todos lo llamamos Werm.

Rubio le estrechó la mano a Werm y se descolgó la mochila de lona.

- William me ha hablado mucho de ti, Jack. Me alegro de conocerte por fin.

- Lo mismo te digo. Espero que tengamos la oportunidad de conocernos más a fondo mientras estés aquí, yo también soy un viejo soldado.

- ¿Ah, un guerrero! –Se quedó con la mirada perdida durante algunos segundos-. Podíamos haber contado con alguien como tú para que protegieras nuestras ciudades de oro. –Entonces volvió al presente y esbozó una melancólica sonrisa-. Pero ya no queda ninguno. Sus tumbas están ocultas en la selva, pero yo he sobrevivido a mis ancestros.

¿Las ciudades del oro? Me acordé de la investigación que Werm había llevado a cabo para mí sobre los mayas. Quizá Travis supiera algo que pudiese esclarecer los antecedentes de Connie, pero antes de que tuviera tiempo de decir nada más, Chandler apareció en la entrada y le hizo un gesto a Travis para que entrara.

Werm no parecía tan impresionado con Travis como lo había estado con los neoyorquinos, pero puede que fuera una cuestión de moda.

- ¿Por qué no te vas a casa? –le dije-. No va a pasar mucho más aquí esta noche, aparte de disfrutar de algunos vasos de sangre, repasar la agenda, las normas y cosas por el estilo. Mañana no tendrás que venir, ya que no asistirás a la reunión, y todo parece estar bajo control.

Werm adoptó una pícara mirada.

- Creo que me quedaré por aquí, es posible que tengas algún recado que pueda hacer.

Eso me pareció muy raro. Werm llevaba quejándose semanas de que era el chico de los recados y, sin embargo, ahora pedía más, pero había llegado a conocerlo lo suficiente como para saber que estaba tramando algo.

- Por cierto, ¿Cómo fue tu ceremonia vudú? No me has contado nada.

- Ah, muy bien. Yo diría que mejor que la tuya –dijo con una risita de suficiencia.

- No vayas de listillo. Huey se las arregla genial en el taller. Ha retomado el trabajo justo donde lo dejó.

- Cuando no está recogiendo las partes del cuerpo que se le van cayendo, querrás decir.

- Te he dicho que no hay ningún problema con él. –Y no lo había, exceptuando el incidente con la esposa del pastor, pero cuando Rennie le dijo que no olfateara a los clientes nunca más, por apetecibles que le parecieran, pareció entenderlo. Werm estaba tratando de cambiar de tema e imaginé que tenía algún motivo, tenía que haber alguna razón por la que quisiera estar por allí rondando por la reunión, sin estar invitado-. Me lo acabas de recordar, hay un recado que puedes hacerme.

A pesar de acababa de ofrecerse voluntario, Werm parecía descolocado, pero no hice caso.

- Quiero que vayas a la casa principal y cojas el elixir especial de Mel. Ella te lo administrará. Tiene algunas propiedades que te proporcionarán una mayor protección frente a estos vampiros desconocidos, por si resulta que no son tan dignos de confianza como William cree que sin. Ah, y es altamente confidencial, no le hables a nadie de esto.

- De acuerdo –dijo Werm, y bastante más animado dio un salto de la reja de la galería.

Mientras se dirigía a su destartalado Nissan, que se encontraba aparcado en el interior de la glorieta, saqué el móvil del gancho del cinturón y marqué el número de la casa principal. Mel cogió el teléfono cuando Werm se alejaba en coche.

- Mel. Escucha, Werm va de camino para allá. Te voy a decir lo que quiero que hagas…





William


- Me gustaría dar la bienvenida a cada uno de los que volvéis a mi casa y a la reunión de… sanguinarios norteamericanos más numerosa de la historia. –Agarré a Eleanor de la mano y la acerqué a mí-. Y me gustaría presentaros a mi…, a Eleanor.

Mientras los hombres saludaban con la cabeza, me giré para comprobar la reacción de Eleanor, quien esa noche tenía un aspecto particularmente atractivo con un suéter palabra de honor ajustado de una especie de material negro con brillo. El tipo de brillo que provocaría que todo hombre presentes en la sala, ya fuera humano o vampiro, quisiera tocarlo.

- Buenas noches. Antes de empezar, quiero que sepáis que disponéis de una suite en el Royal del centro de la ciudad para después de la reunión. Si hay… algo que necesitéis –ofreció Eleanor-, estaré muy complacida de prepararlo.

Sangre, sexo, dolor.

Sus pensamientos, altos y claros para mí, provocaron que el deseo recorriera mi piel. Ella, la que debía ser obedecida, estaba en su salsa, al mando. Recordaba nítidamente las noches en su casa de calle River y las delicias que preparaba para darme placer, saltaba a la vista que necesitaba que la casa de Eleanor se reconstruyera con la mayor brevedad posible, tanto por su negocio como por nuestro placer. Me gustó cómo reaccionó mi cuerpo durante algunos segundos, antes de conducirla a su silla junto a Iban.

- He despedido por hoy a todo el personal humano. ¿Comenzamos, caballeros?

Se habían tenido en cuenta todas las normas de cortesía, las bebidas se habían servido y los antiguos amigos se habían vuelto a poner al día. Era el momento de pasar al tema que nos ocupaba.

- Tenemos varios asuntos que discutir. Debemos partir de la base de que la misión fallida de Reedrek por recuperar el control sobre mí, y más tarde asesinarme y atacar a mis familiares, posiblemente haya dado lugar a que otros deseen también recuperar a su prole. Cada uno de vosotros tiene un vínculo de sangre detrás que desearías evitar cueste lo que cueste. He llegado a la conclusión de que no podemos continuar dependiendo de la clandestinidad. –Dirigí mi mirada a los rostros serios en la sala-. Debemos crear una alianza y una defensa vigilante, y posiblemente muy pública; después de todo, los humanos también se encuentran en peligro. Es incalculable el daño que solo unos pocos de los antiguos sires podrían causar, y no sabemos cuántos de ellos se han unido.

Un distante y apagado bramido retumbó en mi mente, Reedrek deseaba aportar su malicioso granito de arena. ¡Maldita sea, cierra el pico, viejo! Rechacé y bloqueé su rabia en mi mente. Parecía que iba a tener que encargarme de él permanentemente antes de que ninguno de los antiguos sires, quienes podrían oírlo, si mantenía con él un vínculo de sangre, pusiera un pie en el Nuevo Mundo, pero no podía permitirle que revelara nada. Seguí adelante con la reunión.

- No pueden pensar ni por un segundo que tenemos miedo, porque creo que se abalanzarían sobre nosotros con garras y colmillos.

En la sala, hubo varios movimientos de cabeza en señal de acuerdo.

- Lo siguiente que debemos hacer es organizar nuestras regiones, contando con algunos de nuestros vástagos y compañeros humanos, así como con una red de espías y colaboradores que vigilen la costa. Soy consciente de que resultará difícil cubrir todos los puertos y aeropuertos, pero debemos hacer todo lo que esté en nuestras manos. Hombre prevenido vale por dos. Propongo que utilicemos el sitio Élite Sangrienta para enviar información o avisos. Todos vosotros estáis familiarizados con el hecho de ocultar la verdadera información entre mensajes típicos de los chats de Internet. –Me giré en dirección a Jack-. Jack tiene mucho… don de gentes, por así decirlo. Más tarde, os hablará de algunos de los métodos que utiliza para abordar el tema de la lealtad de los humanos. La mayoría de vosotros disponéis de humanos que utilizáis para diferentes fines, pero todos vamos a necesitar numerosos cisnes. Los humanos que escojamos deberán ser fuertes y tener un motivo para ayudarnos.

- ¿Crees que la amenaza es lo suficientemente grave como para que tengamos que ignorara nuestros intereses comerciales? –Preguntó Iban.

- Yo no pienso ignorar nada –afirmó Lucius-. Tengo dos inauguraciones importantes el mes que viene. –Su personal asintió con la cabeza en señal de aprobación. Eran leales hasta la médula, pero no podían saber la clase de horrores a los que los antiguos sires podrían someterlos a la vuelta de la esquina. Lucius lo sabía demasiado bien, pero se tomaba muy a pecho sus intereses comerciales.

- Después de lo que vosotros… de lo que cada uno de vosotros ha sufrido a manos de vuestros sires –continué diciendo-, no creo que nadie pueda cuestionarse la necesidad de mantener una actitud discreta. Si estuviera en vuestro lugar, intentaría que resultara difícil encontraros, tanto a vosotros, como a los que tenéis más cerca. Podríais permanecer en vuestras ciudades, pero quizá sería recomendable que os mudarais de casa, hasta que sepamos a qué tipo de amenaza nos enfrentamos. De una cosa podemos estar seguros, querrán de nosotros algo más que una muerte sencilla y rápida.

- ¿Y qué pasa contigo? ¿Huirás y te esconderás? –preguntó Lucius.

Ahí me había pillado, porque yo no me iba a ninguna parte.

- Mi sire ya ha intentado de nuevo apropiarse de mi alma, pero ha fracasado. –Antes de continuar, dirigí mi mirada a Eleanor-. Dado que Savannah se ha considerado mi hogar, me siento en la obligación de protegerla, por lo que permaneceré aquí. Al menor podré advertiros al resto de vosotros.

- Yo aún me quedaré algunas semanas por aquí –añadió Iban-. Podemos planificar una defensa de la ciudad.

- Gracias, amigo. –Y pesé al siguiente tema-. Bueno, en términos generales, ¿qué han llevado a cabo vuestros clanes hasta la fecha? ¿Gerard?

Gerard se puso en pie. Estaba más pálido que el resto debido a los años que llevaba trabajando bajo tierra, aunque su figura seguía siendo imponente. Era alto y tenía una melena con mechas grises que necesitaban un corte. Las gafas para leer que llevaba permanentemente le daban el aspecto de un profesor ligeramente distraído, pero no había nada de distracción en su fabulosa mente de hombre de ciencias.

- Como algunos de vosotros ya sabéis, nuestro grupo de la región de los Grandes Lagos se encuentra bastante especializado. Invertimos la mayor parte del tiempo en investigar las secuencias genéticas y la línea sucesoria del vampirismo. Solemos estar al margen de la opinión pública, ocultos en nuestros laboratorios subterráneos. No me preocupa nuestra propia seguridad, ya que somos muy discretos. Somos científicos y no soldados.

>> Debo confesar que si alguno de nosotros está en peligro, ese soy yo. Maulore, mi sire, me tendría encadenado en lo más profundo de su infernal castillo en el nombre de la investigación, si lograra capturarme. Me temo que ha sido la inspiración para el personaje de ficción, doctor Moreau, y siente una particular fascinación por los cambiaformas. Hasta tal punto que ha comenzado a realizar experimentos que combinan material genético para crear nuevas especies, sus propias y horribles versiones. Para ilustrar su mente retorcida, solo tenéis que imaginar el resultado de la unión genética de entre un hombre y un cerdo o, lo que es aún peor, de un niño y un perro. –Se estremeció y cerró los ojos-. No. –Se metió la mano en el bolsillo del pecho y sacó una fina caja de acero inoxidable. Entonces, pulsó un botón y la abrió para mostrar un bisturí extremadamente afilado-. Dispongo de los medios para acabar con mi existencia, algo preferible a ser capturado. Mis familiares disponen de sus propios planes de huida, en relación a esto estamos preparados.

