Black and Blood


 
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 Generation Dead - Daniel Waters

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MensajeTema: Re: Generation Dead - Daniel Waters   Dom Mar 07, 2010 9:57 pm

si lo se
jejeje
ando con la lap
ahora pero no es lo mismo
pues ya veo el porque de que no me enviaran mp XD
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MensajeTema: Re: Generation Dead - Daniel Waters   Dom Mar 07, 2010 10:18 pm

^^ ya le mandé un mp a Dana, le dije que si le parece bien que le pase los caps siguientes a los que tradujo y así puede centrarse en otros proyectos.
ahora a esperar a ver que dice^^

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MensajeTema: Re: Generation Dead - Daniel Waters   Dom Mar 07, 2010 10:19 pm

okiss
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MensajeTema: Re: Generation Dead - Daniel Waters   Dom Mar 14, 2010 8:44 pm

jajaja

ola chicas como estan?
justo yo estaba leyendo este libro en el foro de dana, y si dana es la adm, y creo que hizo un chongo porque en el foro de ale tambn lo traducen u_u
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MensajeTema: Re: Generation Dead - Daniel Waters   Lun Mar 15, 2010 12:17 am

hola wapa! ya hablé con Dana, y ya quedamos que para la traducción y transcribiremos el libro cuando lo compre ^^

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MensajeTema: Re: Generation Dead - Daniel Waters   Lun Mar 15, 2010 5:55 pm

No se que sera chongo :S

Pero clarita, lo que apso en el foro ese fue pq me plagiaron los capis de another faust los copiaron y publicaron cambiando los creditos Very Happy

Saludos
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MensajeTema: Re: Generation Dead - Daniel Waters   Lun Mar 15, 2010 9:05 pm

okissssss
que buena noticia
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MensajeTema: Re: Generation Dead - Daniel Waters   Mar Mar 16, 2010 4:02 am

jajaja

lose linda, sorry u_u

chongo significa algo asi como escandalo, xD, no exactamente eso pero anda por ahi...

y pues si linda, comprendo totalmente eso, hay gente que no le importa el esfuerzo y dedicacion de otros y hacen lo que se les da la gana...

pero que le haremos?
bueno bueno, me voy por ahi :P
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MensajeTema: Re: Generation Dead - Daniel Waters   Vie Mar 26, 2010 10:47 pm

CHICAS!!!!!!

ya tengo el libros en mis manos :youpi:

Dana, como hacemos el reparto, yo voy a escanear por caps. así repartimos entre las que seamos

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MensajeTema: Re: Generation Dead - Daniel Waters   Vie Mar 26, 2010 11:27 pm

yap escanea del 26 al 31
y los repartimos cuando los tengas

hay otro foro mas colaborando, no se con que capis van escaneando por eso estamos entre esos ultimos... vale?
me envias la lista de las chicas que transcriban, me ofrezco a transcribir un cpai ;).... cuando tenga mas info de k otros capis estan actualmente transcribiendo te aviso para abarcar mas ;)...

Saludos
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MensajeTema: Re: Generation Dead - Daniel Waters   Sáb Mar 27, 2010 2:37 am

gemmma me apuntas aunque porfis los ultimos 3 capis jejeje si se puede
y si puedes me lo envias a mi correo gracias
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MensajeTema: Re: Generation Dead - Daniel Waters   Sáb Mar 27, 2010 4:54 am

Gemma dame tu correo para enviarte los capis k llevamos....
y te envio la lista para que estes al tanto de los capis que tenemos libres y cuales no

Saludos
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MensajeTema: Re: Generation Dead - Daniel Waters   Sáb Mar 27, 2010 12:26 pm

mi correo:

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^^ que bien, en nada lo tenemos terminado.


shuk, a ti te envio los últimos Very Happy

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MensajeTema: Re: Generation Dead - Daniel Waters   Sáb Mar 27, 2010 4:55 pm

Ya tienes el libro????

Q BIENNNN!!!!

Q ganas de comenzar!!

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MensajeTema: Re: Generation Dead - Daniel Waters   Dom Mar 28, 2010 3:19 am

Ya gemma ya te envie el correo con los capis y la lista de los capis de quien los tradujo a transcribio y quienes son las encargadas de transcribir,

Estamos en contacto

Saludos
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MensajeTema: Re: Generation Dead - Daniel Waters   Dom Mar 28, 2010 5:23 am

Aki les dejo la lista de capisssss

Saludooooos


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1 Dana Terminado Publicado
2 Dana Terminado Publicado
3 Krixz Terminado Publicado
4 Karri Terminado Publicado
5 Krixz Terminado Publicado
6 GothicSegu Terminado Publicado
7 Dana Terminado Publicado
8 Dana - Trasncrito Terminado Publicado
9 Dana - transcrito Terminado Publicado
10 Dana- transcrito Terminado Publicado
11 Dianis - transcripcion
12 Dana Terminado
13 Dianis - transcripcion
14 Dana Terminado
15 Emily
16 Emily
17 Dana Terminado
18 Dana
19 Dara
20 Dara
21
22 Dianis
23 Dianis
24 Emily
25 Emily
26
27
28
29 Shuk hing
30 Shuk hing
31 Shuk Hing
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MensajeTema: Re: Generation Dead - Daniel Waters   Dom Mar 28, 2010 1:43 pm

GRACIAS DANA!! :amo:

si te parece bien, he terminado de completar la lista, así ya está todo repartido y nos ponemos a ello


1 Dana Terminado Publicado
2 Dana Terminado Publicado
3 Krixz Terminado Publicado
4 Karri Terminado Publicado
5 Krixz Terminado Publicado
6 GothicSegu Terminado Publicado
7 Dana Terminado Publicado
8 Dana - Trasncrito Terminado Publicado
9 Dana - transcrito Terminado Publicado
10 Dana- transcrito Terminado Publicado
11 Dianis - transcripcion Terminado Publicado
12 Dana Terminado Publicado
13 Dianis - transcripcion Publicado
14 Dana Terminado Publicado
15 Emily
16 Emily
17 Dana Terminado
18 Dana
19 Dara
20 Dara
21 Gemma - transcrito Terminado
22 Dianis
23 Dianis
24 Emily
25 Emily
26 Gemma - transcrito Terminado
27 Virtxu
28 Gemma
29 Shuk hing - transcrito Terminado
30 Shuk hing - transcrito Terminado
31 Shuk Hing - transcrito Terminado

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Última edición por Gemma el Sáb Abr 03, 2010 12:08 am, editado 5 veces
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MensajeTema: Re: Generation Dead - Daniel Waters   Dom Mar 28, 2010 10:23 pm

Capitulo 1
PHOEBE Y SUS AMIGOS contuvieron el aliento cuando la chica muerta vestida con falda de cuadros pasó junto a su mesa en el comedor. Su movimiento levantaba una brisa fresca que parecía asentarse sobre la piel y quedar atrapada en el aire. Mientras ella pasaba, Phoebe casi podía adivinar lo que todos pensaban. Todos, excepto la chica muerta.
Al otro lado de ella, Margi negó con su cabeza, sus aretes de plata en forma de lágrima bailaban entre las brillantes puntas rosas de su cabello. “Ni siquiera yo uso faldas tan cortas”, dijo ella antes de beber su leche.
“Gracias a Dios por eso”, dijo Adam desde dos asientos más allá.
Phoebe arriesgó mirar de nuevo a la chica y sus largas piernas azuladas. Las luces fluorescentes eran amables con los muertos, los hacía verse como si hubiesen sido tallados desde bloques de mármol blanco. La chica fue a la mesa más lejana y se sentó sola, sin comida, del modo en que los muertos siempre hacían durante el almuerzo.
A veces Phoebe solía bromear que poseía poderes psíquicos. No los útiles como ser capaz de decir cuando un niño se caía a un pozo o algo por el estilo; era más como ser capaz para prever lo que su madre preparaba para la cena o cuantos brazaletes Margi iba a usar en sus brazos ese día. Ella pensaba que sus “poderes”, si eso era lo que eran, eran más telepatéticos que telepáticos.
Phoebe supo tan pronto en cuanto vio a la chica muerta en la pequeña falda conseguiría que Margi pasara por un montón de temas relacionados con zombies, ninguno de los cuales realmente quisiera discutir.
“Escuché que se le cayó un ojo a Tommy Williams en el aula”, dijo Margi, en el momento preciso. “Escuché que estornudó o algo por el estilo, y se salió, paf, sobre su escritorio”.
Phoebe tragó y envolvió su sándwich de huevo en papel de cera .
“Los Zombies no estornudan”, dijo Adam dando un bocado a una albóndiga. “Los Zombies no respiran, así que no pueden estornudar”.
Las chicas agacharon sus cabezas y miraron alrededor para ver quien estaba lo suficientemente cerca para oír la retumbante voz de Adam. Zombie era una palabra que ya no se podía decir en público, incluso si eras el jugador principal en el equipo de futbol.
El aire siseó entre los dientes de Margi. “Se supone que no debes decirles zombies, Adam”.
Él se encogió con sus enormes hombros. “Zombies, cabezas muertas, cadáveres congelados. Cual es la diferencia? No les interesa. No tienen sentimientos como para que se sientan lastimados”.
Phoebe se preguntaba si Tommy Williams y la chica de la falda de cuadros escoceses realmente no tenían sentimientos. Los científicos no estaban claros todavía en ese punto.
Ella intentó imaginar como se sentiría perdiendo un ojo, especialmente perderlo en público. Y en el aula, ni más ni menos.
“Puedes ser expulsado por decir cosas como esas, Adam”, decía Margi . “Sabes que se supone que debes llamarlos discapacitados vitales”.
Adam resopló, con su boca llena de leche. Hace diez años un estornudo de leche hubiese sido el colmo de lo grotesco en Oakvale High. Hoy es algo más o menos pobre al lado de perder un ojo en el aula.
“Discapacitados vitales”, comentó Adam después de recuperarse. “Creo que ustedes son unas vivas desvalidas. Ellos solo están muertos”.
Él se puso de pie, con su enorme cuerpo proyectando una larga sombra sobre sus almuerzos sin comer, y llevó su bandeja vacía al contenedor donde se llevaba los platos y la basura. Phoebe solo miraba su hermoso sándwich de huevo y deseaba tener deseos para comerlo.

El casillero de Phoebe se abría en el tercer intento. Ella creía que su incapacidad para recordar una combinación de tres dígitos no era buena señal para su impedimento en la clase de álgebra, la cual siempre era justo después de almuerzo. Su estómago sonaba, e intentaba decirse a si misma que las punzadas de hambre le darían a su mente concentración, como un lince en invierno entre exitosas cacerías.
Si seguro, pensó.
Tommy Williams estaba en su clase de álgebra.
La puerta de su casillero tembló con un sonido de vibración metálica. Adentro había fotografías de bandas como los Creeps, los Killdeaths, Seraphim Shade, los Rosedales, Slipknot, y los Misfits; bandas que vestían como los muertos vivientes antes de que cualquier muerto viviese. Había fotografías de ella, Margi, y Colette en momentos felices, todas góticas vestidas de negro, delineador, y botas afuera del Cineplex en Winford, en primera fila listas para la Premier de alguna importantísima película de terror que ni siquiera podía recordar. Phoebe, la más alta, estaba en el medio, su cabello negro largo escondía un lado de su rostro naturalmente pálido, y sus ojos visiblemente cerrados mientras se reía de cualquier comentario vulgar que Margi dijo. Colette tenía sus ojos como una princesa egipcia, con una gruesa línea de maquillaje en cada esquina. Colette y Margi también estaban riendo.
También había una fotografía de su perro, Gargoyle. Gar era un Terrier galés y ni la mitad de temible como lo sugería su nombre.
Un espejo estaba en la puerta contraria al estante donde estaba el libro de álgebra de Phoebe. En sus labios había un reflejo de un corrido lápiz labial violeta. Su largo cabello, normalmente negro azabache, brillante, en punta, y despeinado, ahora solo se veía apagado, plano y sucio.
Pensó que se veía aterradora.
El lápiz labial corrido era él único error que parecía tener remedio, así que se lo quitó antes de ir hacia la clase de la Sra. Rodriguez al final del pasillo. Ella llegó al mismo tiempo que Tommy Williams, cuyos ojos, estaba aliviada de ver, aún estaban sujetos dentro de sus órbitas. Él la observó con una mirada en blanco característica de los discapacitados vitales.
Phoebe sintió como un frío hormigueo bailaba entre su columna. La mirada era sin fondo. La hizo pensar que podía caer para siempre en esos ojos, o que él podía ver entre ellos hasta lo profundo de su corazón. Podía ver si ella se preguntaba si su ojo se le había salido en el aula?.
Tomy hizo un movimiento para que ella entrara primero al salón.
Ella mantuvo su respiración mientras él estiraba su brazo, dándose cuenta que otra de sus funciones vitales había cesado, concretamente sus latidos. Le sonrió. Fue un reflejo; la cortesía no era muy común en los pasillos de Oakvale High. Entró al salón, y mientras lo hacía, estaba casi segura que Tommy estaba intentando sonreírle. Acaso no había una débil curva de labios en una esquina de su boca, o fue el breve destello de luz en el plano de sus ojos no muertos?.
Ella tomó asiento, respirando nuevamente, su corazón latía nuevamente. No solo latía sino que latía rápido.
Ella no sabía mucho sobre Tommy Williams. Sabía que llegó a Oakvale High el pasado Mayo, solo unas semanas antes que la escuela lo revelara. Oakvale estaba comenzando a tener una reputación por tener un buen programa para discapacitados vitales, lo suficientemente bueno para que las familias con hijos discapacitados vitales se mudaran a Oakvale desde las áreas circundantes. El padre de Phoebe mostró un artículo en el Boletín Winford que decía que la población de discapacitados vitales en Oakvale High se había duplicado en un año. Al menos había siete de ellos en su clase de aproximadamente ciento veinte.
Álgebra no era un tema con el que Phoebe tuviera dificultad; usualmente completaba las tareas al día siguiente mientras la Sra. Rodriguez comenzaba a investigar respuestas entre sus lentos y agobiados compañeros de clase. Álgebra era una clase que ella podía entrar y salir al son de la música desde un auto que pasaba que entraba por una ventana abierta del aula.
Se preguntaba como había muerto Tommy Williams.
Ella miró la parte de atrás de su cabeza, a su cabello rubio canoso, y sus pensamientos vagaron, otra vez, hasta el tema de la muerte. Comenzaban con lo prosaico – los discapacitados vitales necesitaban cortarse el cabello? (Respuesta: Si. Tanto el cabello como las uñas pueden crecer durante la vida como desvalido). Y continuando con lo filosóficamente complejo – Como es estar muerto? Como es ser un vivo desvalido?.
Esas preguntas preocupaban a Phoebe cuando era más pequeña, mucho antes de que el mundo escuchara sobre los discapacitados vitales. Ella miró por la ventana e intentó pensar en el tiempo antes de que los adolescentes muertos comenzaran a levantarse desde las camillas de la morgue y los lechos de enfermos. Eso no había sucedido hace tanto tiempo; ella tenía catorce cuando vio el primer material de un zombie – de una persona viva desvalida – sentada rígidamente entre sus padres en un programa de entrevistas en CNN. Sus padres siempre la hacían salir de la habitación cuando salía el video de Dallas Jones. Ese video era el filme Zapruder de su generación, como lo mostraba Dallas, el zombie original, moría y volvía a la “vida”.
Un perro arrastraba una correa rota corriendo por el campo de enfrente de la ventana del salón de clases, y Phoebe se preguntaba por qué los discapacitados vitales parecía ser un fenómeno exclusivo para adolescentes. Específicamente, adolescentes americanos. Los perros no resucitaban. Tampoco los monos, o peces, o adultos, o niños. Aparentemente, por alguna razón tampoco lo hacían los adolescentes en Uzbekistán, Burkina Faso, Suecia, o Papúa Nueva Guinea. Pero chicos de Oklahoma, Rockaway Beach, La Gran Manzana, Arkansas, o The Big Easy, todos corrían al menos con una oportunidad de acabar como un vivo desvalido, en la medida en que ellos murieran durante la delicada edad adolescente. La teoría más nueva sobre la Formula Frankestein era que una mezcla segura de hormonas adolescentes y conservantes de comida rápida establecían las condiciones apropiadas para vivir como desvalido. La comunidad médica aún estaba probando la teoría, teniendo que dejar de lado de mala gana fluorocarbonos y renovación de patrones cerebrales por una vida de juegos de acción en primera persona.
Afuera, el perro levantó una pata posterior sobre un portabicicletas donde un número de bicicletas estaba encadenadas. Los muertos iban al baño? Ellos no comían o bebían, así que la respuesta pareciera ser que no.
Entonces la Sra. Rodriguez hizo algo extraño, lo suficientemente extraño como para interrumpir la serie de pensamientos de Phoebe. Ella llamó a Tommy para resolver un problema aunque su mano pálida no estaba alzada.
Tommy alzó su mirada de los papeles. Hubo una pausa que chupó el aire del salón; siempre había una pausa como esa cuando llamaban a los muertos.
Los muertos podían pensar, y podían comunicarse. Podían razonar, y de vez en cuando, uno incluso podía iniciar una conversación. Pero lo hacían muy, muy lento… una pregunta, incluso una tan simple como la de la Sra. Rodriguez, podría tomarle a un vivo desvalido diez minutos para procesar, y otros cinco para responder.
Phoebe intentó calcular secretamente la reacción de su compañero de clases. Algunos de pronto se quedaron absortos en sus libros de texto, haciendo cualquier cosa para evadir la realidad – o lo irrealidad – que los chicos muertos representaban. Otros, como Pete Martinsburg, quien tomaba Álgebra Uno por segunda vez y quien normalmente solo estaba interesado en fútbol y chicas, estaba concentrado. Pete estaba mirando a Tommy con la misma expresión de frenético regocijo que usó cuando la semana pasada le hizo una zancadilla a Norm Lathrop y lo envió a un cubo de basura en el comedor.
“Ciento setenta y cuatro”, dijo Tommy, en voz alta y sin inflexión. Nadie que escuchara su voz podía decir si pensaban que la respuesta de Tommy estaba correcta o no, así que la mayoría de la clase miró a la Sra. Rodriguez por su reacción.
Ella se vio satisfecha. “Eso es correcto, Thomas”.
Phoebe notó que siempre ella llamaba a los discapacitados vitales por sus nombres formales. No era algo que ella hacía con los chicos “normales”. Pete Martinsburg era solo “Pete” cuando ella decía su nombre, lo cual era a menudo, y usualmente para reprimirlo. Phoebe estaba secretamente encantada al ver la bofetada en la mirada con malicia de Pete.
La Sra. Rodriguez continuó con la clase como si no fuera gran cosa hacer responder a un chico muerto. En general, el resto de la clase reaccionó del mismo modo.
Pero Phoebe notó que Tommy no volvió a mirar sus papeles. Su cabeza permaneció en alto el resto de la clase.

