Black and Blood


 
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 Anya Bast - La sangre del cuervo

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MensajeTema: Anya Bast - La sangre del cuervo   Lun Ene 03, 2011 6:18 pm

Anya Bast - La sangre del cuervo

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Argumento:

Gabriel Letourneau, un Vampiro de cuatrocientos años de edad, ha estado guardando a Fate Harding de las Fuerzas Oscuras que la rodean durante un tiempo larguísimo. La noche en que el período de acechamiento de Gabriel llega a su fin, cuando él finalmente cree que ella está a salvo, Fate es violentamente atacada, Abrazada, y abandonada ante su puerta.

Fate no sabía que tenía un guardaespaldas vampírico hasta la noche en que se convirtió en Vampiro ella misma. Ella despierta de su dura experiencia con un poderoso anhelo de sexo y sangre, y Gabriel se ve perfectamente capaz de satisfacer todas sus necesidades de inmediato. Con un deseo sexual lo suficientemente caliente como para dar incendiar la ciudad entera, recurre a Gabriel para saciar las lujurias de los recientemente Abrazados y enseñarle las costumbres de su nueva vida.

Fate despierta algo dentro de Gabriel que ha estado dormido durante siglos. Él es insaciable en todos los aspectos en lo que se refiere a ella, pero domesticar y retener a la fogosa y terca Fate es otra cosa diferente. Sobretodo cuando ella tiene una historia de maltratados y traición por parte de aquellos a los que amaba. El desafío máximo de Gabriel se convierte en ganar la confianza de Fate.

Aun si Gabriel logra convencer a Fate de que él es el único hombre para ella, no puede retenerla. Alguien está acechando a Fate, manipulándoles a ambos, y castigando a Gabriel por sus pecados pasados.

_________________

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MensajeTema: Re: Anya Bast - La sangre del cuervo   Lun Ene 03, 2011 6:23 pm

Capitulo Uno

—Él te puede hacer olvidar tu nombre en la cama.
Fate se recobró de su ensueño y parpadeó hacia su conocida, Cynthia Hamilton.
— ¿Perdona?
—Ese hombre al que estabas mirando fijamente. —Cynthia tomó un sorbo de su vino blanco y echó una mirada hacia el balcón que dominaba el cuarto abarrotado de asistentes al baile de caridad. Un hombre alto, ancho de hombros con lustroso pelo negro miraba por la balaustrada, vigilando al remolino de gente debajo de él.
Fate le había advertido más temprano, él no era un hombre que se pudiera pasar por alto. Ese lustroso pelo negro llegaba hasta el centro de su espalda, enmarcando una cara ferozmente masculina con labios llenos, sensuales y ojos azul oscuro. La sombra de una barba honraba su mandíbula firme, cuadrada. El largo de su pelo no le hacia parecer menos hombre. Fate dudaba que alguna cosa pudiera debilitar la poderosa energía masculina que el hombre emanaba aun a través de un cuarto abarrotado.
Su cuerpo alto, bien formado estaba vestido con un esmoquin que parecía caro. Las mujeres reaccionaban embobadas cuando le advertían. El calor sexual emanaba del traje de diseñador que cubría su cuerpo, esculpido por el entrenamiento.
Además de su esplendor, Fate le había advertido más temprano porque le pareció familiar por alguna razón, y también simplemente porque él no era un hombre al que una mujer no mirara al pasar. Pero si ella había estado clavando los ojos en él ahora, entonces no se había dado cuenta de eso. Demasiado perdida en otros pensamientos.
—Ese es Gabriel Letourneau, — dijo Cynthia.
Fate casi se atragantó con el sorbo de martini que había tomado. “¿Ese era Gabriel Letourneau?” Ella conocía al dedillo el nombre. Él era el guardián del territorio Vampírico de Newvill, y formaba parte del Concilio del Abrazado. Notablemente privado y solitario, no era común que él se aventurara a la luz del público.
—Sí. —dijo Cynthia escuetamente, su pelo rojo oscuro caía suelto sobre sus hombros, y envolvió a Fate en una nube de L’Eau D’Issey. Detrás de ellas, la multitud pareció exhalar y suspirar. —Ese hombre folla como si hiciera negocios, cruel, intenso y todo consumido por el proyecto… a la mano. — Cynthia se rió suavemente de su pequeño chiste. —Él es un dios absoluto en la cama.
Fate se alejo de Cynthia y apuro su martini. Eso era un poco demasiada información. Su compañera debía estar un poco achispada.
—En serio.
—Mmmm-hmm. Él es un Abrazado, pero nunca vi sus colmillos durante las noches que pasamos juntos. — Ella redujo drásticamente su vaso, y luego se encogió de hombros. — Es una lástima.
La mirada fija de Fate volvió de regreso al hombre. Las tropas de los Vampiros Abrazados en su mayor parte se mantenían apartados excepto por los pocos narcisistas que buscaban la admiración de la humanidad que los adoraba. En la mayoría de los casos el Concilio del Abrazado “manejaba” esas pocas aberraciones con la fuerza de sus guardianes de la paz. Los buscadores de atención desaparecían tan pronto como salían a la superficie para dar una controvertida entrevista o montar su propia banda de rock de breve duración. El Abrazo era temido, y por consiguiente odiado, por muchos activistas humanos. Como los líderes de su tipo, eran muy pocos los guardianes que públicamente eran conocidos como Vampiros. Ellos tomaban la mayoría del odio de esos que temían el Abrazo y la mayor parte del peligro, también.
Fate jaló la aceituna fuera del palillo de plástico del martini con sus dientes y metió los dientes en la carne salada mientras le estudiaba. El hombre en cuestión giró su cabeza y la miró… directamente a ella. Fate se enderezó, sus ojos ampliándose. Su mirada la recorrió desde lo alto de su cabeza a sus pies, pareciendo desvestirla y acariciarla lentamente deslizándose abajo por su cuerpo. Esos labios bochornosos, llenos, parecieron curvarse en una sonrisa mientras él levantaba su vaso y tomaba una bebida.
El calor de sus ojos azules hizo que sus pezones se endurecieran y su sexo hormigueara y ella que pensaba que había sido paralizada del cuello para abajo, una paralítica sexual. Ese hombre la había despertado con una sola potente mirada. Él había evocado su libido con una mirada.
Fate perturbada, se tragó la aceituna, colocó su vaso en una mesa cercana y empezó a mirar en otra dirección. Instantáneamente, se congeló. ¿Christ, qué hacían Christopher y Lisa en el baile de caridad de Dorian? Dios mío, esa fue una pregunta tonta. Christopher era el abogado de Dorian. Él trabajaba para Dorian. La mitad de Newville lo hacia.
—Él es un lameculos y ella una perra, — resumió Cynthia, después de que su cabeza girara en la dirección que Fate había ido.
Fate miró a Cynthia.
—Tengo que irme.
—Espera, Fate, tienes que quedarte al menos hasta después de que el Sr. Cross subaste tus pinturas.
Oh, Dios Mío. Cynthia estaba en lo cierto. Ella estaría atrapada aquí por otro par de horas. Fate se resguardó entre la multitud que había detrás de ella. Cynthia trabajaba para Dorian Cross, también, algo como una secretaria personal. Ella a menudo actuaba como un mediador entre Fate y Dorian.
—Lo sé. Quise decir, que tengo que ir a — uh — empolvarme la nariz. — Interiormente, ella se encogió de miedo. ¿Decían las mujeres alguna vez eso en la vida real?
—Dorian apreciaría muchísimo que estuvieses hasta el hasta el final, si es posible, Fate. Eres la estrella de esta función.
Oh, Dios Mío. Ella fingió una inclinación de cabeza para afirmar.
—Por supuesto que lo haré.
Cynthia sonrió con alivio.
Fate vaciló, recordando lo que había querido preguntar, la razón por la que había iniciado conversación con Cynthia en primer lugar.
— ¿Cynthia, sabes si Dorian me ha enviado algún paquete hoy mas pronto?
Cynthia frunció el ceño.
—No. Quiero decir, si lo hizo, entonces no me contó nada sobre eso.
Fate se mordió su labio inferior. ¿Entonces quién lo había hecho? Concedido, ella estaba ligeramente aliviada de que el rico hombre que se había convertido en el patrocinador y benefactor de su arte quizás no le había enviado el primoroso traje de noche, hecho por diseñador, de gris paloma y zapatos de tacón — sin mencionar la ropa interior, un delicado sujetador de gris lacey,, un liguero y sedosas medias altas. Puesta en la caja del traje de noche también había una exuberantemente botella empaquetada del No.1 de Clive Christian. Aun un artista pobre, muerto de hambre como Fate sabía que ese era un perfume escandalosamente caro. Quienquiera que había enviado la ropa también había provisto una cita prepagada para un ostentoso salón local de moda para una sesión de mimo completo y maquillaje, de cuál ella se había beneficiado.
Ella estaba contenta de que Dorian quizás no fuera el que estaba jugando a ser el príncipe para su Cenicienta. Fate no sabía lo que haría si él alguna vez hiciese ese tipo de avance en su dirección. ¿Pero, si él no había sido, quien? No obstante, tal vez había sido Dorian y él no hubiera querido que Cynthia lo supiera por alguna razón.
Fate forzó una sonrisa.
—De acuerdo, hasta luego.
—Hasta luego. — Cynthia empezó a saludar a un hombre alto de pelo plateado que se había acercado a ella, y Fate desapareció entre la multitud.
Tambaleándose en los tacones de cuatro pulgadas color gris paloma y deseando como el demonio llevar menos pintura encantadora, sudadera y chanclas, se abrió paso a través del cuarto… lejos de Christopher y la mujer por quien él la había dejado.
Ella había celebrado Año Nuevo, casi hacia un año ahora, con Chris. ¿Ella había creído qué mejor forma de entrar en el año nuevo que hacer el amor? En lugar de eso ella justamente había terminado por quedar follada.
¿Qué era eso con amor? ¿Qué lo hizo real? Fate seguro que no lo había encontrado aún. Todo lo que ella había encontrado era una ilusión autoinducida. Era asombroso cómo se podían engañar las personas para creer que era algo que necesitaban, cuando era realmente veneno.
Ella buscó entre la multitud borracha y brillante una señal de Dorian. Las lámparas de araña de cristal brillaban con luz tenue por encima de las mesas pequeñas, íntimas desparramadas por el salón de baile del hotel Augustus. Los ricos y la élite de moda se sentaban en las mesas pequeñas, redondas. Unas bandas anchas de seda de oro servían de barreras entre sus pinturas y las de otros artistas locales. Dorian las había comprado todas y había tenido intención de subastarlas completamente esta noche para la caridad. Fate era el artista favorito de Dorian, sin embargo, y muchas más de sus pinturas colgaban de sus paredes que de cualquier otro.
Ella se paró en seco en la mitad del gentío, sintiendo esa misma sensación de hormigueo que había tenido, de vez en cuando durante los últimos años — como si estuviese siendo vigilada. Fate sabía que tenía habilidades psíquicas. De vez en cuando, experimentaba visiones relampagueantes de cosas que se hacían realidad. Conocimientos acerca de otras personas algunas veces repentinamente inundaban su mente.
Y el sueño lúcido.
Aunque, ella no estaba segura de si debía usar el término sueño lúcido para lo que hacía. Ese era simplemente el término más cercano para definirlo. Algunas veces mientras dormía, viajaba por las casas de las personas al final de la noche — personas que ella más tarde terminaría por conocer al despertarse a la realidad. A veces acababa yendo a sus casas por alguna razón y confirmaba que todo lo que ella había visto en la versión del sueño de sus casas era correcta hasta la tonalidad Berber que cubría el suelo.
Y otras cosas ocurrían mientras ella hacía esos viajes pasar a otro reino. Oscuras personas la acechaban, la acosaban, y luchaban con ella. ¿Eran apariciones creadas a partir de los profundos miedos de su subconsciente, que meramente habían tomado formas humanas en su mente, sus pesadillas? Fate se dijo a sí misma que no eran algo real. No algo que guardaba relación con la verdad de los lugares y las personas que había visitado antes de que los encontrase en la realidad de la vigilia.
Fate se dijo a sí misma que no eran el Dominion, los fantasmas que los Abrazados mantenían bajo control para beneficio del género humano. Algunas personas creían en las historias acerca del Dominion, vampiros psíquicos, y cómo podrían hacer estragos en el género humano si tenían la fuerza y la oportunidad. Otros pensaron que el Abrazo simplemente les había inventado como una forma para hacerse legitimar.
Que ella era diferente era un secreto que ella mantenía en privado, un problema que había estado controlado su vida entera. Ella solamente quería encajar, pero la normalidad permanecía elusiva.
Miró hacia arriba hacia al segundo piso y encontró la mirada Gabriel Letourneau, hipnótica, fija en ella. No podía apartar la mirada.

* * * *

Gabriel asió el balcón de metal cercado con rieles y vigiló a Fate en la multitud debajo de él. El traje de noche que él le había enviado era perfecto, como había sabido que sería — perfecto para su piel pálida cremosa y para sus fríos ojos grises.
Él imaginó el material fino derramándose sobre sus muslos como la mano de un amante cuando ella caminaba. Él visualizó el sostén, que él había seleccionado, ahuecarle los pechos, el tanga, tirando entre sus muslos con cada paso que ella daba, rozándose contra su clítoris. Él quiso levantar los pliegues suaves de su traje de noche y resbalar esa correa sobre sus caderas. Él casi podía oír el susurro de la tela contra ella cuando se la deslizara.
Su pelo largo, oscuro, estaba retorcido hacia arriba en un moño liso detrás de su cabeza y asegurado con alfileres acabados en perlas. Pronto, tal vez esta noche, él dejaría caer ese pelo por su espalda, dándole permiso de recoger el peso en sus manos. Pronto, él tendría ese pelo extendido sobre el colchón de su cama cuando la tomase bajo él. Ella sería suave y caliente. Sus pechos calzarían contra sus palmas exquisitamente. Sus pezones se endurecerían y fluirían de pronto con su excitación. Su coño agarraría su miembro como un guante hecho por encargo. Gabriel suprimió un estremecimiento y tomó un largo trago de su bourbon.
Una mujer caminaba diferente después de que un hombre hubiera encontrado su punto G, un poco más fluidamente y con un poco más de contoneo en sus caderas. Nadie había encontrado el de Fate. Era intención de Gabriel cambiar eso.
Aunque él sabía que había tenido hombres. Con Christopher Connor estuvo un año. Ella también había tenido un par, solo un par, de líos de una noche en los meses después de que ella lo hubiera dejado con él. Gabriel tenía la intención de ser el siguiente hombre que ella llevara a su cama.
Hacía cerca de cinco años desde que Gabriel había comenzado a vigilar a Fate Harding. Él había estado interesado en ella desde el principio, pero después de conservar una vigilancia tan estrecha sobre ella, envolviéndola en su atención anónima, protegiéndola de las Fuerzas oscuras que trabajaban alrededor ella, y aprendiendo todo lo que podía acerca de ella y su vida, él se había encontrado arrobado por ella.
La conocía lo suficientemente bien para entender simplemente cuan incómoda estaba ella aquí. Cuanto desearía cambiar el traje de noche por sus jerséis para pintar. Fate Harding era un manojo de contradicciones. Era una artista sensible, introvertida y creativa, pero lejos del típico niño abandonado.
Su padre había muerto cuando Fate tenía tres años de edad. Su madre había sido una alcohólica y la había violado mental y físicamente. Cuando Fate tuvo doce año, el estado descubrió el abuso y quitó a su madre a Fate y la envió a vivir con su tía desprendida y desinteresada. Ella había tenido una infancia dura y se había sentido profundamente traicionada por esos en los que ella creyó que podía confiar. No había sido fácil para ella, pero Fate no había dado a su educación turbulenta permiso para convertirse en una carga sobre sus hombros. En lugar de eso, Fate había decidido que nunca más sería una víctima. Tan pronto como fue lo suficientemente mayor encontró un trabajo de media jornada, había ahorrado bastante dinero para tomar clases de autodefensa. No se había detenido hasta que se convirtió en cinturón negro de Tae Kwon Do.
Gabriel sabía que lo había hecho para asegurarse que siempre podría cuidarse, desde que supo que no había nadie más para hacer eso. Él había gastado el último par de siglos acaudalando una fortuna por la misma razón, así es que entendía la motivación adecuadamente. La necesidad de sentir algún tipo de control sobre su destino. Una sensación de seguridad.
Sí, él entendía su motivo porque de alguna forma eran muy similares.
Ahora que su período de acecho se había acercado a su final, era hora de que ella aprendiera quién era él. Era hora de que él se volviera visible para ella.
Sólo por una noche. Luego él podría decir adiós.
Él quería sentir la impresión suave de su cuerpo sobre el de él, su pelo acariciando su pecho cuando él la colocara bajo él en la cama. Quería oír su grito de pasión y sus arañazos, que se viniera tan duro que le llevara con ella.
Debajo de él, Fate se paró en la mitad del gentío y miró hacia arriba. Él sostuvo su mirada con la de ella hasta que ella no pudo tener duda acerca de su interés. Luego un invitado borracho se encontró bruscamente con ella, casi echándole su bebida en la parte delantera de su traje de noche, y el hechizo estaba arruinado. Fate miró hacía él otra vez, luego cambió de dirección y desapareció entre la multitud.
Gabriel colocó su bebida en una mesa y descendió las escaleras, ágilmente legando a la humanidad fuera de su camino con un pequeño encanto. Después de recoger dos copas de champaña, encontró a Fate entre el gentío. Él se detuvo detrás de ella, dejando que sus ojos recorrieran el sensual movimiento de sus faldas al caminar.
Christopher Connor la interceptó antes que Gabriel. Cuando Connor se acercó, Gabriel sintió la ansiedad conmocionada dentro de Fate a través del enlace mental de una sola vía que Gabriel había forjado con ella. Ella no quería dirigir la palabra a este hombre que la había herido tan profundamente, y había traicionado su confianza y amor, como tantos otros.
Gabriel se quedó atrás, y entonó su audición para oír, apartó el reloj de pulsera de lejos, como la había escuchado y vigilado durante los últimos cinco años.
—Te marchas rápido, Fate. He estado tratando de alcanzarle, — dijo Connor.
Fate se rigidizó visiblemente.
—¿Por qué?
Connor sonrió lentamente, revelando el hoyuelo que Gabriel tenía la seguridad de que las mujeres adoraban, aunque él sabía que ya no funcionaria con Fate.
—Quise ofrecer mis felicitaciones. Tu arte realmente ha cultivado alas.
—No te creo, Chris. Nunca pensaste que mis pinturas fueran buenas.
—Eso no es cierto. Solamente pensé —
— Que debería comercializar más. — Gabriel podía olfatear la cólera caliente transmitida a través de ella aun a distancia, incluso entre la multitud.
Él se encogió de hombros y un semblante de exasperación cruzó su cara.
—Tienes que ir donde hay dinero. —Él hizo una pausa, mirándola de arriba a abajo. —Me has dejado absolutamente estupefacto esta tarde.
Gabriel podía oír la nota de deseo en la voz de Connor. Las manos de Gabriel agarraron con fuerza los tallos de las copas de champaña.
Fate dijo suspirando.
—¿Dónde está tu pareja?
—¿Lisa? Ella está por ahí. — Él sonrió otra vez. —¿Tiene importancia? Fate, ella y yo no somos tan buenos como lo éramos tu y yo.
Fate permaneció en silencio por un momento. Gabriel sintió sus emociones formando remolinos dentro de ella, el menor de los cuales era profundo resentimiento.
—Tu y yo nunca fuimos bueno, Chris.
Connor se inclinó hacia ella y habló quedo.
—No sé nada de eso. Puedo recordar un lugar donde estuvimos muy bien juntos.
—Tal vez desde tu perspectiva. Nunca pensé que fue muy bueno. — Fate retrocedió un paso y Gabriel se movió rápido, asegurándose de que ella chocara contra él. Mantuvo la copa de champaña en una mano, y colocó su otra mano en su cintura, presionando su pecho contra su espalda. Ella le contempló y dejó escapar una boqueada sorprendida pero no se apartó.
—¿Está todo bien, ma cheri? — preguntó Gabriel. —¿Voy a conseguir bebidas y regreso para encontrarte hablando con… — Gabriel echó una mirada irritada a Connor — ¿cual es su nombre?
—Christopher Connor. Soy el anterior prometido de Fate.
— ¿El prometido? — Él levantó una ceja y exageró su acento casi completamente decolorado a propósito. Gabriel se inclinó, inspirando el perfume de la piel de Fate, y acariciando con sus labios su mejilla. Era absolutamente maravilloso poder finalmente tocarla después de tanto tiempo solo soñándolo. Fate no se apartó; en lugar de eso ella se acurrucó hacia atrás contra él y dejó escapar un suspiro contento.
— ¿Debería estar, celoso, ma cheri? —expresó Gabriel con un gruñido en su oreja lo bastante fuerte para que Connor lo oyera.
Fate vaciló un momento, cerrando sus ojos por su toque. La confianza de Gabriel aumentó. Luego ella se enderezó y miró con mordacidad a Connor.
—No, no tienes razón para estar celoso… querido. —Sacudió la cabeza. —Christopher ya se iba.
Connor permaneció silencioso, entrecerrando los ojos hacia ella. Él movió su cabeza hacia Gabriel.
—Que pasen una buena noche. —y volvió entre la gente.
—Dios mío, qué estúpido, —Fate masculló bajo su respiración. Ella se giró hacia él. —¿Muchas gracias, Señor...?
Gabriel puso una copa de champaña en su mano.
—Gabriel Letourneau.
—Yo realmente ya lo sabía. Usted es el guardián del Abrazo aquí en Newville.
—Lo soy. Espero que no sostenga los mismos prejuicios y miedos que muchos otros parecen tener acerca de nosotros. —Él sabía que ella no lo hacía. Fate había participado incluso en una manifestación una vez cuando un senador ultraconservador en Mississippi había tratado de llevar a cabo una ley a través del Congreso que habría declarado abierta la temporada de caza de Demi y Vampiros. Como si la humanidad pudiera localizar y matar a todos los Abrazados. Como si la humanidad pudiera sobrevivir al Dominion por ellos mismos si alguna vez tuvieran éxito. Era una idea ridícula. No entendían el sistema de frenos y contrapesos para asegurar la supervivencia de su raza. No entendían los pagos, liquidaciones y sacrificios que necesitaban hacer para mantenerlo.
Ella negó con la cabeza.
—De ningún modo. —Ella le tendió su mano. —Mi nombre es Fate. Fate Harding.
Él tomó su mano y, en lugar de sacudirla, la atrajo hacia su boca. Se la acercó y colocó un beso meticuloso, deliberado en el pulso en su muñeca, dando un golpecito con su lengua minuciosamente para saborear su piel. Su ritmo cardíaco se aceleró bajo sus labios. Gabriel suprimió un gemido. Ella sabía tan dulce. Su sangre sería como sorber el cielo. A regañadientes, él soltó su mano.
—Y yo ya sabía eso.
Ella arqueó una ceja.
— ¿Lo sabías?
Él indicó una pared detrás de él donde una parte de su trabajo de arte exuberante, casi erótico, estaba colgado. Fate usaba colores mudos y oscuros sus temas estaban generalmente centrados en abrazos acalorados, en la cercanía de un beso, o burlona y tentadoramente al borde de alguna otra actividad. Eran trabajos generalmente provocativos, pataleando de angustia oscura. Revelaban una pasión oculta dentro del artista. Gabriel quería desatar esa pasión que sabía que Fate camuflaba. Ella solamente necesitaba al hombre adecuado con la llave correcta. Él se sentía seguro de tenerla.
—Usted es el artista.
Ella bajó sus ojos, sus pestañas oscureciendo sus mejillas, y tomó un trago de su champaña. —Sí.
—Su trabajo es altamente sensual, Fate. Lo disfruto muchísimo. Compré varios cuadros del Eastside Gallery el año pasado. Tengo la intención de comprar más esta tarde.
Ella le contempló en silencio durante un latido, sus llenos labios rojos se abrieron en admiración. Como si ella no pudiera creer que las personas realmente disfrutaran sus pinturas.
—Gracias.
Gabriel movió la mirada hacia la izquierda dónde Connor aguardaba, acechándoles. La mirada de Fate siguió la dirección de sus ojos estrechados.
Gabriel no podía ayudar, si bien él sabía que lo podía ahuyentar. Él dio un paso hacia ella, cerrando la distancia entre ellos.
—Tal vez usted debería besarme. Ya sabe, completar la ilusión.
Ella sonrió y ladeó su cabeza con lo que decía estar de acuerdo tímidamente.
— ¿Besarle?
Gabriel asintió. Él sostuvo su mirada durante un largo latido, sintiendo su conexión compartida nacida de una química fuerte y buena. Gabriel sabía que Fate lo sentía igual por mucho que él hiciese.
—Sólo por puro alarde, usted entiende.
Ella dio un paso adelante y acercó su cara hacia la de él. Él trenzó un brazo alrededor de su cintura y la presionó contra él. La actividad alrededor de ellos cesó hasta carecer de importancia. Dejó de existir. Él agachó su cabeza y dejó sus labios gravitar sobre los de ella, inspirando el perfume intoxicante de su respiración y notando cómo se hacia más rápida, antes de que él rozase sus labios sobre los de ella.
Él había imaginado besarla… y hacerle mucho más durante mucho tiempo. Ella sabía tan dulce como había fantaseado que lo haría.
Frotando su pulgar de acá para allá sobre la piel expuesta en su pequeña espalda, él aplastó su boca sobre la de ella. Sus labios se aplacaron bajo los de él y se abrieron. Él introdujo la lengua en su boca. Una multitud de fantasías jugueteó duro, le hizo querer recogerla, cargarla fuera hacia algún área aislada del hotel y hacer cada una de ellas.
Él trabajó su boca sobre la de ella, saboreando, poseyendo. Sus pechos presionaban contra su pecho y sus caderas se rozaban contra él. Él quiso quitarle sus ropas en ese momento y ponerla en el suelo. Quiso saborear la flor y nata de su sexo con su lengua, resbalar su falo en ella y conducirles a ambos al clímax.
Pero algo irritante rasgaba los bordes exteriores de su conciencia. Alguien golpeó ligeramente un micrófono. La gente se calló.
—Quiero dar la bienvenida a todo el mundo al baile de caridad de este año y a la subasta…
La voz de Dorian Cross canturreaba acerca de algo mucho menos importante que la boca de Gabriel en la de Fate.
—…primordial numero de pinturas son de Fate Harding. Así sin más, me gustaría pedir que suba aquí la celebridad a decir unas pocas palabras. ¿Fate?
Fate empujó contra su pecho y se apartó, y él la dejó… a regañadientes. Ella le contempló con párpados pesados y una mirada lánguida en su cara. Ella arqueó la ceja.
—Lástima que sólo era para la función y no una promesa de algo más esta noche.
Gabriel sonrió. Ella era perfecta.
—Bueno—
— ¿Fate? — Dorian la llamó de nuevo desde el podio. — ¿Fate, está usted aquí?
—Me tengo que ir. —Ella se giró, colocó su copa de champaña en una mesa cercana y se apresuró entre la gente hacia el podio.
Gabriel secretamente ajustó su pene rígido en sus pantalones y la observó tomar el micrófono.
—Ella es un dulce culito.
Gabriel giró para mirar a Adam Ridge de pie al lado de él. El Vampiro le auxilió en la gestión de la población de Abrazados de Newville, aunque Gabriel tenía la intención de removerlo pronto de esa posición de poder. Adam era impulsivo, un cañón suelto. Él había roto las leyes de su gente demasiadas veces. Era joven para los estándares de los Abrazados, sólo aproximadamente 160 años de edad, y era un americano del peor tipo, directamente del viejo Oeste. Tenía planes de tener una larga discusión con Adam mañana. Había pasado tiempo desde que lo había hecho.
— ¿Qué haces aquí? —Gabriel preguntó con voz tensa.
Adam dio una sonrisa lenta.
—Me he dejado caer.
—Ella es un dulce culito sin marcar.
Gabriel se giró hacia la voz familiar que retenía una huella del educado acento Bostoniano después de todos esos años, para encontrar a Charles Scythchilde en su lado contrario. Charlie era más o menos igual de joven que Adam, pero de lejos más maduro y responsable. Charlie había quedado al cuidado de Gabriel durante un tiempo larguísimo, desde 1800 en la Ciudad De Nueva York, el anterior territorio de Gabriel.
— ¿Qué es esto, una reunión del Abrazo? ¿Esta Niccolo aquí, también?
—Recibí una invitación, —comentó Charlie, echando una mirada de desprecio en dirección a Adam. —Niccolo no la atendió. Aunque él, también, recibió una invitación.
—Niccolo no esta mucho para fiestas, — dijo Gabriel.
—Niccolo no esta mucho para nada estos días, — remarcó Charlie.
Era cierto. Niccolo era uno de los amigos en los que más confiaba Gabriel, y de lejos, lejos más viejo que cualquiera de ellos. Niccolo era taciturno y estoico en los mejores tiempos, pero últimamente se había vuelto aún más remoto.
—¿Entonces, qué hay de ti y la fascinación con esa mujer, Gabe? — preguntó Adam. Él tomó un sorbo de lo qué parecía ser whisky mientras atisbó a Fate haciendo comentarios en el podio. —Quiero decir que ella es bonita y demás pero es una humana sin marcar.
—Eso es lo que a él le gusta de ellas, Adam, —contestó Charlie. —Él las puede follar y dejar. Fácil. Elemental. No es como si compartieran nuestra área. Gabriel no quiere involucrarse en exceso con una mujer, sea humana, Vampiro, o Demi.
Gabriel tomó un trago de champaña, con su mirada fija en Fate.
—Gracias por esa pequeña cantidad de psicoanálisis, Charlie. Es bueno que nunca quisieses hacerlo como una profesión. —Aunque él en su mayor parte se alimentaba de Demi-Vampiro, la clase de vampiros que vivían de sexo, no de sangre, era cierto que él había estado con muchas mujeres humanas. Para un humano, el mordisco de un Vampiro estaba más allá del orgasmo. Podía hacer que un humano se volviese adicto y buscase la experiencia demasiadas veces. Por eso él casi nunca mordía. Si lo hacía, entonces usaba encanto para que la mujer olvidara la experiencia y él cicatrizaba la herida.
Y él nunca pasó más de una noche en la cama de una mujer.
—¿Es ella la conquista de esta noche, Gabe? —preguntó Adam. — ¿Un poco de bocadillo nocturno?
En el frente del cuarto, Dorian Cross había retornado al micrófono y presentaba al hombre que conduciría la subasta. En el lado izquierdo del cuarto, los empleados del hotel repartían remos de subasta.
Gabriel sonrió.
—Ella dista de ser solamente un bocadillo nocturno, Adam, —contestó finalmente. Le lanzó una mirada fría. —Pero, a diferencia de ti, Adam, yo no rompo las reglas que el Concilio del Abrazado ha sentado por escrito. No la morderé. Por romper esas reglas, pronto puedes encontrarte golpeado en este mismo territorio.”
Adam palideció. Bien. Él entendió la amenaza detrás de esas palabras.
—¿Ella es la que has estado vigilando, no? El caminante de sueños humano, —dijo Charlie.
—Sí, y es muy poderosa. —Sin esperar respuesta, Gabriel se marchó dando media vuelta para conseguir buen asiento para la subasta.


* * * * *

Fate se puso encima su abrigo y escrutó el gentío una última vez. Gabriel Letourneau había comprado cada una de sus pinturas. Cada una. Todas.
Había algo de erótico en la idea de que sus pinturas, un poquito de su alma, estarían colgadas en la casa de ese hombre. Sus pensamientos, sus ideas, y sus deseos habían entrado en cada brochazo de la lona. Era una huella subconsciente de sí misma, un amigo íntimo de su psique.
Ella quiso agradecerle su generosidad. Y, juró, quería besársele otra vez. Había sido increíble, su columna vertebral había zumbando, y los dedos del pie se habían arqueado. Ella nunca había sido besada así. Nunca en su vida. No… pero no había sido un beso. Había sido Gabriel haciendo el amor a su boca. Sus labios habían seducido a los suyos de desde el principio, pasando por una degustación ligera. Luego él había ladeado su boca sobre la de ella y la había tomado en un beso profundo, penetrante que había disparado la lujuria directamente hacia su vagina.
Fate no había sentido tan elevado nivel de deseo en años. Tal vez nunca.
Y su voz y acento. Fate emitió un suspiro. Casi todo el francés había desaparecido de su voz profunda, aterciopelada, pero había todavía lo suficiente como para hacer su columna vertebral zumbar. A ella le gustaría tenerle una noche, solo por una noche, en su cama.
Después de que la hubiera besado, todavía había estado estremeciéndose cuando alcanzó el podio. Ella había estado excitada por los comentarios enteramente muy directos.
Ahora parecía que Gabriel había salido. Tal vez él hacía una práctica ordinaria acechar mujeres con esa mirada rapaz, sexual en sus ojos, besarlas hasta dejarlas sin aliento, casualmente dejando caer veinte de los grandes para caridad y luego desapareciendo.
Hombre, había sido una noche extraña. Un día extraño.
Ella se preguntó si había sido Gabriel quien le envió el paquete. ¿Podía ser? Mentalmente, ella negó con la cabeza. De ninguna manera. A pesar de su interés aparente en ella y a pesar del hecho de que le parecía vagamente familiar, nunca antes de esta noche se habían visto. Ella definitivamente lo recordaría. Gabriel no era el tipo de hombre que una olvidaba.
Con una última mirada alrededor del salón de baile, ella abotonó su abrigo negro y se dirigió hacia el vestíbulo. Miró de reojo las puertas de cristal que daban a la calle y frunció el ceño. Llovía. Mucho. Sus tacones hacían clic sobre el piso de mármol de la entrada del hotel. Ella inclinó la cabeza y sonrió a los invitados que lentamente se iban poco a poco de la subasta.
Una pareja caminaba delante de ella, también escapando. La mujer de la pareja chilló mientras andaba bajo la lluvia. El hombre, aparentemente su marido o su novio, abrió su paraguas y la condujo bajo él. Él envolvió un brazo alrededor de su cintura para mantenerla fuera del aguacero y colocó un beso en su frente.
Algo en el estómago de Fate se removió con la visión.
El día que ella atrapó a Christopher engañándola, había llevado la pintura a la lona como un doliente el velo. Había pintado en las primeras horas de la mañana, con lágrimas nublando su vista y obscureciendo el trabajo en la lona. Realmente había amado al bastardo. Bueno, había amado una ilusión de él. La ilusión de lo que podría ser su vida juntos. La realidad había algo sido diferente.
Fate dio un paso fuera de las puertas de cristal del hotel y se acercó al grupo de aparcacoches. Ella no se había encontrado a gusto entregando las llaves de su abollado Honda Accord de siete años al aparcacoches mientras estacionaban nuevos y brillantes Towncars y Cadillacs, pero ella lo había hecho de todas maneras. Ir andando por una calle desierta de la ciudad a la una de la mañana no era su idea de pasar un buen rato, cinturón negro en Tai Kwon Do o no. Toda la pelea que alguna vez había tenido era en el ring de competición o el dojang, nunca en la calle, y nunca contra nadie que realmente tuviera la intención de hacerle daño.
Con el generoso patrocinio de Dorian, ahora podría pagar un coche nuevo. No estaba segura de porque tenía la sensación de estar vendiendo su alma al diablo, sin embargo. Dorian no había pedido nada que ella no quisiera dar, nunca le había preguntado nada que la comprometiera a sí misma o a su arte. Todavía no, de cualquier manera.
Fate mantenía su derecho de sospechar de sus intenciones.
Uno de los aparcacoches se acercó a ella y ella le dio su billete.
—Volveré en seguida, señorita, —dijo, y luego se fue corriendo.
El frío viento de diciembre azotaba alrededor de los edificios, en las calles y le cortaba la respiración mientras estaba de pie esperando a las puertas, a merced de la fría lluvia de noviembre.
El aparcacoches acercó su coche y ella se apresuró tan rápidamente como pudo con tacones altos sobre el pavimento mojado, lo cuál no era muy de prisa, bajando las escaleras. El aparcacoches la encontró con su paraguas y la acompaño hasta su vehículo. Antes de meterse en el coche, ella le metió una gran propina en la mano. Quería compartir su buenaventura. A pesar del ayuda del aparcacoches con el paraguas, estaba mojada cuando se sentó en el asiento del conductor y cerró de un golpe la puerta.
—¡Yuck! —dijo. Su pelo había bajado en aglomeraciones empapadas alrededor de su cara y una mirada rápida en el espejo retrovisor confirmó su sospecha acerca del rimel. Bien, no es como si fuera a cualquier otro sitio que no fuera a casa, de todas maneras. Su encantadora presa vampírica se le había escapado, después de todo. Esta noche, solo una persona ocuparía su cama. Qué deprimente.
Ella tiró su bolso encima del asiento del pasajero, dio un golpecito a sus limpiaparabrisas y se marchó por la calle. Había muy pocos barrios residenciales en el del centro de la ciudad de Newville, en su mayor parte eran edificios de oficina y tiendas cerradas. A las una de la mañana, todo estaba absolutamente quieto y silencioso.
Ella giró una esquina y encendió su reproductor de CD a fin de que Seether cantara acerca de manos enlazadas en amor. Extrañamente, algo se removía profundamente dentro de ella. Su sexto sentido, fuera lo que fuera, hizo mella en ella, junto con un sentimiento de ser observada. Lo cual era tonto. Ella se estaba moviendo, después de todo, y no había nadie tras ella, o delante de ella, o en ninguna parte alrededor de ella, ya que estamos. No había nadie alrededor para observarla. Pero, aun así. Éste era un sentimiento diferente del mero hormigueo que había sentido antes. Este no se sentía simplemente vigilante e interesado. Ésta era un pesado y oscuro sentimiento, el sentimiento de que alguien deseaba dañarla. Y ella lo tomaba en serio. Después de todo, no era como si viviera en un mundo de meros mortales. Otras criaturas, de lejos más poderosas, acechaban en la oscura ciudad.
—Muy bien, —masculló mientras se rendía a su intuición. Paró en un semáforo en rojo. Probablemente no era más que su desbocada imaginación. Aun así, buscó a tientas la agarradera de su guantera y la abrió. Su Smith y Wesson yacía cómodamente dentro. No le haría daño tenerla cerca.
Al mismo tiempo que su mano se cerraba alrededor de su pistola el oscuro sentimiento de presentimiento se hizo más hondo, zumbó durante un latido y luego se abrió a presión en su cabeza.
Venían por ella. Ella lo supo con toda certeza en un momento.
Todo ocurrió demasiado rápidamente para que registrara cada acontecimiento individual. Dos figuras oscuras despacharon prontamente su coche, uno en el lado del pasajero, el otro en el lado del conductor.
Ella se enderezó, pistola en mano, y apretó de golpe el acelerador. Su coche se movió cerca de un pie antes de que el motor sonara como agua y se parara. Se deslizó por una pendiente por el centro del cruce.
¿Qué diablos?
Las figuras todavía avanzaban.
La adrenalina se apresuró a través de ella, pidiendo a gritos pelea o huida. Ella escogió pelea. Mientras esperaba un disparo claro del que se acercaba por el lado del pasajero, levantó su pistola, divisó una línea de fuego y apretó el gatillo. La ventana del lado del pasajero se destrozó y el fuerte sonido del tiro de la pistola dentro del coche casi destrozó sus tímpanos. Todo se volvió misteriosamente silencioso durante un momento y entonces el asfixiante perfume del azufre llenó el aire.
El hombre siguió acercándose.
Ella levantó la pistola y disparó otra vez. Esta vez le golpeó el hombro. Él se tambaleó hacia el lado, gritando y cogiéndose el brazo, pero todavía seguía acercándose. ¿Quién era este tipo, Superman? Ella apuntó con su pistola a la figura, esta vez hiendo a por su estómago. Al mismo tiempo, la ventanilla del conductor se hizo añicos.
Unas manos duras agarraron sus hombros. Ella luchó e intercambió su objetivo para disparar a quemarropa a su asaltante. Al mismo tiempo que ella apretaba el gatillo, él empujó su brazo y su tiro erró el blanco, abriendo un agujero en el parabrisas.
Con fuerza inimaginable, su asaltante la sacó a través de la ventana del coche. Ella gritó cuando el cristal quebrado desgarró a través de su ropa y su carne cuando fue arrastrada sobre los pedazos de vidrio roto. El hombre cargó con ella fácilmente, como si no pesara nada. Entonces fue cuando ella se dio cuenta de que eso, fuera lo que fuera, no era humano. Lucharon un momento mientras ella trataba de alejarse lo suficiente como para disparar, y le hizo sangre en el antebrazo con sus uñas. Él asió su muñeca y apretó… realmente fuerte. Ella se quedó sin aliento por el dolor y dejó caer su pistola. El hombre la pateó y se movió de forma errática y suave a través del pavimento.
Toda posible esperanza que tuviera descendió hasta sus pies.
Ambas figuras estaban vestidas con capuchas y de negro. El hombre que la mantenía en un agarre de hierro tenía que ser un Vampiro. ¿Lo serían los dos?
Ella permaneció en la mitad de la calle, su espalda apretada contra el Vampiro. Su respiración salía rápida y pesada, mostrándose en el aire frío. La lluvia todavía caía. El otro hombre, el que había surgido por el lado del pasajero, se acercó a ella. Ella le vigiló cuidadosamente, su mente pensando en las posibilidades de escapar.
Su coche echó a andar, sobresaltándola, y la radio se encendió. El intercambiador de CDs del coche empezó a saltar de uno a otro, como si alguien seleccionara uno. Finalmente, el cuarto CD, Nine Inch Nails, empezó a sonar. El otro había llegado a parase delante de ella.
—Mejor, —comentó desde las profundidades de la capucha. El material de su largo abrigo, donde cubría el hombro al que ella había disparado, estaba mojado con sangre, notó ella no sin un poco de satisfacción. Él dio un paso hacia ella. Usando al hombre de detrás como apoyo ella se elevó a gran altura y rápido, apuntando al ojo del hombre con su muy afilado tacón. Él gritó y cayó al suelo, agarrándose con la mano de su brazo indemne la cara.
Él parecía el más vulnerable en ese momento. Parecía que al menos uno de ellos no era un Vampiro. El que había pateado podría ser un humano borracho del encanto vampírico. Eso explicaría el hecho de que la bala de su hombro apenas le había retardado.
Para aflojar el abrazo de oso del hombre que la agarraba, ella se dejó caer hacia abajo y forzó hacia fuera sus codos levantados, removiéndose de su agarre al mismo tiempo. Ella se giró, y dirigió su palma con fuerza hacia su cara, con la intención de romperle la nariz.
Si él hubiera sido humano, probablemente habría surtido efecto.
Con una velocidad que atontó su mente, él agarró su muñeca y la retorció detrás de su espalda. Luego él golpeó con fuerza su espalda contra la calle, expulsando la respiración de ella. Su mejilla golpeó el pavimento y ella clavó directamente los ojos en la llanta de su coche, en las gotas de lluvia salpicando encima de la carretera. Era como si las pudiera ver golpear una a una. Gota tras gota de forma implacable, formando como lagunas de lágrimas en el pavimento. La fuerte música que salía de su coche era todo lo que podía oír.
El Vampiro agarró su pelo y sacudió con fuerza su cabeza hacia el lado, exponiendo su cuello. El terror burbujeó de dentro de Fate cuando la cabeza oscura, con capucha se zambulló hacía ella como un amante macabro en el momento de otorgar un beso. Los colmillos se abalanzaron sobre la carne blanda de su garganta.
Fate recobró su respiración y gritó.


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MensajeTema: Re: Anya Bast - La sangre del cuervo   Lun Ene 03, 2011 6:24 pm

Capítulo Dos

A Gabriel le había llevado más tiempo del que habría querido comprar las pinturas y arreglar que las entregaran en su casa. No había ayudado que un hombre de negocios local que conocía le hubiera emboscado y enganchado en una conversación. Todo el tiempo que su conocido le estaba diciendo qué tan exitoso el baile había debido ser para Dorian Cross y haciendo un lanzamiento para una “ inversión nueva interesante ”, Gabriel sólo había podido pensar en Fate. Todavía podía olerla, todavía sentía como sus labios se habían abierto bajo los de él, cómo habían sentido sus pechos contra su pecho.
Dios, su polla deseaba deslizarse en ella. Sería tan apretada, tan suave, y tan caliente. Él no había sentido tanto deseo por una mujer desde… bueno, desde que había sido humano. De eso hacía mucho tiempo.
Quizá era porque la había vigilado tanto tiempo. Observándola sin la posibilidad de tocarla, o tomarla. Gabriel no estaba acostumbrado a negarse las cosas que quería y él deseaba a Fate desde la primera vez que la había visto. Ahora finalmente la podía tener y sus planes estaban siendo frustrados.
Él escudriñó el salón de baile. La mayor parte de los invitados se habían ido y daba la impresión de que Fate se había ido con ellos. Él maldijo bajo en tres lenguajes.
Él había querido invitarla a salir en primer lugar a beber algo y usar la oportunidad para seducir una invitación a su apartamento. Ahora él tendría que encontrar otro camino para lograrlo. Algún otro pretexto para invitarla a salir.
Mientras caminaba hacia el vestíbulo del hotel, dio vueltas a varias posibilidades. Preguntándose si ella estaría ya en casa, Gabriel abrió la conexión mental.
Y encontró un profundo silencio. Absolutamente nada.
Sus pasos vacilaron, y luego aceleraron. No debería haber quietud. Aun cuando Fate durmiera, habría calor, actividad. Ni aun la muerte traía este nivel de silencio tan profundo.
Ya fuera porqué el enlace estaba quebrado o algo por el estilo algo con Fate iba muy, muy mal.
Gabriel había vivido mucho tiempo, lo suficiente como para saber que esto último debía de ser verdad.
Gabriel se abrió camino entre las puertas principales del hotel. Él notó brevemente que había debido llover. El pavimento estaba mojado. Él agarró al primer aparcacoches que vio. —¿Trajo usted un coche para una mujer con pelo oscuro y ojos grises? Ella llevaba puesto un abrigo negro. Usted recordaría su coche; es una viejo y apalizado Honda Accord. —Él había estado en los Estados Unidos tanto tiempo que su acento se había desvanecido, pero su agitación lo hizo fuerte otra vez.
El aparcacoches le miró con una expresión en blanco en su cara.
Gabriel se opuso al deseo sacudirle.
—¡Merde! ¡Contésteme!
—La recuerdo. Sostuve un paraguas para ella. Me dio una propina agradable, —dijo otro de los asistentes detrás de él.
Gabriel soltó al silencioso y se giró.
—¿Recuerda si ella dobló a la derecha o a la izquierda al final de la calle? —Había dos formas diferentes que Fate pudo tomar para ir a casa.
—Ella fue por ahí. —El hombre apuntó la calle oscura, a la derecha. —Eso fue hace rato, sin embargo. Probablemente no la atrapará.
—Hay cien dólares en juego para usted si trae mi coche aquí en menos de dos minutos, —dijo Gabriel.
El asistente se movió como si su vida dependiera de ello y ganó sus cien.