>> Disponemos además de un pequeño grupo de humanos leales, compuestos en su mayoría por aquellos a cuyos familiares con dolencias genéticas ayudamos, que creo estará dispuesto a corresponder a nuestra asistencia, por lo menos cubriéndonos las espaldas, hablando en un sentido figurado.

>> Con respecto a la frontera y a nuestros homólogos canadienses, me he asegurado de que respeten el protocolo de defensa que se formule en la presente reunión.

- Gracias, Gerard. –Estaba ansioso por saber si este grupo de investigación había encontrado alguna prueba definitiva cómo nuestra sangre vudú había mutado nuestras constituciones vampíricas, pero esa era una conversación que mantendríamos en privado.

- ¿Tobias?

Tobey se puso de pie, tomó la palabra y habló de sus familiares de sangre.

- Mis ancestros son salvajes y se encuentran desplegados por el campo abierto del noroeste. Mantenemos poco contacto, pero dispongo de un grupo de humanos de mi equipo de carreras en los que confío y de algunos afines que han fijado su residencia, lo que nos facilitará mantener la vigilancia en nuestra parte del país. A excepción de Calgary, la mayoría de los aeropuertos y ciudades principales se encuentran junto a la costa, por lo que podremos concentrar allí a nuestros voluntarios- -Apoyó las manos en sus caderas-. Y en cuanto a mis carreras… esta es la temporada de descanso. Seguiré en movimiento, seguid mi pista de carretera. Dispongo de mucho tiempo para organizar, reclutar y, en general, vencer a alguien por la fuerza, si fuera necesario.

- Excelente. ¿Alguien tiene alguna pregunta para Tobias?

Jack levantó la mano.

- Tobe, ¿cómo vas a mantener la discreción con el logotipo de carreras cubriendo todo el camión?

- Tienes razón, Jacko. ¿Podrías conseguir que algunos de tus chicos lo pintaran de negro?

- Cuenta con ello.

- ¿Alguien más? -pregunté. Al ver que nadie decía nada, pasé al siguiente tema-. ¿Lucius?

- ¿Qué pasa con Iban? –preguntó Lucius-. Debería hablar antes que yo.

Casi sonrío. Conocía a Lucius. Intentaba mostrarse educado en público, cuando en realidad lo que quería era ser el último y el más importante de la agenda, a Lucius nunca le había gustado ser el aperitivo. Los vampiros y sus egos.

- Había pensado que Iban interviniera en último lugar para que nos diera paso a la conferencia vía satélite que ha organizado para que nuestra representante en Inglaterra se comunique con nosotros.

- Comprendo –dijo Lucius con brusquedad.

- No importa –dijo Iban interrumpiendo con un movimiento de la mano-. Solo me gustaría añadir que Tobey y yo mantenemos una buena comunicación. Carolina del Sur estará vigilada. Nuestra mayor amenaza es, como de costumbre, la frontera mexicana. Hay contrabandistas y túneles plagados de lugares oscuros, y un excedente de alimento, dado que cualquier noche de estas habrá miles de personas que harán lo que sea por cruzar la frontera. –Entonces, me miró directamente a los ojos-. Mi sire ya no vendrá a torturarme de nuevo, vendrá a destruirme. Juró que me desangraría la noche que escapé.

- ¡Vaya!, ¿y qué hiciste para merecer algo así? –preguntó Jack.

Iban dirigió su mirada a Jack.

- Pues, por supuesto, seducir a su pareja –dijo con toda naturalidad-. Ella es una de las que me liberó.

- ¡Ah…! –dijo Jack, y por algún estúpido motivo, miró a Eleanor. Al darse cuenta, levantó las manos y asintió con la cabeza mirándome, como diciendo: “Yo no he hecho nada”

- ¿Travis? Gracias por venir.

Travis Rubio se puso de pie, pero permaneció en silencio un largo rato, esperando pacientemente a que le prestara la debida atención. Cuando todas las miradas estuvieron puestas en él, comenzó a hablar.

- Como algunos de vosotros sabéis… -miró en mi dirección- viajo solo. No pertenezco a ningún clan, ni dispongo de colaboradores humanos, como los llamáis vosotros. Me muevo en busca de alimento, en función de las estaciones, caminando desde México hasta el Big Bend, Nebraska, Wyoming, Nuevo México y Arizona. Existen muchos territorios despoblados en los que no hay lugares en los que poder protegerse del sol. He aprendido a adaptarme, pero me ha llevado cientos de años. Dadas las dificultades, dudo que se efectúe un ataque desde esa dirección. Por otro lado, no tengo motivos para temer a mi sire, ya que pereció antes de que esta parte del mundo tuviera nombre. –Se cruzó de brazos-. Aportaré mi granito de arena para protegernos. Hay personas familiarizadas conmigo, que transmitirán las novedades si se lo pido. –Saludó con la cabeza y volvió a sentarse.

- Excelente. Bueno, Lucius, ¿estás preparado para concedernos el privilegio de tu sabiduría?

En lugar de darme una contestación cortante, Lucius sonrió y se levantó con elegancia. Si un tigre blanco llevara un traje de diseño, podría ser confundido con un hermano de Lucius. Peligroso, glorioso y muy atractivo. Adoptó una pose lánguida, carraspeó y se hizo dueño de la sala con sus palabras.

- Creo que deberíamos crear vástagos y entrenarlos como a nuestros asesinos personales. –Analizó el grueso anillo de oro que llevaba en la mano derecha-. Y luego enviarlos al Viejo Mundo para que asesinen a nuestros sires. Si esos viejos hijos de puta mueren, ya no podrán hacernos ningún daño.

- Esclavos… -susurró Iban, antes de ponerse de pie-. Yo no participaré en la creación de esclavos. –Hizo como si escupiera, en señal de repugnancia-. Cuando te tocó el turno de ser esclavo, ¿disfrutabas sirviendo a tu maestro, Lucius?
A Lucius no pareció perturbarle el desafío de Iban.

- Bueno, esto sería diferente, ¿no? Actuarían por voluntad propia, sencillamente tendrían una misión que cumplir y, por supuesto, estarían bien remunerados.

- ¿Y cómo se supone que tendrían la más remota posibilidad de llevar a cabo su misión? ¿Qué van a hacer?, ¿acercarse con una estaca antes de decir: “Hola, he venido a matarte”?

- Pues claro que no –contestó Lucius.

Entonces sentí la necesidad de interrumpir.

- Caballeros, por favor. Lucius, por favor, no desvíes el tema, estamos hablando de la densa. Iban, vuelve a sentarte y deja que termine.

Lucius frunció el ceño.

- Tenía la impresión que el propósito de esta reunión era solucionar el problema.

- La defesa es prioritaria, ya planificamos luego lo inevitable.

- ¿Y lo inevitable es…?

- La matanza.

Intimidado solo momentáneamente, Lucius prosiguió describiendo sus conexiones en el puerto de Nueva York. La entrada más probable por la Costa Este sería en un contenedor, enviado en barco. Al no haber forma de controlarlos todos, dispondría de personas que recogerían las cartas de portes de las compañías representadas. Un punto de partida, si uno quería descubrir una tapadera de actividades ilegales, y sin duda los sires serían considerados ilegales a todas luces.

- De acuerdo, gracias, Lucius. Por favor, toma asiento. ¿Iban? ¿Estás preparado para la presentación?

Iban miró el reloj.

- Faltan cinco minutos para que la conexión vía satélite comience. Jack, por favor, ¿podrías bajar las luces?
Mientras Jack hacía lo que Iban le había pedido, observé que comprobaba por detrás del sofá y daba golpecitos a las cortinas, un comportamiento extraño incluso para Jack. Si Melaphia hubiera estado aquí, probablemente le habría preguntado si había perdido la chaveta, pero estaba en casa con Reyha y Deylaud, dejando que los vampiros conspiraran entre ellos.

Poco tiempo después, tras unos cuantos tecleos en un ordenador, la imagen electrónica de Olivia apareció en el centro de la sala, lo que provocó que todos los allí presentes dieran un grito ahogado, la típica reacción de seres que estaban acostumbrados a ser invisibles para las cámaras y los espejos. Esta nueva tecnología holográfica era de vanguardia, y, sin duda, inventada y financiada por los vampiros.

-¡Joder! –masculló Jack, aunque no parecía muy contento de ver a su antigua amante, bueno, amante no precisamente, más bien compañera de golpes. Sentí que una ráfaga de angustia pasaba entre Jack y yo como una nube cuando saludé a Olivia.

- Me alegro de verte, Olivia –dije.

- Es para mí un honor estar aquí. –Entonces ocurrió algo interesante, cuando comenzó a hablar, en lugar de mirarme bajaba la vista tímidamente. Es probable que se sintiera abrumada por la responsabilidad de su misión como organizadora y espía. Entonces dirigí mí mirada a Jack para ver su reacción, quien estaba mirándose las botas, y todo lo que pude captar de sus pensamientos fue un fuerte tarareo.





Jack


Vi que William entrecerraba los ojos mientras yo trataba de recordar la regla de béisbol para el elevado al cuadro interno, pero él sabía que estaba ocultando algo. ¿Cómo se calcula el porcentaje de potencia de bateo? Mierda. ¿Cómo utilizaba la gente el béisbol para no pensar en otras… cosas? A mí no me estaba funcionando, y seguro que William acabaría leyendo mis pensamientos si no era capaz de controlarme.

Al menos podía pensar en Werm, quien se encontraba por allí, podía olerlo. Comencé a dirigirme lentamente a las ventanas y tiré de la cortina de terciopelo de color granate, pero un tipo de aspecto severo del séquito de Lucius me lanzó una mirada asesina.

- Era una mosca –susurré-. Además enorme. La pillé. –Mire bien era un gusano. El asesor de Lucius parpadeó una vez tras sus estrechas gafas de montura negra y volvió a dirigirse su atención a la ceremonia.

La pócima de Melaphia que le había dicho a Werm que fuera a buscar era en realidad un perfume muy fuerte. Le dije que lo empapara con el más barato que tuviera, entonara un breve cántico para que el aroma se quedara impregnado en él y le dijera que lo estaba ungiendo con un elixir especial que lo protegería de los posibles peligros. El objetivo era poder saber si había perfeccionado su habilidad de desaparecer lo suficiente como para colarse en la reunión sin ser visto. Cada vampiro tiene un olor exclusivo, al igual que todo el mundo, pero había tantos vampiros en la sala que me habría sido imposible identificar a Werm si se esforzaba en mantenerse alejado de mí. Sin embargo, ese perfume era inconfundible. Lo recordaba muy bien. Jungle Gardenia, el mismo que solía utilizar la madre de Mel. Cuando lo olí por primera vez, casi me ahogo de la emoción al recordarla, pero entonces me di cuenta de lo que había ocurrido. Werm se las había arreglado para hacerse invisible, pero yo no podía sacarlo de su escondite sin llamar la atención, así que tuve que esperar a que llegara el momento oportuno.