***

Margi estaba esperándola en la puerta después de la clase de álgebra.
“Como es que llegaste tan rápido?”, preguntó Phoebe. Margi tomó su brazo y la llevó a un lado.
“Shhh. Dominé el arte de la bilocación; en realidad ahora me estoy dirigiendo a nuestra clase de Inglés”.
Phoebe se rió. “Yo también. Vamos”.
“Espera”, dijo Margi. “quiero ver a ese chico vivo desvalido por un minuto”.
“Quienquiera que te haya contado sobre el asunto del ojo estaba tomándote el pelo. Aún tiene los dos”, susurró Phoebe, y luego Tommy salió del salón, el último en marcharse.
“Tengo algo aún más grande. Escuché que se inscribió para las pruebas de fútbol. Se supone que debe comenzar a practicar mañana”.
Phoebe miró a su amiga, preguntándose como era que siempre Margi sabía lo que sucedía con los chicos muertos.
“No me mires así, Pheebes. Escuché al entrenador Konrathy discutiendo con la directora Kim. Él no iba a dejar que el chico muerto lo intentara, pero Kim lo obligó”.
“De verdad?”.
“De verdad. Puedes creerlo? Jugar con un chico muerto-viviente? Tener que ducharse con uno de ellos? Brrrr”.
Los muertos tenían que ducharse? Ellos no eran cadáveres descompuestos como los de las películas, y tampoco sudaban. Phoebe no pensó que olieran a algo; al menos ellos no olían como algo muerto.
“Él se ve como si pudiera jugar”, dijo Phoebe, observándolo caminar lentamente por el pasillo.
“A qué te refieres?”.
“Bueno, tiene la complexión para eso”.
“Phoebe”, dijo Margi, haciendo una mueca. “Puaj”.
“Él es. De verdad él es, ya sabes, algo apuesto”.
“Si, si no estuviera, como, muerto”, dijo Margi. “Doble puaj. Vamos, tenemos que llegar a clase”.
“Qué hay con lo de bilocación?”.
“No puedo hacerlo cuando alguien me está haciendo un montón de preguntas. Vamos”.


Phoebe hizo una parada después del timbre final antes salir hacia el autobús. Adam estaba amontonando libros metódicamente en su casillero, levantando la mitad del montón con una enorme mano.
“Hola”, dijo ella, “escuché que un cadáver congelado se va a meter a tu preciado equipo de fútbol”.
“Si?”, dijo él, sin apartar los ojos de su tarea. “Lo que sea. Siempre y cuando pueda jugar”.
Phoebe sonrió. Pensó que era linda la forma en la que Adam intentaba ser brusco con ella. Se preguntaba si él sabía que lo estaba siendo.
“Escucha”, dijo ella, “Estarías dispuesto a darme un aventón a mi casa mañana? Quiero quedarme y hacer unas tareas en la biblioteca”.
“Claro, siempre y cuando puedas esperar hasta que termine la práctica”, dijo él, cerrando su casillero. “Y siempre y cuando el PDT no me quite mis privilegios de manejar”.
PDT era una expresión de cariño de Adam para su padrastro, con quien congenió así como lo hizo con la línea defensiva de la Academia Winford.
“Genial”, dijo ella. “Nos vemos. Tengo que alcanzar el autobus”.
Adam asintió. Si realmente él tenía alguna opinión, sobre jugar fútbol con el vivo desvalido, de una u otra forma no lo demostró. Adam había madurado un montón durante el verano. Quizás era por el karate.
“Daffy viene?”.
Phoebe se rió. Adam era más maduro con todos menos con Daffy, el apodo que le dio a Margi. “No lo creo”.
“De acuerdo. Nos vemos”.
“Adiós”. Ella lo observó marcharse. Conocía a Adam desde que se mudó a la casa contigua a la de él hace un par de años, pero ahora estaba diferente – en el modo en el que caminaba, en el modo en que hablaba, en el modo en que su rostro había adelgazado para revelar una fuerte y angular mandíbula. Su parte superior, siempre grande, se había ampliado en una ancha V desde su angosta cintura. Phoebe sonreía para si misma. Si era por el karate, era algo bueno.
Ella casi pierde el autobús. Colette ya estaba sentada sola y mirando por el parabrisas. Phoebe la vio, y la conocida punzada de tristeza y vergüenza brotó dentro de su pecho.
Ella había crecido con Colette Beauvoir, al menos hasta que Colette dejó de crecer cuando se ahogó en el Lago Oxoboxo el verano anterior. Colette tendría quince para siempre, y no era la misma quinceañera que solía ser. Phoebe intentó hablar con ella – una vez – pero la experiencia había sido demasiado perturbadora por lo que jamás lo volvió a intentar. Eso fue hace meses. Margi era aún peor; ella se levantaría de su asiento y se marcharía si Colette entraba en la sala. Tan habladora que era Margi, que ni siquiera soportaba discutir lo que le sucedió a Colette.
La muerta siempre se sentaba sola. La escuela los dejaba marcharse cinco minutos antes así tendrían tiempo para irse caminando a los autobuses. Cada día de escuela desde que Colette murió, Phoebe se cruzaba por su lado y la veía ahí sentada sola y se preguntaba si ella recordaba la diversión que solían tener escuchando los discos de Cure y Dead Kennedys del hermano mayor de Colette en el sótano.
“Colette”. Fue la primera palabra que Phoebe le había dicho desde la fallida conversación. El recuerdo de sus lágrimas aún se sentía frescas en la mente de Phoebe.
Colette se volteó, y Phoebe le gustó pensar que fue por el sonido de su nombre y no solo el sonido que causó que se volteara.
Ella contempló a Phoebe con una mirada en blanco. Phoebe consideró meterse en el asiento al lado de la chica muerta. Su boca se abrió para decir – qué? Cuanto lo lamentaba? Cuanto la extrañaba?.
Ella perdió los nervios y se movió hacia la parte posterior del autobús, donde estaba Margi, las palabras que sean que esperaba decir se quedaron en su garganta. La cabeza de Colette se volteó lentamente, como una puerta con bisagra oxidada.
Margi estaba absorta en su iPod, o al menos eso fingía. Colette era como una mancha oscura en el sol para Margi; nunca habló sobre ella o incluso tuvo conocimiento que existía.
“Escuchaste que el bajista de Grave Mistaken murió?”, dijo ella. “Ataque cardiaco después de una sobredosis de heroína”.
“Oh?”, dijo Phoebe, secando su ojo. “Crees que vuelva a la vida?”.
Margi negó con la cabeza. “Creo que es demasiado viejo, como veintidós o veintitrés”.
“Qué mala suerte”, dijo Phoebe. “Supongo que sabremos en un par de días”.
Tommy Williams fue el último en subir al autobús. Había muchos asientos vacíos.
Tommy se detuvo en el asiento de Colette. La miró, y luego se sentó a su lado.
Eso es raro, pensó Phoebe. Ella iba a decírselo a Margi, pero Margi estaba metida en su iPod e intentando con furia no notar nada sobre su amiga muerta.

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MensajeTema: Re: Generation Dead - Daniel Waters   Dom Mar 28, 2010 10:25 pm

Capítulo 2

PETE MARTINSBURG DISFRUTABA el sutil silencio que se asentaba en los vestidores cuando él y TC Stavis entraron. Le gustaba la forma en que Denny McKenzie, su lindo mariscal senior, se apartaba para dejar que Pete pasara cuando se aproximaba. Le gustaba la forma en que los chicos nuevos lo miraban cuando miró en sus direcciones.
Como Alfa actual, sabía que no había mejor lugar para reafirmar su posición como los vestidores antes de la práctica de fútbol.
“Qué mal chico!”, dijo Pete, haciendo un enorme espectáculo golpeando sus manos en la espalda de Adam mientras Adam se ataba los cordones. Adam era el chico más grande en el equipo, con unas cuantas pulgadas y masa muscular incluso mayor a la de Stavis, entonces una demostración de fuerza con él era una buena forma de mostrarles a todos lo que significaba la jerarquía en el equipo. “Cuál es la recomendación?”.
Él sintió tensos los largos hombros del chico mientras Adam se encogía de hombros. “Lo mismo de siempre. Qué hay de ti?”.
“Lo mismo, caliente como el infierno”, dijo Pete. “Vas a ligarme con esa chica loca con la que pasas el rato, o qué? Morticia Pantynegras?”.
“No”.
Pete se rió. “Una noche conmigo y volverá a usar colores brillantes”.
“No prosperarías”.
“Oh, entonces estás admitiendo que ahora son amigos?”.
Adam no respondió, y Pete disfrutaba el rubor que apareció en las orejas y cuello del chico. Todo se trataba de encontrar los puntos débiles.
“Quién es Morticia Pantynegras?”, preguntó Stavis. “Estás hablando de la profesora nueva de arte?”.
“No, idiota. Phoebe algo, una de esas chicas góticas. A nuestro lamentable chico le gustan pálidas y de miedo”.
Stavis frunció el ceño, Pete sabía que significaba que se estaba concentrando. “Es la chica flaca de cabello negro largo, como una chica China, o la pequeña con grandes pechos y demasiada joyería?”.
“La primera”, dijo Pete, disfrutando que la conversación hiciera ver a Adam como si hubiese mordido un sándwich de ají. “Por qué? Estás interesado?”.
“Seguro estoy interesado. Me atraen las botas, y ella usa esas con tacón todo el tiempo. Y vestidos. Rayos, aprovecha a la pequeña también. Dos por uno”.
La mirada que Adam le dio a Stavis silenciaría a los demás en el vestidor, pero Stavis era demasiado bobo y demasiado grande para notarlo o importarle.
Pete le dio un puñetazo a Adam en el hombro. “Tranquilo, grandote”, dijo.
“Ustedes son muy graciosos”, dijo Adam. “Un alboroto”.
Pete sonrió. “No crees que todo el asunto gótico de hoy realmente tuvo bastante sentido? O sea, por qué caminarías fingiendo estar muerto cuando puedes estar muerto y caminar?”.
“Es más que eso”, dijo Adam.
“Si? Como qué?”.
“No lo sé. Música. La apariencia, lo que sea”.
“La apariencia, ah?”, dijo Pete. “La apariencia apesta. Ella debería conseguir algo de color en sus mejillas y comenzar a vestirse como una chica normal. Se ve como una extraña hamburguesa de lombrices, sabes? Uno de esos zombies”.
“Entonces supongo que no malgastarías tu tiempo en ella”, dijo Adam.
“Lo opuesto, chico. Quiero convertirla antes que sea demasiado tarde. Por otro lado”, dijo, sonriéndole a Adam, “tú y yo sabemos que es virgen”.
Pete se rió y se sentó a su lado, y desde la esquina de su visión vio que el renacuajo de Thornton Harrowwood estaba observándolos. El chico no había jugado el primer y segundo año.
“En qué te puedo ayudar?” le dijo Pete, sonando de todo menos servicial. El chico dio temeroso movimiento con su enmarañada cabeza y miró hacia otro lado. Pete se rió entre dientes y se volteó a Adam.
“Saliste este verano, chico débil ?” Pete sabía que algo había cambiado durante el verano entre él y el chico débil, pero no tenía idea lo que era. Él, chico débil y TC habían sido amigos, el Equipo del Dolor, durante toda la secundaria, y ahora apenas tenían una conversación desde que comenzaron nuevamente con las prácticas de fútbol.
“Un poco. Tomé clases de karate”.
“Se nota, se nota. Es como si te hubiesen caído unas cuantas libras y un poco más de forma”.
Adam asintió. “Gracias. Quieres dormir conmigo?”.
Pete se rió y se quitó su ajustada camisa. También trabajó en su cuerpo durante el verano, y los resultados se mostraban en la definición entre su pecho y abdomen, y las líneas se hundían por el intenso bronceado que había cultivado. Apretó los músculos de sus brazos en caso de que cualquiera de los aspirantes estuviera mirando.
“Lo haría, pero aún estoy adolorido por el verano”.
Dobló su camisa y luego la dobló otra vez ya que el pimer doblez no se veía bien.
“No quieres escuchar lo que hice?”.
“Seguro”, dijo Adam, suspirando. “Qué hiciste este verano? Fuiste a visitar a tu padre otra vez?”.
“Si. Estuve en Cali todo el verano, pillando chicas universitarias en la playa”.
“Suena genial”, decía Adam, bostezando.
“Si, lo fue”, dijo Pete, intentando ignorar su desinterés. “Era como un abastecimiento sin fin. Bebiendo, en fiestas, y sexo, sexo, sexo. Hablando de un verano sin fin”.
“Guau”.
Adam no vio su ceño fruncido, porque aparentemente sus zapatillas eran más interesantes que las historias de Pete. Eso molestaba a Pete, ya que esta vez las historias eran ciertas. Al menos, parcialmente ciertas.
Las chicas universitarias habían sido bastantes y amistosas con él este verano. Pero Pete dejó un detalle fuera de sus repetitivas historias; la nueva novia de su padre, Cammy – una chica universitaria. Lo que sea. El silencio de Adam estaba comenzando a frustrarlo. Le tomó tres intentos para doblar la camisa del modo en que quería.
“Soy yo”, dijo Pete para la habitación, “o esta hediondez del infierno va a estar invadida por chicos muertos este año?”.
“No solo tú”, dijo Stavis. “Hay como quince de ellos este año. Los conté”.
“Bien por ti”, dijo Pete, golpeando a Stavis en la parte carnosa de su hombro. “Mantente a ese nivel y quizás este año pases matemáticas”.
La sonrisa de TC se ladeó sobre su rostro flexible.
“Este año hay más chicos muertos” , dijo Adam, sin miras arriba de sus cordones. “Hubo un artículo en el periódico que decía que esta era una buena escuela para los discapacitados vitales. Algunos de ellos vienen de Winford”.
“Justo lo que necesitamos”, dijo Pete, “un montón de cadáveres andantes. Quizás este lugar realmente es el infierno”.
“Infierno en la tierra”, dijo TC, metiendo sus zapatillas y pantalones al casillero. El chico no tenía remedio, pensó Pete. Un vago con sobrepeso cuya carne colgaba de su cuerpo en forma de barril.
“Chicos muertos están levantándose en todas partes del país”, añadió un chico de segundo año llamado Harris Morgan.
No todos, pensó Pete, dándole una mirada de reojo. Julie jamás regresará.
Harris agarró su mirada y entró en pánico. Harris había estado husmeando a Pete y TC desde que comenzaron a practicar a finales de Agosto, y Pete pensó que estaba buscando unirse al Equipo del Dolor. Él decidió hacerle un favor al chico con una risa y un rápido movimiento de cabeza. Con Chico Débil actuando como un mariquita, no haría daño añadir gente.
“Viste a esa chica muerta?” dijo TC, su ancha barriga colgaba por el frente y costados de sus calzoncillos. “La que llevaba falda?”.
“Si, la vi”, contestó Pete. “Y pienso que podría volverla a la vida, si entienden lo que digo”. TC y Harris soltaron una risa fingida. “Si es que los muertos no me repugnaran tanto”.
Su audiencia, en el momento justo, se quedó en silencio.
“Oye, Adam”, dijo Pete, inclinándose lo suficientemente cerca para que solo Adam pudiera oír, “escuchaste quien está intentando unirse al equipo este año?”.
“Thorny? El chico con el que estás aterrado?”.
“Nah”, dijo Pete. Vio que este año iba a tener que trabajar un poco en Adam. Adam no estaba captando las señales del campo posterior como solía hacerlo. “Alguien más”.
Adam lo miró, esperando. Eso también era algo. Adam solía ser un chico algo nervioso, torpe y desgarbado, incómodo en su propia piel, y ahora tenía confianza en si mismo y aplomo poco común en la mayoría de los chicos de su edad. Pete pensó que Adam se estaba volviendo como él. Le dio a Adam la mejor sonrisa conspiradora, esperando reavivar los antiguos días, como cuando Adam le entregaba una inquebrantable lealtad en lugar de pena.
“Alguien muerto”.
“Oh”, dijo Adam. Dobló su tobillo y decidió que no le gustaba como había quedado atado el cordón izquierdo.
“Oh?”, dijo Pete. “Oh?”, miró a Stavis e hizo la mueca universal de “estoy lidiando con un estúpido”. Stavis sonrió y negó con su cabeza. “Es todo lo que tienes para decir?”.
“Qué se supone que diga, Pete?”.
Pete frunció el ceño, porque ahí estaba otra vez esa actitud.
“No te importa que un chico muerto se una al equipo?”.
“No tengo nada que decir sobre eso”.
Pete tenía un mal carácter, pero era bueno manejándolo, convirtiéndolo en algo útil. Quería golpear al chico, gigante o no. Tiempo atrás, Pete pudo haberlo golpeado y Adam lo habría aguantado. Pero en ese entonces Adam no tenía esa masa muscular, y Pete no estaba seguro si este era buen momento para probar cuan sólido se había vuelto Adam.
“Bueno, el Entrenador si tiene algo que decir. Grave. Lo escuché discutiendo con la Kimchi sobre eso”. Kimchi era su nombre para la Sra. Kim, la adorada directora de Oakvale High.
“De verdad?”.
“Si. Él lo intentó con todo. Que no es justo para los otros chicos, la temporada de práctica ya comenzó, bla bla bla. Ella no lo aceptó”.
“Bien, entonces”, dijo Adam, poniéndose de pie, “supongo que juega”.
Pete se puso de pie con él. “Bien, supongo que conseguiremos algo que decir en eso”.
Adam esperó a que terminara de hablar otra vez.
Pete dobló su mano. “El Entrenador quiere que saquemos a este chico muerto”.
“Dijo eso?”.
“No en tantas palabras”, dijo Pete. “Pero el significado fue bastante claro”.
Adam asintió. “Yo voy a jugar”, dijo.“No voy a apuntarme para algún asesinato”.
“Oh?”, dijo Pete, con una amplia sonrisa en su rostro. “No como el año pasado?”.
Adam lo miró fijo, una mirada de furia quemando a través de su pasiva máscara.
Pete mostró sus dientes. “No como con Gino Manetti?”.
Adam no contestó. Le dio un apretón final a cada cordón y pareció satisfecho con los resultados.
“No creo que podamos pasar el rato este año, Pete”, dijo él.
“Así como así, eh?”.
“Así como así”.
“Dije algo? Estás enojado porque hablé de Pantynegras?”.
“No tiene mucho que ver con las cosas que dices, Pete”, le dijo Adam, “tiene que ver más con lo que eres”.
Pete lo miró y sintió la rabia contraer sus manos en puños.
“Qué soy?”, repitió él. “Quieres explicármelo?”.
Adam recogió su casco del banco y empujó con el hombro a Pete.
Pete le decía pendejo a Adam en voz baja, pero lo dijo lo suficientemente fuerte como para que todos escucharan.
Gino Manetti fue un corredor estrella para los Guerreros de la Academia Windford. En un juego en el cual Manetti había marcado tres anotaciones sobre el Badger, Adam puso fin a su temporada – y a su carrera – con un último e ilegal golpe a su rodilla.
El Entrenador Konrathy había ordenado el golpe.
No en muchas palabras, pensó Pete, sacándose sus pantalones. Pero el significado fue claro. Él y Stavis habían pretendido lastimar antes a los chicos a petición de Konrathy; ellos no se llamaban el Equipo del Dolor por nada. Pero nadie antes había sacado a alguien de manera tan permanente.
Pete pensó en ese chico de Tech que había dejado inconsciente la última temporada. Se rió a toda voz cuando leyó sobre el juego en el periódico al día siguiente y descubrió que el chico se había quebrado la clavícula. Las noticias lo habían inflado por días.
Aunque, no Adam. Adam nunca fue la misma persona después de golpear a ese chico Manetti.
“Regresa en tres, Chico Débil”. Dijo el entrenador, empujando a Adam de regreso a los vestidores. Pete notó que si Adam no se permitía ser movido, Konrathy no sería capaz de moverlo. Adam había cmabiado.
“Tengo que hacer un anuncio, y quiero que todo el equipo escuche”, dijo el entrenador.
“Es sobre el chico muerto, entrenador?”, dijo Stavis.
“Si, es sobre el chico muerto”, dijo el entrenador, con su tono cargado con un nivel de sarcasmo que guardaba solo para los jugadores más cabeza hueca. “Pero jamás vas a llamarlo chico muerto si está cerca, entendido? Estamos obligados a referirnos a ellos como los discapacitados vitales, de acuerdo? No chico muerto. No zombie, o buffet de gusano, o abominable crío del demonio. Discapacitados vitales. Repitan después de mi. Discapacitados vitales”.
Pete observó a los otros chicos en el vestidor repetir el término.
“Quiero que sepan que la decisión de incluir a este chic--”. Se quitó la gorra de su balón Badger y corrió su mano por su grueso, y corto cabello. “- este chico vivo desvalido – no tiene nada que ver conmigo. He sido ordenado en dejarlo entrar al equipo. Así que ahí está. Estará en la práctica mañana. Ahora apúrense y pongan sus traseros en el campo”.
Pete lo observó voltearse en sus talones y volver a subir escaleras.
No quería a ningún sucio chico muerto en los vestidores con él. No quería a chicos muertos alrededor de él en ningún sitio – no en la escuela, no en sus clases, y no en el campo de fútbol. Quería a todos los chicos muertos en sus tumbas, donde pertenecían.
Como Julie.
Quizás si Julie regresara, pensó. Quizás si regresara se sentiría diferente, y aprendería a estar con ellos a pesar de su mirada vacía y sus lentas y roncas voces. Pero ella no regresaría a ninguna parte excepto en sus sueños. Y ahora, desde que los muertos comenzaron a levantarse, cuando ella regresaba incluso a ese sitio secreto, regresó cambiada- no era la chica a la que le tomaba las manos en el lago, no era la primera chica que él había besado al borde del bosque de pinos. No era su primer y único amor.
Ella era un monstruo. Era un monstruo como el que estaba a punto de ponerse acolchado y casco y llevarse el campo consigo.