Gabriel resbaló en el asiento de su SUV y condujo calle abajo. Su vista afilada registró la calle buscando cualquier signo de Fate mientras viajaba hacia su apartamento.
Luego sus focos delanteros brillaron sobre su coche.
Paró en la mitad de un cruce. Ambas ventanas, la del conductor y pasajero estaban hechas pedazos y había un balazo a través del parabrisa. Gabriel se detuvo detrás del vehículo y salió. El olor de sangre impregnó el aire, mezclado con los retazos de miedo humano. Su propio miedo se apretó duro y rápido dentro de él. Se forzó a sí mismo a permanecer calmado, quedarse calmado, así es como podía leer cualquier pista y descubrir lo que había sucedido.
Sus zapatos crujían sobre los cristales mientras se aproximaba al lado del conductor. El bolso de Fate permanecía en el asiento del pasajero.
Arrodillándose, examinó el pavimento. Gotas de sangre estaban esparcidas por el suelo. Él tocó una y se lo acercó a su nariz, encontrando la sangre de un varón humano. Se movió más cerca del coche y encontró más sangre. El miedo rasgado a través de él mientras determinaba que una parte de las gotitas de sangre eran de una hembra humana.
Y algunas eran de un Vampiro.
Gabriel soltó una sarta de maldiciones.
Niccolo. Él conectó mentalmente con su ejecutor y enlace de su territorio con el departamento de policía humano.
Sí, Niccolo contestó después de un momento.
Pienso que podríamos tener a un Vampiro granuja en nuestras manos. ¿Hay alguno en la ciudad con el que no hayas acabado?
Acabé con uno anoche, Gabriel. Aparte de él, aquí no hay granujas, estoy seguro.
Genial. Uno nuevo. Estoy en la escena de lo que parece ser un accidente de coche y secuestro en la esquina de Chestnut y la Quinta, pero sé que un Vampiro está detrás de esto. Aquí está la sangre de un completamente Abrazado. No puedo decir el sexo, pero apuesto a que es varón. Hay sangre de un varón humano, también, probablemente bajo la influencia de algún encanto. Gabriel suspiró. Atacaron a Fate Harding. Niccolo sabía que Gabriel la había estado manteniendo bajo estrecha vigilancia.
¿La que estabas protegiendo?
¿Irónico, no? Esta noche era la primera en cinco años que él finalmente había creído que Fate no estaba en peligro y que nunca lo había estado.
Estoy aquí. ¿Llamarás a Samantha? preguntó Niccolo.
Le diré que traiga a la brigada y los encontrarás aquí.
Fate Harding. Esta parece una extraña coincidencia, Gabriel. Niccolo cortó el contacto mental.
Desde que se desenmascarase el Abrazo a la humanidad durante la batalla contra el Dominion en 1890, había habido mucho tumulto en los USA cuando el gobierno decidió “qué hacer con ellos”. Un gran problema había sido el hecho de que la policía realmente no podía hacer mucho en contra de un Vampiro fuera de control. Así es que se habían establecido divisiones federales y locales para la investigación de actividad Abrazada para ocuparse de esta particular necesidad. Se llamó SPAVA, Escuadron para Actividad Paranormal y Vampírica (Squad for paranormal and vampiric activity).
Las armas primarias del SPAVA contra el Abrazo eran bastones con espinas retraíbles de espino, ya que la única forma segura de que un humano matara un Abrazado era apuñalarlo con ese tipo particular de madera. Los cambios químicos que ocurrían cuando una persona era Abrazada los hacían a él o a ella altamente alérgicos al espino. Si se apuñala en cualquier parte del cuerpo, envenenaría la sangre del abrazado, aunque el veneno no lo mataría. La herida creada por una estaca de espino no se cerraría, y usualmente el Abrazado herido moriría por la pérdida de sangre, lo cual era irónico.
A pesar del SPAVA, la mayor parte de la vigilancia del Abrazado era todavía hecha por su fuerza de mantenimiento de la paz, los ejecutores. De hecho, el Abrazo no estaba haciendo nada que no hubieran estado haciendo desde los albores de la civilización. Todavía usaban la fuerza de los ejecutores para frenar y controlar esos granujas que rompían las leyes del Concilio del Abrazado. La humanidad solamente había complicado el proceso con papeleos y comités. Esto hacía que el género humano se sintiese más seguro y más en el control.
Niccolo había sido un ejecutor, siguiendo la pista a los granujas Vampiros desde siglos antes de que Gabriel hubiera nacido. Él había sido la elección natural para capitanear la división en el territorio de Gabriel.
Obligándose a quedarse tranquilo, Gabriel metió la mano en el coche y cogió el teléfono celular de Fate de su bolso, llamó al departamento de policía, y preguntó por la Detective Ripley.
—¿Gabriel? Soy Ripley, —dijo la suave voz de Samantha. —¿Qué ocurre?
—Tenemos a un granuja en nuestras manos. Lleva a tu brigada a Chestnut con la Quinta. Niccolo te encontrará allí y te explicará.
—Malditos Vampiros, —ella maldijo. —¿No puedes mantener bajo control a tu gente, Gabriel?
—No tengo tiempo de charlar, Samantha. Niccolo, que es un Vampiro que se que no maldecirás, será capaz de ayudarte. —Él colgó el teléfono.
Gabriel examinó la escena con furia creciente. Él había conocido a otras personas que habían sido heridas y asesinadas por Vampiros, pero esto era diferente. Esto le hizo percatarse cuán profundamente se preocupaba por Fate.
Niccolo no se encargaría de esto. Gabriel lo haría personalmente.
Él necesitaba cambiarse de ropa. Necesitaba armas. Luego iría de caza con Niccolo cuando acabara de tratar con los humanos.
Gabriel se metió en su coche y aceleró hacia su casa. El viaje era un borrón de casas enormes del viejo Newville, y luego estaba el área que se llamó como los Highlands. Finalmente Gabriel entró en St. James Court y a su camino de acceso. Era una casa grande, histórica. En cierta forma, Gabriel se sentía más cómodo allí porque era de una época pasada, como él.
Un manojo envuelto en negro estaba delante de su puerta. Gabriel se acercó a él cuidadosamente. Mientras se acercaba, notó un largo manto de lustroso cabello color café en su porche. Frunció el ceño. Era igual que el de...
—¡Fate! —Gabriel se arrodilló y la cogió en sus brazos. Ella gimió.
—¿Fate, estas bien? —Él apartó el pelo de su cara y giró su cabeza hacia el lado. Las heridas profundas de pinchazos arruinaban la piel suave de su garganta. Parecían dolorosas, y obviamente habían sido hechas con furia. La sangre había chorreado abajo por la herida hasta sus pechos y encima de su traje de noche. Una magulladura también florecía en su pómulo y su labio estaba partido. Allí no era conveniente ver qué otras lesiones había soportado.
—¿Gabriel? —Ella habló con voz áspera. Sus ojos exteriorizaron confusión profunda. —Me siento extraña. ¿Por qué estoy aquí? ¿Qué sucedió?
Ella vibraba diferente ahora. No como un humano. El bastardo la había abrazado. Por eso no la había sentido a través del enlace mental. Tan pronto como ella se había desmayado del reino de humano, se había cerrado. El asaltante la había abrazado y la había dejado en su umbral.
¿Por qué?
—¿La persona que te hizo esto te hizo beber sangre, Fate? —Él preguntó.
Ella agarró las solapas de su abrigo y se quedó con la mirada fija en él. Su respiración golpeó el aire frío y salió blanca. Ella inclinó la cabeza. Sus ojos estaban oscuros, se ensombrecieron.
—Montones de sangre, — murmuró ella.
—Maldición. —Él la introdujo en sus brazos y se puso de pie. Usando telequinesia, abrió su puerta principal. Se estrelló contra la pared con furia y sacudió los paneles de cristal que había incrustados.
Su casa estaba decorada cómodamente con mobiliario grande en verde oscuro, suelos de madera natural, y diversas piezas de arte que había coleccionado durante los años, que le habían complacido. Todo pareció temblar bajo el campo de energía de su furia.
Subió las escaleras y entró en su dormitorio en el segundo piso. Tan pronto como puso a Fate en su cama de cuatro postes, empezó a quitarle la ropa para asegurarse que no tenía más heridas. Le quitó el abrigo negro y lo tiró al suelo coléricamente.
Su traje de noche estaba rasgado en las costuras, exponiendo montones de cremosa piel blanca. Un lado estaba todo roto hasta debajo de su brazo, revelando las medias que él le había comprado. Ésta no era la forma en que había querido verla llevándolas.
Sus manos se aquietaron. Un increíble deseo sexual era un efecto secundario natural del Abrazo. Ella no estaba actuando desesperada ahora, lo cual quería decir que había debido experimentar esa fase sola en su porche… o con el asaltante.
—¿Te violo, Fate? —Su voz sonó baja, peligrosa para sus oídos. Sería más probable que ella violara al asaltante. Incluso si ella había sido tocada...
Ella negó con la cabeza y comenzó a temblar violentamente.
—No… sexualmente. —Sus dientes castañeaban. El estremecimiento era también una parte del proceso del Abrazo. Los productos químicos de la sangre que ella bebió de su asaltante cambiaban su cuerpo a nivel de DNA y el proceso no era suave. Especialmente si ella no había sido marcada. Nunca debió experimentar este proceso.
El Abrazo no mataba a una persona y resucitaba su organismo, como era la creencia general y popular sobre los vampiros. Los Vampiros y Demi no eran muertos andantes. Pero el Abrazo cambiaba completamente el carácter biológico de una persona. Esencialmente, los transformaba en una raza diferente.
Rápidamente, Gabriel le quitó los zapatos, el traje de noche y las medias, dejándola sólo con su sostén y su tanga. Aun ahora, en esta situación, su organismo respondió al de ella. Él no podía ayudarla pero notaba como se derramaban sus llenos, exuberantes pechos sobre la parte superior de su sujetador y la forma en que el tanga se amoldaba tan perfecto y ajustado sobre su sexo. A él no le apetecía más que beber de su cuerpo hasta no poder más, pero no había tiempo. Terminó de examinarla y encontró algunas magulladuras, unas cuantas en que la sangre ya se coagulaba probablemente hechas al ser sacada por la ventana del coche que se había roto, pero ninguna cosa quebrada o que amenazara su vida. Ninguna cosa que el proceso del Abrazo no cicatrizara.
Gabriel sacó el cómodo cubrecamas y colocó a Fate bajo él. Luego gateó en la cama al lado de ella y la acercó hacia su pecho. Amablemente, soltó todos los alfileres de su pelo, dejándolo caer largo y grueso alrededor de sus hombros.
No había ninguna cosa que pudiera hacer por ella ahora. La siguiente fase del Abrazo de un humano sin marcar era la inconsciencia. Ella despertaría completamente Abrazada o sería un Demi-Vampiro.
Un Demi. Eso era probablemente cómo pensó el asaltante que ella terminaría. La mayoría de humanos sin marcar no eran lo suficientemente fuertes como para pasara a través de la fase Demi del Abrazo y convertirse en un Vampiro completamente abrazado. La condenaría a una inmortal vida de alimentarse de sexo. De las lujurias de otros. Eran literalmente una fila inferior en la cadena de alimentación. El Vampiro se alimentaba del Demi, quien a su vez se alimentaba en su mayor parte de la humanidad. Siempre había sido así.
Gabriel no podía ver otra razón en el vicio de Abrazar a un humano sin marcar que no fuera el deseo de volverse uno de ellos. Como parecía ahora mismo, el asaltante quería castigar a Gabriel y Fate por alguna razón. El asaltante quería obligar a Gabriel a ver a Fate convertirse en Demi. Y el bastardo podía haber tenido éxito.
¿Pero con qué propósito?
Gabriel la mantuvo apretada y acarició su pelo. Sus párpados se encorvaron.
—Lucha, Fate. —Parecía una tontería decir eso. Ella no podía hacer otra cosa excepto ir adelante e intentar lograr el paso.
—Gabriel, — murmuró ella. Luego sus ojos se cerraron.
Él la colocó hacia atrás contra las almohadas. Una hebra sedosa de su pelo se escabulló por sus dedos para descansar sobre su palma. Él lo estudió por un momento, y luego lo apretó en su puño. Tal vez ella había sido Abrazada para enfadarle. Tal vez alguien la usaba para irritarle. Si era cierto, entonces funcionaba. Y, si era cierto, entonces lo pagarían caro.
Y él sabía dónde comenzaba la lista de sospechosos.

* * * *

Gabriel cerró de golpe la puerta de acceso a Raven House, la Asamblea del Abrazo. Estaba cerca del centro, no lejos de su casa. Una vez todos los guardianes, incluyéndose, habían conservado casas de mala fama. A lo largo de la historia habían servido de lugar donde los Demi podían vivir y trabajar como prostitutas, con tal de encontrar una forma fácil de alimentarse de humanos. Los tiempos habían cambiado, sin embargo, y con ellos las buenas costumbres sociales y actitudes hacia el sexo. Ahora era de lejos más fácil para los Demi encontrar fuentes de comida. Todo lo que el Demi tenía que hacer era recoger a una mujer u hombre en una barra de bar en estos días. Gabriel había conservado la idea de la casa, sin embargo. Servía de base de operaciones y un lugar donde Vampiros y Demi podían vivir, si lo elegían.
Esta noche, él andaba buscando un residente y uno sólo.
Ignoró los saludos de los Demis y Vampiros que socializaban en una gran sala de estar, su mirada fija barrió el nivel inferior, sentados en los lujosos muebles de Borgoña y reclinados en ellos, escudriñando las caras de los que se sentaban a la larga mesa del comedor. No viendo el que él buscaba entre ellos, Gabriel tomó las escaleras y las ascendió.
Él le encontró en el corredor.
—Dime que no hiciste eso, Adam, — gruñó él mientras le acechó. Adam justamente había salido de la ducha, aparentemente. Su pelo estaba mojado y estaba envuelto con una toalla alrededor de su torso.
Adam pasó una mano a través de su cabello rubio.
—¿Gabe? Que tienen tus pantalones en un lío —
Gabriel le tiró contra la pared y le sostuvo allí. Los pies de Adam quedaron a una pulgada por encima del suelo.
—Dime que no lo hiciste, —repitió.
—Mierda, Gabe, no sé de qué diablos estas hablando.
—¿Dónde fuiste tras la subasta de caridad esta noche? ¿Dónde fuiste?
Adam palideció.
Gabriel le sacudió cuando no pudo contestar.
—Será mejor que se te ocurra algo bueno, Adam. Algo que pueda verificar. ¿Dónde fuiste tras la subasta y qué hiciste?
Adam vaciló antes de hablar.
—Lo siento, Gabe. Estuvo mal. Sé que lo estuvo. No pude detenerme.
Infierno sangriento.
Gabriel siseó a través de sus dientes, su mandíbula cerrada con fuerza.
—¿Pensaste que no sabría quién lo hizo ? —Él rugió acongojadamente y soltó a Adam. — ¡Mon dieu! ¿Cómo pudiste hacer eso, Adam? ¿Cómo me pudiste poner en esta situación? Confié en ti. Tu m’as vraiment decu. Verdaderamente me engañaste.
Gabriel agarró la garganta de Adam. Los ojos café de Adam se ampliaron y él asió las muñecas de Gabriel con un agarre como grilletes de hierro. Dos Vampiros cara a cara no era nunca bonito.
— ¡Suéltale! — gritó Niccolo desde lo alto de las escaleras. —Gabriel, suéltale.
—Todos nosotros sabemos sus propensiones, Niccolo. Adam Abrazó a Fate, un humano sin marcar, para castigarme por desvestirle de sus responsabilidades en este territorio.
Los ojos de Adam se ensancharon. Él trató de hablar y Gabriel apretó su garganta hasta que hizo un sonido de ahogo.
—Oí el cambio. ¡Contén tus emociones y déjale ir! —Niccolo se acercó hacia ellos. —¿Qué razón posible tendría Adam para hacer tal cosa? ¡Controla tu furia y piensa por un momento, Gabriel!
Gabriel no se movió.
—No me hagas enfurecer, — dijo Niccolo en voz baja. —No te agradará.
Gabriel apretó su mandíbula y clavó los ojos en Adam. El tenso silencio llenó el vestíbulo y Gabriel podía oír a algunos Demi en lo alto de las escaleras, los que eran suficientemente curiosos, o lo bastante estúpidos, para contemplar su furia.
Gabriel soltó a Adam.
—Bien.
Adam cayó al suelo, abrió la boca para coger aire y toser. Era difícil matar a un Vampiro, pero no imposible — era más fácil para un Vampiro matar a otro.
—Yo no — Adam se quedó sin aliento luego tuvo un acceso de tos. —No abracé a nadie, —él finalmente se sofocó.
—Dile lo que hiciste, Adam, —dijo Niccolo. Sus ojos oscuros color café se quedaron en la cara de Gabriel.
Adam se puso derecho, asentó su espalda contra la pared del vestíbulo y rescato la toalla antes de deslizarse abajo de su cintura. Luego contempló a Gabriel con una sonrisa afectada y ese mismo destello de luz insolente firme en sus ojos.
—Seduje a una mujer humana en la subasta y me alimenté de ella. No usé encanto para así poder tener placer de ella recordando agradecimiento Y ella estaba muy agradecida. —La sonrisa abierta de Adam se ensancho. —Tres veces.
Ese era el talento de Adam.
Él había roto las reglas que Gabriel estableció hacía tiempo. Gabriel las establecía y Adam las rompía. Era demasiado peligroso estos días para los Abrazados tomar la sangre de la humanidad sin encanto para enmascarar su memoria. Demasiada gente quería aplastar al Vampiro. Demasiados grupos estaban justamente esperando una excusa para substraer sus derechos y sus libertades. Era la razón de Gabriel para rescindir la colocación de Adam en la gestión del territorio.
Pero ahora parecía menos importante, comparado con el ataque contra Fate.
—Lo sospechaba —dijo Niccolo.
—Estoy seguro de que ella gustosamente me dará una coartada, —continuo Adam. Él sonrió burlonamente. —Ella quiere verme otra vez.
Gabriel se quedó con la mirada fija en Adam. Él era un cañón suelto, un hombre salvaje y libre de un tiempo y lugar donde descabellado y libre estaban al orden del día. ¿Era realmente asombroso que Adam tuviera problema con el autocontrol? Gabriel le estudió, un músculo marcándose en su mandíbula.
—¿Piensas realmente que Adam es suficiente cruel para Abrazar a un humano sin marcar? —preguntó Niccolo. —Adam es un problema la mitad de tiempo, sí, pero él no es violento.
Las palabras de Niccolo rebajaron la furia y el dolor que le habían consumido, las emociones que le habían llevado a ir a Raven House en primer lugar. Gabriel sabía que había sido consumido por sentimientos fuertes que no habían tenido puerta de salida.
—Tal vez, tal vez sobrerreaccioné, —dijo, finalmente.
—Sobrerreaccionaste, sí, —contestó Niccolo. —La fuerte emoción que sientes como resultado del ataque de Fate te cegó, convirtió a amigos en enemigos.
Gabriel inspiró profundamente.
—Puedes estar en lo cierto. —Él se apoyó abajo y extendió su mano a Adam. Adam la tomó precavidamente y Gabriel le levantó.
—Lo siento, actué compulsivamente.
—Estoy contento de que Niccolo viniera antes de que me mataras.
—Debes poner bajo control tus emociones, Gabriel, —dijo Niccolo. —Sé que cuidas profundamente a este muj —
—Yo no lo hago, —Gabriel le cortó. —Pero me siento responsable de ella. Me enteraré de quién hizo esto.
—Nos enteraremos juntos, —dijo Niccolo.
Kara, la mascota de Niccolo paseo fuera de uno de los dormitorios y se sentó a los pies de Niccolo. Kara era una enorme gata de un color marrón oscuro y atigrado en oro que se alimentaba psíquicamente de él. Donde él iba, ella no estaba lejos.
Niccolo se arrodilló, sus fuertes muslos se flexionaron al doblarse bajo sus pantalones vaqueros apretados, y rascó al gato detrás de la oreja. Era gracioso ver a Niccolo, un grano en el culo consumado y ejecutor y cazador de Vampiros, con el gato. Mientras más Niccolo mataba, más él perdía de su alma.
Kara, sospechaba Gabriel, estaba allí para ayudar en desacelerar ese proceso. El gato ya había ayudado a Niccolo inmensamente, Gabriel asumía, en ayudarle a retener lo que estaba dentro de su corazón. Niccolo se volvía mas oscuro con cada día que pasaba y eso preocupaba a Gabriel. Pero Niccolo no estaba de acuerdo en suspender su trabajo como ejecutor. Él decía que era lo único que sabía hacer, y después de siglos haciéndolo, eso posiblemente podía ser cierto. Después de todo, incluso antes de que Niccolo hubiera sido Abrazado, él había estado en el negocio del asesinato.
—¿Qué diablos ocurre aquí? —Dijo Charlie, andando por el vestíbulo. —Todo los Demi están agitados.
Adam emitió una risa sofocada.
—Te perdiste una gran función. —Él se desembriagó y echó una mirada a Gabriel. —Y averigüé que voy a ser degradado. No es que ya no sospechase eso después de ese comentario que Gabe hizo esta noche en subasta.
—No, —Gabriel contestó rápidamente. —He reconsiderado. Obtienes una segunda oportunidad. Las cosas se han alterado desde que tomé esa decisión, y te necesito ahora mismo, Adam. Necesito a todo el mundo. —Él hizo una pausa. —Pero será mejor poner bajo control tu pequeño problema o serás degradado pronto. No puedo tener a alguien que toma tal estúpido riesgo ocupando una posición tan alta en la gestión de este territorio.
Gabriel entendía el deseo de tomar humanos. Era lo que ellos nacieron para hacer. El Abrazado había evolucionado de la humanidad original, para combatir contra una amenaza que la humanidad no podía ver, oír, o tocar en su realidad física, no la mayor parte de ellos, de cualquier manera. La necesidad era la madre de la invención y, en este caso, la madre de la evolución.
Una raza llamada el Dominion se había deleitado en las emociones de la humanidad desde el amanecer de los tiempos, en algún período llevando al hombre peligrosamente cerca de la extinción. El Dominion no radicaba en la realidad física, sino fuera de ella, siempre buscando una vía de entrada. Avanzaban primordialmente con dificultad a través de los sueños, alimentándose y chupando las emociones positivas de la humanidad mientras dormían. Un ataque verdaderamente malo de un Dominion podía dejar a un hombre humano en condición de suicidarse por la mañana. La verdad, el Dominion podría destruir al mundo mientras saciaban su increíble hambre.
La humanidad no entendía esto, aunque había sido informada repetidas veces. Tendían a no creer en lo que no podían ver, tocan, saborean o sentir. Y como el Dominion no residía en este nivel vibracional de la realidad, pero si en el siguiente, la humanidad raramente recordaba sus encuentros con ellos mientras dormían. Sólo sentían la fatiga, la depresión, el sutil astillado de una parte de su alma, era la secuela de ataque del Dominion. No entendían la tríada simbiótica entre el Dominion, el Abrazado y el género humano. El Abrazado peleaba y destruía el Dominion para el género humano. A su vez, el Abrazado se alimentaba de la humanidad. Era un balance.
Pero ya no.
La política, la burocracia y el miedo habían destruido el equilibrio y el mundo estaba en peligro.
—Considera esto una advertencia, Adam, —terminó Gabriel.
Adam dejó escapar un ladrido de risa.
—Bravo, bien, realmente un grano en el culo dando un aviso. Me pondré bajo control, Gabe. Es como una adicción, pero lo haré. Lo prometo.
—¿Qué sucedió? —pregunto Charlie otra vez.
Gabriel le informó.
—Siento pesar acerca de la mujer, Gabriel, —dijo Charlie. “Espero que ella pueda pasar a través del Demi.
—Ocurre, —dijo Niccolo. —Gabriel lo hizo.
—¿Sí, pero además de mí, cuándo fue la última vez que viste un humano sin marcar pasar a través del Demi, Niccolo? —pregunto Gabriel .
Niccolo esperó, después de dar a Kara una última caricia.
—Es poco frecuente, pero he visto que a ocurrido algunas veces a lo largo de los años. Las probabilidades no están de su favor, pero eso no significa que no tenga posibilidades.
Un perfume dulce, femenino flotó en el aire hacia el hombre, precediendo un ejemplo de un humano sin marcar que no pudo pasar a través del Demi. Laila, una Demi que vivía en Raven House, paseó con paso suave y sexy por vestíbulo hacia ellos. Su cuerpo ágil, largo estaba enmarcado en un negligee de color lavanda que exhibía sus pechos llenos, su delgado estómago, muslos y el parche de ligero pelo entre sus piernas. Ella llevaba su pelo rubio suelto y puesto sobre un hombro así que las hebras rizadas pasaban rozando sobre un pezón rosa oscuro mientras caminaba. Laila era una mujer impresionantemente bella.
Ella estrechó sus ojos azules rasgados como los de un gato en Gabriel.
—Bienvenido a casa, Gabriel, —ella ronroneó. —Nunca vienes a la casa estos días. —Sus labios bien proporcionados formaron un mohín. —Nunca me visitas ya.
Laila se imaginaba enamorada de él. Gabriel había pasado el último año tratando de convencerla de que no lo estaba, que él no era el hombre correcto que ella debía perseguir. Él no podía amar otra vez. No a un humano. Ni a un Demi. Ni a otro Vampiro. A nadie. Él podía follar, pero no le podía dar a una mujer su emoción.
Gabriel no entendía su fijación en él. Él era su pere de sang, padre de sangre, y la había abrazado por petición de su amante alrededor de doscientos años atrás. Gabriel no había querido hacerlo. Sin embargo, ella, junto con el amigo de Gabriel y su amante, Xavier Alexander, le habían rogado.

Xavier había sido marcado y Abrazado al tiempo. Él y Laila habían estado enamorados, no habían podido soportar la idea de que Laila creciera y se hiciera vieja y muriera mientras Xavier permanecía joven por siempre. Laila no había sido lo suficientemente fuerte como para atravesar el estado Demi, sin embargo, y en los años que siguieron Xavier había observado a Laila alimentarse de muchas personas diferentes, varones y hembras, para alimentarla y mantenerla viva. Había sido el colmo para Xavier y se habían suicidado aproximadamente seis años después de que Laila hubiera sido Abrazada.
Si bien Laila y Xavier habían sabido los riesgos, y Gabriel había discutido bastante y duro contra eso, Gabriel sentía que estaba en deuda con Laila por Abrazarla, por someterla a una existencia de alimentación de sexo.
Ella avanzó a hurtadillas hacia él y rodeó un brazo fresco a través de él.
—Quédate esta noche, —ella hizo pucheros. —Dijiste que lo harías. Te he perdido. —Ella se inclinó hacia adelante y presionó sus pechos contra su brazo. —Nunca te quedas conmigo estos días.
Él se desenredó a sí mismo.
—No puedo, Laila. Tengo cosas que hacer.
—Una mujer, —ella dijo suavemente, apartando la mirada.
Cristo, él no quería lastimarla, pero parecía inevitable.
—Sí, pero no en el modo que piensas.
Charlie dio un paso adelante.
—Yo cuidaré de ti esta noche, Laila.
Laila miró de Charlie a Gabriel. Su labio inferior se estremeció.
—Pero quiero a Gabriel.
Charlie echó una mirada a Gabriel y dio una triste de media sonrisa.
—Bueno, creo que tendrás que conformarte conmigo.
Él rodeó su brazo alrededor de su cintura y la condujo al vestíbulo.
Laila echó una larga, persistente mirada a Gabriel que le hizo querer gemir. Cómo desarrolló ella ese tonto nexo emocional hacía él, no lo entendía. ¿Quizá el nexo estaba entre sí mismo y Xavier?
Gabriel pasó una mano por su pelo.
—Necesito volver por si Fate despabila.
—Hablé con Samantha, —dijo Niccolo. —Están tomando pruebas en la escena del ataque. Tal vez nos pueda proveer de algunas pistas. Les llamaré y les diré que Fate ha sido encontrada. Probablemente querrán venir y obtener una declaración de ella en algún momento de mañana. ¿La mantienes en tu casa?
Gabriel inclinó la cabeza. Los hospitales humanos nunca habían dominado con maestría el arte del cuidado médico de un Abrazado no es que lo necesitaran muy a menudo. Él cuidaría de Fate por sí mismo.
—Le dije a Samantha que acalle la investigación, pero no sé si tendrá mucho control sobre eso.
Gabriel hizo una mueca. Usualmente se filtraba. Él sabía demasiado bien que sería salpicado en los periódicos pronto. La humanidad no podía tener suficiente de las cruzadas sensacionales del Vampiro. No desde la batalla de 1890 en la ciudad de Nueva York cuando el Abrazado había luchado contra el Dominion. Si bien el conflicto había ocurrido en mitad de la noche durante el invierno más profundo, y en una parte deshabitada del pueblo, varios hombres de negocios prominentes de Nueva York que habían estado de paso con su carruaje les habían divisado. Habían ido a la prensa, y habían iniciado un fervor popular para divisar actividad paranormal. Unos pocos Vampiros que buscaban publicidad más tarde, y la cubierta de Abrazado habían sido levantada. Ninguna cosa había sido lo mismo desde entonces.
—Me gustaría Investigar a Dorian Cross. Quiero saber que todo lo que se deba saber de él, —dijo Gabriel a Niccolo.
—Sé que él es completamente humano.
—Él parece serlo. No huelo a Vampiro en él, pero solo porque es humano no significa que sea inofensivo. Él ha mostrado un interés enorme en Fate y a mí me gustaría saber por qué. Tal vez sea porque disfruta sus pinturas… tal vez no. Tal vez tuviera un motivo para que Fate se convirtiera en Abrazado. Tal vez para meterla en mi camino. No lo sabremos hasta que hagamos averiguaciones.
—Primero buscaré en los archivos de cuándo él empezó a interesarse por ella hace un par de años atrás. Esta vez, me fundamentaré en ellos, e iré más profundo y más lejos, —contestó Niccolo.
—Voy a hacer volar a Mihail desde Dallas para vigilar a Drayden Lex. Mihail está en Nueva York ahora mismo, pero seguro, considerando su historia con Dray, que querrá hacer esto para nosotros.
Niccolo retorció sus labios en una sonrisa amarga.
—Drayden.
—Él ha ido tras este territorio por años y nuestro feudo personal tiene siglos de antigüedad Él tendría una razón para quererme ocupado y emocionalmente desaplicado si elaboraba en secreto algún complot para derrocarme como guardián y aumentar su área.
—Definitivamente, —contestó Niccolo. Niccolo tenía su propia historia con el ególatra Drayden Lex. Drayden había hecho una gran número de enemigos peligrosos en los siglos.
—Esto podría ser para nada. —Gabriel frunció el ceño. —¿Después de todo, cómo sabría él que había estado vigilando a Fate, o que ella significaba alguna cosa para mí?
Niccolo dio una risa baja.
—Dio, Gabriel. Cualquiera que alguna vez te observara mirándola lo sabría. Era obvio desde el principio que había algo acerca de ella que te gustó y ese sentimiento sólo aumentó cuanto más tiempo observabas sus actividades.
Gabriel negó con la cabeza.
—Es cierto que estaba muy concentrado en ella, pero dudo mucho que cualquiera leyera ese tipo de emoción falsa en eso.
—¿Emoción falsa? —Niccolo dio un ladrido que sonaba como una oxidada risa, cambió de dirección y caminó hacia las escaleras. Kara se pegó a sus talones. —Tú, mi amigo, eres ciego de muchas formas. Iré ahora e iniciaré mi investigación de Dorian Cross.
Gabriel le miró marchar. La mayor parte de los Demi había vuelto poco a poco escaleras abajo ahora que la excitación estaba terminada.
Muchos de los Abrazados, Demis y Vampiros, habían acaudalado riqueza durante los años a través de la venta de antigüedades, propiedades y otros valores en cartera. En realidad, mucha de la riqueza del mundo recaía sobre manos Vampíricas y Demi. Él también tenía mucho dinero, tanto en propiedad como en moneda circulante. Empleaba a unos cuantos de los Abrazados para manejar sus asuntos y ocuparse del funcionamiento de su territorio.
El hecho de que fuera el guardián le ganó un lugar en el Concilio del Abrazado, una colocación muy codiciada de poder. Si tienes más de un territorio, entonces tienes dos asientos en el consejo y más poder en la toma de decisiones dentro de la ley y política Abrazada. No era diferente a la junta de directores de una empresa de envergadura. El consejo también les pagaba a los guardianes un bonito ingreso por implementar leyes y políticas.
Gabriel nunca había buscado nada más que un territorio y un asiento en el consejo. Drayden Lex, sin embargo, buscaba más que su parte justa. Tener a un hombre como Drayden con ese poder era desagradable a su gusto. Lex estaba éticamente deteriorado por no decir más, y las transacciones en la sombra abundaban en su territorio. Y Lex siempre había expresado un interés en el territorio de Gabriel, sin importar la ley. Que el territorio de Gabriel estuviera al lado del suyo sólo era otro incentivo.
Gabriel se volvió caminando escaleras abajo y fuera de la puerta principal de Raven House. Los Demi en el primer piso murmuraban mientras pasaba, pero él no les puso atención. Estaba ocupado componiendo una lista de sospechosos en su cabeza, todas las personas físicas que posiblemente querrían ver Fate como un Vampiro o un Demi.
De camino a su casa, pasó por el apartamento de Fate para recoger algunas de sus pertenencias.
No importaba a lo que ella despertara, Demi o Vampiro, ella tendría que quedarse con él por un largo tiempo, hasta que él sintiera que su vida no estaba corriendo peligro. Hasta que encontraran a los bastardos que la habían atacado.
La lluvia que caía del cielo negro golpeteaba contra el cristal de las ventanas de las paredes de su sala de estar. Había sido una iglesia antes de que la hubieran renovado en estudios. La cocina y el comedor quedaban a su izquierda.
Ella había decorado el lugar en diferentes tonos de azul, su color favorito. Su futon permanecía en el centro del cuarto, todavía sin hacer. Sus sabanas permanecía una gran masa informe mullida en medio del colchón, las sábanas torcidas alrededor de el.
Gabriel sabía que ella hacía cosas extrañas en el sueño. Aún más, en el año pasado. Torciéndose, cambiando de dirección y pateando. Peleando. Gabriel se había metido calladamente en su apartamento muchas veces para mirar su sueño. Él también la había encontrado en el reino del sueño y había observado sus habilidades con el Dominion.
Era una de las razones por las que la había vigilado tan estrechamente por tanto tiempo. Fate tenía la interesante habilidad de ser capaz de pasar al reino inferior mientras dormía, de recobrar su sentido de ella misma y volverse consciente de lo que la rodeaba. Sus habilidades psíquicas se extendían aun en su sueño. Ella podía localizar al Dominion allí y pelear con ellos. Gabriel sabía qué tan interesado el Dominion estaba en ella, y este hecho interesó al Vampiro en ella igualmente.
El cuarto de baño era un desorden, probablemente por su prisa en prepararse para la fiesta del baile. Gabriel pasó su mano sobre los envases cosméticos abiertos e inhaló por la nariz el perfume dulce que todavía colgaba en el aire.
Él se volvió caminando fuera al cuarto principal. Su atril se asentaba en el centro de la sala de estar, una alfombra pequeña rosada sobre el suelo de dura madera delante de ella. Las lonas estaban por todas partes, apoyadas contra la cama, la mesa de la cocina y prácticamente en cada pared.
Él tomó el atril y la pintura que permanecían a medio terminar y los metió en su SUV. Él también cogió sus pinturas, alguna ropa y artículos del tocador, su osito de peluche de la infancia… y una de las tres pistolas que ella poseía. Luego cerró la puerta del apartamento y se volvió a casa.
Cuando Gabriel llegó, echó un vistazo a Fate antes de cualquier otra cosa y la encontró todavía inconsciente. Él regresó escaleras abajo y descargó sus cosas del coche, luego regresó a su dormitorio.
Fate estaba colocada sobre su lado con una mano apoyada sobre la almohada. Parecía que dormía, pero Gabriel sabía que su cuerpo hacía mucho más que eso. Fate todavía tenía estremecimientos a pesar de las mantas pesadas que la cubrían.
Gabriel miró hacia abajo, percatándose que todavía llevaba puesto su esmoquin. Se desnudó, dejándose sólo puestos sus pantalones, trepó a la cama y jaló a Fate cerca de él.
Ella giró hacia él, buscando y acurrucándose en el calor del cuerpo, y atravesó sus dedos a través del pelo oscuro de su pecho. El cuerpo entero de Gabriel se tensó ante la percepción de su mano en su piel. Ella cambió de posición, deslizando una pierna desnuda sobre su muslo hasta quedar entre sus piernas.
Él apretó sus dientes. Cristo.
Maldijo el hecho de que se había dejado sus pantalones puestos. Quería sentir su piel cremosa contra la de él. Ella se acurrucó más cerca, presionando sus pechos contra su lado. El pene de Gabriel se endureció contra ella.
Ella tembló una última vez, dio un pequeño suspiro y se quedó quieta. Gabriel apoyó su barbilla sobre la parte superior de su cabeza y cerró sus ojos.
Durante el resto de la noche, él se quedó así, contento de tenerla en sus brazos.

* * * *

Fate despertó y abrió sus ojos. Fue envuelta en calor y fuerza, permanecía abrazada en los brazos de alguien, su cabeza tenía de almohada un pecho que se sentía duro y suave al mismo tiempo.
Ella abrió sus ojos del todo. Todo estaba desenfocado. Ella parpadeó dos veces y una silla azul surgió a la vista. Echando un vistazo alrededor, acogió el resto de lo que la rodeaba.
Color crema en alfombra y paredes. La entrada de un vestidor grande. Una puerta conducía a lo que parecía un cuarto de baño enorme.
¿Dónde diablos estaba? ¿Y, más importante aún, con quién diantre estaba en la cama?. Fate movió la cabeza y vio la cara primorosa de Gabriel Letourneau, sus ojos cerrados en el sueño. Ella recorrió su sedoso y duro pecho… y fue cuando todo la golpeó.

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MensajeTema: Re: Anya Bast - La sangre del cuervo   Lun Ene 03, 2011 6:24 pm