Olivia, aproximadamente a un tercio de su tamaño natural, estaba allí frente a Dios y todos nosotros, los vampiros, solo que en realidad no estaba. ¿Cómo demonios iba a evitar que William leyera mis pensamientos? William no era el sire de Olivia, pero era el maestro vampiro más poderoso de su línea sucesoria y debía ser capaz de leerla como a un libro abierto, si no lo bloqueaba con la misma intensidad con la que lo estaba haciendo yo. Olivia tenía además a su favor el hecho de que en realidad no se encontraba allí, pero me pregunté si la lectura mental de los vampiros funcionaba a larga distancia. Yo podía percibir sus vibraciones solo con verla en el holograma, y me planteé qué pensaría William de su nerviosismo, aunque puede que lo considerar simplemente miedo escénico.

Sin duda, Olivia parecía algo nerviosa. Eso, o que algún problema técnico estuviera provocando que el holograma temblara. La última vez que había hablado con ella, estaba muy agobiada por haber mentido a un vampiro maestro, como tenía que estar. Resultaba interesante comprobar cómo se manejaría en su presentación.

William estaba presentando a Olivia a algunos de los dignatarios. Alguien felicitó a Iban por el éxito del tema del holograma, lo que hizo que sonriera y dijera:

- Me temo que el mérito no es mío, aunque me encanaría que lo fuera. Mi socio, Sullivan, ha jugado un papel decisivo a la hora de crear una división especial de efectos especiales dentro de mi compañía de producción a fin de competir con la empresa Industrial Light and Magic de Lucas. Fue uno de sus ingenieros quien desarrolló la tecnología para cubrir algunas de nuestras necesidades… especiales, con respecto a las imágenes.

Era una conversación extravagante dado que los vampiros carecemos de reflejo y no podemos ser vistos en una fotografía. Además, lo último que había oído era que, al igual que las fotografías convencionales, las imágenes digitales no podían captarnos. Bien por Sullivan.

Sentí que mi mandíbula se tensaba ante el deseo de morderle, y me preguntaba cómo habría ido el almuerzo con Connie. Almuerzo, vaya idea.

Yo estaba en las primeras horas de sueño cuando los humanos iban a almorzar. Me los imaginé en un café al aire libre, dando un paseo por la orilla del río, comiendo caramelos masticables de la tienda de dulces de la calle River y haciendo cola para los paseos en los botes a pedales.

- Esto funciona en ambas direcciones, ¿no? –preguntó Tobey.

- Olivia puede ver formas a modo de sombras en un monitor de ordenador a través de la cámara web que hemos montado allí –explicó Iban, señalando hacia una pequeña cámara que había montado sobre la repisa de la chimenea que estaba justo enfrente de mí-. No se trata de una cámara convencional, sino del mismo tipo de dispositivo que hemos utilizado para enfocar a Olivia en Inglaterra.

Olivia continuó con su presentación.

- Como muchos de vosotros sabréis, llevo mucho tiempo participando en la documentación de determinados aspectos relacionados con nuestra raza, primordialmente de la genealogía de las vampiras, y en cierta medida la migración de varios clanes de bebedores de sangre de Europa. Antes de que comenzara, Alger había creado una gran asamblea de miembros leales y un gran grupo de humanos de confianza. Gracias a nuestro conocimiento de todos los recovecos de la ciudad, así como a una red de comunicaciones eficaz, fuimos capaces de vivir relativamente ajenos a la hostilidad de los antiguos sires, quienes parecían preferir rondar por el campo.

>> Cuando regresé a Inglaterra, después de que Alger fuera asesinado, cambiamos nuestro enfoque y decidimos dedicarnos a identificar a todos los señores oscuros que nos fuera posible, averiguar la ubicación de sus clanes y calcular el número de miembros de cada uno. Alger tuvo una premonición de su muerte que no compartió conmigo, algo que descubrí demasiado tarde, cuando comencé a examinar sus documentos. Él pensaba que la labor de investigación que estaba llevando a cabo ayudaría a aquellos de nosotros que lograran sobrevivir, y que su viaje a América supondría su salvación.

Olivia bajó la mirada por un momento, en un intento por controlar el dolor que yo sabía que sentía cada vez que hablaba de Alger. El sire de Olivia había sido asesinado por Reedrek cuando se dirigía a Savannah. Un acto diabólico sin sentido que había tenido como resultado la reunión de ese día.

Olivia recuperó el control y prosiguió.

- Durante las últimas semanas nos hemos estado desplegando y algunos de los más intrépidos se ofrecieron voluntarios para infiltrarse en los clanes maléficos, fingiendo haber sido expulsados de Londres. La fecha límite para regresar con la información que hubieran descubierto era hace tres días, el tiempo justo para que yo tuviera tiempo de poner en orden los descubrimientos a fin de presentarlos en esta asamblea.

En ese momento, Olivia volvió a perder la serenidad, le temblaban la boca, pero levantó la barbilla y continuó.

- Una de nuestras espías logró volver a casa, pero no ha dicho una sola palabra desde entonces, y no puede dormir ni de día ni de noche. Suplica su muerte.

Olivia respiró profundamente y dijo:

- Los demás ni siquiera han vuelto.

Se produjo un momento de silencia, antes de que Gerard preguntara:

- La que no puede hablar, ¿puede alimentarse?

- Ah –contestó Olivia- si, se alimenta. –Su rostro expresó tal horror que me heló aún más la sangre.
Menuda mierda. ¿Qué quería decir esto? Observé a William, quien tenía una mirada férrea. Tampoco le gustaba lo que estaba oyendo.

- Entonces, ¿no has conseguido ninguna información acerca de los clanes de los que tus espías no lo lograron conseguir? –preguntó-. ¿Y has notificado a los Raptores que hemos perdido miembros?

- Ninguna de las dos cosas. Es como si hubieran desaparecido de la faz de la tierra; además enviar a los Raptores sacaría a la luz nuestros planes.

>> Los espías que regresaron sanos y salvos recopilaron la información que cada clan tenía del resto de clanes, o al menos lo que estaban dispuestos a contar a un recién llegado. Así que, esta información es de segunda mano y un poco antigua, pero supongo que es mejor que nada.

- Dime algo, Liv –dijo Tobey-. Antes de que empieces a profundizar, ¿hay alguna buena noticia?

Olivia reflexionó durante un momento.

- Lo único que tenemos a nuestro favor es el hecho de que los clanes de los antiguos señores no están tan organizados como nosotros y que entre ellos no se llevan demasiado bien. Por supuesto existen afiliaciones con poca rigidez. La mayoría de los clanes afirman su parentesco con el resto y se comunican de forma esporádica, pero no existe necesariamente ningún movimiento para asaltarnos en masa. –La propia Olivia tampoco parecía muy contenta con estas noticias, continuaba siendo tan pesimista como siempre-. Es decir, a no ser que hayan sido lo suficientemente astutos como para dejar escapar a nuestros espías con información falsa.

- Que siempre podría ser una posibilidad –observó William.

- Si esas son las buenas noticias, ¿cuáles son las malas entonces? –pregunté.

- Las malas noticias son que existe al menos un clan tan numeroso y sanguinario que por sí solo constituye un extraordinario oponente, sin necesidad de aliarse con ningún otro clan.

Sí, es verdad que eran malas noticias. Antes de que emitiera un informe más detallado acerca de dicho clan, así como del resto, Lucius la interrumpió haciéndole algunas preguntas acerca de quiénes eran sus espías y de cómo habían logrado infiltrarse en los demás clanes. Entonces vi movimiento por el rabillo del ojo. Un enorme aparador situado detrás del vestíbulo para banquetes estaba cubierto de grandes licoreras de sangre, algunas sobre hielo en recipientes de cristal, y otras que se mantenían calientes sobre samovares con cucharones dorados; junto a él había, como de costumbre, una amplia variedad de licores nacionales e importados. Entonces, observé que una de las licoreras salía sola de un cubo con hielo, quedaba suspendida en el aire, se inclinaba lo suficiente para verter un vaso de sangre, y volvía sola al lugar del que había salido. En silencio, abandoné el círculo de vampiros que se encontraba sentados alrededor del holograma y, mientras el resto estaba concentrado en las importantes noticias de Olivia, me dirigí de la forma más natural que pude al aparador, como si fuera a servirme un cóctel.

Cuando el vaso subió de la superficie de madera, como era de esperar, lo agarré en el aire y le di un fuerte golpe a Werm en el cogote de su invisible cabeza al estilo del grupo de humoristas Three Stooges. Entonces, lo agarré por el cuello de la chaqueta y, torciendo el cuerpo, para ocultar lo que estaba haciendo lo mejor que podía, lo llevé a rastras por la puerta hasta el vestíbulo que se encontraba entre la sala de banquetes y la cocina.

- ¿A ti qué te pasa? –pregunté.

Werm luchaba por recuperar el equilibrio a medida que volvía a tomar forma.
- ¡Huy! –dijo, frotándose la cabeza.

- ¿Eso es todo lo que tienes que decir? ¿‘‘Huy”? –Vacié el vaso y lo tiré a un carro de camarera.

Werm se alisó la parte arrugada delantera de la camisa negra por donde yo la había retorcido.

- Lo siento. Es que pensaba que me sentiría… mejor sabiendo que no sabiendo, pero después de lo que acabo de oír, ya no estoy tan seguro.

Suspiré, casi sintiendo lástima por él y por el lío en que se había metido.

- Sí, ya sé a qué te refieres –dije. Parecía lastimero y asustado, es decir, más lastimero y asustado de lo normal. Estaba comenzado a sentir debilidad por ese extraño chico, aunque lo que debería haber hecho fuera darle una paliza-. Eso de convertirte en invisible está muy bien. ¿Has tenido que practicar mucho?

Por fin, levantó la vista.

- Pues sí, al principio fue muy difícil, pero creo que lo he logrado y ahora lo controlo bastante bien.

- ¡Genial!, puede que un día resulte muy práctico, pero atento a lo que voy a decir: si vuelvo a cogerte utilizando esa habilidad para espiarme o meterte en mis asuntos, voy a emplear mi habilidad de pateo en el culo para hacerte tanto daño que quizá quieras ir a la playa a mediodía. ¿Me has entendido, muchacho?

- Sí, Jack…, señor.

- Muy bien. –Le di un palmetazo en la espalda con tal fuerza que hice que todos sus pendientes sonaran-. Y ahora, vete pitando. Mañana hablaremos.

Werm se dirigió hacia la puerta, arrastrando sus botas con tristeza, pero cuando estaba a punto de llegar a la puerta de la cocina, se dio la vuelta.

- ¿Vamos a sobrevivir, Jack? –Sus pálidos ojos azules estaban más abiertos de lo normal.