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MensajeTema: Re: Generation Dead - Daniel Waters   Dom Mar 28, 2010 10:27 pm

Capítulo 3

EL PDT EMPUJÓ EL TELÉFONO dentro del pecho de Adam con la mano que no estaba sosteniendo la cerveza.
“Es una chica,” dijo.
Adam respiró por su nariz, agarrando el teléfono antes de que cayera al piso. Tenía manchas de aceite en su camiseta nueva desde donde los nudillos de PDT presionaron contra él. Adam lo vio regresarse dentro de la sala de estar, donde la mamá de Adam se sentó con uno de sus hermanastros, viendo series en Fox. La respiración ayudaba.
“Hola.”
“Hola, Adam,” dijo Phoebe, “¿Cómo estuvo el entrenamiento?".
Adam siguió concentrándose en su respiración cuando escuchó al PDT decirle a su mamá que fuera por unas papas fritas. Las papas fritas que dejó en la cocina junto con su segunda cerveza. Dios bendiga América.
“¿Adam?”
“Hola, Pheeble ,” dijo, “perdón. Estaba teniendo un momento doméstico con el PDT.”
“Oh, lo siento.”
“También yo. ¿Qué hay? El entrenamiento estuvo agotador. Apenas llegué a casa. Estaba sudoroso y dolorido jugando en un campo lodoso para un hombre quien podría haber sido separado al nacer del PDT. ¿Qué estás haciendo?” Su mamá pasó por delante de él, sonriendo y palmeando su hombro.
“Solo escuchar música, haciendo un poco de tarea. Ya sabes.”
“Déjame adivinar: la canción sonando justo ahora tiene una de las tres palabras siguientes en el título: triste, lluvia, o muerte.”
Phoebe rió, y el sonido de su risa lo relajó lo suficiente para dejar de utilizar la técnica de respiración del maestro Griffin. Pete, Gino Manetti, el acoso constante del PDT. Su risa golpeó a fondo la puerta.
“En realidad, ’Las cámaras vacías de mi corazón,’ de Endless Sorrow.”
“Estaba cerca,” dijo.
“Me he dado cuenta que la muerte es siempre una de tus tres palabras.”
“He acertado casi siempre con esa.” A Adam le gustaba mucho la música que Pheeble y Daffy escuchaban, lo más rápido, más los acompañamientos marcados, de cualquier forma. En realidad el heavy gótico no hacía mucho por é más que conseguir que pensara sobre cosas que no quería pensar.
“Eso es probablemente cierto,”, dijo ella. “Hey, ¿Tommy Williams hizo entrenamiento hoy?”
“¿Williams? Es el chico muerto, ¿cierto?”
“Si, Adam. Es el chico muerto.”
“Oh. No. El entrenador dijo que empezará mañana. No está muy contento con la idea.”
“Margi dijo que lo escuchó discutiendo con la directora Kim acerca de ello.”
“También he escuchado acerca de eso,” dijo Adam. El carro de su hermanastro John rugió en la entrada de coches. “De Pete.”
“Ah, si. Pete. Él es un gran fan de la idea, ¿Estoy segura?”
“¿Por qué dices eso?”
“Quizá porque he visto a tu amigo Pete intimidar y burlarse de casi todo el mundo fuera de ti y su pequeño grupo de amigotes desde que se mudo aquí.”
“Pete tiene problemas,” dijo Adam. “No creo que pasemos mucho el rato este año.”
La oyó suspirar a través del teléfono, o al menos pensó que lo hizo. Phoebe parecía de pronto tremendamente interesada en este chico muerto. Johnny entró y le dio un puñetazo, en el hombro de su madre solo le dio una palmadita. Adam lo sorprendió con una palmada en la parte posterior de la cabeza mientras iba a reunirse con el resto de los no-hombres comunes viendo televisión.
“¿De veras? ¿Por qué no?”
“Pete y yo estamos en caminos divergentes.”
“Adam, estoy tan contenta de que tomaras karate.” Pudo escuchar la sonrisa en su voz.
“¿En serio? ¿Por qué es eso?”
“Eres diferente. No es diferente, de verdad. Sin embrago más de lo que siempre has sido. No puedo explicarlo.”
Él pensó que lo había explicado bien, pero no lo dijo.
“Eso es bueno, ¿verdad?”
“Creo que es genial. Tal vez ahora serás capaz de reconocerme en los pasillos si estás con una de tu pequeña corte de animadoras.”
“No cuentes con ello,” dijo. “Mi corte de animadoras tienen estándares muy altos.”
“Excepto en los hombres,” dijo, y rieron. “Así que, ¿puedes llevarme mañana?”.
“Si,” dijo, bajando el volumen de su voz. “El PDT me deja usar la camioneta.”
“¿La cosa vieja café? Eso es bastante grave en él. ¿Qué pasó?”.
“Mamá ha estado ocupándose de él. Creo que le señaló que era un poco injusto para nosotros tener seis vehículos y yo era el único que no conseguía conducir uno.”
“Si, tu patio parece como un lote de carros usados. O un lote de autos bien-utilizados, como dice mi papá.”
Oyó el acento divertido en su voz y cerró los ojos para poder imaginar su expresión, uno de los ojos verdes mirándolo bajo una franja de pelo negro azabache.
“Debe ser muy marcada. Somos como un cliché malo.” Podía imaginarse al Sr. Kendall llegando a casa del trabajo y frunciendo el ceño mientras inspeccionaba de sus escalones de entrada a la cosecha de esta semana de vehículos compuestos ensuciando el camino de entrada y el patio.
“Él está bien, de verdad. Si alguna vez estamos listos para mudarnos, probablemente le pedirá al PDT limpiar las cosas hasta que la casa se venda.”
“Phoebe, nunca te mudes,” dijo. “Puedes ser la única persona cuerda que conozco.”
Ella rió. “Entonces estás en más problemas de los que pensaba. ¿Siete quince?”.
“Es una cita,” dijo, y colgó. Una cita. La idea de Phoebe de mudarse lo dejó con un sentimiento extraño, un sentimiento que nada tenía que ver con Phoebe siendo la única persona cuerda en su universo personal.
“¡Hombre común!” Su hermanastro mayor y el más débil, Jimmy, llamó desde la otra habitación. “¡Deja el maldito teléfono! Estoy esperando una llamada.”
“Bien,” dijo Adam, y comenzó a respirar otra vez antes de dirigirse por el pasillo a su habitación.
“Ya era tiempo,” dijo Jimmy, viendo sobre su hombro en su camino hacia el teléfono. Es patético, pensó Adam. Jimmy era la mitad de su tamaño, pero Adam tenía que fingir que estaba intimidado por él para mantener la paz en Casa de PDT.
Adam estaba tumbado en su cama y abrió Cumbres Borrascosas, el primer gran castigo del año escolar, uno que se suponía que aguantaría en el verano. Lo cerró de nuevo después de dos párrafos. Había un montón de cosas fastidiándolo acerca de su vida familiar y la primera semana de escuela, y le tomó unos momentos para identificar cuál de ellas estaba molestándolo ahora, pero luego lo tenía.
A Phoebe le importaba tanto el fútbol como lo hizo acerca de las hermanas Brontё. ¿Qué había respecto a ese chico muerto?.


“¿Es un vestido nuevo?” preguntó Adam, observando a Phoebe con un escrutinio con el que solo un amigo de la infancia podría salirse con la suya. Se obligó a decir algo, porque si no lo hacía, sabía que estaría sentado boquiabierto, con la mirada sorprendida en ella. El vestido iba hasta los tobillos, pero de alguna manera acentuaba sus suaves curvas a pesar de toda la tela. Tenía botas que llegaban hasta la pantorrilla y un chaleco de color gris claro, y sus joyas eran todas de plata o de un color plateado. Pensó que parecía como una vaquera gótica.
Phoebe podría vestir un poco extraño, y a veces exageraba en el maquillaje, pero no disfrazaba lo hermosa que era. Tenía ojos grandes color verde avellana que estaban alegres no importa cuan funeraria pareciera su ropa, y su largo cabello oscuro suavizaba un poco sus rasgos angulares y los enmarcaba en una manera que hacía ver su rostro en forma de corazón a la distancia.
Se dio cuenta que podía estar ruborizado.
Su mirada era curiosa, y esperaba que ella no hubiera percibido el cambio cada vez mayor en lo que sentía por ella. Había una sensación de vacío en su estómago a pesar de que lo había llenado con huevos y salchicha no media hora antes. La sensación de vacío creció cuando se dio cuenta de que el vestido nuevo probablemente tenía más que ver con Tommy Williams que con él.
“Sin duda lo es,” dijo ella, cepillándose los mechones de cabello negro lejos de sus ojos. Era uno de sus gestos favoritos. “Gracias por notarlo.”
“Y negro, un aspecto totalmente diferente para ti,” dijo, refugiándose en la ligera broma que era tan natural como dormir para ellos.
“Ja-ja. Veo, que el karate te ha hecho más observador también.”
“Todo parte de mi interminable búsqueda de ser más de la persona que siempre fui.”
“Excelente. Aplaudo tu dedicación,” dijo, y el sintió su ligero toque en su brazo. “¿Y cómo fue tu cita con Emily anoche?”
“¿Emily?”
“Brontё. ¿Cumbres Borrascosas?”
“Oh si, ella. Hemos tenido una especie de tiempo difícil, Em y yo.”
“Una lástima. Siempre pensé que ella podía ayudarte... Ya sabes… a convertirte en la persona que siempre fuiste.”
“Es justamente eso,” dijo, dando un puñetazo de broma en el salpicadero. “¡Sigue tratando de cambiarme!”
Tuvieron una buena risa sobre eso, y Phoebe, recuperando el aliento, apoyó la cabeza sobre su hombro. Un toque de aroma limpio, alguna isla floral que Adam no podía identificar, emanaba de su pelo negro azabache, y la risa murió en la garganta de Adam.
“Así que,” dijo, “¿saldrás hoy después de la escuela?”
“Si. Pensé que debo terminar algunas cosas en la biblioteca.”
“La biblioteca cierra a las cuatro. La práctica puede ir muy tarde algunos días, sobre todo cuando el entrenador está furioso. Y pienso que estará furioso hoy.”
“¿Por qué piensas que estará furioso?”.
“El chico muerto caminando.”
“Sobre eso,” dijo. “¿Cómo se siente el resto del equipo?”.
“Oh, ellos están encantados. ¿Quién no quiere ir a las duchas con un cadáver?”.
“Adam,” dijo, y podría haber una advertencia en su voz.
“Creo que Williams tendrá un tiempo difícil,” dijo, teniendo cuidado. “Muchas personas siguen aterrorizadas de los discapacitados vitales.”
Phoebe asintió, abrazándose a pesar de que tenía la calefacción en la camioneta.
Él rompió el hielo; ¿Por qué no? “Pareces estar interesada en Williams,” dijo, fingiendo mirar en el espejo retrovisor. “Me refiero a su situación.”
Ella asintió. “Si lo estoy. Algunos de los chicos discapacitados vitales que se mudaron este año a la ciudad son bastante interesantes, ¿sabes? Como esa chica que vimos ayer en la cafetería.”
“Si, seguro lo es.”
“Pervertido,” contestó. “Pero en realidad, vestirse como ella lo hace, él tratando de jugar fútbol…. Creo que deben tener una cierta valentía por su parte, ¿sabes?”
“¿Eso es lo que te interesa? ¿Su valentía?”
“Bueno,” dijo, “toda la idea de los discapacitados vitales me interesa. Hay tantas preguntas, tanto misterio sobre el asunto.”
“Como con Colette,” dijo, y tan rápido como lo dijo deseaba haber seguido con el asunto de Williams.
“Como con Colette,” susurró Phoebe, poniendo su cabeza sobre su hombro. Él esperaba que no se diera cuenta de lo lento que estaba conduciendo.