Capítulo Tres

“Oh… Dios… mío,” ella respiró. Su cabeza era golpeada en un ritmo staccato, casi tan duro como su corazón. Ella se sentía diferente, debilitada, como si no hubiera dormido en dos días y, raramente, al mismo tiempo, se sentía más fuerte de lo que alguna se sintió en su vida.
La noche de antes volvió de nuevo en una serie de destellos de pesadilla. Recordó el ataque a su coche y haber luchado con dos hombres. Luego recordó al hombre con capucha que la había mordido. Recordó el sabor de sangre en su lengua.
Y cuánto le había gustado.
No había sabido metálico, como pensaba. Había sido rico, como el vino envejecido, y terroríficamente adictivo.
Luego había sido abandonada sin ceremonias ante el porche delantero de alguien. Había tratado de levantarse y marcharse, pero no había podido moverse mucho. Luego el flujo de conocimiento había comenzado. La información se había estrellado contra su mente como si una computadora con una conexión ultrarrápida hubiera sido conectada detrás de su cabeza para hacer una descarga de archivo tras archivo. Ahora sabía muchas cosas que no sabía antes. Acerca del Vampiro. Acerca de una raza antigua, altamente malvada llamada el Dominion. Ella ya los conocía, se dio cuenta. Eran contra los que se oponía al otro lado.
También sabía lo qué le había ocurrido. Sabía que su asaltante la había abrazado.
Fate había estado familiarizada con los Abrazados antes de su ataque. Todo el mundo sabía de ellos. Eran fascinantes, y raramente hechizantes para la humanidad. Odiados por algunos, amados por otros, adorados por unos cuantos. Ahora sabía detalles que el género humano no sabía, y los sabía como si fuese uno de ellos. Pero ella no era uno de ellos, ¿entonces qué estaba pasando? ¿Ella no podía ser uno de ellos… verdad? Aunque, si ella había sido Abrazada, entonces eso quería decir que...
No.
Su mente rechazó esa posibilidad. Simplemente no podía ser.
Ella gimió, lanzó las mantas hacia atrás y miró alrededor.
Gabriel Letourneau coloca al lado de ella, aún dormía. La vista de él causó que su cuerpo se apretase instantáneamente con una conciencia raramente sexual. Ahora no era el momento, pero eso no la ayudaba.
Sus pantalones negros del traje estaban bajo sus caderas, el botón de arriba suelto. Su pecho energético con su piel dorada estaba descamisado, y él había colocado hacia arriba un brazo sobre su cabeza en una postura que definía sus bíceps. El músculo suave ondeaba sobre el espacio de su pecho y los brazos. Un toque de pelo oscuro decoraba el pecho dejando una huella del tesoro que bajaba a su estómago, después por la pretina de sus pantalones. Ella pensó acerca de dónde llevaba esa huella y un rubor duro, caliente sobrecogió a su organismo.
Su mirada fija encontró el pulso en su garganta y permaneció mucho tiempo allí. El hambre inició un punto bajo en su barriga y se expandió. Ella imaginó bajar sus pantalones y acariciar su pene, tomándolo en su boca, contra su lengua. Ella le visualizó volteándola y empalándola con eso, tomándola despacio al principio y luego con hambre y más duro. Imaginó su cuerpo musculoso trabajando encima de ella, su respiración sonora y rondando en su oreja.
Ella mordería su garganta cuando llegasen juntos y satisficiesen todos sus deseos de inmediato.
Ella se quedó con la mirada fija en su duro pulso y su boca se hizo agua.
Los ojos azules de él estaban abiertos, luego se ensancharon.
—Fate. —Él se levantó sobre un codo y clavó los ojos en ella. —¿Estas bien?
—Yo yo, uh, no se. Me siento extraña.
—¿Qué quieres ahora mismo? ¿Sexo o sangre?
Ella clavó los ojos en sus labios, rastreándolos con su mirada fija y queriendo saborearlos. Ella le imaginó rodándola de espaldas sobre las almohadas y colocando esa boca deliciosa sobre sus pezones, arrastrándola hasta su coño y lamiéndola hasta que gritara en el clímax. Ayer, lo último en su mente había sido sexo. No había sido algo que ella hubiera querido en un largo tiempo. Ahora era todo en lo que parecía capaz pensar.
Ella miró hacia arriba de sus labios.
—Sexo, — dijo ella espesamente.
Sus ojos instantáneamente se oscurecieron con lo que Fate supo tenía que ser excitación. —Mon Dieu, — murmuró él. Él se puso derecho y la acercó hacia él.
Su coño se empapó con humedad ante la sensación de sus manos sobre ella, la impresión de su piel desnuda contra la de él. Fue entonces cuando ella se dio cuenta de lo que llevaba, sólo su sostén y su tanga. Ese conocimiento sólo sirvió para excitarla más.
¿Qué estaba mal con ella? ¿Se había convertido en alguna ninfómana durante la noche?
Gabriel la jaló sobre él, así es que ella montó a horcajadas su cintura, luego deslizó su mano por su nuca y presionó su boca contra la garganta de él.
—Frota tus labios contra mi piel, ma cheri. Sienta las venas pulsando, la sangre lanzándose a través de ellas. Inspira el perfume de mi fuerza vital. Imagina lo que sería consumir eso, a lo que sabría.
Ella frotó su boca contra de su garganta caliente, sintiendo el raspado de su barba contra la carne blanda de sus labios e inspirando los retazos de su colonia intoxicante. Fate colocó un beso contra su piel y dio un golpecito con su lengua para saborearle. Bajo ella, Gabriel se tensó. Su pene se endureció, levantándolo contra su sexo a través de sus pantalones.
Ella podía oler su sangre, el licor exquisitamente envejecido pulsando a través de sus venas. El hambre se rizó a través de su estómago, disparándose por su columna vertebral y, abrumando a su organismo, abrumando aun su deseo por el sexo. Sus incisivos cambiaron y se extendieron hacia abajo en pequeños puntos.
Su respiración se volvió pesada y su corazón golpeaba. La realidad la golpeó. Cielos, ella era un Vampiro. Y peor...
Ella tenía hambre.
Ella raspó sus colmillos sobre su carne, buscando, yendo en busca de una vía de entrada, insegura de cómo proceder.
—Ah, sí, —respiró él, parecía aliviado. —Siento tus colmillos. —Las manos de Gabriel se cerraron alrededor de la piel desnuda de su cintura. —Pasaste a través. —Las palabras salieron agradecidas y ligeramente sorprendidas. Él dio una abrupta risa pequeña.
Ella cambió de posición sobre él, frotando su coño sobre él lentamente, sintiendo la larga dureza de su polla presionar contra ella. Él era impresionante, notó, y estaba muy excitado.
Su movimiento le valió un gemido erótico que salió de Gabriel.
—Nada de juegos, ma cheri, solamente muérdeme.
Fate hundió sus colmillos en su piel y encontró un flujo de sangre tirar adelante. Ella cerró sus ojos en éxtasis. La gruesa sangre sabía caliente y picante, sazonada con especias justo como un pequeño dulce. Ella se sirvió, dando a su cuerpo lo que tanto deseaba, lo que necesitaba.
—Sí, —siseó Gabriel. Sus caderas apuñalaban hacia arriba contra ella. Fate maldijo la ropa que ponía distanciada entre ellos cuando él arremetió contra ella lentamente, en una semblanza azuzadora del acto real.
Ella presionó sus manos contra su pecho, sintiendo los músculos duros, calientes doblándose cuando él la envolvió con sus brazos más cerca y acarició su piel. Bromeando, él recorrió con su pulgar bajo la pequeña correa de su espalda.
Él subió su otra mano y desabrochó el broche del sostén. Sus pechos se derramaron de las copas y él los atrapó. Sosteniéndolos en sus manos grandes, él les dio un masaje y operó los pezones entre sus dedos y pasó rozando de acá para allá sobre ellos con las almohadillas de sus pulgares.
Oh… Sí
Ella se apartó de él, soltando su garganta. Su coño estaba mojado y pesado como el plomo con la excitación. Fate no podía recordar la última vez que había estado tan excitada. Era como si su cuerpo no fuera suyo.
Ella recorrió con sus dedos su pecho, sintiendo sus músculos pectorales definidos y luego rezagándose alrededor de cada uno de sus pezones. Él se estremeció y cerró sus ojos. Fate se apoyó hacia adelante, y presionó sus labios contra los de él, y los rozó con la punta de su lengua.
Repentinamente, ella se encontró de espaldas bajo él. Su boca inclinada sobre la de ella y él zambulló su lengua dentro para, salvajemente, enredarse con la de ella. Sus pechos se rozaron contra su pecho, robando su respiración y su pensamiento.
Él insertó una rodilla entre sus muslos y forzadamente los dividió. Colocándose entre ellos, él presionó su polla contra los pliegues blandos, despertados de su coño y empujo de forma que ella pudo sentir qué tan duro estaba él. Dios mío, ella odió que todavía él llevara puestos sus pantalones. Su tanga sería tan fácil de evitar.
Fate gimió en su boca y se arqueó hacia arriba contra él. Ella colocó sus manos sobre sus hombros y su espalda desnuda, sintiendo sus músculos tensarse y agruparse cuando él se movió.
Él rompió el beso, agarró sus muñecas y las sujetó en la cama a cada lado de ella. El calor sexual emanó de sus ojos de tapas pesadas.
—No me toques, Fate. No seré responsable de lo que ocurrirá si lo haces. Está sufriendo los efectos del Abrazo, ahora mismo. Tu mente esta nebulosa y tu cuerpo demanda cosas que tu voluntad necesariamente no desea. No querría que lamentes algo que hagamos ahora más tarde. No quiero ser un arrepentimiento para ti.
Pero, oh, cómo necesitaba ella una liberación. Ella movió sus caderas contra él.
—Por favor, necesito… —
—Sé lo que necesitas, ma cheri. No te dejaré sufrir. —Él soltó sus muñecas.
—¿Qué pasa conmigo? Normalmente yo no —
—Es un efecto del Abrazo. Durará un rato, pero disminuirá en grado. Al principio abruma todo lo demás. —Su mirada fija se deslizó por sus pechos y sus pezones respondieron instantáneamente. —Déjame aliviar tu incomodidad.
Su voz raspaba sedosamente moviéndose sobre su piel. Ella se relamió los labios.
—Sí.
Él se puso a su lado e hizo pasar un pezón a su boca caliente. Amablemente, él lo tomó en ella, lo rastreó con su lengua, y alternativamente lo absorbió como si fuera un caramelo. Él movió su mano sobre su estómago y rodeó su clítoris a través del material húmedo de su tanga. Luego él se movió hacia abajo, probando sus labios vaginales con las puntas de sus dedos a través de la fina tela de su tanga.
—Gabriel, — respiró ella, cerrando sus ojos. Su cuerpo estaba tan preparado para llegar al clímax.
Él se movió, bajando el diminuto material sobre sus caderas, abajo por sus piernas y completamente fuera. Por un largo momento allí no hubo sonido, ningún movimiento. Fate abrió sus ojos.
Gabriel estaba arrodillado en la cama al lado de ella. Sus ojos estaban pesados, oscurecidos. El calor sexual radiaba de su cuerpo, calentándola. Su mirada viajó sobre ella con placer y ella casi llegó en ese mismísimo momento por la mirada de sus ojos.
Su mirada quedó en su cara.
—Dios mío, eres bella. —Casi imperceptiblemente, su voz tembló.
Ella sonrió. Fate no podía recordar una vez que un hombre le dijo eso y sonó tan sincero.
Él se deslizo hacia abajo y frotó su muslo.
—Abre tus piernas para mí, Fate, — ronroneó él con la voz del terciopelo.
Ella accedió y él se movió entre ellas. Él deslizó su dedo a través de su crema y lo usó como lubricante alrededor de su clítoris abotagado y sensible. Él giró en torno a él con su dedo hasta que Fate gimió. No fue suficiente para hacerla llegar, solo lo suficiente como para conducirla al borde y mantenerla allí.
—¿Te gusta, ma cheri?
Ella cerró sus ojos e inclinó la cabeza, absorbiéndose en la sensación.
—Pues lo haré, —dijo él. —Disfruto observando tu cara, oyendo tu respiración dificultosa y tus gemidos y gritos. ¿Quieres venirte?
—Sí, —ella se quedó sin aliento.
Gabriel se recostó sobre ella, manteniéndose en una mano, y acomodado su boca sobre su pecho. Él dio un golpecito con su lengua sobre su pezón mientras metía dos dedos por su vagina.
Fate gritó, celebrando la magia que él tejía sobre su cuerpo. Él presionó su pezón con sus dientes y ella casi se vino.
Él se movió, quizá sintiendo que ella estaba cerca del clímax, y besó su camino a lo largo de su cuerpo, haciendo una pausa una vez para saborear su ombligo. Él movió la punta de su lengua a través del pelo que cubría su montículo y bebió a lengüetadas de su clítoris.
—Oh, sí, —lloró ella.
Su dedo encontró su ano y lo rodeó, jugando con los nervios que acababan allí.
—¿Qué hay acerca de aquí, ma cheri? ¿Lo disfrutas cuando un hombre te ama aquí?
Ella nunca había tenido un hombre que la amara allí, aunque siempre había sido curiosa, había imaginado acerca de eso en numerosas ocasiones.
—Yo-yo no lo sé. —respiró ella.
—¿Hmmm… arreglaremos eso más tarde, sí?
—Cualquier cosa que quieras hacerme, —ella gimió. —Cualquier cosa.
—Me gusta el sonido de esas palabras viniendo de tus labios. —Él colocó un beso en la parte interna de su muslo, seguido por un lametazo rápido. Gabriel cambió de posición, rozando sus labios vaginales y metiendo su lengua a la fuerza en ella. Ella se levantó con las dos piernas hacia arriba, presionando su coño abotagado en su cara. Su dedo rastreaba alrededor y alrededor de su ano jurando una promesa oscura. Él mitad gimió, mitad gruñó en su carne excitada, húmeda, haciéndola vibrar.
Oh, Dios Mío. Ella iba a perder la razón.
—Gabriel, por favor, te necesito.
Él no contestó. En lugar de eso, colocó su boca sobre su clítoris y resbaló sus dedos de vuelta a su coño. La bombeó duro y rápido, algo así cómo ella quería que hiciera su pene. Las puntas de sus dedos encontraron y rozaron sobre su punto G diestramente, haciéndole mover las caderas. Fate se contorsionaba y jadeaba mientras él lamía y chupaba su clítoris. Todo el tiempo, él gemía como si ella fuera lo mejor que alguna vez había saboreado.
Fate se deshizo y llegó al clímax más duro que alguna vez había tenido en su vida. Los espasmos de placer sacudieron su cuerpo como nunca antes. Alzó la voz por la fuerza de ellos. Usando sus manos y su lengua, él dibujó su orgasmo hasta que su vista se ensombreció y ella pensó que se desmayaría.
Lentamente, él la hizo bajar, calmándola con pequeños besos y caricias. Lamió su coño con la superficie de su lengua como si no tuviera suficiente de su sabor. Luego se apartó y sufrió un colapso en la cama al lado de ella.
La respiración de Fate lentamente volvió a la normalidad y notó cómo su pene se marcaba contra el material de sus pantalones. Ella se giró hacia él y extendió la mano para acariciarlo.
—Pero que hay de ti.
Él cogió su muñeca antes de que ella pudiera establecer contacto.
—Fate, si me tocas aun que sea una vez ahora mismo, entonces me deshonraré a mí mismo en un par de pantalones muy caros. No tienes idea de cuánto te quiero, —terminó él a través de sus dientes apretados.
Ella se apoyó contra las almohadas.
—Pues tómame. Soy tuya.
Él suspiró.
—Si dices eso otra vez más tarde, después de que estas reacciones iniciales del Abrazo hayan pasado, entonces serás mía, Fate. Cada pulgada apetitosa de ti me responderá, y deberías estar lista para eso.
Ella se sobresalto ante sus palabras, aun sentía los efectos residuales de las recientes demandas carnales de su cuerpo, si bien el hechizo sexual que la había controlado desde que se había despertado estaba empezando a eliminarse ahora que su cuerpo había obtenido lo que necesitaba. Gabriel había suavizado el borde cortante de él con su sangre y el clímax que le había dado.
Ahora la increíble oscuridad de lo qué había ocurrido finalmente comenzó a registrarse. Una mala sensación se reacomodó en el fondo de su estómago.
Ella le recostó su cabeza hacia atrás, tragando y cerró sus ojos.
—Ya no soy humana.
—Eres un Abrazado ahora, Fate. Eres un Vampiro completamente Abrazado.
Las lágrimas pincharon sus ojos y presionaron su garganta. Anoche, su vida había sido normal. Anoche, casi había estado feliz. En un instante todo había cambiado… ella había cambiado. Ella abrió sus ojos e hizo retroceder hacia atrás las lágrimas.
—¿Quién me hizo esto, Gabriel? —Ella murmuró.
Gabriel meció sus pies por el borde de la cama y se puso en pie.
—No lo sé, pero me enteraré. Cuando lo haga, lo pagarán.
Fate apartó las mantas de su cuerpo desnudo, repentinamente sintiéndose expuesta y más que un poco vulnerable.
—¿Por qué querría alguien Abrazarme en contra de mi voluntad?
Gabriel pasó una mano a través de su pelo.
—Otra vez, no lo sé.
Sus ojos se estrecharon.
—¿Y cómo estás tu involucrado?
—¿Quieres decir, por qué acabaste en mi porche delantero? —Él hizo una pausa. —Creo que alguien tuvo la intención de usarte para lastimarme.
—¿Por qué? No significo nada para ti. Nos encontramos por primera vez anoche. Y sí, te gustan mis pinturas. Y, sí, definitivamente tratabas de meterme en tu cama anoche, y lo había estado deseando, quizá incluso te habría perseguido, pero no significo nada personalmente o emocionalmente.
Gabriel permaneció quieto y clavó los ojos en ella durante varios latidos.
—Hay algo más que tengo que decirte. Me encontraste por la primera vez anoche. Yo, por otra parte, te he conocido mucho más tiempo.
Su frente se arrugó.
—¿Que quieres decir?
Él se sentó al lado de ella en la cama.
—Atrajiste mi atención cinco años atrás, cuando por primera vez tomé este territorio, eres especial.
—¿Especial?
—¿Fate, has sabido que eras diferente desde que eras niña, no es cierto?
Ella cambió de posición con inquietud. Era un tema doloroso para ella. La habilidad psíquica había dominado su vida casi desde que había comenzado. Como un niño, ella no había sabido distorsionar sus habilidades, no sabía que otros se sentirían amenazados y asustados. El resultado había sido el rechazo. Eso es lo que la había conducido a convertirse en un artista. Ella se había lanzado a su pintura cuando los otros niños le habían hecho bromas y la habían apartado a la fuerza. Había sido una escapada agradable y una forma de expresar sus emociones cuándo no había nadie con quien hablar.
—Sí, — contestó ella cuidadosamente.
—¿Siempre has tenido una vida nocturna activa, no es cierto , Fate? No del tipo social. Siempre has sabido cuándo soñabas y has podido controlar esos sueños. ¿No es cierto? Has podido retener tu sentido de ser y viajar.
—Sí.
—Te descubrí puramente por accidente una noche mientras estaba caminando en sueños, supe que serías de mucho interés para el Dominion. La humanidad con tu nivel de habilidad es muy rara. Así es que te he estado vigilando estrechamente durante cinco años, para asegurarme de que no te atacaran de cualquier forma o te usaran para su provecho.
Fate trago con dificultad. El Dominion era el Coco del país de los sueños.
—Me he opuesto a ellos en numerosas ocasiones cuándo viajaba por allí.
—Lo sé. Te he observado hacerlo. —Él extendió la mano y ahuecó su mejilla en su mano. Lentamente, frotó su pulgar sobre su labio inferior. —Sé muchas cosas acerca de ti. He invertido un montón de tiempo y energía en ti, vigilándote, protegiéndote.
Ella agarró su muñeca, aquietando su movimiento.
—Entonces, si un enemigo tuyo hizo esto, entonces, pudieron haber decidido que yo realmente significo algo para ti.
—Sí.
La furia burbujeó hacia arriba dentro de ella. Se escapó de la cama, poco consciente de su desnudez, y giró hacia él.
—No quise ser Abrazada y no quiero ser un Vampiro. —El mareo repentinamente la atormentó, poniéndola sobre sus rodillas.
Gabriel la atrapó antes de que sufriese un colapso.
—Pero fuiste Abrazada, Fate. Eres un Vampiro. Lo siento, pero esa es la realidad.
—¿Por qué me siento tan débil?
—Tu DNA esta alterado. Aun para alguien con una marca, alguien que tuviese la intención de convertirse en Vampiro, el Abrazo es altamente drástico. Para una persona sin huella, es categóricamente peligroso. Tienes suerte de haber pasado del todo a través de la fase Demi. Estarás débil por un rato.
Bravo, y caliente también, Fate pensó. Ya su cuerpo se apretaba otra vez con deseo en cuanto tuvo los brazos de Gabriel alrededor de ella.
Ella luchó para ponerse en pie y apartarse de él. Viendo la sabana de la cama, la agarró y se envolvió. Había un largo espejo colgado detrás de la puerta del cuarto de baño. Ella caminó suavemente a través del suelo de la madera dura hacia él y examinó su reflejo. Una magulladura decoraba su mejilla. Cautelosamente, lo tocó y se sobresaltó.
—Todo ocurrió tan rápido, que aun no recuerdo como recibí esto.
—Tienes otras heridas, pero cicatrizaron como resultado del Abrazo. Ese estaba particularmente mal, pero se ve mejor que anoche. Esta tarde, probablemente estará curado.
—Bastardos, —murmuró ella. Su cuerpo zumbó con furia impotente. Quiso repartir golpes, tomar venganza, pero no tenía alguien tras quien ir. Quiso llorar, patear, gritar, pero eso no le haría bien, no serviría para nada. Toda la fuerza que tenía por el momento era para la aceptación entumecida y para presionar profundamente la cólera hacia dentro.
Ella cambió de dirección.
—Necesito llegar a casa, Gabriel. ¿Me llevarás?
Él negó con la cabeza.
—Debes quedarte aquí. Donde te puedo proteger.
Fate se opuso al deseo gritar.
—Puedo cuidarme, —mordió ella.
—¿Recuerdas anoche, Fate? Un humano, aun uno con cinturón negro en Tae Kwon Do, no es rival para un Vampiro.
—Ya no soy humana, Gabriel, — chasqueó ella.
Él negó con la cabeza otra vez.
—Verdad, pero no estas aclimatada a ser un Abrazado, aún. Estás demasiado débil, Fate. Te quedarás aquí. No sé aún con que estamos tratando. No sé si vendrán detrás de ti otra vez o no. Necesito poder protegerte.
Ella apretó sus dientes.
—Necesito mis lonas, mis pinturas. Es cómo hago frente a la tensión nerviosa.
—Entiendo eso. Ya me he tomado la libertad de traer algunas cosas de tu apartamento, tu atril y tus pinturas, alguna ropa, y otros artículos.
—Por supuesto, —dijo ella amargamente. Caminó hacia él, manteniendo la sabana contra su cuerpo. —¿Porque sabes dónde esta mi apartamento y cómo entrar sin una llave, y sabes lo que querría empacar de sombras de ojos, no?
Gabriel sólo inclinó la cabeza.
—Así mi perseguidor de cinco años me conoce al dedillo. —Ella entrecerró sus ojos. —Pero yo no te conozco.
—Lamento esta situación, Fate. No sé qué más decir. —Él caminó hacia la puerta. —Toma un baño. Toma una siesta. Descansa. Date tiempo para aceptar lo que ha ocurrido. Luego baja la escalera. Tus lienzos y pinturas están allí. —Él entró en el vestíbulo. —Estaré a un pensamiento por si me necesitas.

* * * * *

Gabriel cerró la puerta y se dirigió abajo hacia el vestíbulo.
No era fácil para ella quedarse aquí, pero, tampoco era fácil para él tenerla aquí. Después de todo, él no había vivido con una mujer desde hacía 369 años. Estaba fuera de práctica.
Gabriel siempre se aseguraba que después de acostarse con una mujer, ya fuera él o ella se iban poco tiempo después. Ahora él tenía a una en su casa, pasando la noche en su cama, bañándose donde él se bañaba, respirando el mismo aire. Parecía doméstico.
Iba a ser malditamente desconcertante.
Se dirigió al dormitorio de invitados donde conservaba algunas ropas. Después de agarrar un par de pantalones vaqueros y una camisa, entró en el cuarto de baño, puso en marcha la ducha y se quitó sus pantalones y boxers.
Y, Cristo, él la quería.
Apenas había podido esperar cuando la había llevado al clímax. Había querido hundir su pene en su coño caliente, apretado. Ella había estado tan dulce, tan mojada. Había sido un acto supremo de freno no subirse a su cuerpo delicioso y empujar su pene dentro de ella cuando había implorado por él.
Una cosa era cierta; él se aseguraría que ella implorara por él otra vez cuando no estuviera bajo el efecto del Abrazo. No se refrenaría entonces. Cuando ese tiempo llegara, y ella le suplicara que se lo hiciera duro y rápido, él honraría su petición con mucho gusto.
Entró en la ducha y gimió mientras el agua caliente se deslizaba por su cuerpo. Gabriel recogió el jabón y lo enjabonó sobre su pecho. Su pene estaba duro con sólo pensar en ella. Podía saborear la nata de su sexo en su boca, podía sentir los músculos de su coño cuando él tenía hundidos sus dedos en ella. Su pequeño clítoris se había sentido dulce contra su lengua.
Colocó sobre el suelo la pastilla de jabón, colocó una mano contra la pared de la ducha y llevó a su pene enjabonado la otra. Moviendo su mano a lo largo y a lo ancho de su erección, se excitó a sí mismo apretándose mientras imaginaba el coño de Fate haciéndolo. Él la follaría despacio y fácil al principio. Su sexo lo apretaría, los músculos ondeando alrededor de su eje mientras él se deslizaba adentro y afuera con lentitud deliberada. Fate se contorsionaría bajo él, gritando su nombre. Le rogaría que la tomara más duro, más profundo.
Su mano se apretó ante el pensamiento y su pene se sacudió con fuerza. Se acarició a sí mismo más rápido, imaginando cómo gemiría Fate cuando adquiriera el paso de sus empujes. Golpearía sus caderas, haciendo que la cabeza de su pene rozara el sensible punto G.
Sus ojos se ensombrecerían con alocada pasión mientras ella le contemplara. Su boca gritaría en el éxtasis. Su cuerpo se tensaría, se estremecería, y luego explotaría bajo él con la dulce liberación. Los músculos de su coño convulsionarían y ondearían, tirando de su eje. Le empaparía con su venida y su pene bebería cada gota de ella.
Gabriel se vino con un grito ronco, su pene saltando en su mano mientras una corriente de disparo venía de el. Su respiración era ruidosa, se apoyó contra la pared de la ducha y cerró sus ojos. Lo que, le empujó por el borde más que cualquier otra cosa había sido la emoción que él había imaginado en los ojos de ella. Amor.
Dios mío, estaba en problemas.
Se enjuagó y salió. Después de secarse con toalla completamente, se tumbó en la cama de invitados con un gemido rendido. Podía usar una pequeña cama también. Gabriel cerró sus ojos y tomó un minuto colocando un campo de energía alrededor de la casa. Si cualquiera lo estorbara más allá de esas personas que él hubiese invitado a su casa, entonces lo sabría.
Sin previo aviso, una imagen de una rubia con ojos azules brillantes atrajo su intención.
Caroline.
No había pensado en ella durante años, pero el corazón de Gabriel se agarró con fuerza no obstante. Ella había sido la única mujer que alguna vez realmente había amado. Había tardado siglos en curar su pérdida, y lo hizo, pero el recuerdo de ella todavía podía sacar un profundo dolor.
Fate le recordaba a Caroline. Él había advertido las similitudes en sus personas al poco tiempo de que hubiera empezado a vigilarla. Ambas fuertes, tercas, y generosas. Las dos pintaban y usaban su arte como una forma de interpretar sus vidas y sus emociones.
Gabriel apretó sus ojos en un esfuerzo de descartar la imagen. Ahora no era el momento de volver a vivir el pasado o revolcarse en los pensamientos dolorosos y lamentarse. ¿Por qué estaba pensando en ella? Trató de desviar sus pensamientos hacia una dirección diferente, pero la imagen de Caroline permanecida alojada en su mente, no importó cuán duro trató de eliminarla.
La puerta estaba abierta y Caroline camino adentro, envuelta en capas de ropa contra el clima de invierno. Gabriel se levantó y fue hacia ella.
—¡Lo hice, Gabriel! —ella lloró. —Vendí la pintura. —Ella le sonrió, con sus mejillas rosadas y sus brillantes ojos azules. Ella llegaba de la casa de un comerciante local, un hombre que había admirado su trabajo y había expresado un interés en comprar alguna obra.
Él la apretó contra él y la besó bastante tiempo y profundamente. La alegría le hinchó. Ésta era su primera venta en un ambiente que era a las claras hostil para las pintoras. —Estoy tan orgulloso de ti, —él murmuró contra sus labios.
Desenvolvió cada capa de tela protectora, hasta que su barriga redondeada se reveló. Él la jaló hacia él y puso su palma sobre ella.
Su primer niño.
La dicha orgullosa le llenó y la acercó y cubrió sus labios con los de él.
Gabriel se sacudió con fuerza a sí mismo, incapaz de salir de sus recuerdos. Frotó su mano sobre su cara y suspiró. ¿Enterraría verdaderamente el dolor de perder a su esposa y el niño nonato alguna vez? Quizá no.
Si Caroline no hubiera contraído la fiebre y muerto, llevándose consigo a su niño, Gabriel probablemente nunca habría sido Abrazado. Su vida sería así de diferente. Eso tendría que haber terminado hacía siglos, pero él habría podido vivir con la mujer que él amó más en el mundo, y él tendría un reflejo suyo siempre en los ojos de su niño.
Por eso, él intercambiaría su inmortalidad si le fuera dada la elección.
En lugar de eso, Caroline y el bebé nonato habían muerto, y Gabriel casi había perdido su juicio por la pena. Había dejado su apartamento con un único objeto, un autorretrato pequeño de Caroline que poseía hasta el día de hoy.
Luego, había tratado lentamente de suicidarse con alcohol. Había estado yaciendo en un callejón cuando Monia le había encontrado. Ella le había traído de regreso a su Auberge De Plaisir, la casa donde sus Demi vivían. Gabriel vivió allí durante años como “comida” para los Demi, hasta que un día contrajo la misma fiebre de la cual Caroline había muerto.
Él había esperado con ilusión la muerte, pero Monia frustró sus esfuerzos y le Abrazó. Para sorpresa de todos, él, un humano sin marcar, había pasado a través del Demi y había obtenido el estado completamente Abrazado.
Al principio Gabriel había odiado a Monia porque le había engañado, pero con el paso de los años había llegado a estarle agradecido. Estos días Monia era una de sus amistades más cercanas.
Gabriel se recostó en la cama y trató de relajarse. Tardó mucho en dormirse y cuando finalmente lo hizo, sus sueños estaban embrujados por susurros dolorosos de emoción de su pasado.

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MensajeTema: Re: Anya Bast - La sangre del cuervo   Lun Ene 03, 2011 6:24 pm

Capítulo Cuatro

Fate untó más pintura en su pincel y lo puso delante de la lona. No había podido dormir, aunque había seguido la sugerencia de Gabriel de un baño. La pena de perder su anterior vida la hacía sentirse pesada y cansada, y se había sentado en el agua caliente y había tenido la mirada perdida durante mucho tiempo mientras procesaba los recientes acontecimientos.
Cólera. Eso era lo que la había compelido a salir de la tina y vestirse. Eso fue lo que había conducido al primer piso para recoger su pincel. Esa era la emoción que la sostenía. Hirviendo a fuego lento la furia fluía a través de ella. Sus venas parecían zumbar con ella.
Pero lo que era, era… y Fate siempre había sido elástica. Pasaría a través de esto igual que había sobrevivido a tantos otros traumas en su vida… y encontraría su venganza contra la persona que lo había hecho. Esa meta estaba en primer plano en su mente.
Esa mañana había explorado los alrededores. La casa de Gabriel era vieja, probablemente databa de los años 1800 tempraneros. Sin embargo, Fate filosofó, Gabriel, probablemente no pensaba que fuera tan vieja. Fate sabía cuánto dinero tenía por los artículos de las revistas que habían escrito sobre él. El hombre estaba cargado, pero había decorado su casa sencillamente y de una forma muy masculina. Los suelos eran de madera y en su mayor parte desnudos excepto por unas cuantas alfombras pequeñas desparramadas aquí y allá. Los avíos y las colgaduras de las ventanas eran de diferentes tonos de verde. Su sofá y sus sillas estaban rellenados, invitadores y parecían cómodos. No había pretensión en su casa, a pesar de su riqueza. Era una casa, pura y simple.
Sus pinturas pendían a lo largo de las paredes de la casa junto a otros trabajos más antiguos. Ella había pasado la mayoría de la mañana paseando por la enorme casa, haciendo un reconocimiento de todos ellos. Era extraño ver sus pinturas allí, cada una era como un pequeño trozo de su alma. Gabriel exhibía pedazos de su alma dentro de su casa. Era una íntima y extrañamente complaciente revelación.
Una de las escaleras crujió y ella apartó la vista de su trabajo para ver a Gabriel descendiendo. Él estaba descalzo y traía puestos un par viejo de pantalones vaqueros. Su pecho estaba desnudo y tenía una camisa en su mano. Una expresión hosca arruinaba su cara hermosa.
—¿Estás bien, Gabriel? preguntó cuando él no la miró a ella ni dijo nada.
Él la recorrió con la mirada y masculló algo ininteligible.
—¿Perdona?
—No dormí bien, sueños molestos, —él se quejó. Él recorrió con la mirada la mesa cerca de ella donde había colocado su osito de peluche, Mr. Jones. Su Glock apoyada en el regazo del oso. —¿El osito de peluche necesita defenderse? —preguntó, frunciendo el ceño.
—Fate necesita defenderse. El osito de peluche sostiene la pistola. —Ella bajó sus ojos y estudió su lona. —Siento haberte gritado más temprano.
—Tienes toda la razón para estar enojada, Fate. Es una reacción normal.
—Son demasiadas cosas al mismo tiempo. Demasiadas. Yo-yo necesito tiempo para ajustarme.
—Por supuesto.
—Gracias por traer mi pistola y a Mr. Jones.
Él ondeó una mano.
—No hay problema.
Ella se giró hacia él.
—Yo te recuerdo ahora. Te recuerdo de mis sueños. Algunas veces cuando me transporté a ellos, estabas allí, vigilándome desde un lado. Siempre me has seguido en secreto, pero tu … presencia me era familiar.
Él pasó una mano a través de su pelo, e hizo alarde de sus bíceps cuando lo hizo. ¿Sabía él qué tan hermoso era?
—Sí, te vigilé a menudo mientras dormías, Fate. Supe que si el Dominion quería contactarte, tratar de usarte de algún modo, o dañarte, sería dentro de ese reino.
—En algún nivel, te reconocí en el baile de caridad. —Ella se rió. —Pensé que me estaba volviendo loca.”
—No loca. —Él sonrió. —¿Tienes hambre?
Ella le miró con una expresión en blanco.
—Digo de comida. Nuestros cuerpos no lo necesitan, pero es todavía agradable comer. Y algunas veces los recién Abrazados tiene punzadas de hambre fantasma. Del tipo como de un miembro amputado que todavía puedes sentir la extremidad si bien eso se va.
—Oh. —Esa era una analogía interesante. Su humanidad había sido amputada. Ella dio un suspiro sincero y recorrió con la mirada su pintura. La arruinaba con su tensión.—Sí, siento algo de hambre. El, uh, tipo normal de hambre, digo. —Ella colocó sobre el suelo su cepillo y su paleta.
—El sacyr se siente diferente que el hambre humana, —él comentó.
—El sacyr. ¿Así es como llaman los Vampiros su hambre de sangre, no? Tengo esa información desde anoche, desde el Abrazo, pero también recuerdo leer eso acerca de los Vampiros — uh — antes.
—Sí. Un Vampir nunca debe negar el sacyr. Especialmente tu, Fate.
—¿Especialmente yo? ¿Cómo es eso?
Gabriel hizo una pausa.
—Entra en la cocina. Sentémonos y hablemos. —Él cambió de dirección y capitaneó abajo del vestíbulo.
Ella le siguió con la mirada, su cara cayendo. Oh, Caramba. Ella no podía tomar más malas noticias. Después de sacarse el devantal de la pintura y dejarlo a un lado, recuperó su Glock de Mr. Jones, no iría a ningun sitio sin ella de ahora en adelante, y le siguió por el vestíbulo.
Una de las pinturas viejas que colgaba en la pared del corredor que conducía a la cocina atrajo su atención. Se detuvo para examinarla.
—¿Quién es el niño de esta pintura, Gabriel? Él se parece un tanto a ti.
—Soy yo, —dijo Gabriel desde la cocina.
Ella estudió la pintura. El niño tenía lustrosos mechones negros y cabellos bastante oscuros. Él fue un niño bello; uno de esos niños de quienes podías decir que se convertiría en un hombre primoroso. Había tenido pelo largo aun entonces. En la pintura, llevaba puesto un sombrero para cubrirle, un par de polainas pequeñas azules, una camisa blanca y una chaqueta azul sobre él. Tenía una expresión amarga en su cara. La emoción entristecedora radiaba fuera de sus ojos.
Después de examinar la cara del niño para varios largos momentos, ella cambió de dirección y entró andando en la cocina.
—¿Qué edad tienes, Gabriel?
Él colocó un vaso en la isla central y la miró.
—Tengo 394 años de edad.
Su mandíbula se cayó. Ella sabía que el Abrazado era inmortal, pero nunca verdaderamente había entendido lo que significaba eso hasta que se había convertido en uno. Ella, también, podría vivir por mucho tiempo.
—¿No te aburres con la vida?
Él se rió y trató de alcanzar la cafetera llena.
—Ser un Abrazado quiere decir que nunca estas aburrido, ma cheri.
Repentinamente muda, levantó uno de los taburetes de la isla central y se sentó. Colocó su Glock en la mesa al lado de ella, y recorrió con la mirada la comida que él había colocado. Repentinamente ya no se sintió tan hambrienta.
—¿Dónde naciste? —Ella preguntó.
—Bretagne. Es una región de Francia. Fui un niño bastardo nacido de una familia muy pobre. Me vendieron para ser el modelo de un artista cuando era muy joven.
—Eso es terrible.
Él se rió ahogadamente.
—No fue tan malo. He tenido una vida interesante, al menos. Te daré la historia entera pronto.
Ella recorrió la mirada alrededor del cuarto. Su cocina era enorme y lucía aparatos de acero inoxidable y un tragaluz grande en la mitad del techo del cuarto. Una isla con un horno dominaba el centro. Por encima de esto colgaba una percha con cazuelas de cobre y cacerolas y un lugar donde colgaban el cristal y copas de champaña. Un rincón íntimo de desayuno quedaba a la izquierda de la cocina, en una alcoba con una ventana salediza que dejaba ver su verde, sano césped. Era un patio privado, limitado por muros de protección altos, gruesos y se esparcían por todos lados árboles maduros.
—Estoy todavía teniendo problemas envolviendo mi mente alrededor de 394 años, —ella comentó.
—Fate, nuestra duración de vida es infinitamente más larga que la de un humano y ese es un regalo, no una maldición. Tu perspectiva se ajustará. Pronto verás que un Abrazado planea vivir por siempre. Es normal para nosotros. Tal como un humano planea vivir sólo ochenta y cinco o noventa años de edad.
—¿Cómo puedes matar a un Abrazado? —Ella preguntó repentinamente. Aun no sabía de dónde había venido la pregunta, salvo que había estado pensando en la mortalidad.—Quiero decir que sé del espino. Eso lo sabe todo el mundo. Pero desde que soy un Abrazado por mí misma, tener una estaca de espino o un bastón cerca realmente no suena atractivo. ¿De qué otra forma se puede hacer?
Gabriel levantó un taburete al lado de ella y se sentó.
—De todas las formas normales en que se puede matar a un humano, solamente tienes que hacer un intento diez veces más duro.
Ella recorrió con la mirada a su Glock.
—¿Lo hará una bala?
Él se encogió de hombros.
—Depende de donde le des al Vampiro y cuántas veces.
Fate estrechó sus ojos.
—¿Dónde es el mejor lugar?
—La cabeza o el corazón. Un Vampiro podría estar apurado para cicatrizar múltiples heridas de la cabeza o del corazón. Aunque cuando digo múltiples, lo digo en serio. —Él recorrió con la mirada la Glock. —¿Cuántas rondas dispara? ¿Diecisiete?
—Sí.
—Tendrías que vaciarlo.
Fate miró hacia fuera y se estremeció.
—Bueno es saberlo. —Ella sacó una respiración y miró hacia él. —¿De acuerdo, por que, más que los otros, necesito estar segura y alimentar el sacyr?
—Sabes de primera mano qué tan poderoso es el Dominion, Fate. Has obtenido habilidad psíquica y eras de mero interés para ellos como un humano. Ahora que eres un Abrazado, serás un blanco. Serás demasiado poderosa para que ellos te ignoren. Y si no alimentas al sacyr, entonces serás vulnerable para ellos.
—¿Por qué querrían perseguirme?
—Serás un caminante de sueños poderoso como un Vampiro, Fate. Combinado con tus habilidades psíquicas, podrás seguirlos la pista y destruirlos fácilmente.
Ella respiró profundamente. Oh, bien.
—Conozco a otro Vampiro que el Dominion persigue específicamente. Su nombre es Penélope y ella es una de las más fuertes de nosotros. Ella puede olfatear al Dominion que ha tomado cuerpos humanos.
Fate levantó la vista con sorpresa.
—Pensé que el hecho de que el Dominion poseyera a la humanidad era sólo un mito.
—Oh, No. Puede ocurrir. Según lo que sabemos, sólo ocurre cuando el velo de energía que protege nuestro reino del de ellos se vuelve delgado. No es a menudo. Penny está constantemente alerta sobre el Dominion, pero ni aun ella tiene la misma habilidad de caminar en sueños que tú tendrás. Serás una amenaza real para ellos.
—Genial.” Ella se rió. —Bueno, por lo menos seré hábil en algo.
Gabriel gesticuló hacia el queso y pollo frío sobre la mesa.
—Come. La comida no te dará nutrición directa, pero es buena para ti psicológicamente.
Su mirada deambuló sobre su pecho desnudo, rastreando la musculatura dura, delgada de sus bíceps, pectorales y abdominales. Señor, era maravilloso. Su pelo estaba apartado sobre un hombro y caía casi hasta su ombligo. Ella no podía evitar recordar cómo todo su pelo rozaba sobre su piel. Apenas sabiendo lo que hacía, extendió la mano y la colocó sobre su pecho, deteniéndose para jugar con uno de sus pezones.
—No estoy hambrienta de comida, —ella murmuró.
El calor sexual dio una llamarada instantáneamente en los ojos de Gabriel. Él se deslizó fuera del taburete, agarró su muñeca y la jaló adelante, presionándola contra él. La empujó contra el mueble mostrador y presionó sus caderas contra el estómago de ella, de forma que pudiera sentir su erección. Él trenzó una mano a través de su pelo y bajó su boca hacia la de ella.
—Me tientas más allá de lo posible, —murmuró contra sus labios. —Y no me he alimentado aún hoy.
Repentinamente, ella se preguntó como sería ser mordida por otro Vampiro. No en la violencia y la cólera como su asaltante había hecho, sino en la lujuria sexual. Decían que era orgásmico, una experiencia incomparable con cualquier otra. Había humanos que eran adictos.
Con una firme pero gentil presión él tomó su pelo, y con él su cabeza, y expuso la línea larga de su garganta. Él agachó su cabeza para cubrir el espacio de carne vulnerable y rozó sus labios contra ella, justo bajo su lóbulo. Un acceso repentino de calor la envolvió desgarrando a través de ella, e instalándose entre sus piernas.
Su respiración se volvió rasgada y la de ella se detuvo mientras él mantenía el agonizante y lento descenso de sus labios bajando por su cuello.
—Conozco tus deseos más íntimos, Fate, —murmuró él . —Conozco tus fantasías sexuales más oscuras. Sé lo que imaginas cuándo usas tu vibrador. Qué actos sexuales prohibidos imaginas en tu mente que te hacen llegar.
Ella cerró sus ojos. Su coño empapado por sus palabras. Él había estado en su subconsciente, por supuesto que él lo sabía. Supuso que debería sentirse indignada, violada, pero raramente no lo hizo. Sólo se sintió excitada.
Él besó el lugar donde su garganta y su hombro se unían.
—Voy a hacerlos todos realidad, —murmuró él con amenaza sedosa. Se abrió camino de vuelta a su boca y frotó sus labios con los de él. —Todos. —Él lamió su labio superior. —Y cada. —Mordió su labio inferior. —Uno. —Su boca se enfocó dura y hambrienta sobre la de ella, demandándole que la abriera para él. Deslizó su lengua dentro para enredarla con la de ella. Gabriel meramente no besó; Él reclamó su boca. Él mordisqueó, lamió y saboreó, alternando con la penetración caliente, profunda de su lengua.
Un quejido de necesidad escapó su garganta y ella agarró sus hombros, devolviéndole los besos. Ella sumergió una mano hacia abajo para frotar su erección desde fuera de sus pantalones vaqueros. Su coño se sentía tan vacío ahora. Le quería dentro de ella.
Él expresó un gruñido en su garganta y empujó contra su palma. Una serie de imágenes llegaron a su mente, enviadas por Gabriel. En el ojo de su mente ella le vio quitándole sus ropas y levantándola encima del mueble mostrador, desabotonando sus pantalones vaqueros y deslizándolos abajo a lo suficientemente lejos para liberar su pene. Las imágenes llegaron a su mente de él arrastrando bruscamente a su trasero hasta el borde del mueble mostrador y deslizando su pene en su coño, llenándola tan exquisitamente, estirando sus músculos como nunca habían sido estirados. Él se zambulliría dentro y fuera, tan duro y tan rápido que ella no podría pensar, apenas podría respirar.
Él deslizó su mano caliente abajo de su estómago hasta su coño. Ella abrió sus muslos para él y él recorrió con sus dedos sobre la costura de sus pantalones vaqueros que se asentaban cómodamente contra su sexo, encontraron su clítoris y frotaron círculos pequeños sobre él. El material de los pantalones vaqueros que los separaba era frustrante, pero excitante al mismo tiempo. Él lo rodeó y lo rodeó con la punta del dedo, ejerciendo una cantidad suficiente de presión para hacerla gemir contra su boca.
Ella apretó su cuerpo más cerca y empujó sus caderas contra él. Su respiración se volvió dura y rápida ahora, y echó la cabeza hacia atrás, rompiendo el beso.
—Gabriel, —ella respiró. Ella había hecho eso como una invitación manifiesta y él la tomó.
Él presionó su cuerpo más cerca al de ella mientras su boca caía encima de la línea larga de la garganta que ella le ofrecía. Su mano nunca cesó la actividad entre sus muslos. Él nunca detuvo la rotación perfecta de su dedo alrededor de su clítoris mientras raspaba sus labios sobre su piel sensitiva y la recorría con sus dientes en un gesto que la hizo temblar con anticipación.
—No puedo, —él murmuró. —Todavía no. —Él besó su garganta y presionó más duro su clítoris, lo rodeó una vez, dos veces, y ella sufrió un colapso. El placer intenso que subió vertiginosamente a través de ella era tan intenso que la hizo quedar con las rodillas débiles. Él la mantuvo en posición vertical y cubrió su boca con la de él, consumiendo los sonidos del clímax de ella.
Fate acabó el beso y abrió la boca.
—Oh mi Dios, —ella murmuró con asombro. Sus manos se mudaron a los botones de sus pantalones vaqueros, abriéndolos con movimientos a tientas. Ella finalmente liberó su pene y lo acarició. Era grueso y tan hermoso como lo era él. Tenía venas claras y una cabeza grande, chupable. Ella quiso pasar su lengua por su largo y sentir como el cuerpo de Gabriel se tensaba y temblaba. Ella quería chuparlo como un pirulí hasta que él gimiera. Ella quería volverle loco con sus labios y su lengua.
Ella se arrodilló, repentinamente necesitando saborearlo.
—Mon Dieu, oui, —dijo él con un gemido.
El timbre de la puerta sonó.
Gabriel soltó una sarta de maldiciones en francés y otros idiomas que ella no reconoció.
—Ignóralos, —dijo Fate. —Debe de ser solamente un vendedor. —Ella movió sus dedos a lo largo de él, sacando un gemido angustiado de su garganta.
Sus manos agarraron sus hombros, y él emitió un siseo que sonó como una respiración frustrada.
—No, debe de ser la policía.
La intrusión de la realidad fue como un baño de agua fría. Ella se puso en pie.
Gabriel se ajustó, sobresaltándose cuando tocó su erección, y se abrochó sus pantalones vaqueros.
—Están aquí para obtener una declaración tuya acerca de anoche.
Ella dejó escapar un suspiro largo, trémulo.
—Y estaba haciendo un trabajo tan precioso para olvidarme, también.
Gabriel puso sus manos sobre sus hombros. El calor de sus palmas atravesó el material de su camisa y calentó su piel.
—Sé que no quieres volver a vivir esta experiencia, pero la policía puede ayudarnos a enterarnos de quien te atacó. Es muy necesario.
Ella mordió su labio e inclinó la cabeza.
—Lo sé. Lo entiendo.
—Te acompañaré.
—De acuerdo.
Juntos caminaron hacia la puerta y la abrieron. Una mujer bonita, alta, pelirroja con ropas de calle estaba de pie allí al lado de un oficial uniformado.
—Gabriel, —saludó fríamente. Su mirada se desvió a Fate. —Usted debe ser Fate. Soy la Detective Samantha Ripley. Capitaneo el escuadrón de Actividad Paranormal y Vampírica aquí en Newville.
SPAVA. Fate había tenido noticias de ellos. Ella puso su mano en la puerta y golpeó ligeramente su uña contra la pesada madera.
—Normalmente diría que estoy contenta de conocerla, pero…
—Entiendo, —contestó Samantha. —Usted ha estado sometida a mucho estrés. Condolencias por haber sido Abrazada, —dijo desapasionadamente. —De todos modos, realmente necesitamos hablar. —Su mirada miró tras ella, dentro de la casa de Gabriel y luego de regreso a Fate. —Abajo en la comisaría sería más ideal, si eso es conveniente para usted.
Ella suspiró con resignación.
—Estupendo, déjeme coger mi abrigo.