- ¡Qué demonios, pues claro! –dije-. Puedes apostar tu esquelético culo a que sí.

Irguió los hombros y sonrió un poco, antes de atravesar la puerta, y entonces comencé a preguntarme cómo era posible que perderlo de vista no me hubiera hecho sentir mejor.

Cuando volvía a tomar asiento en el círculo, Lucius continuaba acribillando a preguntas a Olivia acerca de sus métodos. Me dio la impresión de ser uno de esos tíos que se sienten molestos por el hecho de que una mujer supiera más que él.

- Ya es suficiente, Lucius –le advirtió William-. Olivia tiene aún mucha información que proporcionarnos. Doy fe de su veracidad y honradez.

Lucius no parecía muy contento, pero cerró el pico, y con una mano con manicura se alisó hacia atrás su ya engominado cabello.

- Cuéntanos algo de ese sanguinario clan –dijo William.

Olivia volvió a respirar profundamente.

- Son antiguos, poderosos y misteriosas. Los vampiros de los demás clanes hablan de ellos entre callados susurros, y dicen que son muchísimos.

William pareció ponerse serio.

- ¿Dónde se encuentras?

- Al sur de Rusia, cerca del mar Negro –dijo Olivia, mirándome a mí directamente aunque no pudiera haberme visto.
¡Ay, señor! Debía estar refiriéndose al clan de Hugo y Olivia quería que lo supiera. El día que estuvimos hablando y me contó lo de Diana, me dijo que no mencionaría el clan de Hugo hasta que contara con más información, pero era evidente que ya disponía de ella. Estaba luchando por encontrar la forma de continuar con el informe sin pensar en Diana, y para conseguirlo me miraba a mí. Tuve la tentación de ir a por otra copa, un copazo de los buenos.

- Has dicho que este clan cuenta con el suficiente número de miembros como para poder atacarnos sin ayuda de otros clanes. ¿Existe alguna evidencia de que planeen hacerlo? –preguntó William.

- No, que sepamos –dijo Olivia-. Pero una vez más, dos de nuestros miembros han desaparecido en esa zona.

- En caso de que atacaran, ¿cómo llegarían aquí? ¿En barco o en avión? –preguntó Iban.

- No tengo idea. –Olivia negó con la cabeza-. Recibimos un breve informe de uno de nuestros espías, pero desde entonces no hemos sabido nada más.

- Eres una verdadera fuente de información de utilidad, ¿no crees? –preguntó Lucius.

Estaba dispuesto a darle un grito al tipo cuando Travis comenzó a hablar de nuevo.

- A mí me parece que la joven dama ha hecho un fantástico trabajo de investigación en muy poco tiempo. Su grupo ha sido valiente y muy arriesgado y ha pagado un alto precio por ello, y no veo que tú hayas hecho tanto, ni creo que merezca que le echemos la bronca. Si no estás de acuerdo, podemos seguir discutiéndolo fuera.

Lucius volvió a tomar asiento, pero se puso colorado como un termómetro que sube de temperatura. No era un tipo acostumbrado a que le dijeran que cerrase el pico, pero en la última hora ya se lo habían dicho dos veces. En lo que a mí respecta, eso no le habría ocurrido a un vampiro más simpático.

- Lo siento, pero no sé nada más –dijo Olivia.

Y entonces, William dejó que yo (y Olivia) oyéramos uno de sus pensamientos, alto y claro: Pero sí que sabes más, Olivia, y ambos lo sabemos. No imagino por qué me estás ocultando información, pero te aconsejo que me los cuentes todo, y pronto.





William


Me esforcé todo lo que pude para investigar en la mente de Olivia, pero por desgracia, la técnica del holograma, capaz de transmitir una imagen física, no era tan eficaz con fenómenos que no fueran físicos. La imagen de Olivia comenzó a farfullar y miró a todo el mundo como su se hubiera tragado la lengua. Aunque se esforzaba por hablar, solo podía asentir con la cabeza.

- ¿Quién es el líder de ese imponente clan? Si es tan viejo y poderoso debería conocerlo.

- Están liderados por un poderoso vampiro maestro de la línea sucesoria de Reedrek; de hecho, Reedrek fue su sire. Es bastante mayor que cualquiera de los que están presentes en esta asamblea.

Reedrek. Eso no era una buena noticia ni para mí ni para los míos. Estaba claro que vendrían a recatarlo y, una vez lo hubieran logrado, tendrían sed de venganza.

- ¿Cuál es su nombre? –pregunté con algo más de genio. ¿Por qué tenía tantas ganas de recopilar información, siendo tan obtusa?

- Hugo –dijo casi en un susurro.

Sentí que tenía que acercarme para oírla, pero justo en ese momento una terrible sensación de miedo recorrió todo mi cuerpo (junto con la oleada de triunfo de Reedrek), que casi supera el enorme terror que invadía a Olivia. En el pasado, ella había sido temerariamente valiente, pero, en este caso, parecía estar asustada de verdad. Lo que hubiera descubierto la había acobardado.

En la oscuridad de su tumba, Reedrek había mencionado a alguien llamado Hugo y yo me reí en su fea, maloliente… y condenada cara; sin embargo, no recordaba haber conocido a ningún vástago con ese nombre. En el parentesco de los vampiros, sería mi hermano. ¿Por qué Reedrek no lo había traído con él cuando atacó a Alger, antes de atacarme a mí? Una inquietante pregunta en la que necesitaba reflexionar.

- ¿Tienes más información, Olivia? ¿Algo que nos sea de utilidad en esta reunión?

Olivia emitió un sonido ahogado, que fue seguido de inmediato por un estrépito al otro lado de la sala. Me giré en esa dirección y vi a Jack, que recogía tímidamente los fragmentos de una lámpara que, no sé cómo, se había caído al suelo junto a él.

- Lo siento –dijo, encogiéndose de hombros-. No he mirado por dónde iba.

Dejando ver a Jack mi desagrado ante su interrupción, me giré en dirección a Olivia justo en el momento en que su imagen desaparecía.

- Os mantendré al corriente… -Y entonces desapareció.




FIN DEL CAPITULO
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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Dom Ene 30, 2011 2:58 am

gracias alena, al rato lo leo :Manga30:

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Dom Ene 30, 2011 2:59 am

gracias alena
ranguis
jejeje a leer se ha dicho

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Dom Ene 30, 2011 5:40 am

Gracias por el capítulo alena
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Angeles Rangel

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Dom Ene 30, 2011 6:18 am


Capítulo 8


Transcrito por Angeles Rangel


William

Todo el mundo empezó a hablar al mismo tiempo y me llevó diez minutos volver a recuperar su atención.
―Esta nueva información lo cambia todo. Lo primero que debemos hacer es organizar la defensa de Savannah ―dijo Iban. Luego los demás, uno a uno, expresaron su acuerdo, con la excepción de Lucius.
―¿Dónde guardas a ese sire tuyo, Reedrek? ―peguntó.
―En un lugar seguro, uno del que no hay escapatoria.
―¿Por qué no lo mataste en el acto?
¿Qué por qué no lo maté? ¿Me habría vuelto tan blandengue como Reedrek decía? Prefería pensar que mantenía con vida a ese viejo mentiroso empedernido para obtener información, aunque más bien el motivo era ser el vástago mancillado de su sire que quería devolverle una pequeña dosis de tortura por el dolor que había causado, por lo que le hizo a Diana. Como diría Jack, esa era mi historia y a ella me aferraba.
―Mantengo con vida al maldito hijo de puta para que me pague algunas de las viejas deudas que contrajo conmigo y con mi familia.
―¿Por qué no lo traes aquí para que podamos hacerle preguntas? ―sugirió Lucius―. Debe saber algo de ese tal hugo.
Jack resopló y negó con la cabeza.
―Está enterrado a tal profundidad que necesitaríamos una perforadora de pozos de petróleo profundos para llegar a él, siempre que pudiéramos perforar el granito.
Fruncí el ceño mirando a Jack para que se callara, dado que no era necesario ser tan específico.
―Cualesquiera que fueran las respuestas que salieran de la boca de Reedrek serían mentiras, es tan retorcido y tiene un corazón tan malvado que haría cualquier cosa para hacernos daño.
Tobey silbó entre diente.
―¿Y ese tal Hugo es aún peor?
―Eso parece ―dije, pero ya estaba pensando en otra cosa. Seguro que los Raptores debían conocer la existencia de Hugo, así como de su clan. Tenía que volver al ordenador de mi despacho.
―En este momento de la reunión, va a intervenir Jack para que pueda hablaros del uso de los recursos humanos como estrategia de defensa. No debemos tomar decisiones precipitadas. En Inglaterra ya casi ha amanecido y tengo que realizar algunas consultas antes de los primeros rayos de sol. Nos volveremos a reunir aquí mañana por la noche, una hora después del atardecer para debatir nuestras ideas.
Antes de marcharme, le hice una señal a Eleanor para que se acercara.
―Después de que Jack termine, los dejo en tus buenas manos.
Ella apoyó una de esas manos contra mi pecho, por encima de un corazón que ya no latía.
―Y los mantendré todo lo ocupados que quiera, aunque desearía que mi casa estuviera terminada y lista.
―Yo tambiés, amor mío. Lucius puede ser tan gilipollas a veces…
Eleanor me tocó los labios con sus dedos y sonrió.
―No hay de qué preocuparse, he entrevistado a su personal. No olvides que llevo en el negocio del placer mucho tiempo… el tuyo incluido. He organizado varias cosas para tenerlo contento, aunque más tarde puede que no lo admita. Algunos de mis mejores clientes tenían las peores quejas. ―Apartó sus dedos y me dio un suave beso―. ¿Te reunirás con nosotros en la suite? Estoy segura de que habrá algo que te interese también a ti.
El calor desafío en sus ojos excitó mi cuerpo y mi mente, pero tenía otros asuntos de los que encargarme antes del amanecer.
―Estoy seguro de ello, cariño, pero tendré que esperar.
Ella fingió un mohín, antes de mirar a la sala plagada de hombres que se encontraba a mis espaldas. Ya fueran o no vampiros, estaba en su salsa y podía notar que estaba ansiosa por empezar.
―Te dejo con ellos entonces ―dije.
Iban me alcanzó cuando me dirigía hacia la puerta.
―¿Te importa que te acompañe?
―No, en absoluto, pero ¿no te apetece recrearte un poco? ―Sabía que Iban contaba ya con un equipo de humanos a su alrededor, por lo que no necesitaba la exposición de Jack acerca de la conveniencia de contar con la amistad de los humanos.
Iban negó con la cabeza.
―Supongo que no he dormido muy bien en este viaje a la Costa Este. Demasiados preparativos para la película y para la reunión. Me siento, ¿cómo lo diría? Como si no diera más de sí. ―Volvió a dirigir su mirada a la sala―. Esta noche aquí no podré descansar. Es indudable que los has revolucionado a todos.
―Esa era mi intención. ―Abrí la puerta y dejé que pasara delante de mí a la veranda―. En mi casa de la ciudad habrá una mayor tranquilidad, así que podrás relajarte mientras llevo a cabo mi investigación.