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MensajeTema: Re: Generation Dead - Daniel Waters   Dom Mar 28, 2010 10:27 pm

Capitulo 4

PHOEBE ESPERÓ por Margi en la entrada, después de llegar a la escuela con Adam. O al menos era eso lo que se decía que estaba haciendo, incluso mientras se esforzaba por ver por encima de su texto de Historia, observando a Colette y luego a Tommy bajar del bus. Colette se desplazaba con un movimiento de arrastre de lado a lado, sus ojos volcados a un punto fijo de algún horizonte invisible. Tuvo problemas con los peldaños del bus y luego con los peldaños de subida que conducían hacia la puerta, y Phoebe sabía por observaciones previas que el movimiento requerido para abrir las puertas era bastante complejo para ella.
Tommy bajó después de ella pero llegó a la escuela primero. Él lucía más como un estudiante que había permanecido despierto hasta tarde la noche anterior, bebiendo soda y comiendo pizza, que como un “Típico” vivo desvalido. Hubo una pausa entre el movimiento de asir el pomo de la puerta y el movimiento de abrirla. Pero los movimientos en si no eran del todo torpes. Mantuvo la puerta abierta para Colette y un par de chicas vivas, que se hicieron a un lado a favor de otra entrada en vez de permitirse ser víctimas de la cortesía de Tommy.
Observó a Tommy entrar al edificio. Estaba usando una sudadera de polo azul pizarra, vaqueros y zapatillas de caña alta. Parecía estar más erguido que los otros chicos que veía pululando por ahí, pero ese debe haber sido sólo un efecto secundario de su extraña forma de caminar.
La sudadera combinaba con el color de sus ojos, pensó.
Margi fue la penúltima persona en bajar del bus, habiéndose acurrucado en el asiento de atrás con su iPod, con una oscura y sobria mirada en su rostro por debajo de su flequillo rosa. Phoebe agitó su mano, esperando animarla. No tuvo suerte.
“Hola, Margi,” dijo. Tal vez algo de excesivo descaro arreglaría el día.
“No te atrevas a saludarme,” dijo ella. “Tú, la traidora que me abandonó a merced del fatídico bus. Desearía que el Chico débil hubiera fallado su test de conducción. Voy a fallar en mi examen de ortografía hoy.”
“Ay Dios, Necesitas relajarte, mujer.”
“Relajarme, nada.”
“¿Fatídico Bus? Vamos.”
Margi alzó su brazo cubierto de brazaletes. “Colette me está volviendo loca.”
“Lo sé. ¿Se sentaron juntos de nuevo?”
“No me percaté.”
“Si, si que lo hiciste.”
Margi se frotó los ojos y le sacó la lengua.
“Se sentaron juntos. Él reculó para que así ella pudiera bajar del bus antes que él.”
“Qué caballero, me di cuenta.”
“Seguro que si.”
“Por supuesto que sí. Nosotros tenemos ojo de poeta, tú y yo.”
“Por favor. No quiero ver nada de esto.”
“Margi,” dijo Phoebe, cogiendo las muñecas de Margi mientras estas se agitaban frente a ella, “tendremos que hablar con ella en algún momento. Será lo mejor. Para todos nosotros.”
Phoebe pensó que algo del color de las ya pálidas mejillas de Margi se iba. “Aún no.” Dijo. Apenas la oyó por sobre la bulliciosa entrada de otro grupo de estudiantes.
“Vamos a llegar tarde,” dijo Margi, y se liberó del agarre de Phoebe antes de dedicarle una débil sonrisa. “Vamos.”
Phoebe cogió su bolso del suelo y la siguió a sus casilleros, y luego al aula.


Sólo contacto visual, pensó Pete mientras se inclinaba hacia atrás en su silla, extendiendo y encogiendo sus brazos. Es todo lo que necesito.
“¿Lo estoy aburriendo Sr. Martinsburg?” Preguntó la Srta. Rodríguez. Nadie más que Starvis y esa prostituta rubia de Holly, que había salido con el Chico débil por un tiempo, se atrevieron a sonreír.
“No estoy aburrido, Srta. Rodríguez,” respondió. “Sólo estoy un poco adolorido por la práctica de ayer. Lamento haberla distraído.”
La Srta. Rodríguez zarandeó la cabeza y regresó a la pizarra para discutir acerca de una excitante ecuación cuadrática o lo que fuera.
Apuesto a que tú también estabas distraída, vieja bruja, pensó él.
No todos los días puedes ver armas como la mía.
Se volvió rápidamente hacia la ventana, donde la extraña chica del Chico débil estaba sentada, y allí lo tenía, contacto. Le dedicó la mirada que siempre funcionaba con las amigas cabeza hueca de Cammy, y si Morticia Pantisnegras simplemente no se derretía, al menos sabía que su corazón se habría acelerado un par de latidos.
Ella volteó la mirada, igual de rápido.
Te atrapé, pensó él, haciendo un apunte mental para ocuparse de ella más tarde. Hizo un inventario completo de ella, medio esperanzado en que ella se volviera nuevamente y viera la mirada de abierta apreciación en su rostro. Era una de las pocas chicas en clase que usaban vestido, y su liso y oscuro cabello era realmente impactante. Caía sobre sus hombros y era bastante buena al usarlo para mantener su pálido rostro en la sombra la mayor parte del tiempo. Bonitos ojos verdes, pero no los falsos lentes de contacto verdes. Su cabello reflejaba la luz que se filtraba a través de la ventana.
La Srta. Rodríguez llamó al chico muerto minutos más tarde – el chico muerto que pronto vestiría un lindo y nuevo uniforme de práctica y unos flamantes protectores y casco. Nuevo equipo, viejo chico muerto. Pete quería vomitar. Comenzó a dar golpecitos con su lápiz en el escritorio y no paró hasta que el chico muerto respondió – correctamente, como si la suerte estuviera de su lado. Eso se traducía en dos preguntas más que Pete hubiera podido responder, y del año escolar no había pasado ni siguiera un mes.
Pensó que Pantisnegras estaba observándolo nuevamente, lo que era genial, simplemente genial. Chico débil estaría realmente enfadado si la siguiera de cerca, incluso si el grandísimo bobo estuviera demasiado atrofiado emocionalmente para percatarse de sus verdaderos sentimientos por ella. Pete pensó que tal vez le diría a Adam que terminaría con ella si Adam se ponía las pilas y se centraba de nuevo en el juego. Tal vez.
Pete se rezagó cuando sonó la campana, figurándose que si Pantisnegras establecía un pequeño contacto visual más, él proseguiría y haría su escenita justo allí entre clases. La vio ponerse de pie, y le gustaba la manera en que su falda se ceñía a su cintura –tenía una linda figurita bajo todos esos trapos.
Ella también se estaba tomando su tiempo, pero no era a Pete Martinsburg, el matador de chicas universitarias, por quien estaba esperando. Era al chico muerto.
¡Caray! Pensó Pete.

Es que no se va a callar, pensó Adam mientras asentía con la cabeza a cada tercera o cuarta conclusión a la que Holly Pelletier llegaba, y sin embargo realmente no estaba diciendo nada.
Holly debe haberse dado cuenta de la falta de atención sincera que le propinaba, pues se acercó lo suficiente a él para que olfateara la esencia de fresa de su goma de mascar. O tal vez era su brillo labial lo que estaba oliendo, ó su fijador para cabello. Adam se percató de que hubo un tiempo en el cual ese olor, y la proximidad de Holly, hubieran activado determinadas reacciones químicas e impulsos en su cuerpo, pero ahora todo en lo que podía pensar era en cuan artificial era la esencia. Sabía que si se inclinaba y besaba a Holly, como antes lo había hecho tantas veces, no sería a fresas a lo que le sabría sino a alguna versión artificial de fresa. Y por primera vez, la idea de besar a Holly no era excitante; era algo nauseabunda.
¿Qué diablos me está pasando? Pensó.
Holly nunca hizo contacto visual directo con él durante sus monólogos a medio corredor; estaba demasiado interesada en quien estaba pasando, Adam también estaba teniendo problemas en mantenerse atento pues había visto a Phoebe haciendo hora junto al pizarrón de anuncios frente a la oficina al final del pasillo, esperando para conversar con él antes de que se encaminara a la práctica. Casi pasó por alto la repentina oleada de disgusto que nubló el habitualmente lindo rostro de Holly. Adam volteó y vio a quien le dirigía esa mirada desdeñosa: la bonita chica muerta, la del dobladillo atrevido.
“Asqueroso.” Dijo Holly. “Me siento tan mal por ti, teniendo que practicar con ese muchachito muerto. ¿Te imaginas si eso saliera con nuestro equipo?” señaló a “eso”, sin importarle quien la escuchara.
“Imagínate,” dijo Adam, viendo pasar a la muchacha. Ella no se movía como una chica muerta, eso era seguro. Adam se dio cuenta de que sus ropas lo habían distraído por otra diferencia –tenía una ligera, casi perceptible sonrisa en sus labios. Una sonrisa de desconcierto, una no muy diferente a la que observaba a menudo en el rostro de Phoebe. La mayoría de los otros zombies que había visto se mostraban inexpresivos, como si sus músculos faciales se hubieran endurecido en su lugar y hubieran sido sellados.
Holly observó pasar a la muchacha, sus labios sabor a falsa fresa fruncidos. “Es tan grotesco. ¿Te imaginas tener que tocarla? Me siento tan mal por ti. Espero que saquen al zombi del equipo. No debería haber un estorbo muerto en el campo. Eso estaría tan mal. ¿Te lo puedes imaginar?”
Me lo imagino tan bien. Pensó Adam. Observó a Phoebe quitar la vista del pizarrón de anuncios y voltear cuando la muchacha muerta se aproximó, y vio a Phoebe sonreírle antes de voltear de nuevo y fingir leer lo que fuera que estuvieran anunciando allí por onceaba vez.

Phoebe estaba sosteniendo algunos libros contra su cadera en descanso, su hombro opuesto tirado hacia abajo por un bolso negro de lona atiborrado de más libros todavía. “¿Entiendes?, ¿Un estorbo muerto?” decía Holly.
“Oye, Holly. Tendrás que disculparme. Necesito ir a hablar con Phoebe.”
Los ojos azul zafiro de Holly se contrajeron a tal velocidad que Adam pensó que se le iba saltar una lentilla. “¿Phoebe?, ¿Quién es Phoebe?”.
“Es ella.” Dijo Adam, gesticulando hacia donde estaba Phoebe, apoyada precariamente contra el peso de su enorme cartera, mientras al mismo tiempo frotaba la parte de atrás de su pantorrilla con la punta de su bota negra. “Es mi mejor amiga.”
“¿Ella?” Preguntó Holly. “¿Esa gótica de allá?”.
“Sip,” respondió Adam. “Te veo luego.”
La gente le abrió paso cuando se desplazó por el pasillo para unirse con Phoebe. Él no acostumbraba empujar a los chicos alrededor como Pete y Stavis lo hacían, pero había pasado los últimos dos años conviviendo con ellos, y nunca había levantado un dedo para restringir sus actos. Esa era otra cosa más que tenía que cambiar, pensó.
“Hey, Pheeble,” la llamó, un extraño alivio emanando de su pecho.
“Hola, Adam,” respondió Phoebe, luciendo sorprendida. Adam quitó la pesada bolsa de libros de su hombro.
Phoebe echó un vistazo alrededor suyo. “Creo que debes haber hecho enfadar a ‘Comosellame’. Parece dispuesta a arrancar la letra de tu chaqueta.”
“Sip, acabo de soltarle una bomba.”
“¿De veras?” Dijo Phoebe mientras empezaban a caminar en dirección a la biblioteca. “¿Le propusiste matrimonio?” soltó una risita y Adam sintió el alivio extendiéndose por sus extremidades. “¿O fue algo menos sofisticado?”
“Ja-ja. ¿Y qué te hace pensar que sería yo el que haga la proposición?”.
“Buen punto.”
Escuchó su propia voz escaparse del son de broma, y por una vez, no le importó si Phoebe lo percibía. “Le dije a Holly que éramos amigos. Tú y yo.”
Phoebe se detuvo. “¿De verdad?”
La miró. “De verdad.”
Ella bajó la mirada, pero cuando la levantó de nuevo hacia él sus ojos estaban llenos de júbilo. “¿No revocarán tu membresía de privilegios en el club de chicos geniales?”
Empezaron a caminar de nuevo. “Déjalos. La verdad me hará libre.”
Ella se tropezó con él, tratando de sacarlo de balance, pero era como una mariposa tratando de inquietar a un roble.
“Adam, desearía que hubieras tomado karate hace algunos años,” dijo.
“Calla, Pheeble. O te haré trizas.”
“¡Kii-ya!” Exclamó ella, propinándole un golpecito.
La acompañó hasta la biblioteca, y luego se encaminó al campo para ir a practicar con los vivos y los muertos.

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MensajeTema: Re: Generation Dead - Daniel Waters   Dom Mar 28, 2010 10:29 pm

Capitulo 5

TOMMY WILLIAMS fue el último en terminar la vuelta de calentamiento alrededor del Campo Oakvale. Cuando era un estudiante de primer año, Adam había regresado al punto de partida sistemáticamente en la parte trasera del grupo, pero al entrenador Konorathy no le importaba, porque Adam era tan ancho como dos alumnos, y casi tan fuerte como cualquiera de los tres. Estudiantes de primer año de seis pies cinco pulgadas eran bastante raros, pero un estudiante de primer año de seis pies cinco pulgadas con músculos era como algún animal exótico donde los atletas de Oakvale estaban interesados.
Pero ahora había un espécimen aún más exótico en el campo. Es decir, un chico muerto.
Nunca antes un zombie había probado para cualquier deporte en la zona. Tommy trotaba —y qué extraño trote, como si alguien estuviera tirando de su tobillo desde atrás con cada paso que daba— con el grupo de jugadores cerca del entrenador Konorathy. Muchos de los jugadores estaban cubiertos en sudor bajo sus hombreras tratando de controlar su respiración, pero el chico muerto ni siquiera estaba falto de aliento.
Él no respira, recordó Adam. Adam estaba sudando bastante, pero su respiración era bastante buena. Tratando de mantenerse en forma fuera de temporada con levantamiento y karate estaba dando beneficios. Sabía que nunca sería el tipo más rápido en el campo, pero no había razón para ser el más fuera de forma.
El karate le dio algunas técnicas que iba a tratar de mantener con él a lo largo del campo, y también le dio unos trucos que no podía esperar a darles a esos bastardos de Winford. La temporada no podría empezar muy pronto, en lo que a él respecta. Normalmente le gustaba la práctica y la disciplina de ella, pero la reciente tensión con Pete tomó parte de la lustre distancia – y eso fue antes de que el chico muerto se uniera. Adam trató de evitar quedarse atrapado en los aspectos filosóficos de la nueva adición del equipo, pero era innegable que la presencia de Tommy Williams silenciaba sobre lo que usualmente era un evento bastante bullicioso.
Adam le gustaba ser el primero en vestidores, pero no hoy. Se encontró que era extraño caminar hacia los vestidores y ver al chico sentado en la banca, todo el uniforme puesto, con los ojos brillantes y mirando desde dentro de la sombra de su casco.
Concéntrate, susurró en su mente el Maestro Griffin. Adam pensó que la voz interior estaba empezando a sonar cada vez más como Yoda ahora que había recortado sus viajes a la academia de artes marciales a una vez cada dos semanas en lugar de dos veces por semana como lo había hecho durante el verano. El maestro Griffin tendrá que esperar su turno detrás del entrenador Konrathy y Emily Brontё.
Y Phoebe.
Adam después de correr comenzó algunos ejercicios de estiramiento, sintiendo sus músculos alargar y contraer. Esta era la primera práctica tarde de Konrathy —a él le gustaba hacer unas pocas en la temporada para conseguir que el equipo se acostumbrarse a jugar bajos las luces— y Adam estaba contento con la forma en que su cuerpo estaba respondiendo a los cambios.
El entrenador Konrathy frunció el ceño a Tommy cuando él se unió a los otros jugadores. Se quitó la gorra y pasó su mano a través de su poco cabello, y Adam sabía que algún castigo venía a lo lejos.
“Vamos a comenzar con algunos ejercicios de tacleo,” dijo Konrathy. Adam pensó que podía escuchar sus jadeos; parecía como si necesitase una afeitada y sus ojos estaban vidriosos. “Todos los novatos pónganse en fila. Vamos a ver como detienen un golpe.”
Adam vio como Tommy Williams ocupaba su lugar al final de la línea de novatos. Había alrededor de doce chicos probando para el equipo este año, en su mayoría estudiantes de primer año. Oakvale no tenía suficientes jugadores para la cancha a la vez en JV y un equipo de los mejores jugadores, por lo que casi todos los chicos nuevos al menos conseguirían un uniforme para usarlo en la banca. Sin embargo, cada año, había unos pocos que fracasaban, no hacían completamente las prácticas, o decidían que no disfrutaban rasmillarse la piel en el campo con un dolor de cabeza y una nariz ensangrentada.
Adam vio a Konrathy examinando a sus tacleadores. Los instintos de Adam en la línea le causó leer en todo sentido: contacto visual, señales no verbales, inflexión de la voz del mariscal de campo mientras gritaba las indicaciones. Vio pasar una mirada entre el entrenador y Peter Martinsburg.
“¡Luce vivo, Williams!” gritó el entrenador, dibujando una sonrisa oscura de algunos de sus jugadores veteranos. Adam vio a Pete mirando al entrenador como un perro guardián esperando por la señal de ataque. Pete sonrió antes de ponerse el casco de nuevo, y luego Adam vio por qué. La mano izquierda del entrenador se mantenía en posición horizontal en su cintura con el pulgar hacia abajo.
Adam no sonreía para nada. Estaba pensando en la última vez que vio al entrenador hacer esa señal, cuando él había terminado la carrera de Gino Manetti por golpearlo en la rodilla. Todavía podía escuchar la explosión de tendones cuando perforó el lado de la pierna de Manetti con su hombro, y aún podía oír el estridente grito de dolor del otro chico mientras caía. No fue hasta que Adam vio a Manetti meses más tarde en el centro comercial que se dio cuenta de lo que había hecho. Menetti, el antiguo orgullo en sus hombros cayó cuando cojeaba como los viejos, tenía un bastón, y había una chica bonita, probablemente su novia, trotando junto con él, alternativamente tratando de alentarlo para agarrar el ritmo o disminuir la velocidad. Al verlos —la mirada de dolorida resignación en su rostro, y la mirada de total lealtad y solidaridad en la de ella— Adam pensó que era una de las cosas más tristes que jamás había visto. Sabía que tan pronto como había hecho el golpe a Manetti no volvería a caminar bien otra vez. Estaba seguro que nunca volvería a jugar otra vez.
Una semana más tarde Adam se había inscrito para las clases en la academia de artes marciales del Maestro Griffin. Había leído un poco sobre el karate y pensó que le ayudaría con el control. También esperaba que le ayudara con su culpa.
“Aún no estás enojado conmigo, ¿verdad, hombre?” dijo Pete, golpeando a Adam en los protectores de hombros y despertándolo de su ensueño.
“No estoy enojado contigo, Pete,” dijo, aunque quiso devolverle el golpe. Quería culpar a Pete por su parte en la creación del imbécil que había sido durante los últimos dos años, pero en realidad sólo quería golpearse a sí mismo.
“Lo viste. El entrenador quiere que saquemos al chico muerto,” dijo Martinsburg. Las líneas estaban empezando el ejercicio.
Adam lo miró.
Pete apretó su hombro. “Hora de elegir un equipo, Adam.”
Adam se quitó de encima la mano de Pete y se mantuvo firme sin responder. Stavis y Pete no eran tímidos en utilizar sus puños —tampoco Adam, si vamos al caso— pero esperaba que no llegara a eso. Esperaba que Pete le permitiera a Adam superarlo con gracia.
Cierto, pensó. Así es como va a suceder.
“Toma el primer golpe, Lelo man,” dijo Martinsburg. “Una caja de cerveza a quien lo deje fuera.”
Primer golpe, pensó Adam. Había un montón de cosas que los discapacitados vitales no podían hacer — cosas normales como respirar y sangrar.
No pensó que tampoco podían sanar.