* * * *

Gabriel se sentó en las oficinas del centro SPAVA de la ciudad de Newville e intentó no cruzar el suelo hacia donde Fate se sentaba, cargarla sobre su hombro, y salir andando. Era doloroso verla y oírla recordar los acontecimientos de la noche anterior. Lo único que le detuvo de llevársela rápidamente fuera de la oficina y de vuelta a su coche era que parecía una catarsis para ella. Necesitaba ocuparse de lo que sucedió y el SPAVA necesitaba los detalles. Él no podía intervenir solamente porque le lastimaba mirar su paso a través de esto.
El alojamiento era pequeño y estaba pintado con colores neutros. Samantha y Fate estaban sentadas una en frente de la otra en una mesa pequeña. Niccolo permanecía cerca. El único otro mueble del cuarto, además de la silla en la que estaba sentado como observador, era una mesa larga donde había una cafetera, algunas tazas, y una bandeja de reposterías que habían vuelto sin tocar por todo el mundo en el cuarto.
—Entonces, usted dice que no conoce a nadie que quisiera castigarla por alguna cosa, Fate. ¿Usted no tiene enemigos? —preguntó Samantha .
Fate sacudió su cabeza.
—No que yo sepa. Las cosas han estado tensas entre mi ex-prometido y yo pero no pienso él llegara a… —Ella se calló cuando Samantha empezó a escribir en el formulario legal que había delante de ella.
Samantha levantó su cabeza y le disparó a Gabriel una deslumbrante mirada helada.
—Me resulta curioso que usted nunca sospechara del Sr. Letourneau. Quiero decir, usted terminó en su porche, después de todo.
Fate recorrió con la mirada a Gabriel.
—Bien, ah. Es gracioso. No sé porque. Solamente sé que él no lo hizo.
—Él tiene una coartada de cualquier manera. Jason Turner dijo que él discutió algunas oportunidades comerciales largamente con Gabriel después de la subasta, mientras Fate fue atacada, —Niccolo disparó con voz irritada. —¿A que viene esa pregunta, Sam? Él no es un sospechoso.
Samantha detuvo sus manos, sus palmas abiertas.
—Solamente me lo preguntaba. Después de todo, Gabriel esta adecuadamente absorto en esto. Quienquiera que hizo esto quizá trataba de atacarle a través de Fate. Y como un guardián Vampírico, la lista de sus enemigos es larga.
Era cierto. Él había hecho muchos enemigos a lo largo de los años, y había empezado a hacer una lista de sospechosos esa noche. No muchos de los Vampiros que querían controlar de su territorio trabajarían así, sin embargo. Obtener su territorio eran negocios y esto era, muy personal. Drayden Lex estaba en la mismísima parte superior de su lista de sospechosos porque él era un Abrazado que tenía una historia de manipular emociones para su ventaja. Drayden era muy personal.
—Así es que dígame otra vez lo que usted recuerda después de que su asaltante mordió su garganta, —dijo Samantha.
—Era-era casi como si él no hubiera tenido la intención de hacerlo allí en la calle, pero que solamente no había podido resistirse. Sentí el rasgón de sus co-colmillos a través de mi piel y la forma de su boca en mi vena. —Ella hizo una pausa y tomó aliento. »Luego un placer curioso me llegó. Casi, casi, no me importó.
Niccolo había estado apoyándose contra la pared cerca de Fate, oyendo. Él se puso en pie y descruzó sus brazos.
—Él usó encanto. Eso es interesante.
Fate cabeceó.
—Tengo entendido que él no tenía que usarlo. Que eso es optativo.
Samantha negó con la cabeza.
—Y no es lógico. ¿Por qué la aterroriza casi hasta morir sólo para cambiar de parecer y exteriorizar misericordia?
Niccolo canturreó el pensamiento.
—¿Tal vez él repentinamente cultivó una conciencia?
—Dudoso, —disparó Samantha. —¿De acuerdo, qué recuerda usted después?
—Él me levantó y me llevó a su coche, —contestó Fate. Samantha abrió su boca pero Fate levantó su mano. —Antes de que usted me pregunte la marca y modelo, no lo recuerdo. Tampoco recuerdo de qué color era, o si era un SUV o un sedán. Ninguna cosa. Me desmayé entonces, me sentía drogada y desfallecida, entraba y salía de la consciencia. Todo lo que recuerdo es mirar al humano tambalearse enfrente y gatear al asiento delantero. Él me maldecía todo el tiempo entero por patearle el ojo con el tacón de mi zapato, y por dispararle en el hombro. —Ella frunció el ceño. —Por todos los demonios, él debería haber perdido completamente el conocimiento. Realmente le herí. Pero imagino que el encanto bajo el que estaba era muy poderoso.
—La humanidad puede actuar como zombis cuando están a la orden de un Abrazado poderoso, —intervino Niccolo. —Estarán medios muertos y aun así forzados a llevar a cabo las demandas del amo que los controla.
Fate cabeceó.
—Recuerdo ser tirada encima del asiento trasero y el Vampiro… —ella aspiró una bocanada de aire y la dejó salir con un estremecimiento —se subió encima de mí.
Los nudillos de Gabriel estaban blancos donde él agarraba los brazos de la silla en la que se sentaba. Él contó hasta diez lentamente. Fate se había quedado silenciosa.
—¿Entonces qué? —animó Samantha.
—Él me forzó a abrir la boca y yo saboreé sangre. —Su voz estaba estremeciéndose. —Montones de ella.
—¿Piensa usted que alguna se pudo derramar en los asientos del coche?
Ella inclinó la cabeza.
—Ah, tal vez. Probablemente.
Samantha apuntó algo en la libreta delante de ella.
—Bien.
—Luego, — Fate se aclaró la voz y sus ojos se pusieron brillantes. Niccolo agarró un pañuelo de una caja sobre la mesa de la cafetera y las reposterías y se lo dio.
—Luego, ah… —Ella hizo un pequeño sonido en su garganta, se puso silenciosa y estudió el tejido fino en su mano.
Gabriel se puso en pie.
—¡Fils de Pute! ¿Es ésto necesario ahora mismo? ¿No puede esperar hasta que se ajusté a la situación algo más y las heridas no sean tan frescas?
—Gabriel, controla tus emociones, —dijo Niccolo.
Ese era el problema; él no parecía capaz de hacer eso mientras Fate estaba preocupada. Especialmente ahora, cuando ella sufría y él se sentía responsable de eso.
Samantha le disparó una mirada moderadamente fría.
—Esto tiene que ser hecho si vamos a encontrar a los perpetradores, Gabriel.
Fate se levantó rápidamente de su silla y se paseó a la mesa y de vuelta.
—¡ Estoy bien! Solamente, solamente déjeme meditar retrospectivamente sobre la situación. —Ella se paseó de acá para allá unas cuantas veces más, todo el rato desgarrando su pañuelo fino en pequeños pedazos. Cuando habló después su voz era dura, enérgica. Como si ella se hubiera decidido a zambullirse completamente hasta el final. —Bebí su sangre, y la parte extraña fue que me agradó.
—Fue el hechizo del encanto en tu mente, —comentó Niccolo. —Haciéndolo fácil para ti.
Ella apretó el fino pañuelo en su mano.
—Inmediatamente después de lo que fuese, no sé, algún tipo de calor. Un calor sexual. Rechacé el pensamiento de q-querer a mi asaltante de esa forma, pero era tan fuerte. Me opuse a eso con uñas y dientes, con cada pedazo de mi voluntad… me calmé, ah…—Ella sacudió su cabeza. —De cualquier manera, el Vampiro me ignoró, ignorándolo, y gateó por el asiento trasero, trepó en el asiento del conductor y se marchó.
—¿El varón humano estaba todavía contigo? — preguntó Niccolo.
—Sí, él se sentaba enfrente sosteniendo su cara y echando sapos y culebras.
—¿Y usted nunca vio la cara del Vampiro? ¿Ni aun cuando él se recostaba sobre usted, y estaba tan cerca? —preguntó Samantha .
Fate dejó de pasearse, miró abajo a su pañuelo fino y roto y se quedo silenciosa. Ella frunció sus labios y levantó la vista.
—Él nunca dijo una sola palabra. Nunca le oí respirar. Su cara estaba pintada de negro y estaba cubierto de esa capucha enorme. No le vi. No le oí. Sólo le sentí.

* * * * *

Fate permaneció silenciosa durante el camino a la casa, quedándose con la mirada fija fuera de la ventana lateral del pasajero. Samantha había revelado que no habían encontrado huellas digitales en la escena de delito, habían comprobado todos los hospitales del área y habían encontrado a un hombre que había entrado con un disparo en el hombro y una mala lesión del ojo temprano esa mañana. Desafortunadamente, el hombre era un indigente y había dado un nombre falso. Registraban el área de refugiados sin hogar para dar con él, pero la pista, se esperaba, era una calle sin salida.
—¿Cual es su problema? —Ella preguntó, acabando el silencio.
—¿Quién, Samantha Ripley?
—Ella parece realmente odiar a los abrazados, pero … bien, voy solamente a decir que no pienso que ella aborrezca de corazón a Niccolo. Recogía un montón de vibraciones de lujuria en ese departamento.
—La madre de la detective Ripley fue asesinada por un Vampiro cuando ella era joven. Es su misión ahora ver a todos los delincuentes atrapados o muertos, y es verdad que a ella realmente tampoco le gustan los Vampiros no delincuentes.
—¿Pero qué hay acerca de Niccolo?
—Sí, ella es muy, ah, diremos cariñosa con él. Ella trabaja muy de cerca de Niccolo en un montón de casos.
—¿Pero Niccolo no es cariñoso con la Detective Ripley?
—No en la medida que a ella le gustaría. Niccolo no tiene interés en desarrollar relaciones con mujeres. Sexo de vez en cuando, oui, pero nunca cualquier cosa más. Él debe trabajar con la Detective Ripley, por otra parte. Ningún sexo con ella. Definitivamente ninguna cosa de esas.
—Apuesto a que él no tiene ningún problema en el apartado sexual. Él probablemente tiene que rechazar a las mujeres con una vara.
Gabriel se rió.
—Sí, las mujeres le acosan a él. Ha sido de esa manera desde que le he conocido.
—Él tiene esa cosa misteriosamente bien parecida.
—¿Te gusta la cosa misteriosamente bien parecida?
Ella volteó su cabeza para mirarle por primera vez. La tristeza hacia tintinear sus ojos si bien ella sonrió.
—Me gusta lo que sea que tú seas.


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MensajeTema: Re: Anya Bast - La sangre del cuervo   Lun Ene 03, 2011 6:25 pm

Capítulo Cinco
Fate envolvió la manta alrededor de sus hombros y curvó sus pies bajo ella mientras se reclinaba en el sofá de la sala de estar de Gabriel. Ella recorrió con la mirada el teléfono y consideró la posibilidad de llamar a su tía y sus amistades y dejarlos saber lo que le había sucedido, pero finalmente no se sintió lista para hacerlo. Significaría volver a vivir la experiencia repetidas veces. Hizo una mueca. Tal vez se sentiría más animada para hacer la tarea mañana.
Charlie, Charles Alexander Scythchilde, todo el mundo me llama Charlie, según su introducción, vagaba por la cocina y se hundió en una silla cercana.
Gabriel la había dejado con una pareja de Vampiros en quien confiaba mientras él atendía los negocios de su territorio. Fate creía que realmente estaba investigando su ataque y simplemente no había querido que ella fuera. Por eso las niñeras, mmm… guardaespaldas.
El otro, Adam, vagaba por el piso superior actualmente.
Su lona permanecía en el centro del cuarto. Ella había caído en su trabajo al poco tiempo de volver a casa de la comisaría de policía el día antes y no se había detenido hasta esta mañana. Aun no había dormido. La concentración intensa la calmaba. Volver a vivir el ataque había sido peor que la experiencia inicial, y sumergirse a si misma completamente en algo como su pintura la ayudó a aliviar y disipar su dolor.
Miró de reojo la lona y giró su cabeza para el lado, estudiándola. No lo había advertido cuándo lo estaba haciendo, pero el hombre de la pintura se parecía mucho a Gabriel. Los mismos cabellos oscuros y largos, los mismos primorosos ojos azules. Ella frunció el ceño. ¿Qué diablos iba mal con ella? Señor, el hombre comenzaba a consumir cada parte suya. Él era peligroso. Tendría que salir de aquí pronto, antes de que obtuviese un corazón roto otra vez. No quería tratar más corazón rotos por un tiempo largísimo, como la eternidad.
Ella recurrió a Charlie para distraerse a sí misma de los pensamientos sobre Gabriel. ¿Cómo diantres hacía uno una pequeña conversación con un Vampiro?
—¿Entonces, Charlie, has bebido alguna buena sangre últimamente?
Charlie sonrió perezosamente y giró su cabeza hacia el lado.
—Pienso que esta es la primera vez que alguien me ha hecho esa pregunta.
Dios mío, él era guapo.
¿Pero había algún Vampiro feo? Ella no había visto a ninguno aún. Parecía una tontería llamar a Charlie meramente guapo. Su cara estaba tan bellamente formada que la descripción se quedaba muy corta. Él poseía una apariencia aristocrática con sus ojos y pelo oscuro, y estaba claro que tenía un cuerpo muy bonito bajo el traje a medida que llevaba puesto.
Y Adam era simplemente maravilloso. Adam tenía hombros anchos y una constitución estupenda. Su pelo era grueso y rubio y sus ojos eran de un azul centelleante, traviesos. Él tenía una mandíbula cuadrada con una sombra ligera de barba y cuando sonreía, tenía hoyuelos. Fate estaba seguro que las mujeres caían a sus pies y probablemente Adam devoraba a cada una con mucho gusto.
Y Niccolo. Ella aun no podía pensar en la luminosa piel de color moreno dorado, oscuros ojos, oscuros cabellos, hombros anchos y un cuerpo para babearle encima. Él tenía ese tipo de mirada que hacía que una mujer quisiera arrodillarse delante de él. Su voz era como chocolate picante con un borde profundo, seductor, y tenía un acento que difícilmente podía definir. Era italiano en el corazón, probablemente. Él juraba en italiano de vez en cuando, de cualquier manera. El acento, cualquiera que fuera su origen, era suficiente para rizar los dedos de sus pies. La energía que comenzó a fluir de él le recordó a un león grande, perezoso en reposo, aunque el potencial para el poder estaba definitivamente allí. Él era muy viejo. Ella lo podía sentir.
Por hermosos que todos ellos fueran, sin embargo, no brillaban como Gabriel a sus ojos.
—Ah, sí, —dijo Charlie, contestando a su pregunta. —He tenido algunas alimentaciones intoxicantes últimamente. ¿Y tú?
—Una realmente bueno hasta ahora. —Fate tembló, recordando el tomar sangre de Gabriel. Buen señor, el hombre la había afectado. Ella no creía haberse sentido tan atraída por nadie antes. Necesitaban acostarse juntos, y pronto, para acabar este deseo rugiente entre ellos.
Ah. Sí. Fate tenía una picazón y su nombre era Gabriel. Ella necesitaba rascarla y seguir con su vida de bebedora de sangre. Sabía que él probablemente sentía lo mismo. Gabriel tenía la apariencia en su mirada de un hombre que no sería enjaulado por una mujer. Eso estaba bien para ella; no quería enjaularle. Solamente le quería entre sus muslos un par de veces.
—Te puedo contar todo para facilitar tu nueva condición, —comentó Charlie.
—Bien, sí, Me fue robada mi humanidad, después de todo.
Charlie se inclinó hacia adelante.
—Apenas, Fate. Ya no eres humana, pero eso no significa que hayas perdido tu humanidad. La humanidad es un concepto, un precepto filosófico. Tendrás tu humanidad tanto tiempo como prefieras conservarla.
Ella se mordió los labios.
—Adivino, —ella dijo finalmente. —que es más duro para los sin marcar ajustarse.
Él se recostó.
—Sí. Nací con un caul, lo cual quiere decir que fui marcado para convertirme en Vampiro. Aun así, cuando fui Abrazado, fue un poco como tu experiencia. Ocurrió repentinamente, aunque por accidente, en mi caso. Fue muy irritante. Después de que ocurrió me ajusté rápidamente. Fue como regresar a casa, en cierto modo.
Ella sonrió y negó con la cabeza.
—Nada de eso para mí. Siento como si estuviera en un país extranjero y no entendiera el lenguaje. Pero soy hábil en aceptar lo que es y no puedo cambiar. Estoy haciendo un montón para aceptar ahora mismo. —Ella se encogió de hombros. —En su mayor parte porque no tengo opciones. Es ajustarse o volverse loco. Esas son mis opciones. De cualquier manera, me enteré hace mucho tiempo de que las cosas malas ocurren a buena gente. Es cómo si las cosas malas que te ocurren te definieran como persona. Te ajustas, te robusteces, y esperas que eso sea la última de las cosas verdaderamente malas. —Ella suspiró.
Arriba, el estéreo se puso en marcha, vociferando el Réquiem de Mozart. Adam maldijo ruidosamente y hubo silencio. Dos segundos más tarde Nickleback salió por los altavoces y se quedó.
Fate intercambió una mirada con Charlie y ambos se rieron.
—Así que, ¿cuánto tiempo has conocido a Gabriel? —Ella preguntó a Charlie.
—Sobre cien años ahora, desde que fui Abrazado. Él solía tener el territorio del Este, Ciudad De Nueva York. Luego Monia, mi mere de sang…
—¿Tu madre de sangre? ¿Eso significa el que te Abraza, no?
—Sí. Monia y su consorte Vaclav asumieron el control y preguntaron a Gabriel si quería venir aquí. Hubo problemas en este territorio antes, pero Gabriel los solucionó limpiamente.
—¿Por qué no te quedaste en el Este?
Charlie se encogió de hombros y apartó la mirada.
—Había alguien aquí de quien quise estar más cerca.

Ella inclinó la cabeza, notando cómo se habían ensombrecido sus ojos antes de que apartara la mirada. Tenía que ser una mujer a quien se refería y, obviamente, no quería hablar de eso.
Adam caminó escaleras abajo y se apoyó contra el arco que separaba la sala de estar y el vestíbulo, donde las puertas correderas se guardaban. Él lanzó una sonrisa abiertamente erótica hacia ella.
—¿Todo va bien? —Él preguntó.
Mientras la voz de Charlie y sus modales eran sofisticados, Adam era ligeramente aburrido y un tanto formal, estaba relajado y tenía una apariencia de desaire en su voz. Adam constantemente parecía divertido por algo de lo que él solamente era consciente. Poseía un encanto varonil que hacia a Fate querer sonreír.
Fate rió.
—No puedo creer que tenga lo mejor de la sociedad Bostonian del Gilded Age sentado a mi izquierda y un vaquero de verdad a mi derecha y ambos beben sangre para sobrevivir.
—El Abrazo es el gran tanto del empate. —Adam hizo como que él volcaba un sombrero de vaquero imaginario hacia ella y parpadeó, —ma’am.
—No coquetees, Adam, —dijo Charlie. —Tengo el presentimiento de que Gabriel te tendrá por la garganta otra vez si intentas eso con ella.
Él frotó su cuello.
—Si, una vez fue suficiente. Pensé que él iba a desparramar mi cabeza como si fuera un diente de león.
Fate recorrió la mirada inquisitivamente entre los dos hombres.
—Gabriel equivocadamente sospechó que Adam era tu asaltante y él se volvió loco. —dijo Charlie.
—Ah, si. —Adam inclinó la cabeza. —Demente.
—Nunca le he visto así, —mantuvo Charlie. —Estás realmente bajo su piel, Fate. Él te protege como nunca le haya visto hacerlo. Y sobre los años, hemos visto un montón de tragedias, y un gran número de personas que necesitaron protección.
Fate estaba muda, no podía responder. La complació profundamente de una forma desconcertante oír esas palabras, y la asustó al mismo tiempo. Gabriel tenía la aptitud de meterse en su corazón y ella no le quería allí. Había dejado entrar a Christopher y le había dado todo, su confianza y toda su emoción, y él le había pisoteado todo. La había lastimado tan profundamente que dudó de su capacidad para establecer otra relación. Había tenido un par de citas de una noche de, pero habían sido frías y vacías. Todo sexo y nada más. Luego su cuerpo había suspendido la operación y ella dejó de sentir deseo sexual… hasta que había encontrado a Gabriel.
Oh, sí, Gabriel había despertado su libido. Y, señor, había cobrado vida con venganza. Fate tenía que estar segura de que su corazón estaba suficientemente blindado contra él para impedir cualquier infiltración. Simplemente no estaba lista para romperlo otra vez y Gabriel era obviamente un ladrón de corazones competente.
Pero el sexo, eso podría manejarlo con toda seguridad. Eso era todo lo que quería de un hombre ahora. Y eso era todo lo que realmente querían de ella al final, de cualquier manera.

* * * * *
Gabriel entró en el dormitorio oscurecido y divisó la forma de Fate curvada al lado derecho de su cama. Ella había elegido pasar la noche en su cama, sin embargo había muchas otras opciones en la casa. Tal vez se sentía más segura allí. La luz de la luna se derramaba sobre ella, plateando su cara. Se veía exhausta. Gabriel sabía que el viaje a la comisaría de policía había tomado su peaje.
La pintura que ella había hecho después de que había regresado a su casa era oscura, enojada. Hecha en granates y negros, mostraba a una pareja en un abrazo feroz. Podía ser sexual o violento. El espectador podía elegir entre las dos y quizá ser correcta de cualquier forma. Gabriel había deseado tocarla, simplemente para confortarla. En lugar de eso, le había dejado resolver sus emociones en la pintura. Después de vigilarla durante años, él sabía que ella prefería la inconsciencia del trabajo que la ternura que la haría perder su compostura. Él la entendía bien y respetaba eso.
Pero ahora ella estaba aquí. En su cama. Sin pintura, sin lona. Toda suya.
Él sacó su camisa sobre su cabeza y rápidamente perdió sus zapatos, sus calcetines, sus pantalones, y sus boxers. Lanzó las mantas hacia atrás en el lado izquierdo de la cama y se deslizó adentro.
Amablemente, la llevó a sus brazos. Ella traía puesto un ligero camisón rosado, erótico, con tirantes sedosos delgados como espaguetis. Era uno que él había seleccionado cuando había ido a su apartamento. Él sabía que sólo alcanzaba sus caderas y estaba sujetado solo con una serie de pequeños, fácilmente desabrochables, botones rosados. Las bragas transparentes completaban el conjunto escaso, revelador. La boca de Gabriel se quedó seca.
El material pasó apenas rozando su piel desnuda mientras ella murmuraba algo ininteligible y se giraba hacia él. Sus pechos llenos presionaban contra su pecho y ella movió su pierna, resbalándose entre sus muslos como si perteneciera allí. Ella resbaló su brazo a través de su estómago y se acurrucó cerca. Gabriel le acarició con la nariz el pelo, oliendo el olor a jacinto de su champú.
Él quiso rodarla de vuelta a las almohadas y arrastrar su lengua sobre cada pulgada de su cuerpo, demorándose en sus lugares favoritos, la carne suculenta detrás de sus rodillas, el lugar donde su espalda se encontraba con el dulce, curvado trasero, y finalmente, pero no menos importante, el tierno, suave, lugar donde sus muslos encontraban su coño. Él se movería unas pocas pulgadas de allí y lamería y lavaría por mucho tiempo su sexo, explorando con sus dedos dentro de ella para rozar el punto G, y ágilmente ir a toda prisa por su clítoris. Él la atormentaría hasta que ella pidiera por él, implorado que la tomara. Gabriel tembló ante el pensamiento, su pene endureciéndose.
Fate suspiró en su sueño y acarició con sus dedos su pecho. Él estudió su cara. Los círculos oscuros arruinaban la piel cremosa bajo sus ojos. Ella dormía el sueño profundo de curación del recién Abrazado. Tanto como quería despertarla, tener su momento con ella, no podía ser tan egoísta. La tendría lo suficientemente pronto y eso haría todavía más dulce la espera.
Gabriel cerró sus ojos, contento solamente de estar junto a ella, mientras revisó los fracasos del día. Había revisado a Christopher Connor y su novia, Lisa. Él se había preguntado si quizá uno o los dos podían estar conectados con lo que le había ocurrido a Fate. ¿Quizá Lisa trataba de vengarse de Fate por celos? Desafortunadamente, Gabriel no había descubierto ninguna cosa excepto el hecho de que Connor ahora engañaba a Lisa con otra mujer.
La policía no tenía aún los resultados de las pruebas de sangre. Quizá eso conduciría a algo útil. Aunque, aun si pudieran identificar correctamente y localizar al hombre humano indigente que había saltado sobre Fate era más que probable que el Vampiro que le había utilizado hubiera usado encanto para borrar su memoria del incidente. El humano probablemente no les contaría ninguna historia excepto de cómo se había despertado en la calle con heridas horríficas de origen desconocido.
Gabriel atrajo a Fate más cerca de él y estableció el campo mental alrededor de la casa así él sabría si alguien entraba. No importaba cuanto le llevara, encontraría al asaltante de Fate, y a cualquier precio se aseguraría de que ella estuviera segura mientras lo hacía.

* * * * *

Fate abrió sus ojos y parpadeó, orientándose en el dormitorio todavía poco familiar de Gabriel. Ella se levantó de la cama sin necesidad de retirar las cubiertas y se percató instantáneamente de que había caído en el reino de los sueño.
Había varios niveles diferentes en este lugar y reconoció que estaba en el nivel más bajo, el primero por encima de la realidad de la vigilia. Este era donde ella a menudo encontraba la oscuridad, las criaturas malevolentes que ahora entendía que eran el Dominion. Un tono bajo, rítmico, un sonido que ella a menudo oía mientras caminaba en sueños, llenó su conciencia.
Recorrió con la mirada la cama y vio que Gabriel permanecía allí, manteniendo a Fate dormida entre sus brazos. Era una escena tan doméstica, una vista tan conmovedora. Ella permaneció un largo momento, estudiando la cara apuesta de Gabriel, la cual estaba iluminada por la luz de la luna plateada. Él se veía contento de tenerla en sus brazos.
Los tonos se volvieron más fuertes; una señal que intuitivamente supo que significaba que necesitaba moverse porque el Dominion estaba cerca. Cambió de dirección y salió andando del dormitorio y bajó al vestíbulo.
La casa de Gabriel era virtualmente la misma en el reino de los sueño como si estuviese caminando en la realidad, aunque las sombras eran diferentes aquí. Aparentemente vivas, se contorsionaban y se movían, arremolinándose en sus talones con dientes de terciopelo y apartándose de su camino cuando ella caminaba para que pudiera ver delante de ella. Las sombras eran siempre sus amigas cuando viajaba a través de este lugar.
Ella fue andando por las escaleras y entró en la sala de estar. Adam estaba dormido en el sofá, un brazo largo tirado sobre reposabrazos y una manta enmarañada entre sus piernas. Charlie no se veía por ninguna parte.
Los tonos aumentaron de tiempo y volumen, y Fate se puso alerta. Esa era una señal de que los enemigos estaban cerca, los oscuros, los que vivían en este mundo que estaba justamente paralelo a la realidad y se alimentaban de esos que estaban ignorantes, mientras soñaban. Eran vampiros de un tipo diferente.
El Dominion.
Fate vislumbró un destello de luz por la esquina de su ojo y pasó rápidamente. Allí, delante de ella, había una forma etérea, flaca.
—Ahn-nyong, —él la saludó en coreano. Él se inclinó de modo respetuoso.
Repentinamente, ella sintió como si estuviese de regreso en el dojang. Recorriendo con la mirada hacia abajo, ella se percató que todavía traía puesto su camisón. Con un pensamiento, lo transformó en pantalones negros elásticos y una camisa negra apretada con la que podría pelear. Ella arropó sus pies en botas pesadas que harían daño cuando conectaran en una patada, y levantó su pelo en una cola de caballo con otro pensamiento.
Fate se inclinó de modo respetuoso, luego permaneció en la postura de batalla delante del guerrero del Dominion.
—¿Por qué tan combativa Fate ? —La criatura preguntó. —No he hecho nada para indicar que quiero luchar contigo.
—Siempre peleamos. ¿Por qué esta noche debería ser una excepción?
—Porque esta noche no queremos jugar contigo, o probarte. —Él hizo una pausa durante un latido. —Solamente queremos matarte.
—No me puedes matar en este lugar. No tienes ese tipo de poder.
La bestia se rió.
—Eres tan joven, Fate. Tienes tanto que aprender. Me siento privilegiado de ayudar en tu educación. —Él se inclinó de modo respetuoso otra vez.
La luz brilló intermitentemente alrededor de ella, y ella estaba rodeada por el Dominion. Su corazón comenzó a retumbar en su pecho, y sus músculos se tensaron en previsión de la batalla.
Uno de ellos dio un paso adelante y ella le atacó. Él bloqueó su golpe con su brazo y ella dio la vuelta, metiendo su codo sólidamente en su plexo solar. La respiración salió como un silbido de la cosa y ella subió su brazo solamente a tiempo de aterrizar el puño por atrás contra su cara. Giró y le remató con un golpe inverso. La cosa gritó y desapareció con una ráfaga de luz.
¿Qué significaba eso? ¿Ella lo había matado? ¿O se había retirado simplemente y se había mudado a una parte diferente del reino de los sueño?
Dos más de ellos se acercaron y ella atacó rápido y duro. Aterrizó un puñetazo en el abdomen del primero, luego subió su pierna y giró a la izquierda con una patada que dio al segundo en la cara.
Más de ellos se acercaron alrededor de ella, pero era más rápida y más fuerte que ellos. Se movía con la velocidad del rayo, en un borrón de movimiento, matando de un solo tiro a cada uno fácilmente. Uno por uno, desaparecieron.
Con un destello, la última desapareció y ella fue la única en la sala de estar. Todo permaneció en silencio. Más allá de las paredes, los grillos piaron. Adam dio un ronquido fuerte en el sofá y se giró.
Fate relajó su postura de batalla. Ella tenía un sentido de permanencia del Dominion, como un patrón de energía dentro de ella. Se preguntó si podría rastrear a un Dominion usándolo. Después de su corazonada, cerró sus ojos y se concentró en eso. Con un ligero movimiento con el que estaba familiarizada, se sintió extasiada. Abrió sus ojos y se encontró de pie al lado de una cama. Un Dominion gravitaba sobre la figura de una chica adolescente. La luz corría de la chica hacia la bestia.
Fate extendió el brazo, asió la pierna de la criatura y la arrastró bruscamente.
—Apártate de ella, —gritó.
El Dominion se liberó, miró alrededor y gruñó. Flotó hasta sus pies e inmediatamente atacó. Ella bloqueó su golpe, giró rápidamente a la izquierda, subió detrás de él y atacó, tirándolo al suelo. Girando a su alrededor, la agarró por el tobillo y la derribó a hacia el suelo. Su respiración no escapó de sus pulmones aquí, como ocurriría en la realidad de la vigilia, pero todavía sintió el impacto. La cosa la sujetó y envolvió sus manos secas, como reptiles alrededor de su garganta.
Fate abrió la boca para respirar y se concentró, empujando hacia arriba con su voluntad en vez de sus músculos. Ella y el Dominion salieron disparados hacia arriba. El Dominion se golpeó contra el techo, gritó aguda y coléricamente y la dejó dejar caer. Cuándo flotaban hacia el suelo, Fate batió su pierna tan duro como pudo, golpeando a la cosa en la cara con el talón de su bota. Gritó y desapareció.
—Fate, despierta.
Ella sintió a alguien sacudir su cuerpo físico que permanecía allá en la cama de Gabriel.
—¿Fate?
Ella abrió sus ojos y se quedó sin aliento. Inspirando tragos enormes de aire, ella se puso derecha. Cuando tosió, Gabriel frotó su espalda y le murmuró. Finalmente, se calmó y tragó saliva. Despertarse había sido como sacar a un pez de agua. Notó en alguna parte en el borde de su consciencia que la luz gris del amanecer ahora se filtraba alrededor de las cortinas de las ventanas. La mañana.
—Asombroso, —ella habló con voz áspera. —Nunca ha sido como eso.
—¿El Dominion? —preguntó Gabriel.
Ella cerró sus ojos e inclinó la cabeza.
—Quisieron matarme. Quiero decir, usualmente, siempre, luchábamos. Pero esto, esto no fue como ninguna cosa que alguna vez he visto antes. Iban en serio, muy en serio esta vez.
—Sí.
—Veo lo que quieres decir, Gabriel, acerca de ser una amenaza especial. Debe ser porque…—Ella negó con la cabeza con incredulidad. —Pero fui más fuerte, más rápida y podía pelear mejor. Podía sentir su energía y usarla para rastrearlos sobre distancias. Tuve más control y entendí los tonos esta vez. Antes, nunca lo hice.
—¿Los tonos? Nunca he oído tonos antes.
—Sí. Hay tonos en el trasfondo cuando camino en sueños. Nunca supe lo que eran antes, pero esta vez entendí que eran un tipo de comunicación. —Ella se quedó silenciosa y mordió su labio más bajo. —De alguna parte.
—¿Estás bien?
Ella se giró y le sonrió.
—Los golpeé. Casi me mataron antes de que lo hiciese, pero todavía los derroté. Los destruí. Bien, pienso que los destruí, de cualquier manera. Pero dijeron algo que me confundió. ¿Gabriel, me pueden matar allí?
—Desafortunadamente, sí. Siempre han tenido la habilidad para tomar tu vida, Fate. Pero ahora que eres un Vampiro, será muy difícil para ellos.
—Dijeron que podrían, pero no entiendo cómo. Es el reino de los sueño. No es real, es todo ilusión.
—Es real, Fate. Solamente funciona con un conjunto de reglas diferentes. Así es cómo opera el universo. Tal como podemos acabar con su existencia, pueden acabar con la nuestra. Pero, como dije, es sumamente difícil para ellos matar a cualquier Abrazado, y mucho más a uno con habilidades como las tuyas.
Ella salió a hurtadillas de cama, repentinamente revitalizada.
—Todo lo que se es que fue increíble. Me siento en plena forma ahora. Siento...
Él se inclinó hacia ella.
—¿Como si tuvieras un propósito?
—Sí. —Ella hizo un pequeño baile, girando en espiral con su camisón y sacudiendo su cabello con la celebración. —Puedo luchar contra el Dominion en el reino de los sueños. Se sintió tan bien moverse y pelear. Allí no estaba exhausta todo el tiempo por ser un recién Abrazado.
Él sonrió.
—Has encontrado tu destino, quizás.
—Puede que sí. Se sentía correcto.
Sonriendo, Fate se detuvo en medio del cuarto y miró a Gabriel. Su boca se quedó seca. Él la miraba de arriba a abajo como si fuese un hombre muerto de hambre y ella fuera su desayuno en la cama.
Gabriel dirigió su oscura mirada hacia ella. Sus ojos estaban pesados, su cuerpo tenso. La intención sexual radiaba de él, calentando a Fate, inundando su coño. Todo lo que Gabriel quería hacerle parecía mostrase en sus ojos en ese momento. Sin embargo, justo en ese momento, él se decidía solamente cómo debería consumirla entre un millón de posibilidades. Como si él contemplase de cuál manera, entonces él la tomaría.
Fate tembló anticipadamente.
—Ven aquí, —dijo él con un tono ronco, bajo.
Ella caminó hacia él, apenas percatándose de que lo hacía, y permaneció de pie al lado de la cama.
Él rodó y se puso en pie con una gracia poderosa, perezosa que le recordó a un gato grande.
Se apoyó y mordió su lóbulo.
—Y quiero beber a lengüetadas de tu crema, —él gruñó suavemente.
Ella aspiró.
—¿Puedes oír mis pensamientos?
—No has aprendido a bloquearlos aún, Fate, así que, puedo oír los fuertes. —Él dio vueltas, paseando con paso relajado como un depredador, examinándola de pies a cabeza. El calor de su cuerpo acarició y calentó su piel cuando se acercó más. —Y eso era uno fuerte.
Él se detuvo delante de ella, resbaló un dedo bajo el fino tirante y frotó su piel. La apariencia hambrienta de su cara hizo que su respiración se detuviera. Sosteniendo su mirada fija, él dejó caer su mano y desabrochó uno de los pequeños botones rosados que sujetaban la parte superior del camisón parecido al encaje.
La respiración de Fate se volvió más rápida.
—¿Qué estoy pensando ahora? —Ella preguntó en una voz que sonó gutural y excitada a sus oídos.
Gabriel se rió ahogadamente y luego gruño bajo.
—No puedo concentrarme en nada que no sea tu delicioso cuerpo cuando estás así de cerca de esta cama. —Él desabrochó otro botón. Ahora sus pechos estaban casi expuestos. El material colgaba precariamente de cada pezón tenso. Un movimiento leve y caerían.
Él se quedó con la mirada fija en la curva de sus pechos.
—No hay razón para que nosotros no consumemos lo qué estamos haciendo ahora mismo. Estamos solos. Adam está abajo en el sofá, pero en este cuarto, solo tu y yo, Fate.
—Y la cama, —ella murmuró.
Él desató el último botón y Fate movió sus brazos, dando a la parte superior de su camisón permiso para caer al suelo. Permaneció delante de él, vestida sólo con sus bragas. Él la miró de arriba a abajo, una sonrisa curvando sus labios sensuales.
—Y la cama, —él ronroneó complacido.
Fate extendió el brazo y tomó el largo y ancho de su pene en su mano. Él era increíble más allá de la descripción, durísimo, y enorme. Le trabajó contra su palma y él volcó su cabeza hacia atrás y gimió. Dios mío, ella le quería tanto. Quería su boca, y luego su cuerpo.
Todavía manteniendo su pene en su mano, ella dio un paso adelante y besó su pecho. Él trenzó sus dedos en su pelo mientras ella empezó su descenso bajando por su cuerpo duro, glorioso, besando cada parte disponible de él hasta que ella descansó sobre sus rodillas delante de su eje.
Ella besó la cabeza, sacando un gemido profundo de su garganta.
—Quiero terminar lo que comenzamos antes, —ella le murmuró y luego le lamió.
La puerta del dormitorio se abrió de un golpe, revelando a Adam quien traía puesta una expresión horrorizada en su cara.
—Gabe, tienes que venir ahora. Quiero decir ahora.
El silencio reinó durante un latido. La mueca de Adam disminuyó mientras él recogía la escena en la que había entrado de improviso.
—Eso es lo que trato de hacer, —Gabriel gruño.
—Yo también, —Fate dijo en un suspiro. Ella se cubrió sus pechos con sus brazos, se puso en pie, y retrocedió. Otra vez había sido bañada en agua fría mientras intentaba deshacerse de esta atracción irrazonable.
—Dios mío, lo siento. No interrumpiría a menos que fuera realmente importante, —dijo Adam. —Y esto lo es.
Gabriel soltó una sarta de maldiciones. Él se movió a través del cuarto y tomó su bata y la de ella de la puerta del cuarto de baño.
—Mejor que sea algo realmente serio Adam.
Adam palideció con la nota audible de violencia en la voz de Gabriel. Él inclinó la cabeza.
—Lo es, lo juro. Nunca he dicho algo así en mi vida y eso dice bastante.

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MensajeTema: Re: Anya Bast - La sangre del cuervo   Lun Ene 03, 2011 6:25 pm

Capítulo Seis

Gabriel caminó hacia Fate y le puso la bata de baño sobre los hombros. Ella permaneció de pie, asegurándola a su alrededor. Su coño casi dolía, estaba tan excitada. Haber estado tan cerca de finalmente apaciguar su necesidad de Gabriel y entonces detenerse tan abruptamente era el peor tipo de tortura.
Descalzos y con albornoz, siguieron a Adam por el vestíbulo y descendieron las escaleras. Era temprano y mientras la luz gris pálido se filtraba desde afuera, la casa estaba todavía oscura. Al pie de las escaleras, Fate se acercó a un interruptor. Adam se movió con velocidad de vampiro y cogió su muñeca para detenerla.
—No, —dijo él. —Mala idea. Manténgase lejos de las ventanas y las puertas.
Ella dejó caer su mano y miró la puerta principal. Una larga pieza de vidrio tintado la decoraba. Más allá de eso, podía ver formas fuera, circulando.
Gabriel fue a una ventana y cuidadosamente miró a hurtadillas fuera.
—Mon dieu, —él gimió. —La noticia de ataque de Fate ha debido filtrarse. Toda la prensa está sobre mi césped delantero.
—Están en todos los sitios, Gabe, —contestó a Adam mientras él miraba con atención fuera de la ventana. —En el patio de delante, en los patios laterales, en el patio trasero. Desconecté el teléfono, pero Niccolo me dejó saber telepáticamente que están delante de Raven House, también.
Fate se sentó sobre las escaleras. Eso en cuanto a llamar y dar la noticia a sus amistades y a su tía ella misma. Se enterarían en las noticias locales. Un arrepentimiento intenso la pellizcó. Gabriel se dirigió hacia la puerta principal.
—¿Jefe, te marchas? —preguntó Adam .
—Voy a decirles a ellos que se vayan. No pueden estar aquí. He establecido una barrera mental alrededor de la casa para la seguridad de Fate. Lo confundirán si vagan también cerca de la estructura.
—Estás en albornoz, Gabriel, —apuntó Fate. —De cualquier manera, quieren saber si estamos aquí. Esa es la razón de que estén acampados fuera. Si sales, entonces sólo les convencerás más para permanecer fuera y esperar que dejemos la casa para poder caernos encima.
—Gabe, ella está en lo cierto, —dijo Adam. —Déjame salir. Los convenceré de que no está aquí. Eso le podría comprar algún tiempo.
Gabriel se detuvo en medio del vestíbulo dándoles la espalda.
—Sí, Estupendo. Estás probablemente en lo cierto. —Cambió de dirección. —Haz eso, Adam, y luego haz venir a Niccolo y Charlie aquí. Mihail voló de Tejas anoche donde él ha estado vigilando a Drayden. Dile que venga, también. Quiero un montón de músculo cerca para proteger a Fate mientras decidimos el mejor curso de la acción.
—Bien. Volved arriba. —Adam hizo un gesto de mosqueo. —Uh, volved a lo que estabais haciendo. Os calmara. —Él disparó una mirada significativa a Fate. —La calma es buena. Dejadme llevar esto. Consideradme el último protector de vuestra privacidad de aquí en adelante como pago por mi interrupción.
Con un suspiro pesado, Fate se puso en pie y se dirigió hacia arriba por las escaleras. Gabriel la siguió. Con el humor estropeado, ella entró en un cuarto de estar del piso superior donde ella había visto un televisor más temprano y lo puso en marcha. Tomó el mando, y se hundió en la silla delante del set y hojeó los canales hasta que vio una foto de sí misma, una no muy buena, encima, en uno de los informativos matutinos locales. Subió el volumen.
…Harding, una de las artistas más exitosas de Newville y que había ganado el devoto patrocinio del celebre hombre de negocios y financiero Dorian Cross fue atacada temprano la mañana del domingo. En un acto raro y perturbador, el vampiro asaltante Abrazó a la señorita Harding en contra de su voluntad
Ella apagó el televisor. Había visto bastante. Una bola fría, dura se asentó en su estómago.
—Dios mío, —murmuró a la pantalla negra de la televisión .
—Lo siento, Fate. —Ella miró a Gabriel de pie en el portal. —Había esperado que no se filtrase, pero este tipo de historias, cualquier cosa referente al Abrazo, son altamente buscadas. Por eso tratamos de pasar desapercibidos.
Ella sólo pudo suspirar en respuesta.
—Podemos necesitar dejar la ciudad, —él continuó. —Tengo amigos, Aidan y Penélope, que viven cerca a una hora y media de aquí, fuera del país. Tienen una granja de caballos. Estaba pensando que podríamos quedarnos con ellos. Está muy tranquilo allí.
—No. — Ella negó con la cabeza. —No, olvida eso. No voy a dejar mi vida aquí. No dejaré a este cabrón, quienquiera que sea, o a la prensa dirigirme completamente.
—El sentimiento es admirable, —contestó Gabriel con voz acerada. —Pero haremos lo que debamos para protegerte. —Su tono no soportaba desacuerdo. —No te permitiré estar en peligro.
Él metió la mano en su bolsillo del albornoz, sacando su teléfono celular y se lo lanzó a ella.
—Llama a quién debas, Fate. Hay personas que están probablemente muy preocupadas por ti.
Ella atrapó el teléfono.
—Gracias, —dijo ella , pero cuando ella le miró, se había ido.
Fate gastó las siguientes dos horas y medias en el teléfono con su tía, amigos y unos pocos socios comerciales. No pudo contactar con Dorian, aunque habló con su secretaria, Cynthia, quien le dijo que él estaba ocupado con citas toda la mañana. ¿Estaba bien? ¿Necesitaba alguna cosa? ¿Dónde estaba? Cynthia profirió con furia preguntas y preguntó por todos los detalles jugosos. Era reacia a revelar su posición a cualquiera, ni aun a sus amistades más cercanas, y definitivamente no a la asistente de Dorian, Fate simplemente dijo que lo intentaría más tarde ese día.
Cuando acabó, una sensación había empezado a ensortijarse y tensar su cuerpo. Era un sentimiento como nunca había experimentado. Instintivamente, supo que era el sacyr. Ella era un Vampiro joven y necesitaba alimentarse. La sangre la llamaba ahora. Tercamente, trató de ignorarlo, aunque era realmente demasiado intenso para hacerlo. Ella colocó el teléfono celular en una mesa cercana y se dirigió al dormitorio de Gabriel para vestirse.
Tenía una vida que dirigir, maldición. Abrazada o no. Y iba a dirigirla. En algún momento de hoy tenía que salir de esta casa y volver a trabajar. Tenía galerías que visitar y cuentas que llenar.
Fue a la ventana y cuidadosamente apartó la cortina solamente un pequeño trozo hacia el lado. Los reporteros comenzaban a irse. Aparentemente, Adam había sido convincente. Al menos esas eran buenas noticias.
El sonido de la ducha llegaba del cuarto de baño. Mmmm Gabriel desnudo en la ducha. Definitivamente allí había posibilidades. Fate dejó caer la cortina de vuelta a su lugar, cerró y trabó la puerta del dormitorio de Gabriel y luego caminó al cuarto de baño.
Su mandíbula se había caído la primera vez que había visto su cuarto de baño. Era enorme. Tres lavabos dominaban una pared, por que alguien necesitaría tres lavabos en su cuarto de baño era un misterio para ella, y una bañera de hidromasaje enorme de al menos cuatro pies en la esquina. Una serie de armarios blancos y estantes revestían la pared y una puerta conducía a un vestidor grande en el lado opuesto del cuarto. El lujoso alfombrado blanco cubría la mayor parte del suelo.
El punto focal del cuarto de baño era la ducha. Estaba en el centro del cuarto encajonada dentro de paredes de vidrio. Era casi un cuarto en sí misma, bastante grande para varias personas. Muchos chiflones de agua salían posiciones diversas, estratégicas, para hacer que la ducha se pareciese más a un masaje de cuerpo entero.
Gabriel no era nada sino hedonista.