Una vez que llegamos a mi casa situada en la plaza Hughton, fiel a mi palabra, dejé a Iban bajo los cuidados de Reyha y Deylaud enfrente de la chimenea, con una buena provisión de sangre a mano y, cuando salí de la habitación en dirección a mi despacho, Dylaud comenzó a recitar a Miguel de Cervantes de memoria.
En la planta baja, activé la alimentación eléctrica del despacho y, con un zumbido, los ordenadores se encendieron. La tecnología del nuevo milenio nunca dejaba de sorprenderme, aunque a veces me pusiera furioso. Mi vida anterior como mortal del siglo XVI era tan diferente a la de ahora como la de los marcianos de ficción a los que los humanos modernos parecen temer.
Aunque unos cuantos marcianos no tenían comparación con las reservas secretas de vampiros, con su aspecto tan similar al de los humanos y que podían esconderse bajo tierra como ratas. Si los viejos sires preparaban una guerra, la ingenuidad de la población humana sería la primera víctima. Los temores de la infancia ante las cosas que dan miedo por la noche se convertirían en una realidad.
Nuestros temores humanos hacía quimientos años eran de una naturaleza distinta y, de alguna manera, más personales. Temíamos a Dios y a la Iglesia, a la sequía y a la brujería. Y lo peor de todo, a la reaparición de una epidemia.
Ahora, quinientos años después, en este atestado planeta, había preocupaciones globales; hambrunas, guerras tsunamis y bombas al azar sin un blanco específico. Por otro lado, Internet, aparte de constituir una herramenta maravillosa, podía fomentar la revolución o, como en el caso de élitesangrienta.com, ocultar un propósito diferente.
Mi lista de amigos incluía a dos de los Raptores que frecuentaban el chat. Presuntamente no Muertos. Era un pasatiempo sin maldad: observar cómo debatían los humanos si los no muertos se encontraban entre ellos. Me registré y me colé en una discusión acerca del hecho de que unas celebridades llamadas Keith Richards y Dick Clark nunca hicieran apariciones en público durante el día.
Yo no podía aportar mucho en ninguno de los dos casos, dado que el fenómeno del rock and roll se había iniciado hacía escasamente medio siglo, y yo apenas empezaba a acostumbrarme a los automóviles, a pesar de que ya hubieran cumplido un centenario. Sin embargo, si alguien pudiera probar que ese tal Keit había compuesta una de las sonatas de Beethoven, entonces tendría sentido discutirlo.
«Estoy interesado en Ucrania. ¿Hay algún ruso aquí?»
«¿Rusos? ¿Qué tiene eso que ver con el rock and roll», contestó uno de los que estaban a favor de Keith.
Otro miembro intervino: «Oye, tío, tienes razón. Los Beatles, Back in the USSR. John Lennon… definitivamente es un no muerto»
«Tú, imbecil, la mitad de los Beatles están muertos. ¿Cómo iba a ser Lennon un no muerto y que Chapman le disparara?»
«Puede que no le dispararan, ¡sino que le clavaran una estaca!»
«Es probable que fingiera su propia muerte y que esté componiendo para Green Day o, ya lo sé, Coldplay. ¿Me sigues?»
«¿Y qué pasa con esto…? ¡Ni siquiera se parece a Chris Martin! Además, es vegetariano. Lennon no volvería a Inglaterra, existe una norma similar a la de los habitantes de las Tierras Altas de Escocia que obliga a cambiar de país. Oye, tío, ¿estás diciendo que se fue a Rusia?»
Eso no me estaba llevando a ninguna parte. Estaba a punto de disculparme por la interrupción y de abandonar el chat cuando alguien que conocía me contestó.
«Yo tengo amigos en Rusia.»
«Estoy buscando a un miembro de mi familia llamado Hugo.»
«¿En qué grupo toca?», preguntó el fan de Keith.
«Está en ese grupo de country llamado Bering Strait, pero juraría que es imposible que esos tipos sean rusos de verdad».
Ignoré las críticas musicales y aguardé.
Entonces apareció una ventana emergente con un mesaje instantáneo: «El nombre me suena, ya te contestaré cuando sepa algo», dijo mi contacto.
«¿Hola? ¿Estáis aquí para hablar o qué?» Los participantes del chat habían percibido nuestra ausencia en la conversación.
«Imagino que para lo segundo. Que tengáis una buena tarde.» Salí del chat y esperé otro mensaje instantáneo.
No tardó mucho en llegar.
«Solo hemos conseguido rescatar a un vástago de la influencia de Hugo y la desdicha de la criatura aún está muy perjudicada. Sabemos algo y estamos tratando de averiguar más. Algunos son vampiros muy poderosos, especialmente las mujeres. ¿Has perdido a alguien?».
«No. Tenemos motivos para creer que Hugo está interesado en nosotros.»
«¿Interesado en apliar su número?»
«Más bien en aniquilarnos.»
«Eso no pinta nada bien, nada bien en absoluto».
«¿Tenía la que rescatasteis algo que perteneciera a H. o a alguien de su familia? ¿Algo que podáis enviarme para seguirle la pista?».
«No. Estaba desnuda, colgada del cuello con sus propios tendones, los cuales fueron desgarrados de las piernas.»
«Lo entiendo.» Y lo entendía. Los viejos sires eran conocidos por sus meticulosos métodos de tortura, que habían sido ideados tras años observando humanos y tras millones de años experimentando los unos con los otros.
Cuando uno es incapaz de morir, todo lo doloroso es posible. La variable principal radica en lo bien y lo rápido que no podía recupararse, para empezar el proceso de nuevo.
«Si está en vuestras manos, necesito saber exactamente dónde se encuentra y cómo viaja, así como cualquier conexión que pueda tener con mi sire, Reedrek.»
«Haremos todo lo que podamos. Olivia te manda saludos.»
«Dile que estoy esperando que me cuente algo, ella ya sabe a lo que me refiero.»
Borré el registro de la conversación y, mientras esperaba recibir más noticias, decidí hablar con Redreek personalmente. Puede que después de haber sido abandonado en la oscuridad, fuera algo más dócil. Una esperanza poco probable, pero…
Recuperé la caja de hueso y salí al exterior para sentarme junto a la piscina reflectante. El aire era bastante frío y los árboles que se reflejaban en las oscuras aguas estaban desprovistos de hojas. La mayoría de los humanos, excepto los que no estuvieran tramando nada bueno, estarían cómodos y calentitos en sus camas invernales, pero, para mí, el aire frío y vigorizante era un placer, aunque también echaba de menos la calidez de las noches en pleno verano, en las que las piedras y los ladrillos emitían el calor como si el sol continuara en las alturas. Era lo más cercano a la luz solar que podía experimentar.
Sin embargo, en ese momento necesitaba oscuridad. Arrojé las conchas y salí en busca de mi sire.
Pude olerlo antes de verlo. Atrapado en su propio anticipo del infierno, estaba acurrucado a un lado de su ataúd. Varias criaturas pequeñas y espinosas le mordían con furia los pies y los tobillos, bramando de glotonería. Él parecía no darse cuenta, aunque en ocasiones se movía y se las quitaba a patadas, pero volvían de inmediato, con las caras manchadas de sangre oscura. La ilusión del infierno resultaba bastante convincente, puede incluso que real para los que allí habitaban.
―Buenas noches, viejo.
La vacuidad se evaporó de los ojos de Reedrek y comenzó a escudriñar con ojos de miope, hasta que encontró mi tenue brillo.
―Perdona que no me levante ―dijo con una mueca que podía haber sido una expresión de sorna, si hubiera tenido la energía para ello.
―¿Todavía no te has cansado de este juego? ―pregunté.
Y emitió una especie de risa rabiosa.
―¿Cansado yo? No, precisamente ahora las cosas están empezando a ponerse interesantes. ―Volvió a torcer la cabeza hacia atrás y emitió un gran gemido.
Como respuesta, se oyeron otros gemidos que procedían de la oscuridad.
Volvió a gemir.
Esto no nos estaba llevando a ninguna parte. Levanté una resplandeciente mano y señalé en dirección de los demonios.
―Volved a vuestros agujeros ―les ordené.
Antes de mostrar sorpresa, desaparecieron, y, en escasos segundos, me encontraba flotando cara a cara con mi sire en medio del frío silencio, tan cerca que parecía que estuviéramos respirando el mismo aire.
El olor en ese lugar era aún peor.
―Háblame de Hugo.
Empezó a mover los labios, era evidente que estaba decidiendo qué decir y qué mantener en secreto, pero no le di tiempo a inventar más mentiras.
―Sé que es tu vástago, mi pariente.
―Ssssí ―dijo siseando―. Tu hermano, en cierta forma ―dijo, antes de comenzar a reírse con cierto resuello―. Es mucho más solícito que tú y, con respecto al dolor y a la muerte de los humanos, no es de esos sensibleros y gallinas. ―Y agudizó la mirada―. Lo que más le gusta es convertir mujeres para observar su sufrimiento. No importa si mueren en el intento, dado que el sufrimiento es la sal de su libertinaje.
»Una vez se llevó a tres jóvenes hermanas la misma noche. Las desangró, las mató y las encerró en una mazmorra con una mirilla. Mientras se estaban convirtiendo, chillaban y se atacaban las unas a las otras como perras rabiosas.
―Reedrek suspiró extasiado al recordarlo, como si hubiera estado presente―. Luego, cuando llegó la hora de aparearse, lo hizo de golpe, fonzándolas también a hacerlo entre ellas, y una vez que todo hubo terminado, había matado a una con los embates de su polla. ¡Qué lástima!, con lo pequeña y frágil que era, no cabe duda de que iba para monja.
Pero no había acudido allí para ayudar a Reedrek a recordar su divertido pasado.
―Si amas a Hugo, ¿por qué no te lo trajiste al otro lado del océano? ¿Por qué no dejaste que compartiera contigo el triunfo de meterme en cintura? Es posible incluso que él lo hubiera logrado.
Reedrek permaneció en silencio durante unos segundos.
―Tenía que encargarse de sus propios asuntos, pero recuerda mis palabras: vendrá.
―¿A por ti? ¿Tanto te quiere?
El curido rostro de Reedrek se tensó.
―Ssssí, me quiere de verdad, aunque ama a alguien aún más.
―¿Y quién podría ser?
―Diana. ―Esta vez, tuvo tales carcajadas que sufrió un ataque de tos, pero una vez recuperado, dijo entre bramidos―. Tu Diana. Se la entregué a él y a su polla la noche que te convertí.
Ya estaba preparado para algo así. De todas formas, ya había dicho lo mismo la mañana que salí en barco para que ambos muriésemos, pero a pesar de eso, podía sentir que mi rabia se duplicaba; mantuve a propósito el tono que alguien utilizaría para reprender a un niño.
―Ambos sabemos que eso es mentira, vi cómo la enterraban, además envié a alguien para que confirmara su linaje. Puede que esté con alguien que se llame Diana, pero no es mi Diana.
Parecía que la sorpresa había provocado su silencio una vez más. Tragó saliva varias veces, era evidente que estaba sediento de sangre, o incluso de agua, en su reseca tumba.
―¿Y el que enviaste volvió con vida para contarte mentiras? ―preguntó.
Ya estaba cansado de intercambiar palabras.
―¿Cómo vendrá Hugo? ¿De qué manera viaja?
―Cabalga una yegua salvaje y su nombre es Diana ―dijo en un tonillo cantarín―. Diana, Diana, follándose a tu amada Diana…
No podía soportar por más tiempo que su asquerosa boca pronunciara su nombre. La furia avivada por mi sangre vudú me recorrió todo el cuerpo, provocando en mí una espeluznante oleada de poder.
―¡Silencio! ―grité estruendosamente.
El asfixiante hedor de sangre chamuscada quemaba mis pulmones. Bajé la mirada hacia mi sire. Conmocionado, vi que se había convertido en piedra.