El sonido hueco de resonancia de los tacones de Phoebe en las gradas de metal hizo eco en el aire fresco del anochecer, recibiendo miradas en su camino de algunos de los espectadores sentados en pequeños grupos y viendo la acción en el campo de abajo. La mayoría de los observadores eran padres, novias, o chicos de la banda de música esperando por paseos. Phoebe estaba acostumbrada a recibir miradas. Todo su vestuario negro, incluso una combinación de ropa clásica y a la moda, prácticamente garantizaba que obtendría miradas extrañas de sus compañeros de clase. Las botas altas con tacones, faldas largas negras, cabello teñido, y un chal largo y suelto aseguraba una ceja levantada aquí y allá. No le importaba. Ella encontraba que su mirada rechazaba a la gente con la que no quería hablar y atraía aquellas que si querían. El aspecto gótico que no era tan popular como lo era antes, probablemente debido a la aparición de los discapacitados vitales, pero para Phoebe eso solo daba el estilo de un sutil toque de ironía, una broma privada para ser compartido con unos pocos especiales.
Se detuvo un momento, explorando la cresta baja que se alzaba detrás de las gradas. El campo Koster, llamado así por un atleta escolar que establecidó records de pista y campo para el estado en los años ochenta, estaba rodeado en tres lados por el bosque Oxoboxo. Un corto perímetro de hierba a la altura de la cintura corrió unos veinte pies de la cerca de alambre hasta las afueras del bosque, haciendo de la sombra de árbol que alcanzaba el campo al final del día parecer una pared de espectadores.
Phoebe se sentó sola. El banco estaba frío por debajo de la fina tela de la falda. Sacó su iPod de la mochila y deslizó los auriculares acolchados sobre las orejas. También tomó un cuaderno grueso rectangular y una pluma plateada de su bolso y los puso en el banco cerca de ella.
Al menos mis oídos estarán calientes, pensó, escuchando el nuevo álbum de Creeps y apretando con más fuerza el chal sobre sus hombros. Había algunas chicas vistiendo chaquetas estampadas con letras encima de sus trajes de animadora al final de su banco, susurrando y señalando al campo. Phoebe podía poner todo lo que sabía sobre fútbol en las cuatro primeras líneas de su cuaderno. La única cosa que podía entender fuera de la acción en el campo era que algunos de los muchachos estaban corriendo y algunos de los otros chicos estaban tratando de derribarlos.
Adam siempre fue fácil de detectar. Era el más grande en el campo tal como también lo era donde quiera que estuviera. Miró a su alrededor por Tommy Williams, pero todos los muchachos se movían extrañamente en su relleno y cascos.
Entonces lo vio, sus movimientos tiesos, pero no debido a su relleno. Estaba tomando su lugar en la línea de los chicos a punto de ser derribados.
Killian Killgore de los Creeps cantaba en sus oídos acerca de estar perdido en las llanuras y perseguido por un alma en pena. Phoebe golpeó levemente su cuaderno con su pluma plateada, el resto de líneas de su poema flotando en el aire entre ella y el campo, esperando por su captura y ponerlos por escrito.
Phoebe puso su cuaderno en su regazo y lo abrió. La primera página estaba en blanco. Miró hacia el cielo y luego escribió dos palabras. Luego miró lo que estaba sucediendo en el campo.


Adam golpeó a Williams limpiamente desde el lateral y trató de quitar al futbol fuera de su alcance. El golpe fue fácil de hacer, porque Williams era bastante lento y no trató de fingir en absoluto. Cayó, pero Adam pensó que si él no se hubiera lanzado al ataque, Williams podría haberse mantenido en pie. Atacar al chico muerto era como atacar a una pared de ladrillo.
Peso muerto, pensó. Ja, ja.
El balón se soltó y rebotó dando la vuelta diez yardas bajo el campo. Si fuera el comienzo de la temporada y Williams estuviera en el equipo, le ofrecería su mano y lo levantaría, pero en la pretemporada, se suponía que Adam lo escupiera cerca de su cabeza y lo llamaría un cobarde.
Williams lo miró fijamente desganado, con ojos inexpresivos que reflejaban la luz de la luna. Adam se alejó sin decir nada. Fue espeluznante atacar un zombie.
“¡Layman!” gritó el entrenador, “¿Jugaste con muñecas todo el verano? ¿Qué tipo de golpe fue ese?”.
Una limpia, pensó, mirando a sus antiguos amigos Pete y TC. El Equipo del dolor. Había sido divertido cuando eran estudiantes de primer año y se dieron cuenta de que eran más duros que el noventa y nueve por ciento de la población estudiantil; no tan divertido, ahora que todos eran estudiantes de tercer año y la dureza no puede ser el número uno de los criterios para el éxito en la vida.
TC seguía sonriendo, como si estuviera encantado de que aún podía ganar la caja de cerveza, pero Pete llevaba esa mirada de ‘¿Qué te pasó, hombre?’, la cual parecía estar en su rostro cuando miraba a Adam en estos días. Pete susurró algo a TC, quien asintió y tomó posición en la línea.
Adam vio a TC golpear al chico muerto en la espalda. Con su casco.
El sonido del impacto hizo eco a través del campo. Phoebe pudo oír el golpe en la banca incluso con el ruidoso horror punk sonando en sus oídos.
“¡Buen golpe, Stavis!” gritó el entrenador.
La mandíbula de Layman se abrió tanto como su barbillera le permitió. ¿Buen golpe? Eso era perforar, y sería suficiente para que te descalificaran del juego, si no toda la temporada. Ese tipo de golpe podría dañar o paralizar a alguien.
Incluso podría matar a alguien.
TC trotó hacia su amigo Martinsburg, y se golpearon con sus protectores de hombros.
“Creo que está muerto, Jim,” dijo Martinsburg, lo suficientemente alto para que la mayoría del equipo escuchara. El estaba riendo.
Adam caminó hacia Williams, quien ni siquiera estaba retorciéndose. Pensaba que la fuerza del golpe podría haberlo apagado como un radio siendo lazado en el concreto, pero el chico muerto se levantó del césped con los nudillos de sus manos, sacando una rodilla debajo de él, y se puso de pie.
Adam no pudo hacer más que sonreír cuando el chico muerto pasó la pelota al entrenador Konrathy. Un golpe como ese y él había aferrado el balón. Ese tipo de enfoque merece respeto.
El ataque continuó por el resto de los ejercicios. TC y Martinsburg siempre parecían ponerse en línea contra el chico muerto aunque hubo más defensivos que corredores. Adam vio a Pete golpear a Williams en las rodillas en su siguiente turno, seguido por TC envolviendo sus brazos de mono alrededor de Williams por un ataque al cuello. Cada golpe era un golpe sucio, pero la única decepción que el entrenador Konrathy mostró fue cuando Williams se levantaba del césped después de cada golpe duro.
Los ejercicios se detuvieron cuando cambio el patrón. Martinsburg estaba a punto de poner un tiro a nivel de la rodilla cuando la mano de Williams salió y golpeó al tacleador en el casco. El brazo rígido envió a Martinsburg de bruces en el campo, mientras que Williams avanzaba pesadamente intacto. Adam notó que algunos de los novatos —que ellos mismos habían estado teniendo una paliza en los ejercicios— estaban tratando de reprimir una sonrisa maliciosa.
“¡Aléjate de la barra del casco, Williams!” Gritó el entrenador.
Adam sacudió la cabeza. Williams no había llegado al lugar cerca de la barra del casco.
Más tarde, en la práctica, Konrathy montó un ejercicio de golpeo. En este momento la mayoría de los jugadores y los novatos estaban agotados y jadeando, todos excepto el chico muerto. Adam se preguntó si era posible para el vivo desvalido estar físicamente cansado.
El ejercicio era simple. La línea defensiva era para tratar y llegar a empujar a Denny, y la línea ofensiva se suponía que los detendría. El entrenador puso a Williams en la línea defensiva derecha al otro lado de Adam.
Williams, muerto o no, no era uno o los muchachos más grandes en el campo. De cinco pies diez pulgadas tal vez, y físico más como de un ancho receptor que de un defensor de línea. Layman pensó que era cruel, de la misma manera a todos los golpes del Equipo del Dolor eran crueles. La clase de Karate le había enseñado a Adam mucho acerca del honor, y esto en absoluto no parecía honorable.
Pero tampoco era la deshonrosa excusa de un deber. Cruel o no, tenía que golpear a Tommy Williams tal como golpearía a cualquier otro rival defensor de línea. Lo golpearía limpiamente, si, pero no menos duro.
Nadie llega, Adam pensó mientras giraba el balón en el césped y tomó su posición. Nadie.
Le lanzó el balón a Denny y propulsado hacia adelante, manteniendo todos los músculos de su pierna en el lanzamiento. Williams era más lento, pero se estaba acercando para encontrar el ataque.
Y lo hizo. Adam estabaa vagamente consciente del juego, se dio cuenta de las cosas en los bordes de su visión, como Gary Greene a su derecha resbalando y perdiendo su bloqueo. Se dio cuenta de que nadie estaba ayudando a Williams contra él, algo que los otros equipos siempre hacían procurando abrir un hoyo a Adam en su línea.
También notó que solo movió a Williams por una pulgada.
El juego terminó. El deslizamiento de Greene dejó a uno de los novatos de paso, y el novato presionó a Denny lo suficiente para lanzar un pase incompleto cerca de la línea de banda. Adam desbloqueado de Williams, quien se giró sin hacer ruido y volvió a su lugar en la línea.
Santo Dios, pensó Adam. Williams se había ido en contra de él sin ayuda, y Adam apenas lo había movido.
Miró a sus compañeros de equipo para ver si alguno de ellos notó la asombrosa hazaña que Williams acaba de lograr, pero la mayor parte de ellos estaban cansados y arrastrando los pies a sus lugares en la línea. Adam sabía que muy pocos de ellos mostraba alguna promesa real más allá de la escuela secundaria —Mackenzie y Martinsburg eran probablemente los mejores jugadores además de él— y pocos tenían el tipo de ‘radar de campo’ que les permitía darse cuenta de los detalles importantes del juego.
Adam miró al entrenador, cuyo rostro regordete estaba rosa de ira, sus ojos se redujeron a rendijas. Movía la cabeza con disgusto.
Pero fue lo que vio Adam más allá del entrenador, afuera en el límite de los bosques, lo que realmente llamó su atención.
Había unas pocas personas de pie entre los árboles, mirando la práctica: tres o cuatro de pie como estatuas, observando. Adam no los hubiera notado en absoluto si no hubiera sido por el grandote, un muchacho negro en una camiseta gris como la corteza del roble que estaba al lado. Adam no podía ver bien a los otros, pero sabía por la forma en que se quedaron sin moverse de que ellos estaban muertos.
Observan a su chico, pensó, pero ninguno de ellos parecía familiar. El muchacho negro tenía que ser tan grande como era, y no había manera de que Adam lo habría echado de menos en los pasillos.
“¡Layman!” gritó el entrenador, quitándose la gorra y golpeándola contra su muslo para el efecto, “¿Estás aquí para jugar, o qué?”.
Adam volvió a la línea. Nadie parecía haberse dado cuenta de los zombies. La gente viva desvalida, se corrigió a sí mismo. Eran espeluznantes, sí, pero no podía dejar que su presencia lo apartara de la tarea a mano. Se cuadró en la línea y miró a Williams. Williams se volvió a mirarlo con inquietante calma.
Él creía en conocer a sus oponentes. En el golpe siguiente Adam le golpeó con igual fuerza y lo retrocedió tal vez seis pulgadas. No había forma de que Williams iba a conseguir a través o alrededor de él, pero Tommy no fue derribado como casi todos los demás con los Adam jugó en contra.
El juego terminó con una conclusión. El entrenador llamó a Adam una niña y le dijo que pusiera algún esfuerzo en él.
La tercera era la vencida, pensó Adam, y esta vez cuando golpeó a Williams cambió sus caderas en la forma en que había aprendido del maestro Griffin. Williams volteaba a un lado como un envoltorio de chicle atrapado en una brisa. Denny se lanzó a través del agujero del tamaño de Layman y corrió por el campo.
Williams se fue de espaldas. Adam vio la luz —ya sea la de la luna llena encima o de las luces del estadio— reflejada en sus ojos planos.
Le ofreció a Williams su mano, y el chico muerto la tomó.

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MensajeTema: Re: Generation Dead - Daniel Waters   Dom Mar 28, 2010 10:30 pm

Capitulo 6


LAS LÍNEAS QUE PHOEBE ESCRIBIÓ brillaron con un azul eléctrico en la página blanca. Leyó las palabras una segunda vez y la energía fluyó de vuelta atravesando la punta de sus dedos. La sensación era algo que raramente había experimentado cuando escribía, a pesar de las páginas y páginas de la libreta que había llenado. Pero cuando llegó, la sensación fue como la chispa de la vida para ella.
Realmente pensaba que Tommy no sería capaz de levantarse del primer golpe duro que recibió. Los sucesivos placajes no fueron menos brutales, pero se puso de pie, sin empeorar por el cansancio, por lo que podía ver. Su resistencia pareció enfurecer a los tacklers , quienes golpeaban y se estrellaban contra él con renovado vigor. Cuando había detenido a Pete Martinsburg con una mano extendida, casi había empezado a aplaudir.
Leyó su poema por tercera vez.

Luna de cosecha
Sobre
El chico muerto en el campo
Tratando de mostrarnos
Qué significa
Estar
Vivo

Si las animadoras la vieron sonriéndose a si misma y pensaron que era extraña, que así fuese. Valió la pena.
La práctica terminó con un silbido final del entrenador Konrathy. Miró como Adam pasaba por las gradas. Él la vio sentada en las gradas y le dedicó el más imperceptible de los saludos. Le saludó de regreso como si fuera una celebridad de Hollywood, esperando haberlo avergonzado. Pero si realmente le hubiera dicho a como se llame que ella era su mejor amiga, no había mucho más que pudiese hacer para mejorarlo.
Phoebe buscó a Tommy y lo vio de pie en la parte más alejada de los jugadores mientras ellos se movían en un corrillo distendido hacia los vestidores. Más lento que la mayoría, se arrastró más y más lejos hasta que estuvo incluso a unos buenos cincos pasos detrás de Thorny Harrowwood, quien estaba cojeando después de pasar la hora anterior siendo golpeado en el césped como si fuera el anclaje de una tienda.
Entonces Tommy se detuvo, se giró y empezó a caminar en dirección contraria, hacia el aparcamiento.
O, pensó Phoebe, hacia el bosque de detrás del aparcamiento.
En un impulso repentino, quizás infundido por la chispa eléctrica a través de su sangre, la puso sobre sus pies después de arrancar la hoja de poesía de su libreta y doblarla en un pequeño cuadrado con flecos. Su libro, bolígrafo y iPod fueron a parar a su mochila, y ya estaba en movimiento.
Los sonidos de sus tacones eran como disparos en las gradas mientras las bajaba corriendo y seguía a Tommy a través del campo.