Ella le podía ver allí dentro, bajo la rociada caliente del agua. Fate se giró, cerró la puerta del cuarto de baño y la trabó también. El mundo podía deshacerse y a ella no le importaría. Solamente no quería más interrupciones.
Fate desabrochó su camisón mientras caminaba hacia la ducha. Sus pies desnudos se hundían en el alfombrado lujoso con cada paso. La seda de su camisón reptó abajo por su cuerpo hacia el suelo. Abrió la puerta de la ducha y entró. El lugar entero se llenó de tanto vapor que no podía ver Gabriel. ¿Una sacudida de incertidumbre subió vertiginosamente a través de ella, estaba segura de que era Gabriel quien estaba aquí dentro? Como su suerte había estado funcionando últimamente, probablemente no lo era.
—Soy yo, —vino la voz de Gabriel cerca de su oreja. Sus brazos la envolvieron y su pecho se apretó contra su espalda. Él agachó su cabeza y acarició con sus labios su nuca. Ella sintió su respiración batir los pequeños cabellos de allí. Al mismo tiempo, él cerró sus manos alrededor de su cintura y moldeó su cuerpo contra el de él. Su piel estaba caliente y mojada.
—Estoy tan feliz de que decidieras unirte a mí, ma cheri, —él murmuró en su oreja.
Ella se giro para confrontarle. Sus ojos estaban oscuros e intensos, tan oscuro e intensos como el sacyr y calor sexual que se desplegaba dentro de su cuerpo. Ni uno ni otro le eran fáciles ahora mismo. No estaba siendo fácil para Gabriel tampoco, a juzgar por la expresión concentrada de su cara.
Él rodeó con una mano la nuca de su cuello, la otra en la parte baja de su espalda, y la levantó sobre las puntas de los pies para encontrar su boca. El largo de su cuerpo se presionó contra el de él, y cada respiración o cada movimiento leve frotaba sus pezones en pequeños picos tiesos. Ella recorrió con sus manos sus bíceps, y sus hombros, y atacaba su boca con toda la pasión que tenía. Comieron de la boca del otro, lamiendo, chupando y yendo a toda prisa, como si no pudieran tener suficiente del sabor del otro.
No estaban directamente bajo la salida caliente de la ducha, pero la rociada la había mojado. Sus cuerpos se deslizaron en contra del otro, calientes y resbaladizos. Él rompió el beso y se abrió camino hacia abajo por su garganta hasta sus pezones. Los succionó mientras rodeaba y acariciaba el otro pecho con su mano libre. Ella sintió sus labios operando sobre su pezón endurecido y el raspado tierno de sus dientes sobre él. Prácticamente lloró entre sus piernas. Su sexo entero parecía latir de tanto que le quería.
Él arrastró su lengua sobre su piel hasta el otro pezón y atacó aquél, también. Fate volcó la cabeza hacia atrás y enredó sus dedos a través de su pelo.
—Gabriel, Sí.
Él movió su mano abajo para dividir sus muslos. Suavemente, pasó sus dedos sobre sus labios vaginales y trazó un círculo perezoso alrededor de su clítoris. El placer se disparó a través de su coño y empujó sus caderas, queriendo más.
Gabriel chupó su camino hacia abajo sobre su estómago y a través del pelo de su montículo. Luego se puso de rodillas, presionó sus palmas contra su trasero y acercó su coño hacia su cara. Ella sintió su lengua golpear y beber a lengüetadas sus jugos y jugar con su clítoris dándole lametazos largos, persistentes.
Sus rodillas se volvieron débiles. Se quedó sin aliento y agarró sus hombros para evitar perder el equilibrio. Él la sujetó ahuecando su trasero, manteniéndola con sus muslos separados para así poder deleitarse con su sexo. Su lengua jugó lentamente con los labios de su vagina, volviéndola loca. Finalmente, encontró su entrada y empujó dentro. Con una lentitud atormentadora, él la folló con su lengua.
Fue demasiado.
—Gabriel, —gimió ella .
Él la bajó hasta el suelo suave, húmedo de la ducha. Su espalda se arqueó mientras él abrió sus muslos tanto como podía y los mantenía allí. Bajó su boca hacia ella otra vez y lamió su sexo desde su ano hasta su clítoris en largos, entumecedores golpes. Luego, de una manera pausada, mordiscó y chupó los labios de su coño, avanzando hacia su clítoris.
Ella echó hacia atrás la cabeza y la movió de acá para allá.
—Por favor, —ella le suplicó. —Follame, Gabriel. Te necesito.
Dichosamente, ella le sintió cambiar de posición y sintió la cabeza de su eje contra ella. Ella movió sus caderas contra él y él agarró sus muñecas, sujetándolas contra el suelo a cada lado de ella.
—¿Me quieres dentro de ti, amor? —Él preguntó.
Era lo único en el mundo que ella quería ahora, Gabriel Letourneau follándola. Ella quería este deseo por él saciado.
—Sí, quiero, me volveré loca.
Con un largo, duro empuje, él la empaló. Sus músculos vaginales nunca habían estado tan estirados hasta ahora. Ella nunca había estado tan llena por un hombre. La sensación fue indescriptiblemente buena. Dejó escapar un suspiro largo, trémulo de alivio. Eso era lo que necesitaba.
Gabriel cerró sus ojos.
—Ah, ma cheri. Te sientes tan bien. Tan caliente, tan dulce. No sé si puedo ser suave contigo esta vez.
Ella negó con la cabeza.
—No suave, —ella logró decir. —Solamente fóllame.
Él instantáneamente echó marcha atrás y la empaló otra vez, luego empezó a moverse duro y rápido. Era lo que ella quería y necesitaba… y la empujó por el borde de inmediato. Él soltó sus muñecas y ella le agarró por encima de sus brazos mientras llegaba a un duro clímax .
Él no vaciló, sino que mantuvo el paso de sus empujes, el largo, grueso eje de él pintoneaba dentro y fuera de ella. Él la sujetó por su cintura, y sus caderas golpearon sus muslos con cada golpe, provocando un sonido de carne contra carne.
No podía pensar. Sólo podía sentir su piel rozándose contra la de ella, la rociada suave del agua y la entrada y salida de su pene. Su respiración se volvió más rápida mientras su segundo clímax se fortalecía inexorablemente.
Sin retirarse, sólo desacelerando sus empujes, él amablemente le tomó la pierna izquierda y la intercambió encima de la derecha. En esta posición, ella permanecía sobre su lado. Luego la ayudó a ponerse sobre sus rodillas, así es que estaba a cuatro patas y él la tomaba desde atrás.
Ella bajó su cabeza hasta sus antebrazos, la presionó hacia abajo y abrió sus piernas. Las baldosas eran duras bajo sus rodillas, pero apenas lo advirtió. Él reanudó su paso duro y rápido, sacando gemidos fuertes de ella. Esta colocación hizo la penetración más profunda y cada empuje frotaba la cabeza de su pene sobre su sensible punto G.
Él bajó su mano y deslizó su dedo sobre su clítoris mojado. Su dedo se deslizó adelante y atrás sobre él fácilmente. La forma azuzadora en que la tocaba casi la volvió loca. Él la acercaba al orgasmo, luego desaceleraba el paso de su caricia, manteniéndola en vilo y formando un clímax más fuerte. En esta postura, con sus muslos abiertos y con él detrás de ella, su clítoris se sentía expuesto y vulnerable y, Dios mío, como la excitaba. Amablemente, él jugueteó de acá para allá, acariciando su clítoris y rodeándolo mientras él metía su polla a la fuerza en ella.
Otro clímax le llegó duro y rápido. Ella sintió el fuerte apretón y la relajación de sus músculos vaginales alrededor de su eje mientras se venía. Él continuó acariciando su clítoris, domándola directamente a otro orgasmo. Ella casi gritó con la intensidad del siguiente.
Esta vez él se vino también. Él empujó profundo dentro de ella y ella sintió a su pene pulsar mientras llegaba.
—Ah, sí, —ella siseó.
Él salió de ella y la apretó contra él, esparciendo besos sobre su frente y su cara.
—Tu cuerpo esta hecho para mí, Fate, —Gabriel murmuró. —Tu sangre esta hecha para fluir por mis venas y la mía por las tuyas.
Lo que dijo aguijoneó los bordes de su conciencia, poniéndola inquieta, pero la palabra sangre ocultó todo. El sacyr resonó dentro de ella. Sus colmillos se alargaron. Se movió para montar a horcajadas sobre él, pero él se movió como el rayo, y la colocó bajo él. Sus ojos estaban oscuros, pero esta vez no con lujuria sexual. Esto era sobre alimentación.
—Podemos satisfacernos el uno al otro de todas las formas, amor, —dijo él. —Toma de mí lo que tomo de ti.
Él abrió sus labios y vislumbró sus colmillos alargados. Ella arqueó su garganta en ofrecimiento y él lo tomó. Sus colmillos pasaron rozando sobre su piel en una caricia y su lengua salió furtivamente para chuparle la piel. Luego, sin previo aviso, mordió. El dolor dulce, bien definido infundió su cuerpo, seguido rápidamente por una dicha indescriptible. Ella había estado asustada de que los malos recuerdos de su ataque se alzarían y convertirían al mordisco de Gabriel en una pesadilla, pero era un sueño sexual en lugar de eso.
Ella asió sus brazos y arqueó su espalda, presionando más completamente contra él. Sus manos se resbalaron alrededor de ella, acunándola contra él mientras echaba mano de su fuerza vital. Ella abrió sus muslos y él se deslizó entre ellos fácilmente. Él encontró su coño y empujó dentro de ella. Ella cerró sus ojos y suspiró con placer.
Toma de mí lo que tomo de ti, vino la voz de Gabriel en su cabeza. Ella se sorprendió. Sabía que la telepatía era parte de ser un Abrazado, pero esa era la primera vez que la había experimentado directamente.
Ella bajó su boca hacia el lugar donde su hombro se unía con su cuello y lamió. Estaba mojado por la ducha y sabía salado. En ese momento, el sacyr retorció su estómago y no pudo esperar más. Le mordió y sintió el dulce sabor de su piel. Con un pequeño tic dentro de su mente, ella desenrolló su encanto por primera vez y le rodeó. Ella sabía que no era tan poderosa o suave como él, pero lo hizo lo mejor que supo para hacerlo agradable para él. Ella tramó el encanto por puro instinto. La refinación vendría más tarde.
Su sangre llenó su boca. Cerró sus ojos, sintiendo el flujo a través de sus venas, alimentando todas las partes descuidadas, dándole su fuerza. Su pene lentamente se deslizó dentro y fuera de ella al mismo tiempo, y parecían un solo ser, unidos por el sexo y la sangre. Era una experiencia íntima, íntima más allá de todas sus fantasías.
Gabriel soltó su garganta y echó hacia atrás su cabeza con un gemido.
—Ah, Fate, —Habló con voz áspera. Él aumentó la velocidad y ángulo de sus empujes, presionando sus caderas y su espalda contra el enlosado de la ducha. Su siguiente clímax llegó rápido. Ella soltó su garganta y alzó la voz mientras ambos se venían.
Él la envolvió en sus brazos y la meció mientras disfrutaban del fluir de la sangre a través de sus venas y el brillo prolongado de su unión.

* * * *

Fate Abrazada
Ese era el titular del periódico que Adam puso en la mesa delante de Fate esa tarde.
—No es muy inteligente, —comentó ella con una mueca agria en la boca. —Como si no hubiera estado aguantando bromas sobre mi nombre desde que tenía cinco años.
Ella recogió su café y bebió un sorbo mientras repasaba el artículo.
Había bajado la escalera después de darse una ducha con Gabriel, y realmente se habían dado una ducha, eventualmente, para encontrar la casa llena de Abrazados. Adam, claro está, estaba todavía allí. Charlie había regresado con Niccolo y habían traído a un amigo.
Mihail era un completamente Abrazado que tenía un intrigante acento que sonaba a eslavo pero que no podía localizar. Estaba demasiado asustada para preguntarle de donde era porque el hombre era aun más intimidador que Niccolo. Él había estado cinco minutos sentado en el sofá con un semblante ceñudo y clavando los ojos en ella con una fija mirada azul hielo que la congelaba. El hombre solamente estaba molestando. Finalmente, ella se había vuelto de espaldas y había empezado a leer el periódico.
Ardiente, consumidora cólera se rizaba a través de ella mientras llegaba al final del artículo. Habían enfocado la atención en su vida, su familia, su historia personal, su arte, todo lo que le hacía ser quien era. Lo habían hecho sin pedir permiso y la habían mostrado para que todos lo vieran. Era como si, como su asaltante, hubieran robado una parte de ella.
Ella quería recuperar una semblanza de su vida, lo cual no haría acobardándose en la casa de Gabriel. Necesitaba rescatar su normalidad. Bueno, tan normal como pudiera con una dieta de sangre caliente.
Para recobrar la normalidad, necesitaba enterarse de quien la había atacado. Necesitaba un cierre. Había tratado de convencer a Gabriel de dejarla ir con él cuando investigaba las diversas pistas que tenía, pero nunca lo permitiría. Decía que ella no era lo suficientemente fuerte aún para defenderse si se llegaba a eso.
Odiaba que probablemente tuviera razón, ya que estaba cansada todo el tiempo.
Aunque todavía la disgustaba mucho que él pensara que no podía cuidarse sola. Ella era cinturón negro en Tae Kwon Do, ¡maldito fuera! Eso no se había alterado cuando se convirtió en Vampiro. La enojó sentirse tan vulnerable. Después de todo, había gastado años estudiando Tae Kwon Do simplemente para nunca sentirse expuesta e indefensa. Ahora todo lo que le parecía sentir era exposición y vulnerabilidad.
Ella lanzó el periódico a un lado y mordió su labio inferior. ¡Dios mío, estaba frustrada en tantos niveles diferentes! Enferma por la espera. Enferma por ser enjaulada en la casa mientras Gabriel enfrentaba sus batallas por ella. Enferma por tener su vida en suspense. Enferma por sentirse como una víctima.
Fate miró a Gabriel mientras hablaba con Charlie. Él se había vestido todo de negro, como tantas veces hacía. El suéter oscuro que traía puesto caía bastante bien sobre sus hombros anchos y a través de su pecho fuerte. Él había torcido su pelo largo en un nudo sobre su cuello. Su longitud aún estaba húmeda. Ella esperaba que el episodio de la ducha hubiera librado su sistema de él, pero mirarle ahora, e instantáneamente desearle, la hizo percatarse de que no era el caso… aún.
Él se giró y la miró. Todo lo que habían hecho en la ducha parecía mostrase en sus ojos. Ella se sonrojó, no con vergüenza, sino con hambre carnal instantánea.
Recuerda lo que te dije, dijo Gabriel telepáticamente. Tu cuerpo está hecho para el mío, Fate. Tu sangre está hecha para fluir por mis venas y la mía por las tuyas.
Fate se congeló como un ciervo ante unos focos y luego miró lejos. Ella no quería ese tipo de sentimiento sobre él. Quería su cuerpo, desnudo contra ella, y su pene, duro y en movimiento dentro de ella. No quería su emoción, o sus promesas vanas. Sobre todo, no quería ser herida otra vez, engañada y defraudada como con Christopher. Instintivamente, ella le cerró su mente, levantando muros a gran altura.
Él había estado vigilándola durante cinco años y la conocía. Eso estaba bien. Ella le había conocido sólo uno par de días y no bajo las mejores condiciones. ¿Cómo podía estar lanzándole palabras como esas ya? Ella no quería palabras como esas todavía de él. Nunca. Fate se levantó.
—¿Charlie, tienes un coche aquí?
Charlie se giró hacia ella con una pregunta en sus ojos.
—Sí, —dijo cuidadosamente.
—Necesito salir de aquí, hacer unas pocas gestiones en unas galerías alrededor del pueblo. ¿Puedes darme una vuelta?
Gabriel dio un paso adelante.
—Fate, no pienso que salir ahora mismo sea la mejor idea.
Ella se encogió de hombros.
—Los reporteros se han ido. Adam los distrajo por lo pronto. No veo razón para que no pueda regresar al negocio como siempre.
—No es seguro para ti salir fuera y exponerte, —dijo Gabriel, su voz endureciéndose. —Llamé a Charlie, Niccolo, y Mihail aquí para ayudar a protegerte de no importa qué maligna fuerza que te ha elegido.
Ella se encogió de hombros otra vez.
—Así es que el músculo viene conmigo. —Fate cambió de dirección y caminó hacia la puerta principal.
Unas manos firmes asieron sus hombros y le dieron la vuelta. Los nubarrones envolvían la cara de Gabriel. Ella inspiró ante la oscuridad en sus ojos.
—No permitiré a nadie dañarte, Fate, pero haces mi trabajo más difícil, —él dijo.
—¿Por qué te importa lo qué me ocurra, Gabriel? No es como si tuviéramos una relación. No es como si hubiera complejos sentimientos reales aquí. ¿Por qué vas a tener tantos problemas por mí? Si es porque acabé en tu porche y te sientes responsable de lo que ocurrió, no lo hagas. La mierda ocurre, todos los días y todo el tiempo, especialmente en mi vida. No te hago responsable, así es que tu no lo deberías hacer.

Gabriel permaneció clavando los ojos en ella durante un largo momento; la confusión reemplazó los nubarrones. Ah, y allí estaba. Ni él sabía porque infiernos le importaba lo que le sucediera a ella. Él la soltó y se marchó dando media vuelta.
—Vayan con ella, —ordenó al grupo de vampiros en general. —Tengo que ocuparme de algo de gran importancia.
Sin una mirada atrás, Fate agarró su bolso y su abrigo y se dirigió fuera para estar de pie sobre el césped. Las lágrimas pinchaban sus ojos, pero no entendía porque. Ella había querido recordar a Gabriel que era simplemente compañeros convenientes de cama, nada más, y lo había hecho.
¿Así que porqué infiernos se sentía tan mal? ¿Como si le hubiese dado un puñetazo? Ella se ponía peligrosamente cerca de un hombre que finalmente la lastimaría.
Estaba en caída libre.
Niccolo dirigió al grupo de Vampiros que salían tras ella. Se metieron en el Jaguar de Charlie. Ella montó al lado y Mihail, que todavía no había pronunciado una palabra, y Niccolo subieron atrás. Ella le dijo a Charlie dónde tenía que ir y se marcharon por la calle.
Una cubierta pesada de nubes escondía el sol. Ella estaba agradecida por eso. No porque ser Vampiro imposibilitaba su habilidad para estar en el sol. Solamente no lo prefería. No importaba qué cambios químicos habían tenido lugar en su cuerpo que la hacían hipersensible a la luz del sol. Parecía más brillante y más caliente ahora que antes de que hubiera sido Abrazada y que tuviera que evitarlo, generalmente. Pero Gabriel era más brillante y más ardiente que el sol, parecía, y evitarlo era mucho más que una prioridad.
Ella miró sobre su hombro y vio a Mihail mirándola con ceño. Ella le devolvió el ceño, luego recorrió con la mirada a Niccolo y sacudió con fuerza su cabeza hacia Mihail.
—¿Qué pasa con el silencioso?
—Puedo hablar, —dijo Mihail.
—Bien. ¿Porque no lo haces más a menudo? —Ella le preguntó.
—No tengo nada que decir. No hablo solamente para oír mi propia voz.
Bien. ¿Realmente no podía discutir con esa lógica, no?
—¿De dónde eres, Mihail?
—Nueva York.
Ella se rió.
—Quiero decir originalmente. Todavía tienes un infernal acento, Mihail, y no es de Brooklyn.
—Recientemente de Nueva York, originalmente del área alrededor de Praga. Soy nuevo en los Estados Unidos y he pasado la mayor parte de mi vida viviendo en la región en la que nací. Por eso mi acento todavía es pesado.
Wow. Eso era más de lo que le había oído decir desde que le había conocido.
—Mihail es un muy viejo amigo de Monia y de Vaclav. ¿Nos has oído hablar de ellos? — Dijo Charlie.
Ella inclinó la cabeza.
—Monia es la mere de sang Gabriel y Vaclav es su consorte. Tienen el territorio de la Ciudad de Nueva York.
—Sí, —contestó Niccolo. —Mihail y Vaclav son de los más viejos completamente Abrazados. ¿Puedes sentir el poder que él emite?
—Sí. Lo puedo sentir de ti, también, Niccolo.
—Soy viejo, Fate. Nací en el 54 D.C. —dijo Niccolo.
Charlie se aclaró la voz.
—Mihail nació en el 264 A.C.
—Oh, Dios mío, —ella respiró.
—Sí, —contestó a Charlie. —Eso es lo que dije.
Él aparcó el coche en la cuneta delante del Eastside Gallery.
—Ya hemos llegado. —Apagó el motor.
Ella examinó rápidamente la ventana en el frente de la galería y vio a un hombre familiar, de pelo plateado. Dorian estaba allí dentro .
—¿Ah, podéis quedaros aquí? No estaré mucho tiempo y ninguna cosa allí dentro me lastimará, lo juro.
—Realmente pienso… —empezó Niccolo.
Ella le acalló con una mirada.
—Atraerá mucho más las miradas si entro allí con tres envarados por exceso de ejercicio, muy visibles Vampiros, flanqueándome que si entro calladamente allí, resuelvo mi cuenta, y salgo, ninguna bulla, ningún desorden.
Niccolo la miró furiosamente y no dijo nada. Su falta de aquiescencia relució brillante y cristalina en sus ojos de color chocolate oscuro, sin embargo. Él abrió su puerta del coche.
—Prometí a Gabriel que no te dejaría salir de mi vista. Entremos, Fate. —Charlie y Mihail también salieron del coche.
Ella suspiró.
—Bieeeeen, estupendo, —dijo ella en el coche ahora vacío. Fate salió fuera, les cerró de golpe la puerta del coche y les dejó seguirla a la galería.
El Eastside Gallery estaba decorado con colores neutros, en su mayor parte tonos de gris, colores lo suficientemente blandos para no apagar el arte en exhibición, pero era clásico y elegante. Dorian había podido meterla aquí, como había podido meterla en todas partes. Le debía mucho. Fate frunció el ceño mientras se daba cuenta de que sus pinturas que habían sido exhibidas solamente unas semanas atrás estaban ahora ausentes.
—Fate, —Dorian llamó a través del cuarto. Él se apresuró hacia ella mostrando una expresión afectada en su cara. Cuando la alcanzó, tomó sus manos en las suyas. —Oí lo que sucedió. ¿Estás bien? —Él atisbó a sus guardaespaldas con interés obvio.
—¿Quién no lo ha oído, Dorian? —Ella sonrió. —Tomando todo en consideración, estoy muy bien.
—¿Entonces, es cierto eso? ¿Eres eres uno de ellos, ahora?
Ella suspiró e inclinó la cabeza.
—Sí. Inevitable e inalterablemente … sí.
Él hizo algo luego que enfrió su sangre, apartó sus manos de las de ella.
—Estoy tan apenado, Fate, —él dijo en voz baja, del tipo reservado para las condolencias en un funeral.
—Oye, —dijo Charlie al lado de ella. —No es como si hubiera traído una enfermedad contagiosa.
Dorian le contempló agudamente y se convirtió en el hombre que ella apenas conocía, el hombre de negocios frío, duro, arrogante.
—¿No? ¿Quién es usted, de cualquier manera? —Él preguntó con un poquito de desprecio no disimulado.
Niccolo mostró sus colmillos extendidos. Aparentemente Dorian le había disgustado lo suficiente como para incentivarles.
—Sus guardaespaldas, —él gruñó.
Dorian clavó los ojos en él con la mirada que probablemente muchos ejecutivos había sufrido sobre una mesa de la sala de juntas. No haría temblar a nadie de su actual compañía, sin embargo.
—Más Vampiros, —él se burló.
—Sabemos quién usted es, Dorian, —intervino Charlie. Él echó una mirada de arrepentimiento a Fate antes de continuar. —Sabemos de su ayuda a un cierto proyecto que esta abriéndose paso a través del Congreso ahora mismo. Sabemos del dinero que usted gasta en su apoyo.
Dorian clavó duramente los ojos en Charlie y le dio una sonrisa apretada.
—¿Es una amenaza de alguna clase?
Charlie sonrió.
—De ningún modo. Solamente expongo los hechos.
La sonrisa de Dorian se desvaneció.
—Llámame más tarde, Fate. Hablaremos en privado, —él dijo sin mirarla, y se marchó.
Ella le siguió con la mirada, tragando saliva. ¿Proyecto? ¿El Congreso? ¿Apoyo? ¿Qué? Sin mencionar el comportamiento de Dorian que solamente había demostrado qué tan diferente su vida sería de ahora en adelante. Como un Abrazado, sería un paria para muchos humanos. Dorian incluido, parecía.
Mihail se puso al lado de ella. Su energía fuerte, suave rodó fuera de él y la envolvió con un sentimiento aterciopelado de protección.
—Ellos o nos aman o nos odian, —dijo, pareciendo leer su mente, y tal vez lo hacía. —No hay sentimientos neutrales de su tipo para el nuestro. Siempre ha sido así, y siempre lo será.
Una mano firme ahuecó su hombro.
—Vamos. Haz lo que hayas venido ha hacer, —dijo Niccolo.
Ella se sacudió a sí misma de su trance y fue a buscar a Simone, el gerente de la galería. Sorprendentemente, o quizá no, todas sus pinturas se habían vendido. Por eso no había ninguna de ellas colgadas en el vestíbulo de la galería cuando había entrado. La publicidad había hecho de sus pinturas un activo caliente. Por supuesto, sus ventas no tenían nada que ver con que a las personas realmente les gustara su trabajo. El hecho de que fuera un completamente Abrazado le había traído fortuna y fama instantánea.
Simone estaba encantado y quería más de sus pinturas, por supuesto. ¿Cómo de pronto ella podía llevarle?
Charlie la condujo hacia las otras dos galerías en el pueblo que llevaban sus pinturas. Fue la misma historia en cada una. Fate acababa de heredar una cantidad considerable de dinero, y si actuaba rápido podría hacer mucho más.
Era divertido que no estuviese muy contenta de eso.
Ella colapsó en el asiento del pasajero después del último alto. El sol ya se había hundido en el cielo y las estrellas estaban fuera.
—Oh, Dios mío, —ella dijo con un suspiro pesado, cansada. —Charlie, llévanos de regreso a casa de Gabriel.
Charlie sacudió su cabeza.
—No a casa de Gabriel, a Raven House.
—¿Qué?
—Gabriel contactó para decir que hay unos reporteros en el jardín y que te llevara a Raven House esta noche.
—Oh. —Ella abrió su boca para preguntar si Gabriel la encontraría allí y la cerró. Bien. Si él quería echarla para toda la tarde, entonces caminaría arrastrando los pies. Estaría mejor si pudiera irse arrastrando a casa, pero todo el mundo probablemente tendría un ataque serio si trababa de hacer eso. Hombre, era tentador, sin embargo. Ella quería tanto estar entre sus paredes, en su espacio.

Durante el paseo en coche a través de pueblo, los pensamientos de Fate volvieron a Dorian. Su comportamiento con ella le hizo pensar que quizá él estaba en el lado radical del asunto Abrazado. Ella nunca antes había considerado sus opiniones al respecto, y el tema simplemente nunca había surgido en la conversación. Ella había considerado a Dorian bien informado y educado, pero quizá no lo era.
—¿Charlie, qué significaba cuando dijiste a Dorian que sabías que él apoyaba un cierto proyecto a través del Congreso? ¿Qué proyecto? —Fate estaba enterada de política y había protestado contra unas cuantas de las leyes peligrosas que había amenazado al Abrazado. Seguir el “asunto” Abrazado era un pasatiempo suyo. Sus habilidades psíquicas la hacían diferente de otros y por consiguiente siempre había sentido un tipo de parentesco con el abrazado.
—¿Estás segura de que quieres saberlo?
Ella se encogió de miedo. Ella esperó que no dijese el proyecto Hartham y Cooper que formaría una agencia federal para “ observar ” las acciones del Abrazo y daba a los agentes licencia para “controlar ” cualquiera de las actividades que estimaran peligrosas. Básicamente, le daba a la agencia la habilidad de matar a cualquier Abrazado, siempre que quisiera, por cualquier razón.
—Sí, —ella chilló.
—El proyecto Hartham y Cooper.
Maldición.
—Él ha estado ganando el apoyo de ciertos políticos que están sobre la línea en la cuestión prometiendo ayudarles en la reelección instalando sus negocios en sus ciudades y dando importantes contribuciones de campaña . Básicamente, él lanza su dinero alrededor.
Ella tembló.
—Posiblemente no puede haber suficiente apoyo a ese proyecto. —Sacudió la cabeza. —No pasará.
Charlie se encogió de hombros.
—Dorian está haciendo su parte para asegurarse de que ocurre. No sabemos si él tendrá éxito aún, pero miramos la situación muy de cerca.
—Nunca lo supe, —ella dijo quedamente.
—Hago suposiciones, pero adivino que él conserva sus creencias en privado.—Sus labios se torcieron en una sonrisa sardónica. —Tu no pareces del tipo que se refrenan, así es que probablemente no fuiste tan sigilosa. Probablemente entendió que los dos harían contraste agudamente en el tema, así es que a prefirió más bien evitarlo.
—Quizá.
—La humanidad es como ovejas, Fate, y nosotros somos los lobos, sus depredadores. Entienden eso. Es primitivo e instintivo querer ponerse en guardia contra nosotros. Nuestra misma existencia embiste el corazón de su miedo de muerte.
—Sí, entiendo eso.
Ella permaneció callada el resto del paseo en coche a través de pueblo, contemplando sus sentimientos confundidos. Finalmente se detuvieron en el camino delante de Raven House. Era, sorpresa, también una casa antigua. Esta era victoriana, con un porche grande. Como la casa de Gabriel, era enorme. Ella atravesó andando la puerta principal a una sala de estar grande. Muchas personas estaban sentadas en piezas que parecían caro mobiliario antiguo, hablando y riéndose. La recordó a un banquete de lujo, exceptuando que en lugar de salmón ahumado como un entrée habría algo… distinto. Algo rojo. Todos y cada uno de ellos se quedaron callados, observándola con curiosidad. Había un sonido muy débil en sus tímpanos y pensó tal vez que registraba la gran presencia de Demi de alguna forma extrasensorial.
Charlie entró andando detrás de ella.
—Todo el mundo, ésta es Fate. Ella se quedará aquí esta noche. Por favor hagan sentirla bienvenida.
Una bella rubia adornada con un vestido largo, fino dorado se separó del grupo y paseó con paso descansado hacia ella. El sexo estaba en cada balanceo de las caderas bastante bien curvadas. Ella caminó hacia Charlie, pero conservó su mirada fija en Fate. Fate la vigiló prevenidamente, no gustándole la mirada en los ojos azules aparentemente inocentes.
La mujer ensartó su brazo alrededor de la cintura de Charlie, colocó su cabeza en su pecho y tímidamente marcó una línea en uno de sus pezones a través de su camisa. Charlie se estremeció. Fate sospechó que de placer.
—Ella huele a Gabriel, — comentó la mujer.
Fate frunció el ceño. ¿Ella lo hacía?
—Sí, —dijo Charlie con un suspiro cansado. —Ella lo hace.
—¿Ella es la que Gabriel ha tenido en su casa, no es eso? —Ella preguntó, atisbándola especulativamente. —Ella es la que vigiló todos esos años.
La molestia dio una llamarada dentro de Fate. Ella forzó hacia fuera su mano.
—Hola, encantada de conocerte. No se tu nombre. Ah, y de paso, estoy de pie aquí mismo. Ella le disparó a la mujer una sonrisa radiante. ¿Percibiría el comentario sarcástico o era también tonta?
Frunciendo el ceño, la rubia levantó su cabeza del pecho de Charlie.
—Charlie, —ella dijo con inocente consternación .
—Fate, esta es Laila, —dijo Charlie. —Laila, Fate.
Laila se apartó de Charlie. Su lleno labio inferior tembló.
—¡Gabriel ha marcado a esta mujer con su perfume!
Ella cambió de dirección y escapó subiendo las escaleras, llorando. Charlie le disparó a ella una mirada de disculpa y subió las escaleras después de ella.
—De acuerdo, —ella masculló. Genial, ahora se sentía como una mierda . No había estado aquí tres minutos y ya había hecho llorar a alguien.
Algo suave acarició su pierna. Ella miró hacia abajo y vio un dorado y oscuro tornasolado gato grande. Era el familiar de Niccolo, Kara, más probablemente. Gabriel le había contado a ella sobre el gato. Fate se arrodilló y cogió al animal en brazos. Kara era cómodamente grande y suave. Fate presionó su nariz en el pelaje del gato y cerró sus ojos. Dios… era demasiado.
—Laila se imagina enamorada de Gabriel, —dijo Niccolo en alguna parte por encima de ella. —Y Gabriel no ha tenido parte en eso. Él tiene miedo de que ella se ponga demasiado encariñada con él. Dio, ella ya lo esta.
Fate dijo suspirando.
—Solamente quiero ir a dormir, —ella refunfuñó en el pelaje de Kara mientras agarraba firmemente al gato. Pacientemente, Kara lo permitió. Pronto Niccolo se marchó dando media vuelta.
Cuando ella se hubo repuesto, le dio al pobre gato su libertad, permaneció de pie, y vio las llaves del coche de Charlie sobre la mesa al lado de la puerta. Mordió su labio inferior. ¿Realmente no sería bonito robar el coche de Charlie, no? Pero ella anhelaba su apartamento. Su casa y sus cosas familiares rodeándola. Sus cuatro paredes. Sus cosas. La normalidad. Aun si fuera sólo una ilusión temporal.
¿Ella podía tener eso por una noche? Echó un vistazo alrededor. Parecía que Charlie, Niccolo y Mihail se habían ido a la cama. Ella podría ir a casa solamente unas pocas horas y regresar antes del amanecer. Nunca sabrían que se había ido.
Con la decisión tomada, cogió las llaves y atravesó la puerta.

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MensajeTema: Re: Anya Bast - La sangre del cuervo   Lun Ene 03, 2011 6:25 pm

Capítulo Siete

—Te lo he dicho repetidamente. No soy el hombre para ti, Laila. —Gabriel extendió la mano para tocar uno de los hombros de Laila, pero dio marcha atrás. Sería cruel enviar señales mixtas, aun si sólo tenía intención de confortarla.
—Tu no sabes como es esto, Gabriel, —ella sollozó entre sus manos. Levantó su cabeza y clavó los ojos en él, ojos preciosos, llorosos. —Amar alguien con todo lo que eres y no ser correspondido. Ocurrió con Xavier, —ella murmuró desesperadamente. —Y ahora tu. —Ella se levantó del sofá donde se sentaban y corrió fuera.
Cuándo Gabriel había atravesado andando la puerta de Raven House, Laila le había confrontado acerca de Fate como si fuera una amante despreciada. Gabriel se había decidido a sentarse y tener un debate serio con ella. No era la primera vez que había tales debates entre ellos, pero esta vez sus palabras parecieron penetrar. Tal vez porque él había hablado de Fate en términos de afecto profundo. Esa era la primera vez, que pudiera recordar, que había hablado de una mujer de esa manera. Había hecho mella en Laila, así como también en sí mismo.
Fate estaba arriba ahora, durmiendo. El recién Abrazado necesitaba mucho descanso y él la había cansado anoche.
Charlie se sentaba cerca. Él se disparó arriba de su silla para seguir a Laila, pero Gabriel levantó su mano.
—Déjala ir. Necesita estar sola para pensar.
Charlie atravesó a Gabriel con una mirada helada.
—Es fácil para ti decir eso, a ti no te importa cómo se siente Laila. Tú no sabes cómo siente ella. Yo lo hago. —Charlie caminó hacia la puerta.
Sí, él lo hacía. Gabriel suspiró. Charlie había venido de una de las mejores familias de Boston a finales de los 1800. Él había nacido con no sólo un caul, marcándole para un día ser Abrazado, sino que también con una deformidad que arruinaba su cara hermosa. Incapaz de mirarle, su padre le había abandonado tan pronto como pudo, obligando a Charlie a sobrevivir solo por largos años. Cuando Monia, la mere de sang de Gabriel, había abrazado a Charlie, la deformidad había desaparecido. Sin embargo, el golpe en el corazón de Charlie, propinado por su familia, nunca había cicatrizado.
Esa herida había sido combinada con su amor no correspondido por una Abrazada llamada Penélope y su subsiguiente pérdida por Aidan, su consorte actual. Todo eso había ocurrido sobre cien años atrás. Pero, Gabriel sabía que Charlie tenía aún que resolver sus asuntos. Ahora le parecía estar enamorado de Laila. Eso, también, parecía aciago.
Charlie hizo una pausa ante la mesa en la entrada y se giró hacia él.
—¿Dónde están las llaves de mi coche? Las dejé aquí. —Él se asomó a la puerta. —¿Dónde está mi coche?
—Fate, —Gabriel masculló mientras la posibilidad de su huida repentinamente surgía amenazadoramente en su mente. Él salió disparado del sofá y subió las escaleras al tiempo. Comprobó los dormitorios disponibles y no la encontró.
Adam apareció por el lado opuesto del vestíbulo.
—¿Qué ocurre, Gabe?
—¿Has visto a Fate esta noche?
Él negó con la cabeza.
—Pero oí lo que sucedió cuando ella llegó.
Gabriel forzadamente controló sus emociones. Imágenes que detenían su corazón de todas las cosas horribles que ya podían haberle ocurrido a Fate pasaron como un relámpago por su mente. Él no dejaría que nada le ocurriera. Obtuvo a la fuerza calma en su voz.
—¿Que sucedió, Adam?
Adam levantó una mano, mostrando la palma de la mano hacia fuera, como para mantenerle alejado. Tal vez él no estaba haciendo un trabajo tan bueno en fingir calma después de todo.
—No estaba aquí, Gabe. No sé la historia completa. Todo lo que conozco es que, según Niccolo, ella tuvo un día duro y estaba molesta antes de que llegara aquí a la casa. Luego Laila tuvo una rabieta contra ella sobre ti.
Gabriel tomó una respiración controlada.
—De acuerdo, estupendo, —dijo él con compostura forzada. —Eso ayuda a explicar las cosas. Pienso que ella cogió el coche de Charlie y salió. Dile a Niccolo y los demás que los dejaré saber qué ocurre, ¿bien? Pienso que sé dónde está ella.
Él cambió de dirección y caminó fuera de Raven House. Gabriel se detuvo un momento en el porche, cerró sus ojos y cambió de posición. Su cuerpo se convirtió en sentimiento más ligero, más libre. Con un par de fuertes aleteos de sus alas, estaba en el aire. Podría acelerar el paso en forma de cuervo.
Gabriel voló directamente al apartamento de Fate y divisó el coche de Charlie fuera inmediatamente. Se apeó fuera de su puerta y se transformó. La parte negativa del cambio era que le dejó desnudo en su destino, pero, como un Vampiro mayor, podía producir la ilusión de ropa.
Atrajo las sombras hacia él, vistiéndose con una capa a sí mismo en lo aterciopelado de ellas, y produjo una ilusión de botas negras, pantalones vaqueros y un suéter oscuro. Usando telequinesia, abrió el cerrojo de la puerta y entró.
Todas las luces estaban apagadas dentro del apartamento, sin embargo unas cuantas velas proveían de una suave iluminación. El olfateó el incienso en el aire junto con el baño de espumas de jazmín. Fate, vestida con un camisón largo, permanecía enrollada en el centro de su cama, las mantas enmarañadas alrededor de sus piernas, su pelo, aún húmedo por el baño, se desparramaba sobre las almohadas. Ella dormía profundamente, despreocupada, contenta de estar en su alojamiento, en su casa. Aunque su Glock yacía en la mesa de noche al lado de ella, dejándole saber que no dejaba ninguna oportunidad.
Miró su sueño, como tantas veces antes, pero esta vez era diferente. Sus sentimientos por ella eran más profundo y más complicados. Él había pasado todo el santo día pensando en la mujer que estaba en la cama ante él ahora y se había percatado de cuánto cuidaba de ella, de cuánto quería mantenerla en su vida.
Tal vez se había sentido de esa manera acerca de Fate aun antes de parase a pensarlo. En algún nivel, tal vez había comenzado a sentirlo durante todos esos años que la vigiló. Después de todo, si bien ella directamente no había sido una parte de su vida, él se había acercado a ella más que a cualquier otra persona en mucho tiempo. Había compartido su felicidad y sus desilusiones. Él había sufrido en carne propia la crítica de su trabajo de arte, y la rotura con Christopher Connor. Durante ese tiempo, se había acercado a ella sin caer en cuenta de ello y, poco a poco, había empezado a ver la belleza y vulnerabilidad de su alma. Tal vez, había empezado a amarla en algún punto de aquel camino, pero solamente había sido consciente recientemente.
Gabriel creía que Fate podría llegar a sentir por él de la misma forma que sentía por ella, pero el miedo tenía un gran agarre en ella. No sólo tenía una existencia enteramente nueva a la que ajustarse, que era más que suficiente, sino que menos de un año atrás ella había estado desolada por Christopher Connor. Verdaderamente había creído que él la había amado y ella le había dado una parte grande de sí misma, sólo para ser engañada y estar muy dolida al final. Tenía sentido que fuera cautelosa ahora. No confiaba en que él no la lastimaría. No confiaría en que ningún hombre no la lastimara.
Gabriel se descolgó encima de la cama al lado de ella y frotó una hebra de su pelo entre sus dedos. Tan sedoso. Tan suave. Fate hizo un ruidito en su garganta y rodó encima de su espalda. Dios mío, ella era bella. Pero eso no alteró el hecho que estaba enfadado de que se hubiera puesto en peligro de la forma en que lo había hecho esta noche.
Él se levantó y silenciosamente abrió un cajón de al lado de su cama, sacó dos de sus bufandas de chiflón y amablemente ató sus muñecas en los postes de la cama. Ella estaba profundamente dormida y Gabriel podía moverse con sigilo preternatural cuando quería. Su pene se endureció solo con el acto de atarla a la cama dejándola a merced de cada deseo sexual.
Él regresó a su lugar a su lado y acarició con su mano el lado de su cara.
—Despierta, —murmuró él.
Ella inspiró agudamente y abrió sus ojos.
—Gabriel, —ella respiró. Ella trató de mover sus brazos y descubrió su apuro. —¿Qué estas haciendo? —Preguntó ella.
—¿Confías en mí, ma cheri?
Ella luchó contra sus ataduras.
—¡Gabriel, déjame ir!
Él ahuecó su barbilla y dirigió su mirada hacia la de él.
—¿Confías en mí, Fate? —Él preguntó otra vez. —¿Crees que alguna vez haría alguna cosa para lastimarte?
Ella se quedó quieta. Sus labios se abrieron mientras se quedaba con la mirada fija en él. —Uh, confío en ti… físicamente. No creo que me dañaras alguna vez físicamente.
Esa era una respuesta cuidadosamente expresada. Él pasó su dedo sobre sus labios. Las palabras tácitas estaban bien claras, pero no emocionalmente.
—Eso es un comienzo, adivino.
—¿Me dejarás ir ahora?
—¿Fate, qué ocurría si te hubieras despertado y no me hubieras encontrado a mi revoloteando sobre tu cuerpo deleitosamente…—él mantuvo su mirada fija a lo largo de ella— vulnerable ahora mismo?
Él se movió y ahuecó su pecho a través de la larga camisa de seda que llevaba puesta de pijama. Su pezón alcanzó el máximo contra su mano, y su respiración se detuvo y luego salió en un largo suspiro.
—¿Qué ocurriría si te hubieras despertado para encontrar a alguien que quería hacerte daño, en lugar de darte placer? —Él preguntó mientras lentamente jugaba con su pezón endurecido. —No habría habido nadie aquí para ayudarte.
—Bien, te concedo ese punto, —dijo ella, su voz temblando. —Sé que fue irresponsable hacer lo que hice esta noche. Solamente necesitaba estar en casa. Necesitaba un poco de normalidad y un poco de familiaridad. ¿Me enloquecí, vale? Después de todo lo que he pasado, enloquecerse un poquito debería estar bien.
Él movió su mano abajo de su pecho, sobre su estómago, y la descansó en su cintura.
—Tal vez. Exceptuando que este pequeño episodio de locura pudo haberte matado, y eso no habría estado bien. —Él se quedó con la mirada fija en sus ojos y vertió toda su emoción en esa mirada. —No quiero verte herida. ¿Lo entiendes? Verte dañada me mataría.
Ella parpadeo dos veces y tragó saliva. Sus ojos se ensancharon y se llenaron de lágrimas no derramadas.
—Una mujer en Raven House dijo que te podía oler en mí. Ella dijo que me habías m-marcado, — su voz tembló. —¿Qué significa eso?
—¿Laila dijo eso?
Ella cabeceó.
—Eres demasiado joven aún para haber desarrollado un sentido del olfato intenso. Una habilidad del Abrazado es la capacidad de olfatear a otro en alguien si han estado cerca, quiero decir, rozándose contra el otro…—él arqueó la ceja — o haciendo el amor juntos en el suelo de la ducha.
Sus frentes quedaron juntas.
—¿Por qué lo llamas haciendo el amor?
Él se quedó silencioso. Había estado haciendo el amor con él esa mañana. En lo más profundo creía que ella no le consideraba solamente una follada, tampoco. Se volvió más profundo que eso. Solamente tenía que mostrárselo.
—No sé cuándo ocurrió exactamente, Fate, pero en algún momento durante todo esto me enamoré de ti.
—Suéltame, Gabriel, —dijo ella. Las lágrimas de sus ojos se fueron. La cólera reemplazó el pesar que él había visto en ella sólo un minuto atrás.
—Si te dejo libre, entonces huirás.
—Maldición bien. Yo —
—Silencio. Te puedo oler ahora, —él la interrumpió. —Y sabes que te excita esto. Ser atada, incapaz de detenerme de hacer cualquier cosa que quiera. Sé que ésta es una de las fantasías que sostienes tan silenciosamente dentro de ti.
Ella mordió su lleno labio inferior, y luego lo dejó ir en un gesto inconsciente de contemplación. Gabriel no se pudo detener a sí mismo de agacharse y chuparlo en su boca. Ella dejó escapar un pequeño gemido. Él cerró sus ojos, disfrutando la sensación de su labio suave entre sus dientes.
Él había estado en su subconsciente y sabía que esta era una de sus fantasías, ser atada por un hombre, y él estaba más que dispuesto a ser el hombre. Él amó atarla a su merced. De esta forma no podría escapar de él.
—Disfrutas de ser vulnerable ante mí, —él murmuró contra su boca. —Puedo hacer cualquier cosa que desee en tu dulce cuerpo ahora, y no puedes hacer nada para detenerme.
—Gabriel, —ella murmuró. —¿Por qué me afectas así?
Él sonrió.
—Me alegro de que puedas admitir que te afecto después de todo. Ahora admite que ésta es una fantasía tuya. Admite lo que ya sé, que estas excitada ahora mismo.
Él volvió a mirar su cara. Sus párpados estaban pesados y su labio inferior estaba húmedo y rosado por su atención. Ella pasó su lengua sobre el labio y él lo observó absorto.
—Tal vez, —contestó ella con voz gutural.

¿Tal vez? Él emitió una risa corta. Ahora mismo, ella estaba igual de excitada que él.
Él descartó la ilusión de su ropa y montó a horcajadas sobre sus piernas. Sus ojos se ampliaron ante su pene erecto. Gabriel desabotonó el primer botón de su camisón y pasó sus nudillos a lo largo de su piel satinada.
—Pienso que ha llegado el momento de que te muestre cuánto me perteneces.
Sus ojos brillaron coléricamente.
—No soy tuya, Gabriel. Estamos pasando un buen rato, nada más. Estamos juntos por ciertas circunstancias y sacamos partido de eso. No hay posesión involucrada aquí, ninguna emoción. No soy ninguna cosa que puedas reclamar. Cuando esto haya terminado, me marcharé y tú estarás feliz de que lo haga. Feliz porque obtuviste lo que querías de mí y puedes seguir adelante con la siguiente mujer.
Él abrió el siguiente botón, revelando más de su carne.
—Me confundes con tu exprometido, Fate, y te mientes. Tengo la intención de mostrarte simplemente cuánto.
Ella abrió su boca, para contestar, probablemente. Pero él abrió otro botón y resbaló su mano dentro de su camisón para ahuecar su pecho. Fate cerró de golpe su boca mientras él lo dejaba caer pesadamente y pasaba sus dedos con delicadeza de acá para allá sobre el pezón erecto.
—Mía, Fate, —él ronroneó. —Quiero que seas mía. Quiero que desees ser mía.
Él conservó una mano en su pecho y abrió el resto de los botones con su otra mano. La seda de su camisón murmuraba sobre su piel mientras él la separaba. Movió ambas manos por su cuerpo y separó sus muslos. Su coño exuberante, rosado estaba al descubierto, a su vista, refulgiendo con el líquido de su excitación. Sus pechos rosados, con sus pequeños pezones duros y rojos, subían y bajaban por su acelerada respiración.
Él puso sus manos sobre sus hombros, oyendo los rápidos latidos de su corazón. Notando la suavidad sedosa de su piel, las arrastró abajo sobre sus pechos y su estómago, más abajo a lo largo de sus piernas y luego atrás otra vez. Sus dedos rozaron su sexo mientras lo hacía. Él quería tocarla allí, pero primero quería aprender de memoria cada colina y cada valle del resto de ella.
—Dios mío, eres bella, —murmuró mientras continuaba adorándola con sus manos. Su mirada fija la comió de los pies a la cabeza. —¿Cómo te atormentaré, Fate? Ah, hay tantas formas.
Él resbaló su mano por su coño y la acarició.