Jack

A la noche siguiente, llegué a la plantación antes de tiempo, con la esperanza de mantener una charla con Travis Rubio acerca de sus tiempos de guerrero por la defensa de las ciudades de oro. ¿Sería posible que fuera lo suficientemente viejo como para haber luchado contra los conquistadores? Las páginas web que Werm me había impreso acerca de los mayas me habían suscitado más preguntas que respuestas. Aunque si Rubio no era lo suficientemente mayor para haber existido antes de que los mayas desapareciera, si no había luchado con Cortés, no andaría muy lejos. Quería que me contara lo que sabía, para ver si así podía esclarecer los orígenes de Connie.
Melaphia había mantenido la boca cerrada acerca del ritual al amanecer con Connie. No me dijo si había descubierto algo nuevo, pero seguía pareciendo convencida de ir por buen camino con respecto a lo de la diosa maya, lo único que me dijo es que Connie continuaría visitándola durante el día, imagino que para llevar a cabo más sesiones mágicas.
Me encontré a Travis sentado con las piernas cruzadas en el suelo del cenador del jardín de la parte de atrás, mirando hacia la bahía. Estaba sentado tan inmóvil que parecía uno de esos indiso tallados en madera que utilizaban en los establecimientos de tabaco elegantes de la ciudad, alrededor de comienzos de siglo. Me refiero al siglo xx.
Comenzó a hablar antes de girarse para mirarme.
―Adoro el mar ―dijo―. Me recuerda a la juventud que pasé en lo que ahora se conoce como Belice.
―¿Vas allí a menudo? ―pregunté, mientras tomaba asiento en el banco de madera que recorría el interior del cenador.
―Cada pocos años. ―Se puso de pie y se sentó en el banco de enfrente para poder mirarme a los ojos―. Claro que no es lo mismo que cuando era un muchacho. Por fortuna, algunas zonas han conservado su belleza natural, pero la maravilla de ciudad en la que crecí ha sido sustituida por una jungla, y eso es algo que me entristece.
Respiré profundamente. Belice. Territorio maya.
―Ayer mencionaste que fuiste un guerrero por la defensa de las ciudades del oro. ¿Luchaste contra los españoles en Centroamérica?
―¡Ahm sí! ―dijo―. Pero para lo que sirvió… ―Volvió a dirigir su mirada al mar, la cual se vilvió tan fría y oscura como la de un cuervo―. Cortés fue acogido como un dios, pero cuando nos dimos cuenta de sus malvadas intenciones, ya era demasiado tarde.
―¡Vaya! ―musité―. Luchaste contra Cortés. Si no te importa la pregunta, ¿a qué época te remontas exactamente?
Entonces Travis sonrió.
―Aproximadamente cinco siglos después del nacimiento de Jesucristo ―dijo―. Así que, ya ves, soy bastante anciano, ya era un bebedor de sangre mil años antes de que llegaran los europeos.
William había dicho una vez que cuanto mayor era un vampiro, mayor era su poder. Me pregunté que edad tendría que tener un bebedor de sangre para poder competir con el poder de la sangre vudú, con la esperanza de no tener que averiguarlo personalmente. A pesar de que Travis pudiera parecer apacible la mayor parte del tiempo, tenía la sensación de que podría ser un poderoso adversario, y me alegré de que estuviera de nuestro lado.
―Si estabas en Belice mil años antes que Cortés, eso te convertiría en un… maya, ¿no es así? ―Contuve la respiración en espera de su respuesta.
―Sí, soy maya ―dijo Travis.
Solté el aire.
―Esa fue una gran cultura. ―Sin duda, una cultura grande y maldita. Pasaron a cuchillo a más personas que filetes un carnicero, y eso era solo entre ellos. No podía creerme lo que había leído acerca de las cosas que les hacían a sus prisioneros de guerra, y no soy de esos tipos que llamarías aprensivos, teniendo en cuenta que me he comido a unos cuantos tipos malos vivos. Entonces imaginé que, si quería hacer hablar a Travis, me debería remitir a los aspectos más halagadores―. Utilizabais la aritmética, un calendario, ¿es verdad que podíais predecir los eclipses gracias a vuestros amplios conocimientos de astronomía?
Travis volvió a sonreír, mostrándose compacido.
―Veo que te interesa la historia. Sí Jack, todo eso es cierto, y además éramos expertos granjeros, así como comerciantes. Los mayas construyeron una poderosa civilización y la matuvieron durante siglos, antes de que se derrumbara.
―Aunque eso fue antes de que llegaran los conquistadores, ¿no es así? Si no fueron ellos los que la destruyeron, ¿quién lo hizo?
Travis suspiró y metió la mano en el bolsillo de su abrigo de cuero para coger una pipa y una petaca.
―Los historiadores modernos culpan a las sequías y las guerras, pero la verdad es que toda la culpa la tuvieron los hombres que se autodenominaron reyes, y luego… dioses.
Dioses mayas. ¡Qué suerte!, pensé.
―Cuéntame que ocurrió ―dije. Y durante la siguiente media hora, escuché cómo Travis contaba el triste y terrorífico relato.
―Yo era sacerdote, como lo fueron mi padre y mi abuelo. Llevábamos a cabo rituales sagrados, controlábamos las festividades, calculábamos el tiempo y hacíamos historia, pero también teníamos obligaciones más turbias.
»La nobleza se había embriagado, de manera figurada, de poder y, literalmente, de setas alucinógenas de nuestra propia tierra, además el peyote del norte y las hojas de coca que crecían desde las tierras incas en dirección al sur, los miembros de la corte real ingerían estas sustancias y sus alucinaciones eran consideradas adivinaciones sagradas.
»Pero yo sabía muy bien lo que eran en realidad: los desvaríos de unos cuantos lunáticos ebrios. Aunque ¿qué podía hacer un simple sacerdote? Los miembros de la nobleza se habían autoproclamado dioses y el pueblo los veneraba. Pero en un momento dado, estos reyes llegaron a obsesionarse con la sangre. Durante los tiempos de juventud de mis ancestros, la nobleza solo sacrificaba animales, pero cuando llegué yo, los sacrificios eran humanos.
»Hoy en día hablamos de los señores europeos y de su afición por la tortura, pero entre mis obligaciones como sacerdote humano, una de ellas consistía en arrancarle el corazón a un ser humano vivo y mostrárselo mientras seguía con vida para que lo viera latir con fuerza antes de detenerse. Luego recogía la sangre sacrificada, para ungir las estatuas de los dioses y embadurnar los rostros y pechos del rey y la reina, dado que se pensaba que la sangre derramada en el sacrificio de un ser humano podía abrir la puerta situada entre el cielo y el infierno. Y ahora que vuelvo a pensar en ello, como he hecho en tantas ocasiones a lo largo de los siglos, he llegado a la conclusión de que en realidad lo hacía.
»Los sacrificios dependían del rango de los prisioneros de las guerras contra otras tribus y cuanto mayor era el ranto del cautivo, mayor era su valor como sacrificio; como comprenderás, el sacrificio menos frecuente y más preciado era el de un rey. En una de nuestras numerosas guerras tribales, nuestros guerreros lograron apresar a uno y lo mantuvieron cautivo durante meses, desangrándolo paulatinamente a fin de utilizar su sangre en rituales y en ceremonias, hasta que perdió las fuerzas y se volvió loco.
»Finalmente, nuestro propio monarca decidió que el rey cautivo debería ser objeto del máximo sacrificio, por lo que el resto de sacerdotes y yo organizamos un festival grandioso, en el que participaron cientos de músicos y bailarines. Para la celebración se congregaron miles de campesinos alrededor del palacio y, cuando llegó el momento del gran sacrificio, el rey cautivo fue sacado de la mazmorra y colocado sobre un altar de piedra, pero cuando alcé el cuchillo de obsidiana por encima de su corazón, el monarca maldijo al rey de nuestra tierra.
»Los mayas creíamos que cuando el sol se ponía, viajaba al averno, denominado Xibalbá, y tras su triunfo de todas las noches sobre los caballeros de la muerte, salía de nuevo. El rey condenado invocó a Itzamná, el dios de los cielos, para que maldijera a nuestro monarca de forma que no pudiera volver a ver el sol y, como era tan amante e la sangre, para que fuera esta el único alimento que pudiera nutrir su cuerpo.
»Nuestro rey se burló de la maldición de su enemigo y me ordenó que llevara a cabo el sacrificio. Yo hice lo que me pedía, a pesar de que el terror batía en mi pecho, como las alas de una gran ave. Ungí con sangre al rey y a la reina, así como a los ídolos de piedra, y, a continuación, empapé los paños sagrados, los cuales eran luego quemados en grandes braseros para que el humo ascendiera y rodeara a los allí presentes, a fin de conferir poder con la esencia de la sangre expiatoria.
»La gente gritaba asombrada a medida que el humo formaba una columna y adquiría la forma de una serpiente. Se trataba de un evento sagrado poco frecuente que no tenía lugar ni época, pero los sacerdotes de mayor edad lo contaban en historias que eran transmitidas de generación en generación. La ciudad al completo observaba en silencio mientras se formaba la serpiente y esta se pronunciaba: «Itzamná, señor del día y de la noche, declara lo siguiente. La sed de sangre de este rey nunca será saciada, y el monarca nunca verá el sol, sino que será desterrado al inframundo, el mundo de la oscuridad y la sombra».
»Tras decir esto, se levantó un fuerte viento que alejó al humo. Las personas se dejaron llevar por el pánico y huyeron gritando, precipitándose las unas contra las otras a fin de alejarse de la temida imagen y la voz del dios de los cielos. Al igual que el resto, yo también estaba asustado, sobre todo cuando vi que mi rey caía al suelo de la plataforma, retorciéndose de dolor, mientras se agarraba con fuerza la garganta.
»Junto a los demás sacerdotes, lo llevamos a palacio y lo tumbamos en su lecho. Se me encargó que permaneciera sentando a su lado durante esa noche y el día siguiente. Yo era el sumo sacerdote y era mi responsabilidad ocuparme del rey, autoproclamado dios. Tras la puesta del sol del día siguiente, estaba sentado dormido cuando el rey despertó.
»Parecía curado de la dolencia que lo había aquejado y me pidió que me tumbara en su lecho. Me dijo que yo debía estar cansado y que necesitaba descansar, por lo buen siervo que había sido, y me dio las gracias por haberlo custodiado. Yo hice lo que me había pedido, pero, en cuanto me hube tendido el rey se abalanzó sobre mí y me sujetó contra la cama con sus poderosos brazos. Yo me resistí y luché contra su fuerza, pero fue en vano; entonces, él abrió una enorme boca, la cual, en lugar de dientes humanos, mostraba unos horribles colmillos.
»El dolor fue terrible a la par de sublime. No lo olvidaré nunca, aunque viva cinco mil años. Cuando el estruendoso latido en mis oídos comenzó a desaparecer, mi rey se desgarró la carne de su propia muñeca y me obligó a beber, heredando así su maldición. Y así fui condenado a alimentarme de sangre y a no volver a ver el sol. Pero también a la vida eterna.
»Te preguntarás cuál fue la reacción del pueblo; pues se limaron los dientes en pico, de la misma forma que los del rey, y aceptaron su nueva naturaleza. De todas formas, serían utilizados para los sacrificios de sangre, por lo que todo les daba igual. Sin embargo, la conversión no acabó conmigo, el rey convirtió a todos los nobles en bebedores de sangre y comenzarón una orgía de sangre y alucinógenos que fue extendiéndose a otras tribus, provocando que los pobladores huyeran despavoridos de sus grandes ciudades y se dispersaran a lo largo y ancho de las selvas.
Yo pestañeé, fascinado por el relato de Travis, y observé cómo el humo de su pipa ascendía en espiral y rodeaba su cabeza, mientras yo pensaba en la serpiente de la visión. Algunas imágenes que Travis describía fueron suficiente para hacer que mis colmillos temblasen. Ese ardid de arrancarle el corazón latiente del pecho a un tipo mostrándoselo después parecía sacado de una las películas infernales de Jackie Chan. Y pensar que los humanos habían sido capaces de algo así, más bien parecía algo propio de Reedrek y algunos de los de su grupo.
―¿Qué les ocurrio al resto de los bebedores de sangre? ¿Continúan exitiendo más como tú?
―No. ―Travis comenzó a tiritar, pero no creo que fuera por el frío―. Cuando el libertinaje de la aristocracia alcanzó su apogeo, llegaron los asesinos del supramundo.
―¿Asesinos? ―Un hormigueo que solo podía denominarse miedo me recorrió la columna. Aspiré profundamente el aroma de la pipa de tabaco, que había sido aderezado con miel―. ¿Te refieres a asesinos de vampiros? ¿Había alguien que iba a la caza de vampiros al estilo Buffy?
Travis pareció confundido. Supongo que no estaba al corriente de la escena vampírica de la cultura popular.
―En los cielos habitan dioses y montruos, supongo que identificarlos depende del punto de visto. Bueno, vinieron mientras dormíamos y dieron muerte a todos, menos a mí, que logré escapar, pero hasta la fecha continúo sin saber cómo ni por qué
Tuve que borrar de mi mente la visión momentánea de Buffy acercándose con sigilo a mí mientras dormía. Oye, valdría incluso la pena que te clavaran una estaca. Tenía tantos interrogantes que no sabía por dónde empezar, así que decidí comenzar con el mayor.
―¿Quieres decir que fuiste el primero en ser convertido en vampiro? ¿En todo el mundo?
Travis alzó la mano y sonrió.
―No, Jack. No soy el ancestro de todos los vampiros de la tierra.
―¿Pero cómo…?
―No sé cómo se originaron los vampiros en otros continentes. Solo conozco al que habitaba en el lugar donde nací y fui convertido, pero es probable que las fuerzas del mal que se manifiestan como vampiros pertenezcan a un reino del inframundo que exista en todas partes del mundo, a la espera de que alguna fuerza elemental los libere.
―Entonces debemos tomar precausiones, el peligro es real.
―Exactamente. ―Travis dio otra calada y volvió a mirar la bahía―. Puede que nunca lo sepamos, pero por otro lado puede que un día lo hagamos.
―Vaya. Todo esto es fuerte. ―Me sentía algo aturdido, como si me hubiera vuelto imbécil de beber la sangre de un borracho. (Odiaba que me pasara. Era una forma horrible de tener resaca). Travis me había proporcionado tanto en lo que pensar que no sabía por dónde empezar. Entonces, me vino a la mente una pregunta―. ¿Crees que existirá una cura algún día?
A Travis pareció asombrarle mi pregunta, y comenzó a reírse.
―Cielos, no puedo imaginar que eso pueda ocurrir, pero ¿por qué demonios querrías volver a ser humano?
―Lo echo de menos, el calor, el sol, la vida.
Travis soltó una prolongada bocanada.
―Lo superará con el tiempo. Cuando tus recuerdos como ser humano se desvanezcan, lo superarás.
Mierda. Yo no quería superarlo. Sus palabras me llegaron a lo más profundo de donde mi alma solía estar, congelándome profundamente. Intenté alejar ese pensamiento de mi mente para poder hacerle más preguntas acerca de los asesinos, pero alguien hizo sonar la gran campana de la cena, lo que indicaba que la reunión estaba a punto de comenzar. Tendría que esperar hasta más tarde.
Travis se puso de pie.
―Salvado por la campana ―dijo.