“¡Ven aquí, Layman!” gritó el entrenador Konrathy, haciéndole señas desde la puerta de su oficina. Adam suspiró, pensando que habría estado bien haberse quitado algo más del equipo aparte del casco.
Le dio una fría mirada a Martinsburg mientras pasaba, pero Pete se la devolvió sin pestañear.
Konrathy cerró la puerta de un portazo. “¿Qué has estado haciendo todo el verano? ¿Jugando con muñecas de papel?”.
Layman respiró profundamente. El año pasado, seguramente habría lanzado el casco contra la pared si el entrenador le hubiera gritado de ese modo. Ahí había puerta de taquilla que estaba doblada y retorcida como una galleta salada, encajada con tanta fuera en el marco que ya no se abría. El entrenador Konrathy había sacado del juego a Adam el año pasado por fallar un bloqueo que permitió a Denny Mackenzie ser expulsado por primera vez en la temporada, así que Adam había descargado su frustración contra la taquilla.
Pero este era el nuevo y mejorado Adam Layman, el de la calma zen. El nuevo y mejorado Adam que pensaba antes de golpear.
“No, entrenador”, dijo sin alterar su voz, su pulso y respiración bajo control. “Estaba tomando clases de karate y haciendo ejercicio”.
El entrenador Konrathy alzó las manos en un gesto exagerado de incredulidad. “¿Karate? ¿Karate? Pensaba que el karate se suponía que te hacía más duro, no un completo pelele”.
Adam sintió su respiración acelerándose, pero se concentró y retomó. No, entrenador, pensó, el karate no tiene nada que ver con hacerte más duro, tiene que ver con darte más control, claridad y centrar tu vida.
Centrar. Cuando estuvo listo contestó a su entrenador con una pregunta.
“¿Hay algo mal en la manera en que he entrenado hoy?”.
El entrenador se inclinó sobre la mesa de modo que quedara a pulgadas de distancia de Adam, lo suficientemente cerca como para que éste pudiese oler las pastillas para el aliento que había tragado por docenas durante el entrenamiento.
“Dime, Layman”, dijo.- ¿Crees que hay un problema con tu entrenamiento cuando ni siquiera puedes repeler a un chico muerto?”.
“Empujé…”
“¡No te agachaste! ¡Eres prácticamente un pie más alto que él, y no pudiste hacer nada excepto quitarle el equilibrio! ¡Y lo ayudaste a levantarse! ¿Qué demonios estabas pensando? ¡No ayudamos a levantarse a los novatos hasta que entran en el equipo, lo sabes!”.
Adam convocó la calmada pero insistente voz del Maestro Griffin en su cabeza. Céntrate, Adam. Céntrate.
“Es difícil de mover cuando sus pies están plantados”, dijo tan lisamente como pudo. “Creo que sería bueno en la línea ofensiva”.
Konrathy se echó atrás como si Adam le hubiera escupido en el ojo.
“Lo crees, ¿no? ¿Qué tal si en vez de unirse contigo en la línea, vas tú a unirte con él a la lista de niños que echo del equipo? La última cosa que necesito en este equipo es una actitud problema”.
El Maestro Griffin le había enseñado a Adam todo acerca del chi – la fuerza vital en el centro de todas las cosas – en sus estudios. Centrarse en el chi era bueno para la respiración. Era bueno para el corazón. También era bueno para evitar que Adam alcanzase al entrenador Konrathy y apretar su grueso cuello rojo. A pesar de todo este desmadre, no pudo evitar que su rostro se ruborizara.
“Conozco tus calificaciones, Layman”, dijo Konrathy, colocándose de nuevo delante de la cara de Adam. “Y conozco a tu padrastro. Sin el fútbol no tienes ninguna posibilidad de entrar o pagar la universidad”.
Dejó que sus palabras penetrasen durante un momento, y se hundieron, penetrando a través de la calma protectora que Adam estaba intentando mantener.
“Será mejor que te endereces y traigas tu juego “A” al siguiente entrenamiento, Layman”, dijo Konrathy. “Ahora fuera de mi despacho”.
Había cosas que Adam quería decir y hacer, pero no hizo. El entrenador estaba en lo cierto. Sin el fútbol no iría a ninguna parte; acabaría quedándose en Oakvale toda su vida, trabajando en el taller de su padrastro, levantando neumáticos alcanzando llaves a sus hermanastros. Oakvale podría tener una política de “todos incluidos” para sus equipos de deporte, que significaba que no echaban a los chicos de sus equipos, pero Adam no podía correr el riesgo. Demasiado tiempo en el banquillo arruinaría su oportunidad de una carrera profesional.
Stavis soltó una risita cuando caminaba hacia su taquilla. Stavis era otro chico destinado a ser un lugareño de Oakvale, y si Adam no entraba en la universidad se quedaría atrapado aquí cambiando aceite y cambiando frenos para cabezas de chorlito como él por el resto de su vida.
Pensó que prefería estar muerto a vivir en un futuro como ese. Muerto sin retorno. No como el chico Williams. Permanentemente muerto.
Su antigua taquilla, aquella que destrozó el año anterior, estaba al lado de su nueva taquilla. Lo deseaba de ese modo de forma que tendría un recordatorio constante de quien había sido y de quien estaba tratando de ser. Respiró por etapas, y sus puños se relajaron sin que fuera consciente de ello.


No pensé que los discapacitados vitales fueran capaces de moverse tan rápido, pensó Phoebe mientras caminaba a través del campo fangoso. Sus botas, tan brillantes y pulidas como parecían, tampoco estaban ayudando.
Había una economía de propósito en los movimientos de Tommy, como si estuviera caminando en la línea más recta posible desde su anterior posición en el campo hacia su destino. Su trayectoria lo llevaría directamente al bosque que rodeaba el Lago Oxoboxo. El control de Phoebe sobre la topografía local no era espectacular, pero sabía que en algún lugar al otro lado de esos árboles estaba su casa. También la de Tommy, en algún lugar algo más alejado de la ruta del autobús.
Tommy se movió entre dos coches aparcados y alcanzó la corta extensión de hierba antes de la línea de árboles justo cuando Phoebe entró en la pista en el borde del campo de fútbol. Disminuyó algo la distancia, pero no iba a atraparlo antes de que entrara en el bosque, como ella esperaba.
La única vacilación en las zancadas decididas de Tommy fue cuando se quitó el casco antes de entrar en la arboleda. La luz de la luna de cosecha brilló en su pelo rubio platinado en el momento antes de que la oscuridad lo tragara.
La respiración de Phoebe la precedió, inhalaciones de vapor como espíritus danzantes a la luz de la luna. No fue hasta que entró en el bosque y la luz de la luna había desaparecido que se detuvo el tiempo suficiente como para pensar en lo que estaba haciendo.
La cobertura del bosque Oxoboxo era prácticamente total; el dosel de hojas en lo alto era como un escudo contra la luz de la luna.
¿Qué diablos estoy haciendo?, pensó. Incluso antes de que los chicos muertos empezaran a volver a la vida, el bosque Oxoboxo era un lugar de misterio y extrañeza, un lugar donde se fraguaban y decían historias de fantasmas, historias que habían precedido al pueblo y a los europeos que poco a poco se fueron instalando allí.
Pero en el fondo sabía lo que estaba haciendo. Tommy Williams estaba en su cabeza, su cara blanca y angulosa, el fantasma de una sonrisa en sus labios, y la luz pálida de sus ojos azul pizarra. Sabía que él permanecería allí hasta que ella reuniese el coraje para hablarle. ¿Y entonces…?
Phoebe miró por encima de su hombro, de nuevo a la las luces pálidas del aparcamiento a través de los árboles. Adam pronto la estaría buscando, justo después de que se hubiera duchado y cambiado. No querría quedarse de pie alrededor de la camioneta de su padrastro, preguntándose donde demonios se habría metido. Y si él llegaba demasiado tarde, el PDT probablemente enloquecería como solía hacerlo y no dejaría salir a Adam durante el siguiente mes o fines de semana, y sería su culpa.
Miró dentro de las formas oscuras de los árboles de adelante. Podía ver la vaga y grisácea figura de los árboles ahora que sus ojos se habían acostumbrado a la falta de luz. Contó quince pasos y entonces se detuvo. El bosque era tan denso incluso allí en el perímetro que parecía que se tragara el sonido además de la luz. Era consciente que no había pájaros ni insectos haciendo ningún ruido, y lo extraño que era eso.
Suspiró y se quedó allí de pie durante un momento, imaginando cada respiración como un trozo de su alma, y entonces imaginó a cada fragmento alzándose hacia el impermeable techo de hojas y buscando una salida hacia el cielo de más allá. No había manera de que pudiera decir que camino había tomado Tommy a través del bosque.
¿Qué diablos estoy haciendo?, pensó de nuevo. Una ola fría de miedo se estremeció a través de ella. Decidió que perseguir a Tommy a través del bosque Oxoboxo era una mala idea. Se giró.
Y el chico muerto la alcanzó, sus ojos pálidos brillando en la oscuridad.

Thornton era el único chico que quedaba en los vestuarios mientras Adam ataba sus zapatillas. Estaba de pie enfrente de su taquilla con una toalla alrededor de la cintura, admirando un enorme moretón rojo que corría por toda la longitud de su caja torácica.
“Wow”, dijo el chico más joven, haciendo una mueca. “Realmente he recibido una paliza hoy”.
“Sin embargo, te levantaste”, dijo Adam. “Eso es lo importante”.
“Si, creo que lo hice”, contestó Thornton, sonriendo de una a otra de sus aleteantes orejas. El pobre chico parecía el tío de la revista Mad, pero sin el diente que le faltaba. Adam sonrío para sí, pensando que la temporada aún era joven. Thornton se marchó a las duchas silbando, y Adam pensó que el chico no estaría más feliz si le hubiera lanzado un billete de cien dólares.
Con gran poder, pensó. La frase de Spiderman. El Gran Maestro Griffin había pasado todo el verano machacándolo con eso, enseñándole que ser un pie más alto o dos veces más fuerte que cualquier otro no era un derecho, acarreaba ciertas responsabilidades. Enseñó a Adam que poseía dones que podían ser de gran utilidad a la sociedad o, si abusaba, podían causar un gran daño a todo, incluido él mismo.
Aún estaba pensando sobre eso cuando Tc, Pete y Harris Morgan lo detuvieron en el aparcamiento.
“Oye, Idiota”, dijo Pete. “¿Dónde está tu amigo zombie?”.
“No estoy de humor”, contestó, esperando a que Pete se apartase de su camino.
“¿Con qué equipo estas, grandulón?”, dijo Pete, acercándose más en vez de apartarse. “¿Con los vivos o con los muertos?”.
“Juego con los Badgers, Martinsburg, igual que tú. Sal de mi camino”. Miró por encima de su hombro a donde su camioneta estaba aparcada pero no vio a Phoebe, lo cual era bueno. No quería que viera eso.
Y en el fondo, sabía que tampoco quería que la vieran.
“Ese zombie va a irse del equipo, de una manera u otra, Layman”, dijo Pete.
Adam estaba intentando decidir si podía con los tres. TC era el más grande, aunque Harris y Pete no eran pequeños, y Harris era al menos más rápido de lo que él era. Se figuró que si llegaban a ese punto, probablemente debería tratar de derribar a Pete tan rápido como pudiese, porque entonces los otros dos podrían perder el arrojo. De hecho, Morgan no parecía como si le apeteciera de todos modos. Adam estaba preparando su cuerpo para permanecer relajado cuando Pete, sintiendo también donde estaba llegando la situación o habiendo aclarado su punto, se apartó de su camino.
Adam lo sobrepasó, sus ojos sin dejar la cara burlona del estudiante de último año mientras caminaba. Lanzó su bolsa a la cabina de la camioneta a diez pies de distancia.
“Escoge un equipo!”, gritó Martinsburg.
Adam entró a la cabina de la camioneta y cerró la puerta. El motor volvió a la vida al tercer intentó de arrancar, y encendió la radio. Esperó que sus tres compañeros de equipo se hubieran ido cuando Phoebe apareciera.

Phoebe jadeó cuando la mano del chico muerto alcanzó a tocar su cabello y dejar que los mechones negros se deslizasen entre sus dedos. Estaba inmóvil cuando él apartó la mano y la sostuvo delante de su rostro. Lo suficientemente cerca como para que pudiese ver la hoja que había retirado.
Ahora el único sonido era el de su respiración. Tommy dejó caer la hoja, y ella la miró como revoloteaba momentáneamente antes de desaparecer en la oscuridad.
“Yo… te estaba siguiendo”, dijo, arrepintiéndose instantáneamente después de hablar. Su susurro sonó en sus orejas como una alarma antiincendios en mitad del silencioso bosque. Él era un vivo desvalido, no un idiota. Por supuesto que le había seguido, ¿por qué otra razón se habría ocultado y se habría acercado sigilosamente a ella? Se preguntó si sus ojos – ojos del color de las nubes de lluvia en la fría luz fluorescente de la clase, pero brillantes, como los de un gato – podían registrar el calor que sentía irradiar de sus mejillas.
“Quería hablar contigo”, le dijo. “Quería decirte que pensé que eras muy valiente por hacer eso. Por jugar fútbol, quiero decir”.
Tommy no dijo nada, lo cual aumentó su vergüenza. Él era alto, sus hombros amplios. Sostenía su casco por la rejilla a un lado. ¿Qué tipo de idiota era ella para seguir a un chico vivo desvalido de todos modos?.
Quizás todo su sentido común había volado junto con su respiración. Era consciente, como si estuviera a una gran distancia, de meter la mano en su bolsillo y retirar el cuadrado de papel de la libreta.
“También quería darte esto”.
Se lo tendió y lo miró mientras lo observaba con los ojos brillantes, su cara sin ninguna expresión. Hubo un momento de agonía mientras miraba el cuadrado sin moverse, y todo lo que Phoebe pudo pensar fue en la vez en séptimo grado cuando Kevin Allieri rechazó su invitación de patinaje por parejas en una fiesta en Winford Rec Center.
Pero entonces Tommy alcanzó y cogió su poema. Inhaló cuando sus manos se tocaron; el olor era como el de la brisa de la mañana a deriva sobre el Lago Oxoboxo.
Se quedaron de pie sin hablar durante un minuto, cada segundo un momento de molestia que sintió extremadamente como cuando los chicos en el campo sentían sus placajes y golpes.
“Bueno”, dijo, con las orejas pitándole como si no fuera capaz de soportar más el silencio. “Tengo que ir a buscar a la persona que me lleva. Buenas noches”.
Él no dijo nada: nada en absoluto. Bajó los ojos cuando se giró y empezó a caminar hacia donde pensaba que estaba el aparcamiento. Pero estar de pie en el bosque con Tommy, darle su poema, era tan irreal, tan bizarro que no estaría sorprendida en lo más mínimo si el bosque Oxoboxo, lago incluido, fueran centrifugados fuera de la superficie de la tierra y dentro de la estratosfera. Fuera lo que fuera la magia eléctrica que había tenido estaba ahora envuelta por una fría y entintada oleada de vergüenza y miedo. Estuvo a punto de chocar con un árbol cuando le pareció oír su nombre.
Se giró. Todo lo que pudo ver fue el pálido y brillante contorno de Tommy y sus ojos, dos discos pálidos de luz de luna, a unos quince pies de distancia.
“Creo”, dijo, su voz suave y lisa, más parecida al recuerdo de un sonido que un sonido en si mismo, “que tu también eres valiente”.
Las pequeñas lunas desaparecieron y estaba sola. Había oscuridad a todo su alrededor, pero ya no fluía dentro de ella. Estaba sonriendo cuando se unió a Adam en la cálida cabina de la camioneta de su padrastro.

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Última edición por Gemma el Vie Abr 02, 2010 11:34 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Generation Dead - Daniel Waters   Dom Mar 28, 2010 10:32 pm

Capítulo 7

EL FIN DE SEMANA AVANZÓ con una cansada languidez, como si el mismo tiempo se convirtiera en vivo desvalido. Phoebe pasó largas horas sentada en su cama escuchando música con su cuaderno y lápiz sobre su regazo, escribiendo nada y hablándole a nadie. El viernes por la noche había sido confuso en muchas formas, pero parte de ella quería aguantar un poco más con esa confusión y analizarla.
Margi llamó el sábado por la noche, como de costumbre, la hora de conversación estaba enfocada principalmente en Margi. Su tarea de Historia, el programa que estaba viendo, los zapatos que planeaba usar el lunes, sus pensamientos en las nuevas descargas de Zombiecide. A Phoebe no le molestaba; siempre era entretenido tener una conversación centrada en Margi, y le permitía no hablar sobre lo que estaba en su mente – Tommy…
Casi se delató cuando Margi le preguntó si logró llevar a cabo la tarea en la biblioteca – había olvidado completamente su historia encubierta.
“Oh, seguro”, dijo, pero realmente solo había dibujado algunas caricaturas en su cuaderno y hojeó un libro que encontró de la Inquisición Española.
“Eso fue convincente”, dijo Margi. “Sabes, desearía que me hubieses convencido de quedarme, porque realmente lo estoy pasando muy mal haciendo esta tarea de Historia. Por supuesto, el Sr. Adam Lelo man probablemente no me habría llevado a casa. Lo juro, Phoebe, él está enamorado de ti desde tercer grado”.
“Me mudé aquí en cuarto grado”.
“Bueno, probablemente ha estado enamorado de ti desde su vida pasada. Lo has visto como rueda sus ojos cuando los acompaño?”.
“Eso es ridículo, Margi”.
“Si, lo sé. Soy mucho más atractiva que tú”, dijo, y entonces rió.
Phoebe llevaba tiempo sabiendo de la fascinación de Margi por Adam, quien fue el primer amigo que Phoebe hizo cuando se mudó a Oakvale. Se habían simpatizado porque Adam no conocía a chicas que le gustaran los libros de comic, y ella era una mejor nadadora y jugadora de Frisbee que él. No se aprovechó por su tamaño, o “infló”, como a Phoebe le gustaba molestarlo, hasta la enseñanza media. Luego su gusto por la contextura comenzó a hacerlo optar por los deportes de contacto – deportes que a ella no le interesaban, a pesar de tener un decente tiro brincado del exterior. Adam era un año mayor pero se había quedado atrás en segundo agrado, así que ahora ambos eran junior. La secundaria los hizo tomar diferentes caminos – Adam era uno de los populares, Phoebe estaba al margen. Ninguno hizo un lío por su amistad en la escuela porque la incongruencia de ello confundía a sus círculos de amigos.
Esa incongruencia, como la duración de su amistad, era lo que lo hacía tan especial. Phoebe aún sentía que no había nadie más con el que pudiera jugar Frisbee o nadar en el Oxoboxo.
Era lo suficientemente especial que Phoebe sabía que ninguno de ellos lo arruinaría con sentimientos más complicados. Pensó que Margi era la que estaba enamorada, pero por alguna razón nunca lo admitiría.
“Eres más apuesta que yo, Margi”.
“Cierto. Hay algo por lo que digas la verdad? Tu tienes la altura, buena piel, pómulos. Qué tengo yo?”.
“El vestuario? Y el…”.
“No lo digas”.
“Bueno, lo hiciste. Creo que consiguen más atención que mis grandes pómulos”.
Más bromas, y luego colgarían cuando el padre de Margi le gritara para que dejara el teléfono. Phoebe volvería a rayar en su cuaderno.
Adam instantáneamente le envió un mensaje el domingo por la noche cuando estaba navegando en busca de las últimas noticias de los discapacitados vitales. Le preguntó si quería que la llevase a la escuela el lunes, lo cual era extraño porque nunca le preguntaba eso. Ella le contestó Seguro y le agregó un tontorrón emoticón que era la marca de las Hermanas Raras, un círculo, carita sonriente con pestañas, una cola, y lengua moviéndose estúpidamente con la boca abierta.
Genial, fue su mensaje de respuesta, sin adornos. Siete?.
Sip.
Deberíamos jugar Frisbee de vez en cuando. Luego se desconectó.
Eso, pensó, fue realmente extraño. Ahora el único momento en que se lanzaban el disco era cuando uno de ellos necesitaba a alguien con quien hablar. Había cosas que Phoebe no podía hablar con Margi, y había cosas que Adam era reacio a compartir con alguno de sus amigos del equipo de fútbol. Eran un extraño par – pero los pares extraños eran los que mantenían la vida interesante.
El sentimiento trajo instantáneamente a Tommy a su mente. Cuando apagó la luz imagino sus ojos brillando ligeramente en la oscuridad de su habitación, y esta vez no tenía miedo.