* * * *

La realidad entera de Fate se centró en sus manos. Cada pulgada de su piel sensibilizada a su atención. Él deslizó dos dedos dentro de ella, estirándole los músculos, y rozando su pulgar sobre su clítoris. Ella arqueó su espalda y gimió su nombre. Él había asegurado sus manos y la había dejado enteramente indefensa, y maldición, eso la volvía loca.
Él subió su cuerpo, frotando su pene glorioso sobre uno de sus pechos y luego a través de sus labios. Ella quería tanto saborearle. En el segundo paso de su pene sobre sus labios, ella sacó su lengua y lamió la cabeza de su erección. Sus labios se cerraron sobre la cabeza de su eje, haciendo a Gabriel estremecerse de placer. Él empujó sus caderas amablemente, metiendo su longitud a la fuerza en su boca. Ella chupó codiciosamente, lamiendo el líquido de la raja en la cabeza de su pene. Hizo retroceder sus caderas y hacia adelante, empujando amablemente en su boca. Ella cerró sus ojos y celebró el sabor de él.
—Fate, tu boca es tan dulce, —dijo Gabriel a través de sus dientes. —Me matas. —Él separó su pene de ella. —Algo más y me vendré.
Ella abrió sus ojos.
—¿Sería tan malo?
Él bajó su boca a su pecho y cayó en la tarea de chupar y lamer su pezón.
—Quiero llegar en ti, — dijo alrededor de un bocado de carne.
—La noche es joven. Lo podemos hacer todo.
Gabriel se apartó de su pecho y besó su garganta. Ella arqueó su cuello en un gesto de sumisión y sintió el roce duro de sus colmillos a lo largo de su piel. Ella pensó por un momento que la mordería, ah, cómo quería sentir la marca de su boca sobre ella, pero en lugar de eso su lengua tocó la piel justamente bajo su oreja. Ella gimió ante la sensación de la punta caliente recorriendo su clavícula y luego moviéndose hacia abajo, en medio sus pechos, sobre su estómago.
—Gabriel, —Fate imploró jadeantemente. Ella estaba tan mojada para él, tan lista.
Él dibujó su lengua por su piel con lentitud atormentadora, sumergiéndola en su ombligo. Él continuó más bajo, sobre su pelvis y hasta su muslo interno. Allí, besó la arruga donde su pierna y pelvis se encontraban.
El clítoris de Fate estaba despierto y lleno de sangre. Pulsó con el deseo de ser acariciado y lamido. Él pasó su lengua a lo largo de su piel, con besos diminutos y calientes, por el camino que se dirigía directamente hacia su coño. Él se chupó sus labios y luego, ¡dichosamente!, giró en espiral su lengua alrededor de su clítoris.
Ella arqueó su espalda ante la sensación y se sacudió.
—Ah, sí, —gimió ella .
Él gimió bajo en su garganta.
—Sabes tan bien. Nunca me pondría cansar de tu sabor, Fate.
Ella se rigidizó ante sus palabras, pero la lamió desde el ano al clítoris con golpetazos largos, perezosos, de su hábil lengua y ella se olvidó de qué la había contrariado. Se contorsionó con la sensación de su lengua picante, resbaladiza explorando su sexo. La empujó en su interior y la folló con ella, sacando un gemido bajo de su garganta.

Gabriel resbaló un dedo dentro de ella y luego un segundo mientras lamía su clítoris. Lentamente, masajeó las paredes de su coño con sus dedos mientras mantenía el tormento de su lengua. Añadió sus dientes a la mezcla y ágilmente mordiscó su clítoris. Cuando su cuerpo se tensó por el clímax, él se apartó.
—¿Gabriel? —ella dudó.
Él no dijo nada. Regresó y le excitó otra vez, sólo para apartarse de nuevo.
Fate pensó que se volvería loca.
—¡Gabriel ! —dijo, jadeando y tirando de sus ataduras. —Vas a pagar por esto.
Él le dio lametazos largos con la lengua, perezosos como un león bañándose al sol.
—Considera esto un castigo por la preocupación que me has causado esta noche, ma cheri.”
—Y he sido de verdad castigada, Gabriel, —lloró ella . —Por favor, por favor fóllame ahora.
—Mmmm. Tu coño está pesado y líquido por la excitación. Tus pezones piden atención. Tu cuerpo demanda a mi pene dentro de ti. Pero cuando entre en ti, Fate, no será una follará. Lo que ocurre entre nosotros se vuelve más que las necesidades bajas, primitivas de nuestros cuerpos. ¿No estás de acuerdo?
¡Buen dios, ella estaría de acuerdo con todo ahora mismo, el tortuoso bastardo! Ella se contorsionó tanto como sus ataduras le permitirían. Su sexo latía con necesidad.
—De acuerdo, ¡claro! —lloró ella.
Gabriel rió bajo. Él se movió a su mesa de noche y cogió algo del cajón de abajo.
—Eso no sonó muy convincente. —Él tomó su consolador. —Veamos cuanto puedo enloquecerte.
Ella le miró y entrecerró sus ojos.
—Eres perverso.
—Pienso que te gusta cuándo soy perverso.
Él dejó caer el consolador en la cama al lado de ella y regresó al asunto de atormentarla. Arrastró las puntas de sus dedos lentamente sobre su estómago y su coño y rodeó su ano.
—¿Ningún hombre te ha tomado aquí antes, no, dulce Fate? —Ronroneó mientras jugaba con el anillo apretado de nervios.
—No, —dijo jadeando. Su dedo ya estaba resbaladizo con sus jugos y él abrió la entrada fácilmente.
—Ah, —ella gimió con la sensación de todos esos nervios siendo estimulados. Él empujó, ensanchándola.
—Mmm, eres tan apretada aquí, -murmuró él . Se recostó sobre su cuerpo y pasó sus labios contra sus pechos. Mientras lentamente metía su dedo por su ano, chupó y lamió su pezón erecto como si fuera un caramelo duro.
Fate se agarró a las bufandas de seda que ataban sus muñecas y cerró sus ojos. Él iba a conducirla a la locura con mucho gusto. Seguramente, esa era su meta.

Él se arrancó de su cuerpo, y tomó un tubo de lubricante de su cajón del lado de la cama. Después de estrujar una parte del lubricante, presionó dos de sus dedos gruesos en el apretado anillo de músculos y empujó. Ella se quedó sin aliento mientras sus dedos entraban y salían de ella. Sus músculos apretados agarraron sus dedos. Él continuó durante largos minutos, relajando y estirando sus músculos, excitándola hasta el extremo de gemir incontrolablemente y retorcerse, probablemente preparando su cuerpo para tomarla con el juguete.
—¿Te gustaría experimentarlo, no ma cheri? —Ronroneó él. —¿Quieres sentir mi pene … en todas partes, no?
Ella no podía contestar, ni podía pensar. Sintió sus dedos salir y la cabeza resbaladiza con gel suave de su consolador contra su abertura inferior. Lo metió en ella lentamente, pulgada a pulgada. No era tan ancho como el pene de Gabriel. Aun así, parecía lo bastante grande para ponerla en un lugar dónde placer y dolor se combinaban en una sensación abrumadoramente erótica. Ella lloriqueó y alzó sus caderas, queriendo más.
—Apretado, —gruñó él. —Eres tan malditamente apretada.
Él lo metió con pocos movimientos, hasta que estuvo completamente llena. Lo metió y sacó varias veces, hasta que ella estuvo desesperada por la necesidad de llegar al clímax. Quería algo dentro de su coño. Algo para aliviar el doloroso vacío que tenía dentro de ella. Nunca había estado tanto excitada en todo su vida. Dios mío, se sentía arder.
—Por favor, Gabriel. Por favor, —imploró.
Él ignoró su súplica, pero podía ver la tensión en él. Su cara estaba excitada, su mandíbula apretada con fuerza. Sus ojos estaban oscuros y entrecerrados por la excitación. Ella necesitaba romper su determinación.
—Imagina cómo se sentirá mi coño, tan caliente, apretado y cálido. Te mantendré tan apretado, Gabriel… tan cerca. Mis músculos ondearán y pulsarán alrededor de tu pene. Imagínatelo.
—Bruja, —gruñó y Fate sospechó que había tenido éxito en romper su control. Gabriel dejó el juguete dentro de ella y colocó sus piernas sobre sus hombros.
—Sí, —suspiró Fate mientras él situaba la cabeza de su pene en su entrada.
—Dime que aquí hay más que lujuria, Fate, —dijo Gabriel a través de la mandíbula apretada. Sus colmillos estaban extendidos y sus ojos parecían negros de tan oscuros. —Dime que hay una posibilidad entre nosotros. Admite al menos eso.
La confusión formó remolinos a través de ella. Ella se preocupaba por Gabriel, muchísimo. Tanto que sacaba el infierno fuera de ella. Más aún porque sólo le había conocido unos pocos días. Tenía que regular esos sentimientos, sin embargo. Ella no podía dejar que la lastimasen otra vez. Ni los podía negar completamente.
—Yo admito la posibilidad, —murmuró ella .
Con un rugido, él empujó en ella. Se deslizó dentro y se enterró por completo. La combinación del juguete llenando su ano y Gabriel con su miembro mayor llenando su coño hizo estallar su cabeza. Un clímax instantáneo la abrumó. Ella empuñó las bufandas en sus manos y gritó como si se hiciese pedazos.
Gabriel estableció un ritmo castigador, pistoneando duro dentro y fuera de ella. Él le envió una imagen de cómo se verían si alguien estuviera observándolos. Ella vio los músculos de su espalda doblarse con precisión mientras se hundía en su coño repetidas veces entre sus muslos abiertos. Se vio, atada a la cama, sus brazos por encima de su cabeza, completamente a merced del hombre que la follaba.
Él movió sus caderas un poco, una pulgada hacia el lado, cambiando el ángulo de su empuje. Se estrelló contra ella una y otra vez, gruñendo mientras la tomaba, y ella se vino otra vez. Colores que ella aun no había sabía que existían se abrieron a presión ante sus ojos mientras su segundo clímax engullía su cuerpo. Como había prometido, los músculos de su vagina pulsaron y se apretaron alrededor de su eje. Él arrojó hacia atrás su cabeza y se vino con un gemido bajo.
Cayó encima de ella y soltó las corbatas que había alrededor de sus muñecas. Ella colocó sus brazos a su alrededor. Él la besó profundamente, explorando su boca con su lengua.
—Ah, ma cheri, —murmuró él contra sus labios. —Me matas todo el tiempo. Su pene avanzó dando sacudidas profundas, todavía duro. —Por una vez me gustaría hacer el amor contigo lentamente, en lugar de con este ardor.
Ella sonrió contra su boca.
—Confía en mí, no me importa el ardor.
Él meció sus caderas de regreso, empujando con agonizante deliberación. Su respiración quedó atrapada. El juguete todavía llenaba su ano y las sensaciones duales eran indescriptiblemente eróticas. Ella cerró sus ojos y suspiró. Gabriel alternó sus caderas y aumentó la velocidad de sus empujes. Él se levantó, agarró su cintura y la sujetó mientras su movimiento se volvía más rápido y más duro.
Fate lanzó su cabeza atrás cuando otro clímax estalló dentro de ella. Él cambió de posición, atropellándola con golpes largos, duros. Su orgasmo irrumpió sobre ella en una ola cegadora, privándola de todo pensamiento.
Él se separó cuidadosamente y la colocó sobre su estómago. Luego él levantó sus caderas, así que su trasero quedaba ofrecido a él. Sacó el juguete de su cuerpo… y empuje su pene dentro para tomar su lugar. Gabriel era más ancho que el consolador y la estiró aún más exquisitamente. La tomó amablemente al principio, luego más duro y hambriento. Abriendo la boca, Fate mordió las mantas y temió por la propia vida cuando otro clímax la atravesó.
Gabriel alcanzó y acarició su clítoris mientras se zambullía en ella, enviando a Fate al borde de otro orgasmo. Finalmente, él gimió su segundo clímax y llevó a Fate con él.
Respirando pesadamente, se derrumbaron en un enredo en la cama. Gabriel la acercó y apartó el pelo de su cara. Sus músculos estaban débiles y ella se sentía apenas capaz de moverse como consecuencia de sus varios orgasmos. Cayó en un sueño agotado mientras él esparcía besos sobre su frente. El último pensamiento que ella tuvo antes de quedarse dormida fue en la posibilidad.

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MensajeTema: Re: Anya Bast - La sangre del cuervo   Lun Ene 03, 2011 6:26 pm

Capítulo Ocho

Fate ajustó el agua que salía a raudales de la bañera de Gabriel y la probó con el dedo. Encontrándola perfecta, se soltó su bata de baño y se sentó sobre el borde de la bañera a esperar que se llenase. El sonido del agua cayendo la calmó mientras el vapor llenaba el cuarto.
Sus pensamientos iban a la deriva de regreso a anteayer noche, cuando Gabriel la había atado a la cama. Tembló con el recuerdo a pesar del calor que hacía dentro del cuarto de baño. Dios, el hombre sabía justamente qué botones empujar, y había mandado su cuerpo al cielo esa noche.
Aun cuando algunas de las cosas que había dicho la habían molestado.
Había logrado evitarle el día siguiente y él había estado ausente anoche y todo del día de hoy consultando al SPAVA e investigando una pista que tenía con Niccolo y Charlie. Una que no compartiría con ella, el bastardo. Estos días él ponía atención especial a unos pocos Vampiros rivales del Concilio del Abrazado, los que tenían una razón para querer ver a Gabriel sufrir y la podían haber usado como peón para lograr esa meta.
Había dejado a los guardaespaldas con ella, por supuesto. Adam y un pocos Vampiros que nunca antes había visto. Se había mantenido alejada de ellos, en su mayor parte, y había usado el tiempo en su pintura. Quizá como una forma de no tratar con los pensamientos confusos que parecían regir su mente estos días.
Parecía que no podía escapar de ellos ahora, sin embargo.
Se movió en el borde de la tina y pasó las puntas de los dedos a través del agua, recordando un aniversario que ella había compartido con Christopher. Él había alquilado un caro cuarto en un hotel con una bañera enorme como esta. Había habido champaña enfriada esperando y una cena provista de comida y bebida deliciosa. Fate había creído que nunca había sido más feliz. Christopher la había hecho sentir como si fuera el centro de su universo. Ella se había sentido segura y le había amado.
Estimado.
Cerca de seis meses más tarde, ella había encontrado un recibo en el bolsillo de atrás de sus pantalones mientras estaba haciendo la colada. Un poco de investigación había traído una información perturbadora. Él había llevado a Lisa a ese mismo hotel. Así era cómo había descubierto Fate que Christopher la había estado engañando. Él probablemente habría continuado hasta el altar y más allá si Fate no hubiese roto con él.
Se levantó y cerró los grifos. Gabriel también la hacía sentir segura y, sí, incluso amada. La hacía sentirse querida, y, ah, ella quería que él se sintiera querido. ¿Pero cómo podía haberse abierto a él tan rápidamente? Mordió su labio inferior y cogió su bata para empujarla de sus hombros. Confiar en Gabriel era mucho riesgo. Uno que, aparte de todos los otros cambios drásticos en su vida, recientemente, ella no estaba segura de estar lista para tomar.
—Hola, Fate.
Con una boqueada de pánico que detuvo su corazón ante la voz masculina poco familiar, ella agarró su Glock, se levantó de un salto, se giró, y apuntó. Un hombre alto con cabello oscuro, rasgos cincelados y chispeantes ojos verdes se apoyaba contra el fregadero.
Ella apuntó directamente a su cabeza, pero él no se sobresaltó, maldito fuera. En lugar de eso, su mirada fija viajó lentamente abajo de su cuerpo y hacia arriba. Ella recorrió con la mirada abajo, percatándose de que su bata se había abierto involuntariamente y la cerró de un tirón, conservando la pistola apuntando a su blanco.
Él hizo un pequeño puchero y pasó su mirada por su cara.
—¿Quién diantres es usted? —Ella hizo la demanda con una voz tan enojada que temblaba.
—Hola, Fate, —él repitió. —Qué extraño que suena. Qué poético. El destino… desnudo y apuntándome con una pistola.
El cuerpo de Fate se puso tenso como la cuerda de un arco. Ella era un Vampiro nuevo, un Vampiro recién nacido, esencialmente. ¿Sería lo suficientemente fuerte como para oponerse a un Abrazado mayor si tuviera que hacerlo? Pensamientos perturbadores flotaban por su mente. Ella los apartó a la fuerza, sabiendo que necesitaba mantenerse fría y calma.
Se apoyo en una cadera y suspiró.
—Bien, quien seas. Adelante, di sarcásticamente mi nombre. Soy capaz de aguantar eso. —Ella fingió un bostezo con una mano, pero mantuvo la Glock centrada en él. —¿Y su nombre es?
Él mostro un destello de dientes blancos que ansiosamente le recordaron acerca de un lobo.
—Drayden Lex.
Ah, Mierda. Gabriel le había dicho todo acerca de este tipo. No era alguien que quisiera en el cuarto de baño con ella. Cálmate, se recordó a sí misma. Arqueó la ceja.
—¿Drayden? Ah, como si su nombre fuera mejor. Apuesto a que realmente se burlaron de usted en la escuela.
Él se rió.
—Me gusta. —Él negó con la cabeza, la sonrisa desvaneciéndose. —Y no la lastimaré. ¿Se percata de cuán rápidamente la podría desarmar de cualquier manera? Puede bajar la pistola, Fate.
—Uhm, yo me siento mejor con ella, si a usted no le importa.—Ella la conservó apuntándole. —¿Necesito llamar a los cinco Vampiros que hay escaleras abajo ahora?
Él negó con la cabeza.
—No, te he dicho que no te haré daño. Solamente mando llamar a tu amante, Fate. Gabriel ahora sabe que estoy aquí y viene precipitadamente a tu rescate. —Él abrió sus manos. —Necesito hablar con él. —Su boca llena se torció en una sonrisa. —Calculé que pasar sobre la hermosa que comparte su cama le traería rápidamente.
—¿Qué diablos tiene que ver amenazarme con el hecho de que necesites hablar con Gabriel?
Él emitió otra sonrisa.
—Todo.
Cerca de dos latidos después de eso, Gabriel llegó. Él iba todo de negro, con unas botas del color de la medianoche, pantalones vaqueros y suéter. Su pelo estaba suelto y se perdía en la oscuridad de su ropa. Fate no podía distinguir donde su suéter acababa y su pelo comenzaba. Sus ojos estaban oscuros también… llenos de nubarrones peligrosos. Si ella no estuviese apoyada contra la bañera, entonces se retiraría.
Gabriel extendió su mano al mismo tiempo que decía,
—¿Qué diablos estás haciendo aquí, Drayden?
Drayden salió volando hacia atrás contra el espejo que había detrás de él, destrozándolo.
Drayden aterrizó en el mueble del cuarto de baño y cayó rodando, ágil como un gato, para insistir en el uso de la palabra. Él se rió ahogadamente mientras se sacudía los pedazos de vidrio del espejo roto de su ropa.
—¿Esa es forma de tratar a un invitado, Gabriel? ¿Que sucedió con tu sentido de la hospitalidad?
¿Estás bien, Fate? Él preguntó telepáticamente. ¿El bastardo te lastimó?
Estoy bien, contestó ella. Adam y los otros habían aparecido y ahora estaban revoloteando afuera en el dormitorio de Gabriel, justo detrás de él.
Drayden levantó sus manos.
—No vine aquí a pelear, Gabriel. ¿Piensas realmente que te haría una visita de improviso si tuviese algún plan demoníaco en marcha? —Él se rió. —No soy suicida. Sé que podrías patear mi trasero fácilmente en el tribunal de la casa.
—Siempre tienes planes demoníacos en marcha, Drayden, —contestó Gabriel . —Sólo te hace más sospechoso que me digas que no los tienes.
Drayden se rió y se limpió su mejilla, dónde la sangre de un corte poco hondo fluía. Él se giró hacia Fate y dijo conspirativamente,
—Él todavía lleva sus calzones desde aquel lío de París en 1721.
Él meneó sus cejas y lamió la sangre de su mano.
Ella cruzó sus brazos sobre su pecho.
—¿Quieres decir desde esa vez que asesinaste a ese panadero y su familia entera?
Drayden parpadeó inocentemente.
—¿Uh, mi colmillo se resbaló?
Ella puso los ojos en blanco.
Drayden empezó a acercarse a Gabriel.
—¿Hombre, realmente lo haces malo, huh? Le cuentas esto a todo el mundo. ¿Que le sucedió a tu política de fóllalas y abandónalas?
—¿Por qué infiernos estás en mi territorio, Drayden? —preguntó Gabriel .
Él le dio a Fate una mirada evaluadora.
—Tenía que ver a la mujer por la que has estado rompiendo las pelotas de todo el mundo. —Él inclinó la cabeza. —Bonita Gabe . Realmente bonita. Es una belleza. Puedo ver porque has estado por toda la región últimamente, interrogando a cada Vampiro que se cruzase contigo o meramente te mirara incorrectamente en los pasados 350 años, y generalmente disgustando mucho a todo el mundo.
Un músculo en la mandíbula de Gabriel se movió y sus ojos brillaron peligrosamente. —¿Por qué…?
Drayden levantó una mano.
—Antes de que te lleves otra racha de siete años de mala suerte , sólo quiero decirte algo. —Él se encogió de hombros. —Bien, de acuerdo, y para apretarte las tuercas un poco solamente porque es divertido. Mira, yo no la ataqué, así que llama a tu perro Mihail.
El silencio descendió.
—¿Se supone que debo creerte? —Gabriel preguntó finalmente.
—Mira, tengo otras cosas en marcha ahora mismo, hombre. Otros metales en el fuego. No tengo tiempo de entrometerme contigo o tu territorio por el momento. Eso no significa que no lo haré en el futuro, pero ahora mismo no. —Él abrió sus manos. —Estoy siendo honesto, Gabriel. Es una rareza. Tómalo como el regalo que es.
Gabriel meramente clavó los ojos en él.
Drayden recorrió con la mirada a Fate y luego en Gabriel.
—Por la naturaleza personal del ataque, diría que es alguien cercano a ti. Realmente cercano. Todo lo que sé es que no fui yo. He venido aquí solo para probar que no te dañaré a ti o a lo tuyo, Gabriel. Todo lo que quiero a cambio de mi amabilidad es a Mihail fuera de mi territorio, fuera de mi cara. ¿Vale?
Un silencio tenso descendió. Fate pensó que los dos hombres parecían dos lobos andando en círculos y con el pelo erizado.
—Si te vas sin incidentes, entonces consideraré lo que has dicho, y puedo, o no puedo, sacar a Mihail, —dijo Gabriel finalmente.
Drayden clavó los ojos en él.
—Pienso que si lo deliberas lo suficientemente largo y duro sacarás en claro que digo la verdad. Cree eso rápido, Gabriel. Mihail rompe mis pelotas.
Gabriel sonrió.
—Estoy seguro de que Mihail goza cada minuto, también.
—No tengo tiempo de entretener a Mihail por el momento y él se mete en medio.
Gabriel mostró sus colmillos.
—Largo de aquí, Dray. No eres bienvenido en mi territorio.
Drayden sonrió lentamente, y luego recorrió con la mirada a Fate.
—Adiós, bella. No te preocupes, si andas rondando con éste una temporada me verás otra vez.
Él parpadeó, luego se transformó en un búho blanco enorme y voló fuera, haciendo a los hombres de Gabriel dispersarse.
Adam dio un paso dentro del cuarto de baño.
—¿Te tocó ese bastardo, Fate?
—No. Intercambiamos unas pocas palabras y luego todos aparecieron.
—Él supo que sería un aguijón para Gabriel entrar aquí y moverse furtivamente hacia ti, —dijo Adam.
—Drayden me incitaba. No hay duda acerca de eso, —dijo Gabriel. —Pero él también hacía una observación.
—Él nos decía a todos nosotros que él me podía lastimar cuándo y donde él quiera, —dijo Fate. —Soy un Vampiro joven, vulnerable. Él pudo romperme el cuello y estar fuera de aquí antes de que llegaseis. Pero no lo hizo.
Ella presionó sus labios en una línea delgada.
—Exactamente, —Gabriel contestó. Él sacudió la cabeza. —Por mucho que odie a Drayden, no creo que él te atacara, Fate.
—¿Cuánto tiempo pasará hasta que sea fuerte, Gabriel? Estoy aburrida de sentirme como un blanco facilísimo, —dijo Fate con un suspiro. Ella se sentó en el borde de la bañera y colocó sobre el suelo su Glock.
—Ahora mismo eres más fuerte que cualquiera de nosotros cuando caminas en sueños, Fate, pero de este lado de la realidad, pasaran algunos años hasta que comiences a tener completamente tus fuerzas Vampiricas.
Ella volcó la cabeza hacia atrás, cerró sus ojos y dejó que un silbido frustrado pasara por sus labios.
—Lo sé.
La mano firme de Gabriel frotó su espalda. Ella abrió sus ojos.
—Ven, olvida el desorden aquí dentro, —dijo él. —Olvida lo que acaba de ocurrir. Calentemos tu baño.
—Os dejaré solos, —dijo Adam. Él cambió de dirección y salió andando del cuarto.
—Adam, gracias por estar aquí, —llamó Fate.
Él volvió a meter su cabeza en el cuarto.
—Mi placer, ma’am, —dijo él con una sonrisa abiertamente arrogante, y luego cerró la puerta.
Gabriel se apoyó a través de ella y abrió el agua caliente. Fate inspiró el perfume de él. Su colonia olía genial, pero había algo diferente, más profundo. Era su olor esencial, las feromonas, tal vez. No lo sabía. Lo único que sabía es que era adicta.
Ah, hombre. Ella era muy adicta. ¿Podía ponerse en algo más profundo?
Él se inclinó hacia ella y la besó. Ella suspiró en su boca y le dejó empujar su bata de baño fuera de sus hombros.
—Relájate y entra, —dijo contra sus labios.
Ella se deslizó hacia el lado, levantó sus pies encima del primer escalón que conducía a las profundidades de la gran bañera y descendió al agua.
—Ahhh, —suspiró ella con satisfacción mientras el agua caliente la envolvía como un abrazo. Se sentía perfecto.
Había una única cosa mal.
Fate vigiló a Gabriel con ojos sensuales. Él estaba sentado sobre el lado de la bañera estudiándola con el deseo brillando misteriosamente con luz tenue en su mirada fija. Ella puso su mejor voz gutural de ven y tómame y se movió lánguidamente en el agua. —¿Por qué no te quitas esas ropas y entras aquí? Eso realmente me relajaría.
—Samantha y Niccolo estarán aquí pronto para compartir novedades.

Fate se puso a su lado, donde tenía mayor alcance y agarró su muñeca.
—Déjalos esperar. —Ella tiró y él fue voluntariamente. Él se deslizó en el agua, con ropas y todo.
Él mojó su cabeza bajo el agua. Cuando volvió arriba, puso un brazo alrededor de su cintura y la empujó hacia abajo contra los escalones bajo él. Las hebras de su pelo negro flotaban sobre el agua y su ropa presionaba con aspereza contra su piel desnuda.
—No puedo resistirme a ti, Fate, —murmuró.
—Pensé que tal vez habías cambiado y tus ropas eran simplemente una ilusión, —dijo ella. —¿Cómo llegaste tan rápido?
—Conducía por la calle hacia casa cuando sentí la brecha mental en la barrera.
Ella agarró sus solapas y enlazó sus piernas alrededor de su cintura.
—Bien, ahora mismo, finjamos que son una ilusión y las hacemos desaparecer.
Ella tiró, causando que los botones de su camisa saltaran y el material se rasgara.
Riéndose, él no hizo caso del resto de su camisa. Él se apoyó contra ella, moviendo sus caderas para que el material áspero de sus pantalones vaqueros frotara perfectamente contra su clítoris y su pecho rozara sus pechos desnudos.
—¿Somos impacientes, no es cierto?
—¿Para ti? Siempre. —Levantó la cabeza y le besó. —Haz el amor a conmigo, Gabriel. Sus ojos se ampliaron. ¿Había dicho... hacer el amor? Ese era un infierno de paso en falso. ¿Lo atraparía él? —Quiero decir… —
Él la besó para detener sus palabras.
—Tengo toda la intención de hacerte el amor, Fate. Ninguna petición podría sonar más dulce para mis oídos que esa.
Ella abrió su boca para hacer reparar el daño, pero alguien llamó a la puerta. Fate se expresó con un gemido.
—Oye, Gabe, —llamó Adam. —Samantha y Niccolo están abajo.
—Voy, —dijo Gabriel de regreso. —Toma un baño, ma cheri, y métete en la cama. Esto será vite fait, lo prometo. Rápidamente hecho. Especialmente si sé, que tú me estás esperando.
Él se apartó y apartó su pelo bastante mojado hacia atrás fuera de su cara.Fate solamente gimió otra vez mientras le veía dejarla. Él se quitó sus zapatos mojados, sus calcetines y sus pantalones vaqueros completamente, se secó con una toalla el agua de su pelo, y se puso su bata de baño. Antes de que saliese, se recostó sobre el lado de la bañera y la besó.
—El pensamiento de tus manos recorriendo tu cuerpo delicioso mientras te lavas me atormentará mientras estoy abajo.
Ella probó su mejor sonrisa de arpía.
—Quédate aquí y te dejaré mirar, tal vez incluso ayudar.
—Créeme, estaré pronto de regreso y cuando lo haga, traeré una sorpresa solamente para ti.
Ella se sorprendió.
—¿Una sorpresa?
Él se rió.
—Pienso que te agradará.
Después de que él se fuera, ella cogió su camisa que aún flotaba y la abrazó. Aun mojada, su sentido del olfato en desarrollo y sobrenatural cogía el perfume de él todavía adherido al material. Ella cerró sus ojos e inspiró.
Por más que hizo un intento de no estar… estaba locamente enamorada de este hombre.
Estaba condenada.

* * * *

Fate estaba acostada de lado en la cama de Gabriel y le observó caminar hacia ella. Él había dicho la verdad y no había tardado mucho con Samantha y Niccolo. Ella se había tomado su tiempo en el cuarto de baño y al poco tiempo de haber acabado, él había regresado al piso superior.
Había sido lo suficientemente largo para hacerla pensar acerca de su revelación personal, sin embargo. Fate no sabía cuándo había ocurrido, solo que había ocurrido. Y durante el proceso, había quedado expuesta a la angustia y al dolor.
No podía hacerlo.
—¿Tienes hambre?
Ella inclinó la cabeza. El sacyr se había retirado en un bajo, molesto zumbido dentro de ella. Había pasado tiempo desde que se había alimentado.
—Siempre no puedes tomar sangre de mí, ¿entiendes? Debemos variar en nuestras alimentaciones para satisfacer el sacyr. Demasiada sangre de una persona puede ser peligroso.
—Bien, encontraré un donante deseoso en alguna parte.
—No, no te tomes la molestia. Esta llegando.
—¿Quién?
—Ya lo verás. Considéralo como servicio de habitaciones.
—¿Ah, servicio de habitaciones? —Ella apartó la vista de él. —Realmente no creo que debiera dormir aquí, Gabriel.
Ella recogió su almohada de la cama y caminó hacia la puerta.
—Tienes montones de dormitorios vacíos. Solamente saldré a encontrar otro.
Su semblante se ensombreció. Se acercó, tomó la almohada, y tiró de ella de regreso a su cama. Todo hecho con la velocidad de vampiro. Fate sólo pudo permanecer allí y boquear por la sorpresa. Él ahuecó su mejilla y se quedó con la mirada fija en sus grandes ojos.
—¿Te das cuenta de que hace cerca de cuatrocientos años desde que sentí por una de mujer lo que siento acerca de ti, Fate?
—Yo, eh.
—¿Sabes con cuántas mujeres he estado durante ese tiempo? No puedo comenzar a imaginar el número. Ninguna de ellas, ni una, me ha afectado de la forma que tu me afectas.
Él la empujó hacia atrás amablemente contra la pared, colocando las palmas de sus manos contra la pared a cada lado de su cabeza, y cubriendo su boca con la de él. Su lengua sabía tan bien contra la de ella. Tan correcta. Abrió sus muslos y se deslizó en medio para rozarse contra ella. Sus ojos se cerraron por su cuenta, sus manos subieron hasta su nuca y a través de su pelo. Ella inclinó su boca para hacer más hondo el beso.
Ella gimió cuando su beso se interrumpió.
—No, no haga esto, Gabriel. Empiezas a tocarme, besarme, y no puedo pensar ya,—murmuró. —No puedo pensar, o def…
Él contestó trenzando un brazo alrededor de su cintura y presionando su palma contra la parte baja de su espalda, de modo que ella se arqueó hacia él. Él bajó su boca y mordiscó su garganta.
—Ma cheri, —gimió él. —No me puedo detener a mí mismo de tocarte.
Él frotó su muslo a lo largo de su coño, sacando una boqueada de ella.
—Quiero darte todo. Quiero que me des todo. No solamente sexo. Sino Todo. ¿Entiendes?
Él se apartó de su garganta y la contempló. La mirada de sus ojos azul oscuro era intensa, absorbente y llena de una emoción profunda. Ella quedó fascinada por eso. Todo lo que podía hacer era abrir sus labios e inclinar la cabeza. No era que no lo entendiera. Ella solamente no lo podía aceptar.
Esa mirada pecaminosa cayó a su boca. Él se relamió los labios.
—Bien, comprendes lo que digo. ¿Ahora la única pregunta es, quieres todo de mi, Fate?
Sus ojos se ampliaron y ella apartó la mirada.
—No sé lo que quiero, Gabriel.
Él ahuecó su barbilla amablemente e hizo retroceder su mirada hacia la de él.
—Sé que tienes miedo a esto, de lo que tenemos entre nosotros. Sé que ha ido rápido, y que has estado muy herida antes. Te conozco. Tus miedos, Tus deseos, Tus fantasías. Por favor, mi amor, por favor sé que mientras esté en mi poder, nunca te lastimaré o permitiré que estés herida. Créeme. Confía en mí. Déjame entrar.
Las lágrimas pincharon sus ojos y parpadeó. Se nubló su vista. Ella emitió una trémula respiración. El nudo repentino en su garganta imposibilitaba contestar.
—No me contestes ahora mismo. Solo-solo déjame que cuide de tus necesidades esta noche. Déjame darte sustento de todas las formas. Dame permiso de hacer otra de tus fantasías realidad.
Ella le miró.
—¿Qué?
Él sonrió traviesamente.
—Las conozco todas. ¿Recuerdas?
Una risa sofocada burbujeó en su garganta apretada
— ¿Cómo pude olvidarme?
Él dejó caer una mano a su cintura y el calor de su piel pasó a través del material puro, sedoso de su camisón. Era erótico. Él había seleccionado los más eróticos de su apartamento, y también las camisas playeras cómodas, usadas y los viejos boxers que a ella le gustaba llevar para acostarse. Pero Fate deliberadamente prefirió llevar puestos los eróticos, solamente para volverle loco. Ella amaba el hecho de que él disfrutara de su cuerpo con esos camisones reveladores.
Él agachó su cabeza y posó sus labios contra su mejilla y luego, despacio, por su garganta. Ella sintió el roce duro de sus colmillos contra su piel suave y su corazón se aceleró.
—Sí, Gabriel, —ella contestó a su pregunta no verbal. Ella cerró sus ojos, agarró sus brazos e inclinó su cabeza hacia el lado para dejarle mejor acceso.
Gabriel suspiró en su garganta y acarició con sus labios y dientes su piel. Al mismo tiempo, él movió su mano bajo su camisón a lo largo de muslo, agarró sus bragas y tiró. La tela se soltó fácilmente bajo su fuerza. Él todavía llevaba puesta su bata de baño, así es que ella deslizó su mano entre sus cuerpos y desabrochó el cinturón. Empujó la prenda sobre sus hombros y completamente.
Dios mío, ella estaba mojada. Su coño descremaba duro para él. Solamente pensar en él deslizándose en ella la ponía al borde de un clímax.
Él tiró sus bragas y deslizó sus manos para ahuecar su trasero, nunca moviendo sus labios de su garganta.
—Necesito saborearte, —él murmuró roncamente contra su piel. —Necesito sentir tu sexo caliente, apretado alrededor de mi pene.
Él la levantó y ella colocó sus piernas alrededor de su cintura.
La carne suave, vulnerable de su centro se rozó contra la cabeza de su eje. Él la presionó contra la pared y se deslizó en ella lentamente, avanzó deliciosamente pulgada a pulgada, alterando su mente.
Ella golpeó su hombro con la palma de su mano.
—Oh, querido Dios, sí, —ella gimió.
Él se asentó dentro de ella hasta la base de su pene. Como siempre, la llevaba al límite con el largo y la anchura de él. Sus colmillos se extendieron en la prisa del deleite sexual y el sacyr atronaba dentro de ella. Ella colocó sus colmillos contra la piel suave donde su cuello y su hombro se unían, preparada para tomar lo que necesitaba.
—No me muerdas, —Gabriel gruñó. —Sé que es tentador, pero debes tener otra sangre aparte de la mía para satisfacer el sacyr. Ya has pasado demasiado tiempo alimentándote de mí sin variar. No es saludable para un Vampiro nuevo.
Con un gemido de frustración, ella pasó sus colmillos contra su hombro, y luego colocó un beso.
—Bastardo, —respiró ella.
Ella oyó la sonrisa de su respuesta.
—Tanto por nacimiento como por temperamento, amor.
Ahuecando su trasero en sus manos, él empezó a tomarla lentamente contra la pared.
Ella cerró sus ojos. Ah, amor, dulce …
— Me matas, Gabriel.
—Oui, planeo en darte más que solamente un poco de muerte esta tarde, Fate.
Una sombra pasó ante sus párpados cerrados y ella los abrió. Niccolo, oscuro, inconscientemente seductor, y emocionalmente remoto estaba de pie cerca. Aparte de sus pantalones vaqueros, estaba desnudo. Ninguna camisa ni zapatos. Pero si esto significaba lo qué Fate pensaba que era, entonces él todavía obtendría servicio. Ella estaba lejos de no dar a Gabriel permiso de hacer realidad la más oscura de sus fantasías, un menaje a trios.
Ella estaba sexualmente atraída por más Vampiros que servían a Gabriel, aunque Niccolo era el más atrayente para ella en una base puramente teórica. Emocionalmente, aunque ella estaba confundida por sus sentimientos, Gabriel era el único que ella quería. Entonces, el pensamiento de tener al hombre que amaba haciéndole el amor, y otro hombre por quien estaba muy atraída follándola...
Bueno, ahora, ¿podía ponerse mejor que eso?
Niccolo permaneció silencioso, cerca, vigilándoles con una mirada fija entrecerrada, intensa, lleno de deseos profundos, mientras Gabriel la tomaba repetidas veces. Su mirada fija se centró en Niccolo y su clímax se acercó, coqueteando con su organismo.
Los colmillos de Gabriel penetraron en la piel de su garganta y vertió su hechizo de encanto sobre ella, llevándola a un lugar nebuloso, lleno de lujuria de satisfacción sexual. Mientras Gabriel empezó a tomar su sangre, ella se vino duro. Los músculos de su vagina se contraían y ondeaban alrededor del pistoneante pene de Gabriel, y ella exteriorizó el placer que dominaba su cuerpo.
Gabriel tomó su sangre, expandiendo su orgasmo, y luego finalmente levantó su cabeza. Su mirada fija mantuvo la de Fate cuando preguntó,
—¿Qué quieres, Niccolo?
Fate miró al otro hombre a través del cuarto. Las pupilas de Niccolo se extendieron, oscureciendo sus ojos hasta brillar negros. Él sostuvo su mirada fija.
—Saborearla.
—Como ella necesitará saborearte a ti, —Gabriel contestó.
Él la apartó de la pared y la llevó a la cama. El suelo estaba fresco y suave bajo su cuerpo cuando la bajó. Su pene se liberó de ella cuando él tiró de su camisón arriba, sobre su cabeza y completamente fuera.
Gabriel se hizo a un lado y dejó su mirada vagar por su cuerpo ahora desnudo. Niccolo hizo lo mismo al final de la cama. Ella debería sentirse expuesta y vulnerable, pero confiaba en estos dos hombres. Segura. Protegida. Querida. Excitada. Esas palabras describían mejor cómo se sentía cuando miró de uno hacia el otro, sosteniendo sus miradas fijas con la de ella.
—Dio, la quiero, —dijo Niccolo en voz baja, ronca. Él sostuvo su mirada fija cuando alcanzó y desabrochó su botón, resbaló sus pantalones vaqueros abajo y se los quitó. Su pene largo, grueso se puso de pie, duro, de un nido de pelo negro como el que crecía en su cabeza. Incircunciso como Gabriel, la piel de su pene estaba apartada por su erección y Fate podía ver las venas firmes culebreando bajo la piel, bombeando sangre para ese bello órgano.
Fate quiso tocar ambos ejes. Anheló los dos en su boca. Ella repentinamente se percató de que podía permitirse esos deseos. Nada la detenía. Gabriel había invitado a Niccolo aquí justamente para hacer realidad esa fantasía suya. Ella les sonrió ambos, casi ronroneando en voz alta ante la deliciosa revelación.

Antes de que pudiera inmutarse, Niccolo estaba allí, montando a horcajadas su cuerpo en la cama. Su cara bajó hacia la de ella. Él acarició su boca con la de ella una vez en un beso breve. Con un gruñido bajo, él descendió, acariciando con sus labios sensuales su barbilla, su garganta, y luego su clavícula. Finalmente, él colocó su boca sobre su pezón, chupando y dando golpecitos con su lengua.
La mano de Gabriel se cerró alrededor de su otro pecho que se había erguido antes de que él moviera hacia abajo su cabeza e hiciera pasar a su boca su otro pezón. La espalda de Fate se arqueó cuando echó hacia atrás su cabeza ante el placer, ofreciéndoles sus pechos a los dos hombres quien ahora se inclinaban sobre ella.
¿Podía haber alguna cosa mejor en el mundo que dos hombres primorosos chupando sus pezones al mismo tiempo? En ese momento, Fate lo dudaba.
La ancha mano de Niccolo acarició su estómago y pasó por encima de su cadera hasta su muslo. Ejerciendo una tierna presión, él dividió sus piernas y se zambulló para acariciar con los dedos su sexo. Fate se estremeció en éxtasis.
Niccolo liberó su pecho y arrastró su lengua abajo por su cuerpo.
—Una prueba, —él murmuró mientras bajaba su boca para deleitarse en su sexo.
Al mismo tiempo, Gabriel ascendió y la besó dura y profundamente mientras todavía jugaba con sus pechos, dejándolos caer pesadamente y jugueteando con los sensibilizados pezones.
Niccolo dividió los labios de su coño con los pulgares y pasó su lengua sobre ella con varios golpetazos largos, perezosos antes de acomodarse para chupar su clítoris con su boca.
Fate gimió largo y bajo contra la boca de Gabriel y anduvo a tientas entre sus cuerpos hasta que sus dedos se envolvieron alrededor de su pene. Ella recorrió el largo de él, encontró su prepucio en la base y lo usó para excitarle. Esta vez fue Gabriel quien gimió desesperadamente.
Niccolo se apartó de su clítoris para chupar sus labios vaginales en su boca. Usando su crema como lubricación, él atrajo un dedo para rodear su agujero inferior. Fate saltó con la sorpresa y ambos hombres la apaciguaron para relajarla.
—Gozarás de esto, Fate, —murmuró Gabriel. —No te cierres a la experiencia. Abre tu mente para nosotros.
¿Abrirles su mente a ellos? Fate asumió que querían decir las sendas telepáticas que usaban cuando lo deseaban. Tentativamente, ella abrió su enlace con Gabriel. El placer goteó dentro. El placer de tener la mano de ella alrededor de su pene y su mano en su pecho, seguro, sino que también su satisfacción profunda al permitirle experimentar su fantasía sexual más profunda y compartirla con un hombre que había conocido desde hacía siglos. Gabriel confiaba en Niccolo con su vida, así como también la de ella, y él le consideraba como un hermano. El amor y el orgullo de Gabriel la recorrieron la calentaron. Ella cerró sus ojos y se bañó a sí misma en esa luz. Esos sentimientos por sí solos casi la llevaron al orgasmo.
Poco a poco, ella abrió el enlace completamente. Ella dejó a Niccolo cerrado por ahora, feliz sólo por sentir lo qué sentía Gabriel.
Niccolo rodeó su ano otra vez, despertando todos los pequeños nervios que lo rodeaban. Amablemente él empujó hacia dentro su dedo y empujó. Al mismo tiempo, Gabriel selló su boca con la de él, consumiendo su boqueada de placer. Niccolo resbaló un segundo dedo dentro de ella, ensanchándola, estirándole los músculos.

Gabriel descendió y acarició su clítoris. El placer la impregnó y se abrió a presión hacia afuera. Con un grito amortiguado, ella llegó. Niccolo gruñó suavemente. Él bajó su boca hacia ella y lamió a lo largo de su sexo, expandiendo los pequeños temblores que radiaban fuera de su centro y bebiendo a lengüetadas el líquido de su clímax.
—Sabes tan dulce, —él murmuró contra su carne abotargada.
Después de que el clímax hubiera acabado, ella empujó hacia arriba. Primero, se giró hacia Gabriel y presionó el largo de su cuerpo contra el de él. Deslizando su pierna indolentemente entre las de él, ella le besó profundo y duro. Ella vertió cada onza de sus sentimientos por él en su beso y apresuró su emoción a través del enlace mental que compartían. Le trajo lágrimas a los ojos, ese sentimiento intenso que fluyó de sus profundidades.
Quizá ella no le había dicho que le amaba, pero lo hizo. Gabriel no podía tener duda acerca de eso ahora. Ella solamente se había asegurado de que sintiera esa corriente de emoción pesada y profunda radiando fuera de ella.
Él se apartó y clavó los ojos en ella, sus ojos ampliándose y sus pupilas extendiéndose. Sus labios se abrieron por al sorpresa. Luego él curvó una mano en su nuca y la acercó para otro largo beso. Sus manos frotaron su espalda mientras la besaba, como si él tuviera que tocarla tanto como fuera posible.
Ella finalmente se apartó de él, mordiendo su labio inferior y contemplando su pene, deseando hacerlo pasar a su boca. Levantando la vista hacia la de él, conectaron. Silenciosamente ella le dio cuenta de su necesidad de devolver a Niccolo el placer que le había dado.
No hay culpabilidad en esto, él contestó. Te amo a pesar de lo que ocurra aquí esta noche. Invité esto. Lo arreglé. Y me excita verte tan excitada.
Fate inclinó la cabeza y cambió de dirección hacia Niccolo. Bajando sus ojos y dándole una mirada ardiente, ella torció su dedo hacia él. Él gateó encima de la cama hacia ella, sus músculos ondeando con cada movimiento. Sus ojos eran profundos y oscuros, su mirada intensa.
En ella.
Ella tembló ante esa mirada de sus ojos. Él tenía una meta aquí y era ella.