William

Para mi sorpresa, todo el mundo, excepto Iban, Jack y yo, parecía estar casi alegre en la segunda noche de la reunión, e imaginé que se debía a Eleanor y a su talento a la hora de proporcionar placer. Tras llegar a casa antes del amanecer, había gateado encima de mí, provocando que ambos llegáramos al orgasmo, mientras describía en gran detalle las gotas de sangre derramada y las sacudias de dolor. A los cisnes se les había pedido que llevaran capuchas, me explicaba mientras se balaceaba hacia delante y atrás. Pero, por supuesto (aumentó cada vez más el ritmo, mientras se movía de arriba abajo por encima de mí) tenían que procurar no manchar demasiado la moqueta de sangre, aunque por lo demás, casi todo estaba permitido. Eleanor hundió sus uñas en mis hombros, inclinó la cabeza hacia atrás y gimió mientras enloquecía y alcanzaba su propio placer.
Todos se lo pasaron genial.
En ese momento, mientras obervaba cómo charlaban y se reían estos vampiros sofisticados, elegantes y bien alimentados me resultaba difícil imaginar que estuviéramos discutiendo una guerra o, como mínimo, un asedio. Había estado en París durante la caída de Luis XVI, el último rey de Francia, y los paralelismos eran sorprendentes, la forma en que los aristócratas se habían burlado y se habían regodeado de su superioridad, mientras sus propios sirvientes planeaban la manera de asesinarlos. Sentí en el pecho que me invadía un sentimiento de terror. Por nosotros mismos, podíamos ser inmortales, pero no éramos invencibles, sobre todo con respecto a los de nuestra naturaleza.
Los Raptores me habían informado de algunos guardias y espías; los miembros principales de la familia se habían marchado.
No se trataba de una noticia especialmente buena.
Carraspeé y levanté una mano para llamar la atención de los allí presentes. Ya habían socializado bastante y era el momento de volver al asunto que nos ocupaba.
―¿Comenzamos?
―Si, claro ―dijo Lucius―. Pero antes William, me gustaría felicitarte por tu buen gusto para tus… parejas. ―Sonrió con demasiada calidez a Eleanor.
»Querida ―continió diciendo, dirigiendose a ella―, si has sido capaz de organizar una noche tan interesante en esta ciudad de aguas estancadas con tan pocos recursos, imagina lo que podrías hacer en una gran ciudad como Nueva York.
―O San Francisco ―añadió Tobey.
Las propuestas apenas disimulaban los cumplidos. Yo sabía que Eleanor era fiel (se había librado de mí la noche anterior, pero definitivamente era mía) aunque esa noche se estaba convirtiendo en un concurso para ver quién miraba más a Eleanor, en el que todos, a excepción de Iban y Jack, participaban. Jack y Eleanor continuaban uno a cada lado de mí, en sentido figurado, y sospechaban el uno del otro. Iban no había participado en los juegos de Eleanor, ya que había pasado la noche descansando, aunque, a pesar de ello su aspecto no había mejorado. En cualquier caso, me remordía la conciencia el hecho de tener que interrumpir los elogios dirigidos a Eleanor, pero teníamos que continuar.
―Supongo que la mayoría de vosotros habéis descansado un poco ―dije, dejando ver mi sarcasmo―. Pero ahora, si no os importa, me gustaría reanudar la reunión donde la dejamos anoche. Tengo noticias inquietantes.
Se hizo silencio en la sala.
―Los Raptores me han informado de que el clan de Hugo ha abandonado su territorio. Desconocemos si viajan en grupo o si se han dispersado, pero pienso que es recomendable creer que están planeando algo. Podría incluso significar que ya están de camino hacia aquí, como advirtió Reedrek. Sus conspiraciones podrían además tener algo que ver con los demas espías de Olivia: se enviaron tres para recabar información. Se cree que dos de ellos han sido asesinados, por lo que Hugo debe saber al menos que las comunidades europeas sospechan de sus turbios planes. Por lo menos, sus familiares están evitando ser encontrados.
―Además, Hugo debe imaginarse que hemos vencido a Reedrek ―dijo Jack―. De otro modo, ya habría tenido noticias de su querido y viejo creador. ―Un breve susurro surgió de la mente de Jack: Diana, pero luego desapareció. Me detuve y lo miré, a la espera de captar el resto de sus pensamientos. ¿Por qué estaría pensando en Diana? Estaba a pundo de exigirle una respuesta, cuando recordé mi última conversación con Reedrek, antes de que se convirtiera en piedra. Había intentado provocarme con el hombre de Diana y con Hugo.
Es probable que Jack hubiera percibido cómo me invadía un sentimiento de ira.
―¿Qué? ―preguntó, volviendo a dirigir su mirada hacia mí. Su mente estaba ocupada en carreras de choque, cada una de ellas más espectacular que la anterior… para acabar con el impacto de tres coches contra la pared, que provocó que se estremeciera.
Yo estaba demasiado ocupado como para entender qué sentido tenían las carreras de la mente de Jack, así que continué.
―Es evidente que Reedrek estó involucrado en los planes que se hayan ideado para atacarnos, aunque sigo sin entender por qué mi sire vino solo. De alguna manera, nos ha advertido de que hemos sido descubiertos.
―Supongo que creyó que podría manejarnos él solo ―añadió Tobey―. Y, maldita sea, casi lo logra. Si no hubiera sido por Jack y lo que hicisteis vosotros dos con ese viejo, imagino que ahora estaríamos reducidos a cenizas.
―Es probable ―dije mostrando mi acuerdo―. Pero ahora se encuentra cautivo y nosotros estamos… estaremos listos para todo lo que Hugo nos tenga preparado.
―Sigo pensando que deberíamos dejar a un lado los escrúpulos y crear tantos vástagos como nos sea posible. Podríamos empezar aquí y luego continuar cuando lleguemos a nuestros propios territorios ―Comentó Lucius, el siempre inquebrantable.
―Lucios, ¿qué sentido tendría? ―preguntó Gerard―. Tendriamos a más miembros que alimentar y proteger y, en cualquier caso, los humanos serían destruidos.
―Pero podrían proporcionarnos un factor sorpresa. Si los vampiros europeos piensan que somos pocos, una actuación poderosa provocaría que volvieran al punto de partida…
El móvil de Jack sonó con una voz grabada: «Caballeros, arranquen sus motores», seguida del estruendoso ruido de coches de carreras.
Entonces, pagué con Jack mi enfado con Lucius.
―Jack, ya sabes lo mucho que me molesta ese ruido…
―Lo siento. ―Se encogió de hombros y dirigió su mirada al pequeño aparato metálico―. Es Melaphia. ―Y se llevó el teléfono al oído―. ¿Sí?
Tuve que hacer un gran esfuerzo por no dar un taconazo en el suelo y, de repente, me vi levitando ligeramente. Después de algunos meses de serenidad, sentí que se revolvía mi antiguo carácter irritable.
―¡Jack!
Jack bajó el teléfono con una expresión de seriedad en el rostro.
―Mel dice que ha recibido una llamada urgente. ―Su mirada se dirigió a Iban―. De los Ángeles. ―Y volvió a dirigirse a mí―. Les ha dicho que llamen a este número.
En escasos segundos, la irritante voz volvió a sonar, pero Jack la detuvo después de la primera palabra. Luego pasó el teléfono a Iban.
Si había pensado que Iban tenía un aspecto más pálido de lo normal, cuando escuchó al que llamaba, parecía verdaderamente enfermo, y la mano con la que sujetaba el teléfono comenzó a temblar.
―Eso es imposible. ¿Cómo ha podido pasar? ―Él se quedó escuchando durante varios minutos, formulando preguntas de vez en cuando, que el resto de nosotros no podíamos alcanzar a entender, simplemente escuchábamos impotentes. Entonces continuó hablando―. No, estoy… ―Dirigió su mirada a mí, con unos ojos plagados de sufrimiento―. No sé. Vete a un lugar seguro y llámame en una hora a este número. ―Cuando le devolvió el teléfono a Jack, vi lágrimas en sus ojos.
―Están todos muertos…
―¿Qué? ―dijimos tres de nosotros al unísono.
Iban parecía estar a punto de desmayarse.
―Mi clan, mis criados…, todos excepto uno.
―William, hemos esperado demasiado, ¡la guerra ha comenzado! ―afirmó Lucius.
―Si estaban en los Ángeles, es probable que se hayan dirigido hacia Seattle. ¿Cuántos eran? ¿Cómo viajan? ―preguntó Tobey. Entonces dirigió su mirada hacia mí―. Puedo incluso que estén aquí.
Atravesé la habitación para aproximarme a Iban, pero cuando alargué la mano, él se alejó estremecido.
―¡No me toques! ―dijo con la voz quebrada.
―¿Por qué, viejo amigo? Cuéntanos qué ha ocurrido. ¿Quién ha asesinado a tu familia?
―Nadie.
―¿Qué quieres decir? ¿Cómo va a ser eso cierto?
―Enfermaron y murieron, a consecuencias de una especie de peste.
Se hizo un asombroso silencio en la sala y entonces todo el mundo comenzó a hablar.
―¿Todos muerto? No seas ridículo. ¿Qué clase de peste podría acabar con la vida de un vampiro?
―Nunca he oído nada parecido. Nuestros sires lograron sobrevivir a la pesta bubónica.
―¿Cómo la contrajeron? ―preguntó Gerard, haciendo uso de la palabra con su habitual mentalidad de hombre de ciencias―. ¿Quién fue le primero en fallecer?
Cuando escuchamos la historia de Iban, algunos de nosotros continuábamos poco convencidos, aunque todos estábamos muy nerviosos. Lo que nos había descrito no se trataba de una simple peste, sino de una pestilencia putrefacta. En primer lugar enfermaron los vampiros y, entonces con mayor lentitud, sus compañeros humanos. Uno de los humanos escribió un breve diario a medida que iban falleciendo uno por uno. El único miembro que permanecía con vida había estado fuera de la zona, exactamente en nuestra costa, vigilando los movimientos, y había regresado para encontrarse la horrible escena.
―¿Cómo sabes que puedes confiar en el único superviviente? ―preguntó Lucius―. Puede que haya sido hechizado, o algo peor, reclutado. Podría tratarse de una treta para llegar a ti, o a todos nosotros, para que acudamos a toda prisa a defender la Costa Oeste ―dijo con desdén―. Personalmente, me niego a creer este cuento de la peste. Los vampiros no enferman y mueren.
Gerard tomó la palabra.
―En este momento necesito tiempo para arreglarlo. Quiero que todos volváis a vuestros hogares ―dijo―. Que permanezcáis sin salir, junto con los miembros de vuestras familias. Sin alimentaros, sin juegos. ―Su mirada se dirigió a Eleanor―. Debemos mantener en cuarentena a todos los humanos que estuvieron presentes anoche. ―Entonces me miró a mí―. Iban no puede quedarse contigo. Deberá permanecer aislado.
―¿Y sufrir esta angustia en soledad? No lo permitiré.
La expresión de Gerard se suavizó, pero se mantuvo firme.
―¿Acaso no te das cuenta de que ya está enfermo?