Adam llegó a su casa a las siete en punto, la camioneta de PDT resonaba en el camino de entrada mientras él entraba a la cocina y sacó un plátano. Phoebe, la última en llegar, escribió una nota para su madre diciéndole que no la esperara para la cena y entonces cerró con llave la puerta. “Gracias, Adam. Como conseguiste la camioneta?”.
“PDT tomó hoy el auto de mamá”, dijo. “La llevó al trabajo para poder cambiarle el aceite. Tenemos tiempo para tomarnos un café, si quieres”.
“Estoy bien, pero puedes tomar uno”.
Se encogió de hombros. “Me gustan los mechones rojos. Te los hiciste?”.
Phoebe reflexivamente tocó las puntas de su cabello y pensó en la caída de hojas. “Por supuesto. Gracias”.
“De nada”.
Dio marcha atrás a la camioneta de su camino de entrada y dobló a la izquierda, lo que significaba que se iba por el camino largo, por el lago.
“Asíiiiiiii….”, dijo, “Qué cuentas?”.
Ahora se dio cuenta de cuan callado había estado desde el viernes. Esa noche habría sido pregunta justa, “Oye, Phoebe, qué rayos estabas haciendo en el bosque?”, pero nunca lo preguntó. No lo había notado, y Adam notaba la mayoría de las cosas a su alrededor. Ella no se dio cuenta de que había estado tan preocupada que ni siquiera se dio cuenta cuan preocupado había estado él.
Él se encogió de hombros de nuevo. “Más tarde. Solo quiero conducir un rato”.
“Seguro, Adam. Conducir es bueno. Oler ese aire fresco del lago”.
Se rió, y lo conocía lo suficiente como para no forzarlo a hablar. Hablaría con ella cuando estuviera listo.
El bosque del Oxoboxo se veía diferente a la luz del día, y desde el exterior. Ella siempre pensaba que los árboles estaban más juntos que en otros bosques, como si estuvieran agrupándose para esconder secretos al mundo exterior de sus bordes silvestres. Ella y sus amigos habían pasado buenos momentos de sus jóvenes vidas en los bosques y el lago. El Oxoboxo era un lugar donde uno nunca se sentía cien por ciento seguro, y eso era lo que lo hacía tan emocionante.
Emocionante, al menos, hasta que Colette murió ahí.
“Nunca me contaste como estuvo la práctica”, dijo Phoebe, volteándose a mirar por el parabrisas. “Como fue jugar con el cadáver andante?”.
Pretendió hacerlo como diversión, pero vio su mirada horrorizada cuyas palabras le habían llegado justo a lo que sea que lo estaba atormentando.
“Oh”, dijo.
“Pensé que eso no era políticamente correcto. No es eso lo que tú y Daffy estuvieron diciéndome el otro día en el almuerzo?”.
“Estoy bromeando!”, estaba desafiante y era obvio, pero si quería algún tiempo antes de contarle lo que lo molestaba, estaba bien.
Sus hombros se movieron nuevamente como lo hacían siempre que estaba nervioso. “Sabes, el chico muerto no era tan malo”.
“De verdad?”, dijo, secretamente contenta.
“De verdad. Es muy fuerte. Quiero decir en velocidad, es lento. Pero recoge rápido. Al final de la práctica había encontrado una forma para rebatir mi ataque. Fue bastante bueno”.
“Guau, quien lo habría pensado?”.
“Yo no”. Y eso fue todo lo que dijo sobre Tommy.
Dio vuelta al estacionamiento de estudiantes un rato después, y entonces estaban fuera de la camioneta y haciendo la larga caminata a la escuela.
“Oye, esta noche tengo práctica otra vez”, dijo. “Necesitas ir a la biblioteca o algo?”.
Ella le sonrió. “Quieres hacer algo de Frisbee a medianoche?”.
“Si”, dijo. “Puede que necesite hacerlo”.

Todo fue normal el lunes. Los vivos continuabas rápidamente de clase a clase, charlando sobre las citas del fin de semana o uno de los cientos de encuentros sutiles que ocurrían en el momento que transcurría el timbre de la mañana y el de almuerzo, mientras que los muertos se movían en líneas rectas y no compartían sus pensamientos con nadie, ni siquiera con sus pares. Phoebe deambulaba y buscaba a Tommy Williams, capturar su vislumbre desde una distancia calculada. Él podía tener la ventaja en el bosque Oxodoxo con su sigilo y sus ojos de luz de luna, pero entre los vivos, ella llevaba la delantera. Aquí en los pasillos fluorescentes podía observarlo todo el tiempo sin que se diera cuenta.
Pero eso no quería decir que el muerto fuera incapaz de sorprender, en cuanto Margi probara dejar caer al más grande de todos en el pasillo después del timbre final. Estaba lista para ir al autobús antes de que Phoebe siquiera lograra llegar a su casillero – así de grande era.
“Lo siento, Margi”, dijo Phoebe, “no voy en el autobús hoy, voy a la biblioteca de nuevo”.
“Estás bromeando”, dijo Margi. “Tengo que hablar contigo”.
“Qué sucede?”.
“Qué sucede contigo?”, fue su respuesta, con una pizca de acusación en su voz.
“Acaso son las veinte preguntas, Margi? No sé que se supone tenga que decir, y no quiero que pierdas el autobús”.
Margi miró a Phoebe, con una mezcla de impaciencia y comprensión en su suave y circular rostro.
“Pheebes”, dijo, “eres mi mejor amiga y te quiero. Lo sabes. Pero algo está sucediendo”.
“Cierto, ya hablamos de eso. Así que te ruego que digas que sucede?”.
“Deja preguntarte algo: alguna vez has visto a un vivo desvalido dibujar en su cuaderno?”.
Phoebe suspiró. Dejando a Margi con el melodrama. “No, no lo creo”.
“Alguna vez han contribuido con el Oakvale Review?”.
“No”.
“O tomar arte o clases de música?”.
“No”.
“Tomar una foto digital o jardinear en un chiflado antojo? O básicamente hacer cualquier cosa creativa?”.
“No, no que yo sepa”.
“Ni siquiera decorar sus casilleros?”.
“Margi! Ve al grano!”.
Lo hiz, y enfatizó el punto. “Tommy Williams tiene un poema colgado de su casillero”, dijo, “y se ve como si estuviese escrito con tu letra”.

En el preciso momento en que la boca de Phoebe se abrió para responder a la declaración de Margi, el maletero de Pete Martinsburg se abrió con un click desde su llave. El auto apenas tenía un mes de antigüedad, un regalo de cumpleaños de su querido padre lejano.
Pete no era lo suficientemente estúpido para pensar que el regalo de su papá no era más que una expresión para fastidiar a su madre. Todo era sobre vengarse de la ex esposa.
Pero hey, auto gratis.
Llevó a Adam y TC al auto. Llevó algo convencer a Lelo man de que saliera de los vestidores, e incluso ahora el grandulón hacía un espectáculo de cuan aburrido era todo esto para él.
Pete sabía como iba a ser, pero sintió la necesidad de darle a Adam una prueba final de fe antes de cambiar su estrategia.
Fue a la camioneta y se sacó la ropa de fútbol. Bajo el largo petate negro había tres bates de beisbol rayados. Pete sacó el de aluminio del maletero y lo agarró fuertemente con una mano, hizo crujir sus muñecas un par de veces. Su sonrisa era amplia y fría.
“Hice catorce jonrón con este bebé en mi último año en la liga PAL. Maqué 313 ese año”.
Stavis asintió con atención, pero Pete podía decir que Adam estaba por un pelo de hacer algún comentario sabelotodo, y su agarre en el bate se apretó hasta que sus nudillos se volvieron blancos.
“Vamos a enseñarle otro deporte al chico zombie después de la práctica”, dijo, sarcásticamente. Dejó caer el bate en la camioneta, donde aterrizó con un ruido sordo, un sonido no muy diferente al que haría un bate contra un cráneo, pensó Adam-
Luego el maletero se cerró con tal fuerza que el pensamiento desapareció.
“Pete”, dijo Adam. Ni siquiera se vio tan petulante, lo cual hizo a Pete fortalecerse para resolver llevar a cabo el plan.
“Si, Lelo man?”, contestó. “Tienes algo que te gustaría aportar?”.
“De verdad no estás sugiriendo que iremos tras ese chico, cierto?”.
Pete se rió. “Por qué no? No hay ninguna ley contra ello”.
“Vamos, Pete. Es estúpido”.
“Estúpido? Te diré algo que es estúpido. A tu pequeña chica Morticia Pantisnegras le gusta un cadáver andante, eso es estúpido”.
“Déjala fuera de esto. Estoy hablando –”
“Tu barbilla se está agitando, pero no estás hablando. Tu chica, la que has sentido algo por, cuanto?, toda tu vida? Está escribiendo poesía para chicos muertos. Vino a la práctica para observar a un chico muerto. Un chico muerto, Adam. Cuan asqueroso es eso?”.
“Cállate, Pete”. Adam tenía un tono carmesí, y Pete sonrió.
“Y solo vas a dejar que suceda. Ni siquiera vas a intentar de conseguir que juegue en el equipo correcto, cierto?”.
Stavis, quien era lo suficientemente listo para captar las señales, se movió al lado izquierdo de Adam.
“Qué sucedió, Adam?”, dijo Pete, bajando el tono de su voz hasta un bajo susurro. “Qué parte de ti es tan repulsivo que la chica a la que has estado siguiendo durante años se dirige a un zombie para amar?”.
Adam dio un paso adelante, sus propias manos empuñadas, pero eso fue hasta donde llegó. Pete deseaba haberse inclinado, porque entonces podían haber estado lanzando unos cuantos puñetazos, sacarse sangre, y al final de ello serían nuevamente amigos. Serían el Banda del Dolor.
“Puedes irte, Adam”, dijo a la espalda de Adam, “pero no he terminado. No voy a dejar que esa encantadora flor joven se acueste con un cadáver. No mientras yo viva y respire”.
Adam continuó caminando hacia la escuela.

Pete dijo que no había acabado, y lo decía en serio. El rumor de hacer un bucle alrededor de la escuela como una quemada de matorrales era tan absurdo que Pete ni siquiera podía entenderlo. Un vivo, respirando, en la plenitud de los dieciséis años, teniendo algo con un chico muerto? Era completamente antinatural. Por qué no ir y acostarse con un animal de granja? Al menos un animal está vivo. Decidió que lo mejor era tomar cartas en el asunto.
Pete la vio en la biblioteca. Ya estaba atrasado para la práctica, pero qué rayos. Qué iba a hacer el entrenador, despedirlo? Y perder a dos intercepciones por juego? De ningún modo.
Por otro lado, meterse bajo la falda de esta chica valdría la pena las carreras extra.
“Oye”, dijo, sentándose al frente.
Ella levantó la vista y se sacó un audífono cóncavo de la oreja. Alguien gritaba de dolor a través del altavoz, el volumen era audible hasta la mitad de la biblioteca. A él le gustaba el modo en que su delineador negro hacía que sus ojos se vieran como los de un gato. Provocativos. Y la mejor parte era que esta chica no tenía idea cuan provocativa era. Ni siquiera tenía algún amigo de las juntas en el pool de Pete, las porristas y otros tipos, las Toris y Holys y las Cammys quienes se habrían enrollado con él incluso si fuese el tipo más feo del equipo de fútbol.
Le dio una sonrisa intencionada para hacérsela sentir hasta los pies. Haber salido con las chicas universitarias este verano le había abierto algunos mundos nuevos, respecto a mujeres. La chica era siniestra, seria, y era aficionada a los libros. Se imaginó que chicos menos experimentados no la mirarían dos veces, pero para Pete, todos esos factores eran solo aprte de un dulce secreto que chicas como estas ocultaban, un dulce secreto esperando ser contado a todo el mundo.
“Hola”, volvió a decir.
“Hola”, dijo ella, con una pizca de pregunta en su voz. Le gustó eso. Y ella era tímida; su piel pálida se estaba volviendo rosa hasta su garganta. Se cercioró de observar el color extendido.
“Te vi en la práctica de ayer”, dijo. Si había una cosa que a las chicas les gustaba, era ser notadas.
“Lo hiciste?”.
“Si. Miré arriba y ahí estabas, observándonos”.
“Estaba esperando”, dijo, “a Adam”.
Pete sonrió por dentro. Morticia por el momento estaba fuera de su liga.
“Layman? No es tu novio, o si?”.
Ella rió y negó con la cabeza, con un brillo rosa en sus mejillas. Su piel era la piel de los ángeles, pensó, suave y blanca. Casi estiro su mano para acariciarle la mejilla, pero pensó que se espantaría. Quizás después.
“Eso es bueno”, dijo, “porque Adam es buen amigo mío, y odiaría que se enojara conmigo”.
Se dejó de reír. “Por qué se enojaría contigo?”.
Ahora era él quien se rió, lo hizo mientras se inclinaba en la chirriante silla de la biblioteca, extendiendo sus brazos para que ella pudiera captar la definición de sus brazos.
“Por invitarte a salir”.
Ella volvió a mirar su libro de Historia. Pete de inclinó hacia adelante. A las chicas esbeltas les gustan los chicos grandes, y él era uno; la sombra de sus hombros la cubría como una manta.
“Porque incluso si hubiese sido tu novio, igual te hubiese invitado a salir”.
Ella se veía como si tuviera problemas para respirar. Lo hizo pensar en otras formas de hacerla quedar sin respiración.
“Necesito estudiar”, dijo, su voz por encima del susurro.
Lo haces, pensó. “Entonces es un si?”, dijo, su mano sobre su brazo. Ella llevaba un sweater delgado, y masajeó la tela negra agrupada en su codo con su pulgar e índice. “Puedo llevarte a casa si quieres. Le diré a Layman que hicimos algunos planes. Probablemente has visto mi auto”.
“No”. Su voz era tan suave que casi no la escuchó.
“No, no has visto mi auto? Es el…”
“No”, dijo ella. “No, y no quiero salir contigo”.
“Qué?”.
“No”, repitió. “Por favor detente. Las personas estás observándonos”.
“No entiendo”. Realmente no entendió.
“No quiero salir contigo, Pete. Gracias, pero no”.
“Por qué no?”, dijo.
“Solo no quiero. Por favor suelta mi sweater”.
Lo hizo, se inclinó hacia atrás, la silla rechinó contra su peso. Primero Layman adoptó una gran actitud, y ahora esto. Pete había estado escondiendo su rabia desde que su padre lo envió al aeropuerto sin siquiera desearle un buen viaje, y ahora amenazaba con estallar por todo su ser.
“’No quiero’ no es una razón, cierto?”, dijo, su rostro aproximándose al de ella.
“Es la mejor razón”, dijo, y él se sorprendió de cuan deficientemente la había juzgado. “Podemos acabar con esta conversación, por favor?”.
Pete forzó a sus manos a relajarse y lentamente se alejó de la mesa.
“Oye, lo siento”, dijo. “Pensé que estaba percibiendo algo que quizás no era. Sé que soy un poco testarudo, probablemente porque la mayoría de las chicas con las que salgo son así. Lamento si te ofendí”.
Ella se sensibilizó, pero solo un poco. “Está bien”, le dijo. “Lamento no haberte dado una respuesta más cortés. De verdad estoy halagada”.
Le dio un asentimiento que esperó hacerlo parecer dolido y alicaído – como si le importase lo que Pantisnegras pensara de él. “Bueno, no te di muchas opciones, cierto? Testarudo, así soy”.
Ella sonrió. Él estiró su mano.
“Amigos?”, dijo.
Ella miró su mano, y luego su rostro, y sonrió. “Amigos”, dijo, y estiró su mano para estrecharla.
Él planeaba marcharse. Pero algo sobre su fría y delgada mano lo hizo cambiar todo. Tenía dedos largos y delgados, pestañeó y pensó por un momento, solo un momento, que estaba sosteniendo la mano de Julie. No había tenido una relación con nadie desde que Julie murió. Julie quien murió y no podría, no podía, regresar. La furia brotó en su mente.
Aún agarrando su mano, se inclinó más cerca y susurró en su oído. “Layman está alquilándote, cierto?”.
Entonces ella lo miró, con sus ojos más gatunos que nunca. El color regresó a su rostro e intentó sacar su mano, pero él era demasiado fuerte.
“Lo menos, espero que Lelo man te esté alquilando. Porque si descubro que me rechazaste por alguna carne muerta, me desilusionaré bastante. Me puedo volver tan malditamente desilusionado de que la chica que tengo fichada como una ninfomaníaca en secreto en realidad sea una necrofílica en secreto, sabes a lo que me refiero? Y gente, muerta o no, puede ser lastimada”.
Ella no apartó la mirada aunque él le estaba apretando la mano lo suficientemente fuerte para sacarle lágrimas. Después de un rato le lanzó un beso y se puso de pie, dándole una gentil caricia a su mano mientras la soltaba.