Ella puso una mano en su pecho duro y le incitó a ponerse boca arriba. Él lo hizo sin queja. Emulando lo que había hecho él, ella se recostó sobre él y posó sus labios en los de él. Su mano se curvó en su cuello y él presionó su boca contra la de él. Su lengua picante se metió calladamente en su boca y él inclinó su cabeza hacia el lado, haciendo más hondo el beso. Repetidas veces él frotó su lengua contra la de ella. Su coño zumbó ante el erotismo del acto.
Cuando la liberó, ella apenas podía respirar ante la ferocidad de eso. Tal necesidad se había mostrado a través de aquel acto sencillo, inocente. En un nivel psíquico, abrió una senda. Ella le sintió profundamente ahora. Era como si él tuviese un abismo dentro de él. Necesitaba que alguien cuidara de él, pero día a día y poco a poco, el abismo se volvía más ancho y más profundo. Pronto, nadie podría cruzarlo.
Ella se quedó con la mirada fija en él en estado de choque por un momento, repentinamente entendiendo a este hombre en un nivel mucho más profundo, relacionándose con él en una forma diferente a la que ella alguna vez lo hizo antes. Este entendimiento mutuo había nacido puramente de la amistad y el acto simple de afecto por otro ser vivo.
Ella supo una cosa, profundamente dentro, Niccolo sufría muchísimo. Era real y crudo y empeoraba con cada día que pasaba.
El reconocimiento de su descubrimiento titiló a través de sus ojos y luego fue reemplazado con lujuria oscura. Él la jaló hacia abajo hacia él otra vez, acercando su boca para otro beso. Ella lo hizo sin un quejido de protesta.
Gabriel se movió alrededor de ella para ahuecar su pecho, frotando la almohadilla de su pulgar sobre el pezón con lentitud atormentadora. Causó una nueva agitación entre sus muslos y se quebró el hechizo extraño que corría entre ella y Niccolo.
Fate bajó sus ojos y luego su cabeza. Ella sacó su lengua y la rastreó sobre el pecho de Niccolo, lamiendo su piel salada y cerrando sus ojos ante el sabor de él. Fate sintió y olió la sangre corriendo a través de sus venas. El sacyr dentro de ella alzó su cabeza y atronó en respuesta. Ella lo apisonó con una fuerza suprema de voluntad. Otras necesidades primero, se dijo a sí misma.
Encontró un pezón plano y lo lamió como un gato. Los dedos de Niccolo se trenzado a través de su pelo y apretaron mientras gemía. Ella se movió más bajo, besando su estómago y su pelvis hasta alcanzar su pene.
Las manos de Gabriel encontraron sus caderas y situó su parte posterior hacia él antes de que ella engullese la cabeza del pene de Niccolo en su boca.
Las caderas de Niccolo corcovearon cuando ella deslizó su miembro profundamente en su boca para mojarlo. Fate quiso ronronear ante su respuesta. Era intoxicante tener dos poderoso Vampiros tan excitados por ella. Se retiró y pasó su lengua justamente bajo la cabeza de su eje, lamiendo y chupando el lugar sensitivo directamente debajo de él. Él se estremeció bajo ella cuando dejó de jugar y lo resbaló de vuelta a su boca.
Detrás de ella, Gabriel la urgió a dividir sus piernas. Él deslizó su mano arriba de su muslo para manosear sus labios vaginales y acariciar su clítoris. Cuando ella sintió que dos de sus dedos penetraban en su coño, cambió de posición y gimió alrededor del pene de Niccolo. Se quedó sin aliento cuando sintió a Gabriel hacer lo propio en su ano. Lentamente, Gabriel comenzó a empujar dentro y fuera de su coño y su ano a la vez.
Ella pensó que perdería el juicio.
Fate dividió sus rodillas más y empujó su pelvis arriba, disfrutando la sensación de sus dedos gruesos moviéndose dentro y fuera de ella, poseyendo y dando placer a dos zonas poderosamente erógenas y sensitivas al mismo tiempo. La sensación de estar tan llena, aun si era sólo por sus dedos, era apabullante e increíblemente erótica. La caliente humedad entre sus muslos se intensificó cuando Gabriel mantuvo la tortura.
Detrás de ella, Gabriel se expresó con un gruñido,
—¿Te gusta esto?
—Sí, —ella exclamó sin aliento antes de que deslizase el pene de Niccolo de vuelta a su boca.
Ella chupó a Niccolo más duro y más rápido hasta que su cuerpo grande se crispó bajo ella y él gimió,
—Dio. La vostra bocca è dolce. Tu boca es el cielo, tan dulce.
Implacablemente, ella mantuvo el paso, añadiendo algunos toques exploratorios a la mezcla.
Balanceando un codo, ella dejó una mano desviarse del rumbo para acariciar sus pelotas. Niccolo dejó escapar otro gemido cuando ella manoseó el lugar sensitivo entre su escroto y el ano.
El cuerpo de Niccolo se tensó y sus caderas corcovearon. Ella le deslizó abajo por su garganta y eso fue suficiente para lanzarle por el borde. Él dejó escapar un bajo gruñido entre sus labios cuando llegó al clímax. Sus caderas empujaban adelante, y sus dedos apretaron su pelo.
—Ah, Fate, —él habló con voz áspera. Su esencia caliente llegó a disparos a su garganta.
Gabriel la separó de Niccolo con urgencia ruda, y la situó delante de él a cuatro patas. Gabriel abrió sus piernas más y colocó la cabeza de su pene contra su ano.
—¿Estás lista?
Sus dedos se curvaron en el cubrecama. Ella inclinó la cabeza vigorosamente.
—Solamente tómame, Gabriel, —imploró ella. —Necesito ser follada.
Ella estaba tan excitada ahora mismo que estaba lista para explotar.
Gabriel deslizó la cabeza de su pene dentro de ella. Ella se quedó sin aliento ante la exquisita mezcla de placer con la pizca más leve de dolor. Ella hizo un puño y perforó el colchón.
—Sí, —siseó ella, cerrando sus ojos.
Pulgada por pulgada le metió su pene glorioso, grueso hasta que se enterró dentro de ella por completo. Ella nunca creyó que era posible tomar a un hombre así hasta ahora, especialmente uno tan grande como Gabriel.
Al lado de ella, los ojos oscuros de Niccolo se llenaron con lujuria. Su pene ya se ponía erecto otra vez. Niccolo se metió bajo ella. Ahuecó un pecho en su mano grande y lo escondió en la palma de la mano, jugando con el pezón. Luego lo lamió y se estableció en chupar y dibujarlo.
Fate siseó otra vez, esta vez por el sacyr combinado con la excitación intensa que magullaba su cuerpo. La sangre de Niccolo corría dulce, gruesa y antigua justamente debajo de ella. Ese conocimiento, junto con la magia que él tramaba sobre su pecho le hacía tener un hambre casi incontrolable.
Gabriel escogió ese momento para comenzar a follarla. Sus dedos agarraron firmemente el cubrecama como si de ello dependiese la propia vida bajo los empujes de Gabriel. Cualquier pensamiento que fuera más allá del movimiento de su pene entrando y saliendo de su cuerpo fue eliminada.
Niccolo hizo un ruido bajo en su garganta.
—¿Está tomándote como te gusta, Fate?
Ella inclinó la cabeza. Un “ Ah, si ” gutural, “, fue toda la respuesta que ella podía manejar. Apenas podía enfocar su mirada.
Niccolo frotó las manos sobre sus pechos y las bajó por los lados hasta su estómago. Una mano tocó su sexo, jugando con su clítoris, mimando y acariciando.
Fate soltó una sarta de expresiones suaves, ininteligibles.
Niccolo presionó un dedo en su coño, luego otro, entre tanto acariciando sin parar su clítoris con su pulgar.
—Llega para nosotros, —pronunció lenta y pesadamente cuando comenzó a empujar duro y rápido. —Déjate ir para nosotros, Fate.
El pene grueso de Gabriel empujaba en su ano y el dedo Niccolo que follaba su coño fueron más de lo que pudo soportar. El placer la envolvió y explotó a través de su cuerpo, dominando cada músculo y su realidad entera. Ella peleó para quedarse en posición vertical y consciente mientras las ondas profundas, largas pulsaban sobre ella.
Gabriel la siguió con un rugido animal de terminación. Él empujó profundamente dentro y se quedó de ese modo. Su pene dio sacudidas repetidas veces mientras se corría en ella.
—Ah, Dios mío, —es era todo lo que podía decir. Sus piernas estaban temblorosas. Su ser entero estaba tembloroso. Ella tenía la sensación de que le dolería en lugares que no sabía que existían por la mañana, pero valdría la pena.
Ella se descolgó encima de Niccolo y se enrolló alrededor de él. Fate acarició con la nariz su garganta y él giró su cabeza hacia el lado mientras sus brazos la envolvían.
—Aliméntate, —murmuró él.
Sus colmillos se alargados ante su orden y por el olor de la sangre dentro de sus venas. Ella lamió sobre su piel una vez, saboreando el gusto salado y sintiendo el roce de su oscuridad en su lengua. Niccolo dobló su cabeza contra su garganta al mismo tiempo, y ella sintió el roce de sus colmillos en su garganta. Él expresó con un gruñido y se movió para acomodar algo que Gabriel estaba haciendo. Ella sintió el pene de Niccolo rozarse contra ella, completamente erecto otra vez.
Las manos de Gabriel abrieron sus piernas. Él lamió la parte superior de su muslo. La sensación de sus colmillos rozando su piel la dejó suspirando anticipadamente.

Al mismo tiempo, mordieron, desarrollando su encanto y recubriendo los pliegues intoxicantes, aterciopelados. El dolor dulce, bello, apacible en un momento dio una llamarada en su garganta y muslo. La piel de Niccolo se abrió fácilmente bajo el mordisco de ella y su sangre recorrió su boca, gruesa y picante y deliciosa. Tal como sabía que sería. Era un brebaje rico, hecho de un número indefinido, incontable de alimentaciones. No tomaría más de lo que requiriera el sacyr.
Niccolo se rozó contra ella y gimió bajo en su garganta. El sonido bajo vibró a través de ella, y su piel, terciopelo recubriendo acero, apretada contra sus pechos. Gabriel también se movió. Él puso su mano sobre su trasero y frotó su sexo, acariciando su clítoris.
Los dedos de Niccolo se enmarañado en su pelo largo y acariciaron sus hombros. Ella masajeó los músculos de los hombros de Niccolo y hacia atrás, ocasionalmente bajando para acariciar el pelo sedoso de Gabriel. El placer, como el dos Vampiros pulsaba en su sangre, bajando y fluyendo a la vez, casi como si ellos lo controlaran por propia voluntad y juntos.
Y quizá lo hacían.
Sus habilidades en el encanto no estaban tan desarrolladas aún. Ella se concentró en conservar eso estable para Niccolo, pero eso era todo. Cuando Fate comenzó a pensar que había tenido bastante de la sangre de Niccolo, el placer ondeó a través de ella, hormigueó en sus pezones y su vagina. Se intensificó y pulsó, casi causando que aflojara su encanto y quizá el agarre que tenía en la garganta de Niccolo. Era como si ambos la tomaran. Sus manos, sus bocas, sus dientes y pene crearon una imagen mágica sobre ella.
El encanto la hizo sentir como si la experiencia fuera real. Ella sintió que Niccolo abría sus muslos y deslizaba su pene en su coño. Gabriel la tomó desde atrás, usando sus jugos como lubricación. La penetración dual de sus penes abrumó a su organismo y su mente. Ella sintió el apretujón de sus calientes y musculosos cuerpos apretarla. Sus penes se deslizaban en ella con un ritmo perfecto, expulsando todo pensamiento de su mente. El perfume almizcleño de ellos llenó las ventanas de su nariz y los gemidos animales de su placer llenaron sus oídos. Ella nunca se había sentido tan consumida en su vida, nunca se había sentido tan inundada por la masculinidad.
El placer del encanto fuertemente combinado dio una llamarada dura y alta. Fate soltó la garganta de Niccolo, volcó la cabeza hacia atrás y se rindió a otro clímax. Ambos hombres se agarraron a ella mientras llegaba, alimentándose de su cuerpo mientras ella se convulsionaba de placer.
—Ah, Dios mío, —ella dijo otra vez con admiración, unas vez que ella hubo bajado un poco del pico más alto Niccolo y Gabriel liberaron sus agarres . Su vocabulario parecía limitado esa tarde.
Niccolo se rió ahogadamente.

—No, de verdad. Ah, Dios mío, —ella dijo otra vez con voz satisfecha, ronca. —¿Chicos hacéis esto a menudo con mujeres?
Gabriel cambió de posición y se incorporó. Él la acercó hacia él y se recostó con ella en sus brazos. Amablemente, él acarició su pelo.
—No como esto. No tan poderoso como esto, ma cheri. Pero, oui, con los años que tenemos.
Ella bostezó y acarició con la nariz el pecho de Gabriel.
—¿Tienen alguna vez ataques al corazón?
Niccolo se incorporó y luego se rindió cerca de ellos sobre su espalda.
—No, solo orgasmos, —él dijo que con una sonrisa que no alcanzó sus ojos. —Montones de ellos.
Ella recordó luego lo que había sentido dentro de él antes de que la cogiera desprevenida la pasión, la profunda y profundizándose pena dentro de Niccolo. Estaba casi desesperado, lo había sentido. En cierta forma, ella había descubierto los secretos que él conservaba, se había asociado con una parte de él que probablemente no quería que otros vieran.

¿Quizá, en su negativa de abrir un enlace mental con él como el que tenía con Gabriel, otro tipo de enlace psíquico había sido forjado? Probablemente, él no estaría contento de que ella supiera lo que sabía acerca de él. Él estaba en un precipicio y necesitaba a un amigo, necesitaba ayuda. Pero Niccolo no era de los que pedían ayuda, para agobiar a cualquier otro con sus “problemas”, al menos eso era lo que él pensaba de eso.
Fate se desperezó y se acurrucó contra Gabriel, como si él pudiera darle la suficiente fuerza para sacar a colación el tema.
—Niccolo, Yo —
Niccolo se giró y la miró. El conocimiento pulsó entre ellos por un momento. No, él no quería que ella supiera. Ella cerró de golpe su boca y mordió su labio inferior.
—Gracias por darme permiso de participar en vuestra unión esta tarde. Fue un verdadero regalo, —dijo Niccolo. —Hay fuerza entre los dos y mucho amor. Me conforta, a su vez, ser una parte de eso aun si sólo es por una tarde, y si sólo es el borde de eso.
Fate sonrió.
—Créeme, el placer fue todo mío, —ella dijo sarcásticamente, aunque su corazón no estaba en ello.
Gabriel dejó escapar un ronquido bajo. Ella y Niccolo se sonrieron, ahora de acuerdo en muchos niveles.
Pronto, sus párpados también se volvieron pesados y se resbalaron cerrados. Al lado de ella, Niccolo también se quedó dormido.
Más tarde, en mitad de la noche, ella cayó en la cuenta de que estaba oscuro. Niccolo se había ido, pero los había cubierto a ella y a Gabriel con una manta antes de irse. Ella se acurrucó más cerca de Gabriel, agradecida por su calor. En su sueño, Gabriel apretó su agarre sobre ella.
Ella fue a la deriva de regreso al sueño y caminó.

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MensajeTema: Re: Anya Bast - La sangre del cuervo   Lun Ene 03, 2011 6:26 pm

Capítulo Nueve

—Tengo un regalo para ti.
Gabriel empujó la caja que había atado con una cinta roja hacia Fate. Se sentaban juntos en la mesa para café de la cocina, mientras en la sala de estar diversos Vampiros vagaban. Él y Fate se tomaban su tiempo para estar solos cuando podían.
Su melena lustrosa estaba desordenada por el sueño y ondeaba descuidadamente sobre un hombro para arrastrarse hacia abajo y cubrir su pecho. Ella llevaba puesta una bata de baño rosada, sedosa y pequeñas chanclas rosadas. Más de un Vampiro de la casa había atisbado sus piernas largas, deliciosas y desnudas cuando ella había bajado la escalera y se había dirigido a la cocina. Niccolo no era uno de ellos. Parecía que él había salido de la casa temprano por la mañana.
Sus grandes ojos grises se ampliaron cuando vio la caja.
—¿Para que es esto?
—Para tu seguridad. Ábrelo.
Ella bajó su taza de café y recogió la caja. Con un giro de su muñeca, destejió la cinta y abrió la parte superior.
—Ooooh, es bello, Gabriel, —ella exclamó como sólo una verdadera amante de las pistolas podía. Fate pasó sus dedos cariñosamente sobre la plateada y negra Beretta Bobcat que yacía en la espuma de la caja de la pistola.
Ella lo contempló.
—¿Pero porque? Ya tengo una pistola. Tres, de hecho.
—Sí, pero ninguna de esas es lo suficientemente pequeña como para caber dentro de tu bolso, y —él alcanzó la caja a través de la mesa, tomó la pistola y sacó la munición — son balas muy especiales, Fate. Niccolo me puso en contacto con alguien que las reconstruye con partes nuevas para ejecutores vampíricos.
Él le dio la munición. Ella enloqueció con eso en su mano, luego arrancó una bala y se encogió de hombros.
—Bueno, parecen balas normales. ¿Qué hay tan especial en la pistola?
Gabriel negó con la cabeza.
—Las balas parecen normales, pero no lo son. Hay trozos pequeños, muy filosos de rama de espino en cada una.
Ella miró hacia la bala con sorpresa.
—Ah.
—La envoltura esta diseñada para astillarse y hacerse pedazos cuando golpea algo, incrustando trocitos dentro de carne. Basta con herir con una bala a un Abrazado y no se recuperará. Supongo que no necesito decirte que tengas cuidado con ellas.
Ella insertó la bala de vuelta al clip y negó con la cabeza.
—Nop.
—Quise que tuvieras algo que pudieras conservar contigo todo el tiempo. Un arma que tuviera la certeza de matar a cualquier agresor que pudieras encontrar mientras te desarrollas como Vampiro.
—Gracias.
—También quise que tuvieras esto a fin de que si algo me ocurre alguna vez, entonces estés a salvo.
Ella le contempló fijamente.
—Gabriel, será mejor que nunca dejes que nada te ocurra, o yo… —Ella mantuvo su boca cerrada y pareció abochornada. —Ya sabes lo que quiero decir.
Él sostuvo su mirada durante un latido largo, enviándole telepáticamente los momentos íntimos de lo que habían hecho la noche antes. Ella se había abierto para él anoche; Dejándole sentir todo lo que sentía por él a través de ese enlace que habían compartido. Quizá ella nunca había expresado cómo se sentía, pero había sido más clara que las palabras anoche.
Y, buen señor, ella le había calentado. Verla introducirse en el frenesí sexual de tener a dos hombres para darle placer, dos penes a su servicio incondicional. Ver su clímax una y otra vez, y luego tomar su sangre y hacerla llegar al clímax solamente por su encanto y el de Niccolo… él se estremeció. Había sido maravilloso. Su pene estaba erguido ahora creciendo duro mientras él le recordaba todo.
Ella percibió su mirada fija. Sus labios se abrieron y sus ojos se ensancharon cuando las imágenes inundaron su mente. Gabriel repetía justamente un trocito de la emoción que ella le había permitido sentir. Ella apartó la mirada.
—Sabes lo que quiero decir, —repitió significativamente.
—Sé lo que quieres decir, ma cheri. Deseo que lo puedas decir.
Él metió la mano en el bolsillo de su bata de baño y sacó otra caja, una más pequeña, también atada con una cinta roja, y la empujó al otro lado de la mesa hacia ella.
—¿Otro? —Ella preguntó sorprendida.
—Este es placer puro.
Ella recogió la caja, la abrió y se quedó sin aliento.
—Es precioso. —Fate cogió la delicada cadena. Un encantador cuervo de oro blanco brillaba con la luz de la mañana que fluía a través de la ventana.
Gabriel se puso en pie y caminó hacia ella. Tomó la cadena en una mano y apartó su pelo hacia un lado, y luego colocó la cadena alrededor de su cuello, asegurándola en su nuca.
—Mi animal transformativo es el cuervo. —Él se inclinó y colocó un beso en su garganta, bebiendo del perfume de su piel y su sangre. —Y tu me has transformado para siempre.
Fate se puso en pie y se giró hacia él, colocando sus brazos alrededor de su cuello e inclinando su cabeza para poder besarle.
—Gracias por la pistola y la gargantilla, Gabriel. Gracias por protegerme. Gracias por hacer todos mis sueños y mis fantasías realidad.
—El placer ha sido todo mío, ma cheri.
Ella se apoyó contra la mesa y se mordió los labios.
—Algo me molesta profundamente, Gabriel, acerca de Niccolo. Anoche, conectamos por alguna razón. No le abrí enlace mental. De hecho, lo conservé muy cerrado, pero aun así…
—¿Hmm. Quizas sea tu habilidad psíquica innata brillando?
—Tal vez. Todo lo que sé es que sentí a Niccolo en un nivel muy profundo. Por un momento, supe sus emociones internas, sus secretos más profundos. No fue una experiencia bonita. —Ella apartó la mirada y luego la volvió hacia él con la preocupación grabada claramente en su cara bella. —Gabriel, Niccolo está lleno de angustia.
Gabriel suspiró. Después de un momento, él cambió de dirección y caminó hacia la ventana y fijó su vista en el patio de atrás.
—Sí, ya lo se. Esta ha sido una de mis preocupaciones por un tiempo larguísimo, pero no se cómo ayudarle. Niccolo es un hombre duro, que no admite vulnerabilidades. Me confieso de que es mi miedo por Niccolo, tanto como mi confianza en él la que me llevó a invitarle a nuestra cama anoche.
—¿Cual-cual es exactamente el problema?
—Su alma… se desvanece. Él ha pasado tantos años, siglos, asechando y matando, y comienza a desgastarle. Comienza a retorcerle. Comienza a perder su capacidad para… —dejó escapar un suspiro. —Él está perdiendo su humanidad, como quien dice. Sin embargo, estando marcado, nunca fue verdaderamente humano.
—¿Por qué él no deja de ser un ejecutor si le afecta tan mal?
Gabriel se giró hacia ella.
—¿Ya sabes que Niccolo es muy viejo, no? ¿Sabes que él fue una vez un gladiador?
—¿En serio? ¿Debatiéndose entre la vida y la muerte en un campo rodeado por personas que pagaban para verlo morir?
Gabriel inclinó la cabeza.
—Él era un soldado al servicio del Emperador Nero, pero algo ocurrió. No sabemos el que porque él nunca nos lo ha contado. Fue algo muy malo, algo que hizo. Como castigo por su delito, le convirtieron en esclavo. Era muy fuerte, así es que no les llevó mucho sacar en claro que prosperaría en el campo como gladiador. Estaban en lo cierto, él era una estrella.
—¿Pero...?
—Niccolo estaba marcado. Un día su mere de sang le encontró y lo Abrazó y al día siguiente, con su fuerza aumentada, Niccolo mató a todos los hombres que estaban en el campo de lucha. Eso fue en el 62 A.C.
—Wow.
—Su mere de sang le mostró cómo sobrevivir. Viajaron juntos durante siglos, hasta que ella fue asesinada por un grupo de cazadores de Vampiros. Niccolo cazó a esos hombres, los mató. Luego, triste y solo, regresó a Roma y se quedó allí. Eventualmente, encontró a otros de su tipo y forjaron una comunidad de Abrazados. No pasó mucho antes de que un ejecutor fuera necesario y Niccolo resolvió dar sus servicios. El resto, bueno, el resto es historia.
—Tengo entendido que Niccolo ha estado matando durante mucho tiempo, muchísimo, pero todavía no has contestado a mi pregunta. Eres el guardián, podrías forzarle a detenerse.
—Ojala pudiera, pero no es tan simple. —Él hizo pasar una mano por su pelo.—Él me dice que no sabe hacer otra cosa. Fate, debes entender que algunas veces las realidades que nos creamos… son irrompibles, inalterables. En este punto, tengo miedo de qué pasaría si lo obligo a dejar de ser un ejecutor.
—Él nos dejó anoche.
—Sí, pues bien, estoy seguro de que él se sintió un poco como una tercera rueda,¿ no?
—Por supuesto. —Ella apartó la vista de él. —Pero nos despertamos esta mañana para descubrir que había dejado la casa. —Ella se encogió de hombros. —Tal vez mi imaginación esta trabajando tiempo extra, pero estoy asustada de que vernos a nosotros, tu y yo, juntos, le pudo haber lastimado de algún modo. Tal vez le recordó acerca de su soledad.
—Pienso que menosprecias la fuerza de Niccolo.
—Espero que sí. —Ella se giró y caminó hacia la ventana. —Caminé en sueños anoche. Me desperté al comienzo de la mañana para encontrar que Niccolo se había ido y cuándo me remonté al sueño, camine.
Gabriel dio un paso adelante, su mano la agarró con fuerza involuntariamente. Él sabía que ella se podía cuidar a sí misma, lo sabía mejor que cualquiera, pero eso no le evitaba preocuparse por ella y tener un sentimiento protector hacia ella. Él odiaba que ella luchara contra el Dominion sola.
—Siento pesar por no estar allí.
—Estaba bien.
Una sonrisa titiló sobre sus labios y ella torció su cabeza a un lado.
—Me opuse al Dominion. Pateé algunos culos, también. Mis habilidades de caminar en sueños se realzan con cada viaje que hago a su reino como un Abrazado.
Él inclinó la cabeza.
—Sí.
Ella se relamió los labios en un gesto casi nervioso y apartó la mirada.
—Yo-yo fui trasportada a un lugar extraño, Gabriel.
Él dio otro paso adelante. ¿Por qué se veía tan insegura de sí misma?
—¿Dónde? —Él se forzó a sí mismo a preguntar con voz calma.
Ella sostuvo su mirada fija por un largo latido.
—Al dormitorio de Dórian Cross.
Gabriel levantó la frente.
—¿Por qué piensas que terminaste allí?
Ella se encogió de hombros.
—No sé, ¿pero los tonos de los que te hable antes? Los tonos eran definitivamente fuertes allí.
Él pasó su mano sobre su boca y apartó la mirada.
—Interesante.
—Sí. Realmente no quiero sospechar de Dorian, pero…
—¿Pero quizá deberíamos ir a visitar al Sr. Cross hoy?
—Quizá.

* * * *

Fate observó la mansión de Dorian surgir a la vista mientras su coche recorría las dos millas, llenas de álamos que ocupaban los laterales del camino de acceso hasta la puerta principal. Era una elaborada casa colonial blanca que daba al espectador la certeza del dinero de Dorian, su lugar en la comunidad local, y en el mundo en general. Después de saber cuánto dinero tenía Gabriel y cómo nunca lo ostentaba, la casa de Dorian ahora le daba la impresión de una inseguridad desesperada y quizá el intento de compensación de un pene pequeño, o algo por el estilo.
Estacionaron el coche y ella, con Gabriel, Charlie, y Niccolo subieron los escalones principales y llamaron al timbre de la puerta. Cuándo ella había llamado más temprano, Dorian había estado más que feliz de programar un tiempo para satisfacerla en su día ocupado.
Por supuesto, ella no le había dicho que llevaría a sus perros guardianes, y sabía cuánto él amaba a los Abrazados.
La criada, Betsy, abrió la puerta y los miró. Fate observó a la mujer de mediana edad observar a los tres hombres primorosos que iban a su lado. Charlie estaba vestido impecablemente, como siempre, con un oscuro traje caro. Los gemelos de plata brillaban en sus muñecas. Una madeja de su pelo café lustroso había caído de pronto sobre su ojo. Con una contracción nerviosa de su cabeza, él le dio golpe hacia el lado mientras recorría con la mirada el mármol y el vestíbulo. Él probablemente se sentía como en casa.
Al lado de ella, Gabriel estaba vestido más casualmente con pantalones vaqueros, botas oscuras y un suéter oscuro. Su pelo largo estaba recogido pulcramente en la nuca de su cuello.
Niccolo no se había afeitado esta mañana y tenía el comienzo de una barba oscureciendo su mandíbula firme. Eso iba a juego con su salvaje personalidad. Él, también, estaba vestido con un par de pantalones vaqueros y un suéter de punto. Eran un paquete impresionante de hombres, uno que seguro alteraría el pulso de cualquier mujer.
Fate esbozó una sonrisa cuando Betsy recorrió con la mirada de uno a otro, apenas sabiendo donde dar permiso a su mirada para demorarse. El ama de llaves apenas se había percatado de la mujer que estaba en pie en el centro. Fate estaba contenta de que Adam no hubiera ido o la cabeza de Betsy hubiera explotado.
—Por-por aquí, por favor, —tartamudeó Betsy. —El Sr. Cross les espera.
Los condujo a un alojamiento lleno de estantes con libros, mobiliario antiguo de madera, y un escritorio enorme del roble. Dorian se apartó de la ventana grande que dejaba ver su propiedad.
—Fate, —él comenzó con una sonrisa. Su cara cayó cuando vio a sus acompañantes, su conducta instantáneamente se volvió helada. —Has traído a tus nuevos amigos , por lo que veo.
—No le permitiremos salir de la casa sin un cortejo estos días, —contestó Gabriel apretadamente. —Es agradable verle otra vez, Dorian. Éstos son Charlie y Niccolo.
—Hola, Gabriel, —contestó Dorian lisamente. —Creo que conocí a sus colegas en una galería local recientemente.
Gabriel inclinó su cabeza como respuesta y sonrió ligeramente.
Algo se movió en la esquina. Fate recorrió con la mirada más allá para ver a Cynthia levantarse de un escritorio rinconero pequeño y caminar hacia ellos. Ella estaba vestida con un traje de calle de color Borgoña y talones altos, y tenía torcido, asegurado su oscuro pelo rojo en lo alto de su cabeza con un palillo largo.
—Hola, Fate, —dijo con una sonrisa. La mirada de Cynthia pasó a Gabriel y se calentó. —Gabriel. —Luego ella recorrió con la mirada a Niccolo y Charlie. —Es tan agradable volver a verte.
—Hola, Cynthia, —Gabriel contestó lisamente. —Niccolo, Charlie, ésta es Cynthia, la mano derecha de Dorian.
—¿Les gustaría cualquier beber algo? —Dorian dio una risa nerviosa. —Además de Cynthia o yo, por supuesto.
—Él probablemente nos causaría indigestión, —murmuró Charlie lo suficientemente fuerte para que Fate lo oyera.
Fate dio un paso adelante.
—Me gustaría un whisky con hielo, Dorian.
—Excelente.
Mientras Dorian preparaba su bebida, se sentaron en el sofá y las sillas que descansaban sobre una alfombra azul marino y blanca que parecía cara.
Dorian volvió y presionó el vaso de whisky en su mano, luego cambió de dirección y se sentó sobre una silla precariamente antigua que parecía frágil.
—¿Entonces, Fate, sobre que necesitas discutir conmigo?
La cosa era, que ella no estaba segura. Ella había sido transportada a su dormitorio anoche cuando había estado caminando en sueños y los tonos habían sido muy fuertes allí. Parecía ser algún tipo de señal, pero no podía estar segura de que lo fuera. Las cosas que a menudo ocurrían en el mundo de sueño tenían poco sentido. Su ser depositado en su dormitorio anoche pudo haber sido una de esas cosas sin sentido.
Pero sus tripas le decía otra cosa.
Y si ella había aprendido algo en su vida, entonces era seguir sus tripas. Muchas veces ahí era donde su habilidad psíquica se originaba.
Ella tomó un largo trago de su whisky y atrapó la mirada de Gabriel.
—¿Atollándote, amor? Gabriel preguntó telepáticamente.
—Sip.
—¿No sabes qué decir o qué debes buscar?
—Nope.
—Tal vez solamente deberíamos hacer una cháchara sin sentido y irnos. No hemos encontrado ningún enlace entre Dorian y tu ataque. Él es simplemente un hombre rico que odia al Abrazado. Tal vez tu visita aquí anoche simplemente ocurrió por tu asociación con él.
—¿Y los tonos?
Gabriel hizo una pausa.
—Nunca he oído los tonos. No sé lo que quieren decir.
—Quieren decir que el Dominion está cerca.
Ella colocó su vaso de whisky en la mesa delante de ella y se inclinó hacia adelante.
—Entonces, Dorian. He sido informada de que das soporte a la legislación que me podría llevar a mí y a mis amigos a ser perseguidos y asesinados a sangre fría, o capturados y cortados a pedazos en un laboratorio del gobierno en alguna parte.

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MensajeTema: Re: Anya Bast - La sangre del cuervo   Lun Ene 03, 2011 6:26 pm

Capítulo Diez

Gabriel arqueó la ceja mientras miraba a Fate sentada allí en el sofá, una apariencia de aversión momentáneamente pasando por sus bellos rasgos. Bien, eso había sido sutil, pensó con una sonrisa.
Pareciendo incómodo, Dorian le dio la espalda.
—Fate, yo… —una mirada oscura pasó por encima de su cara. La cólera dio una llamarada en sus ojos. —No le debo explicaciones a nadie, —él chasqueó. —Las ideas políticas y sociales que mantengo no es cosa tuya.
—Lo es cuando ponen en peligro a mí y mi familia.
Dorian dejó escapar una risa de irritación.
—Tu familia. —Él negó con la cabeza. —Supe desde el momento en que tuve noticia de tu ataque que estabas perdida para mí por siempre.
—El Abrazado y la humanidad han estado cohabitando por eónes, —Niccolo interrumpió en voz baja. —No es imposible creer que podemos interactuar positivamente.
Dorian clavó los ojos en Niccolo y su mirada se volvió dura y fría.
—Ah, sí, amistad y interacción entre depredador y presa. Fantástico. —Dorian se puso en pie. —Pienso que es hora de se vayan.
Gabriel miró a Fate levantarse y caminar hacia Dorian. Una mirada extraña había consumido su cara. Sus rasgos tenían poca actividad, sus ojos iluminados con un fuego poco familiar. En lugar de caminar, ella casi pareció flotar a través del piso. De no ser por sus ojos, él habría dicho que ella era sonámbula.
Fate se acercó a Dórian con una mirada atenta en su cara.
—Tú, —ella respiró.
Dórian estaba de pie y retrocedió hacia atrás contra una estatua que estaba asentada sobre un pedestal. La tumbó y chocó contra el suelo de madera pulido, pero no detuvo su retroceso horrorizado.
—¿Qu-que va mal contigo, Fate? Tus ojos son extraños, —él tartamudeó.
—Te puedo ver, —ella dijo. —Estás asociado con ellos.
Una mirada de pánico cruzó su cara brevemente. Él frunció el ceño.
—¿Con quién?
Ella torció su cabeza para el lado.
—El Dominion.
Él recorrió con la mirada a Gabriel, luego a Niccolo. La mirada de su cara parecía… culpable.
Niccolo dio un paso amenazador hacia él, y luego se detuvo en medio del cuarto.
—¡No! Te has vuelto loca, Fate. El ataque, el Abrazo, te ha vuelto inestable, —dijo Dorian.
Ella negó con la cabeza.
—Eres su criado humano. Te han ofrecido poder y riqueza si les ayudas a tomar el control aquí. Has estado ayudando a manipular ese proyecto a través del Congreso con tu patrocinio, según sus manipulaciones. Quieren las actividades del Abrazado acortadas. Ellos, y tú, nos quieren desaparecidos de la faz del mundo, eventualmente. Éste es simplemente el primer paso. Quieren asumir el control.
Dorian negó con la cabeza salvajemente.
—¡Deliras, Fate!
Ella lo apoyó contra la pared, extendió la mano y tocó su mejilla.
—El pobre Dorian. ¿No entiendes que solamente te usan? Si les das demasiado problemas, entonces se hartarán contigo y te desecaran una noche mientras duermes… o peor. Te manipularán hasta que quieras matarte a ti mismo, o a alguien más. Pueden hacer eso, lo sabes, y lo harán. No se preocupan por ti.
Dorian cerró sus ojos por un momento, pareciendo relajarse con su toque. Gabriel dio un paso hacia ellos, pero Niccolo puso una mano en su pecho para detenerle.
—Te amé, Fate, —murmuró Dorian lastimeramente. —Nunca quise que fueras herida. Me dijeron que te vigilara, que eras especial para ellos. Me dijeron que podrías ser un mensajero efectivo, un enlace entre este reino y el de ellos, y que debía cuidarte. Hice lo que me demandaron, pero al mismo tiempo, tomé un afecto verdadero por ti. Yo quise ayudarte con tu arte, crezco cerca de ti. Había esperado que pronto tu y yo pudiéramos… —él sacudió su cabeza. —Pero nunca quise que salieras herida.
Interesante. Dorian había cuidado de Fate. Por eso había defendido su arte tan entusiásticamente. Los pensamientos de Gabriel giraban. Si Dorian auxiliaba al Dominion, entonces Gabriel dudaba que hubiera tenido alguna cosa que ver con el ataque de Fate. La última cosa que el Dominion querría era que un caminante de sueños muy fuerte psíquicamente como Fate fuera Abrazada y creciera en poder.
No, ésta era una revelación interesante y chocante, pero no tenía nada que ver con el ataque de Fate.
Gabriel ignoró la mirada de advertencia de Niccolo y caminó hacia ellos.
—¿Por qué quisieron que velara por Fate, Dorian?
Dorian le recorrió con la mirada, sus ojos no centrados. Él parpadeó un par de veces y pareció registrar la pregunta.
—Quisieron seducirla para su lado. Dijeron que ella tenía habilidades poderosas y que podría ser de ayuda para ellos. Pero una vez que fue Abrazada, ellos… —él apartó la mirada y miró de nuevo a Fate.
—Me volví demasiado poderosa y me quisieron muerta, —dijo Fate . —¿No es eso, Dorian? Eso es por lo que te organizabas para preparar un grupo de cazadores que vinieran a por mí. ¿Ibas a enviarlos en nombre del Dominion, no era eso?
Tomó un momento para Gabriel registrar las palabras de Fate. Ella debió recoger psíquicamente algo en la mente de Dorian. La furia comenzó a hervir a fuego lento en su estómago.
Dorian apretó fuerte sus ojos y su cara se desfiguró en una expresión de temor.
—Sí, —él murmuró. —Sí… pero yo no quería hacerlo eso, Fate. Yo no- no te quiero muerta.
La furia hirviendo a fuego lento en el estómago de Gabriel alcanzó su punto de ebullición. Él se movió a través del piso con la velocidad de la luz y cogió por la garganta a Dorian. El labio de Gabriel se rizó con el olor del miedo que salía fuera del otro hombre.
—Vas a pagar generosamente solo por pensar en eso, Dorian, solo por la mera posibilidad de que Fate fuera dañada.
Dorian gorjeó incoherentemente.
—Le necesitamos, —dijo Charlie desde el otro lado del cuarto. —Gabriel, nosotros le necesitamos vivo.
—Toma las riendas de tu furia, Gabriel, —dijo Niccolo agudamente.
Por el rabillo del ojo de Gabriel, vio a Fate sacar una respiración ruidosa y dar un paso hacia atrás, poniendo una mano en su cabeza. Gabriel soltó a Dorian y dio un paso hacia ella mientras ella caía hacia atrás. Él la atrapó antes de que sufriese un colapso en el suelo. Dorian escogió ese momento para apartase a un lado, directo hacia la puerta.
Niccolo se movió con la velocidad que sólo un Vampiro muy viejo podría lograr. Él le agarró de las solapas de su traje caro y le golpeó ruidosamente contra la pared.
—No vas a ninguna parte, Dorian, —expectoró Niccolo. —Estás asociado con la misma cosa que podría destruir tu raza entera. Vas a decirnos todo lo que necesitamos saber. Y vas a hacerlo antes de anochecer.
Gabriel estaba ocupado con Fate, pero oyó la inspiración audible de Dorian cuando se percató de porque Niccolo demandaba la información antes de anochecer. Ah, Sí. Probablemente el Dominion no le permitiría vivir ahora que había sido descubierto.
En su regazo, Fate gimió y abrió sus ojos.
—¿Qué sucedió? —Ella preguntó roncamente.
Él pasó su pulgar a través de su frente.
—Estabas en algún tipo de trance.
La cabeza de Fate cayó de regreso y gritó. El terror rasgó a través de Gabriel ante el sonido de angustia que salía de ella. Charlie cayó a su lado contrario. Ella se aquietó y respiró pesadamente dentro y fuera por su nariz. Sus ojos estaban anchos.
—¿Fate? —Charlie preguntó. —¿Estás bien, Fate?
Respirante tan pesado como ella, Gabriel colocó sus palmas contra sus mejillas, como si pudiera detener lo que fuera que le ocurría. Por su bien, él suprimió su pánico naciente. —¿Qué va mal, Fate?
—Los disparos intensos de … de dolor a través de mi cabeza. —Su cara se desfiguró otra vez. —Oh, Dios mío.
Ella se puso las manos sobre la cabeza. Gabriel la sostuvo contra su pecho mientras otro episodio pasaba. Finalmente, ella se quedó inmóvil, pero respiraba duro y temblorosa como si estuviera congelándose.
Ella tuvo dos ataques más antes de que finalmente estuviese en calma y pareció que habían pasado. Gabriel cogió con las manos su camisa. Sus nudillos estaban blancos. Era horrendo mirar su paso a través de cada episodio y sentirse indefenso contra lo que fuera que los causaba.
—El dolor podría ser un efecto secundario de tu trance, Fate, —dijo Gabriel. Él se esforzó en sonar sereno. —¿Estás bien ahora?
Su cara estaba pálida y descompuesta. Ella inclinó la cabeza.
—Fue como una migraña, pero diez veces peor. Pienso que están terminados.
Gabriel la levantó contra él y desparramó besos sobre su cara.
—Me asustaste.
Ella le besó de vuelta.
—Estoy bien. Se han ido.
—Necesitas regresar a casa y descansar, —dijo Gabriel.
Ella negó con la cabeza.
—No. Yo…
—Fate, —dijo Gabriel en un tono que no soportaba discusión. —Necesitas ir a casa y descansar.
Fate abrió su boca, y luego mordió su labio.
—Bien.
—Buena chica.
Ella extendió la mano y agarró la mano de Charlie.
—¿Me llevarás de regreso a casa? Gabriel necesita quedarse aquí con Niccolo y Dorian.
—Por supuesto, —contestó Charlie.
—¿Está segura, Fate? —preguntó Gabriel. —Te puedo llevar a casa yo. —Intentó no dejarle oír la preocupación que sentía. —Solamente quiero asegurarme de que estás bien.
Ella le recorrió con la mirada e inclinó la cabeza.
—Ten cuidado con este negocio, Gabriel. Prometo que estaré allí cuando llegues a casa.
Gabriel no quiso discutir. Él solamente quería a Fate fuera de aquí. A alguna caja fuerte. —¿Hazme saber si cualquier otra cosa le ocurre, de acuerdo, Charlie? —Dijo Gabriel.
Charlie hizo una brusca inclinación de cabeza.
—Tendré cuidado con ella. —Él la ayudó a ponerse en pie. —Vamos.
Gabriel permaneció de pie y miró a Charlie que con cautela conducía a Fate, pasaron junto a Niccolo y Dorian que hablaban en tonos bajos, al lado de la pared. Fate parecía tan frágil ahora mismo. Tan vulnerable.
Gabriel desvió su mirada para estudiar a Dorian. El hombre mayor estaba de pie con los ojos puestos en un Niccolo que parecía amenazador. Él se parecía a un gato atrapado por un perro muy grande.
Cuando Fate y Charlie salieron, Samantha y una brigada SPAVA atravesaron andando la puerta.
—¿Qué diablos ocurre aquí dentro? —preguntó Samantha cuando atisbó a Niccolo con una postura innegablemente hostil hacia Dorian.
Gabriel se preguntó por un momento quién había llamado al SPAVA, luego recordó a Cynthia. Él la recorrió con la mirada. Ella se acuclilló en la esquina, agarrando firmemente su teléfono celular. Él casi se había olvidado incluso de que estaba en el cuarto.
La mirada fija de Samantha se desvió de Niccolo hacia él. Sus ojos se estrecharon. —¿Gabriel?
—Ésta es una materia interna, Samantha. Concierne al Abrazado —él echó una mirada significativa hacia Dorian —y el Dominion. El SPAVA no tiene nada que hacer en esto.
Samantha dio un paso hacia él, tormentas fabricándose rápido en sus ojos.
—¿Perdona? Tu ejecutor tiene a Dorian Cross, uno de los hombres más poderosos de Newville, inmovilizado contra la pared de su propia casa. ¡Pienso que ésta es mi jurisdicción!
Gabriel hizo pasar una mano por su pelo y se opuso a la furia que ascendía dentro de él. —Dorian Cross ha admitido que ayudaba al Dominion, —él mordió con apenas una calma controlada. —Tenemos que deshacer el daño que ha hecho. Para hacer eso, debemos obtener más información.
Samantha se giró hacia Dorian.
—¿Es eso verdad? ¿Admitió usted haber ayudado al Dominion?
Dorian nerviosamente se chupó los labios, su mirada pasando rápidamente primero a Gabriel, luego a Niccolo.
—No. No se de que habla. Solamente entraron sin invitación… —Su frase se convirtió en una boqueada cuando Niccolo le lanzó hacia arriba contra la pared.
El SPAVA se desplegó y se cerró alrededor de Niccolo.
—Déjele ir, —ordenó Samantha .
—Él miente, —Niccolo gruñó.
Los oficiales SPAVA extendieron las puntas de sus bastones de espino con un chasquido audible. Niccolo no se movió. Él clavó los ojos en Dorian, aparentemente olvidando que la muerte esperaba alrededor de él.
—Bájale, Niccolo, —dijo Gabriel.
—No. No va a salir de esto. Le mataré antes de que eso ocurra.
Dorian no contestó. Él sólo se quedó con los ojos abiertos. El perfume de miedo rodó fuera de él en olas empalagosas.
—No me hagas hacer esto, Niccolo, —dijo Samantha con voz ronca. —Vamos, sacaremos en claro lo que ocurre. Sin violencia.
Niccolo no respondió. Varios miembros de la brigada pusieron a la vista sus armas. La tensión que estaba ya gruesa en el aire se puso más pesada.
— ¡Niccolo! ¡Bájale! —ordenó Gabriel. —Él no vale tu vida.
—¿No? —Niccolo vaciló por un largo momento y luego echó marcha atrás. —No. Estás en lo cierto. Él no lo vale.
Instantáneamente, tres oficiales SPAVA le empujaron para que se apoyara contra la pared. Niccolo pudo deshacerse de todos ellos con un golpecito de su muñeca, pero no lo hizo.
Dorian enderezó su traje y miró con ceño a Niccolo. Gabriel podía oír los latidos rápidos de su corazón hasta el final del cuarto.
—Aquél, Niccolo, me asaltó. Quiero presentar cargos, —pronunció Dorian.
—Él apenas te tocó, —dijo Gabriel. —Si hubiera querido lastimarte lo habría hecho.
Samantha le echó una mirada helada.
—Es la prerrogativa de Sr. Cross presentar cargos.
Niccolo se giró hacia Gabriel con una expresión cansada en su cara.
—Déjalos detenerme.
Gabriel apretó su mandíbula mientras observaba a los oficiales SPAVA poner las manos de Niccolo detrás de su espalda. Con dos oficiales a cada lado, le dieron escolta hasta la puerta.
—Estaré allí para pagar la fianza, —Gabriel le dijo.
—Tómate tu tiempo, —dijo Niccolo.
Dorian salió después de ellos, probablemente para seguir el coche patrulla hasta cuartel general SPAVA y presentar cargos.
Samantha se acercó a Gabriel antes de irse. Por primera vez en su experiencia con Samantha Ripley, su cara esta limpia de antagonismo. Ella se veía temblorosa, y un poco emocionada.
—Tengo que seguir el procedimiento, Gabriel, lo sabes. No tiene importancia lo que pueda pensar personalmente de Niccolo o de Dorian Cross.
Ella salió, dejando solo a Gabriel con Cynthia.
Gabriel se giró y la miró. Se había acostado con ella una vez aproximadamente hacía un año, aunque recordaba poco del encuentro.
—¿Cuánto sabes de la asociación de Dorian con el Dominion? —preguntó.
El perfume del miedo que ella emitía se fortaleció. ¿Sonó él tan amenazador? ¿Pensaba que la podía lastimar? Se puso a la fuerza una expresión blanda en su cara y relajó los músculos de su cuerpo.
—Nada. No se nada, —ella contestó. —Lo juro por Dios. Dorian nunca mostró ningún signo de estar hechizado por el Dominion.
Gabriel la estudió.
—Pero pasas todo día con él. Si alguien esta en liga con Dorian, entonces eres tu.
Ella cerró sus ojos brevemente.
—Lo juro, no sabía nada de eso hasta el día de hoy, Gabriel. Estoy tan asombrado como tu.
—¿Me puedes decir alguna cosa, Cynthia?
Ella negó con la cabeza.
—Todo lo que se es que Dorian empezó a comportarse de forma extraña después de que Fate fuese atacada. Él sólo empezó a actuar raro después. —Cuando ella dijo la última frase, su voz se volvió casi imperceptible y el perfume metálico del miedo dio una llamarada hasta un olor caliente de cólera.
—¿Cómo actuó él diferente después del ataque de Fate?
—Él estaba agitado, acongojado, preocupado… inquieto. —El perfume de su cólera se convirtió en ardiente furia.
—¿Por qué eso hace que te enfades? —preguntó, esforzándose en librar cualquier gruñido audible de su voz. Había algo aquí, ¿pero qué era?
—¿Por qué piensas que estoy enojada, Gabriel?
Él golpeó ligeramente su nariz y sonrió.
—Uno los trucos del Abrazado, Cynthia, amor. —Él dio un paso hacia ella. —Así es que, dime.
Ella sacó sus manos, sus palmas hacia fuera, en un gesto de pararle.
—De ninguna manera, Gabriel. —Ella negó con la cabeza. —Esa información es personal y es mi secreto para conservar.
¿Qué podría ser tan sensible que no quería revelar? Él dio un paso hacia ella y sonrió. —Cynthia, tu y yo hicimos el amor juntos una vez. ¿Recuerdas?
Ella le sonrió
—¿Hecho el amor ? Follamos, Gabriel. Eres de la vieja escuela algunas veces, sedoso y formal. Sí, follamos. ¿Qué más da? No te da ninguna licencia especial para mi vida personal.
Ah, sí, había algo aquí, algo completamente inesperado. ¿Qué estaba ocultando? Él extendió la mano y acarició con su dedo su brazo e hizo su voz sonar como raso caliente, seductora. Al mismo tiempo, vertió su encanto sobre ella, diseñándolo para tentarla, para hacerla accesible, compeliendo y adulando la verdad fuera de ella.
—Muy Bien, Cynthia. Eso está bien. No tienes que decírmelo. Pero si hay alguna cosa de la que alguna vez quieras hablar, entonces sabes que te oiré.
Su cara se desfiguró por un momento.
—¿Qué…? —ella tragó saliva y se hundió en el sofá. Estaba claro que intentaba oponerse al encanto, pero no ganaría. Él era de lejos demasiado fuerte.
Gabriel se sentó al lado de ella.
—¿Estás furiosa con Fate por alguna razón?
La cara de Cynthia se desfiguró otra vez y su boca se movió mientras ella peleaba contra el hechizo de compulsión.
—Dorian cuida de ella.
—Hmm … Sí. Lo suficiente como para enviar un grupo de cazadores rabiosos de Vampiros contra ella.
—Yo… no estaba al corriente.
—¿Realmente no sabías del trato de Dorian con el Dominion, verdad?
—No. Si lo hubiera sabido, nunca habría…
Ella cerró de golpe su boca e hizo un sonido de ahogo. Gabriel la golpeó en la espalda. Ahogaba la verdad, él intentaba adivinar.
Gabriel pasó su mano sobre su cara, intensificando la compulsión para que ella hablara de su intención y sentimientos.
—No te opongas al encanto, Cynthia, —murmuró. —Te lastimarás. Así es que, dime. ¿Qué no harías?
—Ese hombre que vino a mí, yo nunca hubiera estado de acuerdo en ayudarle si hubiera sabido que frustraría los planes de Dorian. Pensé que era para mi beneficio, pero aun después de que Fate fuese convertida —sacudió la cabeza —todavía no me quiso.
Gabriel la agarró de los hombros y le dio vuelta para confrontarle.
—¿Qué hombre? ¿De qué estás hablando?
—Un Abrazado. Él vino a mí, dijo que sabía que te conocía a través de su asociación con Dorian. Él dijo que necesitaba mi ayuda. Me preguntaba para descubrir cosas acerca de ti y me dio dinero de sobra para hacerlo. Yo me ofrecí a ti para estar más cerca. Pero me salió el tiro por la culata. Pasamos esa noche juntos, pero no me revelaste nada y no quisiste saber nada más de mí luego. Así es que me vi forzada a seguirte. Así es cómo me enteré de su interés por Fate.
Su cara se arrugó y empezó a sollozar.
—Pensé que era perfecto. Xavier podría abrazar a Fate para alcanzarte, y Fate quedaría fuera de juego con Dorian.
Hijo de puta. Él la sacudió.
—¿Xavier? ¿Xavier Alexander?
Ella dejó escapar un sollozo bajo e inclinó la cabeza.
Él la soltó y se puso en pie.
—Él regresó a Newville ayer por la mañana planeando encontrar a Fate convertida en Demi, —Cynthia gimió, tenía hipo. —Él se ha enfurecido al saber que Fate pasó directamente y estropeó sus planes. Él-él ha hecho planes de matarla. Solamente está esperando a tener una buena oportunidad para actuar.
—Trataré contigo más tarde, —él dijo con una voz moderadamente fría, y luego salió por la puerta.
Mientras salía por la puerta, conectó con los enlaces mentales. ¿Charlie?
Ninguna respuesta.
¿Fate?
Silencio.
Xavier, bastardo, difundió a lo largo.
Hola, Gabriel.
Gabriel se paró en seco
Sobre sus pies. ¿Xavier?
¿Estabas esperando a alguien más?
Pensé que estabas muerto.
Xavier se rió. Esos rumores han sido exagerados.
¿Qué has hecho?
Si quieres ver a tu nueva amada vivir para ver a otra salida de luna, entonces me encontrarás en el almacén vacío de la esquina de Grassley y Park.
No le hagas daño, bastardo. ¿Qué hiciste con Charlie?
Vendría hora, si fuera tú, Gabriel.
El enlace mental se cerró de golpe. Gabriel comenzó a correr.