Después de que Gerard hubiera tomado muestras de sangre de cada uno de nosotros y las hubiera guardado en su botiquín, nos pidió que nos marcháramos.
―Eleanor, lleva un coche a la casa de la plaza Hughton inmediatamente ―le ordené, y cuando objetó diciendo que deseaba permanecer a mi lado, tuve que dejarle muy claro cuál era su papel en todo esto.
―Debes hacer una lista de todos los empleados y cisnes que estuvieron presentes anoche. Diles… ―Si ya se habían infectado, lo más probable es que ya fuera demasiado tarde―. Diles que vuelvan a la suite y que nos esperen allí. Págales el doble. Tenemos que mantenerlos en un mismo lugar, por si… ―La expresión de horror en el rostro de Eleanor me impidió continuar. Entonces, se repuso.
―De acuerdo, pero ¿no debería permanecer alguien con ellos para estar pendiente de…
―Tú no.
―Pero…
―No quiero que te arriesgues por unos cuantos mortales, y ahora, por favor, haz lo que te acabo de pedir.
Tras ver cómo se alejaba Eleanor, llamé a Tilly, no sabía a quién recurrir. Aparte de abandonar a Iban en una de las tumbas de Bonaventure o encerrarlo bajo llave en la bodega de uno de mis yates, no había muchas más opciones. Era imposible que pudiera volver a casa.
Pero no me gustaba en absoluto la idea de que pudiera morir en soledad.
Al oír la historia, Tilly insitió en que se quedara con ella y, sorpresivamente, Gerard aceptó su ofrecimiento. En cuanto a Tilly, dijo que una peste sin importancia no podría ser peor que los lentos estragos que el tiempo había provocado en su cuerpo. Pero, sobre todo, la custión era que no tenía miedo a morir, especialmente teniendo en cuenta que su muerte podría ser una de mis misiones.
―Tráelo aquí. Despacharé al personal y yo misma cuidaré de él ―dijo Tilly.
Gerard creía que debíamos obervar con atención el deterioro de Iban a fin de tener alguna pista y poder encontrar así una posible cura, antes de que todos estuviéramos infectados.
Iban estuvo mirando por la ventana del Mercedes durante todo el trayecto a la ciudad. Cuando ya no pude aguantar más el silencio, dije:
―Lo siento muchísimo, Iban.
Él permaneció en silencio durante un largo rato, entonces se dirigió a mí.
―Debemos encontrar a Sullivan… asegúrate de que esté a salvo.
―Haré que lo lleven contigo.
―No. Conmigo no. Podría contagirlo. Vigílalo… si no está enfermo ya.
―Lo haré.



Fin del capítulo





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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Dom Ene 30, 2011 7:27 am

Ay Dios, se me están juntando los capis :manga35:

Gracias por el capi Angeles :Manga30:

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Dom Ene 30, 2011 7:52 am


De nada Nanis
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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Dom Ene 30, 2011 8:40 am

No creo que haya sido una enfermedad :grr: Seguro fue el dichoso Hugo, que les habrá hecho a todos los que mato :?:

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Dom Ene 30, 2011 8:47 am

Esa es la incógnita que me quedó, qué les habra hecho hugo que los mató a todos.
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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Dom Ene 30, 2011 8:53 am

Será que si hipnotizo al que hizo el diario??

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Lun Ene 31, 2011 3:24 am

GRACIAS ANGELES

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Lun Ene 31, 2011 3:33 am

gracias chicas
jeje tambien se me amontonaran los capis por recopilar y revisar XD

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Lun Ene 31, 2011 1:28 pm

^^ gracias chicas

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Lun Ene 31, 2011 7:16 pm

De nada chicos, Gemma estoy lista para el capítulo que me falta transcribir.
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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Jue Feb 03, 2011 2:31 am

HOLA gemma perdona pero no puedo colgar el cap 9 hoy ya que soy una supertonta y pues lo habia terminado y le di cortar ya que nunca guardo lo que hago le di cerrar al word y me pregunto que si queria mantener el fichero o algo asi no lei solo le dije que no y borre todo el trabajo de dos dias de transcripcion asi que tuve con mucho odio y rabia hacia mi misma volver a empezar lo siento de verdad por favor disculpa lo estare colgando mañana sin falta. :1004:

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Jue Feb 03, 2011 10:44 am

uff vaya faena! mira que jode cuando pasa eso :S

nada, tranquila, cunado lo tengas lo subes

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Vie Feb 04, 2011 7:37 am

Qué mala suerte Lilit, a todas nos ha pasado eso.
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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Sáb Feb 05, 2011 3:43 pm

hey chicas ya recibi el capi estoy trabajando en el...

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Mar Feb 08, 2011 6:16 pm

perfecto ^^

ya casi lo tenemos XD

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Miér Feb 09, 2011 7:10 pm

:1003:

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Jue Feb 10, 2011 7:21 am

Gemma, no sé si ya te había preguntados antes ¿cuántos capítulos son?
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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Jue Feb 10, 2011 10:43 am

son 19, ya los envié todos ^^

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Jue Feb 10, 2011 8:18 pm

gemma mas tarde debo estar enviándote una parte del capitulo 10... no te lo envié antes porque cuando lo recibí estaba saliendo de otras cosas!!! :1003:

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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Vie Feb 11, 2011 7:28 am

Gracias Gemma, ya nos falta poco entonces, ya tengo listo el capítulo 14 para cuando toque subirlo nada más lo reviso y te lo envio.
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MensajeTema: Re: El secreto del vampiro - Raven Hart   Vie Feb 11, 2011 8:36 am

gemma parte del capitulo 10 en tu correo!!! avisa si lo recibiste

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