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MensajeTema: Re: Generation Dead - Daniel Waters   Dom Mar 28, 2010 10:33 pm

Capitulo 8

“LOS GOLPES NO PARAN”, pensó Adam al ver como Stavis desequilibraba a Williams con un chop block por sorpresa que habría dejado sin aliento a cualquier chico vivo. Williams perdió pie y Stavis utilizó su impulso para derribarlo con fuerza.
Williams no dejó escapar ningún sonido; nunca lo hacía.
El juego, un pase falso de halfback, había acabado antes del golpe de Stavis y no se desarrollaba cerca de Williams.
Adam notaba una tirantez en el pecho que nada tenía que ver con sus condiciones físicas, sino con las mentales que había desarrollado durante el verano con el maestro Griffin.
Cerró los ojos y pudo verlo el primer día de clase, con la cabeza afeitada reflejando la brillante luz del dojo y con una sonrisa apenas perceptible bajo su grueso bigote negro.
– Todos tenemos poder – dijo a sus estudiantes. Adam comprobó que el maestro se movía por la colchoneta con agilidad, casi como un gato; era como si se deslizase sobre las puntas de los pies –. Todos nosotros – siguió, mirándolos uno a uno –. Lo importante es lo que hacemos con ese poder.
Entonces le pidió a Adam que le hiciese un placaje. El maestro Griffin era más bajo y compacto que Adam, y mucho más ligero. El chico fue a por él, confiado, ya que hacer placajes era lo suyo. Apuntó bajo, para darle en las piernas.
De repente se vio volando por los aires, aunque fue un vuelo corto, porque Griffin lo echó sobre la colchoneta, amortiguando su caída de algún modo. Después, en vez de soltarlo, le siguió agarrando el brazo con una mano, mientras retiraba la libre, dispuesta para darle un golpe con la palma abierta. Adam se quedó mirando la línea rígida de la palma y supo con certeza que Griffin podría romperle la nariz o aplastarle la cara con un solo golpe rápido. Sin embargo, se limitó a darle un golpecito en el pecho antes de ayudarlo a levantarse.
– Adam tiene poder – dijo el maestro a la clase –. Yo tengo poder. Todos lo tenéis. ¿ Qué vamos a hacer con ese poder?.
Aquel había sido el único contacto físico de la primera sesión; el maestro Griffin había tirado al suelo a su alumno más grande y atlético igual que se tira un calcetín viejo a la cesta de la ropa sucia. Se había pasado el resto de la clase enseñándoles buenos modales y hablando sobre la responsabilidad personal.
– Layman – le gritó el entrenador Konrathy –, despierta y pon tu culo en la línea.
Adam obedeció y puso su culo en la línea. Mientras lo hacía, era como su pudiese oír la tranquila voz del maestro preguntándole hasta qué punto estaba dispuesto a jugarse ese mismo culo por sus creencias.
El chico muerto se levantó como siempre, despacio, aunque no parecía herido después del golpe ilegal de Stavis. Adam intentó meterse en su cabeza. ¿ Qué estaría pasando allí dentro, si es que pasaba algo? ¿Por qué estaba Williams allí? ¿Quería probar algo? ¿Era por amor al juego? ¿Se daba cuenta de que algunos de sus compañeros hacían todo lo posible por sacarlo del equipo…para siempre? No parecía tener mucho sentido que se entregase voluntariamente a aquel castiga.
Y otra idea se le metió en la cabeza, como si fuese lluvia a través de las grietas de un tejado: ¿de verdad sentía Phoebe algo por él? ¿Cómo podía resultarle atractivo? ¿Cómo demonios podía interesarla de aquella forma un chico muerto? Debía de tener los cables cruzados por alguna parte.
De vuelta al vestuario, el repentino silencio le dijo que Williams estaba pasando por allí. El chico no se duchaba, al menos no con el resto del equipo en las duchas comunes. No sudaba, y era tan fácil quitarse el barro y el césped de la cara en casa como en las duchas.
Adam se quitó las hombreras y observó disimuladamente la reacción de sus compañeros al paso del muerto. La hostilidad descarada del resto de la Banda del Dolor era patente: Martinsburg le susurraba algo a su matón jefe, Stavis, y a Harris Morgan, que parecía ser el primero en la lista de reclutas después de que Adam renunciase a su puesto.
Casi todo el equipo se volvió, como si la presencia del chico muerto fuese un secreto vergonzoso que nadie quisiera reconocer. Denny Mackenzie, al que Williams le había salvado el cuello bloqueando la carga lateral de Martinsburg, fingía estar absorto en lo que decía Gary Greene. Williams abrió su taquilla, sacó la mochila y se dirigió a las escaleras.
Tommy Williams jugaba para los Oakvale Badgers, pero a nadie parecía gustarle la idea. Konrathy estaba apoyado en la jamba de su despacho, observando como el chico caminaba lentamente hacia la salida.
Thornton Harrowwood tenía la taquilla que estaba más cerca de la puerta. Estaba sentado en el banco de madera con una toalla húmeda rodeándole la cinturita, guardando el uniforme sucio en un enorme petate verde que era casi tan grande como él. Miró a Williams al pasar y le ofreció la mano extendida, como si fuese lo más normal del mundo; Williams se la chocó con una palmada suave, sin dejar de caminar. Como si fuese lo más normal del mundo.
Adam sonrió, pero Konrathe llamó a Thornton a su despacho. Adam estaba tan concentrado en intentar averiguar de qué hablaban al otro lado de la puerta que casi no se dio cuenta que sus antiguos compañeros de la Banda del Dolor se saltaban la ducha y seguían a Williams.


– Está hablando con la zorra del terror – dijo TC mientras cruzaban el aparcamiento, camino del bosque.
– Eso no cambia nada – respondió Martinsburg. Estaba dándole vueltas al bate de aluminio con rápidos giros de muñeca –. Harris, tú te ocupas de ella. Si intenta huir o entrometerse, detenla.
– Ayyy, tío. No pienso pegar a una chica.
– ¿Te he pedido que le pegues? Solo tienes que detenerla. – Martinsburg apuntó con el bate al pecho de Harris Morgan. Pete pesaba unos veinte kilos más que Harris, asi que este dio un paso atrás, aunque más por la expresión de Pete que por el bate.
– Detenerla, lo pillo – dijo.
– Si te vas a rajar, como Layman, será mejor que me lo digas ahora.
Harris sacudió la cabeza.
Martinsburg miró de nuevo a su presa, que se había vuelto y estaba entrando en el bosque con la señorita Pantisnegros.
– Bueno, ¿qué creéis que piensan hacer en el bosque? – preguntó, soltando un escupitajo entre los dientes –. ¿Lo va a ayudar a quitarse las hombreras?.
El chico muerto lo había dejado sin aliento en las prácticas. Pete estaba a punto de dar con el hombro al quarterback cuando el muerto se acercó por su punto ciego y lo derribó, dejándolo sin aire en los pulmones.
El zombie se había puesto de pie sobre él, mientras él, boca arriba, intentaba respirar de nuevo. El muerto lo miró, y Pete sintió un momento de pánico bajo la fría mirada gris que surgía del casco.
“Ahora sabes lo que se siente cuando estás muerto”. Olía la voz del zombie dentro de la cabeza, y le pareció detectar un pequeño tic en uno de los músculos de la boca.
“Te gusta?”.
Williams lo dejó sobre la hierba. Pete recuperó el aliento poco a poco y, durante todo aquel proceso, no pudo quitarse de encima la imagen del zombie riéndose de él. La imagen le daba miedo, pero el miedo solo servía para enfadarlo aún más. Nadie, ni vivo ni muerto, se reía de Pete Martinsburg y salía de rositas.
– Seguiremos por el sendero y, cuando estemos cerca, nos dividiremos – explicó –. Yo empezaré. A no ser que antes huelan a nuestro amigo Stavis.
– ¿Qué? – preguntó Stavis, mirando su uniforme, sucio y aromático.
– Podrías haberte duchado, por lo menos – le dijo Pete –. Apestas. – Harris se rió, asintiendo.
En el aparcamiento había algunos chicos con sus padres, aunque nadie pareció prestarles atención. Pete asintió, mirando a sus dos secuaces.
– Vale, allá vamos.
Lo siguieron al interior del bosque.


Phoebe no estaba segura de cómo saca a colación con Tommy el tema del poema, pero él le ahorró el esfuerzo en cuanto entraron en el bosque.
– Tengo tu poema… en mi taquilla – le dijo –. Después caí… en que… quizá te suponga un problema.
Phoebe sacudió la cabeza e intentó pensar en como responder. Tenía gracia que la claridad del discurso de Tommy, que hablaba con más fluidez que otros discapacitados vitales, la dejase a ella sin saber qué decir.
– No, supongo que me sorprendió.
– Tu amiga, la del pelo rosa.
– Margi – repuso Phoebe, entre risas.
– No pensé en las… consecuencias – dijo Tommy, logrando decir todas las sílabas de una vez –. Todos… lo saben. Lo siento.
Phoebe sacudió la cabeza y se acercó a él. El chico no olía como alguien que lleva dos horas metido en un entrenamiento de fútbol americano, ni tampoco como una persona muerta, ya puestos. Solo le llegaba el fresco perfume de los pinos y las hojas de otoño. Tenía la piel suave y blanca; era como una escultura que hubiera cobrado vida, la versión idealizada de un joven, sin defectos ni imperfecciones.
– No lo sientas – le dijo, tocándole el brazo, que parecía piedra pulida –. Quería que lo tuvieses.
Él asintió de manera casi imperceptible, sin apartar de ella aquellos ojos sin fondo. Tenía una mirada desconcertante, por decirlo de algún modo. No te seguía cuando hablabas y, al parpadear, cosa que no sucedía a menudo, daba tiempo a contar hasta tres antes de que los párpados se tocasen. Tommy levantó la mano como si fuese a tocarle la mejilla, y Phoebe pensó en lo delicado que había sido cuando le quitó la hoja del pelo.
La sorprendió volviéndose de repente.
– Es… difícil para los… dos – dijo –. La amistad… siempre lo es. Y más…
Phoebe no pudo oír el resto de la frase, porque, en aquel momento, dos figuras agachadas corrieron hacia Tommy. Una blandía un bate de béisbol que le dio al chico en el pecho, derribándolo contra un tronco podrido. El casco rebotó dos veces en el suelo y aterrizó cerca de Phoebe, que chilló al ver que una tercera figura la cogía por detrás y le sujetaba el cuello con un bate.
M – Chisss – dijo Harris Morgan, sonriendo.
M – Te gustan los deportes, ¿eh, zombie? – comentó Martinsburg. Dejó caer el bate, que hizo un ruido escalofriante. Phoebe no pudo ver donde daba, porque Harris y el tronco sobre el que había caído Tommy se lo impedían.
– ¡Para! – chilló.
– Cállala – dijo Martinsburg, volviéndose, mientras se preparaba para asestar otro golpe. Harris miró a Pete, sin saber muy bien como traducir la orden, y Phoebe aprovechó la ocasión para saltar sobre él, moviendo los puños.
Le dio un golpe y los dos se tambalearon, pero acabó tirada boca arriba, viendo como las ramas de los árboles daban vueltas en un caleidoscopio de colores otoñales. Apenas se dio cuenta de que Harris se levantaba, entre palabrotas, lamiéndose el labio inferior.
Entonces oyó de nuevo el silbido del bate de Martinsburg al caer.
No le resultaba fácil sentarse, pero lo hizo. Martinsburg, sonriente, le hacía un gesto a Stavis para que probase a golpear a Tommy. Phoebe intentó ponerse de pie, pero Harris la detuvo poniéndole la punta del bate en el pecho y ordenándole que se sentara, sin dejar de maldecirla. A ella la consoló ver que le había hecho sangre al golpearlo con el puño en el labio.
Vio a Stavis levantando el bate sobre la cabeza con ambas manos.
– No tenéis idea del error que acabáis de cometer.
La voz, profunda y tranquila, pertenecía a Adam. Phoebe se volvió y lo vio en el sendero por el que habían llegado Martinsburg y sus compinches. Hablaba con Harris, pero también se volvió para mirar a los demás.
– No te metas, Layman – le advirtió Martinsburg. Stavis bajó el bate y analizó la nueva amenaza. Phoebe se dio cuenta de que era más ancho y más pesado que Adam, aunque no tan alto ni tan rápido, pero supuso que daba igual, porque Stavis llevaba un bate de béisboll.
– Me meto – respondió Adam, y dio dos pasos adelante, recortando distancias.
– Te dije que escogieras un equipo, Lelo Man.
– Pues supongo que ya lo he hecho – contestó él, sin dejar de acercarse a Pete.
– Sería una pena que te fastidiaras una rodilla – comentó Martinsburg, pero en un tono de voz agudo y sin la confianza que había demostrado antes de la aparición de Adam –. Como le pasó a tu amigo cojo, Manetti.
– Una pena – repitió Adam; estaba a metro y medio de Pete cuando Harris soltó el bate y se lanzó sobre él.
Phoebe gritó para advertirle, mientras corría a coger el bate, pero Adam levantó el pie izquierdo y le dio a Harris de lleno en el plexo solar, tirándolo de espaldas. Sin embargo, a Stavis no le importaba tanto como a Harris Morgan golpear con un bate a un compañero de los Badgers, porque, justo cuando Phoebe se volvía, se acercó y le dio a Adam en pleno estómago, dejándolo a cuatro patas. Stavis se movió como si pensara volver a golpearlo, y ella gritó, lanzándole el bate que Morgan había soltado; Stavis lo esquivo con torpeza, aunque estuvo a punto de caer de espaldas.
Phoebe se levantó y se enfrentó a los dos, mientras, detrás de Martinsburg, Tommy hincaba una rodilla en el suelo. Pete captó su reacción y se volvió hacia el chico muerto.
– Quédate donde estás si no quieres que reviente a tu novia a palos – le dijo; después la miró y escupió en el suelo –. Puede que lo haga de todos modos.
Phoebe vio que Tommy miraba a su atacante y daba uno de sus parpadeos de tres segundos. Después bajó la pierna y se arrodilló en la suave tierra del bosque.
– Si, eso es, chico muerto, puedo que ella no regrese – siguió Martinsburg, haciendo girar el bate.
Había tanto odio en aquella voz que Phoebe casi podía sentirlo. Stavis se colocó entre ella y Martinsburg; Adam tenía arcadas. Harris gruñía, pero lo oyó empezar a levantarse.
Tommy miraba a Pete, y Pete se acercó a él, preparando el bate.
La primera figura que salió del bosque era casi del tamaño de Adam. A Phoebe, que le daba vueltas la cabeza a mil por hora, le pareció que se materializaba de la nada. Detrás de los árboles y los arbustos surgieron otras dos figuras (la chica de pelo platino a la que le gustaban las faldas cortas y un chico pálido con una melena de color rojo desvaído); después más, hasta que tuvieron a seis personas alrededor.
Harris, todavía sin su bate y restregándose el pecho, como si quisiera quitarse la huella de la zapatilla de Adam, hizo otro colorido comentario cuando la séptima figura apareció detrás de él, en el sendero. A Phoebe le daba escalofríos el silencio con el que los recién llegados habían aparecido; y sintió más escalofríos aún al ver que otra figura aparecía para colorarse entre Stavis y ella.
– ¿Colette? – susurró.
Martinsburg y sus amigos se agruparon, sin saber bien como reaccionar ante el nuevo giro de los acontecimientos. Había ocho chicos en total rodeándolos, inmóviles como lápidas.
El gigante, de movimientos torpes, ayudó a Tommy a levantarse. Tommy lanzó a Pete una mirada que, aunque inexpresiva, era una amenaza inconfundible.
El chico desconocido se enderezó, y Phoebe vio que era incluso más alto que Adam. Se erguía sobre Stavis y Pete igual que los árboles grises que los rodeaban; la luna recién salida lanzaba su sombra sobre ellos, como si fuese una mortaja.
– Puede…que…no…regreses – dijo, con una voz llena de fuerza.
El círculo de chicos muertos empezó a cerrarse. El gigante habló y todos dieron un paso hacia adelante, estrechando el cerco. Harris fue el primero en huir, aunque Martinsburg y Stavis lo siguieron rápidamente.
Phoebe, con los ojos como platos, creyó ver una sonrisa en los labios de Tommy, pero el momento pasó. Corrió hacia Adam, que todavía intentaba librarse de los efectos secundarios del golpe de bate en el estómago.
- ¿Estás bien? – le preguntó, agachándose a su lado. Tenía la falda rota, además de ramitas y hojas por todas partes. Explicárselo a sus padres iba a ser muy divertido.
– Como una ro…sa.
Los chicos muertos empezaron a dispersarse en silencio, arrastrando los pies de vuelta al bosque por donde cada uno de ellos había venido. Uno, el chico joven del pelo rojo, dejó escapar un extraño sonido agudo, y Phoebe se dio cuenta de que intentaba reírse. La chica de la minifalda sonrió y se despidió, muy alegre y contenta, antes de alejarse dando saltitos por un camino cubierto de agujas de pino.
Phoebe buscó a Colette con la mirada y la vio justo cuando se daba la vuelta para desaparecer dentro del bosque. Al final solo quedaron Tommy y el gigante.
– Este es Mal – les explicó Tommy –. Es… grande.
– Hola Mal – lo saludó Phoebe, y Mal empezó a levantar el brazo –. Tommy, ¿Estás herido? Dios mío, ¡te estaban golpeando con esos bates de béisbol! – Mal terminó de levantar el brazo y movió tres dedos. Phoebe se dio cuenta que la estaba saludando.
Tommy movió la cabeza de un lado a otro.
– Los golpes no dolieron…tanto…como la…idea… de los golpes.
– Tommy – dijo ella, y Adam tosió.
– Cuida de…tu amigo, Y… - Tommy hizo una pausa, pero algo hizo pensar a Phoebe que no era la lentitud de la muerto lo que lo frenaba, sino el intento de encontrar las palabras adecuadas – …dale las gracias… de mi parte.
Vio como Tommy se metía en el bosque con Mal detrás, como si fuese una sombra enorme.

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