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MensajeTema: Re: Anya Bast - La sangre del cuervo   Lun Ene 03, 2011 6:27 pm

Capítulo Once

Los ojos de Fate parpadearon y gimió por el dolor de cabeza. Su cabeza había sido golpeada y ya le había dolido antes de que ella hubiera caído derrumbada en la inconsciencia, maldición.
Ese Vampiro había salido de ninguna parte. En un momento Charlie le había estado echando una mano para salir del coche delante de la casa de Gabriel y al siguiente momento Charlie justamente se había... ido. En el espacio de un latido, ella había sentido algo golpeando duro su cabeza y eso había sido todo.
Ella se movió y miró de reojo, observando su situación. Sus muñecas y sus tobillos estaban atados y yacía sobre su lado… sobre algo duro y diminuto. Sus ojos se ampliaron. Sobre su pistola. La que tenía las balas de espino. Se la había metido calladamente en el bolsillo del abrigo antes de que dejaran la casa por la mañana. Mal No había forma en el infierno de que pudiera alcanzarla.
Ella se movió otra vez y examinó su alrededor. Un cuarto de almacenaje enorme se encontró con su mirada. Las cajas de madera y el equipo de metal estaban desparramados alrededor del suelo. Varios pasillos de metal grandes se entrecruzaban muy por encima de su cabeza. ¿Era una fábrica? ¿Un almacén, tal vez?
Ella movió su cabeza y se sobresaltó. Charlie permanecía cerca, todavía desvanecido por lo que parecía. Estaba también atado por los tobillos y las muñecas. La sangre se encostraba en su pelo y el lado derecho de su cabeza.
Silenciosa y rápida, una sombra pasó por encima de ella. Luego un hombre, el Vampiro, estaba arrodillado al lado de ella. Él extendió la mano y cariñosamente removió una hebra de pelo vagabunda de su cara.
—¿Me recuerdas, Fate? ¿Puede que no, hmmm?
—Usted es el mismo, —dijo ella. Sabía intuitivamente que éste era el Vampiro que la había atacado.
—Sí, soy el mismo.
Él tenía un ligero resto de acento francés.
—No lastime a Charlie.
Él se rió.
—Qué noble. Yo estaría más preocupado por mi propia piel.
Él sacó una vara larga, delgada y negra y la ondeó hacia ella. Fate se tragó una respiración, reconociendo el instrumento instantáneamente como un bastón de espino, como los que el SPAVA usaba.
—¿Sabes quién soy, Fate? —preguntó él.
Ella negó con la cabeza.
—Mi nombre es Xavier Alexander y yo soy un amigo muy viejo de Gabriel. ¿Te habló sobre mí?
—Sí. —Él pronunció su nombre Egs-Ah-Vi-Yay, de la misma forma que Gabriel lo hacía.
—Bien. Así no tengo que recapitular.
Él presionó un botón al final del bastón y la punta de espino se extendió. Le acarició la mejilla, y Fate cerró sus ojos y se estremeció.
—Tch, tch. Se suponía que no harías el camino enterooo, —él canturreó. —Yo nunca supuse que pasarías a través del Demi.
Ella abrió sus ojos solo unas rajas y tragó duro.
—Estoy llena de sorpresas, —ella habló con voz áspera.
Al mismo tiempo que ella dijo las palabras, impulsó adelante las rodillas y le empujó para que perdiera el equilibrio. Ella sacudió con fuerza su cabeza para evitar que la punta del bastón raspara su hombro cuando Xavier perdió el equilibrio hacia el lado.
Él se puso derecho de su postura desgarbada y bajó los ojos.
—Perra, —él murmuró. —No juegues conmigo. No planeo matarte hasta que Gabriel llegue, pero podría cambiar esos planes si soy empujado.
La puerta de metal del almacén se cerró de un golpe.
—¿Bueno, nosotros no querríamos eso, no es así?
Xavier se puso en pie y se giró lentamente.
—Gabriel.
Gabriel se paseó hacia ellos lentamente, recorriendo con la mirada a Charlie y Fate.
¿Estáis bien? Él preguntó a Fate mentalmente.
Hasta ahora, ella contestó.
¿Y Charlie?
No lo sé.
Gabriel sonrió apretadamente a Xavier.
—Mucho tiempo sin vernos. Pensé que estabas muerto, Xavier. Lo malo es que estaba equivocado.
—Lo arreglé. Quise que tú y Laila me creyeran muerto a fin de que pudiera desaparecer sin preguntas.
—¿Entonces porqué infiernos estás de regreso?
—Tch, tch. No, No, Gabriel. Me has entendido mal. Nunca realmente me fui. He estado esperando y observando todo. Esperando que te preocupases por alguien más de lo que te preocupabas por ti. Quise devolverte la deuda de Laila. Quise que la vieras —él dio un puntazo a Fate con su pie— ser Demi.
Fate se rió.
—No funcionó exactamente bien para ti ¿no?
—¿Por qué estás culpándome de lo de Laila, Xavier? Sabes tan bien como yo que no podía asegurar que ella fuera completamente Abrazada.
Él volteó su cabeza y expectoró.
—Te acostaste con ella, Gabriel. Sé que lo hiciste.
Gabriel entrecerró sus ojos.
—Montones de hombres se han acostado con Laila, Xavier. Es cómo sobrevive ella. ¿Y pensamos que estabas muerto, recuerdas?
—Sé cómo sobrevive ella, —él rugió. —Maldición, la vi, a la mujer que amé, pasar rápidamente de cama en cama hasta que no pude observar más.
Él se arrodilló, abriendo el abrigo claro de Fate, y rasgado la costura de su camisa, abriéndola por el lado y exponiendo la piel. Ella cerró sus ojos y se quedó sin aliento.
Gabriel dio varios pasos aterrorizados adelante.
Xavier colocó la punta del bastón a su lado y acarició su piel con ella, de acá para allá, de acá para allá. Gabriel dio otros pocos pasos más cerca. Xavier levantó una mano, con la palma hacia fuera.
—Ni otra pulgada más cerca, chico amante.
—Xavier, —Gabriel gruñó en advertencia.
—Se suponía que debías ver a Fate hacer lo mismo que Laila hizo. Se suponía que Fate follaría a otros hombres para sobrevivir, todo el rato volviéndote loco de celos y pronto el desdén y el odio.
—¿Por qué, Javier? ¿Por qué están tu furia y tu necesita de venganza obsesionados por mí? Me rogaste que Abrazara a Laila y lo hice. Es tan simple como eso. Ambos sabíais los riesgos. Sabías los riesgos si ella no pasaba del todo. No me puedes hacer responsable de lo que sucedió.
—Pero te acostaste con ella, una vez y otra, noche tras noche.
—Te fuiste, Xavier. Hacía tiempo. Ella vino a mí. Me pidió que compartiese su cama. Laila estaba sola sin ti. —Gabriel se encogió de hombros. —Lo siento verdaderamente, Xavier. Nunca me habría acostado con ella si hubiera sabido que estabas todavía vivo.
La voz de Xavier tembló de emoción cuándo él habló después.
—Ella se enamoró de ti.
Ah, pensó Fate. Esa era la razón para todo esto. Un corazón roto, seguramente, del tipo que dura toda una vida, pero quizá los celos aún más. Los celos fríos, duros, inextinguibles.
—No tengo control sobre los sentimientos de Laila, Xavier, pero no los devuelvo. Nunca lo hice.
La puerta en el extremo más alejado del almacén se abrió. Gabriel se giró para ver a Laila pasar en medio de ella. Por encima de ella, Fate oyó el siseo de la respiración de Xavier. El bastón raspó su cintura por su descuido y ella se encogió de miedo y apretó sus ojos.
—Me dejaste, Xavier, —Laila habló desde la puerta. —¿Recuerdas? Quisiste que pasara toda eternidad contigo, luego me dejaste cuando hice lo que tenía que hacer para sobrevivir. —Ella dio una risa amargada. —Ahora averiguo que falseaste tu muerte solamente para escaparte de mí.
Ella había oído absolutamente todo con su audición sobrenatural, probablemente.
—Para escapar de tener que verte follar a cada hombre y mujer que aparecían, —contestó Xavier.
—Los demás no significaban ninguna cosa, Xavier. Eran simplemente sostenimiento. Eran sólo comida. Te amaba.
Por encima de Fate, Xavier siseó en respuesta. La punta del bastón de espino pasó rozando peligrosamente cerca de ella, casi rascando su piel. Ella se encogió de miedo otra vez y compartió una mirada con Gabriel. Su manzana de Adán se movió cuando tragó duro. Él estaba igual de asustado que ella.
—¿Trajiste a Laila aquí? —Xavier demandó a Gabriel.
Gabriel esparció sus manos y se encogió de hombros.
—Pensé que tus asuntos podrían tener más que ver con ella que conmigo. Pensé que tal vez los dos tenían cosas de las que hablar.
—Bastardo.
—Fui un amigo una vez.
Xavier bufó.
—Una vez. Hace muchísimo tiempo.
—Por favor detén esta locura, Xavier, —dijo Laila. Ella recorrió con la mirada a Fate. »Déjala ir.
—Deberías querer que la matara, Laila, —dijo Xavier . —Tu camino con Gabriel sería más claro después.
Laila negó con la cabeza.
—No podría hacer a Gabriel amarme, no importa cuán duro lo he intentado.—Ella le contempló con los ojos mojados por lágrimas de las que se no despojó. —No le podría hacer amarme aun así.
—Nunca dejé de amarte, —Xavier contestó.
En este momento, parecía que Xavier se había olvidado casi completamente de Fate y del arma que la apuntaba. El bastón que él mantenía fluctuó, pero esta vez lejos de ella. Levantó una pulgada, y luego otra. Fate respiró un poco más fácil. Posibilidades de escapar rugían a través de su mente.
Fate compartió otra mirada con Gabriel.
Estoy lista, ella le dijo en su mente.
¡No Fate!
Ella se aprovechó de la distracción de Xavier levantando el torso y piernas atadas del suelo y girando rápido sobre la pistola en el bolsillo de su abrigo. El metal se metió dolorosamente en su cadera. Sus piernas se mecieron lo suficiente para hacer a Xavier balancearse.
Él se cayó.
Se armó un gran alboroto.
Con una maraña, Gabriel se abalanzó sobre Xavier. Rodaron, sacando gruñidos y peleando. Xavier trató de apuñalar a Gabriel con el bastón, haciendo que la respiración de Fate se detuviese en su garganta con aprensión, pero Gabriel agarró la muñeca de Xavier y le forzó a dejar caer el arma mortífera.
Cuándo se alejaron del bastón, Fate comenzó a avanzar lentamente hacía él con la intención de empujarla hasta debajo de una enorme maquina que había cerca.
Laila solamente estaba allí de pie y gritando.
Cuando lo alcanzó, Fate manipuló sus talones sobre el bastón y trató de empujarlo y hacerlo resbalar sobre el suelo, pero con tobillos atados, era lento.
Repentinamente, Xavier estaba sobre ella. Él agarró el bastón y lo levantó sobre su cabeza, con intención de zambullirlo en su estómago. Su mirada fija enfocó la en punta, y su mente tartamudeada aterrorizada por el hecho de que estaba a punto de encontrase con su muerte.
Luego Xavier solamente...se fue.
Fate observó a Xavier volar por los aires como un dardo. Se estrelló violentamente en el suelo cerca de Laila. El impacto le hizo deslizarse a lo largo del suelo sobre su espalda un trecho. Finalmente, llegó a detenerse, todavía agarrando firmemente el bastón.
Fate recorrió con la mirada hasta ver a Gabriel de pie sobre ella con su mano levantada hacia Xavier. Su labio estaba ensangrentado y cuchilladas arruinaban su cara.

Ella miró hacia atrás a Xavier. Una mirada de furia y odio retorcía su cara en una máscara horrenda. Él se puso en pie y levantó su mano, con la palma de la mano fuera, hacia Gabriel. Gabriel se alzó sobre el piso unos pocos pies, pero no se movió más. Xavier gritó algo en francés. Su cara enrojeció y las venas de su cuello se hincharon mientras se esforzaba.
Gabriel parecía desconcertado. Él hizo una voltereta graciosa en el aire y bajó hasta el suelo. Se encogió de hombros.
—Fui siempre mejor en esto que tú.
—Bastardo, —Xavier se enfureció.
—Pienso que hemos establecido eso, —Gabriel contestó serenamente. Él se arrodilló y deshizo los nudos que había alrededor de las muñecas de Fate.
Xavier dio un paso adelante.
—Apártate de ella, Gabriel. Es mía ahora.
Gabriel hizo una pausa y contempló a Xavier con expresión fría en la cara. Incluso hizo a Fate querer gatear lejos de él. Aquí estaba el Vampiro fuerte, cruel que ganó un territorio y lo conservó.
—No eres rival para mí, Xavier. Esta misión es suicida. Lo sabes, y también yo.
Xavier se giró y clavó los ojos en Laila. Ella se quedó sin aliento, y luego empezó a correr. Xavier corrió hacia ella, bastón en mano.
—No, —gritó Fate . Ella anduvo a tientas, tratando desesperadamente de sacar la pistola de su bolsillo.
Gabriel levantó su mano para lanzar a Xavier otra vez, pero no fue bastante rápido. Xavier hizo descender su brazo, cortando la espalda de Laila con el bastón. Su ropa se desgarró bajo la punta afilada. Su piel desgarrada. Ella gritó y cayó cuando su sangre comenzó fluir picante y pesada. El olor llenó el cuarto. Atacó las ventanas de la nariz de Fate con su perfume empalagoso y la bilis subió por su garganta.
Fate respiró ruidosamente y cerró los ojos. Pobre Laila. Había tenido una vida tan dura. Había merecido felicidad e importarle a alguien, no encontrar un fin violento por la mano de un hombre que había confesado amarla.
Gabriel expresó un gruñido bajo en su garganta y luego emitió una maraña de terror. Él levantó su mano. Al mismo tiempo, Xavier se levantó del suelo y voló a través del cuarto hasta estrellarse brutalmente contra la pared más lejana. Él se deslizó, gimiendo, y Fate vio que su cuerpo había impactado contra la pared. El cemento se había roto donde Xavier había chocado.
Xavier se quedó en el suelo, parecía como un trozo de papel arrugado tirado en el suelo. Fate se estremeció de alivio.
Gabriel la ayudó a sentarse y deshizo los nudos alrededor de sus tobillos, y luego la besó mucho y tiernamente.
—Nunca he estado tan asustado, Fate. Nunca, —él murmuró.
—Te amo, Gabriel, —ella murmuró roncamente. Ella colocó su frente contra la de él. »Te amo. Te amo, —dijo repetidas veces.
Él la besó otra vez.
—Lo sé. Me alegro de que me lo digas.

Gabriel se movió para desatar a Charlie, y Fate trabajó para que la sangre volviera a sus pies y se puso en pie. Vio a Laila descansando sobre el suelo. La mujer Demi estaba ahora silenciosa y quieta. Fate contuvo un sollozo y comenzó a acercarse a través del cuarto hacia ella. Por la esquina de su ojo, vio movimiento y se detuvo.
Xavier se ponía en pie lentamente, con una mirada de resignación en su cara.
—Fate, regresa, —dijo Gabriel.
Ella sacó su pistola de su bolsillo, la levantó, y apuntó al pecho de Xavier.
—Estoy bien, Gabriel, —ella dijo lisamente.
Xavier clavó los ojos en Laila durante sólo un latido o dos, antes de que él cambiase de dirección y fijase su mirada aniquiladora en Fate. Él levantó el bastón y se acercó hacia ella.
—Monstruo, —respiró Fate. —No voy fallar esta vez.
Ella disparó. La bala dio a Xavier en el hombro. Él hizo una pausa, pero siguió acercándose. Fate le disparó otra vez y le golpeó a la altura del pecho. Todavía él se acercaba a ella como una locomotora desquiciada. Fate empezó a disparar, ronda tras otra contra él.
Finalmente, Xavier tropezó y se quedó sin aliento, sus ojos se abrieron de par en par. Una mirada de sorpresa cubrió su rostro cuando el espino comenzó a hacer su trabajo dentro de su cuerpo. Él tropezó, y luego cayó adelante. Él se deslizó a través del suelo sobre su pecho hacia Fate y se paró con la corona de su cabeza tocando la punta de su zapato. El bastón de espino se quedó flojo en su mano, rozó justo la bastilla del abrigo de Fate.
Todo se quedó silencioso.
Fate dejó caer su pistola hasta el suelo. Su corazón aporreaba duro en su pecho, pensó que tal vez se saldría a través de su caja torácica. Dejó caer su cabeza hacia atrás y jadeando dejó salir la respiración que había estado sosteniendo. Una mano caliente se cerró alrededor de su muñeca, sobresaltándola. Ella abrió sus ojos, vio a Gabriel, y registró el hecho que su cara era una masa de sangre y magulladuras. Uno de sus ojos estaba hinchado y cerrado.
Ella le permitió acercarla a sus brazos.
—¿Estás bien? murmuró ella en su pecho. Su sangre caliente mojaba su ropa y marcaba su piel.
—Estoy bien, ma cheri. Bien ahora, —habló con voz áspera. —Ya comienzo a sanar contigo en mis brazos.
Un ruido de arrastrar los pies atrajo la atención de Fate. Charlie había recobrado la conciencia y había divisado a Laila.
—No, —dijo él roncamente mientras luchaba por ponerse en pie.
—¿Estás bien? —Gabriel preguntó a Charlie.
Charlie no contestó. No parecía que los oyera o los viera. Una sola persona reclamaba toda su atención. Él se tambaleó a través del cuarto y se arrodilló al lado de Laila.
Un nudo se formó en la garganta de Fate cuando le vio abrazar a Laila y acunarla. Estaba perfectamente claro por la ternura con la que sostenía a Laila y la apariencia de su cara que a Charlie le importaba muy profundamente esa mujer.
—Charlie —comenzó Gabriel amablemente.
—Marchaos, —chasqueó Charlie. —Llévate a Fate y sal de aquí. Déjame tranquilo.
La furia fría, que apenas podía controlar en su tono. Sobresaltó a Fate, la hizo saltar en los brazos de Gabriel. Charlie sonaba como si les fuera a matar a ambos y no pensárselo dos veces.
Gabriel permaneció mirando a Charlie como si repentinamente comprendiera lo que ella acababa de notar.
—Yo… —él comenzó.
—Marchaos, —rugió Charlie. El edificio entero vibró bajo la fuerza de la emoción que emanaba de él.
Fate tocó el brazo de Gabriel. Juntos salieron andando del almacén y hacia la tarde fresca.

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MensajeTema: Re: Anya Bast - La sangre del cuervo   Lun Ene 03, 2011 6:27 pm

Capítulo Doce

Gabriel clavó los ojos en Samantha y los tres oficiales del SPAVA que la flanqueaban, mientras permanecían en su entrada.
—Sabes que eso no es cierto, —dijo él.
Samantha estrechó sus ojos verdes en Gabriel, y con la espalda recta se quedó mirando a Gabriel. Finalmente, ella apartó la mirada.
—No sé cuál es la verdad. Sé lo que quiero creer, y sé dónde apuntan las pruebas. —Ella miró hacia él. —Y yo debo seguir las pruebas. ¿Ese es mi trabajo, recuerdas?
Después del acontecimiento en el almacén, él y Fate habían ido directamente a sacar bajo fianza a Niccolo de la cárcel. Ellos habían estado cubiertos de sangre, y amoratados y maltratados, pero Gabriel quería a su amigo libre tan pronto que no había querido detenerse y limpiarse. En lugar de eso, Fate había recibido su primera lección de encanto, y había repartido una ilusión en la que ellos aparecían sin sangre y libres de lesiones.
Después de haberle contado todo a Niccolo acerca de lo sucedido, Gabriel y Fate habían ido a casa para limpiarse y tomar el descanso de una larga noche, la primera completamente tranquila desde el ataque de Fate. Niccolo había dejado la casa para ir a su apartamento, habían asumido.
Esta mañana se habían despertado con el diario de la mañana pregonando la muerte prematura de Dorian Cross y su asistente, Cynthia Hamilton. Ambos habían sido encontrados asesinados en el dormitorio de Dorian.
—Niccolo tenía un motivo, —dijo Samantha. —La brigada entera del SPAVA le vio amenazando a Dorian Cross ayer por la tarde, Gabriel. Ese es un hecho innegable. No hay huellas digitales y la fuerza que se usó para cometer el homicidio —ella sacudió cabeza y tembló —fue sobrenatural, Gabriel. Fue Vampírico.
Él hizo una mano frustrada pasar por su pelo.
—Fue el Dominion, Samantha, el Dominion. Supieron que la utilidad de Dorian había llegado a su final y ellos le mataron. Cynthia estaba allí en medio, así es que la llevaron también.
—¿Se supone entonces que debo creer que un grupo de entidades incorpóreas, el Coco de país de los sueños, asesinaron al hombre más poderoso de Newville y su asistente, y lo prepararon todo para hacer creer que Niccolo lo hizo?
Gabriel apretó su mandíbula y sintió un músculo dar sacudidas.
—No sé esa última parte. Podría ser una coincidencia. Pero, más o menos, Sí.
Ella puso sus ojos en blanco.
—No tengo tiempo para los cuentos de hadas, Gabriel.
—Eso es bueno, porque éste no es uno. Cuanto más pronto todo el mundo comience a creer en que los Vampiros cuentan la verdad sobre el Dominion, mejor.
—¿Niccolo ha hecho un montón de asesinatos en su vida, no? ¿No es posible que la línea se haya nublado para él? ¿Tal vez él no pueda diferenciar inocente de culpable ya? ¿Tal vez en cierta forma él pensó que Dorian y Cynthia tenían la culpa? ¿Tal vez pensó que estaba solamente haciendo su trabajo?
—Tuvieron la culpa, Samantha. Dorian ayudaba al Dominion y Cynthia ayudó a organizar el ataque de Fate. Aun así, Niccolo no hizo esto.
—¿Dónde esta?
Él abrió sus manos.
—No lo sé.
Ella clavó los ojos en él.
—¿Si lo supiera, me lo dirías?
—No.
Ella ni se inmutó.
—Espero que no averigüe que abrigas a un fugitivo, Gabriel.
Él sonrió dulcemente.
—Espero que no encuentres a Niccolo, Samantha.
Algo oscuro titiló a través de sus ojos.
—La vida en prisión es un tiempo larguísimo para un Abrazado.
—Especialmente uno inocente.
Permanecieron allí un largo latido, sosteniendo sus miradas fijas. Samantha apartó la mirada primero y se giró.
—Vamos, perdemos el tiempo aquí, —dijo ella a sus hombres.
Gabriel se apoyó contra la jamba de puerta y les observó ir andando por las escaleras del porche hasta sus coches. Cuando su vehículo se apartó de la cuneta, Gabriel contempló el cielo azul, despejado y matutino.
Y él había pensado que tendría un día libre de problemas hoy. Que ingenuo.
Otro coche se detuvo en el camino de la cuneta, y Gabriel bajó su mirada para ver a Adam salir de su SUV plateado y andar el pasillo hacia él.
—Él se ha ido, Gabe. I.D.O. en todos sentidos, ido. Cuando el SPAVA registró el apartamento de Niccolo esta mañana, probablemente no vieron como él usó velocidad y se fue, sus ropas y las cosas están todavía allí. Pero ¿las pocas cosas que sé que significan algo para él? Las busqué y no están, hombre. Kara tampoco está.
—No le puedo sentir en ningún sitio cerca, Adam. Y él no responde cuando hablo mentalmente con él. —Gabriel suspiró, en parte de alivio, en parte con pesar. —Sí, él se ha ido.
—Sé que Niccolo estaba teniendo algunos problemas, pero él no mató al Dorian y Cynthia, —dijo Adam. —Eso no es suyo. —Él sonó como si tratara de convencerse a sí mismo.
—Sé que él no hizo eso, Adam. Él probablemente supo de los asesinatos en las noticias esta mañana, creyó que todo apuntado derecho hacia él y escapó.
Adam pasó una mano sobre su barbilla.
—Le hace parecer culpable.
—Es bueno que él corriese. Le condenarían, Adam. El SPAVA sabe que él tuvo un motivo, y yo dudo mucho que Niccolo tenga coartada. El SPAVA le oyó amenazar a Dorian ayer con sus malditas orejas. De cualquier manera, se están muriendo por condenar a un Abrazado. —Gabriel negó con la cabeza. —Niccolo no tendría posibilidad.
Gabriel y Adam se giraron ante el de ruido de pasos en las escaleras. Fate estaba bajándolas, llevaba puesta una bata de baño blanca. Las magulladuras de su cara, dónde Xavier la había golpeado, ya comenzaban a desvanecerse. El sueño de una buena noche se había encargado de ellas. Como un Vampiro mayor, las de él había cicatrizado horas después de haber sido infligidas.
Ella se sentó en el tercer escalón.
—Él dice que estará bien y te verá pronto. Él se llevó a Kara y volvió a Italia.
Gabriel frunció el ceño.
—¿Contactó contigo?
Ella inclinó la cabeza.
—Él no tenía la intención, solamente ocurrió. Pienso que es una combinación de mi habilidad psíquica en vías de desarrollo y el hecho que conectamos uh bueno — ella recorrió con la mirada a Adam —esa noche. Él me dijo que os dijera que no lo hizo.
—Nunca hubo duda, —dijo Gabriel.
—Lo juro. Primero Charlie, ahora Niccolo, —masculló Adam.
Gabriel le miró fijamente.
—¿Cómo? ¿Dónde está Charlie?
—Charlie se marchó esta mañana, también. Él se tomó la muerte de Laila realmente mal, —contestó Adam.
—¿Dónde se fue? —preguntó Fate.
Adam se encogió de hombros.
—No lo ha dicho. Él solamente dijo que necesitaba escaparse algún tiempo, luego huyó.
—Agradable de su parte decírmelo, —Gabriel gruño.
—Déjale tener su tiempo fuera, Gabriel, —dijo Fate amablemente. —Él estaba enamorado de esa mujer, Laila. Piensa cómo te sentirías si yo hubiera sido la que tomó la punta del espino anoche.
—Por favor no digas eso, Fate, —él contestó.
Ella dio una sonrisa leve.
—¿Ves?
—Punto tomado.
—Él dijo que estaría pronto de regreso, Gabe, —terminó Adam . Él tocó su frente de la forma en que lo hacía de vez en cuando, como si él llevara puesto un sombrero de vaquero. —Bien, solamente pasé de visita por para ver cómo estabais. Tengo trabajo que hacer, así que… —
—Gracias, Adam, —dijo Gabriel.
—¿Por qué?
—Por todo lo que hiciste por mí y por Fate en este lío. Has sido genial. Fui un tonto por alguna vez considerar degradarte.
Fate se levantó, caminó hacia Adam, y le dio un abrazo.
—Sí, muchas gracias, Adam.
Adam sonrió abiertamente y le guiñó el ojo.
—Bueno, a mi también me gustáis los dos. —Él le dio a Gabriel un puñetazo suave en el brazo. —De cualquier manera, no tienes que decir eso, es decir, no tienes a nadie cerca para llenar mis botas si fuera degradado. Tómate el día libre, Gabe. Tenéis la casa para vosotros solos por una vez. Puedes levantarte para cinco diferentes tipos de travesuras y no hay nadie aquí para interrumpir. —Con otro guiño, él se paseó fuera de la puerta, silbando.
Gabriel cerró la puerta y Fate cayó contra su lado.
—Laila, Charlie, y Niccolo, todos en veinticuatro horas, —ella dijo suavemente. -Siento como si hubiera perdido a la familia. Aun aflijo a Laila y ella odió mis agallas.
Él acarició con la nariz la parte superior de su cabeza, aspirando su perfume.
—Niccolo y Charlie regresarán. Estarán bien.
—Espero que sí. —Ella se tragó una respiración. —Y Dorian y Cynthia, —ella gimió.
—¿Ah, Fate? Dorian y Cynthia te traicionaron. Cynthia ayudó a Xavier a atacarte, y Dorian planeaba mandar un grupo de cazadores de Vampiros a por ti. ¿Estás realmente afligiéndolos?
Ella levantó su cuello y se encogió de hombros.
—No me he decidido aún. Pienso que todo solamente comienza a registrarse. Un montón de cosas ocurrieron muy de prisa ayer.
—Lo sé. —Él la acercó y la besó. —Tuve miedo de perderte.
Ella se rió.
—Yo estaba un poco asustada de que fueras a perderme, también.
—Nunca, nunca quiero que ocurra, Fate.
Ella se desembriagó y frotó sus labios contra los de él. Con una voz ronca, seductora, ella dijo:
—Y yo nunca quiero perderte.
Él deslizó su mano entre ellos y abrió el cinturón delgado de su bata de seda, pasó dentro y acarició su cintura.

* * * *

Fate cerró sus ojos y disfrutó ante la sensación de la mano de Gabriel sobre su piel. Se sentía mucho mejor que la punta de un bastón de espino. Dios mío, ella estaba feliz de estar viva hoy. Aunque la pura alegría de su supervivencia estaba templada por el pesar que sentía.
Por Laila. Por Charlie. Por Niccolo.
Gabriel subió su mano y ahuecó su pecho. Tal vez durante un rato podría sumirse en el fuego que era Gabriel. Le parecía que él le ofrecía respiro de sus pensamientos remolinantes, confusos y las emociones. Y ella lo tomaría. Tomaría cualquier cosa que Gabriel quisiera darle. Él la había protegido, y luego había arriesgado su vida por ella. Esas eran dos cosas que Christopher nunca habría hecho.
Sí, ella amaba a Gabriel muchísimo. Le amaba mucho más de lo que temía ser herida o rechazada.
Mucho más que cualquier cosa.
Él la apoyó contra él y acarició su espalda, su pelo, su trasero y sus pechos. Fate se apoyó en él, disfrutando la sensación de sus manos en su cuerpo. Ella frotó sus palmas arriba por sus brazos y sobre sus hombros, amasando y acariciando sus músculos.
Cuando ella volcó su cara hacia él, él la besó largo y profundo. Frotó su nuca con dedos firmes, y pasó sus labios de regreso a través de los de ella, encendiendo un poco de fuego entre sus muslos.
—Abajo, amor, —él ronroneó en su oreja.
—Estamos en la entrada, Gabriel, —murmuró ella. —Tal vez deberíamos subir las escaleras.
Él dio un bajo, goteante gruñido.
—Te tomaría en el centro de Time Square a mediodía de un miércoles en este momento. Él empujó sus caderas contra ella para que pudiera sentir la prueba de su excitación. La puso en equilibrio y la bajó hasta el suelo.
Gabriel se arrodilló al lado de ella y abrió su bata de baño. La miró con una fija mirada acalorada. Viajó de su cara, abajo por su cuerpo hasta el parche de rizos café que cubría su coño. Sus manos pronto la siguieron. Él rastreó las puntas de los dedos por su garganta, engullendo sus pechos de sus copas y volviendo atrás otra vez. Lo hizo respetuosamente, con una mirada llena de amor.
Fate suspiró feliz, gozando cada instante con él.
—Abre tus piernas y atrae las rodillas hasta tu pecho, así puedo ver —él dio su sonrisa malvada —todo.
Ella estiró sus rodillas hacia atrás y levantándolas como él había demandado, sintiéndose licenciosa como el infierno y amando cada segundo de eso. Él colocó sus dedos sobre sus pliegues y resbaló un dedo dentro de ella. Con el dedo índice de su otra mano, él masajeó su clítoris en un movimiento circular. Ella volcó la cabeza hacia atrás con un gemido.
Él insertó un segundo dedo para unirse al primero y continuó acariciando su clítoris. Ella dejó caer su cabeza de regreso a la alfombra que cubría el piso de madera, arqueando su espalda y apuñalando con sus pezones apretados el aire. Podía sentirse tan mojada que iba a venirse. Todo lo que quería era que él se deslizase dentro de ella.
Una lengua caliente reemplazó su dedo en su clítoris, pero todavía metía sus dedos dentro y fuera de ella. Gabriel gimió y reverberó a través de su cuerpo entero. Él habló mientras sus labios acariciaban su clítoris.
—Sabes tan bien Fate. —Él lavó su clítoris con la punta de su lengua.
—Me estas matando, Gabriel, —respiró ella.
El bromista no le contestó. Quitó los dedos de su coño y pasó su lengua sobre ella, tomando sus labios carnosos en su boca caliente y absorbiéndolos. Su lengua jugó con la entrada de su vagina, luego empujó dentro de ella.
Ella dejó escapar un grito estrangulado y su cuerpo se tensó. El placer se construía, formando una cresta hacia el clímax. Gabriel se detuvo antes de que lo alcanzara y ella le echó una mirada, debajo de su cuerpo, acusadoramente.
—Mejor trae ese pene hacia aquí ahora mismo, Gabriel Letourneau, —chasqueó ella.
Él sonrió abiertamente.
—Paciencia, amor. —Él destejió el cinturón de su bata y lo dejó caer al suelo. Fate bebió de la imagen de su cuerpo delicioso, desnudo. Él permaneció de pie mirando hacia ella y acariciando su pene con una mano. La vista la hizo dejar de respirar anticipadamente.
Él se arrodilló y colocó su eje contra su pasaje. La cabeza suave, redondeada y deseable empujó en ella, tanteándola. Él lo deslizó sobre su coño hasta que se rozó contra su clítoris. Ella lloriqueó.
—No más juegos, Gabriel. Ven dentro de mí.
Él movió su eje contra ella, pero no se resbaló adentro.
—Todavía no. Te quiero llorando, implorando que te tome. Es una tortura para mí, también. Quiero deslizarme dentro de ti y empujar hasta que te vengas por mí.
—Oh, —ella gimió. —Quiero eso también. Hagamos eso en lugar de jugar.
Él se rió ahogadamente.
—Dime otra vez que me amas.
Ella levantó su cabeza.
—¿Qué? ¿Estás sobornándome con la promesa de un orgasmo otra vez?
Él inclinó la cabeza.
—Sip.
—Eres malo. ¡El diablo!
—Así me lo has dicho.—Él la ayudó a sentarse y tenderse sobre su estómago. —Levanta ese bonito culo en el aire, amor, —murmuró él en su oreja.
Ella levantó sus caderas, sintiéndose expuesta y muy caliente. Él acarició su sexo hasta que ella ronroneó, luego zambulló dos dedos en su coño desde atrás, tomándola duro y profundo repetidas veces. Ella se quedó sin aliento y luego gimió. Sus dedos se hundieron en la alfombra cuando un clímax largo, duro coqueteó con su organismo.
Gabriel se detuvo.
Ella dejó escapar un quejido de frustración, hizo un puño y perforó la alfombra.
—Gabriel!
Su clítoris latió y pulsó. Ella volteó su cabeza para verle vigilándola con ojos oscuros. Ella contoneó su trasero hacia él, esperando seducirle.
—Gabriel, vamos, cariño. ¿No quieres venir dentro de mí, llevarnos a ambos al éxtasis?
—Dime otra vez que me amas, —él habló con voz áspera. —Déjame oír las palabras otra vez.

—Gabriel, te amo. Te amo tanto que no lo puedo aguantar algunas veces, —gimió ella. —Te amo tanto que me asusta muchísimo. Te amo tanto, nunca te dejaré.
—Eso es lo que quería oír, nena.
Él se arrodilló e introdujo dos dedos en su coño otra vez desde atrás. No la empujó, pero dejó sus dedos estirarla y rellenarla. Ella esparció sus piernas para darle opción de frotar su clítoris con su otra mano.
—Ah, sí, — suspiró ella. —Sí. Eso es tan bueno, Gabriel.
Él empezó a empujar dentro y fuera. Al mismo tiempo, tomó su clítoris entre dos dedos y lo frotó de acá para allá.
—Mmm, te ves tan bonita con tus piernas abiertas así, amor. —Él gimió. —Te quiero tanto. No puedo esperar hasta que pueda deslizar mi pene en su cuerpo dulce, caliente.
Su clímax llegó duro y rápido, haciéndola gritar.
—Sí. Eso es eso, —Gabriel habló con voz áspera. —Déjate ir. Oui, ma cheri.
Los músculos de su coño se apretaban con fuerza y se soltaban alrededor de sus anchos dedos. Los espasmos que recorrían su cuerpo hicieron que su vista se volviera negra y casi se desmayó por la fuerza de su clímax.
Ella sufrió un colapso en el suelo, aún, sus piernas todavía abiertas. Gabriel acarició su coño empapado.
—No puedo creer cuán excitadas estás cuando te vienes. —Su voz sonó tensa con necesidad.
Ella se giró y sonrió abiertamente hacia él.
—Vamos, Gabriel. Pienso que es muy excitante cuando te vienes, también. —Ella abrió sus muslos.
Con un gruñido, él la montó. En una oleada suave, dura, él se enfundó a sí mismo dentro de ella por completo.
Fate cerró sus ojos y disfrutó la sensación de él dentro de ella, el conocimiento que en este momento, eran verdaderamente uno.
—Ah, sí, cariño, —ella jadeó cuando él estableció un ritmo lento, fácil. Su pene se deslizó fácilmente dentro y fuera de ella, ayudado por la crema su cuerpo había hecho para él.
Su cabeza cayó con un gemido cuando él aceleró el paso. Ella empujó sus caderas contra él, haciendo juego con sus empujes y queriendo más. Fate se vino otra vez. Ella alzó la voz cuando los espasmos la destrozaron, atormentándola una segunda vez. Los músculos de su canal ondearon alrededor de su pene, haciendo lanzar a Gabriel hacia atrás su cabeza y gemir, pero no redujo la velocidad. El largo grueso, acanalado de él pistoneaba dentro y fuera, intensificando su clímax.
En los finales de su segundo orgasmo se vino por tercera vez, tan duro e intenso como los dos últimos. Su pene frotó su sensible punto G profundamente dentro, justamente en el lugar correcto para volverla loca. Con cada empuje él acariciaba el pequeño manojo de nervios exactamente en el lugar. Su cuarto clímax la golpeó duro. Ella tragó una respiración y la expulsó en un grito. Los músculos de sus paredes ordeñaron su pene.
Gabriel dijo su nombre y le sintió disparar duramente dentro de ella.
Cayeron, jadeando en mitad de la entrada, sus batas de baño enmarañadas alrededor de sus cuerpos.
—Ah, Dios mío, —Fate gimió.
—Ah, Dios mío, —Gabriel estuvo de acuerdo, refunfuñando en su cuello. Él se empujó a sí mismo hacia el lado y la acercó.
—Te amo, Gabriel. Para bien o para mal, en la riqueza y en la pobreza, en el miedo y todo lo demás, por tanto tiempo como vivamos, —declaró ella entre respiraciones pesadas.
Él levantó su cabeza y arqueó una ceja.
—¿Es eso sólo porque puedo traerte cuatro orgasmos consecutivos en el suelo de la entrada?
Ella hizo una pausa antes de contestar.
—Bueno, eso probablemente ayuda, —ella contestó finalmente.
Él la acercó más.
—Descarada.
Ella le besó.
—No, Gabriel. No es por eso, aunque es una gratificación asombrosa. Especialmente por esa cosa de ser inmortal, la eternidad, lo cuál significa que obtengo orgasmos múltiples, es decir, por siempre. Pero, no, no es por eso. Creo que te amé desde el principio, solamente me opuse a ello.
Él besó su nariz.
—¿Y no estás peleando más ya?
—No.
Él la rodó bajo él.
—¿Quieres ver si puedo sobrepasar cuatro seguidos?
Ella se rió.
—Definitivamente.

FIN

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